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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 8 of Aoi Sekai
Stats:
Published:
2021-07-10
Words:
3,148
Chapters:
1/1
Kudos:
12
Hits:
238

Los 20 de Sou

Summary:

Sou ya es mayor de edad.

Work Text:

La música paró como al compás de un estridente tronido hasta convertirse en un eco rebotando de pared a pared para perderse y llegar a los tímpanos de aquellos alejados dentro del auditorio. El último rastro de melodía apagándose para calmar el furor entre los espectadores se consumió. Y el joven, ya mayor de edad, sonrió ampliamente a su público con micrófono en mano antes de reverenciar en agradecimiento con las luces azules y verdes girando sobre la plataforma del escenario del concierto. Su sombra se alargó y dividió en varias direcciones gracias a los giros de los reflectores con el clamor general como muestra de afecto.

Un apagón abrupto los dejó en penumbra. Enseguida, incontables aplausos resonaron tras las emotivas palabras que el artista le dedicó, en tono nervioso, a la concurrencia extasiada por tanta adrenalina drenada desde las arterias del susodicho joven quien se despidió jadeando entre risas y agitando frenéticamente la mano previo a oír una segunda ola de ovaciones reverberar imitando al sonido de la lluvia y llenar de calidez un cuerpo agotado pero satisfecho.

—¡Sou-kun, estuviste increíble!

La primera voz en recibirlo detrás del escenario fue la de quien lo había estado mirando con la misma alegría que la de sus fans, seguida de otro par de voces familiares. Con presteza acudieron a felicitarlo, no solo por su gran acto y voz espectacular, sino que para seguir convirtiendo al día en que se volvió oficialmente un ciudadano, el triple de especial. No todos los días se cumplían veinte, y menos si desde tan temprana edad se tenía el reconocimiento que el castaño, dulcemente, atesoraba.

No le dieron ni tiempo para ponerse cómodo o sentarse. Los cuerpos animados y joviales de sus amigos se abalanzaron sobre de él para llenarlo de bonitas palabras. (Aprovechándose) En cuanto Eve lo vio rodeado por aquellos otros invitados "secretos" huyó silenciosamente hacia donde dejaron antes la pequeña sorpresa para el niño del cumpleaños.

—¡Feliz cumpleaños, Sou-chan!

Exclamaron al compás de las pisadas lentas y cuidadosas del rubio con pastel en manos y velas encendidas. Una imagen impresa en caramelo, asemejando un retrato en honor a Sou, pegada a un número veinte hecho de cera sobre la superficie llena de crema azucarada captaba toda la atención del par de ojitos más tiernos en aquel sitio.

Sou quiso soltar un chillido, pero de la emoción no pudo más que trabarse con las palabras en la punta de la lengua y soltar ruidos raros, presa de su inmensa emoción. Entre aun más buenos deseos, entonaron el "feliz cumpleaños" a coro mientras el celebrado seguía agazapado bajo sus propios nervios y euforia. Tal tonada culminó con un Sou inclinado sobre el pastel, soplando las velas y deseando algún misterioso porvenir para sus adentros. Procurando el cumplimiento de su incierto deseo, optaron no preguntar con tal de no restarle magia al momento. Otro fugaz murmullo de aplausos provocado por sus amigos fue la señal perfecta para comenzar con la comida improvisada en los bastidores del concierto conmemorativo del nuevo álbum y la mayoría de edad del castaño. Un dieciocho de agosto para la posteridad.

Cortaron el pastel con el cuchillo desechable cortesía de la tienda y se sirvieron refresco en vasos baratos mientras reían muy contentos por lo bien que habían salido las cosas.

Pasó un rato y, después de corroborar con el cumpleañero, abandonaron la sala de conciertos para dirigirse a la casa del mencionado. Y tal vez esté demás especificar cuál de todas sus nuevas facultades quería usar primero, pero igual lo diré: pretendía tomar sin remordimientos algo más allá de un dulce rompope.

