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will i be able to save you?

Summary:

Xie Lian odia a Hua Cheng pero a veces no viene mal una metida de mano a tu cumpa cuando ambos son gays, y lo odias.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

La sala de reuniones para la mayoría de los oficiales celestiales era exquisita en decoración, con telas de colores vibrantes y pilares tan altos como un gigante. El ambiente siempre era tenso cuando los dioses se reunían para discutir asuntos sobre la organización de la vigilancia en cada parte del mundo mortal o cualquier problema surgido por algún fantasma causando problemas. Los dioses no disfrutaban estando ahí, significaba que algo andaba mal y cuando todo parecía caer en picada la desesperación aparece en los corazones de cada uno. Discusiones, peleas, lamentos, gritos. Nada pacifico era escuchado por esas paredes decoradas del color del sol.

El silencio dentro de la sala marcial fue interrumpido por una tos proveniente del hombre en el suelo, la sangre brillante y fresca fue expulsada de su boca en unos segundos. Su estado físico no era el mejor, su rostro estaba repleto de moretones y algunos mechones de cabello castaño fueron arrancados de su cuero cabelludo. Su respiración agitada tembló cuando intentó ponerse de pie por última vez.

 

Completamente derrotado, su mejilla estaba pegada en el material blanquecino del suelo.

 

“Ya no puedes levantarte, es una pena”

 

Esa voz juvenil provenía de un hombre vestido completamente de blanco, una figura digna de ser llamado dios. El poder que poseía se volcaba en cada movimiento, gesto o tono de voz que utilizaba al hablar. Su postura era recta y una larga cola de caballo sedoso reposaba en su hombro. Era un hombre sumamente hermoso pero su expresión denotaba pura maldad y locura.

Xie Lian estaba muy molesto.

Con la vida, tal vez. Y con ese hombre herido en el suelo.

 

“No hice nada malo”

 

La voz del dios se estaba desvaneciendo, bajando el volumen como si estuviera a punto de perder el conocimiento.

Débil.

 

Xie Lian lo escuchó con claridad y sus ojos se encendieron con una llama invisible. Lanzando un gruñido se encontraba junto al hombre en un santiamén. La mano de Xie Lian se envolvió en su cráneo amenazando con romperlo en cualquier momento si así lo deseaba. La furia decoraba el rostro cansado de Xie Lian.

“¿Te crees con el derecho de decidir lo que hiciste mal o no? ¿Quién mierda eres para ser un juez aquí? ¡Yo soy quien gobierna aquí, no tú!”

 

Justo como una bomba explosiva, cada palabra aumentó el sentido de peligro en el hombre debajo de Xie Lian. La cólera burbujeaba en su interior y era incapaz de manejarlo, todo su interior ansiaba por liberar cada porción de enojo y dolor del pasado. Muchas voces gritaban en su oído cuando estaba cegado por sus impulsos. Todo era rojo y solo lo catapultó a realizar acciones cuestionables, ya sean en contra de alguien o consigo mismo.

¡Nos salvaste!

Eres un mal hijo, Xie Lian.

¿Cómo puedes vivir de esa forma?

¡Por favor, piedad!

 

Una voz silenciosa gritó en algún lugar recóndito en la mente de Xie Lian. Ese era él mismo.

 

El crujido de unos huesos volvieron a interrumpir el silencio.

Xie Lian parecía un animal salvaje, con los ojos bien abiertos y la sangre salpicando su rostro pálido. Las manos del dios temblaron. En el momento cuando intentó limpiar su mejilla izquierda pudo estabilizarse nuevamente.

 

“No esperaba otro final”

 

La voz de Jun Wu era graciosa, una mezcla entre burla y emoción. El emperador apreciaba viendo a su dios favorito aniquilando personas frente a él, como un espectáculo.

Xie Lian inclinó la cabeza como un niño avergonzado luego de tener una rabieta frente a sus padres. Perdiéndose en sus propios pensamientos pegó su vista en la mancha de sangre frente a sus pies.

