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Entre líneas
Capítulo 1. Compromiso, coraje y bellezas
Compromiso. =FBI S02E04 "Imperfect science"=
—¿Ya está? —preguntó Isobel.
—Sí —contestó Jubal—. Maggie y OA están volviendo ya con Patrice.
Los dos caminaron juntos hacia el pasillo que salía del JOC.
—Nos hemos librado por poco. Si ese tirador hubiese sido miembro de la Primera Orden... — comentó Isobel, más ansiedad que alivio evidente en su tono.
—Lo sé. Pero no lo era. Solo era — Jubal negó una sola vez con la cabeza, incrédulo y algo exasperado — un novio despechado.
El tiroteo en el Club X2 había resultado no ser un ataque racista, pero de todos modos, para Jubal era terrible en sí mismo que hubiese gente herida en el hospital y hubiera muerto alguien solo por una cuestión de celos.
—Quiero averiguar por qué los de Respuesta a amenazas desestimaron las incidencias contra el club —apuntó preocupada Isobel.
Jubal la miró. No le gustaba a dónde se dirigía la conversación. Isobel ya había expresado que no estaba conforme con cómo se habían gestionado aquellas amenazas.
—Pero... sabes por qué —afirmó—. Hicieron una comprobación de referencias y, dada la información disponible, no había nada que hacer —explicó.
No creía que fuera posible, ni justo, depurar responsabilidades en el equipo de Respuesta a amenazas. Ellos solo habían hecho su trabajo. Y al final había resultado que estaban en lo cierto, porque la Primera Orden no había sido culpable del ataque.
Isobel se detuvo despacio. Se giró para hablarle de frente y poder mirarlo a la cara con sus intensos ojos negros.
—¿Lo consideras un hecho? —planteó llanamente.
¿Estaba Isobel cuestionando a Respuesta a amenazas o estaba cuestionándolo a él? Jubal no la conocía todavía lo suficiente. Buscó alguna traza de sarcasmo en su tono, pero no pudo encontrarla. No, más bien parecía que Isobel intentaba profundizar y se interesaba por la opinión de Jubal. Él se lo pensó un momento, buscando una respuesta totalmente honesta.
—No —admitió, apoyándose en la pared—. Pero trabajé cierto tiempo en ese equipo, tomando esas decisiones. Y sé que, cuando estás evaluando amenazas, puedes seguir las pautas establecidas al pie de la letra y, aun así, equivocarte.
—Bueno, quizás sea necesario ajustar esas pautas...
¿Era aquello una muestra de arrogancia? ¿Pensaba Isobel que las cosas se estaban haciendo de manera negligente? ¿Que ella podía llegar y arreglarlo? Jubal esperaba que no fuera el caso, que Isobel de verdad estuviera analizando seriamente la cuestión.
—Es posible, pero no estoy seguro de que sea algo que puedas "reparar". Creo que es solo la naturaleza de la respuesta a las amenazas. Es una ciencia imperfecta. Solo —suspiró— esperas que nadie muera debido a ello.
Tragó saliva pensando en ciertas ocasiones en las que él pudo haberse equivocado. Intentaba que Isobel comprendiera lo desagradecido que era ese trabajo: demasiado difícil de hacer y demasiado fácil de juzgar. Ella pareció estar asimilando lo que él le decía, pero para leve frustración de Jubal, Isobel continuó insistiendo.
—No, tal vez la perfección es imposible, pero al menos quiero revisar que pasó —sonó casi como si se estuviera justificando.
—No es área nuestra —le recordó él, aún aprensivo de sus motivaciones.
Y realmente, Respuesta a amenazas se trataba de un departamento totalmente distinto al suyo.
—Quizás tenemos que hacer que lo sea. Tenemos que hacer algo porque, la próxima vez, podríamos no tener tanta suerte —concluyó Isobel encogiendo un hombro, con un aire de fatalidad.
Se marchó soltando un suave pero agobiado resoplido.
Jubal reflexionó sobre aquello mientras la contemplaba alejarse por el pasillo. Tuvo que reconocer que Isobel tenía razón. La cuestión era muy seria como para no merecer esfuerzo en mejorarla.
Y entonces fue cuando lo comprendió. Isobel no quería hacerse cargo de aquello por una cuestión de ego o de ambición. No pensaba poder hacerlo mejor que otros, ni andaba tras mayor reconocimiento, como Jubal había visto hacer habitualmente a otros en su cargo. Solo tenía un firme compromiso con salvar más vidas.
