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Puntadas

Summary:

Jiang Cheng encuentra un muñeco tirado en el polvoriento suelo del campo de entrenamiento en Lotus Pier. A lo lejos, en Cloud Recesses, Lan Xichen siente su toque.

Notes:

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(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Cerca de sus dos años de aislamiento, las cosas estaban finalmente empezando a mejorar. Naturalmente había días malos, y días peores. Pero en general, Lan Xichen sentía que había progreso. Pequeños pasos.

Ya no se despertaba sudado cada mañana. Y sus noches de insomnio se habían reducido también a solamente una vez cada pocos días. Él estaba comiendo al menos una vez por día ahora, y se sentía mucho mejor de lo que en un principio.

Era un progreso. Pero no era suficiente. No para él, y ciertamente no para su tío, cuya expresión se volvía más y más decepcionada con cada una de sus esporádicas visitas.

Si no fuera por el hecho de que Lan Xichen todavía era el líder de facto de la secta de GusuLan, él sabía que su tío probablemente habría dejado de visitarlo.

A este paso, se preguntó ¿Conseguiría regresar del aislamiento antes de morir de muerte natural? Pero esos pensamientos eran peligrosos, y en estos días intentaba principalmente evitarlos.

Con el tiempo, intentó diferentes cosas para hacer frente a sus abrumadores y complicados sentimientos. Al principio, trató lo que era más natural para él: la música. Pero cada vez que tocaba su guqin o colocaba a Liebing en sus labios, no podía continuar. Era como si de su mente se hubieran borrado todas las canciones y las melodías que había conocido. Y todo lo que quedó fue ese horrible, terrible sonido que lentamente, inexorablemente mató a Nie Minghue, como si hubiese sido la propia mano de Lan Xichen.

Intentó dibujar, pero sus manos temblaban demasiado. Y a medida que el tiempo pasaba, cuanto más intentaba ver sus caras, menos podía recordarlas. Por lo tanto, dejó de intentar.

En un punto incluso cosió muñecos de ellos tres. Cuidadosamente, colocó puntadas en sus caras con amor y cosió sus ropas, vistiéndolos y poniendo tanto detalle en ellos como fuese posible.

A veces lloraba y abrazaba los muñecos en su pecho. A veces les gritaba y golpeaba su plácido e inmutable pequeño rostro. A veces quería romperlos – pero nunca podía obligarse a hacerlo. Le recordaba demasiado el hecho de que el cuerpo de dage había sido cortado y mutilado, y que el brazo de sange había sido cortado al final.

Su propio muñeco, lo desgarró sin remordimientos. Después de todo, él aún estaba completo. Él aún estaba vivo.

Lo odiaba tanto. Al principio, se sorprendió de sí mismo, de que fuese capaz de tanto odio. Pero eventualmente se convirtió en una parte de su ser. Y cada vez que la rabia fluía, su muñeco ganaba un nuevo desgarro, una nueva rotura, un nuevo moretón. Y con cada defecto que ganaba, más lo odiaba. Hasta que no pudo soportar verlo más.

 

Sin embargo, había pasado un tiempo desde que sintió esa necesidad.

Esta mañana fue mala. Amaneció jadeando, lágrimas humedeciendo sus mejillas y una mezcla nauseabunda de rabia y dolor en su vientre. Sus dedos picaban por tirar y apretar hasta que algo cediese – pero cuando abrió la caja donde mantenía los muñecos, solo dos pares de ojos con forma de botón lo miraban.

Frenético de necesidad, destrozó su estudio, sacando descuidadamente pergaminos y libros de sus estantes hasta que todo fue un caos aparentemente irredimible. El conocimiento de que él lo causó y tendría que limpiarlo lo asfixió con una frustración impotente.

No tenía muñeco para destruir, así que lloró, hasta que estuvo demasiado exhausto para siquiera mantener sus ojos abiertos.

 

 

Después de su… arrebato, se sintió extrañamente tranquilo y sereno durante los siguientes días. Dormía bien, tenía bastante apetito e incluso superó la visita de su tío sin perder la sonrisa.

Entonces, la cosa más extraña sucedió.

