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Juntos al fin
El departamento de Izuku estaba del asco, pero en parte era responsabilidad de Katsuki.
Ya que sus días de descanso sólo coincidían una vez por un periodo de 24 horas a lo largo del mes, Katsuki había dado por sentado que pasarían ese valioso tiempo en su piso, con amplias ventanas, una excelente fuente de luz, el refrigerador lleno con toda clase de ingredientes, y su mullida cama a la que Izuku era tan afecto a pasar la noche.
En su lugar, Izuku se disculpó alegando la necesidad de pasar por su departamento (“en serio, Kacchan, ¡mis plantas van a morir si no las riego!) e hizo todo lo posible por desprenderse de su lado, pero si había alguien que se le equiparaba en terquedad, ese era Katsuki.
El sitio donde Izuku tenía su domicilio oficial (en vista de que pasaba un 85% de su tiempo con Katsuki, pero no pagaba ni el alquiler ni las cuentas) era justo lo que se esperaba de un héroe novato: Paredes estrechas, carencias, frío en invierno y calor en verano, eso sin olvidar el deterioro del lugar que ya había visto sus mejores días y merecía ser demolido en la próxima década.
Katsuki detestaba pasar por ahí porque el contraste entre su piso y este lugar maloliente era siempre motivo de frustración, pero no importó qué argumentos, chantajes y hasta amenazas utilizó, Izuku no dio su brazo a torcer.
—Volveré mañana, ¿ok? —Había ofrecido Izuku, y ni siquiera tendría que volver con una maleta porque al menos la mitad de sus prendas estaban ya en los cajones de Katsuki o colgando en perchas dentro de su armario.
Lo que en un inicio había comenzado entre ellos como deseo de independizarse luego de U.A. con 2 departamentos en los extremos opuestos de Musutafu, luego se volvió evidente que era un error. Un garrafal error. ¿Cómo si no definirlo? Trabajaban en la misma agencia de héroes, y aunque sus horarios y patrullajes se traslapaban, lo cierto es que no eran los mismos, y de ahí el que tuvieran dificultades para disfrutar juntos de sus horas de ocio.
Casi desde un inicio había pasado Izuku la noche en el piso de Katsuki, y durante los siguientes 6 meses era como si también pagara su parte equitativa de la renta. Había sido idea de Katsuki el encontrarse a sí mismos teniendo sus propios espacios, pero también había sido suyo el arrepentimiento cuando Izuku volvía a su piso y él se quedaba con una sensación incómoda en el pecho.
Además, Katsuki odiaba el piso de Izuku. Olía a humedad, y la pareja de vecinos que vivía al lado (con 3 niños pequeños) le crispaban los nervios por culpa de las paredes tan delgadas como shouji. De ser por él, y luego de un año de tolerar aquella situación, le ofrecería a Izuku mudarse en un santiamén si tuviera una probabilidad de 100% para obtener éxito en su propósito, pero claro, el nerd seguido mencionaba cuán feliz era a sus anchas y lo bien que le sentaba hacerse responsable de sus propias cosas, por lo que Katsuki no tenía de otra más que callarse la boca.
En aquella ocasión, Katsuki había hecho planes para durante esas 24 horas en las que no había nada en su calendario o en el de Izuku, cerrar la puerta a cal y canto, desconectar los teléfonos, y pasarse juntos el mayor tiempo posible. Daba lo mismo si era en la cama o fuera de ella. Katsuki echaba de menos a Izuku a pesar de trabajar a su lado, y sólo quería un día perezoso a su lado. Ellos dos cocinando en sincronía, disfrutando de algún documental, tomando un bien merecido baño de tina, y si después en la privacidad de su dormitorio eso derivaba a algo más, pues bienvenido sería, pero no era un requisito porque a veces sólo le bastaba con tenerlo en brazos y dormir juntos en el sentido literal de la expresión.
