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Princesa

Summary:

Billy es el príncipe de un reino en guerra, su padre lo envía a casarse con el reino más rico, Billy no está feliz pero cumple con ello. Su sorpresa será enorme al encontrarse con "la princesa" del reino.

Notes:

Época antigua fantasiosa donde Billy y Steve son príncipes de distintos reinos y donde son todos familia

Chapter Text

Billy golpeó furiosamente el suelo con su pie.

-¡No pienso hacerlo!
-¡Harás lo que se te diga!

Neil era directo, aquella era la sentencia, no había opción para su hijo, su orden era su destino.

-¡Es un hombre!
-¡Es el heredero y no hay más que discutir!

El rey se levantó del trono y salió del salón, su hijo quedó con la palabra en la boca, no podía creer aquello, aquél no podía ser su destino, sin embargo parecía inevitable. Salió también del salón del trono enfurecido, la puerta hizo temblar todo el palacio al cerrarse, destrozó su habitación, estaba rabioso.

Su reino hacía décadas que estaba en guerra, la cual no había avanzado pero tampoco se había zanjado, aquella continua y eterna batalla había mermado las arcas del Reino significativamente, en otras palabras, eran pobres e incapaces de continuar la guerra, lo que llevaría a una rendición o conquista inminente. Su padre, el rey, solamente había llegado a una conclusión, necesitaba oro, pues no iba a rendir su reino, y la forma más rápida era acceder a las riquezas de otro reino, y puesto que no podía conquistarlo, únicamente podía acceder mediante el matrimonio.

El reino más rico curiosamente no era un reino, sino una tribu cuyos regentes eran los Harrington, el clan mayor, el cual únicamente tenía varones. Las causas eran desconocidas, pero sus hijos siempre eran varones, y las esposas siempre morían en el parto o de enfermedad a los pocos días. Puesto que no disponían de mujeres, el clan tenía la costumbre de tener dos matrimonios: los esposos, que eran la pareja legítima ante la tribu, y las esposas, que únicamente desposaban para tener hijos. Al parecer la tribu era inmensamente rica debido a que la tierra que habitaban era rica en todos los minerales existentes, pero eran una tribu muy pequeña e incapaces de defenderse de los atacantes, aquel era el trato: el Reino los defendería y cuidaría a cambio de las riquezas de la tribu. Por supuesto, para ello sólo había una camino, la unión del Reino y la Tribu mediante el matrimonio, el enlace entre sus dos príncipes herederos.

Para el príncipe de la Tribu parecía lo usual, el debía tomar esposo además de esposa, pero para Billy era inconcebible, ¿casarse con un hombre? ¡Imposible! ¡Imposible! Pero al día siguiente los sirvientes habían hecho su equipaje, el carruaje y el caballo lo esperaban, y su visita había sido anunciada, así que fue subido a su montura a la fuerza y partió hacia aquel bosque dónde la Tribu habitaba. El viaje le duró 3 días, en aquel tiempo Billy trató de huir, de amenazar a los guardias que lo escoltaban para que se revelaran contra su padre, incluso trató de matarse, la desesperación daba para mucho. Pero el final llegó y Billy alcanzó el territorio de la Tribu, al llegar se encontró con una muralla hecha de madera en la que crecía vegetación, estaba cerrada pero no había custodios en el exterior, sobre la puerta había una campana que uno de sus soldados hizo sonar, entonces las puertas se abrieron dejando ver el espectáculo; había un gran pasillo hecho por los miembros de la tribu, los cuales vestían todos de azul, sujetaban flores en las manos, el suelo estaba lleno de hierbas aromáticas y verde vegetación, fueron lanzando pétalos al paso de Billy, el joven estaba fascinado, tenía que admitirlo. Al llegar al final había una gran casa de piedra que se veía insignificante en comparación con su palacio, pero grandiosa en comparación con las casas de madera del resto del lugar, delante de ella había una tarima sobre la que se aposentaba un trono hecho de ramas de árboles y cubierto de flores, Billy bajó de su caballo y miró expectante.

Las puertas de la casa de piedra se abrieron y un hombre alto salió de ella, también vestía de azul pero solamente unos pantalones bombacho, era corpulento y tenía un frondoso bigote con una barba de pocos días bien recortada, en su cuello llevaba un collar de oro, del cual colgaba una larga capa azul de lino, y en su frente ceñía una corona de pequeñas flores púrpuras. Caminó hacia la tarima, subió y se sentó en el trono, todo el pueblo lanzó las flores que le restaban y giraron para verlo.

