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Mientras las estrellas brillen

Summary:

Versión en Inglés: https://archiveofourown.org/works/31765708/chapters/78631129

La lanza de agua apuntó directamente a su cuello, ante cada respiración que hacía podía sentir la punta afilada rozando su piel. Se negó a verlo, a reconocer su frágil estado.

―Lo preguntaré una vez más, camarada… ¿estás bien?

No, por supuesto que no, pero ¿qué más podía hacer? Solo le quedaba seguir adelante. Derrumbarse no era opción, no ganaría nada al hacerlo.
Sin embargo, a pesar de sus pensamiento, terminó acurrucada en los brazos de su supuesto enemigo y permitió que él limpiara sus lágrimas.

 

______
Luke y Viktor viajan a Liyue por una misión, sin embargo, ahí descubren que el 11vo Heraldo, Tartaglia pasa todas sus noches con la Heroína de Mondstadt, Lumine. Sin embargo, ¿realmente es una relación romántica?

Notes:

Creo que no he publicado un fic en los últimos tres años, así que estoy algo nerviosa.
Espero que lo disfruten. Aunque el título y el summary suenen un poco dramáticos, esta historia intentará ser animada y algo cómica.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Su señorita

Chapter Text

 

 

Cuando Viktor y Luke fueron asignados para a la misión de viajar a Liyue para notificarle al mismísimo Tartaglia la situación de Mondstadt, ambos pensaron que sería el mejor y peor escape de sus monótonas vidas en la ciudad de la libertad.

Tengan cuidado, eviten llamar la atención. En Liyue nos ven con malos ojos desde el incidente de Osial y no podemos permitir que nuestra reputación empeore, mucho menos por unos soldados de su categoría”. Fueron las instrucciones que recibieron de su General al mando.

Ninguno de los dos sabía exactamente qué pasó, la poca información que sabían era la divulgada de forma oficial por el Fatui “ Lograron su objetivo en Liyue, la situación con dicha nación es delicada. Proceder con cuidado ”, y lo que comentaban los habitantes de Mondstadt“ ¡Nuestra Caballera Honoraria salvó Liyue y organizó el funeral de Rex Lapiz! ”. Aparte de eso, no tenían mayor conocimiento de la situación. Esa era parte de su misión: entregar información sobre Mondstadt y recopilar información sobre la situación en Liyue.

Su llegada a la Ciudad de los Contratos les tomó una vez días; en el transcurso del viaje, comentado lo afortunados que eran los usuarios de Visión por tener la capacidad de usar los Puntos de Teletransportación. Era una cualidad deseada por muchos, pero otorgada a unos pocos. Viajar como el resto de habitantes de Teyvat implicaba invertir varios días en el viaje y arriesgarse a ser atacados por los monstruos. Afortunadamente, encontraron muy pocos en su camino.

En cuanto se encontró con los guardias de la Geoarmada en la entrada de la ciudad, ellos les dedicaron una mueca que delataba el deseo de fruncir el ceño. No les hablaron, quizás porque no se percataron que eran Fatui ajenos a Liyue, o porque no querían tomar acciones que podrían provocar una disputa innecesaria.

Al entrar a la ciudad, tanto Viktor como Luke quedaron sorprendidos por la colorida y activa ciudad.

―No se parece a Mondstadt. ―Comentó Viktor.

―Tampoco a casa. —Agregó Luke.

Mientras avanzaban y examinaban su alrededor, buscaron los puntos de referencia para ir al Banco del Norte sin tener que pedir indicaciones. Los ciudadanos no los veían con tanto desprecio como esperaban, pero preferían evitarlos de ser posible. Una vez que encontraron las escaleras que buscaban y empezaron a subirlas, escucharon una voz aguda y fuerte.

- ¡¿Eh?! ¡¿No son Viktor y Luke?!

Los nombrados alzaron la mirada; en la parte superior de la escalera se encontró la famosa Caballera Honoraria de Mondstadt y salvadora de Liyue, acompañada de su extraña hada parlante.

―Eres tú.

Comentó con dureza Luke, preparándose para evitar hablar más de la cuenta. Como siempre, la rubia no se inmutó ante su tono de voz.

- ¿Buscan el banco del Norte?

Viktor estuvo a punto de responder, pero Luke se adelantó.

―No es algo que te importe, pero sí. Vamos directamente a hablar con alguien muy importante: Un Heraldo.

