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en esta situación

Summary:

Zenitsu se encuentra envuelto en una misión junto con Rengoku, una situación extraña de la que no puede escapar.

Notes:

yo-

lo siento mucho, quise con todo mi corazón hacer un buen regalo para el intercambio, pero sólo lo estropee todo, y no tenia idea de que escribir poque sólo se me dijo una pareja y no un tema en especifo

ni siquiera es lo suficiente largo, bien escrito, ni nada, no tiene sentido ni una trama central, LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO

por favor, no me odies por este regalo, ME ESFORCÉ MUCHO Y- disfrútalo Carla, espero, OJALÁ que no me odies tanto por esto

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Zenitsu estaba seguro de una cosa, y era que se le presentaban situaciones tan extrañas a las cuales nunca podía hallarle la lógica. 

Y esta situación en particular, era mucho más rara que encontrarse con un demonio de dos cabezas. Aunque esto es mucho mejor que encontrarse con algún demonio de ese tipo, y lo prefería. También deseaba nunca toparse con un demonio así.

—¡Mi chico dorado! —exclamó el joven pilar de la llama, le saludaba desde algún puesto de comida, con una amplia sonrisa en el rostro y varias tazas vacías en la mesa.

El rubio pensó en escapar, no estaba tan relacionado con este hombre como Tanjirou, o incluso Inosuke, pero no tuvo el valor para hacerlo. Mientras sus pies se movían hacia el hombre de cabello similar al fuego, maldecía su buena educación, la cual debió faltarle por ser un huérfano de la calle.

Rengoku Kyojuro, conocido como el pilar de la llama, le esperó pacientemente desde donde estaba, haciendo espacio para su futuro acompañante. Por otro lado, Zenitsu sentía que tendría un ligero ataque de pánico, e incomodidad, ¿Cuándo fue la última vez que convivió con este hombre?

Desde que tuvieron aquella batalla con Akaza, ni siquiera le había dirigido la palabra una vez, ¿O si? ¡No lo recordaba! ¡Sólo recordaba ayudar a llevarlo por lo malherido que estaba! Y también su horror al escuchar que el pilar se encontraba recuperado tan rápido a pesar de casi perder un ojo y ser herido en el abdomen —el que por poco le atraviesan—, pensando que los pilares eran unos monstruos.

—Joven dorado, es agradable encontrarnos ¿Estás en una misión? —preguntó Rengoku en cuento el cazador inferior se sentó a un lado.

¿Joven dorado?

—Uh, si, yo- Fui llamado para acá por un demonio, algo sobre una bestia —la incomodidad fue reemplazada por el miedo al recordar los pocos detalles de la misión.

En este pequeño pueblo, que podría pasar fácilmente por una ciudad, se había esparcido el rumor de una bestia a las fueras, un demonio que podía transformarse y se comía a todo lo que estaba a su paso, muchos hombres, mujeres y niños habían desaparecido, por lo que no había ningún patrón más que la dicha imagen de la bestia.

Escalofriante. 

La imagen mental de un lobo gigante con múltiples ojos y dos bocas destrozándolo lo hizo querer vomitar —y sólo era su imaginación jugando con su pánico—.

—Pareces un poco pálido, ¿Por qué no intentas comer? ¡En la noche nos encargaremos de ese demonio! —sonrió el hombre más alto, giró enseguida para llamar a alguna de las meseras de la tienda.

Zenitsu recuperó el color de su rostro, sus mejillas se tiñeron ligeramente de rojo—. ¡Espere! ¿Nos encargaremos? Pensé que no se encargaba de este tipo de misiones, y- ¡No tengo dinero para pagar este lugar! —entró más en pánico al ver a la joven mesera dirigirse hacia ellos.

—Oh, he escuchado de los rumores de regreso, por eso decidí quedarme, ¡Ha sido una casualidad encontrarnos! —le dio una mordida a una chuleta de cerdo que llevaba en sus palillos—. ¡Está muy sabroso! ¡Muy sabroso! ¡No te preocupes, yo pagaré por la comida! ¡Tienes que probar lo sabrosa que es! 

Dios, ayudalo.

Antes de que el rubio menor pudiera protestar, con muchísima vergüenza, sintió una palmada en la espalda y gimió en resignación. La verdad tenía hambre, y la comida lucía muy buena, también estaba verdaderamente feliz de contar con un pilar. Quizás no moriría esta noche.

Luego de que la chica pidiera su orden —con otra ronda para Rengoku—, Zenitsu miró por sobre su hombro al mayor. La incomodidad había vuelto ahora que la charla sobre el demonio se detuvo, y el silencio no estaba ayudando en nada, sin importar que el otro se encontrará más ocupado comiendo.

¿Debía decir algo? ¿Quizás mencionar a Tanjirou? El chico de aretes era un buen tema de conversación, sobre todo porque Rengoku se había relacionado más con el frente terca que con él. Esta es la persona a la que más admira Tanjirou, uno de los pilares más fuertes que ha conocido, bien, no ha conocido muchos, pero no tiene duda alguna de que este hombre es increíble —no cualquiera podía luchar contra una luna superior y sobrevivir—, mentiría si dijera que no lo admiraba también.

—Aquí está su pedido, disculpe la espera, y en un minuto vendrá otra ración para usted —la joven mesera volvió con una bandeja sirviendo las tazas frente al cazador inferior, el cual se sobre salto por ser sacado de sus pensamientos.

—¡M-muchas gracias, señorita! —avergonzado por el susto, se inclinó ligeramente y fue directo a comer.

—¡Eso se ve muy bien, hiciste una gran elección! —el pilar tenía una extraña manía de hablar en voz alta.

Los tímpanos de Zenitsu no agradecieron eso, pero aun así no era un molesto sonido, sólo algo fuerte. Al igual que los latidos del corazón, como un fuego abrasador que podía llevarse todo a su paso si así lo quisiera.