Una vez en casa, la fiesta se precipitó con la efusividad propia de sus alborotadores. Comieron (de nuevo), rieron, jugaron y bebieron largo rato en la sala de estar del departamento. Quienes pudieron, se estuvieron otras horas, quienes no, se iban retirando conforme su horario lo permitía. Lastimosamente, no fueron mayoría los que pudieron quedarse a prolongar el festejo, no obstante, mientras que Wolpis parecía cabecear a punto de caer en los brazos de Morfeo, Sou agotaba su cuarta lata de cerveza.

En realidad no quedaba mucha gente allí. Naruse y Amatsuki se fueron minutos antes, pues ya era tarde; además tuvieron que llevarse a Wolpis pese a no llevarse con él porque no tenía resistencia a la bebida y estaba nada de empezar a roncar en el sofá de Sou. Sakata, Mafumafu y Soraru tenían algunos pendientes, así que se retiraron pasadas apenas tres horas. Tampoco querían hacer una fiesta extravagante, y Shintaro le avisó que mañana podrían reunirse para comer. En fin, en ese lugar tan solo quedaban el veinteañero que bebía y el de anteojos redondos cuyos cristales reflejaban la pantalla de su celular encendido en Instagram.

—Oye, Eve-kun~

El aludido despertó de su ensimismamiento con un parpadeo repetitivo antes de volver los ojos a Sou.

—¿Qué pasa?

—Mírame.

—¿Eh? Si ya te estoy miran...

Aquel con lata en mano le sostuvo la mirada al tiempo en que se erguía del suelo para caminar hasta quedar frente a frente. El mayor se hallaba sentado cómodamente sobre el sillón con una pierna doblada sobre el cojín cuando el repentino cambio de actitud por parte del más pequeño. En realidad, Eve no terminó su oración no solo por esperar a ver qué más pretendía Sou con ese inesperado actuar, no. La manera ofuscada, ofendida, casi de hastío con que de la nada lo escudriñó provocó una extraña sensación de nerviosismo y un deje de miedo.

—Oye, para. Me estás asustando...

Pidió el de iris azul cielo una vez su amigo llegó enfrente suyo a encararlo frunciendo el entrecejo para después inclinarse en busca de acortar la distancia separando sus respectivos rostros. Pero el castaño se detuvo allí sin replicar ni cambiar su semblante sumamente misterioso. En su lugar, se limitó a inflar las mejillas y arrugar la nariz en un infantil mohín, como impaciente por algo, sin romper el contacto visual en ningún momento. Entornó los ojos, cohibiendo al confundido amigo suyo quien no pudo más con la rara tensión producto del mutismo de Sou y desvió la vista hacia abajo. Entonces, el menor gruñó suavemente e hizo la cara un poco más para adelante, casi rozando la nariz opuesta. Muy estático y conteniendo la respiración, Eve se contrajo en su lugar pegando la espalda al respaldo del mueble acolchonado. Quiso preguntar, formular alguna oración, siendo vilmente traicionado por su sistema nervioso que no respondía; lo único a su alcance era retroceder cuánto fuera posible dentro de su desventajosa situación. Su corazón bombeaba incontrolable, su respiración también comenzaba a acelerarse y sentía levemente sus pómulos calentarse ante la exagerada cercanía.

Sin embargo, la expresión enojada del castaño claro no desaparecía ni temblaba. Tenía aspecto determinado, pero, ¿determinado a qué?

Súbitamente, el antedicho suspiró con pesadez, cerrando los párpados cansino e inhalando hondo, como afligido.

Eve se sobresaltó al notar una mueca dolorida en el contrario, semejante a un lamento silencioso preludiando un llanto incomprensible. No obstante, lo que consiguió a continuación no fue ni una respuesta ni algún sollozo furtivo. Contrario a todos los pronósticos, su corazón volvió a palpitar fuerte, al percatarse de cómo Sou volvía a encaminarse para aproximar sus caras, conectar miradas profundas (una muy decidida y otra estupefacta), poner una mano sobre su hombro y acercar su boca con la suya propia. Sus ojos extraviados se abrieron como platos al sentir esa respiración en la piel mezclada con aliento a cerveza. Una corriente le dio escalofríos en la espalda y por reflejo involuntario, se apartó de modo que, el beso dirigido a su boca terminó en alguna sección de su mandíbula.

