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9 y ¾

Summary:

Su historia comenzó y terminó en el mismo lugar. 

En la plataforma 9 y ¾ .

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Culpa / Desgarro

Mientras sus pasos se acercaban a la estación, Hermione pensó que aquella sensación dentro de su pecho era lo más parecido a lo que uno siente cuando encuentra el camino de vuelta a casa. De vuelta a él. 

Sus ojos marrones recorrieron el andén y suspiró con desgana, volver a ese lugar era mirar a la distancia cosas que nunca pudo tener, recordar que la vida no es un cuento, que a veces golpea y lo hace con fuerza, donde más duele y donde las heridas rozan la ropa para nunca poder ser cerradas. 

Hermione generalmente no podía caminar libremente sin que un reportero molesto o un transeúnte conmocionado la reconociera y todo se volviera un lío de saludos, agradecimientos, firma de autógrafos o palabras dedicadas a Harry que nunca llegarán a sus oídos porque Hermione estaba demasiado enojada para escuchar o incluso, ser la lechuza mensajera de su mejor amigo. 

Hermione ajustó su pañuelo y miró con melancolía a los niños mientras cada uno de ellos subía al Expreso de Hogwarts. Era el 1 de septiembre, el comienzo de clases. Nadie la reconoció porque se quedó quieta en una esquina, ni siquiera podía moverse. Para la prensa, ¿Qué motivos tendría Hermione Granger para estar en el andén aquel día? Para sus amigos, ¿Hermione necesitaría ayuda?

Para ella, ¿el dolor se iría?

Mientras las personas aparecían, Hermion recordó la primera vez que pasó por aquella pared, cuando sus ojos fueron testigos de todo un mundo en el que esperaba poder ser integrada, donde quería que las cosas fueran diferentes y sentirse como alguien normal por primera vez en su vida.

Las cosas cambiaron, sí, ella era una bruja. Pero nunca fue recibida con los brazos abiertos. Nunca se sintió así.

El bullicio de fondo fue suficiente para callar un poco sus pensamientos y mientras cerraba sus ojos por un momento, casi retrocedió en el tiempo y volvió a tener once años, muchos sueños y el deseo de un sentido de pertenencia inquietante para una niña de 11 años. 

Hermione no sintió que fuera capaz de pertenecer a ningún lado desde el final de la guerra.

Su corazón mismo se encontraba en otro lugar, no en su pecho, sino tres metros bajo tierra, en las manos frías y muertas del hombre que amaba.

Sin su corazón, sin él, ¿Cómo podía avanzar ella?

Sin ni siquiera ella misma, ¿cómo caminar siendo un fantasma, una sombra de lo que alguna vez fue?

Sus párpados se abrieron y el picor en su nariz fue casi doloroso, las lágrimas punzaron a través de sus ojos y mientras la primera gota caía, Hermione deseó poder volver a ser aquella niña de once años. Entonces las cosas serían diferentes, ella sabría  lo que se avecinaba y quizá... ciertas cosas podrían ser cambiadas. No los recuerdos de sus padres, tampoco la vida traumática que vivió Harry, no la pérdida de amigos y familiares, no hechos que lastimaron a todos… sino, Daco Malfoy. 

¿Qué tan egoísta podía volverla el amor?

¿Qué tan egoísta ella no había sido?

Hermione pensó eso durante muchas noches. 

Quizá ella lo cambiaría, quizá lo salvaría, se interpondría ante el destino sin dudarlo. Draco tendría una vida que vivir al final de la guerra y por primera vez, la opción de elegir se encontraría en sus manos. 

El solo pensamiento la hizo largar una sonora carcajada, rápidamente tapó su boca. Su pecho dolió ante la verdad. 

Así pensó alguna vez una Hermione de dieciséis años cada vez que Draco abandonó el gran comedor y se dirigió a reparar ese gabinete. Así pensó la parte de ella que se aferraba a la esperanza. La parte de ella que era ilusa y nefasta. 

Quizá, si Hermione retrocediera el tiempo, ni siquiera habrían tenido que pisar el andén 9 y ¾, esa batalla nunca habría existido. 

Quizá hubieran tenido más tiempo.

Quizá ambos hubieran actuado de manera diferente.

Quizá desde un principio ella nunca le habría entregado su corazón.

Las cosas tienen un fin, siempre lo supo, desde temprana edad se encontró huyendo y cuidando la espalda de Harry para empujar ese concepto lo más lejos posible de sus amigos. Lo que ella no imaginó, fue tener que ver el fin en aquellos ojos grises mientras se apagaban.

Draco estaba muerto.

Hermione estaba sola.

Y en toda verdad de la guerra, nunca pudieron ayudarse a sí mismos.

Ni siquiera en el final.

Los gritos seguían resonando en el fondo de su mente, las familias de los mortífagos corrían lejos de la batalla que había sido formada desde la nada, la Orden y sus soldados querían suprimir a los magos oscuros, el tiempo lluvioso y la desesperación en su cuerpo por Draco.

Una mano en su hombro la sacó de sus recuerdos y Hermione saltó en su asiento. Miró hacia arriba y los ojos verdes de su mejor amigo la recibieron con expectativa.

—No llegaste para la cena así que vine a buscarte —murmuró suavemente.

