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Catorce.
Catorce de febrero.
Qué día más significativo, ¿no? La gente enamorada, regalando su afecto a sus seres queridos y los corazones rotos despilfarrando drama y tristeza al resto del mundo, qué extraña podía llegar a ser la vida.
Pero, hoy no. Para él no. Éste era un día demasiado especial como para pensar en su (falsa) soledad adolescente, ¡éste día era el primer concierto al que asistiría en su vida! Y se trataba de ni más ni menos que un espectáculo especial causado por el mismo día de San Valentín del que se negaba a formar parte.
Se mató estudiando encerrado en su pequeña habitación hasta altas horas de la noche con tal de sacar mínimo un ochenta por ciento en todos sus exámenes y por suerte, lo consiguió, razón por la que sus padres no tuvieron objeción alguna a la hora de pedirles como recompensa que pagaran el boleto para su -costoso- concierto.
Y ésa es la resumida historia de cómo un alegre chico de cabello llamativo se pasó apartando su boleto de entrada durante dos horas en su computadora semanas antes de la fecha para que no le ganaran el lugar, como todo buen aficionado que era.
El espectáculo estaría a reventar de gente, de ruido y muchas cosas más, pero eso no le importaba en lo más mínimo, ya se lo esperaba considerando lo esperado del concierto y oh sorpresa, cuando llegó a su destino, con cerca de hora y media de antelación, ya habían al menos un centenar de personas que esperaban enfiladas fuera del gran edificio"Tokyo Dome".
-Maldición... -se quejó consigo mismo el acalorado pelirrojo cuando buscó la cola de la fila con la mirada y la halló más larga de lo ya de por sí previsto.
Resignado, corrió para no perder más lugares hasta donde estaba parada la última persona, sin embargo, justo un segundo antes de poner ambos pies en el sitio, alguien se le adelantó, empujándolo hacia atrás y cortándole el paso.
Se quedó estático unos segundos observando al castaño niño de sudadera verde que lo había rebasado, ni siquiera volteaba para verlo.
Sakata no había visto ni conocía al chico que se le atravesó, pero sí sabía que ya le caía mal, pues no sólo se había robado su lugar en la fila del concierto que más ansiaba poder disfrutar, sino que ¡parecía ser menor que él! ¡Era muy bajito y se quería pasar de listo!
Aún a pesar de su creciente molestia, no sé rebajaría a gritarle que le devolviese su lugar, pues era algo muy previsible y el llevarlo a cabo sería muy inmaduro de su parte, él no debía seguir siendo un impulsivo, al menos según sus padres, por lo que intentaría otra cosa.
Tocó el hombro del castaño dos veces para que volteara, pero éste sólo lo ignoró olímpicamente con la mejor de las estrategias, mirar su celular. Después y con algo de desespero, Sakata carraspeo esperando que volteara, pero tan sólo volteó la cabeza, lo miró con el rabillo del ojo con indiferencia y lo ignoró, de nuevo.
El molesto pelirrojo bufó y se recargó contra la pared de concreto, quemándose la cara bajo el abrazador sol de las doce del día que poseía Tokio mientras se aguantaba el enojo del pequeño imprevisto de su llegada, pues aunque su personalidad no pasaba de ser bastante alegre y positiva también llegaba a ser "un dramático y exagerado", según Mafu-kun, uno de sus mejores amigos que por desgracia no compartía a tal grado su fanatismo por las bandas musicales.
De repente, el chico enano que había robado su lugar suspiró pesadamente tras mirar su celular unos segundos y debido a la cercanía entre ambos, Sakata quiso averiguar que era lo que había desanimado a su... ¿enemigo? Tal vez como venganza.
Pudo ver desde su lugar una parte de una conversación en LINE un mensaje medianamente largo en donde alguien le cancelaba un encuentro, probablemente en el concierto, debido a un imprevisto y luego otro mensaje de disculpas.
Río internamente y agradeció al karma existir en ese momento.
-Maldita sea Soraru-san... -suspiró el castaño.
¿Soraru-san? ¿Soraru? ¡¿El -muy probablemente- crush de Mafumafu?! Pensó Sakata abriendo los ojos con mucha sorpresa. Sería algo muy extraño, demasiada coincidencia, ¿Podría acaso ser el mismo Soraru del que le hablaba su amigo con tono de fangirl?
El de ojos y cabello carmín no lo conocía, pero Mafumafu iba en la misma escuela que él y por eso un día se tropezaron y comenzaron a hablar, aunque muy poco, pues Soraru cursaba un año mayor.
