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Bruno abrió el whatsapp, alzando una ceja y esbozando el inicio de una sonrisa al ver la foto que le había mandado Pol. En ella se veía en primer plano una rosa roja con una espiga dorada. Por las estanterías abarrotadas de libros que se veían al fondo, Bruno podía deducir que Pol por fin se había movido del sofá y dirigido a la habitación del piso que servía como despacho para ponerse a corregir los exámenes sobre los que había estado refunfuñando desde que había entrado por la puerta de casa. Por eso y porque la rosa había estado encima de su mesa cuando él se había marchado camino del Romera.
- Y esto tío????!!!- apareció después en la pantalla.
- Por la pinta parece una rosa- escribió Bruno, afilando la sonrisa.
- Ja. Ja. Muy gracioso
- No sé, te estabas quejando el otro día de que no veías y necesitabas gafas nuevas. Lo mismo estás completamente cegato.
- Brunooo…
- Poool…
El móvil se puso a sonar, haciendo que Bruno sonriera aún más.
- Ey- descolgó mientras salía de la zona de sonido. Todavía faltaban diez minutos para que empezara el ensayo así que tenía tiempo.
- Brunete- Bruno podía oír la sonrisa de Pol.
- Chulito- replicó sonriendo aún más.
- ¿No habíamos dicho de no regalarnos nada?- Pol sonó divertido.
- Habíamos dicho de no comprarnos libros porque estamos a final de mes y sin un duro- replicó Bruno- Nadie dijo nada de rosas.
Una carcajada le llegó del otro lado del teléfono haciendo que Bruno sonriera de oreja a oreja mientras se apoyaba en la pared del pasillo.
- Qué morro tienes, tío- se quejó Pol entre risas- Y ahora yo si no te doy algo quedo fatal.
Bruno puso los ojos en blanco. Filósofos, no podían dejar las cosas como están, no. Tenían que darle vueltas.
- Pol, es Sant Jordi. Me apetecía regalarte una rosa. Ya está- suspiró el moreno- No te rayes que nos conocemos.
- Vale- Pol se rindió haciendo que Bruno alzara una ceja. Había sido demasiado fácil- Pero al menos podré agradecértelo, ¿no?
- Sí, cuando vuelva de currar. Si no te has dormido…- rio Bruno.- Que la edad se va notando, abuelete. Como se nota que este año cumples treinta.
- ¡Oye!.- Pol sonó indignado- A ver si al final en vez de agradecértelo, duermes en el sofá.
Bruno se echó a reír, pero antes de que pudiera contestar uno de sus compañeros se acercó hasta él.
- Bruno, te están buscando en la entrada. Algo de tu abuela.
Bruno suspiró, asintiendo y le dio las gracias antes de volver su atención al móvil.
- Oye tío, te tengo que dejar. No sé qué movida pasa con mi abuela, pero me necesitan.
- Vale, ya lo hablamos luego. Que te sea leve lo que haya liado la Calduch.
- Te veo luego.
Tras despedirse Bruno colgó y se metió el móvil en el bolsillo mientras miraba la hora, quedaba poco más de cinco minutos antes de empezar y su abuela estaba liándola. Por suerte era la gran Calduch y el teatro solía tener mucha manga ancha con ella, aunque no le hiciera gracia que fuera mandando a todo el que se pusiera por delante.
(Por suerte esa manía de mandar de su abuela se extendía a todo el Romera y no sólo a él. Lo que menos necesitaba Bruno es que encima se le conociera también por eso).
Al llegar al vestíbulo, frunció el ceño mirando alrededor. El vestíbulo estaba vacío sin rastro de su abuela ni de nadie más. Encogiéndose de hombros se adentró en dirección a las taquillas a ver si ellos sabían que pasaba. Si fuera por él se volvería a su trabajo, pero si de verdad estaba su abuela en uno de sus ataques de diva lo mejor para cortarlo de raíz era que no pensara que la estaban ignorando.
- Laia, Arnau. ¿Habéis visto a la Calduch? Me ha dicho Jordi que me buscaban por aquí.
- La he visto salir por la salida de emergencia. Imagino que iba a fumar- la chica se encogió de hombros.- Pero aquí fuera hay un chico preguntando por ti.
Bruno miró hacia el cristal que separaba las taquillas de la cara y vio una cara familiar. Suspirando, dio las gracias a sus compañeros y se encaminó a la puerta de la calle.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó al abrir la puerta y encaminándose hacia Pol- ¿No estabas en casa corrigiendo?
- Estaba y ahora me volveré- Pol se dirigió a él con las manos a la espalda y una sonrisa de pillo en los labios- Pero antes tenía que hacer otra cosa.
El castaño sacó las manos mostrando una rosa con su correspondiente espiga.
- Antes de que digas nada, no es la tuya- dijo Pol.
- No soy tan mal pensado- Bruno esbozó una sonrisa socarrona- Y el envoltorio es diferente.
Pol rio mientras Bruno cogía la rosa.
- ¿Sabes que no hacía falta, no?- la sonrisa de Bruno se fue suavizando por momentos.
- Ya- Pol se acercó hasta él-Pero mi marido ha tenido el detalle de regalarme una y he dicho. ¿Por qué no? Es el día de los enamorados. Si hay un día para ser moñas es hoy.
En vez de responderle, Bruno le agarró de la camiseta con la mano que tenía libre y tiró de él para besarle con fuerza.
- Feliz Sant Jordi- dijo Pol tras separarse, acariciándole la mejilla con el pulgar.- Te quiero mucho, Brunete.
- Y yo a ti, chulito- Bruno volvió a besarle, antes de separarse y juntar sus frentes- Tengo que volver.
- Y yo, si no corrijo los exámenes los de segundo de bachillerato me van a matar- rio Pol- Tienen la selectividad demasiado cerca y están inaguantables.
- El deber es el deber- el moreno le dio un último beso rápido- ¿te veo luego?
- Claro, tendremos que celebrar- Pol le miró con su sonrisa pícara y las cejas levantadas.- Aunque cuando llegues ya no sea Sant Jordi.
- Algo se nos ocurrirá- Bruno se encogió de hombros- Hasta luego chulito.
- Adiós Brunete.
Negando con la cabeza Bruno volvió de vuelta al trabajo, la rosa en su mano arrancándole otra sonrisa.