—Gracias, aunque me deje llevar por el nombre, nunca he comido algo similar a esto —Zenitsu confesó apenado. El rubio más pequeño agradeció por la comida rápidamente, inseguro tomó los palillos y confío en el buen aspecto de los platillos.

La primera probada fue como llegar al paraíso, el sabor dulce combinado con lo salado de los condimentos, y estuvo por soltar una exclamación similar a las de Rengoku por la impresión de la comida. Su rostro debió ser un poema, porque el pilar a su lado soltó una carcajada mientras lo observaba, enseguida la expresión embobada de Zenitsu fue reemplazada por una más abochornada.

—Parece que te ha gustado, ¡Eso es bueno! —el rubio más grande cogió sus palillos, le indicó al más joven que lo siguiera y este obedeció un poco nervioso—. Hundes esto en esta salsa, un poco de carne y te lo llevas a la boca, ¡Es la mejor forma de probarlo!

Zenitsu hizo caso, igual o mucho más inseguro, y para su sorpresa obtuvo un resultado mucho más delicioso que la primera probada. De nuevo, su rostro mostró su felicidad por el sabor y Rengoku no tardó en soltar otra risa, con las mejillas rojas y una gran sonrisa Zenitsu le agradeció al pilar.

Fue extraño, diferente pero agradable, e hizo que Zenitsu olvidará la incomodidad.

El atardecer estaba a la vuelta de la esquina, ambos cazadores comieron algunos dulces esperando por la noche.



Quizás debería tener un poco de vergüenza, después de todo, estaba en compañía de un pilar, el nivel más alto que puede llegar a tener un cazador de demonios, lo correcto sería mostrarse valiente, fuerte e inteligente ¿No? Así daría una gran impresión.

Pero, hablamos de Zenitsu, no importa con quien este, él tiene mucho miedo y no puedo no mostrar que no está temblando. No es que pueda evitarlo, su cuerpo tiende a traicionarlo.

La noche trajo consigo soledad, oscuridad y un silencio espeluznante en todo el pueblo, ni un alma se encontraba a la vista, seguro la mayoría ya alertas sobre el demonio, o mejor dicho la bestia para ellos. No los culpaba, él también quería resguardarse en la comodidad de una casa, aunque estaba seguro de que las casas no otorgan ningún tipo de seguridad real, los demonios podían entrar si quisieran —para su suerte, los demonios siempre buscaban presas fáciles y rápidas, las cuales solían estar afuera—.

Los dos cazadores se encontraban buscando pistas o alguna señal del demonio, luego de haber recolectado información antes de caer la noche. Se guiaban por el oído de Zenitsu, y también por el instinto de Rengoku.

Hasta ahora, habían estado unas horas en la noche sin hallar pistas de algún demonio, o una bestia.

—No puedo escuchar nada, incluso la mayoría en este pueblo está dormido —murmuró el rubio, mas para sí mismo que para conversar con el pilar.

Rengoku asintió con la cabeza, no sabía si este le había escuchado, tenía una idea de que el oído del hombre con cabello de fuego no era realmente bueno —cuando habían comido los dulces, fue malinterpretado más de una vez por el mayor—. El hombre más alto tenía un rostro endurecido, diferente al semblante sonriente y entusiasta que suele llevar.

—Tal vez debamos salir del pueblo, la mayoría dijo que las desapariciones o los avistamientos de la bestia son casi afuera, por los bosques —hablo el mayor, con un tono de voz inusualmente bajo, por poco Zenitsu creyó que hablaba como una persona normal.

—¡¿Afuera?! ¡P-pero afuera no hay luz! ¡Aquí hay un poco de luz! —el rubio menor chilló, temblando aún más.

Fue totalmente ignorado por el hombre de rango superior, o tal vez no, ya que este colocó una mano en su espalda y lo guío para encaminarse a las afueras del pueblo. Siendo arrastrado, Zenitsu no tuvo de otra que obedecer, incluso si sus piernas temblaban un poco como gelatina con cada paso que daba hacia el frente.

Zenitsu ni siquiera entendía porque Rengoku insistía en llevarlo, ¿No era un pilar fuerte? ¿Para qué necesitaba un cazador de ese nivel a uno tan inferior? Ni siquiera podía mantenerse de pie sin temblar o querer llorar de miedo por la idea de ser devorado a tan corta edad por un demonio, sin siquiera poder casarse o haber tomado la mano de una linda chica. Pero aquí estaba, el rubio más cobarde del mundo junto con el rubio más valiente del mundo, ambos a por un demonio que fácilmente puede ser acabado por el pilar.

Bueno, es cierto que, en primer lugar, esta era su misión, y Rengoku sólo venía de paso a ver que podía hacer. El que se hayan topado sólo fue una casualidad.

En medio camino de tierra, a cierta distancia de la entrada del pueblo, el sonido de algo grotesco llegó a los oídos de Zenitsu, haciéndolo jadear para cubrirse las orejas.

—¡E-Es el demonio! ¡El demonio está aquí! —el rostro del menor se volvió pálido, los ojos miel se dirigieron hacia todos lados, buscando en qué dirección proviene el sonido asqueroso.

Rengoku tenía la mano puesta en la empuñadura de la espada, sintiendo la presencia del demonio también, pero la oscuridad no les permitía ver más allá, ni siquiera de dónde podía venir el demonio.

—¡Si estás ahí preséntate! ¡Nosotros ya te detectamos! —el pilar de la llama alzó la espada en alto, girando el cuerpo y la cabeza en todas direcciones con el cazador más joven en su espalda.

Incluso en esta situación, Zenitsu se encuentra atorado como un cobarde detrás de otra persona, pero no cualquier persona, alguien superior a quien debería respetar y demostrar su potencial, pero no puede, no pudo en el tren infinito, tampoco puede hacerlo ahora. Después de todo, su miedo es por su debilidad. Rengoku no debería protegerlo, él debería estar a su lado ayudando para encontrar y derrotar al demonio.

