Work Text:
Bayas de color morado con espinas, una reciente especialidad local de Mondstadt.
La mayoría de la gente no se les acercaba debido a sus espinas o si lo hacía, las cortaba. Pero Sacarosa se preguntaba, ¿Era eso todo a lo que la baya se debía reducir? ¿Realmente se tenía que limitar sus aplicaciones por sus espinas? ¿Acaso no merecía ser estudiada más allá de eso?
Como siempre, su curiosidad le ganaba y se apoderaba de ella. Ser prácticamente nueva en su trabajo como la asistente de Albedo no era impedimento, además que su superior le permitía bastante libertad para llevar a cabo sus propias investigaciones.
Así que comenzó por recorrer la región de Mondstadt en busca de las famosas bayas una vez se dio cuenta que dentro de la ciudad realmente no se tenían semillas todavía. Encontró muchas al sur-oeste de la arena del Reino de los lobos y eligió algunas en la base de árboles muertos para estudiarlas.
Encontró fascinante y curioso a la vez, que nadie supiese mucho de estas a pesar de ser una especialidad local del lugar. ¿Cómo crecían? ¿En qué condiciones? Y aunque encontró algunas también en arbustos, ¿Por qué la mayoría estaba en la base de árboles muertos? ¿Acaso no era eso más interesante que sus espinas? Y estas, ¿Para que servían, si casi nadie se acercaba a la arena y en su conocimiento, tan solo los humanos eran capaces de comerlas? ¿Había tal vez otra función además de la defensa de sí mismas para ellas?
Las preguntas se incrementaban a medida que lo pensaba y con ello su curiosidad y motivación.
Con mucho cuidado, recolectó algunas de las bayas para extraer sus semillas. En la naturaleza, marcó los sujetos de control, asegurándose de tener en cuenta miles de posibles variables que podrían intervenir su investigación y decidiendo, por ahora, volver a su laboratorio a preparar distintas pociones para probar en las bayas.
❧—❧—❧—❧—❧—❧—❧—❧—❧
Cuando Sacarosa regresó al día siguiente, su grito mudo ante lo que encontró no fue suficiente para expresar lo horrorizada que estaba.
Todo, los árboles, junto con las bayas que había marcado, todo… ¡Todo completamente destruido! ¿Qué, por la gracia del Arconte Anemo, había pasado en este lugar?
Sacarosa se forzó a tomar una respiración profunda. Es un poco frustrante no poder llevar a cabo todo lo que acaba de planear, pero el misterio es suficiente para llamarle la atención y hacerla olvidar de ello.
Como toda investigación científica, sigue un claro método y los pasos a seguir están marcados, cosa que a Sacarosa le gusta.
Primer paso: Observar.
De cerca, había cortes provocados por humanos en el tronco. Alguien probablemente había cortado con una espada partes del tronco. Antes de poder preguntarse por qué, notó cabellos de lobo alrededor del árbol, que estaba segura no estaban ahí ayer.
Alejándose del árbol para ver la situación desde más lejos, pudo ver cómo una baya que aparentemente había pasado por alto se apegaba al pelaje de un lobo que siendo sincera, no sabía de donde había salido, pero que se había quejado bastante lamentablemente. Y aunque Sacarosa usualmente tenía un gigantesco problema cuando venía a nombrar cosas, esta vez el nombre surgió en su cabeza como si nada.
Gancho de lobo.
Al fin y al cabo, sería rudimentario seguir llamándola simplemente baya morada. Los nombres de todo lo que existe son importantes, después de todo.
Había otra baya en el suelo. Dos, si era precisa.
No sabía cómo se las había perdido de vista, un gancho de lobo delante del otro, estaba a punto de recogerlo cuando una voz la interrumpió.
—Heriste a mi lupica.
La voz provenía de un chico de largo cabello blanco que estaba un gancho de lobo más lejos. Sus ojos rojos parecían brillar en la sombra de un árbol mientras le apuntaba con una espada. Detrás de él, lobos claramente resentidos con ella le gruñían y el corazón de Sacarosa se aceleró como nunca antes mientras tragaba duro. Miedo mostrándose en sus temblorosas manos, tenía algunos trucos bajo la manga para poder dar frente o huir si la situación lo requería, pero eso nunca la ponía menos nerviosa. De todas sus investigaciones, no pensó que el estudiar unas bayas le traería este tipo de peligro, debió haber traído alguno de sus inventos defensivos con ella...
El chico dio un paso y Sacarosa escuchó su propia voz temblorosa en sus orejas.
