Actions

Work Header

kill me or love me (i don't mind)

Summary:

Doyum podía besarlo o matarlo cuando quisiera. El problema era que Byeonghee no tenía problema con ninguna de las dos opciones.

Notes:

increíblemente pude terminar de escribir algo, (estaba teniendo un bloqueo de escritor, sad), pero aunque no sea el mejor trabajo de mi vida, es mejor que el primer intento (que quedará encerrado bajo llave por siempre).

adoro a doyum y byeonghee juntos lol, y también a 2jimin~~

como siempre, este trabajo es ficticio y no tiene nada que ver con just b, así que si algo no les gusta, por favor dirijan todo ese odio a mí<3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Un nuevo día significaba tener una vez más esos intensos ojos de siempre pegados en su nuca, siguiéndolo a todos lados. Ese nuevo día también traía miles de escalofríos a su cuerpo, además del temor recorriendo sus venas al sentirse en peligro, otra vez. Chuji, su mejor amigo, insistía en que estaba exagerando, pero Byeonghee no podía terminar de entender por qué Jeon Doyum no hacía más que observar a su persona por largas horas con sus pequeños y fríos ojos. Ya se había planteado la pregunta miles de veces, pero jamás había llegado a una conclusión que le convenciera más que Doyum planeando asesinarlo y luego enterrarlo en el jardín de la escuela, porque sino… ¿Qué más? Jeon Doyum nunca lo vería como algo más que un buen sujeto para exterminar de la faz de la Tierra. Ni siquiera como un amigo.

Doyum y él se conocían desde que tenía memoria, literalmente. Compartieron mucho tiempo juntos en el jardín de infantes, pero ni siquiera se hablaban tanto como sus madres querían —ellas siempre habían querido que fueran mejores amigos, al fin y al cabo—, luego fueron compañeros de clase en Secundaria pero se separaron en Preparatoria, Doyum siendo de la clase B y Byeonghee de la clase A. Pero que hubiesen compartido una cantidad inhumana de tiempo en un mismo ámbito no significaba que fueran cercanos, aunque tampoco significaba todo lo contrario. Byeonghee ya había estado en la casa de Doyum, por ejemplo, junto con Lim Jimin (otro de sus amigos) para hacer un proyecto en el último año de secundaria. De hecho lo recordaba perfectamente: cómo Doyum era un chico amable pero extraño; él también era tan sumiso algunas veces y otras tan agresivo, además de que se avergonzaba con facilidad. Era adorable, a decir verdad, tanto que Byeonghee se fue de su casa habiendo contado al menos cinco ocasiones en las que las mejillas de Doyum se habían prendido fuego mientras estaba hablando con Byeonghee. Dios, era precioso, y además despertaba unas ocultas ganas de proteger en Byeonghee. Mas volverse cercano con Doyum había sido un trabajo tan imposible que fue incapaz de completarlo, y luego de que los separaran de clase iba a ser aún más ilógico acercarse e intentar ser amigos.

No obstante, al comienzo de la Preparatoria, Byeonghee había sido consciente de que intentar ser amigo de alguien no podría ser tan difícil, así que decidió acercarse a Doyum para hablarle apenas lo encontrara entre el tumulto de estudiantes, pero sólo se vió como un pez tratando de respirar como un ser humano, moviendo sus labios, tratando de formular alguna palabra, perdiéndose en los brillantes ojos de Jeon Doyum que se veían en pánico, hasta que esas mismas orbes desaparecieron de su espacio visual, porque Doyum corrió lejos suyo al Byeonghee haber parecido un rarito observándolo sin poder siquiera decir una palabra.

El Byeonghee de hacía un año podría haberle dicho cualquier cosa a Doyum, desde un "Hola" hasta un chiste tonto para intentar romper el hielo, mas ni siquiera ese Byeonghee podría haberse atrevido a hablar al ver a ese Jeon Doyum.

La primera vez que Byeonghee lo vió con otros ojos fue cuando Doyum tenía dieciséis, y se sintió tan estúpido que quiso ser enterrado debajo de las baldosas blancas de su escuela.

