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Infierno
Tom recorrió el pasillo con nerviosismo por milésima vez, mientras sus acompañantes lo veían entre ansiosos y divertidos. Severus y Narcisa se encontraban allí, de pie con las sonrisas ladeadas en sus rostros, Remus acariciaba la espalda de Sirius quien se encontraba al borde de un ataque de nervios similar al de Tom. Lucius había ido por algunas tazas de café, aunque sospechaba que su repentina generosidad era más bien una forma de liberar tensiones, Lily, en cambio se veía mucho más relajada cargando a un pequeño Draco de poco más de un mes
“Mira Dragón, aprovecha a ver una de las pocas veces en que tu padrino estará nervioso”- le informó al niño señalando al ojiverde. No sabía en que momento había ocurrido, pero ella y Tom habían desarrollado un vínculo realmente fuerte, y tras el fiasco de su relación con Petunia, el hombre la había adoptado como una hermana menor. Lucius se había sorprendido y había dicho que eran pocos los que podían contar con tal privilegio, por lo que debería sentirse honrada, y así era. Tom se había transformado en un gran amigo y consejero, por lo que no había dudado en encomendarle a Draco junto con Narcisa
“Tu no tuviste que aguantar a Lucius en mi lugar”- le indicó el hombre, indignado
“Relájate Tom, ya te llamarán cuando todo esté listo, recuerda que es James quien se llevará la peor parte y necesitará tu apoyo”- le aconsejó
“Pero y si les ocurre algo… si las cosas salen mal, si hago algo mal, si lo dejo caer o…”
“Señor Potter- llamó un medimago- presenciará el parto?”- Tom palideció de inmediato y titubeó hasta que dos fuertes manos lo empujaron hacia el sanador
“El idiota de tu esposo no te perdonará si te quedas aquí parado dando vueltas”- le indicó Severus haciendo honor a su nombre, mientras el resto asentía con la cabeza. Dando una fuerte inspiración, Tom se acercó al medimago que le indicaría que hacer
James se encontraba en la cama adolorido, intentando ignorar a los que revoloteaban a su alrededor, diciéndole que aún no era tiempo, mientras las contracciones se volvían más frecuentes y el dolor recorría su cuerpo sin escrúpulos
“Todo esto es TU culpa- le gritó furioso al hombre que acababa de cruzar la puerta, apresurado por ubicarse a su lado- un jodido cruciatus duele la mitad que esto, ten por seguro que no volverás a ponerme un dedo encima”- Tom asintió con la cabeza sorprendido, mientras los sanadores sonreían en silencio, meneando la cabeza
“Muy bien, Señor Potter, estamos listos”- aseguró un hombre de unos cincuenta años que irradiaba autoridad- “necesito que puje cuando se lo pida, bien? A la de tres. Uno, dos, puje”- una mano de hierro se cerró sobre el brazo de Tom, quien ahogó un grito. James se sujetaba con antinatural fuerza, mientras murmuraba mando muestra de su colorido vocabulario- “puje”- volvió a ordenar el médico
“Tiene que haber un círculo del infierno en que el castigo sean los partos- le aseguró el ojichocolate a su esposo antes de volver a pujar dando un grito y apretando aún más su agarre sobre el torturado brazo
Tom se mantenía en inusitado silencio con el brazo siendo masacrado por su esposo. Le destrozaba oírlo gritar, verlo sufrir casi desgarrándose de dolor, conduciéndolo a un culpable trance, de cual se vio obligado a salir cuando un fuerte llanto llenó el lugar y la presión desaparecía
“Felicidades por su niño señores Potter”- dijo el medimago dejando el preciado bulto en los brazos de Tom, quien lo contempló fascinado, antes de volverse al agotado joven a su lado
“Es hermoso- le aseguró besando su cabello antes de poner el niño entre sus brazos- Gracias por hacerme el hombre más feliz del mundo, León”
“Por este angelito vale la pena volver a pasar por todo ese infierno”- le aseguró con una sonrisa, observando a su pequeño tesoro