-Querido mío pueblo -habló el hombre -Sabéis dolor que siempre afligido mi familia, pero nosotros amar tribu, por eso permanecer

Billy se dio cuenta de que el hombre estaba hablando en su idioma, él tenía entendido que aquella tribu tenía un lenguaje propio, el cual guardaban con recelo, así que no imaginaba que hablaran otras lenguas, sin embargo, todos parecían entender.

-Nosotros marido y mujer, siempre dentro de pueblo, pero tiempos malos, guerra siempre, y nosotros gente de paz -dijo con tranquilidad -Por eso amistad ser importante, y amistad por lazo más fuerte que amistad por comercio, razón mi hijo hacer sacrificio de casar con ajeno, hombre fuera de pueblo, pero fuerte que proteger nosotros

El que definitivamente era el rey de la tribu se levantó, extendió la mano señalando a Billy, quién se inclinó ante él, y todo el mundo estalló en aplausos.

-¡Billy Hargrove! ¿Yo decir bien?
-Habláis mi idioma cómo si fuera vuestro, Majestad, os he de felicitar

Si algo había aprendido Billy era a ser encantador, no importaba ser un príncipe, había situaciones de las que tu cuna no podía salvarte, y aunque era un gran soldado, a veces ser embaucador era mucho más beneficioso.

-Este ser mi hijo, Steve

Las puertas volvieron a abrirse dejando ver a un joven alto, de complexión delgada aunque con marcados músculos, piel nívea, cabello brillante castaño, ojos marrones dulces, y labios carnosos curvados en una regia expresión. Su torso estaba desnudo, llevaba un ancho cinturón de oro del cual caía una fina tela azul que se colaba entre sus piernas y que era muy larga en la parte trasera, llevaba pulseras de oro en los tobillos y brazos, y su pelo estaba decorado por una fina de corona de pequeñas flores blancas. Billy perdió la respiración, su corazón se paralizó, no sentía su cuerpo, tampoco nada a su alrededor, solamente su mente, en la cual resonaba en bucle "es hermoso". El joven caminó hasta el rey, se inclinó y pasó de largo, Billy no pudo evitar observar el movimiento de sus caderas al andar, entonces el castaño alcanzó su altura, pareció mirarlo entero. Billy vestía botas marrones de cuero, pantalones negros de algodón, camisa burdeos de lino, jubón mejor y capa igualmente negra, le gustaba vestir de oscuro porque así realzaba más sus ojos azules y cabello dorado.

Steve le miró curioso, giró entorno a él, Billy notó como su corazón había vuelto a la vida y latía frenético, el moreno tocó su espada, acarició su cabello, miró su capa, y finalmente su rostro, se acercó tanto que Billy retuvo el aliento por no ofenderle, tocó su fino bigote, perfiló su mandíbula, rozó sus labios y acarició por debajo de sus ojos.

-Ser día -habló Steve en un susurro -Piel besada por luz, pelo como sol, ojos como cielo

Billy comprendió lo que quería decirle, pero era incapaz de hablar, estaba absorto en la cercanía del moreno, en su belleza, en su melodiosa voz. Todo el mundo estaba en silencio, expectantes, ninguno del Reino sabía que aquello era importante, en ese momento el príncipe aceptaría o no el matrimonio. Steve esperaba una respuesta, deseaba algo en especial, no era el primer pretendiente que recibía y de todos había obtenido las mismas palabras, "eres precioso", y acto seguido había rechazado el enlace. Billy se sentía incapaz de hablar, lo único que logró hacer fue mover la mano, así que la dirigió a su espada y la desenfundó lentamente, Steve estaba expectante, ¿se arrodillaría? Pero Billy no lo hizo, le entregó su espada de pie, mirándole a los ojos, sin mostrar sumisión más allá de rendir su espada, entonces Steve sonrió, el rubio sintió que se desmayaría, por suerte no, se quitó la pulsera de su brazo derecho y se la ofreció a Billy. Todos estallaron en aplausos.