El problema era que Doyum se veía muy distinto a cómo habían terminado el año anterior. Unos tres meses habían cambiado de una forma exagerada a Doyum, y Byeonghee no estaba realmente listo para observarlo con los ojos de un chico que sabe qué es lo que quiere y qué es lo que le gusta. Sólo un ciego podría ignorar lo precioso que se veía Doyum.

No lo malentiendan. Byeonghee siempre fue consciente de que Doyum era un chico adorable. Byeonghee podría haber sido el primero en fundar un Escuadrón de Protección para Jeon Doyum por lo tierno y apachurrable que se veía en el día a día. Pero verse así , como si su único objetivo en su vida fuera atacar a Byeonghee con sus bellos intrigantes ojos y su cabello brillante y sedoso, su nariz perfecta y suave piel haciendo que los dedos de Byeonghee tengan pequeños espasmos por la necesidad de tocar , al igual que sus labios rojos que… Dios, no podía ir ahí. No debía ir ahí.

Apenas vió a Jeon Doyum a sus dieciséis años, su primer pensamiento fue cómo ansiaba poder tomar esos labios entre los suyos, por lo que malfuncionar había sido algo normal, esperable, y por ende Doyum probablemente creía que era un enfermo mental. Por lo tanto, la mejor acción que podría tomar en un futuro sería enterrar su cuerpo de psicópata acosador en el patio de la escuela como monumento a la lucha contra las malas acciones que podrían hacer algunos alumnos en el futuro.

Bien, quizás no llegaría a tales extremos, pero aún así Byeonghee creía fervientemente que Doyum no se traía nada bueno entre manos porque Byeonghee había dejado una mala impresión de por vida, y esa era la única forma en la que podía justificar las miradas, porque Jeon Doyum jamás, jamás , podría mirarlo con otros ojos. O mejor dicho, jamás podría mirarlo con los mismos ojos con los cuales Byeonghee lo miraba a él.

Era fácil pensarlo de esa manera y no darse esperanzas por algo que era imposible que pudiera pasar. Para empezar, Byeonghee ya había desperdiciado tres años en el que no tuvo intenciones de intentar "cortejar" a Doyum de alguna forma. (Chuji le había dicho que daba vergüenza sólo observando a Doyum desde lejos por casi tres años. Byeonghee se había enemistado con él por semanas.) Para terminar, Byeonghee era un cobarde con título certificado y Doyum lo asustaba, de alguna forma. Era pequeño, delgado y se veía como si no pudiera lastimar a una mosca ni aunque quisiera, pero a su vez se veía como si pudiera asestar un tiro en la cabeza a alguien si intentaba confesarse y hacerle desperdiciar momentos preciosos de su vida. Por lo que no, Byeonghee jamás se confesaría, aunque eso significara terminar la Preparatoria con un mal sabor de boca al saber que dejó ir a Doyum sin siquiera intentarlo, ni aunque sea un poquito.

Su vida sólo debía ser aguantar esas miradas filosas de Doyum y sentir miedo y pánico recorrer sus venas por razones muy distintas a las que quería hacerse creer que eran. No faltaban muchos meses hasta que todo terminara. Sólo debía fingir que no le interesaba que la atención de Doyum iba a desaparecer en el momento en el que ambos dejaran de cruzarse entre sus propios caminos. La idea le aterrorizaba más de lo que estaba dispuesto a admitir, pero era más maduro que para lloriquear al respecto (y menos cuando el hecho de que nada pasó entre ellos era culpa de Byeonghee al cien por ciento).

Tal vez uno de los problemas de su resolución era que esos últimos días estaba sintiendo a Doyum cada vez más cerca, como si estuviera rondando alrededor suyo con mucha más regularidad, anotando en una libreta ficticia todos sus horarios, todos sus movimientos. Algunos días hasta parecía que iba a acercarse de verdad, siempre con sus manos detrás de su espalda (Byeonghee apostaba que tenía un objeto filoso entre sus finos dedos) y Byeonghee se estaba preguntando qué demonios estaba pasando, y si todos esos movimientos nuevos del chico más bajo significaban que su final estaba cerca.