Hermione no respondió al principio, su silencio fue bien recibido por Harry, que tomó asiento a su lado asintiendo con la cabeza y compartiendo el momento.

—Lo siento—dijo Hermione después de unos minutos, su voz ronca y cansada. 

Harry suspiró y ajustó sus lentes que resbalaban en el puente de su nariz.

Ambos sabían a qué se refería ella exactamente.

—Podemos visitarlo, Mione. No voy a sentirme traicionado, no voy a odiarte, no voy a resentirme contigo. Debes saber eso. 

Harry, siempre el bueno. 

Su espalda se tensó y negó con la cabeza con mucha fuerza.

—No puedo, no me atrevo, yo… creo que tampoco quiero. 

—Quizá te sirva para sanar —comentó como una ocurrencia que no vale nada pero sí es necesitada para llenar el vacío.

—No se siente igual, no como venir aquí… no puedo explicarlo, simplemente es diferente.

Bueno, Hermione sí sabía la diferencia, pero ciertas cosas apenas salían de ella y la culpa era su auto castigo por lo mucho que se odiaba, guardaría aquel sentimiento solo para ella y se envenenaría a sí misma hasta que no quedara nada de su persona. 

¿Cómo se atrevería ella? ¿Pisar la tumba de Draco?

Harry no insistió y mientras el cielo se tornaba más oscuro y ambos caminaban por la plataforma, las lágrimas fueron secadas.

Al igual que las palabras y cada uno de sus recuerdos.

Llegaron al punto de aparición y Harry se fue primero, cuando Hermione se encontró sola, le habló al viento.

—Apenas puedo caminar entre una línea que divide el acto de perdonar por el amor que tuvimos y el hecho de guardarte rencor por cada cuchillo clavado, Draco.

Apenas puedo culparme sin querer arrancarme la vida por lo que hice.

A veces siento que… tú me la arrancaste primero.

 

...

 

  Recuerdo / Resentimiento 

 

La forma en que cada persona avanza desde el primer punto del dolor cambia según las experiencias, y mientras ella se encontraba parada en el mismo lugar donde Draco Malfoy murió, no hizo falta decir que sería un camino que le llevaría toda la vida recorrer. 

Hermione recordó la primera vez que lo vio. 

Su cabello casi blanco fue lo primero que le llamó la atención, a simple vista le pareció extravagante y llamativo, se preguntó quién querría llamar tanto la atención. Luego pensó que estaba bien, todos tenían sus cosas propias que los hacían resaltar y aquel niño no parecía la excepción. Él parecía un príncipe, todo envuelto en túnicas de mago caras a la vista y seguro que suaves al tacto. Hermione apenas notó a los demás Malfoy, solo tenía ojos para él. Su rostro era suave, algunos bordes afilados, sus ojos… A ella le encantaron en el medio segundo que la miró mientras caminaban hacia el mismo lugar para guardar sus baúles. 

Sí, Hermione Granger recordó muy bien la primera vez que vio a Draco Malfoy. Le había parecido el niño más bonito de todo el lugar. Años después, mientras él se desangraba en sus brazos, seguía siendo el hombre más hermoso que había visto en su vida. 

Las manos de Hermione temblaron  mientras sostuvo su varita, intentó con todas sus fuerzas que sus ojos no se nublaran por la amarga sensación de autodesprecio mezclada con odio por la traición. Como siempre, falló miserablemente. 

El encuentro de amigos y conocidos resonó lejanamente, podía sentir algunas miradas de reojo y otras muy poco disimuladas. Niños de primer año corrían por el andén y otros alumnos mayores le murmuraban al pasar. Apenas fue consciente de nada.

Pero algo se quemó en ella.

Y cuando levantó la mirada, los ojos de Theodore Nott la perforaron con miles de agujeros en su cuerpo.

Hermione retrocedió un paso, casi tropezando, fue pura suerte que Ginny sostuviera su brazo con fuerza y protección. Hermione se soltó rápidamente e intentó con todas sus fuerzas no rascar el picor en la peor cicatriz de su cuerpo.

—¿Estás bien? —inquirió la pelirroja y Hermione quiso gritar a los cuatros vientos que no.

Jamás podría estar bien de nuevo.

Sentía que seguía siendo el objeto de atención de Nott y eso la puso aún más nerviosa, quería darse la vuelta y correr lejos de aquel andén. Quería correr del mundo mágico, del mundo muggle, del planeta y del universo. Quería encontrar un lugar seguro, uno donde no se sintiera pesada, donde no arrastrara cadenas que la hundían en el pasado.

Aún era muy pronto para olvidar.

Y no sería ella si no se castigará más y más.

Su cabeza se levantó bruscamente y enfrentó a Nott con seriedad en su rostro, el tipo ni siquiera se movió de su lugar, Zabini y Parkinson seguían en cualquier conversación que fuera más importante que mirar a la sangre sucia.

Nott la estudió de pies a cabezas, una sonrisa de mierda se extendió en su rostro, casi derribando la poca confianza que Hermione cargaba. Contra todo viento, ella levantó su mentón y la mueca más asquerosa adornó su rostro con malicia.

No toda tu pérdida se atribuye a mí, Nott.

Hermione pudo sentir la ira y resentimiento que el castaño emanaba hacia ella, todo su enojo y los insultos que seguro resonaban en su cabeza. No era necesario que Hermione fuera receptora de los malos sentimientos de otra persona como Theodore Nott, ya tenía suficiente con su odio hacia sí misma todas las noches.