Viktor estuvo apuntó de cuestionarle por qué respondía, cuando la heroína intervino.

―Podemos llevarlos.

El hada la espectáculo estupefacta. - ¡¿Qué?! ¡¿Por qué deberíamos?!

―Liyue tiene una distribución complicada, Paimon.

Luke chasqueó la lengua con molestia y siguió a Viktor, quien había retomado su rumbo.

―Estamos bien por nuestra cuenta, nosotros, el Fatui, no necesitamos la ayuda de otros.

La rechazó Viktor, hablando de la forma más fría y diplomática que pudo. Detrás de él, Luke asintió con la cabeza.

Lumine posó ambas manos en sus caderas. Ambos Fatui optaron por no comentar sobre su expresión de indiferencia que parecía gritarles “¿es enserio?” y al hada que pateaba el aire mientras gritaba que, de todos modos, quién querría ayudarlos.

Siguieron su camino sin mirar atrás ni cuestionarse el por qué la Viajera conocía la dirección del punto de reunión de los Fatui. Ella ya sabía dónde se alojaban los Fatui de Mondstadt, era esperable que también conociera la ubicación de los de Liyue.

 

 

Al llegar al Banco, saludar con un gesto al guardia de la entrada y se dirigieron a la recepción. Para cualquier ciudadano promedio, ella sería una simple cajera o secretaria, pero los Fatui sabían la verdad, quienes fuera de la cara al público de sus negocios generalmente también sería la más cercana a la verdadera persona a cargo.

―Bienvenidos, ¿en qué puede ayudarlos el Banco del Norte? ―Saludo cortésmente Ekaterina.

―Saludos, compatriota. Me llamo Luke y este es mi compañero Viktor, ambos de Mondstadt ―correspondió el saludo Luke. - Tenemos una reunión con el Maestro Childe, ¿se encuentra disponible en este momento?

Liyue no era como Mondstadt. No decir directamente que querían hablar con un Heraldo, a diferencia de los caballeros de Favonius que parecían hasta despreocupados por su presencia, o incapacitados para vigilarlos. La gente en Liyue era más perceptiva. Eso les dicho dicho.

Ekaterina asintió con la cabeza, sin borrar la sonrisa de su rostro. Se levantó de su asiento y comenzó a caminar, guiándolos por las escaleras y pasillos.

―Tienen suerte, el Maestro Childe está en su oficina y esta de buen humor, pero lamentablemente su primera charla puede ser algo breve. El Maestro tiene programado almorzar con la Señorita.

Ambos Fatui varones dejaron de ver a su alrededor para enfocarse en la mujer.

- ¿La señorita? ―Repitió Viktor.

―Sí, la pareja del Maestro Childe. ―Ekaterina soltó una sutil risa que intentó sofocar con su mano. - Aún no es oficial, pero seguramente se percatarán de la seriedad de su relación durante su estadía. La Señorita suele visitar el Banco o la verán en el hotel.

Aquella información desconcertó tanto a Luke como Viktor. No era común escuchar que un Heraldo tenía pareja, o familia en general. Eran temidos, respetados y el solo atreverse a estar cerca de ellos podrían causar escalofríos en los cadetes más jóvenes. De hecho, conocer a Il Dottore y Signiora había sido aterrador; llegaron a temer por sus vidas. La idea de que un Heraldo mostrara emociones cálidas e, incluso, dejará que el resto de Fatui conociera a su debilidad hecha persona, era desconcertante. Sin embargo, ambos decidieron no comentar al respecto.

Ekaterina golpeó suavemente una gran puerta de roble y al recibir una respuesta, abrió.

―Maestro Childe, llegaron los enviados de Mondstadt.

- ¿Oh? Que pasen, quiero saber qué está ocurriendo por ahí.

Ambos Fatui masculinos corrigieron sus posturas al entrar en la oficina. La voz del Heraldo era jovial, suave, pero algo grave; sonaba como si se divirtiera con la expectativa de saber qué ocurría en Mondstadt. Era como si esperara escuchar que había caos y desesperación.

Al entrar en la habitación, encontraron al Heraldo pelirrojo con los codos sobre la mesa, manos juntas y una sonrisa que inspiraba más terror que simpatía.

