Chapter Text
La primera noche en que Todomatsu cayó enfermo nadie se preocupó. No, claro que no. Nos lo tomamos a broma, riéndonos por como él se había enfermado. Siendo el que más odiaba los gérmenes y siempre estaba atento en su salud. Todos pensaron que sería algo pasajero.
¡No nos vayas como contagiar!
Eran algunas cosas que decimos en burla al verlo tendido en futón, sonriendo suavemente con un pequeño rubor creado gracias a la fiebre mirándonos con algo de enojo mientras se removía entre la sabana para ignorarnos. Lo amábamos fastidiar, nadie iba a negar ello, pues ver como fruncía el ceño ante nuestras palabras, riendo de vez en cuando, intentando ocultar la gracia que también le hacía, queriendo defender en vano entre insultos y palabras frías, eran cosas únicas y tan divertidas para nosotros.
En ese entonces éramos todos tan ingenuos y no lo sabíamos.
Los días pasaron convirtiéndose en dos semanas y Todomatsu aun no mejoraba. Ya no era solo una simple fiebre con algo de tos. No... Esta vez eran síntomas más fuertes. Mareos, calambres, visiones borrosas, fiebre elevada y dolor, dolor por todo su cuerpo. Nadie sabía lo que tenía el menor, nadie sabía que tan grave era, pero no por ello se rendirían. Mamá y papá salieron a todos los hospitales en busca de una respuesta, pero nunca consiguieron la que deseaban escuchar.
Fue en ese entonces cuando nos preocupamos de verdad.
Su actitud cambio, ya no comía como lo solía hacerlo, se cansaba más rápido de lo normal e intentaba no hablar mucho con nosotros acerca de lo que le pasaba. Estaba deprimido y se notaba claramente pues ni siquiera tenía las ganas para ocultarlo ante nuestros ojos. Fue por ello que decidimos pasar más tiempo con él, turnándonos diariamente para cuidarlo. Cambiándole el paño mojado de la cabeza, poniéndole sus mejores ropas y de vez en cuando bañarlo, pues mamá solía seguro de darle de comer lo necesario. Haciendo todo lo posible para hacerlo sentir bien de nuevo.
Intenta relajarte, todo pasará rápido. Te lo prometemos.
A partir de eso las noches se volvieron frías. Ya no bromas antes de dormir, ni gritos para no incomodar a Todomatsu. Y a pesar de los intentos fallidos que hacía Osomatsu para calmar a los demás. No éramos los mismo sin las quejas del menor, sin ver vídeo nocturnos con sus hermanos mayores, o sin escuchar su risa antes de cerrar los ojos. No era igual, ya no era igual. Sus ojos estaban apagados, cansados y algo vagos, mientras su cuerpo temblaba de vez en cuando y se aferraba a quienes tuvieran al lado.
Esas noches dormimos más apegados de lo usual.
Todo va a estar bien. No te preocupes por eso, Totty ¡Confía en tu hermano mayor!
Era lo que le solía decir el de rojo al menor cuando en verdad ninguno de los cinco tenían ni la más mínima idea de lo que les preparaba el futuro. Esa frase típica, esa típica mentira que pretendía asegurar una llama de esperanza viva en el corazón del sextillizo. Estaban llegando a un punto desesperado si seguían recurriendo a algo tan cliché y mal elaborado.
Todo estará bien.
Pero no fue así y la tercera semana fue la que lo confirmo.
En la habitación de los seis se encontraron Todomatsu. Estaba en el medio, entre sabanas y el suelo. Hace un par de días que ya no se podía levantar, costando le un poco el hablar. Se veía tan pálido y sin fuerzas, tan delgado y pesado como una pluma. Se sintió tan frío y tembloroso, como un pequeño niño miedoso.
¿Cuándo voy a mejorar?
Era lo que solía preguntar luego de vomitar por enésima vez en una cubeta de metal.
¿Cuándo voy a estar bien?
Preguntaba en un hilo de voz al terminar de toser sangre en sus propias ropas.
¿Cuándo voy a sanar? Osomatsu-niisan...
Susurraba débilmente al caer entre los brazos de su hermano mayor, mareado y abrumado por el calor de su propio cuerpo, rogando con sus ojos vagos e idos. Sin embargo, siempre escuchaba la misma respuesta, sabiendo que no era una verdadera.
Muy pronto, Totty. ¡Confía en nosotros!
