Chapter 1: El ultimo gran héroe Vikingo
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El ultimo gran héroe Vikingo
El corazón de Thor sangre ha llorado,
Miles de batallas son su pasado,
La gloria de su nombre se ha cantado,
Su regalo a los hombres se encuentra olvidado.
~o~
Escamas y fuego son su creación,
La batalla y la espada son su legado,
Ambas se enfrentan en campo de batalla,
Por un hombre y su sueño desolado.
~o~
Thor suplicó a Odín por consejo,
Ebrio de hidromiel dio la solución a su pena,
Los errores de uno se corrigen por otros,
El dios se ha consolado y lo celebra.
~o~
Héroe Vikingo que lucha en su nombre,
La paz añorada cae en sus manos,
Las creaciones de un dios volverán a ser amadas,
Cuando el último gran héroe redima a sus tierras.
~o~
Thor ha preparado su llegada,
La carne y la sangre se han seleccionado,
Odín mira a la tierra y levanta su tarro.
El Valhala ve su fracaso.
~o~
La perfecta casa y el mejor vientre,
La mescla de dos mundos,
De sueños está hecha su mente,
Thor seleccionó la mejor alma para el valiente.
~o~
No conforme, el dios le ha preparado otro regalo,
El propósito que brilla en la oscuridad,
Su fracaso sigue inminente,
Dios padre es el más sabio para la eternidad.
~o~
Con sus manos llenas de masilla,
Odín ha ayudado con un aliento de vida,
El ultimo regalo del Valhala,
Un guía lleno de sabiduría.
~o~
El temple del guerrero, la mente del soñador,
Las armas de la guerra, el propósito del explorador,
La sabiduría de los dioses será su principal fuerza,
¿El ultimo gran héroe vikingo lograr su meta?
~o~
Si el guerrero no obtiene la gloria,
Thor llorará su última lágrima de corazón,
Su gran regalo al hombre será revertido,
Y en el Valhala solo volaran en consolación.
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Chapter 2: Esto es Berk
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Esto es Berk
-o0o-
–… el oro y la plata siempre han sido unos de los principales factores que mueven el comercio vikingo –leyó en voz baja un pequeño muchacho escondido justo detrás de su cama. La noche estaba a punto de alejarse ante la inminente alborada, era única oportunidad del joven lector de asirse de su secretísimo tesoro –. Los antiguos conquistadores viajaron y se apoderaron de las tierras vecinas con el propósito de aumentar sus rutas comerciales al sur. Llegaron hasta las tierras bajas y apropiaron de las costas enemigas por la fuerza, esclavizando a los poblados más débiles. Muchos grandes guerreros murieron con honor en esas batallas y festejan en el Valhala por la expansión del territorio vikingo...
El muchacho que leía en secreto su preciado libro era Hiccup Haddock III, un jovencito escuálido y baja estatura para sus doce años. Su nombre que le quedaba como anillo al dedo (era costumbre llamar a los hijos con títulos horribles para ahuyentar a duendes y trolls) ya que Hiccup solía usarse solo para los más chicos y débiles. La mayoría de los jóvenes de su edad eran mucho más altos o anchos que él, pero Hiccup era la excepción para todas las reglas vikingas.
Efectivamente, Hiccup era un vikingo, un muy peculiar en realidad.
El muchacho era pésimo en todo lo que hacía un buen guerrero vikingo, era un muy mal atleta y tenía gustos peculiares que extrañaban a los demás habitantes de su aldea o se encontraban estrictamente prohibidas. Como su gusto por la lectura, por ejemplo.
–¡Hiccup! –dijo una voz detrás de él haciendo que el chico diera un respingo. Al volver su rostro sobre su hombro pudo distinguir la silueta de su hermana semi-oculta por las sombras de la habitación –. ¡¿Qué haces con eso?! ¡Si papá lo ve…!
–Ya sé –dijo el chico cerrando rápidamente el libro y ocultándolo bajo su cama –. “Los libros no traen nada bueno para los vikingos” –agregó repitiendo las palabras ya grabadas en su mente por tanta repetición –. “El único libro bueno para un vikingo es la guía de dragones…”
–Calla de una vez –lo interrumpió la niña llevándose un dedo a los labios –. Te puede oír.
–No está en casa –dijo tranquilamente Hiccup posando su mano en el hombro de su hermana –. Fue a hacer sus rondas matutinas por la aldea ¿Por qué crees que estaba leyendo tan tranquilamente?
–¿Ronda matutina?... Ni siquiera ha salido el sol.
–Ya conoces al hombre –comentó Hiccup encogiendo los hombros –, siempre trabajando…
Su hermana asintió con la cabeza y ambos se unieron en un complejo sentimiento de soledad.
Hicccup y su hermana Honey compartían muchas cosas: su aspecto (ambos eran delgados y pequeños, de tez clara y llena de pecas, con una cabellera castaña lustrosa y unos brillantes ojos verdes), su condición de marginados, la inteligencia, sus manera de pensar e inclusive la habitación. Era algo completamente normal en los hermanos gemelos. Curiosamente lo único que no compartían los dos chicos era el cumpleaños, ya que por diferencia de minutos al nacer, cada uno llegó al mundo en un día diferente al otro.
–Será mejor que vayamos a dormir –comentó Honey trepando sobre su cama contigua a la de Hiccup –, tal vez podamos descansar un par de horas más antes de que salga el sol.
–Al menos que algo malo pase –soltó Hiccup convocando la ira de los dioses.
Una vez que el muchacho terminó su oración, pudieron escuchar claramente una fuerte explosión proveniente del exterior de la casa, acompañada del brillo derivado del fuego que contemplaron a través de la ventana, y los gritos de los demás habitantes de la aldea que decían en una sola voz:
–¡ATAQUE! ¡ATQUE DE DRAGONES!
Y las voces no mentían, una manada voladora de feroces dragones escupe fuego azotaban la aldea con sus llamaradas y explosiones. En cualquier otro lugar, un ataque de dragones sería una pesadilla hecha realidad, pero no para esa aldea. Eso era Berk un pequeño poblado lleno de pequeñas casas nuevas en una isla perdida en un archipiélago olvidado. Y los habitantes de Berk estaban acostumbrados a despertar bajo el cuerno de batalla para enfrentar a los terribles reptiles voladores. Eran vikingos, y por generación había librado la misma batalla a causa de su necedad.
Los vikingos eran conocidos por sus problemas de temperamento y testarudez.
Fue por eso, que cuando Hiccup y Honey escucharon los gritos, la destrucción y el cuerno de alarma, no se asustaron en lo más mínimo; lo contrario a eso, ambos saltaron de alegría de sus camas para cambiarse de ropas y salir alegremente de su casa al bullicio y destrucción que ocurría en el exterior.
Aún no salía el sol y las explosiones están al orden del día. Varías casas ya se encontraban en llamas, las altas antorchas que iluminaban el cielo nocturno revelaban a los causantes volando apretujadamente como un enjambre de abejas sobre la aldea, y los vikingos que vivían en ella, corrían de un lado a otro, luchando, gritando y deseándose buenos días, como si no hubiera nada extraordinario en ello.
Lo único fuera de lo ordinario para ellos, eran los dos hermanos escuálidos que corrían entre las casas y multitudes. Hiccup y Honey no solo era marginados para los miembros de su aldea, eran también causantes de tragedias. Existía la antigua creencia de que si una familia era bendecida con gemelos, era un buen augurio de los dioses, y que los niños habían sido dotados con preciados dones. En el caso de los hermanos Haddocks, los miembros de la aldea creían que solo habían sido dotados con la mala suerte para todo aquel que estuviera cerca de ellos, y en lugar de ser una bendición, eran una maldición del mismo Loki para su clan.
Así que, mientras los dos chicos corrían para alcanzar su destino al otro extremo de la aldea, los demás habitantes de Berk los miraban con malos ojos, los maldecían y les ordenaban regresar de donde vinieron. Hiccup y Honey estaban tan acostumbrados a ello, que les resultaba sencillo ignorar sus palabras y seguir con su camino. Tal vez la testarudez era lo único vikingo que había en sus pequeños cuerpos.
Ambos hermanos continuaron con su camino entre el fuego y la destrucción, hasta que unas poderosas manos los sujetaron a ambos del cuello de sus túnicas y los alzaron en el aire en el momento justo, antes de que terminaran calcinados por el fuego de un furioso dragón.
–¡¿Qué hacen ellos aquí?! –gritó el hombre que lo sujetaba como si fueran un par de muñecos de trapos –. ¡¿Qué hacen ustedes aquí?! –les gruñó directo a ambos chicos, que no tuvieron palabras para contestarle antes que el hombre los arrojara a un lado con un fuerte –: ¡Regresen adentro y manténganse fuera de peligro!
Esa gigantesca mole de músculos y vello facial, era Stoick the Vast, el líder de la tribu de los peludos Hooligans y jefe de Berk, escuchen su nombre y tiemblen, urg, urg, urg. Desde su juventud, Stoick había sido la epitome del perfecto vikingo, como su padre antes de él y el padre de éste. Era un fiero guerreo, diestro con el hacha y con la fuerza de diez yaks. Había heroicos relatos de su valor y poder, se decía que incluso de infante llegó arrancarle la cabeza a un dragón con su propias manos.
Tal poderío y temple eran necesarios para proteger y manejar una aldea como Berk, que era azotada constantemente por los ataques de dragones, debido a su proximidad a la isla de estos. Un lugar peligroso y misterioso, protegido por una poderosa neblina de cual los barcos no regresaban completos. Por generaciones, lo vikingos de Berk buscaron el nido de la isla de dragones para terminar de una vez la terrible amenaza que azotaba al archipiélago, pero nunca nadie lo había logrado y mucho habían perdido sus vidas en el intento.
Regresando a los pequeños hermanos, finalmente Hiccup y Honey pudieron llegar su destino, la herrería de Gobber, al otro lado de la aldea. Gobber the Belch era un herrero principal de la aldea y en sus años de gloria uno de los más poderosos guerreros vikingos de Berk y despiadado mata-dragones, pero el tiempo y la pérdida de varios de sus miembros llevaron al veterano a dedicarse al metal y a las armas. Aún así, las habilidades de Gobber como guerrero no se habían perdido como sus miembros, era completamente capaz de enfrentar gronckle solo con su gancho, mientras con la mano que le quedaba podía hacer malabares con manzanas. Esa era la principal razón por la que Gobber era el responsable del entrenamiento de los futuros guerreros Hooligans, también el mentor personal del joven Hiccup.
Desde que Hiccup era pequeño, más pequeño aún, Gobber tomó parte en la crianza del muchacho como su entrenamiento en el fino pero pesado arte de la forja del metal. Ya que todos sabían que el pequeño Hiccup nunca sería como los demás chicos de su aldea. Pero eso no desilusionaba al muchacho de intentarlo. No había nada más que deseara el joven y escuálido gemelo que ser como los demás en Berk, el encajar y ser un orgullo para su padre.
Tal vez era una de las pocas cosas, en la que era diferente a su hermana Honey, ya que desde muy pequeña la joven aceptó el rechazo y lo hizo parte de ella. Honey solía distanciarse de la gente o alejarla mucho antes de que la conocieran, prefería su soledad y espacio, y solo compartía su vida con su gemelo. Esa era la principal razón por la cual los dos hermanos eran tan unidos, solo se tenían el uno al otro en ese cruel mundo incivilizado.
Pero esa mañana, Hiccup esperaba que todo cambiara para él, ya que había estado trabajando en su más reciente invento. La mente del muchacho era muy creativa e imparable, constantemente estaba construyendo o ingeniándosela con extraño aparatos para mejorar la vida de los demás o lograr lo que él no podía por sí solo, matar a un dragón. Por desgracia para él, la mayoría de sus invenciones terminaban en tragedias, en terribles accidentes o repudiadas por los demás, como cuando inventó una navaja especial y portátil para llevar en los bolcillos que terminó por desgarrar los pantalones de su padre en su primera prueba.
Pero para esa ocasión, Hiccup había diseñado una especie de catapulta para bolas que fácilmente podría derribar a un dragón a cinco kilómetros de distancia o noquear a un pobre vikingo que se atravesara en la trayectoria del disparo, lo que sucediera primero. Pero si quería probarla en acción, lo que él chico tenía que hacer primero era sobrepasar la supervisión de Gobber.
–Ya era que aparecieras, hay mucho trabajo que hacer –dijo el hombre ancho como jabalí e igual de apestoso que uno. Y tan pronto el chico se puso su mandil de trabajo, comenzaron a llegar los guerreros con sus armas destrozadas por el fuego de los dragones y era deber de Gobber y su joven aprendiz repararlas lo más pronto posible.
Hiccup tomó un montón de espadas desechas en sus brazo, y con todas sus fuerzas las arrojó directo al fuego. En su mente, maldijo su mala suerte. Era una estupenda oportunidad para probar su invención, pero a ese paso, el ataque terminaría mucho antes de que pudiera abandonar la forja.
Mientras él estaba ocupado tratando de atizar el fuego del fogón, Honey miraba por una de las ventanas de la forja a los guerreros que llegaban a esta y la destrucción ocurría en el exterior. Honey pasaba mucho tiempo con su hermano (en realidad rara vez se separaban) y aunque solía ayudarle con sus invenciones, Honey nunca recibió el mismo entrenamiento que él. La joven arisca era buena para los deberes del hogar, pero se reusaba a pasar tiempo con las principales matronas de la aldea para aprender más de cocina o bordado. La única persona que podía soportar a la chica, y viceversa, era Gothi, la mujer más anciana de Berk, curandera y última consejera (los demás ya habían muerto de ancianidad). Gothi entrenaba a Honey en el arte de la curación y herbolaria, y aunque el padre de la chica veía la educación de la joven como una simple distracción, Honey realmente sentía una fascinación por las heridas extremas.
–¡Huy! –soltó la muchacha encantada señalando el brazo de uno de los combatientes heridos –. ¡Quemadura de segundo grado! Esas son muy dolorosas.
–¡Honey, por el amor de Thor, quítate de ahí! –le gritó Gobber mientras golpeaba con fuerza el martillo sobre el hierro –. ¡Deja de disfrutar con el dolor de los demás!
Pero la jovencita ignoró las órdenes de Gobber y en cambió comenzó a llamar a su hermano a gritos, en lo que brincaba fascinada en su puesto:
–¡Mira, Hiccup! ¡La casa de los Duhbrian se quema! ¡Y ahí va la patrulla contra incendio!
Al escuchar sus palabras, inmediatamente Hiccup dejo su trabajo (para el disgusto de Gobber) y corrió junto a la ventana en lo que cinco jóvenes corrían a la casa en llamas con baldes llenos de agua.
Era el resto de la generación de adolecentes a la que pertenecía Hiccup y Honey. Estas solían formase de muchachos que no tuvieran más de cinco años de diferencia y según las diferentes etapas de su crecimiento en que se encontraban, dictaminaba el entrenamiento que recibirían y el trabajo que desempeñarían en la isla. Una aldea vikinga nunca descansaba y siempre había algo que hacer.
–Su trabajo es mucho más genial que el nuestro –se quejó Hiccup admirando a los cinco jóvenes arrojando el agua contra la casa en llamas, a pesar de las explosiones a sus alrededores.
Por orden de edades, estaba Snotlout Jorgenson un chico de hombros anchos y mandíbula cuadrada, primo de Hiccup y Honey de lado paterno, aunque Snotlout negaba todo parentesco cada vez que podía. Eso, por supuesto, no evitó que convirtiera a los dos hermanos en sus sacos de golpeo favorito cuando eran apenas unos infantes.
A continuación, los otros dos gemelos de la aldea, Tuffnut y Ruffnut Thorston, quienes eran conocidos por sus contantes travesuras y por causar casi tanta destrucción que los dragones. Se preguntaran ahora, ¿por qué esos dos hermanos eran más respetados que los Haddocks? A pesar del nivel de destrucción que ocasionaban, el dolor de cabezas de sus acciones y las diferencias de los estratos sociales de sus clanes familiares, los gemelos Thorston encajaban mejor en la definición del guerrero vikingo a pesar de todo lo ya mencionado, y eso era suficiente para que los Hooligan prefirieran a los Thorston sobre los Haddocks.
Luego les seguía Astrid Hofferson, la niña vikinga más ruda y hermosa de toda la isla de Berk. La joven rubia era una fiera guerrera para su escasa edad, entrenaba arduamente en el combate y ansiosa de probar su valor, así como el de su clan. Astrid era la perfección del guerrero vikingo, era fuerte, ágil y astuta; la única queja que llegaba haber sobre ella, era su género.
Aunque Hiccup no tenía nada que decir en su contra. En realidad, desde muy chicos Hiccup sentía algo por Astrid, que al ir creciendo y con el paso de la pubertad, su atención hacia ella se volvió… más específica.
–¿Ya estas babeando, bro? –le dijo Honey con disgusto cerrándole la boca a su hermano con un leve golpe en el mentón.
Hiccup le lanzó a su hermana una mirada fulmínate mientras el grupo de chicos pasaban frente a la forja para rellenar sus baldes. La opinión que tenían Hiccup y Honey sobre Astrid, era otro detalle en el que no concordaban.
Y por último, el más chico de grupo, incluso unos meses menor que Hiccup y Honey, era Fishlegs Ingerman. El joven regordete rubio que parecía un pez fuera del agua a comparación de los demás, pero Fishlegs, se había ganado su lugar en el grupo soportando ser la burla de los demás jóvenes.
Al haber superado los diez años de edad, era normal asignarle a los jóvenes la tarea de soporte y extinción de incendio durante los ataque. Algo en lo que nunca habían participado Hiccup y Honey.
Y los gemelos Haddock no terminaron de ver como el grupo contra incendios cumplir su labor, ya que Gobber los sujetó a ambos por el cuello de sus túnicas con gran destreza de su gancho que le servía de mano y los apartó fácilmente de la ventana, alzándolos como un par de muñecas de tela.
–No otra vez –se quejo Honey para sí.
–Por favor, Gobber –le suplicó Hiccup mientras el vikingo los dejaba del otro extremo de la herrería –. Solo esta vez. Te prometo que todo saldrá bien, solo dame oportunidad de salir y dejar mí marca…
–Dejaras marca –se burló Gobber sin tomarse enserio las palabras del chico –, todas en los lugares equivocados…
–… incluso hasta podría conseguir una cita –continuó el muchacho como sí no lo hubieran interrumpido.
–¡Ja! ¡Ni siquiera yo me creo esa! –soltó Honey con una carcajada de incredulidad.
–No estás ayudando –le gruñó Hiccup apretando los puños y dándole a su hermana un leve empujón con el hombro –. Por favor, solo será un momento –continuó sus ruegos ignorando otra vez las interrupciones –, esto podría cambiar mi vida para siempre.
–No puedes alzar un martillo, no luchas con espada, no sabes usar un hacha –enumeró Gobber –, ni siquiera sabes usar una de estas – indicando un par de bolas que un guerrero se apresuró a tomar para lanzarlas contra el dragón más cercano.
–Es ahí donde te equivocas –le aclaró Hiccup indicando su invento –, tal vez no pueda lanzarlas por mi cuenta, pero mi aparato podrá hacerlo por mí.
–Hiccup tiene la razón Gobber, esta vez será diferente ya que yo le ayude con las calibraciones –agregó Honey posando orgullosamente junto al aparato.
–¿Saben cuál es el verdadero problema de ustedes dos? –les preguntó el vikingo llamando la atención de los chicos sacudiendo su mano y gancho.
–¿Centímetros de estatura?
–¿Falta de confianza?
–¿Una extraña sensación de vacío?
Los chicos asintieron aprobatoriamente el uno al otro con el último comentario.
–No –los cortó de inmediato Gobber –. De lo que estoy hablando, si quieren salir y ser parte del resto de la aldea, tienen que dejar de ser…. ¡Esto! –agregó de último indicando a ambos chicos.
–Pero nos has indicado a nosotros completos –comentó Hiccup sin entender.
–Exacto, tienen que dejar de ser ustedes completos.
Ambos hermanos miraron a Gobber con aturdimiento en lo que sus cerebros trataban de procesar lo que el antiguo guerrero quería decirles. Los vikingos eran también conocidos por su falta de tacto y sinceridad, y Gobber era un buen ejemplo de ello, pero los años de lidiar con el par de hermano, había generado un poco de tacto y conciencia del daño que el uso de las palabras inadecuadas podían ocasionar.
–Tienen que… ser menos ustedes –agregó Gobber tratando de encontrar las frases exactas para explicar su punto.
Hiccup siguió mirando confundido a su peludo instructor, en cambio Honey dio un brinco en desagrado.
–¿Qué? ¿Así quien quiere ser parte de esta estúpida aldea? –soltó la joven ofendida encogiendo los hombros y cruzando los brazos.
–Cuidado con ese vocabulario jovencita, si tu padre te escuchara… –pero Gobber no terminó su amenaza ante la interrupción de Hiccup.
–Oh… creo que ya entiendo lo que quieres decir –dijo el muchacho más seguro de sí mismo, creyendo captar la sicología inversa inexistente de Gobber.
–Oh… yo creo que no.
–Yo tampoco –comentó Honey.
–Pero es muy peligroso lo que estas pidiendo… ya que si detienes a toda esta… furia vikinga… ¡Habrá terribles consecuencias!
–Correré el riesgo –musitó Gobber sin impresionarse. Y sin advertencia, soltó una pesada espada en los brazos de Hiccup –. Ahora, sácale filo, y tú –se volvió hacia Honey pasándole una pesada hacha, que la chica no pudo sostener en su manos y cayó pesadamente al piso peligrosamente cerca de sus pies – se de utilidad y ayúdale. Menos palabas y más trabajo.
Ignorando las quejas y reproches de los hermanos, Gobber continuó recibiendo las armas desecha de los guerreros, dejando a Hiccup y a su hermana ninguna otra opción que seguir trabajando.
El muchacho dejo caer la pesada espada sobre la piedra de afilar, mientras Honey le ayudaba dando vueltas a la manivela que la mantenía girando.
–La próxima vez… –soltó la chica con la respiración entrecortada debido al esfuerzo de mantener la piedra de filo girando – que quieras probar tu… furia vikinga… asegúrate que yo este lo más lejos posible… para evitarme la molestia… de hacer tu trabajo…
Hiccup estaba por contéstale a su hermana, cuando un potente chillido llamó su atención. Y no solo a él, a toda la isla de Berk. Era un sonido tan peculiar y fácilmente reconocible, como aterrador, que solía hacer que lo vellos de la nuca se erizaran de solo oírlo.
Un Night Fury se unía a la batalla.
Chapter 3: El night fury
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El night fury
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El llamado de la bestia se escuchó con fuerza en cada rincón de la aldea, causando temor en sus habitantes. ¿Qué clase de dragón podría producir tal efecto en un grupo de seres humanos incivilizados que llevaban generaciones luchando con enormes lagartijas escupe fuego hasta el punto de volverse rutinario?
Eso era el night fury. Un dragón desconocido y muy poco comprendido, rara vez visto con claridad, siempre oculto en las sombras. Caracterizado por su gran velocidad, su increíble puntería y su sorprendente inteligencia. Era una bestia de la oscuridad que solía llenar los sueños de los niños con pesadillas.
Es parte de ser humano que lo desconocido sea lo que más nos aterrorice.
Las cualidades de ese dragón también lo habían convertido en el máximo premio vikingo. Honor y gloria esperarían al valiente y loco que se atreviera a matar uno; canciones se cantarían en su honor, y si aún se escribieran libros, muchos serían sobre tal héroe. Por generaciones muy pocos dementes lo intentaron, y ninguno lo había logrado.
La bestia de la noche sigue invicta y en esa en particular, buscaba una nueva victoria.
–¡Night fury!
–¡Night fury!
–¡NIGHT FURY! –se escuchaban los gritos de advertencia.
Los vikingos de Berk estaban acostumbrados a tal llamado y automáticamente, se arrojaban al suelo cubriéndose las cabezas, ya que siempre a los gritos era seguida una terrible explosión.
El dragón oculto en las sombras, con una puntería casi demoniaca, destruyó de dos tiros la principal catapulta de la aldea. Los guerreros que la protegían y guiaban contra sus enemigos, alcanzaron a escapar del fuego y la destrucción antes de que fuera demasiado tarde, entre ellos el mismo jefe Stoick.
La batalla se estaba intensificando, más y más dragones llegaban a cada minuto, y los vikingos de Berk comenzaban a verse superados cuando las terribles bestias escupe fuego hacían cenizas sus principales armas. Los dragones descubrieron las vitales reservas del poblado y en cuestión de segundo, arrasaron hasta con el último pescado. Pero no iban a terminar ahí, las ovejas eran las siguientes en su lista.
Los guerreros necesitaban toda la ayuda que pudieran conseguir para detener a las bestias, inclusive si esta venía de personas sin manos.
–La situación se está empeorando –soltó Gobber mirando a través de la puerta de la herrería el fuego que se esparcía por Berk –. ¡Malditas bestias del Helheim! –maldijo el hombre alzando su único puño al cielo, mientras que cambiaba su mazo por una filosa hacha –. Me necesitan ahí afuera.
El feroz guerrero estaba por lanzarse a la batalla cuando recordó que tenía a dos pequeños adolecentes problemáticos a su cuidado. Gobber se volvió para encontrarse al par de hermanos mirándolo con sus grandes ojos verdes, expectante por su próximo movimiento.
–Oh, no –se apresuró a decir el hombre señalándolos con su único dedo índice –. Ya sé que están pensando –agregó identificando un brillo en sus miradas –, así que quítense cualquier idea descabellada que tengan dentro de sus peludas cabezas.
–No sabemos de qué estás hablando, Gobber –se apresuró a decir Hiccup con una leve sonrisa y fingiendo completa inocencia.
–Saben bien de que estoy hablando –continuó el guerrero dando leves pasos hacia atrás en dirección a la salida –. Quédense adentro. Ahí. Quietos, como buenos chicos.
Y con un fuerte grito de batalla, corrió sobre su pata de palo a la guerra.
–¡No tienes de nada de qué preocuparte Gobber! –gritó Hiccup sacudiendo en alto su mano –. ¡Honey y yo cuidaremos de la forja!
Rápidamente la robusta silueta del guerrero desapareció entre la multitud, dragones, el caos y la destrucción.
–Vamos a salir con el aparato para cazar un dragón ¿verdad? –le preguntó Honey a Hiccup sacudiendo levemente su mano aún en despedida de Gobber, a pesar de que el hombre ya no los observaba.
–Oh, definitivamente –contestó el chico sacudiendo un par de veces más su brazo, antes de darse media vuelta y correr a su invento.
En cuestión de segundos, ambos chicos abandonaron la forja, empujando delante de ellos la pesada arma que entre los dos había inventado. Los guerreros que llegaban a la herrería en busca de reparaciones o más armas, trataron de detenerlos pero el par de hermanos eran tan pequeños y delgados que fácilmente se escabulleron entre la multitud con su preciado aparato. Solo se volvieron sobre sus hombros para soltar vagas promesas de que volverían pronto.
Hiccup y Honey llevaron su creación por todo lo escondrijos de Berk para evitar que fuera destruida por algún dragón o que ellos fueran detenidos por alguno de los habitantes, y aunque resultó un camino mucho más largo, llegaron sin problemas a unos de los principales miradores de poblado, donde fácilmente podían apreciar el cielo nocturno sin la distracción del fuego y el caos.
–De acuerdo –soltó Honey una vez que llegaron al punto más alto en la colina. A sus pies fácilmente podía ver toda la aldea de Berk que se encontraba en batalla–. ¿Cuál será el objetivo?
–Ese –respondió Hiccup señalando con una mano la oscuridad del cielo, mientras que con la otra comenzaba el complejo proceso de armar su aparato.
Un chillido característico se pudo escuchar lejano a los gritos de la aldea, denotándola presencia de su invisible creador.
–¡¿El night fury?! –gimió Honey indicando también sobre su cabeza, mirando con sorpresa a su descabellado hermano –. ¡¿Te has vuelto demente?!
Hiccup inmediatamente detuvo todo lo que estaba haciendo y sujetó a su hermana por los brazos.
–Honey, sé que es completa locura – dijo denotando su desesperación y ansias en su voz –, pero es la mejor opción…
–¡Sí! ¡¿Pero?...!
–Si derribamos un night fury todo finalmente cambiaría. No más vergüenzas, no más ser los marginados, finalmente tendríamos el respeto de los demás. Deseo intentarlo… quiero de verdad intentarlo, ya que tal vez no tengamos otra oportunidad como esta.
Honey pudo presenciar la desesperación en los ojos de su hermano. Ella entendía a la perfección como se sentía en ese momento. La constante marginación le había dejado muy claro ambos hermanos cuales era el más profundo deseo del corazón de Hiccup. Aunque ella no añoraba la aceptación como él, no había nada en el mundo que no hiciera por su hermano.
–Si no estás segura de esto, puedes regresar –sugirió el muchacho interpretando el silencio de su hermana –. Puedes evitar todos los problemas si acaso esto resulta terriblemente mal.
Pero Honey no dio un paso atrás, en lugar de eso, una sonrisa se dibujó en sus labios.
–¿Y perderme del espectáculo? Por supuesto que no. Yo ayude a crear esta cosa y voy a quedarme a verla funcionar, incluso si todo sale mal.
A pesar de que había una pisca de presunción en su palabras, la comprensión entre ambos era reciproca, e Hiccup, que conocía muy bien cómo funcionaba la mente de su hermana, sabía esa era su forma de demostrar su apoyo incondicional.
Hiccup no pudo evitar alzar sus brazos alrededor de los hombros de Honey y abrazarla con fuerza.
–Gracias, sis –le dijo al oído antes de separase de ella. Sin perder más tiempo, continuó el delicado proceso de armar su invento, con ayuda de Honey –. Y además… no hay porque pensar que esto va a terminar en desastre… otra vez.
–Puede que sí, puede que no –comentó la chica acomodando la mira –. Pero si todo explota en tu cara, quiero estar en primera fila para verlo.
–Tú apoyo es reconfortante –soltó el chico con sarcasmo colocándose en posición.
–Para eso existo –dijo Honey parándose detrás de él.
La colina que había elegido para llevar a cabo el disparo, se encontraba increíblemente tranquila a pesar de la terrible batalla que ocurría a sus pies. El mirador estaba en completa oscuridad y solo la luces lejanas de las casa en llamas era lo único que les proporcionaba un poco de luz.
Por un par de minutos, Hiccup luchó contra el cielo nocturno tratando de encontrar al monstruo volador que se ocultaba en este.
–Vamos… sal de una vez –murmuraba para sí –. Dame algo a que apuntar.
Una vocecita pesimista en su cabeza comenzó a preocuparlo con la terrible posibilidad que el dragón se había marchado y que había perdido su única oportunidad.
–No pude ser… dame algo para apuntar… por favor…
Su concentración era tal, que el muchacho aguzó sus sentidos solo para detectar al night fury, que dejo de sentir el mismo ambiente a su alrededor: la ligera brisa que traía el aroma a humo y madera desde la aldea, el frio matutino que le erizaba los vellos de los brazos y los gritos de batalla que se escuchaban a la lejanía. Fue por ello, que Hiccup no se percató que al igual que el night fury, el también era casado.
Una ligera silueta comenzó a distinguirse entre las sombras a los alrededores de la colina y sus pasos hacían vibrar el suelo. A diferencia de Hiccup, Honey percibió la presencia de su acechador cerca y comenzando a preocuparse, apretó su cuerpo contra la espalda de su hermano.
–Hiccup –murmuró Honey con miedo apretujando con sus manos el saco de piel de oso que usaba el muchacho –. Algo no está bien.
–Un poco más, Honey.
–Creo que se está acercando.
Hiccup logró percibir el chillido del night fury.
–Está cerca –dijo el muchacho para sí sin apartar la vista del cielo nocturno.
–Tal vez demasiado –soltó Honey preocupada mirando ambos lados del mirador, mientras escuchaba con claridad las rocas del acantilado caer ante la presencia de una criatura reptante.
–Ya casi… –musitó el chico en lo que el chillido cobraba fuerza.
–Hiccup…
Y como un relámpago en el cielo, la silueta oscura del dragó cruzó entre las sombras denotando su posición.
–¡AHORA! –gritó Hiccup jalando el gatillo y el arma disparó un par de bolas al cielo con tal potencia que el retroceso lanzó a ambos hermanos al suelo.
Sobre ellos, la bestia herida, soltó un chillido inconfundible de dolor en lo que su silueta se perdía en el bosque cercano a la aldea.
–¿Le di? –dijo el chico para sí sin poder creerlo –. ¡Sí! ¡Le di! ¡Honey le di! –agregó poniéndose de pie y brincando de alegría.
Pero su hermana no estaba tan contenta como él. La chica seguí en el suelo con los ojos desorbitados señalando enmudecida algo detrás de Hiccup.
–¿Qué? ¿Qué es? –soltó el muchacho perdiendo el entusiasmo ante el terrible semblante en el rostro de Honey. Se volvió sobre sí mismo para toparse cara a cara con la razón de tal pánico.
Y era una buena. Emergiendo de la orilla del acantilado, el largo cuello serpentino de un Monstruos nightmare se extendió sobre los chico, revelando la horripilante cabeza del dragón rojo. Los monstruos nightmare eran terribles bestias que tenían el horrible hábito de cubrir su cuerpo en llamas. Eras criaturas enormes con cuerpos más largos que barcos y colmillos tan filosos que fácilmente podían arrancarle el brazo a un hombre. Pero lo más peligroso de ellos, era su fuego, que escupían junto con su saliva en una especie de gel que ardía terriblemente. Solo los vikingos más experimentados podían enfrentar a un dragón como ese, pero definitivamente, no dos chicos que apenas podían alzar un balde de agua sobre sus cabezas.
Los terribles ojos amarillentos del dragón se clavaron en el escuálido cuerpo de Hiccup, mientras pasaba su lengua por sus colmillos revelando sus intenciones.
–Me cago en Thor –soltó el chico resignado dejando caer sus brazos a los costados.
Cualquiera habría asegurado que ese era fin del muchacho, pero los monstruos nightmare tenían la costumbre de retroceder su cabeza hacia atrás antes de lanzar su mordida. Hiccup descifró ese movimiento a tiempo, y ese lapso de segundos en los que el dragón retrocedió su cabeza, le dieron la oportunidad de esquivar las poderosas mandíbulas de la bestia.
Para cuando el chico salió corriendo en dirección contraria al monstruos nightmare, Honey ya se había puesto de pie y adelantado un par de metros.
Ambos chicos corrieron colina abajo perdiendo completamente el orgullo gritando como endemoniados. El dragón lo perseguía de cerca a pesar que las alas de los nightmare no estaban hechas para correr.
Al llegar a los primeros edificios de la aldea, Hiccup y Honey trataron de perder al dragón corriendo en diferentes direcciones, pero la bestia tenía excelente olfato de cazador y por desgracias, las aldeas vikingas estaban diseñadas para que todos sus caminos condujeran al centro del poblado.
El nightmare estaba justo detrás de ellos cuando alcanzaron las antorchas que se alzaban desde el centro de Berk. Honey que iba delante de la persecución, tropezó con un escombro en el suelo que hizo que cayera al suelo. Hiccup, quien iba detrás de ella, se detuvo para ayudarla a ponerse de nuevo en pie, pero con el dragón pisándole los talones, los dos hermanos no podían correr más lejos; por lo cual Hiccup arrastró a Honey tomándola de la mano, hasta uno de los mástiles de las antorcha ocultándose ambos detrás de ésta.
El dragón los tenía acorralados y lo sabía. Escupiendo una poderosa llamarada, incineró gran aparte del mástil donde se ocultaban los chicos. Estos se abrazaron con fuerza capaces de sentir el potente calor de las llamas del otro lado de la madera.
Después de un par de segundos, todo se detuvo, el fuego, los rugidos y el calor. ¿Acaso se había marchado el dragón?
Con cuidado y temblando de miedo, ambos hermanos (aún fuertemente abrazados el uno al otro) miraron por uno de los extremos del mástil de la antorcha para asegurarse que la bestia había desistido de su deseo de matarlos. Lo que ellos no sabían, era que el demonio con escamas se aproximaba a ellos por el otro extremo, listo para hincarles el diente en sus espaldas.
A unos centímetros de lograr su objetivo, una gigantesca mole de musculo y cabello se lanzó contra la bestia. Hiccup y Honey se volvieron sorprendidos en el momento justo en el que el jefe Stoick se levantaba de una pirueta en el suelo y enfrentaba al dragón a mano limpia.
La bestia no perdió tiempo y arremetió con una mordida directa al vientre del hombre; pero a diferencia de Hiccup este no la evitó, por lo contrario, sujetó ambas partes del hocico del dragón con sus manos y las detuvo en su posición con toda la fuerza de sus músculos. Se encontraba en un lugar peligroso, no solo por los colmillos de las fauces de la bestia a ambos lados de su cuerpo, sino porque se estaba justo enfrente de la garganta lanzallamas del dragón.
Los años de experiencia de Stoick en batalla contra dragones, le dio la seguridad de tal arriesgado movimiento. Ya que antes de que el dragón tuviera las intenciones de escupir su fuego sobre el hombre, el jefe dio una certera y poderosa patada dentro de la garganta de la bestia. Como todo animal, el golpe en una área tan sensible le provocó arcadas y el impuso de vomitar. Stoick no iba permitir que pasara eso sobre su capa nueva de piel de oso, así que rápidamente cerró el hocico de la bestia dejando el reflujo atrapado en este.
El dragón se ahogaba con sus propios fluidos, su cuerpo se convulsionó en terribles arcadas en lo que intentaba respirar y parte de su gel llameante se escurrió por los orificios de su nariz. La creatura estaba aturdida y desorientada; el jefe Stoick aprovechó esto para darle un par de puñetazos directo en los ojos saltones y una última patada en la mandíbula que disuadió a la bestia de seguir peleando. Mareado y completamente desorientado, el dragón emprendió el vuelo, con una extraña trayectoria y golpeando el techo de algunas de las casas en sus huida.
El jefe lo vio alejarse algo irritado. Si hubiera tenido su hacha en manos, habría terminado con la vida esa patética bestia.
Entonces, un poderoso crujir llamó su atención. El mástil de la antorcha consumida por el fuego del nightmare, sucumbió ante su propio peso, partiéndose en su base, dejando a los dos hermanos que se ocultaban detrás de ésta a la vista del jefe.
Pero antes de que Hiccup y Honey llegaran a decir algo en su defensa, la pesada antorcha se colapso sobre varias casas de la aldea y la cabeza de esta se deprendió del mástil y rodó por uno de los caminos en descenso, llevándose consigo carretas, barriles y todo el embarque de repollos de Mildew.
–¡Mis repollos! –se escuchó el llanto del hombre anciano.
Mientras la antorcha, aún en llamas, continuaba su descenso de destrucción, ambos hermanos miraron horrorizados, haciendo caras y muecas cada vez que algo nuevo era destruida en su camino. Solamente se detuvo, cuando cayó al mar por uno de los acantilados que delimitaba la aldea.
Sin nada más que hacer, Hiccup y Honey se volvieron tímidamente hacia el jefe Stoick, y evitando todo contacto visual soltaron al unísono, un débil:
–Lo sentimos, papá.
Chapter 4: Desilusión, decepción y desencanto
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Desilusión, decepción y desencanto
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Ser un líder vikingo no era un trabajo para nada sencillo, era una constante obligación y difícil responsabilidad de la cual toda una aldea y sus habitantes dependían de uno. Sus vidas, su seguridad y su futuro estaba en las manos de su líder, y cada uno de ellos depositaban su total fe en éste confiando en que sus decisiones serían las mejores para todos. En el antiguo imperio vikingo, estos líderes no se elegían, nacían.
Existía una compleja y larga lista de generaciones y descendientes en la tribu de los peludos Hooligans, que cada uno de ellos gobernó la isla de Berk con fuerza y determinación. Sufriendo sus propios problemas, penurias y tragedias, teniendo la guerra contra los dragones como una situación en común. Era una época difícil y peligrosa.
Debido a esto, lo herederos al trono de jefe eran los jóvenes más importantes para su sociedad levemente civilizada. Desde muy chicos se le enseñaba que con los privilegios de ser miembros de la casa principal de la aldea, traía consigo grandes responsabilidades y sacrificios. Eran entrenados arduamente en el arte de la guerra, se les imponía disciplina y temple. Debían ser el ejemplo perfecto del guerrero vikingo. Tal cual era Stoick the Vast, lo había sido su padre ante de él y el padre de éste y así durante generaciones, desde que el primer Hooligan piso la isla de Berk, inclusive, desde que los primeros vikingos de las tierras natales viajaron a ese olvidado archipiélago.
Era por ello que las malas lenguas de la aldea decían que los gemelos de Stoick eran una maldición del mismo Loki para la casa de los Haddocks. Y aunque le pesaba como padre admitirlo, a veces, el mismo Stoick llegaba a pensar lo mismo.
En esa pésima mañana, el pecaminoso pensamiento volvió a escurrirse en la mente del jefe de los Hooligans mientras escuchaba a oídos sordos la largas disculpas de sus dos hijos, acompañada con una historia disparata sobre ellos derribando a un dragón, y no cualquiera, un night fury para ser precisos.
–¡BASTA! –bramó Stoick perdiendo la paciencia y sintiendo una punzada latente en la sienes.
Los dos niños guardaron silenció de inmediato, en los que sus grandes ojos como platos miraron a su padre entre preocupados y asustados al mismo tiempo.
–Solo… deténganse… –masculló el hombre con más calma –. ¿Por qué tiene que ser siempre así? ¿Por qué no pueden quedarse donde se les ordenan? ¡Cada vez que salen…! ¡Cada vez que tienen una de sus ideas… EL DESASTRE SE DESATA! ¿Acaso no ven que hay demasiados problemas? –agregó indicando las casas aún en llamas –. ¿No les parece suficiente destrucción? Existen más personas aparte de ustedes dos en esta aldea que tratan de sobrevivir. Ahora muchas de ellas no tienen hogar, un techo que los cubra de los elementos. El invierno se aproxima y gracias a que ustedes se pusieron en peligro, los demonios aprovecharon para llevarse gran parte de las reservas. ¿De qué se alimentara ahora la aldea?
Cualquiera en su sano juicio, guardaría silencio y esperaría su castigo, pero los gemelos Haddock eran conocidos por tener las ideas más locas. Honey por ejemplo, no estaba muy contenta con la situación, ya que su padre había decidido llevar a cabo su reprimenda frente a toda la aldea y ella no era precisamente una persona que aceptara tan fácil las humillaciones públicas.
–Nosotros no pedimos un rescate –masculló la chica en voz baja en completo desafío hacia su padre.
Las palabras de la muchacha solo alcanzaron a ser escuchadas por su padre y hermano, quienes alzaron sus cejas en sorpresa. Era una suerte para ella que así fuera, ya que era un ofensa grave contradecir a un jefe, incluso siendo miembro de su familia.
Sintiéndose abrumado por la tensa tensión, Hiccup paso su vista de su padre a su hermana imaginando que en cualquier momento la situación empeoraría. Si saber exactamente como intervenir, se escapó de sus labios lo primero que llegó a su mente:
–Entre ustedes y yo, creo que a la aldea le caería bien una dieta.
Pésimo comentario en pésimo momento. En lo que el resto de los habitantes se sentían ofendidos por las palabras del muchacho, Gobber que había visto la interacción entre padre e hijos con un nudo en la garganta, se llevó su única mano contra su frente frustrado por cómo estaban resultando la situación.
Gobber the Belch no solo era el mentor del joven Hiccup y el primordial guardián de él y su hermana; también era el mejor amigo de Stoick desde hacía muchos años y su principal consejero. Estuvo a su lado en muchos enfrentamientos, peligrosas peleas, momentos críticos en su vida, su nombramiento como jefe, en su boda e inclusive en el nacimiento de sus hijos. Gobber había estado presente en el desarrollo de los muchachos más que su propio padre, lo que lo convertía en un miembro importante de esa familia. Por ello, sufría terriblemente al presenciar el rose constante entre los gemelos y su padre.
–¡Esto no es un chiste, Hiccup! –estalló Stoick sobre el hijo equivocado.
–Nadie dijo que lo fuera… ¡AH! –soltó Honey jugando con fuego; por lo cual, Gobber no tardó ni un segundo en tomar a la chica de los hombros y apartarla de su padre antes de que esta continuara cavando su tumba.
–Lo siento, papá –agregó Hiccup tratando de calmar la situación –. Simplemente me deje llevar por la situación y querer derribar al dragón. Ya sabes cómo soy.
–Eres muchas cosas, Hiccup –dijo Stoick denotando su desilusión en su voz –; pero un cazador de dragones no es una de ellas.
La mirada y expresión del jefe le dejo claro al muchacho todo el desencanto que sentía hacia él. A pesar que era una situación común entre ellos y había ocurrido tantas veces en el pasado, Hiccup no pudo evitar sentir el dolor de la decepción. Nunca había logrado ganar la aprobación de su padre, sin importar lo que él hiciera.
Derrotado, el chico clavó su mirada en el suelo y dejo caer sus hombros. Gobber también lo tomó por los brazos y lo atajo hasta él. En cierta forma, quería consolarlos, pero el rudo y curtido exterior vikingo nunca le habría permitido tal acto. Eran guerreros, combatientes de duro corazón, el sentimentalismo no formaba parte de su comportamiento.
Aún así, Gobber alzó los ojos sobre los dos muchachos, posándolos en su amigo y en cierta forma, suplicándole que tomara la iniciativa y mejorara la situación. Pero era el mantra de un jefe no disculparse, no contradecirse y mucho menos reconfortar.
–Llévalos a casa –le ordenó a Gobber con fuerza – y asegúrate que se queden ahí. Tengo que limpiar su desastre.
Sujetando los brazos de ambos hermanos, el guerrero los arrastró en dirección opuesta de su padre. Por un momento, Honey se resistió, queriendo dar la última palabra en la discusión, pero fue Hiccup quien la detuvo, tomándola de la mano y haciéndola desistir de tal idea.
Además, ya había sido suficiente con la humillación pública y la deshonra familiar por un día para su gusto. Pero ya debía haber aprendido Hiccup, que los dioses nunca le dejaban nada fácil.
–¡Señores y señoras! ¡Tenemos un nuevo record en fiascos! –soltó Tuffnut Jr. Thorston cuando Gobber guió a los dos hermanos frente el grupos de chicos de su edad.
–¡Todo un maldito espectáculo de primera! –se burló su hermana Ruffnut alzando los brazos –. ¡Nadie se imaginaba que pudieran empeorarlo aún más!
–Son un nivel único en vergüenzas –agregó Snotlout Jorgenson disfrutando del momento –. Nos ahorrarían la pena si el dragón se lo hubiera comido, par de inútiles –continuó soltando una sonora carcajada, que quedo a la mitad cuando Gobber le soltó un zape en la nuca para hacerlo callar.
–Gracias –dijo Hiccup en sarcasmo sin percatarse en la acción de su mentor –. Dimos lo mejor.
Pasaron de último frente a Astrid y Fishlegs, quienes a diferencia de los demás chicos se quedaron callados, y solo les lanzaron una mirada de reojo. Hiccup los ignoró, pero en cambio Honey les contestó frunciendo el seño; para sus ojos, seguían siendo traidores.
Poco a poco, en lo que continuaron avanzando hasta el hogar de los Haddock sobre una de las colinas principales de la aldea, los chicos fueron dejando salir su frustración:
–Ralamente derribamos el dragón, Gobber –dijo Hiccup volviéndose hacia su mentor.
–¿Por qué nadie nos cree? –agregó Honey adelantándose al grupo –. ¿Por qué él no nos cree?
–Es que nunca escucha –comentó Hiccup con pena.
–Es algo de familia –soltó Gobber siendo completamente ignorado por los hermanos.
–Solo escucha lo que quiere oír.
–Y cuando lo hace, se nota la decepción en su mirada como si le hubieran dando el plato equivocado –siguió Hiccup alcanzando a Honey en la entrada de su enorme casa –. “Disculpe, pero me ha traído al hijo equivocado. Yo pedí un muchacho fornido, valiente y con brazos de árbol.” –continuó fingiendo la voz mientras acompañaba sus palabras con pantomimas –. “¡Esto, es un esqueleto de pescado parlante!”
–“Disculpe mi buen señor” –Honey acompañó la actuación de su hermano, imitando una voz masculina –. “Ha sido nuestro error. En consolación le damos la versión femenina del pedazo de pescado”
–“¡¿Y a mí de que me sirve eso?!”
Gobber soltó una leve risita que no fue del agrado de los hermanos.
–No le veo lo gracioso –comentó Honey a Hiccup mientras ambos miraban desaminados al viejo guerrero.
–Lo están tomando todo mal –trató de aclarar Gobber, apartando una lagrima escurridiza de la comisura de su ojo –. No es sobre su aspecto lo que su padre tiene en su contra, sino es lo de adentro lo que no tolera.
Ambos chicos le devolvieron a Gobber una mueca de incredulidad, antes de intercambiar una mirada entre ellos en completo fastidio.
–Gracias –dijo Hiccup volviéndose a la puerta de su hogar – por aclararnos eso.
–Hiccup eso no es el punto –se apresuró a agregar el hombre con un poco de consideración –. Lo que quiero decir es que tal vez estas intentando demasiado ser algo que no eres.
–Solo quiero ser uno de ustedes –explicó el muchacho antes de entrar a la casa y cerrando la puerta detrás de sí, dejando a su hermana y su mentor solos en la entrada.
Gobber se rascó la nunca.
–No salió tan bien ¿verdad? –peguntó el guerrero a la joven a su lado.
–No lo sé, Gobber –admitió Honey sinceramente cruzando los brazos –. Sabes lo importante que es para él que todos lo acepten. En especial…
– Lo sé… lo sé… –contestó Gobber levantando su única mano –. Ahora, ve adentro y asegúrate que no se meta en más problemas.
–Para eso estoy aquí –dijo la chica con una débil sonrisa antes de entrar en la casa.
No muy satisfecho con la resolución, Gobber dio media vuelta y bajo a la aldea a ayudar con las reparaciones. Tenía el vago presentimiento de que sus palabras habían caído en oídos sordos nuevamente.
Y no estaba completamente equivocado. Cuando Honey entró a la enorme casa en la que vivía con su padre y hermano, encontró a éste ultimo bajando la escalera a toda velocidad con uno de sus diarios en sus manos.
–Hiccup –dijo la muchacha acercándose a él, en lo que chico recogía un pequeño trozo de carbón de la hoguera en el centro de la habitación principal –. ¿Qué estás haciendo?
–¿Quién? ¿Yo? Nada… nada fuera de lo extraordinario –respondió el chico nervioso atando rápidamente el trozo de carbón a una ramita para armar un lápiz –. ¿Qué hay de especial en lo que estoy haciendo para preguntar precisamente “que es lo que estoy haciendo”? Porque sabes… a veces las personas suelen confundir las intenciones de otras…
–Vas a ir a buscar al dragón –lo interrumpió Honey fríamente.
–¿Quién? ¿Yo? –repitió el muchacho poniéndose aún nervioso y exagerando las pantomimas con sus manos en lo que tartamudeaba –. ¿Qué… qué te hace pensar tal cosa? Yo no tenía pensado… –pero rápidamente se dio cuenta que no podía engañar a su hermana, jamás había podido. Soltando un leve suspiro de resignación, dijo –: ir a buscar al dragón. Voy a buscar el dragón –admitió derrotado dejando caer su brazos a sus costados.
–Aja –dijo la chica cruzando los brazos sobre su pecho.
–Tú lo vistes tal como yo, Honey. Derribamos a ese night fury. ¡A un Night fury! Y si lo encuentro podré probar ante todos que no estaba mintiendo, y a papá que ha estado equivocado conmigo todo este tiempo…
–Tienes que hacer, lo que tienes que hacer, Hiccup.
–..por eso no puedo dejar pasar esta oportunidad. Todo finalmente se solucionaría si… espera… ¿Qué dijiste?
–Sí de verdad sientes que debes de ir a buscar al dragón al bosque, tienes que hacerlo –aclaró Honey con una sonrisa.
–¿En serio? ¿No hay clausula escondida? O ¿mensaje entre líneas?
–Por supuesto que sí.
–Ya sabía que era muy bueno para ser verdad.
–Si vas a ir a buscar a ese dragón, yo voy a ir contigo.
Hiccup dio un ligero respingo, no era lo que precisamente lo que esperaba de Honey después de haberle causado problemas esa precisa mañana.
–¿Estás segura de eso? Papá se enojo contigo por mi culpa. Entendería, si no quisieras…
–¿Cuando te vas a meterlo en tu cabezota de piedra Hiccup Haddock III? –lo interrumpió Honey dando un paso adelante y clavando su dedo índice en el pecho de su hermano –. Siempre juntos.
–¿Sin importar nada? –preguntó el chico recordando su lema.
–Sin importar nada.
Ya tomada la decisión, los dos hermanos juntaron todo lo necesario para su pequeña excursión y aprovechando las primeras luces del día, ambos se escurrieron por la puerta trasera de su casa a la espesura del bosque de la isla de Berk en busca de escamoso premio.
Chapter 5: Jefe o padre
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Jefe o padre
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No era fácil ser un vikingo, mucho menos viviendo en el archipiélago del oeste y especialmente en la isla llamada Berk. La guerra contra los dragones llevaba tantos siglos que se había vuelto rutinaria, una constante en las vidas de los habitantes de la salvaje isla.
¿Pero cómo había iniciado esta lucha?
Ya nadie estaba seguro. Eran años y años de conflicto y aquellos que tal vez llegaron a sabe como fue el inicio, ya se encontraban bajo tierra o bebiendo con alevosía en el palacio de Odin en el Valhala.
Probablemente cada detalle de historia los primeros vikingos que llegaron al archipiélago se encontraba escrita en los antiguos libros, lo cuales estaban vetados por los peligros que podría acarrear el conocimiento, ocultando para siempre el secreto. Además, no muchos vikingos sabían leer o escribir, por lo cual, los libros no eran para nada útiles en su manos analfabetas.
Por años la guerra con los dragones había cobrado muchas víctimas en ambos lados. Justamente en el enfrentamiento de esa mañana en Berk, se había cobrado la vida a cuatro dragones y la de un fiero guerrero vikingo. Stoick the Vast, líder de la tribu de los peludos Hooligans tuvo que compartir la terrible notica al resto del poblado en la reunión que llevaron a cabo horas más tarde. Después de unos agonizantes minutos, Lars de la casa Hoolgen, sucumbió por las heridas causadas ante los terribles colmillos de Nader. Su familia se preparaba para despedirlo como todo un héroe que sin duda ya se encontraba celebrando con sus antepasados en los festines del Valhala.
Muchas fueron las muertes tuvo que presenciar Stoick durante su vida en Berk y más durante su reinado como jefe de la aldea. Cuando era joven había aprendido aceptar la muerte, algo muy común en lugar tan salvaje como aquel reino vikingo; pero al convertirse en líder, se volvía cada vez más difícil aceptar el perder a la gente bajo su cuidado, a pesar de que fuera una muerte honorable en batalla. Un jefe siempre protege a los suyos.
Stoick ya estaba harto de perder tan buenos guerreros ante aquellas bestias, deseaba más que nada poner punto final esa terrible amenaza en un heroico enfrentamiento. Sus planes eran acabar con el nido de los demonios que se encontraba en la isla de los dragones. Era una idea descabellada viajar a tal Helhiem, y mucho más el imaginar destruirlo. Todos los barcos que viajaban a esa recóndita y peligrosa tierra de misterio y muerte, muy pocas volvía. El jefe de Berk ya había liderado algunas excursiones en el pasado a ese infierno, sin llegar más lejos de aquella cortina de humo que lo cubría. La isla de los dragones seguía siendo un misterio para los vikingos del archipiélago.
Cualquier otro jefe de tribu nunca habría tomado con tal seriedad como Stoick la descabellada idea de acercarse a esa isla, pero medidas desesperadas llevaban a actos desesperados. El resto de las islas del archipiélago se encontraban a una distancia considerable de aquel lugar de misterio, por lo cual los ataques de los dragones eran menos frecuentes; pero Berk se encontraba tan cerca que la volvía susceptible a sufrir asaltos más seguidos, donde muchas veces los daños y las pérdidas de vidas resultaban inimaginables.
Todos en Berk habían perdido en algún momento a un ser querido a garras de los dragones, incluso el jefe no se había librado de ello, pero era otra la razón que impulsaba al enorme hombre de frondosa barba pelirroja a tal osado acto. Sus hijos. Sobre todas las cosas, Stoick deseaba que Berk fuera un lugar seguro para Hiccup y Honey, y no tener que volver a sufrir con el dolor de la perdida. Sus gemelos, era todo lo que le quedaba al valiente jefe en ese mundo peligroso de su difunta y amada esposa.
–¿Quién está conmigo? –preguntó a la multitud de guerreros reunidos a su alrededor en el gran salón de la aldea.
Stoick pudo ver de primera mano el miedo y la duda reflejados en sus rostros. Y los comprendía, la guerra mermaba incluso a los más valientes guerreros. Pero los dioses recompensaban a los osados y atrevidos, sabía… ¡No! ¡Lo podía sentir! Que los dioses no iban a abandonarlos en esa travesía.
A pesar de la desidia de los guerreros, al final nadie defraudaba a su jefe de tribu. Nadie le decía “no” a Stoick the Vast “Escuchen su nombre tiemblen”. El ataque estaba decidido, partirían a la mañana siguiente.
Eso dejaba una duda. ¿Quién protegería Berk en su ausencia?
–¿Cómo van los más jóvenes en su entrenamiento de combate? –preguntó Stoick en privado a Gobber una vez que el resto de los guerreros abandonaron el gran salón.
Como ya se había dicho, ser vikingo no era fácil. Siempre había peligros al día, de los cuales solo más preparados podrían salir airosos. Los padres de Berk querían que sus hijos estuvieran listos para enfrentar cualquier peligro desde muy pronta edad, era por ello que existía un complejo programa de entrenamiento en faces que los más jóvenes tenían que realizar para convertirse en verdaderos guerreros. Todo lo básico se les enseñaba, desde combate mano a mano, hasta el usar todas las armas del arsenal vikingo; navegación, estrategia de guerra e inclusive la resistencia a la bebida (por si llegaban a involucrarse en una pelea después de irse de juerga). Su entrenamiento se realizaba por partes de acuerdo a las edades que tenían y eran eventos tan competitivos, que salir exitosos se volvía lo más importante en sus jóvenes vidas.
–Lo que es de esperarse en chicos de su edad –contestó Gobber the Belch llevándose su tarro con aguamiel de nuevo a sus labios. Dio un largo trago antes de continuar –: están tan desesperar por probar que son guerreros que terminan haciendo el ridículo como idiotas. Los gemelos Thorston terminan lastimándose más es uno al otro que a su oponente, Fishlegs le tiene miedo a su propias espada, Snotlout… urg –agregó soltando un gruñido –, esa manzana no cayó muy lejos del árbol si sabes a lo que me refiero – dio un leve giñó a su amigo –. Mocoso impertinente y creído si me lo preguntas a mí. La única que muestra verdadero potencia es Astrid.
–Me sorprendería si no fuera así, es una Hofferson –comentó Stoick marchando alrededor de la mesa donde se encontraba sentado Gobber.
La casa Hofferson era una de las más antiguas y famosas de todo Berk debido a que a lo largo de la historia vikinga del archipiélago, muchos de los mejore guerreros venían de esa familia. La batalla corría en sus venas y el temple en sus espíritus. Por mucho tiempo, el sinónimo a Hofferson era valor en su máxima expresión. Era una terrible pena la desgracia que había caído tan honorable y renombrada familia.
–La niña le hace honor a la antigua gloria de su clan –comentó Gobber con tristeza en su voz –. Lástima que no pueda salvarlos del fango…
–Lástima que no sea varón… –soltó a su vez Stoick sumergiéndose en la misma pena.
–Si tan solo el cabron de su primo no se hubiera marchado… –continuó el viejo guerrero dando el último trago a su aguamiel tan efusivamente que perdió uno de sus dientes falsos.
–No hay tiempo para lamentarse –sentenció Stoick poniendo punto final al tema –. Hay que preparar a los muchachos lo más pronto posible. Gobber quiero que salten inmediatamente al entrenamiento contra dragones.
El herrero que intentaba recuperar su diente del fondo de su tarro, bebió todo el contenido de un solo trago justo en el momento en que su amigo le hacía aquella petición. Atragantándose de la sorpresa, el diente falso tomó la ruta equivocada en la garganta de Gobber, atorándose en su faringe. Requirió de unas potentes palmadas de Stoick en la espalda para que el objeto atorado saliera volando de su boca a la superficie de la mesa.
–¡Te has vuelto orate! –escupió Gobber casi sin aliento limpiándose con el dorso de la mano la barbilla –. Si claro, poner esa bola de ineptos frente a los dragones ¿acaso sabes todo el trabajo que eso significa? ¿Y quién va a cuidar la forja en mi ausencia? ¿Hiccup? ¡Destruiría el lugar! ¡Y si lleva a Honey consigo es posible que terminen volando toda la aldea!
Stoick soltó un suspiro de resignación. Se sentó junto a su mejor amigo, quien en frustración acomodaba a martillazos con el fondo de su tarro, su diente falso de nuevo en sus encías.
–¿Qué voy hacer con ellos, Gobber?
Era una pregunta que se hacía con frecuencia el poderoso jefe de la aldea. ¿Qué podía hacer con un par de muchachos que eran… eran tan DIFERENTES?
Para empezar Hiccup: el muchacho era inquieto y con serios problemas de atención. Desde el momento que supo que tenía un bebé varón, un heredero, Stoick se imaginó todo un guerrero a su semejanza e imagen. Ni siquiera se preocupó porque fuera tan pequeño y prematuro al nacer, mucho menos cuando las runas indicaron su nombre; solo los años fueron los que derribaron sus sueños. Hiccup era diferente. Entre el muchacho y su padre no había nada en común, desde su aspecto, su forma de pensar, hasta comportamiento. Hiccup no podía luchar, no podía protegerse y muchos menos valerse por sí mismo. Stoick había intentado miles de formas de orientar a su hijo a su manera, como todo un vikingo, pero éste siempre encontraba la forma de hacerlo a su estilo. Cuando lo llevó a pescar en hielo, el niño se perdió buscando trols en los bosques.
Con el tiempo, Stoick se había quedado sin ideas y poco después, sin paciencia. Las pocas veces que llegaban a intercambiar alguna palabra, terminaba con él gritándole al pobre muchacho. El jefe en realidad no disfrutaba la situación, pero no sabía que más hacer.
Honey, por otro lado, no sufría tanto el prejuicio conllevaba la condición que compartía con su hermano. Aunque las mujeres vikingas se les enseñaban el arte de la batalla y había algunas que se había conseguido el renombre y gloria de un guerrero, era mucho más tolerable si alguna de ellas no podía protegerse por su cuenta. Aquellas mujeres que tomaban más el cuchillo para cortar alimentos que la garganta de sus enemigos.
Además Stoick no deseaba ver a Honey involucrada en alguna batalla. Desde pequeña, la consideraba su pequeño tarro de hidromiel, el cual cuidaba y protegía tan fieramente. El jefe estaba dispuesto a todo por la seguridad de sus hijos, pero con Honey era mucho más inflexible que como lo era con Hiccup.
Esa era la principal razón por la que muchas veces Hiccup lo sacaba de quicio; ya por sí era sumamente peligroso para el muchacho muchas de sus descabelladas ideas, peor aún cuando involucraba a Honey en ellas. A donde quiera que fuera uno, el otro lo seguía de cerca.
–El problema es que no siempre estarás ahí para protegerlos –comentó Gobber ante la negación de su amigo de la idea de poner a los gemelos en el entrenamiento –. Siempre habrá peligros y lo único que puedes hacer prepararlos.
El plan seguía sin gustarle a Stoick, pero Gobber tenía años, desde su retiro como guerrero, tutelando el entrenamiento de las nuevas generaciones. Él sabía mucho más que él al respecto (aunque nunca lo admitiría en voz alta) y Gobber conocía mejor que nadie el carácter y comportamiento de los hijos del jefe; no existía otra persona con la que estuvieran más seguros que con él.
–De acuerdo, puede entrar en el entrenamiento –dijo Stoick a regañadientes, pero antes de que Gobber pudiera cantar victoria agregó –: pero solo Hiccup.
–¿Y crees que va ser posible evitar que Honey asista, si Hiccup va estar ahí?
–Gobber solo te queda un brazo. Tendrás más posibilidad de evitar que le pase algo malo si es solo uno en lugar de los dos. Si Honey insiste… que solo sea espectadora. No dejes que ponga un pie en la arena.
–Como usted ordene, jefe papí Stoick –se burló de el Gobber con una picara sonrisa –. Y hablando de Honey, últimamente se ha vuelto muy insolente ¿no crees?
–Arrrggg –gruñó el jefe pasando su enorme mano por su rostro y barba –. Ella no era así, Gobber. Hiccup siempre fue impertinente, pero Honey no solía desafiarme de esa manera.
Gobber solo rodó sus ojos evitando todo contacto visual con su amigo, ya que este era consciente de la principal razón del problema.
–Deben ser cosas de mujeres –soltó Stoick con frustración recordando algunas difíciles preguntas que llegó hacerle su hija, y que él nunca pudo contestarle. El fuerte líder vikingo, jefe de Berk, el poderoso Stoick tha Vast prefería un combate contra tres dragones, con la manos atadas a la espalda y vendado de los ojos, que explicarle a su pequeña y escuálida hija porque aún no le crecía el busto.
–Sí, claro –soltó Gobber aunque negaba con la cabeza –. No lo sé… tal vez… ¿nos has llegado a pensar que pueda ser tu culpa?
–¿Mi culpa? –dijo Stoick levantando peligrosamente una ceja.
–Tú no te das cuenta, pero haces mucha diferencia a como tratas a Hiccup de Honey. Siempre te estás arrojando al cuello del muchacho desde que era chico… bueno, más chico. En todo el inverno pasado no hubo ni una sola vez que hablaras con él sin gritarle…
–Gobber… Hiccup abrió las puertas de almacén para que la nieve cayera sobre la comida, porque pensaba que se podía conservar mejor congelada.
–En cambio con Honey, rara vez pierdes los estribos sin importar lo que ella haga. Esta mañana te desafió frente a toda la aldea y tú no dijiste nada. Si hubiera sido cualquier otro, lo habrías mandado directo al potro. Incluso muchas veces descargas la frustración que te genera la muchacha en su pobre hermano.
–No tengo idea de lo que estás hablando, Gobber –se apresuró a decir el jefe poniéndose de pie y adoptando oídos sordos a las palabras de su amigo.
–¡Maldita sea, es precisamente esto lo que digo! –dijo el herrero perdiendo la paciencia –. Honey nunca recibe castigo, es por eso que la niña se le hace fácil desafiarte; pero con Hiccup no haces más que gritarle, entonces él te ha dejado de hacer caso. No puedes ser el padre solo de uno y el jefe solo con el otro.
–¿Sabes con quien más puedo ser el maldito jefe de la aldea? –comentó Stoick posando su pesadas manos sobre la mesa y clavando su potente mirada sobre Gobber –. De ti, y puedo ordenarte todo lo que quiera sin importar carajo lo que pienses al respecto –dijo de último antes de volverse y encaminarse hacia las puertas del gran salón –. ¡Inicia el entrenamiento contra dragones con Hiccup dentro y Honey fuera! ¡Ahora debo iniciar los preparativos para el viaje de mañana! –gritó mientras se alejaba de su amigo hasta desaparecer del otro lado de la gigantes puertas de madera.
En solitario, Gobber soltó un suspiro en resignación.
Chapter 6: La senda que abriré
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La senda que abriré
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Hiccup marcó otra cruz en su mapa improvisado de su cuaderno, cuando otra senda que siguieron resultó en otro camino sin salida. Llevaban toda la mañana en el bosque que cubría gran parte de la isla de Berk, buscando en vano al dragón que supuestamente habían derribado; en el camino se habían topado con zorros, gorriones, ardillas y una que otra lechuza dormida dentro de su árbol, pero por ningún lado encontraban rastros del night fury.
El joven muchacho no estaba dispuesto a darse por vencido, continuó su búsqueda colina abajo seguido de cerca por su hermana. Honey no había prestado mucha atención en los pasos de su hermano, simplemente los seguía sin apartar sus ojos del libro que traía entre manos.
–Según esto –comentó la jovencita ignorando completamente los bufidos de desesperación de Hiccup – los dragones no son creaturas diabólicas del Helhiem con el único propósito de devorar a los seres humanos…
–¿A no? –soltó Hiccup con escepticismo.
–Nop. Según la leyenda, son seres creados por el mismo dios Thor como un regalo al mundo…
–Vaya regalo –se quejó el muchacho marcando otra equis en su mapa –. Recuérdame darle las gracias a Thor.
–Eso no es todo –continuó Honey dando la vuelta a la pagina del libro prohibido –, al parecer Thor les tiene gran aprecio y suelen usarlos como sus mensajeros.
–Mensajeros –musitó Hiccup pensando en qué clase de mensaje quería decir Thor cuando mandaba una bestia escupe fuego a destruir tu villa y devorarte –. ¿De dónde viene esa información?
–No estoy segura –admitió Honey frunciendo el seño compartiendo el sentimiento de su hermano por el contenido del libro –, no lo especifica –agregó pasando hojas tras hojas de texto e ilustraciones de los dioses, dragones y vikingos –. Menciona algo llamado los doce poemas de Thor pero no hay…
Honey no alcanzó a terminar su oración, ya que al ir distraída, caminando con la nariz metida entre las páginas del libro, no se dio cuenta que su hermano se había detenido a mitad de la senda y terminó chocando contra su espalda.
–¡Hey! –soltó ella tratando de recuperar el equilibrio –. ¿Qué pasa?
Pero su hermano contuvo su respuesta en lo que liberaba su tensión en las páginas de su libreta. Soltó un gruñido de frustración mientras tallaba con fuerza su lápiz rustico contra el papel amarillento una vez más se dio cuenta que habían caído en otra senda sin salida.
–¿Qué pasa, bro? –le preguntó Honey mirando sobre el hombro de Hiccup y apreciando su arte abstracto.
–Esto es inútil –soltó el muchacho resignado cerrando su cuaderno –. Es normal que uno pierda su bota o su tarro favorito, pero no yo que perdí a un dragón completo –soltó un suspiro –. Nunca lo encontraremos. Los dioses de verdad me odian.
–Los dioses no te odian, Hiccup –comentó Honey con tal tranquilidad que provocó que su hermano levantara una ceja –. Simplemente no les importas. Es una completa tontería pensar que seres omnipotentes Odín y el resto de los dioses, quieran perder su tiempo atormentando la vida de simples mortales –siguió la chica indicando el libro que llevaba en la manos –, sus vidas inmortales debería ser muy patéticas y aburridas para que fuera así.
Hiccup miró a su hermana con recelo. El joven vikingo tenía muchas deficiencias según la mayoría de los habitantes de su aldea, pero si había una cualidad de Hiccup que valía la pena admirar, era por su increíble paciencia. Esa misma paciencia lo llevó a guardarse el comentario que tenía en mente y simplemente preguntarle a su hermana ante su pensamiento ateísta:
–Si piensas eso ¿por qué estás leyendo el libro del viejo Wrinkly sobre los dioses?
El viejo Wrinkly era el abuelo materno de Hiccup y Honey, o al menos lo había sido. Durante la niñez de los dos hermanos, su abuelo había sido uno de los tres sabios y más viejos habitantes de Berk, un puesto muy respetado y honorado en su sociedad vikinga, ya que los individuos más avanzados de edad eran emisarios de las viejas costumbres y leyendas, principalmente con la prohibición de los libros.
Durante sus últimos años de su vida, el viejo Wrinkly fue uno de los principales consejeros y curanderos de los peludos Hooligans, y fuente de inspiración con las notables historias y logros de su vida. Precisamente los libros que Hiccup y Honey ocultaban celosamente de su padre habían sido propiedad de su abuelo, un botín que había adquirido de una excursión sorpresa a la antigua biblioteca en la isla de los Meathead. Según las propias palabras de viejo Wrinkly “lo habían retado a hacerlo”. Después de su muerte, Stoick había guardado todos esos libros en un viejo cofre en depósito debajo de su casa, lugar donde también guardaba su cava privada de hidromiel.
Hacía un par de años, cuando los hermanos permanecieron encerrados en su casa por su propio padre a causa de un pequeño disturbio que provocaron en el centro de la aldea, se toparon por casualidad con este misterioso cofre del tesoro, mientras buscaban una forma de escabullirse de su hogar. Honey, quien era muy buena con las cerraduras, logró violar los candados del cofre, permitiéndoles encontrar el botín secreto de su abuelo.
Al ser hijos de un jefe, Hiccup y Honey tuvieron el privilegio de aprender a leer y escribir, por lo cual el encontrar aquel tesoro oculto de palabras escritas fue lo mejor que les había sucedido en mucho tiempo. Los chicos eran totalmente consientes que si su padre descubría que habían encontrado el cofre y abierto la cerraduras, se encargaría de eliminar la amenaza de los libros permanentemente; siendo esa la principal razón por la cual los muchachos leía los libros en secreto y lejos de la vista de otros.
–Fue el único que pude sacar del depósito antes de que papá me descubrierá –contestó la muchacha guardando el libro en el bolso que colgaba de su hombro –. ¿Cómo iba a saber que en ese mismo momento se le atojaría una bebida de su reserva privada?
–Te más cuidado –le recordó Hiccup preocupado que algo le sucediera a su pequeño tesoro y recuerdo de su abuelo –, si papá nos descubre con los libros, probablemente los arroje al fuego.
–¿A nosotros o a los libros?
–Con nuestra suerte, los dos.
Sin perder más tiempo, los dos hermanos continuaron su marcha por el bosque, pero el existo de sus esfuerzos los eludía. Cualquier otros muchachos de su edad ya se habrían cansado y regresado a casa, pero ellos eran vikingo, tercos por naturaleza, estaban dispuestos a pasar todo el día entre los arboles si era necesario con tal de dar con el dragón.
– Ya no tengo idea –soltó Hiccup frustrado tapando su rostro con las palmas de sus manos, cuando se percató que la ultima senda que había estado siguiendo los últimos veinte minutos, simplemente los regresó sobre sus pasos hasta el inicio de la misma.
–¿No es acaso el árbol mohoso que…? –preguntó Honey alcanzando a su hermano e indicando con su pulgar al roble detrás de ella.
–Lo sé –mustió Hiccup soltando un manotazo para descargar su frustración sobre una inocente rama, pero como dictaba su suerte, la planta se vengó regresando sobre sí misma y dándole tremendo golpe en la frente.
Su hermana no pudo evitar reírse de él.
–Ja ja, muy gracioso –comentó el chico fulminándola con la mirada –. Al menos yo lo intento, en toda la mañana no has ayudado absolutamente en nada para encontrar al dragón.
–¿Quieres que yo lo intente?
–Adelante, insisto.
–Muy bien.
Sin tener idea que iba hacer, Hiccup cruzó los brazos mientras miraba a su hermana posarse en medio del bosque. Honey se tomó su tiempo, examinaba en silencio cada una las posibles sendas que podía tomar, a sus ojos, todas le parecían sumamente iguales.
–No es tan fácil ¿verdad? –soltó Hiccup.
–Guarda silencio y déjame concentrar – exclamó Honey volviéndose sobre su hombro, en lo que Hiccup miraba al cielo preguntándole en silencio a los dioses “¿Por qué?”.
Honey pensó en miles de posibilidad y elecciones por seguir, pero cada una le provocaba más duda que la anterior. Finalmente, la muchacha decidió dejar de pensar y simplemente sentir. Honey había aprendido con el tiempo que si podía concentrarse totalmente su entorno podría siempre encontrar lo que fuera; algo que descubrió de pequeña cuando jugaba a las escondidas con Hiccup. Su pobre hermano nunca tenía oportunidad.
Dejándose llevar por los sonidos de los animales del bosque, las hojas cayendo, las ramas siendo agitadas por el viento, el aroma a flores que arrastraba, su corazón que latía en su pecho y la sube respiración de su hermano detrás de ella, finalmente Honey pudo sentirlo como un punzada en su brazo.
–Por ahí –dijo la muchacha indicando a la izquierda aún con los ojos cerrados.
–¿Por ahí? –preguntó Hiccup indicando la misma senda que su hermana.
–Por ahí –insistió ella con determinación en su mirada.
Hiccup la miró con cuidado ya que no era justamente lo que estaba esperando. Al final de cuentas encogió los hombros y comenzó a marchar en la dirección que había indicado su hermana. No tenía nada que perder, además Honey generalmente nunca se equivocaba en sus corazonadas.
Los dos hermanos caminaron por un par de minutos más sin encontrar nada nuevo en su camino más que arboles y rocas cubiertas por musgo, hasta que a Hiccup le llamó la atención la extraña curvatura que tenía un árbol, que al aproximarse se dio cuenta que no era algo natural; el tronco se encontraba roto por la mitad.
–Hiccup, mira –dijo Honey indicando como el sendero de destrucción continuaba colina abajo, comprometiendo más árboles y arbustos a la altura de suelo. Todo terminaba en una pendiente en donde se observaba claramente unas grandes marcas en el suelo, como si una gigantesca piedra hubiera rodado colina abajo llevándose todo en su camino.
–¿Qué es…? –murmuró Hiccup siguiendo las marcas del suelo hasta una enorme roca. Miró rápidamente sobre ella, antes de arrepentirse terriblemente.
–¡¿Qué haces…?! –alcanzó a mascullar Honey antes de que su hermano la tomara del brazo, la jalara detrás de la roca junto a él y le tapara la boca con una mano para impedir que siguiera hablando – . Mnmmn, mnmn nm mmn… –soltó la joven ante el desesperado agarre de Hiccup.
–Shhhh –dijo el muchacho con los ojos desorbitados –. ¿Tal vez nos escuchó?
–Mmmnn nmn mnnnm –murmuró la joven escuchando el corazón acerado de Hiccup contra su oído.
Lentamente, Hiccup liberó las manos de su hermana quien tuvo la total prudencia de imitarlo y no decir palabra alguna. Los dos chicos miraron lentamente sobre la gran roca donde estaban ocultos y contemplaron a la enrome creatura que yacía al otro lado.
Tan oscuro como una noche sin estrellas, el nigth fury permanecía tendido sobre el denso follaje del bosque tan tieso como un pescado congelado por el hielo. Era enorme y todos sus miembros (incluso sus alas) se encontraban atrapados por la fuerte soga de las bolas lanzadas por el arma de los hermanos.
–Odín. Todo. Poderoso –soltó Honey abriendo sus ojos tanto como los de su hermano.
–No decías, que no hay sentido en meter a los dioses en esto –argumentó el muchacho lanzándole una mirada inquisitiva a su hermana.
–Es solo una expresión –contestó ella con fastidio –, y ese es un gigantesco dragón. ¿Qué vamos hacer con él?
Era una excelente pregunta. En cuestión de segundos, Hiccup pensó en todas las posibilidades para presumir su captura al reto de la aldea: definitivamente, nunca podrían cargarlo y existía la probabilidad de que nadie les creyera si llegaban si pruebas al poblado.
¿Quién en su sano juicio creería que los inútiles hermanos Haddocks habían logrado derribar a un night fury?
Fuera cual fuera la solución, debían verificar algo primero y Hiccup se lamentaba de solo pensarlo: había que comprobar que el dragón estuviera muerto.
Hiccup era completamente consciente de su propia debilidad y su pésima condición física, por lo cual la sola idea de acercarse aquel gigantesco animal, vivo o muerto, era algo que iba contra su propio código de supervivencia. Pero si había algo en lo que Hiccup era conocido, era por hacer todo aquello que la gente común llamaría una locura. Y estaba por llevar una acabo.
–¡Hiccup! –lo llamó Honey cuando el muchacho brincó del otro lado de la roca, acercándose peligrosamente a la bestia derribada, armado solamente con una corta daga.
El muchacho se acercó con cuidado, con pasos debiles e inseguros, pero al mismo tiempo listo para lanzarse en la dirección contraria. Solo cuando estuvo a unos centímetros del dragón, fue cuando se dio cuenta que no había peligro.
–¿Lo logre? –pensó el muchacho posando sus ojos verdes en la creatura a sus pies. Efectivamente lo había conseguido, había atrapado a un night fury, el dragón más escurridizo, peligroso y elusivo de todo el mundo incivilizado. Finalmente la luz brilla en el horizonte, las posibilidades de una vida mejor comenzaban acelerarle el pulso. Nunca nadie había derribado a un dragón como ese y él, Hiccup Haddock III, había sido el primero. Después se preocuparía de cómo llevarlo a la aldea.
Pero ya debía saber Hiccup que el éxito lo eludía con facilidad y recurrencia, ya que un par de segundos después de imaginarse su futuro dichoso en que su padre y el resto de Berk lo admiraban por sus logros, el night fury comenzó a mostrar señales de vida.
La bestia inútilmente se contorsionó contra sus ataduras sin lograr liberarse de ellas, y sus gigantescos ojos verdes brillantes, se abrieron de par en par posándose solamente en el muchacho junto a su cuerpo.
Hiccup dio un brincó hacia atrás, pero rápidamente recuperó cuando se dio cuenta de que el dragón continuaba inmovilizado.
–¿Está vivo? –preguntó Honey detrás de la roca a pesar que ya conocía la respuesta –. ¿Ahora qué?
Los ojos del muchacho pasaron de su hermana, al dragón y luego a la daga en sus manos, y así en repetidas ocasiones hasta que finalmente la idea, que era inevitable, se formulo en su cabeza: debía matar al dragón, sacar su corazón y mostrarse a su padre… así se solucionaría todo.
Cuando Hiccup empuñó con ambas manos su pequeña daga, Honey pudo adivinar que era lo que tenía planeado hacer.
–Hiccup –lo llamó débilmente sin saber realmente que decir. Entendía que debía estar pasando por su mente y la gran importancia de lo que estaba por hacer, pero algo dentro de ella le decía que estaba mal, y no era por la falta heroísmo en matar a un animal indefenso.
–Voy a sacar tu corazón y dárselo a mi padre –murmuró Hiccup para sí ignorando el llamado de su hermana gemela. Al levantar su daga, el joven cometió el error de que sus ojos se toparan con los brillantes del dragón.
Por muy loco que sonara, Hiccup pudo percibir algo atreves de ellos, en la delgada pupila como gato, en el escaso tercer parpado sobre salido, lo contorsionado de su mirada y hasta la línea del hocico. Era como si pudiera leer la expresión del dragón como el rostro de una persona y este en particular le decía una sola cosa: miedo.
¿Pero como eso era posible? Lo dragones eran creaturas sin alma y sin sentimientos, no podía conocer el amor, la tristeza y mucho menos el miedo. Nunca, en ninguno de los relatos vikingos que había escuchado o en los libros del viejo Wrinkly había sabido que los dragones fueran capaces de tener emociones y expresarlas por sus cuerpos en algo más complejo que rugir.
–Debo hacerlo –se insistió mentalmente –. Soy un vikingo, soy un vikingo…. –se repetía una y otra vez tratando de adquirir la fuerza para llevar a cabo su cometido, pero entre más tiempo se tomara en hacerlo, le resultaba más fácil captar la mirada resignada del dragón y darse cuenta que el pobre animal se daba por vencido.
¿Cómo podía entender que pasaba por la mente de night fury con solo ver su leve leguaje corporal?
Hiccup soltó un gruñido de frustración cuando se dio cuenta que no podría hacerlo. Bajando sus brazos se dio por rendido, perdonándole la vida al dragón.
–No puedo.
Después de desearlo tanto, de buscar dejar su marca en su pueblo, en ser el heredero que quería su padre, finalmente Hiccup admitía a sí mismo, que nunca sería ese muchacho. Gobber tenía razón, no era su exterior el problema, sino los de adentro.
–Está bien, Hiccup –dijo Honey posando su mano en el hombro de su hermano –. Lo intentaste. Aún… aún podemos traer a alguien a ver el dragón.
–Nadie nos va a creer… y es probable que en el tiempo que vamos por alguien, venga otro dragón más grande y se lo coma al estar atado.
–¿Pero qué más podemos hacer? No podemos cargarlo y mucho menos liberarlo sin que se vuelva contra nosotros. Sea por nosotros o no, esta night fury está acabado.
Por un par de minutos los dos hermanos miraron a la bestia tendida sin estar muy seguros de querer abandonarla; había luchado por mucho tiempo para tener ese trofeo, para simplemente darle la espalda y marcharse. Pero no tenían otra opción.
–Vamos a casa –dijo Honey sentenciando lo inevitable. Tomó la mano de su hermano y comenzó a guiarlo por el camino de regreso, pero Hiccup se había vuelto pesado, en lo que su mente lo mantenía atrapado en el dragón negro que abandonaban a su suerte.
–Yo hice esto –musitó para sí una vez que tomó la decisión. Iba a hacer una locura como de costumbre.
Hiccup se soltó de la mano de Honey y regresó sobre sus pasos hacia el nigth fury. Con la daga fuertemente tomada en sus manos, comenzó a cortar las sogas que ataban al dragón.
–Hiccup ¿Qué estás haciendo? –soltó su hermana sin comprender que estaba pasando, pero cuando la tercera soga se soltó con un fuerte chasquido lo compendio todo –. ¡Hiccup no!
Lo siguiente que supo fue que el night fury se había liberado. Inconscientemente, la muchacha se lanzó detrás de la roca y se cubrió la cabezas con los brazo esperando lo peor. Nunca pudo ver como Hiccup fue embestido por la bestia y retenido por las fuertes garras negras contra la misma roca donde ella se ocultaba.
Los segundos en que le muchacho se encontraba atrapado entre las garras del dragón, le parecieron eternos. Su corta vida comenzó a pasar delante de sus ojos y por desgracia para él no era una muy feliz. Su único consuelo fue que posibilidad de rencontrarse pronto con su amado abuelo y su difunta madre, pero entre sus grandes arrepentimientos se encontraba haber llevado a Honey a esa aventura, que probablemente también le costaría la vida una vez que night fury terminara con él.
Pero a pesar de su pensamiento, el dragón no lo llevaba a cabo. Sus gigantescos ojos felinos estaban clavados en los suyos y por una fracción de segundo, Hiccup nuevamente pudo percibir algo proviniendo de la bestia… algo que se reflejaba de sus rudimentarias facciones. Era duda.
Entonces el dragón hecho su cabeza hacia atrás…
–Es el momento…
Y rugió con todas su fuerzas en el rostro de Hiccup. El muchacho sintió su aliento caliente y su fétido olor a pescado crudo, pero fuera de eso, no sufrió ningún daño.
Y como había ocurrido, el dragón se retiró rápidamente volando en un inconsistente patrón a través de los troncos de los arboles del bosque y solo dejando a tras de él, el eco de su rugido.
Hiccup trató de controlar su respiración en lo que las palpitaciones aceleradas de su corazón retumbaban en sus oídos. El masivo flujo de sangre volvieron sus mejillas de un rojo brillante y sus ojos están aún desorbitados por el susto y la adrenalina.
–¿Hiccup? –lo llamó nuevamente Honey y el muchacho escuchó su voz como por una profunda caverna. Recargado contra la roca, pudo ver a su hermana asomarse sobre esta y mirarlo completamente aterrorizada –. ¿Estás bien?
–Sí –dijo el chico con la garganta seca. Con dificultad se puso de pie ya que le temblaban terriblemente las rodillas.
–No te vez muy bien –comentó Honey aproximándose a su hermano y unos segundos después, este se desplomó en el suelo como un saco de papas –. ¡Hiccup! –exclamó la muchacha inútilmente ya que el joven se encontraba inconsciente.
Chapter 7: Himno vikingo
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Himno vikingo
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Hiccup podía escuchar a lo lejos el leve crujir de la madera ante el calor de fuego y el sutil ahora del humo. Al abrir sus pequeños ojos se toparon con la visión de una pradera oscura de fibras de solo cinco centímetros de altura. El niño se encontraba recostado sobre una piel de oso extendida sobre el piso de su hogar, a unos metros del fogón que ardía ante las intensas llamas. El calor que provenía del fuego era reconfortante para el frio ambiente de la enorme habitación y el delicioso aroma que liberaba el caldero, provocaba terribles gruñidos desde el interior del estomago del niño. El hambre lo había levantado.
Apoyando sus pequeñas manitas, Hiccup logró levantar parte de su torso para mirar a su alrededor. A uno centímetros de él, se encontraba su hermana recostada en la misma piel, profundamente dormida con su dedo pulgar metido en la boca.
–Hiccup –el muchacho escuchó su nombre venir del otro lado de la habitación. Volviendo su cabecita, se topó con la figura imponente de su padre sentado junto a la mesa –. ¿Ya despertaste?
Asintió el niño tallándose los ojos con una de sus manitas.
–Ven acá –le ordenó su padre con voz baja para no despertar a Honey, al mismo tiempo que le daba unas débiles palmadas a su regazo.
Hiccup se tomó su tiempo para levantarse y caminar el trayecto entre su padre y su lugar de descanso, y al estar aún somnoliento, se tambaleó casi todo el camino. Cuando finalmente alcanzó a su padre, este lo alzó con facilidad y lo sentó sobre su rodilla.
–¿Cómo dormiste? –le preguntó el hombre de la gran barba, dando un toque a la pequeñita nariz de su hijo con uno de sus regordetes dedos.
–Bien –respondió Hiccup con voz monótona –. Tuve un sueño.
–¿Qué soñaste?
–Dragones.
–Apuesto que te dio mucho miedo.
El niño primero negó con la cabeza enérgicamente, pero casi inmediatamente comenzó asentir. Su padre soltó una carcajada que rápidamente detuvo por temor de despertar a su otro vástago que aún seguía durmiendo.
–No debes preocuparte por lo dragones, hijo –agregó el hombre frotando la cabellera sedosa del chico –; para eso me tienes aquí. Yo siempre los protegeré de cualquier peligro.
Poco a poco la voz de Stoick se volvió débil hasta volverse un simple susurro. El peso de su mano sobre la cabeza del niño desapareció al igual que la habitación, el sonido y aroma de la madera chamuscada; quedando solamente un leve eco que a cada segundo cobraba más fuerza, revelando que se trataba de una canción.
*Pertenecemos a la luz
Pertenecemos a trueno
Pertenecemos al sonido de las palabras
Los dos hemos caído bajo
Hiccup abrió los ojos débil y lentamente. Podía ver la intensa luz que provenía del sol en el horizonte y que en parte era bloqueada por una figura entre sombras, que se encontraba a unos centímetros sobre él. Su vista se estaba borrosa y le era difícil identificar el rostro de aquella silueta.
*Lo que negamos o abrazamos
Para mal o para bien
Pertenecemos, pertenecemos
Permanecemos juntos
La vista del muchacho se volvió más clara con el paso de los segundos, pero mucho antes que pudiera ver con claridad la figura de su hermana, ya había reconocido su voz entonando su canción favorita.
–Tal vez es un signo de debilidad –continuó la joven cantando tranquilamente colocando un objeto en la frente de Hiccup –, cuando no sé qué decir…
–¿Honey? –la llamó débilmente el muchacho una vez que vio claramente el rostro pecoso y sus brillante ojos verdes de su hermana.
–Ya era hora que despertaras, dormilón.
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–¿Qué? ¿Qué sucedió? –musitó Hiccup levantando levemente su cabeza del suelo y de su frente cayeron como una pequeña avalancha un par de piedras y varias hojas. Durante su inconsciencia, Honey comenzado a construir una pequeña torre de guijarros sobre su cabeza ante el aburrimiento.
–Te desmayaste –le contestó ella haciéndose a un lado para permitirle a su hermano sentarse.
–¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
–Medio día.
–¡¿Medio día?!
No podía creer que hubiera dormido tanto tiempo. Su vista rápidamente fue en búsqueda del sol y se dio cuenta entre las copas de los arboles, que el astro celeste se encontraba muy abajo en el horizonte, posiblemente cerca de la superficie del océano que rodeaba la isla de Berk. Todo aturdimiento se esfumó inmediatamente de la mente del muchacho al darse cuente que se encontraba tarde para trabajar en la herrería.
–¡Rayos! –soltó el joven teniendo problemas para levantarse. Sus piernas se habían entumido por las horas que había permanecido tirado sobre el duro suelo del bosque.
Honey se adelantó a él y le ofreció su mano para ayudarle. Hiccup le dirigió una leve sonrisa de agradecimiento, pero esta solo duró unos segundos en su rostro ya que casi inmediatamente de ayudarlo a ponerse de pie, su hermana lo empujó con todas fuerzas.
–¡¿Por qué…?! ¡¿Por qué hiciste eso?! –preguntó Hiccup confundido una vez que su trasero cayó nuevamente en el suelo del bosque.
–¡Porque eres un imbécil Hiccup Haddock III!
–¡¿Qué?!
–¡¿Qué pensaste que iba a pasar cuando soltaste al night fury?! ¡¿Qué te iba a dar las gracias?!
–Oh –musitó levemente el muchacho perdiendo su mirada en sus botas de piel. La verdad, ni siquiera estaba completamente seguro porque lo había hecho.
–¡¿”Oh”?! ¿Es todo lo que tienes que decir?
–No sé cómo explicarlo, Honey. No lo pensé, simplemente… lo hice.
La muchacha pensó en un par de arrebatos más para soltarle a su hermano, pero el semblante depresivo que había adoptado este, al igual como su débil escusa, desaminó a la joven a continuar con su regaño. Conocía muy bien a su hermano y como solía actuar por impuso o por ideas descabelladlas que pasaban por su cabeza.
–Fue mi culpa que terminara así –agregó Hiccup sin atreverse a mirar a Honey a los ojos –. No podía dejarlo ahí y que muriera sin razón –trató de explicar el muchacho lo que llevaba en su pecho y por alguna razón, no comprendía totalmente–. No tenía porque…
Honey soltó un suspiro de resignación.
Clásico Hiccup.
–Vamos –lo interrumpió su hermana tendiéndole la mano –. Esta vez no voy a empujarte.
Hiccup no dudo ni un instante aceptar la ayuda.
–Lo siento mucho, Honey –se disculpó el muchacho sacudiéndose la tierra, musgo y hojas que se habían adherido a sus ropas.
–Yo también, Hiccup –agregó su hermana con lastima –. ¿Qué vamos hacer contigo y ese buen corazón que tienes, hermano? –comentó apartándole un par de hojas que seguían pegadas a su cabello –. Un día de estos Hiccup, ese corazón tuyo nos meterá en tremendos problemas, que si tú no terminas muerto en el proceso, será alguien más.
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Cuando los dos hermanos regresaron a la aldea, el atardecer ya había caído sobre las construcciones castigadas por el ataque de la madrugada, pintándolas con los tonos castaños y carmesís correspondientes a la hora del día. Hiccup y Honey se toparon con una gran multitud reunida en la plaza central preparando alguna especie de evento. Sin estar muy seguros de que estaba sucediendo, los gemelos Haddock se encaminaron a la forja que se encontraba en uno de los extremos del poblado.
A unos pasos de la herrería, Hiccup y Honey pudieron escuchar con claridad los gemidos que salían de esta en un intento fallido de canción:
Tengo mi hacha y tengo mi maza,
Y amo a mi esposa de cara fea.
Soy un vikingo de principio a fin.
Gobber the Belch, herrero y alguna vez uno de los más imponentes guerreros de la isla de Berk solo cantaba esa canción cuando estaba de muy buen humor. Los hermanos confirmaron sus sospechas al asomar sus cabezas por una de las ventanas de la forja y vieron la no muy grata imagen del peludo ex guerrero realizando una rara danza, mientras cantaba y golpeaba con fuerza el acero sobre el yunque con el mazo que tenía en lugar de mano.
–Gobber ¿Qué haces? –preguntaron los dos hermanos de repente desde la ventana, sacando un tremendo grito con tono femeninos del ancho herrero.
–¡¿Qué carajo les pasa?! –bramó el hombre con la mano sobre su pecho y tratando de controlar su agitada respiración –. ¡Eso no se le hace un hombre adulto, maldita sea! ¡Casi me matan del susto! ¡Me lleva la…!
Hiccup y Honey no pudieron evitar reír en lo que rodeaban parte de la forja para entrar en ella.
–Por Thor, Gobber –dijo Honey sonriendo –. ¿Acaso besas a tu madre con esa boca?
–Todas las mañanas y en las noche antes de dormir –admitió el hombre con rudeza y forzando la mirada ante la aparición de los dos hermanos –. Y a ti te esperaba desde hace una hora –agregó indicando solo a Hiccup con su mazo.
–Lo siento, me… me quede dormido… –contestó el muchacho rascándose la nuca.
–“Me quede dormido” –repitió Gobber imitando en fastidio la voz de Hiccup y haciendo un ademan de golpearlo con su mazo –. Te quedas dormido cuando más me hace falta un par de manos. Necesitó sacar ésta espada lo más pronto posible.
–Ya voy, ya voy –soltó Hiccup corriendo a buscar su mandil de trabajo.
–¿Qué es lo que sucede, Gobber? –aprovechó para preguntar Honey indicando por la ventana a la multitud reunidas en el centro del pueblo.
–¿Acaso no lo saben? –dijo Gobber lanzando la barra de acero destinado a ser una espada, directo al horno que Hiccup trataba de mantener ardiendo con un gran soplador de fuelle –. En el ataque la mañana Lars el visco, el hermano menor de Boca-ancha Hoolgen, falleció. Al parecer un Nader lo confundió con una pelota de bashy-ball y lo lanzó varias veces por el cielo. Gothi hizo todo lo que pudo, pero no sobrevivió a la mañana.
–Entonces, están preparando la ceremonia fúnebre –se adelantó Honey a la explicación de Gobber mirando a través de la ventana a la multitud. La falta de sorpresa en la reacción de los hermanos ante tan mala noticia era comprensible. La muerte era común en aquel mundo peligroso e incivilizado, pero eso no significaba que no lo lamentaran.
Era costumbre vikinga despedir a sus guerreros con un gran evento. El cuerpo solía ser embalsamado y pasaba el resto de la eternidad en las catacumbas familiares reposando junto a sus antepasados; solo en el caso de haber muerto en batalla o que fuera decisión del mismo difunto antes de morir, se preparaba un bote especial al cual se le prendía en fuego una vez que llegaba al mar. Esto era para llamar la atención de Odín y sus valquirias.
En cuanto a los feudos del difunto, pasaban de la tristeza a la alegría en cuestión de minutos. Una vez que despedían al fallecido pasaban a una gran celebración con comida a rebosar y bebida, proporcionada por los parientes del difunto. Por todo una noche se contaban historias del muerto, se bebía y bailaba en su honor, y por supuesto, se cantaban canciones hasta quedar afónicos. De todas las tribus del archipiélago barbárico del oeste, los peludos Hooligan eran la tribu que disfrutaban más de las fiestas, la danza y el canto, tanto que existían mil canciones solo nativas de la isla de Berk. Esto se debía principalmente al ser asediados constantemente por dragones; el riesgo de morir era muy alto, los Hooligan preferían vivir al máximo y disfrutar con alegría cada momento antes que fuera muy tarde.
–Van a mandar al Lars al Valhala con su espada favorita –explicó Gobber sacando el pedazo de acero incandescente del fuego para ponerlo de nuevo en el yunque y comenzar a golpearlo con su mazo –, pero el pedazo de chatarra quedo desecho por el fuego del Nader. Estoy haciendo una igual para la ceremonia. El pobre Lars ya no se dará cuenta.
Levantando en alto su mazo, Gobber lo precipitó con fuerza sobre el metal, en lo que Hiccup, protegido por unos gruesos guates de cuero de cerdo, le daba vueltas para nivelarlo.
–Por cierto ¿Tú qué haces aquí? –le preguntó el herrero a la joven sin parar en su labor –. ¿No deberías estar ayudando a Gothi en organizar la ceremonia?
Honey soltó un gruñido.
La jerarquía y distribución de las autoridades vikingas, como sus funciones eran muy complejas y no todo mundo podía seguirle el paso. A la cabeza de una aldea siempre se encontraba el jefe, el cual tenía la última palabra y caía toda la responsabilidad del bienestar de su gente. El jefe era el principal protector y organizador, pero por desgracia no podía estar en todo lugar a todo tiempo; es ahí donde entraban los miembros del consejo de la aldea.
Este consejo era conformado por un líder de cada uno de los clanes más imponentes de la isla. Cada clan se ganaba ese respeto por batalla, logros o productividad. Era por ello que las casas que dominaban la pesca, la ganadería, el cultivo, la explotación de minerales y la tala de madera, se volvían miembros del consejo. Los otros dos puestos estaban destinados para el líder de la guardia de Berk y el consejero principal. Estos eran responsables de cada una de sus aéreas y reportaban directamente con el jefe; en las juntas formaban parte de la toma de los decretos, aunque siempre al final, Stoick tenía la última decisión.
La otra autoridad principal de la aldea eran los ancianos, quienes tenían la función de guías morales, de las tradiciones y espirituales del la sociedad vikinga, cuando no existían ninguna sacerdotisa o valva que cumpliera esas funciones (desde la época del último rey del Wilderwest no existía ni una valva en el archipiélago). Por muchos años, Gothi, Mildew y el viejo Wrinkly habían sido los responsables de las antiguas tradiciones en la isla de Berk, pero con la muerte del abuelo de los Haddock y el desquiciamiento de Mildew después de fallecimiento de su tercera esposa, la labor había quedado solamente en el miembro más viejo de la aldea. Esa era Gothi, la curandera, la líder chaman y maestra de Honey.
Había otros puestos menores o más bajos de jerarquía, y algunos que por obvias razones estaban desocupados; como el de la dama de la aldea, lugar que solo le correspondía a la esposa del jefe.
–Neh –soltó la chica con desdén –. Las ceremonias fúnebres no son mis favoritas, hay mucho trabajo y el paciente está muerto. No le veo lo divertido.
–Y como si yo me la divirtiera mucho de niñera ¿eh? –se quejo Gobber parando por un momento –. Hay mucho trabajo por hacer y no puedo estar vigilando lo que hacen ustedes dos todo el tiempo.
–No tienes que cuidarnos, Gobber –comentó Hiccup encogiendo los hombros –, podemos hacerlo por nuestra cuenta.
–¡Ja! –se burló el herrero –. Dile eso a su padre. Qué por cierto ¿ya ha hablado con ustedes?
–Por favor –se quejo Hiccup con el semblante sombrío –, nuestro padre rara vez nos habla y cuando lo hace evita todo contacto visual.
–Prefiere más los gritos –opinó Honey tomando asiento sobre un barril.
–Es el jefe y es su trabajo ser autoritario con todo el mundo –comento Gobber con paciencia.
–¡Pero no somos todo el mundo! –gruño Hiccup subiendo el tono de voz, pero rápidamente se resignó y arrojó los guantes de cuero de cerdo a un lado. El sueño que había tenido en el bosque aún estaba fresco en su memoria. No había sido producto de su imaginación, era un recuerdo de tiempos pasados cuando su padre aún le mostraba algo de cariño –. Ese hombre es imposible de complacer.
–¿Y le han dicho lo que piensan?
–¡Ja! –soltó la chica imitando al viejo guerrero.
–O tal vez lo están viendo todo mal –agregó Gobber con una débil sonrisa –. Porque hay dos formas de ver las cosas, la forma vikinga y la forma de ustedes, y la forma que tienen ustedes suele incomodar a los adultos.
–Hablando de temas incómodos, nos gustaría otra conversación –dijo Hiccup desanimado.
–Muy bien ¿Y cómo les va los demás chicos de su edad?
–Lo de rutina –contestó Honey con desinterés –. Golpes, burlas, lo de siempre.
–Yo no me refería a eso –aclaró el herrero guiñando un ojo a los hermanos.
–Por el amor a Freya, Gobber –soltó Honey indignada y sonrojada captando la indirecta –. Solo tengo doce años para estar pensando en niños. ¡Y si mi padre te escuchara preguntarme eso, serías hombre muerto!
–Bueno, uno fuera –dijo el hombre sin intimidarse, antes de volverse hacia Hiccup –. Y dime tu muchacho ¿Qué tal te va con las damas?
–No es precisamente el cambio de conversación que tenía en mente.
–Oh vamos, me he dado cuenta de cómo miras a Astrid.
En cuestión de segundos el rostro de Hiccup se iluminó y tomó un intenso color carmesí que oculto perfectamente las pecas de sus mejillas. No podía creer que fuera tan obvio; Honey lo sabía porque nunca le ocultaba nada, pero pensar que otras personas se dieran cuenta de su enamoramiento juvenil hacia la chica rubia guerrera, le revolvía el estomago… y peor, si Astrid se enteraba…
Pero antes de que Hiccup pudiera coordinar una respuesta, Honey ya se había adelantado:
–Vamos Gobber, se realista. Astrid no se acercaría a Hiccup aunque ella estuviera en llamas y él tuviera el único balde de agua en toda la aldea.
Hiccup entendía a la perfección la razón detrás de las palabras de su hermana y sabía que su antipatía en su expresión era dirigida principalmente a lo inflexible que podía ser Astrid y no a las pocas posibilidades que él tuviera para llamar su atención. Aún así, el comentario le resultó doloroso, y a pesar que él sabía que no tenía una oportunidad con Astrid en el futuro, tuvo el suficiente valor para confrontar a su hermana al respecto:
–¿Qué quieres decir con eso?
–Tú sabes que quiero decir –respondió Honey algo distraída y sin percatarse que había lastimado el ego de su hermano.
Gobber solo permaneció callado pasando la mirada de un gemelo al otro.
–Porque me parece que quiere decir que nunca tendré una oportunidad con Astrid.
–¿Qué? –dijo su hermana desconcertada comprobando por primera vez el disgusto en el rostro de su hermano.
–Que piensas que nunca tendré una oportunidad con Astrid –insistió el muchacho elevando la voz –. ¡Porque si yo quisiera tener a Astrid, podría tener a Astrid!
Un incomodo silencio que siguió a la declaración del joven, se apodero completamente de la forja. Fueron unos tensos segundos en que nadie se encontraba seguro de cómo responder a continuación, cuando de repente algo los distrajo:
–¡Hey! –escucharon una voz que llamaba desde la entrada.
Los gemelos Haddock y Gobber se volvieron al mismo tiempo para ver la inconfundible silueta de la joven Hofferson con hacha en manos, parada contra el sol que pasaba por la entrada de la herrería.
Honey y Gobber se preguntaron mentalmente cuanto tiempo llevaba ahí, pero en la mente de Hiccup solo había una cosa:
–Los dioses deben estarme jodiendo –musitó el joven fastidiado en voz baja.
Chapter 8: Pasado y presente
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Pasado y presente
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–¡Hey!... ¡Hola, Astrid! –balbuceó nervioso Hiccup completamente sonrojado y rascándose la nuca –. ¡Hey, hola!... ¿Qué podemos…?
Su tartamudeo quedo interrumpido repentinamente por el hacha de Astrid. La joven rubia la lanzó con tal destreza que la hoja afilada dio justo en un tronco de madera a unos centímetros del cuerpo de Hiccup. El muchacho dio un brincó hacia atrás del susto.
–Yo creo que si te escuchó –le murmuró Honey al oído a su hermano.
–Gracias por aclararlo –masculló Hiccup entre dientes.
–Vine para que afilaran mi hacha –dijo Astid con fría indiferencia. No era la primera vez que había atrapado a las personas hablando de ella a sus espaldas, en cierta forma estaba tan acostumbrada a ello que bloqueaba las palabras inmediatamente.
Pero los tres ocupantes de la herrería no estaban consientes de ello.
–Mi rudo aprendiz –soltó de repente Gobber ante el silencio incomodo que se apoderó de su forja ante la llegada de la muchacha rubia – estará dispuesto a satisfacer todas sus necesidades –agregó empujando con el brazo a Hiccup en dirección de Astrid mientras le guiñaba un ojo.
El muchacho le lanzó una mirada asesina combinada con completo terror. Entendía que la intención de Gobber era salvar la situación, pero lo único que estaba haciendo era hundirlo más en una tumba profunda.
–Yo no puedo… porque… –comenzó a balbucear Gobber pasando la mirada por su forja buscando un buena escusa – yo tengo… –su ojos cayeron nuevamente en los tres jóvenes delante de él, quienes le devolvían una mirada en completa confusión. Al enfocarse solo en la hermana gemela fue cuando finalmente tuvo la brillante idea –: tengo que llevar a Honey con Gothi para que ayude con la ceremonia funeraria.
–¡¿Qué?! –soltó Honey impactada.
–Vamos pequeña peluda mocosa –insistió el guerrero con una gran sonrisa –, no te vas a escapar de esta.
–¡No-oh! –bramó Honey inútilmente tratando de huir, pero Gobber la tomó fácilmente del brazo impidiendo su escape –. ¡No quiero ayudar con la ceremonia! –chilló la joven mientras el antiguo guerrero se la colgaba debajo del brazo como si fuera un saco de harina.
Completamente satisfecho con su plan, Gobber sacó a Honey de la herrería (no sin antes guiñarle un ojo a Hiccup por una última vez antes de salir) dejando solos a su aprendiz y a su amor adolecente.
–¡Pero no quiero! –se escucharon las quejas de la joven bajo su brazo –. ¡Son tan aburridas!
–Ya basta de lloriqueos –dijo el herrero sin detener su marcha –. He oído escusas peores, así que eso no funciona conmigo.
Los dos chicos que quedaron en la forja los miraron alejarse a través de la puerta, hasta que ya no se podían escuchar las inútiles quejas de Honey.
–Je, Gobber –fue lo único que pudo articular Hiccup una vez que se percató que se encontraba solo con Astrid.
La sonrisa desapareció rápido de su rostro una vez que Astrid tomó nuevamente su hacha y la soltó en sus brazos. Hiccup que carecía de toda fuerza física posible, dejo caer el arma en el suelo a pesar de que sus manos nunca la soltaron. Tuvo mucha suerte que no perdiera algún dedo del pie en el proceso.
–Sale una hacha de batalla completamente afilada –dijo el chico arrastrando el hacha por el piso en dirección de la piedra afiladora.
–Hey, te cuidado –le advirtió Astrid –, le pertenecía a mi madre.
Casi cualquier otro miembro de la aldea de Berk podría conseguirse una arma nueva, especialmente si era para un joven aprendiz de guerrero, pero por desgracia, la familia de Astrid no podía darse ese lujo. Desde que la jovencita era una niña su clan sufría con la terrible desgracias de la vergüenza, probablemente uno de los peores males que le ocurriría a un vikingo después de la traición.
Por generaciones los Hofferson eran uno de los clanes familiares más imponentes e influyente de los peludos Hooligans, pero desde la tragedia, les estaba resultado muy difícil volver a levantarse. Habían perdido su posición entre los mejore aserradores del pueblo y su reputación como guerreros sin temor. Debido a ello tuvieron que tomar decisiones difíciles, como disminuir sus gastos y cuidar el oro de las arcas familiares. Lo Hofferson nunca había vivido escases de recursos, pero como no tenían ni idea cuando saldrían del agujero en que habían caído, necesitaban proteger lo aquello que les quedaba y ahorrar a lo máximo. Astrid tuvo que usar por mucho tiempo su ropa de infante hasta que ya no le entraban o estuviera desgarrada por el uso.
La gente solía hablar de la situación de los Hoffersons a sus espaldas, señalarlos y burlarse en voz baja, mientras que en sus caras solía fingir pena y aprensión. Pero Astrid no quería la pena de nadie, lo que ella quería era el renombre de su familia, dejar su marca en la historia de Berk y que Hofferson fuera nuevamente sinónimo de valor. Y estaba dispuesta a conseguirlo como fuera, a pesar de los prejuicios, su sexo y de todo aquel que se atravesara en su camino.
Era por ellos que a Astrid entrenaba día y noche para convertirse en una doncella guerrera como su madre antes que ella; y a pesar de que estaba entrando en la edad de los pretendientes, la chica no estaba interesada en lo más mínimo. Su mente y corazón solo se enfocaba en una sola cosa, la victoria.
Mientras se paseaba por la forja apreciando la colección de armas de Gobber, nunca se percató de la mirada esquiva de Hiccup, quien se enfocaba cada vez más en ella que el trabajo que debería estar realizando.
Hiccup conocía a Astrid desde mucho antes de que pudieran hablar, pero no tenía idea de cuándo dejo de verla como la niña que iba regularmente a su casa a jugar, a la jovencita que había captado su atención. Pero tenía fuerte razones por la cuales ella resultaba tan cautivante: era valiente e imparable, hermosa y considerada, la imagen de una doncella guerrera; solo exceptuando por su temperamento que a veces daba miedo, se podía decir que Astrid era casi perfecta ante los ojos de Hiccup. Bueno, tal vez era muy pronto para afirmar que el muchacho estuviera enamorado, pero definitivamente a Hiccup le gustaba Astrid, y mucho.
Pero por desgracia para él (y era algo de lo que estaba consiente), el sentimiento no parecía ser reciproco.
Durante todo el tiempo en que se ocupaba, despistadamente, en cumplir con su labor de sacar el filo al hacha, Hiccup intentó aprovechar la oportunidad para intercambiar algunas que otras palabras con ella, y tal vez impresionarla. Pero las cosas no estaban resultando tal cual esperaba.
–Estuvieron en el escuadrón contra incendios anoche ¿verdad? –dijo tratando inútilmente enfocarse en lo que estaba haciendo y no la joven que se paseaba delante a él –. Me hubiera gustado estar ahí con ustedes, pero estaba ocupado cazando un night fury.
–Aja –musitó Astrid sin ponerle mucha intención a lo que decía.
–Así es, Honey y yo estuvimos muy cerca de acabar con él –insistió Hiccup tratando de sonar interesante.
–¿En serio? ¿Dónde?
–No, no pudimos terminar lo empezamos –dijo el chico justificándose mentalmente que lo que decía no eran completas mentiras –, se fue volando aterrorizado. Estoy seguro que no volverá pronto.
–¿Y? –dijo Astrid de puntillas para tomar una espada de la colección de Gobber, que estaba suspendida en lo alto de la pared –. ¿Cómo ha estado ella?
–¿Quién? –soltó Hiccup completamente desconcentrado y distraído por la presencia de Astrid. A causa de ello, el hacha se deslizó sobre la piedra de afilar y se formó una fisura en su hoja.
El muchacho soltó un chillido.
–¿Qué fue eso? –peguntó Astrid sin mucho interés blandiendo la espada en sus manos.
–Nada –mintió el muchacho del cabello castaño tratando de ocultar la evidencia de su delito –. Y…. ¿a quién te referías con “ella”? –agregó tratando de distraer a la rubia.
–Tú sabes… –masculló Astrid tratando de sonar despreocupada – me refiero a Honey.
–Ah –gimió Hiccup comprendiendo a lo que la rubia quería decir.
Cuando uno se es miembro de una tribu vikinga, la pérdida es una constante rutina. No existía nadie en Berk que no hubiera perdido a alguien de su familia de manera trágica. Hiccup y Honey lo había sufrido con la separación de su madre mucho antes de ellos formaran recuerdo de quien había sido ella.
A pesar de ello, no había razones para sentirse solo en una aldea de vikingos, especialmente en Berk que era el pueblo más pequeño comparado con las demás islas de archipiélago. Todos los Hooligans permanecían juntos como un mecanismo de defensa ante las adversidades y rara vez se estaba realmente solos (era principal razón por la que el rechazo y el exilio eran de los peores castigos). Era costumbre mantener a los niños juntos desde podían ser separados del pecho de sus madres y las generaciones continuaban así durante todo su crecimiento y desarrollo. Los niños comían juntos, descansaban juntos, entrenaban juntos, etc.
Debido a tal costumbre, Hiccup y Honey habían convivido mucho tiempo con los demás niños de su generación durante sus primeros años de vida, especialmente con un padre primerizo que además debía ver por el bien de su aldea. Pero a pesar de esta convivencia a la fuerza, eso no volvía a todos los niños amigos. Los gemelos Haddock sufrían de burlas constantes desde aquella época, principalmente por parte de Snotlout; también de los gemelos Thorston tenían parte de la culpa, pero como ellos se burlaban de todo el mundo no resultaba tan pesado.
Aún así, los primeros años de su infancia no resultaron tan difíciles ya que contaban con la amistad de Astrid y Fishlegs. Efectivamente, por muchos años el niño regordete fue el mejor amigo de Hiccup e igual lo era la rubia para Honey. Habrá otro momento para hablar de la amistad de Hiccup y Fishlegs con detenimiento, ahora solo nos enfocaremos en Astrid y Honey.
Las dos niñas eran tan buenas amigas que rara vez se veía la una sin la otra. Inclusive, muchas veces Astrid defendió a Honey de los insultos y burlas de los demás. ¿Qué fue lo que paso para que se arruinara tan buena amistad? La verdad, nadie estaba seguro. Simplemente un día cuando las niñas tenían entre los nueve a los diez años, todo se acabo.
Astrid comenzó a alejar a Honey de su lado sin explicar por qué. La gemela trató muchas veces de reconciliar la situación, pero Astrid continuó sin dar razones y dándole la espalda a la que una vez fue su mejor amiga. Curiosamente fue en la misma época en que el clan Hofferson se llevó el título de la vergüenza; si los dos hechos estaban relacionados, nadie estaba seguro más que los dioses.
Honey tomó muy mal la situación preocupando demasiado a su padre en cuanto a su estado de ánimo, ya que justamente fue el tiempo en que los gemelos fueron coronados como los raros e inútiles de todo Berk. Poco a poco y con el tiempo, la muchacha se recuperó de la pérdida de su amiga, nunca volvió a hablar con ella, y comenzó rechazar a la mayoría de la gente; pero si algo bueno resultó de aquel drama, fue que la relación entre los hermanos se volvió más fuerte. Hiccup también perdió la amistad de Fishlegs, la relación con su padre empeoró y la burla de los demás chicos fue terrible. Al final, con el único que podían contar era con su gemelo.
–Normal –dijo el muchacho sin sabe que decir realmente –. Al menos lo que es normal para Honey.
–Oh –soltó la muchacha rubia regresando la espada a la pared y continuando su recorrido por la forja.
En cuanto a Astrid, las cosas tampoco fueron muy bien. Además del problema de su familia, la chica no volvió a desenvolverse con nadie como lo hacía en su infancia. Siempre se le veía en compañía de los demás chicos de su generación pero no peculiarmente a gusto o conforme. Muchas personas habían asegurado que mucho de su carácter cambio y que rara vez se le distinguía feliz como cuando era pequeña. Su madre también se preocupo por el cambio, pero simplemente lo vio como una fase por la situación por la que estaba pasado y el inició de la pubertad.
Pero Hiccup tenía la leve sospecha que Astrid lamentaba lo que paso, ya que esa no era la primera y única que llegó a preguntar por Honey.
Absorto en sus pensamientos, el muchacho no se dio cuenta al principio que Astrid había encontrado el cuarto secreto que tenía Hiccup en la parte atrás de la herrería.
–¡Espera! ¡No… no deberías… entrar…! –musitó el chico con pena y con un leve sonrojo.
–¿Qué es todo esto? – preguntó Astrid mirando los múltiples bosquejos que Hiccup tenía adheridos a la paredes y sobre su mesa de diseño.
–Es… es un proyecto en proceso… no deberías estar ahí – balbució Hiccup débilmente. Con cualquier otra persona habría sido más efusivo y sobreprotector de su espacio privado, pero tener al Astrid distraída dentro de ese cuarto le dio oportunidad de cambiar la hoja dañada del hacha de la madre de la muchacha sin que esta se diera cuenta. Solo esperaba que no encontrara su libreta de dibujo donde tenía varias ilustraciones de ella.
Astrid paso su vista por bosquejo en bosquejo sin entender la mayoría de ellos, solo los titulo que estaban escrito como pie de página le daban una idea de que eran una especie de arma. Una débil sonrisa apareció en sus labios. Todos conocían la reputación de los inventos del joven Haddock, pero muy pocos sabían de todas las idea que había en su cabeza, y en cierta forma al verlo representado en esa pequeña habitación, a Astrid le pareció impresionante. Era una lástima que ninguna de sus invenciones fuera a tener éxito.
–Ya estoy ansiosa por que se mañana –dijo Astrid algo más animada al salir del pequeño estudio de Hiccup –. Finalmente tendremos la oportunidad de demostrar lo que tenemos.
–Ah… y yo… –dijo el muchacho de cabellera castaña sin tener idea a lo que se refería la rubia –estoy… muy feliz por ti.
–¿A caso no lo sabes?
Hiccup encogió los hombros.
–Están preparando los botes y los hombres para iniciar otra búsqueda del nido.
–¿Y eso… te alegra… porque les dirás adiós…? –dijo Hiccup aún sin comprender.
–No, idiota –contestó la chica automáticamente perdiendo la paciencia –. Los guerreros van a ir de búsqueda y la aldea necesita nuevos héroes para protegerla. Así que nos van a adelantar en el entrenamiento. ¡Vamos a enfrentar dragones!
Hiccup y Astrid intercambiaron miradas, ella llenas de emoción y él con completa duda. El muchacho en realidad no tenía idea de qué hacer con toda esa información, pero no tuvo la necesidad de averiguarlo ya que la charla entre los dos fue interrumpida por los gritos de Snotlout y los gemelos Thorston desde el exterior llamando a Astrid.
La rubia extendió la mano y Hiccup le entregó con dificultad su pesada hacha. Astrid la blandió con habilidad y gran ligereza probando el poderoso metal… pero la sentía diferente.
–No te preocupes –se apresuró a explicarle Hiccup nervioso ante la inquietudes que se reflejaban en su rostro de Astrid–. Le hice un par de ajustes ya que la cabeza estaba un poco suelta por el constante uso y ahora está perfectamente equilibrada. Es todo el servicio completo.
–¿Cuál será el costo?
–No hay costo –se apresuró a agregar con una temerosa sonrisa–. Esta va por mi cuenta.
–¡Hey, gracias! –dijo Astrid correspondiéndoles con sonrisa sincera por igual. Tal vez Hiccup no era un completo desastre después de todo.
Y sin más, Astrid salió de la herrería para encontrarse con los demás chicos, dejando al gemelo Haddock solo, completamente sonrojado y con ese pequeño momento grabado en su mente.
Chapter 9: La sangre derramada
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La sangre derramada
El guerrero en su campo de batalla,
El dragón en su montaña,
Los dioses en el Valhala,
Sangre valiosa ha sido derramada.
~o~
Vikingo campeón del dios del trueno,
Elegido para los mil encuentros,
Por todo el valor que llevas dentro,
No destruyas los inocentes sueños.
~o~
Bestia guerrera que surca el cielo,
Ten piedad del alma humana,
Tu fuego arde con dulce recelo,
Tu fuerte armadura son tus escamas.
~o~
El rayo de Thor enciende las estrellas,
Como las llamaradas en las parcelas,
Su corazón ha sido herido,
Por una lucha sin sentido.
~o~
El dios entregó dos regalos al mundo,
Deseos de la dulce victoria,
Victimas del orgullo,
Uno perecerá ante la derrota.
~o~
Las mil lunas surcaron el cielo,
Cantos de reyes perdidos,
La paz es su añorado deseo,
Cuando finalmente decidió sus destinos.
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Chapter 10: La decisión
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La decisión
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Le tomó un par de minutos a Hiccup salir del estado de embelesamiento en que quedo después de su corta charla con Astrid. Cuando finalmente regresó a la realidad se dio una vuelta por la herrería de Gobber siguiendo los mismos pasos que la chica rubia realizó durante su corto encuentro. Miró con detenimiento la espada en la pared que había llamado la atención de Astrid; era la favorita de Gobber, una reliquia familiar de sus tátara-tátara abuelo. A pesar de los años y encuentros que había presenciado esa arma, la hoja continuaba en perfecto estado y su empuñadura conservaba el delicado grabado de las runas.
–Realmente Astrid tiene buen ojo para las armas –murmuró Hiccup para sí mientras apreciaba la espada en la pared.
Y no había porque sorprenderse de ello. La joven Hofferson era una guerrera desde la cuna, la batalla estaba en su sangre y el combate le resultaba natural. Todos podían figurarse que aspiraría a convertirse en una doncella guerrera y nadie tenía duda que lo consiguiera. Eso la convertiría en el perfecto prospecto de la esposa vikinga para algún afortunado.
–Está muy fuera de mi liga –susurró el chico con un suspiro.
