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Alfa Tardío (Ámame)

Summary:

El problema no es que Taehyung haya presentado como Alfa, sino la edad a la que lo hace.

Con diecinueve años recientemente cumplidos, su presentación resulta más que inesperada.

En un punto y aparte en las vidas de la manada entera.

Así como lo es que Yoongi-hyung lo reconozca como su Alfa.

Notes:

Amo este universo.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Primera vez

Chapter Text

Despierta de golpe.

Se incorpora en la cama, alerta, corazón en la garganta, pecho subiendo y bajando con rapidez. Su habitación está por completo a oscuras y el silencio es un pitido incómodo que hace eco en sus oídos.

La sábana que lo cubre es molesta contra su piel, así que la lanza lejos de su cuerpo con un gruñido vibrando en el fondo de su garganta. Lo siente en sus costillas, sus hombros, su espalda, el sonido llenando su cabeza durante un segundo. Es extraño, inesperado, una combinación de sensaciones que lo detiene en seco porque no, no, él no-

Lo escucha.

Cerca. Un piso arriba. Ahogado contra una almohada. Un quejido lleno de dolor, agudo, desesperado. Recorre su cuerpo entero. Tira de él.

Sin pensar, sin siquiera ver cómo, ya no está en su cama, sino en el pasillo. Luces apagadas, puertas cerradas, las respiraciones de cinco personas, el zumbido de la corriente eléctrica alimentando diferentes aparatos dentro de la casa. Y fuera. Fuera, en la calle, tres diferentes ritmos de pasos, el clic de los seguros de un automóvil, el siseo de un gato y el raspar de las pesuñas de un perro contra el asfalto.  

Lo escucha, claro, alto, cada sonido haciendo punzar sus tímpanos, pero ninguno distrayéndolo de aquel quejido, esa respiración pesada y entrecortada, un latir de corazón que siente pulsar en las palmas de sus manos.

Y lo siente. Agradable en su lengua, bienvenido en sus pulmones, potente y suave al mismo tiempo, rodeándolo cálidamente. Algo. Respira profundo y lo siente más, mejor, cerca. Cerca. Está detrás de la puerta al final del pasillo en el que terminan las escaleras por las que sube. Ahí. Aquí.

De repente, tan pronto como levanta la mano para girar el picaporte, es tirado al suelo, un peso sólido cayendo sobre su espalda, atrapándolo contra la áspera textura de la alfombra. Sus pulmones se llenan de humo, su boca sabe agria. Un dolor sordo se extiende por sus encías. Sus ojos arden. Parpadea y ve más claro, la figura sobre él es vagamente familiar durante un segundo, y después significa una sola cosa: amenaza.

Gruñe y del otro lado de la puerta el quejido vuelve a sonar, más alto, vibrando a través de sus músculos, un calor desconocido acumulándose entre sus caderas. Lo siente. Una ola moviéndose debajo de su piel. Respira profundo y entonces está mirando un par de ojos oscuros que brillan con leves destellos dorados. Detrás de ellos, más arriba, alcanza a ver otros, cafés, calmados, fijos en él.

—Taehyung —dice, el color de sus ojos aumentando en ese resplandor hipnotizante. Los ve. Sólo los ve. Y sólo lo escucha—. Taehyung, está bien. Somos nosotros. Namjoon, Hoseok, Jimin y Seokjin. Te prometo que Yoongi no está en peligro. No queremos lastimarte.

Yoongi.

El gruñido se reanuda. El dolor en sus encías. El ardor en sus ojos. Sus pulmones vuelven a llenarse de humo y su boca de aquel sabor agrio. Detrás, cerca, tan cerca, el quejido se repite y él se remueve en medio del agarre que lo mantiene inmóvil. Brazos, piernas, torso. Atrapado. Y al otro lado de la puerta, vulnerable, a la espera, adolorido y cálido.

Tiene que estar ahí.

Vigilar. Cuidar. Proteger. Está sufriendo solo. Él puede, debe, quiere ayudar.