Aún más, no podía evitar recordar como un flashback de mal gusto el ver a Doyum cubierto de tierra, con guantes de plástico y un rostro tan amargado que Byeonghee sintió los pelos de sus brazos pararse. (No lo escucharon de Byeonghee, pero parte de sus escalofríos eran porque Doyum concentrado o enfadado siempre mordía su labio inferior. Byeonghee era un muchacho simple y sensible, además de débil , muy débil por Doyum haciendo absolutamente nada). En una de sus manos estaba arrastrando una bolsa que se veía demasiado pesada para tener cosas que no le hiciera temer del estatus psicópata de Doyum. O de su propio estatus de ser viviente en el futuro.

—Es parte del club de Jardinería, genio, —le había dicho Chuji apenas se lo contó, rodando los ojos—. Probablemente estaba cuidando el jardín, como cualquier miembro del club haría.

Byeonghee había ido a recorrer el jardín no mucho después de ese comentario y volvió a su encuentro con Jimin para mostrarle con "evidencia" fotográfica cómo el lugar adonde Doyum supuestamente estaba cuidando la flora estaba totalmente marrón de tierra, descuidado, casi como si estuviera tapando un agujero en el césped. Lo único distinto (no maltratado) entre todo ello era una pequeña flor azul, algo adorable porque era pequeña aún, adornando la masacre que había sufrido el piso. Byeonghee hasta consideró aquello como un acto poético luego de un asesinato perfecto.

—¡No estoy inventando estas cosas! —exclamó Byeonghee, y luego de que Jimin lo observara por dos segundos, suspiró—. Bien, puede que me lo esté inventando un poco, pero tiene sentido. Todo cuadra.

—De hecho no lo hace, —dijo su amigo con su tono de querer intentar ser inteligente.— Según tu teoría, Doyumie te odia tanto que quiere convertirte en sesos salteados y consumirte en su almuerzo, cena, y tener tus globos oculares como postre.

—Jamás he dicho eso.

—El punto es que Doyum no se supone que mataría a alguien más que a ti, ¿sabes? Al único al que debería odiar por ser un baboso idiota es a ti.

—Podría sólo ser un psicópata, —murmuró con un puchero, a lo que Chuji se encogió de hombros.

—Eh… Creo que si ese fuera el caso, me preocuparía que te gustara de todas formas.

—Es eso o alguien más… estaba acosando a Doyum.

Byeonghee sintió su ceño fruncirse casi de inmediato, sintiéndose un poco defensivo, protector. Una necesidad de encontrar a Doyum, llenarlo de preguntas sobre cómo estaba siendo tratado y si alguien estaba intentando tocarle un pelo sin su consentimiento, y si ese era el caso, que le diera un nombre de inmediato, se apoderaró de él, pero antes de que su cerebro pudiera seguir creando casos en el que estaba golpeando a alguien x por intentar molestar a su Doyumie, Chuji golpeó su cabeza con un manotazo, poniéndose de puntillas de pie para más énfasis en el golpe.

—Hombre, no te pongas celoso por algo que ni siquiera está pasando, —Jimin se cruzó de brazos, apoyándose contra la pared más cercana.— Si tienes tiempo de pensar estupideces de novelas de suspenso, ¿por qué no lo conviertes en una novela de romance o algo así? —preguntó con una mueca.— Ya casi termina el año, Byeonghee. Haz las cosas antes de que te arrepientas.

—No quiero que me sermonees, —respondió automáticamente, defensivo por otras razones a las anteriores.

—¡Já! ¿Qué significa eso?

—No te hagas el ridículo, Chuji. Ya sabes de quién y de qué estoy hablando.

—Aún así, por lo menos yo sé que Limji y yo iremos a la misma universidad, —dijo mirando hacia otro lado, con una mueca en los labios.— Además estoy consciente de que debería hacer algo, pero no es fácil. Le hablaré sobre eso… antes de que terminen las clases, eso es seguro, —explicó, pero parecía más una resolución personal de lo que debía haber querido que sonara.— Tú sólo te estás rindiendo.

—No tengo oportunidad con Doyum. Lo sabes.

—Todo lo contrario. Yo sé que tienes más oportunidad que todos nosotros. Rechazó a Lim Jimin, capitán del equipo de fútbol americano, dos veces , —le dijo haciendo énfasis en "dos veces" con sus dedos.

—Una vez más, ¿cómo se supone que yo tendría más oportunidad que uno de los chicos más populares de la escuela? —preguntó con sarcasmo, sintiendo su pecho doler un poco por el simple hecho de pensar en su amor no correspondido.