Una noche, mientras se dormía, tuvo la repentina sensación de estar siendo abrazado. Como si alguien estuviera ahí abrazándolo en sus brazos. Fue alarmante como reconfortante, porque no pasó nada más. Quizá, pensó para sí mismo, el aislamiento lo estaba afectando y estaba empezando a desear contacto humano.

Casi olvidó el incidente, cuando días después, tuvo la clara sensación de que alguien estaba
acariciando su cabello.

¿Era esto? ¿Se estaba volviendo loco finalmente?

Continuó sucediendo - suaves apretones de sus manos, fuertes abrazos por la noche, lentos cepillados en su cabello, una vez incluso un beso prolongado en la frente. Se preguntó, ¿debería decírselo a alguien? ¿Y si esto fuera una maldición maliciosa?

¿Y si no le creían?

Pero, por supuesto, no necesitó contárselo a nadie. Era conocido que Lan Xichen podía leer a su hermano. También era al revés.

"Hermano", dijo Lan Wangji, observándolo en silencio el día de su visita. "¿Qué te preocupa?"

"Ah, Wangji, no es nada. De veras."

"¿Estás durmiendo bien?"

"Sí, Wangji."

"¿Estás comiendo con regularidad?"

"Sí, Wangji."

Lan Wangji vaciló.

"¿Te… te sientes bien?"

Esto fue más difícil de responder. Lan Xichen no quería mentir; era imposible mentirle a su hermano en absoluto. Pero tampoco sabía qué decir.

"Estoy mejor", afirmó. Luego, pensó en las extrañas sensaciones que había experimentado recientemente. No podía decírselo a su hermano, temiendo lo que pudiera pensar. Pero él podría… "Wangji. ¿Puedo abrazarte?”

Los ojos de Lan Wangji se abrieron con sorpresa, pero asintió casi de inmediato. Se quedó quieto, expectante; sus dedos se curvaron ligeramente sobre sus muslos. Cuando Lan Xichen lo atrajo con cuidado hasta que sus cuerpos se tocaron, un leve temblor atravesó a Lan Wangji.

Fue ... un abrazo satisfactorio. Lan Xichen inclinó la cabeza para tocar su sien con la de Lan Wangji. El intenso olor a sándalo de su hermano lo envolvió, como lo hacía cuando eran niños y Lan Xichen hacía rebotar a su hermano pequeño en sus rodillas.

No se sentía como los abrazos que había estado recibiendo de fuente desconocida, sin embargo. Esos abrazos eran más fuertes, apretando su cuerpo entero casi al punto de desarmarlo. Derretirlo.

"Gracias", susurró en el cabello de Lan Wangji, soltándolo.

Continuaron sentados así, al alcance del otro. No hablaron mucho, como solían hacerlo, pero fue sin duda la mejor visita que Lan Xichen había tenido en mucho tiempo. Lo dejó vigorizado en lugar de drenado. Le hizo sonreír genuinamente cuando vio a Lan Wangji irse, aunque lo extrañaría. Le llevó a través de este día y el siguiente con una sensación flotante, como una inhalación después de casi ahogarse.

Tal vez solo había estado un poco deseoso de contacto. Tal vez, pensó, sus alucinaciones se detendrían ahora.

 

Jiang Cheng encontró a el pequeño muñeco tendido en el suelo polvoriento del campo de entrenamiento. Lo recogió, mirando a su alrededor con confusión - pero era tarde en la noche y todos los discípulos habían huido del lugar hacía mucho tiempo. Quien sea que perdió este muñeco también se había ido.

Lo miró, yaciendo indefenso en sus manos, y sintió una punzada de simpatía por el pobre objeto. Estaba lleno de hollín y rasgado, probablemente habiendo sido pisoteado o similar, y su diminuta vestimenta estaba completamente hecha jirones.

Siguiendo un extraño capricho que no quiso examinar más a fondo, lo desempolvó un poco y lo metió dentro de su túnica, cerca de su corazón. Si uno de sus discípulos deseaba reclamarlo más tarde, bueno, mala suerte. Aquel que lo encuentra se lo queda

Jiang Cheng siempre había tenido una debilidad por las cosas tristes y perdidas, después de todo.