Nott imitó su expresión de asco y se giró completamente, dándole toda su atención al par de Slytherin que lo acompañaban.

Hermione tomó una gran bocanada de aire y en contra de su juicio, se aferró como un pequeño niño perdido a Ginny. Su amiga no tardó en acariciar su espalda baja, mirando con recelo todo su alrededor.

—No tienes que ir si no quieres —le dijo en voz baja y Hermione negó.

—No tengo a dónde ir.

—Eso no es cierto, Harry dijo que podías quedarte en Grimmauld—

—No puedo, no puedo porque… No puedo ver a Harry, necesito alejarme de él un poco.

Ginny no disimuló su expresión de conmoción y Hermione amagó a soltarse, pero Ginny tenía una predisposición más fuerte que ella, así que la apretó con más fuerza.

—Está bien, está bien, lo resolveremos y…

—¿Sabes que estamos paradas justo donde sucedió?

La Weasley menor siguió la mirada de Hermione al suelo, efectivamente, había una mancha de sangre que no había sido removida con éxito en las reparaciones del andén en aquella batalla. 

La mente de Hermione volvió a vagar y casi podía sentir una figura con túnicas oscuras cerca de ella, mirándola con tristeza y resignación, un rostro blanco y puntiagudo que amaba y al mismo tiempo quiso olvidar de su mente para siempre.

Su mano se apretó más y más en su varita.

—Mione—

—Yo estaba dos metros más allá, justo en la izquierda. Draco estaba parado justo donde se encuentran mis pies. Harry seguía en el suelo y le rogué a todos los cielos que pudiera ponerse de pie. Nunca deseé algo tanto como en ese momento, quería que se pusiera de pie, mierda, ¿por qué no pudo ponerse de pie? , Gi—

Ginny la arrastró lejos de ese lugar, ambas se quedaron abrazadas en un rincón apartado. Hermione sintió que su respiración se aceleró y tuvo miedo de que la magia accidental hiciera acto de presencia.

—Respira conmigo, Hermione. Vamos, sé que tú puedes…

Hizo lo que Ginny le pidió porque no tenía fuerzas para contradecirla o las ganas de pensar por sí misma en algo para hacer. Simplemente siguió las órdenes de su amiga hasta que se encontró calmada.

—Tranquila, Mione, subamos al tren…

Hermione cerró sus ojos con fuerza.

—Él se fue, Ginny…—murmuró con la voz quebrada—. Se fue y jamás lo sabré.

Nunca sabré si me amó.

La pelirroja se veía como si no supiera qué hacer, Hermione registró que su baúl ya había sido guardado en el compartimiento del tren por alguien más.

Mientras los estudiantes se despedían de sus padres —o de la poca familia que les quedaba después de la guerra— Hermione quiso anclarse al suelo. Ginny la sentó en uno de los compartimientos del tren, ella no pudo evitar sollozar y esconder su rostro entre sus manos. Un hueco se abrió en su pecho mientras el tren se alejaba.

Cómo deseaba que sus culpas y miedos también lo hicieran.

Un gruñido de furia se escapó de su boca y su puño se estrelló contra la ventana mientras las personas de afuera la observaban con extrañeza. Hermione los miró de mala manera y sollozó cuando Ginny la tomó en sus brazos nuevamente.

—Lo odio, lo odio tanto…—se quejó con voz amortiguada.

—Lo sé, Mione, lo sé—arrulló Ginny de forma maternal.

Los meses siguientes no fueron más fáciles para ella. Si bien el castillo seguía algo destrozado, Hermione apenas podía caminar por los pasillos sin la imagen de Draco en su cabeza.

A veces con ella, otras veces solo.

Los recordó tanto como pudo y se odió al final del día por eso.

Una vez, se adentró en la pequeña sala donde siempre solían reunirse clandestinamente. Casi colapsó.

Y como su amor propio era muy poco, lo volvió a hacer. Una y otra vez. 

Se quedó parada allí durante mucho tiempo, su rostro demacrado y su mente bloqueada. No movió ni un solo dedo y lo sintió en cada segundo de su estadía.

Una presencia fantasmal en su espalda, una mano en su cuello mientras un brazo se enroscaba en su cadera, su aliento mentolado y sus palabras al oído.

Hermione observó el polvo en el aire mientras hablaba sola. 

—Si tu corazón estaba en otras manos… espero que independientemente de quién sea su dueño, que ahora se encuentren quemadas.

 

...

 

 

Pasado / Pesar

Era 5 de junio y ella estaba parada en el mismo lugar de siempre. 

Viviendo en el mundo muggle, ella siempre volvía a King's Cross, atravesaba la pared y se encontraba en el andén tan conocido. Nunca se apareció, no le gustó aparecerse. 

—No me siento bien en el Ministerio—empezó hablándole a la nada—. Todavía no encuentro mi lugar, y no dejo de pensar en… en ti. Es casi injusto. 

Hermione tomó asiento en un banco y se quedó mirando la mancha de sangre que no podía desaparecer.

La sangre limpia y pura de Draco.

