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El paso del tiempo conllevó problemas; conflictos que otrora serían motivo de bromas y no de señalamientos.
Y es que conforme Mob creció, Reigen atestiguó un aumento en cuanto a miradas reprochadoras y cejas alzadas en cuanto él coloca una mano sobre el hombro de su discípulo, incluso si sólo lo está guiando al puesto de soba o ramen más cercano en lo que el aún adolescente le relata con base en frases cortas acerca de sus días en la universidad.
O, tal vez, se trata de paranoia, puesto que los vecinos y lugareños de Seasoning City ni siquiera tienen el sentido común suficiente para dilucidar que si Shigeo se traslada cada fin de semana a su urbe natal no es sólo porque extrañe a su familia, sino con el fin de encontrarse con su antiguo maestro y actual pareja.
Asimismo, por simple nostalgia, Kageyama auxilia a resolver algunos casos psíquicos, si bien Serizawa es más que capaz de hacerle frente a los espíritus que usualmente acechan a los clientes.
—Takane-san me envío una postal. — Acota el menor con simpleza, con una leve sonrisa en el rostro por haber hecho las paces con quién fuese su primer amor.
Reigen aspira y guarda un breve silencio, para después preguntarle a su ex-pupilo cómo le hace sentir aquello, dado que Mob parecía bastante alicaído tras que la fémina le solicitase un tiempo de sus escasas cartas y mensajes telefónicos. Lo cual, al grandioso masajista le parece congruente, dado la elección final del corazón del gentil muchacho.
—Noventa por ciento de gratitud. — responde Shigeo, quién trata de acostumbrarse a racionalizar y expresar su sentir en porcentajes, dado que los años han traído consigo novedosas y múltiples emociones, así como un abrumador incremento de sus poderes psíquicos—. Ella te envía saludos, maestro.
—Es una buena chica. —Expresa el adulto, llevándose las manos a los bolsillos y encogiendo los hombros. Además, se aparta algunos centímetros de su acompañante, debido a que algunos vecinos de la familia Kageyama pasan y saludan con entusiasmo al chico. —Ayer. —Carraspea, y realiza el amago de llevarse un imaginario cigarro a los labios—Kurata casi quema la oficina con su nuevo detector de ondas espirituales…
El blondo varón alza levemente la voz, lo que extraña a Shigeo y lo convence de acortar la distancia entre ellos, a la par que escucha cómo su antigua presidenta del club de telepatía se encuentra decidida a demostrar la existencia de lo paranormal a tal grado que Japón considere sumar un departamento federal al respecto, con ella a cargo.
—El maestro continúa siendo una buena persona. — afirma Mob, de la aparente nada y descolocando al mayor.
Acto seguido, el joven alza su brazo con el fin de aprehender al rubio, en una muda petición para detener aquél andar y el juego de apariencias y diálogos mundanos. Arataka obedece y se rasca nerviosamente la cabeza ante la incandescente mirada de su discípulo, el cual todavía no le alcanza en estatura mas su brillante aura le deslumbra de inconcebible forma.
Entonces, el fraudulento psíquico se pregunta —no por primera vez— cómo fue que nació aquél intenso vínculo entre ellos.
¿Acaso él lo forzó?
Después de todo, utilizó a Mob como la llave para escapar de su monótona existencia. Y es que antes de Shigeo: la realidad ni siquiera era a blanco y negro, el cosmos entero era de un gris enfermizo como la ceniza de los pitillos y él estaba convencido de que viviría y encontraría su fin en la monocromía.
Reigen agonizaba en anodina y taciturna cotidianeidad cuando Shigeo arribó a su universo, llevando consigo su valioso corazón anegado de incertidumbre.
En aquél instante el mayor deseó ser el adulto responsable y maduro que se suponía debía ser para así guiar a aquél infante a encontrar su lugar. Si bien, no hizo falta. Mob construyó su mundo gracias a su natural amabilidad y principios; él sólo fue un espectador de su abismal crecimiento y madurez.
