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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Collections:
KageHina Month 2021
Stats:
Published:
2021-09-13
Completed:
2021-09-18
Words:
4,954
Chapters:
2/2
Comments:
4
Kudos:
18
Bookmarks:
2
Hits:
241

Ruta a Miyagi

Summary:

Hinata obtuvo su licencia de conducir y quiere realizar su primer viaje de carretera a casa. ¿Qué pasará con ambos durante el trayecto? Una serie de momentos de carretera dentro de un solo capítulo.

Notes:

¡Holis! Este es mi segundo aporte para el KageHina Month y espero lo disfrutes. ¡Recuerda leer las notas del final! :D

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Cuando Hinata le contó días atrás que estaba en trámites su licencia de conducir recuerda que se sintió feliz por él, era una meta que tenía desde hace tiempo. La última vez que habían hablado del tema fue hace más de un año en una videollamada (o “fiesta virtual” como le pusieron sus organizadores, Yachi y Yamaguchi). Entre la borrachera les platicó sobre lo difícil que era trasladarse entre sitios en Río con su bicicleta, sobre todo para llegar a los partidos en la playa. Tsukishima y él se habían reído del más bajo del grupo, diciendo que no podría conseguirlo para cuando volviera a Tokio.

 

“¡Voy a tener mi carnet, maldita sea!” Gritó Shouyou a sus pantallas. “¡Ta la voy a restregar en tu carota, Tsukishima! ¡Y Kageyama tú te vas a subir al auto para verme en primera fila!”

“Si lo logras me subiré sin rechistar, estúpido.” Ahora en el presente Kageyama no estaba tan contento por el hecho de que su rival de toda la vida le presumiera su licencia allí frente a su cuarto de hotel. Al contrario, deseaba en estos momentos no haberle dicho lo que dijo aquella vez.

 

—Buenos días, Kageyama-kun. Hoy seré tu chofer en nuestro destino a Miyagi. —Hinata se encontraba frente a él tambaleándose sobre las puntas de sus pies con la tarjeta de plástico pegada sobre su frente altanera.

—No puedo creer que alguien aprobara que conduzcas un auto.

—¡Oye! No fue fácil, tuve que tomar clases y todo el rollo. —El pelirrojo metió el permiso a su cartera para luego arrebatarle la mochila que cargaba— En fin, ¿Esto es todo? 

—Si. 

 

Después de cerrar la alcoba, ambos caminaron para entregar las llaves de sus habitaciones en el   

Al verlo con tanta luz en sus ojos cuando abrió la puerta del vehículo no pudo evitar sonreír aunque fuera un poquito. Tal vez no estaría mal, sólo serían cinco horas, y ya había pasado por esto cuando la hermana de Tanaka-san los llevó de imprevisto varias veces en la preparatoria.

 

“Todo estará bien.” Se repitió mentalmente al salir del hotel y subirse al auto.






Apenas pasaba una hora y Kageyama ya estaba muriendo dentro del ataúd con ruedas que tenía de operador un pelirrojo con un gusto inhumano por la velocidad, y no solo en la cancha, parecía ser que Hinata no tenía noción de lo que es tomar las cosas con calma.

En el camino urbano todo parecía bien, gracias al tráfico de Tokio, los semáforos y los transeúntes todo estaba en control, sin embargo al pisar con los neumáticos la autopista, Shouyou se transformó en un Toretto en potencia, arrancando a la primera con los cambios amaestrados.

Imaginense ir en línea recta con semejante velocidad, agarrado de los marcos de la ventana porque el cinturón no sería suficiente para protegerlo.

 

—¡H-Hinata idiota! ¡Vas a matarnos!

—No seas exagerado, voy a buena velocidad. —Dice Hinata de repente dando vistazos a su copiloto que se coloca la mano en sus ojos y le devuelve la mirada asomando un malestar— ¿Pasa algo?

—De… Detén el auto. —Murmura el de cabello negro colocando su mano en la boca.

