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Tout l'univers

Summary:

Jean's POV

Jean, aún dejado caer en la cubierta del barco, hace contacto visual durante el más breve de los segundos con esa persona.

Todo desaparece, perdido, ahogado en un mar de pecas.

—¿Marco? —Murmura, atónito.

—¿Quién cojones es Marco?

Notes:

Mi queridísima Irene me pidió que le escribiera esto y como encaja perfectamente en el tema de este día del JeanMarco Week 2021, aquí va ♥

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

No podían darse el lujo de fiarse de la aparente calma tras el impacto que Eren causó en los invasores marleyanos. Sabía por experiencia que la cautela debía ser su mejor amiga en estos casos, recorriendo la superficie del buque en silencio, haciendo gestos con la mano a sus compañeros para buscar a posibles enemigos ocultos además de los ya apresados.

Y una vez más, la muerte le pasa rozando, esta vez en forma de bala y junto a su mejilla izquierda.

—¡Calma, no os levantéis! —Advirtió a sus compañeros, los terribles pasos de Eren retumbando al darle la vuelta al barco en búsqueda del francotirador—, ¡Sasha, atenta a cualquier movimiento! ¡Eren, procura no eliminarlo!

Con el corazón retumbando en sus oídos y la adrenalina recorriendo sus venas, Jean tensa los músculos y acorta distancias, ocultándose del punto de mira y respirando hondo varias veces. No terminaba de acostumbrarse a estar al mando a pesar de las continuas alabanzas de sus compañeros y superiores, sentía que le quedaba grande y no creía que la ansiedad que ahora bajaba a la fuerza hasta sus pies le fuera a abandonar en algún momento.

Como siempre, hace de tripas corazón y justo cuando aprieta los dientes y se dispone a salir, Jean se ve impulsado hacia atrás por el tremendo placaje de ese malnacido. Un insulto lleno de temor y rabia escapa sus labios al caer, y no da crédito al ver a ese tipo esquivar de manera impecable ataques cuerpo a cuerpo de sus compañeros y las balas de Sasha.

Antes de desaparecer por la escotilla que da a los pisos inferiores, donde de seguro gozará de mayor ventaja al conocer el barco de antemano, Jean, aún dejado caer en la cubierta del barco, hace contacto visual durante el más breve de los segundos con esa persona.

Todo desaparece, perdido, ahogado en un mar de pecas.

—¿Marco? —Murmura, atónito.

—¿Quién cojones es Marco? —Le responde esa voz casi olvidada, ojos marrones que tan solo vivían en sus recuerdos clavados en los suyos en algo similar a confusión. Y ese momento suspendido en el tiempo le da el margen suficiente a una de las certeras balas de su amiga para perforarle el hombro, haciéndole caer al interior con un gruñido de dolor.

—Alto —Jean se pone en pie tan rápido como le es posible, extendiendo el brazo hacia la posición de la francotiradora—, ¡Alto, quieta! ¡¡Quietos!!

Ante la alarma de su voz, incluso Eren se detiene en sus pasos observándolo de manera inquisitiva… si es que pueden discernirse expresiones en su forma de titán.

—¿Jean? —La mano de Connie en su hombro le hace apartar la vista finalmente de la escotilla por la que desapareció el pasado, su corazón a punto de estallarle en el pecho por la mera posibilidad de…—, ¡Jean!

—Connie, escúchame —Mantuvo la boca abierta unos segundos sopesando sus palabras, sabiendo que debería parecerle una verdadera locura, señalando en la dirección de las escaleras—, Connie, ese es Marco.

Casi siente la incredulidad en el silencio de su amigo, pestañeando hasta respirar hondo, bajando la vista y apretando los brazos de Jean.

—Tú mejor que nadie sabes que no, no lo es —Murmura. Jean se zafa del agarre en un brusco movimiento de brazos, negando con la cabeza—, será alguien que se le parezca pero no puede ser él.

—Es él. No me equivoco, Connie, hazme caso, no podemos hacerle daño y ya está herido —Mira hacia arriba, hacia la inmensidad de la forma de Eren inclinada sobre ellos, esa terrible sonrisa permanente en su terrorífico rostro —Trae aquí al que tenga más rango de los que hemos sacado del barco.