—L-Lamento haberlos herido, nunca fue esa mi intención, mis más sinceras disculpas. — El chico la miraba sin cambiar de expresión y ella murmuró. —Aunque realmente no fui yo, sino las bayas… ¡P-Pero me disculpo de igual manera!”
Alzando la voz en la última parte, se inclinó de manera educada mientras tragaba duro y volvía a enfrentarlo. La mirada enojada del chico se atenuó, parecía estar pensando.
—Bueno… Tú sí hueles amable.
Bajó su arma y un suspiro aliviado salió del pecho de Sacarosa.
Pensando a mil por hora, repasó las pocas palabras que el chico le había dicho. “lupica”. La palabra pudo haberla confundido si Sacarosa no estuviese tan informada como lo estaba. Significaba “familia lobuna” ¿Entonces, su familia son los lobos? Una chispa de curiosidad se prendió al pensarlo y lo miró detenidamente en busca de instalar algún tipo de conexión hereditaria entre él y los lobos.
Él no se movió bajo su intensa mirada, es más, la miró intensamente de vuelta.
—Soy Razor.
Sacándola de su profundo pensamiento, su voz mucho más amable que la primera vez que se dirigió a ella, Sacarosa ofreció una sonrisa nerviosa y se recordó que si había una cosa que podía hacer bien sin preocuparse por ofender a la otra persona, era presentarse.
—Disculpa la falta de modales, mi nombre es Sacarosa. Estudio bio-alquimia, soy una investigadora.
Él asintió, aparentemente guardando la información en su cerebro y luego habló.
—¿Te gusta la carne?
¿Lo decía en serio?
—¿Ah? —. Por su mirada, sí, sí lo decía en serio. —S-sí, me gusta. Es decir, es una comida nutritiva y deliciosa…
Razor asintió y alguna decisión debió de haber tomado en su interior, porque habló mucho más amable y emocionado que antes.
—Bien. Vamos a cazar.
—¡O-Oh! — De acuerdo, definitivamente no esperaba eso. Pero eso no iba a cambiar la respuesta de Sacarosa. —¡Lo lamento mucho, pero no puedo! Estoy investigando.
Aquellos ojos brillantes en rojo la miraron confundidos. Ella se explicó.
—De nuevo, me disculpo por haber herido a tu familia, pero estoy llevando una investigación sobre los ganchos de lobo… De hecho, hoy iba a descubrir más de ellos, pero los destruiste. Así que debo encontrar más.
Realmente, no quiso decirlo tan acusatoriamente como pudo haberse escuchado y antes de que los nervios hicieran estragos en su ser por haber arruinado la conversación, la voz de Razor inocentemente preguntó.
— ¿Ganchos de lobo?
Sacarosa asintió con una sonrisa aliviada al ver que él no había tomado ofensa alguna y le mostró la baya que anteriormente había querido recoger del suelo. Un pequeño orgullo se instaló en su pecho al notar que Razor asintió como si el nombre hiciera sentido y tal vez, entendiendo que no fue ella quien había herido a su familia.
Con una sonrisa, Sacarosa se despidió del chico y comenzó a caminar en busca de más bayas para investigar, al menos algo bueno había sacado de toda esta interacción social y por el día, Sacarosa planeaba no tener más.
Paso.
Paso. Paso.
Un silencio momentáneo, en el que los pies de Sacarosa pararon.
…Paso.
…Paso. Paso.
Dándose la vuelta lentamente, se sintió un poco exasperada al ver al chico del que se acababa de despedir detrás de ella.
— ¿Por qué me estás siguiendo?
Si hubiera podido lo hubiese gritado, pero siendo Sacarosa, no, no podía.
—Tú, amiga. — Ante aquellas simples dos palabras, los ojos ámbar de Sacarosa se abrieron y Razor se apuntó a sí mismo, aparentemente orgulloso de haberlo pronunciado bien. —Yo conozco mejor bosque.
—…El bosque. —Corrigió tímidamente.
—El bosque. —Repitió con una mirada seria.
Sacarosa lo observó atentamente. La manada de lobos se había dispersado a sus andanzas y él ya no se veía tan atemorizante. Además, no podía evitar sentir felicidad ante el hecho de que alguien la había llamado amiga…
Sus orejas gatunas se movieron de la vergüenza y Sacarosa rápidamente llevó una mano hacia una de ellas para intentar ocultarlo. Si él lo había visto, entonces no dijo nada, pero como ella misma es una persona curiosa pudo notar la curiosidad dentro de él.
Apreciaba el hecho de que no comentó al respecto.
—De acuerdo, acompáñame entonces… A-Amigo.
