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Teddy no sabía en que momento dejó que esto pasara, no lograba recordar cuándo fue que decidió que sus sentimientos llegarían tan lejos. Al principio pensó que simplemente estaba confundido, viendo cosas que en realidad no estaban ahí, pero luego se dio cuenta que quizás no estaba tan equivocado.
Siempre había tenido una relación cercana con James, llena de confianza. Nunca fueron reacios a demostraciones de afecto por el otro porque simplemente así eran ellos, todo fluía mágicamente. Siempre se sentaban extremadamente cerca cuando estaban en el sofá viendo una película o lo que sea que estén dando en la televisión, e incluso no había incomodidad alguna cuando alguno de los dos se recostaba sobre el otro o se hacían caricias. Todo siempre fue cómodo con James.
Pero ahora había algo más. Algo que hizo que Teddy viera y sintiera las cosas de manera muy distinta.
James había regresado de su último año en Hogwarts como si fuera otra persona. Seguía teniendo eso tan característico que lo hacía ser él pero ya no parecía ser aquel chico un poco tímido, ahora simplemente parecía más atrevido y valiente con sus palabras, dispuesto a arriesgarse con las personas.
Teddy comprobó esto cuando estaba cenando en lo de Harry, un viernes por la noche como era costumbre desde que tenía uso de razón, y se encontraba en la cocina con la intención de buscar un vaso de agua cuando siente el aliento de James en su nuca.
“¿Necesitas ayuda?” Había dicho el chico y Teddy sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo mientras sentía vagamente las manos de James en sus caderas.
Una parte de Teddy sabía lo que estaba sintiendo pero la otra parte simplemente quería reprimirla porque, al fin y al cabo, estamos hablando de James. El James de Harry, su padrino, a quien vio nacer y crecer, cuidándolo en el proceso. El James con quien prácticamente se criaron como hermanos, solo que había un detalle y es que no lo eran.
Teddy no era estúpido, era consciente de que James también sentía algo más, algo que no sabría poner en palabras, y lo descubrió una semana antes de que el menor comenzara su séptimo año.
El chico se había aparecido en su piso sin ningún previo aviso porque ambos sabían que no era necesario, a veces James pasaba tanto tiempo allí que Teddy llegó a pensar que en cualquier momento se mudaría.
Habían charlado gran parte de la noche, con unas cantas cervezas y pizzas que el chico había traído. Acompañados de buena música que provenía de la increíble colección de discos de Teddy pero que en algún momento perteneció a su padre, Harry se los había entregado cuando había cumplido once años, junto con otras cosas como libros y suéteres que hicieron que Teddy se sintiera increíblemente agradecido de poder tener en sus manos objetos que pasaron por su padre.
El chico se podía pasar horas simplemente sentado con el tocadiscos sonando mientras se detenía a observar las tapas de los mismos, las cuales algunas contenían pequeños recados dentro que Teddy decidió conservar ya que cree que así lo hubiera querido él.
Estaban pasando un increíble momento, Teddy sabe que James es esa persona con la que puedes hablar de cualquier cosa. Comenzaron con Teddy preguntándole sobre sus expectativas para el último año y luego, sin saber cómo, terminaron hablando sobre el universo y si existían realmente las almas gemelas.
“¡Estoy completamente seguro de que existen! Solo que a veces cuesta encontrarlas y otras veces las podemos tener delante nuestro y darnos cuenta tarde o ser conscientes pero ignorarlo por miedo…” había dicho James y Teddy supo que la cerveza le estaba haciendo efecto ya que estaba comenzando a arrastrar las palabras pero, aún así, se quedó pensando en lo que había dicho.
“¡Creo que tienes razón! Pero si realmente esas personas están destinadas entonces estarán juntas en algún momento…” contestó Teddy, evitando reírse de lo gracioso que puede llegar a ser James ebrio.
Todo parecía inofensivo por el momento, hasta que el menor hizo un bruto intento de levantarse para caer más cerca de Teddy, mucho más cerca.
“¡Eres tan hermoso! ¡Tan jodidamente hermoso, Teddy!” Jadeó James. Teddy podía sentir la respiración del chico debido a que la distancia era increíblemente corta. “¿Por qué no me quieres?” Preguntó James y el mayor sintió que su respiración se entrecortaba.
“Si te quiero, Jamie… sabes que te quiero.”
“Si… pero no como quiero que me quieras. Deja de verme como un maldito niño Teddy.” James escondió su rostro en el pecho de Teddy y soltó un pequeño grito de frustración.
Teddy no supo que decir y minutos después se dio cuenta de que James se había quedado dormido.
A la mañana siguiente no se mencionó el tema y Teddy dio por hecho que el chico no lo recordaba.