No era la primera vez que perdía el control de la situación de esa forma ni tampoco la última.

Desde que fue rescatado por Jun Wu de sus peores momentos en el mundo mortal cuando Xian Le cayó en la desgracia, su vida cambió drásticamente desde su interior hasta su exterior. El día cuando Xie Lian supo quien era realmente Bai WuXiang y como planeó su caída hasta ese momento su rostro se había tornado tan blanco como su carne con caldo. El hombre es quien más confiaba, a quien consideraba una figura a quien admirar y seguir su ejemplo era su peor enemigo.
En un principio…

¿Quién era Jun Wu? Ese era un misterio no resuelto, Xie Lian recordó un momento de su pasado como Dios Coronado de Flores. En un intento de atrevimiento utilizó la excusa de investigar sobre un caso de corrupción en el reino mortal con el propósito de encontrar un poco de información sobre la vida de Jun Wu antes de ser quien era.

¿De dónde había conseguido todo ese poder?

Xie Lian se negó rotundamente ante su oferta de unirse como su discípulo. Tendría que estar completamente loco para aceptar, a pesar de encontrarse en un estado inestable aún conservaba un poco de su humanidad. No estaba roto aún.

Hasta que comenzaron las torturas y los castigos, cada rechazo estalló una ola de enojo en Jun Wu. Quería forzar a Xie Lian rompiéndolo desde adentro, cada parte de su cuerpo estaba siendo tensado para poder escuchar un ‘Si’. Xie Lian luchó y luchó hasta que algo cambió en él, las palabras de Jun Wu sobre gobernar el mundo juntos y aniquilar quien se interponga en su camino comenzaron a tener sentido. Los hilos sujetaban sus manos y pies, estando a la merced del Emperador incluso si no quisiera. Xie Lian era capaz de visualizar un edificio construyéndose, Jun Wu tenía las herramientas y cada ladrillo fue puesto por él para crear ese poder que consiguió sobre el dios al final.

Era su esclavo, su mascota.

Xie Lian estaba bien con eso.

El primer paso fue la venganza, luego llegó el deseo de más poder y aniquilación a quienes se lo merecían. Luego de 800 años creando el caos y sembrando miedo como una calamidad y disfrazándose de un dios, había realizado toda clase de actos maliciosos a inocentes y culpables. Nada podía detener al maestro, ni mucho menos a su fiel discípulo.

 

De un momento a otro Xie Lian sintió la presión de cierta calidez y le tomó un instante darse cuenta que Jun Wu lo estaba besando en los labios.

Probablemente se había ido demasiado lejos en sus pensamientos y obedeció las órdenes de Jun Wu acercándose sin estar consciente de su alrededor. Volvió a tierra cuando sus sentidos se activaron ante el contacto lento y cuidadoso del mayor.

La reacción de Xie Lian fue demasiado tranquila si un tercero presenciaba ese momento, su boca no devolvió ningún movimiento pero sus ojos se mantuvieron fijos en los de Jun Wu.

Aquellos ojos eran oscuros pero contenían demasiada sabiduría y tranquilidad dentro, una persona así jamás se atrevería a besar al príncipe heredero ni mucho menos a la Calamidad Vestida de Blanco.

Tampoco parecía que el contrario quisiera una respuesta positiva ante el beso.

Xie Lian carraspeó la garganta cuando Jun Wu se apartó de forma serena, sin un poco de culpa en su mirada.

 

“Xian Le estaba sucio, quería arreglar tu rostro un poco”

 

Insinuando el mal humor anterior de Xie Lian supo admitir que de cierta forma funcionó para calmar su interior. Lo que eran olas furiosas en lo alto en ese instante no eran nada más que un océano acogedor resplandeciendo por el atardecer.

 

“Alguién debería limpiar esto también”

 

Xie Lian comentó casualmente como si el hombre muerto fuera un jarrón partido al medio por sus manos.

Una molestia, nada más.

