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Wanna live in a trailer

Summary:

Yesung necesitaba una historia de amor

Notes:

Read the english translation here!!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Aquel había sido un día raro. Uno de esos días que parecían hacerse infinitos; estirarse como sólo el tiempo parecía poder hacerlo para, después, golpearte en el rostro con el pensamiento “¿sólo son las 11?”

 

Hyuk miró el reloj y le gruñó. Fue más por pura desesperación que porque pensase que aquello cambiaría en algo su situación.

Odiaba los días lentos, las películas lentas, las conversaciones lentas...

La gente lenta.

 

Hizo un esbozo mental de la orden del día, decidiendo que en un par de horas podían tener el calendario de todos cuadrado, siempre y cuando  Kyu no se hubiese levantado con ganas de causar problemas.

 

Revisó la hora de la última conexión al chat del menor: las 5.45... estaría deseando acabar para poder echarse a dormir en alguno de los sofás de la sala de espera. Fantástico.

 

— Ese reloj no se va a mover más rápido por mucho que lo mires — la voz, en tono ligeramente más alto que la media le regaló un sobresalto. Pensó en algo ingenioso que contestar, pero al no ocurrírsele nada se limitó a asentir con la cabeza, sonriendo mientras echaba una mirada rápida a Heechul, quien en ese momento luchaba porque un montón de bártulos que llevaba en brazos no acabasen en el suelo, mientras entraba sujetando la puerta con el culo.

 

— ¿A dónde vas con todo eso?

 

—A dónde no voy...querrás decir— soltó la carga sobre la mesa sin demasiada preocupación y Hyuk siguió con los ojos el camino que una pequeña pelota amarilla recorrió, hasta caer al suelo. Hee no la recogió — Estaban vaciando “objetos perdidos”...había cosas allí que...bueno, imagina. Había cosas valiosas y cosas que no...a mi me daba pena que los pequeños juguetes se tirasen. Mira esto— levantó sin pensarlo mucho un oso de goma de color crema que a Hyuk le pareció horrendo.— Pensé… — continuó— pensé que podía llevarme todo esto a la protectora de animales...para los perros de allí. No tienen muchos juguetes. Así que lo cargué, pero luego recordé que teníamos reunión. No quería dejar a nadie con estos trastos, y si los dejaba allí me daba miedo que pudiesen tirarlos sin querer— se rascó la cabeza mirando alrededor como si buscase algo, aunque el bailarín sabía que no— así que aquí estoy.

 

— Luego te ayudo a bajarlos— Donghae le sonreía desde la puerta con la pequeña pelota amarilla en la mano.

 

— No te preocupes — extendió la mano para para tomar el juguete al tiempo que ponía los ojos en blanco de forma teatral— tengo la seguridad casi absoluta de que lograré secuestrar a alguien desocupado.

 

Lentamente todos los miembros fueron llegando, a excepción de Siwon y Yesung. Siwon asistiría por chat, por estar de viaje, aunque de todas formas tampoco había demasiada agenda idol para él aquellos días.

 En teoría la reunión debía empezar a las 11 y cuarto pero no lo hizo hasta y veinte.

 

—¿Y Yesung? —Teuk buscó con los ojos un momento, para después quedarse mirando fijamente a Ryeowook, como si él tuviese la respuesta.

 

—Ni idea —el menor, a su lado, negó un par de veces con la cabeza — en la cafetería no estaba.

 

—Pues entonces es que no ha llegado —zanjó con un suspiro de resignación, que dejaba claro que iba a empezar con el orden del día, estuviese ahí el cantante o no.

 

Los repartos comenzaron como más o menos Hyuk preveía. Shindong absorbió la mayoría de reuniones con SM, cosa que siempre era de agradecer. Todavía recordaba con horror las dos veces que había tenido que asistir en sustitución de Teuk; “a poner la grabadora”, como decía el mayor. Y ya había sido un tostón.

Ni en las clases de matemáticas del instituto Hyuk había oído tantos números por frase.

Frunció el ceño al recordarlo

 

—Buenos días — La voz de Yesung le sacó de su ensoñación.

 

—Llegas casi veinte minutos tarde — El tono de Kyuhyun al decirlo fue suave, preocupado. Yesung no sólo estaba a todas luces nervioso, parecía confuso.

 

—Yesung..?

 

—Lo...lo siento —les echó una mirada rápida a todos, forzando una sonrisa, para después escabullirse a sentarse en la silla que Wook había dejado libre a su lado. No puso excusas.

 

Nadie dijo nada más. Había días en los que podías hablar del tema y días que no. Aquel, claramente, era uno de los que no.

 

Todos reconocían las señales, las ojeras, la actitud nerviosa y las cintas de colores cubriendo las puntas de sus dedos, pero ninguno decía nada. Hyuk no sabía los motivos de los demás... los suyos eran que hablar de cosas privadas le agobiaba. Hablar con Yesung a veces también. Sobre todo cuando estaba triste.

 

Tenía una de esas tristezas que te ahogan como el mar, te hunden, te calan hasta el tuétano del hueso como un aguacero furioso y profundo. 