Era la hora del almuerzo y sabía que había quedado con Harry y Ron para comer algo en la cafetería del Ministerio. Ellos, como aurores, estaban muy ocupados, y Hermione… Hermione paseaba de a ratos en la división de criaturas mágicas o se hacía cargo de archivos para otras personas, personas que estaban realizando cosas importantes y no se encontraban estancados. 

Luchaba día a día para encontrar su ambición y coraje de nuevo, para estremecerse como en los viejos tiempos por las cosas que quería, por todo lo que alguna vez había soñado obtener.

No encontró ni una sola reacción. 

La forma en la que se había perdido a veces le resultaba como un misterio, no encontraba respuestas cuando quería justificar su comportamiento o debía dar excusas por sus acciones. Hermione tampoco tenía fuerzas para mucho y estaba estancada en un hoyo mientras todos a su alrededor prosperaron. 

Fue horrible sentirse de esa manera.

Pero no tener la voluntad para cambiar fue peor. 

Había días buenos, otros malos, siempre danzando en la variante de lo soleado y lo gris. Nunca en un intermedio, o quizá, nunca un rayo de sol en su ventana.

Y cuando sentía que no podía más con la farsa de su vida, caminaba desde su departamento hacia a King's Cross, con la esperanza de aliviar un poco la molestia en su pecho al momento de pasar por el número 9 y ¾.

Claro que no funcionó. No es como si ella lo hubiera esperado.

Esa era la cosa con la esperanza, aparecía donde no debía estar.

Alguna vez había tenido esperanza por un futuro con Draco, algo que ambos podrían construir juntos y mirar con orgullo. Desde el principio supo que no tendrían mucho fuera de las paredes del castillo, el mundo estaba muy jodido para que una pareja tan disfuncional como ellos recibiera algo de piedad por parte del destino.

Ella siempre se lo hizo saber, nunca dudó en sus palabras y Draco tomó lo que podía de ellos el tiempo que pasaron juntos. Lo mismo pasó con ella. Ambos se absorbieron sin parar hasta que fueron arrancados uno del otro por la guerra.

Hermione aún recordaba las tardes con él en lugares escondidos, en aulas abandonadas o aquellas vacaciones cuando él se había aparecido en su casa. 

Draco Malfoy en el mundo muggle, por ella, para verla. 

Incluso recordaba con mucho más ímpetu el sexto año. El peor, cuando la vida de todas las personas se fue por el caño y ambos se vieron obligados a hacer cosas que no querían.

O al menos eso se decían, ella nunca dudó de Draco.

Quizá debería haberlo hecho. Al menos solo por un segundo. Entonces no se habría sentido así de rota y abandonada.

La sola imagen de todo lo que imaginó con Draco era un recordatorio gracioso. Una fantasía ilustrada en su mente desquiciada. Algo que nunca sucedería.

¿Qué somos cuando el amor se va?

Ella se preguntó eso mil veces durante la noche. Siempre volvía al último segundo de vida de Draco, con ella llorando y él acariciando su mejilla hasta que su mano cayó inerte al suelo y de repente, él se había ido para siempre.

A veces pensaba en el día que les robó a sus padres todos sus recuerdos y el abismo donde caía se volvía más oscuro y profundo.

¿A dónde iba ella a partir de allí?

Como siempre, le habló a la nada.

—Perdí a mis padres por luchar junto a Harry, y también te perdí a ti… ¿O tú me soltaste la mano primero?

No obtuvo respuesta.

Minutos después, Ron apareció con una expresión preocupada plasmada en su rostro pecoso, informando que él y Harry habían estado muy preocupados por ella.

Sus amigos siempre tenían miedo de que ella hiciera algo drástico. Quizás matarse o tragar un bote de pastillas por “error”. No los contradijo ni tampoco intentó apaciguarlos. Ni siquiera ella sabía qué era capaz de hacer cuando se sentía tan mal y pesada del corazón.

Hermione se encogió de hombros, le dio un abrazo, y le pidió que la acompañara al punto de aparición.

No pasó por alto la mirada de Ron en la mancha roja del suelo.

 

 

...

 

 

  Preguntas / Promesas

 

—¿Alguna vez me culpas?

La pregunta salió de sus labios tan pronto como Harry tomó asiento a su lado en la plataforma 9 ¾. Algunos magos y brujas les dieron una mirada de reojo, pero por suerte, se mantuvieron en sus propios asuntos. Fue un hecho de conocimiento público cuando Hermione hechizó a Rita Skeeter por preguntas indecorosas en la salida de una tienda en el Callejón Diagón.

Hermione no miró a su amigo de años cuando hizo la pregunta, pero sí sintió los ojos verdes de Harry clavarse en ella con intensidad.

—Claro que no.

Por supuesto que le diría que no. Harry era una persona con el poder del perdón, alguien benevolente que tenía una visión de la vida muy diferente a la de ella.

Hermione podría haber sido así, muy en el pasado.

Pero tenía 24 años y estaba cansada.

—Lo traje a nuestras vidas.

—Es cierto, pero no te culparé por eso. 

—¿Estás seguro? ¿No lo dices por pena?

Aquel sentimiento reflejado en los ojos de los demás siempre la llenaba de pavor. Hermione no necesitaba la pena o gracia de otras personas, ella simplemente ya no esperaba nada de nadie. Pero fuera de ese pensamiento, no podía soportar la idea de que alguien se compadeciera de ella.

Draco nunca lo había hecho, pero también, Draco la había jodido de muchas otras maneras.