Luego de eso, Teddy no lo vio por meses. Meses donde esa conversación estuvo días y noches dando vueltas en su cabeza. Hasta la noche anterior donde tuvieron ese pequeño encuentro en la cocina. Quizás antes no hubiese significado nada más que otro juego entre ellos pero para Teddy ya no era así. Ahora no podía sacarse esa sensación en el pecho y el hormigueo que sintió en el estómago en el momento en que tuvo las manos de James sobre él.
Esa noche, el mayor se fue a dormir pensando en él, como lo había estado haciendo durante meses.
Las siguientes semanas fueron peculiares, cada encuentro entre ellos parecía estar lleno de insinuaciones por parte de James, las cuales Teddy comenzó a seguir por inercia o quizás porque una parte de él quería saber a dónde llevaba todo esto.
Teddy se encontraba preparando la cena, había tenido un día tranquilo después del trabajo por lo que solo quería comer algo y descansar. Su cuerpo comenzó a moverse al ritmo de la música que sonaba de fondo mientras revolvía la salsa para los fideos que comería después.
“¡Que lindo te ves bailando!” Exclamó una voz a sus espaldas.
Teddy dio un salto del susto mientras se dio la vuelta para encontrarse con James apoyado sobre el marco de la puerta con una sonrisa divertida en su rostro.
“¡Jamie! ¡Casi me matas del susto idiota!”
James ríe, “¡Lo siento! Solo no quería interrumpir tus movimientos. Tenía una linda vista desde aquí ¿sabes?”
Teddy sintió su rostro arder y rogó que James no lo notara, se sentía como un estúpido adolescente de nuevo. “¿Qué haces aquí de todos modos?”
“Estaba aburrido y quería verte.”
“Bueno, llegas a tiempo… la cena estará lista en cualquier momento.” Teddy sale de la cocina para preparar la mesa ratona de la sala con la idea de comer en el sofá, podría haberlo hecho con magia pero necesitaba algo de movimiento físico para calmarse.
Luego de unos minutos, Teddy lleva la comida hasta la sala donde James lo está esperando. Está a punto de comenzar a comer cuando el menor habla:
“¿No estás cansado?” Pregunta el chico mirando fijamente a Teddy.
“¿De qué hablas?”
“De esto Teddy…” James se mueve de su lugar para acercarse al mayor, haciendo que sus piernas se choquen.
“No sé de que-“
“¡Llevamos meses alrededor de algo que quiero creer que tú también lo sientes! Sé que lo sientes. Meses donde estuve intentando acercarme a ti. Te conozco Teddy y sé que te sientes igual que yo, todo este tiempo me estuviste correspondiendo a las insinuaciones o cumplidos que te hacía pero aún así es… es como si algo te retuviera y no entiendo porqué.”
Teddy sentía su corazón latir increíblemente rápido, “Es… es complicado Jamie.” Vaciló.
“¿Complicado? Ya no soy un niño y lo sabes. Es complicado porque tú lo quieres ver de esa manera pero la realidad es que es tan simple como dejarse llevar… te quiero Teddy.”
James lo miraba a los ojos y Teddy sentía que no podía respirar. Lo tenía frente a él, Jamie… su Jamie. El mayor sentía que no podía pensar con claridad, todo lo que dijo James era verdad, él sentía lo mismo pero entonces ¿por qué le costaba tanto dejarse llevar?
James se encontraba aún frente a él, tenía un rizo de su hermoso cabello cayendo sobre su frente, la luz tenue de la sala lo golpeaba de tal manera que volvía su piel de un tono cercano al oro y el mayor no podía dejar de ver las miles de pecas que adornaban su rostro volviéndolo loco, y su mirada… una mirada llena de esperanza e ilusión.
Teddy mojó sus labios y los abrió para hablar pero no sabía que decir y James notó esto, los ojos del menor se entrecerraron y frunció el ceño con indignación.
“¿Sabes qué? Déjalo Teddy… hagamos de cuenta que no ha pasado nada, ¿contento? Me iré a casa.”
Teddy sintió la molestia de James hasta los huesos, lo que hizo que su corazón se achicara por un momento pero, en cuando James se levantó del sofá, Teddy se dio cuenta que no quería que se vaya. Ya no quería reprimirse más.
Tomó su mano y de un tirón hizo que James volviera a su lugar, vio su cara de sorpresa e incertidumbre y luego lo besó. A James le tomó unos segundos reaccionar pero en cuanto lo hizo le devolvió el beso con desesperación. Era como si todo alrededor de estos chicos hubiera desaparecido, James se subió a horcajadas sobre Teddy y se aferró aún más a él, pasando sus manos por el cabello de Teddy mientras éste acariciaba el torso de James por debajo de su camiseta.
“No quiero dejarlo, no quiero que te vayas y sobre todo me niego a que hagamos como si nada hubiese pasado… tienes razón en todo lo que has dicho. Yo también te quiero Jamie…” jadeó Teddy en medio de un descanso para recuperar el aliento.
James sonrió y Teddy notó sus ojos cristalizarse. “Y te tomó todo este maldito tiempo darte cuenta…”