Tiene que estar ahí.

Tiene que estar ahí.

¡Tiene que estar ahí!

¡Taehyung!

Jadea. La presión sobre su cuerpo se levanta. Aún no puede moverse, lo tienen bien agarrado contra el suelo, pero se siente liviano. Respira y ya no hay humo. Es madera, papel, pistache, tinta y cuero. Familiar, potente, llenando sus sentidos del confort que Namjoon-hyung ha significado para él durante el último año y medio desde que llegó a Seúl con Jimin y nada más.

—Hyung —dice en un suspiro, parpados apretados, el calor entre sus caderas tornándose doloroso, su cabeza punzando sin piedad desde su mandíbula hasta su nuca. Duele. Con cada inhalación empeora—. Hyung, hyung, no- Hyung, duele. Duele.

—Lo sé. Lo sé, Tae —Namjoon dice y Taehyung se sorprende por lo cerca que está. Sobre él, sosteniéndolo contra el suelo con menos y menos fuerza conforme pasan los segundos—. Mírame. Tae, abre los ojos y mírame.

No puede. El dolor lo ciega en cuanto abre los ojos y ve a Jin-hyung de pie a un lado de Namjoon, a Hobi-hyung moviéndose con cuidado para quitar su peso de las piernas de Taehyung; era él, él y Namjoon-hyung, ese humo y ese horrible sabor agrio que se sintió como amenaza. Gime, ronco y profundo, el dolor moviéndose como latidos en cada parte de su cuerpo. Respira, errático, tembloroso, y siente los latidos llegar hasta la médula de sus huesos. Mientras solloza, apenas y alcanza a notar la última figura que se acerca a él. Estaba detrás de Jin-hyung, silencioso y a la espera, su corazón palpitando con ansiedad y preocupación.

—Jiminie —llora con un hilo de voz. Jimin se arrodilla a su lado, sus manos acariciándole el rostro y presionando contra su frente. Es lluvia, tierra mojada, el verano con sus abuelos en Daegu y el recuerdo dulce, dulce del celo que pasaron juntos a los dieciséis. No deja de doler, no se detiene por un solo segundo, pero esto lo distrae, aunque sea mínimamente. —Jiminie… —susurra y hunde su rostro en el abdomen de Jimin, que lo acomoda para que su cabeza descanse sobre sus muslos. Taehyung se percata de que sus hyungs lo soltaron cuando sus brazos se cierran alrededor de Jimin.

—Tranquilo, Tae. Está bien. Está bien. Estás a salvo. Somos nosotros. Vamos a cuidarte —dice Jimin en voz baja, sus dedos deslizándose entre el cabello de Taehyung, su otra mano, fría, apretando su cuello a un ritmo que comienza a tranquilizarlo, el calor entre sus caderas menguando con cada inhalación—. Eso es. Respira profundo, despacio — Taehyung no piensa hacer otra cosa. Se acurruca más cerca de Jimin y empuja su rostro contra la lluvia y el verano que percibe en su piel, concentrado en su abdomen, su entrepierna—. Necesito que te pongas de pie y vengas conmigo, Tae. A tu habitación.

La idea de moverse, de alejarse, reconcentra sus sentidos en la puerta que no pudo abrir. El quejido que retumbó en cada rincón de su persona. Cerca, agradable, un palpitar en las palmas de sus manos, respiración difícil, entrecortada. Vulnerable. Adolorido. Taehyung tiene que estar ahí.

Yoongi.

Yoongi.

—¡Tae! —Jimin dice, voz casi llegando a un grito, su mano en el cuello de Taehyung luchando por mantenerlo quieto contra su abdomen.