—Te está viendo desde primero de Preparatoria como si quisiera comerte, todo el tiempo.

—Deja de hacer alusión a que quiere comerme. Es un poco perturbador.

—¡Deja de ignorar los hechos! —exclamó fastidiado, levantando sus brazos.

Las pocas personas que aún rondaban por la cafetería en ese momento se giraron a verlos. Byeonghee sintió sus mejillas tornarse un poco rosas.

Aunque él también fuera parte del equipo de fútbol americano y tristemente recibía un poco de atención, seguía odiándola. La atención venía con las personas juzgándote, y más que hacerlo sentirse oprimido, le daban ganas de hacer ciertas cosas que podrían incomodar al resto a propósito, para molestarlos a ellos por interesarse tanto por la vida de otras personas. Tal como ir a buscar a Doyum y llevárselo entre sus brazos. (Tal vez eso tenía que ver con otras cosas, pero mejor buscar excusas, ¿verdad?).

Chuji seguía mirándolo mal, pero luego de ver los ojos indeseados, arrugó la nariz como un gato y se volvió a cruzar de brazos.

—En vez de hacerte esa película de que Doyum te odia, deberías haber ido al lado lógico del asunto y darte cuenta que Doyumie sólo quiere invitarte a salir pero no sabe cómo hacerlo. Y sabes tan bien como yo que eso es lo cierto pero tienes tanto miedo que prefieres esconderte detrás de tus tonterías.

Algunas veces, escuchar cosas lógicas de la boca de Chu Jimin era tan devastador como una catástrofe mundial. No obstante, aunque tuviera un poco de razón, la real razón por la que Byeonghee no quería creer esas palabras o esa versión de la historia era por algo muy simple: era muy fácil decir que le gustaba Doyum, pero después de casi de tres años de observar al chico riendo como el ser humano más feliz del mundo cuando estaba rodeado de sus amigos, verlo sonrojarse cuando un profesor felicitaba alguno de sus trabajos o le entregaba un examen con nota perfecta dentro del salón de la clase A (cosa que pasó más veces de la que creía posible, pero más que sentirse celoso estaba tan orgulloso que quería ir a abrazarlo todo el tiempo), sentir por equivocación el roce de su mano contra su brazo mientras estaban sirviéndose su almuerzo, o verlo sudar y acomodar su cabello de forma exageradamente atractiva cuando compartían clases de Educación Física, Byeonghee ya no estaba tan seguro de que fuera sólo un simple crush . Byeonghee estaba tan asustado de estar enamorado de Jeon Doyum, confesarse y ser rechazado, que tal vez era mejor morir por el dolor de estar alejado de él y no porque Doyum preferiría estar con alguien más que con Song Byeonghee.

Eso jamás se lo diría a Chuji, de todas formas, así que sólo se quedó callado, esperando a que la incomodidad del momento obligara a su amigo a ser él quien rompiera el silencio.

—Es tan injusto… —murmuró después de un tiempo, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Byeonghee. Él, acostumbrado a Chuji, lo dejó ser.

—¿El qué? —inquirió con un toque de fastidio.

—¿Por qué no eres mi tipo y yo no soy el tuyo? Sería tan fácil que saliéramos juntos y dejáramos de ser unos solterones sufriendo, —dijo con una sonrisa traviesa (que Byeonghee sabía que era una máscara para ocultar lo mal que se sentía al pensar en su situación con Limji), mas demasiado cerca para su confort personal.

—No lo sé, siento que aunque fueras mi tipo, sólo me gustaría Doyum, —respondió con seriedad. Chuji rió felizmente.

—¡Por supuesto que dirías-!

Chuji se frenó de golpe, mirando a su izquierda con curiosidad, pero con una mueca seria entre sus labios, borrando cualquier atisbo de sonrisa que podría haber estado entre sus labios. Los brazos de su amigo se tensaron un poco contra su cuello, por lo que Byeonghee miró al costado también, temiendo que fuera Limji creyendo cosas que no eran (porque también tenía algo por Chuji, pero parecía no darse cuenta todavía). Para su sorpresa, con los brazos detrás de su cuerpo como en la actualidad era regular, Jeon Doyum se encontraba tieso como una bella pieza de mármol, pero con un poco de shock en sus ojos y algo más que parecía más enojo que cualquier otra cosa. Aún tenía el delantal del club de Jardinería puesto, con un poco de tierra esparcida por él, pero ya no los guantes ni la mirada fastidiada de antes.