Lo cogió desprevenido notar que dentro de él brotaba una deslumbrante chispa de admiración. Dejó escapar en un suspiro aire que no se había dado cuenta de estar reteniendo.
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Coraje. =FBI S02E05 "Crossroads"=
Isobel sostuvo la puerta para que Valentine, seguido de Andy y Tom Brennan, de la DEA, entraran en su despacho. Valentine, al pasar, cruzó la mirada con ella. Era obvio que estaba mosqueado. Ella se la devolvió de modo que supiera que los dos estaban de acuerdo; Isobel estaba tan cabreada como él.
Cerró la puerta y se volvió hacia Brennan. Jubal y Andy se quedaron un paso atrás.
—¿Por qué demonios no nos hablaste de El Patrón? —espetó Isobel sin ofrecer mayor cortesía.
Se suponía que estaban colaborando, pero Brennan llevaba mintiéndoles desde el primer momento.
—Porque no es de tu incumbencia —replicó Brennan, arrogante.
—¿Disculpa? —Isobel apenas pudo controlar su indignación.
—Vamos, Isobel. Sabes lo delicadas que son estas operaciones —dijo Brennan con condescendencia—. Estamos a un día de hacer una de las mayores detenciones de la historia.
—Vale, está bien. Pero nos has estado mangoneando —intervino Valentine sin invitación y sin morderse la lengua—. Nos dijiste que este tío no sabía nada, que era el chico de los recados y, ahora, de repente, ¿puede entregar al jefe de un cartel? —su tono fue afilado y sarcástico—. Es el jefe, ¿verdad? ¿Está al mando de todo el corredor noreste? —añadió, agudo. Brennan los miró a alternativamente a ambos y permaneció en silencio, dándole la razón—. ¿Por qué nos has mentido? —preguntó con un deje de exasperación.
Brennan lo superaba en rango pero eso no parecía estar importándole a Jubal en absoluto para cantarle las cuarenta. Estaba claro que no le faltaban redaños. La consideración de Isobel hacia él creció notablemente.
Mientras, Andy intentaba volverse invisible.
—Estaba protegiendo a mi recurso —contestó Brennan, altivo.
—A expensas de nuestro caso —protestó Isobel.
—A expensas de la vida de Russo —presionó Jubal aún más e Isobel le concedió en silencio que había puesto el dedo en la llaga.
Russo era un padre de familia agobiado por las facturas que había hecho un trabajo de contrabando de lo que él pensaba eran bolsos de imitación, y había resultado ser un cargamento de quinientos mil dólares en cocaína. A los traficantes no les había sentado muy bien que hubiera enterrado la droga en el bosque para evitar un control policial. Llevaba secuestrado desde entonces.
—De acuerdo. Muy bien, escuchad —respondió Brennan—. No voy a discutir esto. Es lo que es. —Se encaró con Isobel ignorando a Jubal deliberadamente, como apartándolo de la conversación—. Retírate. Deja en paz a Boaz y a sus socios hasta que cojamos a El Patrón —le ordenó a Isobel como si fuera su jefe.
Jubal no se resignó a coger la indirecta de que Brennan no quería hablar con él.
—¿Se te ha olvidado que Russo sigue desaparecido? —le increpó—. Tengo a su mujer e hijos llorando a final del pasillo y, ¿qué? ¿Quieres que hagamos como si nada?
Otra vez exactamente en el clavo, pensó Isobel, cada vez más satisfecha.
—Está muerto —soltó Brennan.
—¿Muerto? —preguntó Isobel, incrédula.
A ella le pareció que estaba improvisando, pero aquello logró callar a Jubal, aunque no pareció muy convencido tampoco.
—Hace una hora en la escucha —añadió Brennan—. Se escuchó decir: "No te preocupes por el conductor del camión. Es hombre muerto". Bueno, lo dijo en español, pero eso es lo que dijo, así que, atacar esa casa no va a cambiar nada. No revivirá a Russo —lanzó en dirección a Jubal, displicente, y se volvió de nuevo hacia Isobel —. Una vez que tengamos a El Patrón en custodia, puedes detenerlos a todos. Boaz, Vélez, hasta el último matón involucrado. —Se inclinó hacia ella, para intimidarla—. Pero, hasta entonces, retírate.
Isobel supo entonces qué estaba intentando hacer Brennan. Tenía pinta de la clase de tipo anticuado que creía que a Jubal no, pero que a ella sí podría amedrentarla.
Ja. Que te lo crees tú.
