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Steve estaba molesto.
Lo que iba a pasar no le gustaba nada.
En lo absoluto.
Hablando con honestidad, Steve lo odiaba.
Odiaba lo que se debía hacer para salvar su imagen, algo que encontraba ridículo.
Detestaba el teatro armado por el departamento de relaciones publicas de los vengadores para tranquilizar a las masas intolerantes, a las cuales no entendía porque debía de agradar, a él no le agradaban.
Steve observó como Tony, sentado en una silla dentro de un camerino era maquillado, según escucho de la jovencita que realizaba la labor, con el propósito de evitar que el rostro de Tony brillará en televisión, encontraba eso absurdo, «¿qué importancia tiene si el rostro del hombre que amo brilla o no cuando va a estar diciendo mentiras por mi culpa?»
Mentiras con la intención de proteger la imagen de Steve, una imagen que una parte de él entendía porque era tan importante cuidar, Tony aseguraba que las apariencias lo eran todo en esta época, lo entendía, pero no significaba lo aprobara.
Ser el Capitán América conllevaba un peso más allá del que una vez podría haber imaginado, era un símbolo, querido y respetado, un ejemplo a seguir, según las palabras de Tony.
Se encontró con la mirada de Tony a través del espejo, Tony rápidamente apartó la mirada y continuó con la charla que mantenía con la chica que lo maquillaba, mostrando una actitud que dejaba ver todo estaba bien.
Steve no estaba bien. Y no entendía porque para Tony lo estaba.
Entendía que Tony lo hacía por él, que para Tony lo único en su mente era protegerlo, que creía estar haciéndolo.
Sabía que Tony se sentía culpable, lo había escuchado maldecir y reprocharse a si mismo por su descuido el día que las borrosas fotos habían circulado en revistas e Internet, había visto su expresión decaer cuando programas de televisión comenzaron a especular con sus nombres, había visto la culpa ser sepultada bajo capaz de indiferencia cuando Tony le aseguró arreglaría las cosas, que lo dejará en sus manos y no se preocupará.
Tony había prometido limpiar su nombre, como si hubiera algo malo que ocultar, como si fuera incorrecto salir a una cita con el hombre que amaba.
Cinco años de relación, lejos de ser una relación perfecta pero aún así era hermosa, real. Dos años como mejores amigos, dos años enamorándose del hombre perfectamente imperfecto que era Tony Stark. Y aún así, podía contar con una sola mano las veces que habían podido salir en público como pareja.
Giró sobre sus pies, alejándose, en su camino paso frente a otro camerino, uno donde un hombre rubio y alto también era preparado para salir en televisión.
Steve se apresuró alejarse sin saber adonde ir, sintiéndose cada vez más perdido, enojado…
Enojado por la situación, enojado porque ese hombre rubio tomaría su lugar a lado de Tony frente a las cámaras en una mentira que buscaría deshacerse de los rumores sobre ellos, enojado porque Tony hubiera aceptado tal artimaña y al creer estar haciendo lo correcto, no dudará en hacerlo.
Sustituyendo a Steve con un doble que debió firmar un contrato de confidencialidad en otra medida para no dañar su imagen.
Tras entrar al baño se dirigió directamente a los lavabos. Vio su rostro frente al espejo y encontró más tristeza que ira, apartó la mirada haciendo funcionar una de las llaves.
Si lo pensaba, en realidad había sido su culpa que les tomarán esas fotos, él era quien había insistido en salir y pasear, en tener una cita especial al aire libre, Tony había sido receloso, recordándole su estado como figuras públicas, lo tedioso que podría ser que se descubriera su relación, pero al final cediendo con la condición de usar gorras y gafas de sol, siguió la propuesta de Steve con cierto entusiasmo.
Eso y la mala calidad de las imágenes eran lo único que impidió Steve fuera realmente reconocido, eso consiguió que Tony y él departamento de relaciones públicas lograrán idear la farsa que muy pronto tendría lugar.
Si cerraba los ojos podía ver la sonrisa contenta de Tony unos días atrás, sentir la sensación de sus manos unidas en un firme y cálido agarre, caminando por central park fingiendo que todo estaba bien en el mundo, y lo estaba, cuando estaban juntos. Lo estaba.
Steve secó sus manos antes de proceder a doblar las mangas de su camisa, metió la mano en la bolsa de su pantalón, la punta de sus dedos tocando terciopelo. La puerta del baño se abrió, de reojo vio a su doble entrar, ojos verdes lo miraron con falsa disculpa.
