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Tanjirou se encontraba contra un enemigo con el cual nunca pensó que lucharía. Ni siquiera cuando era un joven chico de quince años y debía pelear con demonios, jamás se le cruzó por la cabeza algo parecido a esto, no en lo que llevaba de vida. Y, ahora, con veintiún años, estaba frente a este problema sin tener idea de cómo pelear.
El enemigo de Tanjirou no se trataba de un demonio, o bien podría ser uno, eran los celos.
Tanjirou estaba celoso.
Si, aquello con lo que luchaba Tanjirou Kamado, quien logró sobrevivir a una pelea con Muzan luego de graves heridas, no era nada menos ni nada más que los celos. Ese sentimiento verde y repugnante que le hervía la sangre, lo hacía rechinar los dientes por dentro y gruñir como un perro.
Pero él no lo hace, se comporta y mantiene un rostro sereno. Aunque por dentro desea-
—¡Muchas gracias por las flores!
Los pensamientos homicidas de Tanjirou fueron interrumpidos por la voz de Zenitsu, el hombre rubio se despedía de otro más alto y de cabello corto, el dueño de una pequeña florería en el centro del pueblo, e iba directo hacia donde se encontraba parado esperando. Una sonrisa se asomó por sus labios viendo a Zenitsu acercarse, apenas le dio un vistazo al hombre de atrás que alzó una mano en su dirección.
Al fin.
—¿Está todo bien? —Tanjirou pregunta inclinando la cabeza hacia el otro cuando este se posiciona a su lado.
—¡Oh si! —respondió el mayor con una sonrisa, las mejillas se le tiñeron de rosa por un momento, muy lindo—. ¡Haruka-san sólo quiso darme estas flores! ¿No son hermosas? Quedarán preciosas en esos jarrones —tarareo el rubio abrazando las flores en su pecho, con sumo cuidado para no aplastarlas y dañarlas.
El sentimiento asqueroso había desaparecido por completo al escuchar al rubio tan feliz, el olor de este llenó sus pulmones y se sintió mejor.
Tanjirou sonríe aún más, asiente con la cabeza, y dirige su mirada hacia el camino, la mayoría de las personas lo saludan, y por supuesto que les devuelve el saludo. Y Tanjirou nota que muchos igualmente saludan a Zenitsu, no es que fuera raro, llevaban años viviendo en este pueblo como para no conocer a la mayoría, o mejor dicho a todos, el problema era quienes saludaban al rubio de cabello largo.
Las intenciones de las personas que saludan a Zenitsu, podía olerlas.
—¡Tenga lindo día, Zenitsu-san! —un hombre que cargaba algunas cajas se asomó para agitar la mano hacia el mencionado.
—¡Tenga lindo día también, Tanaka-san! —el de ojos caramelo levantó la mano para devolver el saludo.
El hombre llamado Tanaka inmediatamente se metió en la tienda cuando Tanjirou le dirigió la mirada, este frunció el ceño irritado por esa reacción. Era demasiado obvio —o tal vez él estaba haciendo una cara fea, Nezuko se lo había señalado una vez—.
Podía olerlo por todos lados, era espeso y le causaba un ardor en su garganta. El hedor del deseo.
Algunas mujeres se acercaban con más confianza a Zenitsu, ellas olían a lo mismo que los hombres, pero eran menos intensas, más dulces e inocentes. Los ojos rojos siguieron cada movimiento de las féminas, algunas se atrevieron a tocar al rubio, en los brazos o el cabello.
Por alguna extraña razón, este sentimiento se siente familiar, pero no era posible ¿O si? ¿Lo había experimentado antes?
Tal vez-
No, no era posible, esto debía ser la primera vez.
—¿Creen que se ve bonito así? —Zenitsu sonríe de oreja a oreja, sonrojado hasta la nariz por los cumplidos de algunas chicas que halagan su cabello largo y dorado.
