Chapter Text
Chifuyu es del tipo bromista, Takemichi es conocedor de esto, solía burlarse de él tantas veces al día cómo es posible respirar; ¿Le molestaba? En absoluto, aunque siempre respondía mal a ellas, podía decir que es su costumbre disimular estar ofendido —bien, en algunas ocasiones si lo hacía enojar, pero sólo si éste ignoraba sus lloriqueos o lo estaba avergonzando a propósito—.
A decir verdad, fue divertido la mayor parte del tiempo, no podía evitar reírse también, contagiado por la risa de Chifuyu. Si Chifuyu reía, todo estaba bien, y se escuchaba como música o una melodía pegajosa; es imposible sacarla de tu mente.
Takemichi aceptaría cualquier broma, desde la más inocente hasta la más absurda. Y los chistes lo hacían soltar carcajadas hasta que las lágrimas se le escapaban y le doleria el estómago —sin embargo, sus chistes no eran tan buenos si los comparaba, aunque siempre hacían reír a Chifuyu, probablemente porque son tan malos que causaban gracia, y eso es un ganar ganar para él—.
—Compañero —llama el menor, Takemichi levanta la mirada para prestarle atención y este sonríe. Es una sonrisa coqueta ¿No? Está seguro de que no es una sonrisa normal—. Dame un beso, en los labios.
Los ojos aqua de Chifuyu se cierran, su rostro se acerca al de Takemichi y sus labios están juntos, esperando por el beso que pidió. Takemichi parpadea, varias veces, sus mejillas se calientan tanto que incluso puede sentir arder sus orejas, observa hacia todos lados, es obvio que nadie los está observando en la habitación de su compañero, ¿Qué es lo que debe hacer?
Su corazón palpita como si corriera una maratón, y sus manos están sudando.
Chifuyu tiene labios bonitos, se ven tan suaves ¿Quería besarlo?
El cuerpo de Takemichi se inclina hacia el frente, cierra los ojos lentamente, es quien debe cerrar la brecha para poder besar a Chifuyu, pero por mucho que su cuerpo se mueve hacia el frente, sus labios nunca encuentran los del rubio. Sus cejas se fruncen, y está aún más nervioso que antes, no recordaba que su compañero se encontrará tan lejos de él ¿Cuándo podría besarlo?
—Je, entonces si quieres besarme —escuchó la voz de Chifuyu, cargada de burla y malicia.
Takemichi abre los ojos rápidamente, el paisaje frente a él no es lo que esperaba, no hay beso con Chifuyu, sólo un Chifuyu sonriendo divertido y con sus ojos afilados sobre él.
Espera un momento ¿Qué?
—QUÉ- —el rizado deja su cuerpo caer hacia atrás, la risa del menor no se hace de esperar, inundando toda la habitación. La cara de Takemichi debe ser la de un payaso, por el tipo de expresión que podría estar haciendo como para que su amigo lo viera y se riera aún más, además de estar totalmente rojo, similar a un tomate maduro o una cereza.
La risa de Chifuyu solía ser encantadora, y no tardaba en reírse con este cada vez que lo escuchaba, pero en esta ocasión no le causa gracia. Está desconcertado, y definitivamente decepcionado ¿Molesto? Un poco molesto, muy molesto. Si, está enojado.
—¡Vamos, sólo era una broma! ¡No te lo tomes a pecho! —el rubio le da varias palmadas en la espalda, su puchero inocente fingiendo que no había hecho nada realmente malo.
Takemichi no le responde, permanece abatido sobre la cama. Ni siquiera le devuelve la mirada a su compañero. A su lado, Chifuyu resopla por ser ignorado. Bien, es lo que se ha ganado por ser tan cruel ¿Por qué justo hacer ese tipo de bromas?
Chifuyu apoya su brazo contra el de Takemichi, y apoya su cabeza en el hombro del rizado que emite un zumbido pero no le dirige ni los ojos ni una palabra en respuesta a esta acción cariñosa. Después de varios intentos de tener la atención de Takemichi, el menor da un largo suspiro y usa sus ojos tristes.
Esta vez, Takemichi lo mira. Lo mira y sus labios tiemblan, luego gira hacia la pared, hacia la cama, hacia el escritorio, la ventana y donde está Peke J acostado, pero siempre acaba dejándose ganar por los ojos de gatito de Chifuyu.
—¿Por qué hiciste esa broma, Chifuyu? —pregunta después de estar en un largo silencio, evitando a su compañero.
Ante la pregunta, el rubio quiere lucir indiferente—. Uh, sólo ha sido una broma ¿Verdad? No es importante, no tienes que enojarte, si ha sido incómodo no lo haré de nuevo ¿De acuerdo?