Eren se pone en marcha y en esos segundos que tarda en traer entre sus inmensas manos al hombrecillo aterrado, Jean hace lo posible por ignorar las miradas de sus camaradas, la vista fija en la escotilla, mordiéndose el labio porque a cada segundo que pasa, Marco se desangra.

Y sin embargo no puede acercarse a él, no aún.

Mikasa aparece a su lado en un instante, sus grises ojos buscando en el rostro compungido de Jean. Si alguien puede entender sus sentimientos, quizás sea ella.

—¿Qué ocurre? —Le pregunta al tiempo en el que Eren deja caer a ese hombre en la cubierta frente a ellos, un par de rifles apuntándole de inmediato.

—Creo —carraspea al faltarle la voz, echando los hombros atrás e irguiendo la espalda—, la persona a la que estamos atacando es Marco —Ante el alzamiento de cejas de la chica, sube una mano—, sé que es él y no pienso hacerle daño. Está herido y no me reconoce.

Como esperaba, su compañera baja la mirada y asiente, fijando su dura mirada gris en la escotilla. Jean se aproxima al aterrado alto mando postrado en el suelo, alejándose sin quitarle la vista de encima a Eren, temblando de puro pavor.

—Eh —Jean le empuja con el rifle, haciéndole saltar en el sitio ante el contacto y atrayendo su atención—, Marco, el hombre moreno de pecas, ¿Qué le habéis hecho?

—¿Marco? —No parece centrarse en lo que le dice, así que se acuclilla a su lado, tirándole de los finos cabellos castaños—, ¡Ah! ¿el candidato a guerrero? ¿El que trajeron de la isla?

—¿Candidato a guerrero? — ¿Cómo han llegado a ese punto? ¿Cómo le han lavado el cerebro de tal manera que se una a la causa de Reiner, Bertholdt y Annie? —, ¿Qué le habéis hecho?

—Ah, ¿eres Jean? —El mundo se tambalea a sus pies, frunciendo el ceño y apretando los dientes—, se puso sentimental y fue, fue difícil hacer que te olvidara, pero son implacables —una sonrisa enloquecida transformó los rasgos de ese hombre, despertando furia en el pecho de Jean, terror—, siempre olvidan, siempre obedecen.

A pesar de ser un hombre adulto y a pesar de controlar sus emociones de una manera mucho más eficiente que años atrás, Jean pierde el control y tan es consciente de lo que su cuerpo ha hecho por él cuando Mikasa le arrastra hacia atrás. No sabe en qué momento se ha arrojado sobre el patético hombre frente a él, solo sabe que le duelen los nudillos y que esa sangre corriendo por ellos no es suya.

—Jean, déjame bajar a por él —Le susurra la chica, pero él agita la cabeza. 

—No. No, tengo que ser yo —Un soldado se ha acercado a la escotilla mientras tanto, bajando un pequeño espejo y buscando, volviendo presto a su posición.

—General, a la izquierda, tras unas cajas de abastecimiento. Le debe doler mucho el hombro porque no lo suelta —Jean asiente y sostiene su rifle, respirando hondo.

—Vigila desde arriba con el rifle, si abre fuego, da un disparo de advertencia. Mikasa —Tras una patada al hombre en el suelo, se dirige a su amiga—, llévate a este, informa a los demás de la situación. Necesitamos a Hanji y a Armin cuando lo saque de ahí.

Tras verla asentir se encara con la situación y sus sentimientos, procurando centrarse y calmar la ansiedad oprimiendo su pecho y corazón. Traga saliva y duda unos instantes antes de meter el pie en la escotilla, lamiéndose los labios y exhalando despacio.

—¡Voy a bajar, voy desarmado, no pretendo hacerte daño! —Anuncia.

Como esperaba, no le llega respuesta del interior, dando el primer paso a lo que podría ser su mayor acierto o su peor error. Y una vez dentro, rodeado de sombras y penumbra, escucha al soldado a su espalda posicionarse por si ve la necesidad de abrir fuego.

