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Cazar…. Eso no era algo que una persona como Sacarosa solía hacer. Pero de alguna manera se había puesto nerviosa en el momento en que Razor lo había dicho, con la confianza de alguien que sabe que sí o sí lo que está diciendo va a pasar y debe de haber algo sobre la psicología de eso que la hizo aceptar.
Así que aquí estaba a plena luz de mediodía, luego de haber publicado su investigación y patentado una poción que hace a las bayas gancho de lobos capaces de romper ladrillos. Con un catalizador en mano y algunas pociones en sus bolsillos, camino al bosque para encontrarse con Razor y (aprender a) cazar.
Sacarosa estaría mintiendo si dijera que no estaba nerviosa al respecto, pero también, había algo de emoción en ser capaz de probar qué tan fuerte realmente era y poder explorar más allá de los lugares que solía frecuentar.
No se había adentrado demasiado en el bosque cuando Razor salió de entre los árboles para saludarla. ¿Cómo es que la había encontrado? Era una pregunta que Sacarosa tendría que esperar para preguntar, porque la sonrisa que le dirigió hizo que la olvidara.
—El sol ya salió, amiga.
—S-Sí, puedo ver eso. —Recuperándose de los pequeños nervios causados por su sonrisa, Sacarosa sonrió—. Buenos días a ti también… Amigo.
—Por aquí. —Dijo brevemente y sin más, comenzó a correr.
Alarmada, lo siguió rápidamente. Inesperadamente, era capaz de mantener bastante bien su ritmo por unos buenos minutos, hasta que comenzó a desacelerar y finalmente, se quedó quieto y apuntó hacia un lugar en específico.
—Aves. —Apuntando en la dirección opuesta, señaló—. Conejos. ¿Cuál quieres?
Podría haberle preguntado a Razor sobre las correctas maneras de cazar, incluso cuál era la presa más fácil para un principiante o si acaso el equipamiento que había traído era apropiado para la ocasión. En cambio, una idea llegó a la cabeza de Sacarosa y terminó diciendo…
—Déjame las aves a mí.
Poniéndose casi inmediatamente nerviosa tras decirlo, Razor asintió confiando plenamente en ella y un pequeño pánico se apoderó de su cuerpo.
Tengo la teoría, tengo la teoría, tengo la teoría…
Así que debería funcionar, ¿Cierto?
La única manera de comprobar dicha teoría era llevar a cabo el experimento, cazar. Tomando de sus bolsillos un pequeño frasco con la mayor potencia del pequeño espíritu de viento que había colocado ahí la noche anterior, aquí iba su mejor tiro….
—¡Prueba Anemo 6308!
Fue oportuno que el grito de Sacarosa saliese más bien como un susurro. Apenas el frasco tocó el suelo las aves fueron atraídas en un momento hasta el lugar donde cayó el frasco, envolviéndolas en una ráfaga de viento que las tiró hacia el cielo y las hizo caer al suelo en segundos, dejando sus cuerpos sin vida en el mismo lugar donde una vez estuvieron.
…
…Tal vez…
…Tal vez se había pasado con la potencia de la prueba…
Razor la miró con los ojos bien abiertos ante la exhibición de poder.
—Eres fuerte. Como un lobo.
Ella no diría exactamente qué como un lobo, pero bueno… Había unos 10 cuerpos de ave en el suelo, así que tal vez si era lo que podía cazar un lobo promedio.
—Me gusta cazar contigo. Atrapamos mucho.
Sacarosa sonrió avergonzadamente y algo en la sonrisa emocionada de Razor le inspiró a decir la verdad.
—Gracias, Razor… Aunque la verdad es que esta es mi primera vez cazando, así que no sé mucho. Acabo de inventar esto para hacerlo y lo estaba probando, no sabía que funcionaría así de bien.
—Ah… Eso explica conejo.
—¿Conejo?
Razor señaló hacia el lugar donde se supone debían de estar los conejos y Sacarosa se dio cuenta de que estos habían huido luego de ver la extravagante manera en que “cazó” a las aves. No los culpaba, Sacarosa también lo haría, si fuera ella.
—Disculpa, huyeron por mi culpa…
Él negó con la cabeza y sus blancos cabellos se movieron con él.
—Puedo oler más.
¿Oler más?
Antes de poder preguntar, se escuchó por todo el lugar el aullido de los lobos. Razor se volteó instantemente a la dirección donde aparentemente había provenido.
—Lupical está llamando.
Lupical… Claro, su familia de lobos. Sacarosa asintió en comprensión.