No, Takemichi no está de acuerdo con eso. De hecho, esa respuesta no lo convence, le molesta mucho más. Enfurrañado, continúa usando la ley del hielo contra Chifuyu.
—¿Piensas estar enojado todo el tiempo? Hey, tengo hambre, comamos algo, Takemitchy —el rubio tira del brazo del mayor, sin obtener alguna respuesta física o verbal de parte de este, vuelve a bufar y cruza los brazos en su pecho—. Está bien, como quieras, si no tienes hambre quédate aquí, yo tengo hambre así que iré al mercado —dicho esto, Chifuyu se arrastra por la cama y se pone de pie para caminar hacia la puerta.
El cuerpo de Chifuyu se detiene cuando abre la puerta, se dirige hacia Takemichi que está observando aún sentado en la cama y apoyando la espalda en la pared.
—¿Vienes?
No necesita más, Takemichi brinca de la cama para perseguir a Chifuyu que suelta una risa entre dientes a pesar de las protestas de su compañero.
Un beso, Takemichi no deja de pensar en los besos. En su vida, sólo ha dado un beso, o mas bien, le han dado un beso, pero realmente nunca tuvo otra oportunidad.
Beso. Beso. Beso. Besar a alguien. Besar a Chifuyu. Un beso con Chifuyu.
—Oi, Takemitchy ¿Quieres algo de beber? ¿Por qué estas como un idiota frente a los congeladores? —Chifuyu se burla, tiene una sonrisa divertida en los labios y una ceja arqueada. Está parado en la esquina del pasillo donde se encuentra Takemichi.
Los labios de Chifuyu siguen viéndose bonitos, y besables.
Él debe dejar de pensar en eso, o se volverá una obsesión.
—Llevaré dos sodas, ¿Quieres una? —responde Takemichi a su compañero, sin prestar atención a las burlas de este. Coge dos latas de la heladera y camina hacia el rubio que lo espera en la esquina con una bolsa en la mano.
—¿Escogiste de naranja para mi? —el menor se inclina para echar un vistazo hacia las latas en las manos del rizado y sonríe ampliamente al verificar que era el refresco de su preferencia. Takemichi no olvidaba lo que le gustaba a Chifuyu.
Takemichi mira hacia la bolsa que trae Chifuyu consigo—. ¿Malvaviscos? —sujeta la bolsa y examina la misma con ambas cejas arqueadas. Claro, comida chatarra, lo que comerían jóvenes de dieciséis años en una tarde cualquiera.
—¿Tienes suficiente para pagar? La verdad es que no tengo mucho dinero encima, recientemente gasté lo del trabajo en un videojuego
—Si lo gasto, me quedaré sin dinero para el pasaje mañana.
—Oh bueno, te tocará ir a la escuela caminando, compañero.
—Chifuyu...
Los malvaviscos tienen una contextura suave, esponjosa y son dulces, cuando los comes son ligeramente chiclosos y se deshacen en la boca luego de masticar lo suficiente. ¿Puede comparar la suavidad de un malvavisco con los labios de Chifuyu?
Takemichi se fija en el dulce que está en sus dedos, sus ojos se mueven hacia Chifuyu que tiene un malvavisco en la boca mientras mira distraídamente a las personas pasear a sus perros.
¿Podrían ser más suaves o igual de suaves o menos suaves? No estaba seguro, nunca podría saberlo si no podía besar a Chifuyu —¿Ya lo ha vuelto una obsesión? Posiblemente—.
—Takemitchy —con su dedo índice, el rubio pica el hombro del mayor y cuando obtiene su atención esboza una sonrisa—. Te apuesto a que no puedes meter quince de estos en tu boca —reta el menor, su sonrisa aún más amplia y sus ojos afilados. Uno de los malvaviscos en la bolsa es cogido con sus dedos delgados y lo mete a su boca para darle una mordida.
Takemichi tarda en responder, porque no puede dejar de ver la boca de Chifuyu al moverse cuando mastica y los labios chocan contra la suavidad del bombón.
—Puedo meter veinticinco de estos malvaviscos en mi boca, sin problema —contesta Takemichi, luego de sacudir la cabeza, tiene el entrecejo fruncido y su característica expresión llena de determinación. Es la usual cara por la que Chifuyu lo acaba regañando.
Chifuyu alza una ceja, traga el dulce que ha mordido y sonríe entre una mezcla de diversión y desconcierto.
—¿De qué estás hablando? ¿Qué ganarías metiendo veinticinco malvaviscos en tu boca? Deja de tratar de hacerte el genial, Takemitchy —por su lado, Chifuyu no se lo toma en serio.