Unos días después se compadeció del pobre muñeco y lo lavó. Una vez que todo el polvo y la suciedad se habían ido, su estado andrajoso era aún más evidente.

Esto iba a requerir algo de trabajo para arreglarlo. Pero podría ser un bonito proyecto adicional.

"No te preocupes", le dijo al muñeco, "te tengo ahora.”

Lo primero que hizo fue evaluar todas las cosas que necesitaba hacer. Jiang Cheng pasó el pulgar por una pequeña rotura, donde se escapaba el relleno de lana de oveja. Era muy suave, de buena calidad, pero obviamente muy usada y gastada. La costura en la cara del muñeco también se había soltado, y el cabello que parecía haber tenido se había desprendido casi completamente. Eso por no hablar de la indumentaria, de la que solo quedaban los pantalones.

Primero desenredó los mechones restantes de cabello, hechos de lana que probablemente había sido teñida de marrón oscuro o quizás incluso de negro. Todo lo demás tendría que esperar hasta que pudiera conseguir algunos suministros. Pero incluso tan poco hizo que pareciera mucho menos lamentable.

"Ahí tienes. Un baño y un poco de peinado. ¿Mucho mejor ya, hm?"

La próxima vez que fue al mercado, compró algunas cosas que podría necesitar para arreglar el muñeco. Tenía agujas e hilo, pero descubrió que el material utilizado para coser la pequeña cara y tejer su cabello era diferente al que tenía, por lo que compró un carrete nuevo de ambos, hilos y fibras exquisitamente oscuros. También adquirió más lana de oveja de montaña de la que necesitaría; pero nuevamente, alguien siempre podría usar lo que quedaba, estaba seguro.

En cuanto a la ropa del muñeco, debatió y farfulló un buen rato, hablando animadamente con el vendedor, quien con paciencia le explicó todas las cualidades de sus diferentes tejidos. Primero le mostró solo tela púrpura, pensando que tal vez Jiang Cheng estaba ahí para comprar tela para los nuevos uniformes de la secta. Sin embargo, cuando Jiang Cheng le dijo que también le mostrara diferentes colores, el hombre sacó nuevas bolas de tela de la nada.

Verdes vibrantes y hermosos azules. Rojos orgullosos, suaves amarillos. Los tejidos de más exquisita fibra y calidad. Jiang Cheng intentó imaginarse a todos y cada uno de ellos en el pequeño muñeco, sintiéndose cada vez más cohibido a medida que pasaba el tiempo.

¿Realmente estaba haciendo esto… por un juguete que encontró tirado en el polvo?
"Ah, Su Excelencia tiene un ojo perspicaz", dijo el vendedor, todavía paciente incluso después de que Jiang Cheng descartara docenas de las que debían ser sus mejores telas. "Hay uno más que tengo. No tengo mucho, por lo que habría un uso limitado. De hecho, podría ser suficiente para una capa, para un niño. ¡Sin embargo! Se lo compré a un comerciante en Gusu ".

Con una floritura, el vendedor sacó un último trozo de tela - un blanco brillante e inmaculado.

"Esta", dijo, "es la tela que usan los miembros de GusuLan para sus túnicas. Duradera, pero inconmensurablemente suave. Ligera y fresca, pero también se mantiene caliente durante el invierno. Tóquelo, Excelencia ".

Aturdido y sin palabras, Jiang Cheng frotó la tela entre el pulgar y el índice. No podía decir que alguna vez había tocado la túnica de un Lan. Pero imaginó que tendría que ser algo justo como esto. Una tela como nubes hiladas.

"Me lo llevo", dijo.

Pero comprar los materiales era solo un componente. El otro era el tiempo.

Como líder de una secta, Jiang Cheng siempre estaba muy ocupado. Tenía que viajar a cacerías nocturnas, a otras sectas, encontrarse con otras personas. Tenía trabajo que hacer en casa, en Lotus Pier, entrenando a sus discípulos, administrando su secta, dirigiendo su hogar. Durante un rato, no encontró mucho tiempo para trabajar en el pequeño muñeco además de la simple limpieza y planificación.