El burdeo tiene que concordar con ellas, pero bonito era muy poco, él diría que el cabello de Zenitsu le hace lucir bañado por el mismo sol, tan hermoso y divino. Pero se guarda sus comentarios, apenas habla con algunas de ellas y les sonríe cortésmente.
Antes solía ser bombardeado por la mayoría de las chicas, pero parece que el poco interés les mostró no era lo que ellas esperaban tener de él, y las hizo desistir de acercarse tanto. En cambio con Zenitsu, las chicas fueron más agresivas.
Zenitsu tiene que despedirse de las chicas para seguir su camino a casa, no pueden quedarse por tanto tiempo en el pueblo, Nezuko debía estar esperándolos e Inosuke se ponía muy inquieto, no podían dejar a la azabache lidiar sola con el niño jabalí, que ya no era un niño para nada. Uno al lado del otro, se alejan del pueblo, y sólo hay silencio.
La canasta de compras reposa en el hombro del brazo funcional de Tanjirou, y Zenitsu por su lado carga otra bolsa, algunas cosas a pedido de Nezuko, también sus dulces favoritos.
Zenitsu lo miraba de vez en cuando, Tanjirou sabía a qué se debía esa mirada, era porque en algún momento de la caminata había tomado al rubio de la cintura y lo pegó a su costado. El mayor apenas soltó un jadeo de sorpresa, y olió la vergüenza, pero no comento nada.
—Tanjirou —llama el hombre más bajo—. ¿Estás bien?
—No —contesta el burdeo, siendo totalmente sincero ¿Valía la pena mentir?—. Lo siento, estaba molesto.
El rubio se ríe entre dientes, pasa una mano por su boca y jugando con sus pestañas lo mira. Está jugando con él, lo sabe, Zenitsu huele a que está divertido con todo esto.
—Estás celoso —señala Zenitsu—. Podía oírlo claramente, puedes ser aterrador ¿Sabes? Por un momento pensé que ibas a romperle la muñeca a Kou-san.
—¡No haría eso! —las mejillas del burdeo se tiñeron de rosa, frunció los labios sin mirar a los ojos miel del otro—. No puedo creer que te haya tocado tan casualmente, y me molestó, pero no iba a hacerlo.
—Sé que no, no eres así —asintió con la cabeza el mayor—. Pero te escuchabas como un huracán o un volcán —se burla una vez más.
Tanjirou gimió por lo bajo, muy apenado, giró la cabeza hacia el más bajo y se agachó para plantar un beso en los labios Zenitsu. Fue rápido, porque apenas se alejaban de la aldea para subir la montaña, pero eso no le quitó nada de dulzura a la acción.
—No hay que ponerse celoso, sabes que te amo a ti nada más ¿Cierto? —Zenitsu acaricia la mejilla del burdeo, su pulgar cerca del ojo donde este ya no tenía visión.
—Lo sé, nunca dudaría de lo que siente Zenitsu por mí, confío en ti con mi vida —el más alto frunce las cejas, cierra los ojos y disfruta de la caricia—. Pero no confío en los otros, no me gustan.
Cuando vuelven a casa, Nezuko los recibe muy contenta por tenerlos en casa, Inosuke no se encuentra a la vista, y la azabache comenta que debe estar jugando en alguna parte del bosque, como suele hacer luego de acabar los quehaceres.
El rubio se relaja un momento, sentándose en la madera del patio y mirando hacia las flores, escucha pasos acercarse y no tiene que girarse para saber de quién se trata, pero aun así lo hace para darle una sonrisa a su esposo.
—Nezuko está haciendo té, aquí están los dulces —Tanjirou se sienta junto al rubio luego de extenderle una bandeja con los bocadillos.
—Gracias, se ven muy bien —comenta el mayor casi babeando al tener los dulces en sus manos, y da la primera mordida disfrutando del relleno acaramelado.
Tanjirou lo está observando, y puede escuchar el corazón de este latir de contento sólo por verlo comer. Debería estar acostumbrado a esto, porque ha sido así por años, pero sigue siendo vergonzoso. Zenitsu mueve la cabeza para pillarlo, y este en vez de apartar los ojos le sonríe con suavidad y ojos de cachorro.