Pudiera ser que el enano estudiara en la misma escuela, pues si parecía cubrir el rango de edad, sin embargo Tokio era una ciudad muy grande y él, un escéptico.
Su predecesor en la fila al concierto comenzaba a parecerle un personaje interesante, en el mejor de los casos se le podría sacar información sobre Soraru, para empezar, para saber si era realmente el mismo del que le hablaban.
O podría preguntarle directamente
a Mafu si Soraru le comentó en algún punto algo sobre un amigo suyo. Era buen plan, Sakata era todo un detective.
Estando a tres segundos de sacar su teléfono de la pequeña mochila negra que cargaba sobre los hombros alcanzó a voltear a ver al chico y se fijó así que la fila había avanzado hacia adelante, ¡Al fin iban a pasar!
O bueno, no. No aún. La fila avanzó, pero muy poco, pues ahora faltaban cuarenta y cinco minutos para la hora de entrada, pero como la gente debía de pasar por el detector de metales, la revisión del boleto, sin alimentos ni bebidas, etcétera etcétera, era común que el proceso iniciase desde antes. Dicho proceso acababa de comenzar, y probablemente el bendito espectáculo estuviera sobre vendido.
El pelirrojo dió tres pasos hasta el castaño y se paró al lado, pero al pisar no sintió el asfalto, era algo más suave.
-¡Oye! -reclamó volteándose finalmente hacia atrás el niño de grandes ojos verdes, casi hipnotizantes a la vista.
Se le quedó mirando a los ojos, sorprendido y enmudecido. Le pareció ver dos grandes y traslúcidas esmeraldas, muy bonitas.
Por si las dudas ya había quitado su pie, justo después de pisar al enojado niño castaño lo había hecho.
-Yo... perdón -dijo reaccionando diez segundos más tarde.
El menor sólo bufó y se recargó de lado sobre el muro.
Luego reaccionó de verdad.
-¿No deberías ser tú el que se disculpe? -dijo entre resentido e intrigado.
-¿Yo? ¿Y por qué? -arqueó una ceja.
-Tú robaste mi lugar, por eso -respondió con una supuesta expresión de ofendido y cruzando los brazos.
-¿Eh? ¿Robar? Yo no robé nada, tú fuiste demasiado lento, así que es tu culpa.
-¿Ah? Eso era porque estaba muy cansado por venir corriendo, y luego tú, llegas y me quitas mi lugar
-Ajá, pues igual no te lo devolveré.
-¿De verdad? -cuestionó amenazante.
El castaño lo miró como si fuera un bicho raro y dubitativo, respondió:
-De verdad, niño.
-¿Niño? Disculpa pero, ¿Quién es el enano aquí?
-¡Repitelo! ¡Idiota!
-¡¿Idiota?!
Ambos adolescentes se miraban frente a frente con expresiones agresivas, bastante amenazadoras. El castaño porque estaba harto de ser criticado por su altura a pesar de su edad y el otro por ser un infantil adolescente, no existían muchas explicaciones.
Sin embargo las personas se les estaban quedando viendo mal por su indebido comportamiento y su ruidosa escena, sabían que hasta era posible que llamaran a seguridad si no se calmaban, así que, por su propio bien se limitaron a tragarse sus ganas de pelear y a poner una frustrada cara de impotencia mientras se asesinaban con la mirada.
La larga fila avanzaba lentamente y esa espera antes aburrida se transformó en horriblemente desesperante, al menos para los protagonistas. Era bastante la tensión del momento, sumándole los intentos del pelirrojo para hablar, pero solo llegaba a abrir la boca y cerrarla, no sabía ni qué decir.
Tal vez debía disculparse, consideró, aunque el otro lo hubiese provocado él reaccionó tan a la defensiva, en adición que el acompañante del de (hermosos) ojos verdes había dejado plantado al chico y por lo tanto, estaba frustrado.
Por su parte, el pequeño castaño se mantenía incómodo en su lugar, con la mirada en todos lados, se sintió mal por la escena que causó, no quería responder así a la provocación tan inmadura de un chico igual, aunque lo que estaba ayudando a ponerlo nervioso era lo lindo y llamativo que lucía el idiota detrás suyo.