—Per-perdón, —tartamudeó Doyum, mirando al piso con rapidez.

Byeonghee parpadeó varias veces para entender qué estaba pasando. En el segundo parpadeo, Chuji soltó de golpe su cuello, viéndose como si quisiera formular alguna frase u oración. Lucía como si quisiera justificar sus acciones, como si el hecho de que se tirara encima de Byeonghee no fuera algo de todos los días. Mas Byeonghee no tuvo mucho tiempo de fijarse en Chuji, ya que Doyum se veía tan lleno de emociones que Byeonghee podría matar por entender todas ellas, y aunque no lo hiciera en el momento, se dedicó a intentar analizar cada una de ellas.

Doyum lo miró a los ojos por menos de un segundo, aunque se sintió como un siglo entero. Se preguntó qué pasó por su cabeza, si había sentido algo, porque a Byeonghee se le cortó aliento, su garganta se secó y su corazón empezó a tocar un fuerte ritmo latino que pondría a bandas de dichos lugares en vergüenza de lo lleno de vida que se sentía.

Byeonghee se preguntó si Doyum se sentía por lo menos un cuarto enamorado de lo que él se sentía al posar sus ojos en los bellos de Doyum.

Doyum dió tres pasos hacia atrás y, con una velocidad sobrehumana, cambió lo que tenía en sus espaldas hacia adelante, no dejando ver ni un vistazo a Byeonghee cuando Doyum se echó a correr lejos del lugar. Algunos segundos después del shock inicial, Chuji dejó salir un gemido lastimero, despeinándose con frustración.

—Soy el peor amigo del mundo, —murmuró entre dientes.

En la cabeza de Byeonghee giró la pregunta de que si Chuji estaba refieriéndose a ser mal amigo para él, o para Doyum. Y lamentablemente, un sentimiento horrible inundó su cuerpo, el cual había querido evitar como a La Plaga: esperanza.

En retrospectiva, la mejor solución no había sido reemplazar la pequeña ilusión que había surgido en su corazón por la completa seguridad de que detrás de su espalda se encontraba un objeto filoso como un cuchillo que usaría para darle fin a su vida. Pero al fin y al cabo eso era Byeonghee. Un desastre monumental.

Luego de esa charla con Chuji y el encuentro inesperado con Doyum, Byeonghee casi se había asustado por la falta de Doyum que había tenido por días. Por suerte, su miedo —terror— a que Doyum ya no estuviera interesado en él ni siquiera para asesinarlo a sangre fría fue solucionado con rapidez, ya que las miradas de Doyum habían vuelto, más intensas que antes, y allí fue que empezó esa presencia incesante de Doyum en su vida.

Byeonghee no había sido capaz de identificar las intenciones de Doyum, aunque sus preguntas fueron respondidas mucho antes de lo que se había atrevido a pensar que podría ser posible.

Luego de una de las últimas clases de Educación Física de su vida en la Preparatoria, un viernes en el que se notaba que el clima estaba yendo más al invierno que a cualquier lugar cercano al calor, Byeonghee estaba descansando unos momentos contra una de las rejas que separaban al campo de Béisbol con el jardín normal. La clase había sido cansadora y había transpirado como un cerdo (no tanto, pero su cabello estaba algo mojado por su sudor), y mientras recuperaba un poco de aliento antes de esperar a que Chuji y Limji terminaran sus clases optativas de Cocina, una de sus rutinas siempre había sido observar al club de Jardinería hacer sus cosas por allí, parloteando y riendo mientras con delicadeza regaban y cortaban el césped, al igual que fertilizaban la tierra o de vez en cuando tenían una que otra "clase" al aire libre sobre flores o tipos de semillas. (¿Qué? Por supuesto que las había escuchado.) Ver a Doyum feliz haciendo algo que le apasionaba le daba cierta felicidad que no podía describir bien con palabras, pero sí que era como si existiera un tónico rejuvenecedor que lo llenaba de vida cada tanto.