―Bienvenidos a Liyue, agentes al servicio de la Zarina, ―los agentes mantuvieron su postura, queriendo ignorar la inquietante mirada que les dirigía su superior, parecía que estaba evaluando si eran solo soldados de bajo nivel o no - ¿tuvieron un viaje agradable?

A pesar de sus amables palabras, Viktor y Luke supieron que no debían bajar la guardia ante el Heraldo más problemático de todos.

La conversación se extendió por varios minutos. Ambos Fatui de Mondstadt informaron sobre los acontecimientos más relevantes: el festival de Las Flores de los Vientos, el problema con la falta de interesados en unirse al gremio de aventureros, las continuas apariciones del Caballero Oscuro, la enfermedad por estrés de la Gran Maestra Intendente .

Childe asintió con la cabeza e interrumpió cuando quiso preguntar algo.

- ¿Qué hay sobre la reputación de la Viajera?

La pregunta no sorprendió a Viktor ni a Luke, Lumine había sido el tema de conversación en donde estaba. Aparte, tenía claras intenciones de interponerse en los planes de los Fatui.

―Tan alta como siempre, Maestro Childe, aunque ella no esté pasando tanto tiempo en Mondstadt como antes, todos se alegran cuando llega.

Informó Viktor y Luke continuó.

―Recientemente, ella ...

Childe levantó la mano en señal de que guardaran silencio. ―No es necesario que me informen sobre sus actividades, estoy al tanto de ellas.

Ambos subordinados asintieron con la cabeza. La Viajera últimamente pasaba su tiempo en Liyue, era de esperarse que el Heraldo ya estaba al tanto de lo que ella hacía dentro y fuera de su territorio.

Childe miró el reloj y su postura se relajó visiblemente, su sonrisa se volvió menos amenazante y se levantó al mismo tiempo que apoyaba las manos en su escritorio para tener impulso.

- ¡Bien, parece que ya es hora de comer! Terminemos por ahora; pueden almorzar en el Hotel con el resto de los agentes. En dos horas seguiremos con nuestra agradable charla.

 

Viktor y Luke se retiraron de la oficina en compañía de Childe, quien cerró su oficina con llave y caminó a paso apresurado para salir cuanto antes del edificio. Ambos Fatui de bajo rango intercambiaron una mirada desconcertada, nunca he visto a un Heraldo lucir tan feliz fuera del campo de batalla. Sin intercambiar palabras, ambos estaban de acuerdo en que tampoco hablarían sobre ello.

Ekaterina les explica cómo llegar al hotel, aunque les sugirió pedir ayuda a cualquier Fatui que encontraran en el camino. En cuanto salieron del Banco, Viktor se fijó en el libro que tenía el portero entre sus manos, era de Mondstadt.

El portero, Vlad, se dio cuenta de la mirada fija en su libro y, pensando en los consejos que su amiga por correspondencia le daba, se armó de valor para hablar.

- ¿Te interesa la lectura?

Viktor tuvo un pequeño sobresalto, pero asintió con la cabeza.

―No realmente, solo me sorprendió ver un libro de Mondstadt en Liyue.

—Oh, me lo prestó la Señora. ―Ante la insistente mirada de Luke y Viktor, Vlad se esforzó en no desviar la mirada, a pesar de que sabía que no lo notarían por la máscara. ―Parece que su pasatiempo es leer libros, a veces los intercambiamos o sugerimos títulos.

Eso despertó la curiosidad de Luke. - Entonces, ¿son amigos?

Vlad negó con la cabeza. ―No, para nada, ―pareció querer agregar algo más, pero se detuvo unos instantes y los miró fijamente antes de continuar. - El Maestro Tartaglia y su Señora son personas amables y extraordinarias. El prestarme libros o detenerse a hablar unos minutos con alguien como yo es parte de la amable personalidad de nuestra Señora. Cuando la conozcan lo entenderán.

Su tono había abandonado cualquier rasgo de informalidad y parecía decidido a mostrar como el respetado y leal agente de Fatui que era. Luke y Viktor hicieron un gesto de comprensión y se despidieron. No eran de la zona, era comprensible que otros agentes se pusieran en alerta con ellos. Cualquier comentario erróneo podría ser como una falta de respeto a la nación o provocar sospechas de traición.