Taehyung siente la vibración antes de escuchar el gruñido. El dolor en sus encías. El ardor en sus ojos. Y al mismo tiempo, con fuerza renovada, el peso atrapándolo contra el suelo. Humo. Agrio. Parpadea y ve a la figura intentando acercarse, los ojos hipnotizantes jalándolo lejos. Familiar durante un segundo, y entonces obstáculo. Amenaza. Los ojos que destellan dorado lo miran directamente, calculadores. Poderosos. Son lo que en realidad lo mantiene inmóvil en el suelo. No el peso, no el agarre. Los ojos.

Es…

Lo siente subiendo por su columna, cosquilleando en su nuca. Fuerte. Ahora mismo, más que él. Mucho más que él. En control. Con claridad. Está en desventaja. El gruñido se va apagando. La ola se mueve debajo su piel, pero ahora es distinta. Atenta. Escucha. Debes escuchar. Escucha.

—Kim Taehyung —oye. Parpadea. Una presión tranquilizante que adormece su cuerpo. Los ojos destellan dorado. Suave. Un ofrecimiento. Una posible bienvenida. Lo confunde—. Te encuentras dentro de mi casa. Soy Kim Namjoon, tu hyung —su voz se alza sobre todo lo demás, opacándolo, haciendo imposible escuchar otra cosa. Sus ojos, que antes sólo destellaban, ahora son completamente dorados alrededor de la pupila. La imagen arranca un gemido de la garganta de Taehyung. El ardor en sus ojos y el dolor en sus encías se hace presente otra vez—. No quiero lastimarte. No quiero llevarte lejos de aquí. Necesito que me escuches. Presta atención y escucha, Taehyung.

Un tirón en su nuca.

Y entonces entiende.

Sabe.

Recuerda.

Alfa.

Namjoon, su hyung, cabeza alfa de la manada a la que Taehyung pertenece desde hace un año.

—Eso es, Tae —asiente su hyung con una sonrisa diminuta, sus manos enmarcando el rostro de Taehyung, manteniendo su atención en el poderoso color de sus ojos. Ya no se siente como peligro, obstáculo o amenaza. Es su hyung. Su hyung, que lo protege. En un instante, el alivio cabe sobre él, aplastante, tan doloroso como las pulsaciones que comienza a sentir con agudeza.

—Hyung —respira con dificultad—. Nam-hyung. Ayuda.

—Tae, no dejes de mirarme, ¿de acuerdo? —Namjoon presiona sus pulgares en las mejillas de Taehyung, que asiente a pesar de las lágrimas y el dolor y la desesperante ansiedad que carcome su pecho. Duele tanto. Está asustado—. Lo sé, Tae, lo sé. Pero estoy aquí. Estamos aquí. No estás solo. No lo estarás nunca. Esto es pasajero, te lo prometo. Ahora mismo es horrible, pero pasará. Resiste y escucha. Necesito que me digas que estás entendiéndome, Tae.

La ola debajo de su piel. Se mueve por su columna y se enreda alrededor de su pecho. Agradable en su lengua. Cosquilleando en las palmas de sus manos. Taehyung cierra los ojos y respira profundo. Namjoon dice algo, hay una serie de diferentes ruidos en respuesta, pero él no lo entiende, porque la ola continúa subiendo, expandiéndose, y entonces Taehyung siente que algo dentro de él-

Estás bien. Escucha.

Abre los ojos.

Su hyung tiene fruncido el ceño, el dorado de sus ojos retrocediendo hasta ser un delgado anillo en el borde externo de su iris. Una respuesta instintiva a Taehyung, que siente el calor y el dolor como si estuviese encerrado en un lugar dentro de su persona, incapaz de lastimarlo. No desaparece. Sólo ha sido contenido.

Por ahora.

—Dime —dice Taehyung sosteniendo los hombros de Namjoon, cuya expresión cambia de inquietud a asombro, intriga. Sus ojos se mueven hacia la puerta que Taehyung no pudo abrir y el anillo dorado en sus ojos se ensancha. Taehyung siente el dolor en sus encías, un gruñido vibrando en su pecho, pero su hyung regresa su mirada a él entonces. Parpadea. Ya no hay dorado. La tensión dentro de Taehyung se disipa, su mente de vuelta, presente, atenta. Taehyung respira profundo—. Dime —repite tragando saliva, sintiendo la resequedad en su boca y garganta por primera vez desde que despertó. —Hyung. Dime.