Pasaron varios incómodos minutos, incluso segundos, de expectante silencio en los que el ambiente ya de por sí extraño se tensaba con veloz notoriedad. Ni siquiera el bullicio urbano de los autos pasando en la avenida y el escándalo provocado por el revuelo de los otros aficionados eran suficientes para acallar los ansiosos pensamientos que cada uno contenía en su cabeza.
Cansados de la espera, decidieron romper el iceberg de hielo que parecía amenazarlos.
Suspiraron al unísono.
-Yo...
-Perd -se interrumpió- ¿Qué.. ibas a decir? -cuestionó el pelirrojo con timidez.
-Na-nada, -negó rápidamente- ¿Y tú? ¿Qué ibas a decirme?
-Yo... Ahg, -tomó aire- quiero disculparme, por, por lo que te dije. No debí.
El pobre se había finalmente tragado su orgullo y esperaba impaciente a que el otro dijera algo positivo, sin embargo sólo silencio.
-Esto... Verás, éste es al primer concierto al que asisto y pues, estoy bastante nervioso, honestamente jaja. -rió nervioso.
La razón del anterior silencio fue la sorpresa que se llevaron los verdosos ojos al escuchar aquellas palabras de disculpa, y a pesar de no ser consciente, se sonrojó muy levemente, una pena que el otro no se diera cuenta por estar mirando al piso.
-Está bien -respondió finalmente- supongo que yo también te insulté.
-Bueno, fue justo... Jaja
-Hey, tal parece que no eres tan idiota como aparentas -mencionó con aires de superioridad y burla en la voz.
-¿Acaso esperas que tome eso como un cumplido? -cuestionó indignado.
-Sí, así es - afirmó con una falsa expresión de seriedad que pretendía ocultar la risa que apenas se aguantaba.
Segundos de mirarse expectantes como jugando un concurso de miradas terminaron en dos chicos reteniendo una carcajada.
-Pfft...
-JAJAJAJA
Y se soltaron a reír al igual que un par de viejos amigos después de contarse una graciosa anécdota.
Sin duda la adolescencia era la época de la vida más extraña y emocionalmente complicada, la más dramática y con mayor número de cambios, un total desastre, como en el ejemplo que acabamos de leer. ¿Cómo fue que los dos chicos que se acuchillaban con los ojos pasaron a reírse juntos en menos de media hora? No lo pregunten, porque ni ellos lo saben (aunque puede que lo presientan), sin embargo, lo agradecen.
Con la tensión finalmente rota sus incomodidades se desvanecieron y también las ganas de matarse, de hecho, el más alto se olvidó del accidental robo de su lugar en la fila y el más bajo ya estaba acostumbrado a ese tipo de burlas, al fin y al cabo.
Se dieron cuenta de que el largo de la fila se había reducido durante su extraña reconciliación, así que se apresuraron en acortar la distancia hasta la persona de enfrente, ya estaban muy cerca de pasar.
-Ya casi... -susurró para sí el pelirrojo.
-Sí, he estado esperando para esto un buen rato -agregó su acompañante.
-¿Eh? ¿Tú también?
-¡Por supuesto! Apenas es el segundo concierto al que vengo y éste es especial.
-Al menos ya sabes cómo es un concierto, ésta es mi primera vez -reconoció.
-¿En serio? Bueno, eso explica lo enojado que estabas -reflexionó- pero sí, sé más o menos como debes de entrar, veamos... ¿Qué asiento tienes?
-Mmm no recuerdo.
-Revisa en tu boleto, es lo primero que te piden.
Sakata abrió su pequeña mochila negra para buscar el boleto de entrada, mientras que el castaño lo jaló de la manga de la playera cuando la fila se hubo vuelto a reducir. Acción que el pelirrojo pasó por alto por completo, pues su billetera estaba bastante bien oculta.
-Oye, te robarán tu lugar -sentenció el de voz más dulce.
-Voy... No encuentro esta cosa.
-Busca bien, si no te negarán la entrada.
-Agh, ya sé, ya sé.
Se acercó por fin, haciendo a todas las personas de detrás de él avanzar, levantó la mirada y se fijó en que sólo quedaban unas siete personas por delante. Eso había sido rápido. Metió su mano en la mochila de nuevo y por fin halló la billetera, que por cierto tenía ilustraciones de la misma banda.
-Listo. Aquí está
-Vaya, por un segundo creí que lo habías olvidado.
-Yo también... -respondió buscando su pequeña entrada.
-Bueno, ¿qué lugar tienes?
-Es el... ¡Oh! C-15.
-¿C-15? ¿Bromeas? Mi lugar es el C-16.
