Chapter Text
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¿𝓤𝓷 𝓬𝓪𝓶𝓹𝓪𝓶𝓮𝓷𝓽𝓸 𝓭𝓮 𝓿𝓮𝓻𝓪𝓷𝓸?
¿Qué estaba haciendo allí? ¿En qué momento se había dejado convencer? Y lo más importante: ¿por qué hacía ese calor tan horrible? Todas eran preguntas con respuestas bastante fáciles, pero Kenma prefería quejarse para sus adentros porque era más secillo. Hacía tantísimo calor que apenas le quedaban fuerzas para jugar a videojuegos y, aún así, tenía que estar entrenando. ¿Por qué? ¿Por quééé?
Apreciaba a sus amigos, pero ya pasaban suficiente tiempo juntos en los entrenamientos, día tras día, y los chicos de otros equipos no es que fueran desagradables, pero no los apreciaba lo suficiente como para sacrificar la energía de su cuerpo de aquella manera. Sin embargo, había un pequeño estímulo que le aportaba un mínimo de expectación a aquella concentración de apenas un par de días.
Estaba sentado sin prestar mucha atención, descansando después de entrenar con su equipo. Pronto tendría que volver a activarse, o eso le había dicho Kuroo, siempre pendiente de él para que no se quedase rezagado. Por toda respuesta le había bufado por lo bajo. Sin embargo, al explicarle que iban a hacer rotación de equipos para practicar y acostumbrarse a jugar con diferentes miembros, Kenma alzó los ojos con lentitud hacia su mejor amigo. Sabía que iba a encontrar esa mirada en los ojos del moreno. Por su sonrisa pícara estaba claro que lo conocía mejor que nadie y que habían pasado juntos el tiempo suficiente como para saber las motivaciones de Kenma.
ㅡCuando ves al enano jugar se te pone la misma cara que cuando tienes un juego nuevo ㅡle había dicho en una ocasión para picarlo.
Kenma se había quejado y había negado en rotundo, pero lo cierto era que llevaba razón, quisiera admitirlo o no. Hacía ya un tiempo desde que había conocido al bloqueador bajito del Karasuno y, desde que lo había visto jugar, había sentido curiosidad inmediata por él. Ser rivales suponía una especie de reto, sentía más ganas de vencer que de costumbre. Pero conforme pasaba el tiempo y su curiosidad también iba en aumento, empezó a querer saber cómo sería jugar con Shoyo como compañero, aunque no lo admitiría en alto. En el campamento anterior no habían tenido la oportunidad de hacerlo.
El partido que se estaba jugando llegó a su fin y comenzaron a reorganizarse. Los capitanes debían ir eligiendo miembros y había que evitar que se juntaran más de dos del mismo equipo para formar los nuevos. Tardaron un rato en juntarse todos, poner orden, y Kenma habría estado de morros de no ser porque Hinata fue enseguida a su encuentro y estuvo parloteando a su lado sin parar.
ㅡ¡¿Y si nos ponen juntos?! Nunca hemos jugado en el mismo equipo, ¡Kenma!
A su lado, Hinata parecía incluso más activo que de costumbre.
ㅡPero no elegimos nosotros, Shoyo ㅡcomentó con voz queda y un encogimiento de hombros.
No, ellos no elegían, pero como si lo fuera. Porque el capitán del Fukurodani, Bokuto, los eligió a ambos, y a Kenma no le pasó desapercibido la mirada vencedora acompañada de un guiño que le dirigió a Kuroo. Su mirada pasó de uno a otro, e insistió, frunciendo el ceño de forma notable, hasta que su amigo captó su aura demandante, lo miró y le dedicó una amplia sonrisa en la que mostraba sus dientes. Se preguntó en qué momento y por qué se habían compinchado de aquel modo (y no quería admitir que estaba, muy en el fondo, algo agradecido).
En realidad, aquella combinación entre Hinata y Kenma era algo que más de uno tenía curiosidad por ver. Unos cuantos se habían percatado de la conexión entre los dos pequeños miembros de equipos rivales.
Kenma no conocía bien al resto de integrantes del equipo que habían formado, de hecho había olvidado sus nombres, pero sí reconocía sus caras y recordaba alguna de sus jugadas. Algo podría hacer con esa información y con el conocimiento que tenía de los jugadores contrincantes, pero su prioridad era otra en ese partido. Cuando todos se colocaron en sus posiciones vio de reojo la expresión de Hinata; estaba exultante, impaciente, ansioso. No se esperó que le devolviera la mirada y una sonrisa. Parecía querer decir «vamos a ganar» con todo su cuerpo. Kenma entrecerró los ojos y le devolvió así el gesto.
