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El sol salía una vez más a iluminar ese día tan especial para Levi, quien comenzaba su primer día de clases en una escuela totalmente desconocida para él, tanto como aquella ciudad tan inmensa e inquieta, conocida como “La ciudad que nunca duerme”, sí era Nueva York.
Levi Ackerman un niño de 10 años que se había mudado hacía un mes de la ciudad de Sacramento (California) junto a su madre Kuchel Ackerman, quien por cuestiones de trabajo tuvo que trasladar su vida y la del pequeño Levi a la Gran Manzana, una oportunidad que no pudo rechazar ya que era la puerta de entrada a una mejor calidad de vida para ellos dos.
- Levi, cariño es hora de levantarse, llegarás tarde a tu primer día de escuela, y no quieres eso, ¿verdad? - Decía Kuchel mientras acariciaba la cabeza de su hijo.
- Mmm... Sí mamá- Respondió Levi somnoliento.
- Vístete que tu desayuno ya está esperando por ti- Anunció su madre caminando hacia la puerta.
- Ajam - Respondió él levantándose de su cama, listo para comenzar su día.
Levi tardó unos minutos en prepararse para asistir a la escuela, cepilló con extremo cuidado sus dientes, peinó su negro cabello y se vistió con su mejor ropa. Una vez listo, se dirigió a la cocina donde tomó su desayuno... mientras su madre revisaba que tuviera todo para su comienzo escolar.
Salieron a tomar el autobus que los llevaría a ambos a sus destinos. Kuchel acompañó a su pequeño al colegio, se aseguró que dejarlo en manos de su director quien lo llevaría a conocer su, ahora, nueva clase y se dirigió a su nuevo empleo.
Para Levi ese cambio fue muy grande y triste, ya que tuvo que dejar atrás a sus únicos y mejores amigos, Isabel y Farlan; a su tío Kenny que, si bien no era de lo más afectuoso del mundo, era la figura masculina que le enseñó a defenderse de forma física y verbal de todo aquel que pretendiera herirlo, siempre ganándose un regaño por parte de su hermana menor que no le agradaba que su niño crea que la violencia era la salida a todo problema que se le presentara. Pero ese día le había prometido a su madre que iba a portarse bien y no iba a darle ningún tipo de dolor de cabeza, allí ya no estaban sus cómplices de travesuras por lo que por el momento le iba a ser fácil no cometer ninguna diablura.
Sentado en la oficina del director, leía el nombre de aquel hombre, Kitz Weilman, un señor alto, de cabello pelirrojo, con barba y bigote y, con una expresión de “miedo” en su rostro que le causaba gracia a Levi ya que parecía que en cualquier momento se cagaría en sus pantalones.
- Levi Ackerman, vienes de Sacramento, California, ¿no es así? - Habló el director.
- Sí, aunque en realidad ahora vengo de mi casa, debe tomar un autobús y caminar un tiempo- Respondió Levi con tono de gracia en su voz.
- No te pases de listo niño, levántate, te llevaré a tu salón-
Salieron de la oficina y se dirigieron a lo que sería su nuevo espacio de aprendizaje, el director entró al salón, dentro estaba quien sería su nueva maestra, lo invitaron a pasar y lo presentaron:
- Bueno, niños, les presento a su nuevo compañero, ¿quieres decirles tu nombre y de dónde vienes? - Le preguntó su maestra.
- Soy Levi... Levi Ackerman... emm... y vengo de – quiso hacer la “broma” de la casa, pero Kitz le dio una mirada de “cállate y preséntate bien mocoso”-… California- finalizó.
- Muy bien Levi, yo soy Carly Startmann y seré tu nueva maestra, espero que te sientas cómodo y bienvenido, cualquier duda que tengas puedes decirme y te ayudaré, ¿de acuerdo? -
- Sí...- Asintió Levi mirando a quienes serían de ahora en más sus compañeros, pero sus ojos posaron en una mirada tan azul como el cielo de esa mañana, el dueño de ojos tan llamativos le sonrió de la forma más amistosa existente.
- Muy bien, por ser tu primer día aquí puedo sugerir que sientes con Erwin- se acercó hasta el pupitre del mencionado- él te ayudará con gusto a puedas conocer un poco el lugar, y con el tema que comenzamos a ver la semana pasada en caso de que en tu escuela anterior no lo hayan visto aún, claro que aquí estoy para ti si quieres que te lo enseñe yo, ¿sí? - Explico la Srta. Startmann.
Levi, nuevamente asintió con la sorpresa de que ese tal Erwin, era aquel niño que, con esa mirada azul profunda curiosamente llamó su atención minutos antes, se sentó a su lado y le dio una mirada de reojo.
La clase transcurrió sin problemas con un Levi atento a cada palabra de su maestra, suerte que el tema que estaban revisando, en su escuela anterior ya lo habían visto... No cruzó palabra alguna con ese niño Erwin hasta que sonó el timbre del receso.
- Oye, espera – le detuvo Erwin- lamento no haberme presentado bien antes, soy Erwin Smith... si quieres puedo enseñarte el patio, dónde están los baños, el comedor... -
- De acuerdo, iré contigo - Comentó Levi.
- Genial, primero iremos a conocer los baños, quiero ir- Sugirió el pequeño rubio.
Ambos niños recorrieron el edificio, con Erwin contando cómo eran las cosas allí, qué horarios tenían y cómo se llamaban sus compañeros, el día de Levi finalizó sin ninguna situación extraordinaria.
A la salida del colegio su madre lo esperaba con alegría en su rostro, Levi se despidió de Erwin con una mano saludándolo desde la distancia y el otro le dijo un “Nos vemos mañana Levi” junto con una amistosa sonrisa.