 

 

Una vez que estuvieron el hotel, fueron capaces de desempacar las cosas e ir a almorzar. Al igual que en Monstard, en Liyue había un hotel reservado para toda la organización y, para su horror, mientras almorzaban con otros agentes Fatui, descubrieron que el Onceavo Heraldo los forzaba a limpiar el hotel una vez a la semana, sin ayuda de las mucamas o mayordomos.

―Es una broma, ¿verdad?

―Ojalá, es parte de las excentricidades del Maestro Childe. ―Comentó un Tirador Pyro, que parecía creer que podía hablar de forma más relajada sin la presencia de las secretarias o del mismísimo Heraldo. ―Dice que está bien relajarnos, pero que no debemos ser unos aprovechados.

―Con todo respeto. ―Intervino una Maga Cicin ―Prefiero ayudar a limpiar este lugar a nuevamente ser sujeto de experimentos.

Algunos están de acuerdo, sin querer mencionar la alusión a Il Dottore.

―Al menos el Maestro Childe y la Señorita nos ayudan.

Luke casi se trapica ante el comentario. - ¡¿Qué?! ¡¿Ellos... ayudan?!

―Uh… ¿no es algo extraño? ―Agregó Viktor.

Los presentes en la larga mesa de madera no disimularon que sus expresiones les causaban gracia. No era común que un Heraldo interactuara de forma tan estrecha con sus subordinados y, aun más, sonaba insólito que ayudara en algo tan mundano como los quehaceres domésticos. Pese a que nadie lo dijo, los Fatui de Liyue presintieron que los de Mondstadt se preguntaban si esto era por influencia de la Señorita o, simplemente, una broma.

― ¡¿Verdad que es raro?! ―Alzó la voz un Fatui de bajo rango que se presentó como “Novato”. ― ¡El Maestro Childe es bueno en la limpia, es un buen cocinero y lo he visto comprar juguetes! ―Luke y Viktor no pudieron evitar abrir sus bocas ante la sorpresa. ― ¡Pero no se confíen, sigue siendo aterrador!

La maga Cicin rio. ―Bueno, sí… al igual nuestra Señorita.

― ¡Sí!

Luke, tan curioso como parlanchín, no pudo evitar querer saber más sobre el asunto.

― ¿Entonces… la señorita también es fuerte?

El Tirador empezó a hablar. ―Por supuesto, solo alguien fuerte puede estar con el Maestro Childe. Me atrevería a decir que es tan fuerte como un Heraldo.

―De hecho, derrotó al Maestro Childe.

― ¡¿Qué?!

Esta vez, el grito fue tanto de Luke como de Viktor. Debían estar bromeando, los Heraldos eran conocidos por ser los soldados más fuertes y peligrosos de toda Snezhnaya, la derrota de uno de ellos debería ser un hecho conocido.

― ¿Un simple agente Fatui derrotó a un Heraldo? ―Preguntó Luke, sin poder controlar el tono de su voz. Después, entrecerró los ojos. ― ¿La dejó ganar?

Ante sus palabras, el Tirador se cruzó de brazos.

―El maestro Childe nunca haría algo cómo “dejar ganar a alguien”.

El Novato hizo un sonido similar a un quejido de dolor. ―Ni muestra piedad… ―Susurró acariciando uno de sus hombros. Como si recordara una vieja dolencia.

―La señorita no es un agente de Fatui, aunque el Maestro se lo ha propuesto varias veces. ―Contestó la Maga Cicin, notando que sus compañeros no lo hicieron. ― Y sobre su otra pregunta, ella derrotó justamente al Maestro Childe.

Luke curvó sus labios en señal de duda.

El Tirador. ―Suena increíble, lo sé… pero si tienes suerte lo verás con tus propios ojos.

― ¿Qué quieres decir? ―Preguntó Viktor.

―Ellos tienen enfrentamientos todos los fines de semana, a veces nos dejan ver.

―Y no te recomiendo ir… ―Murmuró la Cicin, siendo apoyada por el Novato.

Durante su viaje de regreso al hotel, Luke y Viktor repasaron la conversación. ¿Una mujer que podía derrotar a un Heraldo, que se batía en duelo con él cada semana y que no era un agente de Fatui? Era información que otros Heraldos querrían saber.

En cuanto estaban en la oficina del Onceavo Heraldo, se sorprendieron al notarlo más relajado y amistoso que antes. Esta vez, su sonrisa no les aterró tanto.