El rubio menor empieza a retroceder, hasta que sus manos ya no están sujetas al haori blanco del pilar de la llama, este se gira para verlo mientras aún está dando varios pasos hacia atrás.

—¡Niño dorado!

De repente, Zenitsu ya no puede dar más marcha hacia atrás, no cuando su espalda choca contra algo duro, grande y cubierto de pelo. El hedor es fuerte, un sonido que le desgarra los oídos, los sonidos que haría un monstruo, el sonido aturde lo suficiente al rubio como para hacerlo tropezar mientras giraba para alejarse de la criatura.

Todo pasa demasiado rápido después, sus ojos abriéndose en grande al ver una enorme bestia frente a él, Rengoku gritando el nombre de una postura.

Y luego sólo hay oscuridad.



Zenitsu puede soñar, lo hace casi siempre que va a una misión, cuando el miedo se apodera de su cuerpo y todo se vuelve oscuro.

Esta vez, ha soñado con algo tan irreal, no hay dudas de que está en un sueño.

Él está salvando a Rengoku, aunque no es que el hombre de cabello como el fuego estuviera en peligro, pero Zenitsu se encarga de cortar la cabeza del demonio tan rápido, con tanta fuerza y velocidad que es impresionante para los ojos del pilar.

Por un momento, es lo que desea ser, no un cobarde tirado en el suelo, llorando por piedad y orando por no morir, no, era un cazador extraordinario que podía sorprender al pilar de la llama con su fuerza.

Cuando el demonio se hace cenizas, Zenitsu se pierde en sus sueños.



Los párpados se abren con un pesado movimiento, deseando mantenerse cerrados un poco más, pero la luz le molesta y tiene el sentimiento de que no debería dormir más.

Espera, ¿dormir? ¿Él estaba durmiendo?

—Oh, parece que ya estás despierto —la voz de una joven mujer lo llama.

Zenitsu puede despertar al fin, se sienta sobre lo que cree es un futón, lleva ambas manos a sus párpados para restregarlos y quitar cualquier rastro de sueño, luego un largo bostezo. Perezoso, dirige su mirada hacia la mujer que sigue sentada a su lado.

—¿Dónde…? —el rubio arrastró las palabras aun con sueño.

—Oh, estás en una posada, estoy aquí para revisar si tienes alguna herida, pero creo que sólo es un rasguño en tu mejilla, de resto estás muy bien —sonrió la mujer enfermera, ella se levantó del suelo un segundo después y caminó hacia la puerta.

¿Qué? ¿Posada? ¿Heridas? ¿Rasguño?

El demonio-

—¡Ya estás despierto, mi chico dorado! —la voz fuerte y clara del pilar de la llama inundó la habitación.

Zenitsu por poco salta de las cómodas sábanas, miró al culpable de que casi le diera un infarto con el ceño ligeramente fruncido, pero los recuerdos de anoche no lo dejaron estar molesto por mucho tiempo, enseguida la preocupación subió por su garganta. No sabía que había pasado, sólo recordaba estar muy asustado, ver a la bestia a los ojos y todo lo demás son sueños ridículos.

Eso en su cabeza era la voz de Rengoku ¿No? ¿Por qué tenía un claro recuerdo de algo que no recordaba hubiera dicho alguna vez el pilar?

—Rengoku-san… ¿El demonio? ¿Se encargó del demonio y de traerme hasta acá? —preguntó el rubio, sintió mucha vergüenza al imaginarlo.

Probablemente se había desmayado del miedo, probablemente Rengoku tuvo que salvarlo y luego matar al demonio, el demonio que se supone debía cazar él, y probablemente lo había llevado cargado hasta esta posada, incluso llamó a alguien para que lo atendiera. 

—Eso es interesante —soltó el hombre de rango superior mientras se sentaba en el suelo, cruzó los brazos en su pecho y posó fijamente sus ojos en el menor—. ¿No recuerdas absolutamente nada? —una ceja se arqueó sutilmente.

¿Había algo que recordar? No creía que fuera necesario, después de todo sólo se había desmayado como un inútil, y todo el resto eran sueños sin sentido.

La mirada de Rengoku puso un poco nervioso a Zenitsu.

—No, ¿Tendría qué? Todo se volvió negro luego de ver a la bestia, luego sólo estaba… soñando —la voz de Zenitsu se perdió en un hilo.

—Fuiste tú quien decapitó al demonio, fue tan rápido, por poco no lo veo. ¡Nunca había visto a un usuario del rayo pelear y fue una digna demostración! —exclamó el de cabello como el fuego. El corazón latía como una llamarada, en admiración y asombro por Zenitsu—. Apenas tuve tiempo de sacar mi espada, pero tú ya estabas de pie y haciendo una primera postura, la cual fue muy precisa, ¡Ni siquiera pude parpadear!

Todo lo que salía de la boca del pilar hizo a Zenitsu sentirse mareado, no había ni una mentira entre líneas, todo era cierto, pero aunque fuera cierto ¿Podía creerlo? No, no podía ser posible, ¿En dónde estaba la lógica aquí? ¿él peleando dormido? ¿Él derrotando a un demonio con sus propias manos? ¡Pero eso le estaba diciendo Rengoku, quien es pilar del fuego, no ningún mentiroso!

—No, eso no puede ser posible, no recuerdo nada de eso ¡Tenía mucho miedo para luchar! ¡Ni siquiera sé usar bien esa postura! —el rubio sacudió la cabeza, negándose a creer en esa fuerza y valor inexistentes. 

Y Rengoku no mentía, lo sabía, pero él no quería escuchar.

El silencio se instaló en la habitación, Rengoku no dijo ni una sola palabra más, pero los latidos del corazón no podían engañar a Zenitsu, se oía desconcertado y decepcionado, si, ese era el tipo de sonido al que estaba más acostumbrado. Por otro lado, Zenitsu seguía sentado en el futon sin poder mirar a los ojos al pilar, sintiendo la vergüenza por haber hablado tan groseramente a pesar de que su superior estaba siendo tan amable.