—Volveré pronto. —Exclamó mientras comenzaba a correr hacia el bosque.
Vaya, eso sí que había sido repentino.
Bueno, Sacarosa suponía que por mientras podría anotar sus resultados de la prueba 6308 y su efecto en las aves en su cuaderno, así como recoger sus cuerpos para dárselos a Razor. Tal vez pasear no muy lejos de aquí y obtener inspiración para nuevas investigaciones… Al fin y al cabo, la bio-alquimia se trataba más de transformar que de crear y la caza al parecer no era tanto su fuerte como uno podría erróneamente creer tras dichos resultados…
Razor seguramente se demoraría poco tiempo, ¿Cierto?
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Razor no había planeado irse por tanto tiempo.
Los asuntos entre lupical se mantenían entre lupical, pero aun así un molesto sentimiento hacía que su estómago se revolviese ante el pensamiento de que tal vez algo malo le había pasado a Sacarosa. Después de todo, le había confesado que realmente no sabía cazar y por lo que veía, el bosque no era un área que conociese mucho.
¿Y si algo le había pasado?
Acelerando sus pasos, su nariz captó el olor de Sacarosa desviado del camino en donde la había dejado y el nudo en su estómago se aflojo ligeramente… Para luego apretarse aún más.
Hilichurls, muchos de estos. Usualmente no se adentraban en el territorio de los lobos, pero ahora podía oler su desagradable esencia a montones. Probablemente era un campamento. Sí, definitivamente era un campamento.
Sacarosa, Sacarosa, Sacarosa.
Razor no entendía porque el nombre de las cosas era importante en primer lugar, pero ahora no podía dejar de pensar en el de ella mientras corría.
De un momento a otro, escuchó una fuerte explosión en la cercanía. Entre pólvora, pasto quemándose y el lamentable quejido de algunos hilichurls, no podía ubicar la esencia de la chica.
Si algo le había pasado a Sacarosa…
No iba a perdonar a quién sea haya herido a su amiga. No cuanto su lealtad le decía que debía de proteger a sus amigos y a su lupical con su vida.
Las cenizas de las secuelas de la explosión caían del cielo debido a una corriente de viento en el momento en que Razor llego al lugar de los hechos. La buscó casi frenéticamente en los alrededores con su mirada y un inmenso alivio recorrió su cuerpo al ver su verde cabello revoleteando en el viento entre las cenizas. Admiración formándose en su pecho, no tenía ni la menor duda luego de ver lo que les hizo a esas aves de que alguien como Sacarosa sería capaz de derrotar a todo un campamento en tan solo unos segundos.
Él tan preocupado y ella tan tranquila, anotando algunas en su… ¿Cómo se llamaba? Ah sí, en su cuaderno.
De igual forma, Razor dejó salir una pequeña sonrisa mientras caminaba hacia ella.
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—Haaah. — Sacarosa no pudo evitar suspirar al ver todo el lugar terminar de incendiarse—. Todo se quemó, así que no fui capaz de alcanzar ningún hueso para mi colección…
— ¿Huesos?
—A-Ah…. Finalmente estás de vuelta —La voz de Razor la sobresaltó y se volteó para verlo caminar hacia ella. Con las mejillas ligeramente sonrojadas, sintió que era correcto el confiar en él. —Coleccionar esqueletos es mi hobby... Usualmente los obtengo del gremio de aventureros, pero cómo ahora me estoy en mi propia pequeña aventura pensé que podría recolectar algunos.
Al verlo ladear la cabeza curiosamente, explicó más profundamente.
—Mientras te esperaba, comencé a pasear para tomar algunos apuntes del lugar y demás cuando unos hilichurls comenzaron a dispararme, por lo que tuve que pelear. No esperaba que tuviesen un barril de explosivos al lado de su comida y sin querer los hice explotar…
Inmediatamente, las manos de Razor se dirigieron a su rostro, tanteando desde su cabeza hasta las mejillas, chequeando de alguna manera de que realmente estaba bien tras dicha explosión y tras comprobarlo, sacudió un rastro de cenizas que había quedado encima de su sombrero.
—¡Waah!… Yo estoy bien, e-esto no es necesario.
Él asintió y se dio la vuelta.
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Ya sabía que era fuerte, pero por alguna razón su corazón se había acelerado, como cuando corría. Tocó su rostro confundido, ¿Su temperatura se había elevado…? Fue afortunado que no pudiese pensar más de aquello apenas las primeras gotas de lluvia tocaron su cabeza, evitando así caer en una espiral de cosas complejas que Razor no quería pensar ahora. Pero la lluvia, eso sí que era simple.