 

“Llamaré a alguien para que lo haga. Xian Le, te veré más tarde cuando te necesite. Ve a jugar”

 

Sentado en aquel trono ordenando a Xie Lian a hacer lo que quisiera realmente les daba la imagen de un padre orgulloso de que su pequeño sea un asesino.

 

Una vez afuera, Xie Lian tomó un pañuelo de dentro de su manga y continuó limpiando el rojo de su cara. Era un día cálido en los cielos y algunos dioses desviaron la mirada hacia Xie Lian para continuar con sus asuntos rápidamente. Por supuesto, no sin antes saludarlo respetuosamente.

Xie Lian conocía cada rostro sin realmente interesarle quien era quien, la encargada de aquello era el Maestro del Viento y de eso se trataban la mayoría de sus conversaciones. Solo chismes.

En su camino hacia su propio palacio dos figuras se interpusieron en su camino sin hablar palabra alguna, solo observando a Xie Lian atentamente.

 

“¿Qué quieren?”

 

No hubo respuesta.

Xie Lian miró hacia arriba deseando que Feng Xin y Mu Qing desaparecieran si lo deseaba con pasión.

 

“Hueles a sangre”

 

“Tus labios se ven hinchados”

 

Ambos dioses hablaron al mismo tiempo y Xie Lian no supo que responder. Desvió la mirada irritado.

 

“¿Eso es todo? Tengo cosas que hacer”

 

“¡Bastardo! Solo estamos preguntando”

 

“¡No lo llames así, es Su Alteza!”

 

“¡No tengo miedo de que Su Alteza desate su ira en mi, no sería la primera vez!”

 

Xie Lian regresó la mirada hacia Mu Qing en confusión, recordando sus discusiones diarias pero jamás atreviéndose a tocar a Mu Qing. Ni tampoco a Feng Xin.

 

“Si ya terminaron de pelear, déjenme pasar”

 

“Su Alteza…”

 

“¡Callate! Estoy de buen humor ahora mismo y no quiero ser perturbado por sus gritos ni sus reproches. Estoy cansado de la misma conversación”

 

Xie Lian y su estatura menor a los otros dioses los empujaron cuando siguió su paso hacia delante. Su cabello atado estaba un poco desarreglado pero no podía importarle menos.

 

Necesito estar solo.

 

Quiero estar solo.
Los palacios y sus estructuras no eran encontrados en cualquier reino humano, cualquiera estaría con la boca abierta de tan solo ver el palacio de Xie Lian. Ningún otro palacio perteneciente a un oficial celestial era de cristal y no era solo el tejado y la iluminación, todo era puro cristal brillando a la luz del sol cercano a los cielos. Era una vista magnífica.

 

Xie Lian suspiró tristemente y cambiando de decisión, se dirigió al Jardín Inmortal.

 

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Xie Lian amaba las rosas blancas cuando era pequeño, un jardín entero de esas serían su sueño infantil más deseado. La belleza en la naturaleza siempre capturó sus jóvenes y curiosos ojos y se mantuvo hasta 800 años después. Su actividad favorita en el reino mortal era visitar campos de flores de cualquier tipo, le otorgaba una tranquilidad que no encontraba en otro lugar de la tierra. El aroma inundaba sus fosas nasales, las flores se balanceaban suavemente con el viento y el sol o la luna siempre iluminaban la tierra protectoramente. Si Xie Lian tuviera la oportunidad de congelar el tiempo y estar atrapado en un lugar por siempre, ese era su destino hacia una muerte sin fin.

Apenas habían pasado unos minutos de Xie Lian acariciando una flor púrpura cuando sus oídos captaron pasos en la distancia. Por la forma de caminar perezosamente y sin preocupación alguna, se trataba del dios Hua Cheng.

Xie Lian habló de la forma más amable posible.

 

“Dios Marcial Empuñando una Cimitarra”

 

“Dios Marcial Coronado de Flores”

 

Xie Lian y Hua Cheng reaccionaron a esos títulos de forma diferente. Hua Cheng lo encontró divertido y su risa llenó el lugar.