—¿Qué?

—¡Que detengas el maldito auto! 

 

Hinata frena de bruces haciéndose a un lado cerca de la gasolinera, el automóvil ni siquiera ha dejado de moverse cuando Kageyama baja y corre cerca de un espacio baldío haciendo arcadas y sonidos guturales.

El pelirrojo entiende que su compañero de viaje está mal cuando el líquido espeso borbota de su boca. Sale rápido como bólido para ofrecerle ayuda y algo de agua para enjuagarse la boca. 

Tobio le observa con una expresión de matar aunque debilitado porque luce más pálido, el conductor hace caso omiso y con la toalla que carga en la guantera ayuda limpiandole debajo de la barbilla.

Kageyama siente algo de incomodidad por la cercanía, pero es más el vértigo que persiste que se deja hacer.

 

—¿Mejor?

—Te dije que ibas demasiado rápido, idiota.

 

Hinata suspiró con alivio al escuchar los insultos, es una buena señal. Apoya el brazo del menor para balancearse ambos hasta el auto, y deposita al chico en el espacio donde estaba.

 

—Espera aquí, aprovecharé para ir a la tienda.

 

En un abrir y cerrar de ojos, Kageyama se encuentra solo en el carro. Vuelve a oscurecerse su vista mientras reposa, respirando con la boca abierta, inhalando y exhalando contando de uno en uno hasta sentirse más pleno. Tenía tanto que no se veía envuelto en una situación así, pues la última vez que había viajado por carretera en auto fue con su abuelo, cae en cuenta de que cuidaba de él cuando salían en auto porque de niño también solía marearse en el camino.

La nostalgia lo invade, más cuando algo fresco toca su mejilla. Despierta de su ensueño y lo primero que ve es a Hinata sosteniendo un envase de cartón junto a varias cosas dentro de la bolsa de mini market. Sostiene el empaque que le ofrece el mayor.

 

—¿Leche de vainilla?

—Es tu favorita, ¿No? —La confusión aparece y le está haciendo pensar de más sobre si eligió mal— ¿O me equivoco? Es que recuerdo que la tomabas mucho antes de los partidos.

—Está bien, gracias.

 

Kageyama tiene una sonrisa tan pequeña que para cualquiera podría pasar desapercibida, sin embargo para el pelirrojo se queda marcada en su memoria. Es bonita y no quiere olvidarla. No sabe porque no quiere, pero la va a conservar dentro de su cerebro.

 

—¿Nos vamos?

 

Asiente el menor bebiendo de la caja para sentirse mejor, y sin necesidad de volver a decirle, Hinata ha retomado el camino a una velocidad prudente. Kageyama sabe de antemano que su rival es una persona considerada, y eso le agrada.







—¿Estás seguro que vamos en la dirección correcta? Siento que ya pasamos por acá.

—A ver. —Kageyama le indica que se orille en una acotación apuntando, y enseguida muestra el mapa en su móvil— ¿Quién te ha guiado desde que salimos hace una hora?

—Tú.

—¿Quién está siguiendo el recorrido del Maps *?

—Tú, Kageyama.

—¿Y Quién…?

 

La pantalla del teléfono de Tobio cambió a oscuro para volver a los colores originales, la palabra “redirigiendo” se hizo presente junto a la voz de Google notificando que se dirigiera en doscientos metros a la derecha.

Kageyama intentó evitar la sonrisa de superioridad de Hinata quien seguía con la mira en el camino buscando el retorno y llevándolos en la dirección correcta.

 

—Debió ser la estúpida señal que no llega en esta área.

—Yo no dije nada, Tontoyama. 

 

El tono de burla colado en su voz fue motivo suficiente para el de cabello negro le diera un golpe en la frente dando inicio a una pelea de gestos obscenos.







Hay cosas que Kageyama puede decir que son buenas de Hinata, aunque jamás las diría en voz alta. Pero de los defectos del pelirrojo que podía gritar sin problema a los cuatro vientos eran varios, como su terquedad, que es demasiado confiado y sobre todo su pésimo gusto musical.

