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Ese es el plan

Summary:

Katsuki solo quiere envejecer al lado del nerd, pero primero necesita la aprobación de sus hijos.

Notes:

Y el prompt de la #HBDDekuWeek2021_80_90sKids para hoy está genial~

Día 6: Envejeciendo juntos (quizá recordando bonitos momentos de su relación).

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Ese es el plan

 

—Los chicos llegaron —dijo Katsuki apenas abrir la puerta, e Izuku le miró a través del reflejo de su espejo con unos ojos serenos que nada tenían que ver con su verdadero sentir.

—Ok. Bajaré en un momento.

Katsuki hesitó, y al final preguntó: —No te estas arrepintiendo, ¿o sí?

—No, sólo necesito unos minutos. Estaré ahí apenas consiga arreglar mi cabello.

—Pf, eso tomará toda la tarde —dijo Katsuki, pero ya le había dado la espalda y dejó la puerta de su habitación entreabierta mientras bajaba para recibir a sus invitados.

La aparente calma de Katsuki era una pantalla. Toda una vida de conocerse le había conferido a Izuku el poder extrasensorial de incluso percibir sus emociones sin importar que estuviera en la habitación de al lado, y es que considerando la labor que tenían en manos para ese día… Lo justo era decir que los nervios estaban más que justificados.

Después de más de una década de vivir juntos, Izuku podía por la mayor parte del tiempo estar satisfecho con lo que tenían: Un hogar, una vida en común, y la posibilidad de continuar así hasta el fin de sus días. Él era un hombre simple, y eso podía bastarle por tiempo indefinido por el bien de Katsuki, pero había ocasiones en las que eso no era suficiente, y por más que Izuku se esforzaba por disimularlo, Katsuki podía también a la inversa percibir su cambio de ánimo e insistir de nueva cuenta que la hora de hablarlo había llegado.

A juicio de Izuku, cualquiera que al menos no lo intuyera estaba ciego. No en balde vivían juntos sin más compañía que la suya propia, y los medios no podían reprocharles ni siquiera una cita en su historial. La verdad de su relación estaba a simple vista para cualquiera que les dedicara una pizca de atención, y podía vivir con eso.

La mayor parte del tiempo al menos...

Claro que Katsuki había vislumbrado por encima de su serena fachada y visto más allá de la falsedad, de tal manera que había elegido ese día para ser El Día, capitalizado de ese modo porque era cuando hablarían con los chicos respecto a lo que con certeza estos ya se sospechaban de tiempo atrás, y la verdad saldría a la luz.

Izuku no albergaba dudas del tipo de momento que vivirían al presentarse frente a ellos y tomados de la mano confirmar de una vez por todas esos rumores que los medios adoraban incluir en sus columnas de chismorreos respecto a héroes cuyo tiempo en las portadas había quedado atrás después de su retiro. Izuku no quería convertirse en el tema de la semana por su relación con Katsuki, pero era un pequeño sacrificio de su parte para ya no tener que esconderse del mundo, y eso por sí solo lo compensaba.

Así que... primero su familia y después el resto, y con esa idea en mente Izuku se rindió con su cabello y bajó para toparse con una escena que era típica en su hogar los últimos domingos de cada mes cuando él, Kacchan y los chicos se reunían para comer.

Los chicos, que en realidad ese año estaban por cumplir 30 o ya los tenían, eran la nueva generación nacida durante un tiempo tumultuoso. Alguna vez habían sido críos pequeños, asombrados porque sus padres eran héroes en activo, pero ahora eran hombres y mujeres adultos, con sus propias familias e hijos, pero siempre dispuestos a pasar de visita para cerciorarse de que todo marchara bien con sus ya maduros progenitores.

—Hola a todos —anunció Izuku su presencia, y todos los pares de ojos se dirigieron a él para saludarlo.

—Tío Deku —le abrazó Anko primero. Él siempre había sido su favorito desde siempre, y aunque ahora Izuku ya no la cargaba en brazos (sólo en ocasiones especiales como su cumpleaños), no por ello había renunciado a su pasatiempo de besarle la mejilla con un sonoro roce de sus labios.

Con ella venía su esposo y 3 niños de diferentes edades que también rodearon a Izuku y pelearon por su atención.

Daiki y Saiki no quisieron quedarse atrás. Conocidos entre todos como los gemelos, y que hoy en día seguían tan idénticos como el día de su nacimiento, pero no podían haber elegido caminos más distintos. Uno era empresario y el otro médico, y en una broma extraña del destino el primero se había casado con una importante investigadora de la rama médica y el segundo con la heredera de unos importantes consorcios en Asia. Cada uno por su cuenta tenía un par de mellizos, niños para Daiki, niñas para Saiki, y las criaturas eran tan idénticas como alguna vez lo fueron ellos en la infancia.

