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Language:
Español
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Published:
2021-05-18
Words:
2,989
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1/1
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2
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13
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141

Habitual vs Especial

Summary:

Jyushi se creía acostumbrado al contacto físico con otros por todo lo que llega a hacer en el escenario, pero se da cuenta de que hay una excepción que lo pone nervioso.

Work Text:

Aunque el Jyushi del escenario sea como una persona completamente distinta, es bastante consciente de lo que hace, incluso si hay cosas de las que sería incapaz si las intentase con la personalidad opuesta. No es algo que piense a menudo, ya se ha convertido en un detalle casi natural de sí mismo como para estar dándole vueltas. Si debe ser genial, el alter ego se hace cargo; para todo lo demás, su propio ser.

Todo depende de las cualidades que requiera algún momento o con qué faceta se sienta más cómodo, pero, de cierto modo, guardan coherencia entre sí. A pesar de tratarse por separado por lo general, siguen siendo las caras con las que él enfrenta al mundo, así que es fiel a sí mismo sea como sea.

Con su banda, está más que acostumbrado a tener acercamientos que provocan gritos. Esa es justamente la idea. Desde antes de crearla, ha sido consciente de que el fanservice es inevitable, por lo que no es algo que de verdad le cause problemas. Olvida el pudor y los nervios al volverse el artista. Desde manos que vagan en otros cuerpos hasta labios que nunca sabrán si se rozaron o no, planeado por ellos mismos o sugerido por el staff, todo lo hace sin titubear. Tras bambalinas, todavía se pega a ellos y hasta podría besar alguna mejilla, solo que con la inocencia que es más característica suya.

Haber tenido que aceptar esos actos como parte del espectáculo lo ha habituado al contacto físico hasta cierto punto. No tiene muchos miramientos para agarrar a alguien más en situaciones donde sus manos actúan a mayor velocidad que su consciencia, como esconderse detrás de la persona más cercana al asustarse o zarandear a otro por lo que sea que intente llamarle la atención. Es un poco más precavido dejándose tocar, pero no hay inconvenientes mientras haya confianza.

De lo que ha tenido que hacer con tal de enloquecer a los fans, besar fue lo que le pesó en un inicio y solo porque así tuvo el primero. No tardó mucho en superarlo, sin embargo; una actuación para un video no tendría que contar realmente para cuando se hable del contexto romántico. Al ser una acción muy infrecuente, no le da demasiada importancia. Si le sale dar un beso —o acaba chocando los labios sin querer en lo que debía quedarse como una insinuación, que es lo más usual—, lo hará. Después de un debut, repetir no es complicado. También puede bromear con que solo su yo músico es el experimentado.

Si no se trata de alguno de sus compañeros de la banda, con quienes el toqueteo termina mezclándose dentro de su rutina, aún puede pensar en algunas personas más con las que ser cariñoso de esa forma no resulta incómodo —con sus límites, claro—. Abrazaría a cualquier miembro de su círculo cercano, al igual que jugaría con el cabello de todo aquel que no se moleste por despeinarse o algo por el estilo. Siempre está dispuesto a maquillar a quien lo quiera, también a hacerle la manicura. Usar un regazo como almohada tampoco le parece escandaloso, a menos que se quede dormido, entonces se avergonzaría. Tomar manos dependería del motivo. Besar...

Últimamente, ha presentado dificultades al pensar en esos casos imaginarios. A veces le preocupa estarse volviendo un desvergonzado por la costumbre del escenario, así que no es raro que escoja a una persona aleatoria y determine qué sería capaz de hacer con ella. Con la mayoría es muy sencillo descartar lo más íntimo, e incluso así podría abrir un paréntesis para aclarar que accedería si actuasen o si los retasen en alguna dinámica; con otros, llega a reír al considerar imposible que le permitieran proceder de buena gana. Lo que empieza como una introspección suele terminar como un juego consigo mismo, solo que hay alguien en específico que le complica llegar al final.

A pesar de conocerlo desde muy poco antes del tiempo más oscuro de su vida, es inusual que use a Hitoya como referencia para esto. Suele ceñirse a gente alrededor de su edad, pero se queda sin opciones y remueve las restricciones. Ni siquiera así llega rápido su turno. Su mánager, los estilistas, otros músicos o artistas que han conocido en presentaciones, incluso personas aleatorias imaginarias pasan por el filtro primero. Puede que lo obviara por tener bastante claro lo que hace o no con él al ser alguien que ve a menudo, o al menos creía que eso estaba establecido.