Hiccup era el único hijo varón del jefe de la aldea, lo cual lo convertía en el heredero de al trono de Berk. Normalmente, los hijos de un jefe eran el mejor prospecto para una pareja, pero si realmente Hiccup llegaría algún día a ocupar ese puesto, eso estaba en completa duda. El muchacho era un marginado, considerado un problema viviente y si no fuera porque vivía en el archipiélago barbárico, nadie le creería que era un vikingo.
El muchacho estaba al corriente de esto. No había ni una pisca de lo que se podía considerar un héroe vikingo en todo su cuerpo: no podía luchar o defenderse, pensaba y preguntaba demasiado, incluso le costaba mucho esfuerzo solo levantar un escudo.
Era exactamente lo que indicaba su nombre, un hiccup. Un término utilizado para referirse a los pequeños, débiles, enfermizos e inútiles. En muchas ocasiones su primo Snotlout se burlaba de él solo por su nombre, ya que era una vieja costumbre en las demás tribus del archipiélago dejar a los niños con tales características, en pequeños bote de mimbre a la deriva en el mar. Si llegaban a otra tierra vivos, era la señal que el dios Njord le perdonaba la vida y se le debía dar otra oportunidad.
Berk ya no practicaba tal tradición. Con la constante amenaza de los dragones, la población en la isla se mantenía reducida a comparación de otras tribus. No podían darse el lujo de entregar a sus niños débiles al dios del mar; estos podrían ser utilidad en algún momento de sus vidas, aunque fuera como bocadillo de algún dragón en lugar de un futuro y verdadero guerrero. Pero ni siquiera de esa forma, nadie podía advertir la utilidad en joven varón Haddock.
Hiccup veía el día en que se convirtiera en jefe de la tribu como un suceso imposible; pero eso nunca realmente le importó. Lo único que él quiso por muchos años, casi toda su vida, era ser como los demás… ser como lo demás querían… ser como su padre quería.
El muchacho continuó su recorrido por la herrería hasta llegar a su pequeño taller privado donde solía trabajar en sus locas ideas y diseños. Sus ojos verdes brillantes se perdieron en todos los bocetos que decoraban las paredes y los pequeños artefactos como miniaturas de los mismos que yacían en la repisas y sobre la mesa de trabajo.
Esa pequeña habitación demostraba todo el esfuerzo y compromiso que había puesto en convertirse en un vikingo hecho y derecho, de uno que su padre estaría orgulloso. Tantas ideas para mejorar sus vidas y muchas otras para quitársela a los dragones.
Una risita sarcástica se escapó de sus labios mientras levantaba el boceto de su último diseño del “Mutilador”. Tanto tiempo y esfuerzo que había invertido en su sueño de convertirse en un verdadero guerrero, en un asesino de dragones, pero cuando llegó el momento de la verdad, aquella oportunidad que estuvo esperando por tanto tiempo, dejo que se le escapara de las manos.
En la mente de Hiccup aún estaba fresca la imagen de Night Fury a maniatado y servido en bandeja de plata como un salmón ahumado. No podía entender como en aquel momento crítico de su vida había flaqueado. Y lo único que podía decirse a sí mismo para explicar su repentino remordimiento, era que vio la tristeza del dragón reflejada atreves de sus ojos. Hiccup no sabía si eso era posible, todas las historia con las que creció le habían enseñado que la bestias escupe fuego no tenían alma, remordimiento o sentimientos.
Pero para ser sinceros, el night fury fue el primer dragón en su vida, que Hiccup tuvo lo suficientemente cerca y el tiempo necesario para apreciarlo visualmente.
El muchacho nunca estuvo muy seguro de que hacer o lo que en realidad quería en su vida, pero finalmente, después de su encuentro con el dragón negro como la noche, le quedo algo muy claro: no podía y no quería, matar dragones después de todo.
Hiccup soltó un suspiró de resignación apretando su cabeza con ambos brazos, para después lanzarse por su pequeña habitación tomando cada uno de los bocetos que colgaban de la pared y los yacían sobre la mesa de trabajo. Con los brazos llenos, regresó a la forja para arrojar cada uno de los papeles en el ardiente horno de piedra. Miró hasta con rencor como los trozos de papel ardían ante el fuego.
Estaba decidido, Hiccup Haddock nunca más intentaría matar un dragón, y que Odín lo protegiera.
–Hiccup –escuchó que lo llamaban. Al volverse encontró a Gobber en la entrada de la herrería –. ¿Todo bien, muchacho?
Hiccup solo pudo darle una débil sonrisa y encoger los hombros. Sus ojos pasaron del héroe jubilado a la llamas del horno de piedra, donde las hojas de papel habían sido reducidas en cenizas.
–Ehhhhhh –gruñó Gobber captando el humor decaído de su pupilo –. Sabes Hiccup, creo que… creo que yo puedo terminar con la espada de Hoolgens por mi cuenta… porque no mejor regresas a casa…
–Gobber, yo puedo…
–Yo sé –se apresuró a decir el herrero colocando su mano falsa de madera sobre el hombro de Hiccup –. Ve a casa y descansa, ha sido un largo día.
–Gracias, Gobber.
Con una última sonrisa, Hiccup pasó su mandil por sobre su cabeza antes de dejar la forja completamente cabizbajo. Gobber lo observó marcharse en completo silencio hasta que su pequeña figura desapareció entre las sombras del anochecer que se apoderaban de la aldea.
Vaya día que había tenido el pobre joven de cabellera castaña. Una simple mañana con terribles bestias escupe fuegos habían alterado completamente su vida. Hiccup podía estar aún un poco consternado con su propia decisión de no matar dragones, pero era definitivo.
El muchacho solo quería llegar a su casa, meterse debajo de las pieles de su cama, dormir un par de horas y empezar un nuevo día con todo un estilo de vida diferente. Aunque no estaba completamente seguro en qué consistiría.
Pero con lo que no contaba Hiccup, era con la gran mole musculo y vello facial que era su padre Stoick the Vast. Al abrir la puerta de su casa, ahí estaba el hombre, atizando el fuego de fogón con tal calma, como si estuviera esperando a alguien.
–¿No debería estar con el resto de la aldea dando la despedida al pobre de Lars? –pensó Hiccup histéricamente. Tratando de no hacer ruido, el muchacho cerró la puerta con cuidado y escabullirse por las escaleras a su habitación.
–Hiccup.
–Rayos –musitó el chico en voz baja –. ¡Hey!.. Hola, papá… creo que necesito hablar contigo…
Hiccup se encontró frente al reto más difícil de su vida, informarle a su impasible y sobreprotector padre sobre la decisión que acababa de tomar. Por desgracias para él, su progenitor también había tomado una muy complicada medida que estaba ansioso por informarle.
Ambos hablaron al mismo tiempo sin prestar ninguna atención en lo que decía el otro. Cuando terminaron, se dieron cuenta que su palabras habían caído en oídos sordos y los suyos no captaron lo que intentaban decirle el otro.
El muchacho pensó que debía ser una cruel ironía de la vida, un jugo perverso de los dioses. No importaba que Honey le aseguraba, que era tan insignificante para que los dioses se molestaran en fregarle la vida, pero era la única razón posible para su suerte. Después de haber tomado la dificultosa resolución de nunca jamás volver a intentar matar un dragón en su existencia, su querido y frío padre le informaba que cedía a sus primeros deseos y lo entrenarían para matar dragones.
–¡¿Acaso no me escuchas?! –soltó el chico exasperado tratando de captar la atención de su padre que insistía en su clásico monologo sobre lo que era ser un héroe vikingo.
–Esto es serio, Hiccup –dijo Stoick tajantemente callando de inmediato a su hijo –. Cuando llevas un hacha, un casco y el escudo nos representas a todos nosotros. Así que debes ser como nosotros, hablar como nosotros y pensar como nosotros. Es fundamental que sigas las tradiciones barbáricas sin cuestionarlas por tan ridículas te parezcan. A tu edad, yo no hacía preguntas, solo obedecía; mi padre hizo igual antes que yo y su padre, el padre de su padre y así, hasta los primeros líderes de los peludos Hooligans. Puede sonar complicado al principio, pero solo debes de dejar de ser… “esto” –agregó de último indicándolo completamente.
Hiccup soltó un gemido en desesperación.
–¿Es una promesa? –insistió Stoick clavando los ojos en su hijo.
–Esta conversación parece ir en una sola dirección…
–¡¿Promesa?!
–Es una promesa –dijo el muchacho resignado.
Antes de que Stoick pudiera agregar algo más a la plática, la puerta de su hogar volvió abrirse para darle paso a la menuda figura de Honey. La jovencita entró completamente distraída acomodando algunos cabellos sueltos de su flequillo, que no se percató en un principio de la presencia de su padre y hermano. En realidad, Honey esperaba no encontrarse a nadie en casa, por lo cual dio un ligero respingo cuando vio a ambos hombres con la mirada clavada en ella.
–Buenas noches, papá –dijo rápidamente la joven escondiendo sus manos en su espalda.
–¿Dónde estabas? –le preguntó Stoick plantándose frente a ella.
–Ayudando a Gothi en la ceremonia funeraria –explicó la niña tratando de parecer inocente frente a la imponente figura de su padre.
–¿A sí?
–Sí, hasta que hice una sugerencia a la madre del difunto sobre el discurso que planeaban decir… y le pareció algo ofensivo mi sugerencia.
–Arg –gruñó Stoick frotando sus ojos con los dedos –. Odín, dame paciencia –dijo inmediatamente volviendo la mirada al techo –. Tú también eres padre.
–En cierta forma conseguí que me vetaran de la ceremonia –continuó Honey casi orgullosa haciendo caso omiso a los ruegos de su progenitor.
–Estaba bien –soltó el hombre tratando de controlar su respiración –. Yo iré a la ceremonia y ofreceré disculpas a la familia Hoolgen. Ustedes dos –indicó a sus hijo con su regordete dedo índice –, se quedarán aquí, no salgan de la casa y van directo a la cama. Hiccup, tú cuida de tu hermana.
Stoick hizo el ademán inútil de tomar la puerta cuando se percató de cómo Honey fruncía el ceño y abría la boca para contradecir sus órdenes, por lo cual se apresuró a agregar completamente desesperado:
–¡Y por el amor a Freya, Honey, has solamente lo que te pido y sin quejarte!
La niña cerró la boca inmediatamente aunque su semblante denotaba que aún tenía unas cuantas cosas más que decir al respecto.
–Volveré en un par de horas –explicó a ambos hermanos abriendo la puerta de entrada –, la ceremonia no debe durar mucho ya que mañana partiremos temprano.
–¿Partir? ¿A dónde? –se apresuró a preguntar Hiccup.
–Iremos nuevamente a buscar el nido de esos demonios.
Hiccup y Honey se miraron en silencio dejando que sus ojos expresaran lo que ambos estaban pensando. Por siglos, lo vikingos del archipiélago había realizado exploraciones y viajes infructíferos en busca del nido de los dragones en su isla, y muchos habían perdido sus vidas en el proceso. El padre de los niños ya había realizado el mismo viaje, múltiples de veces en búsqueda de gloria y heroísmo, incluso mucho antes de que ellos nacieran, pero nunca había alcanzado su objetivo.
Aunque la relación de los gemelos con su padre se había deteriorado con el paso de los años, ellos aún lo amaban y se preocupaban por su seguridad. Además, si algo le pasaba o no regresaba del viaje ¿Qué sería de ellos? Lo poco que los aldeanos llegan a respetar a los dos hermanos se debía solo por respeto a su progenitor. Sin él, ellos estaban perdidos.
–Hiccup explica a Honey lo que acabamos de platicar –ordenó de último Stoick mientras atravesaba el umbral de la puerta –. Y ahora, a la cama y no salgan de la casa. POR. NINGUNA. RAZÓN.
Y sin más, cerró la puerta detrás de sí, dejando a ambos hermanos mudos con la preocupación.
–¿Qué fue todo eso? –soltó Honey volviéndose hacia su hermano e indicando con su pulgar la puerta por donde había salido su padre –. ¿A qué se refería?
Hiccup no le contestó, solo soltó un gruñido de frustración y se dejo caer al suelo.
Chapter 11: Au revoir
Notes:
Una escena perdida de la primera película.
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Au revoir
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–Se que todos terminan tarde o temprano tragándose sus palabras –comentó Honey mientras caminaba junto a su hermano en dirección del muelle de Berk –, pero nunca me imagine a mí pasaría por esto –ambos jóvenes descendieron por la larga escalinata y pendiente que comunicaba la aldea con el pequeño puerto de isla unos metros más abajo. Era la mañana siguiente a la última despedida del difunto Lars y al igual que la noche anterior, la mayoría de los habitantes de Berk se encontraban de nuevo en los muelles, pero en esa ocasión ante los preparativos de la peligrosa campaña que estaba por guiarlos su líder –. Realmente estas maldito, Hiccup –continuó la joven tomando a su gemelo del brazo –. ¿Cómo puede ser posible que después de años rogándole a papá que te permita entrenar con los demás, finalmente acceda a que mates dragones el día en que descubres que no puedes matarlos?
Hiccup soltó un leve gemido.
El muchacho había pasado una muy mala noche tratando de descifrar lo que iba a hacer. No quería decepcionar otra vez a su padre, pero igualmente no era su deseo perder alguna pierna o brazo en la tontería de entrenar para pelear contra dragones.
–Mi completa existencia es una broma cruel de los dioses –insistió Hiccup cabizbajo mientras él y Honey esquivaban a la multitud, que desde el amanecer, se encontraba ocupada en proveer a los barcos de sus correctas provisiones –. Al menos tú vas a quedar fuera del entrenamiento.
–¡Lo que no es justo! –gruñó Honey estrujando el codo de su hermano con su delicada mano.
–¡¿En serio?! –soltó Hiccup exasperado sacudiendo los brazos –. ¡¿Te vas a quejar de eso ahora?!
Ambos gemelos procuraban hacer las mayorías de las cosas juntos: comían juntos, jugaban juntos, trabajan juntos, compartían la misma habitación y por los primeros años de sus vidas, incluso se bañaban juntos. Rara veces se separaban por voluntad, casi siempre era a causa de sus obligaciones o por mandatos de su padre, lo único posible en mantenerlos alejado por un par de horas.
Por esa razón, les resultaba extraño y diferente que a uno se le permitiera o negara algo, mientras que al otro quedaba fuera de la situación. Generalmente, era Hiccup el que terminaba con la mayor parte de las obligaciones, mientras que a su hermana, era a la que se le negaban las oportunidades.
–No confundas –se apresuró a explicar la joven con pena –, yo también pienso que es una muy mala idea que nosotros intentemos matar dragones después de todo lo sucedido ayer –agregó frotando uno de sus brazos –. Pero lo que me molesta, es que papá nuevamente me deje fuera.
Cuando eran chicos (bueno, más chicos), ambos aceptaban cada mandato de su padre sin chistar, pero al ir creciendo y pensar independientemente, comenzaron a cuestionar el trato diferente que experimentaba cada uno. Por ejemplo, Hiccup le frustraba recibir tantos castigos por cosas tan simples, cuando Honey no recibía ni un regaño por lo que fácilmente se corregía con una tunda. En cambio ella, se exasperaba que su padre diera la responsabilidad de su seguridad a Hiccup, cuando era ella la mayor y a veces la más sensata de los dos.
–En ocasiones pienso... que es su intención mantenerme dentro de la casa todo los días, sin siquiera poder asomar la cabeza por la ventana.
–Yo también pienso en lo mismo –aceptó el muchacho deteniendo su marcha frente al enorme barco bautizado "Blue Whale"–, aunque creo que en mi caso es para evitarse la vergüenza.
Aquella enorme fragata era uno de los favoritos de su Stoick the Vast y el navío más grande de toda la flota de Berk. Solo en casos desesperados o en que requería de la mayor parte del ejército en su viaje, era cuando el gigante buque dejaba las costas de la isla y surcaba el mar. Generalmente, Stoick prefería zarpar en el "Emperor Penguin" que era más maniobrable o el "Peregrine Falcon" que era mucho más rápido.
Los dos muchachos permanecieron junto al barco contemplando como los guerreros subían las últimas provisiones y cargamento a la cubierta. Junto al navío y sobre el muelle, muchos de los hombres y algunas mujeres que partirían a la aventura, se despedían calurosamente de sus familias. Era costumbre vikinga desearle un buen viaje a sus seres queridos, dar una leve oración al dios de mar Njord y un último abrazo, ya que siempre existía la posibilidad que esa fuera la última vez que estarían juntos.
Mientras Honey cruzaba sus brazos furiosa, Hiccup perdió la vista en las familias a su alrededor. A unos metros de él, estaba los gemelos rubios Tuffnut y Ruffnut siendo cagados en brazos por su larguirucho padre. El hombre los hacía saltar sin dificultas de su marcados bíceps, mientras los tres reían a carcajadas. La señora Thorston solo negaba levemente con la cabeza, pero con una gran sonrisa en los labios.
Hiccup no pudo evitar sentir envidia de aquella bella imagen familiar. Los Thorston estaban lejos de ser perfectos, pero a pesar de los problemas, la falta de oro y el caos que podían generar los dos gemelos rubios, ellos se mantenían unidos, felices y disfrutando al máximo lo poco que tenían.
En cambio los Haddocks pertenecían a una larga línea de líderes y héroes, su familia había mantenido el trono de Berk por generaciones por sangre. Era el clan más rico de la isla y el que poseía los mejores beneficios. Aún así, Hiccup tenía todo que envidiar de una familia sencilla como la de Tuffnut y Ruffnut. Bueno, tal vez no todo, ya que Honey siempre estaba a su lado.
Luego, los ojos verdes del chico brincaron de los Thorston a Astrid y su madre en lo que madre e hija se daban un fuerte y poderoso abrazo. Bertha the Big Brute, era una temible e imparable dama de guerra, probablemente la más fiera de todo Berk y sin duda la principal admiración de su única hija. A pesar de que Bertha se le conocía por ser un fiera en el combate, también era una dulce y amorosa madre que compartía tal tarea con sus cuñadas, Phlegma the Fireces y Olga "Flying Fist" Hofferson. Ambas mujeres se unieron a Bertha y Astrid en el potente abrazo que fácilmente quebraría los huesos.
La familia de Astrid estaba rota y enfrentaba serios problemas, pero eso no les impedía seguir tratando y amarse. Hiccup no puedo evitar pensar que si su madre estuviera viva que tan diferente habrían sido las cosas; tendrían el amor incondicional de una madre, su padre no sería tan exigente y sobre protector, e inclusive, el resto de la aldea podría haberlos aceptado por quienes eran, y si no, su madre los habría amado de todas formas.
Honey le dio un codazo en las costillas que lo sacó de su concentración, mientras que con la cabeza le indicó al padre de ambos, acercándose lentamente a ellos.
Stoick avanzaba cabizbajo sin poner mucha atención a sus propios pasos. El festejo de despedida de Lars en la noche anterior no había ayudado a levantar su ánimo. Continuaba debatiéndose mentalmente sus opciones en cuanto a lo mejor para sus hijos, pero sin estar seguro que era lo que él quería realmente. En su ofuscación, casi no se percató de la presencia de Hiccup y Honey junto al barco, que por un momento casi sube al mismo sin despedirse.
–Estamos por partir –dijo bajando el pie del puente –. Regresare... probablemente.
Sin saber que más decir, Stoick simplemente volvió su vista al océano y esperó la respuesta de sus hijos. Hiccup lo imitó pero clavando sus ojos en sus pies; Honey, quien seguía molesta, cruzó los brazos y le dio la espalda a su padre.
–Y nosotros seguiremos aquí... –contestó Hiccup con letargía – posiblemente.
Del otro lado de muelle, Gobber the Belch, quien estaba ocupado ayudando a otros guerreros en subir el cargamento a los botes, presenció toda la interacción (o la falta de la misma) entre padre e hijos por la comisura del ojo.
–Manada de estúpidos... tarados... si serán... –masculló Gobber para sí frustrado. De un solo movimiento de su brazo completo, lanzó el último saco con provisiones a la cubierta del barco. El pobre vikingo que intentó atraparlo, fue golpeado de lleno en el pecho, cayendo del otro extremo del navío a las frías aguas nórdicas.
Su pata de palo retumbó estrepitosamente contra la madera del muelle, en lo que se unió a la familia de su mejor amigo y jefe. Sus ojos disparejos se posaron en cada uno, solo consiguiendo frustrarse aún más.
Gobber soltó un gruñido en lo que paso su única mano por la frente, antes de decidirse a intervenir:
–Lo que Hiccup y Honey les gustaría decirte Stoick, es que te desean un prospero y muy feliz viaje, que finalmente logres tú objetivo de encontrar el nido de esas malditas bestias, acabando de una vez con todas con ellas, trayendo honor y gloría en a la tribu. Con ello finalmente cumplas tus deseos de destripar a tu enemigo y así dejes de soltar tú frustración sobre los demás, especialmente del pobre y viejo Gobber.
Ninguno de los Haddock interrumpió el discurso del herrero, pero cuando terminó, lo gemelos solo encogieron los hombros.
–Y lo que Stoick quiere decirles –continuó dirigiéndose esa vez sola a Hiccup y su hermana –, es que los extrañara mucho y que pensara en ustedes todo el viaje. Pero igualmente, quiere que hagan caso a lo que se les pida, cumplan con sus deberes, Hiccup que entrenes mucho y que no realicen ninguna fiesta salvaje que termine quemando toda la casa. Él por su cuenta, dará todo de sí para no acabar como el almuerzo de una serpiente marina o dragón, pero si así sucede, ya ni modo.
–Somos vikingos –lo interrumpió Stoick con pesadez y apatía –, es un riesgo común.
–Somos vikingos –repitió Gobber pero lleno de ánimo –, es un riesgo común.
–Yo dije eso –sentenció el jefe con apatía. Acto seguido, arrojó el pesado saco que cargaba en sus hombros a uno de sus hombre que yacía sobre la cubierta del "Blue Whale" para luego volverse y toparse cara a cara con su hermano menor Spitelout, quien estaba por abordar el mismo barco.
–Todo está liso, Stoick –dijo el hombre con las manos en la cintura–. Saldremos a tú orden.
–Perfecto, da a todos el aviso.
Spitelout asintió con la cabeza antes de dar media vuelta y con los dedos índice y pulgar sobre su boca, dio un fuerte silbido indicando que había llegado el momento. Las familias dieron el último adiós a sus seres querido mientras subían a sus respectivos barcos.
–¡Hey, papá! –una voz llamó al gran vikingo moreno junto al jefe. Spitelout descubrió que se trataba de su fornido hijo, quien lo mirándolo con gran admiración –. ¿Crees poder tráeme una cabeza de nadder?
–Te traeré cinco –dijo el hombre entre carcajadas posando su pesada mano en el hombro de su muchacho –. Pero recuerda que en mi ausencia tú serás el hombre de la clan –agregó sacudiendo un poco a Snotlout –, y has me sentir orgulloso en el enteramiento.
–Lo haré –dijo el muchacho con una gran sonrisa.
–¡Snotlout! ¡Snotlout! ¡Oi, oi, oi! –gritaron ambos con energías antes de darse un abrazo y un par de palmadas en la espalda –. Este mi mocoso pendenciero –dijo Spitelout de ultimo, sacudiendo la cabellera morena de su hijo.
Sin más que decir, ambos hombres se separaron, el padre subió al "Blue Whale" mientras su hijo regresó a un lado de su madre y hermana menor, quienes sacudían enérgicamente sus manos en despedida. Stoick, Hiccup y Honey contemplaron en silencio toda la interacción entre la familia Jorgenson sintiendo una pisca de envidia en la boca del estomago.
Cuando el último de sus guerreros subió a la fragata, el jefe se volvió una vez más hacia sus dos pequeños hijos, esa vez esperando alguna interacción de su parte. Estaba tan equivocado. Hiccup solo miró a su padre unos breves segundos a los ojos antes de bajar la mirada y dar un paso hacia atrás. Honey en cambió continuaba dándole la espalda.
–Honey... –la llamó Stoick débilmente, clavando una de su rodilla en suelo de madera de muelle, apelando por un abrazo de parte de su hija. La joven siempre le había dado un cariño de despedida en todos sus viajes, era casi como su amuleto de buena suerte.
Pero en esa ocasión la niña no cedió. Lo miró vagamente por la comisura del ojo, pero se mantuvo firme en su berrinche. Decepcionado, a Stoick no le quedo de otra que alejarse de sus hijos sin ninguna calurosa despedida.
–Hagan caso a lo que les pida Gobber –les ordenó de último una vez que se encontraba sobre el barco –, él estará a cargo –luego sus ojos fulminantes se posaron en pobre herrero –: Los quiero con todos los miembros intactos para cuando regrese.
Gobber tragó saliva.
–¡Suelten las amarras! –se escucharon las ordenes en todos los barcos, en lo que las velas se extendían al viento, revelando la distintiva marca de Berk en sus tejidos. Lentamente, cada unos de los navíos comenzó a alejarse del hogar de aquellos valientes hombres y mujeres que viajaban sobre estos, mientras sus seres queridos los despedían sacudiendo sus brazos enérgicamente.
–Vaya motivador –soltó Gobber una vez que los barcos comenzaban a perderse en la distancia. Posado sus manos (la real y falsa) sobre los hombros de los gemelos, y les dijo con una sonrisita –: Bien ¿Quién está listo para pelear con un dragón?
Chapter 12: Novatos
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Novatos
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Después de la despedida a sus seres queridos que se habían lanzado a la aventura y la gloria en las peligrosas aguas del oeste, los jóvenes y futuros defensores de Berk caminaron en grupo con dirección a la arena, un cráter adaptado cerca de los acantilados, donde solían llevarse a cabo los entrenamientos extensivos en el combate contra dragones.
En los numerosos ataques que había sufrido la isla durante el paso de los años, les habían proporcionado a los vikingos de una dotación interminable de dragones para practicar sus habilidades. Lo difícil no era atraparlos, sino mantenerlos prisioneros y a raya durante las prácticas. La arena estaba dotada con una enorme reja del metal más fuerte que pudieron crear, y pesadas puertas en combinación de hierro y madera, que detenían a las bestias dentro de sus prisiones de piedra.
Tener cautivas aquellas criaturas requería una gran inversión y tiempo. Claro que no se le proporcionaba el mejor alimento pero si en cantidades aceptable para mantenerlos con vida. No recibían otro cuidado, si terminaban heridos durante el entrenamiento, generalmente permanecía así hasta que sanaran por su cuenta o muriera por la infección. Cuando resultaba en un daño severo, aceleraban el proceso cortándole la cabeza al pobre animal. Sonaba como un trató terrible, especialmente para un tribu que había abandonado la esclavitud desde hacía generaciones, pero sí había algo que los Peludos Hooligans nunca dejarían, era su desprecio por los dragones.
Por seguridad de la aldea, la arena se había construido a una distancia algo considerable del pueblo y solo se encontraba conectada por un largo puente de madera. Era por ello que los jóvenes guerreros tuvieron un largo camino que recorrer desde los muelles hasta el lugar de entrenamiento.
–Finalmente llegó el día –dijo Astrid entusiasmada mientras subían la colina –. No hay vuelta atrás.
–Sí –indicó Snotlout levantando su mazo en alto –, a patear unos cuantos traseros escamosos.
–Esos estúpidos dragones no sabrán ni que los golpeó –soltó Tuffnut marchando junto a su hermana gemela –. Al menos que estén de frente, así sí sabrán que fuimos nosotros los que los golpearon.
–Tuffnut es voluntario para ser el escudo humano –dijo Ruffnut con una gran malévola sonrisa indicando a su hermano con el pulgar.
–Sí… –aceptó el joven rubio con fervor, antes de soltar completamente confundido –: espera ¿Qué?
Pero nadie contestó a su duda. La mayoría de los jóvenes guerreros estaban tan frenéticos con la idea de enfrentar cara a cara con su primer dragón que les resultó fácil olvidar ciertos detalles claves sobre el entrenamiento, como el hecho de pelear contra un dragón ERA UN MALDITO SUICIDIO. Pero los vikingos eran obstinados por naturaleza.
–Este es el último paso de convertirnos en verdaderos guerreros –continuó Astrid vislumbrando el puente que conectaba a la aldea con la arena. Ante la emoción apretó fuertemente el mango de su hacha hasta que sus nudillos se tornaron blancos –, es nuestra oportunidad de ser héroes, traer el honor…
–Y de terminar rostizados como barbacoa –comentó Fishlegs en voz baja, y cabizbajo. El muchacho rechoncho cerraba la marcha con paso lento y temeroso. Lo que Fishlegs tenía en tamaño, le faltaba en valor. A diferencia de los demás jóvenes de su generación, él tenía muy en claro lo riesgos que conllevaba el enfrentar a las lagartijas gigantes escupe fuego. Hasta ese momento, ninguno de ellos había enfrentado a un dragón por su cuenta, y sin olvidar mencionar, que aún no terminaban el entrenamiento de combate.
–Yo no preocupo por eso –comentó Snotlout captando las tímidas palabras de Fishlegs –. Los dragones prefieren a sus víctimas con grasa sobre los huesos –agregó de último con una diabólica sonrisa.
Los gemelos Thorston rieron ante sus palabras, mientras Fishlegs soltó un chillido y le temblaron las rodillas.
–Idiota –murmuró Tuffnut, provocando otra risita por parte de su hermana.
–Será casi una pena que no queden dragones para nosotros –siguió Snotlout blandiendo con fuerza el mazo que llevaba en sus manos – una vez que la avanzada de búsqueda acabe con el nido.
–¿De verdad crees que lo encuentren? –preguntó Fishlegs.
–Da-ha –contestó el moreno con fastidio –. ¡Por supuesto que lo van a encontrar el estúpido nido! Mi padre va también en el viaje –agregó inflándose de orgullo –. A diferencia de los tuyos, Fishface.
No existía ley escrita al respecto, pero era prácticamente un mandato que todo vikingo debía saber defenderse y pelear, aún así, no todos eran fieros guerreros, combatientes, soldados o aventureros. Las aldeas y tribus también necesitaban de pescadores, leñadores, agricultores, ganaderos, etc. para continuar existiendo. Los padres de Fishlegs no eran guerreros sino panaderos y los mejores de todo Berk, lo cual se podía comprobar fácilmente con las rechonchas barrigas de los señores Ingerman y su robusto hijo. Mientras la madre de Astrid viajaba en busca de aventuras, la de Fishlegs emprendía la búsqueda del mejor sabor para sus pasteles; y cuando el padre se Snotlout luchaba contra hordas enemigas, el papá del muchacho rubio combatía los grumos en la masa.
No existía vergüenza en ser un panadero o ser el hijo de uno, pero al querer pertenecer a un grupo que estaba conformado por Snotlout Jorgenson y los gemelos Thorston, las burlas al respecto formaban parte de la rutina diaria.
–Sí, ellos se quedaron atrás para hacer pan –se burló Tuffnut entre risitas –. Que por cierto es muy delicioso con mantequilla de yak –añadió frotando su vientre –. Wow, ya tengo hambre ¡Fishlegs, rápido dame algo de comer!
–¿Por qué yo? –contestó el regordete rubio.
–Porque tus padres se quedaron hacer pan, dah –dijo Ruffnut secundando a su hermano.
–Tarado.
–¡¿Quieren callarse de una vez, par de brutos?! –soltó Astrid deteniendo la marcha. Estaba acostumbrada a escuchar sus tonterías, y generalmente dejaba que las palabras entraran por un oído y saliera por otro. Pero estaba muy cerca de lo que sería uno de los momentos más importantes en su vida y no iba permitir que un grupo de imbéciles lo arruinaran.
Nadie le respondió de inmediato. Una vez que dejo claro su punto con una imponente mirada, Astrid retomó sus pasos en dirección de la arena.
–¡Hey! ¿Por qué doña perfecta esta tan gruñona? –comentó Ruffnut viendo a la otra joven continuar su marcha decidida. Sin esperar realmente una respuesta, ella y el resto del grupo siguió de cerca a Astrid.
–Parece que alguien tiene la visita de su amiga mensual ¿eh? –soltó Tuffnut repentinamente a los demás varones del grupo, tratando falsamente de ser discreto. Snotlout sonrió ante el comentario, aunque no tenía la menor idea a que se refería y Fishlegs simplemente quedo perdido de la conversación. Pero Tuffnut no llegó a darse cuenta del desconcierto de los otros dos jóvenes, ya que el puño derecho de Astrid se impactó directo en su estomago.
El rubio cayó al suelo contorsionado de dolor, donde su hermana procedió a patearlo. Se suponía que él no debía hablar sobre eso, lo había prometido a su gemela cuando esta le explicó todo.
–Todos ustedes son unos pendejos –sentenció Snotlout pasando por encima del cuerpo convulsivo de Tuffnut que yacía en el suelo –. Desperdician sus energías peleando entre ustedes y no dejan nada para los dragones –se adelantó a los demás altaneramente –. Es por eso que seré el mejor del entrenamiento, es algo que llevó en la sangre.
Snotlout realmente tenía razones para presumir al respecto ya que la familia Jorgenson era uno de los clanes más poderosos y ricos de todo Berk, y a pesar de que estaba compuesto en su mayoría por mujeres, no sufría el mismos estigma que los Hofferson ya que Spitelout “Beerbelly” Jorgenson era la cabeza del clan. El padre de Snotlout era un imponente guerrero, de gran tamaño, de cabeza dura como piedra, capitán de la guardia de Berk y medio hermano de jefe. El mundo era maravilloso para Snotlout.
–La misma sangre que terminara en todas las paredes de la arena –comentó Ruffnut apoyando su pensó en la lanza que estuvo cargando sobre sus hombros.
–O lo que salga de su culo –balbuceó Tuffnut mientras se levantaba tambaleándose.
Lo gemelos se rieron descaradamente en lo que el joven moreno gruñía y regresaba sobre sus pasos para enfrentarlos.
–O tal vez serán ustedes, par de pendejos, los que terminen embarrados en las paredes de la arena –dijo una vez que se plantó frente a ellos, con el increíble deseo de molerlos con su pesado mazo.
Con una gran dotación de armas, bebidas fermentadas y temperamentos volátiles, las constantes disputas y peleas era rutinarias entres los vikingos del archipiélago, tanto que después de resolver sus diferencias con los puños, casi inmediatamente se hacían las paces con canciones embriagadas en hidromiel.
–¿Qué paso con ahorrar tus energías, Snotlout? –se burló de él Astrid cruzando los brazos sobre su pecho, al notar que el joven moreno se contenía en su impulso de golpear a los gemelos.
–No valen la pena –dijo el joven Jorgenson solo con un gruñido en respuesta, antes de continuar su camino balanceado sus brazos a cada lado como un gorila frustrado –, es probable que terminen matándose el uno al otro antes que lo haga un dragón.
Si en algo eran buenos los gemelos Thorston eran en provocar el caos. Todos en Berk estaban al corriente de ello, tanto que había rumores que los hermanos rubios tenían un pacto con el mismo Loki a cambio de la inmortalidad, ya que la segunda cosa en que eran buenos lo gemelos era en soportar castigo. En muchas de sus travesuras, uno o los dos, terminaban siempre en situaciones que implicaran golpes en la cabeza o ruptura de algún hueso, pero Tuffnut y Ruffnut siempre se recuperaban rápidamente de lo que fácilmente habría matado a cualquier otra persona.
Esto creo muchos rumores, nada positivos. Los vikingos suelen ser muy supersticiosos y los supuestos pactos demoniacos de los gemelos con la deidad del caos, no ayudó mucho a la situación de su precaria familia. Sus padres nunca creyeron nada de eso y por suerte para ellos, tampoco el jefe Stoick, quien puso punto final a los chismes de viejas arrugadas, atribuyendo posiblemente la resistencia de los gemelos a una bendición de los dioses.
Eso no impidió que los rumores continuaran, ya que de los dones benditos a las maldiciones de los dioses, había mucha poca diferencia.
–Con tal que consiga mi marca –dijo Tuffnut orgulloso mientras el grupo cruzaba el largo puente que conectaba a la aldea con la arena de entrenamiento.
–Una cicatriz chingona –comentó Ruffnut marcando su brazo con una de sus uñas en lo que se imaginaba una imponente cicatriz.
–Una que atreviese la cara, sería genial –continuó su hermano con vanidad.
–Con la ceja y el ojo es suficiente para mí –dijo Astrid por primera disfrutando la conversación.
–Una cicatriz en tu nariz se vería estupenda en ti, Astrid –soltó Snotlout con tono coqueto, a lo que la joven rubia solo contestó con un gruñido.
Cuando terminaron de cruzar el largo puente de madera, se reveló ante ellos la gigantesca estructura que era la arena de entrenamiento. Una formidable fosa, reforzadas con paredes de piedra y una gigantesca jaula suspendida sobre esta. Cerca de la entrada había un par de banderines y estandartes con la imagen bordada Modi el dios de la batalla, abatiendo a un dragón. Tal imponente imagen provocó en los joven admiración y orgullo.
Finalmente serían verdaderos guerreros.
–¿Por qué debemos de hablar de heridas? –dijo de repente Fishlegs arruinando el momento –. No es un requisito para el entrenamiento –agregó completamente nervioso en lo que entraba en la enorme estructura –… ¿verdad?
–Una cicatriz es una marca de guerra cabrona que intimida a tus enemigos y que es completamente gratis –soltó Astrid mirando a Fishlegs sobre su hombro mientras caminaba por el corredor frio que conducía al centro de la arena –. Al menos hasta que podamos tener nuestros tatuajes de guerra.
Los tatuajes indicaban estatus y gloria para un guerrero, eran ornamentos del cuerpo que indicaban sus logros, batallas y victorias. Solían ser hermosos y retocados con runas que significaban un mensaje especial, pero eran también un proceso sumamente doloroso ya que implicaba un millón de cortes para que la tintura quedara dentro de la piel. Era algo exclusivo para los adultos, ya que era normal perder mucha sangre durante el proceso.
–¿No hay una forma de tener una marca de guerra que no involucre dolor? –preguntó Fishlegs cuando se detuvieron frente a Gobber the Belch, quien estaba muy ocupado abriendo la reja que le permitiría entrar a la zona central de la arena.
–Si no duele no sirve, Fishface –contestó Snotlout antes de seguir a los demás.
–Sí dolor, para amarlo –dijo una voz pesimista detrás de ellos. Los demás jóvenes se volvieron de inmediato al notar la inconfundible voz de Hiccup. Él y su hermana habían seguido al grupo un par de metros atrás, poco después de que abandonaron los muelles, sin que estos se hubieran percatado.
La sola visión de los gemelos Haddock no fue de agrado para el resto de los muchachos. Su presencia indicaba problemas con “P”. Tampoco para ellos era de su completo agrado estar ahí. Hiccup se encontraba cabizbajo y muy apena podía cargar sobre su hombro la pesada hacha que le había dejado su padre, mientras que Honey, quien sujetaba con fuerza la banda que cruzaba su pecho de su enorme bolso, dejaba en claro a través de su ceño fruncido su completa irritación.
–Hey ¿qué hacen los perdedores aquí? –soltó Tuffnut indicando a los hermanos con su lanza.
–¿Acaso son el entremés? –comentó su hermana con una sonrisita.
–Y Fishlegs el platillo fuerte –dijo Snotlout provocando un respingo en el muchacho rubio y robusto.
Gobber pasó entre los jóvenes aprendices, dándole un empujón a Snotlout en la nuca para hacerlo callar. Toda la idea del entrenamiento adelantado era pésima, pero ya no podía hacer nada más que rezar a los dioses por un milagro.
Esa generación de jóvenes guerreros era la más problemática que había tenido Berk en siglos, ya que estaba compuesta niños problemáticos, completos inútiles, cretinos presumidos y ambiciosos ofuscados. Sería una bendición de los dioses si no perdía alguno durante el entrenamiento. Por lo menos, no tenía que preocuparse por uno de ellos:
–¡Honey! –gritó Gobber tan repentinamente haciendo que la jovencita diera un leve respingo y lo mirara con los ojos grandes como platos –. ¡¿Qué haces aquí?! ¡Esperas un beso de despedida! ¡Saca tu trasero de la arena!
El guerrero jubilado y maestro en sesión había aceptado la presencia de Honey en el entrenamiento como represente de Gothi para tratar las emergencias médicas, siempre y cuando se mantuviera fuera de la arena.
–Porque los dragones no le comieron la lengua en lugar de la mano y pierna –gruñó Honey con mal humor a su hermano en voz baja, antes de darse la media vuelta para salir del área central de entrenamiento.
–¡¿Qué dijiste?! –dijo Gobber captando las palabras de la muchacha.
–¡Nada! –se apresuró a decir la niña mientras se alejaba corriendo –. ¡Ya me voy, ya me voy!
Hiccup miró a su hermana subir sobre la roca que rodeaba a la arena y generalmente era usada por los espectadores. No pudo evitar desear estar ahí arriba con ella y le tenía envidia porque ella no debía enfrentar a un dragón a sabiendas que nunca podría matar.
–Muy bien bola de niñitas lloronas –soltó Gobber iniciando su discurso –. Bienvenido al entrenamiento contra dragones…
Chapter 13: Pregunta sin respuesta
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Pregunta sin respuesta
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El bosque de la isla de Berk era sumamente basto y frondoso, tal vez no el más grande de todo el archipiélago barbárico, pero si los suficientemente escabroso a causa del terreno irregular que dominaba toda la isla. Los arboles se encontraban tan apretados los unos con los otros y las raíces salía desde las profundidades de la tierra volviendo casi imposible el caminar sin tropezarse con una de ellas.
Ese bosque era el hogar de miles de animales, pequeños mamíferos peludos y gran diversidad de aves. Debido a la apartada localización de Berk en el archipiélago, muy lejos de tierra firme, no había osos en sus bosques ni en las montañas, siendo los jabalís los animales más grandes que sobrevivían entre los arbustos. El verdadero peligro eran los dragones, pero incluso las gigantescas lagartijas escupe fuego era rara vez visibles dentro del bosque por el poco espacio que aportaban los arboles. Los que se aventuraban dentro de este debían ser muy precavidos, e incluso los más conocedores del terreno evitaban las oscuras profundidades casi desconocidas. Ese lugar era llamado como raven point.
Era justamente esa región en la que Hiccup se adentró esa tarde, tratando de encortar la respuesta a la pregunta que había atrapado su mente toda la mañana después del entrenamiento.
La instrucción contra dragones había resultado tal cual podía habérselo imaginado cualquiera, al saber que constituía de un montón de chicos de doce a quince años corriendo como locos en un área cerrada, y un dragón furioso listo para cobrar su venganza contra sus captores.
Gobber no les había proporcionado gran información antes de abrir la puerta de madera y hierro que contenía a la iracunda bestia. Era su estrategia favorita de aprendizaje; la presión y el factor sorpresa eran los mejores maestros según él.
Fue el gronckle la elección perfecta para ese primer día de entrenamiento, un dragón pesado de la clase boulder bastante terco, pero no muy inteligente. Ese tipo de dragón poseía una mordida muy poderosa, ya que parte de su dieta estaba compuesta de rocas con diferentes composiciones. No era rápido en vuelo, pero si muy estables a la hora de mantenerse suspendidos en el aire, lo cual les otorgaba la ventaja de apuntar con precisión sus bolas incandescentes de roca fundida que regurgitaban.
La bestia con la que se enfrentaron los jóvenes aprendices esa mañana, era el último gronckle sobreviviente de una manada completa que había capturado Spitelout Jorgenson y Norber Nobrian durante una excursión a la bahía blanca al norte de Berk. Cada uno de los dragones fue utilizado para el entrenamiento de tres generaciones consecutivas, al final solo quedaba ese último con vida, cuya actitud más pasiva (a comparación de los más individuos de su manada) le había permitido el alargar su existencia.
Esa “docilidad” hacía a ese dragón en particular, la perfecta opción para los aprendices de guerreros. Aún así, fue un completo desastre como había predicho Gobber.
Lo gemelos Thorston no acataran ninguna orden y a la primera oportunidad comenzaron a pelear entre ellos, provocándose más daño que lo que llegó a hacer el dragón. Al final de entrenamiento Honey tuvo que atender a Tuffnut después de recibir el golpe directo en la cabeza del escudo de su hermana, que le dejo una cortada de tres centímetros de largo. Todas las raíces rubias de su cabello grasiento se tiñeron rojo a causa de la sangre, pero él estaba fascinado con ello.
Snotlout perdió muchas oportunidades de realmente lucirse en combate al estar pavoneándose por toda la arena, intentando de impresionar a Astrid. Fishlegs trató de ocultar su completo pánico recitando como mantra su conocimiento sobre dragones, pero terminó siendo un blanco fácil para gronckle, quien no tuvo problemas para destruir su escudo con una de sus bolas de lava incandescente y luego golpearlo terriblemente en la barriga con su maciza cola como mazo. El joven rubio terminó vomitando su almuerzo por toda la arena.
Astrid fue la única de demostró un desempeño decente al acatar las indicaciones de Gobber y evitar con gran destreza los ataques del dragón. A pesar de ello, el viejo guerrero pudo detectar duda por parte de la joven Hofferson a la hora de atacar, lo que dejaba claro su inexperiencia.
Pero como era de imaginarse, la participación de Hiccup en el entrenamiento fue la peor de todos. El muchacho hizo lo más humanamente posible para mantenerse oculto la mayoría del tiempo detrás de una de las barricadas, hasta que Gobber lo sacó a la fuerza para que enfrentara al dragón como los demás aprendices. Después de eso, solo duro un par de segundos en pie antes de que terminara perdiendo su escudo y acorralado contra la pared.
Hiccup habría sido historia si no fuera por Gobber, quien apareció en el momento justo para re-direccionar el hocico del dragón con ayuda de gancho y evitar que el muchacho terminara rostizado por lava regurgitada de la bestia.
Como siempre, Hiccup terminó siendo el hazmerreir de los demás chicos de su generación a pesar de que todos se habían desempeñado casi tan patéticamente como él.
–Recuerden –dijo Gobber como última lección del día –. Los dragones siempre… SIEMPRE tiran a matar.
Los ojos verdes del joven se perdieron en la marca de quemadura de la pared detrás de él, en la que pudo haber terminado su delicado cuerpecillo. Su respiración tardó un poco en calmarse y que su corazón retomara su ritmo normal. Honey apareció de la nada en la arena unos segundos más tarde, dándole un fuerte y asfixiante abrazo; Hiccup pudo darse cuenta que su hermana se había asustado mucho más que él, ya podía sentir un el temblor de su cuerpo.
Pero algo en las palabras de Gobber y la reacción del gronckle habían dejado pasmada la mente de Hiccup. Sí los dragones estaban siempre dispuestos a matar ¿por qué el night fury no lo hizo cuando tuvo la oportunidad?
El día anterior, el muchacho había estado completamente a la merced del dragón como un pescado fuera del agua, listo para ser asado, pero aún así no sucedió. Hiccup tenía aún muy fresca la imagen de los gigantescos ojos verdes del night fury clavados en los suyos y esa extraña sensación que le generaba su mirada. Era casi… inteligente.
Por un breve segundo, mientras estaba contra el suelo y con el dragón encima, Hiccup pudo jurar que la bestia meditaba seriamente que hacer con él. Y lo más extraño de todo, le había tenido piedad… la misma que él había ofrecido al liberarlo de las sogas.
¿Había sido lastima o compasión? ¿O la sola intención de regresar el favor? Aún fuera lo había pasado, definitivamente el dragón negro había mostrado un grado superior de inteligencia, pensamiento y emociones, algo que los vikingos no consideraban posible.
Pero Hiccup no era un vikingo completo… aún, y su curiosidad era mucho más fuerte que su razón. Así que tan rápido pudo liberarse de los deberes que les impuso Gobber sobre la limpieza y mantenimiento de la arena después de usarla (una tarea desagradable con el vomito de Fishlegs por todas partes), el chico se escabulló del lugar en dirección a bosque, antes de que alguien pudiera detenerlo.
A pesar de su esfuerzo, había una persona de la cual nunca podía sortear.
–Encontré más raíces de achicoria –dijo Honey a su lado arrancando de la tierra un par de yerbas.
Hiccup solo soltó un gruñido en los que continuaba examinando las sogas que habían derribaron del cielo al night fury. El muchacho estaba consciente de la terrible idea que era regresar a las profundidades del bosque en busca del dragón que casi lo mata, sabía que estaba completamente loco para hacerlo de todas formas, y sobre todo, no era su deseo involucrar a su hermana en esa decisión; nunca se perdonaría (sin olvidar mencionar a su padre) si llegaba a pasarle algo a ella. Aún así, Honey era una persona que difícilmente se le podía decir “no”, especialmente cuando se volvía terca y testaruda.
Al menos había tenido la consideración de no restregarle la tontería que estaba cometiendo, a cada minuto.
–Con todo estas podre hacer una buena cantidad de ungüento –comentó ella guardando las raíces en su bolso –, ya que necesitare mucho para curar todas las quemaduras que te deje el dragón.
Bueno, casi cada minuto.
Hiccup soltó otro gruñido, dejando las pesadas bolas de acero en suelo del bosque, antes de comenzar su marcha entre los árboles.
–Eso si volvemos a encontrarlo –continuó Honey siguiéndolo de cerca.
–Tal vez –musitó su hermano sin interés, empujando unas ramas que estorbaban en su camino.
–Vamos Hiccup, esto es estúpido –insistió la chica con necedad –. Lo más probable es que ya se fue volando.
–En ese caso no hay nada de qué preocuparse ¿verdad?
–Lo que me preocupa –dijo Honey mientras brincaba una raíz grande de un abeto que sobresalía del suelo –, es tu insistencia en esto. Pensé que ya no querías intentar matar a un dragón.
–Y no he cambiado de opinión –contestó Hiccup escurriendo su cuerpo entre dos grandes rocas.
–¿Entonces?
–Entonces… ¿Qué?
–¿Qué estamos haciendo en el bosque?
–No lo sé –dijo el muchacho evitando todo contacto visual con su hermana –. Tú eres la que quiso seguirme.
–¡Hiccup Haddock III! –bramó Honey dando un pisotón en el suelo deteniendo la marcha –. ¿Qué rayos es lo que te pasa? ¡Sé que siempre tienes ideas locas y descabellas, que en la mayoría de las veces concuerdo, pero esto ya es demasiado! ¿Qué es lo que estas buscando?
–¡No lo sé! –le gritó el chico volviéndose de golpe –. No lo sé –repitió cabizbajo calmando el humor de su hermana –. Toda mi vida quise tener esa oportunidad y en el momento que la tengo, la dejo ir. ¿Por qué? ¡No estoy seguro! –continuó sacudiendo sus brazos –. Solo sé… hubo algo… no sé cómo explicarlo… algo sucedió cuando vi a ese dragón a los ojos, que… que no puedo sacármelo de la cabeza… –gruñó sujetándose con ambas manos la frente.
Honey le lanzó una mirada aprensiva, en lo que el muchacho pateaba con desgana una pequeña roca.
La vida no había sido fácil para Hiccup y Honey, en realidad no lo era para nadie en aquel mundo barbárico e incivilizado. La única forma en que un par de chicos como ellos, rechazados y extraños, podrían salir adelante era apoyarse el uno al otro, sin importar la situación en que se encontraran o lo extraño que pareciera. Fue por ello que a pesar de sus sentimientos sobre toda la locura de buscar nuevamente al night fury, Honey caminó hacia su hermano decidida.
–Andando –dijo tomándolo de la muñeca y arrastrándolo detrás de ella –. Nunca vamos a encontrarlo si nos quedamos aquí parados.
El muchacho se quedo mudo, si la chica se refería al dragón o a la respuesta que estaba buscando, pero aún así, Hiccup no pudo más que agradecer tener a Honey como hermana.
Continuaron su marcha hasta llegar a una formación rocosa bastante escarpada. Con cuidado caminaron entre las gigantescas piedras, hasta que se toparon con una impresionante vista de una ensenada. Los gemelos se quedaron con la boca abierta ante hermoso lugar donde el agua de la montaña escurría por un jardín privado, y entre las raíces de arboles tan enormes que sus copas se perdían a la vista. La ensenada resplandecía de verdor y los intensos colores de las flores de la cálida temporada. Berk solía ser azotada por terribles inviernos mucho antes de que iniciara la verdadera época invernal, solo unos pocos meses la nieve era desplazada por lluvias torrenciales que volvían los caminos en lodo, y por unas escasas semanas al años, el clima era lo suficientemente cálido y agradable para que florecieran la vegetación.
Aunado a todo eso, lo vikingos testarudos que habitaban la isla, el bosque peligroso y denso, y por supuesto, los ataques de dragones, convertían a la isla de Berk en un lugar difícil para vivir. Pero a pesar de todo ello, tenía cosas maravillosas ocultas en sus terrenos.
–Esto es… –masculló Hiccup sin palabras.
–Hermoso –completó su hermana fascinada.
–Mira –dijo de repente el muchacho volviéndose a hacia sus pies, donde había unas extrañas figuras negras. Al levantarlas de entre las rocas se percató que era escamas oscuras del dragón –. Deben de ser…
–Del night fury –dijeron los dos al unísono.
Como contestando su llamado, una gigantesca masa negra se alzó desde el fondo de la ensenada y se elevó hasta las rocas donde se encontraban los gemelos. Los hermanos se lanzaron hacia atrás por instinto en lo que la figura giraba sobre sí misma y volvía a adentrarse en la ensenada.
Era nigth fury.
–¿Sigue aquí? –dijo Honey sin poder creer lo que estaba viendo.
En cambió Hiccup sacó rápidamente su cuaderno y comenzó a dibujar a la criatura que se encontraba unos metros más debajo de ellos.
Era enorme, de cuerpo estilizado y largo. A simple vista se parecía completamente de color negro, desde las garras hasta las puntas de las alas. Su pecho era algo robusto y sus patas cortas, lo que mantenía su cuerpo muy cerca del suelo. Su cabeza era grande y redonda, donde destacaban sus brillantes ojos verdes. Tenía cuatro alas, un par era extremadamente grande, y las otras dos eran pequeñas y muy cerca de la cola, la cual era gruesa y larga, pero curiosamente dispareja.
Hiccup tuvo que corregir su bosquejo varias veces para emparejar la similitud del dragón que nunca nadie había visto antes.
Aunque el muchacho estaba consciente de que se trataba de un terrible y poderoso animal, al cual muchos le temían, no pudo evitar ver la belleza del mismo. Era perfecto. Recordó las palabras de Honey después de leer uno de los libros del viejo Wrinkly: “Los dragones son los mensajeros del dios Thor”.
Por primera vez lo creyó. Solo un dios sería capaz de tener a tan magnífica creatura a su servició.
–¿Por qué no se va volando? –escuchó a Honey a su lado, distrayéndolo levemente. En su descuido, el muchacho dejo caer el lápiz con el cual había estado dibujando al night fury dentro de la ensenada.
El ruido de la madera chocar contra la rocas, alertó al dragón que alzó su vista a los dos niños que yacían metros más arriba. De nuevo los ojos de Hiccup se encontraron con los de la bestia negra y hasta cierto punto le resultó hipnótico.
El dragón sacudió su cabeza de un lado y luego del otro mientras lo observaba, hasta que la echó atrás levemente. No sabía porque, pero por una extraña razón, Hiccup supo que el night fury lo había reconocido.
–Hiccup –lo llamó su hermana de repente cortando todo contacto visual entre él y el dragón al sacudir su mano frente a su cara. Al volverse a ella pudo ver la preocupación reflejada en su rostro –. Es mejor que no vayamos, está oscureciendo –agregó indicando el sol que comenzaba a perderse entre las copas de los arboles.
Hiccup no discutió, simplemente imitó a Honey, se puso de pie (no si antes echarle un último vistazo al dragón) y la siguió todo el camino de regreso a la aldea completamente en silenció. Durante todo el recorrido no dejo preguntarse: ¿Por qué le resultaba tan fácil leer sus movimientos del night fury? y ¿Cómo sabía que night fury estaba pasando hambre?
Chapter 14: Falsas impresiones
Notes:
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Chapter Text
Falsas impresiones
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Había muchas razones por las cuales los vikingos tenían que ser los más rudos y fuertes guerreros. Las guerras que luchaban, las peligrosas tierras en donde vivían y las criaturas monstruosas que los asechaban eran las razones más comunes, pero había una más importante, una con la que debían enfrentar a diario y cuyo poder siempre los superaba. Ese era el intenso y desolador clima del ártico.
Las islas del archipiélago eran asoladas por los arranques climáticos extremos característica de las regiones del norte. Berk no era la excepción, e incluso su localización en el grupo de islas la dejaba más vulnerable a los vientos invernales.
Los peludos Hooligan, por generaciones, tuvieron que acostumbrarse a meses de frio gélido antes de la entrada del verdadero invierno. Las cosechas se tenían que realizar con rapidez las escasas semanas de primavera cuando aún había un agradable calor, y antes de que llegaran las lluvias torrenciales del verano, que convertía las tierras en fangos. Con ello, los rituales a Gefion (dios de la agricultura) y a Hod (dios del invierno) eran fundamentales para la supervivencia de los vikingos en tan difíciles circunstancias.
Todo el cambio era marcado por los designios de las nubes y las runas. Cuando el cielo comenzaba a cerrase con los característicos nubarrones de tormenta, era un anunció de la proximidad de las torrenciales lluvias del verano. Ante tal condición del cielo, todos los habitantes corrían ante Gothi para que llevara a cabo su adivinación con runas sobre lo cercanas que se encontraban las tempestades.
Por desgracia, la lectura de las runas nunca fue el fuerte de la anciana (esa era la especialidad del viejo Wrinkly), ella prefería leer la fortuna con huesos o con las líneas de las manos; pero era una tradición la lectura de las runas para los designios del clima. Los vikingos eran muy supersticiosos y tercos con las tradiciones.
Fue por ello, que esa mañana en particular en que el cielo se encontraba cubierto por nubarrones grises, todos los habitantes de la isla corrieron con la adivina curandera para conocer los designios de las runas. Todos con excepción siete jóvenes novatos que no podían darse el lujo de perder su entrenamiento contra dragones; inclusive, si el mismo Thor les lazaba su peor tormenta, no podrían faltar.
Los chicos tuvieron otra oportunidad de enfrentar al gronckle esa mañana, pero lo que debieron aprender en su primera lección, continuaba sin entrar en la dura cabeza de piedra de la mayoría de los jóvenes aspirantes a guerrero; el dragón había resultado un mejor estudiante. En esa ocasión en gronckle no lanzó sus bolas de lava incandescente a diestra y siniestra, sino que en lugar de ello enfocó su energía en un blanco particular hasta derribarlo. Fue así como Fishlegs y Tuffnut había terminado fuera de la arena en los primeros minutos. Tal vez los gronckles no eran tontos como parecían.
–¡Dejen de correr sin rumbo como un montón de gallinas descabezadas! –le gruñó Gobber desde una de las orilla de la arena –. ¡¿Quién carajos es aquí el vikingo?! ¡El dragón les está ganando!
–¡Buuuuuuuuuu!!!! –les gritó Tuffnut desde la cima del mirador. Junto a él se encontraba Fishlegs siendo atendido por Honey de una fea quemadura en el brazo –. ¡Perdedores!
–Tuffnut, tú fuiste el primero en perder –señaló Fishlegs con duda en lo que la joven de cabellera castaña le aplicaba un ungüento en el brazo.
–Lo sé –dijo el rubio frenético –. Pero tal vez eso no lo sabe el dragón… y si no lo sabe el dragón, tal vez ellos tampoco lo saben –argumentó su lógica dando unos leves golpecitos en el casco.
–Yo creo… creo que si lo saben ¡Auch! –comenzó a decir el chico regordete pero fue interrumpido por el dolor que le provocó la apretada venda que le aplicó Honey en el brazo.
No porque su obligación era atender sus heridas, implicaba que tenía que ser amable al hacerlo.
–¿Tú crees? –dijo Tuffnut inclinándose hacia Fishlegs, clavando sus ojos de maniático en los de él –. ¡¿Tú crees?!
El joven regordete se echó hacia atrás espantado, hasta que Honey interrumpió entre los dos para examinar el corte que tenía Tuffnut en el brazo.
–Es superficial –dijo la chica examinando la herida que no llegaba al musculo, pero antes de que comenzara sus curaciones, su paciente apartó su brazo de ella y le lanzó una mirada de recelo.
–Es mejor que se quede así –comentó Tuffnut pasando uno de sus dedos por la herida –. Se ve con madre toda sangrante –agregó mientras realizaba varias poses con su brazo.
–Bien, que se infecte –soltó Honey tomando su bolso donde cargaba todo su material de curación –, a mí que me importa si te cae el brazo –dijo de ultimó alejándose de ambos muchachos.
–Wow –musitó Tuffnut maravillado imaginándose un garfio de brazo, muy similar al que tenía Gobber en lugar de mano –. Eso sería de puta madre.
–Tal vez no debiste… –comenzó a decir Fishlegs mientras seguía con la vista a la niña de cabellera castaña caminar hasta el otro extremo de la arena.
–Sshhhh –lo enmudeció el gemelo rubio sin apartar los ojos de su brazo herido –. Arruinas la fantasía.
Tal vez las lecciones del día habían terminado para ambos muchachos, pero no para el resto del los jóvenes que se encontraba aún dentro de la arena de entrenamiento. El gronckle había fijado su atención en Astrid y hacia todo lo posible de derribarla sin la necesidad de disparar una de su bolas de lava.
La joven rubia era lo suficientemente ágil para esquivar el lento y pesado dragón. Fácilmente podía realizar piruetas, saltos y brincos, sin soltar el pesado escudo y hacha que llevaba en manos. Poco a poco su confianza fue creciendo al igual que su obstinación, en lo sus compañeros comenzaban a admirar su destreza y su esfuerzo complacer a Gobber.
–¡Sigue así, Astrid! –dijo el guerreo al ver a la joven pasar sobre una de las barricadas y caer perfectamente sobre sus pies.
Segura en sus movimientos la chica corrió hasta la siguiente barricada lista para volver a intentarlo. Aceleró sus pasos y dio un poderoso brinco que la lanzó sobre la estructura de madera, pero al hacerlo tan deprisa no calculó el hecho que la barricada se encontraba diferente posición a diferencia de la anterior, y al caer, su pierna chocó con uno de los soportes de la barricada arruinando su perfecto aterrizaje. Astrid rodó por el suelo unos dos metros, soltando las armas que llevaba en manos.
El gronckle aprovechó la oportunidad para arremeter contra la trinchera, desplomándola sobre la chica. Astrid solo contó con un par de segundos para cubrirse la cabeza con los brazos en lo que madera cayó sobre ella.
–¡Arg! –soltó Gobber decepcionado junto con un gruñido –. ¡Astrid esta fuera!
Los tres chicos que quedaban en la arena miraron sorprendidos a la chica en el suelo, comenzado a preocuparse de su suerte si eso era lo que le sucedía a alguien tan capaz como Astrid. El dragón giró suspendido sobre el suelo, clavó sus ojos amarillentos en las tres víctimas que le quedaban decidiéndose por la siguiente, y por desgracia para el muchacho, escogió a Hiccup.
El chico se paralizó de momento al ver al dragón abalanzándose hacia él, pero cuando recuperó el control de sus piernas se preparó para lanzarse a un lado y evitar la embestida de la bestia. Fue cuando ocurrió de nuevo, por una milésima de segundo en la que el gemelo castaño miraba al dragón por encima de su escudo, pudo distinguir los sutiles movimientos de su cabeza, los colgajos de piel escamosa del cuello y como fruncía su ceños iracundo. Algo dentro de él le dijo que el dragón intentaba engañarlo. No tenía intención de embestirlo, en lugar de ello, escupiría una de sus bolas incandescente de lava contra él.
Hiccup se cuestionó sobre su misma corazonada, ya que si estaba dispuesto a seguirla correría un grave riesgo. Pero en los últimos días y los extraños encuentros con el night fury lo determinaron a arriesgarse.
Entonces Hiccup hizo algo muy valiente pero muy estúpido, se quedo parado en su lugar. Tomó con fuerza su escudo y separó sus piernas para tener más agarre del suelo ante el impacto.
–¡Hiccup! –escuchó el grito desesperado de Gobber a lo lejos. Debía imaginarse cómo podía resultar para guerreo y el resto de los aprendices de la arena verlo tomar tal posición. Sin duda pensaban que se había quedado paralizado de miedo… y cierta forma, estaban en lo cierto.
–¡Esto es una mala idea! ¡Esto es una mala idea! –pensó rápidamente los escasos segundos que le quedaron –. ¡Esto es una MUY mala idea!
Pero la corazonada del chico resultó verdadera para la sorpresa de todos. El gronckle soltó su última carga de roca fundida y fuego contra Hiccup dando directo al escudo de madera reforzada con hierro; increíblemente el broquel resistió el impacto, pero el delgado joven detrás de este no soportó la fuerza del golpe y salió lanzado hacia atrás, hasta que su espalda chocó con una de las paredes de la arena.
El golpe dejo levemente atontado al muchacho, por lo cual no se dio cuenta que el dragón se abalanzaba contra él, con intención de terminar lo que había empezado. Con la destreza que aún conservaba a pesar de los años, Gobber tomó un par de bolas del arsenal y las lanzó contra la bestia furiosa cerrándole completamente el hocico.
Con las pesadas bolas y sogas sujetándole la cabeza, el gronckle perdió el interés de continuar peleando. La masa de músculos y escama se desplomó en el suelo, en lo que sus cortas patitas intentaban quitarse las ataduras alrededor de su hocico.
–¡Hiccup! –le gritó Gobber algo preocupado –. ¡¿Te encuentras bien?!
El gemelo castaño levantó débilmente la vista sobre el escudo que seguía delante de él y solamente le contestó a su mentor levantando su dedo pulgar en manera afirmadora, pero casi inmediatamente entró en pánico ya que el escudo de madera se prendió en llamas a causa del impacto con la lava caliente. Hiccup la arrojó lo más lejos con un grito despavorido, perdiendo la poca bravura que pudo haber demostrado con su acto.
Gobber solo respondió a esto cubriendo su frente con su mano falsa
–Suerte de principiante –comentó Snotlout a su lado sin dejarse sorprender.
Por su parte, Ruffnut ayudó a Astrid a salir debajo de los escombros de la barricada donde había quedado atrapada. La joven rubia se había lastimado levemente la pierna y requería cuidados inmediatos si no quería terminar cojeando los siguientes días.
–Bien, creo que nos tomaremos un descanso de una hora, después… –comenzó a decir Gobber pasando la vista por los novatos completamente abatidos. Pero nunca llegó a terminar la frase, ya que fue interrumpido por un visitante repentino en la arena.
–¡Gobber! –lo llamó Mulch desde la entrada a la zona de entrenamiento.
–¿Mulch? En nombre de Thor ¿Qué quieres? –le contestó el herrero sin mucha paciencia –. ¿No ves que estamos en entrenamiento?
–Y por lo que veo las cosas no van de perlas ¿verdad? –dijo el vikingo pasando la vista en la destrozada arena, en los muchachos heridos y el dragón en la orilla que había perdido el deseo de seguir peleando.
–Ni me había dado cuenta ¿Qué carajos pasa? ¿Quién murió?
Pero en lugar de contestarle, Mulch pasó la vista una vez más por los jóvenes aprendices y le hizo una señal a Gobber para que se acercara a él. A regañadientes, el herrero agachó la cabeza y permitió que el pescador le explicara todo al oído. Los muchachos miraron curiosos los cambios evidentes en el rostro de Gobber en lo que Mulch le revelaba la urgencia.
–Me lleva la… –musitó por debajo el herrero una vez que el pecador terminó sus razones–. No es el mejor momento para eso –se volvió hacia los muchachos quienes lo miraban impacientes por conocer lo que sucedía –. ¡Eso será todo por hoy! ¡Snotlout, Tuffnut, Fishlegs les toca la limpieza! ¡Ruffnut acompaña a Astrid a casa! Mulch, encárgate de regresar al dragón a su jaula ¡Hiccup! Tú ven conmigo –dijo, dando sus últimas órdenes –. Nos veremos en el gran salón al anochecer para discutir lo que aprendieron hoy.
La mayoría de los jóvenes respondieron a las órdenes con gemidos, pero nadie se atrevió a desobedecerlas. Hiccup, por su cuenta, tardó un momento en relacionar lo que acababa de suceder, pero cuando volvió a escuchar a su mentor llamarlo a gritos, se apresuró a seguirlo.
–¿Qué sucede? –le preguntó Honey al alcanzar al maestro y el estudiante a la salida de la arena.
–No lo sé –dijo Hiccup encogiendo los hombros.
Pero Gobber no detuvo su marcha al llegar al puente que conectaba a la aldea con la arena, siguió adelante sin siquiera volverse para confirmar que el muchacho lo seguía. Completamente extrañados, los gemelos Haddock intercambiaron unas miradas antes correr detrás del herrero.
–¡Hey, Honey! –le gritó Ruffnut desde la entrada a la arena, mientras sujetaba el brazo de Astrid sobre su cuello para proveerle algo de soporte –. ¡Astrid necesita tu ayuda!
Pero la chica de castaña continuó su camino como si no hubiera escuchados las palabras de la gemela rubia. Astrid pudo intuir que en realidad Honey la había ignorado descaradamente.
–¡Que hija de puta! –soltó Ruffnut furibunda soltando su carga.
Astrid soltó un grito de dolor cuando cayó al suelo como un pesado saco de papas.
-o0o-
Gobber cruzó medía aldea con los chicos pisándole los talones, antes de finalmente se decidiera en explicarles cuál era la urgencia que lo había agitado de tal manera.
–Meatheads.
–¿Meatheads? –repitieron los gemelos al unisonó.
–Meatheads. Bucket y Mulch distinguieron un barco Meathead aproximándose a la isla, mientras realizaban la pesca de la mañana.
–Eso… ¿Qué tiene de raro? –comentó Hiccup tratando de seguir los pasos de Gobber, quien a pesar de su pata de palo, caminaba muy deprisa.
La isla de los Meathead (que poseía el mismo nombre) era la más cercana a Berk, que casi eran consideradas hermanas. Pero las tribus que las habitaban tenían su historia de rivalidades. Los peludos Hooligans que pusieron por primera vez sus pies en la isla, no tenían el menor conocimiento de que los Meathead la habían considerado parte de su territorio aunque ninguno de ellos habitaba en la isla. Esto trajo grandes conflictos que duraron décadas y generaciones, pero la testarudez de los Hooligans los mantenía firmes; aunque la isla era hostil y poco hospedadora, nadie (ni siquiera un Meathead) los sacarían de ella.
En varias ocasiones, la rivalidad fue tan intensa que estuvieron muy cerca de que estallara una guerra entre ambas tribus. Por suerte, ambos tenían un enemigo en común, los dragones. Durante un enfrentamiento marino, los Hooligan y los Meatheads estaban a punto de enfrentarse en combate, fueron atacados sorpresivamente por una manada de scauldrons. Según cuenta la leyenda, ambas tribus terminando uniendo fuerzas para desterrar a esas bestias de sus aguas, e incluso el antiguo jefe Hamish I salvó la vida de su acérrimo rival Lars “puños sangrantes” IV, líder de los Meatheads.
Desde ese día, inició la paz entre ambas tribus y justamente en el aniversario de la batalla, ambas solían reunirse en una celebración en las costas de Berk que daban a Meathead, que constaba de competencias, banquetes y la reafirmación de su tratado de paz.
–Sí ¿Qué tiene de malo que venga un barco de Meathead? –agregó Honey caminando del otro de Gobber –. El día de Njord está muy cerca –agregó la muchacha haciendo referencia al aniversario de la batalla naval que nombraron en honor del dios del mar.
–Precisamente –respondió el herrero –. Imagina que pasaría si toda la flota de Meathead viniera a Berk cuando no hay ningún guerrero para proteger la isla.
–¿Ouch? –soltó Hiccup comprendiendo.
–Un maldito “Ouch” –dijo Gobber alzando los brazos sin detener su marcha –. Tal vez tengamos años de paz con esos idiotas, pero no dudes que no desaprovecharan una oportunidad para conquistar Berk si se enteran que su jefe y todos los guerreros no se encuentran en casa. ¡Y por las barbas sedosas de Odín, no voy permitir que eso pase!
–¿Qué vas a hacer?
–Primero, averiguar qué es lo que quieren. Después… ya lo pensaré en el momento…
–¿Y qué tengo que ver yo en todo esto? –comentó Hiccup dándose cuenta que eran guiados hasta el puerto de la isla.
–Eres el heredero del jefe –soltó Gobber con escepticismo, como si le sorprendiera que el chico lo comentara. Pero luego de analizarlo unos segundos y ver la reacción en el rostro del muchacho, agregó –: prácticamente solo por eso.
–¡Gobber!
–Escucha –dijo el herrero deteniéndose frente al muchacho para posar su mano buena sobre su hombro y clavar su mirada dispareja en sus ojos verdes –. Sin tu padre aquí, tú eres lo único que queda de él en toda la maldita isla…
–¡Hey! –lo interrumpió Honey a su espalda indignada, con las manos en la cintura.
–Tú no cuentas por ser niña –agregó rápidamente Gobber sin apartar su rostro de del Hiccup –. Sí, lo dije, demándame. Hiccup no tienes que decir nada, solo mantente a mi lado como una representación… o algo por el estilo…. que simbolice la autoridad que dejo tu padre en mí. Yo haré el resto.
Sin decir más, el hombre se enderezó y comenzó el largo descenso hasta los muelles de la isla. Los gemelos se tomaron su tiempo para seguirlo. Honey molesta, cruzó sus brazos sobre su pecho, mientras que Hiccup tragó saliva de los nervios. Como si fingir que aún deseaba matar dragones y a arriesgar su vida todos los días en la arena no eran suficiente emociones, ahora tenía que ser una especie de símbolo de la existencia de su padre a unos potenciales vikingos invasores.
–¿Qué hice para merecer esto? –musitó el chico clavando la vista en el cielo.
–No desperdicies tu saliva en ellos, Hiccup –le comentó su hermana ante sus palabras –. ¿Cuándo han hecho algo bueno por nosotros? –dijo la niña con irreligiosidad alzando también la vista al cielo.
–Por Thor –aún así masculló el chico comenzado el largo descenso –. Solo espero que esto no termine pésimo. Ya tengo suficiente que todo mundo me considere una vergüenza, sería el colmo agregar a eso el titulo “el que permitió que conquistarán la tribu” –explicó el chico ejemplificando sus palabras con movimientos de sus manos.
–Y hablado de ser pésimo –dijo Honey recordando lo sucedido en la arena –. ¿Qué fue lo que sucedió hace un rato con el dragón?
–¿Eh?
–En la arena. Todos pensaban que el dragón iba arremeter contra ti, lo más normal hubiera sido arrojarse a un lado. Pero no lo hiciste. Es como si hubieras sabido que el gronckle iba a arrojarte su bola de lava en lugar de golpearte.
–Creo que lo adivine.
–Sabes que no puedes engañarme, Hiccup –dijo Honey con las manos en la cintura –. Sé exactamente que pasa por tu mente y siempre me doy cuenta cuando mientes.
–Está bien, está bien –gruñó el muchacho alzando las manos pidiendo un minuto –. La verdad no estoy seguro. Por un momento me pareció haber visto las facciones en el rostro y cuerpo del dragón… y… y simplemente los supe. Ni siquiera sé cómo –agregó Hiccup rascándose la nuca. En realidad era muy difícil explicar lo que le estaba sucediendo.
–¿Facciones en el rostro del dragón? –le preguntó Honey con incredulidad, ya que no era posible que seres sin sentimientos tuvieran expresiones faciales o lenguaje corporal más complejo que la amenaza.
–Sí, lo sé –dijo el muchacho poniendo el pie en el largo muelle de madrea del puerto de Berk –, suena estúpido.
–Tal vez no –comentó Honey algo pensativa –. Hasta por un segundo, impresionó a Gobber.
–Eso es lo malo –agregó el Hiccup en voz baja al alcanzar a Gobber en la orilla del muelle –, solo fue por un segundo.
Ambos jóvenes guardaron silencio en lo que su ojos idénticos quedaban prendados del navío apunto de anclar en el puerto. Definitivamente era un barco de Meathead, la cresta bordada con colorido en su vela lo dejaba muy claro. Era un navío cortó y de proa ancha, principalmente para alcanzar grandes velocidad en aguas de mar abierto. Eso era buena señal, ya que tan solo se trataba de barco mensajero con pocos tripulantes, que solo estaban en la misión de entregar un mensaje y volver de inmediato a su territorio.
Cuando el barco quedo sujeto al muelle de Berk, una pesada plancha de madera maciza permitió a los vikingos a bordo del navío, descender uno por uno y quedar todos frente a Gobber que solo era acompañado en todo el muelle por los hermanos gemelos. Los Meathead eran bastante intimidantes, hombres de gran tamaño que cargaban en sus espaldas armas afiladas comparable a las dimensiones de sus dueños.
Los gemelos no pudieron evitar tragar saliva a en lo que uno de ellos se aproximó aún más a Gobber. Era de admirar la temple del antiguo guerrero; tal vez Gobber había perdido un brazo, una pierna y su condición física con el paso de los años fuera del campo de batalla, pero aún conservaba la temple que solo poseían los más grandes héroes. Frente a frente al Meathead, Gobber no tenía nada que envidiarle.
–Gobber the Belch –dijo el Meathead con voz ronca.
–Brann the Tyrant –dijo a su vez Gobber imitando la voz del guerrero frente a él.
Ambos hombres clavaron la vista uno en el otro y sus cuerpos se tensionaron como si estuvieran preparándose para el ataque. Hiccup y Honey contuvieron el aliento con los ojos clavados en ambos guerreros, preguntándose qué sucedería a continuación. Pero en un abrir y cerrar de ojos, los rostros de Gobber y Brann se transformaron en las más simpáticas sonrisas y se dieron el más fuerte abrazo de oso.
Los gemelos se quedaron con la boca abierta.
¿Ese era el potencial enemigo invasor?
–Cuanto tiempo sin verte, viejo lobo de mar –soltó Gobber separándose del Meathead.
–¿Viejo? ¿Yo? –le respondió este dándole unas palmadas en la espalda –. No has visto tu reflejo últimamente, estas acabado mi amigo –dijo Brann con una carcajada.
–Aún podría patear tu culo y el de todos tus navegantes.
–¡JA! No lo dudo.
–¿Qué es lo que los trae a Berk?
–Encargos del jefe Mogadon the Meathead –contestó el vikingo realizando el tradicional saludo de su tribu en honor a su líder. Consistía en golpear el puño en la palma de la mano y provocar un ligero chasquido.
–¿Qué encargo? –dijo Gobber imitando el movimiento respetuosamente.
–Debo entregarle la lista de peticiones para el nuevo tratado de paz al jefe Stoick the Vast –continuó Brann sacando un pergamino entre sus ropas.
–Escuchen su nombre y tiemblan –recitó el herrero con orgullo.
–Urg, urg, urg –musitó al unisonó el Meathead mostrando sus respetos.
–Puedes entregármelo a mí, yo se lo haré llegar a Stoick antes del día Njord.
–¿Por qué? ¿Hay una razón por la cual no pueda recibirlo en persona?
–Nah –soltó Gobber con sosiego sacudiendo su mano falsa –. Se le ocurrió llevar aún grupo nuevo de guerreros al bosque a practicar sus habilidades de supervivencia. No es muy lejos, pero el maldito no le gusta que lo interrumpa. “Arruina el realismo” según él –mintió Gobber con tal naturalidad que dejo sorprendido a los dos hermanos a su lado –. El muy desgraciado me dejo a mí de niñera –agregó en susurró aparentando no querer ser escuchado por los gemelos.
Hiccup y Honey fruncieron el ceño.
–Entonces, no creo que habrá problema que te entregue esto a ti, amigo –dijo Brann convecino cayendo completamente en el engaño.
–Está en “buena mano” –señaló Gobber indicando su mano falsa.
Ambos hombres soltaron una carcajada estúpida, antes de que el herrero posara su mano buena en el hombro de Brann.
–Antes que partan, les gustaría tomar un poco hidromiel en el gran salón –los invitó Gobber provocando grandes sonrisas por parte de los Meatheads –. Les caerá bien para el viaje de regreso.
–Gobber, eso es lo mejor que has dicho hasta el momento –le aseguró Brann posando su brazo sobre el hombro del herrero y dejándose guiar por este –. Con unas cuantos tarros hasta podría ignorar tu desagradable hedor corporal –dijo de último siendo seguido por el resto de su tripulación.
–Maldito cretino –se escuchó a Gobber maldecir mientras se alejaba por el muelle.
Los hermanos miraron a la pequeña comitiva subir por el camino largo a la aldea, riendo y bromeando entre ellos, como si fuera lo más común.
–¿Eso era todo? –musitó Hiccup decaído sin poder creer lo que acababa de ver. ¿Qué había pasado con la amenaza? ¿El riesgo a ser invadido? ¿Y su importante presencia en el recibimiento? –. Nunca entenderé la política vikinga –agregó pasándose la mano por el cabello.
Espero por un momento a que su hermana diera alguno de sus comentarios cínicos, pero este nunca llegó. Extrañado, Hiccup se volvió hacia ella y encontró Honey subiendo por la plancha de madera al bote Meathead.
–¡Wow, wow, wow! –soltó Hiccup histérico corriendo detrás de ella –. ¿Qué crees que estás haciendo? –le preguntó sujetándola del brazo.
–Solo un momento –le respondió ella indicando la cubierta del bote –. Me pareció ver algo más en el bote –dijo tratando de explicar el extraño movimiento que alcanzó a ver por la comisura del ojo durante el desembarco de los Meathead.
–¿No te parece ilógico subir a un barco ajeno simplemente porque te pareció ver algo?
–No lo sé. Tal vez es tan ilógico como liberar a un night fury.
–Tuche.
Con mucho cuidado, Hiccup y Honey subieron a la cubierta del barco Meathead. Se encontraba muy apretujada a causa de los cargamentos y provisiones de emergencia amontonada en barriles. En realidad resultaba sorprendente que todos los tripulantes que bajaron del barco pudieron caber en tan apretado navío.
–¿Qué fue exactamente lo que viste? –le preguntó Hiccup a Honey examinado con la mirada cada rincón visible del barco.
–Me pareció… –comenzó a decir la chica cuando una figura blanquecina se escurrió delante de ellos, ocultándose detrás de los barriles.
Los hermanos contuvieron el aliento y se paralizaron de inmediato. Tal vez si había sido mala idea haber subido al bote. Comenzaban a arrepentirse el haberse dejado dominar por la curiosidad; los gemelos retrocedieron sus pasos a ciegas, muy decididos a no apartar la vista de lo desconocido que continuaba en el barco. Lo que ellos no sabían, era que esa extraña figura tenía total control de su entorno, por lo cual ya había rodeado a los chicos mucho antes de que estos se dieran cuenta.
Justo a espaldas de Hiccup y Honey, la figura blanquecina comenzó a extenderse cual grande era, levantando sus filosas garras sobre su cabeza y…
–¡ARRRGGGG! –gruñó la criatura.
Los hermanos soltaron un grito despavorido y se abrazaron fuertemente en completo pánico.
Pero la bestia que lo acechaba nunca los atacó, en cambio, cayó inmediatamente al suelo de madera de la cubierta de fuerte sentón. El pánico desapareció de inmediato en los hermanos (aunque seguía fuertemente abrazados él uno a la otra) cuando se dieron cuenta que el monstruo que los acecho era mucho más pequeño que ellos y estaba completamente cubierto de pieles de blancas de animales.
Levantando la caperuza de su abrigo con la forma de oso, se asomó el rostro de una niña. La pequeña tenía la cara redonda pero delgada denotando sus pómulos, sus ojos estaban remarcados con grandes ojeras y su cabello era negro y enmarañado. Pero lo que más sobre salía del rostro de la niña, era la inconfundible charagma (un dragón en forma de serpiente) en la mitad de su frente, lo que demarcaba su estatus como esclava. La primera que veían Hiccup y Honey en sus vidas.
–Huy –dijo la niña clavando sus enormes ojos negros en los gemelos Haddock –. A veces me asusto hasta a mí misma.
Notes:
Los Meatheads son personajes de los libros, para aquellos que no lo saben.
Chapter 15: Eggingarde
Notes:
Eggingard es un personaje de los libros.
Chapter Text
Eggingarde
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La pequeña niña esclava no tenía más de once años, era una figurita menuda y delgada que estaba cubierta de pies a cabeza por una piel de oso de color blanco. Se presentó a los hermanos como Eggingarde y les aseguró pertenecer a los Wanderers, una tribu nómada en las tierras congeladas del norte. Estos no eran vikingos y eran considerados salvajes inferiores por los esclavistas. Hiccup y Honey nunca había visto uno en su vida, pero habían escuchado historias sobre ellos; seres humanos de dos metros de alto, con dientes afilados y con una fiereza como bestias, nada parecido a la pequeña esclava de los Meatheads.
–No debería abandonar el barco –dijo Eggingarde temerosa una vez que llegaron a la casa de los dos hermanos. Al ver las condiciones de la pobre niña y el hecho que sus amos la habían dejado sin alimento alguno, provocó que los gemelos de cabellera castaña la invitaran a comer en su hogar –. Se enojaran conmigo sino estoy para cuando regresen.
–No te preocupes –le aseguró inmediatamente Hiccup indicándole la mesa en un rincón de la habitación principal de la casa –. Gobber los llevó a beber al gran salón, van a olvidar hasta sus nombre.
–Y es muy probable que cuando terminen lo último que piensen sea en ti –agregó Honey antes de lanzarse a la alacena en búsqueda de comida para llevar a la mesa.
Mientras ambos hermanos trabajaron para preparar el comedor con los platos de madera y cubiertos, así también con el pan, quesos y algo de carne deshidratada para un rápido bocadillo; Eggingarde exploró la planta baja de su hogar con sus curiosos y grande ojos negros. La niña en el traje de oso estaba impresionada con el gran tamaño de la casa, la gran cantidad de muebles, las pieles que cubrían el piso y, las armas y escudos que cubrían las paredes.
–Su casa es mucho más grande que la de mi amo –soltó Eggingarde girando sobre sí misma –. Deben vivir muchas personas aquí con ustedes.
Hiccup y Honey no contestaron de inmediato, en realidad las palabras de la joven esclava les resultaba inquietantemente nuevas. Los hermanos no habían conocido antes a un esclavo y mucho menos sabían cómo eran sus vidas. De lo que estaban al tanto eran por viejos relatos, comentarios de los adultos y lo que llegó a explicarles el viejo Wrinkly al respecto.
Sabían que la esclavitud era una práctica común y muy practicada en el resto de las islas del archipiélago barbárico, que gente inocente pero débil, era secuestrado de sus tierras, familias y hogares para ponerlos a servicio de la gran raza vikinga.
La esclavitud no existía en Berk, y si alguna vez la hubo, ya había quedado en el olvido. Debido a las precarias situaciones que sufría la isla (principalmente por el ataque de los dragones) la vida en ella era muy difícil y muchos cambios habían sido implementados de las viejas tradiciones para poder subsistir el día a día. Los esclavos requerían manutención, techo y alimento, el cual era escaso en Berk por las temporadas cortas de cultivo a causa del clima y la pérdida de animales ante los ataques de dragones.
A los Peludos Hooligans no les convenía tener esclavos.
–En realidad no –respondió finalmente Hiccup haciéndole una señal a Eggingarde para que se acercase a la mesa –, solo vivimos aquí yo, Honey y nuestro papá.
–¡Tan pocos! –dijo esta apartando una silla justo en medio, mientras cada gemelo tomó un extremo de la mesa, uno frente a la otra –. Las casas en Berk deben de ser aún más grandes para las familias que si son numerosas. En el hogar de mi amo son siete los miembros de su familia, además de otros tres esclavos aparte de mí.
–Bueno, nosotros éramos más –continuó explicando Honey mientras colocaba un pedazo de queso y pan en el plato de Eggingarde. La niña no despegó sus ojos de los alimentos ni por un instante –. Nuestra madre y abuelo también vivían en esta casa, pero ellos ya están con nosotros.
La naturalidad con la que la gemela hablaba de la pérdida de su familia sorprendió a la joven esclava quienes estaban a punto de llenar su boca de comida, mucha más de la que recibía en su ración diaria.
Lo que Hiccup y Honey no se había percatado aún, era que para Eggingarde ellos dos resultaban tan fascinantes como ella para los gemelos Haddock. Nunca, en todo el tiempo que llevaba siendo esclava, ningún vikingo la había invitado a comer a la mesa de su casa.
–Además, no todas las casas de Berk son tan grandes –continuó Hiccup cortando un poco de pan –. Esta es la excepción porque nuestro padre es el jefe de la aldea.
Eggingarde soltó un gruñido muy similar al de un animal herido e inmediatamente dio un brinco que la derribó de su asiento, provocando otro susto en Hiccup y Honey, quienes no pudieron evitar llevarse las manos al pecho. La esclava cayó al suelo de sentón y la caperuza de su abrigó le cubrió por completo el rostro.
–¿Por qué tiene que hacer eso? –soltó Hiccup histérico buscando respuesta en su hermana.
–¡¿Qué pasa?! –le preguntó Honey a Eggingarde con el ademán de levantarse de su puesto para ayudarla a ponerse en pie.
–¡Esta es la casa del jefe de Berk! ¡No debería entrar en la casa del jefe! –dijo la niña toda alarmada acodando su caperuza –. ¡Muchos menos comer en la mesa con hijos! –agregó temerosa ocultándose detrás de una de las sillas –. Solo debo esperar en el piso a que caiga algún mendrugo de sus platos –aseguró de ultimo extendiendo lentamente su mano enguantada en la garra de oso sobre la mesa y tratando de alcanzar el pedazo de queso seguía en su plato.
Hiccup y Honey intercambiaron miradas preocupadas. Nunca habían visto a alguien actuar de esa manera por algo como una formalidad, ni los gemelos Thorston que solían meterse en tantos problemas, se atemorizaban tanto cuando Stoick the Vast los atrapaba en pleno acto criminal.
–Eggingarde no tienes que hacer eso aquí –le explicó Honey con calma tomando un de las garras de oso de la esclava, deteniéndola uno segundos antes de que tomara el queso.
–¿De verdad?
–De verdad –le aseguró Hiccup con una sonrisa, poniéndose de pie –. En Berk no existe la esclavitud, así que técnicamente mientras estés en la isla eres una persona libre.
–Y una invitada en nuestra casa –agregó Honey levantándose también de su asiento.
Cada gemelo tomó un brazo de la chica reacia a moverse y la guiaron de nuevo a la silla. Entre los dos sirvieron más comida en el plato de Eggingarde hasta dejarlo a rebozar.
Resultaba completamente extraño, además de incomodo, para los hermanos toparse con alguien que los consideraba superiores, que no merecía estar en su presencia y compartir los alimentos. Estaban acostumbrados al rechazo de manera negativa, donde la gente los evitaba por ser diferentes.
–Wow –dijo Eggingarde sin demorar de llenar de nuevo su boca con toda la comida posible –. No sabía eso… y nunca nadie… se había portado… tan bueno conmigo –añadió entre bocados.
–¿Te tratan mal por ser una esclava?
Eggingarde negó con la cabeza.
En realidad no lo sabía, pero la niña había corrido con suerte de que hubiera sido comprada del las tierras de esclavos en el territorio Uglithug por un Meathead. Cada tribu tenía sus tradiciones únicas e inclusive su forma de tratar a los esclavos. Todas en sí los explotaban descaradamente, pero en algunas islas del archipiélago no los consideraban diferentes a animales. En Meathead el tener esclavos era una cuestión de estatus debido a los requerimientos de mantención de estos. Entre más esclavos y en mejores condiciones, indicaba que tan rico era el amo a los ojos de los demás clanes de la tribu.
–En realidad no debemos hablar de eso –dijo la niña con naturalidad –. No es bueno para la moral – pero se apresuró a agregar casi en susurro, que Hiccup y Honey tuvieron que agacharse para escucharla con claridad –: pero solo me han llegado a pegar en las manos con una rama de sauce cuando no obedezco a la primera.
Los correctivos físicos eran muy comunes en la educación de los esclavos, pero igualmente variaba de tribu a tribu. El recibir unos golpes con una vara o rama de árbol era un castigo normal en niños, inclusive en los hijos de vikingos. Existía la historia que los gemelos Thorston fueron azotados de esta manera, despiadadamente por su madre cuando volaron en pedazos su primera carreta. Según los rumores, la tunda fue tan intensa que no pudieron sentarse sobre sus traseros por una semana.
Pero se le decía, especialmente a los niños que se portaban mal, que las palizas a esclavos podían ser terribles. Así muchos padres amenazaban a sus hijos para mejorar su comportamiento, diciéndoles que los entregarían a los esclavistas.
El resto de la comida con Eggingarde continuó sin más saltos o sustos por parte de la niña esclava, aunque entre sus comentarios soltaba uno que otro gruñido para ambientar la historia que contaba.
Según les explicó a los gemelos, había sido capturada y arrebatada de su familia hacía dos años por esclavistas. Cuando se la llevaron, su madre estaba esperando su futuro hermano o hermana, el cual nunca llegó a conocer. Esperaba que algún día consiguiera su libertad para regresar con sus seres amados.
Después de ser capturada, la llevaron en barco con varios miembros más de su tribu al territorio Uglithug, donde fue rápidamente vendida en uno de los mercados y por lo cual nunca llegó a poner a poner un pie en la prisión Darkheart. Desde entonces estaba al servició de Brann the Tyrant y su familia, junto con otros tres esclavos que habían llegado mucho antes que ella. Estos le enseñaron las deberes domesticas; pero era deseo de su amo que la niña fuera parte de los tripulantes de su nave para la limpieza, ya que su pequeño tamaño la volvía practica para no ocupar mucho espacio.
El relato de Eggingarde era completamente nuevo y bizarro para los hermanos, que pudieron sentir como si hubieran estado todas sus vidas en una especie de burbuja protectora, que los mantenía alejados del peligro del mundo exterior como lo había deseado su padre.
Hiccup y Honey no pudieron evitar pensar que tantas otras cosas desconocían del mundo exterior y que su padre les había mantenido oculto por su propio bien. Recordaban como su abuelo el viejo Wrinkly había intentado de mostrarles como era el mundo más allá de Berk en sus constantes lecciones, pero Stoick siempre había interferido declarándolo como innecesario. Ese fue un conflicto constante entre ambos.
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Lo que lo gemelos no sabían era que justamente su padre estaba pensando en sus hijos, como ellos en él. Stoick estaba parada en la proa del barco el “Emperador Penguin” mirando el lejano horizonte, de donde había partido dejado su hogar como aquellos que él amaba. Efectivamente, el jefe de la tribu amaba profundamente a sus dos hijos a pesar que no lo demostraba lo suficiente. Era ese mismo cariño lo que lo había impulsado a lanzarse a la mar en un viaje peligroso para volver el mundo más seguro para sus hijos.
Desde el día que nacieron Hiccup y Honey habían sido indefensos. Fue en un parto prematuro; incluso durante todo el embarazo, su amada esposa Valka tuvo varias amenazas de perderlos. Pero ella hizo todo lo posible para llegar a término, ya que los dos habían esperado por tanto tiempo un hijo y los dioses bendijeron su espera y dedicación con dos. Eran tan pequeños y débiles que por ley vikinga debían ser entregados a Njord, dios del mar, para que decidiera su futuro, pero en Berk esa regla ya no era obligatoria por lo cual Stoick y Valka pudieron perdonar la vida a sus hijos. Él padre esperaba que una vez fuera del útero materno los niños crecieran sanos y fuerte, después de todo eran sus herederos.
Hiccup y Honey nunca crecieron como él quería, seguía siendo pequeños débiles y a veces enfermizos. Y para empeorarlo todo, eran… diferentes. No entraban en la clasificación de vikingo ni por error. Eso lo volvía más vulnerables al mundo incivilizado que no tenía piedad para los débiles, era por ello que se arrojar al mar a los niños resultaba más piadoso.
Había tantas cosas peligrosas afuera para niños como ellos, desde los terribles dragones escupe fuegos, hasta los enemigos de su padre. Ser herederos tan débiles los hacían blanco fáciles para tretas políticas y víctimas de la avaricia de otros. Guerras, peleas, enfrentamientos era el pan de cada día para un vikingo, y mantenían alerta la imaginación de jefe sobre todos los riesgos que podían correr sus hijos.
Si él tuviera el completo poder para llevarlo a cabo, sería capaz de construir un enorme castillo y mantenerlos a salvo dentro, protegidos por un enorme ejército con solo el propósito de guarecer la morada de roca. Una idea muy extremista y completamente fuera de sus propios recursos como jefe de la aldea, pero incluso si pudiera llevarlo a cabo, enfrentaría otro grave problema. Hiccup y Honey tenían espíritus libres que no podía ser contenido en una jaula, castillo o una simple casa (y para su desgracia, Gobber tenía razón al respecto). Los niños fácilmente se dejaban llevar por la vida, como la madre de ambos lo hizo mucho antes que ellos.
Valka fue el ser más maravilloso que llegó a conocer Stoick en su vida. En un principio le parecía tan extraña y diferente, con ideas tan bizarras del mundo que sacaban de quicio a muchos en la aldea. Pero una vez que la conoció a fondo descubrió todo el brillo que podía dar, una luz divina como la misma diosa Freya, que él perdió trágicamente ese fatídico día hacía doce años.
Ya lo único que le quedaba en el mundo de su amada esposa eran sus dos pequeños gemelos, esos dos niños que se la recordaban a cada momento que en ocasiones no llegaba soportarlo. No podía darse el lujo de perderlos por ninguna razón y estaba dispuesto a hacer lo necesario para que fuera así, incluso si eso significaba encontrar y destruir el nido de esos demonios del Helhiem.
–¡Stoick! –apartó la vista del mar para volverse a su primer oficial que lo llamaba. Una inmensa cortina de humos que ocultaba la isla de los dragones se erigía delante de ellos amenazadoramente. Finalmente había llegado.
–¿Cuál son las ordenes? –le preguntó Spitelout uniéndose a él en la cubierta en compañía de Phlegma the Fireces. La mirada de los tres vikingos quedo prendada en la enorme nube que ocultaba el hogar de los dragones.
–Vamos a entrar –respondió Stoick con voz ronca sin apartar la vista de las nubes. Con un débil movimiento de la mano, le dio la señal a su timonel que los llevara dentro de la neblina.
–¿Sabes que haría en este momento Stoick si yo fuera jefe? –soltó como siempre su medio hermano como cada vez que estaba desacuerdo con sus decisiones.
–Pero no lo eres, Spitelout –dijo Stoick desde los más fondo de su pecho sin siquiera mirarlo –. Estamos cerca casi puedo olerlos.
Las naves vikingas de los Hooligan se adentran en la cortina de humo sin saber que era lo que les esperaba dentro.
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–¿Entonces los Wanderers usan los pelajes de animales como una segunda piel? –le preguntó Honey a Eggingarde en el camino de regreso al muelle de Berk. Había sido una tarde muy interesante de preguntas y respuestas, los hermanos había aprendido mucho sobre la vida de los esclavos a pesar que los conocimientos de la niña de piel de oso eran limitado, ya que tenía poco tiempo siendo una.
Lo más impactante para ellos, era que para Eggingarde los gemelos le resultaban tan extraños e interesantes, que quería saber el menor detalle sobre sus patéticas vidas.
–En el ártico, es lo único que evita que nos congelemos –explicó la niña colocándose de nuevo la caperuza sobre la cabeza, ocultando sus ojos negros como la charagma marcada en su frente –, además son perfectos disfraces –dijo de ultimo levantando sus brazos sobre su cabeza y gruñendo como un animal.
Honey no puedo evitar reír al ver la pequeña niña con la piel de oso blanco brincando como desquiciada por el muelle.
–Deberían hacer algo parecido con las suyas –comentó Eggingarde al llegar junto al bote Meathead de su amo, indicando los abrigos de los hermanos.
Al ser hijos del jefe, Hiccup y Honey poseían ciertos beneficios entre ellos el poder vestir las mejores pieles y lienzos. El muchacho tenía años llevando sobre sus hombros un chaleco de piel de oso marrón, que lo mantenía muy bien abrigado. Su hermana en cambio se cubría con una piel más larga que le colgaba de la espalda a manera de capa.
–¿Es una piel de oso blanco? –expuso Hiccup indicando la piel que lucía la pequeña esclava –. Es curioso, aquí en Berk no existen los osos o lobos y solo se pueden conseguir los pelajes trayéndolos de otro lado.
–Es algo muy costoso –explicó Honey dando un giro sobre sí misma haciendo la suya flotar un momento en aire –, es por eso que solo nosotros las usamos en toda aldea. Las pieles de oso es algo que la familia del jefe solo puede costear y lucir.
–Eso es chistoso –dijo Eggingarde con una leve risita. En su hogar las pieles marrones que usaban los hermanos serían desechadas inmediatamente, ya que se distinguirían fácilmente entre la nieve de las tierras árticas.
Los hermanos no entendieron lo que veía gracioso Eggingarde en ellos, pero no pudieron evitar reír con ella.
Sus risas fueron interrumpidas por unas voces detrás de ellos. El grupo de marineros de Meathead regresaban a su navío, algo tambaleantes ante la cantidad de alcohol en sus organismos. Gobber tenía el brazo de Brann sobre su cuello proporcionándole algo de apoyo.
–Muchas gracias por las copas mi buen amigo –decía el Meathead casi a gritos al oído de Gobber.
–No es nada –contestó este desganado frotándose la oreja –, los Meathead son siempre bienvenidos en Berk –al alcanzar en un par de pasos a los niños frente al navío, Gobber se quitó de encima el brazo de Brann –. Solo que no vengan tan seguido.
Los Meathead se atacaron de la risa, en lo que cada uno de los tripulantes subía tambaleante al barco que se sacudía suavemente en las aguas.
–Y gracias por las manzanas –Brann demoró un momento antes de subir, indicándole a Gobber un saco pesado que llevaba en las manos –, mi esposa esta nuevamente de encargo y le fascinan estas cosas.
–¿Otro? ¿Cuánto ya llevas? ¿Cuatro?
–Cinco –dijo Brann con orgullo acodándose el cinturón en su cintura –. Que esperabas, soy como un maldito yak en celo.
Los dos hombres maduros rieron en carcajadas, en lo que los niños delante de ellos los miraron inquietantemente sin querer comprender cada una de las palabras en esa analogía. Cuando Brann paró de reír, su vista finalmente fue a parar en la pequeña esclava junto a los gemelos Haddock.
–¿Y tú? –le soltó con las manos en la cintura, ignorando completamente la presencia de los hermanos –. ¿Qué haces fuera del bote?
Pero antes de que Eggingarde llegara a formar una respuesta coherente o Hiccup y Honey pudieran decir algo en su defensa, el Meathead soltó el pesado saco de manzanas en los brazos de Eggingarde. La niña casi se dobló por el peso.
–No importa. Llévalas arriba –le ordenó su amo con una indicación con la cabeza.
–Sí señor –dijo la niña tratando de balancear el peso en sus hombros en lo que subía por la plancha al bote –. Arggggg –gruñó como animal para darse la fuerza necesaria para cumplir el encargo.
Brann dio un último abrazo de osos a Gobber y subió a su navío. Las amarras se soltaron, la vela se extendió con el viento y poco a poco el barco se fue alejando de las costas de Berk. A pesar de la distancia, los hermanos podían distinguir entre los hombre en la cubierta una menuda figurita blanca sacudiendo su brazo en despedida.
Los gemelos se despidieron igualmente, hasta Gobber que no sabía porque, los imitó.
–Pobre niña –escucharon al herrero comentar antes de que se decidiera retirar del muelle –. Va a tener que limpiar mucho vomito de regreso a casa –dijo de ultimo pasando su mano sobre la cabellera de los hermanos antes de dejarlos solos en el muelle.
Hiccup y Honey se quedaron parados el uno junto mirando en dirección el barco Meathead que se había marchado, hasta que se volvió invisible para vista a causa la distancia y unas débiles gotas de lluvia comenzaron a caer sobre sus cabezas.
–Honey –dijo Hiccup llamando a sus hermana después de meditar los sucedido en durante aquella tarde.
–Sí, Hiccup –le contestó ella.
–Si alguna vez vuelvo a quejarme que la vida es muy injusta conmigo. Recuérdame este día.
–Está bien… yo tampoco lo olvidare.
Chapter 16: El libro de los dragones
Chapter Text
El libro de los dragones
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La oscuridad no fue lo único que cayó esa noche sobre Berk, también una pesada lluvia acompañada de relámpagos y rayos. Las lluvias de verano habían llegado antes de tiempo. El suelo de la aldea estaban por convertirse en pesado fango y el sol estaría cada vez más ausente detrás de las densas capaz de nubes.
El clima extremo era lo primero que debían acostumbrarse todo vikingo que vivía en el archipiélago barbárico, fue por ello que a pesar de terminar empapados de pies y cabeza, Hiccup y su hermana gemela Honey acudieron esa noche al gran salón a comer su bocadillo nocturno junto el resto de los jóvenes de su generación, que eran instruidos por el herrero manco y con pata de palo.
El gran salón era el principal epicentro de la aldea de Berk, donde sus habitantes se reunían para convivir, comer y beber. Eran donde se llevaba a cabo los principales festejos, días festivos a los dioses, bodas, además de ser el punto donde se reunía el consejo y donde el jefe Stoick the Vast llevaba a cabo sus mandatos.
Como su nombre los decía, era un gigantesco salón dentro de una de las colinas más grande de la isla, y para llegar a este se debía ascender por una gran escalinata y atravesar las gigantescas puertas de roble de la entrada. El salón constaba de una enorme cámara donde los pilares tallados de madera colgaban miles de antorchas que alumbraban el lugar.
Estaba decorado con miles de estandartes bellamente coloridos con paisajes, rostros de guerreros y bestias escupe fuego. En centro de la habitación había un enorme fogón que mantenía el lugar cálido, y varias mesas de pesados tablones de madera yacían a su alrededor. Al fondo se encontraba el trono del jefe de Berk y detrás de este estaba el largo muro de los antiguos líderes que una vez fueron los máximos guías y protectores de los peludos Hooligans.
Esa noche en particular, el gran salón se encontraba algo solitario. Muy poca personas aparte de Gobber y los chicos del entrenamiento contra dragones, comían del banquete general que se servía una vez al día.
–Una parte importante de ser un guerrero es reconocer nuestros propios errores –se escuchaba con facilidad la voz de Gobber desde la entrada del gran salón a causa del eco de la sala semi-solitaria –. Muy bien, vamos empezando… Tuffnut, ¿alguien sabe en que se equivocó Tuffnut? –preguntó indicando al gemelo rubio a su derecha.
–¿Equivocarme? –soltó este completamente sorprendido –. Difiero de su sabía opinión mi buen señor –dijo el joven con porte digno, antes de retomar su actitud rutinaria –. Mi desempeño en la arena fue de puta madre.
–Sí, fue genial –lo apoyó su hermana con una gran sonrisa maliciosa en sus labios –. Como un agujero en un barco.
Ruffnut y Snotlout soltaron una carcajada.
–Tuffnut atacó directamente sin medir las consecuencias –respondió Astrid con desgana al ver que ningunos de los demás jóvenes lo tomaba en serio.
–Muy bien, Astrid.
Tuffnut, que no le agrado el comentario, comenzó a arremedar a Gobber descaradamente delante de él sin pronunciar palabra alguna, consiguiendo una risitas por parte de su hermana, Snotlout e inclusive Fishlegs, quien rápidamente se cubrió la sonrisa de los labios con la mano, en lo que herrero le propinaba un zape al gemelo rubio en la nuca.
–¿Y saben en que se equivocó Astrid? –continuó Gobber como si nunca se hubieran distraído con las niñerías de Tuffnut.
–En no ir directamente a mis brazos –respondió Snotlout lascivamente, lanzándole un besito a Astrid y una mirada seductora.
Astrid lo pateó debajo de la mesa… con fuerza.
–Me confié – dijo la muchacha mientras Snotlut torcía la boca para no dejar escapar un grito de dolor –, no calculé la distancia antes de saltar.
–Excelente, Astrid –dijo Gobber junto en el momento en que Hiccup y Honey se aproximaron a la mesa completamente empapados por la lluvia. A pesar que no era intención de los hermanos Haddock sentarse con ellos, aún así los demás jóvenes a la mesa ocuparon el largo de los asiento para disuadirlos de la idea –. Ahora ¿Quién me quiere decir en que se equivocó Hiccup? –agregó el herrero mientras el muchacho tomaba dos platos con algo de pan y viandas para él y su hermana.
–¿Qué tuvo el valor de aparecerse en la arena? –soltó Tuffnut con una sonrisa maliciosa.
–¿Qué no fue devorado? –comentó Snotluot soltando un zape en dirección del gemelo pecoso que logró esquivarlo a tiempo.
–Nunca hace lo que debería –contestó Astrid con la mirada pegada en los hermanos que se acomodaron en la mesa contigua.
–Muy bien, Astrid.
Hiccup se clavó su mirada en su comida tratando de ignorar los comentarios. El muchacho ya tenía cierta experiencia en tal tarea. Por su lado Honey, quien realmente no necesitaba estar ahí al no ser partícipe del entrenamiento, torció el labio en disgusto ante el comentario. “¿No hace lo que debería?” Si Hiccup no hubiera seguido su instinto con el ataque del gronckle, no estaría con ellos esa noche. Y además ¿Qué estaba pensado Gobber? Él sabía a la perfección que los demás muchachos molestaban mucho a Hiccup hermano ¿Por qué echarle más leña al fuego?
Pero la joven se quedo callada.
–En realidad todos se equivocaron en un importante detalle –continuó Gobber –. No lo toman con la seriedad necesaria. ¡Es el momento que dejen de actuar como el grupo de mocosos estúpidos que son y empezar a comportarse como verdaderos vikingos!
Ante el regañó los gemelos Thorston soltaron un resoplido de fastidio mientras intentaban distraer su mente con pensamientos más agradables, como el de un casa en llamas o un barco volando en pedazos. Snotlout en cambio se sintió ofendido con las palabras del herrero; él había salido ileso de ese último encuentro con el dragón ¿o no? Solo Fishlegs se sintió avergonzado con el regaño y Astrid lo tomó como un desafió. Por su lado, Hiccup solo levantó la mirada de su plato.
–¡Y sobre todas las cosas –agregó Gobber clavando su ojo visco en lo jóvenes sentados en la mesa –, están subestimando a su oponente! –dijo de ultimo lanzando sobre la superficie de la mesa un voluminoso objeto –. Tengan.
Era un libro, uno grande y pesado. Su portada estaba forrada en la piel escamosa de dragón y la marca de la cresta de Berk quemada en el centro.
–El libro de los dragones, el manual que contiene toda la información necesaria para combatirlos y el único libro permitido para leer.
Ya se ha mencionado con anterioridad que los libros se encontraban prohibidos en el archipiélago barbárico, porque se consideraba al conocimiento muy peligro. La pregunta era: ¿Para quién? No sé sabía desde cuando existía tal restricción, pero se rumoraba que databa desde la época del último rey del archipiélago, siendo el libro de dragones de Bork the Bold la única excepción a la regla.
Bork había sido el tátara-tátara-tátara-abuelo de Gobber, un hombre que intento tantos oficios en su vida pero la desgracia lo seguía a todos lados, era por ello que llegaron a llamarlo el muy, muy desafortunado. Las desdichas de Bork solían ser acompañadas por la presencia o actos de unos cuantos reptiles gigantescos alados escupe fuego. Con tal fatídica inspiración, Bork decidió ir en contra de las tradiciones y escribir su propio libro sobre los dragones para guiar a otros guerreros en las maneras más eficaces de derrotarlos.
En un principio sufrió mucho rechazo ante la tendencia de las antiguas tradiciones contra los libros, pero su arduo trabajo sirvió finalmente mucho después de su muerte, cuando su libro fue liberado para la lectura general. Generaciones enteras de nuevos guerreros se habían beneficiado de sus conocimientos.
–¡¿Leer?! –soltó Tuffnut histérico saliendo de su aturdimiento –. ¡¿Mientras aún estamos vivos?!
–¿Acaso sabes leer? –le preguntó Astrid con picardía.
–Por supuesto, ¿No soy un idiota?
–Ni siquiera puedes deletrear bien tu nombre –lo contradijo Ruffnut.
–Por supuesto que sí. Empieza con una Te y le sigue una “o” y luego otra “o”…. después una fffffff…..
–¡¿Para que leer libros sobre cosas que vamos a matar –interrumpió Snotlout fastidiado –, en lugar de matar las cosas que vienen en el libro?!
–Porque sus cabezas duras como piedras siguen sin comprender lo conceptos más básicos para enfrentar a un maldito dragón –le respondió Gobber con cizaña frotando sus sienes con sus dedos. Ya llevaba un par de días con un terrible dolor de cabeza –. Esta será una noche de tormenta, esas lagartijas no aparecerán hoy –agregó mirando sobre su hombro la puerta del gran salón ante el sonido de un trueno en el exterior –. Es una perfecta oportunidad para estudiar la guía, ya que el día de mañana les espera una pequeña sorpresa.
Y sin decir más, el herrero les lanzó una leve carcajada que sería normalmente escuchada en un villano de cuentos, antes de retirarse del gran salón a la oscuridad de la noche de tormenta.
Los jóvenes lo miraron alejarse antes de intercambiar algunas miradas en duda.
–¿Qué será? –soltó Astrid.
–Tal vez sea otro dragón, uno raro y poco común –contestó Fishlegs –. Leí en el libro sobre un dragón sub-acuático que arroja agua hirviendo a sus víctimas… –agregó el muchacho entusiasmándose a cada segundo con los conocimientos que rara vez tenía oportunidad de demostrar a los demás.
Fishlegs desde muy chico había descubierto que le fascinaban leer, cualquier cosa. De chicuelo pasaba horas frente a los letreros leyendo una y otra vez las pocas palabras escitas en ellos. El joven rubio se sentía culpable por el incontrolable deseo que sentía por leer cuanto libro le fuera posible, pero siendo el libro de dragones el único disponible, ya lo había leído cientos de veces hasta aprenderlo de memoria. Era su más profundo sueño visitar un día la biblioteca pública en la isla de los Meathead, por desgracias en un mundo donde los libros eran prohibidos, también lo era la entrada a las bibliotecas.
–Espera un momento rechoncho barrilete de emociones –lo calló Tuffnut con ademán –. Sí antes no tenía las putas ganas de leer el libro…
–Ahora… –agregó Ruffnut con desanimo.
–Lean su estúpido libro –interrumpió nuevamente Snotlout levantándose de su asiento –, yo haré lo que hace un verdadero y cabrón guerrero: matar dragones y tomar un largo sueño embellecedor.
Poco a poco, el resto de los jóvenes fueron levantándose de la mesa, dejando solo a Astrid rezagada. Hiccup que había presenciado todo en silencio desde la mesa que compartía con Honey, se alzó de su puesto y caminó hasta la chica. No pudo evitar imaginarse miles de escenarios para terminar compartiendo una noche de lectura junto con Astrid; pero antes de que este llegara a tan siquiera insinuarlo a la joven en el mundo real, esta también se levantó de su puesto deslizando el libro sobre la superficie de la mesa en dirección de Hiccup.
Astrid ya había leído el libro con anterioridad, así que no tenía problema de dejarlo a Hiccup totalmente.
Balbuceando frases incompletas, Hiccup miró derrotado como Astrid se alejaba de él lentamente y cojeando. Su atención estaba tan enfoscada en la rubia que no llegó a percatarse en el momento en que Honey apareció a su lado, hasta que esta le dijo:
–Buen intento, bro.
Hiccup dio un brinco del susto, pero antes de que pudiera agradecerle a su hermana por el ataque cardiaco, la sonrisa de Honey desapareció de su rostro y fue remplazada por una mueca de dolor al recibir un puñetazo directo a las costillas.
–Eso es por dejarme sola con la inválida de Astrid –sentenció Ruffnut que solo había regresado sobre sus pasos para desquitarse de Honey. Mientras esta se torcía del dolor, Ruffnut trató de alcanzar a su grupo de amigos que estaban muy adelantados en dirección de la puerta, cuando ella también recibió un intenso puñetazo en la espalda.
–Eso es por llamarme inválida –dijo a su vez Astrid.
–¡Astrid! –se quejo Ruffnut retorciéndose se dolor –. ¡No es justo! Tus golpes duelen más que un cabezazo contra la testa dura de Tuff.
Las grandes puertas del gran salón se abrieron rápidamente para dar pasos a los jóvenes y al igual que Gobber antes que ellos, desaparecieron entre la lluvia y la tormenta. Hiccup y Honey quedaron solos a la mesa donde unos minutos antes los novatos de guerrero convivieron su alegría por convertirse en verdaderos combatientes. El muchacho le lanzó a su hermana una sonrisa muy similar a la ella lució cuando el muchacho sufrió el rechazo de Astrid.
–No te atrevas a decir que me lo busque –dijo esta amenazándolo con su dedo índice.
–Yo no iba a decir nada –contestó su hermano tomando el libro de la mesa y yendo en búsqueda de unas cuantas velas. Sería una larga noche.
Las horas pasaron y el gran salón se sumergió en una gran oscuridad en lo que los últimos comensales regresaban a sus respectivos hogares. Al final solo quedaron ambos hermanos Haddock sentados en la misma mesa, solo iluminada por las últimas velas encendidas de toda la habitación. Mientras afuera, la tormenta se desataba con todo el poder del dios Thor.
Los ojos de los hermanos quedaron prendados de las páginas viejas del libro, donde se describía hoja tras hoja las características de los dragones. Bork había hecho un excelente trabajo en su recopilación de información antes de sus descubrimientos observando a los dragones; nadie antes que él, se le había ocurrido clasificarlos (todo el mundo solo se dedicaban a matarlo).
Existían seis clases de dragones diferentes según Bork y los miembros de cada grupo, compartían similitudes, características, hábitos y hasta debilidades. Strike, boulder, mystery, sharp y stoker eran los nombre de cada clase: los boulder se caracterizaban por ser los más lentos y pesados, pero también aquellos con mayor aguante; los mystery, como su nombre los decía, tenían la tendencia de hacer ataques sorpresas y ser misteriosos; los sharp solían ser los peligrosos al contar con más armas que la mayoría de los dragones y muchos de ellos eran venenosos; los stoker eran los tipos lanzallamas, aquellos que preferían rostizar su alimento antes de comerlos. Por último, la clase strike, los dragones más rápidos y peligrosos de todos, pero también los más raros de ver.
La cantidad de información era tan impresionante, que Hiccup estaba sorprendido que solo era usada para tratar de matarlos. Incluso a final de cada una de las paginas, venía acompañado la breves palabras “tirar a matar” como única opción al toparse con alguna de esas bestias.
Pero lo que realmente confundía al muchacho de aquel libro, era que no había ni la menor pisca de información relacionada con lo que había visto en el night fury y los otros dragones en los reciente días. Según las descripciones de Bork, los dragones eran casi bestias sin pensamiento que actuaba por dinámica. No había intuición, preámbulos y mucho menos sentimientos en sus acciones. Según las palabras del libros (descripción que aceptaban y defendían todos los vikingos), los dragones eran bestias autómatas diseñadas solo para matar.
¿Pero… por qué no lo mató a él y Honey el night fury cuando tuvo la oportunidad? ¿Por qué sentía que había algo más complejo en ellos? ¿Y por qué le parecía poder percibir sus emociones?
Honey por su lado, poco a poco fue perdiendo el interés en la lectura de su hermano, como al final de cuentas ella no formaba parte del curso de entrenamiento contra dragones, no era fundamental que aprendiera todo el libro de memoria. Su atención fue enfocándose solamente en Hiccup, en la manera como pasaba las paginas con casi desesperación, buscando algo que no estaba ahí; como su voz se quebraba ante lo seca que se encontraba su garganta al no dejar su lectura en voz alta; y las facciones de su rostro, en como fruncía el ceño ante la falta de respuesta a sus dudas.
Finalmente Hiccup llegó a la pagina del night fury solo para descubrir que él sabía más información del elusivo dragón que lo describía el libro. Ni siquiera había una ilustración del dragón negro.
Desilusionado el muchacho perdió sus ojos verdes en la página seca que le aseguraba que debía estar muerto en ese momento.
–¿Qué estas pensando, Hiccup? –le peguntó de repente Honey sacándolo de sus pensamientos. No pudo evitar que su voz sonara casi como una advertencia.
–¿Eh? –dijo el chico levantando la vista –. Yo solo… –agregó apenado, como si lo hubieran descubierto pensando algo pecaminoso.
Sin saber que más decir, Hiccup bajo la mirada evitando los ojos idénticos de su hermana, pero esta no dejo de tenerlos clavados en él a pesar del incomodo silencio.
Conocía tan bien a su hermano para saber que su comportamiento denotaba que una idea loca y peligros comenzaba a formándose en su inquieta mente. Y él, por su lado, estaba consciente que nada se le escaparía a Honey. Muchas veces, ella sabía que iba hacer mucho antes que él mismo lo supiera.
–Muy bien, hazlo.
–¿Qué?
–Lo que estas pensando, hazlo.
–Pero no sabes que estoy pensando.
–Puedo hacerme una idea, Hiccup –dijo ella con misteriosa calma –. Siempre frunces la frente cuando tienes una de tus ideas locas y completamente suicidas –con su mano le indicó el libro –, y acabas de hacerlo ahora al ver la pagina del night fury. No es muy difícil descifrar lo que estas planeando.
–¿Pero?... –soltó el chico desconcertado –. ¿Acaso no vas advertirme que es peligroso? ¿Qué voy a arriesgar mi vida?
–Podría… –aceptó la niña encogiendo los hombros –, pero no afectaría el resultado.
Hiccup la miró con seriedad.
–Hiccup –continuó Honey –. Me pareció una completa estupidez liberar al night fury, yo en tú lugar nunca lo habría hecho. Pero algo dentro de ti te dijo que lo hicieras de todas formas y milagrosamente, este nos perdonó la vida. Hoy de nuevo en la arena, ese “algo” te advirtió sobre el ataque del gronckle, y de nuevo, no estaba equivocado… –dijo su hermana con la mirada perdida en el vacio –. Dime, Hiccup –se volvió hacia él –. ¿Qué te está diciendo esa sensación ahora mismo?
Hiccup no contestó de inmediato, en realidad la pregunta de Honey lo tomó por con la guardia baja. La idea de que hubiera “algo” dentro de él que lo advirtiera o guiara sobre los dragones le parecía completamente demente. Pero había sido, y solo él, el que experimentó todas esas revelaciones completamente acertadas como para ignorar su existencia. Tal vez era similar a lo que Honey decía sentir con sus corazonadas, y estas raras veces le habían fallado.
Pero ese “algo” le decía… que debía…
–Ya lo tienes –interrumpió Honey sus pensamientos poniéndose de pie –. Ahora me voy a casa a secarme el cabello, no demores mucho o si no podrás levantarte temprano para la sorpresa que les tiene preparada Gobber para mañana.
Antes de marcharse, Honey le plantó un débil beso en la frente que Hiccup apenas sintió ante el aturdimiento en que se había sumergido. El muchacho se quedo solo en el gran salón hasta que la última vela se extinguió, aún con la mirada clavada en la página del night fury en el libro de dragones; mientras en la oscuridad de la noche, el papel fue devorado por las sombras tan negras como el dragón que deambula por raven’s point y en la mente del muchacho.
Chapter 17: Las damas fuertes
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Las damas fuertes
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Hiccup soñó esa noche con el night fury. El muchacho se encontraba rodeado por una intensa neblina que no le permitía ver más allá de su propia nariz. Escuchaba miles de voces a su alrededor, pero cuando pedía por ayuda ninguna le contestaba. Cuando comenzó sentir pánico, aparecieron los dos ojos verdes brillantes del dragón y con un potente batir de sus alas negras como la noche misma, alejó por completo la neblina que lo mantenía preso. Los dos permanecieron con sus miradas clavadas en los ojos del otro, mientras el joven escuchaba en la lejanía las voces cobrar mucha más fuerza.
–Hiccup.
–Hiiiicccccuuuupppp.
–Hiccup.
–¡Hiccup! –escuchó su nombre en potente grito que lo despertó.
El muchacho abrió completamente los ojos y se encontró con la madera del suelo de su habitación pegada a su mejilla. Durante su siesta había rodado de la cama, terminando con su torso colgado de la orilla y con su cabeza, al igual que brazos, apoyados sobre el piso.