En otras palabras, Reigen se siente lejano a merecer la admiración con la que le contempla Shigeo al tiempo que le ofrece su trémula mano.
Una invitación a caminar juntos.
Juntos.
Como han decidido permanecer desde el Incidente Pimienta, en el que un violento esper emergió y amenazó con arrebatar la vida de la persona más preciada para Shigeo y éste no dudó ni un segundo sobre que iría tras Reigen. Sin embargo, aquél usuario fragoquinético—capaz de destruir objetos con el pensamiento— tenía como objetivo a Tsubomi-chan, la cual finalmente lo derrotó.
En aquél momento, la fémina comprendió.
También Arataka-san, para quién fue toda una sorpresa cuando Mob irrumpió en su oficina con el propósito de salvaguardarle a la par que le confesaba sus sentimientos, en un modo bastante directo y torpe al que no fue capaz de corresponder, dado que Shigeo es también su persona más preciada en aquella vida y probablemente en otras más.
Aunque, no lo merece.
Reigen experimenta la sensación de ser un total fraude al sostener la pegajosa mano del alterado adolescente, el cual intenta mantenerse bien erguido para hacer notar los centímetros de estatura que ha conseguido obtener tras sumos esfuerzos en el Club de Fisicoculturismo tanto de su escuela secundaria como de la universidad en la capital.
Caminan.
En silencio y tomados de la mano.
El blondo oficinista otea de reojo a su acompañante, deleitándose con la visión de sus ruborizadas mejillas, la ilusión en sus usualmente apagadas orbes y el sudor que le desciende por la frente. Todo un espectáculo de adolescente enamorado; prendado de alguien que ni en mil años podría estar a su altura y lo demuestra tropezándose con estrépito.
Por supuesto, el actual jefe de Serizawa jamás toca el suelo porque su ex-aprendiz lo detiene con su inherente telequinesis. Reigen exhala con pesadez, debido a que Mob podría conquistar el mundo si se lo propusiera y, en cambio, ha decidido que anhela conquistar el corazón que ya le pertenece desde tiempo atrás.
—¿Quiere que lo lleve, maestro? — Propone el menor, concerniente de las horas que el adulto invierte en la semana para abarcar todos los casos que se presentan en la oficina de investigación paranormal—. No sería problema alguno— Puntualiza con apacibilidad, sumando mentalmente la duración de las jornadas de Reigen.
—No soy tan viejo para eso, Mob. — Rebate el inteligente varón, acomodándose el cabello y mirando a su alrededor.
Es ahí cuando se percata de lo próximo que se encuentra a su ex-discípulo, el chico que con su sola existencia lo impulsa a ser la mejor versión de sí mismo.
Amor, así podría definirse lo que experimenta por Kageyama.
Un enamoramiento digno de cualquier novela épica y mejor aún, por el simple hecho de ser apasionadamente correspondido.
—Hmm. —Inquieto, Arataka masculla una tonta idea que ha suplantado por completo a las dudas y el hormigueo de la planificación se expande por su cuerpo—. Cierra los ojos, Shigeo…
Solicita y el menor asiente, por lo que conforme Mob obtura sus párpados: los pétalos y hojas sueltas a su alrededor principian a elevarse, creando hipnotizantes remolinos. El joven aspira, pierde el aliento y la atmosfera late como su propio corazón al apreciar el afectuoso contacto del dorso de la mano de Reigen en contra de su pómulo.
—Quiero besarte. — Externa el blondo profesionista, maravillándose de la fehaciente confianza que el hermano de Ritsu deposita en él, —¿puedo hacerlo?
—S-sí— La voz de Mob es decidida, pese a su leve tartamudeo y alza el rostro, facilitándole el aproximamiento a su pareja.
Crecientes luces se originan alrededor de la pareja, para después ascender al firmamento y explotar en coloridos fuegos artificiales en el momento exacto en el que Reigen se enlaza a los labios de su ex-aprendiz, del niño que vio crecer y lo ha escogido a él —¡a él! — como su compañero de vida, su persona más preciada, su pareja.