El rubio, anonadado, se congeló en seco sin atreverse a nada hasta comprender qué demonios era lo que acababa de ocurrir.

Por su parte, Sou finalmente recobró la postura erguida, mas sin embargo, no decía nada.

Incómodos segundos transcurrieron acompañados por el total desconcierto de ambas partes. "¿Por qué Sou me intentó besar...?" y "¿Entonces no me quiere?" eran los pensamientos recurrentes en sus mentes.

—¡¿So-sou?!

Un débil quejido alertó al rubio que comenzaba a desesperarse por el glacial silencio formado en la habitación. La raíz de aquel sonido no fue otra sino la misma que creyó preveer justo antes del intento fallido de beso. Exactamente, el pequeño chico había roto el ambiente poco confortable con unas cuantas lagrimas acumulándose en las comisuras de sus ojitos acuosos.

—No Sou-chan, por favor no llores...

Mas las súplicas tímidas de Eve no tenían efectos. Sou de por sí tenía desde antes las mejillas coloradas por haber estado bebiendo a sus anchas, ahora su cara yacía completamente teñida de rojo cerezado. Contenía una expresión entre compungida y dolida, rozando la rabia dado el rechazo. El mayor tuvo que abstenerse de preguntar por qué lo había querido besar, pero, ¿y si eso lo calmaba, valía la pena darle lo que quería? Se preguntó.

"¡No! Está borracho, no sabe lo que hace, es por eso." Fue su propia contestación.

El cumpleañero se enjugó las lágrimas con brusquedad y sorbió su nariz congestionada preparándose para volver a hablar.

—Eve, eres muy cruel.

—¿Eh?

—¡Muy cruel!

—Pero, ¿por qué?

—¡Tú sabes porqué!

—¡No, Sou! —negó con las manos— Juro que no entiendo a qué te refieres...

El aludido bufó hastiado. Seguidamente fulminó al contrario con la mirada repleta de recriminaciones. Se cruzó de brazos a punto de reanudar dicha letanía de sinsentidos, pero se limitó a abrir y cerrar la boca con indecisión.

—¿Estás bien? ¿Qué tienes?

—No tengo nada... Estoy bien —murmuró entre dientes.

—Entonces, si es cierto que estás bien me dejarás hacerte una pregunta.

Volteó la cara a otro lado para luego asentir.

—¿Me explicarás por qué fue eso...?

—¿"Eso"?

—Sí, eso. Lo que acabas de intentar.

Pudiera tratarse de un mero capricho, pudiera ser una infantil venganza o simplemente una actitud altiva la que el alcohol dejaba salir en el chico más bajo que al responder, expresó:

—Perdona Eve-kun, pero si no sabes de lo que hablo, tampoco yo entiendo a qué te refieres.

—¿Ehhh? ¡Es completamente distinto! Yo hablo de hechos y tú de algo que ni siquiera hemos definido concretamente.

—¡Insensible! —exclamó con renovadas ganas de soltarse a llorar— ¡Yo también me refiero a hechos! Y no solo sobre de lo que acaba de pasar...

—¿Ah sí? Dime cuáles. En mi defensa, creo tener derecho a saber.

Sou apretó los dientes antes de reprochar: —¿No te das cuenta o te haces el tonto? Porque de ti no me lo creo.

—Créelo si quieres, lo que yo piense en este momento no es lo más importante. Quiero saber, lo que se supone, estamos discutiendo.

—Pero si lo que opines es lo que más... Ah, da igual —suspiró—. Está bien, en tal caso no veo por qué no decírtelo aunque sea estúpidamente obvio.

Mentalmente Eve contó en cuenta regresiva desde el 10 para no perder la paciencia (o la compostura) que suponía debía guardar con un Sou ebrio (nueva faceta) y diciendo una incoherencia tras otra. "¿No se habrá confundido de persona para pelear? ¿Debería decirle que es mejor esperar a que se le baje?" Se cuestionó sin saber con certeza qué tanto podría ofenderse si se lo soltaba.

