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Category:
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Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 7 of Aoi Sekai
Stats:
Published:
2021-07-05
Updated:
2021-07-05
Words:
2,231
Chapters:
1/?
Kudos:
5
Hits:
169

Coro femenil

Summary:

Cuando las cosas están en tu contra, debes afrontarlas con todas tus fuerzas, eso es lo que Wolpis cree.

Chapter 1: Capítulo uno

Chapter Text

—¡Bokuro! ¡Sou-kun! —vociferó una agraciada voz aguda.

—¡Ah! —se sobresaltaron los recién mencionados, uno de los cuales llevó una mano a su pecho en tono dramático en tanto el otro dio un respingo.

—¿Qué pasa Wolpis?

—¿Ahora qué?

Respondieron Sou e Isubokuro, respectivamente. Se dieron la vuelta a ver qué traía tan alborotado a su amigo escandaloso de cabello llamativo, quien venía casi corriendo con un aire de cólera rodeándolo. Pese a ser alguien sensible y de personalidad muy expresiva verlo tan eufórico no era lo más cotidiano.

—¡Estoy harto! Ya van tres veces —indicó la cifra con los dedos— que pregunto si no hay lugar en el coro para mí y siempre responden que está lleno, ¡pero cada que voy a ver a su aula no está más de la mitad de gente! ¡¿Por qué me odian?! ¿Qué hice para que no me quisieran recibir? —reclamó con desespero.

—Ehh, a ver cálmate —el aludido tenía una expresión frustrada por dondequiera que se mirara.

—No es justo Sou... —lloriqueó.

—Bueno ¿Y si nos cuentas lo que pasó? —propuso el de menor estatura en tono comprensivo, depositando una mano cálida sobre el hombro de su persona favorita.

—Hah, ya sabes... Lo de siempre. Fui a buscar a la profesora de música para hablarle sobre dejarme participar, pero cuando la encontré en la sala de maestros me mandó con alguien del consejo porque los papeles sobre eso los tenía en la dirección o un lugar así, alejado. Al fin y al cabo no es la primera vez que le pido dejarme entrar. Ya sabe a lo que voy y solo me da evasivas. Total que accedí. Busqué hasta dar con uno de los chicos encargados del área artística, sin embargo él me dijo que no podía sacar los papeles sin el permiso de la profesora, que el cajón tenía llave y que si no iba con ella no tenía caso intentar, que además no tenía cómo comprobar eso, y bueno, parece burocracia...

Suspiró cansino. Los otros dos se quedaron estáticos analizando la situación cuidadosamente.

—Es que... —intervino pensativo, el azabache—, ¿no se supone que el coro escolar es solo femenino? Ha de ser por eso que te rechazan. No debe estar permitido, o si no es una norma obligatoria, tal vez no quieran niños allí.

—Oh ahora que lo menciona, Isu tiene razón; aunque nunca traté de ingresar al coro tampoco me pareció ver un chico allí alguna vez, y solo se anotaban chicas para las audiciones.

La incredulidad se apoderó súbitamente del rostro del más alto. —Pero... ¿Por qué nunca me dijeron eso simplemente? Además ustedes dicen que cuando canto se me oye voz de niña, ¿no deberían aceptarme entonces? —resopló conmocionado.

—Tampoco lo entiendo, a menos que haya otra razón para no dejarte entrar —añadió Sou encogiéndose de hombros.

—¡A saber! —bufó Isubokuro— No deberían cortarle los ánimos a los estudiantes y, detesto admitirlo Wolpis, pero tienes una increíble voz...

El nombrado (y el castaño también) se asombró enormemente por la confesión de su, normalmente retraído, mejor amigo. Abrió los ojos de par en par, en tanto los buenos ánimos se hacían presentes de nueva cuenta dentro de su encorvado cuerpo.

—¡Wah! Gracias por el cumplido...

Volviendo a su actitud típica, Isubokuro bajó la mirada y asintió torpemente como contestación. Era lo más que podía hacer para retribuirle. Por su parte, el chico en medio de la pequeña escena tuvo una idea para no dejar acrecentarse un silencio incómodo. Maldición, ese par era demasiado obvio algunas veces.

—Este... Yo conozco a alguien en el coro que podría ayudar, por lo menos a conseguir algo de información útil. Wolpis, ¿con quién has estado yendo a preguntar por integrarte?

El de ojos y cabello turquesa rodó los ojos, previo a esbozar una sonrisa burlona en dirección a Sou. —Tu persona favorita. Para tu fortuna está a cargo de hacer de intermediario entre los maestros de actividades extraescolares y nosotros —aludiendo al alumnado—, así que ya entenderás el porqué de mi desesperación. Lo pusieron a revisar lo de artes, quién sabe porqué.

—Ay no...

—Ay sí.

—Espera, ¿se refieren a Eve-kun? —interrumpió, confundido, el de ojos miel.