—Creo que puedo entender lo que pasa aquí —volvió a hablar el rubio mayor, interrumpiendo el silencio y llamando la atención del otro—. No puedes ver tu propia fuerza, ¿Es así?

Zenitsu parpadeó, alzó la cabeza encontrándose con una de las miradas y sonrisas más suaves que ha visto en su corta vida.

¿Rengoku podía hacer ese tipo de expresión? ¿Por qué a él?

—El que no podamos ver nuestra fuerza, no significa que no la tengamos. Incluso si no podemos verla, debemos creer en ella. Pero aún tenemos a otros que pueden verlo, como yo pude ver lo fuerte que eres —continuó el pilar, cerró los ojos bajando la cabeza, sin quitar la suave expresión en su siempre endurecido rostro—. Sé que son sólo palabras, y no es tan fácil, pero hay que hacer un esfuerzo, como cuando luchamos contra los demonios ¿No crees?

El fuego en los ojos de Rengoku chocó con la miel en los ojos de Zenitsu.

Zenitsu no supo qué decir, las palabras se atoraron en su garganta, ¿Tenía algo que decir? Sólo pudo respirar y tratar de calmar los latidos de su corazón, pasar las manos por su rostro sintiendo como ardía hasta el cuello y sus orejas, todo estaba demasiado caliente y que el pilar estuviera allí observando su reacción sólo empeoraba todo.

¿Qué podía decir? ¿Debería agradecer? 

Fue dulce, y agradable, le hizo cosquillas hasta que sus labios temblaron queriendo sonreír, no tenía la fuerza para detener la sonrisa que deseaba asomarse.

El sonido de alguien tocando a la puerta hizo que los dos movieran la cabeza hacia ella. La voz del otro lado habló sobre servir el almuerzo.

Que suerte, mi corazón no iba a soportarlo, pensó el rubio menor dándole las gracias a quien sea que lo estuviera viendo desde el cielo y le tenía suficiente lastima para ser piadoso con él.



El jardín le recordó un poco a la finca mariposa, faltaban una cantidad extraordinaria de mariposas, y variedad de ellas, pero muchas volaban de un lado a otro, de flor en flor, una más hermosa que la otra. Siempre le gustaron las flores, este tipo de lugar traían una paz que no siempre podía tener, la tranquilidad era un lujo para él, un cazador de demonios tan cobarde y lleno de inseguridades.

Sabía que debía estar descansando, el pilar del fuego se lo pidió, la enfermera también, pero él no estaba lastimado de ninguna forma, apenas un rasguño en la mejilla que no sabe cómo llegó ahí. Zenitsu quería tomar un poco de aire y pensar en la situación en la que estaba metido.

Pensar en las palabras de Rengoku le hizo recordar a Tanjirou, su amable amigo que siempre tenía algo bueno que decir de él, incluso si es un cobarde, llorón y demasiado pegajoso. El burdeo se llenaba la boca hablando de lo fuerte que era Zenitsu aunque este no le creyera ni una palabra, sin importar si hablara con toda sinceridad.

Su corazón latió peligrosamente por las palabras de Rengoku, por escuchar los latidos de este mientras lo miraba como algo precioso. Tal vez es su imaginación, porque eso es ridículo, ni siquiera se habían hablado hasta ahora.

—¡Con que aquí estás, mi chico dorado! 

Zenitsu dio un salto, soltando el ramo de flores que había estado acariciando, perdido en sus pensamientos. El susto pasó tan rápido como la repentina aparición de Rengoku, sus mejillas se calentaron.

—¡Tú- Usted! —el rubio más pequeño señaló con un dedo al pilar—. ¡Cómo se atreve a aparecer de esa forma! ¡Va a darme un ataque al corazón! ¡Iba a morir, a morir por su culpa! ¡Arrepiéntase ahora mismo de sus acciones! 

Los gritos de Zenitsu sólo hicieron a Rengoku reír, una limpia carcajada que hizo enojar más al menor, también encendió más el color en las mejillas de este, no sabía si el ardor era porque le hervía la sangre de la ira o de vergüenza, pero no iba  detenerse a averiguarlo. 

—¡¿Qué es lo que da tanta risa?! ¡¿Acaso que esté por morir por su culpa es tan gracioso?! 

—¿Por qué no estás en la habitación? Me tomó un tiempo encontrarte —se acercó el mayor cruzando los brazos e inclinando el cuerpo hacia el rubio más pequeño.

Zenitsu frunció el ceño por ser ignorado, pero la cercanía no lo hizo pensar mucho más en eso. Este hombre no debía tener idea de lo que era el espacio personal, o tal vez estaba haciéndose el idiota.

—Estaba aburrido, quería aire fresco y vine para acá… Es tranquilo —el rubio miró hacia los árboles, la brisa de la tarde movía las ramas y hacía caer algunas de las hojas, una de ellas cayó justo en su flequillo y arrugó el ceño—. Lo siento, sé que dijo que me quedara quieto, pero en realidad no estoy cansado o mal herido.

Antes de que Zenitsu pudiera quitarse la hoja atorada en su cabello, una mano grande se encargó de quitarla, el flequillo se levantó por completo y sus ojos subieron hasta la persona que apartó la hoja intrusa. Los ojos caramelos se encontraron con el rostro del hombre más alto y enseguida se bajó el cabello con los nervios a piel.

—Está bien, puedo entenderlo, ¡Tampoco puedo mantenerme quieto así esté o no herido! —como si nada hubiera pasado, Rengoku desvió la cabeza hacia el frente observando el paisaje—. La verdad si es bastante tranquilo aquí, me recuerda un poco a casa, o la finca de las mariposas.