—No. Vamos a entrar en esa casa —afirmó implacable Isobel, dando un paso adelante— hoy mismo. Y vamos a detener a cada hijo de puta que esté dentro.
En su visión periférica, vio que Jubal daba un leve respingo. Seguramente era la primera vez que la oía decir una palabrota.
—Te acabo de decir que la víctima está muerta —replicó Brennan.
—Según tú. Pero, ¿adivina qué? No me fío de ti, ni lo más mínimo.
—No me hagas pasar por encima de ti, Isobel —la amenazó.
Ella no flaqueó ni por un instante. No se lo podía permitir.
—Ah, ¿vas a acudir al Fiscal General Adjunto? Adelante. Hazlo. Me encantaría decirle a Nathan que estás protegiendo a un informante que secuestró a un ciudadano estadounidense y que ordenó el asesinato de otro.
La arrogancia de Brennan desapareció sustituida por un tinte de miedo.
—No puedes demostrarlo. —Parecía estar chupando un limón—. Es tu palabra contra la mía —volvió a amenazar y se dirigió hacia la puerta. Su gesto decía "tú te lo has buscado".
Isobel no tenía la menor duda de a dónde se dirigía.
—Lo que es muy mala noticia para ti —añadió ella, sin dejarse arredrar—. Nathan y yo somos buenos amigos. ¿Quieres escalarlo, Tom? —Usó su nombre en lugar de su apellido con el mismo tono paternalista con que él había usado el suyo—. Hagámoslo —lo desafió.
Brennan agachó la cabeza, abrió la puerta cediendo el paso a Andy, y se fue, pero Isobel supo por la expresión obstinada de su rostro que no iba a ser lo último que iba a saber de él.
—Dale luz verde a Maggie y a OA. Vamos a entrar —le dijo a Jubal.
—Sí, señora —acató él.
Parecía estar reprimiendo una sonrisa. Isobel hizo como que no lo había visto.
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Nota del autor : Bueno, la siguiente escena es mía, pero no me pude resistir... La iba a poner en "Ondas en el agua" pero queda mejor aquí, acompañando a la anterior.
Tan solo unos minutos después de asaltar la casa de Boaz, Valentine volvía a entrar en el despacho de Isobel. Esta vez, sonriendo ampliamente.
—Buenas noticias. Han encontrado a Russo con vida. Le han pegado una paliza, y se lo han llevado en ambulancia, pero está fuera de peligro.
Isobel, sentada tras su escritorio, dejó escapar un largo suspiro. Aquel hombre podría volver ahora junto a su familia.
—Me alegro —dijo Isobel.
—Sí, yo también...
Intercambiaron una mirada aliviada.
—Voy ahora a decírselo a la familia —dijo Jubal—. Me voy a ofrecer a acercarlos al hospital donde lo han llevado. ¿Quieres venir?
—No, ocúpate tú, por favor. Ahora no puedo dejar la oficina —contestó Isobel con un ligero gesto de disculpa.
—¿Y a darles la buena noticia al menos? —le propuso él—. Lo han recuperado gracias a ti. Querrán agradecértelo.
Internamente Isobel hizo una mueca. Formaba parte de su trabajo y lo realizaba si hacía falta, pero se sentía incómoda tratando con las familias de las víctimas. Especialmente si estaban agradecidas. Demasiado difícil distanciarse.
—Lo han recuperado gracias a todos —lo corrigió —. ¿Te importa... Te importa que delegue en ti? —Se arrepintió según lo decía. Era indigno no querer hacerse ella cargo, aparte de estar demostrando una debilidad—. No. Mejor voy.
Se levantó.
—No me importa en absoluto. Yo me encargo —ofreció Jubal de inmediato, haciendo un gesto para que se sentara, y mirándola con empatía, como si hubiera captado en qué consistían sus reticencias—. Si te fías de mí.
Isobel no volvió a sentarse. Se sentía frustrada. No sabía si quería arriesgarse a confirmarle que aquello era un punto flaco, pero comprendió que si no aceptaba, Jubal lo tomaría como una muestra de recelo hacia él. Dudó. No le hacía gracia que esa flaqueza se convirtiera en dominio público. Sin embargo, por una vez, dentro de ella algo insospechado la empujaba a fiarse. Hacía solo un rato, ante Brennan, y en contraste con el silencio de Andy, que no había apoyado a su jefe en ningún momento, Jubal la había respaldado valientemente. Se merecía que se atreviera a mostrarle mayor confianza.
Mientras, Jubal esperaba su respuesta con una expresión extrañamente neutra. Isobel asintió.