—Eres un idiota —masculló el menor.

—¿Hah?

—¡Lo que oíste! Para empezar, ¿por qué crees que traté de besarte? ¿Porque estoy borracho y no sé lo que hago?

Reclamó, más que avergonzado, frustrado. Una especie de humillación se le clavaba en el pecho oprimido como una daga afilada por la fría indiferencia del mayor, plasmada con total detalle en sus evasivas innecesarias y respuestas ambiguas. No podría decirse nada mucho mejor de él mismo, aunque seguía teniendo su merecido derecho a reclamar. Después de todo, ¿no era este su cumpleaños?

—No tengo idea... —Eve miró a los lados de la sala en busca de inexistentes respuestas a sus fervientes inquietudes (con respecto a los sentimientos de su mejor amigo). De pura ansiedad, mordió su labio mientras sus propios pómulos se sonrosaban.

Sou lo acusó con los ojos. —Tú lo sabes. Y aun si, hipotéticamente, no lo hicieras, me consta que ya lo dedujiste.

No refutó ni contradijo al castaño. Como un cachorro regañado, Eve se encogió de hombros, porque como dicen "el silencio concede". Quizá sonara como una charla de chantaje o exagerado sarcasmo, lo cual tornaba al ambiente incluso peor de pesado, no obstante era un tono propicio si el objetivo buscado era sacarle las palabras a la fuerza a un hombre cerrado y retraído.

—¿Y bien? —espetó el menor— ¿Es obvio o no?

—De acuerdo. Pero sigo sin entender por qué tú...

—Yo tampoco entiendo muy bien, si te soy sincero... ¿Por qué te moviste?

—Fue un reflejo, es todo.

Su voz suave parecía descender de volumen a cada nueva oración. La culpa, el miedo, y un sinfín de dudas afloraban bajo su semblante impasible y taciturno. Pupilas adheridas con resignación al suelo de modo que su falso estoicismo luciera suficientemente convincente.

—Hmp —dio un paso para volverse a acercar, de haber levantado la vista (Eve) hubiese notado la forma siniestra en que los ojos contrarios flamearon por un instante—. ¿Y si lo volviera a intentar, tus reflejos cambiarían?

—¡Espera! Por favor Sou... No lo hagas. No está bien. No así...

—¿Por qué no? ¡No te gusto, es eso! ¡¿Verdad?! ¡Siempre lo supiste pero hacías como que nada pasaba! ¿Querías darme falsas ilusiones? Los sentimientos no desaparecen solo con ignorarlos, lo sabes, ¿o no? ¡E-está bien que trates de proteger a las personas, pero yo no quiero eso! Incluso si estoy ebrio, ¡¿eso qué?! ¡No me importa si temes que se me olvide todo en la mañana o que nos vayamos a arrepentir! ¡Esto desea mi corazón! No es por el alcohol ni por un berrinche, es algo bastante más grande... —la voz quebrada tomó una breve pausa para tomar aire y concluir. —Oye, si yo siempre... Siempre he sido malísimo para disimular cuando alguien me gusta, ¿cómo quieres que te compre eso de que no te diste cuenta?

—Yo...

—Déjalo. No voy a obligarte a decir lo que ya quedó claro.