Es Zenitsu quien acaba desviando la mirada, muriendo por el ardor en su rostro y orejas.
¡¿Cómo Tanjirou podía mirarlo con tanto amor y no sentir ni una pizca de pena?!
De repente, un peso en sus piernas lo hace volver a mirar hacia Tanjirou, que se encuentra ahora con la cabeza sobre su regazo. El rubio parpadeó, no está sorprendido por la acción, pero ha oído un gruñido, muy claro para sus sensibles oídos.
—No quiero que nadie más vea esto, ¿Estaré mal? —El burdeo murmura, se escucha muy ahogado debido a que entierra su rostro en el estómago del mayor, pero sabe bien que aun así este lo entiende a la perfección.
—¿Qué cosa? No entiendo lo que dices, Tanjirou —Zenitsu se preocupa, con la mano libre se encarga de acariciar las hebras rojizas y desenredar los largos rizos.
El cabello de Tanjirou no es tan largo como el suyo, este nunca se dejaba crecer el cabello por tanto tiempo, al final del año siempre se lo cortaba hasta las orejas.
—Hoy todos estaban tan interesados en ti, y lo entiendo, Zenitsu es hermoso, eres tan dulce, y amable, ¿Por qué no estarían interesados? Pero sólo yo puedo ver estas cosas, y no quiero que nadie más lo vea —explica el menor, escuchándose muy avergonzado.
Zenitsu puede ver, por muy escondido que esté, las orejas rojas de Tanjirou.
—Tanjirou, sólo estoy comiendo un dulce, ¡No hay nada de especial en eso! —el rubio también está muy abochornado, agradeciendo que el más alto no puede verlo, aunque deseaba verlo a la cara en este momento.
—¡Pero eres tan tierno Zenitsu! ¡Estás tan feliz cada vez que comes tus dulces favoritos! ¡Y hueles tan bien! —Tanjirou se deja ver, con una expresión de nunca he hablado tan en serio y con tanta verdad—. Si otros vieran lo adorable que eres, ahora, ¿No estarán más enamorados de ti?
Zenitsu no sabe si reírse por la actitud infantil de su esposo, o enternecerse, o preocuparse por la vida de esas pobres almas por haber despertado los celos de Tanjirou. Por otro lado, toda la situación seguía sintiéndose irreal, ¿Siempre supo de esta faceta celosa del burdeo?
Cuando aún eran cazadores, Tanjirou solía poner caras horribles cada vez que se acercaba a las niñas, y si eran niños tenía el hábito de colocarse en medio —como si quisiera mantener a los demás a cierta distancia de él— o trataba de llamar la atención del rubio —al principio, pensó que a este le irritaba que molestara a las chicas, pero era muy obvio con los chicos como para no darse cuenta—.
Oh, esto no es nada nuevo.
—¿Qué? —el menor arqueó ambas cejas, notando que el rubio se quedó en largo silencio con la mirada fija.
—Nada, sólo- Creo que eres un tonto celoso, por favor, no hagas nada estúpido —sonríe el rubio, inclinándose para darle un beso en la frente al de aretes.
Tanjirou no parece convencido con el beso, frunce el ceño y hace un gesto para señalar a sus labios. Ahí, el burdeo está buscando hacer un trato, quizás.
—¿No estás siendo muy codicioso? —se ríe el mayor, de nuevo se inclina para besar al otro, esta vez uno más profundo en los labios.
El beso sabe a algo muy dulce, probablemente era gracias al bollo relleno que estaba comiendo el rubio de cabellera larga hace un momento. Los dos mantienen un largo beso, hasta que necesitan aire, Zenitsu se ríe con las mejillas rojas y la frente apoyada sobre la de Tanjirou, que comenta que le gustaba probar el dulce en la boca de su amado.
Entonces, Tanjirou siempre ha sido celoso, es el último pensamiento de Zenitsu.