Cuando llueve, vas con tu lupical a un lugar donde la lluvia no te llegue.
Así que tomó la mano de Sacarosa y la llevó hacia una pequeña cueva formada entre las montañas. Este clima era bueno para cazar lo que sea que se encontrara en el camino, pero temía que algo le pudiese pasar a ella si activase su visión ahora, así que solo la llevó en silencio hacia allí.
Una vez entraron, se sacudió la lluvia de la ropa como lo hacían los lobos y vio a Sacarosa hacer una cara de decepción ante sus ropas mojadas.
—Aaah… A este paso nos vamos a resfriar. No puedo resfriarme, tengo demasiadas investigaciones para hacer… El experimento 1135 me espera en casa, pero si me resfrío entonces no podré manipularlo y si no puedo hacerlo tendré que empezar de nuevo… Haah.
No entendió ni la mitad de las palabras que dijo, pero sus cejas se fruncieron al escuchar su triste suspiro. ¿Era la lluvia?
—Pasara pronto. —Mencionó, señalando hacia afuera en un intento de animarla.
—Eso espero. —Sonrió un poco mejor mientras se sentaba.
Razor se sentó junto a ella. ¿Ya se estaba sintiendo mejor? Era difícil de saberlo cuando casi no pasaba tiempo con humanos. Ella estaba mirando hacia afuera con una pequeña sonrisa, mucho más tranquila por lo que asumió que sí. Pero incluso luego de saberlo, por alguna razón, Razor no podía despegar su mirada de ella.
—Hace tiempo que no salgo de esta manera. A pesar de que nuestro tiempo de caza fue deficiente, estar afuera del laboratorio fue refrescante e inspirador. Mi cabeza está llena de nuevas investigaciones para llevar a cabo.
Entonces, la mirada ahora gentil de Sacarosa se encontró con la suya.
—Muchas gracias, Razor.
Había algo dentro de ellos que hizo que repentinamente se sintiese inquieto. Sus ojos eran demasiado bonitos. Los más bonitos que él había visto. Se parecían al ámbar, una piedra que brillaba y que había encontrado una vez que se alejó mucho de casa. Brillaban como el ámbar, pero eran cálidos como el fuego y bonitos como una flor.
Él asintió, incapaz de encontrar las palabras para decir lo que estaba sintiendo.
Un escalofrió recorrió su cuerpo. Seguramente, lo que hacía que su corazón se acelerara se debía a alguna mezcla extraña entre la electricidad de su visión y el frío viento que le llegaba acompañado de unas gotas de lluvia cuando este cambiaba de dirección.
Se adentró un poco más dentro de la cueva y una pequeña idea vino a su mente.
Se acurrucó más cerca de Sacarosa, en su regazo. No entendía bien cómo funcionaban los humanos, pero había visto a algunos hacer esto al igual que los lobos, así que suponía que estaba bien.
—¡¿R-Razor?!
Un susurro que quiso ser un grito salió de sus labios. Bonita. No entendía porque estaba tan alarmada.
—Frío.
Razor señaló hacia afuera. La lluvia ya estaba pasando, pero eso no significaba que hiciese menos frío. Las mejillas de Sacarosa estaban completamente rojas. Tal vez ella no lo entendía porque tenía calor. Llevó un de sus manos a una de sus mejillas y una pequeña sonrisa de alivio se formó en su rostro, estaba calentita.
Sus bonitos ojos se cerraron en una mezcla de nervios que aprendió a reconocer en su rostro y Razor quiso reír. Su amiga era muy tierna.
Esto era mucho más relajante de lo que quería admitir. Incluso si su brazo se estaba cansando, no quería bajarlo por nada del mundo. Ojalá esto durase para siempre…
Pero claro, las cosas casi nunca salían a su favor.
—¡M-Mira la lluvia ya pasó, deberíamos salir de aquí!
Receloso de la lluvia, su expresión amargada no era lo suficiente para demostrar lo mucho que no le gustó salir del regazo de Sacarosa.
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Una vez afuera, se dieron cuenta de que ya estaba anocheciendo. Un atardecer nublado comenzaba a desaparecer rápidamente y Sacarosa le informó que era tiempo de que se fuese a casa.
—Te acompaño.