Namjoon no pierde más tiempo.

—Estás presentando, Tae. Es tu primer celo. Los detalles pueden esperar a después, ahora mismo necesito que te levantes y vengas conmigo. Voluntariamente. Tenemos que monitorearte y este no es el lugar apropiado para eso.

Irse. Taehyung procesa esa parte primero. Namjoon está diciendo que debe irse de aquí, pero aquí es el único lugar en el que Taehyung quiere estar. Aquí. Si no puede atravesar esa puerta, entonces necesita estar aquí. La queja sale de sus labios como un sonido profundo y amenazante que lo sorprende tanto como el primer gruñido.

—No —murmura. Piensa en el quejido. La puerta. Yoongi—. No —decide, y esta vez, cuando el dorado regresa a los ojos de Namjoon, Taehyung no siente dolor alguno. Ve el dorado, lo entiende, y quiere reírse.

Parecido a la ola debajo de su piel, algo incluso más hondo dentro de él intenta borbotear hacia afuera. Durante un instante, mirando a Namjoon, sabiendo perfectamente lo que significaría, Taehyung tiene la certeza de que el alfa frente a él no tiene la fuerza para retenerlo. Ningún alfa aquí la tiene y Taehyung siente una satisfacción perversa, viciosa, apoderándose de su mente, retumbando en sus venas.

Tan pronto como se da cuenta de ello, se escucha el giro del picaporte de esa maldita puerta. El dorado en los ojos de su hyung parece sangrar y se expande por todo el iris. Taehyung siente el ardor en sus ojos, el doloroso hormigueo en sus encías, sus pulmones llenándose de aquello que ahora puede percibir en cada partícula de oxígeno que lo rodea. Se ve liberándose del agarre de Namjoon, haciéndolo a un lado, pero no llega a hacerlo, porque entonces escucha.

—Alfa.

Yoongi.

Cerca.

Más cerca que antes, que nunca, su presencia invadiendo los sentidos de Taehyung. Lo marea. Lo embriaga. Echa la cabeza hacia atrás para ver, porque el alfa sobre él no importa tanto ahora, y la imagen que lo recibe hace hervir su sangre.

Yoongi.

Yoongi.

Yoongi.

Respiración pesada. Piel pálida enrojecida. Corazón desbocado. Cabello revuelto. Ojos brillantes, concentrados, fijos en Taehyung.

—Hyung… —Taehyung oye al alfa decir entre dientes. La risa comienza a subir por la garganta de Taehyung, burbujeante, casi insoportable en lo mucho que este alfa no tiene idea—. Yoongi-hyung, regrese a su habitación.

Oh.

Taehyung aprieta su agarre en los hombros del alfa y empuja. Hay poca resistencia (no suficiente, jamás suficiente), el alfa golpeando la pared con un jadeo. Taehyung se incorpora. El alfa no tarda en recuperarse, colmillos visibles, dorado clavándose en Taehyung, rápidos y astutos. Preparado. Fuerte. Poderoso. Pero algo falta. Algo que Taehyung tiene y que el alfa tenía. Estaba aquí, pero ya no, y Taehyung no va a perder.

—Alfa —Yoongi dice.

Taehyung escucha. Voltea. Comienza a asentir. Sí. . Esto. Esto es lo que quiere. Yoongi no deja de mirarlo. A él. Sólo a él. Siempre a él. La satisfacción es espesa, caliente, bienvenida.

—Omega —responde y la mirada de Yoongi reverbera. Está complacido. La ola se remueve bajo la piel de Taehyung, pero Yoongi está ponderando antes de continuar. Taehyung gruñe, sus ojos ardiendo incluso más, el enfado siendo registrado por Yoongi, que toma un largo respiro. Vacila. Inseguro. No así. No así cuando Taehyung puede sentir la decisión, la claridad, el deseo y petición en Yoongi—. Dime, Omega. No dudes. Dime y es tuyo.

