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hold my hand

Summary:

Por una apuesta Dawn cuida a Bonnie y en el proceso se encuentra con Paul.

 

Flufftober 2021
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Notes:

No escribía de esta shipp desde hace mucho.
Fin del comentario.

Prompt 2: hand holding

Work Text:

Dawn ya estaba cansada de los juegos del parque de diversiones y el hecho de que Bonnie la estuviese arrastrando todo el tiempo por este no ayudaba mucho a su estado de ánimo.

—Debí pensarlo mejor cuando hice la apuesta—se dijo para sí misma mientras observaba a la niña tratando de capturar un pez dorado sin mucho éxito que digamos.

Ash y Dawn habían hecho una apuesta en clases para ver quien resistía más en cuidar a la hermanita de Clemont, no es que la niña sea una pesadilla, pero los dos no tenían mucha paciencia con los niños y habían hecho una ‘’fuerte’’ apuesta entre los dos, si es que así se le puede llamar a que si Dawn perdía estaría todo un día con un disfraz de panda en la escuela mientras que si Ash perdía debía pagar a todo el grupo de amigos el almuerzo por una semana.

Cosas que solo un par de tontos haría, como dijo Misty, pero Clemont estuvo de acuerdo ya que aprovecharía de trabajar en un proyecto y así es como la pequeña aventura de fin de semana comenzó.

Ash duró apenas medio día el día anterior y Dawn con suerte llevaba una hora y media.

—¡Dawn, Dawn! ¡Atrapé un pez! —celebró la pequeña llegando donde la chica agitando una pequeña bolsa donde dentro se veía un pequeño pez dorado nadando.

—Genial, ¿quieres ir a comer? —preguntó rezando internamente para que así pudieran estar en un lugar fijo por un buen rato.

La pequeña niña negó con una sonrisa—. Quiero ir a la rueda de la fortuna y mostrarle a Goldi como es el parque—dijo apuntando al pez recién atrapado.

Demonios.

La chica se maldijo internamente mientras aceptaba la petición de Bonnie. La fila para la rueda de la fortuna era bastante larga por lo que Dawn celebró internamente que tardarían un poco más y haría más tiempo para ganarle a Ash. Ya podía saborear su almuerzo gratis por una semana.

—¡Paul! —exclamó Bonnie de pronto agitando un brazo saludando a alguien un par de metros más adelante.

Dawn fijó su vista al frente y notó la cabellera malva que sobresalía notoriamente. Los ojos del contrario buscaban la voz chillona que lo llamaba y se encontró con la pequeña niña que le sonreía a la distancia.

—¿Paul? —cuestionó la chica entrecerrando los ojos encontrándose con su compañero de salón—, ¿Cómo conoces a Paul? —preguntó la chica intrigada a la pequeña.

—Hizo un trabajo con mi hermano—respondió con una sonrisa—, me regaló un helado.

Dawn rodó los ojos algo escéptica, teniendo en cuenta la personalidad apática del chico le sorprendía que pudiera hacer esos detalles. La chica entonces notó que Bonnie ya no estaba a su lado, apenas si la pudo ver yéndose con su pez dorado hacia donde se encontraba el chico.

—¡Espe…! ¡Bonnie!

—¡Dawn, ven!

Dawn caminó rápido donde la niña la llamaba, sus ojos dieron una vista fugaz al chico quien solo suspiro.

—Bonnie, no debes irte de esa manera—regañó de forma suave—, puedes perderte.

La niña hizo un pequeño puchero—. Pero quería saludar a Paul.

Dawn giró su cabeza para ver al chico, este como siempre tenía una mirada dura como si estuviera dispuesto a atacar en cualquier momento, sus manos estaban en los bolsillos de su chaqueta y pareciera no tener intenciones de sacarlas, aunque no hiciese mucho frío.

El muchacho suspiró una vez más. —Hola, Dawn.

—¿Qué clase de saludo es ese? —replicó la chica—. Hola, Paul.  

—¿Podemos quedarnos acá? Antes estábamos muy atrás—preguntó Bonnie al chico, este de alguna manera suavizó su mirada dirigiéndose a la niña.

—Claro, mi hermano me dejó aquí, pero aún no ha llegado.