Si bien hasta hacía relativamente poco que ellos dos eran una pareja oficial frente a su familia y amigos, la verdad es que se acostaban desde su segundo año en U.A., y ya no estaban en ninguna etapa de luna de miel, sino disfrutando de una relación estable donde Katsuki lo quería todo con Izuku, e Izuku... Ugh, quería volver a su piso y arruinar con su tozudez el perfecto día libre que Katsuki tenía en mente para ambos.
—¡Y un carajo! —Se negó Katsuki a dejarlo ir por su cuenta, y empacando con prisa lo indispensable para una noche fuera, salió con Izuku rumbo al desagradable bloque de pisos donde vivía.
Tal como lo recordaba, el sitio le deprimió ya desde la entrada, y Katsuki arrugó la nariz cuando el nerd se agachó para recoger su correspondencia acumulada.
—Oh, menos mal que los pagos están automatizados o me habrían cortado la luz desde el 7 —dijo Izuku para sí, y continuó revisando su pila de correo antes de desechar como publicidad la mayor parte a la basura.
Adentro, se respiraba una atmósfera dulzona y viciada, y Katsuki torció aún más el gesto por el desagrado de ver su nariz asaltada de esa manera.
—Huele ha guardado.
—Duh —dijo Izuku, avanzando 3 pasos y abriendo la única ventana con un chirrido que indicaba la necesidad de aplicar aceite lubricante—. La última vez que estuve aquí fue hace 15 días.
—¿Tan poco?
—Querrás decir lo opuesto —dijo Izuku, que también con otros 3 pasos llegó al fregadero y llenó una jarra con agua—. Ah, mis pobres plantas...
Porque ya había matado una colección entera de plantas de sombra pero que requerían abundante agua, Izuku había cambiado a plantas desérticas, y al menos su apariencia no era tan terrible luego de semejante ausencia.
Mientras Izuku atendía lo urgente, Katsuki dejó su maletín en un rincón y corroboró una vez más su incredulidad porque el nerd considerara ese lugar habitable y digno de pagarse renta. A diferencia de él, que en realidad había tenido consigo la ventaja de unos padres que le ayudaban con una buena porción del gasto, Izuku se las tenía que ver por su cuenta con un salario de principiante que apenas daba para 4 muros y un techo.
Su piso, que en realidad podía considerarse una misma habitación, estaba apenas distribuido en un área que incluía cocina, comedor y dormitorio en uno, con 2 puertas para el armario y el baño. Katsuki detestaba la presión del agua en ese sitio, y también que las tuberías crujían sin siquiera poder garantizar el flujo de agua tibia como era debido. Además, el nerd tenía que bajar a la lavandería y pagar extra por su ropa sucia, aunque al menos en tiempos recientes el que pasara tanto tiempo con Katsuki había sido una solución temporal en vista de que éste tenía lavadora y secadora incluida en su departamento.
En contraste, sus arreglos de vivir eran diametralmente opuestos, y una vez más a Katsuki le picó la lengua con deseos de decir algo “maldita sea, Deku, ¡múdate conmigo de una jodida vez!”, pero su orgullo de haber sido quien en primer lugar sugiriera pisos separados después de la graduación se lo impedía muy a su pesar.
—Ah, me siento tan culpable de haberte hecho venir —dijo Izuku al regresar de la diminuta terraza donde tenía sus plantas.
—Vine porque quise.
—Ya, pero es que... Tengo tanto por limpiar. No quiero que pienses que te traje para eso.
—Lo que sea. Cuanto antes termines aquí, mejor.
Izuku abrió la boca, pero la volvió a cerrar sin decir nada. —Uhm, ok. ¿Puedes ayudarme a airear el futón?
Katsuki así lo hizo, levantando nubes de polvo en el proceso, todo mientras Izuku limpiaba su vacío refrigerador y se encargaba de los pocos trastes sucios que se habían quedado en el fregadero acumulando lama durante su prolongada ausencia.