Yoongi se recarga contra el marco de la puerta, un gemido atrapado en su garganta. Es verdad. Taehyung sonríe. Yoongi lo siente, su convicción, sabe que no es una promesa. Es un hecho. Lo que sea. Lo que quiera. Con decirlo, Taehyung va a dárselo.

—Alfa —murmura Yoongi y Taehyung escucha dolor. Uno distinto al de su cuerpo enfebrecido. Se oye terrible. Taehyung siente la ola bajo su piel debilitándose. Yéndose. La ansiedad se levanta de inmediato, cubre su corazón, quema sus pulmones. Yoongi lo mira. El brillar en sus ojos va apagándose hasta que Taehyung se queda sin aire. No. No. —Escucha a mi alfa, Taehyung. Obedécelo.

Vértigo.

Frío.

No.

—Obedece a mi alfa, Taehyung.

Taehyung gime. El dolor sale del contenedor en el que había estado. En un segundo, Taehyung lo siente todo, aplastante, incómodo, presión entre sus caderas y punzadas agudas en su cabeza. Es distinto. Helado. Amargo. La pared lo sostiene cuando sus piernas fallan. Baja la cabeza, recoge las piernas contra el pecho, apoya la frente entre sus rodillas. Duele. Pita en sus oídos y él se los cubre con las manos, ojos cerrados, garganta apretada, extremidades temblando.

No.

No.

Lo tocan. Jalan de sus manos y él lo permite. Voces. Movimiento. Lo percibe, pero no alcanza a sentir.

No hay nada.

No hay nada además del dolor, porque no pudo.

No pudo.

No pudo.

.

Namjoon no consigue un solo segundo para respirar tranquilamente. Entre llamadas a doctores y ocuparse de darle los cuidados pertinentes a Taehyung, las horas pasan y se cumplen doce horas desde el incidente que los despertó en la madrugada.

No han podido mantener la fiebre de Taehyung bajo control, pero al menos él no ha llegado a los niveles preocupantes que Yoongi ha estado rozando desde hace varias horas. Los celos de Yoongi siempre han sido intensos, debilitantes, incluso meritorios de visitas e internaciones al hospital, pero esa situación se había mantenido en equilibrio durante los últimos meses gracias a Hoseok. A él, y a Jimin y Taehyung, que se integraron a la manada y contribuyeron al sentimiento de seguridad y compañía que Yoongi necesitaba para mantenerse bien.

Namjoon pensó que con los dos más jóvenes dentro del grupo Yoongi eventualmente dejaría de padecer esta clase de celos, que junto a Hoseok encontraría un balance para su fuerza, y que, con el tiempo, la angustia por la salud de Yoongi iría transformándose en una natural preocupación por su bienestar. Fue demasiado inocente. Sus padres de lo habían dicho años atrás cuando conocieron a Jin y Yoongi, pero Namjoon siempre ha sido más un soñador que un realista. Al ver las mejoras, quiso creer que seguiría así, que Yoongi podría finalmente dejarse ser sin la constante y silenciosa amenaza de una muerte prematura.

—¡No, Hoseok!

Namjoon escucha a Jin con una claridad particular sólo de él. La voz que lo estabiliza, que lo dirige y acompaña. De inmediato, sintiendo la irritación, incredulidad y recelo de Jin moviéndose incómodamente por su piel, Namjoon se encuentra dejando a Jimin como el único vigilante de Taehyung, subiendo escaleras y atravesando pasillos en tiempo récord. Ahí, relajándose visiblemente al ver a Namjoon, Seokjin se interpone entre Hoseok y el pasillo que termina en la habitación de Yoongi. Hoseok gira para mirar a Namjoon, el dorado en sus ojos retrayéndose, y da un paso hacia atrás, lejos de Jin. A pesar de la situación, Hoseok está controlado. Es una buena señal. La única que Namjoon ha tenido en un largo rato.

