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Un día muy especial y con mucho significado para muchas personas se había desarrollado y ahora comenzaba a oscurecerse, sin embargo, para el chico de rojizo y largo cabello con paso apesadumbrado era un día bastante normal y corriente, sin importancia.
No le veía sentido a gastar dinero excesivamente un día del año específico sólo porque se te olvidó celebrar tu amor o amistad los otros trescientos sesenta y cuatro restantes en un par de regalos que pretendan demostrar cuanto dinero eres capaz de tirar en formar parte de la mayoría.
Hoy era el ridículo día de los enamorados y ahora que el sol comenzaba su descenso a través del oeste, Tokio había dejado de verse tan rosa y viva para transformarse en una ciudad de rosa oscuro y anuncios neón o electrónicos que llamaban aún más la atención de noche, menos inocente.
El hombre de cansados pasos había, por fin, salido del trabajo. 19:43 p.m., revisó en su reloj. Para ser un día invernal había oscurecido bastante tarde, aunque no le molestaba en absoluto, a veces la luz del sol le llegaba a cegar, así que así era mejor para su cansada vista.
Dirigía sus piernas a través de un par de calles solitarias llenas de algunos locales de comida, pequeñas tiendas y alguno que otro edificio de oficinistas. Entre varios de esos locales alcanzó a leer el brillante letrero neón de su punto de llegada, un bar.
Sin mucha prisa entró al lugar, donde había una tenue iluminación en tonos cálidos y un ambiente acalorado debido a todas las personas del interior que comían y bebían con gusto o inconciencia, alguna de las dos.
Araki no tenía las más mínimas ganas de socializar en ese momento, por lo que sólo se dejó caer en uno de los bancos negros frente a la barra y apoyó los codos para descansar sobre ellos su pesada cabeza.
Los meseros estaban ligeramente ocupados y también el barman, un joven de cabellos claros y bastante alto con una actitud extrovertida y segura, cosa de la que el pelirrojo se percató cuando observó de reojo a una mesera de cabellos rosados y bastante bonita, acercarse al joven para recoger un par de bebidas. Entre ellos parecía existir cierta confianza considerando las risas que soltaban —casi— cada vez que intercambiaban palabras.
Desinteresado, Araki sacó de su pantalón su celular y comenzó a revisar sus redes sociales, no había nada fuera de lo común, algunos amigos suyos presumiendo sus divertidas actividades de San Valentín, un par de mensajes para pedirle favores de Meichan y cosas así.
Dejó el teléfono sobre la barra y se acercó al barman al ver qué al fin se había desocupado.
—Disculpe, ¿me da una cerveza? –La verdad no le apetecía realmente tomar cerveza pero era lo único que se le ocurrió pedir en ese momento.
—Ah... ¡Ah! Por supuesto, disculpe mi despiste, pero hay mucha gente hoy –dijo alegremente el chico mientras rebuscaba entre la parte posterior de la barra la bebida
—Eso parece... ¿No le estresa?
—Mm, a veces, pero por la ocasión creo que es normal. No me sorprende que la gente esté fuera de su casa hoy, jaja –respondió, al parecer a éste chico se le daba hablar y aunque Araki no tuviera las ganas necesarias para socializar en ese momento su acompañante le daba una agradable sensación.
—Es cierto, pero justo hoy los demás que trabajamos tan sólo queremos descansar, ¿no te parece? Digo, éste ambiente es algo sofocante
—Bueno, supongo que somos una minoría, pero con negatividad no lograremos nada, además–
—¡Luz-kun, necesito las bebidas de la mesa seis!
—Voy, voy...espera ¿no te las dí ya?
—No, me las acaban de volver a pedir
—Ah bien, espérame.
Con desesperación el tal Luz había comenzado a preparar un par de bebidas para la chica de pelo rosa que tenía una extraña voz que probablemente se oía así por todo el ruido del lugar. Araki se le quedó viendo con extrañeza, era bonita y estaba bastante bien maquillada a decir verdad, por alguna razón llamaba su atención más de lo normal (descontando el hecho de su llamativo aspecto).
La chica de repente sintió la mirada del otro y lo volteó a ver sorprendida, con timidez le dedicó una sonrisa e hizo reaccionar al pelirrojo, volteando la mirada por la vergüenza.