Algunas veces cuando Hyuk lo veía sentado en silencio observando cosas con una atención que no merecían se le antojaba el chico más triste del mundo entero.

 

Sólo Ryeowook conseguía llegar hasta él algunas veces, y eso le apretaba un poco el pecho al bailarín.

 

Le buscó de reojo, sentado detrás de Wook como quién se esconde tras un muro, mientras el más joven, sin mirarle, le acariciaba los nudillos con el dedo por debajo de la mesa.

Siempre había envidiado aquella relación. Ryeowook parecía saber lo que Yesung necesitaba, como si viviese en su cabeza, y Yesung se confiaba a él en silencio.

 

Siguió los dedos sobre la mano del mayor  durante un segundo y suspiró.

 

La reunión terminó sin más incidentes. El trabajo estaba más o menos repartido durante los próximos casi 10 días y eso significaba poder hacer planes.

 

Vio a Heechul escabullirse pasillo a través junto a Donghae, que le cargaba los trastos. Kyuhyun se había escapado a una de las habitaciones de ensayo del piso superior que andaba vacía porque ahí “no le oían roncar”. Shindong y Teuk pensaban quedarse al menos otras dos horas haciendo números (alimentando así la teoría de Hyuk de que, a veces, ya lo hacían un poco por vicio) y los demás...

 

Ni siquiera había oído marcharse a Yesung.      

 

Suspiró con gesto aburrido y decidió que compraría algo para comer en la cafetería y después se tiraría la tarde en el sofá haciendo nada. Le dolía la cabeza.

 

Ignorando los ascensores bajó las escaleras casi de cuatro en cuatro, aprovechando que era medio día y no había casi nadie, y entró en el recinto de la cafetería con su mejor sonrisa. Una camarera alta y poco impresionable había comenzado a trabajar allí hacía algunas semanas. Tras meditarlo una noche Hyuk había decidido que, si jugaba bien sus cartas, quizás esa joven estuviese dispuesta a meterse en un par de líos con él.

 

—Hoy tenía el día libre.

 

—¿Eh? —giró sobre sus talones para encontrarse cara a cara con Ryeowook y le miró confuso.

 

—La camarera...alta, pelo castaño corto, boca grande... día libre.

 

—No sé de quién me hablas —la cara le ardía y se sentía como si le hubiesen pillado con la mano dentro del tarro de las galletas. Wook le miró un segundo, puso los ojos en blanco y resopló.

 

—Lo que tú digas.

 

Le siguió en silencio, planeando robarle parte de la comida que llevaba en la bandeja.

 

—¿Yesung está?

 

—No...volvió a casa. Luego le llamaré para ver cómo sigue.

 

—¿Pasó algo?

 

—Su cabeza...eso pasa —dio un trago a su vaso de té frío y suspiró — últimamente no sé qué hacer con su ansiedad. Se siente inutil, innecesario.

 

—Pero eso no es así —Hyuk había hecho suyo uno de los platos de fruta sin encontrar oposición — se lo has dicho ¿no?

 

—No es lo que yo le diga, Hyuk. Es lo que le dice su cabeza. Es a lo que escucha. Se ve prescindible, solo... Necesita sentirse aceptado, querido— el menor se rascó la cabeza con gesto perdido. —No es que no lo sea, pero no lo siente. Es como si necesitase que su vida fuera como una de esas estúpidas películas que ve, al menos durante un tiempo...y no sé ya qué demonios hacer... se lo está comiendo.

 

—Pero la vida no es como en las películas...

 

—Eso díselo a él —murmuró Ryeowook con gesto cansado— No es tan fácil ¿sabes? Todas las personas tienen una realidad, Hyuk... y no podemos cambiar la de Yesung. Necesita poder adaptar este mundo a su verdad, de alguna forma..pero no sé cómo...

 

Aquella conversación persiguió a Hyuk hasta casa.

 

Igual que las ojeras oscuras bajo los ojos de Yesung. Su forma de hacerse pequeño, encorvandose en la silla. El pelo lácio y negro como la noche. La sonrisa suplicante y dulce. Sus labios mordidos y llenos de heridas.

 

Cuando por un semáforo su coche se detuvo, Hyuk se quedó contemplando el cartel de una nueva película que estrenarían a no mucho de aquel día.

 

En él, un hombre y una mujer se abrazaban, rodeados de un plantel bastante extenso de otros personajes. Se enfadó un poco con el cartel, un poco con el mundo, porque Yesung se sentía mal por culpa de aquello. Porque él se sentía inútil. Cerró los ojos repitiendo para sí todos los puntos que hacían de aquella una película estúpida mientras el coche arrancaba.

 

La vida era mejor que las películas. Podía serlo. 

Pero Yesung necesitaba una película. Y claro que la tendría.

 

Y así, al bajar del coche, Hyuk ya tenía claro que si lo único que podía devolverle la confianza y la alegría a Yesung era una historia de amor como las del cine, él estaba dispuesto a dársela. 

Estaba dispuesto a darle todo.