 

Los siguientes días fueron más ajetreados de lo que se esperaba. Cuando no estaban hablando con el Heraldo, debían ayudar al resto de los Fatui con sus tareas. Ambos aprovechan la instancia para recolectar más información sobre lo que ocurría en Liyue.

Sus descubrimientos pudieron resumirse en que las relaciones económicas y políticas entre Snezhnaya y Liyue continuaban al borde del derrumbe. Muchos comerciantes y ciudadanos han aumentado su desconfianza hacía los Fatui y de los habitantes de Snezhnaya en general; les vendían productos a regañadientes, evitaban comprarles o pedir prestamos al Banco. Sin embargo, la situación había mostrado una mejora en los últimos dos meses.

―Una vez mi abuela dijo que detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer evitando que haga tonterías.

Comentó con solemnidad Luka, Viktor alzó una ceja.

―Estoy seguro de que el dicho no es así... y parece que aquí no lo evitó.

―Pero logró hacer un buen control de daños, ¡eso es lo importante!

Viktor puso los ojos en blancos y continuó almorzando.

 

La Señorita, como la llamaban los agentes que tenían una relación más cercana con ella, o la Señora, como se referían a ella los agentes que la veían de forma más respetable y temible posible, había sido un aire de cambio en el Hotel, Banco y, en general, en los Fatuis de Liyue.

Muchos Fatui ya la conocía, había chocado su espada con ellos en innumerables ocasiones. No era extraño que fuera al banco para preguntarle algo al Heraldo o exigirle que respondiera algunas preguntas. Sin embargo, todos quedaron atónitos cuando un día Childe no salió de su cuarto, solo se asomó para pedir algunas cosas. Ekaterina había sido incapaz de explicarle la situación a los demás, parecía desconocer qué debía decir en este tipo de situación y evitaba las preguntas corriendo en búsqueda de papeles, ordenando que aumentaran las raciones de comida y comprando ropa que evidentemente no era para el Heraldo.

Las especulaciones entre los Fatui frenando cuando, al cuarto día, el Heraldo salió de su cuarto en compañía de la misma mujer con la que tantas veces se había batido en duelo. Desde ese día, no solo quedó establecido la relación del Heraldo y la mujer, sino que ella ayudó indirectamente a mejorar la calidad de vida de los Fatui y afianzar sus conexiones con el resto de la ciudad.

Empezó con cosas pequeñas, como hablar casi a diario con la portera Nadie en el puerto y yendo a comer juntas de vez en cuando. Los vendedores dejaron de ver con malos ojos a la portera al darse cuenta que era solo una muchacha soñadora que extrañaba su hogar.

Después, un día, la mujer cambió su rutina de hablar con el gerente Andrei en la calle sobre las costumbres exóticas de Liyue y le presentó a Xingqiu, uno de los herederos de una gran fortuna en Liyue. Sin querer, logró que el Gremio de Comerciantes les ofreciera un asiento en la próxima reunión de comerciantes. Además, entre el Gerente y la mujer se estableció una amistad basada en el amor a las cosas exóticas; se volvió una costumbre entre ellos intercambiar regalos provenientes de otras ciudades o continentes.

Además, Ningguang, la máxima comerciante y líder de Liyue aceptó hablar con el 11vo Heraldo sobre algún intercambio comercial y establecer nuevos contratos respecto a la reconstrucción del puerto de Liyue.

 

―De hecho, son buenas amigas. Escuché que ella está ayudando al Maestro Childe a preparar a la Señora para una importante fiesta de negocios.

Había dicho una de las sirvientas del Hotel, quien lo comentaba distraídamente mientras subía un cesto de frutas a la habitación del heraldo.

- ¿Oh? ¿Esto? ―Señaló con la cabeza al cesto que Viktor no dejaba de ver. - Es un presente que un Hostigador Hydro le envió a la Señora. Es un chiste interno entre ellos, siempre se regalan fruta, pero parece que nadie entiende el por qué.

Viktor y Luke tampoco pudieron imaginar de qué trataba ese chiste interno, pero decidieron ignorarlo. Después de enterarse de que la Señorita maullaba a los gatos de la calle o que se tiraba al mar para ayudar a recoger basura, se limitaron en aceptar que, al parecer, tanto el Heraldo como su novia eran personas fuera de lo común.