—De acuerdo, gracias.
Y abrió aquella puerta que solía permanecer cerrada para casi todo el mundo.
—A ti —contestó él, ahora abiertamente complacido.
¿Era cosa suya o el tono de su voz había sido particularmente cálido, especialmente cargado de significado? Isobel sintió que le había provocado cierto calor en el fondo de su garganta. Carraspeó, bajando la vista, algo avergonzada. Se sentó y ordenó los papeles de su mesa.
—Aaam... —dijo Jubal como si también tuviera problemas para centrarse—. OK. No te preocupes por nada. Yo me ocupo. Hasta luego.
Cuando ya estaba saliendo, Jubal se giró de nuevo hacia ella.
—Ah... Isobel. Espero que estés teniendo presente que... —hizo una leve mueca— nos hemos ganado un enemigo hoy.
Tenía razón e Isobel le agradecía el aviso, pero ya lo sabía. Probablemente el agente de la DEA, no dejaría las cosas estar y buscaría, tarde o temprano, la forma de devolverle a Isobel el golpe. Parecía del tipo rencoroso. Pensó, molesta, que a partir de ahora tendría que permanecer alerta a las puñaladas traperas que pudieran venir desde su dirección. Tal vez Brennan incluso se atrevería a ir a por Jubal. No supo por qué pero eso la irritó aún más.
—Espero que Brennan te deje fuera de esto si sabe lo que le conviene —respondió Isobel de manera casi automática.
Jubal alzó levemente unas cejas sorprendidas, para a continuación apartar los ojos y pasarse la mano por la boca como para disimular, quizás, un alto nivel de agrado. Todo ello fue un poco desconcertante. Isobel intentó ignorarlo.
—Creo que he hecho lo correcto —añadió—. Pensé que estabas de acuerdo.
—¿Yo? ¿Estás de broma? —dijo él con una expresión descarada—. Antes he estado a punto de aplaudirte.
Aquello hizo reír a Isobel, halagada. En esta ocasión, le fue casi imposible apartar los ojos del rostro risueño de Jubal.
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Bellezas. =FBI S02E08 "Codename Ferdinand"=
Tras la detención de Ben Blake, y haber evitado un grave incidente internacional con Irán, Isobel le pidió a Jubal que reuniera a todo el equipo en el JOC. Quería felicitarlos por el gran trabajo y el excelente resultado que habían obtenido en aquel caso. Su respeto por ella había aumentado día a día desde que tomara el puesto de Agente Especial al Cargo, pero aquella iniciativa hizo que la apreciación de Jubal alcanzara otro nivel.
Cuando cada uno de los miembros del equipo estuvo presente, Isobel se dirigió a todos ellos.
—Me gusta pensar que el trabajo que hacemos aquí... —empezó diciendo.
Jubal la contempló detenidamente mientras hablaba. No se podía negar que Isobel era una mujer de una objetiva hermosura, con aquellos grandes ojos oscuros, los pómulos aristocráticos, esa piel tersa y delicada.
—...ayuda a salvar al mundo de alguna manera modesta —continuó— pero, cada vez más a menudo, conseguimos hacer mucho más que eso.
La sonrisa de Isobel se abría paso en su rostro, radiante, atrapando su atención de manera irresistible. Cuando sonreía -y de aquella manera satisfecha y luminosa además-, Jubal tenía que reconocer que le parecía deslumbrante como pocas.
—Gracias a cada uno de ustedes —añadió Isobel—, hemos detenido a dos agentes extranjeros y hemos ayudado a evitar una verdadera catástrofe.
El legítimo orgullo y la cálida humanidad con los que habló no hicieron sino poner de manifiesto para Jubal otra clase de belleza, al parecer intrínseca a su persona y aún menos usual.
—Y por eso, cada uno de ustedes se debe una ronda de aplausos —concluyó Isobel y les aplaudió.
La situación le había permitido mirarla con más libertad de lo habitual; percatándose de que sin pretenderlo había abusado de ello, y antes de que se convirtiera en algo inapropiado, Jubal apartó la cara y los felicitó a todos también, aplaudiendo con los demás.
Sin embargo, al terminar, Isobel pasó por su lado y sus ojos empezaron a seguirla de nuevo a pesar de sus esfuerzos.
Entonces Collins, el tortuoso tipo que había trabajado con ellos en aquel caso como asesor de la CIA, llamó su atención. Para cierta diversión de Jubal, fue gracias a él que logró salir de aquel tonto estado de trance.
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