Justo después Luz le entregó a la mesera dos copas con un líquido casi transparente, los cuales colocó sobre una pequeña bandeja de plástico negro y se los llevó a la mesa velozmente.
—Eh, ¿me da la cerveza? –dijo después de pensar por un par de segundos en lo que acababa de pasar.
—Perdón, aquí está –dijo el barman extendiendo un tarro de vidrio hacia su cliente, no le había dado tiempo de entregar la bebida por la interrupción.
Araki volvió a revisar su reloj, marcaba ya las 20:27 p.m. el tiempo se le estaba pasando volando.
Quiso volver a conversar con Luz pero el joven de ojos claros estaba algo atareado, por lo que no lo interrumpió más y se fue tomando de a sorbos su helada bebida.
Pasada otra media hora y dos bebidas alcohólicas más el pelirrojo iba relajándose y mejorando su humor, ya eran las 21: 06 horas pero era buen tiempo para volver a su hogar caminando, no le quedaba muy lejos de casa además de que el pequeño bar estaba ya bastante más vacío a comparación de cuando entró, tan sólo quedaba una (tal vez) pareja de chicos que reían bastante alegremente y otro grupo de mujeres jóvenes en una de las mesas del fondo.
Varios de los meseros se habían comenzado a retirar, sin embargo, la linda camarera pelirosada se había dejado caer en uno de los bancos cercanos a Luz, tenía una expresión de estar exhausta por todo el ajetreo de hoy, sentimiento que el mayor compartía.
—Luz-kun... Cerveza, me muero –dijo ¿la chica? Su voz si bien no era tan femenina y mucho menos aguda comenzaba a asustar al negativo hombre sentado a su izquierda, aunque él seguía pensando que no podía juzgar a alguien por su voz estaba volviéndose extraño, comenzaba a dudar de su... Género.
—Ahh, Naruse-chan volvió a trabajar de más ¿No es verdad? Pero no puedo seguirte regalando la cerveza aunque trabajes un poco más que los demás, es tu cuarta vez esta semana
—¡Por favor! Somos amigos, ¿no se supone que hoy es el día de la amistad? Que sea tu regalo para mí~
—No, hoy es el día del amor. Además como te dije: ya no puedo, pero podrías irte temprano hoy como compensación, ¿Qué opinas?
—Que eres un tacaño, Luz-kun. Yo me lo merezco.
—JAJA, no me importa. Aparte aún debes una parte de los platos que rompiste la semana pasada
—¿¡Eh?! Dijiste que sería sólo la mitad, porque Anku-san también tuvo la culpa
—Sí, así fue hasta que ví lo demás que me debías...
—Agh... eres malo, ¿lo sabías?
—Jeje, sí
—Esto, ¿Quiere una cerveza? Yo invito. –interrumpió Araki
—¿Ah?
—¿Eh?
—¡No señor! Naruse es quien debe pagar por sus cuentas, no usted –dijo Luz sorprendido, pues sabía que si le ofrecían algo así a su amigo/amiga no dudaría en aprovecharse de la situación y sacar más provecho del que necesita.
—No me molesta realmente, no se preocupe
—¡Muchas gracias! ¡Me encantaría! –dijo Naruse con los ojos brillantes mirando al pelirrojo
—¡Deja de aprovecharte, idiota! –replicó el más alto con incredulidad
Ni Araki sabía el porqué había hecho tal cosa. Ofrecerle una cerveza a una mesera que debía dinero así de la nada y que no conocía de hace más de tres horas. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué no sé arrepentía de haber gastado en un extraño? ¿Desde cuándo la cerveza le afectaba de esa forma? ¿Era la camarera acaso...?
—Está bien señor, tome –dijo el pelirrojo extendiéndole un par de billetes de su cartera al de ojos claros.
—Gracias... No sé cómo agradecerle... –replicó la chica
—Soy Araki, mucho gusto, Naruse-san
—Oh, Araki-san es muy amable, ¿No quiere que le pague? ¿De verdad? –preguntó "inocentemente" el chico-chica.
—De verdad, así está bien, no se preocupe –respondió para terminar con una —extremadamente— discreta sonrisa cansada.