 

 

Sin embargo, no pudo entender el por qué la pareja del Heraldo parecía ser tan respetada hasta que Ekaterina les explica cómo llegó a un prometerle fidelidad y apoyo a “Su Señorita”, solo being superada por su lealtad a la Zarina. Fue una narración sorprendente, especialmente la parte en la que Ekaterina relató como la Señorita, harta de escuchar que el Heraldo quería dejar su trabajo abandonado para matar unos monstruos, su tradicional postura de ambas manos en su cadera para señalarlo, imponiéndose a pesar de ser una cabeza y media más baja que él.

- “¡No vas a aprovecharte de ellos para que hagan tu trabajo sucio, Tartaglia! ¡Ahora, sube esas escaleras y empieza con tu papeleo o no te llevaré a ninguna de mis próximas comisiones! "

- “¡Pero, nena…!”

- "¡Sin peros, volveré al anochecer y espero que al menos tengas la mitad de tu trabajo hecho!"

Les contaron que en se momento creyeron que sería el fin de aquel romance que todos han visto florecer, o que el banco sería destruido por culpa de una disputa de pareja. Sin embargo, para consternación de todos los presentes, el Heraldo se limitó a pasar una mano por su cara y soltar un bufido.

- "¡Bien!" ―Alargó intencionalmente la “e” antes de dirigir una mirada de reproche a sus subordinados. - "¿Qué están mirando? Ya escucharon a la dama, volvamos al trabajo."

Ekaterina contó maravillada que el Maestro Childe le dedicó una mirada derrotada a la mujer antes de marcharse a su oficina como un niño regañado. Dijo que cualquier persona que lograra controlar a su impredecible jefe y obligarlo a hacer el trabajo de oficina debería su respeto para toda la eternidad.

Viktor y Luke llegaron a una conclusión sólida: Las cosas para los Fatui de Liyue mejoraron gracias a la presencia de la novia del Maestro Childe. Aún no la conocida, pero ninguno podía negar que estaban emocionados por ver en persona una extraordinaria mujer que tenía al Heraldo comiendo de la palma de su mano y no se aprovechaba del poder, conexiones o su dinero.

Cuando estaban a solo tres días de volver a Mondstadt, ambos se enteraron que la batalla semanal del Heraldo y su pareja se había llevado a cabo antes de lo previsto. El vencedor había sido, nuevamente, la misteriosa mujer, quien ya había reclamado su premio.

- ¡Nos consiguió un festín! ¡Podemos ordenar lo que queramos!

Gritó un Hostigador Geo, quien había sido el primero en ver a la pareja al salir del campo de batalla. Solo en ese momento supieron por qué la moral en Liyue era tan alta: desde que la Señora se había mudado al hotel, cada vez que notaba a los subordinados cansados o con mucha nostalgia, cambiaba su premio para darle a ellos algo que los animara.

Luke dijo que estaba pensando seriamente en pedir un traslado.

 

 

A la mañana siguiente del festín, Luke y Viktor se despertaron más temprano de lo habitual para disfrutar de sus últimos días en Liyue. Camino al comedor se encontró con Ekaterinan quien parecía impaciente.

- ¡Oh, menos mal encuentro a alguien despierto! ―Exclamó mientras se acercaba a ellos. Tenía varios papeles en sus manos y estaba junto a un carrito de comida. ―El agente que iba a ayudarme no ha aparecido, ¿alguno podría ayudarme a llevar esto al cuarto del Maestro Childe y su Señora? Las sirvientes y mayordomos no tienen permitido acercarse a su habitación.

Luke abrió la boca para ofrecerse, pero Viktor intervino a tiempo. Llevaban menos de una semana interactuando entre sí y el Fatui de cabello más largo ya había aprendido que era peligroso que su compañero hablará sin cuidado.

―Te ayudo.

Luke frunció los labios, pero lo aceptó. Aprovecharía de desayunar más que su compañero.

Mientras Ekaterina y Viktor subían por el ascensor, conversaron sobre la improvisada fiesta del día anterior. Concordaron en que seguramente el agente que debería ayudarla estaba con resaca, al igual que otros Fatuis que disimularían con la máscara su estado.

Frente a la puerta, Viktor alisó su uniforme con una mano mientras Ekaterina golpeaba la puerta con tanta suavidad como cuando llamaba a la oficina.

Tras escuchar un “Adelante” que provenía de la habitación. Ekaterina abrió la puerta y Viktor alzó la mirada para verse lo más digno posible. En cuanto sus ojos caparon la escena que ocurrió frente a él, le fue imposible pensar o comprender qué estaba observando.