—El beso —suelta el rizado, la mención de un beso hace que Chifuyu abra los ojos con sorpresa—. Ese beso que me pediste, pero no me diste, aunque tú lo pediste, si gano, me darías ese beso.
Uh, oh ¿Qué? ¿Estaba hablando en serio? ¿De dónde había encontrado tanta confianza para pedir algo así? Takemichi no podía creerlo, y por lo visto Chifuyu tampoco, su expresión es digna de una fotografía; incrédulo, sorprendido, extrañado y avergonzado. Si, el rostro de Chifuyu se ha tornado de un color rosado.
—Tienes que estar bromeando ¿Es así, compañero, quieres vengarte por lo que te hice? —con una sonrisa en los labios y sus cejas arqueadas, Chifuyu luce nervioso. No está convencido.
—No, no estoy bromeando, hablo en serio ¿Es una apuesta? —La seriedad con la que Takemichi habla deja a Chifuyu con la boca abierta, está hecho una piedra y sin emitir ni una palabra para contestar.
Cuando Chifuyu lentamente asiente con la cabeza, Takemichi busca la bolsa de malvaviscos.
Once. Once Malvaviscos. Takemichi sólo puede soportar once dulces en su boca, no puede soportar más, su cuerpo no es lo suficientemente fuerte para lograr tener más que eso. ¿Con que ese es su límite? Es tan patético, podía aguantar más que eso; sin embargo, habla de golpes, o también las mortales patadas de Mikey.
Takemichi se esfuerza, se esfuerza como nadie en su vida, y con su mano temblando busca tener el doceavo bombón en la boca, lo sujeta entre sus dedos y está por meterlo a su boca. Puede hacerlo, esto debe ser pan comido, o malvavisco comido.
—Es suficiente, Takemitchy, ya has alcanzado tu límite, si continuas puedes vomitar, y eso sería un desastre. O puedes ahogarte, lo que sería peor —Chifuyu intenta persuadir a Takemichi de que se detenga. Le recuerda a esos tiempos en pandillas, el recuerdo del rubio llorando porque está arriesgando su vida, una memoria amarga.
Chifuyu no está llorando, pero se ve seriamente preocupado por su bienestar, aunque sólo son unos simples bombones.
Claro está, Takemichi no obedece, su mano se desliza hasta su boca y trata de encontrar un hueco para meter otro de los dulces.
¿Por qué está llegando tan lejos? Ah, por supuesto, porque ahora tenía una fijación extraña, quería besar a Chifuyu, quería demostrar su valía ¿Comiendo malvaviscos? Puede verse un poco ridículo. Y pase a lucir como un idiota, no se ha detenido en absoluto, él insiste en tener ese doceavo malvavisco.
—¡Bien, con eso basta! ¡Ya para, Takemichi! —Chifuyu grita, agarrando la manga de la chaqueta del rizado y tirando de ella, lo está zarandeando. Está usando su nombre de pila, sin apodos ¿Debe preocuparse?—. ¡Te ahogaras, idiota! ¡Sacate eso de la boca! —ahora, el rubio lo sujeta de los hombros—. ¡Está bien, tú ganas, te besaré, pero ya dejalo!
Oh ¿Ganó? ¿De verdad?
Takemichi quiere sonreír, al intentarlo uno de los malvaviscos se desliza por su garganta y justo ahora no puede masticarlo porque su mandíbula es obstruida por la gran cantidad de dulces que tiene en la boca. Él va a morir ahogado por un bombón, ¡POR UN JODIDO BOMBÓN!
Para su fortuna, Chifuyu lo golpea tan fuerte con la palma abierta en la espalda que escupe todos los dulces, incluyendo al que estaba por matarlo hace un segundo atrás.
Takemichi es consciente de que ha hecho una estupidez que pudo costarle la vida de la forma más imbécil posible, lo hizo todo por este momento, por salvar el futuro, no, no, esto no salvará el futuro, está exagerando. El futuro ya está salvado. La razón por la que Takemichi se esforzó tanto por tener veinticinco malvaviscos en su boca, —¿Por qué no pudo dejarlo en quince y tuvo que agregar más? Chifuyu tenía razón, era irremediablemente estúpido—, fue para obtener un beso de Chifuyu.
¿A qué sabrán los labios de su compañero? ¿Qué tal estarían los labios de Chifuyu? ¿Suaves, agrietados, salados, húmedos, secos, fríos o cálidos?
—Tienes una cara extraña, compañero —dice Chifuyu, con una mueca en los labios, sus mejillas podrían rivalizar con las cerezas, la forma en la que se mueve, inquieto y nervioso, dejan en descubierto sus orejas que normalmente son tapadas por su cabello, y puede ver el bonito tono rojizo en ellas.