—Quieto —Le ordena esa voz, fría como nunca la oyó antes pero su voz sin duda alguna. Tan solo ve la temblorosa boca de su cañón asomada tras cajas apiladas, apuntando directamente a su cabeza.

—Marco, escúchame…

—Deja de llamarme por ese nombre, no e—

—¿Cuál es, entonces?

El silencio que prosigue a una pregunta en apariencia simple, muestra lo mucho que su amigo duda incluso de sí mismo. A cada segundo, Jean siente su autocontrol resquebrajarse y a pesar de la advertencia, acorta distancias con el tembloroso hombre frente a él.

—No sé qué te han hecho, no sé por lo que has pasado pero aquí estarás a sal—

En un instante se ve lanzado varios pasos atrás, cayendo sobre su espalda y sosteniendo las muñecas de un encolerizado Marco que intenta apuñalarlo. A tan corta distancia no le cabe duda, es él. Reconocería la constelación de sus pecas incluso bajo la tenue iluminación que les rodea.

—¡No dispares! —Ordena al soldado que le protege las espaldas desde lo alto de la escalerilla sin apartar sus ojos de los oscuros fijos en él—. No voy a luchar contigo, eres mi amigo.

—Y tú mi misión —El fuego en esa mirada una vez amable, ahora amenazaba con destruirlo todo.

—Entonces acabala —Marco es más fuerte que él, siempre lo fue, así que con una sonrisa triste se resigna a lo peor, porque no puede tenerlo tan cerca para perderlo de nuevo—, acaba con esto porque estaré contigo hasta el final.

Algo, una chispa tenue hace que la dureza en los ojos de Marco se suavice, la fuerza con la que empuja su cuchillo aflojando lo suficiente para poder desviarlo, clavándose en el hombro izquierdo de Jean y arrancándole un alarido de dolor.

En un abrir y cerrar de ojos, un par de personas se arrojan dentro de la escotilla liberándolo del peso de Marco sobre él. Y bien puede ser del dolor, de la tensión del momento o del mismo impacto por todo lo que ocurrió, pero el mundo de Jean comenzó a tambalearse, oscureciéndose poco a poco hasta perder la consciencia.

***

Reconoce la enfermería de los cuarteles en cuanto abre los ojos, inhalando y sentándose en la cama de golpe. Un intenso pinchazo le atraviesa el hombro, obligándole a cerrar los ojos, aspirando entre dientes.

—¿Jean? —Es Armin el que se aproxima a él—, no deberías sentarte, te llevaste un buen golpetazo en la cabeza cuando… —El chico pestañea, bajando la mirada un segundo—, cuando Marco se echó sobre ti.

—¿Dónde está? ¿Está bien? —Que Armin apriete los labios y ladee la cabeza no hace nada por calmar la ansiedad creciente en su pecho.

—Físicamente sí, se pondrá mejor, el tiro de Sasha fue limpio y en una zona nada peligrosa, ya sabes lo buena que es —Le observa acercarse a la cama, tomando su mano entre las suyas y casi que contiene el aliento—, mentalmente, no lo sé. No sé, Jean. No reconoce a nadie, está muy confuso. Tenemos que llamar a su familia y darle tiempo.

—Tengo que verlo —Armin no le deja destaparse, posando una mano en su pecho.

—No creo que sea lo mejor, para ninguno de los dos —Y no le deja replicar, alzando una mano—, dale tiempo. Hanji está interrogando a los que venían con él en el barco, y ya sabes lo eficiente que es —No se le escapa el gesto incómodo de Armin, sabiendo lo poco que le gusta la violencia gratuita—, pronto tendremos más información y no te preocupes, te avisaremos en cuanto sepamos algo…

—¡Jean! —Las voces de Connie y Sasha acompañan sus gestos preocupados—, ¿estás bien? 

—No —No le queda más remedio que admitirlo, sintiendo que toda esa fachada construida con el fin de ser un buen general de división se rompía en mil pedazos—, solo quiero, joder, quiero verle.

Sus dos amigos casi que se arrojan sobre él para abrazarlo justo en el momento en el que se lleva una mano a los labios, el dolor en su pecho tan vivo como el día que le creyó muerto manifestándose en lágrimas, en un nudo en la garganta imposible de tragar. Y no puede hacer más que dejarse consolar, reconfortándose en las palabras de Sasha.