-¿Qué? No no es broma, mira --negó mostrándole el número impreso.
-No sé si esto es de buena o mala suerte -pensó en voz alta.
-Oye, avanza... Eh ¿Cómo te llamas?
-¿No te dije? Soy Uratanuki. Aunque me dicen sólo Urata.
-Mucho gusto Uratan, me llamo Sakata.
-Bonito nombre. --halagó con una poco inocente mirada.
-¿E-eh? -miró adelante- Ah, la fila ya avanzó, jaja.
-¿Mm? Oh claro, vamos.
Pasaron unas dos personas más y se dieron cuenta de que al fin era su turno de pasar. Urata rió al alcanzar a distinguir una gran sonrisa y brillitos en las pupilas dignos de un infante al recibir una estrellita dorada adornar las adolescentes facciones del más joven.
"Niño" fue lo único que se le pasó por la mente.
Luego su turno en atravesar la puerta al gran edificio de brillante metal llegó finalmente, estaba conmocionado. Durante el largo proceso de revisión y avance dentro de las grandes y abarrotadas instalaciones su mente se transformó en un remolino de emociones, entre el nerviosismo y ansiedad por ver al grupo de nueva cuenta frente a él, cantando y resonando durante al menos tres horas de concierto le asaltaban imágenes mentales del pelirrojo, sonriendo de emoción con los ojos fijos en el escenario y luego en él, como en un video musical. Aunque segundos más tarde se reprendió mentalmente por pensar en aquella forma sobre alguien que apenas conocía, pues ya no era un niño que ilusionaba fácilmente, supuestamente.
Para el más alto el sólo hecho de haber traspasado la primera barrera de revisión del boleto ya le daba alas de emoción poco disimulada. Sus rojizos y curiosos ojos recorrían el lugar de arriba a abajo, de izquierda a derecha, tremendamente nervioso, en busca de cualquier indicio de los artistas o del Staff, lo que sea le bastaba. Sin embargo no se olvidaba de mirar de vez en cuando a su nuevo amigo apenas se sentía inseguro de qué hacer o dónde ir. Pensó que harían un buen equipo si asistieran a la misma escuela.
Atravesaron por entre la multitud uno detrás de otro, pero el lugar se llenaba tan rápidamente que apenas se separaban sentían que se perderían, por lo que en un impulso casi involuntario y desesperado por conservar la cercanía de una persona conocida, Sakata tomó la mano de Urata con fuerza.
---¡No me quiero perder! --excusó al sentir el cuerpo del otro tensarse.
---Ag-gh... Ya que, de todos modos nos sentamos juntos --cedió el más bajo arrugando la nariz en un extraño gesto.
---¡Gracias Urata!
El de ojos verdes evitó la mirada de su amigo y correspondió apretando su mano de vuelta, suavemente, para así correr ambos a la sala indicada en el mismo pase de entrada, con el corazón acelerado y las manos sudándoles por el ambiente, tanto externo como personal. La cara enrojecida y los ojos refulgentes de ilusión.
Y al llegar a los tan bien apartados asientos en la parte baja y casi enfrente del escenario, se sentaron con impaciente conducta, reflejada en sus nervios crecientes, de ambos. Cabe mencionar que poco antes de entrar en el concierto, Urata había gastado lo poco que llevaba de dinero en un par de bastones luminosos de led, además de un pequeño llavero de colección, uno de los bastones era para Soraru.
---Oye, Sakata
---¿Qué pasa? --preguntó mirando al techo y al gran escenario negro, sucesivamente.
---Compré esto para un amigo, pero no pudo llegar, ¿lo quieres? --respondió con algo de inseguridad bien oculta tras el velo de su dulce voz mientras tendía el brilloso objeto.
---¿Eh? ¿De verdad? ¡Muchas gracias! ¡Olvidé comprar el mío al llegar...! pero eso ahora no importa, ¿verdad?
---Eso creo...
Unos segundos más tarde sonó la alarma de la primera llamada, haciendo callar o gritar, en su caso, a los aficionados. UraSaka por su parte, se dedicaron a hablar mientras comenzaba el tan anhelado show sobre preguntas básicas para conocer al otro ¿De dónde eres? ¿A qué escuela vas? ¿Te gusta esto?
Y así se les pasó el tiempo hasta que todas las luces en el interior se apagaron de golpe y dieron paso a un silencio estremecedor. El concierto apenas comenzaba y sus sentimientos también.