—Alfa —Jin lo llama, ojos brillantes, su fuerza jalando de Namjoon hasta que se interpone entre Hoseok y Jin con su cuerpo entero. Un mensaje. Un recordatorio necesario cuando la tensión es tan alta. Hoseok no es un peligro para Jin, lo es para Yoongi y para sí mismo—. Hoseok —dice Jin en una suave exhalación—, por favor, no puedes tratar de entrar de nuevo. Su reacción ha sido la misma. No va a aceptarte, y me preocupa cómo vayas a responder a eso.

Hoseok ríe, seco, amargo, un filo de incredulidad y ofensa cortando sin piedad mientras dice:

—¿Qué? ¿Crees que le haría daño? ¿Piensas que lo forzaría? ¿Que lo violaría si me dice que no? —Gruñe con disgusto. Namjoon siente un escalofrío por el asco que le produce la mera idea. A su lado, Jin se tensa, el familiar pulso de su poder erizándole la piel a Namjoon—. Yo no soy al que tuvimos que detener su camino hacia Yoongi-hyung. Yo no soy el que quiso acercarse a un omega con alfa durante su celo y-

—No eres su alfa —Namjoon interrumpe de inmediato, molesto ante la implicación, el descaro y falta de respeto hacia Yoongi-hyung diciendo explícitamente que Namjoon es su alfa. Hoseok no se ha ganado ese título, no importa lo que crea o lo que otros puedan percibir sobre su relación. Mientras Yoongi reconozca a Namjoon como su alfa (algo que parece muy pronto a terminarse), Namjoon va a honrar su palabra y las responsabilidades que vienen con ella.

Los ojos de Hoseok destellan dorado. Colmillos comenzando a hacerse visibles. Jin toma su hombro con una mano firme y Namjoon respira profundo.

—Por supuesto que te concentrarías en eso. No parece importante en lo absoluto que Taehyung estuvo a segundos de hacer lo que tú —dice mirando a Jin, la falta de honorífico apenas registrándose para cualquiera de ellos— piensas que yo voy a hacer.

—No creo eso, Hoseok. No pongas palabras en mi boca porque estás enojado y quieres hacernos enemigos —Jin es bueno manteniendo la calma, viendo más allá de lo que las circunstancias actuales les hacen sentir, y no permitirá que algo como esto cree malentendidos de los que nazcan rencores—. Taehyung no lo habría lastimado.

—Eso es de lo que te quieres convencer. Ustedes y Jimin, no ven que-

No.

Definitivo. Inamovible. Omega. Un cosquilleo en la columna de Namjoon. La voz de Jin detiene su corazón por un segundo, y entonces Namjoon siente la fuerza a través de su unión inmaterial con él. Demanda atención. Reconocimiento. La cabeza omega de la manada a la que Hoseok pertenece, en quien confía y con quien ha vivido durante años, como familia, como hermanos.

Namjoon se irgue, sintiéndose liviano, su mente clara. Hoseok, callado por Jin para un momento de reconsideración, mira el suelo, mandíbula apretada, ojos llorosos. También odia esto, la pelea, el enojo, la distancia inesperada que lo separa de Yoongi. Fuera de balance. Rechazado. Es natural que quiera acercarse, intentar, pero no es su papel. No lo es desde que, tan pronto como Taehyung fue llevado al sótano para ser monitoreado, Yoongi no soporta su cercanía. Lo lastima. Lo repele.

Es duro, pero definitivo.

—Taehyung y Yoongi se reconocieron.