—Está con nosotros, lo tenemos de vuelta, Jean, todo va a ir bien.

***

Marco fue víctima de un lavado de cerebro, o al menos esa es la información que le llegó por parte de Armin. Y los marleyanos que vinieron en el barco con ellos carecían de la información o métodos para revertirlo, lo cual tan solo hacía su recuperación más difícil aunque no imposible.

Sin embargo, sí pudieron saber que fueron Reiner y Bertholt los que se lo llevaron junto con Ymir encerrándolo cuando oyó de más, llevándoselo al otro lado en cuanto se reunieron con Zeke.

En un principio no le dejaban apenas salir de la habitación donde le recluían. De tanto en tanto, Hanji, Armin o ambos, se aproximaban a intentar conversar con él y a pesar que de primeras se negaba a participar, incapaz de reconocer a su familia ni pasado, con el tiempo y la necesidad de un aliado, vieron avances.

Tan solo comenzó a confiar una vez habló con Onyankopon y Niccolo, el ver caras conocidas mejorando su salud mental considerablemente. Y una vez le dejaron pasearse por la enfermería y por el cuartel, siempre vigilado y siempre con cuidado de que no se cruzase con nadie que no debía, fue recordando.

Un nombre sin rostro un día. Un suceso en concreto al siguiente. 

El proceso fue lento, sus migrañas constantes, y la impaciencia de Jean crecía día tras día. Pero entonces, Armin dio con la clave para traerlo de vuelta: los olores. 

—Necesito que me dejes una de tus camisas, o la funda de tu almohada —Le pidió casi un mes y medio después—, el sentido del olor es el más relacionado a los recuerdos y espero despertar algo con esto.

—¿No sería mejor el de un familiar? —Cuestionó, dándole de igual manera lo que le pedía, dispuesto a ayudar todo lo posible.

—Ya se lo pedimos a su madre y hermano pequeño, además le han preparado su comida casera favorita. Pero estuvo durmiendo tres años a tu lado, probablemente esto también sea importante para él.

Jean sabía que debería estar contento, que debería sentir alegría al tenerlo de vuelta, pero el no saber por lo que le hicieron pasar en Marley, y la certeza de que en esos momentos sufría, le tenía en un sinvivir constante. Y sin embargo, esa misma tarde, Armin volvió a buscarlo con la esperanza asomando a sus enormes ojos azules, llevándolo a la habitación siempre vigilada.

El camino se le hizo infinito, la esperanza haciéndose un hueco en su corazón por primera vez en mucho tiempo.

—¿Estás listo? —Armin se detuvo un segundo frente a la puerta y fue Jean el que, a pesar de no sentirse listo en absoluto, abrió.

No tenía ni idea de cómo proceder, todo ese valor que le caracterizaba al lanzarse ante un titán o enemigo le abandonó por completo, viéndose incapaz de alzar la mirada. Escuchó a Armin cerrar a su espalda, y nada más. Ambos permanecieron en silencio pero podía sentir la mirada de Marco clavándose en él.

—Eres el del barco —Fue apenas un murmullo y aun así su corazón decidió saltar a su garganta, alzando al fin la vista.

Sentado en la cama, más ancho de lo que lo recordaba y con el flequillo alcanzando sus ojos, Marco le devolvía la mirada. Le resultaba extraño y conocido al tenerlo delante después de tanto tiempo y sus ojos recorrieron una y otra vez ese cuerpo entero y vivo frente a él.

—Me conoces —Murmuró en el mismo tono, ambos tratándose como si fueran criaturas salvajes y peligrosas que no debía ser alteradas.

Apretó los labios antes de hablar tragando saliva, un gesto tan suyo, tan Marco que a duras penas retuvo la necesidad de deshacerse en lágrimas allí mismo. Porque fue en ese mismo momento cuando fue realmente consciente de tenerlo de vuelta, de que Marco estaba vivo.

—Eres Jean, me han hablado de ti —Los ojos de Marco no dejaban su rostro, buscando algo que le hiciera recordar—, Armin me ha dicho que eras mi mejor amigo.