Mientras tanto, el chico detrás de la barra vaciaba la lata de cerveza en un pequeño tarro como el que tenía enfrente Araki y miraba con desaprobación al de cabellera llamativa por aprovecharse, estaba tan seguro de que terminando la primera cerveza pediría más, que estaba dispuesto a apostar contra Mafumafu cualquier cosa que le propusiera, por suerte ya casi era hora de cerrar.
Le sirvió la bendita cerveza y Naruse agradeció repetidas veces a su amigo con un tono burlón en su voz, característico en él siempre que ganaba lo que fuese.
Araki miraba constante en dirección a la chica y sus pensamientos se dispersaban sin su consentimiento hacía extrañas palabras que le gustaría formular y que por suerte acallaba mentalmente antes de siquiera abrir la boca para hacer algún sonido.
Por su parte, Naruse se limitaba a disfrutar de su ¿regalo? involuntariamente obtenido con una satisfactoria sonrisa en su rostro y cerrando los maquillados ojos.
Hastiado de la arrogante actitud de su amigo, Luz salió de la barra y comenzó a recoger las sillas de las mesas para llevarlas a la bodega, ya era hora de cerrar y las personas que estaban hasta hace poco habían huido después de ver a los meseros recoger sus cuentas e irse del lugar.
Tan sólo quedaban el manager, una mesera (¿mesero?) y un extraño cliente que se veía reacio a irse de una buena vez.
Cuando el más alto desapareció de la vista de los otros dos, Naruse bajó la mirada y su sonrisa se fue borrando de su rostro, pues se preguntaba si habían regalado aquella bebida por puro interés en algo más que su capricho o por pena por su actitud, tal vez para que callara su escándalo... Porque sí, Naruse tan sólo podía fingir esa personalidad segura y despreocupada durante horas de trabajo o reuniones y cosas así, en la realidad se sentía muy incómodo/a consigo mismo, por lo menos en un sentido físico. Se sentía asqueado de sí.
Al ver en la bonita cara de su acompañante un triste semblante Araki quiso hacer algo más que observar como un idiota.
—Hey, el aburrido y negativo aquí era yo, no pongas esa cara larga
—Ah... Eso quisiera, pero esto es extraño, ¿Cierto?
—¿Qué cosa...?
—Creo que lo sabes... –respondió aún con la mirada baja, pues había dejado poco a poco su falsa voz.
Sí, había estado fingiendo toda su jornada laboral una voz femenina, aunque le costaba mantenerla por completo considerando el poco tiempo del que disponía entre pedido y pedido, por lo que a veces los clientes se le quedaban viendo raro.
Pero ahora no le importaba su voz, estaba casi seguro de que el hombre al lado suyo se había tragado (mínimo al principio) el teatrito de la chica apurada y tímida que enamoraba con su apariencia ligeramente reveladora. Teatrito que desmoronó.
Y es que si bien Araki sí se había tragado el cuento en un inicio por imbécil o por distraído y enojado con la vida, se había percatado hace un buen rato de las extrañezas que presentaba la camarera, sin embargo se negaba a juzgarla por pequeñeces como esas.
Al menos hasta ahora.
—No sé nada sobre ti, si es a lo que te refieres, Naruse-san.
—¿Entonces dirás qué no estás decepcionado?
—¿De qué? Yo no esperaba nada de ti
— ¿Y por qué me pagaste una cerveza entonces? ¿Querías que te debiese un favor? –dijo con una amarga y molesta sonrisa
—Pues... Ni yo lo sé, no sé porque te regalé la cerveza, sólo sé que no buscaba nada en especial con eso
—Ya veo –evadió con sequedad
—No es cierto, no me crees
—Me cuesta hacerlo, las personas no son generosas sólo porque sí, aún si es el estúpido día de San Valentín y mucho menos con alguien como...
—¿Tú? ¿Qué tienes de malo?
—Todo, todo está mal
—Naruse-san...
En eso Luz volvió de la bodega para por fin cerrar el lugar del que supongo ya se había hartado pero paró en seco al ver a su amigo y a su cliente con la cabeza gacha.
—Esto, ¿quién se murió?
—No das gracia Luz –bufó como respuesta el pelirrosa.