Los cachetes de Sou, sutilmente coloreados de rojo, comenzaron a humedecerse por nuevas gotas de rocío traicioneras brotando tras acumularse en las comisuras de sus ojos azucarados. El nudo en su garganta quemó durante la última oración, y en verdad se preguntó cómo es que pudo contener su quebradizo tono. Aquella confortable energía suya con la que cautivaba a la gente se vio reducida a cenizas cuando su corazón expuesto pasó al primer plano en una imprevisible discusión. Si el jovencito lo quiso así o en verdad era gracias al empuje de valentía que le brindó la cerveza, no podemos cerciorarnos; mas no hay la menor duda sobre lo que Sou piensa, y sobre todo, siente, por Eve: el chico con una ventaja de tres años de experiencia en la vida con cara inescrutable y apariencia solitaria. El mismo que se encariñó con la amabilidad y alegría intrínsecas nacientes del alma bondadosa de quien, siempre, siempre, le guardó una enorme admiración. Entre la cohesión del afecto, confianza, admiración mutua y perfecta afinidad, ciertas cosas acabaron por construirse solas entre ellos, por separado. El problema mayúsculo en este lío de contradicciones emocionales era que, ajeno al amor romántico u atracción física o sexual, Eve se veía por completo desconectado de algo que (en su mente) carecía por completo de importancia. Al haber crecido en un entorno sencillo donde, pese a no estar falto del calor familiar, se sintió mayormente solo o abandonado no se hallaba a sí mismo en una relación maravillosa desparramando cursilería. Ni en sueños, no. Por muy lindo que se figurase en su mente una escena amorosa con quien nunca imaginó corresponder sus (rarísimos) sentimientos, la imaginación era solo eso, imaginación; y sus fantasías embarazosas merecían sepultarse antes de crecer y arraigarse en su desatendido corazón. Justo como había hecho.

Todo lo contrario al enérgico castaño, a quien las emociones momentáneas le ganaban y el romanticismo no le parecía asunto tan prescindible. Risueño por naturaleza y de sonrisa fácil. Enternecedor por dónde se lo viese. Inteligente con máscara de inocencia e ingenuidad. De algún modo u otro, el tipo de persona que usualmente incomoda o exaspera al rubio, curiosamente.

Volviendo al punto, la desesperación terminó de consumir a Eve cuando el que, a sus ojos, seguía siendo un niño, tragó las ganas urgentes de llorar y sin soltar palabra, giró sobre sus talones en dirección a su recámara. La noche se había cernido en el panorama externo con su habitual temporalidad, oscilando entre las 20 y 21 horas. Aún no era hora de dormir.

Apretó los puños clavando sus uñas cortas en la palma, ordenando la imprudente idea en su cabeza. Llamó secamente el nombre del menor desde su puesto actual. Sou detuvo su lento andar a través del angosto pasillo y la mano con que abriría la puerta cayó con desdén de vuelta a su posición original. No levantó la cabeza agachada ni preguntó, tan solo esperó en su desanimada inacción. Doliéndole verlo así, al igual que su siguiente movimiento, Eve caminó junto a él. Se posó a su costado derecho (por el cual venía) y tímidamente, entrelazó sus dedos. Sou se sobresaltó y le dirigió la mirada.

—¿Podrías cerrar los ojos? —musitó viendo de reojo la unión entre sus manos.

Confuso, emocionado y todavía consternado, accedió. Ignoró la razón, pero algo en su interior lo obligó a contener el aliento. Sus párpados se juntaron delicadamente, como estando a punto de caer en un sueño profundo. Sintió la palma de su mano calentarse y enseguida sus labios también. Efímero y fugaz toque con sabor a un poco de cerveza, incertidumbre y candor impregnados. Cerró con fuerza los ojos, temiendo que al abrirlos, se encontrara en un paraíso onírico. El breve instante se esfumó y en su lugar, un par de brazos le rodearon la espalda, acariciándola. Por fin se dignó a descubrir su tan ansiada realidad donde el rubio se deshacía de su bloqueo emocional y le permitía vislumbrarle el corazón. Sonrió mostrando los dientes al corresponder el gesto cariñoso dejando reposar la cara en el hombro contrario. Una disculpa apagada saltó de la boca de Eve, siendo contestada por una frenética negación de cabeza. Sou separó su cuerpo del abrazo y acunó la cara del mayor con las manos. Sin llegar a estar absorto, lo detalló con las pupilas dilatadas. Esbozó una franca sonrisa de lado (sin ser burlona) antes de robarle el corto beso que había fallado.

Desconcertado pero contento, Eve rió. Quedaron extra las palabras entre ambos. Se comprendieron por sus solas expresiones y lograron acallar las recurrentes interrogantes acribillando sus cerebros.

Esa noche (aunque no fuera la primera) durmieron acurrucados en la misma mullida cama, como algo más que un par de amigos cercanos.

 

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