La voz de Rengoku no era natural, cuando no se encontraba gritando o alzando la voz se oía diferente. Zenitsu podía oírlo hablar todo el día.

—Agatsuma Zenitsu —dijo el menor rompiendo el silencio cómodo—. Es mi nombre, porque siempre me llama chico dorado —miró al otro sobre su hombro.

Como respuesta, obtuvo otra risa, una menos ruidosa—. ¡Sé cómo te llamas, mi chico de oro!

¿Chico de oro? ¡Es el colmo por Dios!

—¡¿Por qué continúa llamándome con apodos?! ¡Algo está mal en su cabeza! —de nuevo estaba gritando, sin ocultar su enojo y bochorno.



Había perdido el tiempo en hablar con Rengoku sobre entrenamientos, él no era la persona más interesada en ese tipo de cosas, probablemente Tanjirou hubiera sido mejor compañero para el pilar del fuego, pero escuchó atentamente cada consejo y cada anécdota del hombre mayor.

A decir verdad, fue bastante entretenido, aunque la voz fuerte de Rengoku aún resonaba en sus oídos.

El día había pasado demasiado rápido, tal vez porque fue un buen día, y los buenos días pasan veloz, también porque no estaba envuelto en una misión todavía. Pero algo estuvo en su mente también, ¿Por qué Rengoku seguía allí? ¿No debería irse a luchar contra fuertes demonios y hacerse cargo de asuntos más importantes que hacerle compañía?

No tenía el valor de preguntarle, tampoco creyó que tenía algún derecho. No es su problema lo que haga el pilar del fuego.

Zenitsu tampoco iba a creer que se quedaba por él.

Ridículo-

—Lo siento, he venido aquí para darles una invitación —la joven que les llamó para comer ese día volvió a la puerta.

—¿Una invitación? ¿Qué es? —preguntó Rengoku con una sonrisa y los brazos cruzados hasta el pecho.

—Espero no molestarlos, habrá un festival esta noche y si quieren pueden ir a disfrutarlo. Hay juegos, teatro, también mucha comida y regalos, ¡Incluso habrá un baile! —la chica juntó ambas manos con una sonrisa.

—¡Vaya! ¡Han pasado años desde que fui a un festival! —comentó el pilar del fuego.

Zenitsu miró al hombre mayor con las cejas arqueadas, imaginó que el rango superior del hombre no le daba tiempo para hacer este tipo de cosas o quedarse lo suficiente para estar en un festival. Ahora que lo recuerda, la última vez que fue a uno aún era un aprendiz de Kuwajima, pero no había sido tan divertido haber ido, totalmente solo y lleno de golpes.

—Quiero ir —soltó el rubio más pequeño, los otros dos giraron a verlo enseguida y se puso nervioso—. ¡P-pienso que sería divertido! ¿No? ¡Rengoku-san dijo que hace mucho no iba a uno! ¡Habrá mucha comida, muy buena seguro! —sacudió las manos en el aire—. ¿Va-vamos al festival?

La sonrisa de Rengoku fue una respuesta bastante clara.



Había oído que la mayoría en el pueblo creyó que no iba a ser posible montar el festival de cada mes por el rumor del demonio y las desapariciones de las personas en las afueras, pero ahora estaban emocionados al saber que la bestia fue derrotada y no dudaron ni un segundo en montar todo. El pueblo entero se puso en marcha, ordenaron sus puestos, organizaron las calles y se prepararon con yukatas, más felices que nunca por no tener que interrumpir con la tradición.

Según la tradición del pueblo, que seguía pareciendo más una ciudad para Zenitsu, un festival se hacía en honor a cada final de mes. Estaba todo centrado en alguna clase de historia y habría una obra de teatro, algo así había dicho la chica que los invitó y los ayudó a arreglarse. 

El rubio pensó que ella los acompañaría, pero enseguida llegaron al centro del pueblo esta desapareció para irse con sus amigas. Estaría a solas con Rengoku para su mala suerte, pero si era tan desafortunado ¿Por qué estaba tan emocionado? No debería estarlo, tal vez pronto se separarían y el pilar lo dejaría solo, y Rengoku no era ninguna niña linda, no es como si ellos estuvieran juntos.

Uh, juntos.

—¡Esto se ve muy bien! ¡Hay muchas personas! —Rengoku levantó la voz con emoción, en su característica postura miró hacia todos lados. Probablemente buscaba los puestos de comida.

—Si, hay demasiadas personas —Zenitsu pensó en lo apretado que estaría al caminar entre tanta gente, empezaba a sentirse mareado, como aquella última vez.

No fue la mejor idea, tal vez debió quedarse en la posada.

Rengoku inclinó la cabeza para mirar al menor—. Comamos algo, ¡Primero que nada! ¡Hay que probar esos dulces! —señaló al azar a los puestos de comida.

Zenitsu no protestó, le interesó la palabra dulces enseguida, era lo que más le gustaba de estos festivales, para no decir lo único, porque no recordaba jugar o hacer algo más que ir a los puestos a tragar cualquier cosa con azúcar o de harina. Siendo llevado por el pilar de fuego a los puestos de comida, el cazador más joven se percató de algo extraño y se preguntó qué era lo que colgaba en los árboles del pueblo



Fue una mala idea.

—¡Está picante! ¡Está muy picante! —lloriqueó el rubio llevando las manos a su boca, su lengua picada y ardía, toda su boca, no pudo soportarlo y sacó la lengua, pero la brisa fría de la noche no alivió el ardor.

—¡Parece que encontraste un dulce trampa! —rió el mayor tomando una taza de té para que el otro bebiera—. El caramelo debió ser picante y en vez de azúcar, ¡Lo siento! —se estaba riendo, su disculpa no tenía peso con una sonrisa, pero el corazón fue honesto de que en serio sintió pena por Zenitsu.