Sin embargo, ese viernes Byeonghee no vió ni a un alma del club de Jardinería, lo que lo extrañó un poco. Doyum era el presidente del club al ser del último año, además de ser el que más atención le había prestado a toda la escuela. (El año anterior le habían dado un premio por todo el cuidado que le prestó a la escuela, desde plantar nuevos árboles a hacer el jardín un lugar muy hermoso.) Byeonghee se preocupó por algunos segundos, pero antes de que pudiera simplemente ir a esperar a Limji y a Chuji dentro de la edificación, ya que se estaba poniendo más fresco afuera y podía sentir el viento colándose por las aberturas de su camiseta, sintió un pequeño tirón en la manga de su campera, minúsculo, pero suficiente para abrir sus ojos de manera metafórica y hacerlo observar su costado.

Jeon Doyum estaba a su lado, estirando con una de sus delicadas manos la manga de su chaqueta, mirando el piso más que a nada que pudiera existir a su alrededor.

Byeonghee casi se cayó al piso de la sorpresa.

—B-Byeonghee-ssi, ¿podemos hablar? —dijo Doyum, trastabillando con su lengua al preguntar.

Su mente pensó sin descaro que si en efecto lo que Doyum ese día también escondía detrás de su espalda era un cuchillo, podía clavárselo en el pecho sin problemas, cien veces si lo creía necesario. En definitiva, Doyum podía hacer lo que quisiera con él y Byeonghee jamás se quejaría.

—Claro, —contestó con la boca un poco seca y la voz un poco aguda, pero Doyum no pareció darse cuenta, o no le molestó, o no le importó.

Doyum pareció tomar aire, como si se estuviera preparando mentalmente para algo, mientras que Byeonghee miró a su alrededor, dándose cuenta que todo el jardín estaba tan vacío que era un momento perfecto para un intento de homicidio. Aunque después de observar a Doyum bien, notando como el sol de la tarde iluminaba de forma tan preciosa su piel, resaltando sus pómulos al igual que su nariz perfecta, por la cabeza de Byeonghee pasó que, en efecto, el momento también podía ser perfecto para confesarse.

¿Doyum dejaría que confesara sus sentimientos antes de que pasara a mejor vida mediante sus manos?

Antes de que pudiera decir algo de lo que se arrepintiera después, por primera vez Byeonghee observó que lo que Doyum llevaba escondido detrás de su espalda era una pequeña maceta con una flor azul, la misma que había descansado sola en el jardín por cierto tiempo, pero más grande de lo que la recordaba en realidad. Posó su vista en los pétalos unos momentos, antes de recorrer con los ojos las manos que sostenían la maceta hasta las orbes de su dueño, sintiendo su respiración correr a otro planeta, perdiéndose en lo adorable y nervioso que se veía Doyum con sus mejillas un poco rosas.

—Mi intención… Yo quería darle un… ramo, un gran ramo, de hecho, —dijo en un hilo de voz, parpadeando tan rápido que Byeonghee temió que estuviera llorando. —Chu Jimin me dijo que su color favorito es el azul y yo sólo quería- —Doyum respiró hondo, mirando por primera vez a Byeonghee a los ojos, levantando su cabeza. Mirando con esos filosos ojos, que se veían tan cálidos y preciosos en ese momento, fijamente a Byeonghee. Sólo a Byeonghee .— Estuve cuidando unas veinte flores de este tipo en el jardín, pero algo malo ocurrió y creo que fue una infestación de gusanos o algo similar que terminó por comerse las demás flores pero por suerte al menos esta se salvó y yo quería dársela porque para empezar eran todas para usted así que-

—Oh por Dios, me gustas tanto. Estoy tan enamorado de tí. Por favor sal conmigo, —pensó en casi un suspiro, mirando a Doyum como si el mundo entero estuviera entre sus manos a excepción de que en realidad el objeto entre sus manos era una maceta con una hermosa flor que Doyum había cuidado con tanto amor y dedicación por meses para Byeonghee . Para él, de todas las personas en su escuela, para Song Byeonghee .

El mayor problema que encontró fue que no lo había pensado en su cabeza, osea se, había dicho eso en voz alta a juzgar por los ojos abiertos de par en par de Doyum y su boca medio cerrada, medio abierta, porque Byeonghee lo había interrumpido en medio de su balbuceo.