Había dicho Razor y con ello, partieron una vez más entre los senderos invisibles del bosque que él veía y el tarareo inconsciente que escapaba de los labios de ella. Ya se podía ver la figura de la ciudad a lo lejos y Sacarosa sabía que su pequeña aventura estaría llegando a su fin pronto. Sin embargo, tras subir una cuesta, una idea llegó a su cabeza tras ver cierta flor característica de Monstadt en la cima.
—Oye, Razor… ¿Quieres ver algo genial?
Deteniendo sus pasos, Razor se dio la vuelta y asintió para luego mirarla fijamente. Con ayuda de su visión, Sacarosa sopló de los azules y brillantes pompones que formaban los dientes de león para que se fuesen volando con el viento.
Era bastante simple, pero a consideración de Sacarosa, era algo bonito de ver.
No sabía qué clase de expresión haría Razor, pero definitivamente no se esperaba la extrema fascinación que ahí estaba.
—De nuevo.
Lo había dicho en un susurro tan rápido que casi se había enredado con sus palabras. Con una sonrisa, Sacarosa sopló de otro diente de león en la cercanía y al igual que antes, se disolvió en el viento.
—De nuevo.
Esta vez, tuvieron que caminar un poco más lejos para encontrar otro y al hacerlo, Sacarosa preguntó.
—¿Quieres intentarlo?
Razor asintió y por alguna razón, la distancia entre ellos se acortó antes de que Sacarosa pudiese decir algo más. Su respiración se atragantó en su garganta. Con suavidad, Razor sopló su cabello.
Le tomó un pequeño cortocircuito cerebral ante la acción para entender por qué lo había hecho. Tal vez, en su inocencia, pensaba que el cabello de Sacarosa volaría como los pétalos de Diente de León.
Pero, si eso pasara, ¿Acaso no sería eso muy bizarro?
Antes de poder controlarse, una enorme risa hizo que sus hombros se sacudieran ante el pensamiento. Era simplemente demasiado y cuando desistió por unos momentos, Razor sopló su frente de nuevo, haciéndola reír otra vez y así hasta que las mejillas del chico se habían coloreado de rojo por el esfuerzo y las de Sacarosa por la risa.
En un suspiro, Razor volvió a respirar y en una pequeña venganza, Sacarosa sopló con su visión una suave brisa en su rostro.
Una expresión de sorpresa lo sobrellevó mientras movía su cabeza de lado a lado en busca de que dirección había provenido la brisa, ganándose una pequeña risa de Sacarosa, que volvía a soplar sobre su rostro.
—Viento…Me gusta el viento.
—¡A mí también! —Exclamó con felicidad Sacarosa.
Y en pequeño descuido, una de las pruebas Anemo 6308 escapó de su bolsillo, creando un pequeño espíritu de viento que los tiró hacia el centro de este, para luego lanzarlos unos centímetros más lejos. Aturdida, estaba a punto de disculparse cuando la estruendosa risa de Razor la interrumpió.
Para alguien tan callado, su risa era bastante sonora. Y también, contagiosa.
Dentro de poco, ambos estaban tirados en el pasto con las mejillas sonrojadas y el estómago adolorido.
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—No me había reído así desde hace años. —De nuevo, la misma mirada que le había dirigido dentro de la cueva que le hacía sentir cosas extrañas en su pecho. —Realmente, gracias.
De igual manera, él tampoco se había reído de esta manera desde que era un cachorro. No sabía que es lo que agradecía, pero sí algo le había enseñado a Razor su maestra morada era lo que se dice después de eso.
—De nada.
Por un momento, un silencio acogedor lleno el espacio entre ellos.
A Razor le gustaba este sentimiento. Le gustaba el viento. Y también, la manera en que este cargaba la alegre risa de Sacarosa.
—Ah, cierto. —Su suave voz le llamó la atención. —Toma, son semillas de diente de león. Puedes llevártelas, yo ya tengo demasiadas.
Asintió mientras tomaba las semillas en sus manos con extremo cuidado, como si fuesen el objeto más preciado del mundo y no unas simples semillas que habían quedado luego de soplar las flores.
Acompañó a Sacarosa hasta la ruta de tierra que se encontraba fuera de la ciudad y luego la vio ir dentro de las puertas de Monstadt. En el camino de vuelta Razor estuvo envuelto en un extraño estado de atontamiento, derrotó a algunos enemigos sin pensarlo y cazó un jabalí por tan solo el hábito de hacerlo.
Y al llegar finalmente a casa, se aseguró de guardar en su cruda caja de madera con mucho cuidado las semillas de diente de león que Sacarosa le había entregado.
…La próxima vez que la viese, le entregaría huesos para su colección.
