Chapter Text
Si Chifuyu tuviera que describir a su profesor, usaría tres palabras; simple, idiota y blando.
Extremadamente blando, como un mochi entre sus dedos.
Hanagaki Takemichi no tenía la apariencia de un profesor, ni siquiera si sólo era uno suplente, ¿Si acaso aparentaba ser un adulto funcional? Podía apostar a que el apartamento de ese tipo era un desastre, tal y como es en persona. Sólo era el primer día de este suplente, pero no las tenía de ganar desde el momento en que entró al aula del 2-B. Su clase no es considerada la más espantosa de todas, pero si eran duros, y este sujeto comparado a sus compañeros parecía un conejo entre depredadores.
La clase es ruidosa, ni siquiera puede oír sus propios pensamientos con claridad —a decir verdad, tanto escándalo lo estaba irritando—, el profesor Hanagaki trata en vano de silenciarla y que le presten atención. El tipo le da pena, nunca había conocido a alguien así de patético ¿En serio era real?
Lo había escuchado disculparse con los estudiantes, y la forma en que alzaba la voz no podía llamarse grito —ha escuchado bebés gritar más fuerte que eso—, los alumnos se aprovechaban de cada vacilación, incluso pudo ver que le lanzaron dos o tres bolas de papel, alguien gritó que se callara y se fuera a casa porque no era un profesor; en parte le daba la razón a quien dijo eso, este hombre no podía ser profesor.
Oh Dios, ¿De verdad el profesor está haciendo una expresión de frustración y de querer llorar? Eso es el colmo. Si no hace nada pronto, la reputación de Hanagaki como profesor sería destruida, todos se lo comerían vivo, incluso los profesores.
Tiene que reprimir un suspiro, Chifuyu se prometió a sí mismo no ser tan imbécil al salir de las pandillas y entrar a la preparatoria —le prometió a alguien querido que sería una mejor persona—, y con toda la pena que sentía por este profesor suplente, ni siquiera era uno regular, se levantó de su asiento con la mano alzada, llamando la atención del profesor y de todos en el aula de clase.
—Disculpe, Hanagaki-sensei, ¿Podría dar la clase sin prestarle atención a estos idiotas? Algunos de nosotros si queremos aprender y escucharlo —y, con eso, Chifuyu desató el caos en el salón.
Hanagaki estaba sorprendido, sin decir ni una palabra, tal vez en trance o en shock, mientras la mayoría de los estudiantes estaban furiosos lanzando pestes a Matsuno, quien no les prestaba atención y mantenía su mirada en el adulto del salón. Si le dieran una moneda por todas las veces que ha recibido insultos, él tendría para comprarle juguetes y croquetas a Peke J por años.
—¡¿Qué demonios estás hablando, Matsuno?! ¿Tú quieres aprender y prestar atención a este tipo?! —dijo uno de sus compañeros, casi escupiendo al hablar.
Chifuyu se giró con un rostro indiferente—. ¿Para qué demonios vengo a clases si no? No es mi problema que ustedes sean unos idiotas que no quieren hacer nada con su vida, ¿Por qué coño meten su culo al salón de clases?
Todos se quedaron en silencio.
—Si tienes algo más que decirme, podemos hablar al terminar las clases —finalizó Chifuyu, con una mirada intimidante. La mayoría conocía la mala reputación en las pandillas del chico rubio, por ello todos hicieron tanto silencio como les fue posible y ninguno lo contradijo, no querían hacerlo perder la paciencia.
Cuando Chifuyu se sentó, Hanagaki tenía la boca un poco abierta, era una expresión extraña y graciosa, por poco hace vacilar al rubio, si se reía perdería respeto ante su imagen, no era el momento, así que arqueó una ceja hacia el adulto azabache y con un movimiento de la cabeza fue suficiente para que este cayera en tierra.
Al fin, paz.
—Bu-Bueno, gracias, Matsuno-kun, quienes quieran escuchar y prestar atención a la clase, pueden- Les daré la clase, por supuesto, disculpen las interrupciones —Hanagaki se apresura a abrir el libro de referencias en su mano y con el marcador apunta en la pizarra mientras explica el tema de ese día.
Chifuyu resopla muy por lo bajo, no se supone que este tipo se disculpara, pero sonrió para sí mismo mientras escuchaba la clase. Sus ojos celestes chocan con los azules de su profesor en más de una ocasión.
La sensación de hormigueo en su estómago que sentía cuando el hombre le sonreía y lanzaba miradas poco discretas, tal vez sea a causa del hambre. Ojalá la hora del almuerzo fuera pronto.
