Chapter Text
―Atención todos, por favor ―se aclara la garganta y dice, parada delante de la puerta del Sub-Editor Jefe―, mi nombre es Mikasa Ackerman, a partir de hoy seré jefe de este departamento.
Varios empleados se miran entre sí, dudosos de si de verdad ella es el nuevo jefe.
―Tengo veintisiete años. Sí, soy media joven para el puesto. No, no seré incompetente. Si alguien tiene alguna pregunta o lo que sea, es bienvenido en mi oficina. Estoy ansiosa de empezar a trabajar con ustedes ―hace un movimiento con el brazo tratando de poner el énfasis que a sus palabras le faltaron.
Da por finalizada la mediocre presentación y entra a su oficina. Es claro el debate entre los empleados de si deberían darle importancia a la actitud irónica y claramente incómoda de Mikasa, pero la decisión general es regresar a trabajar.
Hay algo de Mikasa que llama mucho la atención de Historia y es cómo Eren no despega sus ojos de la puerta de su oficina, ni siquiera cuando parece que ya lleva algunos minutos sin parpadear. Frunce el ceño.
―Pajero ―murmura girándose para reanudar su trabajo.
A la hora del almuerzo, Historia camina veloz. Sus pequeños tacones resuenan en el piso de la oficina mientras regresa del baño. Se sienta en su silla y voltea a Eren, que come despacio, concentrado en su teléfono.
Va a decir algo, pero siente el casi imperceptible sonido de una puerta abriéndose. Eren se pone alerta, gira la cabeza rápido y su corto cabello acaricia sus mejillas por el movimiento. Historia eleva una ceja.
Mikasa sale de la oficina con la cabeza inclinada sobre su celular. El saco y el lazo que había usado en el cuello cuando se presentó desaparecieron, dejando solo la camisa blanca con los dos primeros botones desabrochados y remangada.
Historia se vuelve a Eren. Lo ve respirar profundo y levantarse de la silla, yendo hacia Mikasa.
―Un placer, Mikasa, me llamo Eren ―Historia ve con claridad los nervios de él, pero su sonrisa tímida no se borra―, vos sabés, ya sabíamos que iba a haber un nuevo jefe, por lo cual habíamos planeado algo para darle una calurosa bienvenida.
Mikasa lo mira con los ojos apenas entrecerrados, asimilando lo que dice. Asiente y quedan en silencio.
―¿Entonces…? ―le da pie para que continúe. Están parados junto a los ascensores.
―¿Vendrás?
―¿A dónde se supo–?
El celular de Eren comienza a sonar, interrumpiendo a Mikasa.
―Disculpá, es que…
―Sí, claro, contestá.
―Gracias, entonces, esta noche. ¡Nos vemos! ―exclama veloz y toma la llamada sin darle oportunidad a ella de negarse.
Historia sigue observando la escena. Cuando ve que Mikasa se mete al elevador, corta.
―¿Para qué me llamaste? ―pregunta Eren sentándose a su lado y reanudando su almuerzo.
―Para evitar que te humilles.
―¡Ey! ―frunce el ceño―, fui simpático, ¿sí? Algo que no te vendría mal practicar.
Historia chasquea la lengua―, cerrá el orto, sos lo menos simpático de la oficina ―bufa―. Además, ¿a dónde la invitaste? Nadie planeó nada.
Eren se encoge de hombros mientras muerde su sánguche. Ella suspira.
―Acepto sugerencias ―agrega él cuando traga.
Historia lo piensa un rato mientras come. El ascensor tintinea abriéndose en el piso y es el anuncio de una idea llegando a la cabeza de ella.
―Podrías llevarla a… ―Historia comienza a hablar, pero frunce el ceño cuando ve los ojos de Eren fijos en algo detrás de ella. Se voltea y ve a Mikasa pasar de regreso a su oficina con un combo de McDonalds. Chasquea sus dedos en la cara del otro―. Che, te estoy hablando.
―No jodas, estoy ocupado ―murmura frunciendo el ceño, siguiendo a la otra hasta que cierra la puerta de la oficina―. ¿Qué decías?
―Que sos un pelotudo y que podrías llevarla a–
―¿Al bar de las tortas? Dejate de joder con eso, te dije que no quiero ir.