Dentro del vehículo suenan tarolas y ritmos tropicales que inundan sus oídos, y no es que fuera malo, es que la lista de reproducción llevaba horas sonando y la mente saturada de marimba junto a letra que no entiende por el idioma ya lo está torturando.

De un manotazo, Tobio apaga el estereo del auto ganándose el odio del pelirrojo.

 

—¡Oye! ¡El coro apenas estaba sonando!

—¿Cuál es la diferencia? Todas las canciones suenan igual.

 

El gesto de Hinata atrofiado en ofensa máxima se hace presente y él no tiene idea de si tocó fibras sensibles.

 

—Es porque no sabes lo que es bueno, Tontoyama. Tienes que escuchar más que tu rock de emos.

—¡¿Rock de emos?! Retira lo dicho, estúpido.

—Todas tus playlists son igualitas…

 

La batalla campal inicia defendiendo ambos a capa y espada sus géneros musicales, con argumentos nada acertado porque claro, no son las personas más letradas del mundo. Saben que esto no tendrá fin cercano, así que se rinden. Hinata hace entrega de su teléfono a Kageyama para que pueda acceder a su cuenta y cambiar la música un rato.

Cuando lo toma, al desbloquearlo ve que la cuenta se encuentra en estado offline y solo se reproduce la única lista de reproducción descargada.

 

—Hinata.

—¿Qué?

—Tienes el reproductor en modo offline. Hemos estado escuchando la misma banda todo el camino.

 

Hinata estalla en risas al darse cuenta y cambia la configuración, los dos siguen riendo e insultando sus gustos que al final aceptan no son tan malos hasta guardar algunas canciones en sus respectivos usuarios.   

 

“You were the song stuck in my head, every song that I've ever loved.” Canta el vocalista de Fall Out Boy, la canción elegida por Kageyama mientras avanzan sin parar. “Play it again and again and again

And you can get what you want but it's never enough.”








El camino podría haber salido mejor entre las buenas melodías de My Chemical Romance sonando a todo volumen, con Gerard Way suspirando antes de cada inicio de estrofa. “Maybe they'll leave you alone, but not me” gritaron los integrantes de la banda, y entonces un estallido junto a la sacudida del auto les arrebató el momento.

Hinata apagó el carro en automático para bajarse rápidamente a revisar, Tobio le siguió minutos después de recuperar el sentido, al llegar junto a el pelirrojo pudo ver que el neumático del lado del piloto estaba hecho trizas, el auto estaba balanceado al vacío y cerca de la llanta se encontraba el responsable del crimen: una tortuga oculta dentro de su caparazón

Shouyou la recoge entre sus manos con los ojos llorosos.

 

—¡Atropellé una tortuga, Kageyama! —Hinata está berreando con la culpa en su consciencia,  Kageyama puede ver que la susodicha asoma su cabeza.

—Hinata.

—¡Soy una terrible persona! 

—Hinata…

—Nunca había matado nada en mi vida, ni siquiera insectos. ¡Me merezco lo peor!

—¡Idiota, la tortuga está viva! 

 

La tortuga se mueve revelando que todo está bien, y la sonrisa boba del conductor despistado renace con alivio. Después de tanto drama, Hinata la lleva a la parte más alejada posible y regresa al auto para encender las intermitentes alertando que está estancado.

Kageyama se queda quieto pensando en próximos pasos, tienen que cambiar el neumático que estalló, sin embargo él no sabe nada del tema y supone que el as de los Black Jackals estará en las mismas.

 

—¿Y ahora qué hacemos?

—Quitar el neumático y cambiarlo. ¿Qué no es obvio? —Responde Shouyou sin malicia. 