Paul siendo bueno con los niños, eso Dawn no lo esperaba.

Aunque esto malograba un poco sus planes, al revisar la hora ya llevaba dos horas y si estaba un poco con Paul que al parecer tenía un poco más de paciencia con los niños esto podría funcionar muy bien.

Luego de unos diez minutos lograron subirse a la noria, Bonnie logró convencer a Paul de subirse con ellas, aunque al principio se negaba y solo les daba su lugar en la fila terminó accediendo, por lo que ahora estaban los tres en el punto más alto de la rueda de la fortuna viendo todo el parque y parte de la ciudad.

—¡Guaaaa! ¡Es genial! —exclamó la pequeña maravillada por la vista sosteniendo con fuerza su pez para no soltarlo.

—¿No tendrás problemas con tu hermano? —preguntó Dawn a Paul quien solo miraba como las personas caminaban abajo de ellos.

—Problema de él.

Dawn resistió lanzar un bufido, de verdad le sorprende como puede pasar de ser un apático a un ser de rostro blando. Aunque debe admitir en su interior que el chico se veía muy tierno sin tener todo el tiempo el entrecejo fruncido.

—¿Qué es eso de allá? —preguntó Bonnie apuntando a una casa de color negro en medio del parque, esta estaba decorada con algunas telas de araña en el techo y un par de calabazas en la entrada.

Oh no.

—Es la casa embrujada—respondió Paul.

—¿Podemos ir? —la pequeña Bonnie miró a Dawn con una sonrisa suplicante esperando que su respuesta fuese afirmativa.

La chica suspiró y a la vez maldijo en su interior nuevamente, no le gustaban las cosas de terror, en especial las casas embrujadas desde que su papá la dejó entrar sola cuando era niña dejándole un trauma de por vida, definitivamente no fue una buena experiencia.

—¿Tienes miedo? —cuestionó Paul con una sonrisa socarrona ante la mirada inquieta que tenía la chica. Se le hizo divertido como una de las chicas más ruidosa de su salón pudiera tener miedo a un juego de niños.

Ante la pregunta del chico el rostro de Dawn cambió frunciendo el ceño algo ofendida. —Por supuesto no tengo miedo.

Paul bufó sin creerle para luego volver su mirada a la casa embrujada.

—Por favor, Dawn, vamos un ratito—Bonnie había hecho un puchero y la chica no tuvo más remedio que aceptar, no quería perder la apuesta con una niña llorando. —¡Gracias, Dawn! Si tienes miedo puedes tomar la mano de Paul.

Si Paul y Dawn se hubieran visto habrían apreciado como cada uno dio un respingo.

Cuando la noria terminó de dar la última vuelta los tres se bajaron para dirigirse a la casa embrujada, Bonnie con entusiasmo, Dawn con algo de miedo y Paul siendo Paul.

Habiendo pagado la entrada y siendo guiados a la primera habitación vieron que no era la gran cosa, parecía como si hubiesen comprado la utilería más barata de Halloween y la hubiesen puesto de manera desordenada. Dawn suspiro de alivio. Hasta que de la nada un sujeto con telas de araña sobre el cuerpo y un par de arañas de plástico salió de una caja gritando al lado de la chica.

Dawn gritó retrocediendo chocando con algo y sujetándose como podía mientras no dejaba de ver al hombre con telas de araña hasta que este volvió a su posición original habiendo cumplido su cometido. Estuvo un par de segundo así hasta que escuchó alguien carraspear a su lado.

—¿Te molestaría devolverme mi brazo? —la chica se giró encontrando a Paul mirando al suelo y Bonnie riendo traviesamente, entonces notó que se había estado aferrando al brazo del chico por lo que lo soltó de inmediato.

—Perdón—se disculpó sonrojándose levemente.

—Como sea—Paul comenzó a caminar a la siguiente habitación siendo seguido por las dos chicas. Si hubiese visto el rostro de del chico, Dawn habría notado un pequeño sonrojo.

La siguiente habitación era más oscura, solo un pequeño foco en el techo que parpadeaba de vez en cuadno lograba iluminar brevemente el lugar. No se veía mucha decoración o una caja de donde alguien pudiese salir, pero aun así Dawn tenía los pelos de punta incluso sin que algo pasara.