El tiempo —sino, el trauma— la había hecho darse cuenta de eso.

Entonces Harry frunció el ceño.

—Por supuesto que no, Mione—dio un gran bostezo, eran las cinco de la mañana—. Amabas a alguien, confiaste en esa persona y—

—No lo digas…—susurró desplomándose en su lugar.

La sangre seguía en el mismo lugar de siempre.

El par de amigos se quedó observando la mancha roja por unos cuantos minutos.

—Siempre estaré agradecido por lo que hiciste, no cualquiera—

—Basta.

—Hermio—

—¡No!

Harry se acomodó los anteojos y suspiró antes de atraerla a un abrazo feroz.

—Aun si no lo tienes a él, nos tienes a nosotros.

—No puedo, yo... simplemente… Me duele mucho y han pasado años. 

—Lo sé.

—Pensé que sostener su mano en la oscuridad sería suficiente.

—Lo sé.

—Nunca pensé que—

—Lo sé. 

—Algunos días estoy bien, algo así como un modo automático… y otros días simplemente no puedo salir de la cama. Me siento mal, Harry.

—Entonces me tienes para arrancarte las sábanas del cuerpo y ayudarte a enfrentar el día—prometió Harry con voz seria y ella apoyó su cabeza en su hombro. —Iremos a desayunar y el día será diferente. 

—Lo espero.

—¿Alguna vez tú me culpas a mí, Mione?

—Jamás—respondió de inmediato y sin dudar. 

Cuando Hermione volvió a hablar, su voz se quebró de una manera dolorosa.

—¿Por qué sigo volviendo a este lugar, Harry?

—No lo sé, Mione.

 

 

...

 

 

Frío / Ruin 

 

Para un clima como el de Inglaterra, Hermione debería haber salido con más que un vestido corto y una simple chaqueta de cuero. Aunque, bueno, ella ni siquiera tenía sus bragas puestas. El nuevo auror y amigo de Harry y Ron con el que había salido a cenar se las había destrozado en el baño de un bar.

Pero allí estaba ella, sentada con las piernas cruzadas en la plataforma 9 y ¾.

La noche era helada y podía sentir la ventisca en sus piernas, pasó su mano por su muslo, notó la piel de gallina y maldijo.

Ella sabía que su imagen dejaba mucho que desear. Su maquillaje se encontraba corrido, en sus labios solo podía haber restos de labial, su cabello era un desastre enorme y sus manos temblaban como si tuviera esquizofrenia. Fuera de eso, la imagen de alguien recién follada era bastante difícil de disimular.

Las cosas habían sido fáciles con Roman.

Él era un auror estadounidense que se encontraba en Inglaterra para completar una misión que tenía algo que ver con un contrabando de pociones o algo así. No es que ella se interesara por los asuntos de salvar el mundo mágico de malhechores, no de nuevo, al menos. Sus dos amigos varones no habían tardado mucho en darle el visto bueno al americano y presentarlo, Roman había tardado menos en invitarla a cenar, luego a un bar, follarla en el baño y luego en su cuarto de hotel.

Hermione había tardado segundos en salir corriendo luego.

No estaba lista para entablar lazos estrechos con otras personas. Hermione no podía confiar y ceder. No siempre quería rodearse de soledad, a veces se trataba de alguien en un bar, o alguien del trabajo.  Un buen momento y un adiós sin pretensiones. Era lo mejor, ahorraba malos momentos y decepciones a largo plazo. 

Ni Ginny, ni Harry y muchos menos Ron aprobaron su vida en cualquier aspecto de la palabra. Pero de nuevo, Hermione siguió haciendo lo que quería de su tiempo. No tenía voluntad para otra cosa. 

Aunque si algo bueno podía relucir en su patética vida, era que ella había recuperado los recuerdos de sus padres hace tan solo unos meses, aquello se había sentido como un gran sorbo de agua en medio de un desierto, como un analgésico para el malestar de días largos.

Cuando sus padres la reconocieron de nuevo y le dieron esa mirada que ella había eliminado hace años, Hermione cayó de rodillas, sollozando por perdón, implorando por una nueva oportunidad.

Almorzaban todos los domingos. La confianza era algo que debía ser ganado, el tiempo podría unirlos. Sus padres no quisieron saber nada de su vida mágica y eso fue perfecto porque, a lo mejor, Hermione no tenía nada de lo que sentirse orgullosa a sus 27 años.

Se podría decir que las cosas iban bien. O al menos simplemente no iban mal.

¿Pero, su corazón? Ella dudaba seriamente de algún día poder volver a dárselo a alguien.

Esa noche, por un momento, sintió una chispa de esperanza.

Y todo la llevó de nuevo al mismo lugar de siempre.

—Me sentí bien, fue perfecto y realmente lo disfruté—Hermione miró hacia el cielo y dejó escapar un suspiro, Draco podría encontrarse en cualquier lugar menos en el cielo, quizá en el pozo más oscuro y retorcido del infierno—. Ahora mismo debería estar en la cama de ese hombre y no aquí contigo.

Le habló a la nada.

Algunas cosas nunca cambiarían.

—No los he comparado contigo, a ninguno de ellos —su voz apenas se escuchó por lo bajo que habló acerca de sus antiguos amantes— Todos terminarían perdiendo.