-¡El príncipe ha aceptado el enlace! -gritó el rey

Billy suspiró recuperando el aliento sin recordar que Steve aún estaba a un milímetro de su rostro, pero aquello hizo reír al moreno de forma adorable, a Billy no le importó que se riera de él. Steve caminó hacia su padre, tomó su mano y la besó, marchándose así ambos, los que parecían ser los sirvientes se acercaron a él indicándole el camino, la casa no era muy grande, era de una única planta en la que había un gran salón, una cocina, un baño y cuatro dormitorios, lo llevaron a uno de estos, el dormitorio era simple, una cama y una cómoda junto a un espejo, sin más, pero Billy comprendió que no era realmente importante para ellos esas clases de cosas. Lo dejaron allí sólo, el rubio miró a su alrededor sin saber qué hacer, nadie le había explicado cual era el protocolo en aquella ocasión, fue a echar mano de su cinturón cuando se dio cuenta de que el príncipe tenía su espada, y que él sujetaba entre sus dedos aquella pulsera, sin darse cuenta sonrió. ¿Qué estaba pasando? Era muy simple, el muchacho le había gustado, le dio igual que fuese hombre, había quedado totalmente prendado. La puerta sonó cortando sus pensamientos, musitó un leve "adelante" y esta se abrió, una cabellera castaña asomó con precaución, Billy se giró bruscamente al percatarse de que era Steve, se avergonzó al ser descubierto mirando aquella joya, rápidamente se inclinó, lo que hizo reír al moreno.

-No hagas eso, no ser necesario -habló suavemente mientras entraba -Inclinarse ante rey, ante superiores, pero tú y yo iguales

-Sí, supongo que sí -sonrió Billy -¿Qué es lo que traéis, majestad?

El rubio vio que Steve traía unas telas en sus manos.

-Steve, no majestad, Steve.... o cómo quieras -se sonrojó el castaño -Ropa, aquí hace más calor

Billy sonrió, había comprendido lo que dijo, el moreno se refería a que podía ponerle sobrenombres, preferiblemente cariñosos, al fin y al cabo iban a casarse. Steve se acercó y extendió la ropa en la cama, eran unos pantalones bombacho de lino como los del rey aunque de color burdeos, unas sandalias de cuero, y una serie de adornos de oro, pulsera y cadenas. Steve miró a Billy dudoso, se acercó a él y abrió el cierre de su capa, la tomó con cuidado y la dobló expertamente para guardarla en la cómoda, abrió los cordones del jubón y lo guardó también.

-No hace falta que hagáis esto

-Hagas, hagas, tú, yo -le corrigió Steve, Billy sonrió -No tener... ¿cómo decir? ah, sí, servicio, nosotros no creer en servidumbre, personas de la tribu ayudar, es ayudar

-Bueno, no diré que me molesta que seáis vos... seas tú, perdón, quien me desvista

Steve se sonrojó levemente, sonrió y quitó el cinto de su cadera, entonces tocó la camisa de Billy, dudoso, el rubio sabía entorno a qué, se había percatado de que ningún hombre vestía allí parte superior, cubrió las manos de Steve con valor y alzó su camisa, el joven miró un momento su torso desnudo, con esa piel bronceada y esos músculos marcados, apartó la vista de forma exagerada y guardó la camisa, fue a arrodillarse para sacar sus botas pero Billy le frenó.

-Ah, ah, somos iguales, ¿recuerdas?

Billy sacó sus propias botas mientras que Steve sonreía divertido, el moreno miró un instante sus pantalones pero decidió que tal vez aquello sería demasiado, así que se giró dejando que Billy se los quitara él mismo, tomó los que él había traído y se los entregó tapando sus ojos con su mano, el rubio rió suavemente.

-Ya puedes -musitó

Steve abrió los ojos lentamente, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, tomó las sandalias y se las entregó, Billy se las colocó mientras el moreno tomaba los adorno, tomó las cadenas y las colocó entorno a su cuello, el material caía gracilmente por su pecho, extendiéndose por sus hombros, puso brazaletes en sus muñecas, quitó flores de su propia corona para esparcirlas por el pelo de Billy, entonces tomó la pulsera que él le había dado, el rubio extendió su brazo, Steve la coló hasta estar por encima de su codo.

-Hermoso -susurró

-Eso ciertamente es un halago viniendo de ti, ¿te has mirado últimamente en un espejo?

Steve rió suavemente.

-¿Gustar?

-¿Bromeas? Me has quitado el aliento

A Steve no le gustaba que alabasen su belleza demasiado, de hecho fue el no hacerlo lo que salvó a Billy, pero cómo ya estaban comprometidos, no estaba de más saber lo que el rubio pensaba de él, sonrió ampliamente sonrojado, tuvo que apartar la mirada, jamás se había sentido así, estaba tan acostumbrado a esas palabras que ya era como oír llover, pero escuchar a aquel joven decir que le había quitado el aliento alteraba su corazón.