Habían comido algunos dulces en los puestos de comida, desde un algodón de azúcar que volvió los dientes de Zenitsu color rosa, haciendo reír a Rengoku —juraba haberlo escuchado decir que fue tierno, pero trato de hacerse el sordo— hasta ahora una ruleta de caramelos, la mayoría tenían relleno misterioso. Mientras al pilar le tocaron dulces con relleno de pescado o fruta, al menor le tocaron amargos, dulces o, peor, picantes.

—¡¿A quién se le ocurre ponerle picante a un dulce?! ¡Esto es el infierno! —Zenitsu lloró sintiéndose traicionado por el vendedor de ese diabólico puesto, debió imaginar que ese sonido malicioso y esa sonrisa eran problemas.

—¡Es bastante ingenioso! —por otro lado, Rengoku estuvo bastante impresionado por el juego.

Zenitsu se preguntó si este tipo en serio era un adulto, algo estaba mal en la cabeza de este hombre sin dudas, quizás tanto pelear contra demonios le quemó el cerebro —después de todo, su aliento era el de fuego ¿No? tenía sentido—.

Luego de algunas palmadas en su espalda —con un toque demasiado suave pudo notar— y unas palabras de aliento para Zenitsu, también mucha agua, los dos cazadores siguieron paseando hasta las ferias.

El rubio menor se entretuvo observando a los pueblerinos jugar en ellos, algunos de tiro al blanco, capturar peces y tirar pelotas, los premios iban desde máscaras hasta peluches y juguetes de madera. Un vago recuerdo de él, un poco más pequeño, jugando en ellos para obtener los premios y dárselo a alguna linda niña para llamar su atención le hizo sentir un ligero malestar.

Son tonterías.

—¿Quieres jugar? —la voz de Rengoku lo hizo volver a tierra.

—¿Cómo? Ah- ¡No! ¡No es nada de eso! —negó con la cabeza rápidamente—. Sólo me gusta observarlos, y es que no sé jugar por lo que nunca he ganado nada —frunció los labios en una mueca.

Rengoku no estaba convencido, podía escucharlo, con un tarareo fue caminando hasta uno de los juegos, pasando algunas monedas a uno de los hombres que le entregó un rifle de presión enseguida y un ¡Muy buena suerte, señor!

Tienes que estar bromeando.

Zenitsu corrió para posarse al lado del pilar, siendo sorprendido por la habilidad de este para darle al blanco en seguida, fueron tres tiros perfectos y sin siquiera sudar. ¿Tal vez los cazadores no sólo eran buenos con las armas? 

—¡Puedes escoger lo que quieras, jovencito! —hablo el hombre del puesto, lucía igual de sorprendido que Zenitsu, rascaba su nuca resignado a tener que entregar los premios.

Después de un momento de procesar la asombrosa habilidad de Rengoku, el rubio más bajo se dio cuenta de la mirada de ambos hombres en él, el pilar lo esperó pacientemente a que escogiera. Aunque no sabía porqué él, sí fue el hombre con cabello de fuego que ganó la partida. Zenitsu se tomó el tiempo de elegir, la mayoría de los premios fueron máscaras hechas a mano, muy bonitas, algunas escalofriantes.

Dos máscaras de zorros fueron las que escogió Zenitsu, una con detalles de flores y la otra con fuego.

—¡Esto es perfecto! —Rengoku cogió la máscara con detalles de fuego que le extendió el rubio menor, la colocó en su rostro e inclinó la cabeza hacia el otro, luego la levantó hasta la cabeza sonriendo de oreja a oreja con las cejas fruncidas ligeramente.

—Le queda bien, Rengoku-san —dijo el más pequeño con una sonrisa, no tardó en ponerse la máscara, manteniéndola arriba de su cabeza.

Los dos continuaron con su paseo, luego de agradecer al hombre del puesto que les dio un último cumplido por haber elegido bien y un ¡Disfruten el resto del festival!



Zenitsu se estaba divirtiendo, y mentiría si dijera que no.

No era como salir con una niña bonita, o salir con sus amigos, incomparable. Las niñas no lo tratarían tan bien, y seguro hubiera quedado en quiebra antes de acabar la noche, y con sus amigos se hubiera divertido mucho, seguro que sí, pero era un tipo diferente de diversión. Tanjirou e Inosuke lo hubieran hecho hacer más de una tontería que lo metería en problemas, por mucho que Tanjirou se hiciera el maduro, se dejaba llevar por no ser un conocedor del mundo exterior, e Inosuke era muy, demasiado, salvaje.

¿Por qué tenía esta sensación en el pecho? 

En algún punto, Rengoku había tomado su mano, llevándolo de un lado a otro, disfrutando de los juegos y por toda la comida que podía comer.

Había probado cantidades de chocolate, jugado a pescar —sin lograr ganar nada—, y contemplado más de un show.

Ahora, el pilar lo llevaba hacia donde todos caminaban, parecía que la obra de teatro que tanto celebraban estaba por comenzar.

Los teatros le recordaron a su niñez, cuando veía a estas personas instalarse en la calle, tocar música mientras actuaban diferentes tipos de escenas dramáticas, muchas veces eran sólo shows de comedia o historias de amor que acaban en tragedia. Siempre fue entretenido, y como era pequeño pasaba fácilmente entre las piernas de los adultos sin ser pillado.

La tarima estaba colocada, las sillas apenas se llenaban, los actores seguían preparándose y un hombre anunciaba que tenían menos de quince minutos, algunos tambores suaves se escuchaban a la distancia, aunque eran claros para el rubio menor. Las luces brillaron adornando cada centímetro. Pronto iban a comenzar.

A Zenitsu le hubiera gustado que sus amigos estuvieran aquí, a Tanjirou quizás le gustaría, y Nezuko estaría maravillada con los fuegos artificiales, no estaba seguro de Inosuke pero lo entretendrían las escenas de acción tal vez.