Empezaron bien, más o menos. Los primeros pases entre los equipos fueron un poco torpes, porque la comunicación no fluía del mismo modo que cuando estaban con sus compañeros habituales, pero pronto fueron cogiendo el ritmo. Sin embargo, había algo que no funcionaba bien para Kenma. Los pases a Hinata no estaban saliendo tal y como había supuesto que saldrían; quizá se había puesto unas expectativas demasiado altas. No conseguían coordinarse, y al final quedaban unos remates pobres que no llegaban a mostrar las cualidades de ninguno de los dos. Tras varios intentos, Kenma comenzó a enfurruñarse, y su nivel de concentración disminuyó. Y esta vez Kuroo no estaba ahí para darle un toque de atención.
ㅡ¡Lo siento! ㅡse disculpaba una y otra vez Hinata, cuando no obtenían un buen resultadoㅡ. ¡Me esforzaré más!
Le empezó a doler la cabeza de tanto fruncir el ceño. Shoyo no tenía que pedir disculpas cuando era él quién no estaba siendo capaz de darle unos pases adecuados. El sudor ya caía por su frente y sentía el flequillo pegado a la piel. Le recorrió un escalofrío, odiaba esa sensación con todo su ser.
ㅡ¡HEY HEY HEYYYY! ¡No pasa nada enano! ㅡBokuto, con su estridente voz, no ayudaba a relajar su humor, pero sí que ayudaba al resto del equipo a mantenerse animado, incluyendo a Hinata, que enseguida respondía con un chillido más agudo.
Todo era muy ruidoso.
Muy caótico.
Y por si fuera poco acabaron perdiendo. Después de más de una hora de partido, y sometido a su propio estrés, Kenma estaba rendido. Por suerte para él, ya no tendría que volver a jugar porque ahora era el turno del resto de equipos que habían estado esperando su turno. Lo más normal era que todos se quedaran alrededor para ver los partidos de los demás y aprender, pero no era obligatorio. Así que se despidió y se apartó hacia un lado para realizar algunos estiramientos antes de marcharse. Hinata acudió corriendo a su lado.
ㅡ¡KENMAAA! ㅡSe acercó a grandes zancadas, gritando hasta que se colocó a su lado y empezó a imitar sus poses de estiramientoㅡ. No pasa nada porque hayamos perdido. ¡Ha estado bien!
Le dirigió una mirada incrédula.
ㅡNo ha estado bien ㅡmurmuró, y al ver el cambio en la expresión del pelinaranja, sintió una punzada de arrepentimiento por haber sido tan directoㅡ. Quiero decir, que no nos hemos coordinado bien.
Hinata se quedó pensativo un momento, procesando la información. Seguramente ya había estado pensando sobre eso, pero no le había dado tantas vueltas como él, porque no sería tan importante y no habría puesto tantas expectativas en ese partido de prueba que no se volvería a repetir. Le dio tiempo a pensar todo aquello a una velocidad apabullante mientras su amigo respondía:
ㅡBueno, entonces será que somos mejores rivales que compañeros, ¿no?
Ya sabía que eran buenos rivales. Lo que no sabía era cómo encajar el hecho de que no formaran tan buen equipo cómo había imaginado en su cabeza. Se encogió de hombros y no dijo nada, lo que no fue suficiente para Hinata, que siguió presionando un poco más.
ㅡ¿No te parece más emocionante? ¡Kenma! ㅡIntentó llamar su atención, inclinando el cuerpo hacia delante para que le mirara de frente, pero sólo lo hizo durante unos segundos fugaces antes de que Kenma mirase hacia el lado contrario.
ㅡ¡Eh enano! Es mejor dejarlo un rato ㅡla voz que los interrumpió (su salvador) pertenecía a Kuroo. Puede que, después de ese día, le diera las gracias y todo.
Hinata hizo un mohín con los labios sin entender muy bien lo que estaba sucediendo, lo cual era comprensible teniendo en cuenta que no había pasado tanto tiempo junto a Kenma y no conocía bien su faceta más enfurruñada. Aprovechó ese momento para salir huyendo de allí antes de que alguien más lo interrumpiera. No había cogido su mochila ni su móvil, pero llevaba consigo lo esencial; su Nintendo.
En cuanto salió de allí y el aire le dio de pleno en el rostro se sintió más aliviado. Faltaba poco para el atardecer, lo cual significaba que el sol no calentaba tanto como a mediodía. Además, estaban rodeados de campo y allí siempre hacía un poco más de fresco que en plena ciudad. Con el paseo, el sudor comenzó a desaparecer de su piel, que recobró su habitual frialdad. Caminó como por inercia donde sus pies le llevaron, confiando en ellos al no ser la primera vez que había estado por la zona. En su cabeza ya había elegido un lugar concreto donde sabía que podría relajarse, apenas a diez minutos de allí. Nadie le molestaría y, si le necesitaban, su mejor amigo seguro que sabría dónde encontrarlo.