-Familia -dijo tomando la mano de Billy -Ven

Billy se permitió disfrutar por un segundo de lo suave que era la mano de Steve, de su calidez, de cómo parecía encajar perfectamente con la suya, de cómo le envolvía. El moreno le dirigió hacia el gran salón, allí había numerosas personas, todos giraron a verle y se acercaron emocionados, Billy pudo reconocer al rey.

-Padre ser el rey, Jim -dijo Steve, el hombre inclinó su cabeza levemente a modo de saludo, entonces señaló a un muchacho de su altura -Hermano menor de corazón, Jonathan -luego un niño que se parecía al joven -Hermano menor de corazón, Will -y otro chico de cara redonda con rizado pelo -Hermano menor de sangre, Dustin

Billy no entendía a qué se refería pero saludó a todos por igual, entonces una mujer apareció por la puerta principal de la casa, era delgada y de cabello castaño, pálida y bajita, Steve le arrastró hasta ella.

-Madre de corazón, Joyce -dijo sonriente antes de abrazar a la mujer, un niño entró por la puerta corriendo, era de piel muy oscura y pelo recortado, frenó repentinamente -Y hermano menor de alma, Lucas

Todos los menores rodearon a Billy rápidamente, le hacían preguntas sobre su reino, querían saber cómo se decían ciertas cosas en su lengua, estaban emocionados, Billy respondió todo lo que pudo, aunque estaba algo agobiado por tantos niños.

-¿Tu familia? -preguntó Will

-Oh, pues yo tengo un padre, el rey Neil, y un hermano pequeño, Michel, una hermana de mi edad pero menor, Nancy, y una madrastra, Susan, y su hija Maxine

-¿Madrastra? ¿Qué ser madrastra? -preguntó Dustin

-Que no es mi madre, yo no nací de ella, mi madre murió y mi padre se casó con otra mujer

-Madre de corazón -dijo Lucas asintiendo

Entonces Billy creyó comprender a lo que Steve se refería con "hermano de corazón" y "hermano de sangre", aunque no comprendía lo que era un "hermano de alma".

-Dejad tranquilo -habló Joyce -Él estar con vuestro hermano, ellos necesitar tiempo juntos

-Sí, madre -dijeron todos a la vez y se disiparon corriendo hacia Jonathan

Steve sonrió, tomó de nuevo la mano de Billy y lo sacó de la casa, pasearon por las casas, no pudieron hablar demasiado porque todos los miembros de la tribu querían saludarlo, le daban la mano enérgicamente, el rubio comprendió que allí eran mucho más cercanos, que no existía ese temor, ese protocolo, y por alguna razón le gustó que todos le diesen sus manos felices. Entonces Steve le llevó por detrás del poblado, donde todo el campo de flores, bosque y un cristalino riachuelo, Billy estaba absorto en tanta belleza, era un paraíso.

-Es como un sueño -musitó

-Ahora es tu hogar también -sonrió Steve -Bueno, aún no -rió -Pronto

-Lo espero con emoción -dijo besando la mano de Steve -Aunque me sorprenda

Steve rió, caminó hacia el río y se sentó, sacó sus sandalias y metió los pies, Billy le imitó.

-Tú no querer, ¿verdad?

-En mi tierra es raro, sí -rió Billy -Tanto que jamás se ha hecho

-Sé -rió Steve -Nosotros comercio con todo mundo, por eso hablar tu lengua, y saber que solo nosotros casar con hombre también

-Bueno, es una necesidad

Steve le miró extrañado.

-No, no ser, podríamos casar, tener hijos y viudos por siempre -habló tranquilo -Resto tribu no tener problemas y también casar con hombres, no ver problema, seguir reglas corazón

-Por eso.... ¿por eso tu padre no tiene esposo?

Steve asintió.

-Padre no encontrar hombre que amar, no casar con hombre, el casar con madre, nacer yo, luego casar con otra mujer, nacer Dustin

Así que era eso, ahora tenía sentido, Billy no había dejado de pensar que Dustin y Steve se llevaban muchos años, eran hermanos de sangre porque eran hijos directos del rey.

-Luego casar con Joyce, ella mujer viuda con dos hijos, mayor para concebir

Hermanos de corazón, madre de corazón, por supuesto, eran su familia porque se habían casado, pero no había sangre entre ellos, y como Joyce ya no podía quedar en cinta, no estaba amenazada por aquel mal que asolaba a la familia, pero sus hijos no eran del rey, no podía ser herederos.