Wolpis rió y Sou puso una mueca dando a entender que sí. Aquel rubio con apariencia tan formal le había hecho un nudo emocional al pequeño de primer grado dándole una pésima primera impresión, sin contar lo frío y cortante de su trato en general con quienes no tenía una pizca de paciencia. Por eso mismo, Sou comprendió al instante qué quiso decir su amigo con aquel: "ya entenderás el porqué de mi desesperación." Eve tenía fama de rígido estudiante, poco flexible y de vez en cuando desesperado. Taciturno y distante. Un temeroso de desafiar a la autoridad y aunque gentil con sus compañeros y amigos, se tornaba especialmente receloso cuando del niño de ojos mar y cabello achocolatado se trataba. Bien es verdad que solo usaba esa faceta asocial tratándose de trabajo, pero de todas maneras se presentía un inusitado algo por el cual las personalidades de ambos chocaban continuamente.

—Pobre de ti Sou-kun, de alguna forma no importa cuánto trates de evadirlo siempre necesitas acercártele.

El susodicho gimoteó fingiendo lagrimear. —¿Por qué nuestra suerte es así? ¿Por qué mi suerte es así? —miró al azabache en forma acusatoria— Tú; tú eres el que menos problema tienes, ve a hablar con Eve.

—¿Ah? Ni de chiste, si tú le caes mal a mí parece quererme cortar la yugular con los ojos. Me da miedo, en serio no entiendo a los que dicen que es un tipo de lo más amable. Y en segunda, tú, mi querido Sou, te llevas mejor con él entre nosotros tres. Wolpis ya probó y no quiere cooperar, contigo quizás funcione.

—¡Par de traidores! —los señaló con el índice— Me quieren usar de cebo con él. Además Wolpis es quien quiere entrar a fuerzas.

—¡Es que solo así tenemos oportunidad! Y no seas egoísta, es tu amigo también.

—No, no eres el cebo Sou, eres la llave.

—Definitivamente no. Me niego —exclamó ofendido. Desvió la vista cruzándose de brazos y apretando los labios.

Con cautela, Wolpis e Isubokuro intercambiaron miradas. Enseguida, un hilo suelto en el problema abordó al primer nombrado para no dejar morir sus esperanzas.

—Oye, nos estamos olvidando de algo. No nos dijiste quién era la persona que conoces del coro. Ella puede sernos de ayuda, claro, si es que hay oportunidad...

Sou dudó. Deshizo el agarre en sus brazos y suavizó la expresión al replicar. —A quien conozco se llama Kapi, no creo que la ubiquen porque es algo tímida, pero canta muy lindo. Pelo corto, rubio —señaló con la mano un punto de su cuello entre la barbilla y el hombro para indicar el largo del cabello de la señorita.

—La verdad me suena muy poco —sinceró el de nombre raro—, pero si nos ayuda le estaré eternamente agradecido.

—Wolpis, ¿y por qué ese interés repentino en entrar al coro? —prorrumpió el tercero. Sou lo secundó viendo fijamente al antedicho con suma curiosidad brillándole en la cara.

—Ah eso... No me parece que sea tan repentino, llevo queriendo meterme desde que empezamos el ciclo escolar. Principalmente es por mis padres, dicen que no tiene caso llevarme a clases de canto particulares si no me va a servir de algo en la vida.

Isubokuro frunció el entrecejo. —¿Cómo que no? Aprender de todo siempre será útil, la música ayuda con matemáticas, por decir algo.

—Eso digo yo —suspiró—, lo he intentado aunque siguen empeñados en hacerme subir de calificación. Tal vez sea por eso —rascó su nuca.

—Qué fastidio —negó el castaño con la cabeza—. Está bien, te ayudaré solo por eso y hablaré con Kapi-san, pero prometan que no me harán buscar a Eve si no es extremadamente necesario —amenazó señalándolos con el dedo.

—¡Prometido! —se oyeron sus voces al unísono.

Aliviado con su acuerdo, Sou sonrió. Por dentro se le había formado un nudo en el estómago ante la posible necesidad de ir a tener que tratar con el jovencito de lentes redondos. Esa tácita rivalidad ya creada entre ambos como un muro frágil y confuso parecía actuar como imán. Desgraciadamente, para el desafortunado menor, solía ser él quien pedía ayuda con regularidad, debiendo acudir pisando su orgullo y ganas de salir corriendo. No era ningún secreto para sus dos amigos más cercanos el lío interno que se hacía a la hora de tocar el tema, dado que la obviedad en los sentimientos del inexperimentado Sou dejaba en claro sus sentimientos encontrados: la persona que le gusta choca con su personalidad y se siente humillado cada vez que desea abrirse, al mismo tiempo en que es incapaz de alejarse. Por todas aquellas molestias, el niño tierno le rehuía a los chances de encarar al de "corte de hongo". Sí, Wolpis Kater e Isubokuro serán muy evidentes, pero él sabía que no era nadie para echárselos en cara ni recriminar, así que se contentaba con guardarse las palabras en la punta de la lengua y arrugar la nariz. Se compadeció de su amigo, dado que su empatía era mayor a sus deseos por mantenerse al margen, y aceptó beneficiar la causa con un granito de arena: conseguir información del coro. No era tarea difícil, lo complejo era lograr que lo dejaran entrar.