La voz de Rengoku llamándolo para sentarse lo hizo volver a la realidad, también lo hizo consciente del frío que estaba haciendo, al estar caminando entre las personas no lo había notado, pero ahora que estaba sentado la helada noche lo golpeaba. Zenitsu se abrazó a sí mismo, restregó las manos en sus brazos buscando calor y se encogió un poco más en su asiento.

Faltaban menos de cinco minutos para el inicio del acto.

Las cortinas de la tarima se cerraron, todo quedó en silencio.

Zenitsu sintió algo cálido envolverse sobre sus hombros, luego algo presionó contra su brazo y lo hizo sentir más caliente. La cabeza del rubio más pequeño se movió de golpe hacia un lado, hasta pudo sentir dolor por el brusco movimiento, y se dio cuenta de que lo que cargaba encima era el haori del pilar de fuego.

La boca del cazador de rango menor se abrió, al igual que los ojos se agrandaron, listo para protestar, con toda su vergüenza, las manos se movieron para quitarse la prenda, pero las manos del pilar lo detuvieron. 

—Ya va a comenzar —dijo Rengoku llevando un dedo hasta sus labios, una amplia sonrisa y ojos de medialuna adornaron su rostro.

El tono no elevado que usó Rengoku, diferente a lo normal, volvieron a encender las orejas de Zenitsu, recuperando más calor.

Pensándolo bien, Zenitsu prefiere que Rengoku grité, porque no cree que su corazón pueda soportarlo.

Los latidos del corazón de Zenitsu se mezclan con los tambores, el acto comienza con luces y una canción. Al final, acaba llorando en el brazo de Rengoku por la hermosa historia de amor entre dos personas que no lograron quedarse juntas por lo mucho que se amaron, unidas por su amor al baile.



Cuando la obra de teatro acabó, Zenitsu pensó que todo había acabado, pero fue una idea equivocada.

—Me alegra que la hayan pasado bien y que les gustara la historia, es bastante antigua, muchos ni siquiera creen que alguna vez haya pasado —comentó con una risa la chica que trabajaba en la posada, había escuchado que se llamaba Mei—. Aún no acabamos aquí, luego de esto hay un baile, pueden unirse si gustan, y luego encienden las luces, allí es cuando se acaba.

¿Un baile? ¿Luces?

Los ojos caramelo se dirigieron hacia todos lados, no sabía de qué luces hablaba Mei, juraba que todo estaba bastante bien iluminado, pero quizás se refería a los tradicionales fuegos artificiales. 

Mei mantuvo una conversación con Rengoku mientras caminaron junto a todos al centro del pueblo de nuevo, Zenitsu se mantuvo atrás de ellos en todo momento, no queriendo ser mal tercio.

—¿Rengoku-san no tiene prometida? No parece casado —la azabache sonreía haciéndole ojitos al hombre con cabello de fuego.

Zenitsu maldijo el malestar en su estómago, creyó que fue su envidia, las mujeres lindas siempre van detrás de otros, nunca lograba captar la atención de ellas, pero por alguna razón estaba molesto con ella, no con Rengoku. ¿Acaso estaba celoso de las intenciones de Mei?

Estaba pensando tonterías.

La fugaz idea de que hacían una linda pareja le dieron ganas de vomitar a Zenitsu. O tal vez sólo fue la cantidad de comida frita y dulce que comió, ojalá fuera eso.

En cuanto llegaron al centro, Zenitsu contempló a las personas iniciando el baile, muchos de ellos jóvenes entre catorce y veinte años, los mayores o más viejos aplaudían, bebían sake y cantaban. La música estaba fuerte, pero no irritaba los tímpanos sensibles del cazador. Incluso los niños jugaban de un lado a otro, algunos imitando el baile de los más grandes.

—¡Se ve divertido! —escuchó a su lado la voz del pilar.

—¿Quiere bailar, Rengoku-san? —seguido de la voz de la chica de la posada.

Zenitsu quiso hacerse a un lado, pero no se movió ni un centímetro al oír la respuesta de Rengoku.

—Lo lamento, pero pasare por los momentos.

Y así, los dos volvieron a quedarse solos, parados entre la multitud que disfrutaba observando a los demás chicos bailando música por música sin cansarse. 

Las sonrisas en los rostros de quienes bailaban, las carcajadas y el ambiente le hicieron pensar que podía ser divertido. Les tuvo cierta envidia, las parejas tan unidas, algunos seguro ya estaban casados o comprometidos, otros debían estar enamorados profundamente.

Él no tenía algo así.

Si hubiera venido con sus amigos ¿Tanjirou lo invitaría a bailar? ¿Podría bailar con Nezuko? Inosuke seguro creería que era algún tipo de lucha.

Una mano se interpuso en su vista, una mano grande extendida hacia él, los ojos color miel siguieron el brazo hasta levantar la cabeza en dirección al dueño de esa mano, unos ojos color fuego fijos en sus movimientos.

—Parece que quieres bailar, Agatsuma—dijo Rengoku con una sonrisa.

—¡¿Eh?! ¡La-la verdad no sé bailar! ¡Estoy bien, no importa! —sacudió las manos en el aire, la sangre hirviendo subió hasta su cara y deseo que no se notara el rojo en ella—. Me gusta verlos, es todo, ¡Estoy bien con verlos, Rengoku-san!

—No creo que importe si sabemos, algunos de ellos no se mueven con tanta gracia —el pilar giró la cabeza para ver a algunas de las parejas que sólo saltaban de un lado a otro—. ¡Nunca sé está bien sólo con ver!

El rubio más pequeño no lo entiende, pensó que Rengoku no quería bailar, ¿Por qué con él? ¿Por qué no mejor con la chica linda? Mei era atractiva, parecía de la edad del hombre e incluso tenía un sonido dulce. Zenitsu no era bien parecido, no era dulce en nada, era pequeño y era un chico.

Dios, todas las parejas allí eran entre hombre y mujeres, ¿No se verían extraños?