Ese hombre no le agradaba. Sacó la mano de su bolsa.
Para él lo único que tenía en común con ese hombre era su altura y color de cabello, ese hombre era modelo de algún tipo, por una gran suma de dinero había aceptado actuar esa farsa. No juzgaba su trabajo solo… la idea de verlo con su novio era insoportable.
—Capitán —saludó, con lo que pretendía ser respeto—, lamento que deba pasar por esto.
Steve solo lo miró.
—Sé que usted es… el novio de Tony.
—¿Y?
—Ya sabe, dentro de poco estaremos fingiendo estar en una relación.
Steve se obligó a asentir.
—Yo espero entienda que tendré que actuar de cierta manera alrededor de Tony, se espera ese comportamiento.
Apretó sus dientes.
—¿Qué comportamiento?
—Bueno, se supone que estamos saliendo, ¿cierto? —Lo miró con deleite mal disimulado— Es normal que haya toques, abrazos, besos…
Steve apretó sus manos en puños, ese tipo claramente estaba disfrutando demasiado de la situación, saber que tenía razón era desesperante.
Solo pudo asentir en un movimiento brusco.
El rubio sonrió cordial.
—Tranquilo, capitán, cuidaré bien de Tony.
Al quedar solo, Steve respiró hondo, caminó intentando relajar la tensión en su cuerpo antes de salir del baño.
—¿Qué fue lo que te dijo?
—¿Nat?
La pelirroja sonrió de lado y dejo su lugar junto a la puerta para acercársele.
—Fury me envió para asegurarme de que todo salga bien.
—Ya veo, al parecer, para todos, todo saldrá perfectamente bien —masculló.
Natasha arqueó una ceja.
—Excepto para ti al parecer.
Steve no contestó, ella se cruzó de brazos y lo observó durante lo que pareció ser un minuto entero.
—¿En serio estas de acuerdo con esto?
—¿Importa?
—No seas estúpido, Steve.
Respiró hondo y se apoyo en la pared para pasar las manos por su rostro.
—Odio esto.
—Haz algo al respecto.
—No puedo, Tony lo hace por mi.
—Quizás… tú eres el que tiene que hacer algo por Tony.
—Ni siquiera me dejo dar mi opinión, Nat, no puedo reprocharle nada cuando sé que solo busca protegerme.
—¿Realmente crees que él está bien con esto?
—No, sé que se siente culpable, lo cual es absurdo.
—No creo que solo se sienta culpable, Steve.
La miró sin comprender, Natasha suspiró como si su estupidez la agotará.
—Entonces ¿que vas a hacer?
—Tony no dejará qué salga y diga algo…
Alzó una ceja.
—¿Qué tienes que pedirle permiso para todo?
La miró mal.
—No es tan sencillo. Lo sabes.
Natasha puso los ojos en blanco, después de varios segundos comenzó a alejarse.
—No confío en ese tipo, tú tampoco deberías hacerlo.
—No lo hago —susurró, a pesar de que ella ya no podía escucharlo.
Steve volvió al camerino de Tony, vio la puerta entre abierta, apunto de abrirla completamente vio hacía el interior, se quedo congelado ante la vista de Tony con el otro rubio.
Lo que hizo detenerse fue la expresión en el rostro de Tony.
La tristeza y amargura que dominaba sus rasgos, también parecía cansado, desolado y vulnerable, la vista de eso sacudió su corazón de forma dolorosa, al mismo tiempo, Tony miraba con extrañeza al rubio de ojos verdes, que rodeaba con unos de sus brazos su cintura y parecía estar susurrándole algo.
La otra mano del rubio se colocó sobre la barbilla, de Tony, el hombre entonces comenzó a acercar su rostro al de Tony.
Todo parecía estar ocurriendo en cámara lenta, Steve vio como la confusión y enojo se apoderaban del rostro de Tony, cuando los labios del otro parecían estar apunto de tocar los de Tony, Steve abrió la puerta y se acercó deteniendo el avance de ese hombre con un fuerte agarre en su hombro.
Jalándolo, lo alejó de Tony.
—Tus servicios ya no van a ser requeridos, puedes marcharte —masculló.
—¿Qué? —se quejó adolorido.
—Por favor. Largo. —Prácticamente gruñó, soltándolo.
—Ya lo oíste, te acompaño a la salida —dijo Natasha, con una sonrisa casi felina desde el marco de la puerta.
Tony suspiró, pasando una mano a través de su cabello.
—Steve…
—No.