Por el lado de Xie Lian, él simplemente arrugó la nariz con disgusto.

 

“Su Alteza necesita un momento a solas y parece que estoy interrumpiendo”

 

Bueno, no se equivocaba.

 

¿Cómo quitarse de encima a un dios de dos metros que parece conocerlo mejor que si mismo?

Y que era dolorosamente atractivo.

 

Su camino a la homosexualidad se habia aclarado cuando vio a ese hombre con un parche y una sonrisa engreida. Una pena que Xie Lian guardaba rencor y odio. Odiaba a todas las personas que se acercaban mucho a él.

 

“Todas las tardes aquí son muy pacíficas para mi, nadie viene a este lugar a solo estar en presencia únicamente de estas flores. Ya no más”

 

Xie Lian dirigió la mirada fijamente en Hua Cheng, parecía muy despreocupado y eso era extraño. En presencia de Xie Lian se lo veía temeroso o a veces demasiado protector. Era insoportable.

Hua Cheng no apartó su único ojo del dios, incluso cuando comprendió la indirecta en las palabras de Xie Lian.

Xie Lian optó por dar la vuelta nuevamente e inhalar el aroma de la flor púrpura, era muy extraña y nunca la había visto. El Jardin Inmortal fue creado por el mismo Jun Wu como obsequio para Xie Lian unos años atrás. Era uno de los edificios más grandes y cientos de personas se encargaban de los cuidados necesarios cada día, sin falta.

Preparado para la supervivencia de las plantas, uno se sentiría abrumado por la cantidad de aromas y el sol brillante entrando desde el techo.

Cuando Xie Lian se sintió ligeramente mareado no cuestionó negativamente lo que estaba sucediendo, anteriormente había sido expuesto a un momento de mucha rabia contenida y eso no era bueno para nadie. Su mano derecha sostuvo su frente en un intento de aclarar el estado físico en que se encontraba, su mundo comenzó a dar vueltas y la visión frente a Xie Lian era un revoltijo de colores.

Unas manos firmes lo sostuvieron cuando comenzó a caer y finalmente todo se oscureció.

 

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“Su Alteza, no puedo sanarte. Todo el poder que he conseguido en todos estos años y ni una parte de mi puede entender ni sanar lo que sientes”

 

“Pero puedo compartir el dolor contigo”

 

El palacio de Hua Cheng no estaba lejos del palacio de Xie Lian, ambos podrían encontrarse si lo desearan. Xie Lian evitaba a Hua Cheng a toda costa sin importarle por sus modales.

El mismo Hua Cheng había susurrado unas palabras al otro dios que probablemente nunca recordaría o estaría fuera de su comprensión. El brillo en el ojo de Hua Cheng era igual que una estrella, vigilando a un Xie Lian dormido con anticipación.

 

Una tercera persona en el rincón de la habitación habló en voz baja, recordando.

 

“Se despertará en cualquier momento y no le gustara verte con esa cara de enamorado perdido”

 

Un tono de desaprobación provino de la figura misteriosa.

 

“Espera, ¿Por qué haces esto?”

 

Silencio.

 

El sonido de Xie Lian despertando lentamente ahogó las palabras del desconocido.

 

“Porque Su Alteza merece ser libre”

 

Las típicas sabanas suaves con aroma a lavanda no fueron lo que sintió Xie Lian debajo de él, en su lugar fue algo distinto y lo supo en el instante que sus sentidos se despertaron por completo.

No había dudas. Alguien quería envenenarlo.

 

Con los ojos aun cerrados alargó una mano para envolverla en el cuello de Hua Cheng mientras se sentaba en la cama.

Lo primero que vio Xie Lian cuando sus pesados párpados se abrieron fue el rostro sorprendido de Hua Cheng, una mano sujetó la muñeca de Xie Lian como acto reflejo.