-¿Y Lucas? -preguntó Billy curioso

-Es tradición rey tome en familia a huérfanos de la tribu

Hermanos de alma, ni lazos de sangre ni de matrimonio, un vínculo meramente espiritual y de amor. Era fascinante.

-Eso significa que cuando nos casemos, tú tendrás que desposar a otra mujer, ¿verdad?

-Sí, deber dar heredero a tribu -suspiró Steve -Tener problemas con eso

-¿Tienes problemas? Bueno, sí, a mí también me daría pena saber que con quién me case morirá

Steve negó.

-No, no ser eso, yo aceptar y tribu aceptar -murmuró -Es problema de... felicidad

Billy parpadeó pensativo, se veía que el joven no iba a ser más directo, ni más concreto, pero de repente una idea golpeó su cabeza como si le hubieran dado una pedrada.

-No te gustan -masculló pensativo -No hay ninguna mujer que te guste

-No burlar -dijo Steve lanzándole agua

-No me burlo -rió el rubio -Sólo me pregunto si yo te hago... feliz

Steve apartó la mirada totalmente avergonzado, no porque el rubio supiese que las mujeres no le excitaba, sino por su pregunta, se sentía incapaz de confesar la respuesta. Entonces sintió una mano en su espalda, recorría su columna, rodeaba sus hombros, hubo un beso en su brazo, otro en su hombro, en su cuello, Steve suspiró.

-Creo que es un sí -sonrió Billy en su oído -Me siento agradecido

La mano contraria de Billy tomó la mano de Steve, entrelazó sus dedos y besó sus nudillos, el moreno giró el rostro para verle, estaba a unos milímetros de él, sintió que no podía respirar, su corazón estaba alterado, el rubio tenía algo que le hacía perder la razón. Billy se acercó suavemente, sus frentes se unieron, sus narices se rozaron, y sus labios estaban casi unidos, dudó si hacerlo, tal vez se ofendería, pero quedó respondido cuando Steve acabó con esa ínfima distancia y le besó, fue suave, puro, dulce, solamente el toque de sus labios, pero era el mejor beso que jamás había tenido el rubio, y al fin lo entendió, entendió porque Steve le dijo que desposaban a hombres por amor, sí, podía sentirlo, acababa de conocerlo pero sentía que su corazón enloquecía, se podía amar a otro hombre, él sin duda estaba amando a Steve. Se separaron lentamente, como si no lo desearan, y no lo hacían, abrieron sus ojos verse el uno al otro, sus narices aún rozándose, Billy sonrió ampliamente con una pequeña risilla en el fondo de su garganta, Steve sonrió con sus mejillas sonrojadas, alzó su mano para acariciar la mejilla del rubio, quien cerró sus ojos suspirando ante el agradable tacto. Steve volvió a acercarse, esta vez el beso fue más íntimo, sus labios partidos siendo tomados en los contrarios, Billy acarició la cintura desnuda de Steve, pues la tela partía de su cadera, el moreno acarició su rostro hasta llegar a su cabello, hundió allí sus dedos acariciando su nuca, Billy tembló ante el gesto; sus manos se aferraron a la cintura con fuerza, el moreno se movió por el suelo, se alzó en sus rodillas, Billy lo cargó en su regazo, Steve le envolvió con sus piernas, no había deseo o furor en su tacto, ni en el beso, el cual se mantenía delicado, pero necesitaban estar en los brazos del otro.

-¿Feliz? -susurró Steve contra los labios de Billy

El rubio tenía ciertas dudas, el leve vocabulario de Steve hacía que surgiera una contradicción, no sabía si se refería a feliz o a "feliz", pero decidió que tal vez era demasiado pronto para esos temas, así que sonrió dulce y miró esos ojos chocolate.