—Eras mi compañero de catre y, sí, pasamos mucho tiempo juntos —Jean se cruzó de brazos, cambiando el peso de su cuerpo al pie contrario, bajando la mirada de tanto en tanto y manteniendo las emociones a raya, aunque por poco—. No me disparaste en el barco, dudaste una vez te reconocí, ¿por qué, si no me recuerdas?

—No lo sé —Al mirar lo que tenía en las manos, Jean se percató de que era su camisa, alzando la vista al mismo tiempo que Marco—, ¿puedes acercarte?

No dudó un instante en dar unos cuantos pasos hasta quedar junto a la cama, observándose el uno al otro. Y bajo la iluminación de la habitación pudo apreciar la madurez en los rasgos que antes recordaba más infantiles, la sombra de una barba en una mandíbula más dura, nuevas cicatrices en sus brazos.

Marco le examinaba de la misma manera, llevándose la camiseta a la nariz, aspirando mientras le observaba, cerrando los ojos un segundo después y uniendo sus cejas en dolor o tristeza.

—He olido esto y… no sé, es, me hace sentir bien —Marco abrió los ojos, clavándose en un ámbar que escondía mil lágrimas por derramar—, y ahora te miro y sé que eres importante pero no puedo recordar bien por qué.

—No —tuvo que carraspear, tragando con dificultad—, no te fuerces de más, ya irán llegando los recuerdos. ¿Hay algo que recuerdes, cualquier cosa?

—Es extraño, son escenas que no parecen mías —Esa mirada cansada dijo mucho por Marco, y quiso apartar todo ese dolor de él, frustrado al saber que no podía—. Todo lo que me metieron en la cabeza en Marley sigue ahí y es difícil saber qué es real y que no.

—Lo que hiciste con ellos o sentiste no es tu culpa, no tuviste opción —Adelantó la mano lleno de duda, dejándola caer sobre la pecosa cerrada con fuerza alrededor de su camisa.

—Pero lo hice. Y lo siento, no… —Chasqueó la lengua, hundido—, no puedo recordar bien a mi propia madre. No sé qué hacer —Apartó la cara, llevándose una mano al pelo—, ni siquiera sé quién soy.

—Puedo decirte quién eres para mí, no sé si servirá de algo pero… —Le apretó la mano que tocaba, calmado al comprobar que no la alejaba—. Eres mi mejor amigo como dicen, mi mayor apoyo. A veces me enfadaba contigo porque ayudabas a los demás incluso si eso te perjudicaba, eres una de las personas más sensatas que conozco, inteligente y valiente —El labio de Marco comenzó a temblar y Jean sintió su corazón encogerse ante su dolor—. Eres una bellísima persona, Marco —Y en un tono más bajo, confidencial y casi en una confesión—, mi persona favorita.

—¿Puedo…? —Marco se limpió las lágrimas con una mano, apenas mirándolo con unos ojos rebosantes de duda—, no sé si pido mucho o si está bien… 

—Lo que sea que necesites.

—¿Podrías abrazarme?

Jean tan solo soltó su mano para sentarse en la cama con el torso girado hacia él, abrazando sus hombros y espalda, llevando una mano hasta los abundantes cabellos negros ondulándose en su nuca.

El olor de Marco le inundó y al tiempo que le escuchó oler intensamente la camisa que llevaba puesta, Jean hundió la nariz entre su pelo azabache, inhalando todo lo que sus pulmones le permitieron, dejando salir el aire en un sollozo tembloroso, volviendo su abrazo más estrecho.

—Jean… —Escuchar su nombre en los labios de Marco acabó por romperle, cayendo él en sus brazos, tirando de su nuca y la camisa prestada que llevaba.

Entre susurros, caricias y un abrazo que no parecía acabar, terminaron tumbados en la cama, la cabeza de Jean descansando sobre su pecho.

—Has tenido que consolarme tú a mí, menuda ayuda de mierda estoy siendo —Marco dejó salir una risita por la nariz ante su comentario, respirando hondo.

—Desde que estoy aquí es la primera vez que me siento en paz, me estás ayudando sin pretenderlo —Jean cerró los ojos, centrados en los latidos de un corazón que jamás creyó volver a oír—, ¿podrías quedarte hasta que me duerma?

