Work Text:
Ron recuerda cómo Ginny le dio aquel diario, diciendo que no le gustaba, que le daba un mal presentimiento. Él lo había guardado y no le había prestado mucha atención, estaba en una esquina de su baúl.
No lo recordó hasta que necesitó hacer unas anotaciones y no podía encontrar un nuevo rollo de pergamino.
Ron escribió las notas de pociones y dio un pequeño salto en su lugar al ver que la tinta era absorbida por el pequeño diario. Él empezó a alejarse del objeto (que definitivamente era sospechoso) lentamente, como si fuera un depredador peligroso a punto de atacar.
'Hola, mi nombre es Tom Ryddle, ¿cuál es el tuyo?' las elegantes palabras se escribieron a través de la página. El pelirrojo pateó el libro al otro extremo de la habitación, mientras daba un grito muy agudo.
—¿Qué demonios fue eso?—preguntó Ron estupefacto. Miró con desconfianza como más palabras se escribían en la misma página en el diario, que milagrosamente aún seguía abierto.
«No confíes en nada a lo que no puedas encontrarle el cerebro... o algo así dijo papá.» pensó Ron, mientras planeaba que hacer.
¿Con quién ir? ¿McGonagall? ¿Dumbledore? ¿Harry?¿Hermione? Muchos nombres pasaban por su cabeza, pero aún así no sabía quién sería la persona indicada.
Y sin tener la menor idea de que hacer, Ron recogió el pequeño libro de cubierta negra, con toda la intención de escribir ahí otra vez. El sombrero lo había puesto en Gryffindor por algo.
"¿Quién eres? ¿Qué eres?" escribió con rapidez, sin importarle que su letra fuese casi ilegible o que miles de preguntas siguieran pasando por su mente.
'Soy un artefacto mágico de un estudiante de Hogwarts, mi propósito es ayudar a las personas que escriben en mi' El diario se tardó unos segundos en escribir de vuelta, en una letra elegante y perfecta, como se imaginaba que escribían las personas ricas o arrogantes. Sin poder evitarlo pensó en Malfoy e hizo una mueca de disgusto.
Prestando atención a las palabras del diario, se tranquilizó un poco. Tal vez ese libro era una versión escrita de aquellos espejos que hacían comentarios sobre tu apariencia o algo parecido. Sinceramente se veía lo suficientemente inofensivo.
"Entonces... ¿puedes ayudarme con la tarea de pociones?" Ron pensaba sacarle provecho a la situación, si había sido lo suficientemente afortunado como para conseguir un ayudante de bolsillo tenía que usarlo.
'Sí, dime que te pidieron.' En su interior Tom Ryddle sonrió triunfante. Durante las siguientes horas el Slytherin ayudó al pelirrojo con todo lo que le pedía, siguiendo la fachada de ser un pequeño artefacto mágico servicial.
...
Ron sentía que esto era un sueño hecho realidad, ya no tenía que preocuparse por su tarea, porque Tom lo ayudaba a completarla. Hermione ya no podía molestarlo diciendole que tenía que hacerla y las calificaciones de sus nuevos trabajos eran sorprendentes.
La castaña estaba orgullosa de que se hubiera tomado su educación en serio, aunque sabía que si Hermione se enteraba de la verdad le quitaría a Tom con la excusa de que eso era hacer trampa y se lo entregaría a McGonagall, o peor a Dumbledore.
Ron no quería que nadie le quitara a Tom, él ahora era suyo y no le diría a nadie sobre el pequeño diario. Hermione querría investigarlo, descubrir que era, cuando no lo lograra se lo entregaría a un profesor y él no volvería a ver a Tom.
Harry tal vez sería su cómplice y no le contaría a nadie sobre Tom, pero eso significaba que necesitaría compartir algo preciado, que era de él. No iba a mentir, le costaría tener que prestar algo que se sentía tan suyo.
Ni siquiera iba a empezar con sus hermanos, Percy haría lo mismo que Hermione, los gemelos experimentarían con Tom y lo dañarían irreparablemente si no lo destruían. De Ginny no estaba tan preocupado, ella se lo había dado después de todo y aunque lo quisiera de vuelta él no se lo entregaría nunca.
...
Tom rápidamente se volvió una parte esencial de su rutina diaria, él se convirtió en su amigo, su confidente.
Se encontró a sí mismo abriéndole su corazón, diciendole sus secretos más profundos y lo más importante, le dio comprensión. Al final de cada sesión pensaba que Tom sabía más de él que sus propios padres, su familia.