-Inmensamente feliz

Aquel día se celebró una tranquila comida en la casa, únicamente la familia, mostraron a Billy sus mejores platos, los niños volvieron a interrogarlo, Jonathan le enseñó un juego de la tribu, Billy se rió como nunca. En la tarde el rey le enseñó las excavaciones de las que sacaban los minerales, todos los que habían, le enseñó también su lista de contactos de comercio, le mostró las cosas por las que los intercambiaron. En la noche se celebró una cena en el poblado, todas las casas sacaron sus mesas afuera creando así una enorme, se cocinaron en grandes fuegos, se lanzaron flores, y Billy apreció como aquella tribu, no sólo en el amor, no hacía ninguna distinción entre sexos: los hombres cocinaban, las mujeres cazaban, los hombres cargaban a los niños, las mujeres trabajaban en las excavaciones también, todo lo hacían juntos. Hubo bailes y música, les hicieron regalos por el enlace, el rey también repartió presentes entre su pueblo, todo el mundo hablaba con él, se sentía apreciado, más que en su propio reino seguro. En la noche Billy volvió a su dormitorio, riendo por el vino, se sentía pletórico, caminó hasta la cama y se dejó caer, hubiera quedado dormido al instante si no fuera por la puerta que se abrió, Steve entró lentamente, caminó con cautela hacia la cómoda tomando unas ropas blancas, entonces Billy se dio cuenta de que no había inspeccionado la habitación.

-Sólo hay tres habitaciones en la casa -musitó Billy -Uno para el rey y la reina.... ¿otro para los menores? ¿uno para tu hermano? Otro para ti

-Parecía más apropiado -dijo acercándose a la cama -Este será tu dormitorio también

Billy se incorporó y tomó la tela que Steve le tendía, era un camisón suave y fino, Billy sacó sus sandalias y se incorporó bajo la atenta mirada de Steve, bajó los pantalones lentamente quedando en calzones frente a él, esta vez el moreno no apartó la mirada sino que siguió sus movimientos atentamente, Billy tomó el camisón.

-Es curioso que vistáis más ropa al dormir que al salir

Steve negó acariciando la tela.

-No vestimos cuando dormir -susurró -Pero tú sí, pensé que estar más cómodo

El rubio rió, así que Steve había conseguido camisones para él, por su comodidad, por su costumbre, era tan malditamente adorable. Dejó el camisón de nuevo en manos del moreno con una sonrisa para que no se sintiera ofendido, sino al revés, él iba a respetar sus costumbres, al fin y al cabo estaba en calzones, no era totalmente desnudo, levantó las finas sábanas de algodón, se tumbó bajo ellas y cubrió su cuerpo hasta la cintura. Steve le miraba fijamente, abrió el cinturón lentamente, lo retiró y dejó caer la tela, no estaba desnudo bajo ella, una tela envolvía su cadera cubriendo su entrepierna, era algo curioso pero ingenioso; levantó la sábana y se coló bajo ella tumbándose en el lado contrario a Billy, el rubio le miró algo sorprendido, aquel era su dormitorio, sí, pero no esperaba aquello, pensó que Steve le daría el camisón y ya, pero ahí estaba, tumbado sobre su costado, mirándole.

-Supongo que tampoco tenéis esos problemas de compartir lecho y demás

-¿Problemas de compartir lecho?

-Sí, la pareja prometida no duerme junta hasta después de la boda, para asegurar la pureza

-¿Pureza?

-Cuando es la primera vez de las damas y sangran porque pierden...

Steve estaba riendo bajito, Billy se sorprendió, se imaginó que sus pensamientos debían verse ridículos para el moreno, sus culturas eran tan alejadas.

-No haber dama -rió Steve -No haber pureza que proteger

Billy rió, era verdad, eran ambos hombres, técnicamente no se podía aplicar tal regla.

-¿Entonces dormirás esta noche conmigo? -sonrió acariciando su mejilla

Steve se movió hasta acercarse a él, acunó el rostro de Billy, aproximó aún más su rostro, sus narices tocándose.

-Si tú deseas

-Hay muchas cosas que deseo

-Haré todas

Billy cerró la distancia en esta ocasión, tomó la boca de Steve con deseo, lamió su boca, el moreno dejó que colara la lengua en su boca, mordieron sus labios con ansias. Steve se movió hacia él y se alzó para sentarse encima de Billy, como en el río, pero se presionaban mucho más cerca, se tocaban con más fuerza.

-Feliz -respiró Steve en su boca

-¿Feliz o feliz-feliz?

Steve rió, tomó la mano de Billy de su cintura, la besó y la llevó entre ellos dos, el rubio notó la entrepierna del moreno contra su mano.

-Oh, feliz-feliz -dijo sorprendido

Steve volvió a reír, Billy rió junto a él, se miraron a los ojos, parecía haber una pregunta en los ojos del rubio, Steve asintió y volvieron a besarse, sus manos fogosas, sus bocas devorándose. Billy sintió su corazón alterarse por su "princesa".