Jin lo dice sin delicadeza, escociendo durante un penoso segundo para que no duela durante varios minutos. Namjoon hace una mueca. Quisiera que hubiese una manera más suave de decirlo, que pudiesen darse el lujo de buscar esa manera, pero ahora mismo se necesita esto. Sin importar cuánto le duela a Hoseok. El alfa, todavía mirando al suelo, aprieta las manos en puños, cierra los ojos, trata de darse calma. Jin le ofrece su aroma, su comprensión, su infinito amor por ellos. Namjoon, vitalizado por la fuerza de Jin, permanece como la figura sólida, estable, segura de una forma distinta, y espera.

Finalmente, Hoseok deja salir un suspiro tembloroso, húmedo, y se sienta en el piso. Jin está a su lado en un parpadeo, reconfortándolo con manos cariñosas y su disposición a escuchar, entender, ayudarle en las mejores de sus capacidades.

Namjoon siente orgullo al mirarlo, al mirarlos, porque Jin es perfecto y Hoseok lo sabe. Por eso está con ellos. Por eso aceptó a Namjoon como su líder alfa y a Jin como su líder omega. Por eso esto (ellos, hermanos, manada, familia) vale la pena. Por eso se siente correcto, a pesar de las mil y una diferentes reacciones que han recibido por ser lo que son.

—Se reconocieron —dice Namjoon tras un rato. Hoseok está más tranquilo, sus ojos mirando hacia un punto incierto, libres del dorado e inexpresivos debido al cansancio que viene después de la conmoción. Jin levanta la vista hacia él. Namjoon lo siente, Jin lo siente a él, y los retos venideros comienzan a tomar forma—. Y ese es un asunto con el que debemos lidiar cuidadosamente, con los límites que nos corresponden al no ser los directos implicados.

Sólo Yoongi-hyung y Taehyung tienen voto en cuanto al reconocimiento y sus consecuencias se refiera. Namjoon y Jin van a asegurarse de que tengan cada decisión relacionada por completo en sus manos. Luego de sufrirlo en carne propia, ninguno de los dos soporta la interferencia (irrespetuosa, innecesaria) de terceros en la relación de Alfa y Omega reconociéndose.

Hoseok no responde afirmativa o negativamente, pero tampoco se opone con la fiereza de minutos atrás. No parece tener las fuerzas. Sus motivos y negación durarán más que su enojo inicial, pero, ahora mismo, está drenado. Múltiples y consecutivos rechazos de un omega al que consideras tuyo (y que, también, te consideraba suyo) le hacen eso a un alfa. Namjoon aún no quiere imaginar lo que los próximos días les traerán a Hoseok y Yoongi. A Taehyung.

—Pero lo que sí nos concierne —continúa— y de lo que debemos hablar inmediatamente, es el hecho de que Taehyung era beta hasta el día de ayer. Un beta de diecinueve años. Los casos de presentación fuera del rango de doce a dieciséis años son tan raros que el primer doctor con el que hablé redirigió mi llamada a otra persona pensando que era una broma —Namjoon siente sus colmillos crecer, la indignación y enojo de un profesional de la salud desestimando su pedido de auxilio sintiéndose como un golpe en el pecho—. Tanto, que lo mejor que puedo hacer por él es cuidarlo mientras su fiebre no aumente más. Tanto, que nadie va a creerlo realmente hasta que su celo concluya y vaya a la universidad siendo un alfa, hasta que tenga que cambiar la información en sus documentos oficiales porque definitivamente no es un beta, hasta que se concierta en habladuría y Taehyung tenga que enfrentarse a esa atención. —Más de la que ya reciben por “comportarse como una manada” en un mundo que ha olvidado tales núcleos y los mira con desprecio; incivilizado, salvaje, inadecuado, impropio, ridículo—. Ha vivido su vida entera como beta y ahora, en su presentación, no solo experimenta su primer y más horrible celo, sino que lo hace habiendo reconocido a Yoongi-hyung como su omega.

Y ese, ese es el factor en la ecuación que lo ha complicado todo.