Esa primera noche quedándose a su lado precedió a muchas.

A partir de ese día y tras contarle a Armin todo lo sucedido, le dieron permiso para una visita diaria. Por supuesto, no faltó una sola tarde, llevando alguna anécdota y charlando con él sobre momentos vividos juntos.

Para facilitar el proceso, les dejaron visitar los barracones en los que dormían, el comedor, el árbol sobre el que solían descansar casi siempre Eren, Mikasa y Armin. Jean le contaba anécdotas, momentos vividos juntos conforme pasaban por alguna zona de los cuarteles con la esperanza de hacerle recordar. Y no sabía si servía de algo o no, pero poco a poco fue soltándose, siendo más él, riendo más y llorando menos, (ambos), deseoso de hablar de nuevo con Sasha, Connie y todos los demás.

Hasta que una noche, paseando por las silenciosas calles de la reconstruida Trost con los puestos de comida ya cerrados y la gran mayoría de personas cenando en sus casas, Marco frenó sus pasos ante una tienda en concreto.

—Sasha se compró tanta cecina el día que su padre le envió dinero que se puso malísima del estómago y le echó las culpas a Connie —Le contó Jean—, tuvimos que llevarla casi en brazos a la enfermería porque no paraba de vomitar.

—De hecho justo cuando la íbamos a dejar, te puso uno de los zapatos perdidos —comentó Marco, su bella sonrisa iluminando la noche, observando el atónito rostro de Jean—, te enfadaste una barbaridad, pero en cuanto llegamos al dormitorio y ya apunto de dormir te hice cosquillas en el brazo se te empezó a pasar.

Jean no podía más que mirarle, abriendo y cerrando la boca, alzando las manos en incredulidad, una inevitable sonrisa tirando de la comisura de su boca.

—¿Por qué recuerdas algo tan aleatorio? —Marco se encogió de hombros, girando su cuerpo hasta quedarle frente por frente.

—Voy recordando cosas, pero no sé si son producto de mi imaginación o si son reales. Recuerdo que Connie tenía la manía de dar golpes en las mesas llevando un ritmo que desquiciaba a Saha, recuerdo a Eren tirando del borde de la bufanda de Mikasa y a ella sonrojándose. Recuerdo las posturas ridículas de Bert al dormir. También recuerdo que las noches que teníamos natillas te daban muchos gases.

—Innecesario ese dato —Se cruzó de brazos, avergonzado, sonriendo a pesar de ello por la risotada de Marco.

—Y sé que éramos mejores amigos pero… tengo un sentimiento un tanto diferente y no sé si es nuevo o siempre estuvo ahí —Marco se llevó una mano a la nuca, bajando la mirada—, sí que recuerdo con cariño a Armin, cada vez más cosas de cada uno, pero lo que recuerdo y lo que siento a tu lado es diferente.

—Diferente como —Inseguro y un tanto expectante, Jean apretó sus propios brazos, tensándose.

—Diferente —La repentina mano posada en su cintura hizo a Jean apartar un segundo la mirada de Marco, sobresaltándose al volverla a su rostro y tenerlo tan cerca.

—¿Marco? —El chico besó su mejilla despacio, encogiéndose de hombros después.

—Quizás era solo cosa mía, no lo sé.

Jean le observó emprender el paso de nuevo observando a su alrededor y lo vio, a su Marco, al Marco de siempre. Más alto, ancho, más adulto y menos niño, pero Marco. Sin pensar lo que hacía, tan sólo movido por pura necesidad, aceleró el paso hasta ponerse a su altura, entrelazando sus dedos con los de Marco.

—Cállate —Le espetó, el calor bajo sus mejillas casi mareándole, arrancando una risita del hombre a su lado. 

Jean chasqueó la lengua, gruñendo, tragando saliva cuando los dedos de la mano derecha de Marco apretaron los suyos y su pulgar le acarició el dorso, paseando a su lado de nuevo. Solo que ahora, como él decía, quizás esa segunda oportunidad sería diferente, y no pensaba desperdiciar ni un solo segundo a su lado.

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