–¡Hiccup! –gritó de nuevo Honey. El muchacho podía escuchar los gritos de su hermana viniendo desde la planta baja de su casa. –. ¡Sal de una vez de la cama!
Después caer definitivamente de la cama, Hiccup se cambió de sus ropas para dormir y bajo las escaleras para encontrar a Honey frente a un caldero sobre el fogón; de éste emanó el delicioso aroma de un estofado de pescado, la especialidad de su hermana. Ambos gemelos sabían realizar todos los quehaceres del hogar debido a la insistencia de su padre de mantenerlos dentro y seguros, pero aunque Hiccup poseía muy buena sazón, Honey preparaba partillos mucho más deliciosos.
El gemelo pecoso no solo se conformó con un plato, sino que pidió ración doble hasta llenar su estomago. Generalmente comía en muy pocas porciones, pero el estofado de pescado de Honey era su favorito. Unas horas después se arrepintió completamente por su glotonería cuando se encontró en la arena de entrenamiento, huyendo por su vida de la sorpresa que Gobber les tuvo preparada para ese día.
A pesar que ninguno había logrado superar al gronckle, el viejo guerrero retirado decidió adelantarlos a su siguiente reto, el Deadly Nadder. Dragón de la clase sharp y armado con afiladas púas venenosas, los nadder eran bestias bípedas que podían alcanzar grandes velocidad a pie como en vuelo. El fuego que provenía de lo más profundo de sus fauces, era tan incandescente que podía fácilmente derretir el hierro, y su sentido del oído era uno de los más agudos entre todos los dragones. Pero al igual que ventajas, el nadder tenía debilidades, las cuales radicaba principalmente en su limitada visión; al tener los ojos en cada lado de su cráneo, le costaba enfocar su vista en un punto en particular, por lo cual siempre ladeaba su cabeza de un lado a otro. Además, poseían un punto ciego frente a su nariz.
El nadder de la arena de entrenamiento era una hembra adulta (lo que se distinguía por su cresta de picos) bastante agresiva, que ya contaba con años enfrentado a jóvenes aprendices. Ésta, había sido capturada bastante joven por unos leñadores en el bosque aledaño a la aldea y con el constante manejo por los seres humanos, el dragón se había vuelto un animal de costumbres; nunca atacaba cuando se le alimentaba o daba agua, pero cuando abrían la puerta de su prisión, embestía a todo lo que estuviera en movimiento, y una vez que terminaba, volvía por sí sola a su celda.
Gobber no solo los había sorprendido ese día con el nadder, sino también con un gigantesco laberinto de más de dos metros de alto, donde los jóvenes apéndices tenían que escapar del ataque del dragón; la cual les llevaba la delantera, ya que lo conocía de memoria. Los chicos en entrenamiento corrían despavoridos de un lado a otro mientras el nadder aparecía de repente de una esquina escupiendo su fuego; todos, con excepción de un joven en particular que insistía en mantenerse al margen para interrogar a su mentor que los vigilaba desde mirador sobre la arena.
–Gobber el libro de dragones no habla mucho sobre los night fury– dijo Hiccup tratando de captar la atención del herrero –. Acaso no hay una continuación, un panfleto o un libro que se llame “Todo lo que quería saber de los night furys”.
–¡Hiccup pon atención! –le gritó Gobber indicándole algo a sus espaldas. El muchacho alcanzó a darse la vuelta justo en el momento en el que nadder le lanzó una potente llamarada de fuego con chispas. Hiccup tuvo mucha suerte no terminar calcinado, mientras salía corriendo, con todos sus miembros intactos, por uno de los corredores del laberinto.
Gobber soltó un gruñido de frustración jalando largo bigote rubio, ante la falta de concentración que demostraba el gemelo pecoso.
–¿Qué trae tu hermano el día de hoy? –dijo el hombre volviéndose a la niña a su lado. Al igual que él, Honey presenció el entrenamiento de ese día desde la seguridad del alto mirador y detrás de la reja suspendida sobre la arena.
Honey estaba tan enfocada en el hecho de que su gemelo casi terminó casi cosido a las brasas, que la pregunta de Gobber la tomó por sorpresa.
–¿La pubertad? –dijo la chica nerviosa evitando la mirada del herrero –. Yo que sé.
–Aja –dijo a su vez Gobber sin tragarse en lo más mínimo sus palabras. Conocía tan bien a los hermanos Haddock, era incluso más figura paterna para ellos que su propio padre, así que sabía de antemano que el cerebro de ambos funcionaba como uno solo.
–¿Qué? –soltó Honey ante la intensa mirada del hombre, sonrojándose levemente.
–Bien, escúpelo.
–¿Disculpa?
–Ustedes dos solo se ponen así de elusivos cuando están planeando algo –especificó Gobber indicando a la chica con su dedo acusador –. Así que suelta la sopa.
–Gobber no tengo la menor idea de que estás hablando –insistió Honey tratando de mostrar indiferencia, y habría tenido éxito si no fuera que el rubor de sus mejillas no desapareció –. ¿No deberías estar vigilando el entrenamiento?
Justamente en ese momento, en el laberinto, el nadder soltó otra llamarada de fuego que incineró el escudo de Fishlegs.
–¡Comienzo a cuestionar tus métodos de enseñanza! –gritó el chico regordete soltando los restos de su escudo y saliendo corriendo en la dirección contraria al dragón, sin percatarse que la parte trasera de su túnica había sido también alcanzada por las llamas.
–¡Lo haces bien Fishlegs! –lo animó Gobber mientras él y Honey siguieron con la vista la senda de humo que salía detrás del muchacho –. ¡Sigue así!
–¡AAAAAAAAhhhhhhhh!!!!!!
Fishlegs corrió despavorido con los brazos en alto, al sentir el picante calor en sus posaderas, hasta que encontrar el final del laberinto y pudo lanzar su trasero dentro de un barril de agua. Soltó un resoplido en alivio, pero la parte anterior de su cuerpo quedo atorada, haciéndole imposible el salir por su cuenta.
–Hola –dijo Fishlegs sin poder mover mucho el cuerpo –. Alguien puede ayudarme… auxilio…
Gobber y Honey lo miraron con algo de pena, pero ninguno de los dos se movió de su lugar para ayudarle. En cambio, la vista de la niña fue a posarse unos metros más arriba de Fishlegs, donde se encontraba la inconfundible figura encorvada de la anciana Gothi, quien contemplaba el entrenamiento.
–¿Qué hace aquí? –musitó la chica de cabellera castaña ante la presencia de su mentora en la arena. Gothi era una ermitaña que prefería la soledad de su choza alejada de la aldea, que acudir a los eventos más mundanos de los habitantes de Berk. Solo acudía a ceremonias importante, ya que incluso los heridos y enfermos, debía subir hasta su aislado hogar en la colina para recibir su tratamiento; cuando existía una perfecta y equipada choza de curadera en la mitad de la aldea.
Sin apartar la vista de la anciana, Honey decidió acercarse para averiguar que la traía al entrenamiento.
–Esta conversación no ha terminado ¿oíste? –la amenazó Gobber al verla macharse sin decir nada.
–No hay conversación que seguir, Gobber –insistió la gemela pecosa volviendo la cabeza sobre su hombro.
–Al menos con el gemelo equivocado –murmuró Gobber para sí, entrecerrando la mirada.
El herrero ya tenía sus sospechas desde el último ataque de los dragones, que lo hermanos se traían algo entre manos, pero también sabía que era difícil sacarle la verdad a Honey a pesar de tenerla contra la pared. Por suerte para él, Hiccup era mucho más fácil de doblar.
Y hablando del diablo:
–¡Gobber! –lo llamó el muchacho sacándolo de su meditaciones –. Que si alguien quiere acercarse a uno –continuó Hiccup refiriéndose al night fury.
–Todo el que lo ha intentado, no ha vivido para contarlo –dijo el hombre perdiendo la paciencia –. ¡Ahora, vuelve ahí! –le ordenó inmediatamente indicándole a Astrid y Snotlout justo detrás de él, quienes se ocultaban en una esquina del nadder.
Mientras, Honey llegó hasta donde se encontraba Gothi, quien no dio la menor señal de darse cuenta de su presencia. La chica le dirigió unas cálidas palabras para llamar su atención:
–Quien lo diría. Creí que sería más fácil que los dioses abandonaran el Valhala a que usted dejara su choza.
Tal vez no las más simpáticas.
Gothi, el miembro más anciano de la aldea después de la muerte del viejo Wrinkly, era la principal fuente de sabiduría y conducto de las viejas tradiciones. Desde niña fue seleccionada por su familia para cumplir tal función y dedicar su vida al arte de la curación y el designio de los dioses. Su abuela, quien fue su principal maestra, había cumplido con la misma función antes que ella y como así había sido durante generaciones atrás, hasta llegar a su tátara tátara tátara abuela, una de las ultimas valas del archipiélago y la responsable de tal tradición en su familia.
Las valas había sido una especie de sacerdotisa sagrada y curandera, que dedicaba toda su vida a la adoración de los dioses. Cuando solían existir estas imponentes damas, su posición en la sociedad vikinga era muy alta, la más grande que podía obtener una mujer, que incluso superaba en rango a las reinas. En el pasado, no cualquiera podía ser una vala; para aspirar a una, ésta debía ser un vitki femenino, un poseedor de un don divino.
Con el paso del tiempo y la decisión de los dioses, estas mujeres dejaron de existir y solo sus conocimientos continuaron en sus descendientes, pero no así su titulo. La abuela de Gothi había estado muy cerca de ser nombrada vala durante su juventud, pero su falta de sangre real se lo impidió. Clásica política vikinga.
Eso dejaba a Gothi como el último miembro de su familia con tales conocimientos, los cuales se perderían para siempre una vez que ella falleciera. Fue esa una de las principales razones por las cual accedió a tomar a Honey como su discípula, además que con la edad, comenzó a afectarse su buen juicio.
El principal obstáculo en la educción de la joven, fue su propio padre de la misma. Aunque Honey demostró verdaderas facultades para la curación, el jefe no estaba muy de acuerdo a que su pequeña hija atendiera heridos. Stoick prefería que esta permaneciera en casa, donde estaba segura y dedicara solamente al cuidado del hogar (aunque todo el mundo sabía que él no tenía la menor intención de casarla).
Pero fue la personalidad arisca de la muchacha y su antipatía por otras personas lo que inclinó a Stoick en reconsiderar la oferta de Gothi, asimismo, la anciana parecía ser la única persona (además de Hiccup) en tolerar la presencia de la joven, y viceversa.
En cierta forma, ambas había desarrollado una relación abuela-nieta en la que compartía el tiempo en completo silencio, y cuando Honey se pasaba de la raya, Gothi no tenía reparó de poner a la niña en cintura a diferencia de su padre.
¡CRACK!
Se escuchó con fuerza cuando el bastón de la anciana mujer golpeó con todo en la cabeza de Honey, como respuesta a su comentario.
–¡Arg! ¡Vieja loca! –soltó Honey cubriéndose con ambas manos ante la amenaza de Gothi de golpearla nuevamente –. ¡¿Qué es lo que le pasa?!
Pero la mujer no le contestó (y no solo porque no podía hacerlo con palabra). Su vista estaba completamente enfocada en los jóvenes que intentaban escapar del laberinto en la arena. Honey se dio cuenta que había algo detrás de su concentración.
–¡Hiccup!
El gritó de Astrid sacó a Honey de sus pensamientos sobre la anciana e inmediatamente volvió su vista a la arena. La joven rubia se encontraba de pie sobre una de las gruesas paredes de madera del laberinto, tratando de escapar del las poderosas fauces de nadder, cuando finalmente perdió el equilibrio y cayó de improvisto sobre el gemelo Haddock despistado que aún intentaba sacar alguna respuesta de Gobber.
Por su parte, Hiccup no se dio cuenta de que había sucedido hasta que ya tenía a Astrid Hofferson encima. Los dos terminaron en el suelo de piedra de la arena, con sus brazos y piernas entrelazados a causa de la caída. El hacha de Astrid se había clavado en el escudo que el muchacho que llevaba fuertemente sujeto al brazo, lo cual dejo a Hiccup en una increíble e incómoda posición. El gemelo no hizo nada para liberarse, solo rezó mentalmente a los dioses para que Astrid no se diera cuenta de los rojas que se habían puesto sus mejillas, pero conociendo su suerte eso era casi improbable, ya que sus rostros estaban tan cercas el uno del otro, que el muchacho podía sentir el aliento cálido de la rubia contra su cuello.
Luego siguió el dolor. Cuando Astrid decidió poner de pie, lo hizo sin tomar la menor consideración en el joven debajo de ella. La falda con picos de la armadura de la chica lastimó sus piernas, lo empujó del rostro hasta casi dislocarle la quijada y le arrancó el escudo de madera de un tirón lesionándole el brazo.
Hiccup nunca se percató que el apuro de Astrid se debía al nadder que regresaba para rematarlos. La rubia blandió su hacha con el escudo incrustado con tal potencia, que el terminó haciendo añicos la madera contra la cabeza del dragón. El pobre animal soltó un alarido de dolor, disuadiéndolo de cualquier otro intento de ataque.
Con la respiración entre cortada por el esfuerzo, Astrid vio como el dragón se retiraba voluntariamente a su jaula y esta era cerrada por Gobber, antes de que éste descendiera al centro de la arena en compañía de Honey.
–Amor en el campo de batalla ¿eh? –escuchó Astrid detrás de ella a Tuffnut sacándola del estupor de la adrenalina.
–Ella lo pudo haber hecho mejor –se burló a su vez Ruffnut con una risita.
Astrid gruñó para sus adentros enfureciéndose nuevamente al imaginarse el cuadro que debió haber sido su incidente con Hiccup. Perdiendo la calma, se volvió hacia el joven causante de todo.
–¡¿Acaso es una maldita broma para ti?! –le gritó furiosa a Hiccup que todavía yacía en el suelo frotando su brazo –. ¡La guerra de nuestros padres está a punto de convertirse en nuestras, más vale que decidas en que bando estarás!
Amenazó al muchacho con su hacha en lo que este le devolvía una mirada lastimera. Fue cuando la ira que llenaba su garganta se esfumó. En realidad Hiccup no tenía la culpa de los sucedido, ni siquiera de la burlas de los otros, solo había estado en el lugar equivocado, en el momento equivocado… como siempre.
Al final, con su frustración superada a gritos, la rubia comenzó a lamentarse de sus palabras… cuando…
¡Zaz!
Antes de que tan siquiera llegara a considerar en disculparse, Astrid cayó nuevamente al suelo, muy apenas consiguiendo detenerse con las manos. Alguien, la había empujado.
–¡Wow! –escuchó nuevamente soltar a Tuffnut, mientras los demás aprendices soltaban exclamación similares.
Astrid levantó la vista para toparse con el culpable, nunca se imaginó que sería precisamente Honey Haddock.
–¡Déjalo en paz! –gritó la gemela furiosa plantándose entre la rubia y su hermano.
–¡Mierda! –soltó Snoutlout sujetándose la cabeza y con una gran sonrisa–. ¡¿Vieron eso?!
Nadie podía creerlo, ni siquiera la rubia en el suelo. Le tomó un par de segundos a Astrid asimilar que había sucedido y volver a encenderse en furia. Muchos solían decir que el temperamento de Astrid era su mayor debilidad, pero para ella, solo era una cuestión de orgullo. De un solo brinco, que dañó un poco más su tobillo lastimado, se puso de pie y enfrentó a la chica pecosa.
A pesar de la expresión de pocos amigos en el rostro de Astrid, Honey no retrocedió ni un paso, ni aun cuando quedaron cara a cara o casi, ya que la rubia le sacaba un par de centímetros a la gemela.
–Alguien está a punto de terminar como carne molida –dijo Ruffnut emocionada.
Pero los sueños de Ruffnut y de los demás aprendices de presenciar a Astrid destrozar a Honey, nunca llegó a cumplirse, ya que Gobber se plantó entre las dos separándolas antes de que lanzara el primer golpe.
–¡Bien eso es suficiente! –dijo el herrero con cada jovencita detrás de uno de sus brazos –. Será mejor que todos vayan a tomar un descanso. Muy bien hecho Astrid, ahora ve a revisar tu tobillo –agregó de último dirigiéndose solamente a la rubia.
Astrid no reaccionó a sus palabras, ya que continuó con su mirada asesina clavada en la pecosa del otro lado de Gobber.
–¡Astrid! Ve a atender tu tobillo ¡Ahora!
A regañadientes, la muchacha accedió. Soltó un último resoplido en furia antes de marcharse a la entrada de la arena cojeando levemente, pasando a un lado del gemelo castaño que continuaba tumbado en el suelo, quien la siguió con la mirada.
–Hiccup –lo llamó Gobber atrayendo su atención –, has nos un favor a todos y saca a tu hermana de aquí.
Mientras cada uno de los jóvenes tomaba su propio camino y Gobber empezaba el largo y tedioso trabajo de limpiar la arena, Gothi siguió contemplando con atención desde el otro lado de la reja que cubría la zona de entrenamiento. Una leve sonrisa se dibujo en su boca.
Chapter 18: Pensando en ti
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Pensando en ti
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A pesar del intenso dolor que sentía con cada paso al caminar, Astrid evitó que cualquier mueca o gemido se escapara de sus labios, ni siquiera al llegar a su hogar se permitió demostrar la menor indicación de su malestar. Su tío Fenrir, el único miembro de la familia que continuaba con ella en la casa, corrió rápidamente a socorrerla tan pronto la vio pasar cojeando el umbral de la puerta.
Astrid se sentó en la orilla de la mesa madera donde solían desayunar, mientras que su tío le ayudó a retirarse la bota. Aunque el hombre llevó a cabo su mejor intento de hacerlo delicadamente, aún así la chica rubia sintió un par de punzadas de dolor que recorrieron todos sus músculos de su pierna hasta la cadera.
– Ayer no estaba así de hinchado –dijo el tío Fenrir cuando logró retirarle la bota junto con las vendas que recubrían su pálido pie –. Esta más grande que la verruga del cuello de tu tía Olga –la comparó con una leve risita.
Clásico humor malo del tío Fenrir.
Él era el menor de los cinco hermanos del clan Hofferson, un hombre joven y de aspecto más exquisito a pesar de haber heredado los hombros anchos y las manos grande de la familia. Pero su falta de anchura vikinga se debía a un trágico accidente que sufrió de niño; se había quebrado ambas piernas cuando un árbol le cayó encima tras ser derribado por un timberjack. Debido a ello, Fenrir ya no pudo entrenar como los demás jóvenes de su edad y mucho menos pelear en batalla o contra dragones. Eso había mermado su físico, dando un aspecto más delicado a comparación de sus hermanos y hermanas; pero también había marcado su personalidad. Era el más sensible de todos los Hofferson y generalmente enfrentaba las situaciones difíciles con humor, el que solía ser muy malo.
Pero los defectos (o virtudes) de Fenrir que no resultaba ser un problema para sus hermanas, si lo era para su clan ante la difícil condición en que se encontraba. Él no era un digno heredero para la cabeza de la familia debido a su condición, y ante la muerte de los dos hermanos mayores, Finn y Ebolan (el padre de Astrid), el clan tuvo que ser dirigido por Phlegma, Olga y Bertha; quienes a pesar de sus caracteres fuertes y recios, estaban lejos de ser la solución ideal al ser mujeres.
Y aunque Astrid torció una mueca como de costumbre al escuchar los pésimos chistes de su tío, éste estaba en lo correcto con sus observaciones. El tobillo de Astrid se encontraba del doble de su tamaño, casi tan grande como un balón de bashy-ball, y había comenzado a adquirir un color purpura como el de una mora.
La joven clavó su mirada angustiada en su pie deformado, que no se percató cuando su tío alcanzó un balde con agua helada y metió de lleno la pierna de su sobrina hasta la altura de la pantorrilla. Aunque trató con toda su fuerza de voluntad no gritar, aún así Astrid soltó un débil gemido cuando su piel tocó el agua helada.
–Hijo de la… –masculló la chica entre dientes, mientras que sus nudillos se tornaron pálidos de lo fuerte que apretó la orilla de la mesa. Poco a poco, su pie comenzó acostumbrarse al agua fría y a mitigar su dolor.
–¿Me podrías explicar cómo es que terminó así? –le preguntó su tío a la chica después de un par minutos de silencio.
Pero Astrid no le contestó, al menos no de inmediato, ya que no estaba completamente segura de cómo hacerlo. La jovencita rubia tenía la mirada perdida en su pie sumergido, en un intento de evitar la de Fenrir. Mientras, en su mente se figuraban dos fuertes razones que la mantenían callada, una era el vergonzoso hecho de que la escuálida Honey Haddock la había tomada por sorpresa, y la segunda, tal vez aquella que la atormentaba más que su orgullo herido, eran los ojos verde esmeralda de Hiccup Haddock en una mirada llena de aprensión. Podía verlos con claridad como si estuviera de nuevo en la arena, con el pobre chico pecoso en el suelo en una posición patética, intimidado por sus rudas palabras.
Astrid no podía comprenderlo, ni siquiera estaba segura de como sucedió. No era como en otras ocasiones donde su carácter había sacado lo peor de ella y descargado su frustración en los gemelos Thorston o golpeado a Snotlout. Algo en Hiccup se había quedado grabado en sus retinas y pensamientos, y eso le causaba una terrible punzada en el pecho y la nuca.
–Oh… ahora ya veo –soltó de repente el tío Fenrir sacando a la chica de sus pensamientos –. Debe de ser por un chico –dijo él en broma, aunque desconocía que estaba muy cerca de la realidad.
En cuestión de segundos, el rostro de Astrid comenzó a adquirí un potente color carmesí, iniciando por sus mejillas y extendiéndose hasta su cuello. De la impresión, casi se resbala de la orilla de la mesa donde estaba sentada.
–¡¿Qué?! ¡No! ¡Claro que no! –bramó ella histéricamente dándole una patada juguetona a su tío con su pierna buena, y casi lo hace caer de espaldas –. ¡Por supuesto que no! ¡No…! ¡Bueno, si! ¡Pero no es lo que piensas! –se apresuró agregar ante la risa maniática con la que le respondió el hermano de su padre.
Fenrir no paró sus potentes carcajadas a pesar de los intentos inútiles de su sobrina de detenerlo. Astrid no le quedó de otra de cubrirse el rostro con sus manos ante la vergüenza, sintiendo lo calientes que se habían puesto sus mejillas en su palmas.
–¡Ahora en adelante serás Astrid “el tomate viviente” Hofferson! –se burló Fenrir antes de que Astrid le propinara un potente puntapié en el estomago con su pierna buena –. Muy bien… me sobre pase… con ese… –balbuceó tratando de recuperar el aire –. ¿Me puedes… contar que sucedió?
Astrid soltó un suspiro en resignación y aunque sus mejillas continuaban coloradas, decidió que sería mejor relatar su versión de lo sucedido antes que su tío lo escuchara de alguien más.
–Fue en el entrenamiento –dijo la chica –. Gobber nos preparó una especie de prueba para escapar de un deadly nadder. Todo iba bien hasta que… –Astrid comenzó dudar mientras buscaba las palabras adecuadas para explicarlo – yo intentaba evitar el nadder cuando… Hiccup se atravesó… –agregó con frustración, pero rápidamente la culpa la empujo a decir –: ¡No pude evitarlo!... y creo que lo lastime. Después que pude alejar el dragón, le grite… algunas cosas….
Su tío, la escuchó en silencio soltar su incomprensible relato, denotando en su rostro el esfuerzo que le estaba tomando descifrar las palabras de su sobrina; pero cuando creyó que ésta había terminado o le pareció oportuno interrumpirla, le preguntó:
–Entonces ¿chochaste contra Hiccup? ¿Le gritaste? ¿Fue así como te lastimaste de nuevo el tobillo?
–No –respondió Astrid con vergüenza agachando la cabeza. Tragó saliva y cobró valor para añadir –: En realidad fue Honey –dijo en voz muy baja esperando no ser escuchada, pero las cejas de Fenrir se alzaron demostrándole que lo había oído todo –. ¡Apareció de la nada y me empujó contra el piso! –soltó de ultimo indignada tan solo la idea de que hubiera sido derribada por alguien de la mitad de su peso.
–¿Honey? –dijo su tío como si no creyera en su palabras –. ¿Honey te derribó? ¿Honey? –insistió mientras con su mano indicaba la corta estatura de la gemela Haddock.
–Por los dioses –soltó Astrid cubriendo de nuevo su rostro con sus manos. Era como una maldad del mismo Loki. Al menos estaba agradecida que solo su tío Fenrir fuera el único que la vio en ese estado, no podría soportar la idea de que su madre o tías, peor aún, alguno de los otros chicos de la aldea, la notaran así de alterada.
–De acuerdo –dijo Fenrir mientras su rostro se contorsionaba en el inútil intento de no reírse. Pero su autocontrol duro poco, ya que unos segundos después soltó otra sonora carcajada que provocó que su sobrina se sonrojara aún más.
–¡NO ES GRACIOSO! –bramó Astrid histéricamente soltando patadas y puñetazos contra su tío que logró esquivarlos dando unos pasos hacia atrás, quedando fuera del alcance de la chica.
–Está bien, ya no me reiré –aceptó Fenrir acercándose nuevamente a ella, mientras se quitaba una lagrima del ojo –. ¿Qué paso después?
–Honey me gritó que no molestara a Hiccup, y después Gobber nos separó antes de que pudiera responder.
–Hizo bien. Te habrías metido en menudos problemas si le dabas una paliza a la hija del jefe.
Astrid soltó un gruñido.
–¿Y eso es todo?
Le hubiera fascinado a la chica rubia decir que “sí”, pero su conciencia la traicionó impíamente:
–No… me siento terrible.
–Se nota en tu rostro –dijo Fenrir levantando la barbilla de Astrid para mirarla a los ojos –. Hay algo más que la vergüenza de ser tomada por sorpresa por la escuálida y rara Honey Haddock. Pero la pregunta es: ¿Qué es? –agregó inquisitivamente a pesar de la mirada aprensiva que le devolvió su sobrina –. ¿Qué es lo que te hizo sentir peor? ¿Qué Honey te atacara o qué haya conseguido derribarte?
Astrid que esperaba otro chiste malo de parte de su tío, la tomó por sorpresa su pregunta. Sí, le había herido su orgullo de vikingo que alguien tan pequeña como Honey la pudiera haber sacado de equilibrio tan fácilmente, pero que lo haya hecho en un principio era lo que le pesaba más. Ni en un millón de años se hubiera imaginado esa reacción por parte de Honey, ella el tipo de persona que se defendía con palabras no con musculo (ya que no tenía ninguno).
–O tal vez fue… ¿Qué Hiccup estorbara en tu camino? O… ¿Qué tú le hayas gritado?
El cuerpo de Astrid dio un leve respingo ante las palabras de su tío, ya que no las esperaba al estar sumergida en sus profundas meditaciones.
–¿Me puede decir que es, Astrid?
La joven rubia no contestó, volvió a clavar su mirada en sus pies, tanto el que estaba dentro del agua como el que no. No pudo evitar recordar la época en que era buena amiga de Hiccup y Honey, cuando pasaba horas en su casa compartiendo con ambos hermanos. Pero todo eso había terminado bruscamente, por decisión de ella misma… por su propia ambición. Estaba dispuesta a convertirse en una doncella guerrera a toda costa y traer el honor a su familia necesitaba, que estuvo dispuesta a sacrificar lo que fuera y quien fuese para conseguirlo. Sabía que al ser una mujer, los habitantes de Berk no tomarían tan fácilmente sus habilidades, especialmente si tenía una profunda amistad con los gemelos paria de la aldea.
Ella les dio la espalda despiadadamente y ni se había dignado a mirar atrás. Era por ello que no podía recriminar la reacción de Honey, a pesar de lo mucho que la sorprendía. En cierta forma, hasta se lo había ganado.
Con Hiccup era diferente… pero mucho peor. Su misma ambición la condujo a actuar horriblemente en su contra, alguien que nunca le había causado mal y siempre había sido amable con ella, a pesar de haber roto su amistad. La imagen de pobre muchacho en el suelo, con su ojos verdes llenó de aprensión, mirándola casi con lastima, era lo peor que había experimentado Astrid en su vida. ¿Cuál había sido el error que cometió Hiccup? Solo estar en el lugar y el momento equivocado, como siempre. No era su culpa que ella le cayera encima, que saliera lastimado y mucho menos se merecía la forma en que le había gritado.
Había dañado despiadadamente al inocente e indefenso muchacho.
–Creo que… –comenzó a decir Astrid sintiendo algo atorado en su garganta –que… –le resultaba increíblemente difícil decirlo –cometí un error.
La joven miró con tal lastima a su tío, que éste no puedo burlarse más de ella.
–Sí sientes que de verdad te equivocaste –le dijo –, debes de tratar de enmendarlo. Todo sabemos que Hiccup es un desastre andante, no porque sea su culpa, solamente que la mala suerte le sigue a donde quiera que va. Desde mi punto de vista, el hecho que chocharas contra él fue solo un accidente y eso le pasa muchos al muchacho, así que no deberías preocuparte por eso. Pero si de verdad te arrepientes de lo que hiciste, deberías pensar en pedir disculpas.
–Pero…
–Como solía decir tu tío Finn: “una disculpa merece más valor, que el orgullo de nuestras acciones” –la interrumpió Fenrir alzando su dedo índice recordando a su sabio hermano mayor –. En cuanto a Honey no es de sorprenderse su respuesta tan agresiva.
Astrid torció la boca ante el comentario de su tío. Nadie sabía con exactitud que había pasado entre ella y Honey, ni siquiera la gemela pecosa entendía por qué había sucedido. No podía ser que Fenrir tuviera el conocimiento del rencor bien ganado que Honey sentía hacia ella.
–No confundas mis palabras –dijo este como intuyendo sus pensamientos o por simple casualidad –, me dejo pasmado el hecho que pudiera tirarte al suelo, pero no su respuesta. Tal vez tú no lo entiendas porque tu padre se reunió con nuestros antepasados mucho antes que él y tu madre pudieran darte hermanos; pero yo que si los tengo, y habría reaccionado exactamente igual para defenderlos de quien los hubiera lastimado, sin importar lo grande que fuera. Y ellos son gemelos, por Odín. Su lazó debe de ser mucho más fuerte. Honey solo estaba protegiendo a su hermano ¿Acaso puedes culparla de ello?
Astrid encogió los hombros recordando de nuevo esos años en la casa Haddock cuando solía jugar al escondite entre los mueble y las armas de la casa. Honey solo tardaba un par de segundos antes de encontrar a Hiccup, como si siempre supiera donde estaba o si hubiera un hilo invisible que los conectara. Incluso, con el paso de los años, seguía siendo inseparables, uno cerca del otro. Tal vez su tío tenía razón sobre el hecho de no tener hermanos, pero igualmente Astrid entendía el sentimiento, ella nunca permitiría que nadie lastimara algún miembro de su familia.
–No, no puedo –contestó ella con firmeza en su voz.
Después de los largos minutos de charla, el tobillo de Astrid bajo del agua fría había reducido de tamaño, pero su piel adquirió un tono azulado. La chica, apenas podía sentir su dedos entumecidos.
–¿Qué fue lo que paso entre ustedes Astrid? –le preguntó repentinamente Fenrir mientras colocaba el pie de su sobrina sobre su rodilla y lo secaba con un pequeño pedazo de tejido –. Solían ser tan buenos amigos, no entiendo que fue los que les paso.
–A veces yo tampoco.
–Bueno, al menos ya decidiste que va hacer ¿verdad, pies fríos? –dijo su tío recuperando su tono burlón.
Astrid asintió con la cabeza después de soltarle un puñetazo en el hombro.
Tal vez no existía solución a su problemas con Honey, y lo mejor sería tratar de olvidar el asunto y evitar cualquier otro conflicto en el futuro (más fácil decirlo que hacerlo). Pero definitivamente tenía que disculparse con Hiccup; ella había cometido un error y debía enmendarlo. Además, no podía quitarse los ojos lastimeros del muchacho de su cabeza.
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–Hiccup, quieres quedarte quieto –le ordenó Honey –. Ya casi terminó.
Ambos hermanos había regresado a su casa después del fiasco que había resultado el entrenamiento de ese día. Honey había logrado convencer a Hiccup que le permitiera revisar su brazo lesionado, generalmente era tan obtuso sobre su propios cuidados que rara vez permitía que alguien lo atendiera. Solo cuando Hiccup estaba seriamente herido o muy enfermo para cuidarse por sí mismo, era cuando aceptaba la ayuda de otros a regañadientes.
El muchacho estaba sentando en la orilla de su cama con el torso al descubierto, mientras su hermana le colocaba unos largos vendajes sobre el brazo, hombro y pecho. Aquella mañana, cuando Astrid había arrancado el escudo de Hiccup de su brazo, ésta llegó a lesionarle varios músculos. Honey le colocó un ungüento base de pétalos de caléndula para ayudarle a contrarrestar el dolor, antes de dejarlo más cubierto que una momia.
Durante todo el proceso, Hiccup se mantuvo callado, atrapado en sus propios pensamientos, los recuerdos de esa misma mañana y las palabras de Astrid Hofferson que no dejaban de dar vueltas por su cabeza.
–¿Qué tanto piensas, Hiccup? –le preguntó Honey descifrando su silencio.
El gemelo pecoso no le contestó de inmediato. Haciendo girar su ojos, soltó un suspiro en resignación antes de tratar de pasarse la túnica de nuevo por la cabeza, pero su brazo adolorido lo hizo casi imposible. Su hermana terminó por ayudarle a colocarse correctamente la ropa sobre su torso.
–¿Estas pensando en Astrid? –dijo ésta sentada justo detrás de él, en la misma cama.
Hiccup no pudo evitar sonrojarse, pero no contradijo a Honey o confirmó sus sospechas. El muchacho clavó su mirada en sus pies, mientras las palabras de Astrid retumbaban en su cabeza como si la rubia estuviera en aquella habitación gritándole nuevamente.
Su hermana no lo presionó más, a pesar de que Hiccup solía sufrir de muchas humillaciones públicas, nunca había sido por parte de Astrid, la misma persona por la cual sufría un enamoramiento juvenil. Honey estaba furiosa con ella por eso. Había perdido el control al abalanzarse en su contra; la gemela ni siquiera lo pensó, incluso si la rubia la hubiera terminado arrastrándola por el piso como una muñeca de trapo, no le habría importado en lo más mínimo.
–La forma en que miró… –soltó Hiccup después de unos minutos en completo silencio –como lo hacen todos los demás…
Hiccup era considerado un raro, diferente y un inútil por todos los habitantes de su aldea, y en cierta forma lo había llegado a aceptar. Se había acostumbrado a las burlas de los demás, a decepcionar constantemente a su padre, al reproche de los demás adultos e incluso, uno que otro golpe. Pero no importaba que tan mal fuera el insulto o como lo trataran, Astrid nunca lo había humillado, insultado o agredido. Ella… solo lo ignoraba.
Nunca creyó que extrañaría ser ignorado.
–Hiccup, escucha lo que voy a decirte –le dijo Honey tomándolo de su hombro sano y haciéndolo volverse hacia ella –. Lo que paso no fue tu culpa, fue… solo un accidente y estos pasan…
–En especial a mí…
–Más a ti, y por mayor razón, ella no debió gritarte de esa manera.
Los ojos de Hiccup se clavaron en los de su hermana que se encontraban llenos de ímpetu. A veces el muchacho se preguntaba: ¿Cómo ella podía tener tal determinación?
–Pero no podemos negar que tiene razón, Honey –dijo el muchacho cabizbajo –. Yo no soy parte de esta guerra… soy diferente.
Hiccup eludió los intensos ojos de su hermana, pero esta se agachó para quedar nuevamente a su nivel.
–Somos diferentes, Hiccup.
El muchacho titubeaba con la seguridad y fortaleza que le demostraba Honey, y en cierta forma lo hasta tranquilizó. Siempre tenía ese efecto en él.
De nuevo, volvieron a retumbar los reproches de Astrid en sus oídos, pero ya no lo lastimaban como había sido unos minutos atrás. Pero la pregunta continuaba acechándolo:
¿Qué bando iba tomar?
Hiccup no pudo evitar pensar en el night fury que se encontraba atrapado en la ensenada en lo más profundo del bosque de Berk. Recordó sus ojos verde brillantes clavados en él como si pudieran contemplar su propia alma. Aquella bestia negra como la noche le había perdonado la vida, un acto de mayor piedad que había recibido a comparación del resto de los habitantes de Berk, de su propio padre o de Astrid.
–Recuerdas que solía decirnos el abuelo –le dijo Honey llamando su atención.
–“No son diferentes… son como su madre” –contestó el chico frunciendo la frente al tratar de recordar las palabras exactas del viejo Wrinkly.
Cuando eran aún más pequeños y su abuelo solía vigilarlos mientras Stoick se encargaba de atender las necesidades de la aldea, éste le solía relatar historia de su difunta madre. El padre de los gemelos no acostumbraba hablar de ella, su sola mención solía tráele mucho dolor. Pero cuando estaba fuera de la casa, el viejo Wrinkly les relataba todas las excentricidades y ocurrencia de la mujer.
Valka tampoco había sido la persona más querida por los habitantes de Berk, y en un principio, muchos de ellos quedaron extrañados con la decisión de Stoick de pedir su mano. Había sido una mujer de ideales poco ortodoxos y tendencias extrañas. Tenía pocos amigos y prefería su soledad. A pesar de que era buena con la lanza y la espada, se negaba a luchar contra otros y mucho menos contra dragones. Era una mujer muy pacifica, para la agresividad natural de los vikingos.
–Veamos el lado positivo –comentó Honey tratando de conseguir una sonrisa de su hermano –. Por fin te has dado cuenta que Astrid no piensa diferente de los demás chicos –dijo sin tener mucho éxito –. Cree que eres un bueno para nada como lo hacen todos los adultos… toda aldea… otras tribus… e incluso papá –pero con sus palabras solo consiguió que Hiccup entrecerrada su mirada –. ¿A dónde quería llegar con eso? –agregó apenada rápidamente rascándose la barbilla.
–Nop, tienes razón –dijo Hiccup interrumpiéndola alzando su mano –, tal vez fue mi error ilusionarme con Astrid y imaginarme algo que nunca puedo ser –añadió el chico pecoso con desilusión pero aceptación –. ¿Y a quien quiero engañar? No soy un vikingo, no soy un guerrero… ¡No se qué rayos soy! Pero de algo si estoy seguro, y no soy un mata-dragones.
Aunque las palabras de Hiccup no eran las más esperanzadas, Honey se sentía satisfecha que finalmente entrara en razón.
–Es estúpido lastimarme por algo que no creo –continuó el muchacho haciendo girar el hombro y sintiendo otra punzada de dolor.
–Gobber les dio el día de mañana libre, eso te dará la oportunidad de descansar tu brazo –dijo la jovencita de cabellos castaño bajando de la cama –. ¿Ya tienes pensado que vas a hacer todo el día?
Honey nunca se percató de la profunda expresión que adoptó Hiccup en ese momento. Tenía planeado hacer otra visita a su amigo night fury.
Chapter 19: Un día en ensenada
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Un día en ensenada
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A la mañana siguiente Hiccup se levantó muy temprano, incluso antes de que el sol saliera del todo en el horizonte. Tenía como objetivo del día regresar a la ensenada para darle otro buen vistazo a ese night fury.
El muchacho no estaba tan seguro porque, pero no podía sacarse a ese dragón de ébano de la cabeza, tampoco el hecho que éste le hubiera perdonado la vida después de haberlo derribado del cielo. Había tanto que los vikingos podían asegurar sobre los dragones, pero el night fury estaba contradiciendo todos lo establecido con su extraño y enigmático comportamiento. Además, Hiccup encontraba increíblemente curioso cómo él podía descifrar facciones y expresiones en tales bestias, algo que al parecer, nadie más podía apreciar.
Así que, decidido continuar su peligrosa investigación. Hiccup salió de su cama lo más silenciosamente posible para no despertar a su hermana, quien dormía plácidamente al otro lado de la habitación. Se cambió de túnica, tomó su pequeño cuaderno de apuntes y bajo al piso inferior de su hogar, sin percatar algún cambio en el tranquilo sueño de su hermana gemela.
Hiccup estaba por salir a la fría y húmeda mañana en Berk cuando reparó que se le escapaba un detalle. Dejando la puerta abierta, el muchacho regresó sobre sus pasos en dirección a la cocina y tomó el pescado más grande que encontró en una barrica. Esperaba que fuera suficiente para distraer, aunque por unos segundos, al dragón negro como la noche y escapar vivo si la situación lo ameritaba.
Ya con la ofrenda escamosa y apestosa en sus manos, Hiccup salió de su hogar procurando hacer el menor ruido posible.
Una vez afuera encontró a Berk más solitario que nunca, inmerso en una intensa neblina húmeda que no permitía ver más allá de un metro delante de uno. Debido a que el sol aún no salía del todo, la aldea se encontraba a oscuras y solo era iluminada levemente por un par de antorchas, cuya débil llamarada estaba por extinguirse después de una noche larga. Hiccup no pudo evitar comparar el ambiente que lo rodeaba con las historias y leyendas sobre los nueve planos del universo que solía contarle su abuelo; hasta por un momento imaginó que de entre la neblina aparecería un gigante del Jotunhiem para devorarlo.
¿Cómo si ya no tuviera suficiente con los dragones?
Antes de ir directo a la ensenada del night fury, Hiccup decidió pasar primero por la forja de Gobber the Belch. En su camino, el muchacho no se topó con alguna alma y mucho menos un gigante.
–¿Gobber? –llamó el muchacho con cautela desde la entrada, a la oscuridad de su lugar de trabajo.
Estaba desierto.
Sin perder el tiempo y con la posibilidad de que su mentor sintiera la extraña y bizarra urgencia de madrugar e iniciar su jornada de trabajo (en contra de todas sus costumbres) Hiccup se apresuró a tomar un pesado escudo que yacía junto a un montón en una esquina de la herrería.
–No se dará cuenta si hay uno menos –dijo el muchacho para sí despreocupadamente. Unos segundos después se lamentó a haberlo hecho tan a la ligera, ya que sintió una intensa punzada de dolor en su hombro herido ante el peso repentino del escudo en su brazo.
A pesar de su primer impulso de dejarlo en su lugar, Hiccup necesitaba algo más que la pequeña daga que cargaba en su cintura, para protegerse del mortífero y peligroso night fury. No le quedo otra opción que llevar el escudo en su brazo sano y el pescado apestoso en el otro. Esto le dificultó el cruzar todo el bosque en dirección a la ensenada, por lo cual le tomó más tiempo de lo normal llegar a su destino.
Cuando finalmente alcanzó raven’s point, el sol ya se encontraba en lo alto y la neblina había desaparecido entre los troncos de los arboles. El siguiente reto de Hiccup fue encontrar un camino que le permitiera descender hasta el fondo de la ensenada con la carga extra en sus inútiles y escuálidos brazos.
Después de un par de minutos, Hiccup encontró una pequeña abertura en la roca, perfecta para que su delgado cuerpo la atravesara, por desgracia no así para el gran y redondo escudo que quedo atrapado entre las piedras. El muchacho maldijo por debajo ante la frustración y su mala suerte.
Si llevar consigo nada más para defenderse, que la corta daga que colgaba de su cinto y el pescado maloliente en sus manos, Hiccup se introdujo cuidadosamente y en silencio a la ensenada. En un principio le pareció no ver al dragón por ningún lado que comenzó a temer que éste se hubiera marchado, pero al distinguir más escamas negras esparcidas por el suelo, Hiccup se convenció a sí mismo que el night fury no podía estar muy lejos.
–Bueno, esto será sencillo –dijo el muchacho para sí –. Ofreces el pescado y te retiras. Ofreces el pescado y te retiras –repitió una y otras vez ensayando el movimiento –. ¿Qué puede salir mal? –soltó sarcásticamente con una risita nerviosa –. Que un terrible y enorme dragón me arranque la cabeza –se respondió a sí mismo.
De repente, sus ojos captaron un movimiento en unos arbustos cerca de él, lo cual lo puso en alerta… o más bien, lo hizo soltar un gemido y dar un salto hacia atrás aterrado. Con una mano sobre su acelerado corazón, Hiccup pudo percatarse que las ramas se movían solo a causa de la briza matutina que se colaba entre los árboles.
–Es solo viento –dijo el joven soltando un suspiro aliviado.
–¿Esperabas al night fury? –soltó de repente una voz detrás de él, haciendo brincar y gritar del susto.
No era otra, que su hermana gemela.
–¡Honey! –bramó Hiccup con el pescado apestoso presionado contra su pecho, mientras trataba de calmar su respiración –. ¡En nombre Thor todo poderoso! ¡¿Qué haces aquí?!
–Asegurándome que no cometas una estupidez –dijo ella con gran calma –. Cuando desperté y no te vi en tu cama, estaba segura que habías ido a buscar al dragón –y la chica no requirió de sus corazonadas para descifrarlo –. ¿Por qué rayos me dejaste atrás? – caminó hasta él para golpearlo en el pecho con su dedo índice.
–¿Por qué? –dijo Hiccup encogiendo los hombros –. A no sé, quería llevarme toda la gloria de ser el primer vikingo devorado voluntariamente por un night fury… ¡Por qué es muy peligroso! –agregó con tono mordaz ante de gritar a todo pulmón –. Ese dragón es considerado vástago profano del rayo y la muerte misma. ¡Buscarlo, es casi un maldito suicidio! –continuó histérico agitando su brazos sobre su cabeza.
Pero Honey no se intimidada ante sus gritos, en cambio una sonrisa presuntuosa se dibujó en sus labios.
–¿Entonces admites que cometiste una estupidez al venir aquí? –le preguntó ella.
–¡Sí! ¡Digo no! Lo que quiero decir… No deberías haber venido, es muy peligroso para ti.
–¿Y para ti no?
–No… ¡No lo sé!
–¿Qué clase de respuesta tonta es esa?
–¡La única que tengo! –gruñó Hiccup con desesperación –. Y por desgracias no la quiero utilizarla cuando papá regrese y se dé cuenta que fuiste hecha pedazos por un demonio negro al que yo intentaba alimentar con un pescado –agregó sacudiendo el bocadillo escamoso frente al rostro de su hermana –. ¿Tienes idea de que me haría si te pasa algo?
–¿Y tú puedes imaginarse cómo se pondría él si también te pasara a ti?
–¡Por todo los dioses! –bramó el muchacho frustrado –. ¡Eso no le molestaría en lo más mínimo!
–No seas ridículo, Hiccup.
–Estoy cien por ciento seguro que papá estaría mucho más aliviado que el night fury apareciera ahora mismo y me saltara encima, en lugar de que me encuentre a mí en la arena decepcionándolo nuevamente.
Ambos hermanos estaban tan absortos en su discusión, que no se percataron que eran observados por un habitante de la ensenada. El dragón de ébano había sido despertado por sus gritos y cautelosamente trepó sobre una formación rocosa donde podía observar con claridad a los gemelos discutir. Solo un par de rocas al caer ante el movimiento de su cola, fue lo único que alertó su posición a los hermanos.
Hiccup y Honey enmudecieron al instante, en lo que sus ojos verdes como esmeraldas se clavaron en la bestia negra que los acechaba casi como un gato a un ratón. El dragón bajó despacio y con cautela de su mirador en dirección a los gemelos, los cuales reaccionaron apretándose el uno contra la otra.
–Por favor dime que tienes algo más para defenderte que un maloliente pescado –le preguntó Honey a su hermano ocultándose detrás de él.
–Es curioso que lo menciones –comentó Hiccup irónicamente mirándola sobre su hombro por unos escasos segundos para no apartar mucho su vista del dragón. Él cual parecía haber captado el olor del pescado en sus manos y lo olfateaba con interés.
–¡Hiccup! –soltó ella irritada ante la falta de tacto de su hermano al elegir los momentos para hacer sus bromas.
–El escudo se quedo atorado en la entrada –confesó él.
–¿Entonces un pedazo de madera fue más listo que nosotros?
–No precisamente…
–¿Traes algo más?
–Una daga…
Como atendiendo a las palabras del chico, el night fury soltó un gruñido en los que cambiaba su postura curiosa a una defensiva, amenazando a los gemelos con sus dientes.
–¿Acaso… entendió lo que decimos? –no pudo evitar pensar Hiccup al contemplar las acciones del dragón. Hasta por unos segundos, el miedo que sentía el muchacho fue remplazado por la curiosidad; la misma que lo había impulsado a adentrarse a la ensenada esa misma mañana.
Mientras, a su espalda, se podía escuchar los gemidos tímidos de Honey.
Siguiendo el concejo de su hermana y su corazonada, Hiccup hizo lo que todo Hooligan en su sano juicio habría considerado demencial. Tomó la daga que colgaba de su cinto y la arrojó lejos teniendo cuidado de que el dragón negro comprendiera por completo sus acciones.
–No, no, no, no –soltó Honey desesperada al ver el arma hundirse en el pequeño ojo de agua que cubaría gran parte de la ensenada –. ¿Por qué la lanzaste?
–Quiero que confié en que no vamos a lastimarlo –dijo Hiccup con gran seguridad voz que resultaba hasta alienígena en él.
–¿Y cómo vamos a confiar que él no nos lastime a nosotros? –soltó la chica histéricamente apretando sus puños contra el chaleco de piel de oso de su hermano.
–No tengo idea… tendrás que confiar en mí.
Sorprendida con el repentino cambio de actitud de su gemelo, Honey dejo de temblar al instante, mientras contemplaba pasmada el semblante de Hiccup.
Ante las acciones del muchacho, el night fury rápidamente cambio nuevo su postura y comportamiento. Sus ojos de verde brillante se abrieron completamente, dándole un aspecto más curioso que amenazante. El gemelo resultaba tan interesante para el dragón como viceversa.
El night fury nunca había estado tan cerca de los humanos antes y mucho menos de unos tan pequeños como los hermanos gemelos. Desde que había sido derribado del cielo, seguía topandose a los dos niños constantemente, y hasta el momento, no lo habían llegado a lastimarlo. En cambio, justo en ese momento, uno de ellos le ofrecía alimento para satisfacer el hambre que atormentaba su largo vientre; pero aún así, el dragón no perdía nada con ser precavido, no importaba que tan inofensivos y débiles parecieran los niños humanos, seguían siendo vikingos.
–Sin dientes –comentó Hiccup al contemplar las fauces de night fury desdentadas listas a tomar su ofrenda de paz –. Podría jurar que tenía… –pero cortó de golpe sus palabras cuando en un abrir y cerrar de ojos, el dragón sacó sus filosos colmillos desde la profundidad de sus encías y le arrebató en milisegundos el pescado de las manos, si arrebatarle ningún dedo en el proceso – dientes – agregó de ultimo el muchacho intimidado por la velocidad de la bestia.
Pero el pescado no duró mucho dentro del estomago del night fury, parte de éste regresó al regazo de Hiccup justo después que el animal había conseguido acorralarlo a él y a Honey contra una roca.
–¿Qué es lo que quiere? –le susurró Honey espantada a su gemelo al oído sin comprender en los más mínimo el comportamiento del dragón–. ¿Por qué lo escupió?
Pero para Hiccup resultaba extrañamente natural leer cada uno de los movimientos y facciones del night fury. Aunque el tamaño del animal, sus garras y dientes resultaban sencillamente intimidantes, el muchacho podía asegurar que éste no le deseaba hacerle ningún mal… al menos de momento. Lo contemplaba a través de sus ojos, como una ventana a los pensamientos íntimos del dragón de ébano.
–Creo… que quiere compartirlo –dijo el muchacho levantado el pescado hasta su rostro. No podía creer los que estaba por hacer.
–No me digas que vas… –soltó Honey preguntándose exactamente lo mismo y antes de que terminara su oración, su hermano ya se había dado una mordida al pescado regurgitado, cubierto de baba y jugos gástricos de dragón – Urg… ¡Asco! –agregó cuando éste lo tragó a demanda del night fury.
Algo definitivamente ocurría entre ambos. El muchacho y el dragón (por los breves segundos en que sus miradas se conectaban) parecía que intercambiaban mensajes secretos él uno al otro. Honey, que a pesar del miedo que sentía, pudo presenciar de primera mano como ese lenguaje secreto ocurría entre ellos y los impulsaba a interactuar de manera que nunca nadie hubiera imaginado ver a un vikingo y a un dragón. La bestia era incluso capaz de imitar su sonrisa.
Pero Hiccup tuvo que arruinarlo.
–Creo que los night fury no dan la pata –soltó Honey posando las manos en su cintura, una vez que el dragón se alejó volando hasta el otro lado de la ensenada cuando su hermano había intentado tocarlo –. Bueno, ya fue suficiente ¿nos podemos ir?
–Aún no –alegó el muchacho marchando en dirección de la bestia.
–¡Hiccup!
Honey sentía que habían tentado mucho la suerte por un día, pero para Hiccup, cuya curiosidad era más grande que el océano, no había sido suficiente. El muchacho intentó un par de veces más tocar al dragón negro, pero en cada ocasión este se alejaba de él sin causarle daño.
–¿Acaso no entiendes que no quiere que lo toques? –insistió Honey disgustada a su hermano, mientras ambos contemplaban a la bestia colgar boca debajo como murciélago de la rama de un árbol, quedando fuera de su alcance –. Que por cierto, no entiendo tu necesidad de tocar todo lo que tienes enfrente –lo regañó frustrada.
Pero Hiccup estaba tan absorto en sus pensamientos que las palabras de su hermana le entraron por un oído, para salir por el otro.
Aunque el dragón no despertó de su siesta y no parecía que fuera hacerlo pronto, los hermanos permanecieron gran parte del día en la ensenada, principalmente ante la testarudez de Hiccup.
El gemelo pecoso se dedicó gran parte de la tarde a vigilar al dragón mientras analizaba mentalmente cada uno de los movimientos de la bestia de ébano. Por su lado, Honey requería más para pasar el tiempo. Fácilmente pudo haber dejado a su hermano en la ensenada y regresar por su cuenta a la aldea, pero eso significaba dejar al joven adolecente impulsivo y con defectos de buen juicio junto a un night fury. Era como darle a los gemelos Thorston una antorcha en llamas dentro de un granero lleno de heno. Era una mescla para el desastre.
Por suerte y desgracia, Honey había tomado un par de hogazas de pan por si acaso una al salir de la su hogar esa la mañana, pero no era suficiente alimento para ella y su hermano durante el resto del día. Motivada principalmente por el hambre, la gemela comenzó a probar las hierbas y frutos que crecían salvajemente en el suelo de la ensenada.
Honey tenía suficiente conocimientos sobre la herbolaria de la zona para diferencias los arbustos peligros de la isla de los que eran comestibles. Para la mala suerte de su estomago, muchas de la hiervas y frutos que crecían en ese presido lugar del bosque no le resultaban familiares. Pero eso no la desanimó.
Honey encontraba completamente fascinante el probar y experimentar con nuevos ingredientes, no solo para sus recetas de cocina o remedios caseros. Describir todas las propiedades que tenían las plantas y otros mejunjes era su fascinación, una que se comparaba con el gusto de su hermano gemelo por sus invenciones y la construcción de aparatos novedosos.
Era así como chica pecosa había desarrollado su pequeño laboratorio secreto que ocultaba debajo de su cama, donde guardaba y fermentaba muchos productos lejos de la vista de su padre y la supervisión de Gothi. Muchos de los cuales probaba en ella misma o en su hermano cuando lograba engañarlo. De esa forma descubrió que la rosa de Berk, una flor rustica y de mal aspecto que solía el regalo perfecto para los Hooligans enamorados, era un remedio perfecto para malestares del estomago cuando se bebía en té.
No todos sus descubrimientos habían resultado tan exitosos a la primera, a la mala (refiriéndonos a una fea urticaria que tuvo que ocultar con las mangas largas de su túnica) descubrió que las raíces de Thor no eran buenas para eliminar las quemaduras como para sazonar un estofado. Algo muy similar había pasado cuando Hiccup inventó la catapulta auto-recargable y el ojo morado que lució por tres meses.
–Nunca había visto este tipo de bayas – comentó Honey tomando un par de un arbusto espinoso. Eran pequeños frutos redondos y macizos de color rojo. La chica la acercó a su nariz y le dio una buena olfateada sin presidir ningún aroma de las mismas. Mala señal.
–Tel vez solo se dan en esta parte del bosque –comentó Hiccup sin ponerle mucho atención a lo que ella hacía. El muchacho estaba sentado a una roca, dibujando varios garabatos en arena con ayuda de una ramita de olmo.
–Me pregunto… –murmuró la chica cometiendo la tontería de darle un leve mordisco a una de las bayas. Era la única forma de confirmar las propiedades del fruto y por desgracias, generalmente con consecuencias muy pésimas –. ¡Argggg!!! ¡Arde, arde! –soltó la muchacha escupiendo los restos de la baya que había irritado su lengua con el primer mordisco.
Los ojos de Honey comenzaron a llenarse de lágrimas, mientras tocia incontrolablemente haciendo arcadas.
–¡¿Por qué tenías que comerlas?! – la regañó Hiccup –. ¡Rápido toma agua! –agregó indicándole el estanque en medio de la ensenada.
La chica paso corriendo a un lado de él y sumergió completamente el rostro en el agua ante el profundo ardor que sufría su boca. A pesar del efecto placentero que le proporcionaba el líquido en un principio, el ardor continuó persistente en su boca sin importar cuánto bebiera.
–Definitivamente… necesito probar que más se pueden hacer con esa bayas –dijo para sí sacando su rostro del agua y recuperando el aliento. Su flequillo empapado goteó algunas pesadas gotas sobre sus ropas –. ¿Tú qué dices…? –se volvió para preguntarle a su hermano cuando se percató que su gemelo ya no se encontraba solo.
Al parecer los gritos de la joven habían despertado nuevamente a night fury y llamado su interés; peros sus ojos verdes brillantes habían quedado más pasmados con los dibujos que había hecho Hiccup en la arena. Para sorpresa de ambos hermanos, la bestia de ébano decidió imitar de nuevo al joven pecoso y realizó su propio arte abstracto con una gigantesca rama que deslizó sobre el suelo.
Hiccup y Honey quedaron sin palabras. El night fury demostraba una gran habilidad de compresión e inteligencia, una que nunca nadie se había imaginado en un dragón. No pudieron evitar preguntarse si era solo ese dragón en particular o todas las bestias escupe fuego podían ser así de especiales.
Pero por el momento no tenían intenciones de poner en pruebas sus teorías, con la bestia negra como la noche tenían suficiente. Hiccup comenzó a jugar con el dragón evitando pisar las líneas que había dibujado en la tierra, obteniendo diferentes reacciones por parte de la bestia y algunas risitas de Honey. En sus juegos, el chico no se dio cuenta de los cerca que terminó del dragón hasta que finalmente sintió su caliento aliento encentra de su nuca.
El animal solo se le quedo mirando, sin ninguna señal de agresión en el rostro de reptil, eso animó al muchacho el intentar tocarlo nuevamente.
–¡Hic…! –estuvo a punto de detenerlo Honey inquietada, pero de la nada sintió una punzada cálida en el pecho, como cada vez que tenía una de sus corazonada. Algo dentro de ella le dijo en voz calma y suave “que lo dejara seguir con su destino” tan claramente que creyó haberlo escuchado como un susurro.
Una sensación similar guió a Hiccup de cerrar sus ojos y dejar al dragón decidir si se acercaba a él. Unos segundos después, el chico pudo sentir en la palma de su mano la piel escamosa y caliente del reptil. Y tan rápido como habían iniciado, desapareció la sensación. El night fury se alejó de él con un fuerte resoplido que sacudió el cabello del chico.
–¿Qué fue todo eso? –le preguntó Honey aproximándose a él justamente cuando el dragón aterrizaba otra vez del otro lado del estanque.
–No estoy seguro –contestó Hiccup examinando su mano, la cual aún podía sentir el calor de la piel del night fury.
Chapter 20: El primer intento
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El primer intento
Rayos de tormenta en el cielo oscuro,
Mjolnir que azota los nubarrones,
El dios que planea futuros augurios,
La marea asola las poderosas naves.
~o~
Bestia que vuela durante la noche,
Cuervo del caos y malos presagios,
Niño solitario victima de reproche,
Victoria silenciosa ante el fuerte rechazo.
~o~
Dragón joven, dragón viejo,
Tus alas que acuñan el viento,
Ancho sauce, pilar de vida,
Como telaraña, tus ramas seducen al lento.
~o~
Dulce alma humana seleccionada,
Dios de familia y vida, te llama hermano,
Su sangre tibia te ha consolado,
La amistad que se juro prohibida.
~o~
Uno débil y el otro fuerte,
Sus bendiciones son infinitas,
La fuerza y el poder se le han conferido,
Son los primero guardianes de la lista.
~o~
Thor como siempre victorioso en sus planes,
Guerrero conquistador de batallas,
No vislumbró los terribles males,
El tiempo resultó el mayor canalla.
~o~
Niño pequeño que ha curado tus heridas,
Cumplió con éxito su destino,
Sacrificio de tierras vecinas,
Paz y caos para el imperio vikingo.
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Chapter 21: Hacer, deber o no querer
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Hacer, deber o no querer
-o0o-
–Escuchen bien, manada de energúmenos inútiles –soltó Gobber con frustración a los jóvenes aprendices frente a él. De nuevo los futuros guerreros vikingos se encontraban en la arena, pero en esa ocasión el viejo guerrero tenía otros planes para ellos, en lugar de alguna bestia escamosa escupe fuego. El herrero había preparado el lugar como un salón de clases improvisado, utilizando barriles y tablones como mesas donde los seis aprendices se encontraban distribuidos de dos en dos–. Como no se les mete a su cabezota de piedra que deben conocer a la perfección a su enemigo, vamos a tener que repasarlo todo de nuevo hasta que finalmente aprendan lo que su oponente hace, piensa, come…
–¡Sueña y aspira al futuro! –agregó Tuffnut alzando la mano desde su puesto.
– Sí, porque no –dijo Gobber –. El punto es que no están estudiando –con libro de los dragones en su única mano les señaló –: Es por eso que hoy solo enfrentaremos los dragones de las páginas de la guía.
–¡Aaaaawwww!!! –gimieron al unísono la mayoría de los jóvenes vikingos.
–Aaaaaa… ¡A callar! –gruñó el viejo guerrero, generando silencio –. Empecemos ¿Cuáles son los tres puntos débiles de un gronckle? –preguntó volviéndose hacía una larga losa de piedra que utilizó de pizarra.
–¡Yo, yo! –dijo Fishlegs sacudiendo su regordete brazo en aire –. ¡Los ojos, la unión del ala y el vientre!
–Muy bien, Fishlegs. ¿Cómo se pueden usar estos tres puntos para derribar al gronckle?
– ¿Quién necesita puntos débiles? –comentó Snotlout altaneramente –. Solo debo embestir a esa estúpida bestia con ferocidad y terminará intimidado por mi valor.
–O estupidez –añadió Astrid con hastía –. Se puede utilizar tierra o un golpe para segarlo, después uno debe aprovechar el aturdimiento para atacar las alas y cuando este derribado, se le da el golpe final en el vientre –explicó de último la chica la pregunta formulado por Gobber.
–Perfecto, Astrid –dijo el herrero señalándola con su garfio –. ¿Pero qué sucede si fallas o el dragón sale del aturdimiento antes de tiempo?
–¿Rezar a los dioses por piedad? –soltó involuntariamente Hiccup.
–¡Exacto! –aceptó Gobber asintiendo con la cabeza –. O llorar también funciona.
A pesar de la participación del resto del grupo, había otras dos personas que no compartían el mismo entusiasmo a la clase. Los gemelos Thorston se encontraban sentados hasta las últimas butacas del salón de clases improvisado, sumidos en el más impresionante aburrimiento y tedio.
–Urg… urg... No puedo… esto es… tan educativo… –mascullaba Tuffnut casi adolorido, con los codos clavados en la mesa y sujetando su cabeza con las manos.
–Lo sé –comentó su hermana a su lado, con su torso desparramado en la misma superficie –. Puedo escuchar como mi cerebro comienza a funcionar.
Resultada difícil… o hasta casi imposible, que dos personas tan inquietos y distraídas como Tuffnut y Ruffnut tuvieran la capacidad de concentración para atender a las palabras de Gobber por más de cinco minutos. Los padres de los gemelos solían decir que estos habían nacido con mucha energía que probablemente era una bendición de los dioses (o maldición para aquellos que sufrían sus bromas pesadas). Fuera cierto o no que su capacidades creativas destructivas fueran milagrosos, nadie podía negar que también lo llevaban en la sangre.
El clan Thorston era uno de los más peculiares de toda Berk, compuesto principalmente de vikingos quisquillosos hasta rozar en la demencia. Muchos miembros de esta larga (muy larga familia) se había lanzado al mar en busca de aventuras y gloria, pero muy pocos había regresado. El patriarca de los Thorston, Tuffnut padre, también había surcados los mares desafiando al mismo dios del mar Njord durante sus años de juventud y rito de adultez. Cuando regresó, trajo consigo la sorpresa de una radiante y bonachona esposa embarazada de los gemelos.
Nunca nadie supo o quiso preguntar de dónde sacó a la mujer o como consiguió convencerla para que se casara con él; pero toda la aldea estaba segura que era mejor no preguntar.
Así que con padres tan locos y pasivos como los de los gemelos Thorston, era comprensible porque les resultaba imposible tener la menor pisca de paciencia, control y concentración.
–¡Es demasiado para mí! –soltó el gemelo rubio jalándose con desesperación el cabello –. ¡No puedo más! ¡Arrrrggg! –gruñó con fuerza poniendo se dé pie. Acto seguido, tomó la orilla de la mesa donde había estado recargado y la lanzó por los aires.
El fuerte impacto de la madera contra la roca de la arena, detuvo en seco las palabras de Gobber y provocó que los demás jóvenes se volvieran hacía él dirigiéndole miradas incrédulas.
–¡Tuffnut! –lo llamó el herrero con la mano y el garfio a la cintura –. ¡¿Qué carajos ocurre contigo?!
–¡NO TENGO UNA RAZÓN COHERENTE! –gritó Tuffnut como si su vida dependiera de ello, antes de salir corriendo de la arena agitando los brazos sobre su cabeza y gimiendo como un animal.
Por unos breves segundos, el estupor reinó en la arena; hasta que Ruffnut, quien estaba tan impresionada como los demás de lo que acaba de suceder, imitó los actos de su hermano. Empujó el último barril que quedaba en pie de su mesa y corrió hacia la entrada de la arena lo más rápido que pudo.
Gobber no le quedo más que soltar un resoplido en resignación.
Después de eso, y ya perdida la concentración de los demás aprendices, el herrero terminó la clase y mandó a los jóvenes a cumplir su deberes del día.
Los futuros guerreros se quedaron solos en la arena, siguiendo las instrucciones de su mentor mata-dragones, mientras el iniciaba la persecución de los gemelos Thorston por el resto de la aldea. Snotlout y Fishlegs se hicieron cargo de proveer a los dragones con su ración de pescados del día, a través de la pequeña portezuela en sus jaulas. Por su parte, Astrid acomodaba con desgana los barriles y tablones que Tuffnut había arrojado en todas direcciones en su berrinche.
Mientras la chica cumplía con su aburrida y tediosa obligación, no pudo evitar que sus ojos azules saltaran unos metros más adelante y terminaran en el joven de pelo castaño que barría con desidia el centro de la arena. Astrid no había dejado de pensar en lo que le dijo su tío Fenrir sobre disculparse, solo si lo sentía necesario, y vaya que le parecía preciso hacerlo. Pero en su terquedad y principalmente, por su orgullo, le resultaba algo difícil encontrar el valor (y le dolía admitirlo que por eso fuera) hacer lo que le parecía correcto.
No pudo evitar pensar, que si tan solo Fishlegs y Snotlout no estuvieran con ellos dos en la arena, tal vez le hubiera resultado más fácil disculparse.
Pero el muchacho en cuestión, que tenía cautiva la mente de Astrid, no se había percatado en lo más mínimo de la batalla campal que ocurría en su ser. En realidad, su propio pensamiento era prisionero de la enigmática criatura de ébano que se ocultaba en la ensenada del bosque. Hiccup ni siquiera había podido dormir bien la noche anterior, repasando mentalmente cada uno de los detalles de esa misma tarde y del dragón negro.
De repente, los pensamientos de Hiccup fueron interrumpidos, por el barullo que tenía otros de los dos jóvenes vikingos, con quienes compartía labores.
–¡Te digo Fishface –bramaba Snotlout con sujetando un gran cesto de mimbre – , que aún quedan pescados en la cesta!
–Pero ya no hay espacio –respondió el regordete rubio empujando la pequeña portezuela que daba acceso al pesebre de nadder –, el comedero está a rebosar. Es extraño, es la misma ración de siempre.
–Pescados menos, pescados más ¡¿Qué carajo importa?! –insistió el chico moreno alzando los brazos –. Solo mételos ahí, para que podamos largar de aquí –empujó a un lado a Fishlegs y depositó a la fuerza el resto de los pescados por la portezuela, dejando algunos con la cola por fuera –. Tengo cosas más importantes que hacer con mi vida que alimentar a un grupo de feos dragones.
–¿Cómo qué? –preguntó el chico rubio con legitima curiosidad.
–Eh… –balbuceó el moreno sin tener una respuesta –. ¡¿Ahora es un interrogatorio?! –gruñó Snotlout perdiendo la paciencia. Sin más arrojó el cesto de mimbre a un lado, antes de dirigirse directamente a la salida de la arena.
Un par de minutos después, Fishlegs y Astrid lo imitaron, dejando a Hiccup por su cuenta. El muchacho se había rezagado intencionalmente. Una vez que aseguró que nadie podría verlo, Hiccup soltó la escoba y se aproximó a la jaula de nadder. Sin estar muy seguro de lo que estaba haciendo, pegó su oreja contra la superficie de madera tratando de escuchar a la bestia dentro. No percibió el menor ruido.
Aún que toda lógica le indicaba que debía regresar a casa y olvidar al dragón, Hiccup siguió a su corazón y comenzó a retirar los pescados atorados en la portezuela, hasta que logró desbloquearla lo suficiente para asomar su cabeza por ésta.
Hay que analizar esto un segundo ¿Quién en su sano juicio metería su cabeza a la jaula de un animal peligroso y salvaje? Pero Hiccup ya había hecho tantas locuras en los últimos días, que ni siquiera se cuestionó tal estupidez.
Sus ojos tardaron un momento en acostumbrarse a la oscuridad de celda, que le costó un par de segundos poder distinguir al nadder azulado recostado contra una esquina, rodeada por su escamosa y letal cola. La dragona respiraba lentamente y sus ojos amarillentos brillaron con intensidad al percatarse de la presencia del gemelo fisgón.
Pero en lugar de levantarse o escupirle fuego, la nadder cacaraqueó débilmente con su temblorosa mandíbula. Sus pupilas se dilataron y sus papados temblaron ante tal movimiento.
–Estas herida –musitó Hiccup comprendiendo y recordando el fuerte golpe que Astrid le había propinado al nadder en la quijada.
-o0o-
Hiccup marchaba por la aldea, pasando su mirada por cada uno de los edificios buscando a alguien en particular. Pero ésta no estaba en su lugar de trabajo, en casa, ni el mercado o el muelle. Comenzaba a preocuparse, cuando llegó al gran cobertizo donde guardaban las barricas de hidromiel, encontró a quien andaba buscando a un lado de la edificación.
–¡Honey! –la llamó tan repentinamente, que la chica dio un brinco del susto. Ella se encontraba de puntillas sobre un barril para alcanzar a ver por una de las ventanas superiores del almacén.
Al escuchar el grito de su hermano, perdió el equilibro y calló de sentón en la fría y húmeda tierra.
–¿Qué crees que estás haciendo? –le preguntó su hermano aproximándose a su gemela.
–¿Yo? –dijo Honey con los ojos tan grandes como paltos y un leve sonrojo en sus mejillas –. Nada –su hermano le tendió la mano y la ayudó a ponerse de pie –. Solo quería comprobar mis capacidades de aterrizaje.
Pero le resultaba imposible engañar a Hiccup, quien no le costó ni un par de segundos descifrar lo que su hermana estaba haciendo apenas unos minutos atrás.
–O estabas espiando como preparan el hidromiel en contra de las órdenes de papá –comentó el muchacho cruzando los brazos sobre su pecho y lanzándole a Honey una mirada inquisitiva.
Aunque Hiccup y Honey no tenían una buena relación con su padre, y en el caso del muchacho resultaban casi dos desconocidos, Stoick estaba completamente seguro de dos cosas sobre sus dos hijos: que tenían una inmensa curiosidad y que esta generalmente lo llevaba al desastre.
En el caso de Honey, el experimentar con diferentes ingredientes y conocer nuevas recetas era su debilidad, y desde que había descubierto el proceso de fermentación, no había otra cosa que deseara más, que saber el menor detalle de cómo se preparaba el hidromiel. Por desgracia, tal néctar era como la segunda sangre de la aldea y el jefe no podía permitir que su hija curiosa la arruinara como muchas cosas en su vida. Por lo cual, le tenía completamente vetado acercarse a las barricas de tal licor.
–Corrección, papá me prohibió intervenir en la realización –aclaró ella a su hermano alzando su dedo índice –. No dijo nada de ver como lo hacen –y con una leve sonrisita que Hiccup no pudo reprocharle, Honey cambio de tema –: ¿Qué tal estuvo el entrenamiento?
Su hermano torció una mueca en lo que dejo caer sus brazos a los costados de su cuerpo.
–¿Tan mal?
–En realidad fue extraño y perturbable –explicó Hiccup lo mejor que pudo encogiendo los hombros –. Pero hay algo que quería preguntarte.
–¿Qué es? –dijo Honey ante la curiosidad que le despertó su hermano.
–Los ungüentos que preparas para Gothi, los especiales para deshinchar…
–¿Sí?
–¿Funcionan para todos? ¿Incluso animales?
Honey meditó por un segundo su respuesta.
–Una vez lo use en Bjorn Boar cuando Tuffnut y Ruffnut lo obligaron a arrastrar una carreta por el acantilado –explicó la gemela pecosa trayendo a su mente tan penosa situación que a veces le generaba pesadillas en las noches –. Funcionó muy bien, en realidad ¿Por qué la pregunta?
–Por qué vas a ayudarme esta noche a curar a un dragón.
Chapter 22: La realidad de la noche
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La realidad de la noche
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Esa misma noche, en el gran salón, dejando morir sus penas en el fondo de un tarro de hidromiel, Gobber bebía hasta el fondo gruñendo para sus adentros toda la frustración que cargaba consigo.
El viejo guerrero había visto cosas terribles en su vida, enfrentado devastadoras batallas y viajado más allá de los confines del archipiélago barbárico. Había enfrentado a peligrosos y letales enemigos, matado feroces bestias y sido acosado por otras. Su vida estuvo en riesgo muchas veces, y aún así, nunca había enfrentado una frustración tal como la que estuvo viviendo los últimos días.
No tenía tregua y rompía su pobre espíritu.
Lo único que deseaba era terminar en calma su bebida, regresar a casa y gritar incontrolablemente contra la almohada hasta quedar inconsciente.
Por desgracia, las cosas nunca podían ser tan sencillas.
–¡Gobber! Viejo ¿Por qué bebiendo tan solo? –le preguntó de repente el larguirucho Lars Thorston sentándose a un lado de él en la mesa.
–Pareciera que no quieres que te molestaran –soltó robusto Dogbreath Dubrain con una risita estúpida, ocupando el lugar frente al herrero.
–¿Tú crees? –gruñó Gobber con sarcasmo y amargura en su voz.
–Y ¿Cómo van los novatos en la arena? –preguntó Lars sin captar el tono del comentario anterior.
–Sí ¿Son tan malos como todos dicen? –dijo Dogbreath con una sonrisa tonta en sus labios.
El viejo guerrero paso su única mano por su rostro soltando un gruñido con hastía.
–¡Ja ja ja! ¿Así de malos son? –se burló Lars, mientras su amigo le daba al herrero una fuerte palmada en la espalda que casi lo hace tirar su bebida –. Sabíamos que la mayoría de ellos era unos lerdos, pero tanto.
–O tal vez Gobber es el que se está poniendo viejo –comentó gimoteando Dogbreath tratando de contener sus carcajadas.
El joven Thorston apoyó su opinión soltando tremenda risotada, la cual fue como puñaladas en la espalda para Gobber. El hombre perdió lo último que le quedo de compostura y alargó su brazo por encima de la mesa para sujetar a Lars de gaznate.
–Vuelvan a decir eso y les aseguro que les pateare el culo tan fuete que tus ancestros en el Valhala lo van a sentir –los amenazó Gobber mientras apretaba con fuerza la garganta de Lars. El joven rubio inútilmente trató de liberarse de la enorme mano del guerrero que fácilmente podía estrujarlo hasta morir. En cambio, Dogbreath saltó de su puesto y miró con miedo y horror a su viejo maestro –. Solo porque ya no están bajo mi entrenamiento, no significa que pueda darles una madriza.
–Tranquilo… tranquilo –musitó el Thorston casi inaudible y sin aire. Cuando su rostro comenzó a ponerse azul, finalmente Gobber decidió dejarlo ir. Lars se acarició el cuello mientras tocía incontrolablemente y trataba de recuperar el aliento –. Solo… teníamos un poco de curiosidad… eso era todo –agregó entre arcadas, en lo que Dubrain asentía con la cabeza enérgicamente.
–Viniendo de ustedes, debe de ser muy malo –dijo una cuarta persona que se unía a la conversación a espaldas del herrero. Los tres hombres se volvieron para toparse con la ancha y fornida Rubella “The Rude”.
–Nadie te invitó, Rubella –se quejo Lars señalándola con el dedo.
–Y tampoco a ustedes, perdedores –le respondió ésta con las manos en la cintura sin intimidarse en lo más mínimo –. Porque no dejan de fregar a Gobber y se van a joder a alguien más.
Lars y Dogbreath soltaron un gruñido como respuesta, pero sus miradas se toparon con la del herrero, que los desanimó en continuar la discusión. Ambos amigos decidieron que sería mejor marcharse, pero si no antes de que Lars se inclinara hacia la joven mujer y le susurrara al oído:
–A ti, cuando quieras.
El Thorston terminó mordiendo su propia lengua al recibir el gancho derecho de Rubella directo en el abdomen. Requirió de la ayuda de Dogbreath para salir huyendo de ahí.
–Gracias, chica –dijo Gobber desanimado dejándose caer nuevamente en su asiento –. En realidad no estoy de humor para liderar con más estupideces.
–Por el amor de Freya, Gobber –agregó Rubella sentado con él a la mesa –. No te había visto tan mal desde Adelaide Jorgenson se tragó la llave de tu casa y dormiste afuera por tres noches en pleno invierno hasta que decidiste a derribar la puerta con una hacha sin filo.
–Sí, no fue agradable para nadie –soltó el herrero pasmado trayendo malos recuerdos a su mente. Dio un último y largo trago a su bebida, antes de desplomarse sobre la mesa –. Por los dioses Rubella, creo que me estoy volviendo loco.
–¿Qué es lo que sucede, Gobber?
–Los novatos, eso es lo que sucede –explicó el herrero casi con desesperación –. Son como terribles terrors después de comerse una barrica completa de azúcar.
–¿En realidad son tan malos?
–No. ¡Son peores! No tienen disciplina, son tercos, obstinados, orgullosos, holgazanes y necios.
–Bueno, son adolecentes… –dijo Rubella meditándolo un poco – y vikingos…. y de Berk –añadió hasta con gracia –, somos testarudos de nacimiento ¿Qué esperabas?
–Lo sé, he pasado la mitad de mi vida entrenando jóvenes vikingos no solo para matar dragones, sino para convertirse en verdaderos guerreros. Pero estos…. son inentrenables. Ya veía difícil la tarea cuando solo les enseñaba a combatir con las armas, pero ahora con los dragones ¡Es imposible!
–“No existen imposibles Gobber, solo lo improbable” –recitó la joven robusta –. Tú solía decírnoslo todo el tiempo.
–¡Pos era un mentiroso de mierda! –rugió Gobber exasperado llamando la atención de varios comensales en el gran comedor y sorprendiendo a Rubella –. Nunca debiste creer en mis palabras. Hablo en serio Rubella, no sabía en lo que me estaba metiendo con estos muchachos; Snotlout es un inepto presumido que nunca se calla, Fighlegs es una albóndiga temerosa que sorprende que siga vivo, y los gemelos Thorston… ¡Arg! ¡Son los peores! He entrenado tres generaciones de Thorstons y ninguno se les compara a esos dos. El día de hoy, huyeron a la mitad de la clase y tuve que perseguirlos por media aldea. Y cuando finalmente los alcance, ya se habían cubierto en grasa de Yak. ¡¿Sabe lo difícil que es atrapar a un Thorston cubierto de grasa de Yak?! ¡Imagínate dos! –el herrero terminó su perorata chillando desconsolado como un chicuelo.
Rubella lo miró pasmada sin saber exactamente qué hacer para que dejara de llorar. Nunca en su vida había visto a un guerrero temerario como Gobber reaccionar de tal manera.
–Me estoy volviendo viejo para esto –comentó de repente el guerrero recobrando la compostura.
–Gobber, creo que lo estas pensando demasiado –dijo la joven buscando las mejoras palabras para darse a entender; nunca había sido buena en discursos, era por eso que siempre recurría a recitar las palabras de otros –: “Nada bueno viene de pensar” es lo que siempre dice mi padre –agregó encogiendo los hombros –. De acuerdo, son ineptos. ¿Quién no lo es al ser joven? Cuando nos entrenaste a nosotros no éramos muy diferentes. Recuerdo que yo insistía en usar el arco, cuando tengo pésima puntería. Gullibird, Dogbreath y Lars eran… más bien siguen siendo idiotas; incluso Ansred que es todo un prodigio, era un presumido de la chingada. Así que no lo tomes muy enserio ¿Qué sería lo peor que podría pasarles?
–¿Qué se los coma un dragón?
–Somos vikingos, gajes del oficio –contestó Rubella con una gran sonrisa –. Solo… necesitas inspirarlos… darles un objetivo.
Gobber le lanzó una mirada suspicaz. Tal vez la muchacha de pocas pulgas tenía razón… probablemente no estaba tomando el camino correcto con sus nuevos aprendices.
–Ahora te dejo –dijo Rubella poniéndose de pie –, tengo que llevar un poco de pan de cangrejo a casa antes que mi abuelo trate de comerse al gato otra vez –añadió antes de despedirse sacudiendo su redonda mano.
-o0o-
En ese mismo momento, en otra parte de la aldea y cubiertos por las sombras, Hiccup y Honey se escurrieron entre las casas en dirección de la arena de entrenamiento. Era una noche bastante fresca para ser el corto verano en Berk, ya que la intensa humedad del ambiente incrementaba tal sensación térmica. Con mucho cuidado y tratando de no ser descubiertos por los vigilantes de esa noche (el toque de queda para los jóvenes de su edad ya había pasado), los gemelos alcanzaron sin muchas dificultades su objetivo unos pocos minutos.
Debido a que no podían llevar consigo ninguna antorcha ya que delataría su posición, la oscuridad les pareció mucho más profunda de lo normal, y con la tranquilidad de la noche, sus mentes les hicieron algunas jugarretas dándoles la impresión de que eran observados, cuando en realidad estaban completamente solos.
Por suerte para ellos, la zona de entrenamiento se encontraba desierta y debido a que nunca nadie había intentado acercarse por sí solo a los dragones, la reja principal de la arena no tenía ningún tipo de cerrojo. Solo necesitaron empujar una palanca al costado de la misma para que esta abriera dándoles paso.
–No hay nadie a la vista –dijo Hiccup dando un último vistazo a los alrededores y encaminándose a la jaula del nadder –. Tenemos que hacer esto rápido antes de que se den cuenta que estamos aquí.
–Espera un momento, Hiccup –soltó Honey tajantemente deteniendo el avance de su hermano.
–¿Qué ocurre? –preguntó el muchacho volviéndose hacia ella, encontrándola plantada justo en el centro de la oscura arena.
–Hay que planear esto bien –objetó la muchacha con seriedad –. Sé que crees poder entender “algún lenguaje secreto” de los dragones –agregó apoyando visualmente su declaración marcando las comillas con sus dedos –. Pero solo porque pudiste tocar a un night fury sin que este te arrancara la mano, no significa que todos los dragones sean iguales.
–¿Tu punto es? –preguntó Hiccup con suspicacia cruzando los brazos sobre su pecho.
–Estamos hablando de entrar en la jaula con un dragón, una bestia de más de dos metros de altura, cubierto de escamas y púas, que está atrapada en una pequeña celda y además, está herida…
–Comienzo a entender tu punto –aceptó Hiccup sobrecogido –. ¿Qué sugieres?
–Un solo intento –explicó Honey indicándolo con su dedo índice –, con mucho cuidado. Pero a la primera señal de agresión, lo dejamos.
Su gemelo torció la boca meditándolo.
–Está bien –dijo –. Contra oferta. Me acercare una solo una vez y si pretende atacarme no lo intentare más –a su propuesta, una débil sonrisa se dibujó en los labios de su hermana, por lo que se apresuró a agregar –: Pero iré yo solo, tú esperaras en la puerta de la jaula.
Honey imitó su primera reacción, torciendo la boca de manera idéntica
–Hecho –aceptó la chica apretando la banda del pesado bolso que colgaba de su hombro.
Ya decidido, Hiccup dio media vuelta y continuó su camino hasta la jaula de nadder. Por unos breves segundos dudo de su propia decisión lo cual se expresó en un leve temblor en sus manos cuando tocó la palanca que abriría la jaula, pero solo requirió de un resoplido para levantar de nuevo su valor y abrir la puerta.
Si la oscuridad que los rodeaba en la arena era muy intensa, la que emergía desde la celda de la dragona era mucho más, y hasta tétrica. Hiccup necesitó un par de segundos para que su vista se adaptaba a tales profundas sombras y cuando lo hizo, pudo distinguir en una orilla de la jaula la figura reptante del nadder, hecha un estuchó ovillo de donde sobresalía en todas direcciones sus afiladas púas.
En un principio les pareció que había muerto, pero para rechazar sus dudas, la dragona levantó su robusta cabeza hacia a los hermanos en la puerta, y sus ojos amarillo, brillaron con tal intensidad que les heló la sangre.
Aún así, el animal no se levantó o se movió de su lugar.
–Tranquila… no voy a lastimarte –dijo Hiccup casi en susurro dando sus primero, lentos y cortos pasos en dirección al nadder –. Solo quiero ayudarte, de acuerdo – continuó extendiendo uno de sus brazos; la dragona respondió a esto soltando un leve quejido que hizo temblar su mandíbula –. Solo… mantén tus poderosas y quebrantahuesos mandíbulas cerradas –añadió el chico nervioso.
Hasta el momento, no le pareció que tuviera intenciones de lastimarlo, por lo cual el gemelo continuó. Mientras que en la entrada de la jaula, Honey sudaba en frio en lo que su hermano seguía adelante, y la cabeza del dragón, como su intensa mirada, estaba clavada en él. En cierta forma, esperaba que en cualquier momento, la bestia tirara su fuerte mordida con la intensión de destrozar a su gemelo.
Poco a poco, Hiccup se acercó más al nadder sin poder evitar encoger su cuerpo. Los ojos de la dragona brillaron con tal intensidad que al muchacho le pareció que ésta podía ver a través de él, hasta lo más profundo de su alma. No pudo soportar su mirada e inconscientemente, bajo sus ojos en lo que su mano seguía extendida y sus pies avanzaban hacia adelante.
Ambos hermanos aguantaron la respiración por un par de segundo, hasta que finalmente Hiccup pudo sentir las cálidas escamas del dragón en la palma de su mano. Espió con un solo ojo y pudo darse cuenta de lo cerca que se encontraba de nadder y como esta se lo permitía sin la menor señal de agresión.
–Eso es –dijo el chico pecoso alzando la cabeza, sin poder evitar sonreír como tonto –. Buena, niña.
–¿Es seguro? –le preguntó Honey desde la entrada, él la animó a aproximarse con un sutil movimiento de la mano, mientras que con la otra acariciaba suavemente el cuerno de la nariz de la dragona.
De una manera que no podía explicarlo, Hiccup sentía que la nadder estaba feliz de tenerlos ahí.
–Tu mano –le pidió el muchacho a su hermana tomándola fuertemente de la muñeca. Con total calma, puso la mano de Honey sobre la suya y luego la apartó dejando solo la de su gemela sobre la nariz del reptil.
Era la primera vez que la chica tocaba a un dragón con vida y ni es sus más retorcidos sueños o terribles pesadillas llegó a imaginarse de que así podría sentirse las escamas de uno al toque. No pudo evitar sonreír como su hermano.
–Hola, linda –la saludó Honey maravillada poniendo su otra mano en la nariz de nadder.
Como si los saludara, la dragona movió levemente su cabeza que provocó que su mandíbula golpeara ligeramente el codo de Hiccup, justo donde esta herida. La nadder hecho la cabeza hacia atrás y apretó sus parpados en lo que soltó un inconfundible chillido de dolor.
Hiccup y Honey reaccionaron de inmediato dando un paso hacia atrás y rejuntando sus manos contra su pecho, pero una vez que paso el espasmo de la dragona, ésta no les dio la menor señal de que fuera a lastimarlos por el leve accidente.
–Perdón, perdón –dijo Honey con ternura frotando nuevamente su nariz junto con su hermano –. Ne te preocupes, pronto dejara de dolerte –mientras el muchacho pecoso distraía a la nadder con unas caricias, su hermana aprovechó para sacar de su pesado bolso un par de ungüentos de nabos verdes peludos (excelentes para bajar inflamaciones y golpes).
Honey cubrió completamente sus manos con el apestoso ungüento y teniendo mucho cuidado, comenzó a frotarlos sobre las escamas en la zona magullada de la mandíbula de la dragona. Ha como sus manos incrementaban la fricción, un cálido y placentero calor emergió de sus palmas y se trasmitió a la herida.
–Eso es… –le decía Hiccup con calma, tratando de no perder contacto visual con la nadder – tranquila.
Algo en eso amarillentos ojos le decían que confiaba plenamente en él.
–Creo que le gusta –agregó el muchacho volviendo a sonreír. No podía explicar la sensación que sentía en ese momento, era algo similar a cuando miraba a los ojos verdes del night fury; había paz en ellos y un nivel de entendimiento que no tenía comparación. Era como si… fueran iguales.
Y eso le provocaba gran felicidad al gemelo pecoso.
–Listo –señaló Honey apartando sus manos de la dragona –. Es mejor que nos vayamos –añadió ante la falta de respuesta por parte de su hermano.
–Eh… sí –soltó éste distraído cortando el contacto físico con el nadder y así la conexión que parecía haber generado con ella.
Sin más, ambos hermanos se retiraron sin apartar por un segundo los ojos de la dragona o dejarle de sonreírle. Juntos cerraron la jaula y esperaron de que el día siguiente la nadder se encontrara mucho mejor.
–Cuando me pediste hacer esto, Hiccup –dijo de repente Honey mientras marchaban por la arena en dirección de la entrada principal –, pensé que habías perdido la cabeza –confesó con sinceridad provocando una mueca por parte de su hermano –. Pero ha sido increíble, no hay palabras para describirlo –añadió con una enorme sonrisa cuando alcanzaron el otro lado de la reja –. Gracias por convencerme.
–Y gracias a ti –dijo Hiccup empujando la palanca que cerró totalmente la entrada de la arena –, por siempre aceptar mis locos planes.
Esa noche, los hermanos Haddock durmieron con tal paz y calma como nunca en sus vidas, su estupendo humor continuó hasta la mañana siguiente y se intensificó cuando comprobaron que el comedero de la Deadly Nadder se encontraba vació.
Chapter 23: Noche en vela
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Noche en vela
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–...fue cuando me arrancó la mano de un solo mordisco –contó Gobber con gran dramatismo –. Y pude darme cuenta de algo. ¡Era delicioso!
Gobber the Belch había decidió poner en acción el “consejo” que le dio Rubella y tratar de motivar a sus nuevos aprendices para que se convirtieran en los despiadados guerreros asesinos que tenía en mente o morir en el intento, lo que sucediera primero. Su plan consistía principalmente en compartir con ellos sus bastas experiencias en la difícil tarea de exterminar a los gigantes reptiles escupe fuego. Para ello, a primeras horas de la mañana siguiente que el entrenamiento quedaría otra vez suspendido y en cambio, esa misma noche realizarían su primera guardia nocturna. Los estudiantes tomaron bastante bien esta noticia:
–Aaaaaaaahhhhh –se quejaron con pesimismo los jóvenes aprendices dejando caer sus brazos a sus costados.
Pero Gobber no se dejo decaer con la falta de entusiasmo de los muchachos y en cambio les aseguró que habría una gran fogata, historias de terror toda la noche (para animar a los gemelos Thorston) y mucha comida (pensando de Fishlegs), y así asegurándose de tener la asistencia total esa misma noche.
Al final de cuentas, los jóvenes aprendices no la pasaron tan mal. Comieron, bromearon y una vez que cayó la noche sobre ellos, contaron cuentos de fantasmas. Los vikingos eran creyentes fehacientes de lo sobrenatural, como de los fantasmas y apariciones; incluso en relatos claramente ficticios, captaban fácilmente su atención. Existían tantos relatos y variantes de leyendas de los caídos y espectros en el archipiélago barbárico, que ya no se estaba seguro donde había iniciado una leyenda o si tenía bases verídicas.
Esa noche en particular, Snotlout contó un relato sobre un héroe vikingo que tenía una curiosa similitud con él, y era perseguido por el espíritu de su novia muerta, cuya descripción asemejaba increíblemente a Astrid (ella respondió a esto propinando un puñetazo a Snotlout en la cara asegurando que había sido el fantasma). Tuffnut relató su historia favorita del garfio maldito de un pirata que atormentaba a todo el que lo usaba; y Fishlegs contó una leyenda muy conocida de la isla Berk, la leyenda del fantasma del guerrero aullador.
Según decían las malas lenguas, había sido un guerrero que ofendió al dios Thor que tuvo subir hasta la cima del pico del rayo (la montaña más alta y peligrosa de la isla) para demostrar su valía como vikingo, pero éste nunca regresó de tal empresa. Se dice que aquellos que se atrevían a subir al pico del rayo, podían oír al fantasma del guerrero aullando a sus penas y disculpas a los dioses.
Con el humor al alza y cada uno de los muchacho enfocados en la conversación, el herrero tomó rienda de la narrativa y comenzó a relatar sus más famosas y heroicas anécdotas de batalla. Debido a que sus palabras estaban basadas en hechos reales (casi, solo retocadas un poco con mentiritas blancas para darle dramatismo) cautivó por completo el interés de la mayoría de sus jóvenes aprendices. E inclusive, Gobber comenzó a disfrutarlo.
Al presenciar como los rostros de los muchachos se iluminaban y sus ojos destellaban ante sus palabras, lo motivaron a continuar. Les relató cómo había viajado con sus padres a tierras peligrosas siendo tan solo un niño; como derrotó a un gigante usando su garfio quitándole una muela picada por una terrible carié; también cuando participó en el viejo reto hooligan de robar un libro de la biblioteca prohibida en la isla de los Meatheads.
Pero las historias que captaron más la atención de sus discípulos, fueron aquellas que incluían dragones. Los muchachos quedaron maravillados con el relato de cómo unos dragones se habían comido dos de sus vitales miembros en diferentes ocasiones.
–… debió contárselo a sus amigos porque al mes siguiente, adiós pierna –relató Gobber animado indicando su pata de palo.
No quedaba duda, el herrero había cumplido su objetivo. Cada uno de los muchachos a su alrededor había quedado cautivado con sus palabras e historias, y en sus mentes solo podía formarse una sola idea, alcanzar la gloria matando a su primer dragón.
–Estoy tan furioso –aseguró Snotlout blandiendo una pierna de pollo como si fuera una especie de espada –, que juró que vengare tu hermosa pierna y mano acabando con cada dragón que vea –sentenció dándole un gran mordisco a la carne en su mano –, con mi cara.
Solo había una persona que no prestaba mucha atención en las anécdotas del guerrero. Hiccup, que se estuvo sentado a un lado de Gobber toda la noche, asando el mismo pescado en las brasas hasta dejarlo tan quemado como un carbón, tuvo su mente completamente enfocada en los dragones pero de una manera muy diferente al resto de los chicos de su generación. El gemelo pecoso no podía quitarse de la cabeza las reacciones que había observado por parte del night fury y el deadly nadder en los últimos días. Definitivamente había descubierto que ambos animales eran capaces comprender sus intenciones ¡Por los dioses! Inclusive sus palabras. Y al parecer, parecía ser el único que los entendía a ellos.
Ese descubrimiento lo tenía un poco nervioso y preocupado, ya que no sabía que podía hacer con tal capacidad. Obviamente sus acercamientos con los dragones le daban una ventaja a la hora de ayudarlos, pero se suponía que era un futuro guerrero vikingo que debía matar dragones a plena vista, no salvarles la vida.
Inclusive, el propósito de su entrenamiento consistía principalmente en alcanzar tal logro ¿Y en cambio que hacía él por las noches y días libre? Alimentaba y sanaba a dragones heridos. En cierta forma no podía evitarlo. Hiccup ya nunca más podría verlos como los animales salvajes y despiadados que todos creían. Y como cualquier otro ser vivo herido, sentía que debía ayudarlos.
Con asistencia de Honey habían logrado curar al nadder, pero aún quedaba la duda de cómo conseguiría hacer volar otra vez al night fury.
Si tan solo supiera que se lo impedía.
–Pero es el ala o la cola lo que hay que cortar –explicó de repente Gobber como si estuviera atento a los pensamientos del muchacho a su lado –. Sin ellas, el dragón no podrá volar nunca más, y un dragón en tierra es un dragón muerto.
Algo dentro del cerebro de Hiccup se encendió como una llamarada. Efectivamente, el night fury no podía irse volando porque simplemente ya no podía hacerlo, y si no le fallaba la memoria, recordaba que le faltaba al dragón parte de la aleta en el extremo de su cola. Probablemente la perdió ante el impacto con la bola con la cual lo derribó unas noches atrás. La culpa no solo carcomió a Hiccup, también lo motivo. Si había sido responsable que el dragón de ébano no volara después de todo, era su obligación reparar su error.
Fue una ventaja irónica para él, que la mayoría en aquel puesto de vigilancia estuvieran tan enfocadas en las palabras de Gobber, que no prestaron atención en el momento que el muchacho pecoso se escabulló de la alta torre.
–Más vale que se preparen –les anunció el herrero con misterio –, porque poco a poco iremos escalando en la escalera de peligrosidad que cada una de esta bestias hasta que finalmente alcancemos la máxima victoria…
–¡Huuuuyy! –soltó Fishleg emocionado –. ¿Qué será Gobber?
–Aún no lo he decidido –confesó el viejo guerrero levantándose de su puesto y tronando su espalda al enderezarse –. Siempre es algo nuevo en cada generación; la vez pasada fuimos de casería de timberjacks en el bosque –dijo provocando exaltación en los jóvenes –. Pero les puedo asegurar que esta vez será más grande aún, y el que resulte victorioso de esa prueba, habrá pasado con honores su rito de madures.
Había viejas e importantes tradiciones para todos los vikingos a lo largo de su vidas en aquel peligroso archipiélago barbárico, y estas solían variar de tribu a tribu; pero algo que tenían todas en común, era el rito de madures. Cuando los niños dejaban de serlo y se les consideraba adultos (jóvenes, pero adultos).
Para alcanzar la madures para un vikingo se podía lograr de diferentes formas: una era el método del guerrero, otra del conquistador y por último la del explorador. Mediante la forma del guerrero, un vikingo pasaba la madurez enfrentando por su cuenta una peligrosa batalla o derrotando a un enemigo más fuerte; la del conquistador consistía, en apoderarse o encontrar un tesoro perdido de gran valor para la aldea; y por último, el método del explorador, en el que joven viajaba por los peligrosos mares del archipiélago ganándose fama y gloria, trayendo de regreso a su tierra de origen, algo único y maravilloso. Podía ser lo que fuera, incluso contaba el conocimiento adquirido en el viaje.
Una vez que se alcanzaba alguna de esta metas, un joven o niño era considerada todo un vikingo adulto, y generalmente era la forma en que obtenían sus nombres o apodos. Solo había excepciones. En Berk, el campeón del entrenamiento contra dragones se consideraba que había superado su rito de madures sin importa la edad con que contara.
Ante tan situación, era obvio que los jóvenes aprendices de guerrero se emocionaran con tal oportunidad.
–Ese seré yo, definitivamente –dijo Tuffnut orgulloso –. Incluso ya tengo mi marca de batalla –anunció mostrándole a todos la cortada mal atendida que lucía en su brazo izquierdo.
–A mí me parece que eso se está infectando –comentó Ruffnut picándole a su hermano con el dedo la herida maloliente.
Ante la punzada de dolor que le provocó, el gemelo rubio apartó de inmediato el brazo.
–Sí, Honey dijo algo más o menos parecido –confesó Tuffnut rascándose la piel –. Como se me caería el brazo.
–Eso sería… de puta madre –admitió su hermana maravillada.
Mientras los gemelos Thorston se imaginaban como se sería una prótesis o garfio una vez que Tuffnut perdiera su brazo, Astrid se percató de algo que nadie, inclusive Gobber, se había dado cuenta.
Hiccup ya no se encontraba en su puesto.
Preguntándose a donde se había marchado el joven pecoso o porque, la chica rubia se levantó de su lugar y aprovechando que todos estaban enfocados en Tuffnut, quien aullaba de dolor a como su hermana le propinaba golpes a su brazo herido, se escabulló entre las sombras de la noche y bajo de la torre en busca del chico faltante.
Había una intención clara en la acciones de Astrid, deseaba finalmente poder disculparse con Hiccup por lo sucedido con el deadly nadder. Los últimos días no había conseguido sacarse la idea de la cabeza; pero por desgracias para ella, nunca había conseguido encontrar a Hiccup solo para poder hacerlo. Siempre estaba en compañía de Honey o Gobber, y el resto del tiempo no lo podía encontrar en ningún lugar. Era como si lograra desvanecerse en el aire.
Tal vez, con el resto de los joven en la vigilia en compañía de herrero, tendría la oportunidad de encontrarlo solo para finalmente disculparse, al menos si lo localizaba antes de que se reuniera con su hermana. Ya por sí, le resaltaba casi imposible para Astrid imaginarse a sí misma disculpándose frente a otros, peor sería si esa persona fuera la gemela pecosa.
Justamente como la chica se imaginó, logró distinguir la delgada silueta de Hiccup caminando a la herrería. Astrid estaba por alcanzarlo cuando diferenció desde el otro lado del camino solitario, como alguien se acercaba al muchacho. Cuando se dio cuenta de quien se trataba, la rubia se apresuró a ocultarse detrás de la orilla de una casa, a una buena distancia para que no la distinguieran en la oscuridad de la noche, pero al mismo tiempo sin poder alcanzar a escuchar lo que los otro dos decían a la lejanía.
–¡Hey, Hiccup! –llamó Honey a su hermano antes de que este entrara a la herrería – ¿Qué haces aquí? Creí que estarían de guardia toda la noche.
–¡Ah eso! –comentó el muchacho rascándose la nuca –. Bueno, hay algo más importante que tengo que hacer.
–¿Cómo qué? –preguntó ella con sincera curiosidad.
Hiccup echó un vistazo rápido sobre su hombro y a cada lado del camino, para luego tomar a su hermana del codo y meterla a la forja.
–Algo para ayudar al night fury –admitió Hiccup en voz baja cuando estuvo completamente seguro que nadie los podía escuchar –. Creo saber porque no se va volando y se me ocurrió una forma de remediarlo.
–¿En serio? Vaya Hiccup, si sigues así te vas a convertir en un santo para los dragones.
–Muy graciosa – soltó el muchacho con sarcasmo –. Acabo de escaparme de la vigilia para poder venir a la herrería y trabajar de lleno en ello, tal vez me tome toda la noche –agregó indicando con su pulgar el interior de la edificación a oscuras –. ¿Te gustaría ayudarme?
–Paso –dijo Honey negando con la cabeza y levantando una mano –. Gothi me tuvo la toda la tarde clasificando setas venenosas, comestible y alucinógenas –confesó con hastía sacudiéndose las manos en sus ropas –, es un trabajo delicado con terribles consecuencias si se hace mal. Estoy muy cansada, voy directo a la cama.
–Está bien, es probable que regrese a casa más tarde.
–Estaré dormida para entonces.
Dirigiéndole una leve sonrisa a su hermano, Honey se despidió de él y salió de la forja en dirección a la leve colina donde se erigía el hogar del jefe de la tribu. Cuando la silueta de la chicha estaba suficientemente lejos para que apenas se lograra distinguir entre las sombras, Astrid salió de su escondite y fue directo a la herrería, que poco a poco comenzaba a iluminarse ante las velas que encendía el muchacho dentro de la edificación.
–¿Hiccup? –lo llamó Astrid entrando con cuidado en la forja.
–¿Astrid? –escuchó de repente la voz de Hiccup proviniendo desde la profundidades del edificio, seguido por un gran alboroto de instrumentales de metal chocando entre sí y cayendo al suelo. De la entrada al pequeño cuarto privado del muchacho, éste se asomó de un brinco casi perdiendo el equilibrio –. ¡Hey, Astrid! ¡Hola, Astrid! –dijo nervioso pensando que la joven había sido mandada por Gobber ante su ausencia.
Pero al mismo le resultó a Hiccup algo extraño el volver quedar a solas con Astrid en la misma herrería. Había pasado mucho tiempo desde esa ocasión en que ella le había dirigido una sincera sonrisa, y una cuantas cosas habían cambiado en ese lapso. Era la primera vez que Hiccup estaba frente a Astrid, a solas, desde que había tomado la decisión de que sus noches en vela pensando en ella habían terminado.
–¿Hay algo que necesites? –dijo Hiccup tratando de mostrar indiferencia, un tonó de voz que no paso desapercibido por la joven rubia, quien interpretó como un tipo de rencor ante su últimas acciones.
Eso la decidió a actuar.
–La verdad, sí –dijo Astrid con fuerza–. Necesito pedirte disculpas.
–¿Eh?
–Del otro día en la arena –aclaró la chica ante la confusión reflejada en el rostro de Hiccup –. No debí a haberte gritado…
–No-o… no necesitas disculparte –se apresuró a aclarar el muchacho sacudiendo exageradamente sus manos, pero Astrid las tomó entre las suyas y lo detuvo.
–Yo fui la equivocada –continuó ella clavando sus ojos azules como el cielo en los verdes esmeralda de él –, yo debo disculparme…
–La verdad, yo no estaba poniendo atención…
–¡Maldita sea, Hiccup! –gruñó Astrid soltando de un tirón las manos del muchacho que saltó hacia atrás e inconscientemente se cubrió con sus brazos –. ¡Puedes callarte y dejarme terminar!
Él sonrojado y con los ojos muy abiertos como platos, asintió con la cabeza.
–Lamento mucho haberte gritado y todas las cosa que te dije –confesó la joven rubia recobrando la compostura, pero levemente sonrojada –. Estaba frustrada y desquite mi rabia contigo, no debí hacerlo. Lo siento mucho.
Por casi un minuto, ninguno de los dos dijo nada más, continuaron en la misma posición, mirándose y con sus rostros rojos como tomates.
–Wow… no sé qué decir –declaró Hiccup nervioso rascándose la nuca –. Eh… gracias, Astrid. Disculpa aceptada.
–Gracias, Hiccup –dijo Astrid con una leve sonrisa que apenas se distinguió a la luz de las velas que alumbraba la forja –. Eres el mejor –agregó de ultimo poniéndose algo nerviosa y soltándole un leve puñetazo en el hombro a Hiccup que casi lo derriba.
La rubia acomodó su flequillo suelto, antes de darse media vuelta y salir de la herrería conteniéndose de las ganas de hacerlo corriendo. A pesar que había sido terriblemente vergonzoso, se sentía mucho mejor consigo misma y por Hiccup, que no podía parar de sonreír.
Por su parte, Hiccup la miró alejarse mientras se frotaba el brazo y se aseguraba mentalmente, que una vez más pasaría las noches en vela pensando en ella.
Chapter 24: Dulces sueños
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Dulces sueños
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Cuando Hiccup logró recomponerse de su pequeño encuentro con Astrid y recordar porque había ido a la forja en primer lugar, se colgó su mandil del cuello y comenzó a trabajar de lleno en la aleta faltante del Night fury.
El gemelo pecoso tal vez no tenía la fuerza suficiente para blandir armas pesadas o para golpear con fuerza el mazó contra el metal, pero definitivamente tenía la delicadeza de armar pequeñas piezas y más importante aún, la creatividad y originalidad para inventar lo que a cualquiera le parecería imposible.
Esa misma genialidad, generalmente era mal interpretada por los demás habitantes de Berk, Gobber y hasta el mismo padre del muchacho. Todos pensaban que las invenciones de Hiccup eran sumamente peligrosas, cuando en realidad eran demasiado avanzadas para su época y ser comprendidas.
Pero el pobre chico no estaba al tanto de esto, por ello en muchas ocasiones sintió que su propia inventiva era una maldición en su contra, en lugar del gran regalo que era en realidad. La duda en sí mismo era la mayor debilidad de Hiccup. Su hermana constantemente trataba de ayudarlo a combatir ese pensamiento pesimista, pero era una tarea gigantesca cuando todo el mundo alrededor de Hiccup, inclusive su propio padre, lo visualizaban como un fracaso andante. Con el tiempo, hasta chico también comenzó a creerlo.
Solo había pocas veces cuando el muchacho pecoso no se sentía desairado por su fracaso, generalmente era cuando se encontraba inspirado y se dejaba llevar por su musa; como esa misma noche en la forja, que el pequeño proyecto de la aleta del dragón negro como el ébano se convirtió en una lluvia de ideas desbordante. Las otras ocasiones consistían en el apoyo incondicional de Honey, incluso cuando ella misma estaba al tanto del fracaso inminente, y más recientemente en la vida del joven, cuando estaba cerca de night fury.
Las horas pasaron rápido en a la herrería de Gobber y para suerte del muchacho que se afanaba sin descansar, el dueño de la misma no acudió en ningún momento en averiguar quien trabajaba a deshoras. En realidad, después de la visita de Honey y Astrid, nadie más llegó a la forja, por lo cual Hiccup pudo ocuparse en paz.
En ocasiones, el muchacho lo prefería así, sin la mirada de alguien sobre su hombro vigilando que no lo fuera a echar a perder. O al menos, eso él pensaba.
Lo que no sabía Hiccup, era que su mentor admiraba su trabajo, ayuda y tenacidad. A pesar de su obvia debilidad fisica, el chico nunca se había dejado vencer por el metal y siempre se esforzaba mucho para probarse a sí mismo. Lástima que los demás no veía ese aspecto de su personalidad.
Toda la aldea conocía a Hiccup por ser un desastre viviente, junto con su hermana, eran un par de fracasados que no podía hacer nada bien. Pero la verdad, nadie los conocía en realidad y solo apoyaba el chismorreo de vieja habladoras. Casi nadie estaba enterado que la gran mayoría de las armas que portaban en batalla los guerreros, las espadas de la guardia de Berk y la mayoría del inventario de la armería, habían sido elaborada por manos del muchacho; como igualmente, ignoraban que los ungüentos y remedios que Gothi usaba en sus curaciones eran preparadas por Honey. Era un dato que solo los dos mentores conocían, y nuevamente, incluso Stoick no estaba enterado.
Era una lástima. Gobber, quien se había hecho cargo especialmente de la educación de Hiccup la mayor parte de su vida, intentó en repetidas ocasiones marcar estos puntos a su amigo y jefe, pero Stoick se había segado así mismo en los defectos de sus propios hijos que no era capaz de apreciar sus fuerzas.
Desde muy chico, Hiccup había quedado a la supervención del herrero y después en su adiestramiento como herrero. En un principio, Stocik estuvo renuente de tal trabajo, al igual que la educación como curandera de Honey; pero el padre no quería que el muchacho no se lastimara o luchara ya que no creía que él fuera capaz de defenderse; le negó la oportunidad de aprender a usar las armas y el combate. Solo la insistencia de Gobber fue lo que permitió que aprendiera el ofició de forjar el metal en el que era bastante bueno.
En realidad, muy, pero muy bueno.
Y el forjar las armas que se usaban en el combate era una labor tan importante, y en ocasiones, mucho más que el del mismo guerrero. Pero muchos, incluso Hiccup, no lo veían así.
Algunas veces, el viejo herrero se preguntaba si él tenía parte de la culpa en la falta de seguridad el muchacho por constante dureza y trato; pero al final del día, seguían siendo vikingos, el aprobar el buen trabajo no era parte de su naturaleza.
Pasaba más de la media noche cuando finalmente Hiccup terminó la aleta para el night fury, y para su satisfacción, había quedado justamente como la había imaginado. Solo le faltaba probarla.
Eso sería lo más divertido de todo.
Pero podía ocuparse de eso en la mañana. Así que algo cansado, pero satisfecho consigo mismo (como en pocas ocasiones), Hiccup apagó todas las velas, se colgó su nueva invención bajo el brazo y salió de la forja en dirección a su hogar entre las profundas sombras de la noche.
A pesar de las constantes amenazas de los ataques de dragones y los peligros del mundo vikingo, Berk podía ser un lugar muy pacifico en que su habitantes podían recorrer su caminos en solitario o por la noches, sin temer ningún por algún peligro. Los hooligans peludos podían ser fieros guerreros, tercos y tal vez no brillantes, pero eran leales entre ellos y en un mundo peligroso e incivilizado, la fuerza hacia la unión. Todos podían contar con los demás y la traición estaba fuera del contexto.
Hablando de la traición, era tal vez uno de los mayores crímenes para los hooligans, quienes lo castigaban con sus sanciones más fuertes: la humillación y el exilio. Como se ha mencionado con anterioridad, la población de Berk siempre estaba en riesgo de disminuir ante los constantes ataques de dragones (además de otras amenazas) por lo que perder miembros de la tribu no era una opción. Mientras en otras islas del archipiélago castigaban con encarcelamiento, esclavitud o la muerte hasta los crímenes más simples, el defraudar a la tribu, la humillación y recibir la espalda de tu propia gente era la máxima humillación que sufría un criminal en Berk. No sonaba gran cosa, pero generaciones de hermandad y de unión de grupo, lo volvía un castigo de temer para un hooligan infractor.
Era por ello que a pesar de existir toques de queda para cuidar de los más jóvenes, seguía siendo completamente seguro para que Hiccup caminara en la oscuridad de la madrugada por la aldea desierta, o que junto que su hermana, estuvieran solos en su hogar ante las largas ausencias de su padre.
Aún con la reputación del joven gemelo, si Hiccup fuera atacado por una bestia escupe fuego en ese momento, cualquier miembro de la aldea que escuchara su llamado, socorriera en su ayuda. Esa era la unión y la fuerza del pueblo de Berk.
Al final lo único que quedaba por temer era a los dragones y a lo desconocido que se ocultaba en las sombras o las pesadillas que atormentaban los sueños.
Hablando de pesadillas…
Hiccup estaba subiendo la leve colina donde se erigía en la cima su hogar, cuando lo sintió. Era una poderosa punzada en el pecho que poco a poco se intensificó y afectó su respiración. El muchacho detuvo sus pasos en los que su mente quedaba en blanco y sus sentidos comenzaron a bloquearse del mundo real. Por un momento pudo sentir como el todo le daba vueltas... hasta que lo escuchó, claro como si fuera justo a un lado de él.
Un grito desgarrador que solo él podía escuchar y que le heló la sangre.
Inconscientemente, el muchacho alzó su cabeza a su hogar y volvió a escuchar el alarido con la inconfundible voz que él conocía muy bien.
–Honey… –se escapó de sus labios. Como si el solo nombre de su hermana lo liberaba del malestar que se había apoderado de él, Hiccup sintió el golpe de la realidad y como recuperaba el control de su cuerpo. Sin siquiera pensarlo, el gemelo pecoso corrió los pocos metros que lo separaban de su casa como si la vida de su hermana dependiera de ello.
Cuando finalmente abrió la puerta delantera de su hogar, el grito de la jovencita se escuchó en la realidad, retumbando con fuerza en la solitaria casa.
–¡Honey! –gritó a su vez Hiccup lanzado a un lado la cola artificial del night fury que había estado cargando en los brazos, y subió corriendo las escaleras hasta el segundo piso.
–¡Hiccup! –lo llamó ella con desesperación desde la habitación que compartían.
Al alcanzar la entrada del cuarto, Hiccup pudo distinguir en la oscuridad a Honey sentada sobre su cama, con unas pieles alrededor de sus piernas y sus manos apretadas contra su pecho. En su rostro se reflejaba el pánico, como algunas lagrimas que recorrían sus mejillas.
La niña, al verlo, extendió sus brazos en su dirección exigiéndole que se aproximara. Hiccup corrió la corta distancia de la entrada de la habitación hasta ella y la abrazó con fuerza en los que su cuerpo temblorosos se apretaba contra del él.
Por unos minutos mantuvieron la misma posición, en lo que Honey lloraba descontroladamente contra su oído, y él frotaba sus manos en la espalda de ella, tratando de calmarla.
Solo existía algo que pudiera dejar a Honey en ese estado, y eso era sus pesadillas.
Desde que la gemela era pequeña, la familia Haddock era consciente que ella no tenía sueños normales. En muchas ocasiones despertaba a su padre y hermano a mitad de la noche a gritos por las terribles cosas que solía ver en las tierras de durmientes. Honey describía la mayoría de sus sueños como bizarros y extraños; consistían principalmente en sonidos y colores, rara vez había figuras o individuos en ellos y sus significados eran indescifrables. Ni siquiera el viejo Wrinkly o Gothi, había logrado descifrarlos con ayuda de las runas.
Los sueños restantes eran mucho más claros que no requerían ningún tipo de designio. Honey en muchas ocasiones soñaba con cosas o sucesos que iban a ocurrir o había sucedido en el pasado. En ocasiones eran simples, como una futura tormenta de nieve, la localización de un objeto perdido o el primer baile de unos nuevos amantes. Stoick quedo completamente impactado cuando una mañana su hija le describió con todo detalle un sueño donde había visto a su dos padres bailando a la mitad de un campo de batalla, rodeados de guerreros que habían vencido juntos. Justamente así había sido la primera vez que Stoick y Valka había compartido una danza, mucha antes de que los gemelos nacieran.
Pero en otras ocasiones y las más terribles, era cuando la chica pecosa soñaba con muertes, sangrientas batallas o combates, y destrucción. Había un sueño muy recurrente que la levantaba siempre en pánico; donde sentía que unas manos la estrangulaban hasta casi asfixiarla. Ella nunca había logrado ver a su agresor en esa pesadilla, ya que siempre su mirada se mantenía fija en una daga que reposaba junto a su cabeza.
Esas pesadillas desde muy temprana edad dejaban a Stoick the Vast, tal vez el más valiente y fiero guerrero de todo el archipiélago, asustado y confundido por el bien de su hija. No había forma en que pudiera combatir estos seres de pesadillas que atormentaban los sueños de su pequeña. Pero al mismo tiempo, lo desconocido era considerado de mal augurio, por lo que el padre sobreprotector decidió dejar los visiones de Honey en un secreto familiar, se negó a la peticiones de su suegro de llevarla con algún chaman de alguna otra tribu, y trataba de resolverlo todo solo implorando a los dioses en Asgard, a Odin, Syn diosa de la verdad y Borghild diosa de la luna, que cuidaran a su hija de las criaturas infernales que vivían en sus sueños.
Al final, lo último que quedaba era consolarla después de una pesadilla; tarea que Hiccup cumplía a la perfección. Al igual que los sueños de Honey, desde muy chicos, ambos hermanos siempre sabía o sentían cuando algo andaba mal con el otro, incluso cuando estaban separados por una gran distancia. Honey había sabido de antemano cuando en una ocasión Hiccup se había quemado un pie con carbón de brasas en la forja, y cada vez que la chica tenía un mal sueño, Hiccup se daba cuenta de inmediato incluso antes de que ésta despertara del mismo. Era otra cosa que Stoick no comprendía y solo se lo atribuía al hecho de que sus hijos eran gemelos, pero de todas maneras tenía cuidado de no hablarlo abiertamente.
Muchas veces el jefe se preguntó si los Thorston pasaban por algo similar con sus hijos.
–Tranquila –le dijo suavemente Hiccup al oído de su hermana mientras frotaba su espalda –. Ya paso.
Honey sorbió por la nariz un par de veces, con su rostro presionado contra el hombro de su hermano. Poco a poco se fue tranquilizando y las lágrimas dejaron de derramarse incontrolablemente por sus ojos.
–¿Fue la pesadilla de siempre? –le preguntó Hiccup con calma sin soltarla por un instante.
Ella negó con la cabeza con su cabeza presionada contra de él.
–¿Fue algo nuevo? –continuó el muchacho su interrogatorio. Honey siguió sin contestar con palabras, solo se limitó a asentir con la cabeza –. ¿Algo malo pasaba? –ella volvió a sentir –. ¿A la aldea? ¿A ti? ¿A papá? –ella negó en las tres ocasiones.
Sus negativas comenzaban a ponerlo a nervioso. En realidad los sueños de Honey siempre le ponían los pelos de punta. Hiccup temía, que cosa horrible estaba por suceder o peor aún, si fuera su padre el que aparecía en los sueños. Pero el muchacho siempre debía mantener la calma o al menos aparentarla, por el bien de Honey.
–¿Entonces? –se animó a preguntarle temeroso de escuchar su respuesta.
El llanto de la chica se detuvo de golpe, al igual que el temblor que se había apoderado de su cuerpo. Lentamente separó de su hermano, pero su mirada se mantuvo alejada de él por un buen tiempo. Cuando finalmente sus ojos se conectaron, Hiccup se dio cuenta de la respuesta que estaba por darle, mucho antes que sus labios pronunciaran las palabras.
–Eras tú, Hiccup –dijo la chica con sequedad que paralizó el corazón de su hermano –. Te vi caer en un mar de fuego y…
–Espera –le dijo el muchacho colocando sus manos en sus hombros –, no digas más.
–Pero Hiccup…
–Es mejor no saber… –dijo nervioso tratando de sonreír por el bien de Honey, aunque en el fondo comenzaba a sentir el pavor – además, no siempre sucede tal cual lo sueñas –se apresuró a agregar con una risita aunque sabía que rara vez pasaba.
No pudo engañar a su hermana, lo conocía tan bien para hacerlo. Pero al igual que él, ella decidió aparentar que no era tan grave, aunque fuera solo por un momento.
–¿Puedes dormir conmigo? –le pidió Honey con voz suplicante –. Solo esta noche.
No era necesario que lo pidiera. Siempre que la gemela tenía una pesadilla, Hiccup terminaba acompañarla en su cama hasta que ésta quedaba dormida. Por una extraña razón, siempre la compañía del otro los tranquilizaba y les permitía tener el sueño tranquilo.
Hiccup no tuvo necesidad de contestar. Se dispuso a quitarse las botas en lo que Honey se hacía a un lado para hacerle espacio en la cama. Ambos se acomodaron debajo de las pieles de animales, con la niña apretando su frente contra el hombro de su hermano.
Después de la revelación de Honey, Hiccup sabía que iba a ser una noche larga en la que tal vez le sería casi imposible dormirse. Había tenido tan buena suerte hasta el momento, con la construcción de la aleta y la disculpa de Astrid, que se reprimió mentalmente por haberse confiado que las cosas en su vida podían ir bien. Ahora tenía un presagió de su propia muerte, predicho por los casi certeros sueños de su hermana gemela.
–Hiccup –dijo de repente Honey contra su hombro, sacándolo de sus pensamientos –. ¿Crees que se trate de night fury?
–No –dijo éste con calma frotando los brazos de su hermana –. Nunca lo hemos visto lanzar fuego.
–Huh… –soltó ella apretándose contra él y cerrando los ojos.
En cuestión de minutos, Honey dormía tan tranquilamente que nadie podría creer que había despertado en pánico por una pesadilla.
–Al menos uno de los dos va a descansar –dijo el muchacho en voz baja para sí, apretando el cuerpo de su gemela contra el de él. Probablemente, no podría pegar las pestañas en toda la noche, y la mañana siguiente, tenía que poner a prueba la cola de nueva del dragón de ébano.