Además de ellos 3, también estaba Taketsu, que esperó paciente su turno y que por su cuenta era el más joven y no tenía hijos, pero había acudido en compañía de su pareja, una linda chica que estudiaba a su lado un posgrado en ingeniería genética de quirks y que compartía con él la pasión desmedida por el tema.

Con tantas personas en casa, la decisión fue unánime para montar una mesa en el jardín y comer ahí para disfrutar del buen clima de la temporada, por lo que Izuku coordinó todo mientras Katsuki le daba los toques finales a la comida.

A ojos de terceros, Izuku era el padre perfecto de toda aquella prole que idolatraba su presencia y peleaba por su atención, pero él sólo podía reclamar ese título para Taketsu, y eso sólo a medias porque aunque en el koseki aparecía como su hijo, en realidad lo había adoptado a los 5 años luego de una desastrosa misión en la que el pequeño niño fue el único sobreviviente e Izuku se sintió con la responsabilidad moral de al menos asegurarse que su porvenir estuviera asegurado.

El resto de los chicos eran de Katsuki, y en un giro del destino que ninguno de ellos había previsto a finales de su estancia en U.A., la madre era Ochako.

Había sido Ochako.

Aquello era parte tan intrínseca de la vida de la que podían disfrutar ahora que Izuku ya podía hablar al respecto con total naturalidad, pero no siempre había sido así.

Desde la más tierna infancia, Katsuki había sido suyo, pero por desgracia éste no siempre lo había entendido así, y cuando a los 25 Izuku recibió la oportunidad de entrenarse como héroe internacional fuera de Japón, aceptó la oferta con intenciones de sacar el mayor provecho de su estancia de 6 meses en los Estados Unidos. Él y Katsuki no estaban juntos en el sentido literal de la palabra, y la falta de comunicación había derivado en 2 años de nulo contacto en los que no fue el único que echó de menos a Izuku...

A su retorno a Japón, Izuku descubrió que Katsuki y Ochako habían tenido un feliz accidente, y que sus amigos estaban esperando a su primer bebé. Por decisión mutua antes que la presión de sus padres por hacer lo correcto, se casaron cuando Ochako ya estaba a semanas de dar a luz, e Izuku estuvo presente con el corazón roto pero buena voluntad de desearles lo mejor.

Por algo había sido el favorito de Anko, y lo fue de los gemelos cuando 3 años más tarde nacieron dentro de un matrimonio funcional pero carente de amor romántico.

Katsuki y Ochako habían conseguido hacer funcionar por 2 décadas su relación de amigos-con-hijos-en-común, y de paso Izuku también se había resignado a estar solo con Taketsu a su cargo cuando fue la propia Ochako quien pidió que se separaran, y Katsuki accedió porque quedarse juntos por los críos ya no iba a ser necesario cuando Saiki y Daiki partieran a la universidad.

—Sin lugar a dudas, ustedes dos harían una mejor pareja —les había dicho Ochako a ambos, aludiendo a lo que desde siempre había sabido, y dándoles su bendición de seguir a su corazón, pero la verdad tras aquellas palabras era que en su última revisión anual los doctores habían encontrado un crecimiento anormal de células en su tórax y no quería que tras su partida Katsuki se sintiera con la responsabilidad de honrar su memoria con un régimen de soledad que no beneficiaría a nadie.

—Y un carajo —le hizo saber Katsuki cuando al cabo de un año de vivir separados, se enteró de sus visitas 3 veces por semana para recibir quimioterapia en el mejor centro disponible en Japón—. Eres mi esposa, y estaré a tu lado hasta el final.

Izuku también lo estuvo, y fue en su compañía que 2 años después del diagnóstico Ochako exhaló su aliento final no sin antes hacerles jurar que no serían tan cabezas duras y harían realidad su felicidad.

El periodo de duelo había sido largo, pero Izuku y Katsuki lo pasaron juntos y sin culpa porque a su consideración ya habían esperado demasiado para estar juntos, y volviendo de los funerales, Katsuki empacó sus cosas y se mudó a la casita que Izuku tenía en los suburbios.

De eso hacía ya más de una década, y aunque cada uno por su cuenta echaba de menos a Ochako como si su partida hubiera ocurrido apenas ayer, también le tenían presente en sus pensamientos cuando daban todo de sí para honrar sus órdenes y continuar felices el uno al lado del otro.

Durante todo ese tiempo, sus respectivos hijos sólo habían comentado la tranquilidad que sentían al saber que no estaban solos y que bajo el mismo techo se proveían de la compañía que a su edad era tan necesaria. Katsuki seguido rezongaba que tenía 60 y los enterraría a todos si las reumas en sus manos le permitían sostener una pala cuando llegara la hora, pero eran amenazas vacías cuando después se convertía en el padre más amoroso que el mundo hubiera tenido jamás la dicha de albergar.