Con el tiempo, volvió a llenarlo lentamente con un suave relleno de lana. Arregló las roturas y reparó los agujeros. Volvió a enhebrar su cabello, por lo que una vez más estaba lleno y agradable. Quitó los pantalones andrajosos y le cosió unos nuevos.

Casi parecía nuevo.

"Mírate. ¿Quién lo hubiera pensado, hm?"

Había empezado a hablar con el pequeño muñeco, aunque sabía que probablemente lo hacía parecer loco. Por otra parte, si alguien lo atrapara con un muñeco, aguja e hilo en la mano, probablemente lo declararían oficialmente loco de todos modos. ¿Quién más encontraría un muñeco en el polvo, decidiría arreglarlo, hablar con él y desarrollar un vínculo emocional con él? Solo un loco, sin lugar a dudas.

"Al menos soy consciente de ello", se rió entre dientes mientras daba los toques finales a otra prenda que había cosido para el muñeco. Pensó que solo los pantalones no eran suficientes, y le sobraba más tela, así que hizo un hanfu.

Mientras trabajaba en la pequeña prenda, reflexionó sobre sus próximos pasos para arreglar el muñeco. Realmente, aparte de coser más accesorios, lo que más necesitaba reparar era su cara. ¿Pero qué hacer? Estaba tan dañado que apenas sabía por dónde comenzar.

Mirando al muñeco, que ya no yacía deshaciéndose en sus manos, si no luciendo limpio y nuevo aparte de su rostro devastado, le dolía el corazón.

"Tu dueño anterior, o quien te hizo, no te cuidó bien, ¿verdad?" Suspiró, presionando un beso en la frente del muñeco.

Entonces, justo después de poner el pequeño hanfu en el muñeco, asegurándolo con un cinturón que bordó con patrones azules por capricho, comenzó a colocar puntadas en su cara.

Su expresión anterior era apenas reconocible en este punto. Casi podía decir dónde habían estado sus ojos y su boca, pero ¿cómo se veía realmente? Jiang Cheng no tenía ni idea.

Lo tomó como una señal para hacer lo que pensaba que le convenía más al muñeco.

"Ahora", suspiró, "te compré túnicas Lan, y ahora que las estás usando, también pareces un Lan. Pero no quiero que tengas una cara congelada como Hanguang-Jun, o una cara ceñuda como la del profesor Lan. Te prometí que te haría feliz.”

De forma espontánea, sus pensamientos se desviaron hacia el único Lan que siempre parecía estar feliz. Siempre sonriente, siempre amable y accesible. Excepto. ¿Lo estaba realmente?

Sostuvo el muñeco en sus manos, mirando su rostro destrozado, y lo apretó suavemente.

"Te haré feliz. Lan Xichen."

 

A lo largo de los meses, Lan Xichen aprendió a reconocer los toques amorosos. Eran irregulares, a veces por la mañana, a veces durante el día o incluso por la noche; algunas veces varias veces al día, otras no había durante toda una semana. Pero en el fondo, Lan Xichen sabía. Era una persona real. Y eran siempre las mismas manos las que lo tocaban con tanta dulzura, con tanta reverencia.

Se acostumbró a despertar con un suave apretón de manos. Le encantaba quedarse dormido con las lentas caricias en su cabello.

Inicialmente, cuando se dio cuenta de que había una persona real detrás de estos sucesos, se preocupó. Pero nunca hubo sensación de peligro. Lan Xichen nunca fue tocado de manera inapropiada, o con dureza. Nunca hubo dolor. Llegó a confiar en la persona del otro lado.

Cualquiera que sea el medio por el que se transfería su tacto, no le permitió experimentar nada más. No podía oír su voz, ni oler el incienso pegado a sus ropas, ni ver su rostro. Las únicas pistas que tenía eran el deslizamiento de una tela exquisita y el toque de unas manos ásperamente callosas que siempre eran muy, muy cuidadosas.