Chapter 25: Las bendiciones de los dioses
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Las bendiciones de los dioses
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Hiccup despertó la mañana siguiente ante los primeros rayos del sol, o al menos los que alcanzaron a atravesar la gruesa capa de nueves que cubría el cielo. El chico, aún soñoliento, intentó levantarse de la cama solo para descubrir que un peso muerto se lo impedía. Con los ojos aún entrecerrados, miró hacia su hombro izquierdo encontrando a su hermana profundamente dormida contra su pecho. Honey usaba el brazo de su gemelo como almohada reteniendo su cuerpo en la cama.
Le costó unos segundos a Hiccup comprender que hacía Honey dormida a su lado o porque él se encontraba en la cama de ella:
Honey había tenido una pesadilla.
Y no cualquiera, al parecer una donde él mismo era la victima de las decisiones de la nornas y enviado con Hel, la diosa de la muerte, en una espectacular bola de fuego.
Tal vez estaba dramatizando los detalles.
En realidad, ni siquiera le había dado la oportunidad a su hermana de explicarle exactamente que había visto, pero prefería no saberlo. Honey solía enterarse de cosas tan terribles en sus sueños, muchas de los cuales le había contado con finos detalles, que el hecho de ser parte de unos de ellas le erizaban los bellos de la nuca.
En sus doce años de vida, la gemela Haddock había previsto en sus pesadillas tres grandes desastres, la muerte de cuatro personas y miles de detalles sin gran significancia. Y en su mayoría, nunca fallaba en su exactitud y solo en el escaso resto, solía mal interpretar lo que veía. Era comprensible, ella era apenas una niña que vislumbraba terribles sucesos sin saber por qué. Hiccup solo esperaba que la visión que él protagonizaba hubiera sido de ese pequeño porcentaje erróneo.
En cierta forma, dudaba de su primer impulso de desconocer los detalles, tal vez de esa manera podría llegar a evitarlo, aunque hasta la fecha nunca había sido posible.
Hiccup aún se preguntaba qué era lo que sucedía en la mente de su hermana; se decía que los gemelos por defectos eran bendecidos por dones de los dioses, pero desde el punto de vista de Honey sus pesadillas no tenían nada de benditas. Además, el padre de ambos no estaba muy a gusto con tal detalle y al igual que su hija, le consternaba tales visiones pero en su caso, prefería no buscar explicaciones, contener la situación y actuar como si no existieran.
Pero era algo demasiado extraordinario para simplemente ignorarlo. Los dones otorgados por los dioses, eran añorados y generalmente envidiados; los individuos que los poseían lograban grandes actos que ningún otro vikingo podía hacer. La mayoría de estos dones tenían su propio nombre, establecido de acuerdo a las características de cada uno, y por lo mismo la reputación que venía con ellos: algunos eran especiales o sagrados, otros los más deseados, algunos eran convenientes y otros rechazados, y unos pocos prohibidos que conducían a la ejecución. Pero ninguno era desconocido, solo unos eran más raros que otros.
La costumbre indicaba que estos dones eran otorgados por una razón, algo que los dioses en Asgard habían predicho según el destino de su poseedor. Por ello, los mismos que tenían estas habilidades no eran consientes de ellas, por lo general debía ser otra persona, principalmente un chaman o guardián de runas, el que descubriera. Era un terrible crimen que algún vikingo se atribuyera por sí solo poseer algún don.
De aquellos que Hiccup conocía, ninguno se caracterizaba por los tipos de sueños que tenía Honey, además de todas las otras cosas extrañas que ella podía hacer; lo cual dejaba dos posibilidades: que fuera un don muy, pero muy raro, o que se tratara de una maldición como temía su padre. Con ello, se comprendía la preocupación de Stoick y porque prefería ocultar e ignorarlo todo.
Pero también dejaba otra pregunta sin respuesta según Hiccup: Sí Honey poseía un don (fuera cual fuese) ¿Cuál era el suyo?
Hiccup que nunca se había sentido especial en toda su vida, no podía imaginarse que podría ser o si era posible de un principio. Pero según las leyendas, si un gemelo era dotado, el otro también debía serlo.
Y cabía la posibilidad, que si su hermana en realidad estaba maldita, él también.
Eso le parecía mucho más posible al gemelo, quien siempre había sufrido de una terrible suerte, el fracaso constante y el rechazo de su propia gente y padre.
Tal vez él y Honey si estaban malditos por Loki después de todo, y lo mejor era tratar de solo ignorarlo. Mildew daría brincos de alegría si se enteraba que había algo de veracidad en sus sospechas.
Además tenía otras preocupaciones más importantes de momento, como su inminente expiración en una bola de fuego.
Mientras Hiccup seguía tumbado en la cama, con el peso muerto de su hermana en un costado, no dejo de preguntarse mentalmente si el sueño de ésta estaría vinculado con el night fury. Pero algo en su interior le negaba tal duda, tal vez eso estaba ligado con la extraña conexión que sentía cada vez que miraba al dragón de ébano a los ojos.
Y hablando del reptil negros alado, el muchacho recordó la aleta prostética para la cola que había diseñado la noche anterior y que yacía en el suelo a un lado de la entrada de su casa. Tenía que ir a probarla antes que fuera al entrenamiento. Por suerte, Gobber había aplazado la lección de ese día para la tarde ante la vigilia que realizaron los aprendices la noche anterior (ya por sí los vikingos no eran muy buenos para levantarse temprano), pero si quería aprovechar la oportunidad, debía alzarse en ese momento de la cama.
Llevando a cabo un esfuerzo descomunal y haciendo todo posible para no despertar a Honey, Hiccup logró deslizar el brazo por debajo de la cabeza de su hermana y levantarse de la cama sin alterar su sueño. Con mucho cuidado, salió del cuarto en puntillas llevando las botas en sus manos. Ya en la entrada de su hogar pudo respirar con más calma, ya que al parecer había conseguido escabullirse sin despertar a su hermana. Echándose la cola prostética debajo del brazo, salió de su casa cerrando la puerta detrás de sí.
Antes de realizar el largo y sinuoso camino a la ensenada en medio del bosque, el muchacho paso primero a los almacenes junto al puerto y tomó sin permiso (temporalmente, ya que una vez que Mulch y Bucket iniciaran su día de trabajo se los compensaría con oro) un gran cesto repletos de una variedad de pescados y animales marinos escamosos. Era una ofrenda de paz para el dragón.
Llegó sin problemas a la ensena y night fury curiosamente actuó muy dócil con su repentina aparición. Su olfato debía ser muy bueno ya que parecía que distinguió la peste de los arenques que llevaba el muchacho en su espalda, mucho antes que él se los ofreciera.
Mientras el dragón comía, Hiccup aprovechó la oportunidad para escabullirse detrás de él y probar su nueva invención. El night fury estaba tan hambriento que ni pareció percatarse en lo más mínimo en sus movimientos, solo se alteró ante un la anguila que aparición entre los pescados. Al igual que Hiccup, tampoco era su bocadillo favorito.
Para su sorpresa, la cola que diseñó había quedado mucho más perfecta de lo que él esperaba. Solo por el hecho de que estaba construida con tela y hierro, se podría jurar que ya era parte del dragón negro. En su regocijo, el muchacho no se percató cuando el night fury decidió probar que tan bien funcionaba su nueva prótesis.
Hiccop pronto se encontró a sí mismo volado sobre el pequeño lago de la ensenada, aferrado de la cola del dragón como si su vida dependiera de ello. En un principio, la prótesis parecía no funcionar por su cuenta y tanto el reptil volador y el muchacho se fueron a pique, pero cuando éste ultimo tomó control de ella, el pesado night fury se elevó como si fuera por magia.
–¡Lo logré! –gritó Hiccup en victoria. Unos segundos después cayó en las aguas frías del pequeño lago de la ensenada, seguido de cerca por el night fury –. ¡Lo logré! ¡Yeah!–volvió a vociferar su éxito empapado de pies a cabeza.
–A mí me parece muy pronto para cantar victoria –dijo de repente una voz que retumbó en la ensenada, provocando que Hiccup volviera sumergirse en el pequeño lago y atragantarse con algo de agua.
–¡Honey! –le gruñó el muchacho a su hermana que yacía con calma de pie en la orilla –. ¡Por favor no hagas eso! No te he dicho lo creepy que resulta cuando te apareces de la nada.
–Dioses, perdóname la vida –se quejo ésta con fastidio –. Al final de cuentas eres tú y papá los que no se percatan cuando llegó por detrás. No te mataría darte la vuelta de vez en cuando.
–Lo que yo temó que terminara matándome –aclaró el muchacho acercándose a la orilla – será el infarto que me en una de esas ocasiones.
–Y yo no te habría asustado, si no me hubieras dejado atrás dormida en casa.
Se podía notar a leguas que Honey no estaba de buen humor, su postura corporal y sus frases intolerantes lo denotaban. Normalmente le sucedía cada mañana siguiente a una de sus pesadillas.
–Eh… no quería molestarte… –balbuceó Hiccup rascándose la nuca. Por su propia seguridad prefirió permanecer a una distancia precavida de su hermana, incluso si significaba estar sumergido hasta las rodillas en el pequeño lago.
–Sí, lo sé –respondió ella sin dejarlo terminar, mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho. El frio y consternado semblante de su rostro denotaba que aún seguía muy alterada por lo sucedido la noche anterior.
Pero antes de que Hiccup pudiera decirle algo para animarla o consolarla, un fuerte estornudo los distrajo de su tajante conversación. Ambos gemelos volvieron los ojos hacia el night fury que salió del lago sacudiéndose como un perro mojado.
–Salud, Toothless –soltó el muchacho al dragón que solo respondió con un gemido de indiferencia.
–¿Toothless? –dijo a su vez Honey con completa incredulidad ante las palabras de su hermano –. ¿Llamaste Toothless al hijo blasfemo del la muerte y el rayo?
–Me pareció lindo –contestó Hiccup encogiendo los hombros.
Honey torció una mueca con la boca, pero no dijo más al respecto.
–De todas maneras –agregó ella captando otro detalle –. ¿Por qué le pusiste nombre?
–¿Eh?
–Hiccup ¿Qué es lo que estas planeando hacer con el dragón?
–¿Qué podría hacer yo con un dragón? ¿A qué te refieres con eso?
–Sabes bien a que me refiero. Dijiste que solo querías ayudarlo, como al nadder de la arena. Pero me parece que te estás involucrando demasiado con él.
–No tengo idea de que te da esa impresión.
–¡Por dioses, lo llamaste Toothless! –gruñó Honey frustrada dejando caer los brazos a sus costados.
–No podemos seguir dirigiéndonos a él solo como “el night fury” –comentó el muchacho tratando de aparentar inocencia –, eso haría muy difícil hablar de él frente a otras personas.
–Sí, pero…
–Sé que ocurre. Estás preocupada por lo de anoche. Puedo asegúrate Honey, que sí es verdad lo que crees haber visto, Toothless no tiene nada que ver con ello.
–¿Cómo puedes estar tan seguro? –le preguntó Honey denotando su temor en su voz.
–Créeme. Lo sé –aclaró el muchacho con tal seguridad que sorprendió a su hermana –. Además, no dijiste que después de todo siguiera mis corazonadas. Buena esta es una –agregó apoyando su mano sobre su corazón.
–A veces hablo de más –masculló la gemela pecosa con recelo –. Por favor prométeme que solo vas a ayudarlo a volver a volar –le exigió a su hermano casi en suplica.
–Te lo prometo –respondió Hiccup tan rápido que no pareció completamente sincero. Aún así, Honey lo aceptó.
–¿Entonces…? ¿Toothless, eh? –se burló la chica recuperando su jovialidad.
–Como si a ti se te pudiera ocurrir algo mejor.
–Pude haber pensado uno u otro nombre.
–¡Claro que no! –dijo Hiccup tomando sorpresivamente la muñeca de su hermana y utilizando el peso de su propio cuerpo, la tiro al lago junto con él.
Hiccup soltó una carcajada, mientras Honey emergía del agua tintineando de lo fría que se encontraba.
–Eres un… –gruñó ésta al recuperarse y comenzó a salpicar agua en contra de su gemelo. Ambos hermanos iniciaron una batalla campal tratando de empapar más al otro, mientras reían descontroladamente.
Con todo que les había sucedido últimamente, ni siquiera ellos estaban seguros de cuándo fue la última vez que rieron así.
Su comportamiento resultó un completo misterio para Toothless, quien se aproximó cuidadoso a la orilla del agua donde se salpicaban los gemelos. Al verlo aproximarse con curiosidad, Hiccup y Honey aprovecharon para lanzarle agua a él también. Rieron como locos ante la expresión de sorpresa del pobre dragón negro.
Chapter 26: El encuentro Zippleback
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El encuentro Zippleback
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La siguiente ocasión en que los jóvenes aprendices de guerrero enfrentaron uno de los demenciales entrenamientos de Gobber en la arena, éste los lanzó a las ligas mayores de un solo impulso. Los puso cara a cara con un Hideous Zippleback… o casi.
–El zippleback es mucho más complicado –comentó el viejo guerrero a sus estudiantes mientras estos eran cubiertos por la neblina producto de la explosión del dragón, imposibilitándoles ver más allá de sus propias narices –. Una de sus cabezas produce un gas altamente volátil, mientras la otra genera la chispa para encenderlo. Es su trabajo descubrí cual es cual o morir en el intento.
En esa ocasión los muchachos debían trabajar en equipos de dos: Hiccup y Fishlegs, Snotlout y Tuffnut, y Astrid con Ruffnut. Cada uno estaba armado con un balde de agua para empapar la cabeza generadora de la chipa del dragón. La tarea, que ya por sí era complicada debido al humo denso que cubrió toda la arena, estaba completamente a la merced de la suerte para acertar en la cabeza indicada de la lagartija gigante; cuando ni siquiera Honey o Gothi, quienes observaban el entrenamiento desde la seguridad de las gradas, podían encontrar al enorme reptil entre el humo, mucho menos los pobres jóvenes guerreros atrapados en la arena.
Los zippleback eran dragones poco comunes y algo misteriosos, ya que mucho de su naturaleza seguía sin ser conocida. Al tener dos cabezas, se había llegado a la teoría que estos reptiles eran dos individuos diferentes en uno, macho y hembra a la vez, por lo cual era completamente independiente, y en su habitad rara vez se les veía con otros de su clase. O al menos eso había documentado Bork en su manual de dragones. Muchas de su comportamiento o preferencias eran aún desconocidas, ya que no eran vistos muy comúnmente y solían ocultarse en cuevas para tender emboscadas a sus presas.
Al menos habían descubierto por el zippleback de arena, que estos comían pescado como los demás dragones que asolaban Berk, por lo que su mantenimiento no había sido muy complicado con el paso de los años. Ese dragón en particular, había sido capturado hacía más de diez años atrás, incluso aún no habían nacido la mayoría de los joven aprendices que practicaban con él ese día, y ya desde esa época había alcanzado la madurez, lo que convertía en el dragón más viejo de la arena y el que los Hooligans habían mantenido más tiempo en cautiverio.
Pero eso no era precisamente buenas noticas o al menos para el zippleback; el constante encierro lo había vuelto algo…inestable. Su comportamiento era increíblemente excéntrico y errático, como impredecible. Cada vez actuaba menos como los demás de su especie que aterrorizaban en libertad en el archipiélago barbárico, lo que volvía inútil con el paso de los años el continuar el entrenamiento con él; incluso, en muchas ocasiones, las cabezas comenzaban a pelear entre ellas. Gobber tenía planeado que esa generación de jóvenes guerreros sería la última para ese zippleback; una vez que ya no fuera necesario, el dragón se convertiría en su nuevo cinturón y botas ya que la piel de estos eran muy cotizadas.
Así que el dragón tenía pocas oportunidades para lucirse, y lo aprovechó al máximo ante los nerviosos chicos que había atrapado en el humo. Ante el pánico, era fácil que estos comenzaran a cometer errores.
–¡Somos nosotras, pendejos! –se quejo Ruffnut cuando la cubeta con agua de su hermano la empapó a ella y Astrid.
–Yo juré que eran el dragón por lo grande de sus traseros –se burló Tuffnut en respuesta, provocando un golpiza por parte de las dos chicas, tanto para él como su compañero de equipo Snotlout.
Gobber soltó un respiró de resignación al ver que sus aprendices preferían pelear entre ellos, en lugar en contra del dragón. Eso le dio la oportunidad a la bestia de darle un buen mordisco al gemelo Thorston en las posaderas. Para su suerte, el veneno del Zippleback no era tan fuerte para ser letal, solo provocaba una ponzoña que ardía como los mil demonios.
–¡Duele! ¡Me lleva la…! –gritó el chico rubio como desesperado, mientras salía corriendo de la arena sujetándose sus nalgas con ambas manos.
Habría sido un espectáculo digno de disfrutar, si no fuera porque el dragón que continuó con su arremetida, arrastrando a Snotlout hacia el humo y empujaba a un lado Astrid y Ruffnut con su un movimiento de su cola. Al final, solo los únicos que quedaron en pie para continuar, eran Hiccup y Fishlegs.
–Cabeza equivocada –comentó el muchacho regordete una vez que consiguió empapar una de las testas, y antes de saliera corriendo por su vida.
O tal vez solo Hiccup.
Todos ya podían imaginarse la perdición del joven gemelo pecoso con tal seguridad, que tanto Gobber como Astrid y Ruffnut (quienes aún podían ponerse en pie) se lanzaron en su ayuda, cuando Hiccup falló patéticamente en su intento de empapar la cabeza restante del dragón.
Cuál fue su sorpresa, cuando vieron a la bestia de más de tres metros de largo retroceder atemorizado como un ratón ante el raquítico chico Haddock.
–¡Atrás! ¡No me vuelvas hacerme repetirlo! –lo amenazaba el Hiccup moviendo sus manos como si empujara una pared invisible entre él y el dragón. Éste, acatando a sus mandatos, continuó retrocediendo hasta quedar apretujado en uno de los rincones de su jaula –. ¡Y quédate ahí! –sentenció el chico lanzando dentro de la celda, la anguila que colgaba de su hombro y debajo de su chaleco, provocando otro acceso de terror en el pobre animal que intentaba fusionarse con la pared de piedra detrás de él.
Hiccup cerró las puertas de la jaula con un sonoro “Bong” que retumbó en la acallada arena de entrenamiento. Cuando se volvió hacia el resto de la clase y su mentor de años, Hiccup deseó poder capturar la expresión estupefacta de sus rostros por el resto de su vida.
–¿Eso es todo? –comentó limpiándose de las manos la baba de la anguila en su chaleco de piel de oso –. Bueno, yo… me tengo que ir –agregó de último antes de caminar con paso acelerado hasta la entrada de la arena y tratando de no hacer contacto visual del resto de sus compañeros, que cuyos ojos lo seguían como autómatas debido a la falta de razonamiento que les había provocado la fuerte impresión.
¿Qué? ¿Cómo…? Había… ¿Cómo fue posible…? ¿Qué?
Hiccup aceleró el paso los últimos metros antes de quedar completamente fuera de la vista de Gobber y los demás chicos de su generación. Estaba a punto de salir corriendo en dirección al bosque cuando unas manos lo empujaron a su espalda casi haciéndolo perder el equilibrio.
Al presenciar la irreal presentación de su hermano, Honey podía apostar una mano o un pie, a que éste debió haber hecho trampa para conseguirlo; luego recordó como le había platicado la reacción de Toothless ante anguila comprendiéndolo todo. Dejo a Gothi sola en el mirador y alcanzó a su hermano mucho antes que se desapareciera por el puente que conectaba la arena con la aldea.
–¿Qué te pasa? –se quejo el muchacho enfrentando a su hermana gemela que lo desafiaba con una sonrisa.
–Eso muy sucio, Hiccup –dijo Honey muy apenas conteniéndose la risa.
–No tengo idea de que hablas –respondió él tratando de aparentar seriedad, pero fácilmente era contagiado por humor de su hermana.
–No puedo creer que usaras la anguila.
–Yo no puedo creer que haya funcionado.
–¿Vistes la cara que pusieron?
–¿Viste como reaccionó el dragón?
–¡Fue increíble!
–¡Definitivamente! –dijo el muchacho con júbilo posando su manos en sus caderas altivamente –. Hemos descubierto una forma efectiva de asustar a los dragones.
–Tenía tanto pánico a la anguila que… –comenzó a decir Honey continuando con su buen humor, cuando se dio cuenta de lo que estaba a punto de decir y que implicaba. Miró con preocupación sobre su hombro en dirección a la arena, antes de volverse a su hermano con una mirada angustiada.
Hiccup entendió de inmediato el porqué de su expresión y terminó las palabras que estuvo por decir:
–Que quedo atrapado en la jaula con ella.
Los chicos intercambiaron algunas miradas preocupadas antes de volverse una vez más a la entrada de la arena, donde podían distinguir las puertas pesadas de madera que contenía al pobre zippleback dentro de su prisión con el mayor terror para los dragones.
–Uh oh.
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–¡¿Qué carajos fue todo eso?! –bramó Snotlout sin poder creer lo que había visto con sus dos ojos –. ¡¿Alguien me podía explicar que sucedió?!
Después de los largos minutos que permanecieron pasmados los jóvenes aprendices de guerreros, y Gobber declarara el entrenamiento del día terminado, los chicos regresaron a la aldea por el largo puente que conectaba con la arena, discutiendo acaloradamente lo acababa de suceder.
–Te comprendo –dijo a su lado Tuffnut algo arqueado y con el trasero adolorido en alto –. Quién diría que ese escuálido intento de vikingo pudiera hacer eso.
–Fuera lo que fuera –agregó Ruffnut con una leve sonrisa –. Eso fue de puta madre.
–¡Tiene que ser una mentira! –insistió Snotlout sacudiendo sus brazos sobre su casco –. ¡Una ilusión! ¡Magia de hadas! ¡Brujería!
Para el joven vikingo no tenía la menor coherencia que un chico tan fracasado como Hiccup lo hubiera superado en un entrenamiento, cuando él, Snotlout Jorgenson era el ejemplo clásico del adolecente vikingo y futuro guerrero Hooligan: era tosco y bruto, fuerte y lleno de energía, peludo y con mal olor; nadie podía superarlo, mucho menos su escuálido y más joven primo.
–O tal vez estás perdiendo la chaveta –comentó Tuffnut con una leve risita malvada, mientras se frotaba las nalgas con una de las manos.
–Sí, yo voto a que Snotlout se está volviendo loco –opinó su gemela alzando la mano y sonriendo para sí.
En realidad a los gemelos Thorston no les afectaba en los más mínimo el acto increíble que había realizado Hiccup en la arena; fuera bueno o malo en el entrenamiento, ellos lo trataría exactamente como siempre y como al resto de las personas, sacándolo de quicio con sus contantes bromas. Solo sí el muchacho pecoso encontraba la manera de causar más destrucción o explosiones, cambiarían su opinión. Estarían agradecidos hasta la otra vida con él.
–Eso fue sorprendente –dijo Fishlegs sin dirigirse a nadie en particular –, pero… muy irreal –agregó volviendo su rostro sobre su hombro, en dirección de Astrid, quien caminaba despacio detrás de él.
Desde lo sucedido en la arena, la joven chica rubia se había quedado muy seria y completamente callada. Al igual que los otros, la forma en que actuó Hiccup y el dragón fue demasiado impactante y chocante. Aunque Astrid no sintiera el mismo desprecio que tenían otros hacia el muchacho, y hasta en cierto punto él le agradaba, era completamente consiente que gemelo pecoso no era materia prima para un guerrero Hooligan y mucho menos un mata-dragones. No importaba cuantas vueltas le daba en su cabeza, no encontraba sentido a lo que sus ojos azules acababan de ver.
–Debió de hacer trampa –maculó Snotlout en voz baja con un leve gruñido, insistiendo en su incredulidad antes los actos de Hiccup.
–Bueno, recuerden lo que dijo Gobber sobre zippleback –puntualizó Fishlegs haciendo memoria –, que ya no es como antes. Podía estar solo actuando raro y nada tendría que ver con Hiccup.
No era porque el chico regordete tuviera algo en contra de gemelo Haddock, solo que al igual que los demás quería encontrarle razón a lo que había visto, ya que era algo tan fuera de lo normal. En el caso de no ser así, entraría en discusión lo paranormal, a lo que los vikingos eran muy supersticiosos: como la magia y hechicería. Y pensándolo bien, lo cual podía ser mucho más probable a que Hiccup fuera un verdadero mata-dragones. Fishlegs sentía verdadera curiosidad por entender que había pasado, incluso sentía la tentación de preguntarle directamente al chico pecoso, pero su propia timidez se lo impedía; al final de cuentas, ya no era tan buen amigo de Hiccup como antes.
–¡Eso tiene que ser! –aceptó Snotlout con una sonrisa descarada –. ¡No tuvo nada que ver con lo que hizo Hiccup, es solamente que el cerebro del dragón se volvió un maldito vegetal! ¡Eso debe ser! –añadió con seguridad descartando su propia inquietud.
El resto de los jóvenes compartieron una leve sonrisa culposa con el chico moreno mientras terminaban el trayecto por el largo puente, ya que al final de cuentas, el orden de las cosas indicaba que Hiccup tenía que ser pésimo en todo lo que intentara, y nada de eso podría cambiar.
–Ya verán, en el entrenamiento de mañana todo habrá vuelto a la normalidad.
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Esa noche fue una muy húmeda. Las lluvias torrenciales habían pasado y dejado una fría llovizna que continuaba enlodando los caminos de la aldea vikinga de Berk, provocando que las botas de sus habitantes, se llenara de fango y suciedad a como se hundían en el lodo. También les complicaba a los gemelos Haddock escurriese entre las casas y callejones para no ser vistos por los encargados de la guardia nocturna.
De nuevos lo hermano recurrieron a la necesidad de hacer una visita noctámbula a la arena, con la intención de corregir el error de Hiccup de aquella tarde. El muchacho en un principio planeó hacerlo solo, retirar a la anguila y regresar a casa antes de que alguien lo descubriera, pero Honey le sugirió que todo el tiempo que el dragón quedo atrapado con la anguila en su jaula pudo haberse lastimado al asustarse; era mejor que ella lo acompañaría por si las dudas.
De nuevo, corrieron con la suerte de encontrar la arena completamente sola y sin ningún tipo de seguridad en la entrada.
–Ten cuidado cuando abra la puerta –comentó Hiccup a su hermana con las manos en la pesada palanca que controlaba los seguros de las puertas dobles de roble de la jaula –, la última vez que lo dejaron salir provocó una explosión. No sabemos cómo reaccionara ahora.
Honey asintió con la cabeza dando unos pasos hacia atrás y apretando la banda de su bolso con ambas manos.
Usando todo el peso de su cuerpo (que no era mucho), Hiccup logró empujar la palanca provocando que los barrotes que servían como seguros a las puertas se retiraran, dejando que éstas se abrieran levemente. Los hermanos esperaron unos segundos por alguna reacción desde el interior de la jaula, pero nada sucedió. Animándose a mirar por la pequeña rendija que se formó entre las dos enormes puertas, asomaron sus cabezas expectantes por algo que les indicara que sucedía adentro.
La pequeña prisión de piedra estaba completamente sumergida en las sombras y nada parecía habitarla, hasta que de repente escucharon un leve siseo como el de una serpiente. Cuando los ojos de los gemelos se acostumbraron a la oscuridad, estos pudieron distinguir la silueta del dragón de dos cabezas aún aplastado contra la pared contraria. En el suelo, la anguila seguía exactamente donde Hiccup la había lanzado esa misma tarde.
–Lo… lo siento mucho –masculló el chico con pena empujando las puertas para poder entrar a la jaula, el zippleback bufó ante su presencia con ambas cabezas. No estaba para nada feliz con él.
–Debería darte vergüenza, Hiccup –dijo de repente Honey detrás de él con clara indignación en su voz, para luego adelantarse y sin ningún miedo aparente al dragón, tomó la anguila del suelo y se la lanzó a su hermano –. Saca esto de aquí.
Hiccup la miró levemente pasmado por un momento con la morena en manos, pero con una rotunda mirada de su gemela, acató a la orden y lanzó la anguila fuera de la jaula sobre su hombro.
–Listo se fue la fea anguila, ya puedes… –comenzó a decir Honey volviéndose con seguridad hacía el dragón con las manos en su cintura, pero antes que terminara de darse la vuelta, una de las cabezas del zippleback se presionó contra su cuerpo, siseando con suavidad y no con amenaza. Por un leve segundo la gemela se quedo paralizada ante el repentino contacto, pero luego le fue imposible no sonreír –. Vaya, no me esperaba una respuesta tan rápido –comentó la chica a su hermano poniendo ambas manos, una a cada lado, de la cabeza que se frotaba contra ella.
–Creo… que está agradecido –intuyó Hiccup ante el comportamiento de la bestia, aproximándose lentamente tanto a su hermana como al dragón. Éste no le gruñó más, en cambió con su cabeza comenzó a olfatearlo de arriba abajo.
–O agradecida –agregó Honey dando un abrazo a una de las cabezas –. No sabemos exactamente que es –dijo antes de soltar una leve risita que provocó una sacudida en el dragón. Nunca en su vida de cautiverio había oído reír a un humano, a Hiccup le pareció que le gustaba.
El muchacho asintió con la cabeza, antes de extender su mano hacia la otra cabeza del dragón, la cual no tardó nada en entrabar contacto con él.
–¿Me perdonas? –le preguntó el chico completamente arrepentido frotando la nariz del zippleback con su palma. No pudo evitar imaginarse que habría sido si alguien atrapaba a Toothless igualmente con una anguila. Nunca se lo hubiera perdonado.
Debía manejar sus nuevos descubrimientos con cuidado.
Como respuesta a sus caricias, esa cabeza del dragón comenzó a lamerlo indiscriminadamente por todo el cuerpo hasta hacerlo caer al suelo de las cosquillas que le generaba. La otra cabeza se unió al juego y pronto las dos atacaron al chico caído, sin dejarlo ponerse en pie. Honey solo pudo reír ante las carcajadas y suplicas de piedad que soltaba su hermano.
Chapter 27: Dones ocultos
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Dones ocultos
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Tuffnut había tenido suficiente. Generalmente, el joven gemelo rubio podía jactarse de tener una buena resistencia al dolor y hasta en cierta forma lo disfrutaba; pero ya habían pasado varios días y sus últimas heridas estaban poniendo a prueba sus límites. La cortada en su brazo y los dientes clavados en su trasero por el zippleback, no cerraban y le causaban mucho, pero mucho dolor. Su cuerpo había logrado eliminar sin problemas la ponzoña del veneno del dragón de su organismo, pero el hecho que las heridas no sanaran comenzaba a preocupar a su hermana.
Temía por una infección, que aquel mundo barbárico, una herida no atendida era una sentencia de muerte.
Pero como todo típico macho vikingo, para Tuffnut el dolor era sobre estimado y su hombría pesaba más que el sufrimiento que lo estaba aquejando. Ruffnut tuvo prácticamente arrastrar a su hermano por la mitad de la aldea hasta la choza temporal de los curanderos en una esquina de Berk, ya que creía no tener la energía necesaria para llevarlo hasta el hogar de Gothi, en uno de los picos más altos de la isla, especialmente con su hermano gimiendo y pataleando.
–¡Quieres… dejar de clavar tus uñas en la tierra! –soltó Ruffnut entre gruñidos sujetando los tobillos de Tuffnut a cada lado de su cintura. Su querido gemelo estaba panza al suelo y tratando de detener el avance clavando sus manos lo más profundo que podía en la tierra húmeda.
–¡No! –gruñó Tuffnut con necedad –. ¡No necesito que vea un curandero, maldita sea, estoy bien! Hasta puedo correr, saltar y danzar como siempre… solo de momento no quiero –aclaró cruzando sus brazos sobre su pecho dándole oportunidad a su hermana de acercarlo un poco más a su objetivo.
–A veces eres… un… verdadero pelmazo –gimió Ruffnut ante el constante esfuerzo. Con sus últimas energías, logró meterlo dentro de la choza antes de soltar indiscriminadamente sus piernas.
–¡Auch! ¡Hey, cuidado! –se quejo Tuff abrazando sus piernas sin levantarse del suelo –. No vez que estoy herido.
–Llorón.
Ruffnut echó un rápido vistazo a la choza buscando a la vieja mujer curandera. El lugar consistía una gran habitación decorada con miles de es estandartes, pieles, huesos y otros artilugios que colgaban de las paredes. Había plantas, hierbas y arbustos secos por todos lados, en el suelo y en las mesas, y el intenso aroma a ungüentos, pasto recién cortado y grasa de yak inundaba el cuarto. Un pedazo grande piel maltratada de algún animal separaba la sala principal del cuarto trasero que servía de almacén.
El lugar estaba completamente solo.
–¡Hola! –llamó la joven rubia incluso con un poco de duda –. ¡¿Hola?!
Estaba por maldecir su suerte e imaginarse a sí misma arrastrar el trasero adolorido Tuff colina arriba hasta la choza de Gothi, cuando de detrás de la cortina salió la pequeña Honey con varios tarros en sus manos.
–Oh –soltó la chica castaña viendo a ambos gemelos en medio de la habitación –. ¿Qué hacen aquí?
–¡¿Qué hacemos nosotros aquí?! ¡¿Qué haces tú aquí?! –contestó sin pensar Tuff aún tirado en el piso, indicado a Honey amenazadoramente con un su dedo índice.
–Aquí trabajo –dijo la chica con desgana. Perdiendo el poco interés que pudo haber tenido por la repentina aparición de los gemelos Thorston; Honey se volvió hacia uno de los atiborrados anaqueles y acomodo uno por uno, los tarros que llevaba en sus manos.
–Estamos buscando a Gothi… –comenzó Ruff cuando fue interrumpida por su hermano.
–Habla por ti…
–¿No se encuentra? –continuó la gemela rubia como si nunca la hubieran detenida.
–No –respondió Honey sin siquiera volverse –, fue a ver a los Stevenson. Al parecer también sufren de la ronchitis roja.
Desde que había comenzado la temporada de lluvias, una fastidiosa enfermedad había caído sobre los Hooligans de Berk; consistía principalmente de una terrible irritación en la piel que adquiría con el tiempo un intenso color rojizo. Las principales molestias era una espantosa comezón por todo el cuerpo.
Ante la falta de su líder, Stoick the Vast, para calmar el auge de la gente, el pánico se había iniciado en los habitantes de la aldea y con el pasos de los días, comenzaban a murmurar que la enfermedad era una maldición de los dioses por dejar partir a sus fieros guerreros a una batalla inútil.
La realidad, era simple paranoia. El sarpullido se debía principalmente al aumento de un hongo en el heno debido a la humedad de las lluvias. Era tan común que sucedía todos los años y Gothi se aseguraba que hubiera suficiente ungüento contra picaduras para la temporada. Solo la histeria de la gente hacía el problema mucho más grande de los que en realidad era.
–Me lleva la chingada –masculló Ruffnut pataleando el suelo –. Muy bien, bro. Voy a arrastrar tu mal oliente trasero hasta los campos de los Stevensons.
–¿No están cerca de donde crecen las zarzas venenosas? –comentó Tuff sin mucha preocupación, mientras su hermana se ponía en posición y comenzaba a carga de nuevo sus tobillos.
Honey los miró sobre su hombro a como Ruff comenzaba a arrastrar el cuerpo de su hermano fuera de la choza poco a poco. Podía notar el cansancio de la pobre gemela rubia y solo podía intuir lo que estaba pasando su hermano. Honey se debatió si debía dejarlos simplemente marcharse; al final de cuentas nadie tomaba en serio sus capacidades curativas, pero aún así se apiadó de ellos y les dijo:
–¿Qué es lo que sucede? Tal vez… yo pueda ayudarles.
Los gemelos Thorston se detuvieron un momento para volverse hacia la chica Haddock, antes de estallar en unas exageradas carcajadas.
–¡¿Tú?! ¡¿Ayudarnos?! –rió Ruff con fuerza sujetándose el vientre y dejando caer las piernas de su hermano.
–¡Auch! ¡Solo si quisiera ponerme peor! –agregó Tuff sacudiéndose en el suelo.
Honey soltó un bufido ante sus burlas y les dio nuevamente la espalda, como si algo muy interesante estuviera en el anaquel junto a ella.
–¡Bien! –dijo sin siquiera verlo, pero marcando su coraje en sus palabras –. ¡A mí que me importa! ¡Ruff puedes arrastrar a Tuffnut todo el camino a la granja de los Stevenson hasta el otro lado de la aldea, para que Gothi atienda la herida que yo misma me ofrecí atender hacer una semana y que él no quiso!
–¡¿Qué?! –soltó Ruff cortando de golpe sus risas, aunque su hermano continuaba destornillándose en el suelo –. ¿Pudieron haberte atendido el brazo hace mucho tiempo? ¡¿Y aquí me tiene como pendeja buscando quien te ayude?! –agregó subiendo gradualmente el tono de su voz –. ¡Hijo de puta! –gruñó la gemela rubia propinándoles varias patadas a su hermano en el suelo.
–¡Auch! ¡Estoy herido! ¡Para! ¡Y es tu mamá también de la que hablas! ¡Auch!
Uno de los golpes de Ruff terminó justo contra la herida que sobresalía de su brazo, el fuerte impacto ocasionó que la costra se soltara y viscoso líquido verde se escurriera de la misma.
–¡Arg! ¡Asco! –gritó la gemela rubia apartándose de un brinco de su hermano –. ¡Carajo, te estás echando a perder!
–La cosa verde no es buena ¿verdad? –comentó Tuff sujetándose el brazo y mirando casi con desesperación a las dos chicas en la choza.
A pesar que los gemelos se habían burlado despiadadamente de ella hacía apenas unos minutos, y realmente no tenía el menor deseo de ayudarlos, Honey hizo tripas el corazón y dejo todo lo que estaba haciendo para hincarse junto a Tuff en el suelo y examinar su herida.
Solo le basto un vistazo para confirmar sus sospechas… se había infectado.
–¡Hey! ¡Chingado, duele! –soltó Tuff mientras trataba de apartar su brazo de las manos de Honey.
–¡Claro que duele, tonto! –dijo chica con tal fuerza que dejo paralizados a ambos gemelos Thorston –. ¡Necesita ser tratada inmediatamente! –agregó poniéndose de pie de un brinco. En un par de pasos, bajo los curiosos ojos de Ruff y Tuff, Honey recorrió toda la choza recolectando el material necesario para sanar la herida de chico.
Una vez que tenía todo en manos, volvió a suelo junto al gemelo Thorston y comenzó a limpiar la herida con un pedazo de lienzo húmedo. Una leve punzada de dolor provocó que el joven rubio tratara de apartar su brazo nuevamente, pero para aumentar más su sorpresa, Honey lo sujetó con fuerza de codo manteniéndolo en su lugar.
En menos de un minuto, la gemela castaña había limpiado por completo la herida de Tuff y le aplicaba un ungüento especial para adormecer los músculos.
–Wow –se le escapó a Ruff que observaba con detenimiento todo el trabajo de Honey –. ¿Cómo lograste que se viera mucho mejor tan rápido?
–Solo requiere de los cuidados necesario, eso es todo –contestó Honey sin ponerle mucha atención en lo que preparaba una cataplasma.
–¿Y no te da asco?
–He visto y tocado cosas peores.
Una que terminó de preparar la cataplasma, Honey la colocó sobre la herida y para el impactó de Tuff, no le dolió en lo más mínimo.
–No sentí eso –soltó pasando su mirada de su brazo a la chica que comenzaba a vendarlo –. ¿Por qué no me dolió, carajo? ¡¿Qué me hiciste, mujer?! ¡¿Acaso mastates mi brazo?! –le preguntó con pánico sacudiéndola de los hombros.
–¡No! –dijo Honey quitándose las manos de Tuff de encima –. Es el efecto del ungüento de la rices de Thor. Adormece los músculos y elimina los dolores.
–No sabía que eso se podía hacer con la raíz de Thor –comentó Ruff despistadamente, aunque era sorprendente que supiera algún uso de tal hierba.
–En realidad yo lo descubrí –les informó Honey muy casualmente mientras recogía todo lo que había utilizado del suelo y se levantaba para dejarlo en la mesa más cercana –. Este ungüento es de mi propia invención.
–¿Tú lo hiciste? –insistió Ruffnut sin poder creerlo –. ¡No jodas!
–Quien diría que estos niños Haddock fueran todo un saco de monerías –agregó Tuffnut levantándose también del suelo y sacudiéndose la tierra de sus ropas.
Honey los miró levemente sobre su hombro sin mucho interés, aunque entendía perfectamente a que se referían. Justamente esa misma mañana, en el entrenamiento contra dragones, Gobber había puesto a los chicos de nuevo contra el gronckle y para sorpresa e impacto de todos, Hiccup había logrado detener al dragón levantando solo su puño contra su nariz.
Ante la mirada impresionable de los jóvenes aprendices y la vista del viejo guerrero, el acto del gemelo Haddock pasó como un golpe directo a la nariz del dragón noqueándolo, cuando la realidad había sido otra y menos impresionante.
Honey descubrió casi inmediatamente que era otro de los trucos aprendidos de su hermano en su tiempo con Toothless; al parecer había descubierto un extraño pasto que parecía poseer efectos adormecedores en los dragones. La chica ignoraba los hechos que llevaron a su hermano a tal descubrimiento, ya que Hiccup se negó en revelárselo. Comenzaba a sospechar que él traía algo entre manos, que no quería decirle. Pero Honey estaba segura que pronto lo descubriría.
Por mientras, tenía más interés en conseguirse un poco de tal arbusto para sus experimentos.
–No saben mucho de nosotros ¿verdad? –fue lo único que contestó Honey al respecto haciéndose la misteriosa. Pero su comentario provocó un falso circuito en los cerebros de los gemelos Thorston, cuya expresión se quedo pausada en total confusión.
–Eh…. ¿Es una pregunta capciosa? –balbuceó Tuffnut solo por hablar.
–Olvídenlo –se apresuró en agregar la chica de cabellera castaña antes de terminara frustrada con las tonterías de los Thorston –. Debes mantener el vendaje al menos tres días, después regresa para cambiarlo por uno nuevo. Seguiremos el mismo tratamiento hasta sane por completo –le explicó con calma tratando de ser lo más clara posibles, no quería subestimar los impulsos de idiotez de los gemelos rubios –. ¿Hay algo más que pueda hacer por ustedes?
–Bueno… –masculló Ruff lanzándole una mirada al trasero de su hermano.
–Tengo unas mordidas de mierda en el trasero… –explicó Tuff rascándose la nuca provocando que se ladeara un poco su casco. Pero antes de que terminara su oración, Honey le lanzó un pequeño cuenco sellado con cera, que éste alcanzó a arraparlo antes de que cayera al suelo.
–Eso es para las mordidas –les explicó Honey con una sonrisa picara y sus manos en las cintura –, aplícalo tres veces al día.
–¿Acaso no vas a…?
–He visto muchas cosas feas en esta choza, pero una de esas no será el trasero Tuffnut.
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Una horas después, cuando el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte y la cena era servida en el gran comedor, los chicos que participaban en el entrenamiento contra dragones, se habían reunidos en una de la mesas más retiradas de la multitud y donde tenía una perfecta vista de su objetivo, los gemelos Haddock, que comían en solitario unos metros aparte de ellos.
–No les creo –comentó Snotlout ante las palabras de los gemelos Thorston pasando la vista de estos, a sus primos en la otra mesa –. Están tratando de tomarnos el pelo.
–Da-ha… –soltó Ruffnut sacudiendo su cabeza –, es la pura verdad.
–¿Y por qué razón querríamos por la que queramos tu pelo? –comentó a su vez Tuffnut quien estaba sentado a un lado de su hermana –. Es grasoso y lleno de piojos.
Los gemelos rubios no habían perdido ni un segundo en relatarle al resto de su pandilla de amigos todo lo sucedido en su pequeña visita en la choza de los curanderos, ya que aunado al comportamiento que tenía Hiccup en la arena, lo que habían descubierto de su hermana los tenía intrigados.
–¿Pero se dan cuenta de lo que están diciendo? –agregó Astrid cuestionándose el nivel de entendimiento de los gemelos Thorston.
–¿Es que no escuchaste que dije: Da-ah? –gruñó Ruff con la manos en la cintura y dirigiéndose solamente a la chica rubia –. En serio Astrid, te estás quedando sorda.
–Je je je –se burló su hermano –. Sorda.
Astrid no demoró ni un segundo en darle un puñetazo a cada uno en el hombro, aunque tuvo que estirarse sobre la mesa para alcanzarlos.
–Entonces, Honey es quien prepara todos los remedios de Gothi –comentó Fishlegs con interés y curiosidad ante tal revelación. Todos en Berk conocían las capacidades curativas de la anciana curandera y descubrir que parte de esa gloria era a causa de la Honey Haddock era todo un descubrimiento inesperado.
–Al menos es lo que ella nos dijo –aclaró Ruff encogiendo los hombros; por su parte el interés que ella tenía sobre la gemela pecosa se debía principalmente en como ayudó a Tuffnut –. Honey es una enana y flacucha, pero no parece una sucia mentirosa para engañarnos.
–Además, hizo que mi brazo sanara rápidamente –añadió Tuff sacudiendo su brazos de un lado a otro como si fuera una anguila en el agua –. Es genial ¿verdad? –pero su alegría duro poco, cuando su hermana aprovechó para golpearlo justamente sobre su vendaje –. ¡Auch! ¡No, carajo! –gruñó sujetándose la herida.
–Sin olvidar que en menos de un día –comentó la gemela rubia entre risas –, el trasero de Tuffnut ha mejorado bastante.
–¡Miren! –dijo su hermano subiendo un pie sobre el asiento y comenzado a sacudir su trasero en el aire en lo que realizaba la danza de la victoria.
Astrid, Fishlegs y Snotlout, que se encontraban sentados de otro lado de la mesa simplemente lo observaron con miradas perturbadas y de disgusto, sin saber exactamente cómo reaccionar ante la recuperación de las posaderas de Tuff.
–Lo patee varias veces antes de venir aquí y como si no tuviera ni madres –continuó Ruff señalando el trasero que se sacudía justo al lado de ella.
–¿Estás diciendo que Honey revisó tu trasero? –dijo de repente Fishlegs tratando de no tener la imagen mental de las posaderas desnudas del gemelo.
–Eh… no –contestó éste terminando su baile –. Pero lo que me dio funcionó de puta madre –agregó encogiendo los hombros.
–Además, si Stoick se enteraba que su hija vio tu trasero desnudo –explicó Astrid sin poder evitar que una sonrisa picara se dibujara en sus labios –, es probable que te lo cortara y lo exhibiera en la pared como advertencia.
Todo mundo sabía exactamente lo sobre protector que era Stoick the Vast sobre sus hijos, y especialmente del contacto con pequeña y única niña.
–Es un alivio –dijo el gemelo rubio secándose el sudor de la frente –. Estoy muy encariñado con él, aunque estoy seguro que sería un perfecto ornamento decorativo –añadió complacido consigo mismo.
–Wow. Eso quiere decir que también Honey tiene sus secretos –comentó Fishlegs cambiando sutilmente el tema.
–¿Secretos? ¿Cuáles secretos? –soltó Snotlout plantándose contra el chico regordete y dando unas manotadas sobre la mesa, haciendo sacudir los platos sobre ésta –. ¡No hay nada de sorprendente en lo que han hecho!
–Tienes que admitir que lo hace Hiccup en la arena ha sido de puta madre –dijo Ruff.
–Y en tus propias palabras aseguraste que era solo un golpe de suerte –agregó Astrid.
–¡Sé lo que dije! –gruñó el muchacho fornido cruzando sus brazos sobre su pecho –. No necesitas recordármelo.
Todo el asunto de Hiccup mejorando notablemente en la arena especialmente, más que él, estaba comenzando a sacar a Snotlout de quicio. Él prefería que sus primos fueran los mismos patéticos e inútiles chicos con lo que siempre se sintió superior, no esta repentina versión de ellos como talentos ocultos.
Pero no se le podía culpar de todo eso a Snotlout, parte la tenía la tenía su padre. Spitelout era medio hermano por lado materno del jefe Stoick, su parentesco en sangre los vinculaba como familia, pero no en herencias. Solo Stoick era hijo del jefe y líder Escardio “The big and brute bear”, por lo tanto su línea familiar era la única que contaba para heredar el trono de Berk.
Eso dejaba a Spitelout, y también a Snotlout, lejos pero al mismo tiempo cerca de tal honor. Era por ello, que Spitelout como cabeza de la familia Jorgenson, se había asegurado de volver a su clan el más fuerte y respetado de todo Berk. De ahí provenía la fanfarronería y altivez del joven Snotlout.
–¿Tu qué opinas, Astrid? –dijo Fishlegs volviéndose a la chica a un lado de él.
La joven rubia captó por completo su pregunta pero aún así eludió su mirada. Astrid aún no estaba segura de cómo sentirse con este nuevo descubrimiento sobre Hiccup. El chico dulce e inocente pero completamente inútil era la cara normal que ella conocía de él y de la que estaba acostumbrada; el saber que tuviera un talento oculto para enfrentar a los dragones la hacía sentir un poco…
–Creo que hay algo más… más de lo que estamos viendo –dijo casi en susurro.
–Alguien esta celosa… –soltó Tuffnut en burla, adivinando las dudas en el corazón de Astrid –. ¡Auch! –agregó inmediatamente ante el fuerte puñetazo que la rubia le propinó indiscriminadamente –. ¡El brazo, Astrid!
–Si aprendieras a cerrar tu bocota, imbécil.
–Tal vez… –balbuceó Snotlout rascándose las cines – sea todo un truco…
–¿Y si el truco ha sido engañarnos todo estos años de que eran un par de ineptos, cuando en realidad son dos mentes brillantes con talentos incomprendidos esperando el momento para deslumbrar? –comentó Tuffnut con suspenso dejando pasmado a los demás chicos en la mesa.
–¿Has bebido hidromiel? ¿Verdad? –dijo Astrid perdiendo la paciencia.
–Tal vez Tuffnut tenga razón –añadió Fishlegs teniendo una idea –. Chicos, que tal si en realidad son dones…
–Solo hay una manera de averiguarlo –fue interrumpido por Snotlout quien no pudo soportarlo más.
Se levantó de su asiento y seguido solamente por Tuffnut y Ruffnut, caminó hasta la mesa donde comían en solitario sus primos, uno junto al otro, en el típico silencio de no ser notados por nadie.
–¡Hiccup, Honey! –dijo Tuffnut siendo el primero en llegar hasta su mesa –. ¿No están ocupados estos asientos? –y sin esperar respuesta se sentó justo a un lado de Hiccup, en lo que Ruff lo hacía junto a Honey. Snotlout tomó el sentó frente a todos.
–No… –alcanzó a balbucear Hiccup sorprendido, en los que los tres chicos recién llegados clavaban sus miradas en ellos y le sonreían muy extrañamente.
–Perfecto… –añadió Ruff alargando más su sonrisa.
Malos recueros vinieron a la mente de los gemelos Haddock, donde tal comportamiento de los gemelos Thorston o de Snotlout presagiaba alguna broma pesada.
–¿Eh? ¿Qué están haciendo? –comentó Hiccup dejando sus alimentos.
–Duh –dijo Ruff –. Acompañándolos.
–¿Por qué? –soltó Honey a la defensiva.
–¡Hey, somos amigos! ¡Y los amigos se hacen compañía!
–No.
–La verdad es que hemos descubierto su treta –soltó de repente Tuffnut pasando un brazo sobre los hombros de Hiccup.
En horror, el muchacho pecoso cambió una miradas con su hermana antes de mascullar todo nervioso:
–¿Treta? ¿Cuál treta?
–La que han realizado todos estos años –añadió Tuff –. ¿Pesaron que no nos daríamos cuenta? Creyeron mal, nuestros ojos los están vigilando…
–¿Eh…?
–Wow, son buenos.
–¡Ya fueron suficiente bazofias! –interrumpió Snotlout perdiendo la paciencia –. ¡Más vale que digan con un carajo…! –dio de nuevo un fuerte golpe contra la mesa provocando que parte de la sopa cebolla de Hiccup salpica su túnica.
El chico moreno se detuvo de golpe, en lo que la mirada de los demás adolecentes en la mesa se posaban solamente en las gotas de sopa en la ropa de Hiccup.
–Uhhhhhh… –murmuró Tuff –. Eso es un reto.
–¿Reto? ¿Reto de qué? –se apresuró a preguntar Hiccup mirando en todas direcciones.
–Sino lo aceptas eres una gallina –dijo Ruff confundiendo aún más a los gemelos Haddock.
–En el nombre Thor ¿De qué están hablando? –soltó Honey sin comprender.
–No hay vuelta atrás, joven Hiccup debes enfrentar tu destino…
–¿Destino? ¿Cuál destino?
–No te preocupes yo te ayudo –sentenció de ultimo Tuff, tomando la cuchara del palto del muchacho y usándola como catapulta para lanzar una descarga de sopa contra el rostro de Snotlout.
Como si el tiempo se detuviera, todos los de aquella en la mesa y las contiguas, contuvieron el aliento en lo que se imaginaba que estaba a punto de suceder. Snotlout se levantó de su puesto, apretando los puños antes de soltar un alto grito que cubrió todo el gran salón:
–¡PELEA DE COMIDA!
La locura se desató. En menos de treinta minutos, la más furiosa y desenfrenada batalla de comida se apodero de todos los comensales del gran comedor. Nadie estuvo exento de recibir un buen pedazo guiso contra el rostro o una barra de pan contra la cabeza. Aquellos que no fueron golpeados con piernas de pollos o pedazos de Yak fueron los más afortunados. El viejo Mildew trató de detener el enfrentamiento con sus contantes peroratas, pero los gemelos Thorston se aseguraron de callarlo dejándole caer un caldero sobre su cabeza. Como lo lograron, nadie los sabe.
Y tan repentinamente como inició, el enfrentamiento acabo. Las puertas del gran salón se abrieron de par en par, en lo que los vikingos comenzaron a salir cubiertos de pies a cabeza de comida, pero riendo como dementes.
Fishlegs fue el primero de los chicos en aparecer de las puertas, completamiento cubierto de un aderezo en salsa de Yak.
–Quien diría Fishlegs, que el Yak combinaría con tus ojos –dijeron lo gemelos Thorston saliendo detrás de él y riendo a carcajadas, en lo que se sacudían la harina del cuerpo.
El chico regordete soltó un gran suspiro antes comenzar a descender las largas escaleras. Poco después, Astrid salió del gran salón con el cabello cubierto de pastel de manzana.
–¡Juro que cuando descubra al hijo de puta que se atrevió…! –gruñía furiosa para sí en lo que siguió a Fishlegs escaleras abajo hacia la aldea.
Unos instantes después, Hiccup y Honey hicieron su aparición por las puertas, el muchacho con diferentes manchas de alimentos y una barra de pan que sobresalía del cuello de la túnica; mientras su hermana tenía varias piezas de pollo en el cabello y las manos cubiertas de pastel de manzana.
–De acuerdo –dijo Hiccup dejando caer sus brazos a sus costados –. No tengo idea de que acaba de pasar.
– Yo tampoco –contestó su hermana chupándose los dedos –, pero los pasteles de manzana estaban muy deliciosos.
Snotlout apreció de último, con un cuenco con sopa de cebolla como casco sobre su cabeza. De la nada, puso sus brazos sobre los hombros de sus primos, quienes sus rodillas se doblaron ante el peso de su cuerpo.
–¡Vaya eso fue grandioso! –dijo con una gran sonrisa.
–¿En serio? –comentó Hiccup sin poder creer lo que sus oídos estaban escuchando.
En cambio, Honey lo miraba con recelo.
–Hiccup para ser un escuálido y patético bicho, eso no estuvo nada mal –agregó de ultimo Snotlout recogiendo sus brazos y comenzando a descender las escaleras.
–Por todos los dioses, Snotlout… –masculló el gemelo pecoso sin saber cómo responder ante eso – gracias… creo.
–No vemos mañana en la arena –se despidió el muchacho moreno antes de dejar a los hermanos completamente solos en la entrada al gran salón.
–¿Qué rayos fue todo eso? –volvió preguntar Hiccup después de unos minutos de completa estupefacción.
–Creo… –le respondió Honey no muy convencida – que acabamos de convivir con chicos de nuestra edad…
Chapter 28: Las intenciones en el silencio
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Las intenciones en el silencio
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Hiccup estaba en problemas y lo sabía.
Cuando se propuso la noble tarea de ayudar a Toothless en retomar el vuelo, no tenía ni idea en que se estaba metiendo. Fue por ello que le había resultado tan fácil en un principio prometerle a Honey que no se involucraría demasiado con el dragón de ébano, cuando la realidad era mucho más complicada que eso.
En primer lugar le había tomado cariño a Toothless y eso era decir poco. Entre más convivía con él, el muchacho descubría más sobre la naturaleza de los dragones y su comportamiento. Poco a poco fue descifrando cada uno de los movimientos de su cabeza, la leve expresión de su rostro, la tensión en el resto cuerpo y aletas. El gemelo fue leyendo cada aspecto de la bestia hasta desarrollar una especie de comunicación única entre ambos. Hiccup sentía que entre más tiempo pasaba con Toothless, una conexión se creaba entre ellos, algo que no deseaba que no terminara una vez que el dragón regresara con los suyos.
En cierta forma, el gemelo pecoso se engañaba a sí mismo diciéndose que Toothless lo necesitaba, cuando en realidad era él quien se volvía dependiente del otro.
Hiccup siempre había sido un chico sumamente solitario, muy poca veces contó con amigos durante su infancia y la mayoría del tiempo solo convivía con hermana gemela. Claro, el muchacho estaba muy agradecido de la existencia de Honey en su vida y su apoyo incondicional, pero a diferencia de ella, Hiccup no era una persona que conformaba con el afecto de pocos o solo por los de su familia… buscaba ser parte de algo más grande. En Toothless encontraba esa satisfacción, ese propósito en su vida… surcar juntos los cielos… tener un amigo incondicional.
Sabía que Honey se enfadaría si se enteraba de lo que estaba planeando, y sin medir las implicaciones de sus propios actos, el muchacho comenzó el desarrollo de una silla que le permitiera montar al dragón de ébano como los vikingos de las tierras natales montaban caballos.
Su trabajo no resultó fructífero a la primera, sus primeros prototipos eran difíciles de utilizar o incluso no se adaptaban adecuadamente al cuerpo de Toothless; además del hecho que el dragón decidiera que era tiempo de jugar cada vez que Hiccup intentaba ponerle la silla, no ayudaba con sus pruebas.
El gemelo tuvo que rediseñar su proyecto varias veces y daba gracias a los dioses por el brote de ronchitis roja que mantenía a Honey ocupada a las órdenes de Gothi lo cual le dejaba el campo (o más bien la ensenada) libre para probar su nueva creación que le permitiría a Toothless emprender el vuelo. Esos momento de compañía no solo le permitió al chico fortalecer su vinculo con el dragón, que poco a poco se ganara su confianza, sino que también para hacer grandes descubrimientos.
Ahora sabía que los dragones poseían un punto débil en el cuello el cual no alcanzaba por sí solos, pero si uno rascaba ese lugar exacto de sus cuerpos, estas bestias caían rendidos a sus pies. Lo que daría cualquier vikingo del archipiélago barbárico conocer tal debilidad de su enemigo, pero no era intención de Hiccup compartir el secreto. Además, también estaba el extraño pasto que les fascinaba en olor, le cual había bautizado como la hierba dragonica o dragonip, que provocaba efectos adormecedores en las bestias escamosas.
Aquellos grandiosos descubrimientos fueron otorgándole cierta la ventaja a Hiccup en la arena a comparación del resto de sus compañeros en entrenamiento, y al mismo tiempo, comenzando a ganarse la admiración de ellos. Pero no terminaba ahí, ya que como los vikingos eran bocas flojas, pronto la aldea se llenó de rumores sobre su gran y sorpresiva mejora, tanto que la gente intuía que el muchacho poseía algún don o una bendición de los mismo dioses.
Pero Hiccup y Honey, sabían la verdad. El muchacho estaba haciendo trampa y éste se sentía aprensivo al respeto. No estaba seguro cuanto tiempo podría continuar con la mentira o que alcances ésta tendría, pero sabía que debía idear algo pronto. Honey no dejaba de recordárselo y aunque era completamente consciente de que ella tenía la razón, una pequeña y diminuta parte de él disfrutaba la atención que recientemente había adquirido.
Se sentía bien que la gente rumoraba cosas positivas sobre él para variar, que los demás chicos de su generación no fueran tan malo con él; aún era víctimas de las bromas de los gemelos Thorston y recibía uno que otro golpe por parte de Snotlout, pero eran el típico comportamiento adolecente y en cierta forma eso lo hacía sentir por un momento parte del grupo. Incluso Honey salía beneficiada de su repentino éxito, ya que también su presencia era aceptada por los adultos, quienes esperaban descubrir que dones secreto tendría la muchachita o que tanto se asemejaría al de su hermano.
Su creciente popularidad también venía con un efecto negativo, ya que a Hiccup le estaba resultando difícil escabullirse al bosque o pasar inadvertido. Incluso el trabajar en la silla de Toothless en la herrería de Gobber se volvió un dilema ante las constantes interrupciones que solía sufrir. Una tarde en particular, para su gran sorpresa, fue justamente Fishlegs el que interrumpió su proyecto secreto.
En esa ocasión, Hiccup había esperado el momento en que Gobber lo dejara solo en la forja para tener un poco de privacidad para trabajar en sus últimos retoques a la silla, pero tan pronto colocó el pedazo de cuero sobre la mesa de trabajo, un golpe y el sonido del metal chocando entre sí, justo detrás de él, provocó que el corazón del muchacho diera un vuelco de trescientos sesenta grados.
Hiccup se volvió de golpe para toparse justamente con el muchacho regordete rubio con las piernas atorada entre varias piezas de metal y armas sin afilar, con las cuales había tropezado al intentar entrar furtivamente a la herrería.
–¿Fishlegs?
–¡Hiccup! –dijo el muchacho rechoncho completamente avergonzado por haber sido descubierto, mientras tenía problemas para mantener el equilibrio con todo los trozos de metal entres sus cortas piernas.
–En nombre de Thor ¿Qué estás haciendo?
Pero antes de que Fishlegs pudiera responderle, éste finalmente perdió el equilibrio y cayó estrepitosamente al suelo, haciendo que todas barras de metal rodaran por sus alrededores. El chico rubio quedo de panza al suelo y sin más que hacer, que sonríele al gemelo pecoso.
Hiccup soltó un suspiro en resignación antes de inclinarse para ayudarlo a ponerse de pie.
–¿Por qué habrán… –trató de decir Fishlegs apoyando su enorme peso en el escuálido cuerpo de Hiccup al intentar levantarse – por qué habrán dejado tanto metal suelto por el suelo? –ya una vez de pie, se sacudió la tierra de sus ropas de piel de yak antes de soltar una leve sonrisa.
–Bueno, Fishlegs… –comentó Hiccup llevándose una mano a la nuca y la otra a su espalda. Había sentido un tirón en la columna al ayudar al chico regordete a ponerse de pie – esto es una herrería, es normal que el metal se encuentre por todas partes.
–¡Sí, tienes razón! –respondió rápidamente Fishlegs avergonzado antes de volver a soltar una risa nerviosa, que pronto terminó en un silencio incomodo.
Por casi un minuto ambos chicos no se dirigieron la palabra en lo que evitaban realizar contacto visual uno con el otro. Completamente nervioso, Fishlegs frotó uno de sus brazos y pateó el suelo, en lo que Hiccup volvía a rascarse la nuca.
Era una pena que los dos chicos, que habían sido muy buenos amigos de niños, ya no tuvieran nada más que decirse el uno al otro. Cuando Hiccup era pequeño (bueno, más pequeño) su vida no era tan pesado como lo fue en los años posteriores, ya que en cierta forma se ansiaba a que su pequeño cuerpo creciera dentro de los estándares y dejara de ser tan flaco como los huesos de pescado; pero cuando esa esperanza se fue perdiendo con los años venideros, el gemelo fue convirtiéndose el marginado que todos conocían.
Pero regresando a su infancia, Hiccup no era tan rechazado o marginado por sus semejantes, incluso podía convivir más fácil con otros niños y, él y Fishlegs eran los mejores amigos. Hacían todo juntos, desde juegos con complejas reglas, hasta largas exploraciones en el bosque que ponían a Stoick de nervios. Incluso, esos los años fueron cuando Honey y Astrid eran buenas amigas, por lo que en realidad los hermanos Haddock pasaban más tiempo separados el uno del otro.
Igualmente como había sucedido con Honey, Fishlegs terminó dando le espalda a su amistad; el titulo de marginado que cargaba Hiccup había sido demasiado para el muchacho rubio que fue consumido por el deseo de encajar. En cierta forma, Fishlegs y Hiccup eran muy parecidos, no solo porque ambos buscaban la aceptación de los demás, sino también porque no encajaban en el estándar de lo que era conocido por vikingo, el gemelo pecoso por su aspecto físico y Fishlegs por su cobardía e inseguridad.
–¿Y? –dijo de repente Hiccup sin poder soportar más en aquel silencio incomodo.
–¿Y? –soltó a su vez Fishlegs sin comprenderlo.
–¿Qué es lo que trae por aquí?
En un abrir y cerrar de ojos, las regordetas mejillas de Fishlegs se pintaron de color rojizo.
–Ah… eh yo… solo quería… –balbuceó como un tonto en lo que frotaba sus manos enérgicamente y sus ojos deambulaban por los alrededores, evitando los verde esmeralda del gemelo Haddock –. ¿Es eso una silla de montar? –agregó rápidamente cambiando de tema una vez que su mirada se enfocó en el proyecto secreto de Hiccup al fondo de la habitación.
Esa vez, fue Hiccup el que se puso nervioso y rojo como tonante, mientras Fishlegs corría hasta la silla de montar que yacía en la mesa de trabajo.
–Bueno… –masculló Hiccup con la mente totalmente en blanco.
El chico regordete examinó con detenimiento la silla de cuero, cada tira, medida y broche, ya que nunca había visto ninguna en persona y solo las concia de los viejos murales y pinturas sobre los antiguos guerreros de la tierras natales o de las leyendas de los dioses; cuando de repente una duda comenzó a formase en su cabeza.
–¿Para que necesitas una silla de montar si no hay caballos aquí en Berk? –le preguntó a Hiccup mientras éste intentaba inútilmente cubrir su trabajo.
El territorio de los peludos Hooligan se encontraba muy adentro del archipiélago barbárico que rara vez llegaban a tener contacto con la tierra firme del continente. Además, como ya se había relatado, las condiciones de la isla de Berk y sus escarpadas tierras no permitían la sobrevivencia de ciertos animales de gran tamaño como los caballos. Era por ello que generaciones de niños en la aldea nunca había conocido un animal cuadrúpedo para montar más grande que un jabalí o un yak.
–Eh… Es solo un proyecto que-que estado trabajando –soltó el muchacho castaño completamente frenético en sus inútiles intentos de ocultar la silla –. Quiero saber si puedo diseñar sillas de montar para… ¿para?... ¡Para intercambiarlas con el comerciante Johan en la próxima ocasión que venga! Sí, eso es –agregó a su mentira esperando que Fishlegs se la creyera a pesar de su tono inseguro y movimientos constantes.
–Eso… es un poco difícil ¿no lo crees? –dijo el chico regordete detectando otra falla en su lógica. Aunque Fishlegs era de la constitución física del vikingo normal, no tenía el temperamento de uno, pero había algo tenía a su favor, era más listo que el vikingo promedio –. ¿Cómo vas a determinar las medidas si no tienes un caballo cerca? –dijo pescando a Hiccup desprevenido –. Sin mencionar por la forma de este arnés, nunca se sujetara bien al pecho del animal.
–¿Qué? –masculló el muchacho volviéndose hacia la silla –. Es verdad. ¡Tienes razón Fishlegs era por eso que no estaba resultado! –dijo olvidando completamente los nervios y examinando emocionado con cuidado su trabajo –. Si quiero que se mantenga en su lugar debe cruzar justamente por el pecho.
Por el resto de la tarde, ambos chicos trabajaron juntos en un boceto claro que funcionara correctamente para montar a un animal cuadrúpedo. Hiccup dibujó sin dificultad varios diagramas y líneas sobre el papel, los cuales Fishlegs observaba y opinaba sobre el hombro del gemelo castaño. Por casi tres horas y miles de de prototipos dibujados y diseñados, ambos chicos terminaron con uno que convencía a ambos de cumplir el objetivo: era práctico, resistente y aerodinámico.
–Creo que tenía la idea tan viciada en mi cabeza que no veía lo que estaba mal –dijo Hiccup satisfecho contemplando el nuevo diseño en su tablón que colgaba de la pared.
–Suele suceder –comentó Fishlegs a su lado, igualmente satisfecho, imitando la postura de Hiccup con sus manos sobre su cadera.
–Gracias Fishlegs –añadió Hiccup con tal naturalidad y regalándole una sonrisa al chico rechoncho, como si nunca hubiera habido problemas entre ellos.
–Eh… de nada.
De nuevo, el silencio incomodo cayó entre ambos cuando se dieron cuenta de la realidad. Habrían permanecido así por varios minutos más, si no fuera que Fishlegs se armó de valor y finalmente dijo lo que tenía planeado desde que entró en la herrería en primer lugar:
–Lo siento, Hiccup.
–¿Eh? –dijo el muchacho pecoso desconcertado.
–A-A.. A eso vine –confesó Fishlegs –. A pedirte disculpas…
–¿Qué quieres…?
–¡Que fui pésimo amigo ¿de acuerdo?! –bramó Fishlegs con fuerza pero increíblemente sonrojado; su repentino arrebato fue tan intenso que provocó que Hiccup dieran unos pasos hacia atrás en falso y cayera de sentón contra varios barriles –. ¡Acepte los que todos decían de nosotros, que éramos un par de inútiles! ¡Tú por ser un marginado y yo por cobarde! Nunca seriamos verdaderos vikingos, pero al menos estábamos al mismo nivel tú y yo. –a pesar de la fuerza de sus palabras, el chico regordete comenzó soltar un par de lágrimas con cada una de sus palabras –. No debí tratarte como lo hice. Eras mi mejor amigo y yo solo te di la espalda, y para que, para ser el bufón personal de Snotlout y los gemelos.
Fishlegs dejo caer sus brazos a sus costados en lo que su mirada se perdió en el suelo. Hiccup se enderezó recuperando el equilibrio y contempló con aprensión al muchacho junto a él. Aunque entendía los profundos deseos de Fishlegs por encajar, no pudo evitar preguntarse a que se debía tal confesión:
–¿Qué fue lo que cambio? – se animó a preguntarle, imaginados una respuesta que probablemente no quería escuchar –. ¿Por qué me dices esto? ¿Es porque ahora la gente no me rechaza?
No fue su intensión, pero su tono de voz fue más duro de los que esperaba. Al igual que su aspecto, Hiccup no tenía la particular voz grave e intensa del vikingo, incluso cuando esta cambio con el inicio de la pubertad. Pero en aquella ocasión, había tal sentimiento y determinación en sus palabras, que fue tan amenazante como la de todo fiero guerrero de la aldea.
–¡¿Qué?! ¡No! –se apresuró a responder Fishlegs sacudiendo sus brazos completamente apenado y atemorizado –. ¡No, no, no!... Bueno, sí…. Más o menos.
Hiccup clavó sus ojos verde esmeralda en él de tal manera, que el chico rubio sintió como si pudiera ver a través de su alma. Un truco que había aprendido de Toothless.
–No quiero pedirte disculpas porque ahora eres popular y eso –explicó Fishlegs –. Sino… que toda esta situación me hizo pensar en lo que paso, lo mal que actué contigo. Estaba tan desesperado por encajar que estuve dispuesto a todo y lastime a alguien que nunca me rechazó por quien en realidad era. Y al final de cuentas nunca conseguí lo que buscaba, solo era otro cero en el grupo. Ahora los dioses le han dado un vuelco a tu destino y eres justamente de quien más hablan en la aldea y de buena manera, mientras que yo, sigo siendo ese cero a la izquierda. En realidad me lo merezco, y pensé… que al menos merecías una disculpa.
Por un instante ambos muchachos se miraron a los ojos y Hiccup pudo ver de primera mano el verdadero pesar de Fishlegs. El chico rechoncho sintió que su presencia ya estaba de más en la herrería una vez cumplido el propósito con el que la visitó en primer lugar, por lo que se dispuso en dar media vuelta y salir de ahí, pero antes de marcharse definitivamente, se volvió para agregar:
–Se que no puedo esperar tu perdón o pedir que seas nuevamente mi amigo… o como lo éramos antes, pero al menos… por mí, necesitaba hacerlo…
–Disculpa aceptada.
Fishlegs quedo mudo en un instante en los que su mirada se volvió a encontrar con Hiccup cuyo rostro había aligerado sus facciones, y sus labios lucía una larga y sincera sonrisa.
–Tienes razón, no creo que podamos volver a ser amigos como lo éramos antes –le dijo el muchacho con calma en su voz –. Pero creo que… podemos volver a empezar… de cero.
-o0o-
Cuando Hiccup finalmente pudo reproducir el diseño de la silla que realizó con Fishlegs, no perdió ni un segundo en probarla en Toothless. Dejando todo de lado, el muchacho se echó su proyecto sobre el hombro y se escabulló por el bosque en dirección de la ensenada. Toothless estaba muy feliz de verlo, especialmente porque recordó llevarle un gran cesto lleno de arenques y otras delicias del mar.
– Muy bien muchacho… –mascullaba Hiccup más para sí mientras intentaba colocarle correctamente la silla y arneses al dragón de ébano, en lo que éste se deleitaba con sus bocadillos marinos – creo que con esto, definitivamente vamos a lograrlo.
–Ya me imaginaba algo como esto.
Hiccup se detuvo en seco, cuando la voz en a su espalda hizo que su corazón se volcara nuevamente como un barco en una tormenta en altamar.
–¡Honey! –dijo tratando de fingir inocencia, volviéndose hacía su gemela y ocultando la silla sobre el lomo de Toothless –. No tengo la menor idea de que estás hablando.
Honey caminó directamente hacia a él con las manos fuertemente tensadas contra su cintura. Realmente, estaba enojada.
–Hiccup, para la patraña de una vez –le soltó ella tratando de mirar lo que ocultaba a su espalda. Pero su hermano la bloqueó constantemente siguiendo cada uno de sus movimientos, hasta que –: ¿Es eso una silla?
–No –tajó Hiccup posando sus manos en los hombros de Honey y haciéndola dar unos pasos hacia atrás –, no, no, no, no, no… Bueno, sí –admitió de ultimo, escuchándose muy similar a como había sido Fishlegs en la herrería.
–¡Hiccup!
–Es que no lo entiendes Honey –dijo el muchacho perdiendo la paciencia e indicando la silla de montar –, no hay otra forma de conseguir que Toothless pueda volar.
–¿Pero contigo sobre él?
–Necesita mi ayuda – Hiccup insistió poniendo sus manos sobre su pecho y con una mirada suplicante.
–No lo dudo –dijo Honey aligerando un poco sus facciones –, pero que va a pasar cuando regrese con los demás dragones ¿Cómo va a volar si no vas a estar ahí?
Un silencio incomodo se produjo entre los dos hermanos, en los que Hiccup se mantuvo callado ante la culpa de verse atrapado, mientras que Honey descifraba perfectamente la ausencia de palabras de su hermano.
–¡Hiccup! –gruñó ella dándole un empujón –. Me prometiste que no te encariñarías.
–No es lo que tú cree… él me…
–“Me necesita” ya lo dijiste –le gruñó a su hermano perdiendo la paciencia. Honey conocía perfectamente a su gemelo, tal vez mejor que nadie en el mundo y sabía a la perfección cómo funcionaba su cerebro. No le costaba intuir o determinaba sus acciones, que haría a continuación o lo que quería decir entre líneas –. ¿O tal vez es al revés?
–¿Qué quieres decir? –dijo Hiccup frunciendo el ceño.
–No lo sé, tal vez con todo lo que está sucediendo en la arena.
Justamente esa misma mañana durante la práctica, Hiccup y el resto de los muchacho se enfrentaron de nuevo contra el nadder, solo que ahora estaban bajo la mira de varios de los aldeanos que querían verificar si lo rumores eran ciertos. En esa ocasión no había laberinto, sino que era una lucha cuerpo a cuerpo contra la dragona, quien no tardó ni un segundo en reconocer al muchacho pecoso una vez que dejo caer sus armas, y ésta terminó rendida a sus pies ante su dulce toque.
Los espectadores, Gobber, Astrid y el resto de sus compañeros de entrenamiento se quedaron boquiabiertos. Ese sería el tema de charla principal por el resto del día.
–¿No sé qué es lo quieres decir? –se amachó Hiccup cruzando los brazos sobre su pecho y tratando de evitar la mirada crítica de su hermana. Él entendía porque Honey estaba molesta; él había fallado a su promesa y se estaba quedando atrapado en un pozo más profundo de sus propios engaños.
–Lo quiero decir es que lo necesitas a él, para seguir impresionado a todos en la arena –sentenció Honey indicando al dragón de ébano que había terminado su comida e iniciaba con su limpieza de rutina.
–Eso no es cierto –gruñó Hiccup clavando la vista en Honey.
–¿A no?
–¡Claro que no! –soltó el muchacho tan fuerte que retumbo en toda la ensenada. Toothless soltó un leve gruñido en desaprobación, ya que no le gustaba ver a los hermanos discutir de esa manera –. Yo no le haría eso, es mi mejor amigo. No lo utilizaría para mi beneficio.
–¿Mejor amigo? ¡Él es un dragón! –soltó la chica indicando nuevamente a la bestia que había ido a posarse junto a Hiccup – Sin ofender Toothless –se apresuró a agregar ante un resoplido que éste soltó –. Él debe de estar con los suyos.
–Lo sé…
–Sí se queda aquí correrá el riesgo que los encuentren tarde o temprano y lo maten…
–Lo sé…
–No es como si pudieras llevarlo a casa y decirme a papá que es tu gato nuevo…
–¡Lo sé! –gritó Hiccup aún con más fuerza callando de golpe a su gemela –. ¡Pensé todo eso, de acuerdo!
El muchacho apretó los puños del coraje tan fuerte que sus nudillos se tornaron más pálidos aún. Toothless trató de consolarlo frotando su nariz contra su mano, pero el chico estaba tan absorto en su descontento que no respondió a su afecto.
Honey perdió su mirada en el rostro de su hermano: la tensión en su frente, sus ojos llorosos y su labio contorsionado. Entendía exactamente qué estaba pasando por la cabeza del muchacho. A Honey no le quedaba duda que Hiccup era totalmente consciente de lo que estaba haciendo y las implicaciones que tirarían sus acciones; simplemente no le habían importado. No por egoísmo o vanidad. Toothless era lo primero bueno y fabuloso que había pasado en su vida, en la cual todo mundo lo había considerado patético y sin derecho a tenerla. La chica había visto de primera mano como los ojos de su hermano se iluminaban al ver al dragón negro o como se emocionaba al hablar de él.
Y por el otro lado el night fury, que era considerado uno de los dragones más peligrosos del mundo conocido, rara vez era visto y nunca perdonaba la vida del que lo enfrentaba, Toothless brincaba como un cachorro contento moviendo el rabo alrededor de su amo cada vez que Hiccup lo visitaba. Él quería a Hiccup, como el muchacho lo quería a él; no importaba que fueran enemigos que debían odiarse, ellos querían seguir juntos.
La chica no tenía idea de porque los dioses habían mandado a Toothless al camino de Hiccup, pero definitivamente estaban hechos el uno para el otro. Algo dentro de ella se lo decía, incluso en contra de la misma lógica que la llevó a reprimir las acciones de su gemelo.
–Muy bien –soltó decidida caminando hacia Toothless –. ¿Cómo funciona esto? –preguntó examinado la silla y lo arneses que estaban fuertemente sujetos al cuerpo del dragón.
–¿Eh? –musitó Hiccup sin comprender y relajando el semblante.
Sin darle una respuesta a su hermano inmediatamente, Honey posó sus manos sobre la base de las alas de Toothless y de un solo brinco se subió a su lomo ante la mirada estupefacta de su gemelo. Él había tenido muchos problemas para lograr montar a Toothless la primera vez; Honey lo había hecho sin dificultades y sin alterar al dragón en lo más mínimo.
–Bueno –dijo la chica con una picara sonrisa –, vas a tener que enseñarme como funciona si quieres que te ayude a volar a este dragón
A pesar de haber quedado pasmado, Hiccup no pudo evitar sonreír.
Chapter 29: La paz es mortal
Chapter Text
La paz es mortal
Como las flores en las colinas,
Como las madres con sus niñas,
Como el barco en la marea,
La paz también mengua.
~o~
La dulzura de los frutos,
El reino basto y poderoso,
Las murallas caen en pedruscos,
Ante un futuro desastroso.
~o~
Causante de su propia miseria,
El rey vikingo desapareció en primavera,
La sangre de su heredero mancha sus manos,
La batalla renace en los campos.
~o~
Bestia prisionera que ya libre surca el cielo,
Vikingo guerrero que cae en vergüenza,
El esclavo que mira con recelo,
La paz no es duradera.
~o~
El primer avance quedo olvidado,
Años de tortura te ha dejado marcado,
Vikingos a los dioses han horado,
Pero Thor está decepcionado.
~o~
Como las flores en las colinas,
Como las madres con sus niñas,
Como el barco que se hunde en el temporal,
La paz también es un mortal.
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Chapter 30: Orgullo paternal
Chapter Text
Orgullo paternal
-o0o-
Gobber fue el que se hizo cargo de relatarle a Stoick cada mínimo detalle sucedido en la aldea durante su corta ausencia. Desde la visita sorpresa de los Meatheads, la petición de Mogadon para el próximo festival del dios del rayo, el jueves de Thor; el brote de la ronchitis roja entre los habitantes de Berk y la histeria que generó, y por supuesto, la increíble y casi milagrosa mejora de Hiccup en la arena. Claro que en palabras del retirado guerrero, el relato fue increíblemente exagerado y con detalles fantasiosos, pero Stoick estaba tan acostumbrado que sabía diferencia la realidad oculta en la ficción de las palabras de Gobber.
La visita de los Meatheads y la carta de Mogadon requerían su atención, pero no era algo que no pudiera manejar. Simplemente era una petición para que su gente acampara en las costas de Berk, ante la próxima celebración del jueves de Thor para ambas tribus. Era una tradición que tal día se venerara al dios del trueno con competencias de fuerza y destreza. Era una forma de mantener la cooperación y paz entre ellos, además de presumir sus habilidades.
En cuanto a la ronchitis roja, parecía estar bajo control, Gothi tenía años controlando cualquier contingencia, y a Stoick no le sorprendía en lo más mínimo el pánico que pudo haber causado en los vikingos supersticiosos de Berk, quienes eran capaces de comerse hasta sus botas si se les decía que así alejaban la mala suerte.
Pero lo que si lo tenía completamente emocionado, era el increíble éxito de su hijo. En cierta forma, Stoick esperaba regresar y enterarse que Hiccup lo hubiera arruinado todo otra vez, y con suerte no habría terminado herido; se sentía como un padre terrible por pensar eso, pero no podía escapar a la realidad y el historial de desastres que cargaba consigo su vástago.
Pero ni un millón de años se habría imaginado que Hiccup se convertiría en el mejor estudiante del entrenamiento contra dragones. Si alguien se le hubiera comentado unas semanas atrás, Stoick lo habría acusado de loco y mandando al océano por temor a contagiarse de tremenda demencia. Aún así, su hijo… SU HEREDERO, finalmente mostraba el potencial que llevaba en la sangre e iba en buen camino para convertirse en el vikingo que todos deseaban que fuera.
Stoick podía recordar como si fuera apenas ayer cuando lo llevó la primera vez a pescar en hielo, el pequeño niño comenzó a llorar cuando el diminuto pescado que atrapó murió en sus manos. Un par de años después, intentó enseñarle a usar el arco pero el chico nunca pudo tirar de la cuerda con la suficiente fuerza para que la flecha saliera disparada, y en cambio, tuvo la idea de hacer su propia ballesta; para hacer la historia corta, la invención del muchacho explotó en mil pedazos ante la presión y la flecha terminó en el trasero del jefe. Pero fue en una excursión de cacería donde Hiccup se perdió buscando trolls en el bosque cuando finalmente Stoick aceptó que su hijo era diferente. Y a como fue creciendo, era más obvio.
Pero en el fondo sabía que su muchacho tenía algo de vikingo en su ser, incluso su madre (a la que se parecía mucho el chico en personalidad) quien solía ser muy pacifista, no tenía miedo levantar la espada cuando no quedaba otra alternativa. Y sí, su Valka… vaya que luchaba muy bien, incluso llegó a noquearlo en varias ocasiones. Ahora, las esperanzas del jefe cobraban vida al describir que su muchacho… SU HIJO iba por el buen camino.
Su emoción era tal que no deseo esperar más y buscó al chico por toda la aldea, de arriba abajo, y de un lado al otro; pero no lo encontró por ninguna parte.
–No te preocupes Stoick –le aseguró Gobber cuando lo visito por enésima vez en la herrería para preguntar por Hiccup –. Siempre se desaparece por las tardes y no los culpo, no tiene ni un momento de paz aquí en la aldea con todos sus admiradores.
–No lo entiendo, Gobber –soltó el jefe frutado tallando su frente con sus manos –. Años de no entender nada de ese muchacho, de lo que pasa en su mente o de la mitad de lo que dice, evitando cualquier tipo de conversación con él, y ahora que hay algo de que finalmente podamos hablar, no lo encuentro por ningún lado.
–Estas exagerando –Gobber desestimó sus dudas, sacudiendo su mano de madera en el aire –. Al rato aparece y tendrán el suficiente tiempo para hablar –le dio la espalda a su amigo para tomar un par de herramientas de su mesa de trabajo. Se encontraba muy ocupado con un trabajito inesperado que le solicitó el jefe –. Aunque no dudaría que no quisiera hablar contigo como si hubiera olvidado todo el pasado – comentó en voz baja pero con frías intenciones de ser escuchado por el jefe.
– ¿Qué quieres decir con eso?
– ¿Yo? Nada. Solo que como tú dices has pasado mucho tiempo ignorando el muchacho, que yo en tú lugar no esperaría tener una relación revivida padre e hijo de la noche a la mañana.
Stoick le dirigió una mirada entre cerrada, mientras procesaba sus palabras. Aunque en una parte de él, la declaración de Gobber dejo su marca en su interior, el fuerte exterior del jefe no dejo que lo afectara.
–En lugar de estar dando tu opinión deberías dedicarte a checar el fogón, que por cierto, está por extinguirse. Y termina pronto el regalo que te pedí para Hiccup.
El jefe le indicó el horno detrás de él antes de dar media vuelta y alejarse de la herrería, justo cuando Gobber soltaba varias palabrotas al aire.
Aunque nunca lo admitiría, Stoick tomó parte del consejo de su amigo y se retiró al gran comedor para tener una reunión no planeada con el consejo del Berk ante la visita de Meathead y el próximo jueves de Thor; dejaría la búsqueda de su hijo para después, cuando éste se dignara en aparecer.
Pero por alguna razón, sentía que se estaba olvidando de algo más.
-o0o-
Una horas después y de una larga charla inútil con los miembros del consejo, la noche había caído en la isla de Berk, Stoick decidió que había llegado el momento de volver a buscar a su hijo prodigo, que justamente se encontraba solo en su pequeño cuarto privado en la herrería de Gobber.
– ¡Papá! –saltó Hiccup de su asiento tan pronto lo vio entrar –. ¡Regresaste! ¿Tan pronto? –agregó provocándole una leve curiosidad a su progenitor. ¿Donde había estado el muchacho todo el día para que nadie le hubiera informado que habían regresado los guerreros de la búsqueda del nido? –. ¿Qué buscas? Gobber no está…
–Te buscaba a ti.
Hiccup actuaba sumamente nervioso, más que de costumbre, y trataba de ocultar todos sus bocetos y dibujos fantasiosos que mantenía sobre su mesa. A Stoick le hubiera llamado más la atención, si no fuera porque se encontraba completamente fascinado con las buenas noticias que recibió en su arribo. Su hijo siguió balbuceando tonterías, pero al jefe y guerrero solo le importaba una cosa.
– ¡El mejor de todos los aprendices de la arena! –le exclamó al muchacho que lo miraba claramente confundido –. ¡Odín todo poderoso! ¡Casi tiro la toalla contigo, pero finalmente mis plegarias fueron escuchadas!
–Eh… –balbuceó Hiccup tratando de mostrarse ofendido con la descara sinceridad de su padre.
–Finalmente tenemos algo de qué hablar –comentó Stoick mientras se sentaba en un barril y se acercaba más a Hiccup. En su entusiasmo no se percató de la clara incomodidad que se reflejaba en el muchacho.
A pesar de sus buenas intenciones, el silencio se intensificó entre los dos. Las palabras de Gobber cobraron más fuerza en la memoria del jefe, quien se abrió a la posibilidad de que su hijo requería un poco de espacio. Fue cuando se le ocurrió en intentar romper el hielo con el regalo que Gobber le había ayudado a prepara ante su gran éxito, pero antes de que se lo mostrara a su hijo unos pasos retumbaron dentro de la herrería.
– ¡Hiccup! –se escuchó claramente la voz de Honey –. ¡Papá haaaa…! –continuó entrando a toda carrera al pequeño cuarto trasero, pero se detuvo en seco al encontrarse a la gran masa de músculos y vellos faciales que era su padre –. Ya estás aquí.
–Hola Honey –dijo el jefe como autómata lanzándole una mirada sobre su hombro, pero casi inmediatamente una luz se encendió en su cerebro. ¡Era cierto! Tenía otro hijo. ¡Se había olvidado completamente de Honey! –. ¡Honey! –repitió el hombre acelerado levantándose inmediatamente de su asiento, abalizándose sobre su hija para levantarla de suelo en un fuerte abrazo oso. ¿Cómo pudo haberse olvidado de Honey? ¿Y porque no la había visto en todo el día? –. ¿Dónde estabas? No te vi con Gothi –agregó casi como regaño, soltándola tan rápido como la había abrazado.
Por su parte, ambos gemelos quedaron un poco en shock. No solo por la repentina llegada de su padre y las obvias razones que los mantenían nerviosos, sino también el hecho de su comportamiento hacia ambos: ¿Acaso había olvidado que Honey estaba enojada con él antes que se marchara a su búsqueda? ¿Por qué ahora el abrazo? ¿Y por qué solo a ella y no a Hiccup? Eran pequeñeces, pero para los gemelos Haddock que sufrían de la diferencia en tratos por parte de su padre, eso significaba mucho.
–Estaba conmigo –se apresuró a contestar Hiccup aunque técnicamente no era mentira, sino parte de la verdad. La otra parte incluía a un night fury del cual no era conveniente que su padre se enterara de momento.
–Así… –dijo Stoick volviéndose hacia su hijo y lanzándole una mirada asertiva –. ¿Y donde estaban?
–Eh… –balbuceó Hiccup rascándose la nuca, antes da cambiar radicalmente de tema –: ¿No viniste a decirme algo?
–Sí, es cierto –aceptó Stoick recuperando su sonrisa. Acto seguido le entregó a su hijo un bonito casco recién hecho con parte del antiguo peto de su madre –. Para la suerte y tenerla cerca.
–Hey… gracias… por el casco-pecho…–dijo el chico nervioso sin estar muy seguro de querer tocarlo, pero Stoick estaba más que satisfecho con su ofrenda de paz. Ninguno de los dos se dio cuenta que Honey tenía la mirada clavada en ambos –. Bueno, ya se está haciendo tarde –soltó Hiccup con un bostezo fingido esperando que su padre entendiera la indirecta.
Por suerte para él, su progenitor se excusó sumamente feliz y satisfecho con sus dos hijos, antes de dejarlos solos en la herrería.
–En el nombre de Thor ¿que fue todo eso? –preguntó Hiccup sosteniendo su nuevo casco y volviéndose hacia su hermana.
–No me mires, que no tengo idea –dijo ésta aproximándose a él y arrebatándole el casco de la manos –. Al menos a ti que te dio un regalo –agregó con denotado recelo en sus palabras mientras examinaba el objeto.
–Perfecto regalo para protegerme en la arena CUANDO MATE DRAGONES –soltó Hiccup con desdén volviéndose hacia su escritorio y comenzando a ordenar los papeles que había tratado ocultar de la mirada de su padre. Qué suerte tuvo en que él no les pusiera nada de atención.
–Uh-oh –masculló Honey entendiendo el trasfondo del sarcasmo de su hermano.
–Exacto –dijo él –. Y por cierto, hubiera sido muy útil una advertencia más temprano.
–Lo intente. Tan pronto supe que papá estaba aquí, pensé en advertirte. Pero recordé que teníamos todo los libros del viejo Wrinkly tirados por la habitación. Pasé primero a casa a esconderlos.
–Es una suerte que no lo haya visto.
–Precisamente. Pero luego recordé que tenía un par aquí, así que…
Ante sus palabras, el muchacho pecoso se volvió hacia las repisas justo detrás de él y encontró exactamente los libros que mencionaba su gemela, debajo de unas partes sueltas de hierro.
–Ni se dio cuenta de que estaban aquí –comentó Hiccup comenzando a retirar los pedazos de metal uno por uno –. Estaba más emocionado por cómo me va en la arena, como para darse cuenta de algo –el chico soltó un leve suspiro –. No sé que es peor, que no pueda darse cuenta de lo que hay a mí alrededor o que solo muestre interés en mí porque piensa que soy un futuro mata-dragones.
Antes de que Honey pudiera compartirle alguna palabra consoladora o de simpatía, varios de los hierros cayeron estrepitosamente de las manos de Hiccup, y con ellos, los libros del anaquel.
–Rayos.
–Normalmente te diría que aceptes a papá tal cual es y no esperes más de su parte –le dijo Honey agachándose para ayudarle a recoger los libros –, pero sinceramente estamos en graves problemas si esto de la estafa de los dragones continua, y sobre todo ¿Qué vamos a hacer con Toothless?
Hiccup dejo su mirada clavada en sus pies, mientras en su cabeza meditaba las palabras de su hermana. Ya era un tema que habían discutido varias veces y le habían postergado una solución ante la escusa de que podían manejarlo. Pero poco a poco, la situación estaba empeorando y con su padre en Berk, tenían que encontrar una forma rápido de mitigar los daños. Aunque eso significara dejar que Toothless se marchara.
Hiccup no quería eso. Había tomado demasiado cariño a esa bestia escamosa para simplemente despedirse de ella. Pero si éste se quedaba, corría el riesgo que fuera descubierto y que lo mataran a él y que al muchacho lo desterraran. Al menos Hiccup se consolaba levemente pensando que podría conseguir algo de amnistía para Honey, si él tomaba toda la responsabilidad de lo sucedido.
–Hiccup ¿qué es esto? –dijo de repente Honey sacándolo de sus pensamientos.
El chico se volvió a su gemela que comenzaba a extender un pedazo de pergamino que encontraba doblado en varias partes.
–¿Cayó de uno de los libros? –preguntó Hiccup acercándose a Honey para ver el contenido del papel sobre su hombro.
–Sí, de éste – indicó la chica el libro con el título “Engaños y secretos, la guía para del misterio” –. Parece una especie de poema –dijo Honey comenzado a leerlo en voz alta –. Se llama el “El ultimo héroe vikingo”.
–Nunca lo había oído.
–Yo tampoco y no parece pertenecer a este libro –explicó Honey indicado el pie de página que mostraba el número diez y la diferencia de material con que estaba hecho –. ¿Por qué el viejo Wrinkly lo habrá dejado dentro de este libro?
–Tal vez le gustaba. O lo más probable es que ya estaba mucho antes de que lo robara el libro de la biblioteca.
A pesar de la respuesta sencilla de su hermano, Honey no quedo satisfecha con eso. Sentía que había algo más con esa hoja de papel en sus manos. Pero la chica no tuvo más tiempo para meditarlo cuando un fuerte gruñido proveniente del exterior de la herrería puso a ambos hermanos en alerta.
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La alarma sonó en la aldea a como sus habitantes se lanzaba a las armas de su hogares en aquella noche estrellada. Era la primera vez, desde que había iniciado la temporada de lluvia, en que el cielo se encontraba completamente despejado, y los dragones lo aprovecharon para arrasar nuevamente el poblado de Berk en busca de más alimento. Fue cuestión de tiempo para que un par de casas comenzaran a arder bajo el fuego de las bestias voladoras y que los animales se alteraran de solo al escuchar los rugidos que sobrepasaban a los alaridos de los vikingos furiosos en tierra.
–¡¿Cuántos son?! –preguntó Stoick a Spitelout al juntarse con todos su guerreros en el centro de la aldea.
–Son solo cinco nightmares –soltó el hombre de cabellera negra haciendo girar su mazo en su manos, como si el numero de dragones no fuera la gran cosa.
Una llamarada de fuego pronto detonó a un lado de los guerreros prendiendo en llamas una carreta. Los guerreros recién llegados se exaltaron. Después de la derrota y fracaso de su último viaje, lo vikingos estaban ansiosos de cambiar el marcador a su favor, y ese ataque llegaba en el momento justo.
–Cinco, diez o mil ¡Eso no lo hace menos divertido! –comentó Tuffnut padre antes de levantar su hacha sobre su cabeza y lanzarse a la batalla. Pronto los demás guerreros se le unieron en un grito ensordecedor dirigido por su gran y fuerte líder.
Mientras los adultos trataban de contener la situación, los jóvenes aprendices se agruparon alrededor su mentor en la herrería esperando órdenes.
–A llegado el momento que prueben lo que han aprendido –sentenció Gobber sin ponerles mucha atención a los sietes chicos que se reunieron junto a él, mientras éste se ajustaba una afilada espada postiza en su muñón –. ¡Manténganse juntos y no se alejen de los guerreros! ¡Y Honey ponte a cubierto! –les dio las últimas instrucciones antes de arrojarse a la batalla
–Estaba bromeando ¿verdad? –soltó Fishlegs temeroso sujetando con ambas manos su pequeña daga.
–¡El ultimo es un Fishlegs! –gritó Tuffnut jr. Imitando su padre, corrió a la acción, siendo seguido de cerca por su hermana, quien también exhaló un grito de batalla.
Snotlout se dio un momento para tragar saliva antes de armarse de valor y de salir corriendo con un grito despavorido, llevando su mazo sobre su cabeza.
Hiccup los miró sorprendidos sin saber exactamente qué hacer, definitivamente no quería pelear como ellos, gritando como maniáticos ante una muerte segura. Era curioso, porque probablemente unas semanas antes habría dado lo que fuera por una oportunidad como esa. Luego su vista se volvió hacia Astrid, la ultima de cargar contra los dragones, quien le dijo con claro rencor en sus palabras:
–Vemos como puedes ganar esto, campeón.
Y sin más, la chica rubia siguió a sus compañeros a la batalla.
–Wow, realmente parece que Astrid te quiere matar –dijo Honey desde atrás de su hermano.
–Otra razón para terminar con esto de una vez –comentó Hiccup sin apartar sus ojos del punto de donde Astrid había salido corriendo y una explosión se escuchaba a lo lejos.
–¿Qué quieres decir?
–A queeehhh…… –masculló el muchacho volviéndose hacia su gemela justo en el momento que su vista captaba algo sobre sus cabezas. Ante la mirada de pánico en el rostro de Hiccup, Honey se dio la vuelta para descubrir sobre el techo de la herrería al causante de tal reacción.
Se trataba de nightmare, un macho bastante grande y maduro, lo cual lo vivía extremadamente peligroso y poderoso. Ese tipo de dragón de la clase stoker, eran bien conocido por prender todo su cuerpo en llamas, tener una extraordinaria fuerza, tamaño y unas impresionantes alas que generaban intensas ráfagas. Aquel en particular, era de un intenso color rojo fuego y sus ojos amarillos resplandecían con el brillo de las llamaradas que ardían en las casas contiguas. Los nightmare eran realmente de temer, solo los guerreros más experimentados enfrentaban a esas bestias y por supuesto, no siempre salían intactos. Solo pregúntenle a Gobber.
El dragón, comenzó a reptar por del techo de la herrería extremadamente despacio y sin despegar su mirada de ambos hermanos.
–No otra vez.
Hiccup inmediatamente tomó a Honey del codo y la arrastró justo detrás de él, mientras extendió sus manos en dirección del Montruos nightmare.
–¡Hiccup! ¡¿Qué estás haciendo?! –bramó Honey histérica detrás de éste, sujetándolo del chaleco. Su hermano había tenido éxito de amansar a diferentes dragones, pero ninguno había sido uno salvaje, y en especial un nightmare maduro.
–Que crees que hago –dijo Hiccup dando unos pasos hacia atrás, en lo que el dragón avanzaba adelante hacia ellos. Hasta el momento la bestia no le había dado la más leve señal de que los atacaría, pero por ningún momento alejó sus penetrantes ojos amarillos de ellos como para estar completamente seguro de que no lo haría.
–¿Crees que también puedes con él?
–Eso estoy por averiguarlo.
A como continuaron avanzando hacia atrás, el espacio entre ellos y el dragón comenzó a quedar reducido, en lo que se aproximaban a la pared de una casa contigua. Si Hiccup iba a usar su “don”, tenía que surtir efecto lo más pronto posible si quería que salieran vivos de esa. Aún así el dragón siguió avanzando y los chicos pronto se vieron atrapados entre la bestia y la pared.
Entonces un grito maniático se escuchó por los cielos. Sobre el techo de la casa en la que habían quedado atrapados los dos gemelos, el señor Thorston, embriagado por la adrenalina, se encontraba de pie con una soga en una mano y una daga en la otra. El dragón por primera vez alejó sus ojos de los chicos y los volvió hacia el maniático hombre que se arrojó desde el techo y cayó sobre su cuello.
Como si fuera un yak en brama, la bestia comenzó a sacudirse tratando de quitarse al vikingo que gritaba con alevosía. La estampida de nightmare siguió de la herrería hasta el centro de la aldea, donde otros guerreros habían conseguido alejar al resto de los dragones. Tuffnut padre logró lazar el hocico de la lagartija escupe fuego antes de que ésta consiguiera quitárselo de encima y prender todo su cuerpo en llamas.
El dragón luchaba contra la atadura de su hocico, cuando varias tinas repletas de agua comenzaron a caerle encima apagando su vigoroso fuego. Una vez extinto, los demás guerreros se lanzaron contra él, atando cada una de sus extremidades. Cuando Hiccup y Honey llegaron al centro de la aldea, su padre y el resto de los guerreros habían conseguido retener al nightmare y dejarlo más amarrado que un nudo marinero.
–¡Papá! ¿Estás bien? –Ruffnut y Tuffnut corrieron hasta su padre que había amortiguado su caida aterrizando en las coles recién cortadas de Mildew.
–Estoy bien –dijo este tambaleando mientras sus gemelos lo ayudaban a ponerse de pie –. Aterricé con la cabeza.
–Es la mejor manera de detener una caída –comentó Ruff a su lado con una gran sonrisa.
–Papá. Eso. Estuvo. De. Puta madre –exclamó Tuff emocionado temblando de la emoción.
–Bueno, no lo habría logrado si Hiccup no lo hubiera distraído con sus trucos mágicos –explicó el padre sacudiendo sus brazos hacía el chico pecoso –. ¿No hay rencores con que lo ganara? Esto hay que hacerlo rápido carajo, o se pierde la oportunidad –continuó dirigiéndose al gemelo Haddock.
–Claro… no hay problema –soltó Hiccup tratando de verse relajado, pero fracasando terriblemente –. Esto es trabajo de equipo, después de todo –agregó con una risita nerviosa mientras todas las miradas se clavaban él. Honey en cambio se cubrió el rostro con ambas manos.
–Muy bien hecho, muchacho –le dijo Gobber dándole una fuerte palmada en la espalda que casi lo derriba –. Al parecer eres el único que ha puesto atención a las lecciones, a diferencia de otros –a pesar de su comentario para llamar la atención del resto de los jóvenes, estos no se sintieron insultados, en cambio asintieron con la cabezas enérgicamente dirigiéndole una sonrisa emocionadas a Hiccup.
Todos, excepto Astrid, quien se marchó sin agregar nada.
–Ese es mi hijo –acompañó Stoick dándole otra palmada al chico pecoso en la espalda y esa vez consiguiendo derribarlo.
–Y sabes qué buena idea me has dado –comentó Gobber señalando al dragón derrotado y capturado por los más fieros y fuertes vikingos de Berk. La pobre bestia miraba sus alrededores con denotado pánico –. Que ha llegado el momento de elegir al campeón del entrenamiento. El que tendrá el honor de cumplir su pase a la madures matando en un encuentro uno a uno con éste nightmare justo el jueves de Thor.
Ante la sugerencia demente y casi suicida del herrero, los habitantes de la aldea de Berk estallaron en aplausos y gritos en nombre de su dios y protector, en lo que los jóvenes brincaban con emoción ante la idea.
–Genial –espetó Hiccup sarcásticamente al levantarse del suelo.
Chapter 31: Montage
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Montage
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El hacha de Astrid cortaba despiadadamente la corteza de un gran roble, una y otra vez, con cada lanzamiento impecable que realizaba. La chica rubia había acudido a su lugar favorito de entrenamiento, un pequeño claro entre varios árboles alineados en un círculo, no muy adentro del bosque de Berk; el lugar perfecto para practicar sus fuerzas y destrezas en el ataque. El que por mucho tiempo fue el favorito de su padre.
Astrid probó y ensayó cada truco y maniobra que conocía, los de su propia invención e incluso los que le habían enseñado su difunto tío Finn, su madre, sus tías e incluso, su primo Ansred. Su plan consistía en estar preparada para todo lo que le deparaba las pruebas sorpresas de la competencia de Gobber, para así convertirse en la campeona definitiva del entrenamiento contra dragones.
Los sueños y deseos de la joven guerrera ya se habían explicado en el pasado, y consistían principalmente en recuperar el honor de su familia después de que este fuera perdido con el batir de ala de un dragón. Era lógico en el pasamiento de Astrid, que con la sangre de otra bestia escupe fuego tendría la redención que tanto buscaba.
La joven rubia estaba determinada en lograrlo sin importar nada, ni siquiera lo que le deparaba la competencia, las heridas que podría sufrir o la presencia de Hiccup. Ese era otro factor que Astrid tenía muy presente en su mente y por nada del mundo, volvería quedar de segundona después del escuálido gemelo Haddock. Se prometió a sí misma, no volver a caer en sus engaños, en escuchar sus palabras leporinas y someterse a su inocente sonrisa.
Por su nombre, el de su familia y su corazón de guerrero, Astrid ganaía el torneo, mataría al nightmare y lograría de un solo asalto el respeto de su tribu, a pesar de su género y la mala reputación que sufría su clan.
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Snotlout se estaba preparando para dormir, antes del día definitivo en que participaría en esa importante competencia para obtener el honor de matar a su primer dragón. El joven Jorgenson sentía tanta seguridad de sí mismo que no creía necesario preocuparse por lo que le deparaba el día siguiente. Solo requería de una buena y larga noche de sueño para estar más listo y fresco que una col del campo de Mildew.
Su seguridad y arrogancia provenía de su propia sangre y nombre. Él era un Jorgenson, un campeón innato por excelencia. Sí, Hiccup últimamente había estado sorprendiendo a todos en la arena, pero no tenía nada de espectacular lo que hacía una vez que lo analizaba con cuidado. Cualquier cosa que hiciera su pequeño y flaco primo resultaba sorprendente ante su antigua y mala reputación de esqueleto de pescado parlante, inútil y decepciónate. Nada de eso indicaba que tenía lo necesario para ganar la competencia.
Además, Snotlout se jactaba de ser muy buen atleta, y de eso no cabía duda para todo el que lo conocía. ¿Cuántas competencias físicas de los festivales y eventos entre tribus no habían salido airoso? Incluso, el mismo Mogadon le había insinuado a su tío Stoick que era mejor material de heredero que el autentico hijo del jefe.
En cuanto a sus rivales en la competencia… por favor, podía vencerlos hasta con los ojos cerrados.
En su pensar, Snotlout intuía que Fishlegs tenía suerte si llegaba pasar la primera parte de la competencia sin orinarse sobre sí mismo; Tuffnut y Ruffnut seguramente terminarían eliminándose mutuamente por alguna estupidez, y Astrid estaría tan enfrascada admirando la magnificencia de él, Snotlout, para ocuparse en ganar. En cuanto a Hiccup, sí, podría intentar sus truquitos contra los dragones con los que había estado impresionado a todos (incluso a él), pero al final ¿qué otra cosa podía hacer aparte de eso? Se requería más para convertirse en un verdadero campeón entre los vikingos.
Definitivamente, Snotlout Jorgenson se convertiría en ese campeón y tendría el honor de matar al dragón, al montrous nightmare… uno de los más fieros dragones conocidos por su fuerza y ferocidad…. que no tenía piedad por nada y ni por nadie… y aquellos que fueron capaces de sobrevivir a uno, terminaron perdiendo algún miembros… incluso los más rudos guerreros como Gobber…
A pesar de su impresión inicial, Snotlout entre más lo pensaba ya no pudo dormir muy bien esa noche. Constantemente se imaginaba como el dragón lo despedazaría miembro por miembro si luchaba con éste solo en la arena.
Ya sabía que nada bueno traía consigo el pensar.
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–Mujer, deja de darle de comer al muchacho –se quejo el regordete señor Ingerman con su esposa mientras ésta le servía el cuarto plato de pollo horneado a su amado hijo.
–Pero mañana es un día muy importante para nuestro querido Fishlegs –respondió la señora Ingerman frotando la pequeña cabellera de su retoño, quien no paraba de meterse comida a la boca ante los terribles nervios –, necesitara toda la energía posible para vencer a todos esos dragones él solo –agregó ella con orgullo sin darse cuenta que sus palabras casi atragantan a su hijo.
–No va a enfrentar a todos los dragones él solo –la corrigió su marido aligerando un poco la presión en el pobre Fishlegs –, solo se enfrentará a un montrous nightmare adulto… por su cuenta… con solo un arma… y frente a toda la aldea… y los Meatheads.
Ante cada palabra de “aliento” de su padre, el chico regordete se fue poniendo mucho más nervioso y como consecuencia, se embutió en la boca toda la comida que tenía delante de él, hasta terminar con la garganta tan llena que apenas podía masticarla. El pobre muchacho ya por sí tenía los nervios de punta, realmente no necesitaba escuchar esa conversación por parte de sus padres en ese momento.
–Creí que eso solo lo haría el campeón de la competencia –soltó la señora Ingerman dándole un leve descanso a Fishlegs. Era cierto, solo pelearía con ese dragón si ganaba la competencia que había preparado el viejo herrero.
–Sí, pero no dudes que Gobber estará planeado algo muy difícil para la competencia –objetó el señor Ingerman –. Siempre tiene las ideas más locas. Recuerdas cuando organizó la prueba de natación de hace tres años y varios de los muchacho se perdieron en el mar.
–Sí, pobrecitos, encontraron Estocolmo Thorston hasta después de tres días, flotando en un casquete de hielo y en estado catatónico –dijo la señora Ingerman.
De inmediato, Fishlegs se puso azul de los labios y dejo de masticar.
–Y cuanto trató de interpretar en una obra la batalla de las costas de Thor en contra de los Berserkers durante el viernes de Freya, hace dos inviernos.
–Nadie pensó que el Mulch pudiera gritar tan alto con el golpe que recibió en el pie que le queda.
Lo azulado de los labios de Fishlegs se extendió hasta el resto de sus rostros.
–¿Y qué hay del Snoggletog del año pasado con las fogatas decorativas?
Pero antes de que la señora Ingerman completara la analogía de su marido, el hijo de ambos cayo inconsciente ante la vista incrédula de ambos padres. El pobre muchacho regordete se había desmayado de la susto y la falta de oxigeno en su cerebro.
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Apenas empezaba a oscurecer cuando Ruffnut logró colarse dentro del granero en la granja de ovejas del mudo Sven. En muchas ocasiones utilizó ese mismo lugar como escondite cuando era perseguida junto con su hermano por alguna furiosa victima de sus bromas o por el jefe Stoick, cuando perdía la poca paciencia que tenía.
Pero en esa ocasión, la joven gemela rubia había ido por su cuenta, sola y sin que su hermano o alguien más lo supieran. Había acudido en secreto y ante el reguardo de la cercana noche, tenía la intensión de prepararse lo mejor posible para la competencia del día siguiente. Y como todo pésimo estudiante, dejaba para último momento todo lo que no aprendió durante el entrenamiento.
Muchos desconocían un aspecto sobre Ruffnut, que era casi un secreto que guardaba celosamente, incluso de su gemelo. Consistía principalmente, en que se sentía absorbida por la presencia de Tuffnut. Su hermano tal vez era un tonto la mayoría del tiempo, o un genio diabólico a la hora de hacer travesura (no sabía cual lo representaba mejor) pero a pesar de todo él era el hijo varón, y generalmente, ella se sentía como una parte extra del paquete.
Ya por sí resultaba ser difícil ser una mujer y destacar en el orden vikingo, Astrid conocía eso mejor que nadie, pero era mucho más pesado al tener gemelo varón el cual era el importante en el orden familiar. Ruff a veces se preguntaba como Honey podía manejarlo.
Pero en esa ocasión, tenía la competencia de Gobber como la oportunidad perfecta de ganarse algo de respeto por su propia cuenta, y quien sabe, tal vez incluso el honor de enfrentar al nightmare ella sola.
Ruff sabía que no la tenía fácil, Snotlout era un idiota pero uno de los mejores atletas de la aldea, Astrid daba mucho miedo cuando se lo proponía y Hiccup estaba sorprendiendo a todos con esas “habilidades secretas” que se sacaba bajo la manga; pero la gemela rubia estaba decidida a probar que ella podía llegar lejos y no ser simplemente la Ruff después del Tuff.
Su decisión de hacerlo en secreto, no era porque por desconfianza en su hermano, sino que quería intentarlo por su cuenta. Así que liberó a un par de ovejas de su corral que las contenía dentro del granero durante la noche, y con un pesado escudo en sus manos, comenzó a esquívalas imaginándose que era temibles gronckles o nadders.
Los que ella no sabía, era que un par de estos falsos dragones se escaparon por la puerta del granero que había descuidadamente dejado abierta.
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Desde esa misma tarde, Tuffnut dormía plácidamente en una hamaca improvisada en la habitación que compartía con su hermana y los hacía como sí no hubiera un mañana o una importante competencia al día siguiente.
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–Esto no está bien –sentenció Hiccup mientras caminaba en círculos –, para nada bien.
La tarde anterior a la competencia planeada por Gobber, el muchacho de cabellera castaña se encontraba de nuevo en la ensenada oculta en el punto del cuervo, muy adentro del bosque de la isla de Berk. Honey se estaba con él, sentada entre los pequeños dientes de león que crecían en el corto pasto y con Toothless quien apoyaba su grande y pesada cabeza sobre el regazo de la chica, mientras ronroneaba ante las caricias de la misma.
–Se ha complicado más de lo que me imaginaba –continuó Hiccup prácticamente jalándose el cabello y dejando una marca ante sus pasos en un círculo perfecto en el suelo.
No dejaba de pensar una y otra vez en como resolvería el terrible predicamento en que estaba metido. Por mucho tiempo le habría encantado ser aceptado ante todos los aldeanos, convertirse en un verdadero vikingo y ganarse el orgullo de su padre. Ahora que estaba cerca de conseguirlo, solo buscaba una forma de detenerlo. Todo, porque era ante las razones equivocadas.
–Te dije que esto pasaría –comentó Honey tranquilamente pasando sus pequeños dedos por las negras escamas de Toothless. Este respondió extendiendo y retrayendo las garras con placer.
–Gracias por remarcármelo –soltó su hermano sin detener su estresante marcha en lo que obligaba a su cerebro a elaborar un plan de emergencia. Hiccup no pudo evitar clavar su mirada en su dragón y pensar en el montrous nightmare atrapado en la arena, listo para ser mandado al matadero. Aún recordaba el miedo en sus ojos cuando había sido capturado por los guerreros –. ¿Qué vamos a hacer? –agregó el chico sin dirigirse a nadie en particular.
–¿Vamos? –soltó la gemela con sorpresa –. ¡Vamos me suena a manada! ¡Tú fuiste el que se metió solo en todo este problema!
–¡Hey! ¡¿Qué paso con “Siempre juntos”?!
–Eso no aplica cuando metes la pata ¡Y menos! cuando te advertí “que no metieras la pata”
–Wow, tu apoyo es consolador –agregó Hiccup con sarcasmo dejando de caer sus brazos a sus costados –. Pero debo recordarte que cuando sugerí anoche que liberáramos al nightmare, me amenazaste con contarle a papá si lo intentaba –recordó el muchacho con recelo.
Salvar al dragón rojo abría sido la solución perfecta, ya que en cierta forma Hiccup se sentía culpable ya que fueron sus acciones las que llevaron a montrous nightmare a ser capturado y sentenciado a una muerte segura. Pero Honey lo veía muy distinto. Desde la noche anterior en que quedaron atrapados entre el dragón y la pared, la gemela no había dejado de pensar en el sueño que había tenido con su hermano consumido por la llamas. En cierta forma temía que nightmare fuera la razón de aquella visión.
–Porque lo habrías hecho sin importar las consecuencias –respondió Honey evitando levemente la mirada de Hiccup ante la culpa –. Recuerda que desde el incidente con Ruff y Tuff vigilan todas las noches la arena.
–Sí, pero…también te gusto volar sobre Toothless alrededor de la isla.
Al escuchar su nombre, el dragón de ébano levantó su cabeza en dirección del muchacho y le dirigió un dulce y leve gemido.
–Una cosa era ayudar a Toothless a volar –explicó Honey aprovechando que sus piernas quedaron libres del peso del dragón para poner se dé pie – o sanar al nadder de la arena y los otros que siguen ahí. Pero presumir sobre el entrenamiento es otra cosa.
–¡Hey! ¡Espera! –dijo Hiccup alzando sus manos y pausando a su hermana –. Yo no lo hacía por presumir. Si no hubiera hecho todo eso en la arena es probable que los dragones me hubieran hecho pedazos.
–¿Pero era necesario seguir el juego una vez fuera de la arena? –sentenció su hermana acusatoriamente poniendo sus manos en su cintura –. Porque no trates de negarlo Hiccup, se que te gustaba toda la atención.
–¡¿Que quieres que te diga?! –exclamó el muchacho pecoso alzando la voz –. ¿Qué me gusto? ¡Claro! ¡Por primera vez en mi vida la gente me volteaba a ver con orgullo en lugar de vergüenza! –soltó liberando un peso en su pecho, mientras su brazos y manos se movían en todas direcciones expresando sus emociones –. Aunque fuera por un momento, quería sentirme parte de los demás –agregó bajando la mirada a sus pies –, ser alguien que todos valoraran y no solo “Hiccup”.
Ante sus palabras lastimeras y triste, Toothless se acercó lentamente al muchacho y frotó su gran cabeza y cuello contra su el cuerpo de éste, dejando que su calor lo consolara. Hiccup no pudo evitar sonreírle a la bestia escamosa mientras le compartía unas leves caricias.
Por su parte Honey no insistió, soltó un leve suspiro en resignación antes de dirigirse de nuevo a su hermano cambiando totalmente de actitud:
–¿Qué vamos a hacer ahora?
–¿Vamos? –Hiccup imitó las palabras de su hermana con incredulidad –. ¿No que no aplicaba cuando metía la pata?
–Y no lo aplica –explicó Honey con una picara sonrisa –, pero para que no metas la pata de nuevo es mejor que me digas que estas planeando.
Hiccup no pudo evitarle corresponderle a su hermana con una leve sonrisa. Sabía que podía contar siempre con ella en las buenas y las malas, aunque nunca se lo dejara fácil.
–Eh… no lo sé – comentó Hiccup sin estar tan seguro como podría salvar la situación –. No tengo idea de que tiene planeado Gobber para mañana.
–Definitivamente tiene que ser algo con los dragones, al final de cuentas es el sobre el entrenamiento para combatirlos.
–Sí, pero tan pronto ponga un pie en la arena, ellos me van a reconocer y no van a querer atacarme.
–¿Qué tal si no pones un pie en la arena? ¿Y si te niegas a participar?
–¡¿Con papá en la aldea?! –bramó Hiccup con ironía –. ¡No! ¡Eso es imposible! Nunca lo permitiría después de todo lo que se ha enterado que hago – pero el chico pronto tuvo una rápida idea y agregó –: ¿Qué tal finjo estar enfermo? Tú podría cubrirme.
–Primero Hiccup, no sabes mentir –le recordó Honey con hastía y enumerando con los dedos –. Segundo, es muy probable que pospongan todo hasta que te recuperes. No, lo que necesitas es no participar o perder la competencia.
–Pero no puedo evitar participar y si pierdo rotundamente la competencia, todos sospecharían de mí.
–Date cuenta de lo que estás diciendo. Ya que eso significaría que debes participar, hacer una gran demostración, pero no ganar.
–¡Exacto! –soltó el muchacho feliz de encontrar algo que le parecía perfecto, pero pronto su sonrisa desapareció ante la mirada de fastidio que le dirigió su gemela –. De acuerdo, sé que no suena tan fácil, pero…
–¿Pero?
–Sí pierdo rotundamente nunca podre quitarme a papá de encima y eso haría más complicado ayudar a Toothless. Lo que necesito es hacer una demostración digna de un vikingo pero asegurarme que no sea lo suficientemente buena para ganar, así papá estará satisfecho con lo que hice y nadie sospechara que perdí a propósito.
Honey estaba a punto de comentar que era la idea más descabellada que había tenido en toda su vida (y eso que siempre tuvo las más locas), cuando el dragón negro se adelantó, soltó un resoplido y sacudió su cabeza como si expresara una palabrota ante tan tonto plan.
–Deberías estar de mi lado, Toothless –se quejo el muchacho desanimándose nuevamente.
–Hiccup espero que entiendas que por nada de mundo debes de ganar y enfrentar a nightmare –comentó Honey realmente preocupada por las acciones de su hermano y la posibilidad de que sus visiones se hicieran realidad.
–Lo sé, pero debo intentarlo –contestó éste resignado y resuelto –. Solo queda rogar a los dioses para que funcione.
–Rogarles no sirve de nada, son una manada de inútiles pomposos cabr…
–¡HONEY! –bramó Hiccup alarmado callando inmediatamente las palabras de su hermana, mientras sus ojos escrudiñaron los alrededores como si temiera que mismo Thor lanzara un rayo contra ellos.
–¿Qué? –preguntó ella sin detectar lo malo en sus acciones.
–Sabes, Honey. A veces tu ateísmo me preocupa.
Su gemela solo contestó su comentario encogiendo los hombros sin interés.
–Mejor es que regresemos a la aldea antes que papá comencé a preguntarse dónde estamos y mande un grupo de búsqueda por el bosque –explicó el muchacho pasando su mano por última vez por la cabeza de Toothless en despedida antes de dirigirse a la salida de la ensenada seguido de cerca por su hermana.
Chapter 32: El campeón de la arena
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El campeón de la arena
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–Escuchen con atención miserables mozalbetes ya que pienso explicarlo solo una vez –sentención Gobber con tenacidad frente al grupo de los seis jóvenes aprendices. Se encontraba a la mañana siguiente en el centro de la arena, formado en un apretada hilera esperando ansiosamente las instrucciones del viejo guerrero, mientras eran vigilados de cerca por una la gran multitud de espectadores alrededor de la zona de entrenamiento – . Esta competencia será simple, consistirá principalmente en sobrevivir (si es que pueden) a cada uno de los dragones con los que hemos practicado a lo largo de las clases. Pero estén atentos –agregó con algo de dramatismo –, ya que sí el dragón los alcanza quedaran eliminados de la competencia. Y el ganador no lo será el último en quedar de pie, también deberá seleccionado por nuestro juez imparcial como el mejor competidor de todos.
–¿Quién es el juez imparcial? –preguntó Fishlegs con curiosidad levantando la mano.