El 11vo Heraldo, Tartaglia, terminaba de abotonarse la chaqueta de su uniforme y hablaba con Ekaterina sin siquiera notar la presencia del Fatui de Mondstadt. Sin embargo, eso no fue lo que llamó la atención de Viktor.

Agradeció tener la mascara puesta, así podía disimular un poco su anonada expresión al ver a la Caballera Honoraria, Salvadora de Liyue, Lumine, sentada con expresión perezosa en la gigantesca cama del Heraldo, con ropa que evidentemente no era suya.

En cuanto los ojos dorados se posaron en él, sintió el instintito primario de retroceder. Ya había entendido lo que ocurría y, de hecho, si era honesto, ya lo sospechaba: fuerte, hermosa, de baja estatura, desinteresada y excéntrica. Eran algunas de las palabras que se usaban para describir tanto a la Viajera como a la Señorita.

Lumine soltó un bostezó y lo saludó mientras se frotaba los ojos.

―Hola, Viktor, no te había visto.

El nombrado dio un sobresaltó ante el reconocimiento, no supo qué hacer ¿debería saludarla? ¿De qué forma? Sus ojos vagaron entre el Heraldo y la mujer en la cama, buscando algún tipo de respuesta.

Ya fuera porque el Heraldo se dio cuenta de su confusión o por simple coincidencia, intervino.

―Nena, vuelve a dormir, aún es temprano. ―Ofreció con una sonrisa.

La Viajera negó con la cabeza y se estiró de la misma forma en que Viktor la había visto hacerlo tantas veces en Mondstadt.

-No. Trabajo… ―Tras desperezarse, alzó la mirada en búsqueda de la mano derecha del Heraldo. ―Hola, Ekaterina, ¿trajiste algo para mí?

La agente de Fatui asintió con la cabeza y se alejó del Heraldo.

―Sí, Señorita, he traído la lista de comisiones que están disponibles en el Gremio de Aventureros. Las he ordenado de acuerdo a sus preferencias.

 

 

Mientras eso ocurrió, en el primer piso Luke entró al comedor, siendo sorprendido por una voz chillona e infantil.

- ¡Más, por favor! ¡Paimon no ha podido almorzar aquí en casi una semana! ¡Casi se muere de hambre!

Desconcertado, Luke se acercó a la fuente del sonido, notando que, oculta entre muchas mesas, se vio una pequeña hada rodeada de varios platos. Su boca se movió sin darse cuenta.

- ¡¿Qué haces aquí?!

Paimón se sobresaltó y dejó escapar un chillido ante el inesperado grito. Al darse cuenta de quién le hablaba, pestañeó confundida.

- ¿Eh? ¡Es Luke!

¿Siempre debía hablar así?

- ¡Responde! ¡¿Qué haces aquí?! ¡Este Hotel está sirviendo a los Fatui!

Varios agentes que estaban alrededor comenzando a mirarlo ya susurrar. Algunos lo llamaron, pero Luke no hizo caso.

La pequeña hada frunció el ceño, aún confundida. ―Paimon vive aquí. ¿Tú que haces aquí? ¿No deberías volver ya a Mondstadt?

- ¡¿Qué?!

Volvió un gritar. Eso no tenía sentido, la criatura frente a él siempre estaba junto a la Heroína de Mondstadt ¿y afirmaba vivir ahí? Era imposible, a menos que ...

El mismo Tirador Pyro que había conocido en su primer día se acercó a él e hizo las presentaciones.

―Oh, ¿es la primera vez que se encuentran aquí? Esta es Paimon, la compañera y amiga de la Señora.

Luke sintió palidecer al escuchar eso. No, no era posible.

―¿La… la señorita?

Era imposible, no tenía sentido. La Heroína de Mondstadt, Salvadora de Liyue, Caballera Honoraria de los Caballeros de Favonius y Respetada amiga de las Siete estrellas no podía…

Paimon sonrió con supremacía y llevó ambas manos a sus inexistentes caderas. - ¡Así es, Lumine y yo somos grandes amigas! ¡Así que no molestes a Paimon o te acusará con el Heraldo apestoso!

 

… Debía ser una broma, ¿el 11vo Heraldo y la Caballera Honorarios eran pareja?