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un plato para ti

Summary:

"—Yo… Tú… —El hombre tragó saliva, sus ojos nunca se alejaron del rostro de Bakugo—. No sabes.

—¿No sé, qué? —preguntó Bakugo, presionando su oreja de nuevo contra la puerta, manteniendo al hombre en la periferia de sus ojos.

Allí, el hombre se quitó los lentes, pasó el rostro de su mano por sus labios, lentamente.

—Supongo que no debería sorprenderme que no me reconocieras, Kacchan."

Traducción del inglés.

Notes:

Traducción hecha con autorización de ohwickedsoul.

Beteado por MissLefroy

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Para ser honestos, Bakugo se escabulló en la librería de casualidad.

Había pensado que estaba haciendo un trabajo decente en eso de andar de incógnito, pero acababa de dispararse doce lugares en el ranking, directo el top veinte, el fin de semana pasado gracias a una pelea desagradable en una escuela, y dos chicas chillonas fácilmente podían convertirse en veinte.

Se había lanzado hacia adentro, con la cachucha hacia abajo, dirigiéndose inmediatamente a la parte de atrás. Se estaba moviendo lo suficientemente rápido, o se veía lo suficientemente sospechoso con el cubrebocas quirúrgico y la cabeza cubierta, que el encargado casi graznó o chilló en su dirección.

—¿Qué está haciendo…? ¡No puedes ir allá atrás!

Bakugo se dio la vuelta, ya con la mano en la puerta que decía «sólo personal». El encargado era un chico de preparatoria con una cachucha estúpida, que se veía testarudo y listo para pelear. Suspiró por lo bajo y se bajó el cubrebocas de manera que sólo colgara alrededor de su cuello.

Los ojos del chico se hicieron muy grandes.

—¡Oh, dios mío!

—Déjame esconderme en la parte de atrás —dijo Bakugo apretando los dientes—. Hay fangirls allá afuera.

—Uh… sí… —tartamudeó el chico—. Bien. Pero no toque nada. Hay un montón de libros viejos allá atrás.

Bakugo resistió el impulso de poner los ojos en blanco y se las arregló para soltar un gruñido en respetuoso agradecimiento. Se subió el cubrebocas de nueva cuenta —nunca se podía ser demasiado cuidadoso— y se lanzó a través de la puerta.

Justo cuando escuchó la campana sonar en el frente.

Bakugo se quedó quieto, con la oreja pegada a la puerta.

—Hola, ¿buscaban algo en…?

—¿Ground Zero entró aquí? —Esa voz sonó como un emocionado chillido.

—¿Quién?

Contra su voluntad, Bakugo soltó una risita. El chico era bastante bueno.

—¿Disculpe?

La voz que sonó detrás de él lo hizo darse la vuelta, con los ojos muy abiertos. Había un hombre sentado en el escritorio detrás de él, medio volteado en su silla, y se veía desconcertado.

«Escritorio» no era quizá la mejor palabra para eso. Era más bien una enorme mesa que ocupaba una buena parte del espacio en la habitación; estaba cubierta en pilas de libros, listones, papel, pegamento, varias cuchillas afiladas que Bakugo contó inmediatamente y otras pertrechos [1]. El hombre en la mesa tenía lentes rectangulares y su cabello estaba recogido en un moño bajo con algunos rizos escapándose alrededor de su cara.

Era modo. Y pecoso. Y… ¿familiar?

—¿Puedo ayudarle? —dijo el hombre, respetuosamente—. Esta sección es para el personal, no es el baño.

—Lo sé —soltó Bakugo.

Las cejas del hombre se alzaron un poco más.

—¿Sabe que no es el baño…?

—No… Quería… —Gruñó, frustrado—. Cállate, ¿quieres?

Bakugo ya no estaba seguro de que las cejas de aquel hombre pudieran alzarse más.

—¿Disculpe?

—Me estoy escondiendo, ellas están afuera… —Bakugo prácticamente siseó, voltéandose un poco y presionando su oreja contra la puerta. Había más voces afuera y sólo se estaban volviendo cada vez más estridentes.