–Como la más vieja de la aldea, Gothi lo será –dijo el herrero indicando con la mirada la cornisa donde estaba en pie la vieja mujer con su báculo, acompañada de cerca por Honey y el jefe Stoick. La anciana saludó a los chicos sacudiendo levemente su mano, pero sonriendo con malicia –. Impresiónenla, ya que de eso dependerá quien tendrá el honor de matar al montrous nightmare el próximo jueves de Thor frente a toda la aldea y los Meatheads visitantes –agregó Gobber indicando con su garfio detrás de él, la jaula del dragón rojo que sacudió su entrada con estrepitoso gruñido, mientras el humo se escurrió por las leves rendijas –. ¡Ah ya cállate! ¡Lagartija sobre desarrollada! ¡En dos días tendrás tu oportunidad! –agregó el viejo guerrero dirigiéndose a la bestia.
Pronto, su mirada se volvió de nuevo a los muchachos delante de él y pudo presenciar de primera mano el nerviosismo y terror en la mayoría de sus jóvenes aprendices. Lo cual era perfecto, ya que eso les ayudaría a mantenerse con vida ante los que Gobber tenía preparado para ellos.
En realidad el guerrero retirado se sentía muy impresionado con lo lejos que habían llegado su últimos aprendices, hasta cierta forma culpable por haber dudado de la mayoría de ellos. Estaba seguro que ante sus ojos tenía el nuevo futuro de guerreros de Berk quienes protegerían la aldea de los peligros del mundo incivilizado. Pero sobre todo, estaba sorprendido con la gran mejoría de su escuálido aprendiz.
Gobber había cuidado a Hiccup y Honey desde que eran bebes, mientras su padre debía ocuparse de la aldea y la madre de los niños se había perdido para siempre. Recordaba muy bien que no tenía la menor idea de qué hacer con los gemelos, eran tan pequeñitos que por un tiempo pensó que los podría romper fácilmente. Después comenzó el terror cuando comenzaron a caminar; Gobber no le quedo otra alternativa que atarlos de la cintura a uno de las columnas de madera que sostenían su herrería. ¡Por los dioses! Stoick pegó el gritó en el cielo cuando se enteró.
El herrero había pasado tanto a lado de ellos que él ya los sentía como suyos; se preocupaba por ellos, lo que hacían, lo que comían, como se sentía. Los quería más que nada en el mundo y ellos lo quería como si fuera un segundo padre. Los había visto crecer (tal vez no mucho) y los conocía mejor que nadie en la aldea.
Honey se había separado un poco de su ala cuando comenzó a pasar más tiempo con Gothi, pero Hiccup seguía siendo su muchacho, su aprendiz, su pequeño esqueleto de pescado parlante. Sabía lo mucho que era importante para él la aceptación de la demás y obtener la admiración de su padre; y había recorrido un largo camino para tener esa oportunidad y de verdad se la merecía. Se lo había ganado.
–¡Vamos a comenzar! – bramó el herrero provocando una gran cantidad de aclamos y gritos de los espectadores.
Prácticamente, toda la aldea había acudido a la presentación. Solo aquellos que tenían trabajo esencial para el sustento de Berk estaban ausentes. Los padres y familias de cada uno de los futuros guerreros se encontraban expectantes por lo que iba a suceder, los guerreros hacía apuestas con oro de quien sería el ganador de la competencia, los niños tomaban las manos de sus abuelos para no asustarse cuando salieran los dragones y los adolecente mayores reían y hacía bromas para intimidar a los muchachos en la arena.
Los corazones de los jóvenes aprendices se aceleraron con los gritos y las exclamaciones del público, y se atemorizaron un poco ante la cantidad de miradas sobre ellos; nunca otra generación había tenido tanta atención, pero ninguna otra había tenido a un heredero perdedor que se había convertido en campeón de la noche a la mañana.
Y a diferencia de los jóvenes a sus lados, el corazón de Hiccup latía arrítmico por una razón que no tenía nada que ver con los nervios. Las cosas no habían resultado como se las imaginaba. Esperaba que la competencia tuviera otro sistema o reglas que le permitieran más perder discretamente. Pero tal pudo confirmar en la leve mirada que le dirigió su hermana desde la seguridad de las gradas, contemplaba el mismo problema que él había detectado en su plan.
Para perder la competencia debía ser eliminado por un dragón o en su caso, no impresionar a la anciana jueza. Ambas tareas casi imposible, ya que los dragones lo reconocerían y nunca le harían daño, y en cuanto a Gothi, era bien sabido por ambos gemelos que Hiccup era el popular vencedor de los habitantes de Berk.
Hiccup tenía que averiguar una manera de como perder o realizar el mínimo esfuerzo posible, pero al mismo tiempo dar una presentación decente frente la mirada ansiosa de su padre.
–Me lleva… –murmuró por debajo Hiccup como respuesta ante su problemática.
Pero dejando a un lado al muchacho y pasando a su padre, éste decir que se encontraba emocionado era poco para expresar lo que realmente sentía en ese momento. Hiccup había sido una decepción tras otra a sus irreales expectativas, que en cierta forma ya se había resignado a la desgracia que tenía por heredero, la burlas de otros jefes y el futuro incierto en que quedaba Berk. Pero finalmente sus plegarías habían sido escuchadas y su muchacho tenía la oportunidad de convertirse en el campeón que siempre quiso que fuera, y luego quien sabe, tal vez hasta el futuro jefe que se imaginó que sería la primera vez que lo cagó en sus brazos.
Pero regresando a la competencia, la primera parte era relativamente sencilla pero mortalmente peligrosa. Gobber liberó al zippleback que inmediatamente cubrió el centro de la arena con su gas altamente explosivo, dejando fuera de la vista de los espectadores lo que sucedía bajo sus pies y para los aprendices, peligro a su alrededor. Los jóvenes guerreros, armados solamente con alguna hacha o una espada y un escudo de madera, deambularon a ciegas entre la neblina listos para que en cualquier momento apareciera el dragón. Snotlout estaba tan ansioso que al toparse con Ruffnut por casualidad casi le parte la cabeza con su arma
–¡Mira a donde apuntas, idiota! –le gritó la chica rubia tratando de golpearlo en la testa con su escudo. Snotlout alcanzó a esquivarlo justo a tiempo.
–¡Hey! ¡Fue un accidente legítimo! –exclamó el moreno.
No fueron los únicos con problemas, Fishlegs se atravesó en el camino de Astrid, asustándose con el leve roce de la chica y éste salió corriendo y gritando en dirección contraria.
Todo continuó de esa manera hasta que finalmente Hiccup se topó con el zippleback. Corriendo a ciegas por la neblina el chico chocó contra el largo pecho del dragón, dejando caer su daga y su escudo a sus lados. Las dos cabezas de la bestia inmediatamente lo reconocieron y lo derribó con ataque demasiado adorable de lengüetazos en el rostro.
–¿Hiccup? –escuchó de repente el muchacho una voz a su espalda. Volvió su rostro para ver quien lo llamaba, mientras con sus manos intentaba contener a la bestia que estaba muy feliz de verlo –. ¡El dragón se está comiendo a Hiccup! –gritó Snotlout entre emoción y algo de terror, era difícil explicar lo que su cabeza hueva podía estar pensando en ese momento.
Pero su gritó alertó al zippleback quien reacciono en protección del muchacho cubriéndolo con su cuerpo, en lo que con su cabeza detonaba la chispa.
–Oh no –musitó Hiccup en lo que se cubrió con los brazos el rostro y su cuerpo adoptó posición fetal. La fuertes llamaradas ardieron a su alrededor ante la fuerte explosión, pero estas nunca lo tocaran ya que zippleback lo protegió con su propio cuerpo.
Astrid y Ruffnut lograron a reaccionar lo suficientemente a tiempo para cubrirse con sus escudos de la detonación, Fishlegs de reacciones más lentas, tardó un poco más en hacerlo y su regordete cuerpo no fue correctamente protegido por su escudo y quedo susceptible a las llamas. Pero en cambio Tuffnut y Snotlout, fueron tomados desprevenidos y alcanzados por la explosión que los lanzó con fuerza a una de las orillas de la arena, donde sus espaladas chocaron con tal intensidad contra de muro de roca dejándoos fuera de combate.
Al dispersarse el humo, el zippleback soltó al muchacho pecoso en su apretado ovillo y avanzó hacia Snotlout con la intensión de exterminar con la amenaza, pero Gobber rápidamente interinó lazando las dos cabezas de la bestia y regresándola entre tirones a su jaula.
Los espectadores que se cubrieron sus rostro durante la explosión, nunca se percataron de cómo el dragón protegió a Hiccup con su propio cuerpo, lo único que presenciaron fue a éste completamente ileso en el centro de la arena, a diferencia de los demás competidores (Fishlegs medio tostado, Astrid con la ropa chamuscadas y Ruff con el pelo humeando), ganándose así varias alabanzas.
–Se supone que debes fallar –soltó Honey entre dientes para que su padre no la escuchara, mientras su hermano le dirigía una sonrisa nerviosa.
Snotlout y Tuffnut no volvieron a la realidad en los siguientes minutos por lo cual se les descalificó de la competencia, decepcionando así a los padres de ambos. Mientras que Honey se ocupada de atender al par de chicos inconscientes, Gobber anunció la segunda parte de la competencia, esta consistía en proteger a su querida oveja Phil de las fauces del nadder, para ello en esa ocasión había preparado la arena no con un laberinto, sino con una superficie artificial de perchas conformadas de gruesos postes de madera. La dragona permanecería en la parte superior y la inferior, los chicos arrastraría en el caso espacio en que solo cabía con facilidad la oveja.
Una vez que fue liberada, el nadder fue inmediatamente por Phil. No lo pudo alcanzar debido a los estrechos espacios entre las perchas, pero fácilmente podía quemarla con su llamas o lastimarlo con los dardos de su cola. Astrid no dudo en socorrer a Phil usando su hacha para ahuyentar al nadder golpeando sobre sus uñas, pero con sus acciones provocó que la dragona descargara su ira hacía lo jóvenes aprendices. Fishlegs fue pronto alcanzado un por dardo al quedar atrapado entre las perchas y el suelo; Ruffnut por su parte se escabullía con gran facilidad de la bestia, pero siempre terminaba dirigiéndola a la oveja; y Astrid realizó la mayoría del trabajo en defender al animal asustado.
Hiccup era el único que se podía mover con más facilidad en el estrecho espacio entre el suelo y las perchas, pero trató de mantenerse al margen del encuentro la mayor parte del tiempo, hasta que en la lejanía:
–¡Vamos Hiccup! –escuchó a su padre llamarlo a todo pulmón acompañado con los gritos del resto de la aldea –. ¡No te quedes ahí!
Resignado el muchacho soltó un resoplido y se acercó a la batalla entre Astrid, el nadder y Phil. ¿Qué era lo peor que podía pasar?
Precisamente eso fue lo sucedió.
Astrid no estaba dispuesta a compartir la gloria y tan pronto se dio cuenta de la cercanía de Hiccup lo empujo a un lado con el hombro. La nadder no lo tomó muy bien que agrediera a su escuálido amigo vikingo y se enfocó solamente en atravesar a la chica rubia con su cola, olvidándose completamente a Phil. Ante la caída del muchacho pecoso, su escudo quedo atorado entre varias de las perchas, lo que permitió que la oveja no se equivocara en su camino y fuera corriendo justo a la salida de la arena.
Ésta se llenó de más gritos al ver que Phil se encontraba a salvo.
–¡Perfecto Hiccup! –le dijo Gobber con alegría dándole unas palmadas en sus hombros una vez que el nadder estaba de nuevo en su jaula –. ¡Salvaste a Phil! ¡Bien hecho!
Completamente nervioso y frustrado con su suerte, Hiccup solo asintió ante tales palabras mientras su mirada se posó sobre sus compañeros. Snotlout y Tuffnut habían recuperado el conocimiento, vendados de la cabeza a los pies y aplaudía al igual que la multitud, pero con algo de aturdimiento; Ruffnut claramente agotada, trataba de recuperar la respiración en una de la orillas de la arena; Astrid le dirigió un mirada de furia que lo hizo temblar, mientras ella deambulaba de un lado a otro como león enjaulado; Fishlegs era atendido por Honey, quien cubrió las partes de su cuerpo expuestas con una masa blanquecina que funcionaba como antídoto tópico para el veneno de nadder.
Su gemela le lanzó una rápida ojeada sobre la cabeza de Fishlegs y sus ojos como esmeradas le recriminaron su fracaso en fracasar. Hiccup solo pudo contestarle encogiendo los hombros y dirigiéndole una mirada suplicante.
–¿Cuándo terminara esta pesadilla? –pensó para sí el muchacho.
Y su suplicas fueron escuchadas, ya que solo faltaba una parte más de la competencia, pero eso no quería decir que la más sencilla. Como último, Gobber había preparado un par de barricadas por toda la arena y liberando al enfurecido gronckle. A diferencia del las otras dos pruebas, no solo debían sobrevivir al dragón sino también derrotarlo, y para ello permanecería atrapados en la arena todo el tiempo que fuera necesario, hasta que la bestia estuviera en el suelo.
Pero la primera en caer fue Ruffnut, quien intentó sorprender por detrás al gronckle y fue descubierta por un gritó de apoyo que su hermano le dirigió justamente en el peor momento:
–¡Ruffnut! ¡Dale con tu enorme trasero! ¡Así lo derribas!
La gemela rubia, trató de cubrirse con su escudo en el último instante pero la fuerte bola de fuego y lava incandescente arrojada por el dragón, explotó la madera de su escudo y la arrojó hacia atrás varios metros antes de aterrizar de espaldas.
–¡En mi último aliento maldigo a Tuffnut!!! –exclamó con odio mientras su cuerpo era eyectado por el aire.
Lo cual dejo solo a Hiccup y Astrid en la competencia.
–Esta vez… –musitaba para sí la joven rubia con vehemencia – de seguro… será mío…
Hiccup por su parte, decidió que no haría absolutamente nada, no le importaba que su padre lo mirara ansiosamente con una sonrisa esperando a presenciar su siguiente maravilla. No le importaba que sucediera o las consecuencias de ello, el gemelo pecoso ya no intervendría en lo más mínimo.
Eso demostró lo tanto que lo odiaban los dioses, ya que el gronckle tuvo otro planes y en lugar de alejarse del chico, se acercó más ante él y a su inconfundible aroma a night fury y dragonip. Para cuando Astrid finalmente estuvo lista para arremeter contra el dragón, éste ya se encontraba a los pies de Hiccup, fuera de combate. Fue cuando la chica sorprendió a los espectadores con un maravilloso espectáculo de grosería e insultos a todo pulmón.
–Muy bien –dijo Gobber muy animado sujetando a ambos jóvenes y poniéndolos de pie a la vista de Gothi –. Es hora de la decisión de nuestra jueza, quien es el ganador del honor de matar al nightmare.
La anciana negó con la cabeza rotundamente cuando el herrero indicó a Astrid, hiriéndola profundamente dentro de su pecho; pero cuando indicó a Hiccup, la mujer mayor asintió con energía.
–Mierda –masculló Honey a un lado de Gothi cubriéndose el rostro con ambas manos.
–¡Mierda! –gruñó Astrid lanzando contra el suelo su hacha en derrota.
–Mierda –soltó Hiccup con lastima en lo que una muchedumbre lo levantaba en brazos.
Chapter 33: Pequeña isla, mundo grande
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Pequeña isla, mundo grande
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La aldea de la isla de Berk resultaba muy diferente a lo acostumbrado aquella mañana, un día después de la brutal competencia que se llevó a cabo en la arena. El pequeño poblado que se extendía en la escapada y fría tierra de aquella formación rocosa, se encontraba mucho más congestionado con la cantidad de visitantes que habían llegado en las últimas horas. Ante la celebración del jueves de Thor, los vikingos de isla Meathead desembarcaron sus largos navíos en las costas de su isla vecina y principales aliados, llevando consigo su oro, armas, objetos de trueque, comida y hasta sus esclavos. Era una tradición que existía por muchas generaciones e inclusive había sobrevivido a ciertos periodos donde los peludos Hooligans y los Meatheads habían levantados sus armas los unos contra otras (habitualmente por estupideces).
Generalmente tal celebración al dios del rayo se llevaba a cabo mediante competencias de habilidad y fuerzas durante las mañanas, intercambios culinarios durante las tarde y bebida durante la noche; pero en esa ocasión sería diferente ya que la principal atracción del tal festejos sería la demostración del heredero de la isla contra su primer nightmare (de los muchos que se esperaban).
Cuatro de los cinco jóvenes que había participado para ese honor se encontraba aquella precisa mañana frente a la herrería, simplemente desperdiciando el tiempo, mientras admiraban la gran diferencia entre los Meathead y su propia gente. Los vikingos de su tribu hermana se caracterizaba por tener cuerpos más robustos y bajos, además de que la mayoría eran morenos de cabellera. Una cualidad peculiar, ya que en la frías tierras nórdicas, era común que los habitantes tuvieran el cabello rubio (en una gran gama de tonalidades) o en su defecto rojo. La cabello negro no era tan común y aún más el castaño.
–Wow, son muchos meatheads –comentó Ruffnut desde su puesto en uno de los márgenes de las ventanas de la herrería. La chica trenzaba con cuidado su chamuscado cabello.
A su lado, recargado contra pared, su hermano asintió con la cabeza provocando que el casco callera de esta debido a los grandes vendajes alrededor de sus sienes.
–¿Acaso va asistir toda la isla? –soltó Fishlegs algo asombrado frotándose los nudillos que se encontraban algo resecos y callosos por lo sucedido el día anterior.
–No quisiera estar en los zapatos de Hiccup ahora –agregó Snotlout con una leve sonrisita picara recargado contra uno de los barriles de la herrería. El joven moreno trató de cruzar sus brazos sobre su pecho, pero los estrechos vendajes que le cubrían el torso bajo la ropa no le permitían gran gama de movimientos.
–Ni en sus pantalones –dijo de repente Tuffnut desconcentrando a los demás chicos a su alrededor. Al verse sorprendido por la mirada de los dos amigos y su hermana gemela, se apresuró a aclarar –: Es que son tan chiquitos y tú…. –Snotlout le dirigió una mirada inquisitiva, Fishlegs negó levemente con la cabeza y Ruff se cubrió el rostro con su mano –. Bueno, luego no digan que no tienen mentes cochinas –dijo de ultimo cruzando sus brazos y perdiendo la vista en la multitud a su alrededor.
–Como sea –continuó Snotlout haciendo girar sus ojos –. Imagínense si lo hecha todo a perder nuevamente frente a toda la aldea y los Meatheads.
–¿Por qué pasaría eso, Snotlout? –comentó Fishlegs.
–¡Dah! Porque es Hiccup y él solía arruinarlo todo.
–“Solía” es la palabra en cuestión – puntualizó la gemela rubia señalando el cielo con su dedo índice, mientras le lanzaba una mirada mordaz al joven moreno. Ruffnut estaba muy satisfecha con ella misma después de los resultados de la competencia; tal vez no había ganado, pero al superar a su hermano e incluso a Snotlout era todo un logro personal. Y por supuesto, nunca iba a permitir que lo olvidaran.
–Lo que pasa es que alguien le pico el gusanito de la envidia por ser el primero en ser eliminado en la competencia –acompañó Tuff a su hermana con una sonrisa maliciosa.
–¡Tú fuiste eliminado primero! –bramó Snotlout indignado perdiendo la compostura.
–Nop, fuimos eliminados al mismo tiempo, mi buen amigo –agregó el gemelo rubio con un tono increíblemente formal –. No confundas los detalles.
–Creo que el trancazo en la cabeza le movió las ideas –bromeó su hermana casi en susurro.
Ambos gemelos rieron por lo bajo, Fishlegs tuvo que taparse la boca con su regordeta mano para ocultar su sonrisita.
–No, idiotas –se apresuró a agregar Snotlout con indignación aunque sus mejillas estaban levemente rosadas. El golpe que había recibido en la cabeza había resultado menos doloroso que la expresión de decepción que le dirigió su padre cuando regresó a casa después de la derrota –. Y en realidad ya no duele –acto seguido se quitó su casco con cuernos y se sobó la testa donde antes tenía un reluciente y enorme chichón –. No tengo idea que me puso Honey, pero ya no siento nada.
Su comentario pronto fue acompañado por leves asentimientos de sus amigos, quien cada uno de ellos había experimentado las habilidades de la gemela Haddock después de los resultados desastrosos de la competencia del día anterior.
–Yo también –dijo Fishlegs frotándose los nudillos que hacía unas horas se encontraban rojos por la hinchazón, pero en esos momentos habían adquirido su tono rozado después de aplicarse el ungüento que le regaló Honey –, quien diría que en realidad fuera tan buena curandera.
–Esos niños son un par de sacos de monerías –comentó de ultimo Ruff con total calma dejando sus brazos detrás de su cabeza –. Y hablando de un gran saco –agregó ante la repentina llegada de una larga figura.
Los cuatro jóvenes levantaron la vista precisamente para toparse con el jefe Stoick. El gran hombre de barba rojiza se postró delante de los chicos con las manos en su grueso cinturón y los fulminó con su mirada.
–¿Acaso me están llamando… obeso? –soltó el jefe haciendo énfasis en la última palabra.
Snotlout y Fishlegs se pusieron algo nerviosos ante su repentina llegada, solo los gemelos Thorston quienes estaban acostumbrados a ser castigados por el mismo jefe, conservaron la calma a pesar de la penetrante mirada del fiero líder vikingo.
–No, jefe –se apresuró a decir Fishlegs con algo de pena y nerviosismo. Los demás apoyaron sus palabras asintiendo con la cabeza –. Eso nunca, jefe.
Stoick alzó una ceja sin tragarse de lleno sus palabras, conocía muy bien a eso muchachos mezquinos y sabía que tan problemáticos podían ser. Pero por suerte para ellos, él no tenía tiempo para lidiar con sus niñerías.
–Bien. En fin ¿Alguno de ustedes ha visto a Hiccup?
Los chicos intercambiaron miradas, antes de negar con la cabeza al mismo tiempo.
–En realidad… lo hemos estado esperando, pero no llegado a la herrería –explicó de nuevo Fishlegs.
–Sí, porque otra razón estaríamos aquí ¡Duh! –comentó Ruffnut encogiendo los hombros, pero pronto bajo la mirada ante los penetrantes ojos verdes de su líder –. Es triste cuando envejecen –comentó en voz baja a su hermano aunque fue perfectamente audible para los demás presentes.
A pesar de lo rojo que se estaba poniendo el rostro de Stoick o lo que se alcanzaba a ver entre la maraña de pelo que cubría su rostro, el gemelo rubio apoyó las palabras de su hermana con un ademan no muy discreto que indicaba que el hombre ante ellos había perdido la chaveta.
El jefe tuvo que contar hasta diez y respirar profundo para no romper cada hueso de los niños Thorston en ese momento. Si lo hacía, tendría el penoso trabajo de explicárselo a sus padres. No tenían energía para lidiar con más miembros de esa familia, cuando estaba muy ocupado con la llegada de los Meatheads y el jueves de Thor que se celebraría la siguiente mañana.
–Como le decíamos… –dijo Fishlegs retomando la conversación – no hemos visto a Hiccup durante toda el día, tampoco a Honey.
Stoick soltó otro resoplido en desesperación. El jefe estaba un poco ansioso, pero al mismo emocionado. Aquel mundo barbárico no está ausente de los chismes y habladurías, por lo tanto, todos en el archipiélago vikingo conocían los que sucedía con los jefes de las otras tribus, prácticamente ellos eran la realeza vikinga; y era bien sabido por todos, las desgracia que era Hiccup y el poco material de heredero que tenía. Finalmente las cosas estaban cambiando para el gran orgulloso guerrero que era Stoick, ante la oportunidad que se presentaba para su muchacho.
Por primera vez tenía lago que presumirle a Mogadon sobre su hijo y no lograba encontrarlo por ningún lado.
–Sí lo ven –le indicó a los jóvenes antes de darse media vuelta y continuar con sus labores –, dígale que los estoy buscando. Es urgente –giró sobre sí mismo, pero antes de marcharse, se volvió de nuevo hacía los cuartos jóvenes y les preguntó –: Por cierto, ¿alguno de ustedes tiene que ver con la pérdida de las ovejas del granero de mudo Sven? Se escaparon un par anoche PORQUE alguien dejo la puerta abierta.
Ruffnut tragó saliva tratando de que no se notara la culpabilidad en su rostro, fallando rotundamente ante la mirada experta mirada de Stoick. Sí, que los conocía bien.
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Hiccup había tenido suficiente.
El chico caminaba aprisa por el frondoso bosque de Berk en dirección a la ensenada de Toothless, llevando sobre su espalda una pesada carga. Era los objetos básicos y esenciales que había elegido para su largo viaje… de por vida.
Así es, Hiccup se marchaba, y no como muchos jóvenes algo mayores que él, que se lanzaban a la mar en busca de aventura, riquezas y madures. No, él estaba huyendo.
No podía quedarse y enfrentar al nightmare. Sentía lastima por la pobre bestia, pero ya no podía hacer gran cosa por él; lo única que le quedaba al muchacho era alejarse lo más posible para que no fuera obligado a regresar y cumplir con su deber.
Sabía que no sería fácil y no solo por el hecho de que allá afuera el mundo era peligroso y no conocía la piedad, especialmente a débiles como él; sino porque era consciente de todo los que estaba dejando atrás. A pesar de lo mucho que había sufrido en los pasos de los años, Berk seguía siendo su hogar, el de su padre y abuelos antes que él. Era todo el mundo que conocía y donde (fuera de la discriminación que sufría por su condición) tenía muchas ventajas al ser el hijo del jefe. Pero también responsabilidades que él no creía que era posible llenar.
Aunque Berk era un lugar rudo y áspero, tenía cosas que el amaba y le harían falta al irse, como la vista del atardecer desde la entrada al gran comedor, el fresco aroma a pino del bosque, el pan de cangrejo de los señores Ingerman y por supuesto su gente. Extrañaría terriblemente a Gobber, su mentor y segundo padre, a Fishlegs con quien acababa de hacer las paces, a su progenitor a pesar de los problemas que había entre ellos, e inclusive a Snotlout quien no era precisamente una manzana dulce con él. No volvería ver a Astrid, quien a pesar de que los últimos días expresaba en su mirada el deseo de matarlo, extrañaría su sola presencia. No obstante, Hiccup, en cierta forma siempre supo que su amor adolecente por la rubia nunca llegaría a lejos.
Pero sobre todo las cosas, le pesaba más que nada dejar a Honey atrás. Los gemelos nunca habían estado realmente separados. Por sus ocupaciones podían estar lejos el uno del otro el día completo, pero seguía estando en la misma isla. A Hiccup se le volcaba el corazón pensando como reaccionaria su hermana cuando se enterara que se había ido; sabía que se sentiría traicionada, especialmente cuando prometieron estar siempre juntos. Pero el mundo de allá fuer era tan peligroso, que nunca se perdonaría si le pasara algo a su gemela. No, Honey debía quedarse en Berk con su padre. Solo esperaba que en su desesperación ambos no salieran a buscarlo, ya que era su intención no ser encontrado o volver nunca más. Tenía una fuerte razón para ello.
Hiccup había ignorado los consejos de Honey y se había encariñado terriblemente con Toothless; aún más, habían generado un vínculo entre ellos que sentía que si se rompía, Hiccup creería que él mismo se caería en pedazos. Él necesitaba del dragón de ébano y éste de él. Por eso necesitaban huir juntos.
Y hablando del night fury, no apareció al momento que el chico llegó a la ensenada y lo llamó a todo pulmón. Probablemente estaba tomando una sienta por ahí colgado de cabeza como murciélago.
Por mientras, el joven pecoso aprovechó para alistar todo lo que había preparado para su viaje, sin percatarse que no era el único en aquel lugar. Antes de que pudiera reaccionar que estaba pasando, Hiccup se encontró de cara contra el suelo ante un fuerte empujón en la espalda que lo derribó.
Cuando pudo volverse para ver de quien se trataba, con el corazón acelerado descubrió nada menos que Honey parada frente a él completamente agitada, pero no pudo apreciar de inmediato su rostro debido a que encontraba de espaldas al sol.
–¡Honey! –soltó el muchacho desde el suelo.
Hiccup le tomó un momento distinguir realmente en el semblante de su hermana gemela, pero cuando lo hizo descubrió unas gruesas lagrimas escurriendo por su rostro completamente afligido.
–¡¿No puedes hacer esto?! –dijo ésta con desesperación en su voz.
Su hermano le devolvió una mirada casi en pánico. Con torpes movimientos, Hiccup se puso de pie al mismo tiempo que intentaba sacudirse el polvo de encima.
–Honey… –le dijo débilmente casi sin saber qué hacer. Eran pocas las ocasiones que veía su hermana tan alterada y casi nunca era por su causa –. Lo-lo siento… pero debes de entender que no puedo quedarme –trató de razonar con ella con débiles ademanes con sus manos, pero Honey no dejaba de llorar –. No puedo enfrentar al nightmare.
–¡Eres un tonto, Hiccup Haddock! ¡Sé que no debes luchar contra ese dragón!
–¿Lo sabes? –soltó el chico con incredulidad.
–¡Por supuesto! ¡Es muy probable que de eso se trate mi sueño!
–Ah… –musitó el gemelo pecoso recordando a la perfección la descripción vaga que le había dado su hermana sobre su repentina muerte en una bola de fuego. Casi lo había olvidado (y se le podía perdonar con todo lo que había pasado los últimos días) y ahora que lo analizaba tenía mucho sentido. Otra razón más para salir huyendo. Pero aún así, Honey no dejaba de llorar –. Entonces, si crees que debo marcharme ¿Por qué…?
–¡¿No puedes marcharte así nada mas?!
–Eh… claro que quería despedirme –balbuceó el chico rascándose la nuca completamente nervioso y con un leve rubor en sus mejillas –. Bueno…yo… no quería…
–¡No! –bramó Honey casi en un rugido y pataleando en el suelo –. ¡¿Cómo puedes marcharte y abandonarme?! –ante su llanto desconsolador, se cubrió el rostro con ambas manos y sus siguiente palabras fueron parcialmente enmudecidas –: ¡No puedes irte sin mí y dejarme sola con papá! ¡Me convertiría en carne para dragón!
El llanto de Honey se debía a uno de los grandes temores de la joven gemela. Ya se ha mencionado con anterioridad que al ser hijos de un jefe Hiccup y Honey contaban con ciertos privilegios y por supuesto, muchas responsabilidades. En su sangre recaía la continuidad del trono de Berk y Hiccup al ser el varón eso lo convertía él en el heredero. Pero si en el caso que éste hiciera falta o no cumpliera con el cargo, era obligación de los Haddock cubrir el puesto. Rara vez se nombraba a alguien fuera de la familia ya que era algo que se seleccionaba por sangre y las mujeres no podían tomar el trono por si solas. Así que recaería todo el peso en Honey en tener rápidamente otro heredero varón que cubriera el puesto, aunque eso significara casarla joven con algún pretendiente.
Honey lo tenía muy presente y no le gustaba, su padre Stoick conocía la regla y a pesar de su desagrado por tal idea, estaba dispuesto a sacrificarla por el bien de la aldea y las tradiciones. Y Hiccup no era ausente de tal realidad, pero había otras cosas peores…
–Es que… no quería involúcrate en todo esto –dijo Hiccup nervioso pero endulzando su voz, posó ambas manos en los hombros de su gemela y pudo percatarse del temblor que recorría el cuerpo de ésta –. Es mi problema.
Honey apartó sus manos de su rostro e hizo frente a su gemelo con un semblante bastante alterado, cubierto de lágrimas y algunos mocos escurridizos.
–¡Juntos siempre! –le reclamó tomándolo de los brazos, mientras sus manos seguían aún en sus hombros –. ¡¿No es acaso así como decimos?!
Hiccup le dirigió una mirada incrédula con nerviosismo. En realidad no tenía la menor idea que hacer; le dolía terriblemente marcharse y dejar a Honey, pero no sabía nada de allá afuero solo que era muy peligros. No podía arriesgarla a eso, a pesar de los mucho que quería que permanecieran juntos.
–Sí, pero…. –masculló el chico tratando de razonar con ella – pero no sabes que hay allá ¡Y yo no puedo quedarme! –agregó elevando sus voz para que sobrepasara los llanto de su hermana, quien no dejo de negar con la cabeza –. No puedo enfrentar a ese dragón y no quiero que lastimen a Toothless. ¿Entiendes eso? ¿Verdad?
Qué por cierto ¿Dónde estaba esa lagartija sobre desarrollada? Ya era hora que apareciera ¿no?
–¡También es peligroso para ti! –objetó Honey con mucho más seriedad y controlando sus lagrimas. Clavó sus grandes ojos verdes como esmeraldas en los de su hermano y éste pudo sentir como si ella pudiera mentarse en su cabeza –. Es que no lo entiendes, si tú huyes, yo huyó. ¡No atrevas a dejarme atrás! ¡No puedes dejarme atrás!
Honey lloró de nuevo desconsoladoramente que Hiccup no pudo evitar sucumbir ante su dolor y apretarla entres sus brazos. La chica empapó el hombro de su túnica en lo que su cuerpo convulsionaba levemente ante su llanto. El gemelo pecoso soltó un suspiro en resignación y comenzó a acariciar suavemente el largo cabello de su hermana, en lo que se convencía a sí mismo que no había otra alterativa.
–No será fácil… –dijo el chico.
–No importa… –le respondió ella.
Permanecieron un par de minutos más abrazados en lo que Honey pudo controlar sus lágrimas, y cuando finalmente lo hizo, ambos se separaron lo suficiente para mirarse a los ojos y sonreír débilmente.
Antes de que alguno de los dos llegara a pronunciar palabra alguna, un extraño sonido captó su atención. Los gemelos pecosos alzaron la vista para vislumbrar con horror la silueta de Astrid Hofferson recargada sobre una enorme roca, amenazándolos con su afilada hacha:
–¿Creo que llego el momento que terminen con esta mierda y me digan que se traen entre manos?
Chapter 34: Secretos revelados
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Secretos revelados
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Astrid corría con todo lo que podían ofrecer sus piernas. En el camino se encontró con troncos y piedras que interponían su marcha y generaban cierta desesperación en su ser. Tenía que alejarse rápido… llegar lo más pronto posible a la aldea y advertirle a todos lo que acababa de ver.
La verdad, no estaba muy segura de que era exactamente lo que había presenciado. Era simplemente una locura o una travesura de Loki para engañar a sus sentidos; ya que no había forma posible de que Hiccup hubiera logrado domar a un…
–¡Dragón! – se escapó de su boca cuando unas poderosas garras la sujetaron de uno de sus brazos y la alzaron en el aire.
Ese era su fin. Astrid Hofferson, hija de Bertha “The Big Brute” y Arvid Hofferson, sobrina del Finn “Fearless” Hofferson, terminaba justamente ahí a la merced y garras de un nightfury que el inepto de la aldea había ocultado en el bosque.
¿Inepto?... tal vez no después de todo.
Aunque estaba segura que iba morir y aún así, la joven renegó una vez más a sus dioses por terminar su existencia de una manera nada gloriosa como los antiguos canticos de antaño.
Astrid pudo ver como la vida dura que había pasado en sus cortos trece años, transcurría delante de sus ojos. Los escasos momentos felices con su familia, la pérdida de su padre en alta mar, la muerte de su tío, la partida de su primo y el extraño pero inocente joven pecoso que le había ocasionado a ella la muerte. Ni siquiera en sus años de infancia en los que solía compartir juegos con Honey y su hermano, pudo llegar a imaginarse que serían los responsables de su deceso.
No parecían ser tan amenazantes en esa época…
Antes que terminara con sus rápidos y fatalistas pensamientos de tan solo unos segundos, la joven rubia fue lanzada a la copa de un árbol como si no fuera más que una muñeca de trapo. Astrid hizo lo posible para asirse de la rama que pedía de más de diez metros de altura sobre una muerte segura. Pero le resultaba muy difícil mantener el equilibrio, cuando el árbol se balanceaba por el peso del dragón de ébano que se apoyaba en las ramas contiguas.
Astrid miró con odio a los dos ocupantes de la silla de la bestia: Honey, que iba por delante fuertemente sujeta a los arneses de la montura, y Hiccup, sentado detrás de ella y ofreciendo apoyo, le tendía una mano con una mirada suplicante.
–Por favor Astrid –dijo el chico –. Danos la oportunidad de explicarte…
–Explicar ¿Qué? –musitó Honey apoyándose en la cabeza del nightfury, cuyos ojos verdes brillantes miraban con descarado desagrado a la joven rubia, pero tenía razones para ello. Esa chica había amenazado y lastimado a sus dos amigos humanos apenas hacía unos minutos antes–. Sería más fácil si Toothless se la come.
Con un movimiento casi humano de la cabeza, el dragón apoyó el comentario.
–No están ayudando –masculló Hiccup entre dientes lanzándole una mirada amenazante a su hermana y montura, mientras seguía tendiéndole la mano a lo joven guerrera vikinga que colgaba de la rama.
–¡No quiero escuchar ni un carajo de lo que tienen que decir!
–Entonces no hablare –insistió el muchacho pecoso –, solo déjanos mostrarte…
Ahí estaba Astrid, colgando de las alturas solo por sus manos de una rama que parecía querer sucumbir ante su peso en cualquier momento, y su única opción de salvación era confiar en aquel muchacho pecoso, ese gemelo loco y problemático, que la joven rubia no había logrado arrancarse de la cabeza su dulce sonrisa. El mismo que había mentido y engañado, el que traicionó a su tribu por un dragón y la había dejado en ridículo. La misma persona que la arrojó a ese árbol en primer lugar.
La joven rubia miró con recelo el rostro lastimero del muchacho y su mirada suplicante. Después de meditar levemente sus opciones, Astrid solo soltó un débil:
–Carajo.
A pesar de toda lógica y razón, la chica aceptó la ayuda y subió al lomo de la bestia negra justo detrás de Hiccup, a pesar de que el fiero dragón no estaba muy contento con ello.
Y no era el único.
–¿Qué dices, Toothless? –le susurró Honey con una sádica sonrisa a la bestia aplastando su cuerpo contra su cabeza de éste –. ¿Le damos a Astrid Hofferson el viaje de su vida?
Toothless secundó la idea.
Antes de que Hiccup pudiera asegurar a Astrid detrás de él y afirmarle que todo saldría bien, el dragón negro batió sus poderosas alas de murciélago y emprendió el vuelo al gran cielo azul con increíble potencia.
–¡Espera! ¡Toothless ¿qué haces?! –comentaba en vano Hiccup tratando de calmar los gritó histéricos de Astrid, que prácticamente perforaban sus oídos –. ¡Él generalmente no es así!
–Sí, que le estará pasando… –soltó Honey sarcásticamente mientras Toothless giraba sobre sí mismo, antes de caer en picado de una gran altura.
El vuelo desfrezado del dragón continuó por casi un minuto, torturando a Astrid a tal grado que finalmente soltó a todo pulmón y en un mar de lágrimas:
–¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! ¡Por favor, solo has que se detenga!
Satisfecho con su tortura, Toothless extendió sus largas alas hasta que consiguió planear con suavidad sobre las blancas nubes. Poco a poco, a como su vuelo se normalizaba, Astrid se atrevió a asomar sus ojos más allá del hombro de Hiccup y soltar su agarre casi mortal en el que tenía su cuerpo.
No era tan terrible como se imaginaba.
Hiccup pudo respiras aliviado ya que la bota de Astrid no estaba presionada contra sus costillas y había dejado de encajarle las uñas en su cuello. A como el vuelo continuó, un extraño y reconfortante sentimiento de familiaridad se apoderó de ellos tanto en el gemelo pecoso, como en la rubia detrás de él y la bestia negra que montaban. Solo Honey era la única que no compartía el sentimiento.
–Traidor –musitó la chica solo para el dragón, el cual sacudió su cabeza en respuesta –. Oh, ya bájame de una vez.
Obedeciendo las palabras de Honey y desconcertando a sus otros dos tripulantes que apenas comenzaba a disfrutar el vuelo y completamente ignorantes de los planes del dragón y la gemela, Toothless descendió hasta un costado de la isla, cerca de un pequeño acantilado que sobresalía del bosque de Berk.
Sin que el dragón tocara el suelo, la chica pecosa se desenganchó de los arneses de la montura y bajo de un brincó de la bestia al escarpado suelo de la orilla del acantilado. Se volvió solo para toparse con la mirada incrédula de su hermano y su rubia compañera, que continuaban firmemente sujetos al lomo del reptil alado que batía sus extremosidades con fuerza.
–¿Qué haces? –le preguntó Hiccup a su hermana sin comprenderla.
–Lo siento, Hiccup –dijo está mirándolo con algo de recelo ante el presentimiento que la estaba sobrecogiendo –pero yo me bajo de este barco de… –estaba a punto de decir algo que revelaría lo no quería admitir – sabes que, olvídalo.
Y sin decir más, Honey dio media vuelta y comenzó a introducirse en el bosque.
–¿Regresas a la ensenada?
Pero Honey solo respondió a su hermano, levantando la mano sin volverse si quiera o detener su marcha. El dragón permaneció un momento en el sitió hasta que finalmente la gemela dejo de ser visible entre los árboles.
No estando muy seguro que era lo que había sucedido con Honey, Hiccup tomó el control del Toothless y llevó a Astrid a un largo y placentero vuelo alrededor de la isla. Había vivido en Berk toda su vida, existía muchos misterios de la misma que aún desconocía, pero ninguno de los dos se había imaginado como era ver su hogar desde las alturas. Era emocionante y sobrecogedor. Volaron sobre las copas de los arboles de sus frondosos bosques, en las costas de arena blanca de un lado y las de granito en el otro; se elevaron mucho más del pico más alto y recorrieron hasta el extremo de su territorio en aquellas azules aguas.
El miedo que sintió Astrid en un principio se desvaneció con el paso de las horas en vuelo y la reconfortante compañía de Hiccup. Pronto comenzó a pedirle que realizara giros más controlados y piruetas en el aire. Ella gritaba con fuerza y emoción, mientras él se sonrojaba por lo fuerte de su agarre. Ante tantas acrobacias, Toothless requirió pronto de un descanso, por lo cual descendieron cerca en una pequeña y solitaria isla vecina.
Hiccup y Astrid pasaron largas horas platicando sobre todo lo que acababan de experimentar y lo excitante que era surcar el cielo como aves. Tal vez una sensación que solo conocían los dioses. La joven rubia pronto quiso saberlo todo: como había sucedido, de donde salió Toothless, como había logrado domarlo y que era todo eso que hacía en la arena de entrenamiento. Hiccup trató de contestar con sinceridad cada una de sus preguntas pero al mismo tiempo ocultando detalles críticos de su extraña habilidad; antes de que se diera cuenta estaba hablando descontroladamente y sin vergüenza, como nunca en su vida. Jamás había compartido así de esa manera con otra persona que no fuera su gemela, ni siquiera con Fishlegs con quien recientemente había hecho las paces. Era una sensación agradable.
Sin darse cuenta, Hiccup comenzó a sentir por Astrid algo más allá de ese enamoramiento juvenil que lo había dominado por mucho tiempo. Si tan solo supiera que ella comenzaba a experimentar lo mismo.
Para cuando el sol se oculto en el horizonte, los chicos volvieron a montar a Toothless para contemplar como las luces de las antorchas de aldea iluminaban levemente la isla. Había sido un viaje tan embelesaste que le tomó a Astrid tiempo en recordar un detalle muy importante:
–Pero… Hiccup –le dijo Astrid al oído provocándole un leve temblor en el cuerpo –, mañana tienes que enfrentar….
–Ni me lo recuerdes… –soltó el muchacho en voz bajo aunque algo sonrojado por el directo contacto que había entre su cuerpos.
Lo que no se dieron cuenta, era que el dragón de ébano acaba de detectar algo en la lejanía. Vaya, que su vuelo se iba poner interesante.
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Aunque no deseaba admitirlo, Honey sabía a la perfección que sucedería ahora que Astrid estaba al corriente de su no tan pequeño secreto de escamas negras. No es que esperaba de nuevo una traición por su parte, pero sí de la voluntad de su hermano. Era una fuerte corazonada que la dejaba inquieta.
Por desgracias, las horas siguientes en la soledad de la ensenada no le ayudaron para sentirse mejor y sabía que se pondría peor cuando Hiccup y Astrid regresaran; pero eso no fue hasta ya entrada la noche, cuando la chica pecosa comenzaba a realmente preocuparse por la reacción que tomaría su padre ante su tardío regreso.
En su desesperación, Honey se ocupó de arrancar algunas hojas de varios arbustos cercanos cuando finalmente su hermano y la ruda rubia hicieron su aparición sobre el poderoso nightfury. Aunque podía imaginarse que había pasado con ellos, fue casi una sorpresa cuando los vio descender del dragón y discutir de manera acelerada:
–Debemos decirle a tu padre – soltó Astrid como loca dando media vuelta y lista para salir corriendo. Contra toda predicción, Hiccup la detuvo sujetándola de la muñeca; Astrid respondiendo a esto levantando de reflejo un puño, que rápidamente bajo al reaccionar de quien se trataba la mano que la detenía.
–¿Qué sucede? –les preguntó Honey acercándose a ellos, pero ninguno de los dos pareció percatarse o ponerle atención a su presencia.
Toothless pasó junto a ella casi ronroneando y aproximándose al pequeño riachuelo de la ensenada para tomar un gran sorbo de agua.
–No, no podemos –insistió Hiccup alzando las manos ante la amenaza de la joven rubia.
–¿Qué? ¿Por qué? –le respondió ésta.
–Matarían a Toothless.
–Hey ¿Qué pasa? –volvió a cuestionar Honey siendo ignorada nuevamente.
–Hiccup –dijo Astrid alzando un poco la voz y enfrentando al chico con la mirada, a pesar que éste la evadía –, encontramos el nido que nuestros antepasados han estado buscando desde que llegaron los primeros vikingos a esta isla…
–Wow, wow, wow –soltó Honey de inmediato sacudiendo los brazos entre su hermano y Astrid –. ¿Encontraron el nido de los dragones? ¿Pero cómo?
Hiccup alzó levemente la mirada a su hermana mientras frotaba su brazo nerviosamente, Astrid en cambio, ignoró por completo la interrupción de la gemela y volvió a arremeter contra el muchacho, con mucha más fuerza y obligándolo a mirarla a los ojos.
–¡¿Y tú quieres guardar el secreto?! ¡¿Para proteger a tu dragón mascota?!
A pesar de lo fuerte del enganche en su brazo y la posición domínate de Astrid, Hiccup se postró delante de ella con gran determinación y la miró a los ojos como nunca antes lo había hecho con nadie.
–¡Sí! –dijo con calma pero con gran potencia y seguridad que congeló por completo tanto a Astrid como a Honey.
El muchacho sabía lo que estaba en juego y todo el daño que había ocasionado los dragones a su gente ¡Por los dioses! ¡Incluso era la razón por la que su madre ya no estaba con ellos! Pero no podía darle la espalda a Toothless y mucho menos sacrificarlo… él… era su amigo.
Ambas chicas lo miraron con tal sorpresa que poco segundos de su respuesta comenzó a sentirse increíblemente incomodo. Por suerte Honey salió pronto de su estupor y se apresuró en agregar:
–¿Me quieren explicar lo que está pasando?
Con algo de nerviosismo, Hiccup se paso su mano por su corta cabellera antes de comenzar a relatarle a su hermana con finos detalles como habían encontrado el nido en la isla de los dragones y la peligrosa bestia que vivía en ella. Durante toda su explicación, Astrid guardó completo silenció, pero sus claros ojos azules nunca se apartaron del gemelos pecoso. Ahora lo miraba con otra luz.
–¿Un enrome dragón? –soltó Honey exaltada. Realmente eso no se lo esperaba –. ¿Más grande que la montaña?
–Sí –dijo Hiccup frotando cariñosamente la cabeza de Toothless que había buscado resguardo bajo su brazo – y está dentro de la montaña misma. Y trata a los otros dragones como esclavos con una especie de llamado… algo que nunca había escuchado antes.
–¿Llamado? –interrumpió Astrid quien no se había perdido ni una palabra de la descripción del gemelo –. ¿Cuál llamado? –ella estuvo con Hiccup todo momento de aquella incursión y nunca no escuchó nada más de los clásicos gruñidos de aquellas bestias.
–Algo que emite –respondió inmediatamente Hiccup sin realmente darse cuenta quien se lo había preguntado –, que solo ellos pueden escuchar y parecer que de esa forma es como los controla.
–¿Cómo podía saber eso sí solo los dragones podían escucharlo? –se preguntó mentalmente Astrid, guardándose para sí de momento sus dudas.
–Eso tiene mucho sentido –indicó Honey meditándolo un poco –, es por eso solo se llevan toda la comida. Nunca se devoran algo –agregó dándose cuenta de la verdad tan obvia que siempre estuvo delante de sus ojos y nunca nadie se dio cuenta –. Todo se lo dan a ese dragón.
–Su reina.
–Y es por eso que debemos decirle a la aldea de lo que vimos –insistió Astrid interrumpiendo a los gemelos.
–¡No! –fue la respuesta que dieron ambos y al unísono, que su voces retumbaron a lo largo de la ensenada.
–Hiccup tiene razón –se apresuró a agregar la joven de cabellera castaña haciendo frente a la rubia –, si les decimos eso inmediatamente se van a preguntar cómo es que llegaron ahí. Tendríamos que admitir todo sobre la existencia de Toothless.
–Y eso lo pondría en peligro –agregó Hiccup apoyando la postura de su hermana.
–¿Y qué piensan hacer? –les cuestionó Astrid sin entenderlos. ¿Acaso ellos no veían las cosas que estaban pasando? ¿No entendía el sufrimiento de su gente? ¿No también habían perdido a un ser querido a manos de esas bestias al igual que ella? –. ¿Guardar el secreto? ¿Cómo piensan ocultarlo para siempre? Sin olvidar que Hiccup debe enfrentar al nightmare mañana.
–Hiccup no enfrentara al nightmare mañana –tajó Honey dando un paso hacia Astrid.
–¿Cómo carajos va ha ser eso posible? –soltó Astrid perdiendo la compostura, plantándose con fuerza delante de la pequeña gemela que muy apenas podía mirarla directo a los ojos –. Él no puede…. –comenzó a decir cuando de repente recordó la conversación que a escuchado de los hermanos poco antes de su llegada –: ¿Era de eso de lo que estaban hablando? ¡Planean escapar!
Astrid puso su manos sobre uno de los hombros de Honey la empujó a un lado con un solo movimiento, que la raquítica gemela no pudo impedir ante su escaso peso. La rubia continuó directo hasta Hiccup que había permanecido hasta el momento muy callado y solo en compañía de su dragón.
–Bueno, sí… –admitió el chico ante la penetrante mirada que le dirigió Astrid –ese era el plan original… pero ahora…
–¿Pero? –soltó Honey de inmediato al escuchar a su hermano y sin creer lo que oía, al igual que Astrid se plantó desafiantemente ante él –. Pero ahora ¿qué?
Hiccup no contestó de inmediato. Continuó acariciando en silencio la cabeza del dragón negro que soltaba leves ronroneos en respuesta. Pero cuando se dio cuenta que ninguna de las dos chicas daban un paso atrás en su postura, Hiccup alzo la mirada y le lanzó otra determinada y muy decidida.
–O no –dijo Honey – ¿No quieres decir que cambiaste de opinión? ¿Qué vas a quedarte?
–Honey, no solucionamos nada con correr.
–¡Hace un par de horas pensabas lo contrario! ¡Fue tu idea!
–¡Bueno, pues cambie de opinión! –en esa ocasión no solo la mirada de Hiccup reflejo su valentía, sino también su voz y tono fue lo suficientemente autoritario para aplacar los bríos de su hermana, que generalmente eran indomables.
Era su extraña experiencia para la joven que solía salirse siempre con la suya, pero casi por un momento, casi pudo haber jurado escuchar a su padre hablar a través de Hiccup. Honey miró a su hermano con nuevos ojos, casi como Astrid lo hacía, y le preguntó con más calma:
–¿Entonces qué vas a hacer?
–¿Qué más puedo hacer?
–No. ¡No! ¡No, Hiccup! –dijo Honey asustándose por completo al comprender lo que sucedía en la cabeza de su hermano. Lo tomó de los hombros y lo sacudió levemente ante la mirada de sorpresa de Astrid –. ¡No puedes intentar entrenar al nightmare!
–Sé qué piensas que va pasar –agregó su hermano con calma tomándola de los brazos –, pero tú también puedes estar equivocada…
–¡Pero lo vi!
Los ojos de Honey expresaron su miedo, miedo por la seguridad de su gemelo, de su vida. Hiccup lo entendía y no olvidaba los fatalistas que podían ser los sueños de su hermana, incluso sentía algo de miedo. Pero debía hacerlo, por Toothless… por él mismos…
–¿Ver qué? –comentó Astrid sin ser tomada en cuenta por los dos gemelos –. ¿De qué están hablando?
–Es solo…
–¡Sabes perfectamente que no simples sueños! ¡Si intentas entrenar al nightmare morirás en una bola de fuego!
–¿Qué? –dijo Astrid tratando de comprender de que hablaban.
–No estamos seguros de ello.
–¡Hiccup! ¡Sé que puedes entenderlos pero…!
–Es más que esos Honey, es como si los sintiera… si logro demostrarle a todos como le demostré a Astrid, tal vez podamos traer fin a esta guerra…
Honey negó con vehemencia su cabeza casi entrando en llanto, pero su hermano seguía firme en su decisión aunque que podría costarle la vida. Estaban tan enfocados los dos gemelos en su intensa conversación, que se olvidaron por completo de la tercera persona en aquella ensenada, y del dragón negro que intentaba calmar la situación con leves gruñidos y topes con su cabeza.
–Esperen un momento –soltó Astrid interponiéndose en la conversación –. ¿Sueños? ¿Llamados? ¿Entender a los dragones? ¿De qué están hablando?
Hiccup y Honey finalmente recordaron la presencia de Astrid y la miraron con horror sin saber exactamente qué decir. Pero era ya muy tarde, la chica ya había comprendiendo la conversación de los gemelos y ató los cabos sueltos. Poco a poco a como su mente trabajaba, la rubia se fue alejando de los gemelos con débiles pasos, en lo que su rostro se reflejaba su asombro.
–Ustedes… Ustedes realmente… Entonces lo que dicen…
–Wow, Astrid calma –dijo Hiccup lentamente levantando sus manos en dirección de la joven vikinga.
–Esto… esto es… –continuó ella sin poder creer lo que acaba de descubrir, ya por sí el nightfury entre ellos era demasiada noticia para un solo día, pero eso… –. ¿Saben lo que esto significa?
Los hermanos negaron con la cabeza algo cohibidos.
–¡Que realmente tienen dones de los dioses!
Chapter 35: De mal a peor
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De mal a peor
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Hiccup casi no durmió aquella noche, pasó la mayor parte del tiempo con la mirada perdida en los tablones de madera del techo, pensando en lo que tendría que enfrentar unas horas más tarde. En la cama contigua, Honey fingía dormir ya que al igual que su hermano, ella se imaginaba el peor escenario posible que pudiera ocurrir el día siguiente. La sensación continuó hasta la mañana, durante el poco apetitoso desayuno y la larga caminata en silencio a la arena entre la muchedumbre de vikingos Hooligans, Meatheads y los esclavos de estos.
Honey permaneció cada momento junto con su hermano, pero ninguna palabra era capaz de salir de su boca. La preocupación sobre las posibilidades de que su terrible sueño profético se volviera realidad, le impedía que cualquier apoyo moral que pudiera proporcionarle a su hermano escapara de su garganta. Hiccup no se lo reprochaba, incluso él sufría del mismo mutismo y la sola presencia de su gemela era suficiente apoyo por el momento; y hasta en cierta forma, era mucho mejor a aquellos que le ofrecían pésimas palabras de aliento, que solo lo hacían sentirse mucho peor:
–Aplasta la cabeza de ese dragón, Hiccup –le dijo un vikingo que se topó a las fuera de sus casa.
–Rómpete una pierna –le deseó suerte un niño muy animado.
–Finalmente traerás el orgullo a tu padre.
Y muchas más así.
Pero hablando del diablo en persona, el peor de todos era el mismo Stoick, quien no solo había tenido suficiente con presionar al muchacho la noche anterior insistiéndole lo importante que era esa prueba, en especial ante los Meatheads invitados; sino también por lo que le tenía planeado en ese momento, justamente cuando Hiccup llegó a la arena en compañía de Honey. El robusto jefe se encontraba precisamente con el mismo Mogadon, el jefe de un solo ojo de los Meathead, al cual presionó sus hijos a saludar.
La amistad y rivalidad entre los Hooligan y los Meatheads era casi una ley natural, algo que también se podía observar en sus dos líderes. Stoick y Mogadon eran capaces retarse uno al otro en la más rapaz batalla y momentos después, compartir un tarro de hidromiel hasta la inconsciencia. Por lo cual, no resultaba sorprendente que el padre de los gemelos aprovechara esa oportunidad para presumir a su heredero, cuando nunca había tenido razones para hacerlo antes.
–Hiccup –lo saludó el jefe Meathead mirándolo de arriba abajo después de haber escuchado las alabanzas de su colega líder –. Eh… no has cambiado nada de la última vez que te vi –soltó dejando denotar en su rostro y voz, su completo escepticismo ante los supuestos alegatos sobre las nuevas capacidades del muchacho.
–Eso fue hace siete años –le informó el muchacho de manera inquisitiva ante el insulto que acababa de recibir. Pero solo su hermana a su lado entendió su indirecta, ya que los dos grandes jefes solo rieron a carcajadas sacudiendo sus barrigas.
–Y Honey ¿verdad? –dijo el hombre de cabellera oscura pasando su ojo de un gemelo al otro –. Se nota que son hermanos, están igualitos –agregó antes de soltar otra estrepitosa carcajada que Stoick solo acompañó por cortesía.
–Vaya, se dio cuenta –musitó la gemela refunfuñando –. Parece que los Meathead tienen más en la cabeza que… –pero no alcanzó a terminar lo que decía, ya que prontamente la enorme mano de su padre le cubrió la boca y casi toda la cara, hasta casi asfixiarla.
–Y que te parece, Mogadon –soltó Stoick con una sonrisa de culpable –. Promete ser un buen espectáculo ¿verdad?
La burla que desapareció momentáneamente del rostro del jefe Meathead, volvió una vez, cuando su único ojo cayó de nuevo sobre Hiccup.
–Como tú digas, Stoick. Por cierto, ¿ya has visto a mi muchacho?
Y sin esperar la respuesta del otro líder, Mogadon se volvió hacía un lado para llamar con un fuerte chiflido a un grupo de guerreros vikingos que esperan el momento en que iniciara el encuentro. Hablando emocionadamente con Brann the Tyrant, estaba el joven heredero de los Meatheads. Thuggory, el único hijo de Mogadon, era levemente más alto que la mayoría de sus compatriotas a pesar de solo contar con quince años, pero su cuerpo robusto y cabellera negra denotaba su linaje.
El muchacho con un rostro lleno de vida, se volvió hacía su padre de inmediato al escuchar llamado que solía usarse para atraer al ganado. Como un perro bien entrenado, dejo a Brann y sus compañeros, para acudir inmediatamente hasta su progenitor. Hiccup y Honey lo miraron con desgana, no tenían la menor deseo de saludarlo; en cambio estaban más interesados en una personita que se distinguía detrás de Brann the Tyrant debido a su vestimenta de piel de oso blanco.
La niña esclava Eggingarde había acompañado nuevamente a su amo a Berk y una vez que distinguió a los dos gemelos a la distancia, se apresuró a saludarlos con la mano y una sonrisa. Aunque se encontraban algo desanimados y preocupados con el futuro encuentro con el nightmare, los hermanos Haddock le devolvieron levemente el saludo; el cual confundió Thuggory para él.
–Padre –marcó el joven Meathead cuando llegó junto a la comitiva en la entrada de la arena –, si los Hooligan son buenos para algo, es para hacerte sentir bienvenido.
–Y para dar sorpresas –completó Mogadon poniendo su mano sobre el hombro de su hijo con orgullo, sin percatarse en la pesada mirada que les dirigió Stoick –. ¿Ya escuchaste hijo que será Hiccup quien enfrente al nightmare?
–Sí, y no lo creí en un principio.
–Yo tampoco lo creía –soltó Hiccup con sarcasmo que paso inadvertido para el par de Meatheads.
Thuggory pasó su mirada sobre el muchacho justamente como lo hizo su padre unos minutos antes.
–Wow, Hiccup… no has cambiado nada en… ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos?
–Siete años –respondieron los tres Haddocks con fastidio.
Por suerte, Stoick se apiado de sus hijos y les permitió marcharse, dejándolo solo a él la tarea de representar falsa cortesía ante los comentario inoportunos de sus invitados Meatheads. Aunque esperaba grandes cosas para su hijo ese día, Stoick no pudo evitar sentir que sería el jueves de Thor más largo de su vida.
Hiccup y Honey lograron colarse hasta la gran reja que cerraba la arena donde quedaban perfectamente fuera de la vista de la multitud que se apiñaba junto a la zona de entrenamiento. No paso mucho tiempo para que los preparativos previos al encuentro iniciaran. Gothi, como la más vieja de la aldea de Berk, orquestó la tradicional ofrenda a los dioses con pequeño altar frente a una escultura de piedra tallada de Thor. Debido al mutismo de la mujer, el anciano curandero de los Meathead fue el encargado de llevar a cabo las oraciones durante todo el proceso. Una vez que ambos terminaron, fue turno de Stoick de tomar su lugar frente a ambos pueblos reunidos alrededor de la arena y dirigirle a sus compañeros vikingos unas cuantas palabras.
Por mucho tiempo, Hiccup soñó con ese momento, en el que se convirtiera en un verdadero vikingo y su padre hablara con orgullo frente a todos lo que alguna vez dudaron de él; y en aquel momento, aunque se encontraba en una situación crítica y en la que su vida estaba en riesgo, no pudo evitar emocionarse cuando su padre comenzó su perorata. Pero a pesar de que su discurso estaba complementado con gratificación paterna, la burbuja de ilusiones de Hiccup explotó ante las pésimas bromas que realizó su padre a sus costillas.
–Por los dioses, papá –se quejo Honey decepcionada cubriéndose el rostro con ambas manos, mientras su hermano junto a ella apretaba su nuevo casco contra su pecho.
–Cuidado con el dragón –dijo de repente la voz de Astrid detrás ellos, provocando que ambos hermanos se volvieran en su dirección por un leve instante. Tal vez era por todo lo que estaba pasando por sus mentes y que se encontraban completamente distraídos, pero aún así, en ningún momento escucharon a la chica rubia acercarse.
–No es el dragón lo que me preocupa –comentó Hiccup volviendo sus ojos verdes a la enorme figura de su padre que había terminado de hablar y buscaba su asiento en el gran trono frente a la multitud. Entre las personas que rodeaban la arena, el muchacho pudo distinguir al jefe Meathead y su hijo rodeados por sus compatriotas, a Fishlegs brincando de alegría, los gemelos Thorston chiflando como el resto de la multitud, a Snotlout y su larga familia charlando entre ellos, y a la pequeña Eggingarde apretujada ante la robusta multitud.
Había llegado el momento de mostrarle a todos lo que en realidad podía hacer, lo que había estado ocultado tan celosamente y aún no estaba muy convencido en revelar.
–¡No! –podía recordar muy bien sus palabras de la noche anterior cuando Astrid descubrió sus secretos.
–¡Claro que sí! –había insistido la rubia con vehemencia.
–¡Que no! –bramaron de nuevo los gemelos con necedad.
–¡Oh por los dioses! –exclamó Astrid exasperada provocando un leve brinco en los hermanos Haddock y su nightfury –. ¡Por supuesto que tienen dones! ¡Eso le da sentido a todo!
–Astrid… –intentó clamarla Hiccup alzando sus manos, pero la rubia estaba fuera de su alcance.
–¡Todo lo has hecho en arena, es porque puedes entender a los dragones!
–Astrid, por favor…
–¡Y Honey, ahora comprendo por qué los gemelos prefieren acudir contigo para curaciones…!
–Astrid.
–¡… ya estarían muertos con todo daño que sufren, pero tú lo curas de inmediato!
–¡Astrid! –la llamaron con fuerza ambos gemelos acompañados del Toothless quien también soltó un rugido. La joven rubia apretó sus labios de inmediato y miró extrañada a los otros tres ocupantes de la ensenada aquella noche.
–Nadie puede saber eso, Astrid –insistió Hiccup recalcando cada una de sus palabras tanto con su tono de voz, como con sus manos.
–¿Qué? ¿También quieren guardar eso en secreto?
–¡Sí! –soltaron los gemelos al unisonó.
Toothless terció soltando un resoplido.
–¡¿Pero por qué?! ¡¿Acaso no ve lo increíble que es esto?!
–Eres tú la que no ve como son realmente las cosas –soltó Honey dando un paso hacia adelante –. No podemos dejar que nadie sepa de… “esto” –indicó todo su cuerpo ante la incertidumbre de llamarlo realmente “don” –. Ni siquiera nosotros sabemos que es…
–Así es, Astrid –agregó Hiccup denotando el miedo en su voz –. Hay muchos “dones” que la gente ve maravillosos, pero hay otros que no. Y sinceramente, nunca hemos oído de alguno que incluya las cosas que podemos hacer.
Los gemelos Haddock habían vivido gran parte de su vida e infancia en el anonimato, la simple idea de ser el centro de atención los alarmaba terriblemente, en especial de todas las miradas clavadas en ellos con los sucesos en la arena. Dones o no, Hiccup y Honey no sentían que fueran cosas para realmente presumir.
–Esto podría ser mucho más terrible que tener a Toothless escondido en la ensenada –continuó Honey con fuerza –. La gente es estúpidamente supersticiosa y con una idea pésima de lo que creen que quieren sus dioses. Nuestras vidas ya han sido un suplicio insoportable por esas tontas ideologías; nuestra casta fue lo que no salvo de que fuéramos arrojados al mar de recién nacidos. Así que sería completamente idiota permitir que esa gente conozca lo que tengamos, sin saber exactamente qué es, y atendernos a las estúpidas tonterías que pueden llevar a cabo porque piensan que mandato de un montón de sobrevalorados dioses.
Y al terminar con su duras palabras, un par de cuervos sobre la copa de los arboles graznaron provocando un leve respingo en los tres jóvenes vikingos y el dragón de ébano.
–Estúpidos cuervos –dijo Honey lanzándoles una mirada furiosa, en lo que Toothless se sentaba debajo de la rama donde estaba posados y los miraba con detenimiento.
–Entonces… ¿Así de simple lo van a ignorar? –insistió Astrid retomando la conversación.
–No lo estamos ignorando –explicó Hiccup con paciencia –, solo… queremos ser más cuidadosos con esto. No sabemos qué consecuencias nos puedan traer a futuro.
Y vayan problemas en que se encontraban ahora.
Hiccup no pudo evitar pensar en su querido dragón negro, que sin duda debía estar dormitando en la ensenada, y en la bestia roja como fuego que todo el mundo esperaba que matara. Al igual que él y Honey, eran más víctimas de las circunstancias, de una guerra que ya se había extendido tanto tiempo y que sus participante ya desconocían la verdadera razón de porque inició en primer lugar.
Había llegado el momento de ponerle un punto final a todo, y solo él podía hacerlo.
–Astrid, por favor prométeme que no dejaras que encuentren a Toothless si algo malo sucede.
Ella le devolvió una mirada pasmada.
Resultaba extraño, en menos de veinticuatro horas, la relación de Hiccup y Astrid había dado un giro de más de trescientos sesenta grados y en ese poco tiempo, la había hecho jurar ya varias veces consecutivas en guardar sus secretos.
–Solo prométeme –le respondió ella con preocupación en su mirada – que nada malo va a pasar.
Hiccup quiso responderle a su petición, pero no solo porque no creyera que fuera posible sino porque Gobber apareció justamente a interrumpirlos, no llegó a decirle lo que ella quería oír.
–Hiccup, ya es hora.
Mientras su mentor le preparaba el camino, el muchacho compartió una mirada de preocupación con su hermana gemela antes de darle un enérgico abrazo. Honey lo sujetó con tal desesperación y fuerza, como si su vida dependiera de ello y por breves segundos todo miedo en su ser desapareció. Cuando se separaron, joven pecoso se volvió hacia Astrid para decirle tal vez su último adiós, pero ésta lo corto en seco sujetándole del codo para atraerlo hacia ella y plantarle un fugaz beso en la mejilla, justamente igual como lo había hecho la noche anterior.
–Suerte –le deseó cuando sus suaves labios se despegaron de sus sonrojadas mejillas.
Honey torció una mueca, mientras su hermano tragaba saliva algo sobrecogido.
El muchacho se puso de ultimo el casco que alguna vez le perteneció a su madre sobre su cabeza y marchó hasta el centro de la arena, mientras Gobber cerraba detrás de sí la reja que lo separaban de su seres queridos.
Honey y Astrid sujetaron con su manos el frio metal de la entrada, mientras contemplaban en silenció al joven castaño caminar solo a su destino.
–Antes que otra cosa pase Astrid… –la llamó Honey de la nada con gran seriedad.
–Sí.
–Que ahora Hiccup confié en ti, no significa que eso nos hace amigas.
–Lo sé.
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Astrid quedo perpleja de lo rápido que empeoraron las cosas. Antes de que se dieran cuenta, el dragón se había desquiciado y Hiccup tenía que correr por su vida.
–¡HICCUP! –gritaron tanto la rubia como la gemela castaña desde la reja, mientras el chico paso por un lado tan rápido como sus piernas podían llevarlo.
Por un momento todo parecía bien. El nightmare estaba respondiendo a sus movimientos y todos los espectadores estaban atentos a su acto; solo una persona no estaba de acuerdo con ello y ese tuvo que ser el mismo Stoick. En un arranque de ira ante lo que estaba sucediendo, el jefe vikingo había condenado su hijo a la furia de la bestia escupe fuego, con un fuerte arrebato.
–¡Está pasando! ¡Está pasando! –repetía una y otra vez Honey mientras forcejeaba en vano contra la gruesa puerta de acero.
–¡Hay que ayudarlo rápido! –soltó Astrid alzando con fuerza la voz para hacerse escuchar ante los gritos de la multitud que miraban al chico correr en círculos. Muchos de ellos aún pensaban que el enfrentamiento continuaba como se suponía.
–¡¿Cómo?! –le espetó Honey histérica a ésta –. ¡Lo único que puede salvarlo ahora es un héroe!
–¿Un héroe?
Para un vikingo que respiraba la batalla, buscaba riquezas, luchaba con fiereza y navegaba con valor, las historias de los verdaderos héroes no era cosa de cuentos de niños que se contaban antes de dormir. Eran sobre valerosos guerreros dispuestos a arriesgar su vida por actos impresionantes y gloria. Solo pocos podía llamarse un verdadero héroe vikingo y muchos a menos se les ofrecía tal oportunidad.
–Exacto, un héroe –repitió Astrid teniendo una muy valiente pero muy estúpida idea.
Tomó una de las hachas que decoraban la entrada de la arena para utilizarla de palanca y levantar un par de centímetros la reja, lo suficiente para deslizar su delgada figura por debajo.
–¡Astrid! ¡¿Qué carajos estás haciendo?! –gritó Honey del otro lado de la reja, con el corazón en la garganta.
–Aprovechando la oportunidad –dijo con seriedad antes de tomar un mazo del suelo y arrojarlo contra el dragón. Obtuvo lo que quería, la atención del dragón en ella.
En el momento en que la rubia se introdujo en la arena, fue cuando finalmente los espectadores comenzaron percatarse que algo no andaba bien. Gobber lo supo desde el principio cuando Hiccup se acercó de manera diferente al nightmare, pero cuando corrió a socorrerlo, otros vikingos lo detuvieron recordándole que era el momento de gloria de Hiccup y que no lo arruinara con su paternalismo. Pero cuando el verdadero padre del muchacho, entró a la arena levantando la reja de un solo tirón, finalmente el resto de los espectadores vikingos comenzaron a dudar si debían intervenir o no.
Aunque ya era muy tarde para actuar, Hiccup se encontraba atrapado bajo las garras del dragón y éste estaba a punto de rostizarlo con una de sus poderosas llamaradas. Por fugaces segundos el chico pensó en su difunta familia, su abuelo y madre, que probablemente lo recibirían en la tierra de los muertos junto con la diosa Hel.
–¡HICCUP! –lo llamó Astrid a todo pulmón.
El corazón de Stoick se paralizó y Gobber contuvo el aliento.
Honey se cubrió los ojos mientras gritaba con pavor.
Ese era el fin de Hiccup Haddock III.
O al menos lo hubiera sido sino fuera que el destino interpuso y el verdadero guardián del muchacho apareciera en un resoplido casi paralizante que helaba la sangre de los más fieros guerreros. En una bola de humo ante un certero disparo que destrozo la reja de la arena, Toothless luchó con todo para salvar la vida de su pequeño compañero humano.
Como las bestias salvajes que eran, el nightfury y nightmare pelearon con ferocidad, mordiendo, arañando y rugiendo, hasta que los vikingos espectadores finalmente se decidieron por retomar el control de su propia arena. El dragón rojo retrocedió del enfrentamiento ante la masa de gente que se le venía encima, pero Toothless, quien pensaba que eran otra amenaza para su humano, continuando luchando con rabia, desgarrando con sus garras, destrozando con sus mandíbulas y golpeando con su cola.
En cuestión de segundos logró poner a uno de ellos contra el suelo, y estaba a punto de darle el tiro de gracias, cuando:
–¡TOOTHLESS NO!
Y él se detuvo…
Lo que siguió fue una locura, todos gritaban y la masa de gente se empujaba entre sí para someter al poderoso y nunca antes atrapado nightfury. Hiccup vociferaba débilmente con la garganta cansada, pero el chico no podía acercarse a socorrerlo ya que Astrid lo sujetaba por la espalda con tal desesperación, que le impedía hacer el mínimo movimiento a pesar de la lucha que diera.
Poco a poco, el orden regresó a los vikingos acalorados en la arena, las bestias estaban sometidas y las ordenes de Stoick eran casi desgarradoras para aquellos que podían escucharlas con claridad. Pero su en su rostro se reflejaba la más terrible furia que nunca había visto habitante de Berk con vida; Astrid y Hiccup la presenciaron de primera mano cuando se aproximó a ellos para arrancar a su hijo de los brazos de Astrid.
El corazón de la chica dio un vuelco cuando miró la lastimera mirada de Hiccup cuando fue arrestado por su padre fuera de la arena. ¿Qué pasaría con él ahora?
–Ese muchacho siempre fue la desgracia para Stoick –escuchó Astrid una voz decir detrás de ella. Se volvió de golpe para encontrarse justamente con un Meathead rodeado de sus compatriotas –. Lo era antes y siempre lo será.
Sí, las cosas empeoraron con rapidez. Lo siguiente que supo Astrid, era que su puño volaba directo al rostro del Meathead.
Chapter 36: ¡Ay! ¡Mis hijos!
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¡Ay! ¡Mis hijos!
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–¿Cómo pudo ser…? ¿Debí haberme dado cuenta?
Stoick repasaba los sucesos una y otra vez en su cabeza tratando de encontrarles sentido sin mucho éxito. Aunque se encontraba cargado de ira y confusión, logró arrastrar el ligero cuerpo de su hijo hasta el gran salón en la cima de la colina y enfrentar al muchacho con sus terribles acciones.
¿Acciones? ¡Era alta traición ante la ley vikinga!
El gran jefe de barba poblada no podía comprender como su pequeño y escuálido muchacho pudo haber cometido tan terrible acto. Siempre había sido diferente, pero ¿traición? Era otro nivel. No podía creer que apenas hacía unas horas más temprano esa misma mañana se encontraba lleno de sueños e ilusiones por la posibilidad de que su hijo… su único hijo varón se convirtiera en el vikingo que siempre soñó.
–¡¿Todo lo de la arena… fue un truco?! –rugió Stoick enfrentado al muchacho entre las sombras del gran salón, volviéndolo una visión todavía más intimidante.
Eso había sido todo, puras, simples y llanas mentiras. Hiccup era un muchacho listo, Stoick se lo reconocía a pesar de sus otros defectos; pero a pesar de sus grandes diferencias, nunca se imaginó tal acción de su parte, y desde el punto del vista del jefe, la mayor estupidez que cometió en su corta vida.
El poderoso guerrero vikingo no sabía que lo dolía más, si los engaños o que se rompiera su pequeña burbuja de ilusiones. Él era todo un jefe vikingo y lo había sido desde muy temprana edad; pero no hubo mayor deseo en toda su gloria como guerrero o líder, como tener un heredero digno de presumir. Los otros jefes vikingos podían fácilmente hablar y mostrar las capacidades de sus hijos con alevosía presumiendo la carne y sangre con que los dioses habían bendecido sus vidas y futuros. En cambio, Stoick se sentía engañado, le había hecho una mala jugarreta el destino, que los únicos hijos que logró tener con su muy amada esposa, fueron dos raquíticos niños que cuyo corazón se apiado de ellos y les evitó una muerte segura.
Y ahora uno de ellos, el que ocultaba ante otros como vergüenza, le pagaba con tal moneda de oro.
–Papá se que lo arruine –trató de explícale su hijo claramente angustiado por las terribles consecuencias de sus actos –. Pero si lo deseas, desquítate conmigo. Pero por favor, no lastimes a Toothless.
–¡¿El dragón?! –soltó Stoick con rabia perdiendo la poca calma que quedaba en su masivo cuerpo –. ¡¿Es lo único que te preocupa?!
Supo que algo andaba mal en el instante que Hiccup arrojó las armas en el suelo, pero por ningún momento paso por la cabeza del jefe la extensión de sus actos. No sabía qué era lo que intentaba su hijo con el nightmare en la arena y probablemente nunca querría saber, pero su insistencia en dejar la batalla y renegar su herencia fue suficiente para que Stoick perdiera la cabeza de tal forma, y que pusiera la vida de su propio vástago en riesgo.
–¡¿Después de todo lo que nos han hecho?! ¡¿Después de todos a los que han matado?!
Aún continuaba furiosos… encolerizado era la mejor forma para describirlo. En su total arrebato no pudo evitar pensar en lo pequeño y delicado que era su hijo, y lo fácil que sería romper cada uno de sus huesos.
–¡¿Y con cuantos nosotros no hemos exterminado?! –Hiccup continuó necio, atreviéndose a levantarle la voz como nunca antes había hecho en su vida.
Esa era cosa del dragón. Tenía que serlo.
Stoick respiró profundo tratando de conservar la calma y no llevar a cabo sus fríos y tentadores pensamientos que atentaban contra la vida de su hijo.
No podía comprenderlo, como era que Hiccup no veía las cosas como él… como el resto de su gente. Esas miserables bestias hacían su vida un infierno, se llevaban a su gente… se llevaron a Valka.
–Tú no los entiendes –continuó el muchacho aunque su padre marchaba por el gran salón como león enjaulado –. No tienen otra alternativa. Si no llevan suficiente comida terminan devorados. Hay algo aún más terrible en su isla…
–¿Su isla? –dijo Stoick deteniendo en seco en su movimientos y pensamientos –. ¿Has estado en el nido?
–¿Nido? ¿Acaso dije nido? –comentó Hiccup nervioso evitando los intensos ojos de su padre cuanto éste lo sujetó con fuerza de los hombros para detenerlo en su sitio–. No es un lugar que se pueda encontrar, solo un dragón puede…
Claro. Era tan simple y se les había pasado desapercibido todo el tiempo. Solo los dragones podían encontrar el nido, nadie más.
Un brillo apareció en la mirada de Stoick denotando sus intenciones y las ideas de venganza que se apoderaron de su cabeza. Finalmente podría acabar con ellos de una vez, salvar a su gente de esas terribles creaturas del helhiem y vengarse por la pérdida de su amada esposa. Tal vez… algo bueno surgió de todo eso…
Pero Hiccup seguía sin comprender esa necesidad de lucha por la cual vivía el fuerte guerrero vikingo; aún sabiendas de que le era casi imposible, intentó detenerlos con débiles alegatos, pero Stoick ya había tenido suficiente.
De un fuerte manotazo alejo a su hijo, provocando que éste cayera de manera aparatosa en el piso frio del salón.
–Has elegido tu bando… –sentenció el jefe vikingo mirando por última vez al muchacho en el suelo –ya no eres hijo mío.
Pero antes de que terminara de darse la vuelta y salir por las grandes puertas de roble de la entrada del gran salón, escuchó una débil voz que hizo que su corazón se detuviera:
–¿Papá? –Honey estaba bajo el gran umbral de la puerta y su silueta estaba perfectamente recortada por la luz del día del exterior. Aún así, Stoick pudo presenciar de primera mano la decepción, miedo y confusión en el rostro de su hija, regresandolo de golpe a la realidad.
Mientras su alma y corazón de padre se conmocionaba, sobrepaso a su hija y salió lo más rápido que pudo al exterior, antes de que sus propias emociones lo golpearan de lleno ante sus impulsivos actos.
Había negado a su hijo… a su heredero… el hijo de su Valka…
Como si recibiera un golpe de realidad, Stoick se tambaleó un poco. Algo dentro de él se rompió en miles de pedazos y un aliento de vida se escapó de su boca. Pero a pesar de su dolor, el era un jefe… un jefe vikingo… y estos nunca se retractaban de sus acciones.
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–¿Dónde se encuentra Mogadon? –exigió Stoick una vez ya recuperado de su conmoción a Spitelout y a otros dos miembros de la guardia de Berk, que lo esperaban al final de la larga escalinata que conducía al gran salón –. Debo hablar con él inmediatamente.
Sin esperar respuesta o comentario de su parte, el jefe continuó su marcha a la aldea, seguido de cerca por los otros tres vikingos.
–¿Stoick? –lo llamó su hermano algo confundido –. ¡Stoick!
–¡Ahora ¿Qué?! –rugió el jefe volviéndose con fuerza.
–Una revuelta –contestó Spitelout de inmediato endureciendo su semblante para no demostrar lo intimidante que podía ser su medio hermano –. El acto de tu muchacho causó una revuelta entre varios de los nuestros y unos Meatheads. Logré contener la situación, pero el humor se encuentra a flor de piel –agregó con seriedad antes de llegar al punto clave –. ¿Por qué necesitas a Mogadon?
–Requerimos más naves para atacar el nido de esas bestias. Ahora sé cómo llegar a su isla.
–¿En serio? ¡Ya era hora! –soltó Spitelout mientras los otros vikingos que lo acompañaban asentían con vigor –. Pero antes que nada tienes que hacer algo con el muchacho.
Stoick entrecerró la mirada ante las palabras de su medio hermano en lo que trataba de descifrar que quería llegar con ello. Conocía a Spitelout de toda su vida y sabía lo competitivo y avaricioso que podía ser; a pesar de no contar con la sangre correcta, siempre había envidado el puesto de Stoick y en muchas ocasiones, éste llegó a sospechar que anhelaba conseguirlo para sí y los Jorgensons. Y justamente ese día, era un momento idóneo para intentarlo.
–¿Qué quieres decir? –dijo el jefe con escepticismo.
–Su espectáculo causó problemas con los Meatheads –explicó Spitelout –, si quieres que Mogadon se ponga de tu lado en esto, debes de mostrarle que eres nuestro jefe… incluso en tu hogar…
Stoick tragó saliva tratando de controlar el impulso de golpear a su hermano en la cara. Él estaba totalmente consciente de eso, pero no necesitaba que se lo recordaran…
–No tengo tiempo para lidiar con esto ahora…–añadió tratando de retomar la marcha.
–Sí yo fuera el jefe, yo ya habría… –comenzó a decir Spitelout ante los murmullos de los otros dos vikingos que lo acompañaban.
–¡Pero no lo eres! –rugió Stoick como bestia embravecida volviéndose de golpe a ellos y sacudiendo su larga capa de piel de oso a su alrededor. El efecto fue inmediato, una mezcla de miedo y respeto se reflejo en los ojos de sus seguidores donde antes hubo duda. Era muy importante para un jefe mantener la lealtad y obediencia de su gente, y en muchas ocasiones eso requería sacrificios –. ¡Está bien! –accedió sabiendo que se arrepentiría luego –. Enciérrenlo por ahora, ya decidiré que hacer con él cuando volvamos.
Y con esa orden, volvió a darles la espalda a los tres vikingos y continuar su camino hacia el centro de la aldea. Spitelout soltó un débil resoplido en resignación, antes de dirigirse a los otros dos tipos a sus lados:
–¡Ya escucharon al hombre!
Los tres vikingos comenzaron el largo acenso de la escalinata para aprender al joven delincuente.
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–Hiccup ¿Qué fue lo que paso? –le preguntó Honey a su hermano tratando de animarlo a levantarse, frotando con delicadeza su espalda –. ¿Qué te hizo…? –dijo angustiada denotándolo en su tono de voz y su mirada afligida.
Pero Hiccup no respondía, sus ojos estaban perdidos en el suelo y su cuerpo temblaba débilmente. La chica comenzó seriamente a preocuparse de que su padre lo hubiera lastimado físicamente.
Para los gemelos, quienes amaban a pesar de todo a su padre, eran los primeros en admitir que estaba lejos de ser perfecto en todos los sentidos. Pero si había algo que podían recalcar sin importar su falta de capacidades paternales, era que siempre los había tratado con delicadeza. En sus doce años de vida nunca les había levantado la mano a pesar de su gran fuerza y descomunal tamaño.
–Hiccup… –lo llamó de nuevo ella casi con llanto ante su falta de respuesta.
–Hay que ayudar a Toothless… –soltó de repente el chico casi en susurro y sin alzar la mirada. Su voz era mucho más gangosa de lo normal como si se esforzara por no llorar – hay que evitar….
A Hiccup el mundo se le venía encima. Acaba de perder todo lo que tenía y pudo llegar a tener, en cuestión de segundos. Y aunque nunca tuvo la mejor relación con su padre, sus palabras lo habían herido tan profundamente que sentía como sufría su alma y corazón.
Ahora para el pobre muchacho a quien se le había arrebatado todo: nombre, tribu, su familia y tal vez tendría que enfrentar el destierro, se dio cuenta que solo quedaba algo seguro en su vida. Su mejor y escamoso amigo.
El muchacho intentó levantarse y llegar a la puerta del gran salón a pesar de las fuertes manos de su hermana que lo sujetaban de su ropa con desesperación. Antes de que lograra alcanzar la entrada, las puertas cedieron ante el paso de tres vikingos que les bloquearon la salida a ambos gemelos.
–¡Tú! –dijo Spitelout con tono amenazador indicándolo con su grande y regordete dedo –. Vendrás con nosotros.
Ante su orden, los otros dos vikingos se abalanzaron sobre el muchacho que trataba de entender que sucedía. Ambos apartaron a Honey de un solo tirón y sujetaron al gemelo pecoso de los brazos hasta casi alzarlo del suelo.
–¿Qué? –soltó Honey –. ¡No! ¿Adónde lo llevan? –insistió cuando la hicieron a un lado sin dificultad.
–A la prisión –respondió Spitelout con seriedad, mientras los otros dos hombres se llevaba a Hiccup a rastras entre sus grandes brazos de gorilas.
–¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!
–Alta traición. Mandato de tu padre.
–¡¿Qué?! –Honey trató de seguirlos, pero Spitelout la tomó del hombro y la detuvo mientras los captores de su hermano comenzaban el largo descenso por las grandes escaleras –. ¡Hiccup!
–¡Estaré bien, Honey! –le gritó su hermano apenas volviendo la cabeza sobre su hombro –. ¡No te preocupes por mí! ¡No hagas nada estúpido! –agregó conociendo a la perfección a su hermana.
Una vez que la distancia entre ellos se volvió más grande, Spitelout soltó a su sobrina y siguió la comitiva que arrastraba al chico pecoso contra su voluntad. Honey los miró alejarse completamente paralizada, su cuerpo temblaba débilmente y varias lágrimas se columpiaban de sus pestañas. Esto era mucho peor que si Hiccup hubiera muerto en el fuego como en su sueño, y todo era culpa de su padre.
La ira comenzó a apoderarse de la joven de cabellera castaña, quien bajo las escaleras con una ferviente decisión. El temperamento que había heredado de su padre, estaba floreciendo en ella.
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–Quiero que preparen el nightfury para transportarlo en una de las naves –indicó Stoick a su gente que rápidamente comenzaron los preparativos para la nueva búsqueda del nido –. Que todos los guerreros estén listos, quiero partir antes de que el sol marque el medio día.
Obtuvo una reacción positiva de su gente que lo aclamó ante sus órdenes. A sus alrededor los peludos Hooligan anduvieron de un lado a otro acatando los mandatos de su líder, preparándose con fervor para la futura batalla.
La leve sensación de duda que le había dejado el insubordinamiento de Spitelout, comenzó a desaparecer cuando confirmó que su gente seguía obedeciéndolo como el líder que era. Eso fue hasta que sintió un leve empujón a la altura de la cintura. No se esperaba que su pequeña y delgada hija respondiera en su contra con todas las fuerzas que podían darle sus brazos de espagueti.
–¡Papá! ¡¿Cómo pudiste?! –le dijo furiosa propinándoles varios golpes que resultaban indoloros para el gran jefe –. ¡¿Cómo pudiste hacerle eso a Hiccup?!
En vano, Stoick trató de detenerla, pero la niña estaba tan furibunda que si utilizaba mucha fuerza para detener sus brazos, podría quebrar sus frágiles hueso.
–Ve a casa, Honey –insistió tratando de no mírala directamente a los ojos, ya que sabía que le ropería el corazón apreciarla en ese estado.
–¡No! –bramó ésta empujándolo nuevamente mientras intentaba alejarse de ella.
Stoick empezó a perder la paciencia al ver que su rabieta comenzaba a llamar la atención de todos los habitantes de Berk reunidos en el centro de aldea, e incluso algunos Meatheads. Ante el fuerte escándalo que estaba generando la joven pecosa, otros habitantes de la isla salieron de sus casas al escuchar la conmoción, e incluso Gobber abandonó su herrería donde estaba dotando de armas a los guerreros.
Al ver de nuevo la reacción de su gente, Stoick comenzó nuevamente a perder la paciencia:
–¡Tu hermano rompió la ley! ¡Prefirió la compañía de ese maldito demonio en lugar de su gente!
El jefe bajo la mirada y la calvó en el semblante de su hija. Honey estaba claramente rabiosa que unas lágrimas de pura ira colgaban de sus pestañas, sus ojos verdes como esmeraldas brillan con tal intensidad y, su piel pálida y pecosa, adquirió un tono más rosado ante el rubor en sus mejillas.
–¡Y por qué no! –dijo ésta descaradamente sin importarle quien la viera o escuchara –. ¡Cuando su gente realmente estuvo para él! ¡Ni siquiera su padre es capaz de defenderlo de sus propios súbditos!
–Te cuidado con tus palabras, hija…
–¡¿O si no qué?! ¡¿Me mandaras a prisión junto con mi hermano?! ¡Pues lo preferiría!
Honey había sido insolente en muchas ocasiones, pero en esa vez estaba sacando la bola fuera del estadio. La chica había perdido el poco autocontrol de sus palabras y su comportamiento era increíblemente inaceptable para alguien en su posición. Stoick pudo escuchar un leve eco en su cabeza cuando su mirada se cruzó con la de Gobber al otro lado de la aldea, y pudo oír con claridad las palabras acusadoras sobre sus pésimas habilidades como padre.
¿Había sido toda su culpa? ¿Él había arruinado a sus hijos?
–No sabes que estás hablando –insistió Stoick recalcando sus palabras –. Son crímenes graves para ley vikinga –inclinó su rostro al de su hija, la cual tuvo que doblarse hacia atrás pero sin apartar la mirada desafiante de su padre –. ¡Esas bestias son más que animales sin alma! ¡Ellos se llevaron a tu madre!
–¡No Toothless! –contestó Honey –. ¡Él un excelente dragón y igual que muchos otros no tienen la culpa de los actos de pocos! ¡Como Hiccup no tiene la maldita culpa de tener un padre sin corazón!
Los ojos del jefe se abrieron tan grandes como paltos cuando pudo atar los cabos sueltos. Honey supo del dragón… los supo todo el tiempo. ¿Cómo? ¿Por qué? No lo sabía, pero no podía evitar preguntarse: ¿Qué se había apoderado de sus hijos para que actuaran de esa manera? Hiccup era prácticamente inofensivo y arriesgo su vida y la de su gente por un dragón, y a pesar de todo, continuaba necio en defenderlo hasta el punto de desafiar a su padre y líder. Y Honey, su pequeño tarrito de hidromiel, tal vez siempre tuvo la boca floja, pero nunca lo traicionaría; ahora estaba frente a él desafiándolo como si fuera un poderoso e invisible guerrero y poniéndolo en evidencia frene a toda la tribu.
Definitivamente algo malo les había sucedido a sus hijos. Todo era culpa de esa bestia negra como la noche…. ese demonio del Helhiem había poseído a sus dos hijos con su mirada. Sí, todo tenía que ser su culpa.
–¡Tú sabías del dragón! ¡¿Por qué demonios no dijiste nada?!
–¿A quién? ¿A ti? ¿Para qué reaccionaras exactamente de esta manera? Carajo que no, nunca te hubiera dicho nada.
Finalmente Stoick perdió todo el control de su ser y su mano se cerró con fuerza alrededor del brazo de su hija.
–Papá… me lastimas.
Aunque la muchacha se quejo y trató inútilmente de liberarse, su padre la arrastró con facilidad de la vista de su gente en dirección a su hogar, solo seguidos de cerca por Gobber.
–¡Papá basta! –soltó Honey sin poder sentir su brazos y clavando sus talones en la lodosa tierra del camino, sin poder evitar en lo más mínimo el avance de su padre.
Pero el hombre no la escuchó. No valía la pena oír las palabras de los poseídos por algún ente maligno. Eso tenía que ser. Se encargaría primero del nido y del nightfury, y después le pediría a Gothi que sacara esas entidades malvadas de los cuerpos de sus hijos y tal vez así todo podría regresar a la normalidad.
Por mientras, debía asegurarse que no fueran un peligro para ellos y para otros. Cuando alcanzó su hogar, abrió la puerta de un solo tirón y arrojó dentro el cuerpo ligero de su hija como si no fuera más que una muñeca de trapo. Honey tambaleó un poco ante el fuerte empujón y cayó con sus manos y rodillas en el suelo madera.
Alcanzó a volver su rostro hacia la puerta de su casa y pudo ver la imponente figura de su padre bajo el umbral, tan estoico como su nombre lo indicaba.
–Y por una vez en tu vida, quédate callada.
Y sin más, cerró la puerta dejándola en la sombras.
Honey hizo el esfuerzo descomunal para ponerse de pie y tratar de abrir la puerta, pero esta no cedió en lo más mínimo.
–No –dijo en vano golpeando con sus puños la puerta de madera hasta lastimarse las manos –. ¡No! ¡Papá! ¡Sácame de aquí!
Del otro lado de la puerta, Stoick utilizó varios troncos de madera para bloquearla, además de cerrar el picaporte con llave.
–Esta puerta no se abre hasta que regrese ¿entendido? –dio como orden final volviéndose hacia Gobber. El pobre herrero estaba tan confundido y consternado con lo que estaba sucediendo como para replicar una orden de su amigo.
Lo que no se dieron cuanta ambos vikingos, era que una pequeña figura cubierta de un pelaje blanco como la nieve observaba cada uno de sus movimientos desde un oculto rincón.
Chapter 37: Incierto
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Incierto
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Gobber recorrió en silenció gran parte de la aldea en su camino al muelle. Todo a su alrededor era un organizado caos a como los guerreros se preparaban para su inminente partida. La ultima búsqueda del nido. Prometía ser una heroica batalla que unió tanto a los Hooligans como Meatheads en fervientes deseo de sangre. Los ánimos estaban a la alza y los leves desacuerdos sobre el heredero de Stoick habían quedado de lado.
Con excepción para Gobber.
El viejo guerrero quería comprender lo que había sucedió en la arena, pero no encontraba solución a su dudas. Nunca había sido el vikingo más brillante y además varios golpes en la cabeza no le había ayudado a su coeficiente intelectual; pero él sabía que había mucho más de lo que presenció esa mañana. Pero su mejor amigo había cortado el tema, rotundamente.
Gobber tenía el incontrolable deseo de acudir a la prisión, esa pequeña choza solitaria que casi los Hooligans no utilizaban en una de la orilla de la aldea. Él deseó obtener sus respuestas de la fuente original, de Hiccup, su aprendiz; ya que al final de cuentas Gobber había sido responsable del muchacho en la ausencia de su padre, así que lo sentía como su responsabilidad… su error. Pero Stoick se lo había prohibido, ya que lo necesitaba en el muelle para los últimos preparativos antes de zarpar. El asunto quedaría para atenderse a su regreso.
El herrero estaba un poco sorprendido con la sangre fría de su amigo, que parecía una persona completamente diferente. Él había estado el día en que nacieron los gemelos Haddock y recordaba a la perfección lo feliz que se encontraba el nuevo padre con sus dos vástagos a pesar de los malos presagios de su sobrevivencia. Eran tan pequeños y era un invierno bastante malo, nadie esperaba que sobrevivieran. Gobber no podía comprender como era posible que el mismo hombre en que vio su amor a sus hijos reflejado en su mirada, pudiera actuar tan fríamente en aquellos merecedores de tal devoción.
Pero por el momento no quedaba más que esperar, resolverían el problema de los chicos cuando regresaran, por mientras debían estar más preocupados por el enfrentamiento que estaba a la vuelta de la esquina. Y que los dioses los protegieran.
Gobber continuó su camino hasta una de las cornisas de roca cerca del puerto, donde se podían ver navíos Hooligans y Meatheads casi listos para surcar las aguas en busca de la victoria. A pesar de todos sus instintos y viejas costumbres de guerrero, Gobber volvió a perder su mente en su joven aprendiz que sufría de un futuro incierto, y de su delgada hermana que estaba condena a la misma suerte. Su dolor se expresó en sus rudas facciones al pensar en aquellos gemelos, los que había visto crecer toda su vida y convertirse en quienes eran ahora… traidores… o al menos era así como los llamaban.
¿Pero… él pensaba igual?
Unos leves pasos los distrajeron de sus reflexiones, para luego percatarse que había sido alcanzado por la vieja de la aldea. Gothi había sido convocada al puerto para darles la ultima bendición tradiciones a los barcos antes de su partida, pero con una sola mirada a su rostro, Gobber pudo darse cuenta de la misma consternación que lo atormentaba también habitaba en la mujer.
Temían seriamente el destino que les deparaba a los gemelos Haddock y… lo que les esperaba a los guerreros más allá de esas aguas.
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Toothless era consciente de su propia fuerza, acosta de su juventud. Los barbaros de dos piernas le tenía un nombre especial para él, pero eso no importaba… nunca le importó, él era quien era y con eso bastaba. Su cuerpo era tan fuerte como el viento, su aliento tan devastador como el rayo y velocidad tan precisa como la muerte. Él era imparable.
Desde muy joven había prendido a surcar el cielo, en hacerlo suyo y aclamar la noche en su nombre. Él era invencible y lo disfrutaba. Iba a donde quisiera y hacia lo que le plazca, pero siempre solo… siempre estuvo solo. Pero eso no importaba, lo prefería de esa manera, no había a quien obedecer, por quien preocuparse o por quien llorar. O al menos eso fue hasta que terminó atrapado por los llamados de la inicua reina.
Al igual que muchos antes que él, se volvió su esclavo. Volaba por ella, robaba por ella y mataba por ella. El poderoso ser que alguna vez fue, se convirtió en un simple peón de una guerra sin sentido que ningún bando sabía cómo había iniciado en un principio.
Pero todo cambio para Toothless el día que se topó con el pequeño niño humano de ojos verdes y cara manchada. En aquel momento, el dragón de ébano estaba seguro de su propio final, pero ante su sorpresa, ese chico no solo le perdonó la vida, sino también le dio otra oportunidad, y con el tiempo un propósito.
Toothless desarrolló una gran curiosidad por el pequeño humano como éste demostraba hacia él. Parecía mucho más listo que la mayoría de su clase. Poco a poco, el nightfury se fue encariñando con este pequeño niño y su doble femenina; ellos cuidaban de él, lo alimentaban, jugaban, bailaban juntos y le regresaron el poder de surcar nuevamente las nubes.
Por primera vez en su vida, a Toothless había algo más importante en su vida que él, tenía a alguien a quien amar y por quien morir. No quería cambiar eso por nada en el mundo, y ni reina y los otros barbaros de dos patas podían interponerse en sus deseos.
Fue por eso cuando su cuerpo adolorido y golpeado se encontraba atrapado por las cadenas y arneses, el espíritu de Toothless se sentía débil. No había logrado proteger a su joven amigo humano y lo habían apartado de su lado. Ahora no tenía idea de donde podía estar o que habían hecho con él los otros humanos salvajes. Él era prisionero nuevamente, sin voluntad o libertad para cumplir sus deseos y no tenía idea si volvería a ver al joven de ojos verdes y cara manchada que cambio su vida para siempre.
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Honey nunca se había sentido tan miserable en su vida, en especial en su propio hogar. La gran choza del jefe se encontraba a oscuras, debido a que todas las salidas habían sido bloqueadas para impedir el escape de la jovencita, dejándola sumida en la profunda oscuridad. Por lo que le pareció horas, Honey golpeó la puerta con sus pequeños puños hasta lastimarse los nudillos, pero nadie de exterior acudió a socorrerla. Estaba sola, sumergida en la soledad y la tristeza.
Intentó violar las cerraduras como siempre lo había hecho, pero algo más impedía que la puerta se abriera, algo del otro lado la tenía atrancada. Ya sin fuerzas y con la garganta agotada de tanto gritar, la gemela se dejo deslizar por la superficie de madera de la puerta de su casa, hasta quedar tendida en el suelo, para luego estallar en llanto.
Honey no sollozó como la mayoría de los niños, que podía ser ante cualquier cosa o injusticia. Ella solo derramaba lágrimas ante el miedo: el miedo de perder a su hermano, el miedo a sus sueños o el miedo ante la incertidumbre.
Su futuro era incierto, siempre lo fue, pero en esa ocasión era mucho más inconcebible. No tenía idea que era lo que su padre tenía planeado para ella y su hermano, tal vez más que un terrible castigo les deparaba. Hiccup había sido renegado por Stoick y con la traición probablemente enfrentaría el destierro de la isla. En cuanto a ella, era posible que tuviera la misma suerte ante su complicidad con su hermano, pero también cabía la posibilidad que su padre quisiera conservarla simplemente para entregarla en el futuro al mejor postor. Eso le daba más miedo que el destierro.
Era curioso como cambiaba las cosas. Por tanto tiempo, los hermanos gemelos sufrieron la indiferencia de su padre y ahora que tenían su completa atención (aunque forma negativa) era preferible ser ignorados nuevamente.
Honey, entre lágrimas, recordó con dolor aquellos años del pasado cuando ella era pequeña y junto con su gemelo jugaban en la seguridad de su casa y bajo la mirada pendiente de su padre. Eran vagos, pero buenos recuerdos de cuando el amor de su familia aún estaba intacto, continuaban con lo que su madre dejo pendiente.
Tal pensamiento llevó a Honey preguntarse ¿que habría hecho su madre en esa situación? ¿Los abría apoyado o dado la espalda como su padre? No lo podía saber, nunca llegó a conocerla como para tener una idea de cuál partido habría tomado. Tal vez solo el viejo Wrinkly hubiera intervenido por ellos, pero él tampoco estaba para salvarlos.
La chica se sentía tan sola, sin familia, sin amigos y sin Toothless.
Todo era tan incierto…
–¿Honey? –escuchó débilmente del otro lado de la puerta –. “Chits” Honey…
–Hola –soltó la chica rápidamente apoyándose contra la madera –. ¡Hola! ¡¿Quien está ahí?!
La respuesta tardó un momento en llegar, por lo cual la gemela se sintió engañada. Alguien le hacía una pésima broma en las peores circunstancias, cuando voz volvió de nuevo:
–¡Roar!
–¿Eggingarde?
–Sí. ¿Qué sucede Honey? ¿Por qué te encerraron ahí adentro?
–Es… –balbuceó Honey débilmente y soportando un trago amargo de saliva – difícil de explicar…
–Entonces no lo hagas –dijo la esclava del otro lado con tal jovialidad en la voz que hizo sonreír a la pobre cautiva –. Sé que no mereces estar ahí.
–Gracias.
De nuevo quedaron en silencio. Honey pudo sentir como las lagrimas volvían aflorar en sus ojos a como el sentimiento de incertidumbre volvía apoderarse de ella.
–Honey ¿Tienes miedo? –le preguntó tajantemente Eggingarde desconcertándola.
Honey se tomó tiempo poder articular su respuesta:
–Mucho.
–Yo también –explicó la niña esclava casi en susurro –. Todos actúan muy loco, no dejan de hablar del nido.
Al escuchar aquellas palabras, algo se iluminó en el cerebro de Honey, más que una idea sino como una visión, una de muerte y destrucción donde su padre y compatriotas podrían perder sus vidas. Era vago y menos claro que sus rutinarios sueños, pero era tan poderosa la sensación que sacudió su cuerpo. En una sacudida, la joven gemela salió de su estupor con la respiración entre cortada y temiendo más por otros, que por sí misma.
–Usaran a Toothless para buscar el nido –dijo con tal seguridad recordando la preocupación que demostró su hermano por el dragón de ébano antes de separarlos. Pero eso no era todo, además estaba… –: Hiccup dijo que ahí había un gigante dragón…
–¿Un gran “roar”?
–¡Un gigantesco “roar”! ¡Todos están por embarcarse a una muerte segura!
Aunque su padre era el culpable de todo el pesar que había caído sobre sus hijos y el rechazo de su gente fue siempre constante, Honey no tenía el corazón de piedra como para desearles una muerte tan irónica; además arrastraban al pobre e inocente Toothless con ellos al mismo destino.
–Hay que detenerlos –soltó la chica pecosa recobrando el valor y poniéndose de pie del frio piso de madera donde derramó sus lagrimas –. ¿Pero cómo? Ellos no entienden razones y papá piensa que lo he traicionado –su rápida mente trabajo a velocidad desglosando el problema y buscando una solución –. Necesitamos un plan y rápido. Hiccup siempre fue muy bueno para eso… ¡Eggingarde! ¿Sigues ahí?
–¿Roar?
–Muy bien. Porque voy a necesitar tú ayuda para salir de aquí.
-o0o-
Astrid marchaba como endemoniada por la aldea sin que nadie quisiera acercarse a ella. Eso se debía principalmente a la mirada de pocos amigos que llevaba y la nariz sangrante que lucía. Su no tan discreto puñetazo terminó en una gran trifulca en la arena, y a pesar de que recibió un golpe directo en el rostro, estaba satisfecha con haber derribado a su contrincante de una buena patada y que fueran necesarios más de un par de brazos para apartarla de su objetivo. Pero eso ya no tenía importancia, lo que quería saber era ¿qué había sido de Hiccup?
Sabía perfectamente que el jefe nunca le haría daño a su hijo, sin importar lo enojado que estuviera con él, pero definitivamente el muchacho estaba en problemas con todo lo sucedido con el nightmare y el nightfury. Pero nadie le decía nada o le dedicaba su atención; la futura partida de las naves tenía tan ocupado a los guerreros, como para atender los reclamos de una jovencita refunfuñona. Fue hasta que vio como Toothless era subido completamente maniatado de patas a la cabeza al navío del jefe, cuando se percató de lo grave de la situación del gemelo. Tenía que dar con Hiccup cuanto antes.
Nunca se imaginó encontrado encerrado en la prisión de la aldea.
Esa maciza choza de madera que solo contaba con tres pequeñas celdas, que rara vez eran utilizadas y sus principal fusión era mantener quieto algún miembro del clan Thorston que le pareció divertido robarle las botas a alguien. Cuando Astrid llegó a la prisión la encontró desprotegida y sin vigilancia, no era necesario ya que su único ocupante era un pequeño escuálido muchacho que no podía ni levantar un hacha por su cuenta.
Al entrar, Astrid rápidamente vio Hiccup acurrucado en un ovillo de sí mismo en el centro de su celda, con la mirada oculta en sus brazos y estos abrazando sus piernas.
–¿Hiccup? –lo llamó ella débilmente ante la patética imagen que representaba.
El muchacho no le contestó, Astrid comenzó a temer que en realidad si estuviera herido.
–¡Hiccup! –repitió elevando su voz y sujetando con fuerza los barrotes de la celda. En respuesta, el pequeño cuerpo de Hiccup de contrajo un poco.
Definitivamente la estaba escuchando, pero se sentía tan miserable como para responder. Eso enfureció a Astrid, quien había visto de primera mano la fuerza que podía tener aquel gemelo pecoso y aquella actitud lastimera que había adoptado, no solo comenzaba a enfermarla, sino que no iba con él. Así que contraatacó:
–Vaya que si la arruinaste, en una sola mañana perdiste todo, tu nombre, tu familia, tu mejor amigo…
–Gracias por recordármelo –dijo el chico débilmente continuando en posición fetal.
Astrid esperó unos segundos a que dijera algo más, pero al ver que no hablaba, se dispuso a insultarlo. Tenía preparado algunas cuantas palabrotas listas en su mente, cuando de repente el muchacho comenzó a enderezarse hasta quedar sentado en su solitaria celda, pero sin atreverse a levantar la mirada.
–Habría sido más sencillo todo, si hubiera matado al dragón –dijo él con profundo rencor.
Hiccup sabía muy bien que Toothless no era el principio de sus penas pero si la gota que derramó el vaso. Él era el hijo del líder vikingo de Berk, debía demostrar fuerza y poder, y en lugar de eso fue débil y un cobarde por no atreverse a matar a la bestia. Su vida habría sido mucho más sencilla, no estaría metido en esos problemas y su padre no habría condenado a sus guerreros a morir, si él hubiera acabado con el dragón.
–Cualquiera de nosotros lo hubiera hecho –le dijo Astrid ante su reflexiones –, pero tú no lo hiciste. ¿Por qué?
Era algo que él mismo se preguntaba, por lo cual no necesitaba que Astrid se lo reclamara. Había demostrado lo patético que era por no haber querido matar un dragón… a pesar de que se viera tan débil y asustado… tanto como él. Ante sus ojos, el nightfury atrapado y herido, había sido un reflejo de su propio ser.
¿Pero qué había ganado todo eso?
–Pero eres el primero en montar un dragón.
Aunque Hiccup tenía la mirada perdida en sus pies no pudo evitar recordar la maravillosa sensación del vuelo, el viento frio contra su cara y vértigo en los movimientos de Toothless. Cuando volaban juntos, se sentía contado a él… eran casi uno. Él lo necesitaba tanto como el dragón a él. Pero ahora, estaba condenado a sufrir el mismo destino que muchos otros de su especie, esas maravillosas criaturas que perecieron inútilmente en una guerra sin sentido, la cual era dirigida por su padre y que al final le costaría la vida a todos.
Reflexionando ante su propias palabras, Hiccup se dio cuenta que tenía que hacer algo, debía salvar a Toothless, a su padre, a los otros guerrero y a los dragones. Tenía que hacerlo.
–¡Astrid! –la llamó el muchacho levantando la vista, pero pronto cambio su tono determinado ante el aspecto de la joven rubia –. ¡Astrid! ¿Qué te paso? –la indicó mientras se ponía de pie.
–Gajes del oficio –respondió ella sin darle importancia, mientras el chico trataba tocar su nariz cubierta de sangre seca –. Hay cosas más importantes que esto.
–Debemos detenerlos, Astrid –agregó Hiccup retomando su posición decidida –. Todos van a una muerte segura.
–Eso se escucha mucho mejor –dijo ella con una sonrisa picara –. Bueno, excepto por lo de morir.
–Debe haber una forma de salir de aquí.
Hiccup luchó con los barrotes de su celda en vano y el cerrojo de la puerta por nada cedió a las sacudidas.
–Es inútil –sentenció Astrid soltando una patada a la puerta –. Tomaron las llaves consigo, no hay forma de abrir la puerta.
–Pero si no puedes abrir la puerta, siempre busca otra forma de salir –dijo de repente una voz detrás de Hiccup y Astrid, haciendo que ambos soltaran un grito en sorpresa.
Se volvieron a la ventana enrejada detrás de ellos, para toparse con el rostro pecoso de Honey asomándose por la cuadrada hendidura.
–¡Honey! –soltó Hiccup –. ¡¿Qué es lo que haces?!
–Hiccup no me distraigas –se quejó ella mientras ataba una soga gruesa a uno de los barrotes – que Eggingarde no podrá sostenerme por mucho tiempo.
–Roar –se escuchó débilmente.
–¡¿Eggingarde?!
–¿Eggingarde? –preguntó Astrid sin comprender –. ¿Quién es Eggingarde?
–Excelente –dijo Honey satisfecha antes de desaparecer de un solo brinco –. Quítense de la pared.
Antes de que Hiccup o Astrid pudieran preguntar que estaba planeando, lo barrotes de la ventana fueron arrancado de un solo tirón llevándose con sigo parte del marco de la misma. Sin poder contener una sonrisa, Hiccup no perdió tiempo en trepar por la ventana abierta y salir al exterior. Su sorpresa fue mucho mayor al descubrir que Honey había atado el otro extremo de la soga al jabalí mascota de los gemelos Thorston para que hiciera el trabajo pesado.
Tan pronto el joven pecoso fue libre, volvió a quedar prisionero por los estrujante brazos de su hermana. No pudo contener la alegría que le daba verla, que una vez que se recuperó del estupor le correspondió a su afecto.
–¿Estás bien? –le preguntó Honey al oído –. ¿No te lastimaron?
–No ¿Y tú?
–Sobreviviré.
Hiccup y Honey se separaron sonriendo de oreja a oreja. Pronto la vista del joven gemelo pasó a la pequeña esclava cubierta con piel de osos blanco que también sonreía muy satisfecha de sí misma.
–Gracias, Eggingarde.
–Roar –gruñó levantando una de sus manos afelpadas.
Unos segundos después Astrid se reunió con el grupo, dándole la vuelta a la choza que servía como prisión. Al verla, Hiccup recordó cual era la razón de su urgencia por ser libre, que sin decir razón alguna a las chicas, salió corriendo a toda velocidad en dirección de los muelles. Pero ya era demasiado tarde, los barcos se había marchado hacía tanto que ya no se distinguían a la distancia.
–¿Qué vas a hacer? –le preguntó Astrid casi sin aliento cuando ella, Honey y Eggingarde lo alcanzaron cerca del acantilado.
–Probablemente algo tonto –soltó Hiccup sin querer con la mirada perdida en el horizonte.
–Sí, pero ya hiciste eso –puntualizó su hermana.
–Entonteces algo estúpido –agregó con una idea brillante en la cabeza y sin decir más salió corriendo en dirección contraria.
–Eso está mucho mejor –sentenció Astrid corriendo detrás de él, pero con una enorme sonrisa en los labios.
Chapter 38: Como entrenar a tu dragón
Chapter Text
Como entrenar a tu dragón
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La aldea de Berk que hacía apenas esa misma mañana se encontraba tan llena de vida y con esperanzas por un nuevo prospecto, quedo completamente en soledad ante la partida de los guerreros (o más bien la mayoría de sus habitantes) que se embarcaron a la inminente batalla y gloria en las puertas de Helhiem, dejando atrás solo a los más jóvenes y a los ancianos. Aunque Stoick the Vast, el gran guerrero y líder de la tribu de los peludos Hooligans, había prometido a su gente finalmente la victoria contra las bestias escupe fuego, las dudas del éxito afloraban entre aquellos que quedaron atrás en sus hogares. Mildew recordaba la situación constantemente con sus quejidos y sus presagios de desgracia futura.
–Ya cállate viejo inútil –le gruñó la abuela Stevenson dándole con un cesto de mimbre en la cabeza –. Tú tienes de vidente lo que yo tengo de joven.
–Eso no se lo niego, señora –contestó el anciano de malas pulgas ganándose otro golpe en la cabeza.
Aquella faena que hubiera resultada divertida en otra situación, era observada de cerca por los gemelos Thorston, Snotlout y Fishlegs quienes mataban el tiempo descansando junto al pozo de agua.
–No sé, pero esperaba que fuera grandioso el día que llegara a ver a la vieja Stevenson perseguir a Mildew por toda la aldea –sentención Tuffnut con hastío –, pero… neh –añadió encogiendo los hombros.
–Sí, algo no está cuajando –agregó su hermana recargando sus codos contra la orilla del pozo.
Desde el inesperado desenlace del enfrentamiento de Hiccup en la arena con el nightmare, los cuatro jóvenes se habían mantenido apartados de todo el movimiento y preparativos para la batalla. A diferencia de la mayoría de los habitantes de Berk, la revelación del gemelo pecoso los había afectado de una manera única e imprevista.
–La aldea quedo casi desierta –soltó Snotlout refunfuñando sin dirigirse a nadie en particular, una vez que Mildew logró ocultarse de la vieja Stevenson debajo de su carreta de coles –, Berk parece casi un pueblo fantasma.
–Sí, algún desalmado hijo de puta podría aprovecharlo para saquear algunas casa –comentó Ruffnut con malicia dirigiéndole una mirada a su gemelo.
–Así es, mi querida hermana –admitió Tuffnut por inercia, pero fue hasta que distinguió la mirada especial que le dirigían los ojos azules y saltones de su gemela, cuando captó el mensaje –. ¿Quieres ir a saquear algunas casas? –agregó indicándole la más cercana.
Snotlout soltó un bufido.
–¿Cómo pueden pensar en estupideces después de todo lo que sucedió en la arena? –agregó el moreno cruzando sus brazos sobre su pecho y plantándose frente a los gemelos Thorston –. ¿Cuándo nuestros padres se dirigen a la guerra?
–¿A dónde quiere llegar con eso Snotlout? –preguntó para su sorpresa Fishlegs, quien había permanecido en silencio la mayor parte del tiempo.
–Oh –dijo Ruffnut con una picara sonrisa –. ¿Es acaso que el bichito de la envidia de Astrid está afectando ahora a Snotlout?
–¿Qué?
–Sí, te pica, te pica, te pica –siguiendo la broma de su hermana, Tuffnut comenzó a atacar al joven moreno con su dedos, clavándolos en su abdomen. Snotlout soportó tan solo tres piquetes antes que soltara un puñetazo contra el rostro del gemelo rubio.
Ruffnut desencajó una sonora carcajada cuando su hermano cayó de sentón en el suelo ante fuerte revés.
–¡¿Qué rayos les pasa?! – gruñó el moreno realmente molesto, aunque de momento no estaba muy seguro con quien –. ¡¿Acaso no vieron lo mismo que yo?! –agregó casi con un rugido –. ¡Hiccup nos traicionó a todos!
–Y de la manera más genial posible –comentó Tuffnut tranquilamente desde el suelo apuntando con su dedo índice el cielo nublado sobre sus cabezas.
–¡¿Qué?! –soltó se nuevo Snotlout completamente desconcentrado con las palabras del rubio. El joven Jorgenson no podía comprender como ellos podía ver cómo sin nada los actos de Hiccup, mientras que él…
–Hey, tarados –los llamó de repente Lars Thorston apareciendo junto con Gullibird Stevenson y Dogsbreath –. ¿Qué tanto hacen?
Los cuatro jóvenes junto al pozo intercambiaron unas cuantas miradas ante los recién llegados, para luego solo encogerse de hombros en respuesta.
–Deben de sentirse como idiotas –mencionó Gullibird en burla – al descubrir que se dejaron engañar por las mentiras de Hiccup.
–Sí, idiotas –agregó Dogsbreath con su característico tono de tonto.
Sus compañeros solos alcanzaron a soltar unas leves risitas antes de que fueran interrumpidos inesperadamente:
–Cierra el hocico, Dogsbreath –lo cayó Ruffnut dando un paso delante de sus compañeros y haciendo frente al gigante y redondo joven que se rió de ellos.
–¡Ciérrame lo si puedes, bruta! –le contestó el grandulona golpeándola con su gran pecho haciéndola dar un paso hacia atrás.
–En cualquier momento, imbécil –respondió ella imitando sus movimientos, pero sin obtener ningún efectos en su enorme masa.
Pronto, los varones Thorston presentes se apresuraron a separar a la joven rubia del gigante Dubrain, quienes la conocían de ser testaruda y obstinada, de lo que podría ser una horrible pelea. Generalmente Tuffnut disfrutaba de ver en su hermana en dolor, pero ante la gran masa de músculos quera Dogsbreath eso resultaría en una masacre.
–Dejemos a estos pendejos –dijo Lars alejando a sus amigos de sus primos y los demás chicos de su generación –. Mejor molestemos a Rubella y a su nuevo novio Meathead.
Dogsbreath aceptó de mala gana los empujones de sus amigos mientras lanzaba miradas asesinas a Ruffnut sobre su hombro.
–Tuviste suerte por ahora, Thorston.
La gemela rubia le respondió desde los brazos de su gemelo con una llamativa señal ofensiva.
–No te preocupes, hermana –dijo Tuffnut liberándola de su agarre una vez que la amenaza se marchó –, en algún momento tendrán que dormir.
Ambos gemelos se sonrieron el uno al otro con malicia, ya que una venganza comenzaba a formarse en sus cabezas. Tal vez no eran los más listos, bueno… no había nada de brillante en ellos, pero definitivamente tenían un don para las travesuras y el desquite.
–Pero es cierto lo que dicen –insistió Snotlout retomando el tema –. Hiccup hizo mucho más que engañarnos –su reclamos acapararon las total atención se sus amigos –. ¡Nos dejo en completo ridículo! Fuimos superados por un sucio mentiroso hijo de…
–¿De verdad nos mintió? –fue de nuevo interrumpido y para su sorpresa, nada menos que por Fishlegs.
–¿Qué dijiste Fishface?
–¿Realmente Hiccup nos engaño? –repitió el joven regordete rubio. Su tono de voz fue extrañamente ajeno al tímido que solía usar con normalidad. Había algo en su postura y su mirada que captó inmediatamente la atención de sus amigos y los motivó a no interrumpirlo –. Es verdad que no dijo nada sobre donde aprendió todo lo que podía hacer, pero de verdad ¿eso fue realmente un engaño? No recuerdo que algún momento lastimara aún dragón… solo los… manejaba. Fuimos nosotros los que supusimos que estaba peleando contra ellos.
Snotlout se apresuro a comentar en contra, pero se quedo con la palabra en la punta de la legua, la boca abierta y el dedo levantado, sin ningún argumento para contradecirlo. Ya que si lo pensaba detenidamente, Hiccup nunca llegó a lastimar a ninguno de los dragones realmente… él solo los dominaba.
–Y de la forma más de puta madre que podrías imaginar –agregó Tuffnut casi con orgullo cruzando sus brazos sobre su pecho. Su gemela asintió a su vez. Aunque toda la aldea veía con malos ojos las acciones del joven heredero, los Thorston en su forma simple de ver la vida, las acciones de Hiccup demostraban más asombro que traición. Y después de todo, una vez que comenzaron a tratarlo con más naturalidad a él y Honey, no veían posible llegar a juzgarlo por sus acciones. A veces los menos brillantes, ven el mundo más feliz y sencillo.
–¡¿Es enserio?! –finalmente las palabras salieron de la boca de Snotlout –. ¡No puedo creer que ustedes estén de acuerdo con ese… ese…! –pero de nuevo las palabras se atoraron en su garganta.
Snotlout estaba confundido, más que nunca en su vida. Por un lado, una parte de él decía que debía estar feliz por el fracaso y caída de Hiccup, la vergüenza de un Haddock era el alza para un Jorgenson; o al menos eso le había enseñado su padre. Pero por otro lado, en realidad se sentía enojado ¿decepcionado? ¿Traicionado? No estaba seguro. Definitivamente las acciones de su primo le había afecta, en especial después de abrirle las puertas…
–Astrid –sus pensamientos fueron una vez más interrumpidos por Fishlegs, quien indicó a la joven rubia llegó justamente a sus espaldas.
Los cuatros jóvenes se volvieron de inmediato en lo que Astrid se plantaba frente a ellos, después de correr por toda la aldea en su búsqueda.
–¿Qué chingados te paso en la cara? –se apresuró en preguntarle Ruffnut al ver la sangre seca que aún adornaba su nariz.
–Parece que alguien te dio con un mazo en rostro –comentó Tuff con una risita tonta señalándola.