—Perdón- Yo, eh, cuando quieras, Chifuyu —el rizado agacha la cabeza, sin poder hacer contacto visual. Hace momentos atrás estaba tan lleno de confianza, ahora no podía ni siquiera chocar sus ojos azules con los aqua de su amigo.
—¿Deberíamos ir a un lugar menos público? —desviando la vista, Chifuyu examina la zona por si se encontraban muchas personas deambulando por donde ellos se encontraban. A decir verdad, ha pasado un tiempo desde que nadie pasaba por allí, a excepción de los autos en la calle.
No, no, no puede esperar más.
—Podemos hacerlo aquí, no veo a nadie —insiste el mayor, ganándose una mirada del rubio que devuelve con una penosa sonrisa.
Chifuyu respira profundo, su cuerpo está tenso, tiene los hombros rígidos y las manos nerviosas sobre su regazo. Takemichi encuentra esto un poco, bastante, adorable, está tan acostumbrado a que su mejor amigo intente lucir genial, sereno y divertido, siempre tan lleno de confianza, ahora está tan cohibido que podría burlarse.
Si se burla, sería el fin, y nunca tendría un beso.
—UH, ESTÁ BIEN, AQUÍ VAMOS —alza la voz Chifuyu, dando palmaditas a cada lado de su rostro con sus propias manos.
Takemichi puede compararlo con parpadeo, demasiado fugaz. No pudo sentir nada más que un cosquilleo. Chifuyu dejó un caos en sus labios, el roce quemó como nada, no fue una quemadura dolorosa o molesta, todo lo contrario, se sintió agradable. Sin embargo, no fue suficiente. Es probar una cucharada de pastel, y él quería la rebanada completa.
La sensación estaba allí, en los labios de Takemichi, ardiendo como nunca, y su mano fue a parar a su boca, el fantasma de un beso y nada más. Chifuyu no lo miró a la cara, no podía contemplar que expresión estaba haciendo en ese momento.
¿Le habrá gustado? ¿Pensará lo mismo que él?
Sólo está seguro de algo, por mucho que la sensación dejó estragos a su paso; estaba decepcionado.
—Eso- ¿Eso fue todo? —soltó el rizado acompañado de un suspiro de desilusión, no tenía cara para disimular su decepción. ¿Para esto había llegado a tener once malvaviscos en su boca? Bien, sabe que lo correcto era tener veinticinco, pero Chifuyu había dicho que ganó.
Chifuyu, que miraba hacia cualquier dirección menos hacia la de Takemichi, giró el rostro de golpe—. ¡¿Querías más?!
La caminata de vuelta a casa es más silenciosa de lo que normalmente son, Chifuyu apenas ha hecho algún comentario, algo sobre los mangas que lee actualmente y las tareas de alguna materia problemática, Takemichi se dedica a responder con monosílabos o con zumbidos para darle a entender a su compañero que lo está escuchando.
El paisaje junto a ellos lo distrae, la tarde los ha alcanzado después de otro día de perder el tiempo juntos, el atardecer pinta el agua de naranja con ligeros destellos por los últimos rayos del sol antes de desaparecer.
—Oi, Takemitchy, mírame a los ojos.
El rostro de Takemichi se gira en cuanto escucha a Chifuyu, lo ha tomado desprevenido, sus mejillas sujetas delicadamente por las manos de su compañero y sus labios atrapados por los de este en un beso robado.
Esto es, es un beso. Es un beso de verdad
Los ojos del rizado se abren en grande, procesando lentamente la situación, justo ahora, Chifuyu lo estaba besando, no es rápido ni es una broma. Está caliente, todo su rostro, y arde desde sus labios hasta la punta de sus orejas, ambas manos en el aire encuentran la cintura de su compañero y torpes por los nervios la sujetan firmemente.
Los besos podían ser como fuegos artificiales, bellos y efímeros, deslumbran en asombro, cálidos en un instante y estallan. Pero también pueden ser como el sol, que no es artificial, permanecer con su brillo y dar calor en cada rincón.
Ellos se separan luego de, tal vez, un minuto, para Takemichi pudo ser una eternidad y a la vez un suspiro, fue suficiente para querer más. Mucho más.
—Sabe a malvavisco, y son suaves —murmura el rizado sobre los labios del menor, su gesto de fascinación.
—¿UH? ¿De qué estás hablando de la nada, compañero?
Chifuyu está confundido, pero antes de indagar más, su boca vuelve a ser atrapada por la de Takemichi.