—¿Escondiéndose de quién? —Ahora la voz del hombre estaba alarmada. Cuando Bakugo se dio la vuelta para verlo, estaba medio incorporado en la silla. No era muy alto, pero las mangas arremangadas de su camisa revelaron brazos musculosos—. Si ha cometido alguna clase de crimen…

Cállate. —Bakugo se las arregló para convertir un grito en pánico en tan solo un murmullo, de alguna manera. Se bajó el cubrebocas y se quitó la cachucha de la cabeza, revelando su rostro—. Son un héroe profesional y las…

Su voz se apagó cuando el rostro del hombre palideció hasta volverse blanco, haciendo que sus pecas llamaran la atención como un relieve. Se sentó pesadamente en su silla, sin apartar la mirada de Bakugo.

—¿… estás bien? —preguntó Bakugo, frunciendo el ceño, preocupado. Si iba a desmayarse sólo por averiguar quién era Bakugo…

—Yo… Tú… —El hombre tragó saliva, sus ojos nunca se alejaron del rostro de Bakugo—. No sabes.

—¿No sé, qué? —preguntó Bakugo, presionando su oreja de nuevo contra la puerta, manteniendo al hombre en la periferia de sus ojos.

Allí, el hombre se quitó los lentes, pasó el rostro de su mano por sus labios, lentamente.

—Supongo que no debería sorprenderme que no me reconocieras, Kacchan.

Bakugo se volteó súbitamente y se quedó congelado.

Izuku Midoriya todavía estaba sentado enfrente de él, con las extremidades extendidas allí donde habían quedado cuando se había dejado caer de nuevo en su silla. Sus lentes estaban en la mesa y Bakugo se dio cuenta de que la mano que descansaba sobre ellos estaba cubierta en cicatrices concentradas en los nudillos.

El cabello rizado era largo y amarrado detrás, con algunos mechones rebeldes alrededor de su rostro. Las pecas eran… más. Se juntaban en los pómulos y el puente de su nariz, pero podía ver más en sus antebrazos, en la parte visible de la clavícula que se podía ver en el cuello de su camisa.

Bakugo alejó los ojos de su garganta, no con poco horror, y miró a Midoriya a los ojos por primera vez en diez años.

Eran tan brillantes como siempre, un verde como la primera, y estaban mirando a Bakugo pacíficamente.

Bakugo estaba atrapado, la garganta cerrándosele con los recuerdos, la culpa tan densa como humo en su boca, todo con un sabor a cenizas y miedo.

Midoriya frunció el ceño, se inclinó hacia adelante.

—Um. ¿Estás bien?

Bakugo sacudió su cabeza un poco, sin ser capaz de dejar de mirar el rostro de Midoriya. Su espalda estaba recargada contra la puerta, apoyado allí como si fuera posible alejarse un poco más de él.

Midoriya empezaba a parecer seriamente preocupado.

—No te ves…

—Por favor. —Bakugo se las arregló para gruñir—. Por favor.

Midoriya se reclinó de nuevo en su silla y de alguna manera logró parecer más conmocionado por la cortesía que por la súbita reaparición de su… algo… de la infancia.

—Um. Está bien —dijo débilmente.

Bakugo se dejó caer apoyado en la puerta, hasta que se encontró sentado y capaz de poner su cabeza entre sus rodillas. Cerró sus ojos fuertemente, inhalando y exhalando cada cuatro tantos. Inhalando en cuatro. Exhalando en cuatro.

El momento se estiró. Los sonidos débiles desde el frente desaparecieron. Había un tictac en el cuarto, además de la respiración de Midoriya. Bakugo se concentró en ese hecho. Midoriya estaba respirando.

Hubo un toquido en la puerta.

—Uhm, ¿Midoriya-sama? ¿Todo bien allí? Sé que Gr…

—Todo está bien, Kouta. —La voz de Midoriya salió firme—. Sé quien es. ¿Puedes encargarte del frente el resto del día? No voy a cerrar.

—¿Seguro?