La ventaja de un piso pequeño era que al menos no había gran trabajo que hacer, y al cabo de 2 horas ya lo había dejado Izuku tan reluciente como tacita de té. Vale, que la peste a humedad era parte ya de los tatamis que requerían cambiarse, y los llantos del piso de al lado le iban a reventar a Katsuki los tímpanos peor que las explosiones de su quirk, pero al menos ya habían terminado.
—Gracias por todo —dijo Izuku, y amagó guiar a Katsuki a la puerta principal, pero éste le pellizcó las mejillas con saña.
—¿Estás intentando deshacerte de mí, nerd?
—Para nada, es sólo que... Odias estar aquí —dijo Izuku lo obvio, soltándose de su agarre y masajeándose los pómulos.
—Ajá. ¿Cuál es tu punto?
Izuku le dirigió una mirada a su maletín de viaje. —¿En verdad te vas a quedar?
—¿Pretendes echarme? —Katsuki miró el puchero de Izuku, y agregó—: Lo menos que puedes hacer después de que te ayudé a limpiar esta pocilga es dejarme pasar la noche.
—Pero...
—Sí, detesto este sitio con toda mi alma, pero no voy a desperdiciar mi único día libre de vuelta en el metro, o sin ti —agregó Katsuki en voz baja, envolviendo a Izuku en un abrazo—. ¿Tan difícil es eso de entender?
—Pensé que... —Izuku entrelazó sus manos sobre la espalda baja de Katsuki—. Olvídalo.
—Dilo.
—Odias tanto mi piso que di por sentado que te marcharías...
—Tsk, odio tu piso, sí, pero sólo porque prefiero el mío. Y da la casualidad de que te quiero ahí conmigo. Tú aquí y yo allá, ugh, eso no parece funcionar más...
—¿Kacchan? —Elevando su rostro para ver a Katsuki a los ojos, Izuku no se lo puso más fácil al esperar de él las palabras que ambos más querían escuchar.
—Con un carajo, vivamos juntos. En mi piso o en un sitio nuevo, me da igual siempre que no tenga que volver a poner un pie aquí dentro.
Y porque no era el único que así lo había deseado por meses, Izuku se levantó en puntas y lo besó en la boca con su respuesta en labios.
—Sí, Kacchan, ¡sí!
Katsuki renunció el mes siguiente por segunda vez consecutiva a su día libre cuando ayudó al nerd a empacar la última de las cajas con sus pertenencias, y en una camioneta rentada de mudanzas, condujeron todo a su departamento. Suyo ya no como de Katsuki, sino suyo en plural, que ahora incluía a Izuku como igual.
El nerd tenía más figuras de acción de All Might de las que le hubiera dado crédito, pero a Katsuki no le importó ser en extremo cuidadoso con el papel de embalaje. En su lugar sonrió para sí durante gran parte del día, y cuando en la noche por fin vaciaron la última caja y llegó el momento de tomar una bien merecida ducha, llegó a la conclusión de que habían sido unas 24 horas bien invertidas.
A partir de ahora, todo iba a cambiar para mejor.
Al mes siguiente, con la lluvia repiqueteando en su ventana e Izuku dormido en sus brazos, Katsuki sólo atrajo al nerd más cerca de su pecho, aspirando de su cabeza el aroma a sueño y sexo que por las siguientes 24 horas los iba a envolver de manera protectora.
Seguro que de igual manera Izuku insistiría en hacer la colada, y en cocinar antes que pedir comida a domicilio. También se esforzaría en atender a sus nuevas plantas, y encontraría en la televisión alguna película para ver mientras picoteaban algo, pero no importaba.
Todavía contaría para ambos como un día de absoluta pereza en el que sus expectativas de héroes pasaban a segundo plano, y con Izuku a su lado ahora sí por el 100% de su tiempo libre, Katsuki se limitó a cerrar los ojos y a apreciar los pequeños placeres que la vida tenía para ellos.
Como era dormir un par de horas más con el nerd que tanto amaba en brazos.
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