 

Kageyama solo quiere reventarle un golpe en la nuca pero se contiene porque podría empeorar las cosas. Les quedan pocas horas de luz en el cielo para llegar a Miyagi y están en una parte de la autopista donde no pasa tanta gente. Busca en su celular si la señal está a su favor, se da cuenta que el Dios de la telefonía celular lo ha abandonado.

Mientras él sigue buscando que las rayitas de la señal aparezcan, puede notar que Hinata está en la cajuela sacando las herramientas para remover la llanta averiada.

 

—¿Qué estás haciendo? —pregunta Tobio viendo como el pelirrojo acerca un artefacto con manija debajo del auto.

—Voy a subir el auto para sacar el neumático.

—¡¿Tú sabes como quitarlo?!

—¡¿Por qué suenas tan sorprendido!? ¡Claro que sé hacerlo! —Hinata resopla dándole la mirada asesina, pero no dura mucho porque sabe que el tiempo se les acaba para llegar a buena hora— Cómo sea, necesito que me ayudes pasándome las cosas, ¿Si?

 

Kageyama asiente observando la acción. Hinata se aleja quitándose la sudadera de encima, el armador no puede evitar ruborizarse viendo el abdomen descubierto de su compañero. Dentro de su mente intenta reaccionar de forma distinta, pero tras esa escena, el pelirrojo se ha levantado las mangas de su camiseta para estar cómodo revelando los brazos tonificados.

Tobio está en shock sobre pensando que es lo que siente y el porqué el corazón le está rebotando dentro del pecho, en lo que Hinata mueve la manija levantando el auto para después alzar el brazo hacia él.

 

—Kageyama, pásame la cruceta. —Hinata lo observa viendo que sigue ensimismado con quien sabe qué cosa. Agita la mano en su dirección— Tierra llamando a Tontoyama, Kageyama…

—¿Hmm? —Tobio vuelve a la tierra avergonzado por su ida.

—La cruceta, es esa que tienes al lado de tu pie.

—Sí sé que es. —Shouyou puede notar el color en sus mejillas y por la mente le pasan formas de molestarlo. Sonríe ladino tomando la herramienta apretando el agarre— ¿Q-qué?

—Nada, gracias “cielo”. 

 

El apodo resuena en su cabeza avergonzado aún más y está por arrojarle la cruceta cuando Hinata la toma veloz para utilizarla evitando la amenaza.

 

—¡Deja de hacer el tonto y cambia la llanta, estúpido!

—Claro, claro. —El chico la coloca con maestría dando giros sobre los dados del rin para removerlos.

 

Para Kageyama esto es una nueva faceta de Hinata, verlo siendo responsable y usando su fuerza para algo que no fuera un partido. Observarlo sudar y hacer la actividad sin batallar era un espectáculo nuevo que seguía sin entender cómo pero le estaba gustando. ¿Cuándo se había vuelto atractivo este sujeto? ¿Por qué aparte de amable y buena persona tenía que ser hermoso? Es más, ¿Por qué le estaba pareciendo guapo? Y sobre todo:

 

—¿Dónde aprendiste a cambiar neumáticos? 

 

A Hinata la pregunta le pareció rara, sin embargo se trataba de Kageyama, ellos siempre se hacían preguntas extrañas. Y eso era agradable en su convivencia desde la preparatoria.

 

—Me enseñó Héctor en Brasil. —Respondió con aires nostálgicos— De hecho, él fue quien me enseñó a conducir.

—Entiendo. —El nombre del mencionado le hizo sentir un malestar, pensó que quizá los mareos de la carretera se avecinaban de nuevo. Hinata notó la inconformidad del armador.

—¿Pasa algo? 

—Nada, solo me siento extraño. —Carraspeó para quitarse la extrañeza— ¿Aún te comunicas con él?

—¿Eh? ¿Por qué la pregunta? —Tobio seguía sonrojado, y Shouyou no iba a dejar la oportunidad de avergonzar más al colocador— ¿Acaso estás celoso, Kageyama-kun?

