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Araqiel se sentía poderoso, bendecido, único. No es fácil convertirse en paladín, no es fácil que un dios te considere digno de su bendición. Ahora es paladín de la triple diosa, Angharrath, la diosa que considera más compleja y completa de todas. Ahora es un caballero de la muerte que ha jurado proteger a las almas, ayudarlas a encontrar la paz, velar por ellas. El sentimiento de superioridad que se estaba apoderando de él desapareció por completo con las revelaciones de sus padres.
Ha estado años oculto, desde que era un bebé, toda su vida fingiendo ser otra persona. Sólo si sus padres la hubiesen matado… Todo este tiempo pudieron acabar con ella. Si se lo hubiesen dicho a Riu, a Mavvir, no habría tenido que ocultarse. No habría tenido que fingir ser otra persona. No habría tenido que vivir oculto.
A pesar de la rabia que siente no los culpa, sabe que el asesinato no es algo que deba tomarse a la ligera, no sabe si confiaría en ellos como hace ahora si hubiesen matado a Naivara cuando él era pequeño. Lo protegieron siempre, lo cuidaron y le dieron una buena vida, aunque fuese lejos de ellos. Creció feliz en el monasterio, creció rodeado de amigos, con Mavvir y Riu como sus maestros, como sus figuras paternas, con Dazielle a su lado, siendo siempre su máximo apoyo. Tuvo una buena infancia. Fue feliz, muy feliz.
Ahora mismo no lo es. No tiene tiempo para serlo. Desde el estallido de la guerra ha ido perdiendo tiempo libre de forma paulatina. La pila de documentos se amontona en su cuarto, creciendo incesantemente, las reuniones con los dirigentes militares, las reuniones con sus espías, las misiones en palacio o fiestas lo han dejado sin más que un par de horas sin responsabilidades cada semana. Horas que se pasa escuchando a sus amigos hacer bromas sobre los ronquidos de los otros, quejas sobre Aiden, que siempre deja toallas mojadas tiradas en el suelo del baño, quejas de Eli sobre los robos constantes de su hermano, quien no duda en dejarlo sin postre todos los días, historias sobre las tardes en el lago, sobre las clases de magia y las largas horas de entrenamiento. Y cada vez que vuelve a casa después de verlos tiene ganas de llorar. Lo que daría por estar presente en todos y cada uno de esos momentos. Añora esos veranos tumbados sobre las rocas haciendo bromas estúpidas. No intercambió eso por la realeza, por la fama, sino por el conocimiento. Por saciar esa crepitante inquietud en su interior. Inquietud que en los últimos meses ha crecido como la espuma, inquietud que no puede controlar.
Su trabajo es monótono, las tropas de Ileaka están en su peor momento, pero las de Neflea no están en mejor estado. Planear estrategias para detener la guerra ya no es factible, esta guerra no se puede parar con una victoria, necesita un acuerdo de paz. Los reyes ya no escuchan sus palabras, son envases vacíos atascados en las mismas frases en repetición. Son marionetas ahora abandonadas a su suerte. Gillian ya no necesita a los reyes, la guerra tiene vida propia, es más salvaje cada día que pasa, el país está entrando en una crisis económica de la que le costará salir, la población está siendo reducida, innumerables vidas perdidas.
Desde que Mavvir está en Áscay, Neflea va ganando la guerra. Sus consejos y estrategias le han dado un buen giro a la contienda. Sus planes han reducido a un gran número de espías de Ileaka, produciéndole al abad pesadillas cada noche. Dazielle ha asesinado a varios espías y generales, Riu ha robado información a algunas de las personalidades más poderosas y peligrosas de Ileaka. Son la razón por la que Ileaka no ha aplastado todavía a Neflea. Son los demonios que se imponen ante la conquista de su país.
Son lo que Araqiel ha crecido repudiando.
Los infructuosos intentos de Araqiel por encaminar el país en una buena dirección lo han dejado exhausto. No hay nada peor que las guerras, violencia sin sentido, odio por doquier, carne visceral adornando bellos paisajes, ensombreciendo el cielo, nublando la mente de las personas más puras y con corazones más generosos. La guerra saca lo peor de cada uno. Y está harto.
Ha sacado lo peor de él y de sus seres queridos.