Había más césped del que imaginó para ser verano; eso le beneficiaba porque era más cómodo para tumbarse. Buscó una zona inclinada que llevaba a un pequeño arroyo y se acomodó bajo la sombra de un árbol. Ahí era perfecto. No había ningún estímulo externo que no fuera el sonido de las cigarras, el correr del agua y, de vez en cuando, las hojas de los árboles sacudiéndose con un ritmillo agradable. La brisa era muy leve, pero no necesitaba más para estar ahí tumbado. En seguida se sumergió por completo en el juego y perdió la noción del tiempo. Podrían haber pasado minutos u horas, apostaba más por la segunda opción.
Hinata llegó para confirmárselo.
ㅡ¡KENMAAAA! ㅡPor supuesto, llegó gritando, irrumpiendo la calma que no se había alterado con la llegada de Kenma.
ㅡShoyo.
Alzó la mirada lo justo para no afectar el ritmo de la partida en la que estaba enfrascado.
ㅡ¡Me ha costado la vida encontrarte! Menos mal que Kuroo-san me ha dicho dónde podrías estar… fiuuuu, vaya caminata ㅡcomentó mientras se acercaba a donde estaba él y, sin preguntar, se agazapó a su lado, mostrándole un par de botellas de aguaㅡ. Supuse que tendrías sed.
Al final, Kenma se vio obligado a pausar el juego y mirarle. Los ojos de Hinata eran enormes, o eso le pareció ahora que los observaba más de cerca y veía en ellos una genuinidad que no pudo seguir ignorando.
ㅡGracias, Shoyo. ㅡCogió una de las botellas y bebió porque era cierto que tenía sed desde hacía bastante rato, pero no había tenido intención alguna de moverse de allí. Hinata tampoco parecía haber venido para llevárselo porque se tumbó a su lado sin pedir permiso.
En cuando lo hizo se quedó mirando al cielo y arrugó la nariz:
ㅡCon el árbol no puedo ver las nubes, ¡vaya sitio que has escogido! ㅡse quejó.
ㅡPero buscaba sombra… ㅡse limitó a responder Kenma, antes de volver a fijar la vista en la pantalla.
En seguida el sonido del juego captó la atención del más pequeño. Se arrimó a él hasta que casi rozó su hombro con la barbilla para poder mirar la pantalla. Era curioso como un animalillo y, además, preguntaba sin parar.
ㅡ¿A qué estás jugando? ¿Es muy difícil? ¿Cómo puedes hacer todo eso?
Negó con la cabeza, ignorando la primera pregunta. Era innecesario porque, si lo observaba un poco más, podría comprender con facilidad el funcionamiento del juego. De vez en cuando, Hinata soltaba un «Oooooh» o un «¡¡Aaaah!!» y algún que otro «¡Casi!», pero no lo distraía con sus palabras. Por el contrario, le resultaba divertido ver sus reacciones.
Cada vez que Hinata hablaba, sentía un airecillo contra la piel de su mejilla por tenerlo tan cerca. Eso era lo único que llegaba a distraerle en alguna ocasión y le hacía fallar la partida. Hasta jugando estaba siendo todo un torpe. ¿Qué le estaba pasando ese día que no hacía nada bien? Al mismo tiempo, y fuera de lo esperado, tampoco le resultaba desagradable estar así. Tan solo era que no estaba acostumbrado, y antes de empezar a ponerse colorado o a que se notase algo de pudor en su expresión, su instinto fue girarse para darle la espalda. Hinata se quejó al instante.
ㅡ¡Oye pero que así no puedo ver! ㅡexclamó, claramente indignado.
Notó como hacía el intento de ver la pantalla. Lo siguiente que sintió fue medio cuerpo encima del suyo, el rostro de Hinata asomando por su hombro. De nuevo, su amigo no parecía tener ningún tipo de problema con invadir el espacio vital ajeno. Si hubiera sido otra persona, quizá le habría pegado un grito. En lugar de eso, se le escapó una risita sin pensarlo.
No estaba nada mal aquello, no. Lejos de lo que había esperado, sí, pero sorprendentemente no estaba mal. El calor había dejado de molestarle, y eso que contaba con un cuerpo presionado al suyo y una respiración que le hacía cosquillas en la mejilla izquierda. Pero estaba descansando, no tenía que hacer más ejercicio físico, y ya no le parecía tan mala la idea de seguir siendo rival de Hinata.
Fue Kuroo quien interrumpió el momento a gritos, más suaves y menos intrusivos que los de Hinata o Bokuto, pero más autoritarios. Era la hora de cenar así que no les quedó más remedio que marcharse.
Lo que Kenma no sabía era que Kuroo, en realidad, sí
que había mandado a Hinata a traerle de vuelta y que,
pasado el tiempo sin que eso sucediera, se había visto
obligado a ir a por los dos menores.