—Al menos tengo sentido del humor, maldito amargado.
—Uno muy de mierda sin dudas.
—Cállate. ¿Araki-san no se ha ido, eh?
—Sí, creo que esto es mejor que estar solo en mi casa cayendo en la amargura –respondió el pelirrojo con una pequeña risita.
—Es verdad, pero ya es la hora de irnos, son casi las diez
—Demonios –maldijo Naruse
—Bueno, muchas gracias por todo –agradeció Araki levantándose de su lugar y recogiendo las cosas que habían en la barra, por su parte, Naruse se había levantado y bostezaba tranquilo.
—No hay de que, además usted ya es casi un cliente frecuente de este lugar
—Solo he venido un par de veces, jaja
—Luz-kun, ¿me prestas las llaves para el almacén? Dejé ahí mis cosas
—Debiste haber ido por ellas... Ah, aquí... Están– dijo mientras rebuscaba entre su pequeña mochila las llaves del lugar para luego entregárselas a su amigo
—Gracias, no tardo –agradeció y echó a correr a donde quiera que fuese el almacén
Araki y Luz salieron del bar para esperar al pelirrosa y mientras tanto se pusieron cada uno a revisar sus teléfonos en medio de la calle, pues casi no lo hicieron durante el resto del día.
De repente el más alto guardó su celular y preguntó:
—Y ¿por qué Naruse tenía esa cara? No suele ponerse así antes de emborracharse
—Em, para ser sincero no estoy muy seguro, creo que cree que yo...
—Ah, ya sé a que te refieres, no te preocupes por eso, aunque tú eres buena persona si le han llegado a pasar cosas así
—Ya veo, es por...
—Sí, es por eso. Seguro tienes muchas preguntas ¿No?
—Es sólo que me causa curiosidad, Naruse, no lo entiendo muy bien, pero me causa empatía
—Je, lo mejor será que hablen directamente. No me perdonaría si te dijera algo que no quiere
—Buen punto, tiene su carácter.
Luego quedaron un par de segundos en silencio, uno de ellos porque reflexionaba sobre la pelirrosa y el otro porque se empezaba a desesperar. Justo después de esos escasos momentos de silencio apareció por la puerta el chico de cabello rosa vistiendo una sudadera negra con la cara de un gato y un pantalón negro de mezclilla.
—Disculpen la tardanza... Aquí están tus llaves Luz-kun
—Oh gracias. Yo ya debo irme, Naruse te veo mañana. ¡Hasta luego Araki-san! –Se despidió el joven más alto.
—¡Hasta mañana!
—¡Hasta luego!
Luego Naruse se fijó en su acompañante, tenía un semblante de cansancio, pero sin perder su amabilidad a juzgar por la diminuta sonrisa que asomaba por las comisuras de su boca con timidez, aún en la oscuridad su piel se veía extremadamente pálida y lisa, quizás por pasar la mayor parte del tiempo encerrado; sus ojos eran oscuros y serios, su característico cabello rojizo y largo le daba personalidad, levemente misteriosa.
Se le quedó mirando durante un par de segundos, analizándolo o quizás (aunque no lo admitiría) admirándolo. No tenía en claro si debía y cómo juzgar a ese hombre, al principio daba un aspecto rebelde pero era más bien misterioso, ¿En qué trabajaría alguien así?.
Araki pensaba más o menos lo mismo, pero él tan sólo miraba al nublado cielo nocturno y se perdía entre sus preguntas, además de una muy poco mencionada soledad que albergaba en su interior. Quizás era esa la misteriosa razón de invitarle la cerveza a su nuevo conocido, de odiar San Valentín y de pasar la mayoría de su tiempo libre en soledad, tal vez era por eso que quisiera tener otro incomprendido ser cerca de él, para escucharlo, ayudarlo, o mínimamente para sentirse mejor consigo mismo.
Había algo en aquellos dos que los atraía, pero claro, decirlo o tan sólo pensarlo era ya una locura.
¿Quién habría dicho que luego de eso el pelirrojo iba al bar cada que podía?
¿Quién habría pensado que al fin Naruse perdería una parte de su desconfianza y se abriría a una persona nueva?
Tal vez sólo el destino.
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