¡A él!
Incluso si la diferencia de edad está en su contra, también sus personalidades y las vidas separadas que se encuentran construyendo.
El blondo se apega a su futuro amante al sentir que ascienden —literalmente— al igual que algunas bancas y semáforos. Es más, se ciñe a Shigeo que gime quedito, labio contra labio, invitándole a perder el autocontrol que Arataka se obliga a mantener por el bien del inexperimentado varón en sus brazos.
Es así que el ósculo se mantiene lo suficientemente calmo y suave como para confirmarle a Mob que el mundo fue hecho para los dos. Cuando el ínfimo beso finiquita, el menor se refugia en el pecho de Reigen, quién lo estrecha con afecto, resultándole inevitable sonreír pese al peligro que corren al situarse algunos metros sobre el suelo.
—Mob, estamos flotando. — advierte el adulto, en tono risueño porque la escena le recuerda al juego de los Sims y puede que más tarde se lo comente a Hoyuelo.
—Lo siento. — exclama Kageyama y aspira profusamente para así descender —. Yo…— Pronto, es silenciado por otro beso, esta vez en su mejilla que de inmediato se tiñe de violento carmesí.
Las lámparas titilan a su alrededor y explotan cuando el joven se alza de puntillas y roba un breve ósculo de labios de su pareja, a quien extraña demasiado durante su semana escolar. El suelo tiembla y el cabello de Shigeo se alza por unos segundos antes que por voluntad propia él se separe del embelesado rubio.
—¿Por qué yo. Mob? — Reigen permite a sus pensamientos canalizarse a su ansiosa boca, optando por hablar en lugar de seguir destruyendo la rivera —. Sería más correcto para ti estar con… alguien de tu edad— a último momento cambia el tradicional: “con una chica” porque es bastante anticuado, especialmente si se toma en cuenta que Teru podría ser una opción.
—Papá le lleva diez años a mamá. — Enuncia Shigeo con una leve sonrisa, debido a que Arataka no le ha soltado de la mano en ningún momento—. Además, sólo con el maestro: me siento así— Determina y se lleva una mano al pecho de dónde extrae una luminosa esfera con su sentir y se la ofrece al mayor.
Reigen parpadea, él es más que consciente del incremento de las capacidades psíquicas de su pareja pero aquél acto le resulta inesperado. Sin embargo, acepta cobijar aquél orbe en la palma de su mano y así apreciar los sentimientos de Mob, tan cálidos y melifluos que acallan sus propias inseguridades y temores.
—No vas a ser popular si tu novio es un viejo— Contraataca el de claros cabellos, fascinado por la pureza de los sentimientos del muchacho. Tanto que sus palabras contradicen a la felicidad inscrita en su rostro, la cual permanece aún si la etérea representación emocional se disipa en cuestión de segundos.
—No importa. —El menor gira su cabeza, haciendo más notable su particular y típico corte de cabello. —Amo a Reigen-san— asegura y su honestidad es recompensada con una reiteración verbal por parte del blondo, el cual se contiene para no extender sus manifestaciones de afecto al ámbito físico.
Al menos, no cuando ya han dañado suficiente la propiedad pública.
—Bien, tienes un novio viejo y hambriento. — Asegura el blondo con media sonrisa—y a esta hora, estoy seguro que ya se terminó todo el buen ramen, así que sólo nos queda comprar un poco de takoyaki para comerlo en casa— Propone, a sabiendas que tal platillo es uno de los predilectos del muchacho.
—Me gusta más el takoyaki que el ramen. — Acota Mob, a lo que su acompañante ríe, no por aquellas palabras sino porque nunca imaginó ser tan feliz como lo es en aquél momento.
Y también como es la población de Seasoning City, sobre quiénes llueven gotas de luz que los hacen experimentar la felicidad del más poderoso esper del planeta en aquél infinito instante.
