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Lirios

Summary:

"Nuestros corazones están unidos por el poder de la confianza" le dijo él un día.

La balada que compone la vida de Rin está recién comenzando; ella comprende que debe hacer una elección que definirá su vida, aunque la respuesta que tiene ya está tomada.

Ella acompañaría a Sesshomaru hasta el fin de sus días, aún si duraba un instante.

[Esta obra fue publicada en Wattpad y en la actualidad sigue en curso, ahí hay banners por si quieren pasar a ver.]

Chapter 1: Uno

Chapter Text

Rin no entendía del todo las palabras que a veces su señor le decía; y no es que no quisiera hacerlo, es que la tomaba desprevenida y también prefería hacerse la tonta a equivocarse y realmente quedar como una. Ya llevaba demasiados años sin sentir los rezongos de Jaken o los suaves pasos de su señor al caminar y la verdad era que les extrañaba.

Le habían dicho que sólo se quedaría un par de años en la aldea de los humanos, hasta que estuviera lista para decidir, pero ella había decidido desde que había puesto un pie en la aldea, sí, quería a todos los amigos que había hecho, pero en realidad siempre apelaba a querer estar junto a Sesshomaru, Jaken y Ah-Un. Kagome un tiempo le dijo que quizás extrañaba al peliplata porque le consideraba parte de su familia.

—No lo sé, ¿quizás lo consideras como tú hermano mayor, Rin-chan?

—No lo creo Kagome-san, el es quien me recogió, me protegió y se encargó de que sonriera de nuevo.

—Oh... —una sonrisa cómplice se formó en los labios de Kagome. —¿quizás estás enamorada de Nii-san?

Esa pregunta la tomó desprevenida y su rostro se coloreó con fuerza.

—¿Yo qué? —preguntó de vuelta.—Mira, creo que me está llamando Kohaku.

—Pero Rin, Kohaku no está en la aldea.

En cuanto Kagome había dicho eso, Rin ya iba bastante lejos, caminado con prisa hacia el lado contrario de la aldea.

Cuando estaba saturada, a Rin le costaba aceptar las cosas que pasaban a su alrededor sobre todo con ella misma. Además que las ultimas noches le estaba dificultando el sueño. Sabía que su señor era increíblemente fuerte, que casi nada ni nadie lo lastimaba, pero sabía gracias a Jaken, que él estaba en una búsqueda del poder y seguir expandiendo sus tierras. ¿Y si alguien lo hería? ¿y si él realmente jamás volvía por ella? eso hacía que sus ojos se empañaran de lágrimas y se resistiera a derramarlas.

Solo quería dormir, aunque desde ya hace años que le costaba hacerlo si no dormía en la suave estola de Sesshomaru, solo porque se sentía segura a su lado. Para Rin había sido complicado ir creciendo, su familia había muerto a muy temprana edad y siempre que cerraba los ojos, solo traían pesadillas, gritos y llantos pidiendo clemencia a aquellos ladrones. A veces Rin se preguntaba si hubiera podido hacer algo para ayudar a su familia pero ella entendía que era una niña. Volver a la vida, y con el demonio amable que la revivió, había sido comenzar de cero.

Ya la habían abandonado una vez y aunque sabía que su señor jamás haría eso con ella, porque confiaba ciegamente en él, tenía cierto miedo de volver a quedarse sola. Se quedó llorando un tiempo cerca del arroyo y logró reponerse. Una alegre sonrisa pronto hizo que se desvaneciera aquel triste rostro. Si bien para Rin no era complicado volver a ser feliz, seguía con aquel determinado deseo de querer ir con él.

Con el tiempo, Rin siguió creciendo y lo notaba porque se veía a ella misma en un espejo de color dorado grande que Kagome había traído de su época. Se veía mucho más alta, con el cabello largo, el busto ya en crecimiento y también sus caderas se habían ensanchado. Llevaba aquellos kimonos tan bien trabajados que siempre, sin falta, le llevaba en cada visita.

Aún se acuerda de la divertida plática que tuvo con Kagome e Inuyasha referente a su crecimiento.

—B-bien Rin, te voy a explicar algo que es muy normal en el cuerpo femenino... Hay cambios, con la edad comienzan a producirse cambios importantes como tu menstruación.

—¿Menstruación? —preguntó confundida.

—Cierto, antes no se decía así... son tus días del mes donde... ya sabes, te presentas un poco más sensible, con dolor, a veces quieres comer distintas cosas... te duelen los pechos y lo más importante, presentas sangre en esos días que salen por tu vagin-

—¡No seas tan explicita, mujer!

—¡Estoy intentando enseñarle a Rin, Inuyasha!

—Oh, hablas de eso, Kagome-sama... Me llegó hace medio año.

—Oh... es bueno saberlo, tienes que tener cuidado, ¿sí? con eso ya significa que puedes tener hijos. ¿Qué edad tienes ya? —preguntó mirándola con curiosidad.

—Tengo doce años. —sonrió con suavidad.

—Oh, bueno, te empezarán a cortejar jóvenes pero tú puedes decir que no. Si ellos intentan algo por la fuerza, te aseguro que nosotros les daremos una patada en todo su trasero.

—Yo no quiero estar con nadie, solo quiero seguir a Sesshomaru-sama —declaró por fin.

Ya era quince de noviembre, el día que ella determinó que era su cumpleaños... el día que fue revivida por Sesshomaru, a si que cumplía por fin quince años. Según Kaede, aquel día podría dar su tan esperada elección. Kagome preparó la comida aquel día junto a Sango y almorzaron todos juntos siendo una jornada muy tranquila. Rin tuvo que ir a ayudar a un parto y volvió a las dos horas, encontrándose en el lugar a Sesshomaru el cual estaba sentado al frente Kagome, Inuyasha y Kaede. La pelinegra acababa de terminar de servir el té al serio albino.

—¿¡Sesshomaru-sama!? —preguntó emocionada mientras le brillaban los ojos.

—Rin. —saludó él con un asentimiento de cabeza.

—Pasa Rin, siéntate. —le dijo Kaede.

En cuánto se sentó, miró a ambos lados, estaba sentada en la cabecera de la pequeña mesa. Su corazón comenzó a latir con fuerza.

—Rin, ¿eres feliz aquí?

—Y-yo... ¡sí! soy muy feliz aquí. Hice amigos, Kaede-sama cuida de mi, Kagome-sama me enseña muchas cosas, Inuyasha-sama es amable y gracioso también.

—¿Entonces deseas quedarte aquí?

—Y-yo... —miró a Kagome y a Inuyasha, los cuales la animaron con gestos. —No. Yo deseo... yo elijo estar con usted, aún si es solo un instante. —un leve sonrojo apareció en su rostro al decir aquello. Estaba emocionada y vio como Sesshomaru sonreía por una fracción de segundo

—Bien. Tu deseo será cumplido, Rin.

Por fin comenzaba la balada de la vida de Rin, acompañando por siempre a Sesshomaru, aun cuando ya no estuviera ahí para él.