Astrid lo tomó de su dedo amenazador y le torció el brazo sobre su espalda de un solo movimiento. Ruff carraspeó de risa.
–Qué bueno que llegas Astrid –le dijo Snotlout ignorando los gemidos de dolor del gemelo rubio –, tú si podrás hacer entrar en razón a estos cabezas de piedra que Hiccup no es lo que piensas.
–Exactamente, Snotlout –aceptó la chica soltando a Tuff del candado en que atrapó su brazo.
–Lo ven.
–Sabe mucho más de los dragones de lo que se pueden imaginar.
–Así es… ¡¿Qué?!
Pero el joven moreno no alcanzó a enfrentar a la rubia, ya que sus otros tres amigos lo hicieron a un lado, dejándolo caer al suelo para aproximarse más a Astrid. Fishlegs y los Thorston comenzaron bombardear a la rubia con un millar de preguntas a la vez, que esta tuvo que alzar sus brazos para calmar sus bríos.
–No solo eso –dijo ella –, la tribu junto con los Meatheads van han una muerte segura, ya que hay un gigantesco dragón más grande que una montaña en su isla –explicó utilizando sus brazos para expresar la inmensidad de la bestia.
Sus amigos contuvieron la respiración.
–¿Qué? –comenzó a decir Snotlout –. No existe tal cosa como…
–Giganticus Maximus –soltó Fishlegs de la nada.
Todas las miradas se clavaron de inmediato en él.
–¿Tú como sabes eso? –le preguntó Astrid.
–El libro de dragones –se apresuró a agregar el joven regordete algo cohibido con todos los ojos sobre él –, dice que existieron tan grandes, que su vasto tamaño rivaliza con las montañas, aunque solo lo menciona como una leyenda. Quién diría que es cierto y que Hiccup descubriría uno –agregó con una débil sonrisita y encogiendo los hombros.
–Son mentiras, no hay tal cosa…
–Bueno, no es una leyenda –informó Astrid denotando la gravedad del asunto – y nos padres van directo a él.
–¿Qué? –soltó Snotlout por última vez en la conversación.
–Hiccup tiene un plan, pero necesitara ayuda…
Antes de que terminara su oración, Ruffnut posó su mano en el hombro de Astrid, mientras ella y su hermano asentían con una sonrisa altanera en sus labios. La rubia se las devolvió antes de voltear en dirección de Fishlegs, quien la miró con temor en un principio antes entrecerrar la mirada con una determinación casi extraña en él. Con el apoyo de sus amigos, Astrid se dio media vuelta antes de salir corriendo, guiándolos en dirección de la arena.
Snotlout se quedo paralizado por un momento junto el pozo totalmente confundido con lo que acababa de suceder; pero luego de unos segundos, soltó un gruñido de frustración y siguió a toda prisa al resto del grupo.
-o0o-
–¿Estás segura de esto Honey?
La pequeña esclava Eggingarde aferraba con fuerza un saco con provisiones que le había entregado la joven pecosa, mientras ésta preparaba a toda velocidad un diminuto y raquítico bote medio olvidado en el puerto.
–Debes de aprovechar la oportunidad Eggingarde –le explicó Honey mientras soltaba las ultimas amaras. Estaba tan ocupada en su tarea, que no se percató de la mirada de pánico de su amiga esclava –. Recuerda lo que te dije la primera vez que nos vimos. Aquí en Berk no existe la esclavitud, así que puedes hacer lo que deseas, y mientras Brann se encuentra con los demás en busca del nido, debes de aprovechar para salir de aquí y buscar tu familia.
–Pero… ha sido tanto tiempo desde que fui libre… –soltó Eggingarde con miedo y duda –desde la última vez que los vi…
De un solo tirón de una soga, Honey liberó la pequeña vela estampada que ella había remendado hacía tiempo, y que con la brisa marina se extendió de inmediato. El Hopeful Puffin estaba listo para partir.
Honey se volvió hacia su amiga y por primera vez denotó la duda en su rostro. Resultaba extremadamente enternecedor como su rostro delgado, ojos saltones y cabello negro se ocultaba detrás de la caperuza de piel de oso. Pero no había tiempo que perder, ya que no estaba segura cuando aparecería algún vigía del puerto que pudiera detenerlas.
–Es por eso que no debes detenerte ahora –le dijo con calma posando sus manos en los hombros de la esclava. Eggingarde elevó sus ojos negros con timidez y los clavó en los verdes de Honey –. Este bote es pequeño pero resistente, Hiccup y yo lo construimos juntos, vira de manera extraña a la derecha pero una vez que te acostumbras puedes remediarlo con la vela. Tanto tiempo navegando con los Meatheads es probable que sepas que hacer.
Eggingarde asintió débilmente con la cabeza.
–Listo –le indicó Honey haciéndose a un lado para dejarle paso libre al pequeño navío –, ahora o nunca Eggingarde.
La pequeña esclava dio un paso hacia adelante pero inmediatamente se detuvo, su mirada estaba clavada en el pequeño bote, pero sus manos apretaban con fuerza el saco en ellas. Era su oportunidad… podía ser libre…
Antes de Honey pudiera apresurarla, Eggingarde se dio media vuelta como un rayo y se arrojó al cuello de la gemela pecosa.
–Muchas gracias, Honey –le dijo al oído casi en llanto.
La gemela se quedo paralizada por un momento, ya que no estaba acostumbra a ser abrazada por otras personas que no fuera su hermano. Pero pronto salió de su estupor y correspondió el afecto de la esclava frotando sus manos en su espalda.
–No, gracias a ti –le confesó con clama –. Si no me hubieras recordado que está bien sentir miedo, tal vez seguiría llorando en el piso de mi casa.
–Me gustaría ayudarte mucho más…
–No, esta es nuestra pelea –Honey la apartó de sí apoyando de nuevo sus manos en sus hombros. Le dirigió una mirada con fuerza, casi como si se lo ordenara –, nuestra equivocación… tú no tienes porque arriesgar tu vida –pero terminó regalándole una sonrisa que relajó a Eggingarde –. Ahora regresa con tu familia y se libre.
–Y yo espero que salves a la tuya.
La pequeña niña en piel de osos, asintió nuevamente la cabeza, antes de apartarse de Honey y subir al bote de un solo brinco. El raquítico navío se sacudió con el peso agregado, pero pronto comenzó a deslizarse por las aguas con ligereza como Toothless lo hacía en las nubes.
–¡No importa que tan lejos me encuentre! – gritó Eggingarde mientras se alejaba del muelle de Berk –. ¡O que pase, siempre serás mi amiga Honey! ¡Mi mejor amiga!
–¡Soy tu única amiga! –le respondió Honey desde la orilla del último tablón del muelle.
–¡Por siempre!
–¡Adiós Eggingarde! –se despidió la gemela sacudiendo el brazo –. ¡Se libre!
–¡Roarrrr!
Y más rápido que cualquier otro barco de gran tamaño, el Hopeful Puffin se fue desvaneciendo en el horizonte, y como su nombre lo indicaba, dándole esperanza a quien lo navegaba.
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Hiccup esperaba algo de dificultades para entrar de nuevo en la arena, pero descubrió que corría con un poco de suerte por primera vez en su vida, cuando descubrió que nadie la vigilaba. Sin complicaciones corrió hasta las jaulas del nadder, gronckle y zippleback, y activo las palancas abriendo de par en par cada una de las puertas. Algo extrañados con lo que estaba sucediendo, los tres dragones salieron de sus prisiones a la luz del día con sumo cuidado y muy alerta de sus alrededores. Pronto sus miradas captaron al pequeño joven pecoso en el centro de la arena y se aproximaron a él como depredadores a su presa.
Por un breve segundo, Hiccup volvió a sentir temor y duda ante sus acciones, y el recuerdo de haber sido perseguido por el nightmare seguía aun muy fresco; pero luego recordó lo que estaba en juego y su buen amigo nightfury; siguiendo su corazón, desistió de sus deseos de salir corriendo y extendió sus brazos hacia las bestias escamosas que se le venían encima.
–Voy a necesitar su ayuda –dijo el muchacho. Pudo sentir como el piso vibraba con cada paso que daban los dragones –. Mi mejor amigo está en peligro al igual que toda mi gente, ellos van a morir a manos de ese enorme dragón que habita en su isla –les explicó acompañando su corazón en cada una de sus palabras, pero este se aceleró cuando su piel percibió el aliento caliente de las bestias contra su piel y sus ojos penetrantes sobre él –. La vida de muchos dragones está en riesgo. Por favor, los necesito… a todos ustedes.
Casi podía escuchar sus respiraciones en sus oídos. Hiccup apretó los parpados y espero. Pronto la sensación cálida en su piel se extendió por sus manos cuando al tacto percibió la rugosa y escamosa piel de los dragones. El chico abrió los ojos para encontrar a las cuatro bestias frotando sus cabezas contra sus brazos y manos.
Hiccup casi pudo escuchar en palabras de su idioma, que los dragones le otorgarían sus ayuda.
–Gracias.
Sin perder más tiempo, Hiccup regresó inmediatamente hasta la entrada de la arena, donde solían guardar algunas herramientas y sogas, así como las armas que decoraban las paredes, que podrían ayudarle en el plan suicida que había formado en su cabeza. El chico comenzó buscar una cuerda lo suficientemente larga para sujetarse a uno de los dragones, cuando escuchó de repente detrás de él:
–Vas a necesitar una soga más gruesa que esa.
Asustado y creyendo haber sido descubierto, Hiccup se volvió de golpe con los ojos tan abiertos como dos grandes platos, para descubrir que se trataba de Astrid y el resto de los chicos de su generación.
–¿Qué es…?
–Pensé que necesitarías ayuda –dijo la rubia indicando a Fishlegs, Tuffnut, Ruffnut y Snotlout (éste último, era único que no parecía muy convencido de querer estar ahí).
–Pero ustedes… no necesitan hacer…
–Au contraire –lo interrumpió Tuff avanzando hacia él –. Para una misión tan deschavetada como esta vas a necesitar el arma más chingona que tiene Berk. O sea “mí” –dijo de ultimo indicándose a sí mismo.
Pero la altanería de Tuff duró poco cuando su hermana lo sujetó del cuerno de su casco y lo aportó del rostro de Hiccup. Luego Ruff, se puso en su lugar y se inclinó sobre el gemelo pecoso intimidadoramente.
–Esta idea es una locura –comentó y luego agregó con voz baja –: y me encanta por ello.
Astrid apareció de tercera tomando a Ruff del codo y apartándola de un solo tirón de su chico. Con una sonrisa muy poco común en ella, dijo:
–Solo dinos que hay que hacer.
Hiccup miró a cada uno de los jóvenes a su alrededor sin poder creer lo que estaba pasando. Eran estos los mismos chicos que hacía apenas unos meses se burlaban de él indiscriminadamente; ahora se encontraban ahí, deseos por seguir sus órdenes.
–¿Fishlegs?
Se volvió de último a su tímido y regordete amigo, que curiosamente se mostraba más decidido que nunca y con una postura firme con sus manos en la cintura. ¿Acaso había llegado a otro mundo del Yggdrasil?
Pero nada tenía que ver el misticismo o el designio de los dioses. Fishlegs simplemente estaba haciendo honor a sus propias palabras. Había prometido intentar de nuevo ser amigo de Hiccup y eso implicaba confiar en él y en sus decisiones en las buenas y las malas. Aunque en ese caso, las demenciales. No sería mejor que le viejo Fishlegs si lo decepcionaba de nuevo.
–Los amigos están para apoyarse sin importar nada.
–Gracias… –dijo el muchacho pecoso conmovido – gracias a todos.
–Por favor –soltó de repente Snotlout interrumpiendo el conmovedor momento –. No sé que están pensando que podemos hacer –agregó frustrado sacudiendo sus brazos –, Hiccup es considerado como un traidor, nadie va apoyarnos para llegar a la isla de los dragones, y además los guerreros se llevaron todos los navíos. ¿Cómo se supone que vamos…? –se detuvo en seco cuando sus ojos captaron detrás de su primo los tres dragones sueltos en la arena, que avanzaban a ellos interesados en tantas voces humanas.
–Ellos solucionaran nuestro pequeño problema de transporte –explicó Hiccup con determinación, causando cierto asombro en sus amigos. En el caso de Snotlout, con la boca abierta –. Pero primero deberán ganarse su confianza, si que los dejen volar sobre ellos.
Los chicos dieron un respingo con tal descabellada idea, pero unos segundos después, casi todos estaban fascinados con ella.
–¿Volar? ¡Volar! –gritó Snotlout como histérico sujetándose el casco en lo que el resto de los chicos siguieron a Hiccup de cerca al interior de la arena.
El muchacho le explicó a cada uno de los chicos el delicado proceso de cómo ganarse la confianza de un dragón, para algunos de ellos fue más sencillo o natural que para los otros. Por ejemplo, Fishlegs tenía sus dudas de extender su mano hacia el gronckle, pero ésta quedo cautivada por el olor a comida de sus dedos, que terminó lamiendo cada uno de su nudillo provocando varias carcajadas del chico regordete.
Hiccup temió que con sus constantes peleas, Tuff y Ruff arruinarían el momento para acercarse a su dragón, pero el zippleback se mostró más interesado en verlos pelear el uno contra el otro, que comenzó a imitarlos golpeando sus cabezas entre sí.
–Sí que son inteligentes –comentó Ruff mirando a las dos cabezas de zippleback luchando entre ellas, mientras realizaba un candado al cuello a su hermano.
–Saben distinguir la genialidad –aceptó éste con orgullo.
Astrid tuvo más problemas que nadie y en cierta forma sentía que pasaba de nuevo por el desprecio de Toothless.
–Hiccup, tal vez el nadder no es para mí –se quejo la chica cuando la dragona azul de púas, levantó su cola en amenaza en su dirección.
–No digas eso –dijo el gemelo castaño –. Ambos son fuertes y agudos, hasta en cierta forma incomprendidos en su belleza interior –insistió el muchacho dándole un leve empujón hacia la dragona –. Pero antes de que intentes ganarte su confianza debes ganarte su perdón.
Astrid le lanzó una mirada de pocos amigos al muchacho ante de enfrentarse nuevamente al nadder. La dragona giró a su alrededor amenazadoramente, gruñendo y extendiendo las alas. Realmente no estaba feliz de verla.
Bueno, ella también lo estaría si le hubieran partido un escudo en la cara.
Solo costo uno segundos analizarlo para que Astrid se diera cuenta de lo que quería decir Hiccup con sus palabras: los dragones era bestias incomprensibles y muy mal juzgadas. Las consideraban bestias tontas sin sentimientos, cuando en realidad podían sentir como ellos. La nadder no estaba siendo agresiva o vengativa, solo era cuidadosa de una persona que la lastimó en el pasado. En cierta forma le recordó a Honey y ese enorme muro que había puesto entre ellas y para otras personas. Solo trataba de no ser herida nuevamente.
Fue cuando la rubia los comprendió, sintiéndose la mayor basura del mundo. Astrid estaba tan enfocada en obtener su retribución que lastimó a muchos en su camino, tanto dragones como personas, con tal de demostrar a todos que podía más de lo que le dictaba por su género. En eso se parecía al Deadly nadder, incomprendida de su verdadera belleza por lo peligrosa que podía ser.
–De acuerdo –dijo la muchacha irguiendo su postura y bajando sus defensas –. Aquí estoy –agregó extendiendo los brazo y cerrando los ojos –, estas enojada conmigo porque te golpee, de acuerdo lo entiendo. Bueno no me moveré, dame tu mejor golpe y así estaremos a manos.
La chica se quedo quieta y firme esperando a que llegara el golpe. Al tener los ojos cerrados no podía ver que estaba haciendo el nadder o cuando atacaría. Pero se merecía lo que viniera.
Estaba lista.
Entonces sintió un leve empujón en su pecho e inconscientemente abrió sus ojos, en lo que sus brazos sujetaron la gran masa apretó contra su cuerpo. La dragona no la atacó, contrario a ello, frotó su cabeza contra su pecho produciendo un leve chirrido.
–Estamos en paz.
Astrid no pudo evitar reír mientras acariciaba con cuidados las escamas azules del nadder. Hiccup presenció toda la escena con orgullo ante todo lo que habían conseguido sus amigos. Por primera vez creyó que había esperanzas de terminar esa guerra.
–¿Qué me perdí? –dijo una voz detrás él haciéndolo salir de sus meditaciones. Honey marchaba en su dirección en total calma y sola. Eso le dejo claro que Eggingarde ya era libre –. Esto sí que es un avance, quien lo diría –agregó su gemela con las manos en la cintura al contemplar a los demás chicos interactuando pacíficamente con los dragones.
–No puedo evitar pensar que tal vez así es como debió ser todo de un principio –comentó Hiccup su lado con una extraña sensación en su pecho.
–Que el viejo Wrinkly te oiga, Hiccup –agregó Honey pasando su mirada en cada uno de los jóvenes frente a ellos –. Solo uno aún no se compromete a la idea –señaló a Snotlout que se encontraba entre los demás chicos pero claramente renuente de tocar, o ser tocado, por alguno de dragones.
–Bueno, aún falta un dragón –dijo Hiccup indicando con la cabeza la jaula que seguía cerrada.
–¿El nightmare? –soltó Honey con incredulidad, reflejando su temor en su rostro pecoso –. Hiccup, la ultima vez…
–Pero esta vez será diferente porque no lo haré solo –la interrumpió su hermano tomándola de la mano y guiándola hasta la jaula cerrada. En un principio Honey se resistió a ser jalada, pero el cálido apretón de su gemelo le dio la seguridad para seguirlo.
La primera lección de cómo entrenar a un dragón transcurrió sin problemas, mejor que las lecciones de Gobber de cómo eliminarlos. Era una curiosa ironía que esto sucediera en la misma arena de entrenamiento; un pensamiento que no se le escapó a la encorvada y pequeña figura que presenció todo los movimientos de los chicos desde lo más alto de la reja.
Chapter 39: Los pensamientos de un jefe
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Los pensamientos de un jefe
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Como la pesada cortina de neblina que cubría las puertas del Helhiem, la mente de Stoick the Vast se encontraba atrapada en una infinidad de recuerdos y pensamientos que lo mantenía ausente de su propia gente y la crítica situación en que se encontraba. En su cabeza, vislumbró aspectos de su vida, su juventud y esperanzas.
Recordó como desde muy joven sabía lo que significaba ser y convertirse en un verdadero guerrero vikingo, el deseo de ser en una leyenda y la poderosa doctrina que traía consigo tal estilo de vida. Había crecido escuchando las historias de los más grandes guerreros, cuya fama se prologaba por generaciones y tomaban fuerza con los años; aunque se volvían igualmente de fantasiosas e inverosímiles. Las poderosas batallas y victorias que su padre solía relatarle cuando lo sentaba en su rodilla a la hora de la cena, luego recordaban durante sus sueños y se imaginaba como esos valientes héroes de leyenda.
Sus favoritas de todas, eran aquellas sobre su propia gente. Berk tal vez era una isla pequeña y algo raquítica, pero era el hogar de los orgullosos y fuertes peludos Hooligans, grandiosos guerreros que siempre prosperan a pesar de las grandes adversidades. Muchas otras tribus podrían jactarse de su poder, riquezas o tierras, pero para ninguna quedaba duda que la batalla corría con más fuerza en la sangre de los Berkianos. Stoick siempre estuvo muy orgulloso de eso.
Cuando su padre, Escardio falleció y él era muy joven para convertirse en jefe, le correspondió al tío de Stoick tomar el lugar del líder de la aldea. Squidface Haddock, había sido un hombre de grandes proporciones y fuerza desmesurada, pero era mucho más apacible que una liebre en la pradera, y aunque le trono de Berk le correspondía por derecho al ser el primogénito había desertado por su carácter diligente. Al morir su hermano y ante la juventud de su sobrino, cubrió el puesto temporalmente ante la espera de la madurez de Stoick. Esto tuvo varias consecuencias negativas para Berk que son parte de otra historia.
A pesar de su juventud, Stoick era completamente consiente de la situación ante las constantes inducciones de su padre, por lo cual se convirtió en lo importante que para él, su gente y su herencia de sangre, cubrir ese cargo que le habían asignado los dioses. Con el corazón lleno de deseo por la aventura y el alma de un guerrero, Stoick se lanzó a la mar a corta edad en busca de éxito y completar su rito de madures.
En su viaje la aventura no estuvo ausente y con ella la dulce victoria y la gloria. Recordaba las batallas que enfrentó, como venció a mano limpia a toda una avanzada de Lava Louts él solo, se infiltró en secreto a su aldea y les robó un preciado tesoro. Todo con tal de obtener su marca, la gloria y el amor de su vida.
Y así, se convirtió en el jefe más joven que los Hooligan habían tenido en generaciones y probablemente el mejor de todo los tiempos. Stoick le otorgó a su tribu la gloria en múltiples ocasiones, inclusive la victoria ante la invasión Berserker, cuando Oswald “El amigable” era más conocido por el título “El antagonista”. También alejo de sus aguas un grupo de navíos romanos que buscaban colonizar tierras más al norte de su imperio, en una imponente batalla naval. Y ahora estaba por obtener la mayor victoria de todas en la guerra más desbastadora que había vivido. Contra los dragones.
La batalla contra esas bestias escamosas era el más largo desafío que enfrentado su gente, y el que había cobrado más vidas. Stoick pocas veces había sufrido la derrota, con excepción a su pelea con Ug el Uglitog o cuando los dragones le arrebataron el amor de su vida, pero nunca se había sentido más desamparado que el momento que descubrió que esas bestias del Helhiem llevaron a sus hijos a traicionarlo.
–Stoick no quiero interrumpirte en tus pensamientos –soltó de repente Gobber sacando al jefe de su ensañamiento y recobrando su mirada del horizonte cubierto de niebla que rodeaba sus barcos –, pero quería preguntarte que es lo que tienes pensado hacer.
–Atacar su isla y exterminar a todos los dragones –dijo el gran hombre de barba roja apretando sus enormes manos contra la madera de la proa de su navío.
–Bien… –soltó Gobber rascándose la nuca con su garfio – pero no me refería a eso.
Su buen amigo no necesitaba decir más, Stoick sabía a la perfección que era lo que quería decir realmente.
Desde inició de su matrimonio con Valka, ambos añoraron con deseo tener un hijo. Para Valka no le afectaba la idea de que fuera niño o niña, pero Stoick si deseaba más que nada un heredero varón digno de su sangre que continuara el legado familiar de jefes de Berk. Pero con el paso de los años, las posibilidades para que ese bebe llegara era cada vez más difícil y poco a poco fueron temiendo que los dioses no los bendecirían con un hijo. Valka lo tomó muy a pecho y se consideró la culpable (aunque Stoick nunca lo vio así), probó cuanto potaje creado por chamanes existiera y sus rezos a la diosa Frigg se intensificaron.
Finalmente sus plegarias fueron escuchadas cuando uno de los embarazos llegó a término y en lugar de tener solo un bebe, se le otorgaron gemelos. Ambos estaban tan agradecidos con tal bendición que ignoraron las miradas críticas de la aldea por la condición delicada y débil de los niños. Incluso Valka, comenzó a temer que no sobrevivirían al fuerte invierno que sufrieron ese preciso año; pero Stoick, orgulloso de su propia sangre, sabía que sus hijos no solo sobrellevarían, sino que se convertirían en los más fuertes de todos.
Los días pasaron y los gemelos no fueron arrebatados por la diosa Hel de los brazos de sus padres, pero el estigma sobre ellos estaba lejos de desaparecer. Pronto Stoick tuvo que enfrentarse con la ley vikinga que exigía que sus débiles hijos fueran arrojados a alta mar y dejar que los dioses perdonaran sus vidas si así lo deseaban. Esa fue la primera y única vez que el gran Stoick the Vast, líder de los peludos Hooligan, que al escuchar su nombre muchos temblaban, rompió la ley vikinga.
Stoick en cierta forma esperaba que los dioses perdonaran sus acciones y egoísmo, y no hubiera repercusiones ante su dedición. Pero se equivocó, sus hijos estaban malditos, lejos de los sueños que añoraba para ellos, y poseídos por las bestias escamosas que se habían llevado en primer lugar a su hermosa Valka. Ahora, su Hiccup y Honey confabularon en su contra, traicionaron a su gente, su cultura y dándole la espalda a sus creencias.
El gran jefe vikingo no tendría piedad contra los dragones y no descansaría hasta que la cabeza de cada uno reposara en una estaca, empezando con el nightfury causante de todo.
Cuando finalmente la bestia tan negra como la noche y la muerte misma los condujo a su hogar, Stoick fue el primero en pisar tierra firme, completamente decidido en su misión.
–Esto termina hoy.
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Cuatro figuras de diferentes tamaños cortaron a su paso la gruesa neblina entre océano abierto y las puertas del Helhiem. Con su fuerte batir de alas, cuatro dragones se desplazaban con rapidez siguiendo el casi imperceptible llamado de la reina, solo audible para ellos y uno de los muchachos de los siete que llevaban en sus espaldas.
–¡Estamos cercas! –les indicó Hiccup sujetándose con fuerza a la soga que lo mantenía sobre el nadder azul. A sus palabras, Astrid le dio un ligero apretón a su cintura demostrando lo ansiosa que se encontraba antes la batalla proxima.
Fishlegs trató de comentar algo que demostrara su alegría y preocupación ante tal hecho, pero el rugoso gronckle que montaba dio una leve sacudida antes de girar sobre sí mismo. El muchacho regordete tuvo que sujetarse con fuerza de las escamas del dragón para no caer al vacío.
En cambio los gemelos Thorston ignoraron completamente las palabras de su escuálido líder, ya que estaban más ocupados riendo y jugando, mientras provocaban que su dragón diera algunas piruetas en el aire. El verde y viejo zippleback, para sorpresa de todos, parecía disfrutar mucho más que los rubios sobre sus cuellos. Era como amor a primera vista.
–¡Muy bien chicos –repitió Hiccup tratando nuevamente de tener la atención de su equipo de rescate –, deben mantenerse concentrados! ¡Vista al frente y nada de virajes repentinos o arriesgados! ¡Recuerden que es su primera vez sobre un…!
–¡Blah blah blah! –lo calló de inmediato Snotlout volando a su lado en el gigantesco y rojo mountrous nightmare –. ¡Basta de charla y más acción! ¿Cómo se prende esto en llamas? –preguntó emocionado examinando el cuello del dragón que montaba.
Había sido un cambio repentino de más de trescientos sesenta grados para el joven moreno, quien en su principio guardó sus reservas sobre la idea demencial de su primo de montar dragones. Pero en ese momento, lo hacía sentir poderoso e imparable, una sensación única en su vida; aunque nunca admitiría que estaba equivocado y menos aún, que lo disfrutaba de lo lindo.
–¡Snotlout! –lo regañó Hiccup volando al nadder sobre nightmare.
–Yo me encargo –comentó Honey de repente propinándole un codazo a su primo en el abdomen que casi lo hace caer del dragón rojo. La chica iba sentada delante de Snotlout en el mismo dragón, casi sobre la cabeza del mismo.
–¡Hey! –se quejo el moreno sobándose el vientre. El nightmare soltó un leve gruñido que se asemejó mucho a una risita.
–Esto no es una aventura para que presumas Snotlout –le dijo Honey mirándolo sobre su hombro –, esto es importante. Vidas están en juego.
–Lo sé, lo sé –comentó el muchacho con indiferencia –. Solo digo porque no sacarle provecho en la forma… ¡Auch! –agregó al recibir otro golpe de la gemela pecosa.
El nightmare se sacudió de la risa.
Hiccup no pudo evitar imitar al dragón desde su asiento sobre nadder.
–Yo no lo habría hecho mejor –dijo sorpresivamente Astrid casi en susurro a su oído –. Pero no se lo digas a Honey.
Hiccup le dirigió una mirada que la hizo estremecer. No podía prometer tal cosa.
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Stoick pudo darse cuenta del grave error que cometió.
A sus lados, sus leales hermanos de tribu y amigos meatheads llevaban a cabo débiles intentos de enfrentar a la bestia colosal que los despedazaba como astillas en el viento. Pronto lo cuerpos comenzaron a caer a como el dragón más grande que una montaña tomaba bocados conformados de vikingos y lo arrojaba sin interés. Ni siquiera se molestaba en devorarlos.
Muchos valientes guerreros sucumbieron de inmediato a sus fauces como antes sus pesadas garras.
Algunos atrevidos y aguerridos hicieron lo posible por enfrentarlo, Stoick y Gobber entre ellos trataron de distraer a la bestia y conseguirle tiempo a su gente y hermanos vikingos, para huir. Mogadon guió a cuantos pudo a los barcos, pero la mayoría perecieron cuando el dragón escupió sus llamaradas del infierno sobre la madera de los navíos…
Eso no era una batalla, era una carnicería.
El fuerte líder vikingo no se rindió, aunque sabía en el fondo que ya todo estaba perdido y que era principalmente su culpa. Pero debía intentar lo imposible, con tal de poder salvar a cuanto pudiera.
El sonido se perdió entre los rugidos de la bestia y las llamaradas que salían de su hocico. Las cenizas caían como las primeras nevadas de la temporada invernal, y el olor a mar, sangre y carne quemada atizaba el olfato.
Stoick no pudo evitar pensar en sus hijos y las últimas palabras que les dirigió. Se condenó así mismo por todo el dolor que les causó ante su terquedad y ceguera. Ellos habían intentado advertirle, encontrar otra solución; nunca fue sus intenciones traicionarlo, solo actuaban pensando en su bien, arriesgándolo todo lo que tenían en el proceso. En cambio como les había pagado Stoick, dandoles la espalda nuevamente y desterrarlos de su corazón. Si alguien estuvo maldito en todo eso, había sido él. Su rencor ante los dragones lo había condenado a él, su familia y su gente.
Ya no había esperanza.
–Cuanto lo siento, Hiccup –murmuró débilmente ocultó detrás de una roca para protegerse de la fuerte llamarada de la bestia que lanzaba contra él –. Todo fue mi culpa, Honey. Por favor –musitó de ultimo mirando al cielo – perdóname Valka.
Pero cuando estaba seguro que el fuego consumiría su carne, éste se detuvo abruptamente. Mirando sobre su única protección descubrió a cuatro dragones sobrevolando la cabeza del enorme dragón, como mosquitos latosos atrayendo toda su atención.
–¡Encuentre su punto débil! –Stoick escuchó claramente la voz de su hijo –. ¡Distráigalo el mayor tiempo posible, mientras buscamos a Toothless!
Lo único que pudo pensar Stoick en ese momento, era que sus hijos estaban completamente locos. Locos de remete. Pero eso… era su salvación.
Chapter 40: La nueva oportunidad
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La nueva oportunidad
Amigos de días,
Enemigos en la noche,
Pasa la algarabía,
Concede el reproche.
~o~
Hermanos en la creación,
Sin parentesco y sin sangre,
A los dioses sueltan una oración.
Los prisioneros de la carne.
~o~
Los años dorados ha pasado,
La izquierda toma fuerza,
Los dragones quedaron atrapados,
En mentiras y falsas promesas.
~o~
El primer elegido quedo olvidado,
El tiempo pasó con sigilo,
Loki pillo taimado,
La antigua unión es cosa del pasado.
~o~
Los peores temores son ciertos,
La corona se alza y a todos traiciona,
Bajo las cadenas se encuentran cientos,
Por codicia el hombre condena.
~o~
Los dioses derraman una lágrima,
Recuerdos de los perdidos,
Thor tiene la esperanza,
Sueños y bendiciones para el segundo elegido.
Página 5
Chapter 41: Somnum et somniare
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Somnum et somniare
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Resultaba como un sueño imposible el tan solo imaginar volar sobre un dragón, si es que alguna vez alguien soñó tal cosa (tal vez atrapado en sus garras, pero no en su lomo), al menos no para Astrid. Resultaba casi desquiciado para todo aquel que lo hubiera considerado, inclusive la misma chica rubia, pero en cambio ahí estaba, precisamente sobre un deadly nadder y sino también combatiendo por su gente. Era un concepto nuevo y completamente bizarro como el mismo hecho de que todo fue orquestado por Hiccup, el una vez llamado inútil de la aldea.
Pero el chico estaba muy lejos de serlo, inclusive él era el responsable de que Astrid y el resto de sus amigos pudieran volaran sobre los dragones y así salvar a sus padres, seres queridos, el resto de su tribu y sus vecinos meatheads de la muerte segura a garras del terrible y colosal dragón que aterrorizaba su isla.
Snotlout y Honey sobre el nightmare y los Tuffnut y Ruffnut sobre el zippleback se encargaron principalmente en atacar con fuego al gigantesco dragón que posteriormente bautizarían como Red Death o la muerte roja. Aunque las llamaradas de nightmare eran intensas y las explosiones del zippleback poderosas, no causaban gran daño a la gigantesca bestia cuya piel escamosa era tan gruesa que lo protegía perfectamente de sus ataques. Pero estos le dieron tiempo al jefe de los Hooligan y al de los Meatheads, de alejar a su gente del peligro.
Incluso, ante un curioso revés del destino, Snotlout se ofreció voluntariamente a atacar directamente la cabeza del Red Death cuando salió por accidente volando del lomo del nightmare y cayó sobre el enorme dragón. Sus gritos de batalla era heroicos… y similares a los de una niñita.
Por su parte, Fishlegs se hizo cargo de encontrar algún punto débil en la gigantesca bestia, sus conocimientos detallados del manual de dragones (de lo cual se habían burlado despiadadamente sus amigos) le daba la ventaja en tal tarea. Logró percatarse que el mismo tamaño y peso de la muerte roja que le otorgaban la ventaja, también era su gran debilidad; algo que alcanzó a descubrir antes de caer en picada entre los guerreros vikingos, cuando la gronckle que montaba se quedo pronto sin energía. Un detalle importante para recordar en futuros encuentros, claro sí sobrevivía a ese en particular.
El chico regordete tuvo que ocultarse con el resto de los guerrero detrás de algunos pedruscos de la montaña de donde había emergido el dragón, ya que esté no perdió ni un instante en intentar incinerarlos con unas poderosas llamaradas. Snotlout, valientemente intentó ganarles algo tiempo usando su mazo sobre los múltiples ojos del dragón, pero pronto fue él el que requirió un rápido recate cuando la muerte roja se propuso sacudírselo como la peste que era.
Astrid trató de alcanzarlo, pero pronto ella fue la que encontró en apuros cuando los ojos en buenas condiciones del dragón se enfocaron en su nadder e intentó tragarse a ambas completas de un solo bocado. Hiccup, apareció a tiempo con Toothless (libre de las cadenas que casi lo ahogan) salvando la situación un certero disparo que lanzó al nadder, Astrid y Snotlout por los aires. Honey en el nightmare lograron atrapar a la dragona antes que colisionara contra lo restante de la montaña, los gemelos Thorston pescaron a Snotlout con una impresiónante pirueta y, Hiccup y Toothless cacharon a la rubia antes que chocara contra el suelo.
Ahora dependía de solo ellos dos detener al Red Death. Astrid se quedo sin palabras mientras que el nightfury en su ligereza, velocidad y potencia estaba haciendo pasar al gigantesco dragón un mal rato. La chica nunca se imaginó tal escenario posible, ni en los más raros de sus sueños, donde el joven paría de la aldea, el rechazado por todos incluso por su propio padre, había logrado montar un dragón… un nightfury y juntos eran los héroes perfectos que necesitaban en ese momento de desesperación. Y sobre todas las cosas, que su corazón latiera al mil por hora solamente por la preocupación de que saliera vivo del encuentro.
Hiccup no era fuerte, ni siquiera atlético o en condición física aceptable, pero tenía agallas y mucho… mucho valor. La mayoría de los vikingos eran valientes como reflejo a su terquedad o necedad, pero en Hiccup era diferente... en tantos aspectos. Él era un chico listo… muy listo, era por ello que su valor resultaba tan puro y genuino como un tesoro. Y Astrid lo admiraba por ello.
Pero no estaba segura de que ese valor fuera suficiente para sobrevivir al gigantesco dragón que extendió sus imponentes alas para perseguirlos a Hiccup y su nightfury hasta las nubes. Sí, Toothless era rápido y certero, pero Astrid tampoco sabía si eso sería suficiente para ganar si es que existía forma.
La joven guerrera rubia no solía ser emotiva, la cruel vida en las aguas del norte le había enseñado con la pérdida de su padre y la poca fe que le quedaban en sus dioses se esfumó ante la muerte de su tío; pero al presenciar las explosiones azuladas entre las nubes, volvió a rezar a Odín, mientras preguntaba si la persona a la que comenzaba a entregarle su corazón estaba a punto de morir. Y si iba presenciarlo con sus propios ojos.
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Cuando la muerte roja emprendió el vuelo, todos los dragones en el aire aterrizaron junto a los vikingos que presenciaban la imponente batalla oculta en las nubes. Honey, rodeada por los otros chicos que gritaban entusiasmados por la victoria del chico pecoso y su nightfury, estaba atónita con los ojos clavados en el cielo.
Ante la intensa neblina no era posible apreciar lo que sucedía sobre sus cabezas, pero aún así los guerreros vikingos gritaban entusiasmados por la victoria de uno de los suyos y por la perdición de la malvada bestia.
Honey era incapaz de escucharlos o percibir la presencia de la multitud a su alrededor, inclusive el aroma de fuego y muerte que inundaba el ambiente. Con sus manos estrujadas sobre el pecho, a Honey le temblaban las rodillas de estar presenciando en carne propia el mismo sueño donde su hermano perecía.
Para sus cortos doce años de vidas, la escuálida gemela pecosa había presenciado contra sus deseos tantos horribles hechos en sus sueños, inclusive cosas que ni el más aventurero guerrero hubiera contemplado en una vida de viajes por el mundo. Había cosas que sabía de antemano y otras que simplemente intuí, detalles críticos que muchas veces se guardaba para sí para no asustar a sus seres queridos.
Fueran lo que fuesen esas visiones, ella no las quería. Cualquier ventaja que otra persona pudiera encontrar en ellas, no valían el tormento de presenciar tanto dolor, muerte y sangre aunque fuera solo de vez en cuando; como el casi hecho refutable que esa misma tarde, Honey estaba por ver a su hermano morir.
Y la bola de fuego que le siguió a la caída del Red Death se lo confirmaba.
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Stoick the Vast, el gran guerrero vikingo, líder de la tribu de los peludos Hooligan, jefe de la efusiva isla de Berk y aquellos que escuchaban su nombre temblaban… tenía miedo.
Más que miedo, pánico. Le ahogaba el terror que algo le hubiera pasado a su hijo.
El fuerte guerrero corrió entre la neblina y las cenizas, seguido de cerca por su hija y los demás vikingos de su tribu una vez que terminó la batalla. Cada uno de ellos, llamaba a todo pulmón el nombre del muchacho:
–¡Hiccup! ¡Hiccup!
Cada gritó era más desgarrador que el anterior.
–¡HICCUP!
Poco a poco, con su frustrada búsqueda, el corazón de Hooligan comenzó a estremecerse con la terrible idea de que nunca encontrarían al muchacho pecoso. Sus temores se podían confirmar en la mirada desoladora de Gobber, la sonrisa inexistente de los Thorston, el leve temblor de Fishlegs, la desolación en la mirada de Astrid y la lagrima escurridiza en los ojos de Snotlout.
Solo el padre y la hija continuaban la busca desesperada, negándose todo el tiempo posible a la cruda realidad.
Como un bichito que come lentamente come las páginas de un libro, la idea de que nunca volvería a ver a su hijo se fue infiltrando en la mente del líder vikingo. Era un castigo de los dioses solo para él por el constante rechazo de sus hijos milagrosos. Podía imaginarse a Odín en su trono sentenciándolo a perder aquello que constantemente rechazo.
–¡Hiccup! ¡HICCUP! –con otro desolador grito suplicó a sus dioses que el castigo cayera sobre él y no en su niño.
En menos de un día, Stoick lo había experimentado todo, desde orgullo a su hijo hasta el rechazo. Lo había odiado, repudiado, negado, lamentado, extrañado, de nuevo sentido orgullos de él y hasta suplicado por su perdón. Su corazón de padre no podía más con tal sufrimiento, necesitaba desesperadamente a su hijo con vida.
Era como una horrible pesadilla.
Fue cuando se percató de una silueta negra lejos entre la neblina. Era el nightfury recostado de lado y abatido por el cansancio y el esfuerzo de la batalla. Stoick corrió hasta él para encontrarlo muy apenas con vida. Sobre su lomo, la silla que debería contener a su hijo, estaba vacía.
Lo había perdido. Odín se lo había arrebatado.
El tiempo se detuvo para el poderoso guerrero que cayó de rodilla frente a la bestia negra como la noche. En su dolor, no escuchó el grito desolador de su hija o los pasos desesperados hasta el dragón tendido sobre el suelo. En cuestión de segundos sus sentidos se esfumaron y regresaron, dejándolo perdido y desorientado.
–Papá –la voz de Honey fue el golpe decisivo que lo volvió a la realidad. La joven pecosa estaba recargada sobre el cuello del nightfury y lo abrazaba con desesperación, en lo que un mar de lágrimas se escurría por sus ojos verdes como esmeraldas, destrozando finalmente al más poderoso de los guerreros vikingo – ¿ya estarás satisfecho?
Mientras Honey se desplomaba sobre las escamas del dragón, el corazón de Stoick se partió en mil pedazos. Después de toda su terquedad, su negación y su enorme orgullos finalmente se daba cuenta, en es terrible y fatídico momento, que él necesitaba a sus hijos más que lo que ellos lo necesitaba a él. La fuerza y valor que pudo alguna vez presumir no era comparado con la de sus niños. Eran los dos mayores tesoros en su mundo… sus bendiciones de los dioses… los hijos de Valka… y ahora había perdido a uno de ellos.
–Perdón –musitó débilmente con las lágrimas de pena cayendo de sus parpados. Sus débiles palabras no fueron captadas por los sollozos de su hija, pero sí por la mirada débil del nightfury –, todo ha sido mi culpa. Lo siento –agregó con el alma destrozada. No sabía si la bestia negra lo entendía o no, pero fue el único que escuchó sus palabras…
Y le otorgó su perdón.
Toothless asintió débilmente antes de extender sus alas y revelar bajo de ellas, el cuerpo inerte de joven gemelo.
Como sí recibiera otro aliento de vida, Stoick retomó a su hijo en sus brazos como si fuera nuevamente un bebe y su corazón se llenó de alegría al descubrir que estaba con vida.
–¡Esta vivo! ¡Está vivo! ¡Lo ha traído con vida! –gritó con alegría clavando su mirada en el dragón negro que le otorgaba otra oportunidad. Junto él, el resto de la tribu se acercaba gritando de alegría por el regalo bendito, los dragones gemían débilmente en felicidad y Honey abrazó apretó la cabeza de Toothless contra su pecho en agradecimiento.
Todo estaba bien… todo estaría bien… Odín también había perdonado a Stoick y regresándole a su hijo, sus lágrimas de padre le habían otorgado otra oportunidad… pero no lo liberaba del castigo.
–La mayor parte –soltó de repente Gobber con un todo desconsolador que contrastaba con el dulce momento. Stoick alzó la vista a donde indicaba su mejor amigo y descubrió con horror que una de la piernas de Hiccup estaba terriblemente desgarrada y sangrando.
Chapter 42: Desahuciado
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Desahuciado
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Frente a una pequeña e improvisada choza construida con troncos y velas de los navíos destruidos, se encontraba el jefe de los Hooligan, Stoick the Vast, esperando pacientemente cualquier noticia que saliera de aquella chica construcción. Lo más importante para él se encontraba dentro, luchando por su vida.
Cerca de la entrada estaban Astrid Hofferson y el nightfury de Hiccup igualmente impacientes por saber que ocurriría con el joven heredero. Stoick no les ponía mucha atención, su propia preocupación lo mantenía asilado del mundo y atrapado en un sentimiento de dolor a punto de estallar con la menor provocación. Todo dependía de cómo saliera su muchacho de tan drástico procedimiento.
Su ensimismamiento le impidió darse cuenta en el momento en que Spitelout se aproximó a él, hasta que éste le habló con una voz preocupada:
–Stoick, todo mundo están nervioso, los barcos son irrecuperables, no podemos regresar, hay muchos heridos sin alguien que los atienda. Además, comienza a hacer hambre y hay dragones por todos lados…
Pero el fuerte guerrero no obtuvo ninguna respuesta de su líder que continuó dirigiéndole la espalda.
–Muchos están comenzando a perder las esperanzas de que salgamos vivos de esta isla…
Aún sin respuesta.
–Stoick te ves gordo con ese cinturón.
Nada de nada.
–Stoick –lo volvió a llamar sin resultado –. ¡Stoick!
Pero los ojos del jefe estaban clavados en la pequeña choza a un par de metros delante del él y sus oídos eran sordos a cualquier palabra que no le indicara que su hijo iba a estar bien. Spitelout podía ser comprensivo con su hermano al respecto, él también tenía un hijo, pero el miedo general comenzaba a afectar al hombre.
–De acuerdo –dijo el vikingo moreno perdiendo la paciencia, antes de darse media vuelta y marcharse –. Iré a ver si Mogadon tiene mejores ideas para salir de aquí –comenzó a alejarse y en casi en un susurro, añadió –: o al menos yo las tendría si fuera el jefe.
–Pero no lo eres –musitó Stoick en voz baja como autómata sin saber si Spitelout lo había llegado a escuchar. De todas maneras, no le importaba de momento. Nada le interesaba más que el destino que le deparaba a su muchacho. Finalmente, se había olvidado de que era jefe y se enfocaba solamente en ser padre; aunque era ya muy tarde y tal vez no lo mejor para la gente a su cargo.
Pero que se podía esperar más de él, en ese día en especial que había sido casi una montaña rusa de emociones. Y el fantasma del débil peso muerto de su hijo en sus brazos seguía quemándole el alma. Una sensación que lo llevó casi a la locura y furia:
–¡Rápido! –rugió desesperado volviéndose hacia su gente que rodeaban al dragón negro derribado, mientras el cuerpo inerte de Hiccup se desangraba por su pierna destrozada –. ¡Un curandero! ¡Necesitamos un curandero!
Solo obtuvo miradas tristes y llenas de duda como respuesta.
–Stoick… –Gobber, quien continuaba junto a él, le dijo con una calma casi sepulcral –no queda ninguno.
–¡¿Qué?!
–Gothi está en Berk y el de los Meathead pereció entre los botes. No hay ninguno.
La mirada vacía del viejo herrero se conectó con la de su mejor amigo y éste así se dio cuenta que decía la verdad. ¿Pero… qué había de Hiccup? ¿Cómo iba a salvarse?
–¡¿Gobber?! –le suplicó a su amigo.
–Lo siento, Stoick –dijo el antiguo guerrero aunque también le resultaban dolorosas sus propias palabras –. Sé algo de remedios para emergencias, pero no soy un experto. Solo podría conseguirle más tiempo al chico, aún así necesitaría de un verdadero curandero.
–¡Entonces hay que regresar a Berk de inmediato!
–No hay forma, Stoick –esa ocasión fue Mogadon el Meathead. Se había aproximado a Stoick y a su hijo caído para rendirle sus respetos; Thuggory a su lado, tenía la vista perdida en la pierna hecha girones de Hiccup. Padre e hijo demostraban en sus rostros lo brutal que fue la batalla, la primera del joven heredero Meathead –. Los barcos están destruidos y no sabemos cuando vengan a buscarnos, si es que no nos dan por muertos. Estamos atrapados.
–¡Por los dioses! –bramó Stoick poniéndose de pie, llevando a Hiccup en brazos. En desesperación, se volvió en todas direcciones y sus ojos se posaron en cada vikingo a su alrededor, joven o adulto, incluso en los dragones, sin obtener su respuesta –. ¡Debe de haber una forma! ¡Mi hijo se muere!
–Yo puedo… –dijo débilmente una voz detrás de él.
–Lo sé, Stoick…
–Papá, yo… –de nuevo, pero siguió siendo ignorada.
–¡No quiero escusas, necesito soluciones!
–¡YO PUEDO HACERLO! –bramó con tanta fuerza Honey detrás de él, que finalmente obtuvo la atención de su padre, y la de todos a sus alrededores. El jefe de los Hooligan volvió su vista hacia su menuda hija plantada detrás de él, con fuego en la mirada. Sus ojos verdes parecían capaces de desgarrarlo con tal intensidad.
–¿Qué?
–Hiccup está arriesgando a que su pierna se infecte si continua de esa manera – explicó la chica tajantemente y con una gran una seriedad digna del más sabio curandero o chaman –, los huesos tienen múltiples rupturas, necesita ser cortada de la rodilla para debajo de inmediato –sentenció con una gran frialdad a pesar de estarce refiriéndose a su gemelo –. Yo puedo hacerlo.
–¡¿Qué?! –soltó Stoick –. ¡No! ¡Nadie va cortarle una pierna a Hiccup! ¡Y menos tú!
–¡Tú exactamente los dijiste! ¡El tiempo se acaba para Hiccup, necesita un curandero rápido! ¡Yo soy el curandero que necesita!
–Tú no eres una curandera de verdad… –comenzó a objetar Stoick sacudiendo la cabeza.
–Debo diferir contigo ahí, Stoick –interrumpió Gobber con una leve sonrisita –. La niña sabe realmente lo que hace.
Stoick fulminó a su amigo con la mirada ¿Cómo se atrevía a decir tal cosa? ¿Cómo podía estar de acuerdo con que mutilaran a su hijo? ¿Y que fuera Honey la que lo hiciera? Pero antes de que pudiera responderle tales blasfemias, se adelantó Magnus diciendo casualmente:
–Ella ayudó a Gothi a curar mi rochitis.
–Mi hijo se quebró un dedo hace unos días –se apresuró a agregar el señor Larson apoyando su peso sobre una lanza maltrecha – y ella sola lo acomodó perfectamente en su lugar. No fue necesario que se lo cortaran.
–También le salvó que se le cayera el brazo a Tuffnut–comentó Ruff con orgullo y una gran sonrisa indicando a su gemelo con el pulgar.
–Así es, sin dejar marca –agregó Tuff mostrando su brazo descubierto y su piel completamente recuperada –, lo cual es algo decepcionante. Pero también me ayudó con una terrible mordida en el trasero y esa si dejo unas cicatriz de poca madre que parece la cara de Ruffnut… –continuó comenzando a desabrochando su cinturón para bajarse los pantalones y mostrar al mundo su trasero recuperado.
Pero Gobber se apresuró a detener que eso sucediera, ya habían visto demasiados horrores por un día. Aún así Stoick estaba demasiado altercado con su propia impresión de sus hijos, para si quiere peguntarse de cómo Honey curó el trasero de Tuffnut Thorston.
–¡No tengo idea de lo que están hablando todos ustedes –rugió –, pero este no es momento para…!
–¡Maldita sea, Stoick! –gritó Honey superando su propia voz. Cada uno de los presentes se volvió hacia ella completamente incrédulos de cómo se había dirigido a su propio padre. Incluso Stoick quedo más petrificado que una piedra, mientras su ojos casi se salían de sus órbitas –. ¡Mi hermano se está muriendo y no voy a permitir que eso suceda por tu estúpida terquedad! –continuó la chica con tal fuerza y prepotencia que resultaba tan intimidante como la ferocidad por la que era conocido el jefe Hooligan –. ¡Me lo vas a entregar ahora mismo para salvarle la vida, lo quieras o no! –dijo de ultimo extendiendo los brazos a hacia su padre con un penetrante semblante autoritario.
Aquella imagen que formaba su hija, desde sus palabras, la fuerza de sus acciones y la convicción reflejada en su rostro, le trajo recuerdos de una persona en particular, la única que lo había llegado desafiar de esa manera.
Lo que siguió fue obvio, Honey consiguió hacerse cargo de los cuidados que requería su hermano y con ayuda de Gobber realizar la difícil tarea de amputarle la pierna. Era una suerte que la chica hubiera cargado con su bolso lleno de remedios y que sus jóvenes amigos y algunos vikingos se ofrecieran a construir la leve choza para el proceso.
Durante todo esto, Stoick no fue más que un estorbo, que pronto se perdió en su propia estupefacción.
Después de lo que pareció una eternidad, finalmente salió Gobber de la susodicha choza y en su rostro se reflejaba el esfuerzo que conllevó tal brutal tarea. Con un largo suspiro, paso su única mano por su viejo rostro; Stoick no sabía que significaba sus acciones, buenas o malas noticias. Astrid, que se encontraba más cerca a la entrada de la choza, lo alcanzó primero; aunque Stoick no lograba escuchar sus palabras, estaba seguro que le preguntaba sobre Hiccup. Cuando la joven rubia obtuvo su respuesta, entró corriendo a la choza seguida de cerca del dragón negro que cojeaba levemente. Tampoco no sabía que significaba todo eso.
–¿Cómo…? –se apresuró a preguntar cuando Gobber se aproximó a él.
–Sobrevivirá… al menos por ahora –contestó su buen amigo levantado una mano para parar a Stoick en seco –. Aún le falta pasar la calentura y despertar… pero es algo de esperanza. Honey está convencida que los hará, aunque no sé como lo sabe.
–Gracias… gracias –soltó Stoick perdiendo las fuerzas de sus rodillas, teniendo que apoyar sus grandes manos en los hombros de su amigo para no caer de bruces al suelo –. Gracias a los dioses.
–Y a Honey… esa niña es…
–Lo sé.
–Stoick, aún así necesita volver a Berk pronto…
–Todo lo necesitamos –dijo una tercera voz uniéndose a la conversación privada entre ambos amigos. Ambos hombres se volvieron para toparse nada menos con Mogadon y Spitelout.
–Hay muchos heridos que también necesitan cuidados –dijo esa vez Spitelout con las manos en su cintura. Ahora que Hiccup estaba bien, esperaban que Stoick tomara las riendas como siempre – y nuestros muertos la despedida apropiada.
–Podemos improvisar una pila funeraria con el resto de la madera –comentó el jefe Hooligan, pero pensando primeramente en regresar a su Hiccup a su isla añadió –: hará falta para construir al menos un bote decente para navegar.
–Lo dudo, la madera esta en malas condiciones para navegar –confesó Gobber indicando los restos de la flota de barcos. Y efectivamente, habían quedado en pésimas condiciones.
–¿Qué tal los dragones? –preguntó Stoick –. ¿Hiccup y los muchachos llegaron volando en ellos?
–Es mala idea –dijo nuevamente otra voz detrás de Stoick, pero en esa ocasión se trató de Honey. Ante su conversación, ninguno se había percatado que la chica había emergido también de la choza donde reposaba su hermano gemelo –. Estos son dragones salvajes, muy diferentes que los que vivían en la arena, además necesitamos a Hiccup para acercarnos a ellos, ni soñando podríamos montarlos –comentó calmadamente por su marcado cansancio.
Pronto, Snotlout, Fishlegs y sus dragones, que habían estado pendientes de alguna noticia del bienestar de su nuevo pequeño líder, se aproximaron a los adultos, lo cual le dio otra idea a Stoick:
–Al menos los chicos puede regresar en los que si están entrenados para pedir ayuda, incluso pueden llevar Hiccup consigo.
Snotlout y Fishlegs asintieron con la cabeza y con una gran sonrisa aceptando la misión.
–No –dijo Honey tajantemente apagando los ánimos –. Hiccup no está en condiciones en hacer ese viaje de esa forma –aún así se apresuro a agregar –. Pero los chicos pueden regresar y traer ayuda de Berk…
–Eso no es problema –soltó rápidamente Snotlout con orgullo dándole una palmaditas al nightmare en la nariz –, ya estoy aprendiendo a dominar esta cosa –pero ante sus palabras, el dragón rojo le soltó un leve gruñido y una mordida –. De acuerdo, de acuerdo ¿Qué tal gigantesca bestia de impresionante genialidad y ferocidad? ¿Está mejor? –se apresuró a agregar algo intimidado con el dragón que aceptó de buena gana el nuevo título.
–Busquemos a Tuff y Ruff –comentó Fishlegs al darse cuenta que se alejaban del tema. Con una leve indicación de la mano, el grounckle sacudió con felicidad su cuerpo y lamió la mano del muchacho regordete –. Sabes, comienzas a resultarme simpático, creo que voy a llamarte Meatlug –dijo riendo ante las cosquillas que le provocaba la lengua porosa del dragón.
Ésta se sacudió con mucha más felicidad.
–Que patético –se escuchó decir a Snotlout mientras se alejaba junto a Fishlegs y los dos dragones –. Ese es un nombre idiota. Son dragones Fishface, deben llamarse algo así como… como… –pero nada le vino a la mente.
–¿Cómo qué?
–¡No me presiones! ¡Ya se me ocurrirá algo genial y mucho mejor que Meatlug!
–Claro, algo exagerado como Firebite o Hookfang –dijo Fishlegs ya no dejándose intimidar por los arranques de Snotlout.
–¡Hey! –gruñó Snotlout, pero luego agregó en voz baja –: Hookfang no suena tan mal.
Los adultos y la joven gemela que quedaron atrás, esperaron hasta que los muchachos se alejaron por completo para retomar su conversación.
–Bien, ahora nos queda esperar ser salvados por un montón de jovencitos montado dragones – Mogadon fue el primero en hablar con remarcado escepticismo –. ¿Otra vez? –se apresuró agregar con una sonrisa ante las miradas de pocos amigos de los Hooligans a su alrededor.
–Pero Stoick –cortó Spitelout retomando el tema –, aún quedan muchas otras cosas por hacer, como ver por los heridos, los muertos y buscar alimento.
–Yo puedo hacerme cargo de los arreglos funerarios –dijo el jefe Meathead compensando su reacción inicial –, solo necesito algunos hombres que puedan cargar los cuerpos.
–Bien, en cuanto a la comida y los heridos… –masculló Stoick tratando de pensar claramente, pero estaba muy agotado para ello – eh… hay que conseguir comida…
–Se puede enviar una pequeña avanzada por la isla en busca de alimento –comentó Honey ante las falta de ideas –, o intentar atrapar algo en la costa.
–Eso es…
–En cuanto a los heridos –continuó la chica –, ahora que ya he terminado con la pierna de Hiccup puedo ayudar a los demás –luego se volvió hacia el viejo herrero y añadió –. Gobber podía asistirme nuevamente.
–Claro, Honey –dijo éste –. Será un placer.
Por un breve segundo, Stoick clavó su mirada en el rostro de su hija y le pareció haber captado algo que nunca había visto antes en ella.
–Está decidido – aceptó el líder con las manos en su cintura –. Mogadon, tú y los tuyos encárguense de reunir los cuerpos de los caídos y juntar la madrea necesaria de los restantes de los botes para la pila funeraria. Lo más pronto posible.
–Sí, no queremos que pierdan esa oportunidad de entrar al Valhala.
–Spitelout reúne un grupo de hombres, aquellos en las mejores condiciones y llevarlos por los alrededor. Trae cuanto alimento encuentren.
–De inmediato, jefe.
–Gobber, ayuda a Honey con todo lo que necesita.
Cada quien con sus ordenes, cada uno marchó a realizar sus tareas. Durante las horas siguientes, Stoick pudo dar un largo respiro ahora que sentía más esperanzas por la vida de su hijo. Mientras que la jovencita Hofferson lo vigilaba, él pudo hacer un rápido recorrido por el campamento que los vikingos estaban preparando en aquella isla rodeada por los dragones. Como en una señal de agradecimiento por la exterminación de su despiadado monarca, las bestias fueron completamente tolerantes con la presencia de sus antiguos enemigos en su territorio.
Tal vez no eran las bestias tontas que siempre pensaron.
El líder Hooligan vio con pena pero con orgullo como sus compatriotas caídos recibían los cuidados requeridos para su descanso eterno en la gloria de los dioses. Mogadon, su hijo y los Meathead hacían un perfecto trabajo y con el mayor respeto posible. Spitelout apareció unas horas después con un par de jabalís sobre sus hombros que habían logrado cazar en el bosque aledaño a la costa. Stoick se aseguró que los alimentos se distribuyeran equitativamente entre aquellos que más lo necesitaban.
Y por último, Honey y Gobber atendieron a cada uno de los heridos de la mejor manera posible y con los pocos recursos que tenían. Stoick estaba verdaderamente sorprendido con las acciones de su hija, era diligente y paciente en todos los sentidos, pero al mismo tiempo con la mente fría que requería la situación. Aunque su trato era cortante con los demás, nunca se mostró grosera con alguien y le entregó a cada quien su debido tiempo.
El jefe vikingo estaba sin palabras, su hija realmente había brillando en toda aquella situación y había demostrado una fuerza mucho mayor que la suya. Analizó la situación con rapidez y, tomó acciones y decisiones sin importar las drásticas que fueran. Pudo ver las cosas más de lo que eran y no dejo que el corazón afectara su juicio, como todo un gran pensador o consejero, algo que al final Stoick ni siquiera consiguió. Aquella solides y toma de decisiones le dejo en claro a Stoick las perfectas aptitudes de Honey y lo mucho que estuvo equivocado sobre sus capacidades. Al igual que Hiccup.
–Honey ¿Podemos hablar un instante?
Stoick se aproximó a su hija, una vez que la mayoría de los heridos habían sido atendidos.
–Estoy ocupada ¿no lo ves? –soltó ella tajantemente sin siquiera mirarlo.
–Ya casi terminamos –objetó Gobber –, yo puedo hacerme cargo de lo que falta.
El herrero se ganó una mirada asesina por parte de la chica.
–Ven… por favor –indicó Stoick tomándola suavemente del brazo para apartarla a donde podían hablar solos.
Una vez ahí, el jefe Hooligan pudo darse cuenta por primera vez en el aspecto de su delgada hija: su cabello esta alborotado y varios tiras escapaban de su larga trenza, su ropa estaba cubierta de tierra y hollín; llevaba un mandil raido e improvisado cubierto de sangre (probablemente la mayoría de su hermano gemelo) y las mangas de su túnica estaban arremangadas sobre su codo revelando unos terribles moretones en sus antebrazos donde Stoick la había sujetado con fuerza para encerrarla en su hogar. El padre sintió una terrible punzada en el pecho al percatarse hasta donde había llegado su daño a sus hijos, incluso en su pequeño tarrito de hidromiel que solía ser su adoración.
El único monstruo en toda esa situación había sido él y no los dragones que había jurado odiar toda su vida.
–Honey… oh Honey… –musitó él tratando que no se le quebrara la voz ante la mirada vacía que le dirigía su hija –yo… Honey, lo siento tanto –soltó de sopetón sin saber que otras palabras utilizar –. Obre mal y me doy cuenta de ello ahora.
Clavando su rodilla en el suelo, Stoick se puso a la altura de su hija, pero ésta se negó a mirarlo directamente a los ojos.
–Tú y Hiccup son lo más importante en este mundo para mí –dijo posando una de sus manos en el hombro de la chica tratando de captar su atención –, mis más importantes tesoros, los bellos regalos que me dejo su madre. ¿Y cómo pague tal amor?... ni siquiera tengo las palabras para describir mis acciones o como enmendarlas. Puedo pedirte perdón un millar de veces y eso no sería suficiente.
La niña seguía sin devolverle la mirada a pesar de lo cerca que se encontraban sus rostros.
–Hiccup casi muere y tú… –continuó el padre tratando de contener sus lagrimas en sus parpados – ustedes nos han traído la esperanza con algo tan inesperado… ¡Un milagro! Ustedes son un milagro… mis milagros.
Su última palabra, provocó que Honey lo mirara de soslayo, pero su duro semblante seguía tieso e inquebrantable, a pesar que la gran mano de su padre acariciaba su barbilla.
–Sé que te hice daño a ti y tu hermano, y que nada de lo que haga será suficiente para reparar el pasado, pero eso no impide tener un mejor futuro. Cuando yo era niño, antes de que mi padre murriara, él solía decirme lo grandioso que era ser un jefe, recibir el respeto, las responsabilidades y obligaciones que venían con el trabajo. Que no había algo más maravilloso o de orgullo, que ser un líder vikingo. Y crecí creyendo eso, actué creyéndolo, y ahora me doy cuenta que estaba equivocado. Hay algo más maravilloso y de lo que se debe estar orgulloso y eso es ser padre.
Las lágrimas de Stoick comenzaron a recorrer sus mejillas en lo que captaba la completa atención de su hija.
–No es sido un buen padre, tampoco el mejor jefe para ustedes dos. Tratando de no defraudar a mi gente, decepcioné a los que son más importantes para mí. Por tanto tiempo le rogué a los dioses por hijos perfectos… los herederos perfectos, valientes y decididos, futuros héroes vikingos… no me di cuenta que ya tenía lo que deseaba… peor aún, me atreví a olvidar lo que poseía. Lo siento tanto, Honey.
Sin poder contenerse más, el padre tomó el delgado cuerpo de su hija entre sus brazos y lo estrujo con fuerza, enterrando su enorme rostro en la castaña cabellera de ella. Honey no correspondió al abrazo en ningún momento.
–Te ruego que me perdones… –le dijo llorando contra su oído – tal vez no ahora, tal vez no mañana, tal vez nunca… pero por favor dame la oportunidad de ganarme tu perdón y el de tu hermano. Porque los amo, más que nada en este mundo. Y te prometo que sin importar que lo hagas o no, nunca volveré a olvidarlo… nunca más.
Honey requirió de toda su fuerza de voluntad para que las lágrimas acumuladas en sus parpados salieran de sus ojos y para que sus brazos no la traicionara y sujetaron a su padre. En su terquedad y orgullo, la gemela pecosa permaneció firme, con los puños cerrados y sin corresponder al afecto de su padre.
Y sin más se separaron.
–Sé que nunca lo olvidas –dijo finalmente Honey al rostro expectante de su padre una vez que terminó el emotivo abrazo –, la pierna ausente de Hiccup será el recordatorio permanente.
Chapter 43: Vivo pero no entero
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Vivo pero no entero
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Hiccup pudo sentir el calor de las llamas al ras de su piel, pero éstas nunca alcanzaron a lastimarlo. Tenía los ojos entre abiertos y por la leve ranura entre sus parpados podía distinguir un caleidoscopio de colores entres la brazas a su alrededor. Intensos rojos se mezclaban con amarillos y naranjas, pero lo más extraño es que poco a poco se hacían presente algunos tonos azulados y verdosos.
Las flamas danzaban con intensidad a causa del viento o el batir de alas; el chico no estaba seguro, pero de lo que no había duda era que rugían cual bestias en batallas. Hiccup estaba seguro que las llamas iban a devorarlo y consumirlo en un abrir y cerrar de ojos.
–¿Acaso esto fue lo que soñó Honey? –se preguntó mentalmente –. ¿Este es mi fin?
El cuerpo del muchacho estaba flojo y débil, y dejaba que viento lo acunara como un bebe recién nacido, aunque su final estaba cerca. Solo esperaba que del otro lado pudiera ver a su madre y a su abuelo, y que al menos ellos estuvieran orgullosos de él.
–Estoy orgulloso de llamarte mi hijo –escuchó el muchacho débilmente como un susurro perdido entre las brazas crispantes.
¿Quién era? ¿Quien le hablaba?
Hiccup cerró los ojos tratando de enfocarse en aquel murmulló distante, pero no pudo captar aquella consoladora voz. ¿Acaso… había sido su madre? No, era la voz menos femenina que se podía imaginaba, además, no tenía recuerdos de cómo era la de su mamá.
Ya que importaba, pronto la volvería a escuchar.
Pero lo siguiente que captaron sus oídos, fue un intenso rugido y muy característico, que Hiccup no podía confundir con nada más. Era el llamado de nightfury… era Toothless. Recordando a su buen amigo dragón, el muchacho hizo un esfuerzo descomunal para volver abrir sus ojos, pero sus parpados eran tan pesados que le resultaba casi imposible.
Levemente, entre sombras y llamaradas, pudo distinguir de manera borrosa la figura inmensa y oscura que era Toothless, acercándose a él con el fuerte batir de sus alas.
–Toothless –musitó el muchacho en susurro –. Hey, amigo.
Con movimientos sumamente lentos, casi en cámara lenta, el dragón negro como la noche abrió su enorme hocico mostrando sus gruesos dientes e hincándolos en lo primero a su alcance. Todo se volvió oscuro para Hiccup… era definitivo, estaba muerto.
Pero… si así lo era ¿Cómo podía seguir escuchando a Toothless?
Era como un leve ronroneo, característico del nightfury, que Hiccup conocía muy bien ante el constante contacto entre ambos. ¿Cuántas veces sintió el cuello de la bestia vibrar bajo sus manos? Ese agradable calor que resultaba relajante. Luego, una leve sacudida. Alguien empujaba su cuerpo inerte… su cabello se sacudía una leve brisa ¡Espera un momento! ¡Eso no era una brisa, era una respiración! ¿Qué estaba pasando?
Flotando entre la realidad y la inconsciencia, Hiccup enfocó toda su energía y concentración solo en sus ojos y en la pesada terea de abrirlos nuevamente. Estaba tan cansado y sin fuerza, solo quería dormir eternamente y nunca levantarse, que requirió toda su fuerza de voluntad conseguirlo, y poco a poco, sus parpados volvieron a abrirse. Lo primero que captó su vista, fueron dos grandes ojos verdes y penetrantes sobre él.
–¿Toothless?
Obtuvo un leve rugido en respuesta.
Definitivamente era el nightfury, nadie más podía atacarlo con una lengua húmeda como esa y ser adorable al mismo tiempo. Pero si Toothless estaba junto con él, podía verlo y sentirlo (como cada uno de sus kilos de peso cuando posó su pata sobre su estomago), eso quería decir que no estaba muerto ¿Verdad?
–¿Dónde estoy? –continuó el muchacho levantándose levemente de su cama, solo para descubrir al nightfury brincando de alegría por toda su casa. Espera un momento… ¡SU CASA! ¿Cómo era posible que estuvieran en su hogar? – . Sí, debo de estar muerto –afirmó el muchacho imaginados las posibilidades que llevaría a tal situación. Solo en el Hel podría tener a un dragón, precisamente a un nightfury, revoloteando de alegría dentro de su casa.
Bueno, rebotar era decir poco, ya que Toothless comenzó a derribar cuanta cosa se topó en su camino generando una estela de destrucción detrás de su cola. Hiccup intentó detenerlo pero una extraña punzada en la pierna volvió a dejarle claro que seguía con vida. Solo vivir podía doler tanto.
Pero estar vivo era una cosa y entero era otra. Bajo las pieles de su cama, pudo encontrar con desasosiego tan solo uno de sus pies, el otro estaba perdido. ¿Cómo había sucedido? ¿Dónde había quedado? Su pierna mutilada se encontraba unida a una novedosa pata de palo mucho más compleja de que las conocía. Eran tantas cosas nuevas y en tan poco tiempo para asimilarlo. La mente del pobre muchacho se devanó con todo los nuevos detalles que tenía frente a él: no recordaba que había sucedido desde el enfrentamiento con la muerte roja, por un momento pensó que estaba muerto, luego vivo, en su casa y con Toothless ¡Con Toothless en su casa! Y sobre todas las cosas ¡Le faltaba una pierna!
Tantas ideas comenzaron a provocarle migraña. Hiccup necesitaba respuestas y rápido, antes de que su cabeza explotara con tantas teorías locas que comenzaba a formular su aturdido cerebro. Por desgracias se encontraba solo en casa, con excepción de Toothless. ¿Dónde estaba su padre y Honey? ¿O Astrid y los chicos? ¿Ellos estaban bien? ¿Qué paso con el resto de su gente y los dragones? Deseando respuestas, Hiccup trató de alcanzar la puerta de su hogar, pero su nueva pierna no tenía la menor intención de hacerlo fácil, por suerte para él Toothless estaba para mejorarle la vida. Ese era su propósito.
–Gracias amigo –comentó el muchacho aproximándose lentamente a la puerta.
No estaba preparado para lo que encontraría al otro lado. Dragones. Miles de dragones por cada rincón de Berk, sobre los techos, en los caminos, entre las casa, en la plaza, en el gran salón, junto a los vikingos. Aquellas bestias escupe fuego se había apoderado de la aldea y de sus habitantes.
–Definitivamente estoy muerto –comentó el muchacho mirando a su alrededor, con la boca levemente abierta y con los ojos tan grandes como platos.
Era una vista increíble. Nadder, gronckles, zippleback y nightmares deambulaban por Berk sin la menor preocupación de ser atacados o molestados, y los vikingos con los que solía pelear a muerte, caminaban entre ellos o junto a ellos, algunos los alimentaba, pocos los tocaban y en como el caso de Snotlout y los gemelos Thorston, volaban en ellos sobre los techos de la casa.
¿Cómo era posible?
–¡Miren todo, Hiccup despertó! –escuchó el muchacho pecoso su nombre y su primera acción ante esto fue maldecir por debajo. Sin duda iban a culparlo de todo. La constante rutina del rechazado le generó el instinto primario de cubrirse la cabeza al verse rodeado por una masa humana de Hooligan. Pero estos en cambio, lo subieron sobre sus hombros y lo cargaron hasta la plaza central del pueblo aclamando una y otra vez su nombre.
¿Acaso lo llevaban a su juicio? ¿O iban a ejecutarlo de inmediato?
Su sorpresa fue mayor cuando lo bajaron entre la mayoría de los habitantes de la isla, incluidos los dragones, justo en el centro mismo de la aldea, donde su padre esperaba con la perfecta silueta de guerrero con la que era conocido.
–¿Papá? –masculló el gemelo confundido, esperando de nuevo el repudio y probable castigo por parte de su progenitor, ante sus claros actos de desorden social y anarquía.
–¡Hiccup! –pero su padre se volvió hacia él de golpe, su semblante se aligeró increíblemente y lo levantó del suelo en un impresionante y poderoso abrazo de oso.
–Definitivamente… estoy muerto – fue lo único que alcanzó a escaparse de los labios del muchacho ante la falta de aire.
–No –dijo Stoick al dejarlo nuevamente en el suelo cuando quedo satisfecho con el fuerte apretón, pero Hiccup tambaleó ante el esfuerzo de mantenerse de pie en su nueva pierna que requirió la mano de su padre para mantenerse derecho. Sería todo un reto acostumbrarse a ello –. Pero estuviste muy cerca.
El gran jefe sonreía como nunca en su vida, que Hiccup no estaba muy seguro que fuera posible. Había tantas cosas, preguntas que quería hacerle, pero antes de que lograra articular alguna palabra, algún vikingo en la multitud que lo rodeaba gritó a todo pulmón:
–¡El nightfury! –como si entendiera el llamado, el dragón negro como la noche brincó sobre la muchedumbre pasando de cabeza en cabeza, hasta aterrizar como un ágil felino a un lado del gemelo pecoso.
–Ja ja –rió Stoick ante tal espectáculo sacudiendo su enorme pecho y barriga –. Hola, Toothless –agregó casualmente saludando a la bestia que se sacudió con felicidad.
¡Ahora sí que Hiccup se quedo perdido!
–¿Papá? ¿Qué es..? –balbuceó el chico pecoso sacudiendo sus brazos en todas direcciones, indicando tantos a los vikingos como a los dragones a su alrededor –. ¿Qué? ¿Eh? ¿Cómo?
–Vaya que la caída te revolvió el cerebro –dijo Gobber apareciendo a un lado de su aprendiz y poniendo su mano sobre su hombro, generando en el muchacho cierta calma –, no puede completar ni una frase sencilla.
Hiccup le dirigió una mirada inquisitiva, aunque sus palabras se quedaron atrapadas en su garganta.
–Hiccup –lo llamó Stoick con voz tranquila obteniendo toda la atención del muchacho. El padre se arrodilló ante él y con una mirada llena de amor le dijo –: todo está bien y eso se debe a ti.
–¿A mí?
–Así es –continuó colocando una de sus enormes manos sobre el pecho su hijo –. Gracias a ti, finalmente se alcanzado la paz. Años de constante guerra han terminado y se lo logró lo imposible –posó sus manos en sus hombros y clavó sus ojos en los del muchacho –, vikingos y dragones pueden convivir juntos. Y todo te lo debemos a ti –sin apartar su gran sonrisa, el gran jefe se levantó para luego indicar con un solo momento todo el cuerpo de Hiccup –. Quien se hubiera imaginado que solo necesitábamos… esto.
–Pero ¿me has indicado todo completo?
–Sí, Hiccup –agregó en un susurro en lo que se quebraba su voz –. Todo tú… todo mi hijo.
El muchacho clavó su mirada en su padre y poco a poco, su memoria fue mejorando. La batalla, los dragones, el Red Death, las palabras de su padre… ahora todo tenía sentido.
–Hiccup ¿podrás perdonar a un viejo, terco y tonto vikingo como tu padre? –le preguntó Stoick colocando nuevamente una de sus manos en el hombro de su hijo.
–Ya lo he hecho –contestó Hiccup con una gran sonrisa, antes de hacer el mejor intento de rodear a su padre con sus brazos –. Te amo, papá –dijo en voz baja, consiente que los sentimientos no eran cosas de vikingos.
–Y yo a ti, Hiccup –pero Stoick agregó elevando su voz para que toda su gente, vikingo y dragones supieran que era los más importante para él. Porque era padre primero y vikingo después.
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Una vez que Hiccup dejo de recibir los abrazos de su padre y las bendiciones de su gente, sus nuevos amigos, junto con sus dragones, lo rodearon a él y a Toothless con abrazos, palmadas y mucha felicidad.
–¡Hiccup! –Astrid repetía una y otra vez su nombre sin parar de sonreír.
–¡Vaya forma de morir! –le aseguró Ruffnut dándole una dolorosa palmada en la espalda.
–Te ves bien para ser un maldito cadáver parlante –comentó Tuffnut tomándolo del cuello para aplicándole una llave y restregarle los nudillos en la cabeza.
–Oh por Thor, Hiccup –Fishlegs se sacudía más que una lubina fuera del agua –. Qué bueno que te encuentres bien.
–Si hubieras muerto te habrías perdido mi dominio sobre esta bestia –le afirmó Snotlout indicando al nightmare detrás de él, que rápidamente respondió con una leve bocanada de fuego que casi queman los pantalones del joven moreno–. ¡Está bien, ya entendí Hookfang! –agregó sacudiéndose el humo de su trasero.
Hiccup no tuvo ni la oportunidad de agradecerles por haber confiado en él, pero en realidad no era necesario. Los chicos prácticamente lo secuestraron por la siguiente hora, ocupando toda su atención relatándole lo sucedido después de que ganar la batalla contra la gigantesca reina malvada de los dragones. Le narraron con dramatismo como gracias a ellos, habían obtenido ayuda de Berk y una nueva flota salió en recate de los sobrevivientes de la batalla.
Los dragones que eran libres del yugo del Red Death tomaron posesión de su isla, y solo pocos volaron junto a los barcos vikingos en dirección a Berk. Ambos jefes de las tribus Hooligan y Meathead, acordaron una paz con las bestias. Los vikingos no pelearían más contra los dragones al menos que fuera cuestión de vida o muerte (algo que Mogadon el Meathead insistió por las dudas). Y sin más, él y su gente regresaron a su isla con una maravillosa y heroica historia que contar sobre el chico que logró acabar con una guerra.
Cuando los muchachos estuvieron satisfechos de hablar (algo que no era su fuerte), remontaron vuelo sobre sus dragones demostrándole al gemelo pecoso lo que había conseguido en tan poco tiempo.
–Wow –soltó Hiccup mirando sobre su cabeza como Snotlout, Ruff, Tuff y Fishlegs se apoderaban del cielo con sus nuevos amigos escamosos. Solo él, Astrid, Toothless y la Nadder que la rubia bautizó como Stormfly, permanecieron en tierra firme –, ellos de verdad que los están…
Pero sus palabras quedaron a medias cuando los brazos de Astrid rodearon su cuello. Hiccup se quedo paralizado y con los brazos tiesos a su costados en lo que la rubia efectuaba su cálido abrazo. El muchacho solicitó una respuesta a su dragón con la mirada, pero Toothless solo le giñó un ojo.
–Qué bueno que estás bien –escuchó levemente la voz de Astrid contra su hombro, sacándolo de su estupor.
–Bueno –dijo Hiccup posando sus manos en la espalda de ella –, tan bien como se puede.
Astrid, que no era buena para las cosas emotivas o la gente, o la gente emotiva, se separó de él dirigiéndole una mirada de pocos amigos como respuesta ante su inoportuno comentario sarcástico. De propina, le soltó un puñetazo en el hombro.
–¡Ahhhh! –se encorvó Hiccup de dolor –. ¿Y eso por qué fue?
–Por asustarme –respondió la rubia cruzando los brazos sobre su pecho. Unos segundos después, cuando Hiccup bajo la guardia, sujetó al gemelo del cuello de su túnica y lo atrajo hacia ella para besarlo suavemente en los labios. Apenas Hiccup comenzaba a disfrutarlo, cuando se separaron –. Y eso, por no dejarme –dijo Astrid con un leve sonrojo en sus mejillas.
Hiccup le devolvió una mirada entre completa confusión y embelesamiento.
–¡Hey, par de tortolos –soltó Tuffnut desde el cuello de su Zippleback –, si ya terminaron, queremos mostrarle a nuestro querido “amigo el cadáver” nuestras nuevas habilidades de vuelo!
–¡Tuffnut, cuando este allá arriba vas arrepentirte de haber dicho eso! –le contestó Astrid alzando un puño al cielo. Hiccup no pudo evitar reír –. ¿Vamos? –le preguntó Astrid indicándole con la cabeza a sus amigos que volaban entre las nubes.
A pesar de su falta de pierna, el muchacho estaba más que listo para saltar sobre la montura de Toothless y emprender el vuelo, pero fue cuando recordó algo sumamente importante que no podía creer que hubiera olvidado hasta el momento.
–Espera… ¿Dónde está Honey?
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–Tienes que admitir que es una situación muy graciosa –dijo Hiccup entrando a la pequeña choza que servía de prisión en la aldea de Berk. Recargada contra las barras de acero, se encontraba Honey encerrada en un una de las celdas que se mantenía en pie después del escape aparatoso con Bjorn Board –, ni en un millar de años imagine de que todas la personas posibles que papá podría encerrar, incluido yo, tú terminaras tras la rejas.
La gemela pecosa le lanzó una mirada de hastía, mientras su brazos colgaban inertes de los barrotes.
–Te salve la vida, Hiccup –dijo ella con voz pesada –. Puedo corregir mi error.
Su hermano levantó las manos en señal de sumisión, en lo que soltó una risita nerviosa. De Honey lo creía posible.
–Que por cierto… –agregó rascándose la nuca – gracias… gracias por salvarme. Los chicos me contaron todo lo que sucedió y como tuviste que tomar control de la situación, incluso en contra de papá, solo para ayudarme.
–Pues mira que bien resultó para mí ¿no? –soltó Honey con apatía haciendo girar su ojos. Pero ante la cálida sonrisa de su hermano, no pudo evitar corresponderle. Se enderezó de su posición y añadió con más sentimiento –: no podía perderte, sabes. Mi vida se quedaría sin propósito y sería mucho muy aburrido sin tus estúpidas ideas.
Ambos rieron.
–¿Siempre juntos? –preguntó Hiccup poniendo sus manos sobre las de su hermana que seguía sujetando los barrotes de su celda.
–Siempre juntos.
–Y… bueno –balbuceó el gemelo pecoso pasando su mirada por los alrededores de la prisión de su hermana –. ¿Cuánto tiempo más crees que papá te tenga encerrada?
–No lo sé, probablemente cuando se le quite esa tontería de que necesito disciplina –soltó Honey mordazmente –. No tengo idea de dónde sacó esa estupidez. “No puedes hablarle a tu padre y jefe de esa manera delante de todos” blah, blah, blah –imitó exageradamente la voz de su padre provocando unas carcajadas en su hermano.
Fue tanta la risa, que Hiccup se dobló sobre sí mismo, ante una punzada de dolor que aquejo su vientre.
–Parece… que todavía… –dijo con respiración entrecortada – no estoy del todo bien… omitamos las carcajadas por unos días.
–¿Seguro que te encuentras bien? –lo cuestionó su hermana con la preocupación reflejada en su rostro.
–Sí, nada que constante trabajo y esfuerzos descomunales no curen –dijo el muchacho sarcásticamente enderezando su cuerpo –. Y tú ¿aún sigues molesta con papá? –añadió con cuidado a sabiendas del mal temperamento de su gemela.
Honey se tomó su tiempo para contestar. Pataleó un poco el suelo y cruzó sus brazos sobre su pecho antes de responder:
–Sí… no… no lo sé.
–Honey…
–No te molestes, Hiccup. Sé muy bien que vas a decir, pero la verdad en este momento no quiero escucharlo. Papá cometió muchos errores y nos dio las espaldas más de las que puedo recordar. ¿Es perfecto? No ¿Tiene derecho a cometer errores? Sí, pero normalmente esos no le cuestan casi la vida a su hijo… mi hermano.
Honey se apartó de los barrotes y le dio la espalda a Hiccup, clavando su mirada en la pequeña ventana de su celda unos pies más arriba de su cabeza, donde podía distinguir a un par de cuervos posados en el árbol más cercano.
–Pero… –agregó débilmente aún sin volverse –a pesar de todo, es mi padre. Y yo lo amo –miró sobre su hombro en dirección a su hermano con el cual compartió un vistazo –. Y sé bien que él también nos ama. Me preguntas si sigo molesta con él… lo más probable es que sí y vaya a estarlo por mucho tiempo, pero si lo odio… creo que nunca podría odiarlo. ¿Perdonarlo?... Probablemente algún día, tal vez más cerca de lo que quisiera.
–¿Volverás a confiar en él?
–Sí –contestó Honey con rapidez y sequedad –. Pero no se lo digas –agregó señalando a su hermano con un dedo acusador –, primero quiero hacerlo sufrir un tiempo, para que no vuelva a ocurrírsele tremenda estupidez.
Hiccup volvió a estallar en risa y pronto sintió otra punzado de dolor.
–No más risas, por favor –pidió piedad sujetándose de los barrotes de la celda. Hiccup conocía muy bien a su hermana, tal vez era la única persona del mundo que entendía algo de las cosas que pasaban por su cabeza, pero sobre todo, el sabía que no tenía mal corazón, solo que éste solía era tan delicado que ella lo sobreprotegía –. A mí me parece que tienes todo muy bien definido a pesar de la dudas.
–¿Qué puedo decir? Estar encerrada me dio mucho tiempo para pensarlo.
–Por cierto ¿Cuándo vas a dejar el acto de la pobre prisionera? –preguntó Hiccup sin dejarse engañar.
–¿Por qué lo dices?
El gemelo tomó la puerta de la celda y la abrió sencillamente con un empujón, sin duda Honey había violado el cerrojo desde hacía mucho tiempo.
–Bueno ¿Qué esperabas? –comentó su hermana haciéndose la inocente pero evadiendo la mirada inquisitiva de su gemelo –. Debo dejarle pensar que ganó alguna ¿no?
–Aja –dijo Hiccup cerrando de nuevo la puerta –. Sabes, esto hace que me pregunte ¿por qué cuando yo estaba encerrado, no abriste el cerrojo? ¿Por qué tuviste que derribar la ventana?
–¿Y entrar en la prisión con Astrid dentro? ¡No! Estaba del otro lado de la ventana y lo que alcance escuchar me dejo en claro la empalagosa conversación que tenían. ¿Qué tal si al entrar me encontraba con algo que no me hubiera gustado ver? Yo paso.
–Bueno –masculló Hiccup con nerviosismo y un leve sonrojo en las mejillas –, en realidad no paso nada… en ese momento….
–¡No! ¡No! ¡NO! –gritó Honey con demencia señalando a su hermano con el dedo índice –. ¡No quiero saber! Con lo que vi en la ensenada tuve suficiente para el resto de mi vida.
–Por favor… Honey… no me hagas reír…
–Y hablando de ensenada ¿Dónde está Toothless?
Con solo escuchar su nombre, el dragón negro como la noche asomó su gran cabeza escamosa por la puerta de entrada, con su legua de fuera y una tonta pero simpática sonrisa sin dientes.
–No pudo entrar, es muy grande para la puerta –explicó el chico –. Pero va a donde quiera que vaya, se asegura que no me pase nada.
–Eso fue lo que le pedí que hiciera –dijo la gemela con naturalidad aunque sus palabras provocaron cierta sorpresa a su hermano –. Alguien tenía que cuidarte ¿no?
–Gracias.
–Y ahora ¿Qué van a hacer?
–Bueno, hay par de pedales nuevos y una pata de palo por cortesía de Gobber que quiero probar de una vez.
–Hiccup –lo llamó Honey retomando un tono serio en su voz –. ¿Cómo te siente al respecto? ¿El haber perdido tu pierna?
Hiccup inconscientemente miró su pie faltante y al recordarlo, la molestia del muñón regreso. El mantenerse distraído era lo único que evitaba que no le doliera la herida. Era extraño y muy nuevo, incluso para asimilarlo completamente.
–Es algo… –dijo Hiccup – a lo que tengo que irme adaptando – agregó con una gran sonrisa aunque su hermana no fue engañada del todo de su tono jovial –. Es un gran cambio. Uno de tantos.
Chapter 44: El viejo, el dragón y el feo
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El viejo, el dragón y el feo
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En un perdido y peligroso archipiélago barbárico, una serie de aldeas vikingas sobrevivían en las más precarias condiciones principalmente a su testarudez y obstinación. Pero la joyita entre todas, un diamante en bruto, era la que se encontraba al extremo más olvidado de este conjunto de islas. Esa era Berk.
Los peludos Hooligans que vivían en aquella aldea erigida en esa isla pequeña, no eran muy diferentes a otras tribus vikingas, gustaban de la batalla como los Berserkers, la navegación como los Meatheads, las armas filosas como Murderous y la conquista como los Uglithugs; pero había algo en particular que hacia destacar a los Hooligans de los demás, y eso se debía a que fueron los primeros en llegar a la paz con los dragones.
Por siglos, desde la colonización de los vikingos de aquellas islas, los ataques de los dragones habían quedado registrado en las memorias de sus habitantes y posiblemente en los libros (pero eso nadie estaba seguro eso, ya que tenían prohibido leerlos). Los Hooligans eran los que más sufrían de los ataques de dragones por la cercanía de Berk al hogar de aquellas bestias escupe fuego, pero ya no más. Gracias a un joven vikingo, delgado como un palillo, y sus amigos, la guerra con aquellas criaturas escamosas había terminado y la paz ahora reinaba entre vikingos tanto en Berk como las islas cercas.
Los dragones eran libres del terrible yugo de su reina roja y ya no tenían que temer si no le proporcionaban el suficiente alimento. Ahora los dragones podían dedicar sus vidas a saciar sus estómagos y descansar plácidamente como focas en las costas. Debido a esto, la migración de estas bestias a las otras islas se redujo considerablemente, por lo cual las demás tribus se vieron favorecida por esa paz, aunque ignoraban mucho al respecto.
En cuanto Berk, la vida había cambiado en tantas maneras. Los dragones no solo podían deambular tranquilamente por la aldea, sino que pronto los Hooligans fueron acostumbrados a su presencia y volviéndolos parte rutinaria de sus vidas. Pero aunque la guerra había terminado y la paz reinaba entre vikingos y dragones, las cosas no eran tan simples como parecían; después de todos, los dragones eran animales, unos gigantescos, escamosos y escupe fuego.
Sí, la paz reinaba en Berk, pero con lo zipplebacks, nadders, gronckles and nightmares como factor constate de la isla, cierta situaciones fueron presentándose con más frecuencia: las enormes lagartijas no entendían el concepto de la limitaciones de territorio, si un nightmare quería apropiarse de un establo del ganado, simplemente lo tomaba y devoraba a la mitad de los animales; ignoraban la fragilidad de las estructuras, especialmente los gronckles que preferían usar los techos de las casa como pistas de aterrizaje; detalles como la higiene y los materiales inflamables eran otros de los problemas, pero el principal, era la alimento. ¡Los dragones se lo comían todo!
Los habitantes de Berk comenzaba a preocupante especialmente con el invierno cada vez más cerca, tanto que el jefe de los Hooligans, Stoick the Vast escuchen su nombre y tiemblen, comenzaba a ver precaria la presencia de los dragones en su aldea. Pero la principal barrera de Stoick para contener a esas bestias resultaba ser la menos inimaginable (ya que como vikingos, si ellos simplemente podían sacar a los dragones de su isla por la fuerza). Su heredero, Hiccup Haddock III era el primer impedimento contra el control de aquella plaga gigantesca y escamosa.
Aquel muchacho delgado y pecoso que difería de los demás vikingos de su tribu, incluso de los chicos de su generación, era precisamente el mismo héroe que había traído la paz a la aldea. Él era la razón de que los dragones se encontraran en Berk en primer lugar. Normalmente, Stoick no tenía problemas de imponer sus mandatos sobre su hijo, pero después de los sucesos anteriores al enfrentamiento contra la Red Death, y la pérdida de la pierna del muchacho en tal encuentro, era las razones por la que tanto padre y líder, no podía actuar tan fácilmente contra aquellas lagartijas gigantes.
Los dragones hacían feliz a Hiccup, mucho más de lo que nadie se podía imaginar y el muchacho tenía tal facilidad con ellos, que el joven vikingo podía hasta volar sobre el lomo de su nightfury, Toothless, un tipo de dragón considerado terriblemente mortal y misterioso. Aunque en manos de Hiccup actuaba más como un gato sobre excedido de peso.
Stoick quería realmente reconciliar la terrible situación que provocó por años con su hijo, por lo que hacía lo posible en consentirle tal capricho (algo que nunca había hecho en su vida como padre). Además, el no tan complejo razonamiento de Stoick, mientras Hiccup fuera feliz, Honey era feliz.
Honey Haddock era la primogénita de Stoick y la hermana gemela de Hiccup, igual de menuda, unos centímetros más escasa de estatura, pero con una personalidad mucho más áspera. Algo que heredó de padre. Después de los sucesos de la batalla contra la muerte roja, la relación de padre e hija se encontraba mucho más frágil que nunca. Honey actuaba seca y arisca con su padre y le dejaba en claro cada vez que podía, que él no había recuperado su confianza. Ese era un golpe duro para el fuerte y recio guerrero como Stoick, quien había perdido a su esposa en una fatídica noche y el único recuerdo que le quedaba de ella eran los gemelos que ésta le había dado.
Así que Stoick permitía que los dragones se quedaran para hacer feliz a Hiccup, y hacer feliz a Hiccup, era hacer feliz a Honey. Uno podía decir que no resultaba tan complicado, pero con lo problemático que eran aquellas bestias, no se podía estar tan seguro. Pronto Stoick se vio entre la espada y la pared al querer consentir los deseos de sus hijos y atender las quejas de su gente, especialmente las de un viejo malhumorado como Mildew.
–Ya no sé qué hacer al respecto –se quejo el fuerte y recio vikingo con su mejor amigo, en la privacidad de su hogar –, lo que no se comen lo dragones, lo destruyen. Y el inverno esta a la vuelta de la esquina, sino podemos juntar la suficiente comida, no sobreviviremos los largos meses de frio.
–Sabes que sería perfecto –comentó Gobber sirviéndose una tazón de la sopa de pescado que se mantenía caliente bajo el fogón. Honey la preparado aquella misma mañana –, que los dragones dejaran de comerse nuestra comida.
Stoick le lanzó a su amigo una mirada ceñuda ante su pésimo consejo.
Pero Gobber también tenía razones para encontrarse un poco estresado con el final de la guerra. Aquel hombre manco y cojo, hacía mucho había abandonado la lucha para dedicarse a la herrería, especialmente de armas mortales. Pero eso también significaba: sin guerra, no armas.
Claro, eran vikingos y nunca tenían suficiente espadas, dagas o escudos en sus hogares. Pero estas no se perdían o dañaban tan fácilmente como en años anteriores. El trabajo del viejo guerrero decayó mucho en los pocos meses de paz, tanto que Gobber ya no hallaba que hacer consigo mismo.
–Tal vez si usamos señales –sugirió Stoick masajeándose la sienes ante el pesado dolor de cabeza que lo estaba aquejado.
–Señales ¿para dragones?
–No. Para la gente.
–Señales ¿para vikingos?
Stoick estaba empezando a perder las esperanzas cuando una solución le llegó de una fuente inesperada. Resultaba que Hiccup había estado escuchando aquella conversación, y en compañía de su nightfury, se ofreció amablemente para hacerse cargo de los dragones de Berk. En un principio el barbón jefe tuvo sus dudas ante tal plan, su hijo era tan solo un muchacho de casi trece años y había como cientos de dragones sobrevolando la isla, era una tarea casa imposible, en especial para alguien quien aún estaba algo lejos de ser un hombre.
Pero Hiccup se merecía el beneficio de la duda, en especial después de todo lo que había hecho el muchacho y su… peculiaridad. Aún no sabían cómo llamarla, pero los miembros de la familia Haddock estaban convencidos de que Hiccup fue bendecido con una habilidad especial de los dioses para entender a los dragones. Resultaba común en la cultura vikinga encontrar gente con aptitudes especiales otorgadas desde el nacimiento por los dioses. Nunca había escuchado que tal cosa como la que Hiccup podía hacer fuera posible, pero era inútil negarla. Stoick siempre supo que sus hijos eran especiales (ya que había otras cosas aún más extrañas en su hija) y aunque por mucho tiempo prefirió ocultarlo, finalmente lo admitía. Tal vez no a gritos, pero había muchas cosas que aún no sabía sobre sus hijos, y admitirlo era el primer paso para crecer.
Así que ¿Por qué no? Podía dejar que Hiccup se hiciera cargo ¿Qué era lo peor que podía pasar? Además, tenía otras cosas o personas por las cual preocuparse, por ejemplo: ¿qué iban a hacer con el viejo Gobber? Su actitud y estado de ánimo ante su carencia de trabajo y labores lo volvieron precisamente un individuo malhumorado, y si existía algo peor que un malhumorado, era un vikingo malhumorado. Pero increíblemente, Hiccup presentó otra solución para tal problema.
–Sabes, papá ¿qué es mejor que un solo jefe a cargo? –comentó el chico tratando se carismático y fallando rotundamente –. Dos como tú en el puesto.
–¿Acaso es un chiste sobre mi peso? –preguntó el padre endureciendo la mirada que le dirigió a su muchacho.
La idea de Hiccup consistía en dividir y conquistar, el ya por sí pesado trabajo de Stoick en dos partes y dejar que Gobber se hiciera cargo de la mitad de ellas. En un principio parecía la solución perfecta ante las constantes tareas, labores y responsabilidades de un jefe vikingo en una pequeña pero demandante aldea poblada con los más necios y conflictivos habitantes. Pero las cosas no resultaron exactamente como se la imaginó Stoick al principio, ya que el juicio de su mejor amigo parecía no ser el perfecto (claro, después de años constantes de golpes en la cabeza) para ciertas situaciones que enfrentaban los habitantes de Berk.
Para antes que cayera el sol de aquel día, Gobber había bautizado con el nombre Magnus a la recién nacida de la señora Larson, destruido un nuevo navío antes de zarpara al océano en su primer viaje e iniciado más peleas de las que debía terminar. Ese fue el primer strike para las ideas de Hiccup.
El segundo lo vivió en carne propia el muchacho pecoso, ya que no se plateó la magnitud que implicaba poner en raya a todos los dragones de Berk él solo (incluso, con la ayuda de su fiel Toothless), para cuando la noche cayó y Hiccup regresó a su hogar con el cabello medio chamuscado, apestando a pescado y mucho más molido que un pedazo de carne.
–¿Tan mal fue tu día? – le preguntó su hermana gemela al verlo desplomarse sobre su cama como un cadáver tieso.
–Fue horrible –contestó Hiccup cubriéndose el rostro con los brazos, mientras Toothless fue directo a la roca que le servía de cama al otro lado del cuarto. También para el dragón negro como la noche había sido un día bastante agotador –. Creo que veré ovejas en llamas en mis sueños.
–Vaya, eso sí es algo drástico –comentó Honey desde su puesto junto al escritorio que yacía en una orilla de la habitación que compartía con su hermano. Sobre la superficie de madrera yacía una gran cantidad de pergaminos con anotaciones y recetas. Desde la gran demostración de habilidades curanderas y conocimientos que dio Honey después de la bata en la isla de los dragones, Gothi se había vuelto sumamente exigente con su aprendiz, tratando de descubrir los límites de las capacidades de la muchacha. Tanto trabajo había mantenido a la gemela algo separada de su hermano, dragón y sus nuevos amigos. Incluso se perdió la tarde de vuelo del día anterior.
–Todo me duele –continuó Hiccup enderezándose para retirarse la pata de palo prostética que iba unida al muñón de su pierna –. Incluso esto.
–Déjame ver –dijo la gemela pecosa levantándose de su asiento y caminado hasta la cama de su hermano. Sin siquiera pedirle permiso, tomó la rodilla de Hiccup y alzó su pierna en el aire a la altura suficiente para ver las condiciones de su muñón.
Se había vuelto una rutina de todas las noches. Honey generalmente revisaba como seguía la herida principal de su hermano, que inútilmente intentaba esconder porque en la mayor parte del tiempo, no realizaba los cuidados adecuados que ella le sugería.
Honey soltó un bufido en resignación cuando comprobó precisamente que la pierna incompleta de su gemelo se encontraba inflamada y de color rojiza. Se mordió la lengua en aquella ocasión, ya que estaba un poco cansada para soltar un sermón a los oídos sordos de su hermano. Pero el muchacho pagaría caro su descuido, ya que esa era la razón por la que en las tranquilas horas de la noche, Hiccup no podía conciliar el sueño ante el punzante dolor.
Sin esperar alguna petición de ayuda por parte de su hermano, Honey se dispuso a curar el muñón irritado con varios ungüentos y con un relajante masaje.
–G-gracias –masculló Hiccup desplomando su espalda de nuevo en su cama ante el reconfortante alivio.
–Cállate –le ordenó Honey vendando nuevamente la pierna incompleta de su hermano, y en el momento más justo, porque unos segundos después, pudieron escuchar claramente como una voz en el piso inferior de su casa llamaba al muchacho.
–¡Hiccup!
–¡Es Astrid! –soltó el joven castaño alarmado haciendo a su hermana a un lado para ponerse de nuevo su prótesis y erguirse de su lecho. Ante la mirada refunfuñona de Honey dio un rápido acicalamiento a sus ropas –. ¿Cómo me veo?
Honey solo encogió los hombros en desinterés.
–Gracias, por el apoyo –dijo con sarcasmo antes de volverse con su dragón –. ¿Toothless? –pero la bestia de ébano solo alzó su cabeza de sus patas y le dirigió una mirada abatida –. Lo que me faltaba, lastima de dragón.
–Hiccup –lo llamó nuevamente Astrid haciendo su aparición en la entrada de la habitación. Totalmente contrario a los gemelos que se encontraban abatidos por el cansancio y el arduo trabajo del día, Astrid lucía perfecta, tan fresca como una lechuga y tan preciosa como siempre ante los ojos de Hiccup. Honey detestaba eso.
–Hey Astrid. Hola Astrid. ¿Qué necesitas, Astrid?
Honey soltó un leve gruñido. Poco a poco se acostumbraba a la constante presencia de la futura doncella de batalla junto a su hermano, pero eso no significaba que compartiera la alegría de Hiccup al verla.
–En realidad creo que eres tú el que necesita ayuda –dijo la joven rubia con una mano en la cintura.
–¿Por qué dices eso?
–Porque te vimos correr como un demente por toda la aldea –explicó Astrid retirando un poco de ceniza que seguía incrustada en el chaleco de piel de oso de Hiccup. Y cuando se refería a “te vimos” quería decir al resto de los muchachos de su generación, quienes en su mayoría se destornillaron de la risa al ver al joven pecoso prenderse en llamas, caerse por el barranco y recibir una descarga de heces de dragón en la cabeza –. Es sorprendente que aún puedas mantenerte en pie.
Hiccup imitó a Honey, y soltó un gruñido antes de desplomarse en la cama. Nada estaba resultado como se lo imaginaba. Desde el éxito y su reputación de héroe en su batalla contra la Red Death, Hiccup esperaba que su asenso a la gloria continuara y en esa ocasión fuera por sus verdaderos meritos. Pero desagradablemente descubrió que seguía siendo el mismo chico desafortunado de siempre, que quedaba en ridículo frente a la joven de sus sueños, la única diferencia era el increíble nightfury que dormía junto a su cama.
¿Qué más podía salirle mal?
Y como una broma cruel de los dioses o una invocación maligna de Loki, el llamado de su padre retumbó en su casa.
–¡HICCUP!
Stoick realmente quería tener esperanzas en su muchacho y confiar en sus ideas, pero en realidad resultaba una tarea muy difícil cuando la aldea parecía una zona de guerra y su jaqueca estaba empeorando ante las malas decisiones que Gobber realizó bajo su nuevo cargo.
–Sabes papá, todo esto es solo la fase uno de mi plan maestro –le informó Hiccup nervioso tratando de calmarlo.
–¿A si?
–Yeah. Solo necesito un par de días para ponerlo en acción.
Los ojos de Stoick brincaron de la cara nerviosa de su muchacho hacia las dos chicas sentadas en la cama de éste. Astrid solo negaba con la cabeza lentamente, mientras que Honey tenía clavada sus penetrantes ojos verdes en él, expectantes por oír su respuesta y juzgarlo por ella.
–De acuerdo –aceptó el jefe volviéndose solo hacia Hiccup –. Pero solo tienes un día para encontrar la solución…. y habla con Gobber… necesita otro oficio lejos del mío –agregó con un dedo amenazador, y sin más se dio media vuelta para salir de la habitación –. Recuerda, un día –dijo de último antes de desaparecer debajo del umbral.
–Sí, un día… no necesito más –soltó el muchacho alegremente mientras su padre bajaba las escaleras al primer piso, pero una vez que quedo fuera de su vista, Hiccup se desplomó en el piso casi como si se desmayara –. Un día no será suficiente –agregó desde el suelo.
–Te das cuenta que hay un billón de dragones allá afuera y solo un “tú” –lo cuestionó Astrid arrodillándose a su lado e inclinándose hacia él.
–Lo sé –aceptó el muchacho –, es por eso que necesito la ayuda de todos.
–Y ¿Qué hay de Gobber? –le preguntó Honey arrodillándose también, pero al otro lado –. ¿Hablaras con él?
–Al carajo no.
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–Busca la ayuda de los demás, pensé –se dijo el muchacho así mismo la noche siguiente mientras yacía frente al gigantesco almacén para alimentos de la aldea, que en ese momento era saqueado por varios dragones, los de sus amigos e inclusive su amado Toothless –. Entre todos podríamos, creía.
Hiccup ocultó su rostro en sus manos esperando solamente oír el grito de su padre en el cielo nocturno, en cambio sintió una mano ligera y decrepita como la de la muerte posarse sobre su hombro.
–Tal vez fue una terea descomunal para un niño ¿eh? –le dijo Mildew como una serpiente al oído.
Aquel desagradable anciano, terco y ermitaño, tomaba demasiado en serio su labor de sabio guardián de las viejas costumbre (tarea de los mayores de la tercera edad) y desde un principio se opuso rotundamente en la presencia de los dragones en la isla, y que mas, la paz con ellos también. Ante aquel saco de huesos demacrado, los vikingos existía solo para pelear con los dragones y viceversa, así era como los dioses lo querían. Pero Mildew le faltaba algunos tornillos en la cabeza, por lo cual sus amenazas e infundías eran rara vez escuchadas por los habitantes de Berk; por desgracias, los actos destructivos de los dragones, le daban peso a sus palabras.
–¡HICCUP!
Y sobre el grito en el cielo…
–¿Qué es todo esto? ¿Qué sucedió? ¿No que tendrías a los dragones controlados?
Hiccup tenía que darle el crédito a su padre, a pesar de lo furioso que se veía por la vena saltona en sus sienes, estaba actuando bastante moderado para no humillarlo frente a toda la aldea. Esos tiempos ya había quedado atrás.
Inconscientemente, el muchacho pecoso pasó la vista sobre su hombro en dirección de su grupo de amigos y hermana gemela que yacía frente el almacén vacío, solo para encontrarlos desviando la mirada. Hasta los dragones fingieron inocencia.
Vaya, amigos que tenía.
–Papá, sobre eso…
–No, Hiccup –lo interrumpió Stoick elevando levemente la voz. El fuerte guerrero se llevó una mano a la frente en lo que una profunda respiración lo tranquilizaba –. Es suficiente ¿Cómo esperas poder controlar a todos los dragones, cuando no puedes ni siquiera con el tuyo? Esto se acabo, Hiccup.
–Pero papá…
–No. Lo intentaste y no funcionó. Mañana habrá una reunión con el consejo de Berk y decidiremos que se hará con el problema de los dragones definitivamente. Esto ya está fuera de mis manos.
–¿Acaso no eres tú el jefe de Berk? –atajó Honey con mordacidad, pero increíblemente con tono moderado que la gente alrededor de ellos no pudo escucharla –. ¿No tomas tú las decisiones?
–Sí –dijo Stoick clavando una mirada profunda en su hija en un intento de reprimirla –. Pero las necesidades de Berk están primero… su voz esta primero. Todos en ésta isla tienen su lugar de importancia, hasta tú, Honey. Y sobre todo, los dragones –y con una fulminante mirada que sacó un puchero de su hija, se dio media vuelta sacudiendo orgullosamente su capa de piel de oso detrás de él –. ¡Y habla de una vez con Gobber!
Y strike tres. Estaban ponchados.
Chapter 45: El Boneknapper
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El Boneknapper
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–Muchas gracias de nuevo al dejarme a mi suerte –comentó Hiccup con sarcasmo mientras caminaba por uno de los senderos de la aldea que conducían a la vieja herrería de Gobber. Sus amigos, machaban a sus lados después de cumplir el mandato de del jefe Stoick y encerrar de nuevo a todos los dragones en las jaulas de la arena.
–Hey, para eso están los amigos –contestó Tuffnut con orgullo lanzándole a Hiccup un guiño y una sonrisa.
El gemelo pecoso solo pudo responder a eso con un leve gruñido en frustración. Estaba cansado, fastidiado y molesto por como habían resultado las cosas. No importaba cuanto se habían esforzado para mantener a los dragones fuera de problemas por un día, las cosas se complicaron más de lo que se imaginó. Ahora temía seriamente que iba a decidir su padre y resto de los miembros del consejo de Berk sobre el destino de sus nuevos amigos escamoso, y peor aún, le habían ordenado encerrar a Toothless una de las horribles jaulas de la arena hasta que se anunciara la decisión. Los suplicantes ojos verdes del nightfury detrás de las rejas se le quedaron gravados en su memoria.
Hiccup temía lo peor y no estaba seguro que pasaría si perdiera a su querido Toothless. El dragón lo necesitaba quizás tanto como Hiccup a él.
–Esto es una mierda –soltó Astrid pateando una piedra que rodó sendero abajo por el impulso –. Ya me había acostumbrado que Stormfly fuera lo primero que viera todas las mañanas.
–¿Qué vamos hacer? –preguntó Fishlegs nervoso frotando sus nudillos –. ¿Qué pasara si no les permiten quedarse en la isla?
–Aún no sabemos eso Fishlegs –comentó Honey tratando de tranquilizarlo aunque la gemela no estaba completamente segura de ello.
–No puedo vivir sin mi Meatlug –continuó el joven regordete cada vez más nervioso –. ¿Quién va a levantarme todas las mañanas lamiéndome dulcemente los pies? –agregó sin pensar muchos en sus palabras y obteniendo alguna miradas perturbadas de sus amigos.
–Tuffnut se ofrece –dijo rápidamente Ruffnut con malicia.
–Como sea –añadió su hermano sin mucho entusiasmo –. ¿A qué hora debo estar ahí?
–¡Quieren callarse de una vez! –explotó repentinamente Snotlout posándose frente al grupo de amigos e interrumpiendo su marcha –. ¡Solo escuchen las pendejadas que están diciendo! ¡Son solo un montón de dragones, no es como si no pudiéramos vivir sin ellos! ¡Solíamos matarlos por el amor de Thor! ¡No son tan importantes! No vamos a ser infelices por el resto de nuestras vidas simplemente porque no veamos nuevamente sus ojos amarillentos todos los días, sentir sus pieles escamosas calentándonos ante la fría briza, o cuando nos provocaban hemorragias internas al modernos jugando y… y… –mientras más avanzaba su discurso, la voz de Snotlout se fue quebrando, sus brazos cayeron a sus costados y en sus parpados comenzaron a acumularse algunas lagrimas.
–Por Asgar, Snotlout ¿estás llorando?
–¡No! –bramó éste tratando de mostrarse fuerte aunque estaba al borde de las lagrimas –. ¡Solo me entró algo en el ojo!
–Como sea –retomando el tema Astrid –, esto no depende de nosotros. El jefe Stoick y el consejo solo buscan lo mejor para aldea y si eso significa no más dragones, entonces… –pero ni siquiera ella pudo terminar su propia oración.
Cada uno de los chicos perdió su mirada en sus botas lanudas imaginándose la terrible posibilidad de perder a sus dragones para siempre. En tan poco tiempo cada uno de ellos habían desarrollado un cariño en particular por sus amigos escupe fuego, y en el caso de los gemelos Haddock que trataron más de una vez con cada uno de ellos, se encontraban no solo angustiados por su dragón de ébano, sino por todos por igual.
–Bueno, hay que ver el lado positivo –comentó Hiccup derrotado encogiendo los hombros –, al menos nada malo va a pasar esta noche con los dragones encerrados.
Pero los dioses y el destino tenían otros planes, ya que justo cuando el joven pecoso terminó su oración una gran explosión se hizo retumbar por la aldea, acompañada por una bola de fuego que se extendió hacia la oscuridad del cielo nocturno. Los chicos se volvieron estupefactos hacia el sitio de la explosión para descubrir que el origen de las llamaradas era precisamente de la herrería de Gobber.
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–¡Traigan más aguas! –gritó Stoick a todo pulmón a su gente que hacían lo posible de apagar las llamas intensas de la herrería –. ¡Necesitamos más agua rápido! –rugió nuevamente mientras lanzaba el contenido de un balde hacia la entrada de la choza sin obtener casi ningún resultado.
Stoick gruñó para sí. No estaba seguro si Gobber se encontraba a adentro o si estaba a salvo, pero las llamas eran muy intensas para entrar. Era como si el gigante Logi se hubiera apropiado de aquella estructura y tuviera la intención de hacerla cenizas.
–¡¿Dónde está el agua?! –bramó casi desgarrándose la garganta ante la preocupación y la impotencia que sentía ante el poderoso fuego que le ganaba más terreno. A sus lados, sus leales guerreros y compatriotas Hooligan solo le dirigían miradas preocupadas mientras realizaban su mejor esfuerzo para contener las llamas. Pero el proceso era muy lento.
El gran jefe barbón estaba por lazarse a través de la entrada incinerada ante la desesperación, cuando una potente descarga de agua cayó del cielo directo sobre la herrería.
¡¿Lo dioses le enviaban un regalo del cielo, lluvia mágica de Freyr?!
–¡Vamos muchachos! ¡Aún se necesita más agua! –escuchó la voz de Hiccup sobre su cabeza y descubrió la siluetas delineados contra el cielo nocturno de los dragones montados por los jóvenes, revoloteando sobre la herrería.
Uno tras otro, los dragones fueron soltando grandes cantidades de agua y arena que fácilmente lograban cargar desde el mismo mar en sacos, carretas o barriles. Ante la estupefacción de Stoick y el resto de los aldeanos, el fuego fue contenido en un par de minutos con la ayuda de los dragones y sus jinetes.
El jefe no podía creer lo que veía sus ojos, esas criaturas que siempre creyó que existían solo con la intención de destruir, estaban salvando su aldea, a su gente y su mejor amigo. Todo gracias a Hiccup y sus amigos.
–¡Hiccup! –rugió Stoick marchando hacia su muchacho una vez que Toothless tocó tierra –. ¡Honey!
–Hey, papá antes de que digas… – se apresuró a decir el muchacho levantando sus manos pidiendo paciencia a la masa de músculos y vello facial que era su padre –. Sé que dijiste que querías a los dragones encerados en la arena, pero…
–Vimos el fuego y fue lo primero que se nos ocurrió –soltó Honey mordazmente sentada detrás de su hermano en el lomo del nightfury.
–Así que antes que te enojes…
–No estoy enojado.
–… y vuelvas a desheredarme por desobedecer, debes de tener en cuenta que… ¡Espera! ¿Qué dijiste?
–Hiciste bien, hijo –admitió Stoick con una sonrisa posando su enorme mano en el hombro del muchacho. Hiccup no pudo evitar sonreír a pesar de la estupefacción. Honey literalmente se quedo con la boca abierta.
–Maldita criatura del helhiem, no te será tan fácil desacerté de mí ¿eh? –pero unos gruñidos característicos del viejo y manco guerrero interrumpió el lindo momento entre padre y sus hijos. Tanto los Haddock, como el resto de la aldea se volvió justo en el momento en que Gobber salía de la su humeante herrería, empujando una carreta con sus más valiosas posesiones y su querido Phill la oveja –. ¡Demonio de huesos! ¡¿Me oíste, dragón?! –repitió dirigiéndose al cielo.
–¿Qué? –soltó Hiccup mientras desmontaba a Toothless, quien también soltó un débil gruñido ante la acusación del herrero –. ¿No creerá que fue uno de nuestros dragones? ¿Verdad? –agregó nervioso lanzándole una mirada furtiva a su padre.
–Todos estaban en sus jaulas cuando corrimos de regreso a la arena –comentó Honey como la voz de la razón –. No pudieron ser…
–No se refiere a uno de los suyos –explicó Stoick con fastidio pero calmado, confundiendo terriblemente a sus hijos.
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Según las palabras de Stoick, Gobber tenía una vieja rivalidad con una especie de dragón mitológico llamado el Boneknapper. Ser documentado en el manual de dragones, pero considerado un mito al no ser avistado por ningún vikingo durante décadas.
–E igualmente se desconocía al nightfury, pero nunca nadie creyó que no fuera real –puntualizó Honey denotando la falta de lógica en la que a veces caía la sociedad vikinga.
Regresando a Gobber, desde su juventud, el guerrero aseguraba ser constantemente asediado por ese “imaginario” dragón que buscaba su perdición de la manera más dolorosa, y por alguna extraña razón, también sus pantalones. El herrero se lo atribuí a su buen gusto. Pero después de constante años de escuchar sus tonterías acerca de esta mítica criatura, Stoick le había ordenado a Gobber no volver a mencionar de nuevo al Boneknapper hacía diez años atrás; y había cumplido excelentemente, hasta esa noche en particular en que el dragón descubrió donde había estado todo ese tiempo, y lo casaría hasta su muerte o descubriera algo mejor que hacer su vida, lo que sucediera primero.
–No lo sé papá, Gobber parece muy seguro de ser perseguido por un Boneknapper –comentó Hiccup a su padre la mañana siguiente en su hogar–, tal vez si hablaras con él al respecto y también de una vez mencionaras que ya no deseas que realice tus labores de jefe, y así me evitas el tener que…
–Buen intento, Hiccup –lo detuvo Stoick provocando un puchero en su muchacho –. Pero es una buena idea sacar de nuevo el tema del Boneknapper con Gobber. Cuando hables con él sobre su falta de oficio, podrías comentarle algo al respecto de sus fantasías de persecución.
Hiccup soltó un resoplido en resignación.
–Bien hecho genio –se burló Honey a su lado dándole un leve codazo en las costillas.
–Y que Honey te ayude –soltó de improvisto Stoick antes de beberse las últimas gotas de hidromiel de su tarro.
–Arggg, no es justo –gruñó Honey dando unas patadas contra el suelo –. Tengo mejores cosas que hacer que sacar a un viejo vikingo de su estado demente.
–Y es por eso, que entre más pronto empiecen más pronto terminaran –les dijo su padre con tono burlón antes de marchar directo a la puerta de su hogar –. Hablamos más de esto en la noche –agregó asomando su cabeza por la puerta antes de marcharse –, ahora tengo una reunión importante con el consejo a la que no debo faltar –añadió de ultimo antes de desaparecer de la vista de sus hijos.
A claro, la reunión sobre el destino de los dragones de la isla. Hiccup no había olvidado como los miembros más imperantes de las casas de Berk se reunirían para decidir el destino de su mejor amigo, que continuaba encerrado en una de las jaulas de la arena. Nada de qué preocuparse.
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–¡Gobber! –lo llamó el gemelo pecoso al entrar junto con Honey en las ruinas que continuaban de pie de la casi calcinada herrería –. ¡¿Gobber estás aquí?!
–¡Necesitamos hablar contigo! –añadió Honey mientras hacía a un lado un pedazo de tela raido que colgaba del techo.
–¡¿Sobre qué?! –bramó de la nada el viejo guerrero saliendo detrás de un mostrador, sujetando en su mano una ballesta.
Hiccup y Honey soltaron un grito de pavor en lo que dieron un brinco hacia atrás , mientras se abrazaban el uno al otro.
–¡Quieres por favor, no hacer eso! –le reprochó Hiccup a su mentor una vez que recuperó la respiración del tremendo susto.
–Perdón –dijo guerrero sin interés mientras examinaba con cuidado la ballesta en sus manos –, pero no quiero estar a plena vista hasta que tenga todo preparado para cuando ese saco de huesos aparezca.
–Es curioso que menciones al Boneknapper –comentó Hiccup rascándose la nuca –, porque precisamente es uno de los tópicos de los que tenemos que hablar contigo.
–Pero primero, puedes bajar la ballesta por favor –le indicó Honey sin quitar la vista de la afilada punta de la flecha que sobresalía del arma.
Gobber le lanzó una mirada recelosa a los jóvenes hermanos mientras estos le informaron con una gran gama de palabras, de las cuales solo llegó entender la mitad de ellas, que no solo la idea de que era cazado por un Boneknapper era ridícula, sino también que era relegado de las tareas asignadas por Stoick.
–Ahora entiendo porque pediste que bajara la ballesta –dijo el guerrero resignado, marchando a través de los gemelos hasta su carreta donde tenía varias de sus más finas armas recatadas del incendio y su oveja mascota Phil –, pero está bien, tengo un proyecto nuevo en que ocuparme.
–¿Proyecto nuevo? ¡Eso es estupendo, Gobber! –soltó Hiccup con alegría –. Es bueno que te mantengas nuevos… intereses.
–Y dejes esa tontería de ser cazado por un dragón imaginario –agregó Honey caminado junto con su hermano detrás del herrero.
–Claro que no soy cazado por un dragón –soltó Gobber con una risita irónica que provocó escalofríos en los gemelos Haddock –. Yo voy a cazarlo a él… o mejor dicho… vamos a cazarlo a él –agregó de ultimo posando su mano y garfio en los hombro de los chicos, y dirigiéndoles una mirada que los hizo estremecer.
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El plan de Gobber de buscar y cazar al Boneknapper no solo incluía a Hiccup y a Honey, sino a todos los chicos de su generación. Según Gobber, la presencia de los dragones había generado un efecto negativo en los muchachos y se volvieron dependientes de ellos. Así que con la gran posibilidad de que estos fueran expulsados de la isla, el herrero y viejo guerrero vía prioritario que los las nuevas generaciones de vikingos retomaran el adecuado entrenamiento de guerreros y navegantes.
Si más que decir, Gobber subió a los siete muchachos a un bote de remos para la lección número uno en alta mar: la casería de una bestia peligrosa.
O imaginaría…
Resultaba que Gobber tenía un gran surtido de historias y anécdotas de su vida, y de su rivalidad con el Boneknapper, por desgracia cada una resultaba mucho más inverosímil que la anterior. Hiccup comenzaba seriamente a cuestionarse de las facultadas mentales de su mentor, pero al mismo tiempo trataba de mostrar la calma para no alertar a sus amigos y no decepcionar a Gobber en algo que le entusiasmaba.
Por su parte, los demás chicos pensaban rotundamente que el herrero había perdido la chaveta. Honey en cambio teorizaba sobre efectos de la edad.
–Solo mira a Mildew –comentó ella en voz baja mientras golpeaba un par de tambores para guiar a los demás chicos en el orden de los remos –, con el paso de los años cada vez sus teorías se volvieron más descabelladas que ahora nadie lo toma en serio.
–Menos palabras y más “remen” –soltó Gobber sin importarle que hablaran a sus espaldas.
Pero las cosas estuvieron lejos de mejoras cuando su bote encalló en una escapada junto a una pequeña costa cerca de los límites con la isla de los dragones.