—Está bien si no quieres hacerlo, lo entenderé —Rengoku estaba por guardar su mano, el sonido de desilusión golpeando en los oídos de Zenitsu.

Zenitsu sujetó la mano de Rengoku antes de que la bajara por completo, la sujetó con sus dos manos.

La sonrisa de emoción volvió al rostro del pilar del fuego, su corazón se escuchó como si una llama se hubiera encendido y Zenitsu no supo si arrepentirse o sentirse bien por aceptar.

—Déjame guiarte, ¡Yo me encargare! —una de las manos del hombre mayor fueron a parar a la cintura del rubio pequeño, que ahogó un chillido de sorpresa y vergüenza, la otra mano sujeta a la pequeña de este.

Rengoku llevó a Zenitsu al centro donde todos bailaban, los nervios por poco se apoderan del pobre chico que no quería ni ver las expresiones de los pueblerinos, trato de concentrarse en los sonidos que hacían, queriendo saber sus reacciones como un masoquista. Las manos del pilar sujetándolo con fuerza, guiándolo para bailar lo distrajeron de su concentración. 

Por un momento, la música se escuchó distante, tan lejana que apenas captaba el ritmo, tampoco oía a las personas, ni siquiera un pequeño latido. Lo único que oía era el corazón de Rengoku, también el suyo, ambos rápidos y fuertes.

—Está bien, aquí sólo estamos tú y yo —apenas pudo oír lo que Rengoku dijo, de no ser porque este se inclinó acercando el rostro al suyo probablemente no lo hubiera entendido.

Zenitsu se rió al girar varias veces, torpe en cada movimiento que hacía, y Rengoku sonreía ampliamente mientras lo atraía a sus brazos una y otra vez.

Los dos cazadores bailaron el resto del festival, y si alguien los miró extraño en el baile o fueron el centro de atención no les importó.



Tan cálido- ¿Es Tanjirou?

Los ojos caramelo se abrieron con los párpados pesados, sintió su cabeza apoyada en algo pero era muy diferente a su almohada. Zenitsu se frotó los ojos, despertando desubicado por un segundo, y al darse cuenta de la posición que se encontraba, por poco salta hacia el cielo con pánico. 

—¡RENGOKU-SAN! —gritó en el oído del pilar de fuego.

De no ser por la sordera, probablemente Rengoku hubiera brincado también.

—¡Así que ya despertaste! —rió el hombre más grande, acomodando al joven en su espalda.

Zenitsu quiso bajarse de la espalda de Rengoku, pero este lo sostuvo firmemente, y la sensación de que cada extremidad del cuerpo le pasaba lo hizo quedarse quieto, soltando un largo alarido. Esto era resultado de haber bailado por mucho tiempo ¿Cierto?

—Lo lamento, ¡Debí imaginar que estabas muy cansado y te hice bailar por tanto tiempo! —fue una sincera disculpa de parte de Rengoku, aunque no podía ver su rostro pudo imaginar lo apenado que estaba—. No te preocupes, déjame cargarte hasta la posada, no debe faltar mucho para llegar.

El rubio menor no tenía la fuerza para protestar, y ser cargado no era un lujo que se le permitía a menudo, al menos que estuviera Tanjirou —el jabalí lo cargo una vez, pero apestaba y nunca más quiso ser cargado de nuevo por su amigo—. Respiro profundo volviendo a recargarse en en la espalda del pilar.

—No, está bien, fue muy divertido, toda la noche lo fue —Zenitsu confesó, agradecido de no estar a la vista del otro, no creía poder decirlo si estuvieran de frente.

—¡Me alegra oír eso! ¡También me divertí! —asintió con un movimiento de la cabeza el hombre mayor—. Hace mucho tiempo no iba a un festival, la última vez fui con Senjuro, seguro que a él le hubiera gustado mucho. ¡Iré con él a la próxima!

¿Senjuro? Oh, el hermanito menor de Rengoku, lo había escuchado mencionarlo mucho y hablar de lo buen cocinero que es, y también era amigo de Tanjirou.

—Eso es bueno, espero que puedan ir juntos un día —soltó un bostezo cerrando los ojos, quiso mantenerse despierto sólo un poco más—. Ojalá pudiera ir también.

Eso- Él no quiso decir eso, ¿Por qué había dicho eso? ¡Tenía que corregirse! ¡Rápido!

—¡Muy bien! ¡Entonces saldremos la próxima con Senjuro! —antes de que Zenitsu pudiera sacar su pie del barro, Rengoku habló—. Estoy seguro de que le encantará.

Espera un momento-

—Nunca creí que una cita sería tan divertida, ¡Definitivamente debe haber más en el futuro!

¡¿CITA?! ¿HABER MÁS EN EL FUTURO?

Zenitsu sintió que se estaba hundiendo en un profundo lago, incluso aunque la idea era maravillosa, algo estaba mal, se estaba perdiendo de algo. ¿Era esto una cita? No pudo decir nada, los nervios, el pánico y la vergüenza lo dejaron mudo, buscando las palabras en un mar de emociones mezcladas.

—¡Rengoku-san usted está-!

Los árboles se encendieron en luces brillantes de todos los colores, incluso los troncos estaban llenos de ellas, la calle se iluminó en toda clase de colores por las bombillas que estuvieron decorando los árboles todo este tiempo. El camino se volvió colorido en variedad.

A la distancia, se escucharon gritos de emoción y muchos aplausos.

Oh, eran las luces de las que Mei habló.

—Por poco nos perdemos de esto —dijo Rengoku con una sonrisa, la cabeza hacia los árboles iluminados.

Zenitsu lo miró, luego hacia los árboles, se abrazó más al cuello de este y se apoyó para contemplar las luces.

—Es muy bonito.

Rengoku se rió estando de acuerdo. Y continuó la caminata hasta la posada.

Notes:

eh- ¿ta dan?

/enterrarse tres metros bajo tierra.