Antes, con Taehyung tratando (y fallando) de olvidar su infatuación con Yoongi-hyung por no tener la esperanza de un futuro en el que pudiesen funcionar como cualquier otra pareja Beta-Omega, el problema se reducía a su corazón roto y la decepción de algo que podría, pero no fue. Entonces, con Yoongi-hyung habiendo aceptado que las posibilidades de ellos dos eran reducidas, y además peligrosas, Namjoon había podido imaginarse el final sin importar las trabas que hubiese en el camino: Yoongi-hyung y Hoseok-hyung vinculándose, encontrando la compañía y el equilibrio de sus Alfa y Omega en la unión hacia la que estaban encaminados desde su primer encuentro; Taehyung asimilando la decepción, aceptándola y examinándola para, llegado el momento, abrirle las puertas a la oportunidad de un amor no sólo correspondido, sino complementario.

Jin, aunque reticente y escéptico cuando de esta clase de asuntos se trataba, había tenido cierta esperanza en ese futuro también, y estaba preparado para las dificultades que pudiese traerles como manada.

Ahora, sin embargo, sus imaginaciones del futuro cambiaban y eran trágicas más allá de un amor incipiente que fue detenido antes de poder florecer.

Porque Namjoon y Jin lo vieron, lo sintieron incluso antes de que Taehyung y Yoongi se miraran y llamaran por el otro; antes de que Yoongi reconociera el potencial del alfa recién presentado y Taehyung sufriese el golpe certero de un rechazo que, aunque sensato, no dejaría de doler pronto.

Jin lo mira. Tienes que. Namjoon lo sabe. Lo sabe a la perfección, pero Hoseok es frágil, está en un punto incierto y vulnerable. Este día ha sido agotador para todos y todavía no ha terminado. De hecho, está muy lejos de encontrar resolución, y Namjoon quiere distribuir los impactos. Aligerar el dolor que Hoseok no tiene cómo escapar.

Ahora mismo no necesita saber que no sólo hubo un reconocimiento entre Taehyung y Yoongi, sino que Taehyung es un alfa tan fuerte como Yoongi es un omega poderoso, lo que resultó en una vinculación rudimentaria entre ambos.

Independientemente de cómo decidan hacer progresar su relación, Taehyung y Yoongi están unidos de por vida. Indiscutible. Indisoluble.

Namjoon y Jin no pueden hacer nada más que prepararse para ello.

—Lo hablaremos todos juntos —dice Jin dejando un beso en la sien de Hoseok antes de levantarse y ofrecerle su mano al alfa para hacer lo mismo. Hoseok levanta la mirada. Ve a Jin. Voltea hacia Namjoon. Siente la horrible tensión en su cuerpo entero durante un lento, agónico segundo, y después acepta la mano de Jin, que le sonríe—. Pero ahora mismo nuestra atención debe estar en cuidar a Yoongi y Taehyung. Nos necesitan. Cuando sus celos concluyan podremos hablar con calma.

Hoseok asiente, decidido, preocupado tanto por Yoongi como por Taehyung porque, sin importar la discordia que ha sido constante en sus interacciones y ha dificultado el crecimiento de su relación con él, Hoseok quiere a Taehyung. Lo acepta y lo ama como parte de su familia, de su manada, y como el individuo valioso, complejo e irremplazable que es.

 —De acuerdo —dice Hoseok respirando profundo y haciendo chocar sus manos como si estuviese marcando un corte para su humor, una pausa del alfa rechazado y adolorido y el resumen del alfa con una única voluntad: proteger, servir y proveer a su manada—. Vamos.

Namjoon siente un peso retirándose de sus hombros, la fuerza de Jin corriendo bajo su piel en caminos mil veces recorridos, pero nunca menos apreciados. Escucha los corazones de Yoongi y Taehyung palpitando al mismo ritmo, sus respiraciones sin compás, sus quejidos en busca de alivio. Huele a Jimin y Hoseok, las notas de ansiosa determinación e ininterrumpido malestar porque personas a las que aman están sufriendo y ellos no pueden hacer que el dolor desaparezca.

Están aquí. Juntos.

Y juntos lo pueden todo.