—Te pagaré horas extras. Dile a tus tías que llegarás a casa más tarde de lo normal.

—¡Oh, gracias, Midoriya-sama! No hay problema.

Los pasos se alejaron. El corazón de Bakugo por fin se pausó un poco. Dejó salir un suspiro y dejó que su cabeza golpeara contra la puerta mientras miraba hacia el techo. No creía ser capaz de mirar a Midoriya aún.

—¿Estás bien? —Midoriya se escuchaba preocupado.

Cuando Bakugo inclinó su cabeza hacia abajo, también se veía cauteloso. Todavía estaba sentado en su silla, con los antebrazos descansando en las rodillas. Sus manos estaban entrelazadas de manera suficientemente fuerte como para hacer que sus cicatrices se notaran a lo lejos.

—¿De dónde son esas? —preguntó Bakugo en vez de inquirir el millón de preguntas que estaban en su lengua.

—¿Qué? —Midoriya pareció sorprendido y luego bajó la mirada hasta sus manos—. Oh. Peleas en jaula.

—¿Tú… chingados… qué?

Midoriya sólo se puso un poco a la defensiva.

—Tenía muchos sentimientos que trabajar en mi adolescencia.

—Pelear no es un mecanismo de supervivencia sano —dijo Bakugo automáticamente y luego hizo una mueca.

Midoriya se veía aturdido.

—¿En serio?

Bakugo cerró los ojos, apretándolos.

—He ido a… un montón de puta terapia —soltó.

—Creo que reconocí la técnica de respiración.

Bakugo suspiró; de repente estaba exhausto.

—Midoriya…

—Yo también pasé por un montón de terapia —admitió.

Lo que Bakugo quería decir era «lo siento». Lo sentía por ser un cabrón lleno de furia cuando era un adolescente. Lo sentía por el sufrimiento sin fin al que había sometido al calmado hombre de cabello verde frente a él. Lo sentía por decirle que se tirara del techo de la escuela. Lo sentía por haber acosado a un niño —cualquier niño, pero especialmente su… de la infancia… su… carajo, lo que fuera que Midoriya era para él—. Acosar a un niño de una manera suficientemente terrible como para que tuviera que cambiarse de escuela.

Quiere contarle [2] acerca de toda la terapia a la que lo lanzaron veinte minutos después de pisar UA. Quiere contarle acerca de las clases de control de la ira dos veces a la semana. Contarle acerca de la primera vez que le gritó a alguien por decirle a un compañero que era una basura. Acerca de la primera vez que alguien lo llamó «héroe» cuando estaba trabajando como sidekick [3]. Acerca de los niños que hoy lo admiran. Acerca de lo asustado que está acerca de esos niños.

Acerca de las campañas contra el bullying que ha convertido en su cruzada personal. Acerca del hecho de que lo buscó y lo perdió cuando fue a una preparatoria en Tokio. Acerca del hecho de que, incluso ahora, el rostro de Midoriya es uno de los que ve cuando piensa en por qué quiere ser un mejor héroe.

Aunque tendrá que actualizar el escuálido niño de trece años con el hombre en medio de sus veintes frente a él.

Lo que dice es:

—Te hice muchas… Quería decirte… Carajo… Quiero… —Se detiene, frustrado. Midoriya espera pacientemente, con el ceño un poco fruncido—. No sé cómo compensar nada de lo que hice —dice, finalmente. Hay miles de disculpas todavía en su lengua—. No sé cómo carajos decir lo siento y que sea suficiente.

La cabeza de Midoriya se inclina.

—Una vez sería un buen comienzo.

Lo siento —dice Bakugo, de manera inmediata. Ha pensado cómo hablaría con Midoriya si alguna vez se las arreglara para encontrarlo nuevamente y es molesto que todos sus cuidadosos planes y disculpas hayan sido lanzados por la ventana el segundo que lo encontró—. Nunca seré capaz de decir… de decirlo, carajo… Es todo por ti… Porque tú… Por favor. Créeme. —Y prácticamente está suplicando, pero se pondría de rodillas si tuviera que hacerlo.