»Solía decirte que jamás habría nadie más… que mi pasado no importaba porque estaba vacío, que mi presente era tuyo mientras me quisieras y que el futuro sería nuestro a pesar de que no había forma de que fuera así… Draco, lo jodiste todo. Maldito, nos arruinaste.

Sus ojos se cerraron y lágrimas rodaron por sus mejillas.

Habían pasado años y el dolor en su pecho seguía sintiéndose igual que plomo sobre sus órganos.

»No debería estar aquí. No mereces que esté aquí. No después de lo que hiciste, no después de lo que me hiciste.

El ruido del viento fue su única respuesta.

Como si su risa tronara cruelmente dentro de ella. 

 

 

 

...

 

 

 

Contemplación / Verdad 

 

Se suponía que en media hora debía asistir a la fiesta de cumpleaños de su ahijado, James, pero antes de que cualquier actividad social la reclamara, Hermione se permitió un momento de contemplación en el mismo lugar de siempre.

No hubo nada que la orillara a volver, había pasado un tiempo desde esa última noche en la que el frío se la comió viva mientras lloraba sola en el andén despejado de personas.

La  recibió el sol de la tarde temprana mientras tomaba asiento en su lugar, las personas siguieron su camino como siempre y esta vez nadie le dio una segunda mirada. 

Hermione Granger ya no solía ser la bruja brillante o la niña dorada. Dejarle la fama y los apodos a Harry y Ron había sido lo mejor, también que ambos fueran padres y transitaran la etapa de adultez que tanto recelo causaba en ella.

A nadie le importó un carajo lo que Hermione Granger hizo de su vida. Incluso Skeeter la dejó de acosar, y eso era algo

Ser una sombra que todos ignoraban se sintió como un bálsamo luego de una vida que la puso directamente bajo los rayos del sol.

Hermione suspiró mientras mordía sus cutículas, no tenía las manos más femeninas pero sí unas manos que habían luchado bastante en el pasado para salir con vida.

Sus manos habían derramado sangre, la misma que se encontraba en el suelo de la plataforma 9 y ¾.

El dolor en su pecho comenzó como siempre, pero esta vez Hermione no se sintió sofocada. La puerta de su mente se abrió lentamente y pensar en Draco fue como volver a ver un viejo amigo a la distancia, lo suficientemente cerca para reconocerlo pero lo suficientemente lejos para no ir a saludar.

Y por primera vez, estuvo un poco bien.

La terapia ayudaba a las mentes jodidas como la suya.

—Ella dice que debería dejar de vivir mi vida como si te encontraras sobre mi hombro…—murmuró, notando que la mancha roja casi era inexistente por el paso de los años, era poético que eso fuera lo último que le quedara del chico que amó con todo su corazón—. Pero no te quiero lejos de mí nunca. 

¿Cómo atreverse a soltar a Draco?

Ella lo había amado, había sangrado de amor por él, había hecho cosas que no quiso hacer y dijo palabras que pincharon en su paladar. Hubiera dado su vida, hubiera hecho cualquier cosa. Había sostenido su rostro mientras lloraba por el armario, había escuchado sus miedos y sus placeres, había estado encerrada en su abrazo como si el fin del mundo llegara la mañana siguiente.

Hermione Granger amó con toda su alma a Draco Malfoy.

Pero Draco Malfoy nunca dejó de ser un mortífago y la traicionó.

Y  es por eso que Hermione Granger lo mató.

La punzada fue como una daga retorciéndose en su piel, como una flecha que viene de la nada y se clava en tu pecho. Hermione tomó aire y apretó la mandíbula.

Era desesperante entender que el hombre que más amó en su vida pasó de ser la respuesta a todas sus preguntas para convertirse en su fuente principal de dudas sobre ella misma.

Y cómo dolía.

¿La amó? ¿Él la amó tanto como ella murió de amor todos los días por él? ¿El tiempo entre los dos significó algo? ¿Fueron todas mentiras? ¿Dejó de ser la sangre sucia asquerosa para él?

Supo que nunca encontraría respuestas.

Y ya no había una casa a la que huir por consuelo. No podía olvidar en sus brazos o en su mirada. La misma mirada que le dio antes de levantar su varita contra Harry.

—El destino te tiene en mi camino, Hermione Granger.

La castaña alejó su vista de la mancha casi invisible y todo en ella se erizó al reconocer a Theodore Nott. Su porte era impresionante y poderoso, la imagen que un hombre como él podría tener gracias a su poder y su nueva reputación forjada en los últimos años. Lo último que había sabido de él era que se había casado con Parkinson y tenían un par de niños pura sangre corriendo por allí. Seguramente alguno se llamaba Draco y todo eso. 

Hermione se desplomó en su asiento, mirándolo con fijeza y aburrimiento.

El recuerdo de su rostro contorsionado por enojo y resentimiento aquella mañana antes de partir a Hogwarts se estrelló contra ella. Nott no la miraba de esa manera en ese momento, sino que se dirigía a ella con el mismo aburrimiento que Hermione.

Maldito sea él.

—Eso es estúpido, siempre te veo en el atrio del Ministerio —su voz cortó las masas de aire entre ambos.

Nott sonrió con sarcasmo y levantó una ceja.

—Sí… Puedo recordar cuando los empleados de menor cargo terminan su día laboral.