Esa misma tarde, después del almuerzo Sou les avisó que buscaría a la chica. Tres días a la semana tenían ensayos en el salón de música, por lo que hallarla fue sencillo. Dicho salón se localizaba justo en la planta superior, dando paso a las escaleras de emergencia conectadas a la azotea del edificio, en otras palabras, la rubia no debería estar muy lejos. El de oji-azul se dirigió hasta la azotea y con prontitud la vislumbró apoyando los codos sobre el barandal metálico mirando al cielo en aires de ensoñación.

—Kapi-san, hola —saludó cordial tras llegar a su lado.

—¿Uh? Sou-san, me alegra verte —correspondió—. ¿Cómo estás? No te oí llegar.

—Soy algo silencioso, je. Bastante bien, ¿y tú? ¿Sigues cantando?

—Qué pregunta —rió—. Claro que sí, cantar es difícil pero me encanta.

—Vaya —sonrió—. Eso es bueno, y lo haces muy bien.

La más pequeña en estatura, rápidamente notó a dónde se dirigían las intenciones del chico, no obstante lo dejó extender un poco más la conversación para darle naturalidad a la situación, de modo que no fuese incómodo para nadie.

—Así que dime, Sou-san, ¿qué te trajo por aquí hoy?

—Hey, lo sueltas como si solo viniera a verte por conveniencia. Somos amigos, ¿no? Por algo supe que andarías aquí arriba.

—Me gusta el silencio, es todo. Pero vamos, ya dime qué es, no voy a molestarme.

—Ahg, ¿tan obvio me vi?

—Nah, es normal. Entiendo que no quieras molestar si no es necesario. De por sí a veces siento que solo me buscan cuando quieren algo de mí —sollozó falsamente con voz graciosa.

—¡No es eso, de verdad! Pero eres alguien solitaria y da la impresión que no te gusta que te molesten.

—Qué decirte, je je je. Un poquito tal vez —dio un sorbo a su cuarto de jugo de naranja—. ¿Y en qué te puedo ayudar?

—Se trata de un amigo mío, Wolpis. Está determinado en hacer que lo acepten como parte del coro, pero cada vez que va con la profesora LiSA le dicen que no se puede, o algo por el estilo. No le dicen directamente que no pero tampoco le facilitan las cosas. Mi otro amigo insiste en que es porque el coro es solo para chicas, aunque jamás le mencionaron eso a Wolpis en primer lugar.

Una pequeña "o" se dibujó en los labios de la contraria. Sus orbes semejantes al ámbar se iluminaron junto a una idea recurrente.

—¡Entiendo, tiene sentido! Hmm... No lo sé, es verdad que no hay niños, pero no existe alguna especie de regla donde lo prohíban como tal. El verdadero problema es que la profesora maneja ese asunto, y es bastante exigente. Créeme. Supongo que si espera a las próximas audiciones o intenta hacer una prueba con ella directamente, lo consideraría como una excepción... No es algo seguro, pero es lo mejor que pueden hacer.

—¿Oh, tú crees?

—¡Absolutamente! ¿Conoces a Akari-senpai? Ella podría serles de ayuda.

—Por supuesto que sí. Nanawo-san me ha ayudado mucho, es como una hermana mayor para mí.

—Genial —sonrió triunfal—. Entonces ya sabes por dónde empezar —miró su reloj de pulsera color pastel—. ¡Ehh! Qué rápido se pasa el tiempo, ya debo irme. Bye-bye Sou-san.

Sereno fruto de sus recientes nociones para lograr apoyar a su querido amigo, el castaño claro agitó frenéticamente su mano en despedida. La rubia de ojos miel devolvió el gesto previo a desaparecer por la puerta de la azotea, dejándola entreabierta por si las dudas.

Contento con su hallazgo, se dispuso a seguir el mismo camino que la chica, justo en el momento en que sintió un par de ojos clavársele en la espalda. Con brusquedad miró en todas direcciones sin ver a nadie más, pues la azotea estaba despejada como siempre. No le dio mayor importancia a su raro presentimiento y reanudó su camino de vuelta al aula con las manos en los bolsillos.

Eso sin darse de cuenta que la persona mirándole atentamente se encontraba en un pasillo solitario, con expresión neutral pasando al descontento.

 

 

[ ¡Continúa! ]

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