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Sukuna estaba enojado por la terquedad de su hermano.
Éste estaba empecinado en pasar su tiempo con el idiota de su profesor, ignorando a sus amigos los cuales sólo buscaban hacerle entrar en razón sobre lo infantil que el albino era y el cómo seguirle en sus jugarretas terminaría por llevarlo por el mal camino.
Sukuna sabía que era una pérdida de tiempo llamarle a esas horas de la noche, había salido con ese idiota y lo que menos deseaba era contestarle los mensajes. Yūji ya no era un niño, sabía cuidarse bien, pero que estuviera sólo con ese pervertido le hacía revolver las entrañas en una clara señal de disgusto.
No quiso tomar su teléfono, pero la alarma de las diez le hizo hacerlo de todos modos, esperaba que sus suposiciones sólo fueran infundadas.
Si ese malnacido le llegaba a hacer algo a su hermano Sukuna juraría que lo denunciaría por salir con un menor.
La puerta sonó.
Sukuna frunció el ceño al ver a su hermano llegar como si nada hubiera pasado, como si llegar a esas horas fuera normal en un adolescente que debía estudiar para los próximos exámenes.
---¿Dónde estabas? --- dijo sin relajar su mala cara, dejando que Yūji se estremeciera por encontrarlo esperando en la puerta, como un tigre al acecho.
---El profesor Gojo sólo quería que le ayudara con algunas cosas y se me pasó la hora--- dejó sus llaves en la mesa recitando una especie de plegaria al Dios que le sonara más benevolente.
Sukuna no pudo sino suavizar su expresión ante las excusas que su hermanito le decía.
Joder, no podía regañarlo como era debido si seguía mirándolo así.
Yūji notó esto y soltó una risa discreta, asegurándose de que su hermano no le viera para evitar más problemas.
---Ya, ya, no lo volveré a hacer. Sólo fue un descuido---la manera en que lo decía, como alguien que no se arrepentía del todo, hizo que Sukuna le tomara de los hombros---. Suku-ni.
Sukuna frunció el ceño.
--- No me quieras extorsionar, mocoso---aunque no lo pareciera, Yūji era un gran manipulador, o tal vez Sukuna era demasiado blando con él---. Aún debes explicarme que tanto hacías con él.
El menor levantó una ceja, sonriendo en su interior por la mala forma en que su hermano escondía sus celos.
Jugó un poco más sus cartas.
Le tomó de la mano y con sutileza la colocó en su mejilla, restregando su suave piel contra la palma y mirándolo con ojos de cachorrito, justo algo a lo que Sukuna no se podía negar.
--- No mucho, sólo le ayudaba a revisar unos exámenes al profesor Gojo--- sintió como la mano contraria temblaba por el tono de su voz, tan dulce y seductor. Mostró los dientes en otra sonrisa---. Ya sabes, debo ser un buen hermano menor. Debo hacerte sentir orgulloso.
El rostro de Sukuna estaba serio por la concentración que tenía para no caer en sus encantos, pero Yūji notó que una parte de su cuerpo estaba roja como tomate, el menor llevó su mano libre a la barbilla de su hermano, paseando sus dedos en la piel rugosa producto de la afeitada de hace dos días y terminando su recorrido en la oreja derecha del mayor.
---Estas algo rojo aquí, Suku-ni--- comentó como un niño que escondía sus travesuras en una carita inocente, sabiendo que tanto provocaba en su gemelo y sonriendo por las emociones que ahora sí se reflejaban en su rostro---. ¿Te sientes bien, Suku-ni? ¿Tienes fiebre? --- restregó más su mejilla contra su mano y susurró aún mirándole a los ojos---. ¿Deseas que haga algo por ti?
Y ahí Sukuna lo mandó todo a la mierda.
Yūji sonrió satisfecho y depositó un beso en sus nudillos.
---Dime, Suku-ni... ¿Sigues enojado conmigo?
Sukuna tragó en seco.
Yūji era más peligroso que todas las fieras juntas.