Byeonghee mostró una mueca entre sus labios, agarrándose el rostro con ambas manos, tapándose los ojos de la pura vergüenza que sentía hasta en sus huesos. ¿Podía existir alguien que hiciera más el ridículo frente a la persona que le gustaba? Lo dudaba muchísimo.

—Dije… ¿Dije eso en voz alta? —preguntó con un hilo de voz, espiando a Doyum por entre sus dedos.

El chico de menor estatura tenía el rostro tan rojo que Byeonghee casi pensó que iba a explotar, sintiendo un pequeño espasmo en sus dedos por lo tierno que se veían tan descolocado por sus palabras. Sus finos dedos ajustaron su agarre en la maceta, mirando a Byeonghee con una resolución nueva escrita en sus facciones. Él sólo dejó caer sus brazos a los costados de su cuerpo con suavidad, lo suficientemente lento como para no verse como un torpe, pero lo suficientemente rápido para esperar lo que sea que Doyum tenía para decir.

—¿Lo dice en serio? —preguntó con una voz suave pero nerviosa aún. No parecía como que pudiera estar calmado alrededor suyo, muchísimo menos con las palabras que Byeonghee había dejado salir antes, claro está.

Algunos segundos de consideración más tarde, Byeonghee se dio cuenta que aunque lo intentara no podría seguir mintiéndose a sí mismo, así que su cabeza se movió de arriba hacia abajo, asintiendo de la forma más lenta y estúpida que nunca había hecho en su vida.

—Me gustas, Doyum, —terminó por decir, sintiendo el corazón en su garganta.— De hecho, creo que es más lo segundo… Uh, ya sabes, creo que… estoy enamorado de tí.

Lo último lo murmuró tan bajo que estaba casi seguro de que Doyum no lo había escuchado, aunque juzgando por la expresión de puro pánico rondando por sus lindas facciones, Byeonghee ya no estaba tan seguro de qué tan bajo había sido en realidad. ¿Siquiera por qué lo había dicho en voz alta? ¡Y se refería a todo ! ¿Por qué su boca tenía que abrirse y decir cosas sin primero discutirlo con todo el equipo?

Su cerebro estaba procesando todo demasiado rápido para la capacidad de RAM que en realidad tenía su centro de funciones nerviosas, así que no se sorprendió al saber que no había podido responder en el momento que Doyum se había acercado lo suficiente como para besarlo… cosa que hizo, de hecho. Doyum se paró de puntas de pie y, con el rostro tan rojo como una manzana madura, se acercó a dejar el beso más suave que Byeonghee nunca podría haber recibido en su mejilla, tambaleándose un poco al volver a su altura normal.

Doyum acercó con un poco de torpeza pero decisión la maceta a sus manos, por lo que Byeonghee, aún actuando un poco en automático, sostuvo la pequeña maceta en una de sus manos (tenía las manos bastante grandes y podía sostener algo tan pequeño sin problema) al ésta ser ofrecida.

—Está bien, —le dijo Doyum arrugando su nariz, y se dio vuelta para irse antes de que Byeonghee pudiera volver a decir algo.

Un reloj ficticio estaba moviendo sus manecillas por ahí y su ruido al cambiar a segundos le hizo darse cuenta que Doyum se estaba escapando de sus garras antes de que pudiera entender la situación en la que estaban.

No, probablemente empezar a perseguirlo como si fuera una gallina que se escapó de su gallinero no había sido la mejor decisión a tomar, pero Byeonghee estaba desesperado, porque Doyum había dicho "Está bien" a su estúpida confesión y le había besado su mejilla izquierda, lo cual significaba algo, ¿verdad? Así que lo siguió, frenéticamente.

—¡Espera! ¡¿Qué "está bien"?! —exclamó entre zancadas, tratando de alcanzar las propias de Doyum.

—¡No me sigas!

—¡Doyum-ah, necesito respuestas!

Doyum se frenó de golpe, se giró con los labios fruncidos y el ceño también fruncido, provocando que Byeonghee casi diera un salto hacia atrás.

—Saldré contigo, así que déjame en paz.