Con el paso del tiempo, Lan Xichen sintió que esta persona era su único compañero de reclusión. Firme y leal, y cariñoso hasta el extremo. La idea de no estar solo, al mismo tiempo de no ser visto, ayudó enormemente a reconstruir su confianza interior. Tanto que un día, casi tres años desde que Lan Xichen entró en cultivo en reclusión, le pidió a su tío que lo visitara.

"Reanudaré mis funciones tan pronto como el consejo lo considere oportuno".

Nunca antes había visto a su tío más feliz. De hecho, estaba tan feliz que incluso permitió que Lan Xichen lo abrazara.

El camino para salir de la reclusión fue empinado, sin embargo, y tomó tiempo. Le tomó tiempo al consejo confiar en Lan Xichen con importantes deberes de líder de secta, pero también le tomó tiempo a Lan Xichen acostumbrarse a la franqueza e imprevisibilidad del mundo exterior.

Sin embargo, a pesar de todo, esa persona permaneció a su lado. Calmando sus nervios tensos después de una negociación frustrante. Arrullándolo para que se durmiera después de un día agotador que dejó su mente dando vueltas, incapaz de encontrar descanso. Toques reconfortantes. Toques tranquilizadores.

Una vez que recuperó el equilibrio, Lan Xichen estaba decidido a tratar de descubrir quién le había dado la fuerza para hacer lo que ahora se dio cuenta de que probablemente no habría dominado por sí solo.

Sin su silencioso y ausente compañero, ¿habría derrotado a los monstruos de su mente? ¿Habría podido estar aquí, alto, orgulloso y seguro una vez más, para cumplir con su deber y guiar a su secta?

En el fondo sabía que no lo habría hecho. Se habría convertido en su padre, sumido en su propia culpa y encerrado hasta su muerte.

Quería agradecer a esa persona. Quería tomar sus manos y decirles cuánto había significado su toque para él - cuanto todavía significaba para él. Porque los toques continuaron, sin prestar atención al hecho de que Lan Xichen ahora estaba fuera de la reclusión. Continuaron acompañándolo a través de los días y las noches, llenándolos de calidez, cariño y amor.

Su corazón anhelaba encontrar a quien le había dado tanto, con conocimiento o sin él.

Pero, ¿cómo encontrar un fantasma invisible?

Si bien ya estaba mucho mejor en general - ya no caía en episodios paralizantes de melancolía o ataques de rabia debido a los más pequeños inconvenientes, por ejemplo - la idea de querer agradecer a su silencioso benefactor no abandonaba su mente. Era una vocecita molesta que le recordaba que solo estaba aquí, con la corona de líder y representando a su secta, gracias a alguien que ni siquiera conocía. O quizás lo conocía, debía conocerlo. Quizás estaba una vez más demasiado ciego para ver la verdad. Quizás la verdad estaba más cerca de lo que pensaba.

Caminaba de noche por un sendero tranquilo, siguiendo sus caprichos para calmar su mente luego de una jornada agotadora en una reunión en la que participaron varios representantes de sectas, poblados y ancianos. Esta reunión se llevaba a cabo en Lotus Pier, y Lan Xichen estaba muy contento por la atmósfera tranquila y serena de Yunmeng en este momento. Una vez más estaba reflexionando sobre la misteriosa identidad de la persona que le había hecho compañía todo este tiempo, sin importarle adónde iba, cuando dobló una esquina y rápidamente se topó con alguien.

"¡Mira hacia dónde vas!" dijo la otra persona, con una voz muy familiar. Pero Lan Xichen estaba demasiado aturdido para reaccionar correctamente y disculparse nada menos que con el líder de la secta Jiang, Jiang Wanyin.

Instintivamente se acercó para evitar que ambos se cayeran. Una de sus manos se había retorcido en la rica y hermosa tela de la túnica que llevaba Jiang Wanyin. Y la otro había sido capturada por los dedos de Jiang Wanyin, que lo apretaron con fuerza.

Él conocía esa tela. Conocía esas manos.

"¿Te golpeaste la cabeza?"

Lan Xichen parpadeó, mirando a Jiang Wanyin, cuyos ojos atronadores estaban eclipsados por un poderoso ceño fruncido.