—«Querida misericordia —dice Midoriya—. Guardé un plato para ti. Deja de deambular en el patio y entra».

—¿Qué? —dice Bakugo y, carajo, está cerca de echarse a llorar.

—Richard Siker [4]. Escritor estadounidense —dice Midoriya—. La librería es mía. Así lees mucho. También reparo libros. —Se pone de pie, sacude polvo inexistente de sus pantalones.

Bakugo se le queda mirando.

—Me convertí en un héroe, ¿sabes?

La cara de Midoriya se ilumina súbitamente; el gesto es prácticamente el mismo al rostro de aquel niño que Bakugo ve en sus peores y mejores momentos.

—Lo sé. —Extiende su mano para ayudar a Bakugo a levantarse—. ¿Por qué no me cuentas acerca de todo lo demás que hiciste también?

—Sólo si tú lo haces también —dice Bakugo, contemplando a Midoriya—. Quiero saber cómo es que un nerd como tú fue de chingadas peleas a… conservación.

Midoriya se ríe. Bakugo toma su mano.

Notes:

Notas de la traducción:

Sobre la traducción en general, está adaptada al español, tanto en el formato de los diálogos como en algunas expresiones comunes. Allí donde se indica que se habló de manera respetuosa se incluyó el «usted» (el inglés no distingue entre tú/usted), la forma respetuosa de la segunda persona. Está en español mexicano, porque neutralizar es imposible (siempre habrá una palabra, algo, diferente), pero confío en que todo se entienda en contexto (si no, google es un amigo). La ortografía de los nombres fue respetada tal como estaba en el original.

Originalmente no tenía honoríficos sino Mr. Midoriya que equivaldría a Midoriya-sama o señor Midoriya. Elegí Midoriya-sama por la sonoridad y porque quedaba mucho mejor en contexto.

[1] accoutrements de hecho se traduce literalmente como pertrechos. Son objetos necesarios para una actividad determinada. Me gustó la palabra. Esa es toda la nota.

[2] a partir de aquí está en presente todo y para respetar el estilo original, se quedó así.

[3] no hay una traducción directa aplicada al heroísmo, así que anglicismo será.

[4] es un poema parte de una antología titulada «Litany in Which Certain Things are Crossed Out». Yo no soy especialmente fan de este tipo de poesía, pero el final es bonito, así que lo dejo en inglés y en español (la traducción es mía y peca de literalidad; no sé traducir poesía):

Dear Forgiveness, you know that recently
we have had our difficulties and there are many things
I want to ask you.
I tried that one time, high school, second lunch, and then again,
years later, in the chlorinated pool.
I am still talking to you about help. I still do not have these luxuries.
I have told you where I’m coming from, so put it together.
I want more applesauce. I want more seats reserved for heroes.
Dear Forgiveness, I saved a plate for you.
Quit milling around the yard and come inside.

Querida misericordia, sabes que recientemente
tuvimos nuestras dificultades y que hay algunas cosas
que quiero preguntarte.
Intenté esa vez, preparatoria, receso, y luego otra,
años más tarde, en la alberca clorada.
Todavía te estoy hablando de ayuda. Todavía no tengo esos lujos.
Te he dicho de donde vengo, así que júntalo todo.
Quiero más puré de manzana. Quiero más asientos reservados para los héroes.
Querida misericordia, guardé un plato para ti.
Deja de deambular en el patio y entra.

Otras notas:

Pueden encontrar a la autora en @ohwickedsoul.

Esta es la primera vez en años que traduzco algo ajeno. Lo hago motivada de ver algunos de mis fics favoritos de My Hero Academia en español. Esta me gusta mucho en particular por el simbolismo que tiene al que Deku extienda la mano en dirección a Kacchan. No es precisamente mi estilo de escritura (lo reconocerán perfectamente al leer), pero si algo que me gusta mucho. Siento las notas tan largas. Gracias por leer.

Denle amor a la autora original si pueden.

Me encuentran a mí en @NeaPoulain.

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