Se quedó perplejo por un segundo antes de dejar salir una sonrisa, disfrutando un poco al ver las mejillas rosas de Doyum en consecuencia a la mueca en el rostro de Byeonghee.

—Bien, ¡a-asombroso! —exclamó, sin poder borrar la sonrisa de su cara. — Entonces… ¿Me darías tu número de- ¡No corras!

—¡Pídeselo a Chuji! —le gritó Doyum de vuelta, entrando a uno de los pasillos de la escuela.

—¡No había terminado de hablar! —chilló Byeonghee, poniendo sus piernas a trabajar otra vez.— ¡Doyum-ah, déjame hablarte!

—¡¡No!!

—¡¿Por qué no?!

—¡P-porque no!

Luego de un paso excepcionalmente largo que podría superar a las piernas de Doyum en cualquier momento, logró capturar la muñeca de Doyum con su mano libre, obligándolo a parar en medio del pasillo y girarse de una forma un poco violenta, quedando demasiado cerca suyo, casi estrellándose directamente en el pecho de Byeonghee. Él tragó saliva un poco nervioso, sintiendo su mano en la muñeca de Doyum comenzando a llenarse de sudor. Qué mal momento para tener tantas glándulas sudoríparas.

—¿Podrías, uh... esperarme en la entrada? Cuando termines de hacer lo que sea que tengas que hacer ahora, claro. Tienes que estar en el club de jardinería, ¿no? —preguntó con una sonrisa extraña.

—N-no, les di un día libre a los miembros, —respondió, jugando con la tela de su pantalón con su mano libre.— Pero tengo que ayudar a los de primer año con sus tareas. Me asignaron como su tutor, así que… eh, tengo que ayudar.

—Oh, está bien, perfecto. Pero puedo... ¿esperarte de todas formas?

Doyum lo miró a los ojos y asintió con la cabeza, sonriendo con un poco de timidez.

—Creo que estoy libre a las seis si nadie me hace preguntas después de que terminemos.

—Entonces, nos vemos más tarde, —le dijo Byeonghee con una sonrisa un poco más segura, que se borró automáticamente al ver los dientes blancos que se dejaban ver detrás de la sonrisa llena de vida de Doyum que repentinamente le fue regalada.

—Nos vemos, Byeonghee-ssi.

Doyum realmente debía decidirse si quería ser un chico tímido o ser más seguro de sí mismo, porque ya había sido la segunda vez que Byeonghee no había podido reaccionar a un suave beso de Doyum en su mejilla, ambos en un lapso menor a cinco minutos. Debía agradecer que no se había desmayado en frente suyo. No sólo sería vergonzoso, sino que lo debería arrastrar hasta la enfermería o ir a gritar por ayuda.

Viendo a Doyum doblar una de las esquinas de la escuela perdiéndose en los pasillos, Byeonghee dejó salir un suspiro que estaba guardando y un pequeño chillido de felicidad. ¡Había conseguido una cita con Jeon Doyum! Y una linda flor que conservaría hasta sus últimos días. De hecho, no podía esperar a contarles las buenas nuevas a Chuji y a Limji. No iban a creerle, aunque no se lo creía ni él mismo. No obstante, aún podía sentir las mejillas un poco calientes por ambos besos de Doyum, así que todo se veía un poco más realista desde ese lado.

Agarrándose una de sus mejillas con su mano libre, caminó con cara de estúpido por los pasillos, esperando a que la memoria muscular lo llevara al salón de sus amigos, porque en ese momento su cerebro sólo podía poner en repetición todas esas miradas de Doyum a lo largo de esos años, por fin aceptando que tal vez Doyum sí estaba intentando acercarse a él de alguna forma.

Lamentablemente, el Byeonghee en su cabeza seguía pensando que aunque Doyum fuera un asesino serial en busca de arrebatarle su vida, existía una probabilidad inmensa de que Byeonghee siguiese igual de estúpido y enamorado de él.

Byeonghee necesitaba terapia. De inmediato.

Notes:

muchísimas gracias por leer, espero que todos lo hayan disfrutado como yo al escribirlo ;3;<3

estoy pensando en hacer una secuela cuando ya estén en la universidad, así que si gustan, espérenlo con ansias xd

sean libres de hablarme en twitter o en la red social que quieran ^^

twitter (main acc) | curiouscat | twitter (side acc)