Hermione se burló y no le prestó atención. Si él esperaba hacerla sentir mal porque ella no había hecho nada con su vida y carrera, podía irse a la mierda. No jodía con idiotas pretenciosos. Draco había sido el último.

—Como digas, piérdete Nott.

Theodore negó con la cabeza y se sentó a su lado. Una ola de rechazo recorrió a Hermione de pies a cabezas, arrastrándola por la orilla donde la arena se conformaba de puro rencor. 

Nott tampoco disimuló su desagrado.

—Te odio por matarlo.

Ella quiso abofetear su rostro, dejarle las mejillas rojas y escupirle en el ojo. Maldito desgraciado, maldita plaga de sangre pura. Lo odiaba. Lo odió desde el primer momento en que se enteró que había cosas entre ella y Draco y la chantajeó para guardar el secreto de Harry y Ron.

Si Draco supo que hubo acidez entre Nott y ella, jamás dijo nada. Pero Hermione tenía el recuerdo de que siempre la eligió sobre todo y todos en aquellos años escolares antes de la guerra.

De cualquier forma, pensar como la niña molesta y orgullosa que fue no estaba dentro de sus cabales. Mejor concretarse en la mujer vaga y dolida que podía llegar a ser si se victimizaba un poco más.

La presencia de Theodore era algo que no quería jamás.

—No me siento muy diferente a ti, Nott.

Él chasqueó la lengua y negó.

—Por supuesto, te mereces fundirte en culpa por lo que hiciste.

Ella lo hizo, de verdad se arrastró por eso. Pero no tenía que confirmarle nada.

—Si ya tuviste tu catarsis tardía en contra de mí, te puedes ir.

El infierno se congelaría si ella permitía que alguien como Thedore Nott viniera al  único lugar que sentía que era solo para ella a insultarla, culparla y luego dejarla vacía en la nada mientras se marchaba.  

—¿Por qué, Granger? ¿No puedo venir a ver la mancha de sangre de mi mejor amigo en el suelo?

Todo el cuerpo de Hermione se tensó, mirando de reojo a Nott, se dio cuenta de que él la estaba estudiando intensamente.

—Vete.

—No.

—No quiero tener que escucharte, ni verte, ni hablar contigo —Hermione se puso de pie y empezó a alejarse—. Tú y cada uno de tus sentimientos se pueden ir a la mierda y no…

Una mano se enredó en su brazo y se dio vuelta con sorpresa, mirando a Nott con odio.

—Pero no es todo lo que tengo para decirte.

Hermione se zafó de su agarre con mucha brusquedad, casi empujándolo hacia atrás.

—¿Por qué me quedaría a escuchar cualquier cosa que tengas para decir?

Los ojos marrones de Nott se atenuaron y casi pudo reconocer una chispa de debilidad en ellos.

—Porque es acerca de él—su voz fue ronca y cargada.

—No puedo cargar con más peso cuando se trata de Draco—Susurró con dureza—. No lo entiendes, no lo harás…

—Yo también vengo siempre a este lugar—la cortó y ella frunció más su ceño.

—Nott…

—Y es verdad, el odio y rechazo que tengo por ti, todos los sentimientos malos que me nacen hacia tu persona porque tú fuiste quién se lo llevó.

Hermione casi se encogió en su sitio, la culpa nació en ella, acorralando su paciencia. 

La verdad lastimaba, casi tanto como la traición de Draco.

Casi tanto como cuando ella le rogó que bajara su varita.

Casi tanto como cuando Draco la ignoró y apuntó a Harry, sabiendo que él era la clave para terminar la guerra. 

—Es tan fácil decirlo—ella escupió—. Cualquier resultado hubiera sido perfecto para ti, ¿no crees? Voldemort o no, habrías terminado siendo el imbécil estirado que eres. No juegues a la moral conmigo.

—¿En serio crees que Draco hubiera dejado que algo te pasara? No seas estúpida, Granger, las cosas que hizo por ti…

—¡NO SE TRATA DE LO QUE SUCEDIERA CONMIGO! —gritó ella y ambos agradecieron que la estación se encontraba casi vacía—. Nunca fue acerca de mí, nunca fui el centro de la guerra, ni siquiera luché con la idea de salir con vida… Todo lo que hice, todo por lo que sangré, fue para que nuestro presente no sea un cementerio de jóvenes magos que no tienen culpa de su sangre.

—Y el precio es que esta sea la maldita tumba de Draco.

Hermione apoyó su mano en la pared, sosteniéndose con angustia.

—Y me duele todos los días… Todo el tiempo. Aun si lo odio por haber traicionado a la Orden, lo extraño con cada parte de mí, no creas que fui feliz por lo que hice, no creas que seguí con mi vida tal como hicieron todos. Nunca des nada por sentado, mucho menos conmigo. No me conoces y no tienes idea de las cosas por las que he pasado. No tienes idea de cómo yo… como… como lo he amado.

Nott podría haberla insultado, haber tomado su confesión —que se había guardado para ella— y destruirla. Arruinarla con palabras, cosa que podría hacer cualquiera si se atrevieran a hablarle mal a la mejor amiga y madrina de los hijos del gran Harry Potter.

Casi nadie le dijo sus verdades a la cara.

Harry, Ginny y Ron lo sabían mucho mejor.

—Él también te amaba, Granger. Me lo dijo mil veces en las mazmorras.