"Estoy… No, estoy bien. Gracias."

De mala gana, vacilante, soltó la túnica de Jiang Wanyin. Solo entonces el otro también soltó la mano de Lan Xichen.

Se quedaron allí por unos momentos más, demasiado cerca para ser apropiado, y ambos obviamente perdieron las palabras.

"Yo iré primero", Jiang Wanyin rompió el silencio. "¿Confío en que encontrará el camino de regreso a sus habitaciones?"

"¿Hm? Oh. Sí. Gracias."

Lan Xichen hizo una mueca, maldiciendo en silencio sus torpes palabras.

Aparentemente, Jiang Wanyin tampoco sabía qué más decir y simplemente se fue. Lan Xichen solo tuvo suficiente orientación para girarse y mirarlo, percibiendo un indicio de orejas enrojecidas mientras el otro doblaba la esquina.

Apenas podía creerlo. ¿Fue un truco de su mente? No, él estaba seguro. Lo había sabido al instante.
Esas manos, este toque eran ahora tan familiares para Lan Xichen que literalmente podía reconocerlo en sus sueños. No había forma de que estuviera equivocado.

Jiang Wanyin era el indicado.

Pero ahora ... ¿qué hacer con esta información? Siempre que Lan Xichen había imaginado encontrarse con su benefactor secreto, pensaba en agradecerle. Pensaba en decirle cuánto significaba para él su apoyo.

Sin embargo, ahora que se enfrentaba a la realidad de hacer lo que soñaba, sus pies estaban pegados al suelo.

Jiang Wanyin. Jiang Wanyin era aquel cuyas manos lo habían arrullado para dormir. Sus manos habían guiado a Lan Xichen de regreso a la libertad, de regreso a la luz de la vida. Un hombre que había conocido en las periferias más lejanas de su pasado ... lo había salvado.

No había palabras adecuadas para agradecer a alguien así. No había nada que Lan Xichen pudiera decir para expresar lo que estaba sintiendo.

¿Qué hacer?

Todavía se encontraba allí, bajo el toldo de algún pabellón, cuando sintió una presión cálida y tranquilizadora. No mucho, solo lo suficiente para saber, para darse cuenta de que había una mano acunando su cabeza, como para sostenerlo. Como para apoyarlo, en todos los sentidos posibles de la palabra. Fue un gesto tan gentil, tan vacilante y tan familiar. Lan Xichen sabía lo que tenía que hacer.

Se sintió como si estuviera volando, trazando caminos que conocía, hasta que se encontró en partes del complejo de YunmengJiang en las que nunca antes había puesto un pie. Por el rabillo del ojo vio lugares en los que deseaba quedarse, experimentar su tranquilidad y belleza - pero tenía algo que hacer primero.

Dando vueltas y haciendo conjeturas, finalmente se encontró con una puerta ancha, adornada con la flor de loto de nueve pétalos. No hubo tiempo para vacilar, por lo que lanzó la precaución y el decoro al viento y abrió la puerta. Después de entrar, sintió una pizca de remordimiento por el ruido que acababa de hacer, y la cerró con cuidado detrás de él.

¿Qué- …?"

Lan Xichen se dio la vuelta con nerviosismo. A medida que se acercaba, vio el pánico silencioso en los ojos de Jiang Wanyin. Probablemente, porque tenía en sus manos un muñeco muy familiar pero también desconocido.

"Esto no es lo que parece", espetó, poniéndose de pie y rápidamente escondiendo las manos detrás de la espalda.

Ambas miradas se posaron en la mesa en la que estaba sentado. Allí, esparcidos, había utensilios de costura, así como una pequeña y delicada tira de tela que aparentemente estaba en medio de un bordado.

Lan Xichen sonrió.

"No sé cómo se vería para alguien más, pero ... Jiang Wanyin, ¿sabías que este muñeco era mío? ¿Que lo hice yo hace mucho tiempo?"

"Yo- ... No, no lo sabía."

"Y", continuó Lan Xichen, mientras se acercaba con cuidado, "¿sabías que parece que tengo algún tipo de conexión con este muñeco? ¿Que, lo que sea que experimente, yo también lo siento?"