Historia levanta las cejas y se cruza de brazos.
―Las pelotas te voy a ayudar ahora.
Camina concentrada en su celular, sin mirar a sus alrededores. Fue tranquilo el primer día en su nuevo puesto, es decir, demasiado tranquilo. Espera que siempre sea así.
―¡Mikasa! ―El llamado la saca de sus pensamientos y, de paso, también la asusta―. ¡Un placer! Me llamo Historia y seré tu escolta esta noche. ¿Lista para irnos?
―¿A dónde? ―Historia suelta una risa rara y Mikasa se pregunta si debería seguir escuchándola.
―A tu fiesta de bienvenida.
No debió haberlo hecho.
Diez minutos después, está en un bar del cual la vetaron hace un año con Historia, Eren y otros compañeros que ni siquiera conoce. Todos beben alcohol y gritan y ríen y Mikasa se quiere ir a la mierda.
―¿Querés tequila? ―Historia se acerca a ella, segundos después, la barman les deja dos shots, dos gajos de limón y sal.
Historia es la primera en beber, lame la sal del dorso de su mano, toma el shot y chupa el limón, todo sin romper contacto visual con Mikasa. Ella sonríe apenas, curiosa y atraída por la provocación de la otra, y la imita.
Hace bastante que no sale de noche o que no toma tequila, pero el sabor y el ardor se sienten familiar. A lo que no está acostumbrada es al limón.
―¿Oh? ¿Demasiado para la nueva jefe? ―ríe Eren, sentándose del otro lado de Mikasa.
―Eso quisieran, yo desayuno tequila.
Los tres se quedan en silencio y Eren e Historia comparten una mirada.
―Ah, la puta madre, eso debió sonar muy mal ―Mikasa se tapa la cara un poco avergonzada y riendo incómoda. De a poco siente la también familiar sensación de haber bardeado, hasta que ellos sueltan una carcajada.
―¡Bruh, yo desayuno malas decisiones!
―¡Y yo, merca–!
―¡HISTORIA! ―exclama Eren, porque ella se va al carajo. Pero para sorpresa de ambos, Mikasa suelta una carcajada. La barman deja otra ronda de shots y ella toma uno, sin limón, ni sal y sin inmutarse. Los otros tratan de imitarla, pero el tequila es demasiado fuerte y no pueden evitar fruncir toda la cara.
Luego de unas rondas más y apenas mareada, Mikasa sale a fumar.
El frío de la noche le pega fuerte en el rostro, pero es algo maravilloso comparado con el calor húmedo y humano del bar-club. Su cabeza está ligera, todavía tiene sabor a alcohol en la boca y, de a ratos, suelta risitas recordando las estupideces que los otros dos decían.
Recuerda bastante a Historia y a Eren de sus viajes a la oficina cuando era asistente. Siempre trataban de sacarle conversación y le parecían bastante molestos, en especial estando juntos, pero ahora, sorpresivamente, la está pasando bien.
La puerta se abre a su lado y gira lentamente, encontrándose con Eren.
―Ah, sos vos ―dice al verlo y da una seca al cigarrilo―. ¿Qué estás tomando?
―Vodka ―suelta una risita luego de decirlo.
Mikasa alza una ceja―, ¿cuántos tomaste?
Eren bufa―, dos… ¿creo? ―se acerca a Mikasa con una sonrisa instigadora, los ojos entornados y poniendo un dedo acusador en su pecho―, ¿y cuántos tomaste vos?
Ella le quita el vaso de entre las manos y lo bebe de un trago, para después tirarlo lejos.
―Eso fue, ah, rudo…
―¿Te molesta? ―Mikasa da un paso hacia él, encontrándose con que Eren no retrocede, sino que se inclina apenas hacia ella.
―Me encanta.
Mikasa lo toma de la cintura y lo besa. Primero choca sus labios con los de él, pero de inmediato, Eren rodea el cuello de la otra con sus brazos y muerde su labio inferior, para después meter su lengua dentro de la otra boca. Mikasa es apenas más baja que él, por lo que cuando lo siente derretirse sobre ella, tiene que apoyarse en la pared detrás suyo.