Hermione bajó la cabeza, temblaba con nerviosismo y las lágrimas goteaban desde su barbilla.

—No, no… me digas eso, Nott. No sea cruel con eso.

—Ojalá fuera una mentira, haría que odiarte sea mucho más fácil. Draco no trató a muchas personas con manos gentiles en su corta vida, pero contigo, al menos supo lo que es amar a alguien.

Ella se tragó su risa. Fue irónico que las manos que lo acariciaron en la primavera fueran las mismas que le quitaron la vida en el invierno.

—Ojalá nunca hubiera sucedido—Ella lo miró a los ojos—. Entonces no estaríamos en esta situación de mierda. 

El silencio rodeó al par de conocidos y nadie dijo nada por un momento hasta que Theo rompió la escena con sus palabras.

—¿Cuál crees que hubiera sido el destino de Draco con la guerra ganada por tu lado?

Theodore Nott no tenía idea de cuántas veces Hermione se había preguntado eso en la oscuridad de su habitación.

—Me habría tenido, nunca lo hubiera dejado solo.

Nott negó con la cabeza.

—La sociedad que se nos presentó jamás lo hubiera aceptado, Granger. Su vida habría sido más miserable que su presente bajo la marca.

—No tienes idea de aquello.

—¿No lo hago? ¿Dónde están los demás mortífagos, Granger?

—Draco nunca quiso ser uno, él…

—Draco era un ser lleno de mierda y lo más cercano que tuvo a una redención fue amarte, lo cual, no fue suficiente para abrirle los ojos.

Hermione deseó morir.

Cada dato, cada palabra, cualquier cosa que saliera de la boca de Theodore Nott la estaba aniquilando. No quedaría nada de ella.

—Basta…

—Draco pensó que los sangre sucia no tenían derechos, pero vaya a saber Merlín por qué contigo era diferente.

Hermione sentía puñetazos en su estómago.

—¡No digas eso! —ella bramó—. Él me dejó de llamar así en quinto año, él lloraba por su marca, él…

—¡Bueno, pues quién querría esa vida de mierda, Granger! —Nott levantó los brazos—. Estaba condenado.

—Deja de culparme, deja de torturarme por esto, yo…

—Le dijeron que eras tú o Potter.

Y entonces fue como si todas las luces del mundo se apagaran, solo quedó la oscuridad y ella tendría que aprender a manejarse con sus ojos ciegos para el resto de su vida.

—Vete—le dijo en un sollozo cortado, cayendo al suelo y llevando sus rodillas a su pecho—. Vete y nunca me hables.

Nott se burló y se puso de cuclillas enfrente de ella.

—Ahora que entiendes las cosas, haz algo con esa vida de mierda tuya.

—Jódete.

—Draco sabía que lo matarías cuando se deshiciera de Potter, por eso no bajó su varita. Hizo lo que hizo para que tuvieras un futuro, incluso mató al mortífago que te tenía en la mira en esa batalla.

—¡Basta!

—¡Ya que lo mataste, al menos haz algo para que su muerte no haya sido en vano!

Su palma se estampó contra su mejilla.

Ella lo miró con tristeza mientras se ponía de pie

—Tú no entiendes los años, el tiempo… la vida que gasté buscando respuestas a todas mis preguntas, y vienes a decirme todo esto, yo… cómo te atreves… no puedes…

Hermione sacudió su cabeza y miró la mancha de sangre.

»Lamentaré toda mi vida haberlo matado, haberle quitado la vida. Yo… no pretendo que lo entiendas, de hecho, vete a la mierda y nunca vuelvas.

Hermione se alejó en zancadas, sin volver a mirar atrás. 

Draco Malfoy sí amó a Hermione Granger.

Draco Malfoy nunca cambió su opinión sobre los nacidos de muggles, pero la amó y ella fue la excepción.

Draco Malfoy sabía que ella acabaría con su vida, y simplemente la dejó hacerlo.

Draco Malfoy se fue hace años.

Pero su presencia nunca se desvanecería.

No para ella.

 

...

 

 

Comienzo / Final

 

Comenzó con reuniones reacias en la biblioteca por un trabajo de Herbología, siguió con encuentros en salones abandonados y nichos detrás de los retratos en los pasillos, avanzó con visitas durante las vacaciones en el mundo muggle y se llenó de promesas vacías por las decisiones que tendrían que tomar en el futuro. 

Su historia comenzó y terminó en el mismo lugar. 

En la plataforma 9 y ¾ .

Se amaron el tiempo que pudieron y quizá no fue suficiente para ambos pero fue algo poderoso en la vida de cada uno. Fue ese primer amor que nunca olvidarás y recordarás con una sonrisa y un pinchazo de lo que fue otro tiempo.

Draco puso estrellas en sus ojos.

Draco también las apagó.

No podría haber sido de otra manera.

Y mientras se alejaba de la plataforma 9 y ¾, seguida de las miradas de la gente por ser elegida recientemente como la nueva Ministra, ella pensó que no tendría que volver nunca más a ese lugar. Su único nieto se había marchado a su último año de estudios en Hogwarts y nada, ni siquiera aquella mancha ya borrada, la traería de nuevo.

Hermione tomó un gran respiro y siguió caminando, viviendo.

 

Notes:

Muchas gracias por leer!
gracias a mi beta caro♥