La formación de Bad Ass Temple ha incrementado la frecuencia en que se ven, lo que significa también un aumento en el tipo de interacciones que comparten. Paseos a pie o en su moto han estado desde hace años, al igual que las visitas, pero hay algo en entrenar para un mismo objetivo que se siente como si fueran más cercanos que nunca, incluso si ahora Kuukou se suma a varios de sus encuentros al ser quien decidió que serían familia hasta el final. Quizás todo sea efecto de ese nuevo título.

La música ha estado presente desde que su vínculo pasó a ser mayor que el de un abogado y su defendido, aun así, por su carrera es un tema que suele centrarse más en él que en Hitoya, por lo que rapear le da una nueva perspectiva de su estilo junto a muchas oportunidades de atestiguar cómo se desenvuelve con ritmo de por medio. Lo usual era solo verlo tocar la guitarra o que colocase alguno de sus discos favoritos; su voz y los pasos de baile ocasionales son una grata novedad. Los estragos que han ocasionado en él son tema aparte.

Sus movimientos a veces implantan una idea bastante directa en su mente: bailar juntos. Es un punto que, si lo piensa, puede agregar a su juego de escenarios de contacto físico, así que lo ha hecho. Desvíos así suelen ocurrir cuando trata de imaginar un caso con Hitoya o si una cosa que hagan lo inspira, entonces nunca aclara si lo haría o no de ser él la otra persona. En cuanto al resto, la respuesta es sí si es una coreografía o una improvisación donde estén cerca más que tocarse, y los depende aparecen si hay que pegarse más de lo promedio.

Probablemente, la acción que es inevitable al menos pensar claro que lo hago es abrazarlo. Remonta de tiempos que mojan su rostro de lágrimas, pero es de esas cosas que solo le nacen hacer. Sacudirlo por los hombros o solo tomarlos, sea cual sea el motivo, es otro par que sale antes de siquiera ser consciente de ello. La excepción donde le toca controlarse y no más agarrarse de la pieza designada para aquello es sostenerse de él al ir en moto, aunque cada vez le pican más las ganas; debe recordar que podrían golpearse con los cascos si se acerca demasiado para resistir probar ese contacto.

En general, si se mentaliza que solo es por el espectáculo o que no hay nada serio en ello, podría hacer casi de todo con cualquiera, mas no se siente seguro de la afirmación cuando Hitoya es el sujeto del supuesto escenario. Es confuso, se supone que es en quien más confía, pero su corazón se acelera con la mínima insinuación que su mente se atreva a mostrarle de sus rostros a escasos centímetros o sus manos yendo a zonas donde no suelen posarse.

Lleva un tiempo siendo así. No es posible frenar todo lo que circula por su cabeza, así que hay ocasiones en las que siente cierto nerviosismo por las ideas que se le vienen cuando lo ve a los ojos de cerca o si sus manos chocan por accidente. ¿Por qué solo con él le preocupa la posibilidad de que sus palmas estén sudando? ¿Cómo es que tan solo pensar en besar su pómulo le da la sensación de que los suyos arden?

Todo es mejor reprimiendo esas fantasías, solo que se está volviendo cada vez más complicado mantenerlas a raya. Aún puede desviar su juego a otros, negarse a tomarlo en consideración ahí; ¿qué hay de la repentina voz que le susurra preguntas como si tendría que rechazar un beso si estuviera fumando? Ha conocido a más personas cuyos labios seguramente sabrían a tabaco y no duda en marcar una equis al lado de sus nombres en su lista imaginaria, entonces no le halla sentido a que sea distinto con Hitoya.

Se va presentando en momentos más aleatorios, como cuando en el descanso de un ensayo de la banda se les ocurre jugar a pasarse barajas de boca en boca y Jyushi casi pierde por ocurrírsele lo que sucedería si se le llegase a caer la carta estando a punto de dársela a Hitoya. Ver una caja de Pocky también dispara imágenes similares.