Tony solo lo miró antes de asentir, sus ojos color chocolate llenos de derrota. Odió ver eso allí.
—Te amo, Tony. Pero simplemente no estoy de acuerdo con esto, ni siquiera preguntaste mi opinión sobre esta decisión, nadie lo hizo. Sé… —Suspiró— Sé que buscas protegerme, pero Tony… aunque amo eso de ti, no necesito que me protejas, necesito que estés conmigo, que te pares a mi lado… Quiero que estés conmigo cuando decida decirle al mundo cuanto te amo… ¿Estas de acuerdo con eso?
Tony apartó la mirada.
—… No.
Su respuesta fue como recibir una puñalada.
Al ver lo que le había hecho su respuesta, el castaño suspiró.
—No es tan fácil, Steve.
—¿Qué no es fácil, Tony? ¿Decirle al mundo que nos amamos? ¿Decir que eres gay?
—Eres tan…
—¿Tan qué? ¿Idiota?
—¡Crédulo! ¡Eres tan crédulo! No es solo salir tomados de la mano y vivir felices por siempre. No sabes lo que puede hacerte la opinión publica, no tienes idea de como te atacarán, ellos te despedazaran, ¿no lo entiendes? Y luego tú me…
Dio un paso más cerca de Tony, pero Tony se apartó.
—¿Piensas que soy tan vanal? Sé que no hay felices para siempre, Tony. Y también sé que ninguno de nosotros es un cobarde, ¿a quien carajo le importa lo que opinen los demás? Somos héroes, servimos a las personas, al mundo, pero eso no significa dejar de vivir y sacrificar nuestra felicidad.
Había visto las emociones en su mirada, la tristeza y vulnerabilidad, su miedo.
Volvió a acercarse y cuando Tony intentó alejarse esta vez no se lo permitió, sostuvo a Tony entre sus brazos para impedir continuará huyendo. Tony era uno de los hombres mas valientes que conocía, así que no entendía porque estaba tan en contra.
—Tony, ¿qué piensas que pasará si hacemos esto? ¿De qué tienes miedo?
Luego de una larga mirada, Tony apoyó su frente sobre su clavícula.
—De que te arrepientas algún día y te alejes de mi. De que me culpes y… Tú no eras gay antes de mi, Steve, estuviste enamorado de una mujer, quizás solo estas confundido y después tú…
—Oh Dios, no hagas eso. Tony yo te amo. Con mi vida. Jamás te culparía, jamás me arrepentiré de estar contigo. Tony… Eres la persona que más he amado en toda mi vida.
Apretó su agarre entorno a Tony, besando su sien.
—No tenemos que hacer nada sino quieres, que sigan especulando, eso no nos afecta. No dejemos que nos afecte.
Apoyó su barbilla en la parte superior de la cabeza de Tony, ojos cerrados, meditando. Respetaría cualquier cosa que Tony decidiera, la verdad era que mientras Tony estuviera a su lado, todo estaría bien, todo tenía el potencial para estarlo.
Después de varios minutos, Steve dejó ir a Tony, respiró hondo y con una renovada seguridad metió la mano en el bolsillo de su pantalón.
Sacó y presentó una pequeña caja de terciopelo negro.
Sentía un nudo en su garganta. Tony abrió los ojos en sorpresa, mirando de la caja a su rostro.
—Iba a pedírtelo durante nuestra cita, pero apareció ese reportero y después ocurrió todo esto y yo solo… Lamento no haberlo hecho antes. —Abrió la caja.
—Oh…
Tony parecía perdido, Steve se conmovió, dejó el anillo en una mesa junto a ellos antes de acunar entre sus manos el rostro de Tony. Sostuvo su mirada mientras acercaba sus labios, procedió a besarlo con todo el amor que sentía por él y era capaz de reunir.
—Por supuesto que si, Steve. Por supuesto que si —dijo Tony, un susurró estrangulado.
Tony entonces sonrió con ojos enrojecidos y Steve sabía era la primera vez que lo hacía en días, había echado tanto de menos su sonrisa.
—Entonces, quizás podamos no solo anunciar cuanto me amas, sino también nuestro compromiso —susurró Tony, diversión en su voz.
Rió contento, recuperó la cajita, revelando dos anillos de oro blanco.
Steve tomó el ligeramente más pequeño para colocarlo en el dedo anular de la mano izquierda de Tony, después depositó un pequeño beso sobre sus nudillos.
—Te amaré hasta que ya no pueda respirar o el mundo deje de girar —prometió.
