Chapter Text
Otra mala decisión esta noche amigo
El humo de los fumadores se acumulaba en la cabeza de Nick, era un olor demasiado fuerte y molesto para su sensible nariz, pero no suficiente para cubrir los pequeños tics del mal afortunado conejo al ver sus cartas.
“Lo veo y subo el doble” La aparente confianza del conejito asustó brevemente a Finnick.
“Wow, ve más despacio amigo.”
“Solo juega Zorro” el tono despectivo fue más que suficiente para que su compañero rozara su bate bajo la mesa.
El cuarto jugador, una cebra, observó la pelea de miradas con desinterés. En su lugar, trató de relajar al pequeño niño de orejas largas que se había presentado con su otro invitado.
¿Quién trae un niño a una partida de póquer? Estas situaciones deberían quedarse dentro de las películas.
“Tengo esto Finn” Mostrando su mejor sonrisa, empujó todas sus fichas al centro de la mesa “Voy con todo”
Un pequeño ceño se quiso formar en la frente del conejo, su esfuerzo por mostrar calma era bueno, muy bueno. Pero no suficiente.
“Estas solo Wilde” declaró Finnick bajando sus cartas.
“No voy” siguió la cebra tomando una calada del puro en su boca.
Todos miraron al conejo. Su nariz de botón no paraba de moverse mientras sus ojos se quedaban fijos en la pared. El viejo conejo cavilaba, su mano no era mala, él lo sabia, las clásicas muecas de decepción falsas habían atrapado al zorro como un tonto. La cantidad en la mesa era un gran botín, pero con sus fichas era imposible llevárselo todo. La arrogancia del zorro debía ser aplastada, y para eso necesitaba subir mejor su juego.
“Te propongo un trato Wilde” el conejito intentó sonar nervioso “¿Ves al chico allí en la esquina? Tengo que entregarlo al muelle en media hora. Dicen que es un envío especial a una pareja sin cachorros, un asunto limpio, 5 de los grandes por solo dar un paseo en coche al puerto. Creo que eso cubre mi apuesta”
Finnick dio una ojeada a Nick tras las palabras del mamífero. Cualquier trató con niños solía disgustar a su compañero. Por muy “limpio” que fuera el asunto, no estaba seguro de como lo tomaría.
Nick dejó su rostro en blanco mientras procesaba las palabras. Nunca le gustó pasar tiempo con niños, pero era un trabajo de solo unas horas. Una buena ganancia más el plus de humillar al tonto conejo. Era un ganar-ganar.
“Tienes un trato”
El conejo contuvo su sonrisa, siempre era mejor observar la sorpresa del rival primero. Sin prisa dejó caer sus cartas, tres cuatros y dos jotas, un Full.
“Tu turno Zorro”
Las cartas bajaron de sus garras, la sonrisa prepotente del conejito se detuvo al ver los números, sin creerlo, los repaso de arriba abajo. Ese maldito embustero.
“¡Tu!” señaló la figura gris con enojo mientras arrugada las cartas en la mesa, se veían cuatro nueves y un dos. Era un póker “¡Has tenido que hacer trampa! “
“Se llama ajetreo” sin alterarse caminó hasta la salida con un juego de llaves nuevo en su mano “Vendré por mis ganancias mañana Finn, tengo este último recado que hacer. Te pediré prestado el coche orejas largas” La última frase ganó un gritó de furia del conejito cuando se dio cuenta que le habían robado “Te lo devolveré en nada cola de algodón, ni siquiera tocaré la radio”
Satisfecho con su actuación, Nick salió del local con el niño siguiéndolo. No había dicho nada pero parecía entender la situación en la que estaba. El muelle estaba a una hora en coche, Nick hubiera sido feliz si en ese tiempo el silencio duraba, pero la vida no suele cumplir los deseos de nadie.
“¿Cuánto falta?” el chico preguntó sin verle, observando por la ventana con su capucha puesta tapando sus oídos.
“Llegaremos al puerto en media hora”
“No allí” volviendo la mirada enfrente, apretó sus manos con nervios “ Donde mis nuevos padres”
Nick no sabía que responder, si al chico lo enviaban por barco era seguro que tardaría días en llegar a su destino.
“No estoy seguro niño, pero hey, al menos sabemos que tus padres son tan ricos que te pueden pagar un barco entero” la chispa de emoción asaltó al pequeño.
“¿El barco entero?”
“¡Claro! Podrás hacer lo que quieras dentro, incluso llevar la gorra de capitán ¿Cómo suena eso? “
“¡Genial! “ el chico empezó a golpear el pie realmente rápido, Nick podía verlo saltar del asiento en cualquier momento.
“Deberías dormir un poco sabes, seguro que no querrás conocer al capitán medio dormido” Con una súplica silenciosa, Nick deseó que el chico solo le diera razón y se quedará dormido un rato.
El conejito apenas abrió la boca cuando un bostezo largo lo interrumpió.
“Creo que tienes razón señor Zorro” mencionó adormilado el niño hasta que su respiración se ralentizó y cayó frito.
Sin hacer ruido, Nick continuó la marcha. El crio no era molesto, incluso el golpe de sus pies fue lindo, pero no pudo evitar alegrarse al ver el puerto tan cerca.
Entró al aparcamiento donde una limusina estaba esperando, un lobo se acercó cuando bajo del coche.
“¿Eres Wilde?”
“El mismo” un sobre gris fue empujado en su pecho mientras el lobo pasaba por su costado al coche “No hablas mucho ¿verdad?”
Sin responderle, el mamífero cargó al niño con su chaqueta cubriendo al conejito.
“¿Tienes los papeles?”
“Cola de algodón no mencionó ningún papel amigo”
Gruñendo, el lobo volvió al coche. Mientras rebuscaba en la guantera su nariz captó cierto olor al estar tan cerca del conejito. Era imposible, girando su rostro, sumergió su nariz negra en el pelaje del niño, aspirando con fuerza.
“Oye, no hagas mierdas raras con el chico colmillos “ reclamó Nick “ Ese no era el trato”
Sin importarle Nick, el lobo se concentró en el olor, no era posible pero había sucedido. Frustrado, dejó al muchacho en el asiento, con los papeles por fin en su mano comprobó lo que sospechaba.
“ No te voy a entregar al chico si hay-“
“Por mi, puedes quedártelo” el cánido dejó la carpeta de papeles en el capo “pero el sobre es otra cosa, vas a tener que devolverlo”
“Lo siento Colmillos, tengo una seria política de no devoluciones. Una vez entregado el paquete no hay vuelta atrás”
“Ese es el problema Wilde” El lobo se acercó “Me has entregado el paquete incorrecto, no te culpó, de verdad” Las garras del lobo se extendieron “Estoy seguro que no querías darme un dolor de cabeza como este, así que dame el sobre y todo arreglado”
Nick sabía cuando veía un farol, el lobo con sed de sangre delante suyo no iba de broma. Dejó caer el sobre en sus garras extendidas y se volvió a meter tras el volante. Se sorprendió cuando el cánido volvía a la limusina sin más.
“¡Oye! ¿Qué va a pasar con el? “ señaló al conejito.
“No me importa, ahora es tu problema. Llama a servicios sociales, policía o déjalo en un orfanato, es tu decisión “
“¡No puedes dejarlo conmigo!”
“Los papeles que hay en tu vieja chatarra son suficientes” el lobo encendió el coche sin preocuparse “Felicidades Papá, ahora tienes una hija”