–Tal vez después de todo Gobber tenga razón en algo –puntualizó Astrid mientras los siete chicos veían su pequeño barco hundieres con tristeza – y de verdad necesitemos continuar el entrenamiento.
–Todo es culpa de Fishlegs –soltó Snotlout lanzando los brazos en el aire –, el peor navegante en la historia.
–Ahora estamos atrapados en esta estúpida isla, sin dragones y sin manera de escapar –agregó Ruffnut llevando sus manos a la cintura.
–Gracias Fishlegs, no has matado a todos –dijo Tuffnut con decepción clavando sus ojos en el rubio regordete.
–Pero… ¿Qué podía hacer? –comentó todo nervioso –. Es muy temprano para que haya estrellas en el cielo.
–Escusas, escusas –añadió Tuff negando con su dedo índice.
–Chicos, chicos. No es momento en que caigamos en pánico –interrumpió Hiccup tratando de tranquilizar la situación –. Además no estamos perdidos y solos, tenemos a Gobber con nosotros.
–Muy bien –dijo justamente el herrero con su mano y garfio en sus caderas volviéndose al grupo de chicos desesperanzados –. ¿Quién quiere ser carnada de dragón?
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Las pocas esperanzas que pudo haber tenido Hiccup en la cordura de su mentor murieron los minutos siguientes cuando insistió en construir una trampa gigante para el Boneknapper imaginario, usando al pobre y suculento Fishlegs de carnada. Pero uno momentos después tuvo que tragarse sus propias palabras cuando la mítica y no existente criaturas apareció ante ellos con la intención de calcinarlos.
–¡Es a Gobber al que quiere! –gruñó Snotlout oculto junto con los demás detrás de las costillas de algún animal gigante y desafortunado –. ¡¿Por qué no se lo entregamos?!
Mientras sus amigos eran tentados a la traición por el pánico, Hiccup clavó su vista en aquella gigantesca bestia. El Boneknapper era mucho más grande que cualquiera de los dragones que solían habitar en Berk, y como lo había informado Fishlegs, su cuerpo estaba recubierto por una armadura de huesos de otras animales y dragones con los cuales protegía su delicada piel. El Boneknapper tenía una imponente mandíbula con la que intentaba destruir su pequeño refugio y el fuego que escupía era tan intenso que los hacía sudar terriblemente cuando calcinaba su el escondite.
Pero había curioso algo en ese dragón y era que no producía ningún sonido, gruñido o rugido. Era tan extraño, especialmente cuando el manual de dragones lo describía su alarido como un llamado a los muertos. Tal vez después de todo, Gobber tenía razón de sus sospechas de paranoia y ese dragón era sumamente peculiar, tanto para perseguirlo casi toda una vida desde aquel día en que Gobber robó el tesoro de unos cuantos vikingos congelados.
–El tesoro –murmuró Hiccup para sí mientras apretaba su rostro contra uno de los huesos que los cubría de las llamaradas; detrás de él, Honey lo usaba de escudo humano –. ¡El tesoro! –repitió comprendiendo el extraño comportamiento del Boneknapper, quien parecía más desesperado por encontrar algo que por comérselos.
Tan solo tenían que regresarle su tesoro y tal vez los dejaría en paz. Pero era más fácil decirlo que hacerlo, ya que Gobber se negó rotundamente a esto. Al final no le quedo más alternativa cuando el Boneknapper lo atrapó de su pata de palo y lo sacudió en el aire como una muñeca de trapo hasta que le entregó lo que buscaba.
Hiccup tuvo razón en su corazonada, el dragón necesitaba ese último pedazo de su coraza que resultaba ser el tesoro y la hebilla de los pantalones de Gobber; para sí recuperar su rugido, uno muy poderoso que los hizo estremecer. Pero solo el bramido de aquella bestia era lo único intimidante en ésta, ya que una vez que recuperó su tesoro perdido, se comportó ante ellos como un cachorro mimado deseoso de complacer.
–Bueno –dijo el muchacho frotando levemente la coraza del Boneknapper junto con sus amigos y Gobber –, creo que ya tenemos manera de volver a Berk.
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Hiccup aprendió algo sumamente importante aquella mañana y no solo que no debía subestimar las historias de Gobber, sino que también no había nada impulsivo en el comportamiento de los dragones, siempre actuaban por una razón y motivo. Resultaba que la urgencia del Boneknapper por su hueso faltante, se debía a que su rugido era también su llamado peculiar para el apareamiento. Una de las razones por las que los chicos y el herrero tuvieron que abandonar rápido su nuevo medio de transporte antes de terminar aplastados en el acto… de amor de aquellas bestias. Lo cual fue bastante educativo.
–Entonces es así como llegan los bebes al mundo –comentó Snotlout pasmado y con los ojos casi desorbitados una vez que pisaron seguros las costas de Berk –. Mi vida ya no será la misma.
Los demás muchacho asintieron con las mejillas levemente sonrojadas.
El joven moreno comenzó a marchar en silencio en dirección a su hogar arrastrando los pies, pero Hiccup lo retuvo sujetándolo del codo.
–No tan rápido –dijo el chico captando la mirada de todos sus amigos –. Antes tenemos cosas muy importantes que hacer.
–¿Cómo qué? –soltó Tuff encogiendo los hombros.
–Dejar que los dragones actúen como dragones –comentó el muchacho con una sonrisa picara que desconcertó a sus amigos.
Después de lo aprendido con el Boneknapper, Hiccup se dio cuenta que había muy buenas cualidades de los dragones que se podían utilizar en beneficio, ya que todo lo que hacían esas bestias era con un motivo. Sí el fuego incandescente de los nadder era el más intenso para derretir las armas de los guerreros, sería excelente para ayudar a encender la forja. Los monstrous nightmare comían principalmente pescado, lo cual los convertía en excelentes pescadores; lo gronckles se alimentaban principalmente de roca, por lo que sus desechos eran un excelente fertilizante. El fuego de los dragones podrían ayudar a mantener las antorchas encendida durante la noche, y los pequeños podían ser usados como vigías cerca de las costas; los dragones de la clase sharp podían acelerar el proceso de recolección de madera y más así.
Pronto Hiccup y los demás chicos utilizaron a sus dragones, yendo en contra de la orden inicial de su padre, para ayudar en Berk a mejorar los problemas que un principio, los habitantes se habían quejado que los dragones provocaban.
Aún así Hiccup sabía que su jugada era arriesgada, ya que claramente estaba desobedeciendo una orden directa de su padre y desafiando su autoridad de jefe. Por lo cual no fue sorpresa que la mañana siguiente el jefe Stoick acompañado por cada uno de los padres de los muchachos y los miembros del consejo de Berk, reunieron a los jóvenes rebeldes en la arena con sus dragones para informales su decisión final ante el asunto de los dragones.
–Primero debo decirles que en nombre de todos aquí presente –empezó Stoick indicando con su mano a Bertha la madre de Astrid, Spitelout y Freda, los padres Fishlegs, los señores Thorston –, que estamos increíblemente decepcionados de sus falta de obediencia y su capacidad para seguir órdenes. Se les indicó que los dragones debían permanecer en sus jaulas hasta que el consejo decidiera que hacer con ellos y no solo una, sino dos veces desobedecieron totalmente esa orden.
–Antes que nada, papá –comentó Hiccup valientemente (aunque deseaba no serlo) –, debes saber que todo esto fue mi idea. Yo soy el que se merece el castigo, no ellos –agregó indicando a su hermana y amigos detrás de él.
La mayoría de ellos permanecieron en silencio cada uno con sus ojos clavados en sus respectivos padres. Solo los gemelos Thorston asentían con la cabeza esperando salvarse del castigo.
–En mi época no se permitía tal insubordinación, Stoick –soltó Mildew desde la reja alta de la arena, rodeado por una multitud de espectadores que volvían tal regaño aún más humillante –, y mucho menos de los más jóvenes. Ya los habrían azotados por sus crímenes.
–¿Acaso Mildew le estás diciendo a tu jefe como castigar a sus hijos? –lo frenó Stoick en seco con voz cortante y fulminándolo con la mirada.
El viejo solo tartamudeó algunas palabras incompresibles antes de perder su mirada en algún punto inespecífico.
–Sus actos no son crímenes tal cuales, pero sí de desobediencia. Y si Hiccup, estoy consciente que todo esto fue tu idea, pero nadie obligó a los demás a seguirte. Les corresponda a cada uno de los padres decidir el castigo adecuado ante tal falta.
Todos los chicos no pudieron evitar soltar un gruñido en resignación.
–Ahora, en cuanto a los dragones –Stoick no perdió el tiempo, con las manos en su ancha cintura dio un paso adelante –; hablando muy seriamente con el consejo sobre le comportamiento que han tenido los dragones en los reciente días y su insistencia en entrenarlos como mascotas –continuó con un tono aún más dramático causando grave ansiedad en los chicos que lo escuchaban –, el consejo y yo llegamos a la decisión de…
–¡Van a tener una academia de dragones! –soltó Gobber de repente arruinado el momento.
Chapter 46: La academia de dragones
Chapter Text
La academia de dragones
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La resolución final del consejo de Berk se debió principalmente por persuasión del jefe Stoick the Vast. El gran guerrero vikingo que había pasado la mayor parte de su vida luchando y matando dragones, se había percatado justamente la noche en que la herrería estalló en llamas que esas bestias podrían ser beneficiosos para la aldea, claro con el manejo adecuado.
Es ahí donde la idea de una academia para dragones se originó con la intención de comprender y controlar a esas bestias para el bien de la aldea. Tal vez no todos los veían así, especialmente le cascarrabias de Mildew, pero Stoick planteó a los principales miembros de cada una de las familias de Berk el potencial que había en utilizar a los dragones para el bien de la aldea. Podían ser excelentes guardianes; solo imaginarse de todo un frente de batalla con feroces vikingos Hooligans sobre los reptiles escupe fuego, ni siquiera los romanos se atreverían a molestarlos en su isla. También ayudarían a aumentar la recolección de madera y peces; la cacería sería mucho más sencilla, la búsqueda y las avanzadas serían mucho menos peligrosas y rápidas. Y mucho más.
Claro, que para que eso fuera posible, era necesario poder dominar esas bestia, y quienes mejor que los siete jóvenes vikingos que estaban más conectados con ellos que nadie. Especialmente Hiccup, que parecía entender su comportamiento, sería el líder de esta nueva academia. Esos siete muchachos serían la primera generación de entrenadores de dragones.
Aunque la noticia cayó de perlas para los jóvenes vikingos, quienes no solo podían quedarse con sus dragones, sino también eran premiados con respeto y una escuela (que justamente era la arena que una vez usaron para aprender a matarlos); no todo era tan bueno como imaginaron, ya que todos ellos tenían castigos pendientes que cumplir.
Hiccup, su hermana y amigos habían desafiado y desobedecido una orden directa de su jefe no una, sino dos veces, por lo cual se ganaron a pulso diferentes reprimendas de las cuales fueron responsables de efectuar cada uno de sus padres. Stoick y Spitelout que habían aprendido de su madre que no había mejor castigo que aquel que se podía sacar provecho, decidieron poner a sus hijos a realizar trabajos forzados: Hiccup y Honey ayudarían a Gobber a reconstruir su herrería y Snotlout arrearía el terreno de repollos de Mildew por un mes; y por supuesto, sin ayuda de los dragones.
En cambio la madre de Astrid y la de Fishlegs crecieron con castigos algo más limitantes, por lo que Bertha tomó toda la gran colección de hachas y cuchillos que adornaban las paredes de la habitación de Astrid y las guardó bajo llave en el sótano de su hogar. La chica tenía prohibido tocar nada filoso por tres semana, lo que generó más frustración en la rubia que no podía desquitar contra los inocentes troncos de los arboles del bosque. Mientras, Fishlegs se quedo dos semanas sin poder comer ninguno de los panes dulces por los que eran conocidos los padres del regordete muchacho; cuyo tormento fue horrible al tener que oler constantemente la preparación de los mismos en su propio hogar.
Los señores Thorston no tenían la energía, tiempo o paciencia como para vigilar el cumplimiento de castigos tan largos, por lo cual Tuffnut padre tomó el camino fácil y subió a cada uno de sus gemelos a sus rodillas y les dio una tunda en el trasero hasta dejarles ambas mejillas rojas. Si, Tuff y Ruff se habían librado del trabajo manual, pero lo pagaron sin poder caminar derechos por tres días.
Ellos fácilmente podían asegurar que todo eso valía la pena con tal de tener para siempre a sus amados dragones, pero pronto comenzaron a flaquear en su lealtad cuando retomaron el entrenamiento vikingo de Gobber, que resultaba aún más agotado y difícil sin la autorización de usar armas, poder caminar derecho o pasando hambre. Y aparte debían ocupase de llevar sus propias clases en su nueva academia, trabajar con sus dragones, realizar sus respectivas actividades (como el trabajo de asistente en la herrería de Hiccup y de curandera de Honey), así como sus castigos; tanto que los chicos terminaron molidos durante los día siguientes de la inauguración de su nueva escuela.
Cualquier momento que tuvieran para descansar o divertirse era aprovechado al máximo. Fue por ello que una fría mañana poco después de las primeras nevadas de la temporada, Hiccup y Astrid se tomaron un momento para ellos solo y realizar una carrera con sus dragones en la empinada escarpada cubierta de nieve.
El gemelo Haddock estaba un poco frustrado que la nueva perspectiva de su relación con Astrid no haya ido más allá que un par de besos en las mejillas y par fugaces en los labios; por lo cual deseaba no desaprovechar aquella oportunidad para estar junto con ella sin las burlas de sus amigos, los incómodos coqueteos de su primo y las miradas de odio de su hermana. Solo él, Astrid y sus dragones. Y todo iba de maravilla, a pesar de la actitud súper competitiva que adquiría Astrid en cualquier juego, pero pronto las cosas cambiaron cuando de repente quedaron ambos atrapados por una avalancha.
La cola de Toothless se había congelado por deslizase intensamente en la nieve, por lo cual no pudo despegar del suelo, y Astrid y Stormfly corrieron la misma suerte que el gemelo y su dragón, cuando intentaron rescatarlos. Para cuando las toneladas de fría nieve cubrieron sus cuerpos, Hiccup y Astrid se encontraron atrapados en una pequeña y terriblemente caverna congelada, que fácilmente se podía convertir en su ataúd de hielo.
Ambos chicos se maldijeron mentalmente por no haber cargado consigo los pesados abrigos de inverno. Debido a su falta de cuidado, ahora comenzaron a perder calor rápido.
–¿Hiccup? –lo llamó la chica con un leve temblor en su voz.
–¿Astrid? –contestó éste levantando sus brazos en la oscuridad de la caverna, podía escuchar a la rubia, pero no verla.
–¿Dónde estás? –la voz débil lo guió su manos entre las sombras
–Aquí.
Tanteando en el aire, Hiccup pronto encontró los fríos y delgados dedos de Astrid, y una vez que entraron en contactos, se arrastró el uno contra la otra hasta quedar fuertemente abrazados en un nudo de piernas y brazos.
–Hiccup me congelo –le confirmó Astrid apretándose contra el pecho del muchacho. Las manos de la rubia se escurrieron hasta su espalda y quedaron junto con sus brazos cubiertas por el chaleco de piel de oso del Hiccup.
–Lo sé –dijo éste recargando su barbilla sobre la cabeza de Astrid. Pronto su sentido del olfato se cubrió con el inconfundible aroma del pino y nogal –. Está helando.
–Moriremos congelados si no salimos pronto de aquí –le confirmó Astrid golpeando con su cálido aliento el cuello de Hiccup.
Ralamente les estaba resultado difícil concentrarse.
–Hay que pensar…
Pero antes de que el gemelo pecoso pudiera terminar su oración, un fuere y potente aullido se alcanzó a escuchar en el interior de la caverna a pesar de la gruesa capa de nieve sobre sus cabezas. Era un llamado intenso y largo, y había algo fantasmagórico en éste, que a los jóvenes atrapados se les erizaron los pelos de la nuca. La nieve tal vez enfriaba sus cuerpos, pero aquel aullido congelo sus corazones.
–¿Qué fue eso? –preguntó Astrid con algo de pánico en su voz.
–No tengo idea –contestó Hiccup apretando los hombros de la rubia con sus manos.
–¿Fueron los dragones? ¿Acaso Toothless…?
–No, Toothless no hace ese ruido.
Y al escuchar su nombre, el dragón de ébano soltó un leve y característico gruñido que delató su presencia en aquella prisión de nieve.
–¡Toothless! ¿Estás aquí amigo? –soltó Hiccup entusiasmado.
–¿Stormfly?
A como los jóvenes abrazados llamaban a sus dragones, estos comenzaron a soltar leves llamaradas de sus hocicos contra la bóveda nevada que los recubría. Con cada ligero disparo una ráfaga de luz iluminaba su prisión de nieve permitiéndoles apreciar a sus amados dragones junto a ellos. Con un par de llamaradas más, el nightfury y la nader consiguieron abrir un boquete donde la luz del exterior pudo entrar a la pequeña y oscura caverna.
–¡Estamos a salvo! –soltó Hiccup con alegría viendo tanto a Toothless y Stormfly usar sus largas alas para cubrirlos de la nieve que fácilmente pudo aplastarlo.
–Hiccup… mira eso… –masculló Astrid admirado el acto de sus dragones.
–Nos salvaron –dijo el muchacho –. Debe de ser un instinto de supervivencia para no quedar atrapados en la nieve.
–Eso es genial –soltó de ultimo Astrid volviendo su rostro hacia Hiccup.
Cuando las miradas de ambos se cruzaron, el acto de los dragones quedo en segundo plano. Sus rostros estaban muy cercas y sus brazos y piernas entrelazados proporcionándose calor. Hiccup pudo sentir como el tiempo se detuvo cuando quedo cautivado por los eléctricos ojos azules de Astrid y sus invitadores labios levemente rosados a pesar del frio.
El gemelo no pudo evitar robarle un beso.
Fue una sensación agradable el sentir su cálido aliento en contraste con lo frio de su piel, pero el gusto duro muy poco. En cuestión de segundos, Astrid apoyó sus dos manos en el pecho de Hiccup y lo apartó de ella de un solo empujón. El joven pecoso cayó de espaldas en la nieve en lo que la rubia se levantaba nerviosa frotándose los brazos.
–Lo siento –se apresuró a decir Hiccup completamente avergonzando y poniéndose de pie en la fría nieve –. No debí…
–No –lo tajó Astrid terriblemente sonrojada y sin atreverse a mirarlo a los ojos –. Solo… me tomaste por sorpresa… eso fue todo –le explicó ella mientras se ladeaba constantemente de un lado a otro y ocultaba parte de su rostro detrás de su flequillo.
Toothless y Stormfly miraban entretenidos el intercambio entre sus humanos.
–Bien… ¿eh? –balbuceó el muchacho sacudiéndose parte de la nieve de sus rodillas –. Creo ahora que deberíamos ver cómo salir de aquí… ¿no?
Astrid solo asintió con la cabeza.
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–¡Es tan excitante! –exclamó Fishlegs frenético retorciéndose en su propio asiento.
–¡Así es! –le aseguró Hiccup después de relatarle lo acontecido a la avalancha –. ¡Los dragones actuaron completamente por su cuenta!
–Es como si sus instintos entraran en acción –agregó Astrid compartiendo la emoción del momento. Los tres, junto con Snotlout, se encontraban en uno de los miradores de la aldea. Era un ejercicio de vigía según les había dicho Gobber, antes de abandonarlos y dejarlos por su cuenta –. Debe de ser así como logran tolerar los fríos inviernos.
–Usando sus alas para contener la nieve, mientras sus vientres guardan todo el calor –continuó Fishlegs escribiendo apuntes rápidos en un trozo de papel. Desde que había quedado inaugurada la academia, el joven regordete había decidido llevar a cabo un registro detallado de todos los descubrimientos que hicieran sobre los dragones –. Esta información es oro puro.
–Por cierto, Fishlegs ¿sabes si alguno de los dragones que vive en Berk, aúlla?
–¿Dragón aullador? No ¿Por qué preguntas?
–Es que cuando estábamos atrapados en la caverna –se apresuró a explicar Astrid –, podemos asegurar que escuchamos los aullidos de una bestia.
–Pero no era nada parecido a algo que hubiéramos escuchado antes –explicó Hiccup acompañado con movimientos de sus brazos.
–¿Tal vez eran lobos? ¿Y qué? –soltó Snotlout sin darle importancia, cruzando sus brazos sobre su cabeza.
–No parecían lobos, Snotlout –dijo Astrid con seriedad –. De eso estoy segura.
–Sí, había algo poco común en ese aullido –continuó Hiccup agregando un tono más sombrío a su voz –. Parecía más que un llanto.
Fishlegs soltó un leve chillido y se retorció en su asiento.
–Fishlegs ¿Qué pasa?
–El guerrero aullador del pico de Thor –dijo el joven casi tartamudeando y provocando un silencio mortal en sus amigos.
El guerrero aullador del pico de Thor era una leyenda muy antigua de Berk sobre fantasmas. Según relataba la historia, un vikingo Hooligan derrotado en una batalla, decidió un día subir el incansable pico de Thor, el punto más alto de Berk; ya que se decía que como su nombre lo marcaba, solo los más valiente que podían llegar a esa cima se ganaban una audiencia con el dios del rayo y un consejo de su parte. El guerrero partió en busca de consuelo pero nunca regresó de su escalada y se decía por las malas leguas que había muerto en el camino. Desde entonces el pico de Thor estaba maldito y su fantasma aullaba entre las ventiscas en un llanto de suplica y perdón al dios del rayo.
Nunca nadie había visto al susodicho fantasma, pero Hiccup y Astrid no eran los primeros en escuchar aullidos que helaban la sangre en esas escarpadas. Era un lugar maldito al que nadie quería ir por voluntad y los jóvenes habían llegado por error ante la avalancha.
–Sí… ¿eh? –balbuceó Hiccup rascándose la nuca algo intimidado. Nadie quería mencionar nada más del fantasma aullador –. Regresa a lo que estábamos hablando, no habríamos sobrevividos sin ayuda de los dragones.
–Probablemente habríamos terminado más fríos que el corazón de Mildew –se apresuró a agregar Astrid apoyando la idea de cambio de tema. No porque tuviera miedo a un fantasma.
–¿Saben? También pudieron abrazarse para retener su calor corporal –agregó Fishlegs un poco más alegre provocando un terrible sonrojo en el gemelo y la rubia.
Pero antes de que alguno de los dos pudiera decir o agregar algo para desviar nuevamente el tema, Ruffnut y Tuffnut aparecieron montados sobre su zippleback distrayendo a los jóvenes. Stoick los había mandado a buscar a Hiccup.
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Cualquiera habría jurado que nunca se llegaría a decir estar agradecido por una interrupción de los gemelos Thortons, pero Hiccup ya era una excepción. Tan pronto Tuff y Ruff le pasaron el aviso de su padre, Hiccup salió volando sobre el lomo de Toothless mientras Astrid comenzaba a estrangular a Snotlout por un comentario lascivo sobre cómo mantener el calor corporal.
Por el momento el gemelo pecoso estaba un poco confundido con la reacción que había tenido Astrid en la caverna, que quería evitar temporalmente el tema lo más posible. Ya le confundía demasiado sus propias emociones sobre la joven rubia, como para devanarse los sesos preguntándose por los repentinos cambios de parecer de ésta.
Y hablando de mujeres con cambios de humor, cuando Hiccup aterrizó junto con Toothless frente a la entrada de su casa, la puerta principal de la misma se abrió de par en par para darle paso a una muy furibunda Honey. Su hermano y el dragón negro prácticamente brincaron de su camino cuando ésta paso a su lado refunfuñando:
–¡Esto no es más que un montón de mierda de dragón!
–¿Honey? –se atrevió a llamarla su hermano –. ¿Qué sucede?
–¡Porque no le preguntas a nuestro ingenioso padre! –rugió ésta hasta casi desgarrase la voz sin detener su dramática marcha hasta el centro de la aldea.
–¡Honey! –la llamó el muchacho sin éxito.
Hiccup la vio partir algo preocupado, sus pies dieron unos pasos involuntarios para seguirla cuando escuchó a su padre desde el interior de su casa:
–¡Hiccup!
El chico desvió su mirada hacia su hogar y luego a la pequeña figura de su hermana que a cada segundo se alejaba más. Quería saber que era lo que le sucedía a su gemela, pero tampoco quería dejar plantado a su padre cuando obviamente las cosas no estaban muy bien con Honey. Los ojos de Hiccup se posaron de último en Toothless que soltó un leve gruñido.
–Divide y conquista, Toothless –dijo el muchacho indicándole al dragón de ebano su hermana en la lejanía. Entendiendo perfectamente que le pedía, Toothless sacó la lengua como un cachorro y corrió detrás de Honey. Así al menos no estaría sola.
–Papá, acabo de ver a Honey escupiendo más fuego que un nightmare –preguntó el joven tan pronto entró en su hogar –. ¿Qué le sucede?
Su padre, el gran jefe Stoick the Vast se encontraba en el centro de la habitación claramente cansado. En la mesa del comedor comiendo algo de pan de cangrejos, el viejo Gobber rió como niño:
–Al parecer no tomó muy bien la última decisión de Stoick –dijo entre risitas.
–¿Ahora qué hiciste? –soltó Hiccup lanzándole una mirada abatida a su padre.
–¡¿Por qué ahora yo soy el juzgado?! –bramó Stoick indignado ante la expresión de su hijo –. Además no tomé ninguna decisión, es ella la que debe tomarla.
–Sí, pero le distes una mala opción, y una peor –agregó Gobber en burla recibiendo una punzante mirada de su mejor amigo.
–¿Papá? –lo llamó Hiccup con la manos en la cintura.
Stoick soltó otro suspiro, uno en resignación.
–Hiccup, tú y Honey tienen una importante obligación que adquirieron de nacimiento y por sangre –le explicó –. Su deber es primero con Berk antes que cualquier otra cosa. Hijo, algún día tú serás el jefe y tendrás que asegurarte del bien de tu gente antes que nada. Honey debe cumplir de otra manera debido su género.
Al muchacho no le gustaba para nada a donde quería llegar su padre con eso. ¿Acaso no quería decir que…?
–¿Papá… que hiciste?
–Aún nada. Sabes muy bien como hija de un jefe, tú hermana está en una posición muy alta para adquirir un buen pretendiente y formar alianzas con otras tribus. Sinceramente nunca me ha gustado la idea, pero hay tradiciones que no se pueden cambiar.
–Cambiar no, pero sí burlar –agregó Gobber intrigando más a su aprendiz.
Viejas tradiciones vikingas que se mencionaban en Berk pero rara vez se cumplían. Había un viejo dicho vikingo: “el amor era mal negocio”. Y según ese estandarte la mayoría de las tribus del archipiélago realizaban sus contratos matrimoniales como acuerdos de negocios. El matrimonio por amor era muy raro.
Sobre la cúspide de esto, se encontraban las familias de realeza vikinga o los jefes, donde se hacían acuerdos matrimoniales entre hijos de diferentes tribus para mantener la paz entre ellos. Por generaciones Berk quedo fuera de estos acuerdos, ya que por muchos años no había nacido una niña en la casa del jefe (hasta la llegada de Honey). Ninguna tribu estaba dispuesta a entregar sus hijas en acuerdo a una en particular que no daba ninguna a cambio. Era por ello que se permitía en Berk que los miembros de la familia del jefe se casaran con individuos de su propia tribu, aunque con ello se arriesgaba a que el trono pasara a otra casa dominante de la isla. Pura política vikinga.
Pero con el paso del tiempo, los arreglos matrimoniales ya no se planeaban desde la infancia, sino hasta que los chicos mostraban interés en alguien; precisamente para evitar riñas entre casas. En Berk, el matrimonio por amor mantenía la armonía en los acuerdos de familias. Lo que era bueno para su jefe, lo era para el resto de la tribu.
Stoick se había casado por amor y así el padre de él, y su padre. Técnicamente Hiccup podía seguir esta tradición, pero Honey no se salvaba tan fácil. Cualquier otro jefe podía llegar y hacer una oferta por la mano de la gemela pecosa para él o uno de sus hijos, o al menos así dictaba las viejas reglas.
Y era algo que padre e hijo temían.
–¿A dónde quieren llegar con todo esto? –insistió Hiccup clavando la mirada en su padre.
–No me agrada en lo más mínimo que tu hermana termine casándose con algún idiota de otra tribu que solo la valorara como una propiedad, cuando he visto cualidades únicas en ella que la gente de Berk necesita. Especialmente después de los sucedido…. ya sabes que….
Stoick indicó con la cabeza la pierna faltante de su hijo. Hiccup solo asintió a esto.
–Así que le di a tu hermana una opción para evitarnos la pena de buscarle un pretendiente. Si inicia el entrenamiento de vala será su obligación permanecer en Berk y así evitar cualquier matrimonio forzado.
–En realidad fue idea de Gothi –se apresuró a explicar Gobber –. Ella dices (claro que sin palabras) que la niña realmente tiene potencial para convertirse en una. Probablemente la ultima que exista.
Hiccup pasó sus ojos de su padre a su mentor y viceversa, una y otra vez cada vez más alarmado que la anterior. ¿Honey… una vala?
Con anterioridad se había mencionado que una vala era una especie de hechicera, sacerdotisa y curandera que cumplía una importante función en una aldea vikinga. Eran autoridades supremas, incluso a veces más que un jefe y sus consejos eran ley. Su poderío era indiscutible y sus poderes temidos. Pero enserio… ¿Honey una vala?
–¿Pero no se supone que solo los Vitki podían convertirse en valas? –cuestionó Hiccup recordando todo lo que había leído sobre el tema de aquella raza de hechiceros de nacimiento –. ¿Y que no ha existido ninguno en siglos que ni siquiera la gente sabría cómo distinguirlos ahora? ¿No las leyendas dice que Odín fue el último en recibir los secretos de la magia rúnica y desde entonces el arte del practicante se perdió?
–¡Exacto! –soltó Stoick con alegría creyendo que su hijo captaba su idea –. Ese es el preciso punto. Nadie recuerda o sabe cómo distinguir a un Vitki así que no se le podría negar a Honey la oportunidad de convertirse en una vala aunque no lo sea.
–¿Seguro? ¿Y que de las cosas raras que hace Honey? ¿Y sus sueños?
–Tampoco nadie sabe que eso, como ni siquiera tenemos idea de cómo se llama lo que tú puedes hacer, hijo. Gothi fue entrenada en los viejos artes de la magia rúnica por su abuela, la última mujer que estuvo cerca de convertirse en vala y está dispuesta a entrenar a Honey en todo lo que sabe inmediatamente. El problema es…
–Que además de ser hechiceras, curanderas y concejeras, la valas son el puente entre los humanos y los dioses, y dedican su vida a ser portadores de sus deseos ¿verdad?
–Exacto.
He ahí el problema. No era que Honey negara la existencia de los grandes dioses vikingos que regían las vidas de los habitantes del archipiélago, sino que la muchacha tenía un vendetta y repudio a los mismos.
–¿Entonces –dijo el chico recapitulando – le diste a Honey a elegir entre un matrimonio forzado lejos de su hogar con un completo desconocido o entrenarse en un viejo y difícil arte para dedicar su vida en algo que no cree?
–Como lo dices suena muy feo –se quejo Stoick.
Hiccup no pudo evitar lanzarle una mirada inquisitiva a su padre, y solo porque lo respetaba mucho, se contuvo de decir lo que realmente pensaba.
–Eso explica porque sus nuevos deseos de emanciparse –fue lo que llegó a salir de su boca.
–No es gracioso, Hiccup.
– Y me imaginó que me buscabas para que hablara con ella y la ayudara a decidir lo que a ti te gustaría que ella decidiera.
–No… –admitió Stoick adquiriendo un nuevo brillo en sus ojos ante tal pensamiento – pero es buena idea. ¿Puedes hacer eso?
–¡Stoick! –lo regañó Gobber al darse cuenta que se le estaba pasando la mano.
–De lo que quería hablarte hijo es sobre esto –cambió de tema el jefe como si no hubiera dicho nada desagradable, y en cambio tomó un balde vacio del suelo.
–¿Un balde viejo y sucio? –preguntó el muchacho arqueando una ceja.
–Y vacio –señaló el jefe –. Mulch y Bucket me informaron que los yaks de las granjas han dejado de producir leche y las gallinas de poner huevos. ¿Sabes por qué?
–Voy a arriesgarme un poco aquí e intuir que la respuesta a tu pregunta son los dragones.
–Que comes que adivinas.
–¡Bueno que esperaban! –objetó el muchacho haciéndose el indignado y alzando sus brazos en el aire –. Antes de hacer las paces con ellos, los dragones se dedicaban a asaltar las granjas, además de ser inmensos reptiles que escupen fuego. Es seguro que uno que otro animal va asustarse con su presencia…
–Todas las granjas, Hiccup.
El gemelo soltó un gruñido en resignación similar al de su padre.
–¡Está bien, papá! Pondré a la academia en asunto.
–Perfecto –dijo Stoick –. El invierno está muy cerca y el invierno desolador no muy lejos también. Debemos abastecernos lo suficiente si queremos alimentar la aldea durante esas fechas.
–Sí eso es todo de lo que quería hablarme, iré a ver de inmediato el problema de los animales asustadizos y… –Hiccup comenzó a marchar de espaldas en dirección de la puerta, con la pura intensión de huir antes que le asignaran más tareas.
–Y hablar con tu hermana…
–Y hablar con Honey sobre la decisión que cambiara su vida para siempre –dijo el chico pidiéndole a los dioses piedad antes de darse media vuelta –. Sí, sencillo.
–¡Una cosa más Hiccup!
Ahora ¿qué?
–Ha llegado a mis oídos que estas pasando mucho tiempo con Astrid Hofferson –le informó Stoick marchando hasta él.
–¿A si? –dijo Hiccup nervioso –. ¿Dónde lo escuchaste?
Inconscientemente, su mirada paso de su padre al viejo guerrero que bebía de su tarro en la mesa, la única persona que podía decirle tal cosa su padre y fingía indiferencia ante su error.
–Nada pasa en esta isla sin que me entere –insistió Stoick inclinándose sobre su muchacho –. Ya deberías saberlo hijo.
–¿Y… es eso un problema?
–No… no lo es. ¿O acaso lo es?
–Nop.
–Como mi hijo espero un comportamiento propio de tu parte, así que… ¿necesito explícate algo sobre… ya sabes?
–¡Dioses no!
–¿Ni siquiera como…?
–¡NANANANAAAA! –gritó Hiccup espantado tapándose los oídos. No podía creer que su padre quisiera tener esa conversación con él justamente en ese momento, cuando el solo pensar en Astrid lo confundía –. ¡No! ¡NO! No es necesario.
Stoick intuyó con horror lo que quería decir su hijo, así que con las manos en su ancha cintura, le preguntó:
–¿Y sé puede saber como ya lo sabes?
–Pregúntale a él –sentenció Hiccup señalando a Gobber en la mesa. El herrero casi se atraganta con su bebida cuando fue fulminado por la mirada de su amigo –. Él también estaba ahí –y antes de que su padre pudiera preguntar más, agregó –. Ahora si me lo permiten, mejor me retiro antes que esta conversación tome otro rumbo que me haga sentir “aún mas” incomodo.
Hiccup salió por la puerta lo más rápido que le permitió su pierna falsa.
–¿Qué quiso decir con eso? –sentenció Stoick clavando sus ojos verdes en su mejor amigo.
–Estos jóvenes de ahora, crecen tan rápido –soltó Gobber nervioso evitando su mirada –. Y dime Stoick ¿Qué vas a hace tú al respecto?
–Revisar las provisiones y que los almacenes estén listos para el invierno. Y rogar a Thor que Honey tome la decisión más sensata y lo más pronto posible.
–No me refería eso. Sino a Hiccup y a Astrid.
–¿Qué con ellos?
Ahora fue Gobber el que lanzó la mirada inquisitiva. ¿Por qué todos lo miraban así últimamente?
–Hace unos momentos hablabas de contratos matrimoniales para tu hija con vikingos de otras tribus –dijo el herrero – ¿pero no se te ocurre nada para tu hijo? Vaya que eres denso.
–¿Qué quieres decir con eso? No puedes compara a Hiccup y Honey en ese aspecto, ellos son…
–¿De diferente sexo? Sí, Stoick, soy consciente de ello. Pero ambos son hijos del jefe. Sé que en Hiccup no cae tanto la presión de un matrimonio arreglado como en Honey y tiene más libertad de hacerlo por amor como la mayoría aquí en Berk, pero también debe ser un ejemplo.
Stoick se sentía cansado, pero tan agotado que se dejo caer una de las sillas de la mesa.
–Lo sé, Gobber –dijo pasándose una mano por el rostro –. ¿Pero no es muy pronto para pensar en un contrato con los Hoffersons?
–Todos sabemos que la casa de Astrid tiene un tiempo batallando para mantenerse a flote –admitió el viejo guerrero –, pero nadie niega que son de los mejores vikingos que pueden haber y que solo pasan por una mala racha. Tú has visto lo que puede hacer Astrid y yo mismo la he entrenado como para saber que se convertirá en una doncella de guerra formidable. No habría mejor candidata. No digo que firmes algo de inmediato, pero nada te cuesta hablarlo con Bertha un poco. En especial antes que las malas lenguas comiencen a disfrutar del “amor joven”.
-o0o-
Tratando de seguir las órdenes de su padre, Hiccup puso manos a la obra y reclutó a los chicos y a los dragones en la arena para poner definitivamente un punto final en la falta de convivencia que había entre las lagartijas gigantes y los animales de granja. No importaba si les llevaba todo el día. Además, conociendo a Honey mejor que nadie, Hiccup sabía que era mejor darle su espacio por un par de horas antes de hablar con ella sobre la decisión que cambiaría su vida para siempre.
–Muy bien chicos, pongamos manos en la obra –dijo Hiccup abriendo las puertas de la arena –. Traigan las ovejas, yaks y gallinas. No saldremos de aquí hasta conseguir algo.
Pero las cosas no resultaban tan bien. No importaba las ideas que se le ocurrían al muchacho o los esfuerzo de sus amigos, los animales de granja seguían temiendo (o tal vez más) a los dragones ante sus intentos. Al final de la tarde ya contaban con un par de yak chamuscados, unas ovejas mordidas y unos pollos apastado. Solo Tuff y Ruff estaban felices con ello, ya que planeaban comerse a todos los animales caídos.
–¿Ya conseguimos algo? –soltó una horas después Snotlout de espaldas al suelo y con las ropas humeantes.
–Esto no está funcionando –admitió Hiccup con frustración.
–Es imposible, Hiccup –dijo Astrid tratando de mantener el equilibrio mientras una oveja la empujaba para ocultase de Stormfly –. Simplemente ellos les tienen muchos miedos a los dragones.
–A pesar de los adorables que son para nosotros –admitió Fishlegs –, ellos resultan intimidantes para los animales desde su punto de vista –agregó por experiencia propia.
–Lo que necesitamos es un dragón más simpático –comentó Astrid aunque sonara extraña la idea.
–¿Para qué necesitamos eso? –se quejo Tuff con una gallina rostizada clavada en un palo en la mano, que era asada lentamente ante las llamas de Hookfang –. ¿No es mejor una bestia asesina, cabrona y furiosa, deseosa de sangre?
–No estás ayudando, Tuff –dijo Hiccup.
–¿Qué hay de Toothless? –opinó Fishlegs –. Él no tiene púas, garras o dientes visibles que puedan asustar a los animales.
–Esta con Honey. La está… ayudando a pasar por momento difícil.
–Pues nos sería muy útil en este momento – dijo Astrid justo cuando Tuffnut pasó corriendo detrás de ella con la gallina empalada en llamas sobre su cabeza.
–¡Rápido el balde con agua! ¡Agua! –ante sus gritos su hermana corrió a socorrerlo –. ¡No, eso es aceite! –sus llantos se escucharon hasta la aldea.
–Será mejor que vaya a buscarlos –aceptó Hiccup marchando fuera de la arena.
–¡Arrrgggg!
–Será mejor que te apresures –le pidió Astrid ante la bola de fuego en que se convirtió Tuffnut.
Chapter 47: El fantasma del pico de Thor
Chapter Text
El fantasma del pico de Thor
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Las tierras escapadas de la isla de Berk, tenía en su territorio un gran número de acantilados con preciosas vistas al océano; en aquella tarde en particular, la joven gemela pecosa Honey se encontraba sentada a la orilla de uno, con su espalda recargada contra el cuerpo caliente y escamoso de Toothless, que dormitaba tranquilamente ante el arrullo de la chica al tararear su canción favorita.
Miles de cosas circulaban en la mente de Honey en ese momento, la mayoría de ellas eran planes malvados de venganza contra su padre por ponerla en tan desagradable situación. Sí, Honey estaba en un serio problema y necesitaba tomar una decisión pronto, pero esto no resultaba fácil cuando se trataba de una que marcaría su vida para siempre.
La gemela Haddock no podía engañarse a sí misma, siempre fue consciente de su situación. Era una niña pequeña y delgada, sus brazos eran como ramitas frágiles y sin musculo. No había ni una pisca en ella que la denotara como una guerrera o aventurera. A diferencia de su hermano, para Honey eso no era tan grave, solo que la dejaba con un camino que tomar, el de ser esposa, madre y ama de casa. A pesar de su condición física, la chica podía traer orgullo a su nombre y clan mediante la cama. Y no porque le gustara la idea.
Pero por otro lado estaba su condición. Al ser la hija de un jefe, la muchacha estaba en lo más alta de la sociedad vikinga para conseguir el mejor candidato a marido. Lo cual resultaba en cierta forma alivio para Honey, quien sabía que eso le evitaba buscar pretendiente entre su gente (quienes no eran santos de su adoración) y limitarse a solo a jefes de otras tribus o a sus hijos. La gemela pecosa era flaca, pequeña, tan solo iba a cumplir trece años de edad, no tenía figura, busto y mucho menos había empezado su sangrado; ningún jefe en su sano juicio la elegiría como compañera para su heredero.
En cierta forma, Honey se sentía a salvo.
Pero olvidaba un punto clave en todo ello, la estupidez de su padre, la cual en el pasado ya le había causado penurias a ella y a su hermano.
Estaba claro que si Stoick decidía casarla con alguien, Honey no tenían la menor opción que aceptar el mandato de los hombres y acatar. Eso la ponía furiosa. La niña, lo que le faltaba de edad y estatura, le sobraba en voluntad. Honey era una mujer muy adelantada a su época, era voluntariosa, atrevida y sobre todo demasiado lista; tanto como su hermano, pero a diferencia de él, ella no tenía un pelo de ingenua. El que controlaran su vida de aquella manera, aunque fuera la tradición, la enfermaba terriblemente.
Pero el horror no terminaba ahí, ya que su padre llegó aún más lejos y le dio la opción de cambiar ese destino… por uno peor. Muchos dirían que ser elegida para convertirse en vala sería todo un honor, pero para Honey no. Primero ante todo, la chica sabía y había leído que para ser una vala se debía ser un vitki, un poseedor del veidr, un don divino de los dioses que muy pocos tenía. Según las leyendas, el mismo dios Odín fue el último en tener tal habilidad y ser entrenado en el arte de la magia rúnica aunque era algo reservado solo para mujeres. Él fue el último practicante y aunque los secretos de aquella magia continuaban en los recuerdos de los ancianos y libros, la práctica se perdió.
Honey sabía que había algo especial en ella, pero estaba consciente que aquellos sueños que tenían, estaban lejos de ser bendiciones de los dioses. En realidad era pesadillas, una maldición que tenía que ver o experimentar cada vez que cerraba sus ojos. Era una de la principales razones por las que odiaba a los dioses y por ello, primero muerta que dedicar su vida a seguir sus mandatos. En cuanto a ella, Odín, Thor y las demás deidades podían romper sus culos sentados en sus tronos en Asgar para lo que le importaba.
Y por ultimo y no menos importante, aunque la magia rúnica incluía el arte de la curación había muchos más aspectos y prácticas muy difíciles; pesados rituales y mucha información que memorizar. El entrenamiento de vala podía ser mucho más difícil que el de guerrero o matadragones juntos… y multiplicado por tres.
Principalmente eso tenía a la muchacha furibunda deseando mentalmente cosas horribles a su padre. Ante sus ojos, Stoick era el culpable no solo de las desgracias de su pasado, las pésimas decisiones de su presente y su futuro incierto, sino también del sufrimiento y la pérdida de la pierna de su hermano.
Y hablando del muchacho invalido.
–Sabes… –se anunció Hiccup completamente agotado una vez que alcanzó la cima del acantilado – de todos los puntos más alejado y difíciles de subir en Berk… –se apoyó en sus rodillas tratando de recuperar el aliento – realmente elegiste el que supera a todos.
Honey se volvió a verlo, mientras Toothless alzó su cabeza sobre sus patas. La chica no le sonrió o le dirigió una palabra, en cambio volvió enfocarse en el mar, en lo que el dragón de ébano soltaba un leve gruñido.
–De acuerdo, no hablamos –dijo Hiccup para nada sorprendido pero encogiendo los hombros. Caminó cojeando levemente debido al dolor que le provocó en su muñón la larga caminata, hasta sentarse a un lado de su gemela contra el cálido cuerpo de Toothless –. Enterado.
Por casi un minuto ninguno de los dos dijo algo más. Honey continuaba con sus rodillas contra su pecho y Hiccup tamborileaba sus dedos en sus muslos. Toothless volvió a recargar su enorme cabeza sobre sus patas y se dispuso a seguir con su sienta.
–Déjame adivinar –soltó de repente Honey terminando con el incomodo silencio –, papá te pidió que hablaras conmigo sobre qué decisión tomar.
–No, no, no, no, no… –se apresuró a decir su hermano sacudiendo nervosamente sus manos – bueno sí –administró de inmediato rascándose la nuca –. Sí me pidió que hablara contigo al respecto, pero esa no es la razón por la que estoy aquí. En realidad quería pedirte prestado a Toothless por unas cuantas horas en lo que entrenamos a los dragones a no ser tan terroríficos y a los animales de granja a no ser más temerosos que Fishlegs.
–Adelante, es todo tuyo –le dijo Honey con un ademan.
–Entonces ¿no quieres hablar de ello?
–Nop.
–Bien… –aceptó Hiccup sacudiendo levemente sus brazos, pero no pudo aguantar mucho la tensión y agrego – Bueno, tenemos que hablar de ello –su hermana soltó un gruñido que no lo desanimo a seguir –. Honey se que no te gusta para nada la idea y mucho menos las opciones que te dio papá, y conociéndote es muy probable que ya hayas pensando en ponerle unas cuantas espinas de pescado a su comida, pero debes de admitir que podría ser peor.
Honey le lanzó una mirada asesina, por lo que el muchacho tuvo que corregir rápido:
–Bueno, si son muy malas opciones, pero al menos tú tienes opciones. Yo no pudo elegir qué hacer con mi vida, estoy destinado por sangre y nacimiento a ser el futuro y siguiente jefe de Berk, y aunque la idea de ser el todo soberano de la isla no suena mal; hemos visto como con los pasos de los años la responsabilidad ha pegado dura a papá. Así que no me tiene nada entusiasmado saber que tendré que liderar toda una isla con furiosos y tercos vikingos que solían llamarme inútil durante la infancia. En cierta forma nunca pensé que llegara a ser posible, especialmente cuando todos pensaban que era un malogrado que…
–¿A dónde quiere llegar con esto, Hiccup?
–A que tal vez en tu berrinche estás perdiendo el gran panorama de las cosas –explicó el gemelo a pesar del puchero de su hermana –. Sé perfectamente porque no te gusta para nada la idea de convertirte en vala. Para ello se requiere un entrenamiento largo y difícil, además que sus creencias no concuerdan con las tuyas, pero debes de admitir que si lo consigues sería mucho más que estupendo –explicó entusiasmado aunque sabía perfectamente que Honey conocía cada uno de esos detalles –. Estarías en la escala más alta de la jerarquía, nadie en todo el archipiélago podría decirte que decir o hacer, incluso si aún tuviéramos rey no podría ordenarte absolutamente nada. La gente vendría desde aguas muy lejanas a buscar tu consejo y podrías hacer lo que te plazca con tu vida.
La chica pecosa desvió la mirada y se enfocó en sus pies. La sonrisa en los labios de Hiccup desapareció de inmediato con tan solo verla. Era su hermana, su gemela y él se sentía terrible cuando ella se sentía mal. Solo quería que fuera feliz.
–Entiendo que puede parecer muy difícil y demandante de momento –continuó el muchacho con calma poniendo su mano en el hombro de su hermana para invitarla a mirarlo a los ojos –, aún así deberías imaginarte las posibilidades. Tu vida será mucho mejor que si papá solo te casara con el heredero de alguna otra tribu; no quiero decir que ser esposa tenga algo de malo, pero sí fueras una vala podrías elegir casarte con quien tú quieras.
Sus ojos se conectaron durante su discurso y Hiccup podía detectar en el brillo en los de su hermana como tal situación la estaba afectado, pero el reflejo de su pupila pudo darse cuenta que también el sufría.
–Y sobre todo…–confesó – no te perdería.
Los labios de Honey se partieron un poco ante la sorpresa y sus ojos se volvieron brillos ante su deseos de llorar.
–Sé que suena muy tonto en especial para el futuro jefe de los Hooligans –continuó el gemelo pecoso desviando la mirada –, aún así no puedo evitar… nunca he podido evitar sentir miedo de que te lleven lejos. Siempre hemos estado juntos y quiero que siga así. No tengo la menor idea que haría sin ti.
–¡Hiccup! –bramó Honey en llanto arrojándose al cuello de su hermano. Sus lágrimas acumuladas se derramaron en el grueso pelaje de su abrigo de oso –. Yo también te necesito –dijo con su rostro apretado contra su hombro.
Hiccup correspondió el abrazo y la apretó fuerte contra él. Toda su vida habían estado juntos, muchas cosas desde sus logros y fracasos había estado el uno con el otro. Hiccup no podía imaginarse cómo podía ser el jefe de la isla de Berk sin Honey a su lado apoyándolo en cada paso del camino.
Poco a poco se fueron separando, mientras sus brazos seguían entrelazados. Al final quedaron frente contra frente compartiendo el calor que generaba la compañía del otro.
–Bueno –soltó Hiccup terminando el momento y separándose de Honey –, ya que hablamos de eso… –se puso de pie y ayudó a su hermana a hacerlo – ahora podemos ver unos dragones traviesos y unos animales asustadizos. Ya que cuando me fui deje a Tuffnut cubierto en llamas y creo que necesitara de tu habilidad curandera.
–Conociéndolos –comentó Honey más animada con una mano en su cintura –, es probable que Ruffnut también ya se encuentre en llamas.
–¿Qué dices Toothless? –le preguntó Hiccup a su dragón frotando su mano contra su cabeza y motivándolo a ponerse de pie –. ¿No ayudara a enseñarles a los animales a no tener miedo a los dragones antes del invierno?
Toothless respondió con un leve gruñido afirmativo antes de extender sus largas alas listo para emprender el vuelo.
–Ese es, amigo –dijo Hiccup a punto de montar sobre la silla en su lomo. No tenía la menor intensión de hacer el recorrido de regreso a pie. Volteó hacia su hermana para ayudarla a montar detrás de él, pero ésta se encontraba con la mirada perdida en el horizonte y en el vasto océano que rodeaba a la isla –. Honey ¿qué pasa? –le preguntó.
La gemela podía sentirlo no solo en el ambiente y verlo en la distancia, aunque resaltaba imperceptible para el ojo humano.
–Tal vez tengamos menos tiempo de lo que imaginas, Hiccup –afirmó ante la tormenta que se aproximaba.
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Ser un buen líder no es fácil, ser uno preparado mucho más. Stoick the Vast tenía años de experiencia detrás de sí, aún así él podía sorprenderse. En un principio cuando escuchó las predicciones de Bucket las tachó de tonterías de su cabeza medio vacía, pero cuando Gothi confió completamente que una tormenta invernal se le venía encima a pesar de perfecto clima; comenzó a plantearse la posibilidad de que tuviera la razón.
Pasó gran parte de la tarde preparando a la gente y su aldea para la inminente tormenta. Era costumbre que el invierno terrible que seguía al invierno normal trajeran con sigo tormentas de nieve como ésa en particular, pero resultaba completamente nuevo que ocurriera al principio de la temporada.
–¿Qué va a pasar con nuestras casas? –le preguntó preocupada la señora Larson apretando contra su pecho a la recién nacida Hildegard, mientras su esposo la apuraba a ella y su hijo a entrar en el gran salón.
–Stoick ¿Qué pasara con los cultivos? –dijo Sven completamente asustado. Aún no habían tenido tiempo de recoger la última cosecha.
–¿Qué vamos a hacer con los animales? – le recordó Mulch –. ¿Y con la falta de alimento?
Stoick soltó un suspiro en frustración. Tratando de calmar a cada unos de los habitantes, mandó a las madres, niños pequeños y ancianos al gran salón para guarecerse; mientras el resto pasó la tarde tapeando las ventanas, protegiendo los almacenes y cargándose con todo el alimento y abrigos que podían.
Muchos tenían sus dudas sobre tal tormenta profética, ya que hasta el momento el cielo continuaba tan despejado como rara vez se vía en Berk; pero las presiones de su líder, la preocupación de Gothi y los quejidos de Bucket les confirmaba que era muy real.
–¡Papá! –lo llamó Hiccup a todo pulmón cuando Toothless aterrizó junto a él en la gran escalinata al gran salón –. Una gran tormenta…
–Se acerca, sí lo sé –completó la frase Stoick apurando a su gente que ascendía por los escalones –. ¿Han podido mejorar la situación con los animales?
–Eh…
–No importa –dijo Stoick resignado –, junta a los demás muchachos y sus dragones y lleven inmediatamente a todos los animales a los graneros. Tendrán que soportar ahí la tormenta.
No era el plan perfecto y existía el riesgo que las construcciones no resintieran, pero no tenían más opciones ante la inminente tormenta. Por desgracia el destino y los dioses tenían otro plan en mente.
Cuando Hiccup y Honey, con el resto de sus amigos, finalmente llegaron a los graneros se encontraron una flameante sorpresa.
–¿Montrous nightmare salvajes? –soltaron los chicos al mismo tiempo al ver a tres dragones rojizos y purpuras dentro del granero.
–No podemos poner a los animales dentro hasta que saquemos a esos dragones –comentó Astrid preocupada.
–Pero primero debemos pensar con cuidado como hacerlo –agregó Honey volviéndose hacia su hermano.
–Así es, no queremos molestarlos mucho y que prendan en llamas…
–Hagan espacio al experto en nigthmares que va en camino –sentenció Snotlout adentrándose solo al interior de la bodega.
–¡Snotlout!
Cinco minutos más tarde el granero estaba en llamas.
–¿Cómo carajos iba a saber que eso podía pasar? –se defendió el chico moreno mientras los gemelos Thorston lo miraban con decepción, Fishlegs se cubría la boca con ambas manos, Astrid le lanzaba una mirada de odio, Hiccup se cubría el rostro con una mano, Honey negaba con la cabeza y los tres nightmares volaban de regreso al bosque.
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Sin más opciones y con el cielo cubriéndose de nubes gruesas y el viento soplando con fuerzas, los chicos y sus dragones regresaron al gran salón en compañía de los animales de granja. Tendrían que pasar la tormenta junto con ellos bajo el mismo techo… y con los dragones.
Eso podía resultar muy mal.
Pero mucho antes que el encierro necesario comenzara, una leve bocanada de fuego de Hookfang prendió en llamas la lana de una oveja, desatando una estampida de animales asustadizos que huyeron por la entrada al gran salón en dirección al bosque.
Hiccup vio con horror como sus planes fallaban. No podía permitir que los animales murieran en la tormenta, ya que su gente también moriría de hambre… por los dragones… por su culpa.
–¡Voy por ellos! –anunció Hiccup con vehemencia lanzándose sobre el lomó de Toothless.
–Yo voy contigo –sentenció Honey montando detrás de él.
–¡Hiccup! ¡Honey! ¡No! –los llamó Stoick en vano ya que para habían atravesado las puertas del gran salón al exterior donde la nieve comenzaba a caer. Peor aún, antes de que pudiera evitarlo, los demás jóvenes sobre sus dragones, fueron detrás de ellos.
Comenzaba a ser frustrante que tuvieran aquellas bestias como mascota.
Stoick compartió una mirada indicativa con Gobber antes de salir del gran salón en busca de sus tercos hijos.
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Volando sobre cinco dragones no resultó difícil encontrar y atrapar a las ovejas y yaks asustadizos; pero en cuestión de segundos la tormenta empeoró y una poderosa ventisca, como toneladas de nieve comenzó a caer sobre ellos, haciendo difícil a las bestias escamosas volar, así como ver a la distancia. En cuestión de minutos el bosque de Berk se cubrió de nieve, el vuelo se dificultaba a causa del peso muerto sobre las alas de los dragones haciéndolos volar bajo y no alcanzaba a distinguir los arboles a tiempo.
En más de una ocasión se perdieron o volaron en círculos, y el poderoso frio les calaba hasta los huesos, a pesar de que en esa ocasión llevaban sobre sí sus pesados abrigos de invierno.
–Creo que ya lo encontramos a todos –afirmó Hiccup mientras que Toothless, Stormfly y Meatloug rodeaban a los animales en un claro del bosque cubierto de nieve.
–No olvides al poderoso y perfecto Snotlout –se vanaglorio el joven moreno reuniéndose con sus amigos y arrastrando consigo unas cuantas ovejas y pollos.
–Bien –comentó Hiccup sin mucho interés en sus palabras –, solo falta encontrar a Tuff y Rufff para poder regresar al gran salón.
–Solo que hay un pequeño problema, Hiccup –anunció Fishlegs nervioso.
–¿Qué?
–No se puede distinguir el camino al gran salón con esta tormenta –agregó Astrid abrazándose a sí misma.
–Es en aquella dirección –les informó Honey con misteriosa seguridad indicando sobre su hombro un punto imperceptible en la distancia.
Hiccup asintió a eso comprendiendo de inmediato la veracidad de su hermana. Sus amigos no tanto.
–Solo faltan encontrar a Tuff y Ruff…
–¡No hay necesidad! –dijo de repente la voz de Ruff con petulancia en lo que la enorme figura de su zippleback apareció entre la densa ventisca de nieve.
–¡Somos tan chingones que atrapamos los yaks más grandes y feos de todos! –sentenció Tuff con orgullo indicando las garras de sus dragones. Efectivamente Barf y Belch cargaban dos grande masas de pelos que se sacudían con fuerzas.
–¡Bájenme de inmediato antes que patee sus culos! –rugió Stoick como bestia en brama pataleando sus cortas piernas –. ¡Y no se atrevan a llamarme obeso!
–¡Sí! –sentenció Gobber a su lado –. ¡¿Y a quien llaman feos?!
–¡Papá! ¡Gobber! –los llamó Hiccup desmotando junto con su hermana a Toothless y corriendo hasta ellos.
–¡Hiccup! ¡Honey! –respondió su padre clavando su rodilla en la nieve para quedar a la altura de los rostros de sus hijos –. ¡¿Qué estaban pensando?! ¡La tormenta de nieve cada vez es más terrible!
–¡Lo siento papá! –dijo el gemelo alzando la voz para que lo escucharan sobre de los fuertes vientos –. ¡Pero necesitamos a los animales o el pueblo se muere!
–¡No si les cuesta la vida a ti, a tu hermana y a tus amigos!
–¡Lo sentimos! –lo repitió el chico algo apenado, sintiéndose que lo había arruinado de nuevo –. ¡Solo trataba de cumplir con lo que pedías!
–¡Yo no quiero esto, Hiccup!
–¡¿Cómo podemos saber qué es eso lo que realmente quieres, papá?! –vociferó Honey perdiendo completamente la paciencia. La vida de su hermano había sido un intento fallido tras otro intentando complacer a Stoick y ahora lo veía con más claridad; el muchacho nunca fue el problema –. ¡A cada momento estas cambiando de opinión! ¡¿Cómo carajo se supones que sepamos que pasa por tu mente?!
Las palabras de la gemela llegaron tan sorpresivamente que todos a su alrededor quedaron congelados y no por la intensa ventisca que los helaba hasta los huesos.
–¡Siempre ha sido lo que tú quieres! –continuó la niña con ferocidad –. ¡Nunca lo que nosotros queremos!
–Honey –se dirigió su padre hacia ella sin estar muy seguro de que decir –, si te refieres a lo que hablamos en la mañana…
–¡¿Hablamos?! ¡¿HABLAMOS?! ¡No hablamos nada en la mañana, simplemente impusiste tu dedición ante mí y la hiciste parecer una pregunta!
–Hay cosas que simplemente nos supera…
–¡No son solo cosas! ¡Todo! ¡Todo es más importante de lo que nosotros queremos!
–¡Honey sabes bien que existen responsabilidades que no elegimos, que simplemente nos llegan!
–¿Alguien sabe de qué están hablando? –preguntó Snotlout al resto de los chicos que contemplaban la discusión padre e hija de una distancia segura.
–No lo sé –respondió Astrid en susurro sobre su hombro –; pero cállate que no me dejas escuchar.
–¡Entonces ¿por qué insistes en que elija!? –gruñó Honey –. ¡¿Acaso para librarte de la culpa?!
–¡No! –rugió Stoick ofendido –. ¡La única razón por la que te di opciones es para darte la oportunidad de hacer algo importante para Berk! ¡Creo que eres más útil para nuestra gente!
–Papá… –lo llamó inútilmente Hiccup cuando se percató del hielo delgado en que se había metido su progenitor.
Pero ya era muy tarde.
–¡Oh, ahora entiendo! –exclamó Honey –. ¡Es por lo de “los hijos inútiles del jefe” otra vez!
Stoick rápidamente intentó reparar su error, pero intenso y fantasmagórico rugido se escuchó entre los fuertes vientos de la ventisca, estremeciendo sus corazones y erizando el bello de la nuca de cada uno de los vikingos.
–¡Es el fantasma del pico de Thor! –gritó Fishlegs abrazando a Meatloug quien también lanzó una mirada de espanto a sus alrededores.
Hiccup pudo deducir que efectivamente había algo más atrapado en aquella tormenta con ellos, ya que los dragones se pusieron alerta y a la defensiva. Aún así, antes de que pudieran hacer algo más, un pequeño cordero se espanto ante aquel llamado del más allá, corrió entre las piernas de los humanos, perdiéndose entre la intensa nieves que caía sobre ellos.
–Perfecto –soltó Gobber mirando al pequeño animal escabullirse en terror.
–¡Voy por él! –dijo Honey y antes de que alguien pudiera detenerla, salió corriendo detrás del pequeño animalito –. ¡Al menos así puedo ser de utilidad!
–¡Honey! –le gritó Stoick, pero ya era muy tarde. Con unos cuantos pasos, la delicada silueta de la gemela pecosa se perdió entre la nieve.
–¡HONEY! –la llamó de inmediato Hiccup tratando de ir detrás de ella. Toothless soltó un leve rugido, pero ambos fueron detenidos cuando el padre del muchacho los sujetó de los hombros.
No perdería otro hijo en esa tormenta.
-o0o-
Unos cuantos metros más adelante, Honey comenzó a arrepentirse de haber salido corriendo de esa manera. Al instante en que se adentró en la nieve ella sola, perdió por completo de vista el pequeño cordero y su camino. La nevisca que caía constantemente taparon sus huellas impidiéndole regresar sobre sus pasos y la poderosa ventisca la desorientaba. Continuó caminando, sumergiendo sus piernas hasta la rodilla en la nieve y abrasándose a sí misma para mantener su calor; pero a pesar de su pesada capa de piel de oso, la baja temperatura la hacía temblar.
Debía regresar de inmediato o se congelaría.
Continuó caminando en lo que maldecía mentalmente su camino y su padre. Pero poco a poco un terror creció en su interior. Su sentido de dirección se había vuelto inútil ante la blancura de sus alrededores que lucía exactamente igual con cada paso que daba. Nunca había estado más perdida en su vida.
Intento seguir avanzando.
Sus piernas se fueron sintiendo cada vez más pesadas y le resultaba casi imposible marchar con la alta nieve. Su piel chillaba de dolor ante el frio y su aliento se congelaba de inmediato al escapar de su boca. Fue con el pasamiento se formó en su cabeza:
–Voy a morir.
Todo le pareció tonto de momento. La discusión con su padre, el entrenamiento de los dragones, inclusive esa tormenta. ¿A quien quería engañar? No odiaba a su padre. Solo estaba molesta con él y su repentino despertar de paternidad. Honey estaba muy herida y resentida para haberse dado cuenta desde un principio que ella su padre eran dos gotas del mismo mar, que simplemente choran en una costa.
Pero ya no importaba. Comenzaba hacerse a la idea que pronto se encontraría con su madre y abuelo en las tierras donde reposaban sus antepasados, pero casi inmediatamente la descartó. Probablemente, primero su cadáver se congelaría en aquella montaña y su alma se perdería para siempre, deambulando en aquel pico alto de la isla como un fantasma, a que ella consiguiera un lugar en el Valhala.
Intento inútilmente continuar en la dirección que se imaginaba ser la correcta, donde encontraría su hermano y estaría a salvo, pero sus alrededor no cambiaba y su cuerpo no daba para más.
–Lo siento, Hiccup –dijo en susurró antes de desplomarse sobre la nieve y caer en la inconsciencia.
-o0o-
De repente, la nieve dejo de caer y el frio ya no era perceptible. Tal vez la helada finalmente había quemado toda su piel y nunca jamás podría sentir otra vez. El viento dejo de soplar y la calma regresó a la montaña.
Honey abrió con letárgica sus ojos y encontró su rostro pegado contra la fina y fría nieve. Con pesadez se puso de pie, en lo que su vista nublosa se adaptaba a su alrededor. Efectivamente la nieve había dejado de caer y cielo estaba semi-despejado con excepción de algunas nubes esponjosas como algodón.
–¿Dónde… dónde estoy? –se preguntó la chica aletargada. La cabeza le dolía como nunca y su cuerpo era pesado como si llevara un millar de rocas en su espalda.
Con lentitud se puso de pie, en lo que percató que había llegado hasta un punto en la cima montaña, quizá el pico más alto, donde el acantilado sobresalía de la nada y resplandecía con la increíble vista de la isla de Berk. Solo en el lomo de Toothless había presenciado algo más sorprendente.
–¿Qué paso? –se preguntó de nuevo la joven frotándose la cabeza tratando de recordar sus últimos momento de conciencia. Pero su cerebro continuaba parcialmente dormido que no resultaba ser de gran ayuda.
Honey giró sobre sí misma tratando de encontrar su camino, cuando descubrió algo que despertó por completo su cerebro. No se encontraba sola.
En el punto más alto del pico, había un hombre. Probablemente un poderoso guerrero por su alta estatura y marcados músculos. Sus brazos como de gorila estaban desnudos ante el frio, a diferencia del resto de cuerpo ataviado con las ropas finas y mejor remendadas que había visto en su vida. De su gruesa cintura colgaban espada, hacha, dagas y hasta un martillo, y una imponente capa ondeaba de sus hombros al viento. Honey no pudo evitar sonrojarse al darse cuento del increíble atractivo de aquel hombre; su silueta era perfecta y marcada contra el horizonte. Su cabellera rubia con impecable ondas se sacudían levemente y su barba estaba trenzada con magnificencia que ningún bello salía de su lugar.
Ante su imponente semblante y postura, aquel misterioso guerreo se imponía.
–¿Hola? –lo saludó Honey con timidez –. ¿Quién es usted?
El desconocido no contestó, ni siquiera se volvió a verla. La chica no podía estar segura que se hubiera percatado de su presencia.
–¿Conoce el camino hacía Berk? –continuó dando un paso más hacia el desconocido, que fácilmente podía diferenciar que no era habitante de su aldea. No hubo respuesta –. ¿Acaso no pude hablar o no me escucha? –insistió irritándose levemente con aquel desconocido.
–Yo poseo mi propia voz –dijo de repente con la voz más profunda, varonil y armoniosa que Honey había escuchado en su vida –. ¿Tú conoces la tuya?
Ahora fue turno de la jovencita de quedar en silencio. Dio un brinco inconsciente hacia atrás en lo que el desconocido tenía sus ojos azules clavada en la impresionante vista a sus pies.
–¿No acabo de preguntar…? –se escapó de los labios de Honey –. ¿No es eso a lo que se refiere? –agregó intuyendo.
El extraño guerrero no constó, continuó con su postura y su firme mirada.
–¿Es el fantasma del pico de Thor? –preguntó Honey.
–Aquí no hay fantasmas –respondió el hombre.
De acuerdo, nada de fantasmas. La mente ya más despierta de la joven comenzó a trabajar en las posibilidades. Su primera teoría fue que estaba muerta.
–¿Quién es usted? –volvió a preguntar.
–Yo sé quién soy –dijo el hombre –. ¿Tú sabes quién eres? –con movimientos sumamente agraciados, el desconocido se volvió de lleno hacia Honey haciéndola estremecer con su sola presencia –. Los seres humanos sin destino luchan para ganarse un lugar en este mundo. Aquellos con destino suelen ignorar quienes son –sus brillantes ojos azules se clavaron en los verde esmeralda de la chica –. La pregunta ahora sería: ¿no tienes un destino que cumplir?
Definitivamente, estaba muerta y ese desconocido era su guía al más allá.
Honey se tomó su tiempo para contestar. Si realmente estaba muerta, las palabras del guerrero debían ser algún tipo de adivinanza que debía responder para avanzar hacia adelante. Meditó un poco en sus palabras: ella preguntó su identidad y él se la devolvió. Ella sabría quien es él, si supiera quién es ella, y ella sabría su propia identidad, si no tuviera un destino. ¿Era eso a lo que se refería?
–Lo sabría si supiera quién soy –respondió la chica sardónicamente esperando engañar al guerrero.
Éste abrió levemente la boca como si fuera a responder, pero luego se contuvo y una débil sonrisa de orgullo se marcó en sus labios.
–A su momento –dijo al darse cuenta del intento de la chica –. Aún no estás lista –agregó –; debes primero de prepárate para cuando llegue el momento en que más se te necesite. Por ahora…
–¿Prepararme? ¿Para qué? –para el más allá, la muerte… ¿Estaba o no muerta?
–Los débiles siempre se preguntan, se quejan y lloran por la injusticias y dificultades –continuó el guerrero mirando de nuevo el horizonte –. Solo los valientes se atreven a tomar el control de sus vidas a pesar de las adversidades y deciden por voluntad propia el camino que los llevara a su destino –se dio de nuevo vuelta hacia Honey y caminó hasta ella, provocando que dieran un paso involuntario hacia atrás –. La marcha nunca es fácil y no siempre conllevaba a la gloria, pero el que la sufre, lucha y continua por las adversidades alcanzara su destino y la inmortalidad.
Honey clavó sus ojos en el desconocido y su centellante mirada. Definitivamente, no estaba muerta.
–Tú no eres débil –le dijo el extraño con fuerza y determinación –. No eres cobarde –no supo porque, pero algo ardió con fuerza dentro del pecho de Honey al escuchar esas palabras –. Y tu camino nunca ha sido y será sencillo. Ahora que conoces algo que no sabías ayer, responde mi pregunta: ¿no tienes un destino que cumplir?
–Eso creo... –masculló la chica.
–¿Crees?
Honey tragó saliva al comprender… ahora lo entendía lo que se refería el hombre… lo que era todos eso, quien era él y que quería de ella.
–No –soltó la chica con fuerza en su voz y enderezando su espalda –. Estoy segura.
El guerrero le sonrió, Honey trató de corresponderle pero su rostro no reaccionaba. Después de todo, ella lo odiaba. Sacudiendo su larga capa, el hombre le dio la espalda a la chica y comenzó a alejarse descendiendo de la montaña sin dejar huellas detrás de él en la nieve.
–¡Espera! –lo llamó Honey –. ¡¿Sabe cómo puedo regresar?!
Pero antes de que el guerrero llegara a contestar, de nuevo el fantasmagórico llanto se escuchó en los alrededores, intensificado por el eco de la montaña.
–¡¿Qué es eso?! –soltó la gemela espantada, perdiendo el equilibrio y cayendo sobre la nieve. Pero su caída no se detuvo ahí, pudo sentir como perdía más su equilibrio y continuaba en picada sin tocar el suelo.
–Un regalo –escuchó la voz del guerrero en la lejanía –. De mí para ti. Te ha estado esperando y te ayudara a marchar por tu camino.
-o0o-
Honey sintió como si hubiera si su nuca hubiera chocado contra una roca. Su cuerpo seguía pesado y adormilado, pero de nuevo era perceptible el frio. La montaña estaba nuevamente cubierta de nieve, la ventisca azotaba con fuerza silbando en sus oídos y sus alrededores estaban a oscuras por la poderosa tormenta.
Aún así Honey no se congelaba, algo recargado sobre su pecho le daba calor.
Lentamente la jovencita abrió sus pesados parpados y se topó de inmediato con un par de ojos morados que le devolvían la mira.
–Oh… –salió de su boca cuando se percató del gran dragón lanudo recargado sobre ella.
Chapter 48: Furry
Chapter Text
Furry
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–Entonces me di cuenta del numero de piedras que se tragó Meatloug –comentó Fishlegs con alegría mientras permanecían todos junto frente a la fogata – y curiosamente fue la misma cantidad de bolas de lavas que suele disparar. Eso me hizo generar una teoría…
–¿De porque eres un idiota? –soltó Snotlout fastidiado frotándose los brazos para generar calor. Su comentario desató un par de risillas por parte Tuff y Ruff.
Se encontraban los seis jóvenes, los animales de granja y los adultos vikingos apretujados los unos a los otros alrededor de una pequeña fogata y rodeados por las masas escamosas de sus dragones que formaban un bunker contra el clima con sus alas. La tormenta invernal se desató con violencia, la nevada y ventisca era tan intensa que no podían reconocer el camino de regreso a Berk y los dragones mucho menos podían volar. Habían quedados atrapados en la montaña hasta que la tormenta amaizara.
–No –contestó el joven regordete lanzándole a Snotlout una mirada inquisitiva –. Que es el alimento de los dragones lo que determina el fuego que lanza y la cantidad de disparos que tienen. Con tal concepto, comencé a vigilar a Barf y Belch…
–¿Qué? –gimió Ruffnut alarmada.
–¿Barf y Belch? –dijo a vez Tuffnut clavando su mirada en el joven regordete –. ¡Fishlegs pervertido! ¡¿Por qué espías a nuestro dragón?!
–Tienes enfermo el cerebro para invadir la vida privada de una pobre bestia –agregó su hermana señalándolo con un dedo acusador.
–¿Ya terminaron? –fue la respuesta de Fishlegs a sus imputaciones.
–Casi –dijo Tuff lanzándole una mirada mordaz con intensidad, antes de regresar a su puesto y admitir con calma –: Ahora sí.
–Como estaba diciendo –continuó el chico rubio –, comencé a vigilar a Barf y Belch para entender porque en lugar de lanzar fuego como los demás dragones, utilizan gas. Es así cuando descubrí las sardinas…
–¿Sardinas? –repitió Astrid apretando sus rodillas contra su pecho para mantener su calor.
–Así es. Sardinas. Los zippleback comen principalmente sardinas, eso debe producir una especie de proceso en sus estómagos que provoca el gas inflamable.
–Espera un momento señor sabelotodo pomposo Fishlegs –lo detuvo de nuevo Tuff sacudiendo sus manos y cabeza –. Si Barf y Belch comen sardinas por el gas ¿cómo es que lo encienden con un chispa? ¿eh? ¡¿EH?!
Ruff apoyó el punto de su gemelo clavando sus ojos inquisidores en el joven regordete.
–Rocas ásperas –respondió éste–. También me di cuenta que la cabeza del zippleback que acciona la chispa mastica pequeñas rocas ásperas; eso debe provocar una reacción en sus boca ante la fricción de sus diente que genera la chispa que enciende el gas.
–Wow, eso es increíble Fishlegs –puntualizó Hiccup entusiasmado después de varias horas de agonizante mutismo –. Hay que guardar notas de todo esto.
–Claro, cuando regresemos a Berk… –comenzó a decir Fishlegs para luego detenerse de improvisto al recordar la tensa situación. Sus ojos azules miraron con lastima al gemelo pecoso antes de aclarar –: cuando todos volvamos, quiero decir.
Inconscientemente, cada uno de los jóvenes volvieron sus vistas fuera de su refugio a la tormenta que azotaba a sus alrededores. Habían perdido la noción del tiempo y hasta el momento la noche que había caído sobre ellos les parecía eterna. Aún así en sus mentes, especialmente en los miembros de su familia, la primera pregunta que estaba presente era: ¿Dónde estaba Honey?
–Sí, lo sé –murmuró Hiccup desolado. Requirió un par de horas de sujeción y todos los argumentos posibles para conversarlo en no arriesgar su vida en aquella tormenta para encontrar a su hermana gemela.
El cambio en la conversación provocó que otro silencio incomodo se formó en el grupo que intentaba sobrevivir. Pero era difícil mantener el espíritu ante aquellas situaciones, sin saber que había sido de Honey, la poderosa tormenta que azotaba contra ellos y la larga noche con los aullidos de un fantasma oculto en la ventisca.
Habían intentado de todo para mantenerse distraídos; Fishlegs quien fácilmente se ponía nervioso, pasó de farfullar sobre los panes horneados por sus padres, de las barrigas calientes de los dragones que los mantenían a salvo, hasta viejas canciones que ya nadie recordaba.
Pero siempre terminaba en lo mismo, en un terrible e incierto silencio. No les quedaba más que acurrucarse los unos a los otros para buscar calor y consuelo. Astrid que había permanecido gran parte de la noche en su burbuja personal, finalmente se tragó su orgullo y dejo caer su cabeza sobre el hombro de Hiccup.
El muchacho no pudo evitar ponerse algo nervioso, aunque estaba más que sorprendido por el cambio de actitud de la chica. En cierta forma, comenzaba a entender que pasaba por la mente de Astrid y porque primera instancia rechazaba sus avances para luego buscar por sí sola su compañía. Realmente era una chica orgullosa.
Hiccup decidió probar su teoría y no comentar nada al respecto de la proximidad uno del otro. Solo se dispuso… a disfrutar del calor.
Tal acto no paso desapercibido para Stoick y Gobber.
–Mira nada mas eso –comentó el herrero dándole un leve codazo a su amigo, mientras le indicaba con la cabeza a Hiccup y Astrid –. ¿Acaso no tenía razón? ¿Quién tenía razón? –continuó como si realizara pucheros a un bebé –. Solo Gobber… solo Gobber.
–Calla de una vez –se quejo Stoick levantando una mano en amenaza de azotarlo –. No estoy ciego y puedo verlo por mí mismo – con mal humor y amargura añadió –: Pero en este momento tengo otras preocupaciones en mi cabeza.
Sus ojos saltaron hacia los pequeños espacios entre las alas de los dragones y la ventisca, como la oscuridad que los rodeaba. Aquella donde se encontraba Honey… sola.
El gran jefe vikingo continuaba con el fuerte deseo de levantarse y salir por su cuenta en su búsqueda, pero si hacía eso, el resto de los muchachos correrían peligro o se perderían por igual. No. Debían permanecer juntos por el momento, sin importar cuanto lo estuviera torturando la incertidumbre.
–No veo por qué preocuparse–soltó Gobber con tal calma y seguridad que irritó a su amigo y líder –. Honey es muy lista, más que los que están aquí… juntos. Es muy probable que averiguara el camino de regresó a Berk por su cuenta. Debe estar con Gothi comiendo un caldo caliente, mientras nosotros nos congelamos el culo.
–Los dioses te oigan Gobber –dijo Stoick con pena rezando –. Que los dioses te oigan.
Las tortuosas horas en el frio y la oscuridad continuaron. Los dragones permanecieron en sus puestos asegurándoles la única protección de la muerte que asechaba en las sombras y la nieve. Finalmente el viento se detuvo por completo y poco después le siguió la nieve. Para el momento que el sol de alba comenzaba alzarse en el horizonte, la tormenta había terminado y milagrosamente, todos habían sobrevivido.
–Muy bien –soltó Stoick acomodándose su grueso cinturón, en lo que los chicos se levantaban y se desperezaban el aturdimiento en sus piernas, y los dragones se sacudían la nieve de sus cuerpos –, Hiccup quiero que tomen a los animales y que los lleven de regreso al gran salón –dijo tajantemente dirigiéndose solo a su hijo.
–Espera papá –se quejo el muchacho en lo que padre comenzó a marchar por la espesa nieve a pasos agigantados –. ¿Qué hay de Honey?
–Gobber y yo no haremos cargo de encontrarla… –comenzó explicación cuando fue interrumpido por su hijo.
–Yo también quiero buscarla –dijo el chico pecoso con energía prácticamente brincando para poder moverse en la nieve, en lo que intentaba alcanzar a su dragón –. Toothless es rápido y volando cubriremos más terreno.
–¡No! –sentenció Stoick con fuerza utilizando su tono de jefe. Cada uno de los presentes, incluso los dragones, se detuvieron en seco y esperaron las órdenes que saldrían de la boca del jefe vikingo –. Tú y los demás chicos pasaron la noche en vela, necesitan descansar y los animales ponerse a resguardo.
–Pero no puedo marcharme sin saber que Honey está bien –insistió Hiccup montando sobre su dragón en clara señal de desobediencia.
–¡Hiccup! – lo llamó Stoick levantando los hombros.
–¡Papá! –se quejo el muchacho provocando que los demás jóvenes pasaran sus miradas de uno al otro.
–Stoick –lo llamó Gobber tirando de la capa de piel de oso de su amigo.
–Ahora no, Gobber.
–Díselo a ellos –aclaró el herrero indicando sobre el hombro de su amigo.
Todo el grupo se volvió de golpe en dirección a donde indicaba Gobber, justamente donde tres dragones salvajes se aproximaron hacia ellos de entre los árboles.
–Monstrous Nightmare salvajes –dijo Astrid dando un paso hacia atrás, en lo que sus dragones daban uno hacia adelante gruñendo a los recién llegados.
–No solo monstrous nightmares salvajes –marcó Fishlegs nervioso –. Son los monstrous nightmare que quemaron el granero.
–Ja –soltó Snotlout sin perder la oportunidad –, ahora admites que ellos fueron los que lo prendieron en llamas, no yo.
–¡Ahora no, Snotlout! –gruñó Hiccup.
Los tres dragones continuaron su marcha hacia ellos, empajándolos a una de las orillas del bosque. Sus penetrantes ojos estaban fijos en su dirección y de sus bocas emanaba un cálido aliento.
–¿Qué es lo que quieren de nosotros? –preguntó Astrid dando otro paso hacia atrás, siendo imitada por los animales de granja que se colocaron detrás de los dragones de los muchachos.
Al menos ya no les temían a esos dragones.
–Quieren a las ovejas y los demás animales –intuyó Hiccup al percatarse de las lascivas miradas que los nightmares les dirigían a las ovejas.
–Ahora sí que la cagaste grande Hiccup –comentó Snotlout imitando al resto del grupo y dado un paso hacia atrás –, los nightmare no comen ovejas, sino pescado. Haber Fishpelmaso apunta eso para tus investigaciones.
–Creo que estoy con Hiccup en esto, Snotlout –dijo el chico regordete mientras abrazaba con fuerza la cola de Meatloug –. El mar está congelado y con la tormenta debieron haber gastado todo su fuego interno para mantenerse calientes. Ahora están hambrientos y no les importa que sea lo que encuentren primero para comer.
–Y de finitamente no seremos nosotros –bramó Stoick tomando las riendas de la situación; tanto él como Gobber se colocaron frente a los chicos y su dragones para formar una muy mala pero desesperaba barrera humana.
Tal vez los vikingos habían aceptado estar en paz con los dragones y especial con los que vivían en el pueblo, pero eso no les quitaba a los dos viejos Hooligan la experiencia de una vida exterminándolos. Ellos estaban listos para luchar.
–Así es –agregó Hiccup cobrando valor –. ¡Toothless, plasma blast! –le indicó a su fiel dragón quien no tardó en dar un gemido en aceptación y abrir su hocico.
Pero nada salió.
–¡¿Qué paso?¡ ¡¿Dónde está el fuego?! –gruñó Stoick.
–¡Lo mismos que los dragones salvajes! –explicó el muchacho preocupado en lo que cada uno de sus dragones intentaba disparar su fuego contra los nightmares salvajes sin obtener ni la menor llamarada –. ¡Pasaron toda la noche bríndanos de su calor, que ya no les queda fuego interno!
–Bueno, en ese caso no nos queda de otra que arreglarlo a la antigua – soltó Stoick con cierta satisfacción alzando su puños. Había pasado el más terrible estrés las últimas horas y estaba deseoso de desquitarse.
–Papá…
Pero antes que la lucha épica entre los dos vikingos veteranos y los tres dragones salvajes se llevara a cabo, el terrible aullido fantasmagórico retumbó de nuevo sobre sus cabezas y las copas de los arboles, paralizando a todos por unos segundos.
–¡Es es el fantasma del pico de Thor! –gritó Fishlegs aterrado –. ¡Viene por nosotros!
–¡Tarados y gordos primero! –vociferó Snotlout empujando a un lado al joven regordete y los gemelos Thorston antes de arrojarse al suelo y cubrirse la cabeza con ambas manos.
A como el aullido se intensificaba, una silueta surcó el cielo entre nublado haciéndola levemente perceptible. Solo el hecho que pasara lo suficiente bajo para rosar las copas de los arboles indicaban su presencia.
–Esperen un momento eso no es un fantasma… –masculló Astrid tratando de identificar a la figura entrecerrando sus ojos.
El misterioso ente voló en círculo a gran velocidad, apuntando directamente, y solo, a los tres nightmares salvajes, a los que disparó un par de bolas de nieves que chocaron contra ellos congelando casi instantáneamente su piel.
–¡El fantasma nos ha salvado! –gritó Tuffnut con alegría levantando su puño en el aire. Luego un par de bolas de nieve impactaron cerca de sus pies, haciéndolo dar un brinco hacia atrás –. ¡Y ahora va a matarnos!
–¡Ese no es un fantasma! –dijo Hiccup finalmente captado la figura misteriosa al virar a gran velocidad –. ¡Es un dragón!
La bestia que aullaba como fantasma disparó un par de bolas más contra los dragones salvajes, que rápidamente emprendieron la huida entre los árboles. El ganador circuló sobre la cabeza de los chicos vikingos y los dos adultos, en lo que sus dragones soltaban leves gruñidos que no tenían nada de amenazadores.
Ellos lo sabían, no solo no era un fantasma, tampoco representaba un riesgo para ellos.
El dragón misterioso viró una última vez, antes de dar una par de sacudidas a sus poderosas alas para aminorar su velocidad y aterrizar graciosamente frente al grupo de vikingos y dragones. Definitivamente era un dragón, pero no cualquiera, era uno que asemejaba mucho en aspecto y forma a un nightfury. Su cuerpo era largo y estilizado, poseía dos grandes alas como de murciélago, una cola aerodinámica y cuatro patas cortas y robustas. Pero a diferencia de Toothless, su color era mucho más claro; su pecho era casi blanco que se perdía en contraste a la nieve y su cabeza como lomo, estaba recubierto por lo que parecía ser un pelaje de café claro. Y ya por sí eso era raro, había otra sorpresa sobre su lomo.
–¡Honey! –exclamó Hiccup aliviado al ver su hermana gemela ilesa desmontar al fantasmagórico dragón, con el pequeño cordero perdido en sus brazos.
Con una gran sonrisa en sus labios, Honey corrió hasta su hermano hasta quedar fuertemente abrazados el uno contra la otra. El constante contacto y calor del su gemelo, logró calmarlo y aligerar la duda y miedo que los llegó a atormentar aquella larga noche. Por varios minutos, se apretaron fuertemente contra el pecho del otro, como si temieran que su hermano fuera una visión que se desvanecería de inmediato. Poco a poco se fueron soltando hasta que sus frentes quedaron pegadas la una contra la otra.
Estaban a salvo.
El padre de ambos se aproximó a sus hijos interrumpiendo el momento. Hiccup soltó a Honey inmediatamente pensando que su padre la abrazaría en cualquier instante, pero éste se contuvo. Honey lo miraba secamente, hasta casi aprensiva, como si no decidiera que hacer ante él. Por unos eternos segundos, simplemente se miraron hasta que finalmente Honey soltó un resoplido en resignación y saltó a los brazos de su padre.
Stoick apretó a su pequeña niña contra su cuerpo con una gran alegría que casi lo hace llorar. No quería dejarla ir ni por un instante, ya que temía lo mismo que Hiccup, y que Honey desapareciera de nuevo con lo había hecho en un principio.
–Honey ¿Qué estabas pensando? –pero el dulce momento se perdió cuando el jefe Hooligan recuperó la razón y enfrentó a su hija con sus actos –. ¡Pudiste haber muerto!
–Estaba tan furiosa contigo –le respondió ella apretando sus pequeños puños contra el pecho de su padre – que no podía pensar con claridad –agregó con una sonrisa picara a pesar de los terribles problemas en los que se había metido –. Así que técnicamente todo esto fue tu culpa.
–Honey…
La gemela le sonrió a su padre, quien no pudo luchar contra aquella mirada. Ella lo contempló un momento mientras analizaba mentalmente lo que deseaba explicarle a su progenitor. Había pasado la noche más extraña de su vida y eso que ya había en su pasado terrible sueños que atormentarían al más valiente.
Honey no estaba segura si lo que experimento en la montaña fue real, fue un delirio ante el frio o simplemente un sueño; pero definitivamente había ocurrido en el momento justo, cuando se encontraba perdida en la dirección de su vida y sus propios deseos.
Aquel hombre de la montaña, de cual tardó un momento en descifrar su identidad, le había ayudado a darse cuenta de algo. Que habría ciertas cosas en su vida que no podría controlar, pero que existían otras a las cuales debía aferrarse ante la posibilidad de tomar su propio camino. Tal vez odiaba a ese hombre con todo su corazón, pero Honey no era ninguna tonta para no darse cuenta que él tenía la razón. Ese sujeto lo llamaba destino o camino, Honey lo entendió como oportunidades.
Debía elegir la mejor opción que le ofreciera la ocasión de lograr lo que deseaba: su libertad.
–Tuve tiempo para pensar –finalmente habló la gemela pecosa como si fuera la charla más natural y no una experiencia de vida o muerte –. Sé que es lo que quiero para mí, y sé lo que tú quisieras para mí. Ahora entiendo que hay una gran diferencia entre lo que se desea tener y lo que se puede tener, y que muchas veces solo existe lo que debemos tener y hacer –Honey clavó su ojos en los de su padre tratando de captar toda su atención, habló despacio y con clama para que no se confundiera ninguna de su palabras –. Estaba muy enojada contigo por querer controlar mi vida, pero no me había dado cuenta que en realidad eso nunca fue tu deseo –se tomó un respiro para darse el valor de lo que en realidad quería decir –. He decidido entrenar con Gothi para convertirme una vala y una vez que lo consiga, mis decisiones serán ante lo que yo deseo.
Un reflejo en los ojos vidriosos de su padre, le dio la impresión a la chica que éste diría algo en contra, pero en cambio dijo:
–Y yo te apoyaré en ello.
Stoick tomó de nuevo a su hija entre sus brazos y la apretó con fuerza. Se sentía bien de nuevo estar con su familia.
–Por Thor, Honey –la llamó su hermano atrayendo su atención –. ¿Cómo es pudiste sobrevivir en la tormenta? No es que me este quejando, y ¿de dónde sacaste a ese dragón?
–Tú lo acabas de decir, bro –contestó ella con una sonrisa –. Al parecer, es el fantasma del pico de Thor y me había estado esperando –la chica dio un paso hacia el dragón para acariciar su enorme y redonda cabeza –. Él me salvó la vida
–Creo que el cerebro de Honey se congeló –Tuffnut murmuró con mordacidad al resto de sus amigos –porque solo está diciendo puras tonterías.
–¿Qué dragón es? –preguntó Astrid elevando la voz sobre los murmullos –. ¿Se parece…?
–A Toothless –completó Hiccup parándose junto a su hermana y extendiendo la mano hasta el dragón fantasmagórico. Sin el menor titubeo o duda, la bestia extendió su cuello y apretó su frente contra la mano de muchacho. Al pasar su mano sobre su piel se dio cuenta que aquello que en un principio le pareció en pelaje era en realidad largas escamas sumamente sedosas.
–Están cerca –comentó Fishlegs también aproximándose al dragón para examinarlo –. Creo que es un Woolly Howl, un pariente de la clase strike del nightfury. Son un poco más grandes en tamaño, pero sumamente agiles al vuelo –el joven rubio continuó sumamente animado revisado hasta debajo de la alas de la bestia –. Es muy raro ver uno, ya que son criaturas increíblemente solitarias y de vidas muy largas.
–Eso parece –añadió Honey –, ya que todo este tiempo ha vivido en la montaña creando el mito del fantasma.
–Parece como si tuviera pelo –dijo Ruff acercándose al Howl con el resto de los chicos y los dragones.
–Son escamas que asemejan al pelaje –informó Fishlegs pasando sus manos por el lomo de dragón que respondió a su tacto con una leve sacudida –, los antiguos cazadores veía la pieles de los Howls muy valiosas.
–Y por ello lo llamaré Furry (Peludo) –sentenció Honey dándole un abrazo a la gran cabeza de la bestia. Éste soltó un leve rugido con afecto, mientras el padre de la niña dejo escapar uno en exasperación.
Eso significaba otro dragón en su casa.
–¿Furry? –espetó Snotlout con ironía –. Toothless. Hiccup –añadió indicando a cada uno de ellos –. La elección de pésimos nombres viene de familia ¿verdad?
–¿Qué quieres decir muchacho? –bramó Stoick, mientras que él, sus hijos, y sus dragones le lanzaron a Snotlout una mirada en reproche.
–Nada. Nada –se apresuró a decir el moreno, pasando sus brazos sobre su cabeza fingiendo inocencia.
–¿Eso quiere decir que Toothless es solo mío? –comentó Hiccup en lo que el nightfury pasó su redonda y negra cabeza debajo de su brazo.
–En el cielo, sí –contestó Honey mientras Furry se apretaba contra su cuerpo para acercar su nariz hacia el dragón de ébano –. Pero eso no significa que dejare de quererlo –denotó la chica dándole un leve toque a Toothless en el hocico.
–¿Qué te parece Toothless? –le preguntó Hiccup –. Ahora tienes un hermano-primo-algo.
Ambos dragones strike se acercaron los últimos centímetros olfateándose hasta que sus narices prácticamente se toparon la una con la otra. Después de una leve inspección de olor, el nightfury alzó la cabeza en alegría y comenzó a brincar de un lado a otro alrededor del Howl. Furry no le correspondió tal acto, en contrario, levantó una de sus patas y en el momento justo en que Toothless bajo la cabeza, posó sus garras sobre él hasta aplastarlo contra la nieve deteniendo por completo sus juegos.
Honey no pudo evitar reír.
–Parece que alguien está algo grande para los juegos.
Los demás chicos también soltaron una que otra risita o comentario al respecto en lo que el resto de los dragones se aproximaron al nuevo integrante de su grupo.
–Es mejor que regresemos a casa –dijo Stoick poniendo en marcha a los muchachos.
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Por suerte para los habitantes de Berk, esa fue la última y única tormenta invernal que azotó a su isla ese invierno, pero sus consecuencia fueran graves. Cuando los habitantes del poblado salieron de su refugio en el gran salón se encontraron con muchas casas y construcciones destruidas ante el peso de la nieve que cayó sobre sus techos. Los campos de cultivos se congelaron hasta la muerte y el mar quedo congelado por toda la costa. Aún así, no era el fin del mundo, ya que los animales de granja lograron sobrevivir a la tormenta y aprendieron a no temer a los dragones residentes de la aldea. El almacén había logrado aguantar la ventisca y con los dragones se podría pescar lejos de las costas heladas. Otro horrible invierno dejaría su marca en los habitantes vikingos de Berk, que como siempre encontraban la manera de sobrellevarlo. Ese año en particular gracias a los dragones e Hiccup.
En cuanto al muchacho pecoso, con el incidente de los animales de granja en el pasado, volvió a superar sus dudas e inseguridades prometiéndose a sí mismos no volver a pensar en su persona como un inútil. En cierta forma, toda aquella aventura le había enseñado una importante lección sobre como la vida no siempre resultaba como uno se imaginaba o tan perfecta como se deseaba.
Y parte de ello fue por palabras de Honey. Al parecer había alcanzado cierta sabiduría al permanecer una noche en aquella montaña; tal vez después de todo había cierta veracidad en la leyenda del pico de Thor. Que era exactamente lo qué había sucedido en esa montaña Honey se lo guardaba muy bien, pero no tenía problemas en compartir su descubrimiento y manera de pensar.
Aunque eso fue lo único que compartía Honey en los tiempo venideros, ya que Gothi no perdió ni un solo momento para empezar el casi brutal entrenamiento que convertiría a la gemela en una vala. Con sus respectivas labores y enseñanzas, Hiccup comenzó a pasar menos tiempo con su hermana, con excepción de las horas de entrenamiento en la academia, las prácticas con Gobber y las cenas en casa. Honey normalmente se encontraba enterrada entre papiros mientras repasaba constantemente las runas que debía memorizar y cualquier momento libre lo aprovechaba para volar sobre su nuevo dragón.
A diferencia de Toothless, Furry era un dragón mucho más pasivo y no era tan exigente con las horas dedicas al vuelo. Generalmente la pasaba dormido cerca de su jinete tomando una larga y silenciosa siesta.
La falta de la constante presencia de su hermana afectaba un poco a Hiccup, quien realmente se sentía algo incompleto cuando enfrentaba situaciones difíciles; como la ocasión que tuvo que hablar de nuevo con Gobber para hacerlo desistir de construir todas las sillas de montar de los jinetes. Una tarea muy difícil después de la última desilusión en su intento de ser el suplente del jefe. Fue una suerte que descubrieran por casualidad que los dragones tenían problemas de dentadura y que los conocimientos del herrero y guerrero pudieran resultar efectivos para aliviarlos de su dolor.
Poco a poco, cada uno de los habitantes de Berk se fue adaptando a la nueva vida con los dragones, nuevos trabajos para los jóvenes y sus asignaciones, y el caso de Hiccup hasta la ausencia constante de su gemela. Pero todo era por un bien común, mejorar la vida de la aldea y sus habitantes.
En un curioso azar del destino, aquellos vikingos que solían combatir a muerte a aquellas bestias escupe fuego ahora no solo convivan en paz con ellas, sino también comenzaban a depender de sus habilidad y agradarles su presencia.
Fue algo completamente nuevo, pero del total agrado de Hiccup cuando los habitantes de Berk comenzaron a acercarse a él por consejo para tener su propio dragón. El muchacho se llenó de alegría y buscaba el tiempo para ayudar a cada uno a encontrar a su propio compañero escamoso. No era como los chicos que entrenaban en la academia (y se habían autonombrado los jinetes de dragones) y montaban cada vez en más audaces acrobacias. Era más como buscar un cachorro o un gato, o algún otro animal de ayuda y compañía.
Mulch y Bucket se encariñaron inmediatamente de su zippleback verde que bautizaron Whip y Lash, que les ayudaba a atraer a los peces a sus redes. Spitelout era acompañado a todos lados por su pequeño terrible terror sobre su hombro, que lanzaba mordidas a todos a los que lo veían feo. Y Gothi comenzó a coleccionarlos como una vieja loca que no tiene más compañía que las pobres bestias.
Honey no tardó en llamarlos hipócritas, pero ante su nueva perspectiva de vida, el comentario se quedo en la privacidad de su hogar.
Y como había más vikingos con dragones, se les asignó a los chicos de la academia supervisar el progreso de los nuevos dueños, ya que al final de cuentas era objetivo de la academia que aquellos que estudiaban en ella fueran los vikingos con el mayor conocimiento y control sobre los dragones. Era por ello que incluso comenzaron a reunirse un grupo de nuevo aspirantes ansiosos de iniciar los cursos. Entre ellos destacaba principalmente Gustav Larson quien no desaprovechaba oportunidad alguna para preguntar cuando sería el día en que podría entrenar como jinete.
Pero aquel futuro aún estaba muy lejos, Hiccup, Honey, Astrid y Fishlegs acordaron que era necesario tener mayor conocimiento de aquellas bestias por su cuenta, antes de comenzar enseñarles a otros como entrenarlas y sobre todo montarlas. Inclusive aún había muchos misterios y especies que desconocía ante el miedo y odio que dominó a ambas especies por cientos de años.
Incluso un par de semanas después de la terrible ventisca, los chicos de la academia hicieron su primer descubrimiento y aporte al conocimiento sobre dragones, al descubrir y nombrar al Typhoomerang. Claro que un principio solo interactuaron con una pequeña cría que llamaron Torch, pero pronto descubrieron la gigantesca bestia en que convertiría al enfrentar cara a cara con una furiosa y bastante vengativa madre Typhoomerang.
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Con tantas aventuras, trabajos y tareas por delante, los jóvenes vikingos, así como el resto de la aldea de Berk, no se dieron cuantas de las fechas que se aproximaba hasta que ya las tenían encima.
Snoggletog era una de las fechas favoritas en el archipiélago barbárico, en especial de los más jóvenes. Era una antigua tradición que motivaba el amor, el afecto entre los individuos y sobre todos los regalos; los mismos que eran dejados en los cascos de los niños por el mismo Odín, o al menos eso se les decía a los más chicos.
Aquella tradición tenía sus orígenes desde que los primeros barcos vikingos zarparon y colonizaron aquel olvidado y peligrosos archipiélago. La idea principal era evitar los conflictos entre los navegantes después de constantes horas de encierro en sus barcos. Generalmente la paz se lograba gracias a bastante hidromiel y otras bebidas alcohólicas. Litros, pero muchos litros.
Con el paso de tiempo la festividad paso a los más pequeños, pero aún así los adultos la disfrutaban especialmente con la tradicional competencia de bebidas. Hiccup y el resto de sus amigos ya eran lo suficientemente grandes como para celebrarlo aquellos días al igual que cuando eran niños. Aún así estaban bastante entusiasmados, ya que sería la primera vez que compartiría Snoggletog con los dragones.
La fecha especial estaba a unos cuantos días por llegar y ya Berk estaba decorado apropiadamente con guirnaldas y el característico árbol pagano en el centro del pueblo. Con ayuda de los dragones había resultado sencillo de armar ese año. Los regalos ya habían sido seleccionados y como dictaba la tradición, una enorme fiesta era planeada para la víspera de la festividad.
Todos se encontraban tan animados que ni el frio podía enfriar el espíritu de la época. Pero algunos no se emocionaban tanto como los demás.
–Mira que tengo aquí Furry es una pierna de yak, tu favorita –le ofreció Honey el pedazo de carne a su dragón sacudiéndolo frente a su nariz, pero el Howl solo sacudió levemente su nariz olfateándola por debajo de las pieles de animal que cubrían su cuerpo, pero un momento después se detuvo y continuó con su siesta.
En el hogar de los Haddock el día empezaba temprano, especialmente porque Toothless despertaba a sus inquilinos brincando como maniático sobre el techo, solo con la intención de levantar a Hiccup y marchar a su vuelo matutino.
Tal vez porque era un nightfury, Toothless era muy exigente en cuanto el tiempo que le dedicaba Hiccup a volar. Y el muchacho no lo podía negar, él también lo disfrutaba de grande; el viento contra su cara, la sacudida de la velocidad, la emoción que aceleraba su corazón. Era… sentirse libre.
Pero Toothless requería de Hiccup para poder volar, por desgracia a veces el muchacho no podía dedicar tanto tiempo como él quisiera. Esa era una diferencia que había descubierto el gemelo pecoso a comparación del dragón de su hermana. Aunque Furry y Toothless pertenecían a la misma clase de dragón, eran muy diferentes en gustos, actividades y personalidad.
Podía deberse a que Toothless era mucho más joven que Furry, pero el nightfury demostraba más energía brincado, volando y saltando por todos lados. El Howl en cambio ocupaba su tiempo libre en dormir, dormir y… dormir. En un principio a Honey parecía no molestarle ya que se encontraba tan ocupada en su rutina diaria como para dedicarle mucho tiempo a Furry; éste se recostaba a su lado y dormía como si no hubiera un mañana.
Últimamente, las cosas cambiaron un poco y Furry dormía más de lo normal e incluso dejaba de seguir a Honey a todos lados y se quedaba acostado en la pila de pieles que tenía por cama en la habitación de los gemelos. Sí, esa era otra diferencia con Toothless, el Howl no descansaba en una roca caliente, sino en cálidos pelajes de animales. Eso podía deberse a que los Howl no lanzaban fuego, sino bolas de nieve y escarcha que congelaban al tacto. Fishlegs intuí que a diferencia de los demás dragones, esto dependía más a la cantidad de agua que bebía Furry a su fuente de alimento, que consistía principalmente de carne de yak.
–¿Aún sin cambio? –le preguntó Hiccup acercándose a su hermana, una vez que se había colocado sobre sí el pesado abrigo que lo protegería contra el frio invernal del exterior.
–Sin cambio –respondió ésta desilusionada sentada en el suelo.
–¿No estará enfermo?
–No lo creo, ya lo revise.
–Tal vez solo está cansado y necesita dormir.
–Él duerme todo el tiempo, Hiccup –lo reprendió Honey y el muchacho solo encogió los hombros –. Puede que tengas razón –agregó con un suspiro en resignación.
La conversación se detuvo ante un par de golpes en el techo que sacudió la casa.
–Esa es mi llamada –dijo Hiccup con una sonrisa a su hermana y poniéndose su caperuza sobre su casco. El muchacho estaba por marcharse cuando le hecho una última mirada a su hermana.
Honey estaba muy preocupada.
Hiccup posó su mano en el hombro de su gemela y le dirigió una última sonrisa antes de marchar fuera de la casa.
Durante su vuelo matutino con su exigente dragón, Hiccup tuvo tiempo para pensar en que podría ser el mal que podía estar aquejando a Furry, pero nada le indicaba que pudiera ser. Había revisado varias veces el manual de los dragones con Fishlegs por respuestas, pero no había mucha información ante lo increíblemente solitarios que resultaban ser los Woolly Howls.
Cabía la posibilidad que todo se debía a la edad de Furry. Todos eran consientes que era un dragón bastante viejo y tal vez era un comportamiento normal en animales de sus edad. Además después de todos, casi nunca habían visto a un dragón anciano; en el pasado, casi todos los mataban mucho antes.
Pero Hiccup no pudo sacar más conclusiones ya que en su viaje de regreso a Berk, se topó con la versión dragonil de una estampida aérea. Toothless tuvo que realizar algunos giros forzados para lograr esquivar la gran cantidad de dragones que volaban por los cielos, tanto así que el muchacho pecoso perdió su casco.
No tuvo tiempo de intentar recuperarlo ya que se percató que aquella manada… parvada… grupo o como se llame a los dragones, proveían de Berk.
–Papá va a molestarse cuando sepa que perdí mi caso –a pesar del extraño acontecimiento, Hiccup no pudo evitar pensar preocupado ante el último recuerdo perdido de su difunta madre.
Cuando él y Toothless alcanzaron Berk, los aldeanos se abalanzaron sobre él pidiendo respuestas del paradero de los dragones y su tan extraño y curioso acto. Hiccup fue tan asediado que requirió que su padre interviniera para que pudiera volver a respirar.
–Hiccup ¿A dónde van los dragones? –le preguntó su padre mientras el resto de la aldea guardaba en silencio ansiosos por escuchar las siguiente palabras del muchacho.
Pero lo único que pudo decir fue:
–Papá, no lo sé.
Todos se volvieron justo en el momento en que Stormfly trataba de incitar a Toothless a seguirla, pero éste solo le gruñía lastimeramente en respuesta. La nadder se marchó como los demás.
Chapter 49: Secretos de dragones
Chapter Text
Secretos de dragones
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Berk no era la isla más alegre del mundo, con su pésimo clima y tercos habitantes, pero al menos trataba de serlo en aquel archipiélago barbárico, donde los vikingos se caracterizaban por ser malhumorados, agresivos y conflictivos. Pero después de la repentina partida de los dragones, Berk se convirtió en una isla bastante depresiva.
–Esto es una mierda –se quejo Tuffnut mientras marchaba por los caminos congelados de la aldea en compañía de su gemela y Snotlout.
–Peor que una mierda –lo corrigió Ruff escupiendo en el suelo –. Es plasta de yak.
–¡Sí! –aceptó su gemelo, antes de agregar –. Espera… ¿no es lo mismo?
Aunque estaba cerca la mejor época del año, el Snoggletog, en la aldea reinaba el ambiente de tristeza y desasosiego a pesar de que las rutinas diarias no se habían detenido. Se volvió común ver a los niños llorar en las calles ante la ausencia de sus dragones mascotas, los adultos de vez en cuando volteando al cielo esperando verlos y algún confundido que aseguraba haber escuchado un rugido en la lejanía.
Berk como sus vikingos, había luchado por sus generaciones contra aquellas bestias escamosas. Nunca se imaginaron que ahora llorarían por su ausencia.
–¡Que importa como lo llamen, maldita sea! –gruñó Snotlout estallando en furia –. ¡Se largaron y punto! –y sin más tomó una buena cantidad de nieve del suelo, formó una bola que arrojó indiscriminadamente y sin objetivo fijo.
El proyectil cayó en picada y golpeó de lleno al anciano Mildew en la cabeza, quien marchaba con alegría por la aladea con su carreta llena de coles. El viejo cascarrabias probablemente era el único feliz en toda la isla.
–¡¿Quién fue?! –rugió buscando al culpable, pero en su descuido, la carreta que empujaba perdió el control y salió directo al acantilado donde se perdió para siempre –. ¡Mis coles! –chilló el anciano cayendo de rodillas.
Snotlout y los gemelos Thorston se alejaron silenciosamente de la escena del crimen.
Pero los chicos tenían razones para estar molestos, sus dragones se habían marchado al igual que los otros sin razón, ni motivo y sin saber cuándo volvería. La traición se sentía mucho peor para ellos, quienes se suponían estar entrenando para tener un mejor vínculo con esas bestias. Pero ya no importaba más, Barf, Belch y Hookfang se alejaron volando de sus jinetes sin siquiera mirar atrás.
–Estúpidos dragones –se quejo Snotlout en voz baja mientras caminaba debajo del tejado de un solitario taller –. ¿Quién los necesita? –insistió cabizbajo tratando de ocultar la escurridiza lagrima que amenazaba con salir de su parpado.
Pero eso… no podía suceder. Él no podía llorar y mucho menos por un animal. Su padre constantemente le infundía aquellas ideas en su cabeza para combatir la melosidad de su esposa. Un vikingo no podía llorar. Un vikingo nunca se lamentaba. Un vikingo… era un guerrero fuerte e imparable. La emociones no iban con un guerrero… eso era cosas de niñas.
Pero antes de Snotlout pudiera soltar alguna blasfemia adicional ante las palabras paternales de su progenitor que revoleteaban en su cabeza, el joven salió volando hacia atrás al recibir un puñetazo directo en el ojo.
–¡Felices fiestas, Snotlout! –le deseó Astrid con gran alegría mientras él se desplomaba en el suelo como un saco de harina.
–¡Está de puta madre! –soltó Tuffnut acercándose al joven moreno que se retorcía de dolor en suelo helado. De improvisto recibió el mismo puñetazo por parte de la rubia guerrera, teniendo el mismo efecto.
–¡Sí! ¡Astrid está golpeando gente! –gritó Ruffnut exaltada, antes de recibir la misma medicina directo a su ojo.
–¡Feliz Snoggletog a todos! –rectificó la chica posando airosa con sus manos en su cintura.
–¡Se puede saber que carajos te pasa! –exclamó Snotlout furioso poniéndose de pie de solo brinco –. ¡Primero tratas de envenenarnos con tu yaknog y al no conseguirlo, intentas hacerlo a golpes! –le soltó haciendo recuento del suceso anterior, donde Astrid había usados a sus amigos como conejillo de indias para probar su nueva receta en un horrible intento de levantar el decaído animo de la aldea.
Dos cosas había quedado claro para sus amigos: uno, que Astrid era la peor cocinera de todo Berk, y dos ¡Que se había vuelto demente!!!
–No –espetó ella perdiendo la paciencia –. Es la nueva tradición que acabo de inventar –dijo con gran seguridad de sí misma, Astrid indicó sobre su cabeza lo que parecía ser un dedo muerto y putrefacto colgando de un hilo –. Caminaron bajo el dedo perdido.
–¿El qué perdido? –preguntó Tuff al ponerse de pie. Tanto en él como en su hermana se podía notar como los cacarizos adquirían color alrededor de su ojo.
–El dedo perdido –explicó la rubia completamente fascinada –. Es una nueva tradición que acabo de inventar. Si pasas debajo de uno, recibirás un puñetazo directo en el ojo. ¿No es fantástico? –su sonrisa se extendió por su rostro a una proporción que la volvía completamente bizarra, en especial con sus ojos grandes y vidriosos.
–Astrid ¿Acaso nuestro primo Lars te dio de su hongos raros? –le preguntó Ruff con cuidado ante la posible reacción de la joven. Astrid se inclinó más hacia ella con su tenebrosa sonrisa, provocando que la chica se doblara hacia atrás en una posición dolorosa.
–No –contestó Astrid con alegría –. Aunque no dormí en toda la noche.
Pobre e ilusionada Astrid. La joven aprendiz a doncella de guerra estaba sufriendo terriblemente con la tristeza que se había apoderado de la aldea. Había que ser sinceros, tal vez Astrid no era el mejor modelo de felicidad entre los Hooligans, su vida no había sido sencilla especialmente desde la revés que su sufría su clan desde hacía años; pero si había una época en la que podía recordar los mejores momentos, aquellos felices donde compartía con sus seres queridos que ya no se encontraban con ella, cuando la vida era más simple y prometedora, ese era Snoggletog. Gran parte del vacío que acongojaba su corazón, lo había llenado con la presencia de su dragona nadder; pero sin ella… Astrid luchaba por mantener la felicidad, hasta el nivel de la desesperación.
–¡Mira Astrid! –dijo rápidamente Snotlout indicando sobre el hombro de la rubia que lo tenía acorralado –. ¡Ahí viene Hiccup y está por pasar por debajo del dedo!
La rubia boqueó más que un pez fuera del agua e inmediatamente corrió hacia el gemelo Haddock para propinarle su puñetazo en el ojo de la temporada.
–Tengo que admitir hasta loca es linda –soltó Snotlout con tono soñador mientras él y los gemelos veía como Astrid asediaba a Hiccup contra el piso en su espíritu efusivo festivo.
–Lo que quiero saber es de dónde sacó ese dedo –cuestionó Ruff.
–Tal vez de alguno de tus tontos familiares –se burló Snotlout.
–Es posible –aceptó Tuff la posibilidad encogiendo los hombros –. El tío Henrik siempre está perdiendo todo ¿recuerdas cuando no encontraba su barba? –le dio un codazo juguetón a su gemela.
–Es porque le prendimos fuego.
Los tres chicos contemplaron como Astrid trataba de explicarle con exuberante fascinación al gemelo pecoso sobre la nueva brillante tradición que había inventado. Por su parte, Hiccup intentaba mostrarse cordial con ella, pero era clara su incomodidad en el asunto. Al final de cuentas, Hiccup Haddock sufría del mismo vacio que sus compañeros jinetes.
En un acto que llamaron los gemelos Thorston una “enorme estupidez”, Hiccup, uno de los jóvenes que no había perdido a su dragón en la gran migración simplemente por hecho de que éste no podía volar sin él, había diseñado justamente una cola que le proporcionaba a la misma bestia aquella capacidad, y precisamente sucedió lo que cualquiera se hubiera imaginado; Toothless extendió las alas y se fue volando.
Snotlout y los gemelos Thorston podían tener piedad de él, pero no era parte de su temperamento y naturaleza; aunque eran completamente consientes que había un vínculo especial entre Hiccup y Toothless que difería al suyo con sus dragones. Por envida no pudieron evitar reírse de él cuando sucedió.
–Pobre bobo idiota –se burló Snotlout mientras su primo se marchaba cabizbajo y con un ojo morado.
–Snotlout –lo llamó Astrid dándole otro puñetazo pero en el hombro.
–¡¿Qué?! ¡Él es que presume tanto de su vínculo con los dragones!
–Sí, es icónico –dijo Tuff cruzando sus brazos sobre su pecho.
–¿No será “irónico”? –lo corrigió su hermana.
–Salud –respondió éste.
–Como sea –se quejo Snotlout sacudiendo sus brazos sobre su cabeza –. ¿No puede estar peor que nosotros? ¿Verdad?
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–¡¿Qué Hiccup fue qué?! –bramó Honey furiosa cuando le dieron la mala noticia.
Había pasado tan rápido que no se les ocurrió mejor idea que decírselo a la joven gemela Haddock. La encontraron como siempre en su habitación sumergida en su solitario estudio de runas.
–Secuestrado –explicó Tuffnut entre nervioso y sorprendido– por Meatloug, quien a su vez fue secuestrada por Fishlegs. Es una cadena de secuestros que deberían ser investigados por las autoridades. Pero sí habría que culpar a alguien aquí, sería a Fishlegs; ahora entiendo porque estaba tan contento cuando todos nos sumergimos en la miseria. Probablemente ese fue su plan desde un principio, secuestrar al hijo de jefe, el muy truhan.
–¡No me importa quién secuestro a quien! –soltó Honey exasperada plantándose frente al chico Thorston que fácilmente le sacaba una cabeza de altura, pero se veía más intimidado por la pequeña y furiosa Haddock –. ¡Lo que quiero saber es ¿A dónde fue parar Hiccup?!
–Probablemente con los demás dragones –comentó Snotlout sin darle importancia –. Por lo cual vinimos a verte por que tú eres la única que… bueno… –agregó apagado indicado una esquina de la habitación.
Además de Hiccup, el dragón Honey tampoco se había marchado volando con los demás y continuaba en la aldea, aunque al igual que los otros, estaba perdido pero en el mundo de los sueños. Furry se encontraba en aquella esquina de la habitación, acostado panza arriba sobre sus montones de pieles de animales y roncando como si no hubiera un mañana.
–Furry sigue sin despertar –explicó la chica clavando sus ojos en su dragón –, incuso ha dejado de abrir los ojos cuando le hablo. De ninguna manera podrá volar y mucho menos buscar a Hiccup.
–Bueno, entonces nos quedamos sin opciones –aceptó Ruffnut cruzando sus brazos detrás de su nuca –, no más Hiccup.
–Dile eso a mi padre –le gruñó Honey fulminándola con la mirada.
Los tres jóvenes en su habitación tragaron saliva y se miraron nerviosos. Ninguno de ellos quería darle la mala noticia al gran Stoick the Vast, el guerrero y líder vikingo, escuchen su nombre y tiemblen urg urg urg, que su heredero y único hijo varón se encontraba perdido.
–¿Eh? –musitaron Snotlout, Ruff y Tuff como tontos sin que alguna idea se formara en su cabeza, por suerte para ellos, Fishlegs mostró su enorme y redonda cabeza por la puerta de la habitación con un importante anuncio:
–¡Chicos! ¡Chicos! –vociferó –. ¡Parece que Astrid tiene un plan!
–¡Perfecto! –soltó Snotlout aliviado –. Ves Honey, Astrid tiene un plan –agregó con altanería.
–Pues más les vale que encuentren primero a Hiccup antes que yo le diga a mi padre y ustedes cuatro terminen en serios problemas.
–¡Pero todo fue culpa de Fishface! –se quejó el joven moreno indicando el chico regordete que soltó un leve gemido en terror.
–¡Los cuatro! –los amenazó la chica pecosa con una intimidante mirada y un dedo amenazador. ¿Cómo alguien tan pequeña podía ser tan perversa?
Rezaban a los dioses que la idea de Astrid fuera buena.
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–Astrid… –musitó Snotlout sin poder creer lo que estaba a punto de decir – está es la idea más estúpida que has tenido.
–¡¿Qué?! –gruñó la rubia poniéndose inmediatamente a la defensiva y enfrentado cara a cara a Snotlout. Se arrepintió inmediatamente de lo que había dicho.
En realidad el plan de Astrid no era muy elaborado o complicado, consistía básicamente en tomar un barco de remos y navegar como si no hubiera un mañana hasta encontrar a Hiccup. Sí, no era el mejor plan.
–¡¿Quiero verte pensar algo mejor Snotlout?! –lo amenazó la chica clavando su dedo varias veces en el pecho de joven.
–Bah –espetó el moreno –. Pensar es para bobos.
–Pues adivina que bobo –soltó Astrid con una mirada de pocos amigos –, al menos que alguien no tenga una idea mejor, buscaremos a Hiccup en el bote ¿entendiste? –luego guardó silencio por unos segundos antes de agregar airosa–: Eso imagine.
Snotlout cruzó sus brazos sobre su pecho mientras contemplaba ceñudo como Astrid preparaba las ultimas amaras igual como les había enseñado Gobber antes de zarpar. Nunca antes habían navegado solos por su cuenta, el mar se encontraba semi-congelado por el invierno y si los adultos no estuvieran tan ocupados preparando el banquete en el gran salón, ya los hubieran detenido de tan desquiciada idea.
Hiccup se había perdido ¿y qué? No era como si no pudiera regresar por su cuenta. Además, Meatloug debió llevarlo hasta donde se encontraban los demás dragón y sin duda el chico usaría su toque mágico para convencer a alguno de traerlo de vuelta ¿no? Ya que los dragones iban a regresar después de todo ¿o no?
Aquella pregunta provocó un vuelco en el corazón de Snotlout. Había estado evitando el concepto constantemente sin siquiera darse cuenta porque. Ahora estaba claro. Le preocupaba… realmente le preocupaba que Hookfang no fuera a regresar. Se suponía que era su dragón… su amigo. No podía abandonarlo como Smooky ¿verdad? ¿Verdad?
Cuando había sido pequeño, Snotlout había tenido un cachorro de lobo que su padre le trajo de un viaje a la isla de la tribu Bashem. Era una bola de pelos de color de la ceniza que seguía a Snotlout a todos lados. Eso lo fastidio en un principio, pero pronto se encariñó con su cachorro que terminaban haciendo todo juntos. Su madre pensaba eran adorables, su padre se arrepentía de habérselo dado en primer lugar, ya que al final de cuentas Smooky no resultó ser un sabueso amenazador como le prometió el mercader que se lo vendió. La vida de Snotlout junto con Smooky paso de maravilla, siendo los mejores amigos hasta el día en que simplemente Smooky desapareció o al menos eso le dijo su madre.
El pequeño niño vikingo lloró por días hasta que su padre lo llevó a cazar y lo sermoneó sobre que lo que era ser un valeroso vikingo quienes sobre todas la cosas no lloraba.
Desde ese momento Snotlout no tuvo otra mascota y trataba de no llorar, fue por ello que cuando llegaron corriendo Fishlegs, Tuff y Ruff al muelle, hizo lo posible para ocultar su rostro y quitarse las escurridizas lágrimas que intentaban surcar sus mejillas.
–¡Astrid! ¡Snotlout! ¡¿Adivinen qué?! –vociferaba Fishlegs a todo pulmón mientras se acercaba corriendo.
–¿Consiguieron las provisiones? –preguntó Astrid.
–No –marcó Tuff con alegría y descaro –. Algo mucho más cabron que provisiones.
–¿Cómo qué?
–¡Huevos! –respondió Fishlegs emocionado y con un brillo especial en los ojos –. Huevos de dragones.
–¿Qué? –soltaron Astrid y Snotlout sin poder creer lo que escucharon.
–Así es, una docena completa de huevos de dragón –dijo Ruffnut –. Los encontramos en el pesebre donde Fishlegs tuvo cautiva a Meatloug.
–Todo esto tiempo mi Meatloug ha sido niña –agregó el chico regordete –. Que eso explica muchas cosas en realidad –agregó algo sonrojado.
–Yo ya pedí ser el tío consentidor –aprovechó para comentar Tuff.
–Yo también –dijo a su vez su hermana.
–Neh, tú serías más la tía solterona…
–¿Y donde están? –preguntó Snotlout sacándolo de su estupor.
–¿Dónde está qué?
–¡Los huevos de dragón! –exclamaron a su vez Astrid y Snotlout perdiendo la paciencia.