Ron le contó, de su vida desde que era un niño, de los maravillosos amigos que había hecho en la escuela, de sus clases, de personas que no soportaba y de su amor por el ajedrez.
Le dijo los grandes secretos, sus inseguridades y sobre como algunos días no se sentía tan querido. Que aunque vivía con una familia grande y amorosa, se sentía fuera de lugar, ignorado. Porque él era el menor de seis hijos, no era nada nuevo ni extravagante, que cosas podía hacer que sus hermanos no hubieran hecho antes.
Y luego estaba Ginny, su hermana menor, ella era la hija que su madre siempre había deseado; la luz de sus ojos. Ginny era menor por un año y desde que tiene memoria, ella siempre fue la favorita. ¿Por qué estar con él? El aburrido sexto hijo, ya habían otros cinco que estaban triunfando. Ginny era una novedad, la primera hija, la única niña.
Ron sabía que su madre lo amaba, pero a veces sentía que eso no era suficiente, él podía ver como su madre se comportaba con ella, diferente y mejor. Él también amaba a su hermanita, no la cambiaría por nada del mundo pero esos sentimientos eran inevitables.
Tom no se burló de él, le dijo que había crecido sin nada en un lugar horrible en donde todos lo odiaban, en un orfanato en donde faltaba comida y los adultos no eran reconfortantes, que las personas a su alrededor preferían golpearlo antes de pensar en ayudarlo.
En ese momento Ron quería que la tierra se lo tragara, ahí estaba él quejándose - de su vida, de su familia, de lo que sentía que le faltaba - con una persona que lo había tenido peor. Nunca en su vida le había faltado un plato de comida caliente en la mesa o un lugar en donde vivir, nunca sintió como era ser odiado por todas las personas con las que convivía a diario.
Estaba a punto de escribir una disculpa (para después quedarse en su cama hasta navidad) cuando Tom le dijo que su situación no era menos importante, que no debía subestimar sus problemas y que lo ayudaría con lo que estuviera en su poder.
El pelirrojo sintió una sensación cálida extenderse por su pecho, porque ese maravilloso chico en el diario leyó los problemas que no le había dicho a nadie antes, lo hizo sentir mejor y lo ayudó a reducir el peso que estuvo cargando sobre sus hombros durante muchos años.
Y no por primera vez, él deseó que Tom fuera una persona real, una con la que pudiera hablar y conocer mejor.
Esa fue la primer noche en la que durmió abrazando a aquel diario, pero no fue la última y no lo sería por varios años.
...
Tom no se dio cuenta de cuando empezó a esperar por la próxima vez que Ron le escribiría. Fue un desarrollo lento, demasiado discreto como para que él se diera cuenta y pudiera detenerlo.
Cada día que pasaba con el pelirrojo lo hacía desconcentrarse de su propósito. Aún quería un cuerpo, pero ya no era por las mismas razones que antes, no podría quitarle la energía vital a su pelirrojo y ahora tenía que encontrar a otra persona.
El simple hecho de pensar en Ron, pálido y con la vida yéndose de su cuerpo lentamente, lo dejaba con una sensación desagradable.
Ron con su flamante cabello pelirrojo, esos ojos azules incomparables, sus adorables mejillas que se sonrojaban hermosamente y sus lindos labios rosados. Lo habían hecho experimentar algo que nadie nunca había logrado, una necesidad de proteger y algo más que no podía nombrar.
Más tarde esa noche se le ocurrió absorber la energía de los compañeros de cuarto de Ron, no sería tan fácil porque ellos no habían escrito en él, pero era considerablemente mejor que la alternativa.
Mmm... Tal vez su yo mayor había hecho más horrocruxes, si tenía suerte habría uno cerca y podría reabsorberlo. Pero eso era un nuevo proyecto para después.
Utilizando un poco de la energía que había estado tomando durante unos meses, Tom salió del diario. Su figura transparente, pulcramente vestida en la túnica de Slytherin, se acercó a la cama del menor y se sentó a su lado, con cuidado de no despertarlo.
Los ojos de Tom miraban con admiración a la figura que estaba dormida en la cama y sus manos empezaron a peinar suavemente el cabello pelirrojo.
—¿Qué me has hecho? —susurró— No tienes la menor idea de el poder que tienes sobre mi.
—Ron Weasley, si me pidieras el mundo, lo dejaría a tus pies. —La fuerte declaración cayó en oídos sordos, siendo escuchada únicamente por la luna.
