Work Text:
Son excelentes ¿verdad? Claro, se había esforzado, claro, se había matado estudiando y haciendo aquel maldito proyecto una vez más porque nunca salió como quiso, nunca fue lo suficientemente bueno. Entonces, si estaba tan seguro ¿Porqué temia? Solo es un número, no te define. Se dijo. ¿A qué le tienes miedo?
Sus ojos se humedecieron, trato de ignorarlo, tratando de parecer calmado a pesar de sus leves temblores esporádicos. El desayuno que no tomó saldría en cualquier momento de su sistema y en cualquier momento huiria como el cobarde que era al baño, con su confiable tijera. Porque oh, no tenían que sospechar. Pero no, tenía que tener una pizca de autocontrol, solo un poco. Se dijo. Así que con manos temblorosas agarró el papel, ignorando todas las protestas de su mente y el horrible nudo de su garganta, le rezo a todos los dioses existentes y por existir, sin importarle el hecho de que no creía en esas payasadas. Enfoco los ojos, busco el número final tratando de no prestarle atención a los demás numeros y... Se le hundió el estómago. Un 97 ¿97? Era una buena nota, se dijo. No la mejor, claramente, pero tampoco era una mala, estaba bastante bien, todo bien. Se decía, ignorando completamente la sensación de culpabilidad e impotencia. Estaba bien, estaba bien, solo tenía que salir de ahí un momento, recomponerse y listo.
Se levantó con las piernas temblorosas, agarró su mochila y presionó el papel con fuerza en su pecho. Al baño, sin pensalo dos veces. Camino sin levantar la vista, ignorando los ojos jugadores a su alrededor, y entró tropenzando a uno de los cubículos. Presionando sus manos contra sus húmedos ojos Y se repitió una y otra vez; No llores, no llores, no llores, no llores, no llores. Estaba bien, era bueno, excelente pero no lo mejor. Con la respiración acelerada y manos temblantes abrió su mochila rápidamente, sacando una tijera roja. Nadie sospecharia, a pesar de no ser una tijera escolar seguía siendo una tijera, un poco grande pero ¿Quién lo diría?
Corte, corte, corte, corte, corte, corte. Y se desplomó. No sabía cuanto tiempo había estado ahí, tal vez minutos, tal vez horas, quien sabe. Pero no le importó, solo se quedó ahí, dando suspiros temblorosos, con los ojos cerrados y simplemente cansado.
