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Tanto Albus Dumbledore como Minerva McGonagall habían tenido un día realmente agotador y estresante. Pero jugar al ajedrez los había relajado durante un hora.
Albus, no estaba realmente concentrado en el juego. Había pasado algunos minutos admirando la bella criatura que tenía ante sus ojos, su querida Minerva.
Amaba verla sonreír cada vez que le ganaba. Soñaba todas las noches con sus hermosos ojos verdes esmeralda. Soñaba con poder pasar sus dedos con los dedos delicados de Minerva. En pocas palabras, para Albus, Minerva era verdaderamente una diosa, tanto físicamente como mentalmente. No entendía como algunas veces Minerva decía que no era lo suficientemente atractiva para ser amada por alguien. Varias veces, Albus deseaba callar el silencio, y decirle cuán hermosa era, y como había estado enamorado de ella secretamente durante varios años, posiblemente desde que ella había comenzado a enseñar en Hogwarts.
Albus estaba perdido en sus pensamientos, que no notó que Minerva se había dado cuenta de que no le quitaba la vista.
—¿Albus?—preguntó Minerva arqueando una ceja.
—¿Sí querida?—dijo Albus con una voz delicada ante la bruja que amaba.
—Por favor, deja de mirarme tanto—murmuró Minerva, sus mejillas se estaban poniendo rojizas ante sus pensamientos. Había admirado y amado ante este mago, pero no estaba segura de confesar sus sentimientos ante el miedo de que eso acabará con su amistad.
Albus se sintió avergonzado por su acto, pero empezó a sonreír por las rojizas mejillas de Minerva.
—Perdoname querida, es que mi vista ama ver bellezas adorables—dinero Albus juguetón, con una tierna sonrisa.
Minerva, pensó en ignorar el comentario por miedo de que solo fuese una broma. Después de todo, Albus era muy conocido por ser bastante bromista y a veces sarcástico.
Pero por otro lado, realmente deseaba de que Albus estaba siendo sincero y tierno, y esa parte de él era lo que más amaba.
—No solo porque te amo, significa que voy a creer que también me amas—dijo melosamente Minerva sin pensarlo. Solo cuando acabó la frase, se dio cuenta de sus palabras.
Albus se sonrojó, y no pudo evitar sonreír de alegría. Mientras que Minerva, avergonzada e incluso herida de lo que pudiese causar su comentario tenía la cabeza baja
—..¿Me amas?..._
Miro a Minerva, con la cabeza todavía mirando al suelo.
—Perdón por la posible tontería que dije, Albus. Es que realmente ese tipo de comentarios no son difíciles de escuchar para mí.
Albus estaba sorprendido. ¿Acaso nadie antes le había comentado sobre lo hermosa que era, con sus bellos ojos verdes, cabello acechaba y personalidad fuerte y tierna?. Pero lo primero que le dijo le hizo cuestionar más.
—Minerva, ¿Por qué es una tontería de que me amas?.
—Albus, por favor. Deja de burlarte de mí, decir que soy atractiva es más difícil de creer que tú dejes de darle tantos puntos a Gryffindor sin razón alguna.
Albus arqueó una ceja, y sintió su coraje y valentía para confesar sus sentimientos.
—Te dije que eres hermosa, porque es lo pienso yo. No sé si tú lo ves así, pero para mí eres la persona más hermosa y especial que pueda existir. Y también es algo que me hace amarte.
Los ojos de Minerva, saltaron de alegría notable. Cada vez menos bromista, y cada vez más sincero.
—Nunca pensé que me pudieses amar…
—Minerva...de verdad te amo—dijo sususramente Albus, acercándose más a ella. La levantó, y sus manos pasaron delicadamente hacia las de ella.
—Yo...también te amo, Albus…
El resto del mundo ya no existía para ellos. No existía ningún problema, desastre o guerra que los hicieran echar para atrás. Sus miradas estaban y solo estaban al otro. Y en momento decisivo dónde por fin pudieron decir sus sentimientos, se besaron apasionadamente.
Su primer beso, el primer beso de muchos más.
FIN