—Bonnie, no te separes de mí, ¿de acuerdo? —dijo la chica, pero no recibió respuesta. —¿Bonnie?

Comenzó a sudar frío y el hecho de que de pronto se comenzó a escuchar un pequeño traqueteo por detrás no ayudaba a que comenzara a respirar cada vez más rápido. En ese momento Dawn solo quería mandar todo al diablo. No recibía respuesta de Bonnie y no alcanzaba a ver a Paul delante de ella. Sentía como en cualquier momento se iba a desmayar.

—Oye—algo la tomó de la mano y la hizo avanzar hacia delante mientras aun escuchaba el traqueteo que se hacía cada vez más rápido logrando que entrara aún más en pánico—, oye, tienes que respirar bien, ¿de acuerdo?

—¿Paul? —se sorprendió como su voz salió algo rasposa.

—Si no querías entrar solo no hubieras entrado—se escuchó como el chico suspiró y abrió otra puerta para pasar a otra habitación.

—¿Dónde está Bonnie? —preguntó sintiendo las piernas como lana.

—Aquí—la pequeña apareció a su lado—, estaba detrás de ti mirando a Goldi cuando comenzaste a respirar rápido.

Dawn suspiró aliviada, pero aun no sentía del todo tranquila. Estaban en una habitación de color escarlata con algunos detalles negros como si estuviese escurriendo sobre la pared y en las orillas había algunos armarios decorados con telas de araña.

—No puede ser—lamentó la chica encogiéndose de hombros.

—Ven—Paul comenzó a avanzar tirando de la chica, fue entonces que Dawn notó que aún seguía tomada de la mano con el chico. Se sintió algo avergonzada, pero no tenía intenciones de soltarlo de todos modos.

—No tengas miedo, Dawn—Bonnie le tomó la otra mano sonriéndole con ternura.

Siguieron caminado mientras que de los armarios salían personas disfrazadas gritando o diciendo cosas tenebrosas, Dawn estuvo todo el tiempo tomada de la mano con Paul y cuando algo le daba demasiado miedo la apretaba con fuerza. En algún momento esperaba que el chico la alejara, pero incluso cuando Dawn se abrazó nuevamente a su brazo no la alejó.

Paul no esperaba que la chica tuviera casi un ataque de pánico, en verdad se preocupó al verla al borde del llanto, no quería soltar su mano para asegurarse de que estuviera bien. Aunque no estaba acostumbrado al contacto físico de esa manera, no se le hizo incómodo y se atrevió a acariciar la mano de la chica con su pulgar para que así pudiera estar más tranquila.

A Bonnie se le hacía divertido ver a las personas con disfraces, las cosas de terror no le generaban mucho miedo, o por lo menos entiende que mientras este con más personas no le harán daño así que dándole la mano a Dawn trataba de transmitirle que todo estaría bien.

Cuando finalmente salieron de la atracción Dawn se sintió más relajada al sentir el aire fresco, no se había dado cuenta lo rígido que se había puesto su cuerpo y ahora le dolían los brazos.

—Creí que sería eterno—suspiró la chica apoyándose de Paul, este la miró examinando si todo se encontraba bien, pero al momento en que la Dawn lo miró de forma agradecida suspiró internamente.

—Fue divertido—comentó Bonnie aún sin soltar la mano de Dawn—, ¿Te encuentras bien? ¿Quieres un helado?

—No me vendría mal—sonrió apretando levemente la mano de la pequeña en forma de agradecimiento—, voy por ellos.

—Quédense aquí, yo iré por ellos—dijo Paul encaminándose al carrito de helados que había a un par de metros.

Dawn bufó por la actitud del chico, de verdad que le sorprende como puede pasar de un estado de animo a otro, pero es algo atractivo si uno lo piensa bien. El toque de su mano sobre la suya no había desaparecido aún y eso le agradaba.

Quizás hacer una estúpida apuesta no fue tan mala idea después de todo.

—¿De qué te ríes, Dawn? —preguntó con curiosidad Bonnie viendo como la chica mayor sonreía tontamente.

—De nada.

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