 

“¿Qué me hiciste? Habla o tendrás un final no muy placentero”

Un dios amenazando a otro no era una situación agradable, los pactos de paz se quebrantaron cuando Xie Lian amenazó a Hua Cheng de esa forma.

Pero siendo una calamidad, ¿Quién iba a detenerlo?

 

“Te he soportado por demasiado tiempo, estas detrás de mi cuando tienes la oportunidad y te atreves a criticar sin conocerme. Hua Cheng, ¿Qué mierda quieres de mí?”

Sin obtener respuesta, Xie Lian gruñó en voz alta. Agregando una buena cantidad de energía espiritual envió a Hua Cheng contra la pared sin soltar el agarre en su garganta. Lo presionó allí mismo.

 

El rostro de Hua Cheng estaba atónito, incluso pálido. Xie Lian se enfadó aún más creyendo que era su reacción esperada.

¿El dios marcial esperaba el perdón? ¿Flores?

 

La voz medio inestable de Hua Cheng interrumpió los gritos de Xie Lian.

 

“Realmente lo odias”

 

Las cejas de Xie Lian se juntaron.

 

“¿De qué estás hablando?”

 

“Ya sabes de quien hablo, lo odias. En el interior, odias como te trata”

 

A Xie Lian no le gustaba demostrarle a las personas como se sentía, nada traspasaba el muro que construyó mientras crecía. Su rostro era igual de indiferente cuando lo deseaba, no importaba la situación.

 

Pero cuando Hua Cheng habló, todo se convirtió en desconcierto.

 

Confusión.

Xie Lian se sentía…

 

“¡No, no, no, no! ¡NO! ¡CALLATE! Ni siquiera yo sé lo que siento. Tú no puedes…”

 

La respiración de Xie Lian aumentó en unos segundos y soltó a Hua Cheng sin pensarlo. Estaba perdido.

¿Por qué le afectó tanto las palabras de Hua Cheng? ¿Eran verdad?

 

“¡NO SÉ COMO ME SIENTO! HAY TANTAS COSAS QUE NO PUEDO NOMBRAR UNA. HAY MUCHAS, SON MUCHAS ¡YA NO LO SOPORTO!”

 

Xie Lian chocó contra la pared en un intento de alejarse de Hua Cheng.

 

Ambos intercambiaron miradas. Uno estaba perdiendo el control y el otro también.

 

Xie Lian pudo notar que la perplejidad de Hua Cheng seguía intacta, estaba sufriendo al igual que él.

 

Ambos fueron envenenados.

 

Era la única explicación.

 

Xie Lian cubrió sus oídos y se arrodilló en el suelo.

 

“¿QUÉ ESTÁ PASANDO?”

 

Xie Lian estaba inmerso en su propio dolor, con los ojos cerrados y el rostro cubierto de lágrimas secas y nuevas derramándose por su rostro. Un nudo de dolor se instaló en su pecho y no poseía la habilidad para deshacerlo.

Era demasiado.

 

Ignorando a Hua Cheng de esa forma, no pudo ver al hombre en la misma situación que él. Una cara normalmente arrogante o burlona, repleta de angustia y desesperación.

Hua Cheng se sintió un pequeño de vuelta, sufriendo de la misma forma que su dios y sin poder hacer nada. Ambos gritando de dolor al mismo tiempo pero separados.

¿En cuál momento sus caminos se habían desviado?

 

Un pequeño y su salvador.

Un Dios Marcial y un soldado.

Un dios caído y un fantasma.

 

Y luego…

 

La desconexión, el rompimiento de ese lazo predestinado.

 

Con un poco de esperanza, Hua Cheng pensó que no todo estaba perdido.

 

Observó a Xie Lian al otro lado de la habitación, estaban más conectados que antes. Con esfuerzo imaginó un hilo rojo atados en la mano de cada uno.

 

Si, estaba ahí. Hua Cheng solo deseaba a Su Alteza estando feliz y sin preocupaciones. Libre de cualquier persona manipulandolo. La sonrisa que mantuvo inhalando las flores estaba grabada en la mente de Hua Cheng por la eternidad.