Los besos de Eren son ansiosos y Mikasa nota demasiado que él está bastante ebrio como para dejarse llevar. Se permite un momento más para saborear su boca y después se separa.
―Mierda, sí, sabía que no me había humillado… ―dice Eren mientras sigue apoyado sobre ella.
Mikasa ríe apenas―, estás tan pasado… Ah, ¿e Historia?
Él se encoge de hombros y vuelve a besar a Mikasa antes de que ella se separe.
―¿No deberíamos buscarla?
Se vuelve a encoger de hombros y reanuda el beso.
―Debe estar igual de en pedo que vos. Vamos a buscarla.
―Da... siempre me caga las salidas Historia.
―¿Tan así? ―murmura Mikasa apenas y tironea a Eren de vuelta al bar.
La música está más fuerte y hay mucha más gente, así que será difícil buscarla con él colgando de ella.
―¿Dónde mierda está…? ―cuestiona, tratando de ubicarla en la oscuridad.
―Sos tan linda cuando estás preocupada ―dice Eren, colgado de su brazo.
―Yo… Gracias ―contesta sin escucharlo del todo―. Quedate acá, voy a buscarla.
Apenas tambaleándose, Mikasa camina entre la gente. Su mirada está borrosa y las luces parpadeantes no ayudan mucho. Historia está en el centro del bar, bajo las tenues luces, bailando sola. Los cuatro primeros botones de su camisa están desabotonados, su cabello es un desastre y tiene un porrón de cerveza en la mano.
―Historia, ya nos vamos ―dice Mikasa, sujetando apenas su brazo.
Ella se cuelga de sus hombros y le besa el cuello―. Olés a cigarrillo… ¿Fumás? Me encanta cuando fuman...
Mikasa la abraza cuando siente que se afloja su agarre, para evitar que se caiga.
―¿Podés caminar?
―Por supuesto ―sonríe y esconde su rostro en el hueco de su cuello―. Pero no quiero.
Mikasa suspira resignada y se pasa un brazo de ella por su hombro, llevándola casi a la rastra.
―Así que, ¿te gusta tijeretear? ―pregunta Historia, casual.
―¿Qu…? Sí… ―se gira a mirarla, bastante confundida―, ¿qué?
―Porque te tengo una sorpresa ―dice en su oído y luego muerde su lóbulo. Mikasa suspira apenas y se inclina a ella, dejándose llevar. Historia le besa el cuello, despacio y húmedo, y de a poco va subiendo hasta los labios de ella. Mikasa se siente estremecer, en parte por el alcohol, en parte por Historia, quien parece saber exactamente qué le gusta.
―Ah… Historia… ―ella la besa apenas, pequeños besitos mientras Mikasa abraza su cintura. Entonces, siente la mano de ella que le acaricia el estómago y luego baja más―. No, pará ―dice firme, poniendo distancia de un brazo con ella.
Historia suelta una risa y se deja arrastrar―. Ah, ¿dónde está Eren? ¿Ya se fue?
―Está en la barra.
―¡Segunda ronda de shots! ―exclama Historia cuando lo ve y él también comienza a festejar.
―¡No, no! ¡Nos vamos, carajo! ―exclama Mikasa, arrastrando a ambos.
Cuando llegan a la tranquilidad de la calle los suelta, mientras trata de parar un taxi.
―La puta madre, Historia, no sabía que habíamos invitado a nuestra madre ―dice Eren, infantil, cruzándose de brazos.
―Más que nuestra madre, creo que invitamos a nuestra tía religiosa con doce gatos ―responde ella imitándolo.
Y entonces, Mikasa se da cuenta de porqué ellos son mejores amigos.
―La puta madre, qué tienen, ¿doce?
―Ah, te gustaría, ¿no? Cerda, puerca ―se burla Historia y Eren suelta una carcajada.
―Ugh, esto se puso muy turbio. Solo ―se pasa una mano por la cara―, cierren la boca, ¿sí?
Un taxi para y, para alegría de ella, ambos viajan en completo silencio. Dormidos. Una cabeza en cada hombro de Mikasa, quien trata de mantenerse despierta para asegurarse de que no les roben los órganos.
Qué cálida bienvenida, eh.
