Chapter Text
POV. BLOOM.
-Chicos, van a traer a una paciente de Ryders, lo quiero todo despejado- Ordenó la médico con su tono autoritario habitual.
-Deshaceos de los instrumentos que puedan ser un arma- Siguió ordenando mientras se dirigía a la puerta de Urgencias para esperar a la mujer.
-¿El cepillo de dientes puede ser un arma?- Preguntó su amigo y compañero Casey bastante preocupado.
-Si, sobre todo para los tártaros- Contesto ácida. Casey, le iba a replicar por su chiste fácil, pero un grupo de policías armados entraron rodeando a una paciente que yacía esposada en la camilla.
-¿Doctora Bloom?- Preguntó en alto, uno de los policías que la escoltaban.
-Si, soy yo- Contestó con seguridad.
-¿Dónde la ponemos? .- Volvió a preguntar el agente con interés.
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-A ver Janell, tienes la tensión muy alta, vamos a seguir haciendo más pruebas para saber porqué tienes ese dolor en el abdomen, ¿de acuerdo?, no se preocupe- Informo con la voz más calmada.
-Casey, ponle una bolsa de suero fisiológico, sulfato de magnesio, hidralazina intravenosa, y que le hagan una eco.- La doctora se levantó de la camilla, para ir a atender a otro paciente cuando de repente, escuchó una voz vociferar sin parar.
-¿Leyla?- Preguntó para sí misma extrañada. La jefa de urgencias aceleró el paso y se dirigió hacia el origen de los gritos y ahí se encontró el panorama.
La sala de espera de urgencias pediátricas estaba llena de niños, un adulto intentaba calmarlos, mientras algún que otro menor se dedicaba a saltar de una silla a otra. Siempre que podía se pasaba por pediatría para saludar a su novia y siempre sin excepción alguna, era un caos.
Al presenciar la escena de locura, Lauren se alegró mucho de trabajar en urgencias ya que no tenía que aguantar a pequeños monstruitos inquietos yendo corriendo de un lado a otro. Por eso, y por muchas más cosas, admiraba a Leyla. Era todo lo contrario a ella, ya que era capaz de calmar a cualquier niño que se encontrara en el interior de esa sala. La médico se dirigió al box, dónde solía atender a los pequeños y abrió la puerta encontrándose con ella en el interior. La pediatra estaba sujetando a una niña mellada no más de diez años que no dejaba de moverse inquieta encima de la camilla.
-¿Necesitas ayuda?- Preguntó con mofa ante la situación. La mirada de Leyla, fue suficiente cómo respuesta para que Lauren dejara el cachondeo de lado y se dispusiera a echarle una mano.
-¿Qué sucede?- Preguntó la médico observando a la niña que no hacía más que retorcerse entre los brazos de la pakistaní.
-Hailey, estate quieta, por favor… Hoy por la mañana nos han venido los niños del orfanato del sur. Vienen cada dos o tres meses, revisiones, vacunas, lo normal… Hailey suele ser una niña muy buena no sé qué le pasa hoy- Le explicó, mientras en un intento torpe intentaba volver a sujetar y calmar a la muchacha.
-Suéltame me haces daño- Le suplicó la pequeña a la pediatra sin dejar de retorcerse cada vez con más fuerza. Lauren, por instinto, agarró los brazos de la niña para que dejara de moverse y por ende de lastimarse, e intentó captar toda la atención de la pequeña poniéndose a su altura.
-Sabes Hailey, la Doctora Shinwari es mágica... ¿te lo ha dicho alguna vez?- Le preguntó con voz misteriosa. La pequeña levantó la cabeza mirando a su pediatra y no pudo evitar poner una mueca de desagrado.
-¿Pero qué crees, que soy tonta, o qué?, que no tengo cinco años tronca- Contestó la pequeña con chulería. La médico de urgencias, se puso colorada durante unos segundos, y observó a su novia, que la miraba desde arriba de la camilla, con una sonrisa torcida. A la doctora Bloom nunca se le habían dado bien los niños, es más no le gustaban y estaba haciendo un esfuerzo por entenderla, pero de ahí, a que una mocosa se le riera en su propia cara, no lo iba a tolerar.
-Muy bien listilla, entonces si tan mayor eres, deja que la doctora te examine y pueda seguir con su trabajo- Contestó de manera hosca. La médico escuchó que Leyla le recriminaba por lo bajo por su cambio de actitud, pero hizo caso omiso ya que no estaba para tonterías y obviando de nuevo a la niña como si nada hubiera sucedido, se incorporó con toda la dignidad que tenía y se dispuso a salir de la sala e ir de nuevo con sus pacientes.
-Espera- Le pidió la niña con voz suplicante. La médico, que ya tenía la mano en el picaporte de la puerta, lo soltó con lentitud y se giró con un resoplido dispuesta a escuchar al pequeño monstruito.
-Tu eres médico de mayores.. ¿Verdad?- Preguntó con curiosidad. Ante la pregunta, Leyla traspasó con una mirada de advertencia a la jefa de urgencias, ante la posibilidad de una nueva “disputa” entre su paciente y su novia, ya que no ayudaba para nada a la menor.
-Así es, yo ayudo a los mayores y la doctora Shinwari ayuda a los niños como tú- Contestó esta vez con la voz más suave.
-Estás atendiendo a mi mamá… quiero verla, por favor- Suplicó de nuevo esta vez con la voz más temblorosa. La pediatra, al escuchar a su paciente con la voz rota, la soltó suavemente, y le acarició el brazo buscando reconfortarla.
-¿Cómo se llama tu madre?- Volvió a inquirir dulce.
-Janell Ortiz, no me dejan verla, ¿está bien?- Volvió a preguntar, esta vez con los ojos humedecidos. La doctora Bloom iba a tranquilizarla, cuando el busca comenzó a sonar de manera insistente.
-Mierda es Janell- Dijo en un susurro mientras salía corriendo del box dispuesta para ayudar a su paciente.