 

Haría lo que sea por mantener esa sonrisa.

 

“Su Alteza”

 

“...”

 

Xie Lian sujetó la muñeca de Hua Cheng con fuerza. No ejerció otro movimiento hasta que se adelantó y besó ferozmente los labios de Hua Cheng sin piedad.

 

“...”

 

¿QUÉ?

 

QUEQUEQUEQUEQUEQUEQUEQUEQUEQUEQUEQUEQUE.

 

Xie Lian estaba delirando.

 

Si, era eso.

 

Estaba pensando que era otra persona.

 

Otra persona, besaba a otra persona que no era Hua Cheng.

 

Emitió un sonido desde su garganta y devolvió el beso luego de varios minutos sin saber que hacer.

 

Hua Cheng ahuecó el rostro de Xie Lian con sus dos pálidas manos. Algo estaba mal con Xie Lian, no solo ese día, desde el momento que se reencontró con su dios supo que había ocurrido algo. Ya no era el mismo.

Y Hua Cheng estaba dispuesto a seguirlo a donde sea pero para su desgracia, Xie Lian notó sus intenciones y creció un rechazo hacia Hua Cheng más doloroso que cualquier otra herida.

Sus lenguas intercambiaron movimientos, juntándose sincrónicamente como si ambos supieran lo que querian del otro. Ninguno de los dos necesitaba tomar un respiro, no eran humanos corrientes y continuaron hasta que Hua Cheng fue acorralado contra el suelo por Xie Lian.

Ambas piernas de Xie Lian se posicionaron a los costados de Hua Cheng en la altura de sus caderas. Estaba desesperado por tener más de Hua Cheng sin pedir permiso y así prosiguió inclinándose sobre Hua Cheng para continuar besándolo en esa posición.

Con cada movimiento de Xie Lian, Hua Cheng sentía como todo su cuerpo se movía presionando contra Hua Cheng de forma insistente. Aquello desestabilizó el interior reprimido de Hua Cheng y con algo de culpa, llevó sus manos hacia la cintura de Xie Lian para sostenerlo ahí.

A Xie Lian no le gustó eso.
Golpeando las manos de Hua Cheng las guió él mismo hacía su coleta desordenada, quería que jugara con su cabello.

Hua Cheng quiso reírse pero la situación era demasiado impresionante para emitir algún sonido.

 

La paciencia de Xie Lian se desvaneció y tomó a Hua Cheng con una mano sin contenerse, quien ya estaba hecho un desastre allá abajo.

Hua Cheng comenzó a oír las respiraciones agitadas de Xie Lian y lo miró a los ojos por primera vez desde que se besaron. Parecía consciente, acostumbrado a tirarse encima de los demás luego de perder el control.

La ropa de Hua Cheng se interponía con el trabajo de Xie Lian pero eso no lo desanimó, siguiendo un ritmo moderado en un principio y luego acelerando el ritmo.

Hua Cheng cedió ante las sensaciones por unos momentos y Xie Lian habló roncamente.

 

“Te odio tanto. Verte así, sintiéndote tan bien. Puedo quitártelo todo en un segundo”

 

Hua Cheng tuvo un mal presentimiento. Xie Lian no sonaba como él mismo, estaba repitiendo lo que le habían dicho.

 

“Tú y…”

 

Hua Cheng detuvo sus propias palabras. Xie Lian fue demasiado rudo cuando habló.

 

“No quiero escucharte. Dame lo que quiero”

 

Hua Cheng no pudo entender a que se refería sin tener ninguna pista. Xie Lian aclaró sus palabras con sus siguientes movimientos.

 

Una mano estaba debajo de la rodilla de Hua Cheng, la otra justo en el hueso de su cadera.

 

“Abre más tus piernas”

 

Hua Cheng obedeció hipnotizado por el tono demandante de su dios.

Notes:

si quieren una segunda parte, paguenme