Con un sonrojo feroz coloreando su rostro, Sacarosa se dio rápidamente la vuelta y comenzó a caminar rápidamente, perdiéndose sin quererlo, la mirada asombrada y feliz que Razor le había dirigido.
Señalándole que había bayas en la otra dirección, las sonrojadas mejillas de Sacarosa ardieron una vez más, evitando verlo directamente a toda costa.
…Tan solo los árboles fueron testigos de la rara y dulce pequeña sonrisa de Razor.
❧—❧—❧—❧—❧—❧—❧—❧—❧
Caminar a través del bosque con Razor había sido una mezcla de nervios e incomodidad al principio. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo y Sacarosa se daba cuenta de no hacía ningún esfuerzo por sacar adelante una conversación que tal vez no estaba lista para tener, irónicamente, hizo que se relajara. Tornó el silencio extraño en uno cómodo y sus hombros se relajaron ante el pensamiento. Pronto, comenzó a disfrutar caminar junto a él, su presencia y la manera en que sabía qué camino tomar, como si el bosque estuviese lleno de senderos que solo él podía ver.
Sus pies dolían ligeramente de tanto caminar, pero en cambio había marcado probablemente más de la mitad de bayas salvajes en la zona. Hay que decir, no se llamaba Reino de los lobos por nada. Muchos se acercaban cariñosamente a Razor, tratándolo como uno más de su manada.
Estaba viendo como uno de los lobos había traído solsettias para él, sin querer pasando a llevarla y destrozándola a su paso.
Entonces, Sacarosa lo entendió.
Los ganchos de lobo, a diferencia de las solsettia, no crecían en un lugar alto. Tal vez, estas eran en un principio redondas como sus pares y al estar más cerca del suelo eran pasadas a llevar por animales salvajes, sobre todo por los lobos, haciendo que la mayoría terminase en el suelo sin haber desarrollado completamente sus semillas y aquellas que sí sobrevivían, eran plantadas en el mismo lugar donde su población inevitablemente disminuía.
Una mutación genética debió haber hecho que se produjera lo que ahora veía era una selección direccional. Algunas bayas habían desarrollado espinas en su parte inferior y con ellas, al ser arrastradas por los lobos eran capaces de pegarse a su pelaje y esparcir su semilla, aumentando en número esta característica.
Pero, si fuese así, entonces las semillas deberían de estar esparcidas por todos lados del bosque, ¿No?
Sacarosa se acercó al lugar de los hechos, a la base de algún árbol muerto para inspeccionar. Ahí, encontró pelos de lobo… Mientras reflexionaba sobre las posibles respuestas, escuchó un bostezo detrás de ella.
Miró a Razor, quien la había seguido todo este tiempo… Él, quién decía que los lobos eran su familia… Sí pudiera preguntarle…
¡No, eso era demasiado! Aunque por lo que había visto, a los dos se les complicaba las interacciones sociales y su naturaleza directa ayuda en demasía a los nervios de Sacarosa, así que, por el bien de su investigación podría preguntarle…
Sin embargo, eso no fue necesario.
Uno de los lobos rodeando a Razor se acercó al tronco del árbol muerto y se frotó contra este, botando de su pelaje una baya gancho de lobo.
La respuesta había estado en frente suyo todo este tiempo. La única manera en la que los lobos podían quitarse las bayas era frotándose contra la madera de los árboles muertos, es por eso que crecían ahí. Tal vez, ocasionalmente, un matorral resistente también servía.
Estaba cansada de tanto caminar y pensar, pero una sonrisa gigantesca se apoderó de su rostro en cuanto su investigación llegó a su fin. Ahora, tenía que llegar a su cuarto y escribir todos sus apuntes de manera ordenada antes de publicar sus descubrimientos. Luego, podría comenzar a probar las pociones que había hecho y…
—¿Terminaste?
Casi había olvidado que él estaba aquí. El sol ya se estaba comenzando a ocultar y un bonito atardecer rojo iluminaba el cielo. Debió de haber sentido frío ante la brisa, pero su pecho se sintió indudablemente cálido al darse cuenta lo paciente que él había sido.
Usualmente trabajaba sola, pero un cambio de vez en cuando no estaba mal.
—Sí, lamento la demora. — Sintiéndose un poco más valiente que antes, tomó sus manos y las sacudió. —Muchas gracias por la ayuda
Por primera vez desde que se habían visto, Razor sonrió brillantemente mientras asentía y devolvía el gesto. Mesmerizada por lo bien que se veía de aquella manera, casi es incapaz de captar las palabras que dijo. Casi.
—Perfecto. Ahora vamos a cazar.
—¿ Huh?