Le tomó un momento a Jiang Wanyin antes de darse cuenta de lo que eso significaba. Sus ojos se agrandaron y aparentemente dejó de respirar.

"No estuvo mal, en absoluto", se apresuró a decir Lan Xichen.

"¡Te cosí la cara!"

"Eso es lo que iba a decir; no sentí ningún dolor. Solo sentí ... las cosas buenas".

Jiang Wanyin finalmente comenzó a respirar nuevamente, relajándose con cada inhalación y exhalación. Luego, sus ojos se pusieron vidriosos y con cuidado sacó las manos de detrás de su espalda. Miró el muñeco en sus manos por un momento, y luego miró a Lan Xichen.

"¿Eso significa ... que sientes esto?"

Lan Xichen jadeó, apretando los puños. Por alguna razón, ver a Jiang Wanyin sostener suavemente las manos redondeadas del muñeco mientras también lo sentía, era algo completamente diferente.

"Sí", consiguió decir.

"Entonces…" Jiang Wanyin vaciló. Sin terminar su oración, colocó con cuidado el muñeco sobre la mesa y tomó la tira de tela en la que había estado trabajando antes. Con movimientos lentos y precisos, lo alisó y luego la ató alrededor de la cabeza del muñeco.

Había hecho una cinta para la frente del muñeco. Para él. Lan Xichen se mordió el labio.

"Entonces, ¿también sientes esto?"

Lan Xichen estaba bastante seguro de que perdió por completo el control de su cuerpo ante la sensación de los labios tocando su frente, porque el ruido que salió de su boca en ese momento no parecía humano. Apenas logró encontrarse con los ojos de Jiang Wanyin, sobre la cabeza del muñeco, aún presionados contra sus labios.

"Sí", gruñó Lan Xichen. "Pero en realidad preferiría algo más".

Vio un hermoso color rojo aparecer en las mejillas de Jiang Wanyin.

"¿Qué?"

En lugar de una respuesta, Lan Xichen dio uno, dos pasos hacia adelante y se inclinó rápidamente para presionar un beso en la suave y sedosa mejilla de Jiang Wanyin.

"Me gustaría mucho más si no hubiera nada entre nosotros, en realidad".

Así de cerca, Lan Xichen pudo observar cómo las pupilas de Jiang Wanyin se ensanchaban, al menos hasta que desvió la mirada.

"Yo- ... ¿De verdad te refieres a esto?"

"Si."

Cualesquiera que fueran sus siguientes palabras, se interrumpieron cuando hubo una sensación familiar, pero también completamente nueva. Una presión que rodea su cuerpo. Insistentemente, pero también vacilante, como si no estuviera seguro de su bienvenida.

Lan Xichen solo pudo sonreír y corresponder al abrazo.

"Sí. Realmente lo digo en serio", susurró.

Finalmente, finalmente, pudo devolver este toque amoroso. Y, con suerte, en el futuro podría hacerlo muchas, muchas más veces. Para siempre, si eso era lo que Jiang Wanyin le permitía.

Notes:

Notas finales del autor:
En realidad, este AU se inspiró en un cómic en Twitter No sé coreano, y no estoy seguro de que este cómic muestre el mismo concepto que usé en este fic, pero me inspiré mucho en que JC mostrara afecto a un muñeco de LXC y en algún lugar lejano a LXC sintiendo los besitos y abrazos. Tuve que hacerlo.

Además, me enorgullece decir que parece que continúo con mi broma de terminar mis fics con abrazos. Espero que a nadie le moleste XDD

Gracias por leer: 3 y ven a saludarme en twitter @Achromos <3

 

Notas finales de la traductora:
¡Hola! Esta es mi primera traducción aquí y no podía ser otra cosa que no fuese XiCheng. Tod@s concordamos en que Lan XiCheng merece mucho más después del final de la novela, y que nuestro queridísimo tsundere Jiang Cheng merece más de un abrazo ;)

Si ven algun error, no duden en decirme. Thanks/Gracias/Obrigada/Arigato/Au revoir... ;)

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