Cuando cree que puede relajarse porque la mayoría de los casos son en torno a los besos —que no deberían ser la gran cosa, tal como el resto, pero la situación parece querer decirle que realmente no lo ha aceptado del todo así—, los abrazos a los que estaba tan acostumbrado se unen a los detonantes. Le provoca llorar, lo resiste. No es tan ciego como para desconocer qué origina todos esos síntomas. Imaginaciones, pálpitos, emoción, subidones de temperatura. Es imposible negar que el motivo por el que ahora hasta el contacto más inofensivo alimenta sus ansias —por más, por volver reales las escenas en su mente, por temer que no hay forma de que acceda de veras y que de juego lo ilusione hasta quebrarse en silencio, a solas— es que Hitoya le gusta.

Es mucho más obvio cuando sus fantasías suben de nivel repentinamente, obteniendo un adjetivo tan escandaloso como le avergüenza pensar que llegaría a ser si las realizara. Con solo su propia mitad factible, debe mantener a Amanda guardada y saber que nadie más estará en casa pronto para hacerlo con relativa tranquilidad. Ni siquiera debe evaluarlo, no le permitiría a nadie más tocarlo con esa libertad ni le agrada la idea de él ser quien explore a cualquier otro. Solo admite a un conquistador, solo le interesa trazar el mapa de una única tierra celestial e infernal a la vez.

Le cuesta sostenerle la mirada si deben encontrarse muy poco después de alguna de las veces en que pone a sus dedos a hacer el trabajo privado. Eso, junto a sus intentos por evitar lo que sea que evoque sueños sin la necesidad de dormir, lo vuelve demasiado evidente.

—Jyushi, ¿hay algo mal que deba saber? —Ese día, a Kuukou se le ocurrió reunirse en el apartamento de Hitoya porque su padre le encargó entregarle algo. Aunque se negó por completo a usar los micrófonos dentro, les sirvió para estrechar sus lazos como equipo y nueva familia. Ahora que los ha dejado solos, no se iría de inmediato para disimular un poco, pero parece ser que ya ha sido descubierto.

—¿N-no? —Permanece sentado junto al posabrazos del sofá.

—¿Han vuelto a tratar de sabotear tus presentaciones o algo así?

—¡No! Todo va muy bien con la banda.

—Entonces —toma asiento a su lado—, ¿hice algo?

—No sé por qué lo crees, Hitoya-san. —Se apoya un poco más del espaldar.

—Has estado evasivo... y creo que es solo conmigo. Me hace pensar que hice algo.

—No has hecho nada malo. —Voltea a verlo, mas no dura mucho. Sus ojos vuelven a fijarse en sus manos en unos segundos, incapaces de seguir mirando a Hitoya tan de cerca, aun si mantiene su distancia—. Es solo... algo mío.

—Así que sí hay algo que anda mal.

—No tienes que preocuparte, no es nada grave.

—Es difícil no hacerlo si tu comportamiento cambia por eso.

—Uh... —Lleva sus pies sobre el sofá, por lo que abraza sus rodillas y descansa la cabeza sobre los antebrazos. Siente un pinchazo en el pecho apenas ve a Hitoya de reojo. Tratándose de alguien que ha visto lo peor de él, entiende que le intranquilice que algo afecte su forma de ser. Espera nunca tener que volver a mostrarle esa cara, pero de todos modos debería contarle lo que ocurre, sin importar que no sea tan grave—. Pensaba que ya me daba igual casi cualquier tipo de contacto físico porque el fanservice me ha acostumbrado a algunas cosas, pero no es así.

—Habías dicho que todo iba bien con la banda. —Frunce el ceño levemente.

—Porque no tiene que ver con la banda. —Sacude la cabeza, lento y breve—. Tengo miedo de que eso dañe algo que realmente atesoro.

—¿Cómo?

—Yo... —Comienza a sentirse nervioso. Abraza sus rodillas con más fuerza y clava la vista en la mesita frente a él—. He estado tratando de no tener tanto contacto físico porque últimamente me está... haciendo efectos.

—Así que por eso has estado evasivo. ¿Te incomoda? —Lo nota sentándose más derecho, manos sobre su regazo y no a cada lado. Le duele, aun si es una separación mínima. Es a quien más cerca quiere tener.

—Más que eso, temo incomodar yo.

—No me incomodas, Jyushi. Está bien.

—Es que... —lo mira y sonríe brevemente por sus palabras, pero pronto pierde el valor para darle la cara al haberlo gastado todo en tomar una de sus manos en la suya— quiero que sea más.