 

El de cabello negro se detuvo a pensarlo. Mantuvo un semblante apacible, con calma y de resolución. Shouyou se preguntó qué tanto pasaba dentro de la mente del chico que lo venía acompañando.

 

—Cómo sea, no tienes de qué preocuparte, es el chico que te conté que se casó.

—¿Al que le propuso su novia matrimonio?  —Los ojos azules de Kageyama se veían esperanzados recordando que si le había contado de esto, incluso recordó la foto que Hinata le mandó ese día con su traje hueso.

—Ese mismo. Así que no te apures que solo tengo ojos para tí, Torpeyama. 

 

Tobio no pudo responder algo más ya que las palabras de Hinata junto a los sentimientos mezclados le abruman causándole vértigo, Shouyou ahora es quien se atraganta entre la tos falsa porque no sabe que ha dicho en voz alta lo que siempre quiso decirle en la realidad. El número veintiuno del MSBY terminó de colocar la llanta de repuesto y pudieron salir del embrollo causado por la tortuga.

Arrancaron para no ser alcanzados por la oscuridad sin dirigirse la palabra y la reanudada música pop punk de fondo.







La travesía había concluido, ambos llegaron a salvo a la entrada de Miyagi con la noche encima, unos cincuenta y cinco minutos de retraso por las estúpidas casetas que no traian cambio y unas cuantas escalas al baño por la vejiga pequeña de Hinata y los mareos repentinos de Kageyama.

La noche les había hecho una mala jugada y ahora el pelirrojo no podría ir hasta su casa por temor a que en la oscuridad pudiera accidentarse entre las montañas. Aún era nuevo en esto de la conducción y a Tobio le causaba estrés pensar en el más bajo tensandose por maniobrar en la penumbra, no sería seguro.

 

—Supongo que tendré que alquilar una habitación hoy. —Resopló Shouyou cansado por el viaje terminando el silencio del camino— De suerte traje algo de efectivo conmigo. ¿Crees que aún haya una posada abierta?

—No tienes que quedarte en una posada, idiota. Quédate en mi casa.

 

Eran las primeras palabras que cruzaban los dos tras la indirecta demasiado directa de Hinata. El ambiente se puso abrumador de nueva cuenta.

 

—Es lo menos que puedo hacer, me trajiste hasta acá. —Kageyama le dio la indicación para que arrancara— ¿Recuerdas donde vivo, verdad? 

 

Hinata asintió poniendo en marcha el auto, el dúo raro logró retomar la conversación un poco más fluida conforme avanzaban en el pueblo, recordando cada anécdota vivida en los sitios más icónicos, la tienda de abarrotes donde solían pasar el equipo después de entrenar, los campos de entrenamiento del abuelo Ukai cuando se colaban para poder seguir practicando y la vereda donde los caminos de ambos se dividen para ir cada quien a su respectiva casa.

Shouyou estacionó donde le indico su rival y apagó el auto colocando el freno después. Kageyama bajó del vehículo y sacó las llaves para abrir la casa mientras el pelirrojo bajaba el escaso equipaje, cuando abrió la puerta Hinata notó que las luces del hogar estaban apagadas.

 

—¿Tus padres duermen temprano, eh? —Mencionó Hinata para resucitar la plática.

—Mis padres no están en casa, vuelven de vacaciones mañana temprano.

 

Si Shouyou no estaba nada nervioso en estos momentos todo componente de su cuerpo fluía dándole mares de ansiedad. Tragó saliva para humedecer su seca garganta e intentó serenarse sosteniendo las maletas con fuerza.

“Todo está bien, Shouyou. Solo es quedarse una noche sin presencia de nadie más que tu crush de preparatoria de quién has estado enamorado desde que tienes diecisiete.” Piensa el pelirrojo caminando en círculos para estar cuerdo, seguiría así si no hubiera sido interrumpido por las palabras de Kageyama.

 

—¿Vas a seguir paseando por los alrededores de mi casa o vas a entrar, idiota?