Es consciente del número de vidas que ha salvado, pero también de las que ha arrebatado en nombre de la organización, en nombre de los reyes. Pensarlo le produce náuseas y asco. Se hizo nigromante para ayudar a las almas sin descanso, para proteger aquellos que ya no podían protegerse, para darle descanso a aquellos que han perdido a un ser querido. Todavía recuerda cuando Riu le explicó en que consistían las escuelas en magia. Recuerda el sol calentándole la piel, el parasol blanco con el que Riu se cubría en el jardín del monasterio, la sensación de paz y seguridad que lo envolvía. Tan sólo tenía 12 años, pero su maestro le explicó todas y cada una de las escuelas de magia, incluyendo a los war casters. No le interesó aprender magia de guerra, no era lo que lo impulsaba. Recuerda también las dudas que abarcaron a Riu cuando decidió ser nigromante, pero este nunca le puso límites. Le enseñaron ética, religión, historia. Mavvir y él lo instruyeron para que tuviese un conocimiento profundo de la vida y la muerte, del más allá. Nunca coartaron su libertad de expresión, ni su curiosidad, la enseñaron a explotarla de forma sana.
Riu le enseñó que podía conseguir todo lo que quisiese, le enseñó como enfocar sus metas, como construir un camino hasta ellas. Recuerda como Mavvir le enseñó la forma más eficiente de alcanzarlas, como Riu le enseñó a controlar sus emociones, a mantener la cabeza fría y como Mavvir le enseñó lo contrario, a dejarse llevar por sus sentimientos y perderse en ellos. Entre los dos le enseñaron a manejarlos, a controlarse y a darse libertad al mismo tiempo. Le enseñaron todo lo que sabe. Han sido sus maestros, pero para Araqiel han sido unos padres. Han estado ahí toda su vida.
Ahora Riu ha estado secuestrado, Mavvir ha tenido que dejar el monasterio y Araqiel no ha estado ahí para ninguno de ellos. Estaba ocupado. Tan ocupado que lleva años perdiéndose la vida de sus seres más queridos. A penas ve a Dazielle, mucho menos a sus padres, mucho menos a sus amigos. Los echa tanto de menos…
Está llegando a su límite, no puede con más presión, no puede lidiar con todos los problemas a los que se enfrenta. Tiene una guerra que parar, un montón de gente que salvar, un conde que asesinar. No puede lidiar ahora con sus sentimientos, pero tampoco quiere enterrarlos y adquirir la faceta despreocupada que utiliza a diario en palacio. Ahora mismo necesita procesar todo lo que siente. Necesita un momento paras si mismo.
Nunca quiso saber quiénes eran sus padres, no merecía la pena en su opinión. Si eran buenas personas estaría triste por su muerte, si eran malas le produciría rechazo. Una de cal y una de arena. Su madre era una buena persona, su padre quizás también, pero el resto de su familia biológica dejaba bastante que desear. Jörkhan está ahí, es su tío y Araqiel no sabe cómo se siente al respeto. Cree que es muy incómodo, no quiere tener una relación familiar con él. Si surgiese de forma natural estaría cómodo, pero ahora es imposible que ocurra así. Sabe que los lazos de sangre son fuertes, aunque mucha gente quiera negarlo u ocultarlo. Sabe que cada vez que se acerquen pensará que sólo lo hacen por ser familia biológica, no puede estar seguro de que sea genuino.
No puede ocultarle a Jörkhan la verdad, tampoco puede ocultarle que necesita que Naivara muera para poder ser libre. No sabe mucho de su relación, pero asume que el elfo no le tiene mucho cariño. Le parece imposible tenerle cariño a la persona que te secuestra y pretende matarte en un ritual.
Araqiel toma aire, respirando el aroma del jardín de su hermana y el frío característico de principios de octubre. Cierra los puños sobre el frío mármol de la barandilla del patio trasero. Está en casa, en su hogar. Siempre le resultó fácil vivir en el momento, no dejarse llevar por pensamientos románticos, ideas fantasiosas y ahora no será diferente. Debe centrarse en el presente, ser consciente de sus problemas y buscar solución a ellos.
Tiene que ser sincero con Jörkhan, se lo debe. Tiene que tomar una decisión sobre su vida, no puede ni quiere seguir así. Los reyes eran personas inteligentes, buenos dirigentes, ahora no lo necesitarán como antes, podrá tener más tiempo libre. Tiene mucho en lo que pensar, pero ahora no es el momento. Ahora debe hablar con Jörkhan, asegurarle a Mavvir y Dazielle que está bien, agradecerles a sus padres que lo hayan protegido todos estos años. Ahora debe tomar las riendas de su vida.