Esconde el rostro entre sus rodillas. No se atreve a ver su reacción, jamás se recuperaría si se encontrara con facciones de rechazo ahora mismo. No ha sido directo sobre sus sentimientos, pero esto debería bastar para que queden expuestos, ¿no? Prefiere darle tiempo para componerse y pensar en una negativa no muy hiriente. De seguro lloraría unas cuantas veces los próximos días, pero con suerte lograría superarlo para no estropearlo todo. No se perdonaría si esto acaba disolviendo al equipo por resultarle imposible seguir relacionándose con Hitoya sin partir más su corazón. De por sí, lo peor...

—¿Por qué estás llorando?

—Ah. —Lo de siempre. Antes de darse cuenta, ya hay lágrimas cayendo sin parar—. Es que ya no pude ocultarlo más y me puse a pensar que todo se echará a perder. Entenderé si crees que estoy confundiendo la admiración o el agradecimiento porque puede que antes haya sido solo eso, pero ha pasado el tiempo suficiente para darme muchas razones para ahora asegurar que me gustas, Hitoya-san. —Trata de ser lo más firme que puede con un nudo en la garganta y aún sin poder verlo—. No quería alejarme de ti, sino todo lo contrario.

—Jyushi, hay dos cosas que no me gustan. Una, que presuman cómo me siento sin saber y dos, que llores por algo que debería hacerte feliz.

—¿Eh? —Voltea apenas lo suficiente para verlo.

—Está bien ser precavido y actuar de cierta forma pensando en cómo podría reaccionar alguien más, pero no te adelantes a los hechos sin dejarme responder primero —explica, más calmado de lo que esperaría si acaba de exponer un par de disgustos—. Yo mismo pensé que te estabas distanciando de mí porque te había incomodado de una u otra forma.

—Nunca lo has hecho. Sigo sin entender por qué lo pensaste.

—Porque —de no ser por la presión de sus dedos entrelazándose, no se habría percatado de que no ha soltado su mano en todo este rato— yo también quiero más y no quería espantarte por eso.

Levanta la cabeza, ahora sí viéndolo de frente. Sus lágrimas han disminuido, su nariz a lo mejor está enrojecida y le ha quedado la boca entreabierta. Hitoya se acerca, extiende su mano libre para secar sus mejillas, la deja ahí más de lo que debería si solo hiciera eso. Su corazón acelera, tal vez el color en su rostro ya no sea por el llanto del que solo quedan las últimas gotas residuales. Detalla mejor al hombre a su lado así. Sus sonrisas, aun suaves, no tan grandes, son contagiosas, quizás por lo bien que sientan en facciones usualmente serias, hasta enfadadas. Su mirada irradia un cariño que nunca antes había transmitido con tal intensidad. No necesita que sea explícito al decir lo que siente si sus gestos hablan por sí solos. Quiere estar atento al instante en el que también se ruborice, aunque sea algo demasiado sutil.

—Hitoya-san, puedes acercarte todo lo que quieras. Quiero que lo hagas.

El mundo real puede ser tan fantástico como el imaginario, sobre todo si experimenta lo que solo creía posible en sus sueños. Ya conocía las manos no tan suaves, pero no sabía lo cálido que se sentiría al tenerlas a un lado de su cabeza y en su nuca, enredándose un poco con su cabello. A su vez, con sus propias manos libres, se acomoda mejor para aferrarse a sus bien conocidos hombros. Esos son solo los detalles que enmarcan al verdadero descubrimiento: ninguna aproximación según lo actuado se compara con cómo es besar porque es lo que desea hacer con quien genuinamente le provoca demostrarle de esa forma cuánto lo ha anhelado.

Lo repiten luego de mirarse a los ojos un par de segundos después del primero. Lo repiten de nuevo para profundizarlo despacio. Lo repiten hasta que sus respiraciones son más veloces y hasta que se desvían de a ratos a los alrededores de sus bocas e incluso un poquito más allá. Lo repiten sin ser del todo conscientes de cuándo sus posiciones pasaron a ser horizontales. Para cuando de detienen, sus labios son los hinchados en lugar de sus ojos, así como la rojez se concentra en sus mejillas, no en su nariz.

Quedarse dormido con alguien, fuera como fuera el contacto que compartieran, figuraba en su lista como algo que lo avergonzaría y, por lo tanto, solo sería un accidente. Si es con Hitoya, abrazar —y ser abrazado— en un sofá que les queda pequeño hasta dormirse es algo que, junto a las tantas cosas que pensaba imposibles, busca hacer más seguido a partir de hoy.