Además, Katsuki tenía debilidad por sus nietos, e Izuku no guardaba ni una pizca de duda que eso incluiría también a los hijos de Taketsu cuando llegara el momento, porque él por su parte era el honorario ‘tío abuelo Deku’ de todos aquellos niños que lo veían con la misma admiración que en un pasado no muy lejano alguna vez había experimentado por All Might.

Izuku no tenía queja alguna por las dinámicas de la familia que él, Kacchan y los chicos habían conseguido formar, y por ello era miedo puro el que le embargaba esa tarde cuando pensaba en los planes que tenían de hablar por las claras con ellos respecto a la verdadera naturaleza de su relación y lo que eso podía significar a futuro.

Si bien sus hijos eran las personas más tolerantes del mundo y habían heredado la personalidad afable de Ochako (Taketsu por su cuenta se parecía tanto a Izuku que era casi como si fuera de su sangre), siempre había una probabilidad por pequeña que fuera de que las cosas no salieran bien, y que la armonía que tras todos esos años habían alcanzado, de pronto llegara a su fin de modo abrupto y doloroso.

—¿Te duele el estómago, tío Deku? —Preguntó la niña más pequeña de Anko al buscar con su manita la de Izuku, y éste se forzó a sonreír.

—Oh no, sólo estaba pensando.

Colocando afuera mesas y sillas (menos mal porque Saiki había heredado una variante del quirk de Ochako que facilitó la labor), pronto fue hora de colocar los platos, vasos y cubiertos, y Katsuki apareció con la comida y un ridículo delantal rosa con encajes que él insistía en ponerse porque había sido uno de sus primeros regalos en el día del padre.

Lo usual en los arreglos al sentarse era que Izuku y Katsuki tomaran las cabeceras, pero en esta ocasión Katsuki le cedió a Anko su puesto, y se sentó al lado de Izuku.

Entre ellos fluyó una línea de comunicación por medio de miradas, ventajas de una vida codo con codo hasta la muerte, y tras corroborar con él que era así como lo querían, Katsuki carraspeó cuando todos estuvieron sentados y con una voz que no admitía réplicas, dijo:

—Izuku por fin me autorizó confirmarles lo nuestro.

—¡Al fin!

—¡Ya era hora!

—¿Los abuelitos se van a casar?

—Genial.

—¿Habrá una boda?

—Felicidades —dijo la novia de Taketsu sentada al otro lado de Izuku, y su expresión era tan honesta y sincera que éste tuvo un acceso de llanto y tuvo que cubrirse la cara para no demostrar que seguía tan llorón ahora en la recta final de su vida como cuando era un crío pequeño y sin quirk.

—Hey, nerd... —Acudió Katsuki a su consuelo, y mientras lo abrazaba con fuerza y le permitía esconder el rostro en su cuello, le hizo saber que sus hijos ya estaban al tanto de todo desde siempre, pero que por respeto a sus deseos habían fingido ignorancia para esperar a que él fuera quien decidiera compartir con ellos esa faceta de sus vidas.

—¿Entonces siempre lo supieron?

—Ajá.

—¿Y estaban de acuerdo?

—Ah, Izuku... —Le apretó Katsuki con más fuerza en sus brazos—. Esas fueron las órdenes de Ochako.

—¿Uh?

—Ella también les pidió por nuestra felicidad... Y amenazó con volver de más allá de la muerte si alguien se atrevía a interponerse.

Izuku levantó la cabeza del pecho de Katsuki, y al pasear la vista por entre los presentes confirmó lo que ya sospechaba y por miedo se había negado a creer: Que su familia estaba al tanto del amor que lo unía a Kacchan, y que de paso, estaban con él para que así continuara.

—Deku y yo vamos a envejecer juntos, y quiero conocer al bastardo que se atreva a tratar de impedirlo —dijo Katsuki como amenaza.

—Bah, todos aquí somos hijos reconocidos —dijo Daiki.

—De bastardos nada —secundó Saiki.

—Y nadie se atrevería —terció Taketsu, dando por terminado el momento al extender la mano y glotón servirse comida antes que los demás.

La naturalidad con que las cosas habían vuelto a su tranquilidad habitual hizo a Izuku apreciar como nunca lo que tenía.

Hijos, nietos, una familia que los apoyaba, un hogar, a Kacchan... Y sobre todo, el resto de su vida para disfrutarlo.

A su modo de verlo, ese era el plan.

 

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Notes:

Por el resumen, se hacen una idea de lo que trata el fic pero no enteramente, ¿eh? Era parte del plan *guiño* Mínimo angst, pero por si acaso la muerte de Ochako ponía triste a alguien, la etiqueta de light angst.
Graxie por leer~!
p.d. Cualquier comentario/kudos es siempre bien recibido, pero ante todo sirve para que yo siga haciendo weeks y proveyéndoles fics de esta ship tan linda ;D

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