Aun así, escuchar esa mentira blanca lo hacía sentir un poco mejor, a pesar de que tenía un inmenso miedo en su interior. ¿Qué tal si no se podía sanar? ¿Si no podía luchar más? ¿Moriría? Él no quería morir, no quería aun. ¡Tenía mucho por vivir! Quería tener una familia, quería tener un titulo universitario, quería tener un departamento y quería escalar todas las montañas que pudiese y tomarse fotos desde lo más alto. Quería salir a tomar con sus hermanos, quería volver a comer oden en el puesto de Chibita. Hasta quería volver a hablar con Iyami.
Aún quería hacer muchas cosas. Aún quería cumplir sus deseos y sus metas. Y si era así, entonces ¿por qué le debía de suceder esto? Si siempre quería ser mejor.
¿Por qué?
Él sabía que no había sido la mejor persona en el mundo, sabía que era un maldito monstruo y que había hecho muchas cosas malas. Sabía que había envidiado a muchas personas, que había sido un jodido ser indiferente y hasta sádico en algunas ocasiones, pero... él no se merecía esto, ¿verdad? No se lo merecía. Él era igual que sus hermanos, era un nini virgen de mala reputación. Era igual de peor que ellos... Entonces, se volvía a repetir, ¿por qué la vida se encapricho con él? ¿Acaso fue alguien tan malo? ¿Tanto así que ni siquiera él mismo se dio cuenta?
Antes de que se cumpliera un mes de la enfermedad de Todomatsu el día se nublo dando paso a la temporada de fuertes lluvias y de corrientes de aire pesadas. La casa estaba en silencio, cargando el ambiente de un pesado malestar.
Todomatsu estaba muy mal, estando rodeado por sus hermanos y por sus papás. Sonriendo les a pesar de su dolor y de su fatiga. Diciendo unas cuantas palabras que quedarían grabadas en las mentes de cada presente.
Les pido perdón a todos, por si alguna vez los lastime... por cómo me comporte, siendo tan infantil a pesar de que soy un adulto. Les pido perdón por haber sido un mal hermano menor... por haberlos negado ante los demás, por ser siempre muy malo con ustedes. Les pido perdón por haber sido un mal hijo... y por no poder luchar más.
Las lágrimas no dejan de resbalar por su delicada y pálida cara. Entrecortándose en medio de sus palabras al sentir como su familia contradecía todo lo dicho, abrazándolo con fuerza descomunal, como si se fuera a ir al momento de soltarlo. Causando que su amargo y marchito corazón se retorciera, incrementando el dolor que antes sintió por uno más letal. Uno más sentimental.
Los amo a todos... perdón por ser tan débil.
Esa última noche Todomatsu durmió en los brazos de todos, sintiendo la calidez de su familia una vez más antes de partir silenciosamente por la mañana.
Su rostro, sus manos y su ser en total se encontraron fríos. Sin una pizca de vida en el menor de los seis. A pesar de ello, se veía tan sereno y lindo como de costumbre. Se veía igual que Todomatsu, solo que esta vez no tenía un color que lo llenará de vida.
Ya no era rosado.
Ahora solo era suave y helado blanco. Color con el que fue a la tumba, vistiendo un negro amargo y serio. Colores que no iban del todo con el más chico.
Los otros cinco, por su lado tenían diferentes maneras de asimilarlo.
Osomatsu se volvió más protector, madurando ligeramente luego de la muerte de Todomatsu. Siendo Karamatsu el que intentaba mantener un buen ambiente, animando a los más pequeños cada vez que podía. Mientras que Choromatsu había dejado de lado su estupidez, concentrando su cabeza en libros, y manteniendo ocupado su cuerpo en buscar un trabajo estable. Así cambiaron los mayores.
Ichimatsu tenía más cuidado con enfermarse y cuidaba de Jyushimatsu como si fuera la última cosa del mundo, pues al quinto hermano le había afecto mucho más que al resto. Jyushimatsu ya no sonreía tanto ni salía como lo usual. Se quedaba pensando más de que solía hacer y de vez en cuando se le podía ver como abrazaba la sudadera rosa de Todomatsu.
Escenas que para muchas personas no debería tener valor, pero para los hermanos Matsuno era sin duda alguna una escena que traía dolor.
Ya casi no usaban sus sudaderas con sus colores característicos, pues ahora sin el menor todos parecían un arcoíris. Rojo, azul, verde, morado y amarillo... Un hermoso arcoíris, y pensándolo bien.
El arcoíris no tenía rosa.
Justo como ellos ahora.
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Orion-shi ~