–Los dejamos seguros y calientitos dentro de algunas casas en la aldea –le aseguró Tuff asertivo.
–¿Eso es seguro?
–Es por ello que dejamos un solo huevo por casa –explicó Ruff airosa cruzando sus brazos sobre sus pecho.
–Estoy seguro que los cuidaran bien una vez que nazcan y sean los únicos dragones de Berk –terció Fishlegs con emoción –. Será una hermosa sorpresa de snoggle…
Pero antes de que el joven terminara su frase, una terrible explosión se escuchó desde el interior de la aldea, y una estela de humo se despegó hasta el cielo que comenzaba a oscurecer.
–¡Sorpresa! –soltó Snotlout con ironía en lo que los demás jóvenes mirar con horror como las explosiones se duplicaron.
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Stoick the vast había pasado épocas difíciles, algunas de hambruna y otras de guerra, pero nunca nada había arruinado tan terriblemente una festividad tan alegre como Snoggletog. La aldea se encontraba casi en ruinas debido a las explosiones de unos bebes gronckles, los dragones mascotas se habían marchado sin saber cuándo regresarían y el pesimismo reinaba en la aldea.
Stoick había enfrentado muchas cosas, pero nunca nada como la tristeza. ¿Cómo podía combatir un sentimiento?
Las cosas no podían empeorar… ¿o no?
–¡Papá! –lo llamó Honey corriendo hasta él a través del bullicio de la aldea.
–Honey ¿Dónde has estado? –soltó Stoick tan pronto la vio acercarse, clavó su rodilla en la nieve para quedar a la altura de su pequeña hija –. Esto es un desastre. Snoggletog está arruinado y no encuentro a tu hermano por ningún lado.
–Papá, precisamente es de Hiccup de quien debo hablarte…–comenzó a explicar la niña antes de que fuera interrumpida por un rugido en la lejanía.
Aquel llamado se intensificó poco a poco hasta retumbar completamente en toda la aldea de Berk, sus habitantes que ya se habían familiarizado con ese ruido, dejaron todo lo que estaban haciendo y volvieron sus miradas al cielo. En la distaría y en el horizonte escurecido por los primeros minutos de la noche, una curiosa silueta comenzó a dibujarse en lo que se acercaba poco a poco a Berk. Los habitantes de la isla, vikingo guerreros de corazón no temieron ante la posibilidad de algún peligro, pero como paganos supersticiosos murmuraron entre ellos con duda. Fue hasta que la extraña estructura estuvo a una distancia considerable para distinguir su forma, fue cuando se percataron que no se trataba de un ser único volando hacia ellos, sino cientos que aleteaban con fuerza.
–¡Es Hiccup! –gritó Honey percatándose de la presencia de su hermano.
–¡Y nuestros dragones! –agregó a su vez Astrid incitando el bullicio en la aldea.
Habían vuelto todos, estaban en casa.
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Finalmente había un motivo para celebrar en Berk y nada mejor que una fiesta en el gran salón por Snoggletog y el regreso de los dragones. Y como un regalo por parte de ellos y los mismos dioses, una multitud de dragones bebes fueron recibidos con alegría por los habitantes vikingos de la isla. En su historia de luchas contra aquellas bestias, ningún habitante de Berk había llegado a ver a un dragón tan pequeño, y no se podía negar que eran adorables.
Pequeños nightmares, nadder y zippleback en pequeñas dimensiones para cargarlos en brazos, con grandes ojos y diminutas garras; los niños y las madres de casa se alocaron con ellos. Los jóvenes jinetes no estaba ausentes de esa alegría, ya que cada uno había obtenido su dotación de bebes de dragón. Astrid tenía tres pequeños nadder de diferentes colores, Snotlout seis montrous nightmares igual de rojos que Hookfang, Tuff y Ruff dos zipplebacks idénticos a Barf y Belch, más la docena de gronckles de Fishlegs.
–Esto explica mucho –dijo el joven regordete tratando de cargar al mismo tiempo la mayor cantidad de los bebes de su Meatloug –. El comportamiento de los dragones en los últimos meses, su partida para tenerlos en un lugar apartado de su hogar, todo tiene tanto sentido ahora. Deberé hacer un exhaustivo reporte de este descubrimiento.
Hiccup solo asintió en silencio, tratando que su pesimismo arruinara el buen humor de su amigo. Era verdad, todos los dragones había vuelto, excepto Toothless. Hiccup había viajado hasta esa lejana isla volcánica en el lomo de Meatloug, la había recorrido de arriba abajo y regresado Berk con cada uno de los dragones excepto el suyo.
¿Por qué? ¿Dónde estaba Toothless?
El muchacho se sentía más que deprimido, estaba incompleto. En el tiempo que él y su dragón formaban un vinculo se habrá vuelto dependiente de él, como viceversa, eso hasta que construyó la cola automática haciendo a Toothless completamente independiente. En cierta forma se maldecía a sí mismo por haberlo hecho, pero sentía que debía. No solo porque había un sentimiento de deuda con el nightfury después de haberle quitado esa capacidad en primer lugar, sino también porque quería descubrí si Toothless lo dejaría como los demás dragones… y al final lo hizo. Eso fue como una puñada en su corazón; era como si Toothless solo hubiera estado usándolo todo ese tiempo.
–Sé lo que estas pensando, Hiccup –dijo de repente una voz conocida sacándolo de su pensamientos –. Y te puedo asegurar que estas equivocado.
Hiccup se volvió en sus pasos para toparse nada menos que Honey, algo solitaria en uno de los rincones del gran salón. Su hermana gemela estaba recargada contra la pared, a un lado del cuerpo inconsciente de Furry que continuaba en el mundo de los sueños.
–¿Cómo sabes que estoy pensando? –soltó Hiccup asiéndose el escéptico, pero Honey le devolvió una mirada que le dejo en claro que no podía engañarla. Ella lo conocía mejor que nadie –. ¿Por qué no estaba con los demás, Honey? ¿Por qué no vuelve?
–No lo sé –dijo ella con sinceridad y hasta casi crueldad –. Tal vez por la misma razón que Furry no despierta –luego volvió la mirada a su dragón que seguía ausente de la realidad.
El muchacho pecoso contempló la preocupación en el semblante de su hermana sin saber que era mejor, no tener un dragón para nada o tener uno y no saber cómo ayudarlo.
–Tal vez se harto de mí…
–Por favor, Hiccup –soltó su gemela con una leve sonrisita –. Yo volaba también sobre él y se perfectamente que nunca se hartaría de te ti. Ustedes tienen una conexión única… solo que… actúa como un dragón y hay mucho que aún no sabemos de ellos.
El joven pecoso la contempló en silencio meditando en sus palabras y lo verídicas que resultaban. Después de todo, se suponía que él era quien podía entender a los dragones y existía cosas que aún no comprendía de su naturaleza.
–Y ¿Qué haces sola aquí? –preguntó Hiccup cambiando bruscamente el tema.
–Siempre estoy sola en las fiestas, Hiccup –respondió Honey con un puchero –. Bien lo sabes.
–Y también sé que te mueres por bailar –agregó él con una sonrisa picara indicando la pista de baile en centro del salón donde varios Hooligan brincoteaban como locos cargados de alegría y licor.
Era un hecho, aparte de cantar, Honey adoraba bailar. Siempre que se encontraba sola se ponía a danzar cualquier melodía; Hiccup la había atrapado infraganti en varias ocasiones. Pero nunca se había atrevido hacerlo en público y justamente en ese momento, sus mejillas pecosas se encendieron al solo escuchar la sugerencia de su hermano.
–¿Qué? ¡No! –musitó ella negando vehementemente con sus manos y cabeza.
–¿Por qué no?
–Por… ¡sabes que no voy bien con las fiestas!
–Eso era antes, ahora eres la respetada hija del jefe y futura vala de Berk. Creo que puedes darte el lujo de disfrutar de una pieza.
Las palabras del chico dieron directo en el corazón de su hermana, quien abrió sus ojos tan grandes como plastos y pasaron varias veces de la pista a su hermano.
–Pero… –masculló ella con pena y frotando su manos –. ¿Quién bailaría conmigo?
–A mí me encantaría –dijo Hiccup con una amorosa sonrisa y tomando las manos de su hermana gemela, pero en cambio de llevarla a la pista de baila le indicó otro de los extremos del salón –. Pero estoy seguro que a él estará más emocionado de que se lo pidas.
Los ojos verdes de Honey se volvieron al punto que le indicó su hermano y se topó con la enorme figura de su padre, quien miraba la reunión y los bailarines con orgullo. Ambos sabían que Stoick era un apasionado del baile por palabras de Gobber, pero desde la muerte de la madre de ambos éste lo había dejado. Ya llegaba el momento que tuviera otra pareja de baile.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Honey, antes de dejar a su hermano y marchar por todo el salón y alcanzar a su padre. Hiccup sintió un golpe en el corazón cuando vio como el rostro de su padre se iluminaba ante la tímida invitación de su hija. Pronto, tomados de las manos se unieron a la pista y duplicaron los pasos de los bailarines de aquella melodía de fiesta.
–Fue maravilloso lo que hiciste Hiccup –dijo una voz detrás de él nuevamente, pero en esta ocasión se trataba de Astrid –. Encontraste a los dragones, animas a la gente y trajiste la felicidad a la aldea. Algo que ni siquiera yo pude conseguir.
–Sí… felicidad para todos… –dijo cabizbajo bajando la mirada, pero Astrid no perdió un segundo en tomar su manos forzarlo a alzar los ojos. Su héroe no podía bajar la mirada.
–Así es y por eso gracias. Gracias por hacer de nuevo Snoggletog especial –agregó antes de plantarle un fugaz beso en los labios que encendió las mejillas de ambos. Astrid cubrió su pena, arrojando sus manos alrededor del cuello de Hiccup y abrazándolo con fuerza contra su pecho. Resultaba consolador el calor que provenía del otro, aún así Astrid pudo percatarse que Hiccup se ponía tenso.
–Astrid ¿Dónde está Toothless?
–No lo sé… –respondió ella sin saber cómo exactamente animarlo.
Cuando de repente escuchó un ruido por la puerta que la obligó a levantar la mirada sobre el hombro de Hiccup. Abriendo levemente la puerta como lo haría un gato curioso, el nightfury hizo su aparición en la fiesta.
Astrid sonrió. Ahora sabía cómo animar a Hiccup.
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Para la mañana siguiente, Berk seguía congelado pero un extraño ambiente de satisfacción y paz lo llenaba, a pesar de las casas y construcciones destruidas. Finalmente el Snoggletog había llegado.
Hiccup estaba mucho más que feliz, había recuperado a su nightfury y mucho más; le había demostrado que lo necesitaba rechazando su nueva cola automática y pidiéndole la de pedales. La misteriosa desaparición de su dragón de ébano se trató solamente de una búsqueda, una por su casco perdido. Hiccup estaba más que conmovido. Después de todo Toothless quería ser uno con su jinete, tanto con éste lo deseaba. Después de unas cuantas horas de agradable vuelo matutino, ambos regresaron a su hogar buscando algo para comer, cuando escucharon unos cuantos gritos provenientes del segundo piso.
–¡Honey! –soltó Hiccup en pánico corriendo las escaleras y seguido de cerca por su dragón de ébano –. ¡¿Qué pasa?!
Su gemela se encontraba parada en el centro de la habitación y antes su llegada se volvió hacia él, para luego en silencio indicarle con su dedo la esquina donde dormía Furry. Sus ojos brincaron a ese punto para descubrí un par de alas extendidas que sobresalían de entre las pieles de animales. Eran enormes pero principalmente, estaban cubiertas por largas escamas que le daban el aspecto de estar emplumada.
De una fuerte sacudida, Furry se levantó de su lecho soltando un largo bostezo, mostrando así su poderosa dentadura.
–¿Qué le pasó? –soltó el muchacho, quien en compañía de su hermana se aproximaron al Howl que se desperezaba sacudiendo su cabeza como un perro.
–No lo sé –dijo ella, dando unos pasos con cuidado a su dragón, pero Furry en cambio lanzó su cabeza a ella y la frotó con afecto contra su abdomen –. ¿Soy yo o parece más grande?
Hiccup trató de asimilar lo que estaba sucediendo, en lo que Toothless se acercó a su hermano dragón y olfateando mutuamente la nariz.
–Un estirón de sueño –dijo el muchacho recordando las palabras de Gobber solía utilizar para darle esperanzas cada vez que le preguntaba en qué momento crecería–. Creció mientras dormía.
–Hiccup, Furry ya es un dragón adulto ¿Cómo puede seguir creciendo?
–No lo sé. Hay mucho de los dragones que no sabemos, especial los de nosotros –dijo el gemelo recordando las propias palabras de su hermana –. Recuerda lo que dice el manual de dragones sobre los Woolly Howl, que al llegar a cierta edad se vuelven solitarios y solo buscan compañía de los de su especie cuando son jóvenes. Es por eso que no se fue volando con los demás, en cambio entró en un estado de hibernación que lo hizo más grande, y tal vez más fuerte.
–Wow –soltó Honey frotando las escamas cafés de la cabeza de su dragón, quien respondió a su afecto con un gruñido –. ¡Hay que probarlo! –agregó rápidamente con emoción.
Hiccup no pudo más que asentir con la cabeza antes de que los cuatro salieran corriendo de la casa y emprendieran el vuelo al horizonte helado. Entre risas volaron sobre la isla, felices antevíspera de días muchos más alegres. Lo que ellos no sabían, era que un habitante de Berk no estaba muy contento con el regreso de los dragones y estaba pensando justamente como solucionar ese problema de una vez por todas.
Chapter 50: Sorpresa de cumpleaños
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Sorpresa de cumpleaños
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La tierra arisca y los acantilados callosos decoraban cada centímetro de la isla, cuyas tierras infértiles no permitían el crecimiento de la vegetación, con excepción de algunos árboles secos y grises cuyas raíces erosionaban aún más la tierra. Las rocas ásperas y peligrosas, formaban peligrosas montañas y picos que sobresalían en el horizonte, y el color verde estaba ausente en aquel lugar muerto y sin vida. Después de todo, era la isla Outcast… de los marginados.
Aquel árido lugar no siempre fue de esa manera. Aunque pequeña de tamaño, llegó contar una gran cantidad de animales y plantas que sobrevivían en un delicado ecosistema. Pero fue maldita por los dioses cuando se decidió usar como el botadero de los rechazados.
Muchas aldeas vikingas contaban con prisiones y tierras para esclavos, como el DarkHeart en los dominios de los Uglitugs. Pero no todas las tribus se podían dar el lujo de mantenerlos y mucho menos les daba gusto tener cerca a tales traidores. Fue cuando se fundó la isla de los Outcast, la más lejana en el archipiélago barbárico, incluso más que Berk.
Al volverse el hogar de delincuentes, asesinos y traidores, el lugar sucumbió ante la presencia de tan ruines seres y sus incontables deseos de huir de ahí. Muchos de los árboles fueron talados en intentos de construir botes, los animales cazados indiscriminadamente y la sustentabilidad desapareció. Pronto los mismos presos de aquella isla se encontraron atrapados en un lugar sin ley y sin comida, viviendo prácticamente como animales. Los dioses desaparecieron para aquellas almas que solo buscaban como sobrevivir ante esas terribles condiciones y sin escapatoria. Muchos sucumbieron ante el hambre, sed o manos de otros, pero todo cambió ante la llegada de Alvin the Treacherous.
Como su nombre lo decía y se lo había ganado a pulso, Alvin era un traidor de los peores y con una terrible reputación de sanguinario, despiadado y oportunista que le seguía hasta la más recóndita esquina de las aldeas vikingas. Las madres solían advertirles a sus hijos que se fueran a dormir temprano o al Alvin the Treacherous llegaría a robarlos de sus camas durante la noche.
A pesar de su reputación de demonio, Alvin era solo un hombre, pero nunca fue uno común y corriente. Era un vikingo hecho y derecho, un fiero guerrero y valiente luchador. Batallas había en su haber, por buenas o malas razones, no importaban, en todo había metido mano. Hábil con las armas y un estratega en el campo de batalla, pero terco, obstinado y necio como todo buen vikingo. Eso lo traía en su sangre y fue su perdición.
Precisamente esas cualidades fueron las que lo metieron en aquella isla en primer lugar, de la cual no tardó en tomar las riendas desde el primer día. Se los ganó con violencia, engaños y promesas de venganza sobre aquellos que los pusieron ahí en primer lugar. Era un líder entre barbaros, pero era el más bárbaro de todos. En su terquedad, deseaba venganza de la persona que los mando ahí en primer lugar, aquel que ante sus ojos y mente retrograda era la culpable y traidora de su condición, el que una vez lo llamó su amigo y en el momento más importante de su vida le dio la espalda. Oh sí, Alvin soñaba con el día en que se vengara de Stoick the Vast, el jefe Hooligans.
No muchos lo sabían, pero Alvin era Hooligan de adopción, y durante su solitaria infancia, el poderoso líder vikingo había sido su amigo.
Pero el pasado era pasado para Alvin, solo un recordatorio de odio y rencor. Llevaba años planeando su venganza y con cada día que pasaba sentía que estaba más cerca ese momento. Le había costado trabajo y brutalidad poner a los demás traidores y vándalos a sus órdenes, construirse una flota de barcos en una isla sin abasto y alimentar a truhanes que matarían a su madre por un pan de cangrejo. Sí, no había sido fácil para Alvin, especialmente con la terrible infestación que sufría la isla. Esas tierras áridas eran el hogar de dragones ariscos y malhumorados que solo buscaban algo que destruir.
Las pocas cosas y construcciones que había en la isla, tenían que ser de roca tallada en la montaña ante el constante asedio de los dragones, los navíos permanecían ocultos en las cavernas por protección y el poco alimento resguardado como todo un tesoro. Aunque siendo sinceros, no había nada de valor en esa isla, más que la comida.
Ahora entenderán la locura de Alvin, ante aquellas terribles condiciones y situación tan precaria, aún estaba decidido a continuar con su venganza contra su tierra, gente y los que alguna vez fueron sus amigos.
Pero incluso, un lugar tan horrible como la isla de los Outcast, la noticia de lo que sucedía en el archipiélago llegaban, hasta las más raras y descabelladas. Fue cuestión de tiempo para que alcanzara los oídos grasientos de malvado Alvin la historia de un joven que con valor podía domar a los dragones, tanto que la guerra contra esas bestias había terminado en Berk.
Un maestro de dragones, decían.
Para cualquier vikingo común del archipiélago, sería toda una idea descabellada que alguien así existiera, como un cuento de viejas chismosas sin oficio y beneficio. Pero ya había dejado claro que Alvin no era un vikingo cualquiera, él conocía el mundo y su faceta más fea, había viajado durante sus años de juventud y había escuchado tantas historias que muchos ya solo las consideraba leyendas. Una de ellas decía que en el pasado llegaron a existir estas personas, vikingos con la habilidad de controlar a los dragones a su gusto, de tal forma que ellos proporcionaban la paz entre su gente y los dragones. Eran llamados los dragon whisperers; pero sin razón o motivo, todos desaparecieron, la paz terminó y comenzó la esclavitud de las bestias escupe fuego. El último rey vikingo fue el que enfrentó la rebelión de estos animales e iniciando así nuevamente la guerra.
Eso había ocurrido hacia tanto tiempo que ya se habían convertido solo en cuentos para niños. Pero para Alvin era verdad, había visto las pruebas con sus propios ojos.
El terrible vándalo, estaba tentado ante tal posibilidad. Un ejército de dragones a su control sería lo ideal para llevar a cabo su venganza y así obtener lo que hacía mucho tiempo se le prometió.
Alvin the Treacherous miró con detenimiento su mapa del archipiélago en su salón de guerra acompañado sus hombres más leales (si es que podían llegar a serlo), planeando con cuidado su golpe. Tenía las fuerza… tenía los hombres, los suministros. Estaba por jugársela ante solo un rumor. Necesitaba a ese maestro de dragones de Berk.
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–¡Hiccup! ¡Baja inmediatamente!
Uh oh. Eso no sonaba para nada bueno. Hiccup no perdió un instante en dejar el dibujo que estaba haciendo de Toothless con la tinta nueva que le había traído el mercader Johan, para correr escaleras abajo justo en el momento en que su padre y Gobber se adentraban en su hogar.
Hiccup bajo con cuidado los largos escalones de las escalera, sin apartar la mirada del rostro de su padre, que claramente se notaba consternado y molesto. Mala señal.
–Hey, papá –lo saludo tímidamente mientras brincaba los últimos escalones. Toothless lo siguió de cerca, prácticamente reptando hasta el piso inferior, como si esperaba que el regaño fuera también para él –. ¿Practicando tus gritos iracundos para algún aldeano sin encontrarte realmente molesto conmigo? –dijo tentando su suerte, pero su sonrisita desapareció ante la mirada penetrante de su padre. Inconscientemente sus ojos brincaron de su progenitor al herrero que se sentó a la mesa y que éste solo le devolvió una sonrisa culposa –. Estas enojado ¿verdad? ¿Paso otra vez? –preguntó intuyendo la respuesta.
Desde hacía más de un mes que diferente objetos a lo largo de la aldea estaban desaparecidos, al igual que otros aparecían rotos o destruidos. Una mañana las antorchas de guardia amanecieron todas quebradas a la mitad, en otra ocasión los escudos que adornaban la herrería de Gobber se perdieron, como su bota favorita, y la cerca de lo Stevenson fue arrancada de la tierra. Nadie había sido testigo de alguno de los actos, pero las pistas y las sospechas indicaban a los dragones.
–¡¿Paso?! ¡¿Paso sería decir poco?! –soltó Stoick perdiendo los estribos, mientras su rostro adquiría un tono más rojillo que su cabellera y barba –. ¡Las botas! ¡Las botas de la mitad de aldea están desaparecidas! ¡Nadie tiene lo necesario para salir a trabajar! ¡Vi a Bucket usando dos canastas como zapatos! –continuó exasperado rondando por la planta baja de su hogar como oso atrapado –. ¡Y para empeorar las cosas, no encuentro mi daga de obsidiana!
–¿La que ganaste en esa competencia de bebidas con Grabbit el Grim? –preguntó Gobber interrumpiendo la conversación padre e hijo. Aunque para Hiccup eran más bien gritos.
–Esa misma.
–Eh… no sé nada sobre tu daga, papá –se apresuró a decir el chico tímidamente –, pero tienes que admitirlo, eso de las botas tiene más la imagen de ser una travesura de Tuff o Ruff que algo que los dragones…
–Oh, ya pensé en lo mismo –lo interrumpió Stoick haciendo que su hijo dieran un paso hacia atrás y que su espalda chocara contra la cabeza negra de su dragón –. Y después de escarmiento que les di, estoy seguro que ellos no fueron.
–¿Qué les hiciste?
–Digamos que algo que me asegura que no me estaban mintiendo –admitió el padre con una mirada y un tono de voz que provocó un leve temblor en el cuerpo de su hijo. Pobres Tuff y Ruff.
–Y nada agradable de ver –admitió Gobber desde su puesto en la mesa –. Tuff lloró un poco.
–Papá…
–No, Hiccup. Esta situación se está saliendo de control…
–Lo sé y no tienes que preocuparte – se apresuró a agregar alzando sus manos pidiendo paciencia –, ya Fishlegs está investigando que puede ser lo que provoque ese comportamiento en los dragones…
–… porque si no tendré que tomar medidas algo drásticas –terminó su padre la amenaza clavando sus ojos en los de su hijo y aplastándolo con su imposición y tamaño.
Fue fácil para Hiccup sentirse cohibido e intimidado, pero principalmente se sentía herido. Ya hacía tiempo se imaginó que ese tipo de situaciones habían terminado, Pero claramente estaba equivocado. Ya que no importaba que tanto se esforzara por sacar la academia adelante, en ayudar a los habitantes de Berk a estar en paz con los dragones; ante el primer problema, el odio regresaba. Comenzaba a pensar que en los vikingos, el despreció hacía los dragones estaba arraigado a su sangre y siempre afloraba como las plantas en primavera. Como algo inevitable.
Y por otro lado estaba su padre, el gran Stoick the Vast y líder de la aldea. El muchacho pecoso era consciente de las presiones que venían con su cargo y de la gran responsabilidad que puso en los hombros de su hijo. Pero era la misma historia una y otra vez.
El rostro del gemelo pecoso reflejo las penurias de su interior y que siempre se guardaba en silencio; algo que no paso desapercibido por Gobber, quien se apresuró a darle un codazo a su furibundo amigo e indicarle con la cabeza la reacción del muchacho.
No importaba que tan furioso o estresado estuviera Stoick, algo dentro de él se quebró cuando vio el semblante apesadumbrado de su muchacho mientras acariciaba lentamente las escamas lentas de su nightfury. El dragón intentaba consolarlo con leve lamidas a sus manos, pero Hiccup estaba tan absorto en sus pensamientos para ponerle atención.
Stoick hizo tripas el corazón. Sabía muy bien que castigar a los dragones era castigar a Hiccup. Honey se lo había explicado muy bien.
–Lo siento, Hiccup –dijo después de dar un largo respiro para relajarse y con tonó más amable agregó –: En realidad no quiero llegar a eso…
–Pensé… –comenzó el muchacho evitando su mirada – que ya no sucedería ahora que la mayoría de la aldea acepta a los dragones.
Stoick soltó otro suspiro. Hiccup había mostrado mucho valor en ese último año, además de madures y crecimiento. Estaba orgulloso como padre. Pero su muchacho seguía siendo muy joven… e ingenuo.
–Exacto, Hiccup –le explicó Stoick, clavando una rodilla en el suelo para quedar a la altura de su muchacho –. La mayoría, pero no todos. Ayer Mildew estaba formando una revuelta fuera del gran comedor y muchos estaban sucumbiendo a sus palabras ante el miedo. Si las cosas siguen así, muchos se unirán en el sentimiento y me exigirán tomar acciones. Algo que siempre debes tener presente es el poder que tiene la aprensión en la gente, Hiccup. Ese algo que nunca debes olvidar, en especial el día en que te seda mi lugar.
–No me los recuerdes –respondió su hijo con una sonrisa burlona haciendo girar sus ojos.
–Y hablando de ese viejo esperpento –agregó el jefe poniéndose de pie, ya algo más relajado –. ¿Ya arreglaron el techo de su choza?
–Eh…. –musitó el muchacho.
–Hiccup.
–Créeme papá que lo tengo en mi lista de prioridades en el puesto número uno –comenzó el muchacho a disculparse fervientemente, en lo que su padre se llevaba sus enormes manos a su cintura –, por desgracia no he podido acercarme a casa de Mildew. Toothless me sigue a todos lados y con lo que está sucediendo prefiero no dejarlo solo ni un solo momento.
–Pues más vale que encuentres un tiempo para hacerlo. Entre más tiempo pase el viejo cascarrabias se pondrá peor y ya sabes cómo son los viejos una vez que se ponen tercos.
Oh los ancianos. Era un tema delicado en la época antigua como en actualidad. En aquella sociedad vikinga eran miembros de respeto y de aprecio. Los principales guardianes del conocimiento y las viejas tradiciones, pero en las mayorías de las veces lo llevaban al extremo. Mildew era el ejemplo perfecto de ello. Ese anciano quejumbroso siempre había sido un dolor en el trasero según le había contado Gobber a Hiccup; que fue esa la precisa razón por las que sus tres esposas lo abandonaron cada una a su tiempo. Y desde que le entró la ancianidad, empeoró terriblemente. A cada momento salía con tontería e ideas ridículas que mucho pensaban que ya había perdido la chaveta. Solo no lo arrojaba al mar o se lo entregan en ofrenda a Hel por ser uno de los últimos ancianos de la aldea. Su edad era de respetarse y él lo sabía, y se aprovechaba de ello. Eso lo hacía una persona peligrosa para molestar.
Por desgracia durante un ensayo de vuelo de la academia, donde trataban de encontrar un punto de confianza con sus dragones saltando de sus sillas a pleno vuelo, Snotlout terminó aterrizando sobre el techo de la choza del viejo cascarrabias, seguido por su dragón Hookfang y su pequeña parvada de montrous nightmare bebes. Que por cierto, se estaban volviendo un problema ante el poco control que tenía su primo de cabellera oscura sobre ellos.
–Enterado –dijo el muchacho asintiendo con la cabeza.
–¡Ahora –cambio de tema Stoick volviendo la vista a los alrededores de su casa – , si al menos pudiera encontrar mi maldita daga! –pasó su mano sobre la superficie de una repisa sin encontrar nada al tacto –. ¡No aparece por ningún lado! –dijo fastidiado y abatido.
–¿Qué no aparece por ningún lado? –agregó de repente una voz, provocando que los tres hombres en aquel hogar volvieran sus cabezas a la puerta. Era Honey que llegaba al hogar acompañada de cerca de su Woolly Howl.
Al verlo, Toothless corrió hasta él casi provocando que su jinete se cayera. El nightfury comenzó a sacudir la cabeza en saludo al Howl, quien solo correspondió con un leve gruñido sin interés antes de dejarse caer pesadamente sobre una piel de oso que adornaba la mitad de la habitación. Toothless no se dio por vencido y subió sus patas delanteras sobre el cuerpo de Furry, quien continuó sin inmutarse.
Mientras los dragones tenían su propia interacción, la conversación continuó entre la familia Haddock:
–La daga de obsidiana de papá –explicó Hiccup a su hermana en lo que ella se acercaba.
–¿Honey no las has visto? –preguntó el padre.
–No, papá –respondió Honey inmediatamente –. Tengo años de no… –continuó cuando de repente las palabras murieron en su garganta. Los tres varones en aquella choza se quedaron viendo sorprendidos el rostro de la gemela pecosa que si advertencia había quedado en blanco. Antes de que cualquiera pudiera preguntarle algo, Honey giró sobre sí misma hasta la silla favorita de su padre, se agachó debajo del asiento y metió su brazo debajo de éste para sacar la susodicha arma.
–¡Mi daga! –dijo Stoick tomándola de las manos de su hija –. ¿Cómo sabías que estaba ahí?
Honey solo encogió lo hombros.
–Sabes… es mejor no saberlo –admitió el padre intuyendo a que se debía la reacción de la gemela –. Y ahora ¿por qué llegas tan temprano a casa?
–Gothi me llevó al bosque a buscar diferentes tipos de setas –le contestó ella más centrada –. Pero terminamos muy rápido con la ayuda de Furry. Su olfato es excelente para encontrar y rastrear todo tipos de aromas.
–Wow –soltó Hiccup interesado –, eso es impresionante, Honey.
–Y muy útil para variar viniendo de un dragón últimamente –comentó Stoick pasando sus ojos de sus dos vástagos a las dos bestias que se acurrucaron la una sobre la otra a la mitad de su casa –. En realidad eso me da una idea –agregó repentinamente indicando a sus dos hijos –. Porque no usan el olfato de Furry y tu… –dijo indicando a Honey en especifico pensando la mejor forma de mencionar el don de la chica – tú y tratan de encontrar los objetos perdidos.
–Creo… que eso podría funcionar… –balbuceó Hiccup meditándolo un poco. Parecía una buena idea.
–¡Perfecto! –bramó Stoick animado tomando inmediatamente a sus gemelos de los hombros y arrastrándolos hasta la puerta de su casa –. Y entre más pronto inicien mucho mejor –al ver sus acciones, los dos dragones Strike no perdieron ni un segundo de levantarse de suelo y seguir a sus jinetes al exterior –. ¡Y no regresen hasta haber encontrada hasta la última bota! –sentenció de ultimo Stoick antes de cerrarles la puerta en la cara, evitando así cualquier pregunta.
Soltando un largo suspiro, Stoick se volvió a su mejor amigo con una gran sonrisa y frotando con ansiedad sus manos.
–Muy bien, Gobber ¿Cómo van los planes para esa fiesta de cumpleaños?
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–¡Arg! –farfulló Fishlegs retorciendo en su manos un pedazo de papiro antes de arrojarlo a hoguera de su casa, donde Meatlug y sus cachorros gronckle dormían plácidamente una siesta –. ¡Esto es tan frustrante! –agregó jalándose sus cabellos rubios y dejando que el peso de sus cuerpo se desplomara sobre la mesa donde había estado trabajado toda la mañana.
Meatloug levantó su redonda cabeza de entre sus patas y soltó un leve gruñido en consuelo a su jinete, pero lo suficientemente bajo para no despertar a su bebes.
–Gracias nena –contestó de inmediato el chico regordete con una débil sonrisa, mientras se incorporaba en su asiento.
Fishlegs tenía una importante labor que cumplir y se sentía nuevamente como un inepto por no poder conseguirlo. Como toda en la vida, buscamos un orden y una jerarquía, en la academia de Berk dirigida por los jóvenes adolecentes las cosas no eran diferentes. Cada uno de los jinetes tenía su labor con la academia referente a las fuerzas de cada uno. Astrid era la encargada de los entrenamientos y la seguridad en la academia, Honey fungía como consejera y responsable de los primero auxilios, Snotlout era encargado del almacén y los materiales utilizado (principalmente porque era el primero en perderlos); y Tuff y Ruff eran quienes demostraban como no hacer las cosas.
Aunque Hiccup era el líder y aquel con la habilidad de entender a los dragones, Fishlegs sentía que era el principal responsable de los conocimientos de los dragones, tanto lo ya descubiertos como los que iban aprendiendo. Debía tenerlos todo almacenado, archivado y registrado como un registro para futuras generaciones de vikingos. Por ello, era el indicado para la labor de descubrir a que se debía el nuevo comportamiento reflejado por los dragones. Debía existir una razón lógica por lo cual estaban robando objetos o destruyendo otros sin motivo aparente, y él iba a descubrir por qué. Por desgracia para Fishlegs, las cosas no estaban resultando como se las imaginaba.
Se había refugiado en sus apuntes de los últimos descubrimientos y todo lo registrado en el manual de dragones, si obtener respuesta. Era frustrante para el joven regordete que sentía que esa era su primer y más importante encargo desde la fundación de la academia de dragones de Berk, y que fallaría terriblemente a Hiccup si no lo descifraba; y quién sabe, tal vez eso cambiaría la forma de pensar de la gente sobre los dragones y perder todo los logros que había obtenido…
Fishlegs sacudió su cabeza tratando de sacarse la imagen mental de Hiccup decepcionado de él.
–Corazoncito ¿Qué era tanto barullo? –preguntó de repente la voz de su madre en lo que se acercaba a la mesa. En sus manos llevaba varios platos y dejándole claro a su hijo que la comida esta lista.
–Nada, mamá –respondió Fishlegs decepcionado recogiendo todos los papeles que había esparcido sobre la mesa –. Solo un poco de frustración liberada –agregó levantado su rostro y regalándose a su madre una débil sonrisa.
La madre del chico regordete, Arula Ingerman, una mujer bajita pero regordeta, de cabello rojizo y ojos castaños, le devolvió a su único hijo la misma triste sonrisa.
–¿Acaso las cosas no van bien en la academia? –le preguntó mientras depositaba los platos y demás utensilios en la mesa.
Pero antes de que Fishlegs pudiera responderle ni siquiera con un suspiro, las puertas del hogar se abrieron de par en par para darle paso a la redonda figura de la cabeza de la familia. Igor Ingerman era un hombre igual de bajo que su mujer pero mucho más ancho y redondo que su hijo. Sus brazos descubiertos mostraban las marchas de las veces que se había quemado al preparar el fogón del horno de piedra, las cuales lucía como marcas de batalla como orgullo. El señor Ingerman era un panadero y satisfecho de ello.
–Hola, familia –dijo pisando fuerte en la entrada de su hogar, mientras depositaba unos gruesos costales de harina que cargo sobre su hombro desde el muelle. Una vez que carga se encontraba segura en su casa, el señor Ingerman se pasó sus enormes manos de dedos pequeños por su oscura cabellera que se había pintado de blanco con la harina –. Ya regrese.
–Que bueno, querido –lo saludó su esposa parándose de puntillas para darle un sonoro beso en la mejilla.
Eso fue suficiente para encender el horno interior de Igor, quien no perdió ni un segundo en sujetar a su mujer de su ancha cintura y plantarse unos juguetones besos en los labios. Ambos rieron como un par de adolecente enamorados.
Fishlegs no pudo evitar sonreír ante el amor que se demostraban sus padres.
–Hola papá –lo saludó el joven rubio una vez que dejo a su esposa en paz y se sentó a la mesa justo a tiempo para la comida –. Y no es la academia en específico –continuó Fishlegs su explicación a su madre como si no hubiera habido interrupción alguna –, sino los dragones. Hiccup me pidió que encontrara algo en el manual de dragones que nos diera una explicación de este extraño comportamiento en ellos, pero no viene nada –dijo soltando un leve golpe en la mesa que solo provocó que le dolieran los nudillos –. Sí hubiera más libros para leer…
Pero sus palabras fueron interrumpidas por el sonido de un tarro cayendo al suelo. La casa quedo muda de inmediato y el ambiente se tensó increíblemente. Ambos señores Ingerman miraron a su hijo con espanto hasta que:
–¡Ja, ja, ja! Muy buena esa Fishlegs –soltó Igor entre carcajada y palmeando la superficie de madera de la mesa –. Leer libros… nada bueno viene de leer libros, bien lo sabes.
El ambiento volvió a relajarse en lo que el señor Ingerman se llevaba un tarro con hidromiel a los labios y su esposa retomaba los preparativos de la comida
–Eso es otra cosa no entiendo –insistió Fishlegs con el tema –. ¿Por qué?
–¿Por qué “Qué”?
–¿Por qué los libros son tan malos? –preguntó el joven regordete aunque era visible por el semblante de sus padres que era un tema sin interés para ellos. Pero era otra historia para Fishlegs quien ansiaba poner sus manos en más de esos tesoros empolvados llenos de conocimientos –. Si lo fueran ¿Por qué el manual de dragones es la excepción? ¿Y qué hay de los libros en la biblioteca en la isla Meathead? ¿Por qué solo están reguardados? Sí realmente son tan peligrosos, no habría sido bueno destruirlos todo en lugar de ponerlos bajo llave –comenzó a objetar dejando que las palabras salieran de su boca sin pensar. Eran preguntas que ya se había hecho muchas veces, pero por Thor, nunca se había atrevido a pronunciarlas.
–Ahora veo a lo que te refieres con frustración liberada, corazoncito –dijo su madre con una sonrisita depositando los alimentos en la mesa.
–Oh, Fishlegs –dijo su padre con paciencia pero poco interés –. No hay necesidad de buscar esas respuestas o tan siquiera hacerlas.
–Pero…
–A veces es más sencillo no pensar y seguir la corriente –agregó rascándose la barriga –. Puedes usar tu tiempo en mejores cosas como… ¡pan de cangrejo! –sentenció de ultimo indicando la enorme bandeja de panes horneados que su mujer dejo el centro de mesa.
–Come un poco, corazoncito –insistió ella frotando el rubio cabello de su hijo.
Fishlegs les sonrió a sus padres mientras tomaba un par de panes, pero su mente no dejo de preguntarse una y otra vez, porque para los vikingos el conocimiento estaba prohibido. ¿Qué era lo que no querían que supiera?
-o0o-
Stoick the Vast dio unos pasos hacia atrás para poder apreciar la imagen general de todo los arreglos del gran comedor. Varios de los estandartes con legendarios vikingos y poderosos dioses fueron retirados y remplazados con unos con tonos más alegres y festivos. Se había iluminado la habitación con un centenar de de velas y antorchas, y las mesas estaban repletas de comida para un importante banquete.
Vaya que Stoick estaba feliz como estaba quedando todo. Esa fiesta de cumpleaños de sus hijos sería mejor de sus cortas vidas.
La verdad, Hiccup y Honey no tenían muy buena historia con sus cumpleaños. A pesar de ser gemelos, no compartían el mismo día de cumpleaños; Honey había nacido en las últimas horas del veintiocho de febrero y Hiccup a las primeras horas del veintinueve. Pero a causa que el año bisiesto solo era cada cuatro años, preferían festejar el mismo día, además planear dos fiestas dos días consecutivos era demasiado desde el punto de vista de Stoick. Sus hijos habían compartido todo en sus vidas, qué más daba que compartieran fiestas.
Pero en realidad fueron muy pocas ocasiones que se dieron para ello. Cuando eran muy pequeños Hiccup y Honey, Stoick realizaba fiesta con sus parientes los Jorgenson y algunos otros padres de la aldea. Deben recordar que después del primer cumpleaños de los niños, Stoick era viudo y toda la labor de padre caía sobre sus hombros. Aún así, con el paso de los años y la mala reputación de los chicos, la oportunidad de celebrar fiestas de cumpleaños fueron desapareciendo, incluso llegó el punto en que tanto los gemelos Haddock le pidieron a su padre y Gobber que dejaran de intentarlo. La decepción de terminar solos y no tener amigos ya había sido suficiente para ellos.
Los años siguiente, los cumpleaños de los gemelos pecosos pasaron desapercibidos y casi olvidados por el resto de la aldea. Pero ese año, las cosas serían diferentes. Hiccup era un héroe para Berk y Honey se había ganado el respeto de mucho debido a sus habilidades curativas. Había muchos interesados en celebrar el nacimiento de esos dos milagros además de Stoick.
–¡Un poco más alto! –gritó Astrid a los gemelos Thorston que subía cada vez más una pancarta con un “FeliZ CuMpleAños” con ayuda de su zippleback. No eran los únicos que ayudaban, también se encontraba Gobber acomodando los regalos, Snotlout y su hermana Adelaide que robaban unos cuantos bocadillos y algunos otros vikingos deseosos de apoyar –. ¡Perfecto!
–¡Muy buen trabajo, Astrid! –le aplaudió Stoick satisfecho con el esfuerzo de todos.
–¡Hey, jefe! –se quejó Tuffnut desde la cabeza de su dragón –. ¿Y nosotros qué?
–¡Sí! –lo apoyó su gemela –. ¡Nosotros fuimos lo que pusimos la maldita pancarta!
–Nadie aprecia nuestro esfuerzo –suspiro el gemelo siendo completamente ignorado.
Pero a pesar de sus reproches todo iba fantástico. Stoick estaba seguro que Hiccup y Honey tardarían el tiempo suficiente para que no se percataran de los planes de cumpleaños. Ya solo quedaban algunos detalles pendientes, los señores Ingerman se encargarían de traer la torta de cumpleaños y el mudo Sven la dotación de hidromiel; una fiesta vikinga no era fiesta sin hidromiel. Ya tan solo quedaba…
–¡Snotlout! –rugió Stoick provocando un respingo en su joven sobrino.
–¡¿Qué?! –soltó éste altaneramente, mientras escondía sus manos detrás de su espalda–. ¡No estoy haciendo nada!
–Ya me di cuenta –respondió su tío indicándole una orilla del salón.
Justamente junto a su sobrino, se encontraban los cuatro nightmare crías de Hookfang, brincando sobre las mesas y llevándose todo a sus mandíbulas, desde cubiertos hasta el antiguo escudo de heroico guerrero Gwander.
–¡Hey! –bramó el chico alarmado postrándose firme ante su pequeña manada de dragones rojos –. ¡¿Qué les he dicho de llevarse cosas del suelo a la boca?! ¡Eso ya lo chupó Loki! –agregó captado la atención de cuatro pares de ojos y enormes ojos amarillos.
Pero el efecto duro poco y los pequeños dragones no tardaron nada en regresar a las andadas.
Stoick soltó un suspiro en frustración. Realmente debían encontrar una solución a los actos destructivos de los dragones. Aunque eso podía espera para otro día, ahora solo se preocuparía por la fiesta de la noche y hacer felices a sus hijos.
-o0o-
Una simple caminata por la orilla del bosque de Berk resultaba difícil con toda la nieve acumulada sobre las rocas. Los inviernos terribles habían pasado, pero aún hacía mucho frio en aquellas gélidas tierras del norte, y la llegada de Audhumla aún estaba muy lejos.
Los hermanos Haddock marchaban arrastrando sus botas de cuero (y pierna protética en el caso de Hiccup) al intentar desplazarse por aquella cantidad de nieve, mientras seguían de cerca a sus dos dragones que olfateaban un rastro totalmente imperceptible para ellos. Toothless y Furry como dragones de la clase strike eran completamente dependientes de sus sentidos para desplazarse a gran velocidad por el cielo, por ello, estos eran increiblemente desarrollados. Hiccup había descubierto que su amigo nightfury poseía un impresionante sentido del oído, que era capaz de distinguir incluso la voz de su jinete a largas distancias. Tal vez Furry no tenía un oído tan delicado como Toothless, pero lo superaba fácilmente en olfato. El Howl podía detectar la más fina fragancia y identificar una en particular entre un ambiente plagado de aromas.
Así que Furry lideraba la búsqueda de los objetos perdidos, con su nariz muy cerca de la nieve, mientras que Toothless no se quedaba atrás tratando de seguirle el paso.
Los gemelos permanecieron en silencio la mayor parte del camino, cada uno absorto en sus propios pensamientos que ocupaba toda la función de sus cerebros, que ni siquiera se habían percatado que justamente ese día cumplían trece años.
–Entre más le des vuelta en tu cabeza –soltó de repente Honey al percatarse de lo consternado que se encontraba el semblante de Hiccup –, es menos probable que encuentres una solución.
–Arg, ya sé –le respondió este frotándose su castaña cabellera –. Pero no puedo evitar preocuparme –admitió algo abatido –. ¿Qué pasaría si todo ha sido en vano? ¿Sí la gente se retracta y ya no quiere a los dragones? ¿Y si papá ordena que se marchen?
–Hiccup, papá fue muy testarudo con todo eso de la guerra y sus odio a los dragones –admitió Honey –. Y buenas razones tenía, pero incluso yo creo que no puede ser tan estúpido para no haberse dado cuenta ahora del beneficio que son los dragones a Berk. Además de lo importante que son para ti… para todos.
El gemelo pecoso detuvo su marcha y miró con sorpresa a su hermana.
–Wow ¿De dónde viene eso? –soltó posando sus manos en su cintura –. ¿Ahora lo defiendes? ¿Quién eres y que hiciste con Honey?
–Sí, yo tampoco lo puedo creer –contestó ella encogiendo los hombros –, pero tienes que admitir que papá realmente se está esforzando. Él… lo intenta. Solo que está en una difícil posición.
–Como jefe tiene que ver por su gente primero… –recitó Hiccup recordando muy bien cada palabra.
–Exacto, y la gente con miedo suele ser muy estúpida… y olvidadiza.
–Curioso, justamente escuche a papá decir las mismas palabras.
–¿Qué? –exclamó la gemela deteniendo la marcha –. Maldición –se quejo ante lo que implicaba.
Su hermano soltó una burlona risita antes de recordar lo que en un principio lo tenía preocupado. Pronto la alegría dejo su rostro y sus ojos quedaron clavados en su única bota lanuda.
–Mira, Hiccup –lo llamó Honey acercándose lo suficiente a él para posar una de sus manos en su hombro –. Tal vez nos estamos complicando mucho la vida. Sí, los dragones están causando destrozos y perdiendo cosas, pero después de todos son animales que apenas unos meses atrás eran completamente salvajes. No son como mansos perros o lindos gatitos. Ellos escupen fuego y pueden arrancarte la cabeza de una mordida…
Hiccup alzó la ceja dando a denotar a su hermana que no estaba ayudando.
–Tú punto es… –dijo él tratando de retomar la marcha.
–Que tal vez estamos esperando muchos de ellos y deberíamos darles unas cuantas restricciones… –sugirió Honey – al menos hasta que las cosas se calmen.
Inconscientemente, Hiccup abrió la boca para objetar aquella lógica, pero pronto volvió a apretar sus labios al percatarse que no había forma de contradecir las palabras de su gemela. Sin importar tanto que lo deseara.
–Sí… probablemente tienes razón –masculló perdiendo de nuevo su mirada en su zapato –. Solo que me asusta que las cosas cambien –agregó dejando sus brazos caer a sus costados –. No quiero perder a Toothless.
Dándose cuenta que hablaban de él, el nightfury dio media vuelta su largo y escamoso cuerpo, para frotar su larga frente contra las manos de su jinete. Hiccup no pudo evitar sonreírle ante tal afecto, mientras acariciaba sus escamas negras.
–Nadie dijo que lo perdería –le aclaró Honey regalándole una simple sonrisa.
Hiccup se volvió hacia ella para agradecerle por el apoyo en el momento de necesidad, cuando Furry soltó un leve gruñido. Ambos hermanos se dirigieron al Howl que olfateaba con más intensidad un rastro en la nieve.
–¡Hey, ¿qué pasa amor?! –le preguntó Honey a su dragón acariciando sus largas escamas cafés. Pero Furry de comenzó a reaccionar curioso, se apartó del punto donde había pegado su nariz y comenzó a frotarla con sus garras como si algo hubiera entrado en su fosas nasales –. Ya antes he visto esa reacción–explicó la gemela a su hermano y Toothless que miraban con curiosidad las acciones del Howl –, es la cara que pone cada vez que detecta una prenda con el olor corporal de Gobber.
–¡Como su bota! –soltó Hiccup animado recordando precisamente la prenda perdida del herrero.
Una vez que Furry pudo superar el ardor inicial del penetrante olor corporal de Gobber, guió a los dos hermanos y Toothless por toda la orilla del bosque hasta llegar a una leve colina de roca. Entre la escarpada se encontraba sutilmente oculta a la vista una caverna y dentro ella había:
–¡Son las botas –exclamó Hiccup viendo la gran pila de objetos perdidos –, las armas, los escudos y todos las demás cosas perdidos!
–¿Por qué los habrán traído aquí? –preguntó Honey examinando la pequeña cueva donde muy apenas cabían los dos hermanos y sus dragones. Era muy difícil que otras bestias más grandes pudieran entrar en tan pequeño espacio – Y ¿Por qué no hay ningún dragón cerca?
–Si es un botín –agregó Hiccup pensativo –. ¿Por qué no lo cuidan? Esto no me gusta.
Toothless y Furry se pegaron el uno al otro para poder olfatear la columna de objetos como si buscaran el olor de otro dragón, pero pronto los dos apartaron sus redondas cabezas con asco cuando detectaron el inconfundible hedor de la bota de Gobber.
– Sí, tiene la pinta de ser algo… –comenzó a decir su hermana mientras se inclinaba para tomar una daga entre los objetos apilados en el montón. Pero cuando sus mano tocó aquel objeto la mente de Honey quedo en blanco, su aliento se paralizó y como si lo estuviera observando sombras, una figura humana se aproximo a la pila y arrojó entre el montón la misma que ella había recogido.
–¿Honey? –le llamó sus hermano mientras la sacudía levemente de los hombros.
–Una persona...
–¿Qué?
–Una persona –dijo lentamente, clavando sus ojos verdes como esmeraldas en los de su gemelo –. Alguien hizo esto. No fueron los dragones.
–¡¿Qué?! –fue lo primero que logró articular Hiccup, pero un segundo después que reaccionó sobre lo que era capaz Honey, preguntó –: ¡¿Quién?!
–No lo sé… –respondió pasando sus manos sobre su rostro, estaba más frio de lo normal con aquel clima – no lo vi. Pero definitivamente esto fue una trampa de una persona.
-o0o-
Devanándose los sesos quien sería la persona detrás de aquel acto vandálico, los gemelos y sus dragones regresaron caminando a la aldea. La mayor parte del recorrido discutieron acaloradamente sobre lo que había descubierto, en un principio y en acto ingenuo, Hiccup le preguntó a Honey si no se había equivocado; no esperó a que respondiera ya que él sabía que su hermana nunca se equivocaba con lo que veía. ¿Pero quién… quien se atrevería de tal acto? Una cosa era una travesura como la que efectuaban Tuff y Ruff, pero este era un acto intencional para inculpar a los dragones, y ante la ley vikinga y de Berk, tal engaño era un acto de traición. ¿Quién se arriesgaría tanto? Y ¿por qué?
Fueron tantas sus teorías y al mismo tiempo se negaban a creer que alguno de sus compatriota los traicionara de tal manera, Hiccup y Honey, se encontraban tan distraídos en sus pensamientos que nos percataron de la sorpresa hasta que todos saltaron de sus escondites una vez que alcanzaron la plaza central de la aldea.
Hiccup y Honey gritaron como niños chiquitos, abrazándose el uno al otro mientras su padre, amigos y sus dragones salían de diferentes escondites entre las casa. Incluso Toothless y Furry abrieron sus hocicos listos para atacar, pero terminaron tragándose sus disparos cuando se dieron cuenta que no había peligro.
–¿Qué es todo esto? –soltó Hiccup confundido soltando finalmente a Honey.
–Estamos celebrando… –explicó Stoick orgulloso mientras que los demás jinetes, Gobber, los Jorgenson, Mulch y Bucket, y algunos otros vikingos rodeaban a los dos gemelos Haddock.
–¿Acaso van a exiliarnos? –interrumpió Honey interpretando pesimistamente los actos sospechosos de sus conocidos y familiares.
–Sí.. ¡Digo No! –dijo Stoick perdiendo rápidamente la compostura –. ¡Es por su cumpleaños!
Los ojos de Hiccup y Honey se abrieron tal grandes como platos en lo que sus amigo se abalanzaban sobre ellos y los abrazaban energéticamente. Con todo lo que había pasado, se habían olvidado completamente de su cumpleaños. No era una fecha de la cual se entusiasmaron de que llegara cada año, pero simplemente se había esfumado de sus mentes.
–Y esto no es todo –les confirmó Astrid aún con uno de sus brazos sobre el cuello y hombros de Hiccup –. Tenemos todo un banquete listo para ustedes y una torre de regalos en el gran comedor –sentenció ella indicando el gran salón sobre la colina.
Sonriendo de oreja a oreja, los gemelos Haddock se dejaron arrastrar a tan inesperada festividad. Ante los últimos sucesos, aquella muestra de afecto y tan agradable sorpresa era totalmente agradable para Hiccup y Honey, tanto que olvidaron la pila de objetos robas que encontraron ocultas en una cueva cerca del bosque.
Pero eso siempre estaba presente en la mente de uno de los vikingos presentes en esa plaza central de la aldea. Él contempló con malicia mientras la comitiva subía la larga escalinata a la gran sorpresa que él les había dejado detrás de las puertas de aquel gran salón. Sería un evento inolvidable para Hiccup y Honey.
Chapter 51: Bendecido entre los hombres
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Bendecido entre los hombres
Tierras lejanas de salvaje orden,
Perdición para sentenciado a muerte,
Lamentos perdidos entre los que sueñen,
Reina cuyo corazón se pierde.
~o~
Susurros en los oídos,
Bestias hermanas que derraman sangre,
El pequeño niño perdido,
Finalmente regresa con su padre.
~o~
Cadenas y grilletas detiene sus garras,
Bozales cubren sus hocicos,
El joven bendecido los ve tras las rejas,
Y los dioses lloran con ahínco.
~o~
Silabas prohibidas,
Dones malditos,
La esperanza marcada,
El ultimo entre vikingos.
~o~
Un intento más del dios del trueno,
El niño es ahora un hombre,
Para corregir los errores de pleno,
Solo él puede escuchar sus voces.
~o~
Su libertad es inminente,
El desprecio de rey ya no tiene precedente,
El hijo supera al padre,
Y la esclavitud se pierde.
~o~
Don bendecido por Thor,
Malas predicciones de Odín,
Una oportunidad se apaga sin resplandor,
Es tan solo el principio del fin.
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Chapter 52: A las armas
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A las armas
La isla de los dragones, una formación callosa donde la brutalidad se mezclaba cada día con lo cotidiano. El hogar original de los dragones, aquella isla estaba plagada de estas criaturas escamosas y escupe fuego que no tenían nada que invertir sus vidas más que dormir cazar y cuidar de sus crías. Ya hacia unos largos meses que la paz había llegando a aquella tierra de salvajismo y fuerza bruta, cuando la emperatriz de aquellas bestias sucumbió ante el embiste de un solo nightfury y su jinete.
Ahora, los dragones de todo el archipiélago barbárico podía encontrar paz en su propio territorio, si necesidad de enfrentar a los vikingos en busca de constante alimento. Sí, la buena vida había regresado a la isla de los dragones y estos no tenían deseos de marcharse de su hogar… con excepción de un grupo en particular que se encontraba anidando en las playas de rocas volcánicas al este de la isla.
Esos eran los dragones Berk… o una vez lo fueron, eran los especiales y elegidos no solo vivir en aquella isla sino también para poder convivir cara a cara con los habitantes de la aldea. Eran dragones únicos, entrenados y educados para estar junto a los humanos más tercos posibles, los vikingos hooligans peludos.
Casi dejados a su suerte en aquella isla, los dragones esperaban en el mismo punto donde sus amos los dejaron, expectantes y ansiosos de ver sus naves de vuelta en la costa, indicándoles que era el momento de regresar a casa. Ya una semana había pasado y nada de sus queridos vikingos.
Pero estos seguían pacientes, soportando la necesidad de regresar por su cuenta a su antiguo territorio y con sus antiguos amos. Solo la ultima orden que había recibido, era lo único que los mantenía en su lugar. Nadders, Monstrous Nightmares, Gronckles, Zipplebacks y más, tanto pequeños y como grandes, se amontonaban en grupos consolándose ante la ausencia de sus humanos.
Quién diría que aquellas terribles bestias escupe fuegos resentían terriblemente la ausencia de los seres que alguna vez levantaron sus armas en su contra. Era increíble y estresante; tanto, que Hookfang comenzó una pelea sin necesidad contra Barf y Blech, hasta casi volar toda la costa con sus explosiones si no fuera por el ensordecedor chirrido del Nightfury que los detuvo de inmediato.
Al igual que resto de los dragones, Toothless sufría de la ausencia de su jinete y si no fuera porque no podía volar por su cuenta, desobedecería la orden de Hiccup y regresaría inmediatamente a Berk. El dragón de ébano no entendía porque habían sido castigados de aquella manera, pero debía ser fiel a las palabras jinete y esperar a su regreso.
Toothless alzó la vista en el cielo, ansioso por regresar a aquellas nubes acolchadas sobre su cabeza, donde su buena y mejor amiga Stormfly volaba en círculos ante la ansiedad. Sus crías revoloteaban detrás de ellas pidiéndole alimento. Debajo de su sombra, reposaba sobre una pila de rocas Meatloug rodeada de su gran camada, que chirriaban alegremente entre sus juegos ante la ausente mirada de su madre, pérdida en el océano. Toothless sabía bien como sufría Meatloug ante aquella situación, incluso más que él.
La frustración se apoderó por un segundo del nightfury que soltó un estallido contra las rocas entre sus patas, encendiéndolas como carbón incandescente. Pero de nada eso le servía; quería volver a Berk, ver a su escuálido vikingo y estar juntos. Ellos se completaban.
No encontraba solución y mucho menos ayuda. Los nadders y gronckles eran dragones de parvadas, cuya naturaleza les impedía desobedecer a sus líderes, en ese caso los vikingos. Los nightmares eran más orgullosas pero respetaban sus jerarquías, para ellos, estaban primeros los humanos que los alimentaban. Los terrors y zipplebacks, tal vez criaturas más solitarias, pero increíblemente territoriales, se adaptaban inmediatamente a su nuevo hogar una vez que había sido desplazados por sus amos. Toothless era más listo, más independiente y más osado que la mayoría de los dragones y deseaba desobedecer, pero no podía hacer nada él solo y para su desgracia, el único que podía ayudarlo no se había movido de su sitio desde su llegada a aquella costa.
El nightfury alzó la vista hasta el acantilado de roca en aquel terreno de roca volcánica, donde entre las callosas piedras una figura dormía plácidamente. No importante cuando Toothless le rugió a su hermano de familia vikinga, Furry se negó en emprender el vuelo y regresar a Berk, como si supiera de antemano que esa era el lugar que debía permanecer hasta algún inminente suceso, que al parecer éste intuía que sucedería en cualquier momento.
Toothless saltó un último bufido hacia Howl siendo ignorado olímpicamente por él, antes de volverse de nuevo al mar, esperando y deseando que Hiccup regresara pronto.
-0-
–Muy bien, montón de mozalbetes haraganes –soltó Gobber a sus jóvenes aprendices mientras los evaluaba uno a uno con la mirada –, ha llegado el momento que estado evitado tanto tiempo… es hora de que aprendan a usar correctamente las seis armas vikingas.
El herrero dio un paso a un lado para dejar al descubierto específicamente los seis aditamentos de guerra que sobresalían en una mesa de madera en el centro de la academia de dragones.
–La lanza, el arco, el mazo, el hacha, la daga y la espada –enumeró Gobber mientras marchaba alrededor de la fila de los siete jóvenes aprendices frente a la mesa –. Entre una de ellas se encuentra su destinada, aquella que sus manos se adaptara mejor que las demás, hasta convertirse en una parte más de su ser – las palabras del instructor resonaron en la silenciosa academia, que estaba sumamente tranquila de los normal –. Pero solo porque descubramos cual es su arma destinada, eso no implica que no aprenderán a usar las demás. Es una vieja tradición y una necesidad que sepan manejar cada una de las seis armas vikinga –los chicos continuaron mudos entregando su completa atención al herrero que se consternó ante tal devoción, pero al mismo tiempo entendía que era los que les sucedía a sus jóvenes aprendices –. Además con los recientes eventos, creo que no es solo importante, sino de vida o muerte que estén adiestrados en el correcto uso de las seis armas.
De nuevos, los siete chicos continuaron en silencio, sin comentar nada inapropiado o arrogante de su parte. Cada vez estaban más raros.
–Como decía… –tosió Gobber mientras un escalofrió recorría su espalda – ante la reciente, muy reciente escases de armas en Berk, es sumamente importante que aprendan a manejar y utiliza cualquier de estas seis armas, que no saben cual llegaran tener a su alcance durante un combate. Ya están a edad de sacarse los dedos de las narices y utilizar sus manos en algo de verdad importante –soltó con potencia – combatir como verdaderos guerreros vikingos.
Los jóvenes aprendices no soltaron ni un pio ante las palabras de Gobber y su dramatismo; en cambios sus ojos, siete pares de ojos, grandes y expectante, quedaron clavados en su redonda figura. El herrero no pudo evitar sentirse desnudo antes la mirada penetrante de sus chicos.
–Publico difícil –comentó acomodando su cinturón en su redonda cintura–. Continuando con lo que decía, se han creído mucho los últimos meses ustedes pequeños haraganes ineptos, volando sobre sus dragones y todo, pensando que podrían evitar esta parte de su entrenamiento vikingo. Pues, ya ven que no zoquetes, ahora no les quedan dragones ni manera de cómo defenderse, que harían si tuvieran que enfrentar a un Uglitug, un Berserker u Outcast en este momento ¿eh? ¡¿EH?!
No obtuvo respuesta. Gobber alzó su mano y garfio al cielo en señal de derrota. No podía sacar ni una reacción de aquellos muchachos. Pero ellos tenían razones para estar en aquel estado casi catatónico; los siete chicos habían sido separados despiadadamente de sus dragones.
Había pasado un poco más de una semana desde los susodichos sucesos que llevaron hasta esa situación y aquel comportamiento de los chicos. Justamente en el cumpleaños número trece de Hiccup y Honey. Se había preparado una gran fiesta y banquete en el gran salón en honor a los gemelos Haddock, quienes por primera vez en muchos años disfrutarían de una celebración tal cual. Pero cuando pasaron a través de las grandes puertas dobles de roble, se toparon nada menos que con la destrucción y el pandemónium.
Las decoraciones estaban hechas añicos por garras, la comida devorada y esparcida por el suelo y los regalos destruidos. Los principales culpables de tal caos fueron Brisket, Ham hock, Sausages, Pot roast, los cuatro nightmares bebes de Hookfang, quienes dormían plácidamente recostados en un rincón del gran salón.
A Hiccup y Honey no les importó en lo más mínimo que los dragones arruinaran su sorpresa de cumpleaños, pero para su padre que había puesto gran empeño en ello terminó sumamente molesto, al igual muchos de los vikingos que había participado en el planeación de aquella fiesta.
Pero aquello no fue lo que finalmente lo que derramó el tarro de paciencia de la aldea, pero sí lo dejo casi al borde. La tragedia ocurrió en menos de un día, mientras la irritación seguía a flor de piel; en lo que caía el atardecer sobre la isla, la armería explotó en llamas sin motivo o razón aparente. Cuando el escuadrón contra incendios logró extinguir el fuego, el calor ya se había apoderado de los aldeanos que arremetieron contra los dragones, entre ellos en particular el nightfury de Hiccup. Tales acusaciones solo pudieron venir de una sola persona, la misma que aprovechó la tragedia para echar más leña al fuego. Mildew, utilizando su posición de anciano, animó a las masas inconformes de Berk a revelarse contra los dragones y exigirle una solución a su gran líder vikingo.
Stoick quedo atrapado entre la espada y la pared. En contra de su pesar y el mal que significaba para sus hijos y los amigos de estos, los dragones fueron expulsados de Berk temporalmente como dictaba la ley vikinga ante algún miembro problemático en la aldea. Mildew pidió el destierro completo, pero Stoick que sabía que las acciones de los dragones no eran mal intencionadas y que eso afectaba a los jinetes; prometió que estos podrían regresar el día en que descubrirán a que se debía aquel comportamiento destructivo.
Así que a pesar de las suplicas y llantos (especialmente de Snotlout, Fishlegs y Tuffnut) los dragones fueron guiándolos por la larga flota de Berk de regreso a la isla de los dragones donde permanecerían hasta que se levantara el castigo. Los chicos de la academia de dragones estaban decepcionados y deprimidos, no solo eran jinetes sin sus monturas, les habían quitado a sus mejores amigos.
Prometiendo que regresarían pronto con ellos, aunque fuera solo para visitarlos, Hiccup, sus amigos y los pocos vikingos que lamentaban la separación de sus dragones mascotas, partieron de nuevo a Berk sin la compañía de sus compañeros escamosos. Y desde entonces, los chicos y la aldea no eran los mismos.
Pero también existían otras preocupaciones que la ausencia de los dragones, al haber explotado la armería, el inventario de armas de Berk estaba reducido considerablemente, dejándolo sumamente desprotegidos. Claro cada vikingo de Berk tenía sus espadas o hachas particulares, las que cargaban consigo cada día, sus favoritas o las que decoraban en su casa; pero muchas de ellas eran ornamentales o tenían valor sentimental como para utilizar y arriesgarse a perderla en una batalla. Berk necesitaba armas y rápido.
Era época de paz, la guerra con los dragones había terminado hacía meses y no había peligro inminente; pero vikingos desarmados era blancos fáciles, incluso para sus principales aliados. Stoick sabía eso y tuvo que llevar la situación con cuidado y arriesgarse a no tratar de obtener armas fuera de la isla para no informar la desafortunada situación que enfrentaban. En cambio, ordenó a Gobber una producción masiva de estas armas para compensar las pérdidas; por desgracias y aún con la ayuda de su joven asistente, la herrería era un proceso lento y de paciencia. Tardarían semanas antes de completar la cuota requerida.
Así que tratando de no perder la calma, la aldea continuó con normalidad, procurando no mostrar la desventaja en que se encontraban. Gobber lo veía como el momento perfecto para que sus jóvenes aprendices entendieran la importancia de conocer el uso de cada una de las seis armas vikingas en combate. Aún así, sus intenciones quedaban opacadas por la falta de entusiasmo de los chicos, quienes parecían muertos vivientes ante la falta de sus queridos dragones.
Aunque la mayoría de ellos tuvieran el conocimiento básico de cómo utilizar alguna de aquellas armas, era obvio que les faltaba experiencia para utilizarlas adecuadamente, además debían descubrir cuál era la idónea para cada uno de ellos. Así que Gobber puso manos en la obra y trató de dejar a un lado la tristeza de sus aprendices, empezando con los movimientos básicos de cada arma, siendo la forma perfecta de demostrar cuál era su destinada.
Por desgracia, la falta de entusiasmo dejo en pésimo intentos los movimientos de los chicos al tratar con cada una herramientas de guerra. Al final de la tarde y completamente decepcionado de su primer día de entrenamiento, Gobber solo tenía claro que el arma destina de Astrid era el hacha, aunque eso se podía predecir desde la infancia de la niña rubia. Todos los demás estaban lejos de demostrar su verdadero potencial, y en el caso de Hiccup y Honey, ni siquiera llegaron a levantar alguna de ellas.
–Por la peluda barba de Odín –se quejo por lo bajo Gobber siendo el último en abandonar la academia, una vez que todos los aditamentos usados en el entrenamiento se encontraban guardados –. Me lleva Loki –continuó maldiciendo mientras se rascaba la barbilla y escupía en el suelo.
Tenía que tomar otro camino si quería convertir esos siete muchachos en verdaderos vikingos y así cumplirían su rito a la madurez.
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A la mañana siguiente, Gobber decidió dejar a los chicos libres por un día, eso le daría tiempo de planear una mejor estrategia para el entrenamiento y dejarse de arrancar los pocos cabellos rubios que le quedaban en su fea cabeza ante la desesperación; así como preocuparse por la falta de armamento en la aldea y lo desprotegida que ésta se encontraba sin la presencia de los dragones. Además, quería que los muchachos se dieran un tiempo para superar esa lastimera actitud no digna de vikingos que había adoptado y cargaban sobre sus hombros como un calvario.
Pero Hiccup tenía otros planes para sus compañeros jinetes, más importante que la depresión grupal. Había hecho un descubrimiento hacía un par de días que cambiaba totalmente la situación. Justamente después de tener que abandonar a Toothless a su suerte en la isla de los dragones, Hiccup ya no tenía ninguna escusa coherente para no arreglar el techo de la choza de Mildew, una tarea que había evitado a toda costa y descaradamente. Ya que no tenía escapatoria, pero prefería hacerlo a escondidas, sin que el viejo decrepito se diera cuenta que estuvo ahí. ¡Por Thor! De lo contrario, el viejo se aseguraría en convertir su castigo en una tortuosa tarea inolvidable.
Pero como un capricho del destino o de los mismos dioses, al creer encontrarse solo, Mildew realizó algo que Hiccup nunca se imaginó llegar a presenciar.
–¿Mildew arrojó unas garras falsas de dragón al océano? –le había preguntado Honey esa misma noche cuando le relató todo lo que había visto en el hogar de viejo loco.
–Sí, y no es todo –contestó Hiccup con insistencia y fervor –, también tenía unas especies de botas que igualaban las huellas de un dragón y en su casa había unos tarros que semejaban los que perdió la señora Larson.
–Hiccup ¿Estas tratando de decir lo que creo que tratas de decir?
–¡Sí! ¡Mildew es quien ha estado detrás de todo! Los dragones no estaban actuado raro. Los robos, los objetos perdidos, la destrucción, solo eran actos de Mildew para incriminarlos. ¿Por qué otra razón tendría garras falsas de dragón en su casa que luego arrojaría por el acantilado?
–Pero Hiccup…
–¡Vamos, Honey! –la interrumpió su hermano algo desesperado –. ¡Sabes cómo es el viejo cascarrabias! ¿Quién más quería los dragones fuera de la isla que él? Es único beneficiado en todo esto –continuó marchando por su habitación como enajenado mientras sacudía sus brazos sobre su cabeza –. Además, tú dijiste que viste una persona detrás de los robos, junto a la pila de objetos en una cueva en la que por cierto, casi ningún dragón cabe.
–¡No, Hiccup! ¡Te creo! –le dejo claro su gemela al ponerse de pie y sujetarlo del rostro para llamar su atención –. Todo tiene sentido y apunta a Mildew. Pero date cuenta de lo que estás diciendo: estás apunto de acusar de alta traición a un compatriota Hooligan, que aunque sea un demente antipático sin corazón, es un aciano –puntualizó Honey clavando sus grandes ojos verde esmeralda en los de su hermano –. Si vas a recorrer ese camino, vas a necesitar pruebas.
Hiccup se perdió en la mirada energética de su hermana procesando lo que había dicho y rápidamente su mente le dio una solución.
–Tenemos que encontrar esas garras falsas.
Resultaba mucho más fácil decirlo que hacerlo. Los jóvenes jinetes de dragón pasaron toda la mañana recorriendo de lado a lado la playa de Thor sin encontrar rastros de los susodichos aditamentos incriminatorios de Mildew. Cuando comenzaron a desesperarse con el poco avance, Hiccup tomó una medida necesaria y separó al grupo en dos para cubrir más terreno.
–Esto es inútil –soltó fastidiada Ruffnut unas horas más tarde, mientras pateaba algo de la arena de la playa.
–Completamente –puntualizó su hermano –. Podríamos estar haciendo algo más destructivo, digo productivo –agregó rápidamente – que esta estúpida búsqueda.
–Sí –dijo Ruff con una sonrisa malvada –, como hacer confesar a Mildew.
–O prenderle fuego a su casa, lo que sucediera primero –comentó Tuff resignado.
–Nadie va a prender fuego a algo –marcó Honey en cuclillas examinando entre algunas rocas sin éxito – o alguien –agregó ante alguna parábola que podrían encontrar los gemelos Thorston en sus palabras –. Al menos no todavía, primero necesitamos esas garras para demostrar la culpabilidad de Mildew.
–Sí es que las encontramos –agregó de la nada Fishlegs sumamente deprimido. El joven regordete se sentía sumamente derrotado. No solo había fallado en entender el comportamiento de los dragones, fallándole así a Hiccup y compañeros vikingos, sino también había sido separado de su querida Meatloug.
–Esa es la actitud Fishlegs –soltó Ruffnut dándole un puñetazo simpático en el hombro –. Somos unos malditos buenos para nada –agregó con orgullo colocando sus manos en la cintura.
–De acuerdo, entiendo –dijo Honey perdiendo la paciencia. Se puso de pie haciendo frente a los otros tres jóvenes que se encontraban del peor humor posible –; las cosas no se ven bien. Pero por los dioses ¿no están exagerando? ¿Y es mí a la que acusan de antipática?
–No es sencillo, Honey –masculló Fishlegs lastimeramente –. Haya sido Mildew o no, él ya ganó. No tenemos a nuestros dragones y es posible que nunca los recuperaremos –el labio del chico regordete tembló un poco antes de sollozar –. Pobre de mi Meatloug, que estará haciendo en estos momento sin mí ¡¿Y qué haré yo sin ella?! ¿Cómo voy a sobrellevar su ausencia? ¿Quién me lamerá los pies en las mañanas?
–Arg –gruñó Ruff con asco –. Yo sugiero que Tuffnut lo haga –agregó con su característica sonrisa.
–Está bien –dijo el gemelo rubio sin interés –. ¿A qué horas de la mañana debo estar ahí?
–Olvídelo –se quejo de ultimo Fishlegs sacudiendo una mano en el aire, antes de darse media vuelta y alejarse de la playa, dejando a sus compañeros solos con su búsqueda. Realmente la depresión les estaba pegando fuerte a los jóvenes jinetes, y si no hacía algo pronto, ya no tendría energías para continuar.
Y hablando de continuar:
–Ya que Fishlegs desertó ¿Podemos hacerlo nosotros también? –preguntó Tuffnut acompañado de su hermana que asentía con alegría, esperando la respuesta de la gemela pecosa.
Por unos breves segundos Honey pensó en un comentario lógico y coherente para objetar, pero también el fastidio se había apoderado de ella:
–Ya que –dijo dejando caer sus brazos a los costados –, no tiene sentido seguir aquí. No hay la remota pista de donde quedaron los… –pero antes de que terminara sus palabras la mirada de Honey se perdió en un punto sobre la cabeza de los gemelos Thorston y las palabras murieron en su boca que quedo entreabierta.
–Hey, la tierra a Honey –la llamó Ruff sacudiendo sus manos frente a sus ojos.
–¿Acaso estás viendo a eso feos cuervos? –señaló Tuff con su pulgar a las dos aves negras que granaban entre las rocas del acantilado –. ¿O son ellos los que nos vieron feo?
–¿O tal vez son ellos los que están detrás de todos esto? –sugirió su hermana volviéndose hacia la aves sobre sus cabeza –. ¡Hey, estúpidos no se van a salir con la suya! – gritó alzando un puño.
–Hey, Honey ¿Y si les damos una paliza? –sugirió Tuff siendo ignorado por la gemela Haddock que comenzó a alejarse de repente en dirección a la aldea.
–¡¿A dónde carajos vas?! –le gritó la gemela rubia.
–¡Regresamos a la aldea! –contestó Honey sin detener la marcha –. ¡Algo malo esta por suceder!
-o0o-
–Hiccup ya revisamos el acantilado, la playa, la orilla del bosque y la colina –puntualizó Astrid mientras el atardecer comenzaba a oscurecer las tierras de Berk –, sin encontrar ni una pista que no ayude a desenmascarar a Mildew ¿Tal vez…? –dijo tímidamente pasando su mano en el hombro de Hiccup, quien tenía la mirada perdida en la oscuras aguas oceánicas que rodeaban a la isla – ¿Tal vez no hay nada que podamos hacer?
–Tiene que haberlo, Astrid –comentó Hiccup sin querer darse por vencido. En su mente estaba muy presente cierto dragón negro y el resto de los de su especie –. Simplemente no pudo haber ocultado toda la evidencia –marcó tomando la mano de ella en lo que se volvía para mirarla a sus ojos azules –. Es Mildew de quien estamos hablando, la misma persona que creyó que Odín le habló en sueños y le advirtió de un yak volador que podía hablar, atacaría la aldea. Él no es una mente brillante que pueda desarrollar un plan infalible que nos arrebate a nuestros dragones. Debió cometer un error, un descuido que nos permita demostrar que él estuvo detrás de todo, que traicionó a la aldea, a su gente y a los dragones, y… y … y Snotlout… ¿Se puede saber que carajos estás haciendo? –agregó de ultimo dejando caer sus brazos a sus costados.
La mirada del gemelo pecoso se enfocó solamente en su primo que se encontraba con la mitad de su cuerpo dentro de un cesto grande mimbre que había insistido en cargar en su espalda todo el día. Ante las palabras de Hiccup, el joven moreno sacó su cuerpo del cesto y con una mirada de inocencia trató de fingir indiferencia, pero curiosamente uno de sus brazaletes de cuero estaba prendido en llamas.
–No tengo idea de que estás hablando –respondió mordazmente mientras intentaba apagar el fuego en su brazo con insistencia –. El perder a tu dragón está afectado tu mente, Hiccup –dijo de ultimo ganándose una mirada despectiva tanto de su primo como de la rubia a su lado.
–Snotlout ¿Qué llevas en ese cesto? –le preguntó Astrid entrecerrando la mirada y cruzando los brazos sobre su pecho.
–¿Cesto? ¿Cuál cesto?
A pesar de sus pésimos intentos de parecer discretos, Hiccup y Astrid avanzaron hasta él, y utilizando la fuerza (en el caso de la rubia), abrieron el cesto de mimbre para ver su contenido. Dentro se encontraba las cuatro crías de Hookfang dormitando una sobre la otra.
–¡Hey! – se quejo Snotlout.
–¿Qué hacen Brisket, Ham hock, Sausages, Pot roast en la isla? –preguntó Hiccup cerrando lentamente le cesto para no despertarlos.
–¡¿Qué?! ¡Yo no tenía idea que estuviera ahí! –trató de defenderse el joven posando sus manos en su pecho –. Debieron meterse por su voluntad antes de que dejáramos a los demás en la isla de los dragones.
–Sí como no, y mi hacha no tiene filo –soltó Astrid arisca y escéptica tomando su confiable arma y balanceándola entre sus manos, ante la mirada tímida de Snotlout–. ¿Lo hicieron ellos solos y sin ayuda de nadie? ¿Acaso tenemos cara de imbéciles?
–Tú Astrid, nunca. Hiccup, un poco.
La joven aprendiz de guerrera tomó a Snotlout del brazo y de un solo movimiento le realizó una llave de lucha que lo dejo con la mejilla en el pasto, lloriqueando y pidiendo perdón.
–¡No es suficiente! –insistió Astrid con vehemencia. El haber perdido a su dragona había acabado con la poca paciencia que alguna vez pudo tener.
–Astrid ¿no te parece excesivo?–le pidió Hiccup con calma pero ni loco interponiéndose entre la joven rubia y su presa –. Podrías simplemente… dejarlo.
–¡Sí, Astrid déjame!
–¡No, hasta que me parezca suficiente! –sentenció ella torciendo más el brazo de Snotlout provocando un alarido de dolor escapara de su labios –. ¡¿Qué pensabas que podrías ocultarnos los dragones a nosotros… a toda la isla?!
–¡Hey, Hiccup ocultó un nightfury por meses y Fishlegs a Meatlug durante Snogletogg! –hizo memoria Snotlout –. ¡Y yo ¿por ocultar cuatro bebes nightmare me convierto en malo?! ¡Pues bueno, soy el malo!
Otro a alarido de dolor escapó de su boca en lo que Astrid los torturaba cada vez más.
–No –dijo ella –, solo el idiota.
–Astrid, por favor déjalo –le pidió nuevamente Hiccup, aunque en esa ocasión no la miraba a ella.
–Todavía no, Hiccup. Quiero disfrutar esto.
–No hay porque enojarse con Snotlout –dijo Hiccup con bastante seriedad, pero con la mirada clavada en el océano.
Ante la curiosa selección de palabras del gemelo pecoso, Astrid soltó su agarre de Snotlout, dejando libre para enderezarse.
–Escuchaste, no hay porque enojarse conmigo –alardeó el moreno una vez libre y sobándose el brazo.
–Corrección –puntualizó Hiccup alzando solo su dedo índice –. No hay porque enrojarnos con Snotlout, por ahora. Habrá tiempo para hacerlo después. Ahora tenemos graves problemas.
El gemelo pecoso bajo su dedo indicando en el mar en la distancia un barco que claramente no pertenecía a la flota de Berk y se acercaba rápidamente a las costas de la isla. Y no estaba solo, toda una armada lo acompañaba.
–¿De quién son esos barcos? –soltó Snotlout entornando la mirada, tratando de captar la cresta pintada en sus velas.
-o0o-
–¡Outcast! ¡Navíos Oustcast a la vista!
Stoick soltó un rígido como un oso herido en lo que corrió con todas sus fuerzas hasta la orilla de la aldea, y mientras mentalmente se maldecía por su mala suerte. No había error o confusión, definitivamente esa cresta en las velas de los barcos era Outacast.
–Alvin –gruñó el jefe Hooligan frunciendo el seño.
¿Qué hacían los Outcast en Berk? ¿Cómo había logrado salir de esa isla? ¿De dónde sacaron aquella flota?
Definitivamente fue un error dejar a esa rata con todos aquellos criminales, solo alguien desalmado como Alvin podía hacer trabajar a tal despojos de la sociedad en un plan elaborado de escape. Y ahora se dirigía a Berk.
–Stoick ¿Qué vamos a hacer? –le preguntó Gobber a su lado mientras las exclamaciones de miedo y preocupación se apoderaba de sus compatriotas.
No tenían arsenal, estaban casi indefensos.
–Pelearemos –dijo Stoick posando su gruesa mano en el hombro de su amigo en lo que su mirada expresaba su determinación y furia.
¿Furia? Sí, Stoick tenía razones para estar furioso. En el momento de mayor debilidad para su gente, la principal amenaza se le venía encima; sus equivocaciones del pasado regresaban para morderle en el trasero, y que los dioses se apiadaran de ellos. En Outcast existían la escoria humana, traidores a su clanes y tribus que carecían de corazón y honor. Vikingos que fueron rechazados por sus actos criminales como por su ausencia de moral, y habían sido dejados a perecer el destino que los dioses les tenían reguardado en esas estériles tierras de la isla Outcast.
Tal vez aquel desastre sobre sus cabezas no se les vendría encima si él no se hubiera enternecido en su corazón ante sus recuerdos de la infancia y la amistad, perdonado la vida a su antiguo amigo. Ahora Berk pagaría su crimen de su debilidad.
Un líder vikingo no se retractaba, un líder vikingo no era débil, un líder vikingo luchaba por su gente, y era lo que Stoick estaba por hacer. No les fallaría nuevamente.
–¡Todo los guerreros reúnanse! ¡Spitelout, llama a la guardia de Berk! ¡Gobber, reúne cuantas armas queden en la aldea! ¡Todos resguarden y cierren sus hogares! ¡Bucket los animales a los establos! ¡Mulch reúne a todos los niños y viejos! ¡Sven quiero todos los navíos amarrados en el muelle! ¡No vayan a sonar la alarma!
–Stoick ¿Qué tienes en mente? –le preguntó su hermano desconcertado con tales ordenes. ¿Acaso no iban a enfrentarlos en el mar antes de llegar a las costas? ¿No defenderían sus playas?
–Tengo en mente a un traidor en particular –musitó el líder vikingo marchando entre los habitantes de Berk que corrían en todas direcciones acatando sus órdenes –. Él conoce nuestras técnicas, nuestras armas y nuestras tierras, mientras que nosotros no tenemos armas pesadas y una escases de espadas y hachas. Debemos tener la ventaja.
Gobber pataleó con su pata de palo hasta quedar en frente de su amigo y líder.
–Tú solo di y nosotros te apoyaremos.
–Que Mulch y Bucket reúnan a todos los que no puedan pelear, enfermos, niños y los lleven hacia las cavernas de la costa este –explicó Stoick –, mientras que todos los guerreros atraeremos la atención del ejército de Alvin y los llevaremos al bosque. Tal vez conozca los terrenos de Berk, pero su gente no está acostumbrada a nuestra isla. Tendremos ventaja en terreno alto y difícil. La aldea… habrá que abandonarla.
Una mirada dolida fue compartida por sus compatriotas. Aquella aldea era todo para ellos, era su hogar por generaciones y la habían defendido de ataques mucho más terribles en el pasado. Pero en la mente de Stoick, si quería regresar a sus hogares el día de mañana, tenían que mantener a los invasores lejos de la aldea y de su gente, antes de que destruyeran todo. El bosque era la mejor opción.
Si tan solo no hubieran alejado a los dragones, tendrían una fuerza de defensa extra y…
–¡Papá! –se volvió de golpe para toparse justamente con la respuesta a su dilema. Hiccup acompañado de la chica Hofferson y su sobrino Snotlout se acercaron a él corriendo desde la colina. Snotlout cayó al suelo a causa de la velocidad y el peso extra en su espalda por el cesto de mimbré que cargaba.
–¡Hiccup! –Stoick se abalanzó hacia su hijo, posando sus inmensas manos sobre sus hombros.
–¡Los Outcast se acercan! ¡Necesitamos a los dragones! –dijeron los dos al unisonó una vez que quedaron cara a cara. La sorpresa se apoderó de ellos cuando se percataron de las palabras que salieron de la boca del otro.
–Ve –le ordenó Stoick a su joven hijo con orgullo pero al mismo tiempo con miedo –. Toma un pequeño bote del muelle secundario. Atraeremos su atención del otro lado de la isla, lo que permitirá que te escabullas sin ser visto por sus barcos. No lleves luz y ve solo.
La sorpresa se apoderó levemente en los ojos de Hiccup. Su padre… su increíblemente sobreprotector padre lo mandaba a una importante misión solo para recuperar a los dragones. La situación tenía que ser grave para que en su desesperación tuviera que recurrir al escuálido muchacho pecoso…
–Sé que puedo confiar en ti –agregó su padre como si intuyera los pensamientos pesimistas de su hijo. En aquella situación recurría a Hiccup porque sabía que nadie más podría hacerlo.
Hiccup le dirigió una última mirada aprensiva a su padre, antes de comprometerse de lleno. Asintió antes de dar media vuelta y alejarse hacia donde le había indicado su progenitor. Gobber levantó su garfio en un leve ademan de detenerlo pero se contuvo, mientras que Astrid estuvo a punto de seguirlo.
–¡No! –la llamó Stoick con fuerza.
Astrid se dio vuelta de golpe para toparse nada menos de las imponentes figuras de su líder, el padre de Snotlout líder de la guardia de Berk y Gobber the Belch el legendario guerrero Hooligan. Sus miradas estaban clavadas en su reducida figura a comparación a la masa de músculos que eran ellos. Algo dentro ella hizo que se alzara tan alta era y sacara el pecho con orgullo.
La mirada de Stoick la examinaba con detenimiento, era la primera vez que apreciaba con cuidado aquella jovencita. Conocía a esa niña desde una cría y a su madre Bertha desde que él era joven, y definitivamente, Astrid no había sacado nada de ella. Era la viva imagen de su padre Arvid y su tío Finn. Verdaderos Hofferson… un clan sin miedo. No pudo evitar escuchar de nuevo la voz de Gobber en su cabeza y la imagen de ella y Hiccup recargado uno junto a otro frente a la fogata. Era el momento que probara si Astrid, era digna del nombre de su familia.
Stocik tomó de su cintura la resplandeciente daga de obsidiana que brillaba contra las luces de las antorchas y se la tendió a Astrid.
–Tómala –le dijo manteniendo su tono severo –, reúne a los demás jinetes. Ayuden a proteger a nuestra gente. Mulch y Bucket los llevaran a las cavernas de la cosa este –sus ojos verdes estaban fijos en los azules de la jovencita –. Sin Hiccup, tú estás a cargo.
Aunque parte de su asombró se reflejaba en su rostro, Astrid tomó sin dudar la daga que le tendía su líder. El corazón de la chica casi se detuvo con aquellas palabras y su aliento se perdió en un suspiro. Era su oportunidad… era su turno de sobresalir…
–Sí, señor –aceptó ella asintiendo con la cabeza antes de dar media vuelta y salir corriendo.
Snotlout que había visto todo aquel intercambio a un lado de ellos, quedo con la boca abierta y con la quijada casi tocando el suelo. Su mirada paso de su tío a su padre (quien parecía compartir su escepticismo) y viceversa tratando de encontrar el sentido de lo que acababa de suceder.
–¡¿En serio?! –exclamó de golpe dejando caer sus brazos. ¿Quién se suponía que era el sobrino de jefe? ¿Por qué Astrid y no él?
–¡Muévete Snotlout! –bramó de repente Astrid regresando sobre sus pasos para sujetarlo del cuello de su chaleco de Yak y arrástralo en dirección contraria.
Los jinetes tenían una misión que cumplir.
Chapter 53: Alvin the Treacherous
Chapter Text
Alvin the Treacherous
Fishlegs podía recordar la canción de cuna que solía cantarle su madre de pequeño, una clásica melodía de amantes que nunca hacía falta en las aldeas vikingas; pero su madre había alterado la letra solo para él. Eran preciosos esos recuerdos sobre su infancia, donde no existía el mal y todo se encontraba perfecto. Incluso en sus ensoñaciones, su madre tenía mejor voz que la chillona con la que solía llamarlo a desayunar todas las mañanas.
Porque sabes, eres tu mi bebe,
Siempre que me canso,
Y ya he tenido suficiente…
Paso el tiempo y la mamá de Fishlegs dejo de cantarle en su cuna, incluso él ya no podía recordar cuándo fue la última vez que le había entonado su melodía favorita. Ahora Fishlegs se la cantaba a Meatlug y a su bebes cada noche antes de dormir. Era el momento más maravilloso de su día.
Siento que me doy por vencido,
Sabes que eres tú, bebe,
Dándome el coraje…
Pero ya no más, había perdido a su querida Meatlug y toda la camada de alegría que eran los pequeños bebes gronckles, ya no estaban con él para cantarles y hacer sus días y noches mucho mejores.
Y la fuerza que necesito,
Por favor creerme que digo la verdad,
Bebe, te quiero.
Mientras cantaba, Fishlegs derramó una solitaria lágrima. Apretando sus redondas rodillas contra el resto de su cuerpo; el joven regordete se abrazó a sí mismo, mientras su mirada se perdía en la inmensidad de la noche y las estrellas sobre sus cabeza. Mentalmente y destrozando su corazón, rogaba a Odín que protegiera a sus queridos dragones que probablemente nunca volvería a ver.
–Miren nada más que tenemos aquí –dijo de repente una voz detrás de él probándole lo tan equivocado que podía estar.
~o~
Una hora antes, cubiertos por la sombra de la noche, los barcos de los despiadados Outcast estaban por amarar en las costas de Berk. El líder de aquella impía tripulación, Alvin the Treacherous tenía su mirada clavada en las tierras que una vez llamó su hogar. Su objetivo era simple en aquella excursión, descubrir al maestro de dragones, capturarlo y llevarlo de regreso a la isla Outcast. Si podían matar a uno que otro Hooligan en el camino, como Stoick, era un beneficio extra.
Después de todo lo que había pasado y la traición que sentía que cobraron sobre él sus ex compañeros Hooligan, Alvin no odia Berk. No soñaba con ver su hogar de la infancia en llamas como muchos de sus hombres deseaban ver sus tierras natales. No, Alvin quería simplemente lo que le habían prometido en un principio y si eso incluía la dominación de aquella isla mucho mejor para él.
Pero era un movimiento riesgoso el que estaba efectuando, aquellos navíos eran la única flota que había llegado a construir después de años de exilio, las armas eran rudimentarias y hasta casi salvajes, fabricadas con huesos de dragones y otros objetos de segunda mano. Y su ejército, era despiadado y sin una pizca de lealtad. Alvin era consciente que sus hombres fácilmente venderían a su madre por un pedazo de pan, y ni se diga que estaban dispuestos a darle una puñalada en la espalda si bajaba la guardia. Pero era todo lo que tenía al alcance y definitivamente Alvin los regía con mano de hierro.
A pesar de que muchos de su hombre tenían la intención de conquistar y aplastar a Berk, ese no formaba partes de las intenciones de Alvin para el itinerario de ese día. No tenía las fuerzas para iniciar una guerra directa con los Hooligans. Su plan era engañoso y traicionero como su nombre: un acercamiento descarado a la isla era con el propósito de ser vistos por sus enemigos e iniciar el pánico en ellos. Mientras Stoick preparaba todo para un enfrentamiento directo en el muelle, Alvin esperaría a que cayera la noche para ocultar sus barcos en las sombras y en cambio amarar en una de las costas lejanas de la aldea. El ataque que planeaba consistía en sorpresa y sigilo, una de las especialidades de aquellos desertores de la moralidad. Una vez dentro de la aldea buscaría su objetivo y cortarían algunos cuellos.
Para su desagrado y en contra de sus planes iniciales, Berk pareció no alertarse de la presencia de sus barcos. El acostumbrado cuerno de alarma se mantuvo silencio a pesar de que eran visibles a la distancia. Algo estaba tramando ese panzón, Alvin podía asegurarlo.
–Alvin –lo llamó Savage acercándose a él en el puente –, no parece haber ninguna reacción por parte de Berk. No es posible que no nos hayan visto.
–Lo sé pedazo de imbécil –gruñó Alvin por lo bajo sin despegar ni un minuto sus penetrantes ojos de aquella isla –. Conozco a Stoick mejor que nadie, si no está preparando a sus guerreros para recibirnos en el muelle, eso quiere decir que tiene algo en mente.
–¿Señor? –lo llamó nuevamente Savage quien no comprendía la profundidad de los pensamientos de su líder.
–Cambio de planes –soltó repentinamente Alvin tomando el timón de su barco haciendo girar completamente y dirigiéndolo justo al muelle que debían evitar –. Avisa a todas las naves que nos siga.
–Pero señor, vamos directo al muelle ¿Acaso no íbamos a…? –pero antes de que Savage terminara sus palabras, Alvin le soltó un puñetazo que lanzó directamente al suelo.
–¡Cierra la boca, estúpida! –le soltó éste sin apartar la mirada de su objetivo –. Se un buen perro y obedece mis órdenes.
Savage soltó un leve gruñido antes de levantarse del piso y obedecer el mandato de su despiadado líder.
Alvin podía intuirlo, Stoick había pensado justo como él y ya tendría a sus más fuertes guerreros preparándole una emboscada en la costa. Era momento de que Alvin entrara al juego de la mente y superara a su viejo amigo; si Stoick los esperaba lejos del muelle, entonces en muelle tocarían tierra.
~o~
No estaba equivocado. El muelle de Berk se encontraba abandonado en las sombras de la noche, los poderosos navíos de la flota Hooligan permanecían solitarios y sin nadie para cuidarlos. La aldea no fue diferente una vez que los Outcast desembarcaron y se adentraron en ella.
Debido a las pocas antorchas encendidas y la falta de ruido, el lugar daba la impresión de ser una aldea abandonada y fantasmal. Lo bandidos Outcast tal vez eran seres despiadados sin corazón, pero seguían sido vikingos supersticiosos y no tardaron en morderse los nudillos y escupir en la tierra para sí alejar a los espíritus malignos.
–Imbéciles – musitó para sí Alvin mientras examinaba las huellas en el suelo fangoso de las calles de la aldea; las podía leer como runas en un papiro y descubrir la historia que contaba –. ¿Qué planeas Stoick?
Sin más, subió la pequeña colina hasta el hogar de los Haddock para encontrarlo igual desierto. Pero eso no le sorprendió en lo más mínimo, en realidad hasta lo esperaba.
–Stoick… Stoick… ¿Dónde estás? –masculló mientras sus ojos inyectados con odio recorrieron el hogar antiguo de los lideres de Berk de arriba a abajo. La casa no había cambiado mucho desde la última vez que puso un pie en ella. Tal vez la única diferencia que pudo percatarse fue que las antiguas armas de decoraban las paredes estaban ausentes.
Alvin soltó un gruñido en lo que daba media vuelta para regresar a la puerta principal de aquel hogar, cuando su vista captó algo en el suelo. Una pequeña escama negra como las alas de cuervo destacaba con facilidad sobre la vieja madera del piso. El bandido la tomó entres sus robustos dedos y la examinó con detenimientos, definitivamente era de un dragón, pero ¿Cuál?
–Alvin –lo llamó Savage entrando en la casa de los Haddock seguido de cerca de un par de gruñones Outcast –, ya hemos explorado toda la aldea y no hay ni un alma, parece como si se los hubiera tragado una serpiente marina. Lo extraño es que los animales siguen en las granjas y la armería está destruida.
–¿Y dragones? –preguntó el líder aún examinando la negra escama.
–¿Señor?
–¡¿Qué hay rastros de dragones?! ¡Estúpido!
–Lo siento señor, y no. No hay rastros de dragones.
Alvin lo meditó una última vez antes de guardarse la escama negra entre sus ropas. Sin decir nada a sus hombres, salió del hogar de Stoick y comenzó caminar en silencio en dirección al gran salón. Sus guerreros Outcast confundidos por la falta de nuevos mandatos lo siguieron de cerca sin apartar sus ojos de él.
La ausencia de los habitantes, la falta de recibimiento por parte de los guerreros, las armas faltantes, la armería destruida, todo indicaba algo ¿Pero qué? ¿Qué planeaba Stoick? ¿Dónde se ocultaban? Además ¿Y los dragones? Según los rumores, aquellas bestias habitaban en Berk sin problemas y la guerra con ellas había terminado. Pero estos también desaparecieron ¿Qué estaba sucediendo?
Alvin alcanzó a subir los primeros peldaños de la escalera que subía al gran salón cuando sus grasientos oídos camparon algo en la distancia.
Bebe, ya me voy,
Debo tomar el camino,
El tiempo se acerca,
Mi barco se va…
Levantando su mano para darles una señal a sus hombres, Alvin ordenó silencio en lo que él y sus seguidores caminaron en dirección de aquella voz. Era un tono suave, capaz que se trataba de una niña y podían reconocer la melodía, un clásico para enamorados empedernidos.
Lo veo en tus ojos,
El amor, la necesidad, tus lágrimas,
Voy a estar tan solo sin ti,
Y necesito de tu amor para verme seguir…
Fue cuando lo vieron, sentido en la orilla de los tantos acantilados que aparecían de la nada en las orillas de la aldea de Berk. Era un joven regordete y de cabellera rubia el que cantaba, con la mirada perdida en el océano, mientras de sus labios salía la letra de la canción lastimeramente. Qué pena, el pobre estaba enamorado.
Así que creerme por favor,
Mi corazón está en tus manos,
Y te extrañare…
Alvin dio los últimos pasos en sigilo a pesar de su enorme y pesado cuerpo, para alcanzar al joven mozalbete que continuaba dándole la espalda. El susto de su vida que iba a llevarse.
~o~
Estaba ahí el pobre de Fishlegs, solo y rodeado por tres despiadados bandidos de la isla Outcast, vikingos desterrados de su tierra ante sus terribles crímenes, mientras que él un solitario muchacho, desarmado y si experiencia de combate se encontraba a su merced.
¡No! Él era un Hooligan hecho y derecho y enfrentaría valientemente a esos invasores.
–Miren nada más que tenemos aquí.
–Aaaaahhhhhhhhhh!!!!!! –gritó Fishlegs con todas sus fuerzas y sin control de su cuerpo.
–Hey, niño. Cállate –le ordenó uno de los Outcast.
–Aaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh!!!!!!!!
–¡Cierra de una vez la bocota! –le gruñó Savage.
–AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!
–¡CIERRA EL HOCICO!
¡Paf!
Fishlegs recibió un golpe directo en la cara que lo hizo callar de inmediato. Los ojos grandes y verdes del muchacho, se volvieron vidriosos ante la amenaza del llanto que estaba por aflorar por ellos.
–Miren lo que hacen, imbéciles –les soltó Alvin a sus hombres haciéndolos a un lado con empujones –. Lo han asustado sin necesidad –agregó el líder Outcast aligerando su voz en lo que fingía amabilidad –. Hola, joven vikingo –saludó a Fishlegs acercando su grande y peludo rostro al de chico rubio, golpeándolo de frente con su aliento y terrible olor corporal –. No es necesario que te asustes de nosotros, solo somos unos cuantos Outcast invadiendo tu isla… aunque viendo de esa manera, si tienes mucho de que temernos –agregó de ultimo marcando una terrible y macabra sonrisa en sus delgados labios.
Mientras Alvin y sus hombres reía por lo bajo con voces roncas, Fishlegs se estremeció de la cabeza hasta los dedos de los pies.
Eran Outcast… ¡Los Outcast invadían Berk!
–¿Sabes quién soy? – le preguntó Alvin a Fishlegs arrastrando las palabras mientras su horrible sonrisa continuaba resplandeciendo maliciosamente en su rostro.
Intimidado, el joven regordete negó inicialmente con la cabeza, para luego cambiar rotundamente el movimiento a uno afirmativo. Era imposible no saber de quién se trataba, todo habitante de Berk lo reconocería de inmediato.
–Así es, soy Alvin… Alvin the Treacherous –dijo el Outcast alzando tan alto era e intimidando aún más muchacho delante de él –. Y debes saber muy bien todas las terribles cosas que he hecho y las que soy capaz de hacer, es por ello que es muy importante para ti –continuó indicando el cuerpo rechoncho del muchacho con su amenazador dedo – que contestes sinceramente todas las preguntas que voy a hacerte ¿queda claro?
Fishlegs asintió de nuevo completamente mudo y con temor.
–Bien –aceptó Alvin en lo que sus hombres rieron roncamente –. Lo primero ¿Cuál es tu nombre muchacho?
–Fishs… Fishlegs… Ingerman –contestó.
Alvin y sus hombres estallaron en sonoras carcajadas que sacudieron sus enormes cuerpos. La risa de los Outcast tal vez se enfocaba en lo ridículo del nombre del muchacho, pero su líder tenía razones completamente distintas.
–¡Fishlegs Ingerman! –repitió mientras sus carcajadas descargaban saliva en todas direcciones –. Entonces ¿eres el hijo de Igor y Arula Ingerman? Vaya, vaya, que me lleve Hel, como se dan las cosas –el Outcast posó sus manos en su cintura mientras sus ojos evaluaron de arriba abajo al muchacho delante de él –. Te recuerdo cuando eran apenas un crio, una cosa menuda de patas delgadas, y… ¡Mírate ahora! –continuó indicando su rechoncho cuerpo –. Sin duda los panes de cangrejo de tu madre hacen milagros –agregó dándole unos golpes incriminatorios a su barriga –, o tal vez se deba al perdón de Njord ¿eh?
Curiosamente el temor de Fishlegs se detuvo por completo ante las siguientes palabras de Alvin.
–Eso nos hace iguales a ti y a mí. Una vez que el dios de mar te deja vivir, solo puedes volverte más fuerte.
~o~
Hiccup corrió tan rápido como su pie falso se lo permitió. En cierta forma hasta maldijo el estar tan acostumbrado a desplazarse sobre Toothless que su propio cuerpo no tenía la fuerza suficiente para la carrera que estaba efectuando. Probablemente se lastimaría su muñón y requeriría de las curaciones de su hermana y sus ungüentos. Claro, si Berk sobrevivía esa noche.
El muchacho pecoso sacudió la cabeza con la intención de sacarse ese pensamiento pesimista de su mente, perdiendo la atención en su camino y tropezando. Hiccup rodó prácticamente cuesta abajo hasta llegar al muelle secundario que era su destino en primer lugar; una pequeña zona de amarre detrás de las escapadas callosas que solía ser usado para misteriosos mensajeros o situaciones de emergencia. Y definitivamente esa era una situación de emergencia.
Adolorido y con el labio partido, Hiccup escupió parte del pasto congelado que mordió durante su descenso, en lo que su cabeza se elevaba perezosamente del suelo. A unos pocos metros de él se encontraba un pequeño bote para una sola persona y como siempre, preparado para un viaje inminente con el propósito de pedir ayuda. La idea original se enfocaba en buscar sus aliados vikingos por apoyo, pero en esa ocasión sería a sus desterrados dragones.
Adormecido por los golpes y la caída, el tiempo se movió despacio para Hiccup en la oscuridad de la noche. Mientras se levantaba lentamente del suelo y arrastraba sus pies hasta el bote, no pudo evitar en pensar en su amado dragón negro.
Toothless ¿Cómo habían llegado a eso?
Vaya la ironía que aplicaba para ellos los dioses, incluso podría asegurar que era un castigo por haber desterrado las lagartijas escupe fuego de su hogar en primer lugar. Los Hooligans estaban solos, desprotegidos y sufriendo el ataque de un viejo enemigo, realmente tenían que estar malditos para sufrir aquella suerte.
–Honey va a tiene mucho porque rezar –musitó el muchacho para sí en broma, soltando una leve risita. Tendrían que pedir perdón a sus dioses para que tal maldición se quitara sobre sus hombros, sí sobrevivían primero a esa noche.
Hiccup volvió a sacudir la cabeza. No podía permitirse pensar eso, pero debía tenerse compasión a sí mismo, su hogar… sus seres queridos corrían peligro… Honey, Astrid, su papá, sus amigos… todo Berk dependía solamente de que él consiguiera traer consigo a los dragones de vuelta.
Tratando de no imaginarse las consecuencias si fallaba, Hiccup comenzó a soltar las amarras del pequeño bote y extender la vela. El viento corría con fuerza esa noche, así tal vez llegaría a la isla de los dragones en la mañana si no dormía durante toda la noche. Finalmente, los dioses le daban una especie de tregua. En cuestión de minutos el pequeño y veloz barco comenzó a navegar silenciosamente por el oscuro mar en la profundidad de la noche.
–Ya voy Toothless –dijo en voz baja el muchacho tomando el timón con ambas manos para evitar perder el control ante el fuerte viento –. Espera por favor, papá. La ayuda llegara pronto.
Hiccup no pudo evitar desviar la vista de su objetivo para contemplar los imponentes y toscos navíos Outcast en el muelle de Berk. El gemelo pecoso estaba convencido que su pequeño barquito no sería visto en las sombras y las oscuras aguas, por lo cual se dio la libertad de rodear levemente la isla de Berk y contemplar el horror. Los bandidos Outcast se encontraban por todo el muelle y las luces de sus antorchas se podían apreciar en la desierta aldea. Se encontraban por todos lados y prácticamente se podría decir que habían tomado Berk.
¿Cómo habían llegado tan pronto ahí? ¿No se suponía que llegarían a la costa opuesta de la isla? ¿No era allá donde los guerreros de su padre los esperaba?
Los vellos de la nuca de Hiccup se le erizaron con los terribles pensamientos que llegaron como respuesta a esas fatídicas preguntas. Pero no tuvo tiempo de horrorizarse con su propia y fatalista forma de pensar, cuando escuchó el más terrible grito que le detuvo el corazón e hizo que el alma huyera de su cuerpo.
Hiccup alzó la vista hacia uno de los tantos acantilados que rodeaba la isla para contemplar con terror como un grupo de Outcast reía sonoramente por el eco de las rocas, y un cuerpo caía de las alturas en una parábola horrible hasta el mar. Pero lo peor de todo, era que el gemelo Haddock pudo reconocer aquella pobre victima que había caído en desgracia, no se trataba de otro que su amigo Fishlegs.
Conteniendo un grito mudo, Hiccup viró con todas sus fuerzas el timón de su pequeño navío y lo dirigió directo a aquel acantilado donde podía ver un cuerpo revolotear en el agua. Pero había un detalle más para atormentar su pobre corazón… Hiccup recordó que Fishlegs no sabía nadar.
Que patético, cualquiera diría que es un vikingo que no sabe nadar, por desgracia esa era la situación del pobre muchacho regordete.
Fishlegs, mientras el agua comenzaba a cubrir su cabeza y pataleaba por su vida sin mucho efecto, daba por hecho que esa eran sus últimos alientos de vida y que la diosa Hel estaba por reclamar por su vida para dejarlo en el limbo para los indignos. En su ultima hora de vida no había mostrado ser el guerrero que se suponía debía ser, su miedo lo había alejado de la gloria de los banquetes del Valhala.
Aún a pesar de todo y su pronta e inminente muerte, no pudo evitar pensar más que en las últimas palabras que le dirigió el líder Outcast y el significado que podía detrás ellas. ¿Cómo era posible que “sobreviviera de nuevo al mar”? ¿A qué se refería?
–¡Fishlegs! –escuchó que lo llamaban y en su imaginación pensó que la mano de la diosa Hel lo jalaba de las profundas y heladas aguas a su futuro como alma perdida. A pesar que era un destino indigno, Fishlegs lo prefería a esa tumba helada en las aguas. No dudo ni un instante de aferrarse de aquella pálida mano.
El chico exhaló con fuerza una vez que su cabeza sobresalió del mar.
–¡Perdóname mi diosa! ¡Por favor no me lleve al Hel! ¡Nana está ahí, me da mucho miedo y sus besos huelen a yak!
–¡Fishlegs! ¡Reacciona! –le ordenó la voz que definitivamente no tenía nada de femenina.
El joven rubio detuvo de inmediato sus lloriqueos y miró al dueño del brazo que sujetaba con fuerza contra su pecho. Sus ojos se encontraron con el rostro pecoso de Hiccup, quien se encontraba jalándolo y muy apenas podía mantenerse sobre su pequeño bote ante la inclinación por el inminente peso del muchacho regordete.
–¿Hiccup? –soltó Fishlegs sin poder creer lo que veían sus ojos –. ¡Hiccup! –bramó de sorpresa y alegría el muchacho, apretando con más fuerza el delgado brazo de su amigo hasta entumirlo.
Después que el histérico frenesí de Fishlegs, Hiccup requirió toda la fuerza de sus patéticos músculos para ayudar a su regordete amigo a subir a su pequeño barco, solo para terminar en otro abrazo rompe hueso.
–Sí… Fishlegs… también me da gusto… que estés bien –dijo el muchacho pecoso casi sin aire.
–¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias, Hiccup! ¡Y a Thor! ¡Y a Odín! ¡¿Cómo podre agradecértelo?!
–Evitando romper mis huesos.
–Ups –soltó Fishlegs soltando su fuerte agarre sobre el escuálido gemelo Haddock –. Lo siento.
–Está bien, no necesita tener mis costillas completas.
Pero antes de que se pudiera recuperar del apretón, Fishlegs volvió a sujetar a Hiccup de sus hombros y lo sacudió con terror.
–¡Hiccup! ¡Hiccup! ¡Hiccup!
–¡Ya sé! ¡Ese es mi nombre Fishlegs! – se quejo el muchacho pecoso librándose de las manos redondas de su amigo.
–No, entiendes Hiccup. ¡Corres grave peligro!
–¿A qué te refieres?
–Los Outcast están aquí…
–Ya lo sé Fishlegs, es por eso que estoy en este barco en primer lugar –dijo el muchacho castaño apartando las manos de su amigo de sus hombros –. Voy a la isla de los dragones para recuperar a Toothless y los demás.
–¡No! –bramó Fishlegs tomando nuevamente a Hiccup de los hombros y acercando el rostro de éste al suyo –. No lo entiendes…. Alvin… me dijo sus planes.
–¿Espera? ¿Dices que Alvin the Treacherous te dijo sus planes? ¿A ti?
–Sí, antes de arrojarme al mar –dijo Fishlegs con los ojos casi desorbitados –. Están aquí por ti. Todo esto es por ti. Es a ti a quien busca.
~o~
Las espectrales sombras de la noche eran mucho más insondables en las profundidades del bosque de Berk. Aquella noche en particular los animales se encontraban más silenciosos que nunca, intuían la presencia de los depredadores desalmados entre sus árboles. Pero humanos sin honor no eran los únicos que se ocultaban entre los arbustos y las cortezas, sino también uno de los más imponentes héroes vikingos que el mundo había visto.
Stoick the Vast marchaba lentamente, con gran sigilo a pesar de su gran tamaño y musculatura. Años de experiencia y su gran conocimiento de aquel bosque le daba la ventaja para avanzar despacio en busca de su presa, una que tal vez superaba en mortalidad a los mismos dragones que una vez habitaron en ese lugar.
Marchaba lentamente, con el viento a su favor y sus sentidos más encendidos que los de un furioso oso de montaña. Sus ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad de la noche y buscaban el más mínimo movimiento, sus oídos se agudizaron como los de un lobo y su olfato lo alertaban ante cualquier cambio en el ambiente.
El líder vikingo y sus guerreros, no se encontraban solos en aquel bosque.
Stoick había ordenado a sus hombres y mujeres que se separaran para encontrar y despedazar a su enemigo, una vez que su plan inicial no funcionó. De alguna manera Alvin lo había superado y se anticipó a su emboscada en la playa.
¿Superó? O mejor dicho “lo conocía mejor”
Superando su rabia inicial, el guerrero Hooligan se concentró en su nuevo objetivo: capturar a su presa. Y estaba más cerca de lo que pensaba.
Con un silbido en el viento, una flecha salió dispara en dirección del reacio vikingo quien fácilmente se volvió para atraparla en pleno vuelo, antes de que se enterrara en su carne. Con el mismo impulso del movimiento de su cuerpo, lanzó con su otro brazo su hacha en dirección de dónde provino aquella flecha. Ésta alcanzó a cortar unos cuantos cabellos sobre la testa del traidor Outcast antes de incrustarse contra el tronco de un roble.
El bandido soltó una maldición en lo que su ballesta se escapaba de sus manos por la sorpresa de haber sido descubierto, y antes de que pudiera hacer algo para detenerlo, ya tenía Stoick the Vast sobre él. Tomándolo de la pechera de su ropaje, el jefe Hooligan estampó a su contrincante contra el primer árbol que encontró.
–¡¿Dónde está Alvin?! –rugió Stoick casi como un león –. ¡¿Dónde está?! –insistió azotando la espalda de su enemigo una y otra vez contra el árbol.
–¡Arg! –exclamó el bandido sujetando las muñecas de Stocik sin debilitar en lo mínimo su agarre.
–¡Dime donde esta Alvin! –le ordenó el líder de Berk apretando su rostro contra el de Outcast y lleno sus sentidos de la pestilencia humana que era el bandido. Una vergüenza que no merecía ser llamado vikingo.
–Sobre tu cadáver –respondió el Outcast con una maliciosa sonrisa que dejo a la vista sus dientes podridos.
En cuestión de segundos, la daga del bandido se interpuso entre ambos haciendo que Stoick retrocediera y desenfundara de un movimiento la espada en su cintura. Sin esperar más, el Outcast se abalanzó en contra del líder de Berk, empuñando su arma con agilidad con exagerados movimientos. Stoick, todo un experimentado guerrero, evitó las primeras estocadas chocando acero con acero, pero ante el primer movimiento en falso de su oponente, lo tomó del brazo y lo torció sobre sí mismo hasta que en el silencio de la noche se escuchar el “crack” del hueso romperse.
–¡Hijo de puta! –soltó el bandido sujetándose el brazo que sobresalía en una extraña posición. En desesperación, el Outcast intentó empuñar su arma con la otra mano y atacar directamente a su oponente, solo para lograr empalarse con la filosa espada de Stoick.
–Será sobre tu cadáver –dijo el guerrero vikingo con sequedad a su oponente mientras podía apreciar nuevamente como la vida partía de los ojos de su enemigo.
Sin más, el cuerpo del Outcast cayó flácido en el suelo del bosque.
–Maldición –musitó Stoick para sí ante su mala suerte. Ahora no descubriría que trama Alvin.
O tal vez sí.
Un rose de la rama dejo claro a Stoick que otro oponente lo asechaba de cerca. Con un impulsivo y rápido movimiento, se lanzó a un lado hasta la corteza donde había quedado incrustada su hacha y la alzó alto sobre su cabeza, mientras la apuntaba a su nuevo objetivo y soltaba un rugido de batalla.
–¡Calma hombre! ¡Soy yo! –exclamó Gobber alarmado alzando su mano y garfio en defensa –. Estas más nervioso de lo normal ¿eh, Stoick?
Su amigo solo soltó un resoplido en frustración antes de relajar su postura. Había fuertes razones para sentirse nervioso.
–Veo que atrapaste al último –dijo Gobber con calma mirando el cuerpo inerte en el suelo.
–No puedo creer que estas sean las únicas fuerzas de ataque que trajo Alvin consigo –comentó Stoick secamente, sacudiendo su espada para limpiarla de la sangre del bandido –. Pare más como…
–¿Una avanzada? Sí, yo pensé lo mismo.
Ambos amigos intercambiaron unas miradas incriminatorias ante los mismos pensamientos: Alvin los estaba distrayendo. Sin duda sus conocimientos ante las tácticas de guerra de los Hooligan le estaban dado una ventaja para tales viles jugarretas, pero eso no podía ser solo lo único que tenía planeado ¿Qué estaba buscando Alvin?
–No quedo ninguno con vida ¿verdad? –intuyó Stoick mirando nuevamente el cuerpo inerte en el suelo.
–Solo uno –dijo Gobber con frialdad levantando su dedo índice. Sin más explicación guió a su amigo entre los gruesos arboles del bosque hasta un pequeño claro, donde los más valiente guerreros de Berk se encontraban reunidos en círculo.
Ambos hombres se abrieron camino entre los guerreros con leves empujones de los hombros, hasta alcanzar el centro del círculo de fieros guerreros Hooligans donde dos personas se encontraban en un fuerte abrazo o esa era la primera impresión. En realidad, se trataba de una joven guerra llamada Lydia de cabellera oscura y fuerte musculatura para su corta edad; Bashem Oik de nacimiento, pero Hooligan de matrimonio, la joven guerrera llevaba un poco más de un año en la isla ya demostraba sus habilidades como una verdadera adquisición para guardia de Berk. Ella sujetaba al último Outcast en el bosque, un ladrón sin duda ante su falta de tamaño y músculos, con una poderosa llave al cuello; se sabía que los Bashem Oik eran expertos en lucha cuerpo a cuerpo y Lydia dejaba en claro su origen teniendo a su merced al bandido, que fácilmente podía romper su cuello con un solo movimiento de su brazo.
Stoick avanzó lentamente hacía el Outcast y la guerrera que lo sujetaba. Lydia no tuvo que recibir más que una mirada de su nuevo líder Hooligan para comprender que quería de ella. Apretó más su agarre contra su víctima dejándolo levemente sin la capacidad de respirar.
–Voy hacerte unas preguntas y si no quieres que Lydia te asfixie lentamente, deberás contestar con la verdad y con prontitud ¿De acuerdo? –le dijo Stoick clavando su rodilla en el suelo para quedar a la altura del bandido sometido. Éste con los ojos cargados de lágrimas, asintió rápidamente con la cabeza.
Stoick volvió a mirar a Lydia, quien redujo su agarre sobre el cuello del Outcast, permitiéndole hablar y respirar.
–¿Ustedes son todas las tropas que trajo Alvin de la isla Outcast?
–No –respondió el bandido con voz ronca –, los demás se han separando para explorar la isla.
–¿Cómo escaparon de su prisión?
–Alvin lo preparó todo. El planeó y organizó el escape. Los barcos… se prepararon con tiempo.
Así que se apodero de la isla por sí solo. Tal vez fue un error de no haber acabado su vida como debió hacerlo en un principio.
–¿Qué hacen en Berk? ¿Qué está planeando Alvin?
–Esta… esta –tartamudeó el Outcast – está buscando a alguien.
–¿A alguien? ¡¿A quién?! ¡¿A mí?!
–No… o no principalmente. Desea venganza sobre todos aquellos que lo mandaron a esa isla como nosotros, y nos prometió otórganos esa satisfacción. Nos prometió gloria y oro… mucho oro. Pero para eso necesita fuerza y poder, más del que ofrece la isla de Outcast para destruir a sus enemigos. Solo hay una fuerza indomable en esa tierra seca… y por Thor que Alvin la quiere…
–¿Qué estas tratando de decir? –rugió Stoick frustrado alzando la voz –. ¡Habla directo, por el amor de Odín!
–¡Los dragones! –soltó el bandido con desesperación.
–¿Qué?
–El plan del ataque inició cuando llegaron las noticias, esas que parecen leyenda y casi nadie cree. Excepto Alvin, está convencido que es cierto… que es posible…
–¡Habla de una vez! –se desesperó Lydia dando un leve apretón a su víctima.
–¡El conquistador de dragones! –soltó el Outcast casi en llanto ante el dolor contra su cuello –. ¡Alvin quiere capturar a los conquistadores de dragones de Berk!
Los ojos de Stoick expresaron el horror que significaban esas palabras para él. La sangre de su cuerpo se heló y su corazón se detuvo. Lentamente se levantó del suelo, en lo que la mirada de sus guerreros se clavaba en su persona, comprendiendo lo que pasaba por su cabeza y corazón.
–Hiccup –exhaló lastimeramente viendo que los peores temores de un padre se hacían realidad.
~o~
–¡Aaarrrggg! –se quejó Tuffnut alzando sus brazos en el aire –. ¡Esto es tan aburrido!
En las costas de arena blanca del este de la isla de Berk, eran conocidas como las playas de Freya por su belleza natural y el lugar ideal para las parejas enamoradas. Muchos matrimonios se realizaban ahí, muchos niños fueron concebidos en el mismo lugar. Pero también aquella playa no tenía ventaja estratégica en una batalla e incluso no resultaba muy fácil alcanzar desde la aldea; solo una caminata larga por la orilla del bosque podía conducir aquel magnifico lugar.
También era el refugio perfecto para las familias desprotegidas de Berk. La larga comitiva compuesta de madres, niños y ancianos, eran guiados por Mulch y Bucket, mientras la marcha era cerrada por los jinetes de dragón.
–Sí, que mierda de yak –soltó Ruffnut apoyando a la antipatía de su hermano.
–¿Quieren cerrar el hocico? –los regañó Astrid que caminaba delante de los demás adolecentes gruñones –. Los Outcast han invadido la isla y ustedes están delatando nuestra posición con sus constantes quejas.
–Exactamente es el punto, mi querida Astrid –marcó Tuff con elocuencia –. Berk, la joya del archipiélago barbárico, se encuentra peligro ante la invasión de los de terribles Outcast –agregó agregando dramatismo –. Una batalla de puta madre está por darse entre las fuerzas invasoras y la guardia de Berk, y quedara registrada en la historia como lo más épico de este mundo.
–Y nosotros no estamos ahí –sentenció Ruff al final del discurso de su gemelo dejando caer sus brazos a los costados.
–¡Ya basta! –gruñó Astrid volviéndose sobre sí misma para amenazar con su dedo índice a los gemelos rubios detrás de ella –. Tenemos una misión más importante que es ver por la seguridad de las familias y los más jóvenes. Esa es nuestra contribución a esta guerra y la cumplideros como lo ordenó Stoick –dijo retomando la marcha –, quien a parte me puso a cargo ante la ausencia de Hiccup.
El intenso discurso de Astrid fue seguido por un silencio incomodo y las miradas maliciosas de sus compañeros.
–Favoritismo –soltó en voz baja Ruff a su hermano tensando aún más el ambiente.
Pero antes de que Astrid pudiera volverse nuevamente y reprimir verbalmente a los gemelos Thorston, Snotlout se le adelantó explotando repentinamente:
–¡Oh por favor! –dijo –. ¡¿Quieren parar de una vez?! ¡Todo esto es una tontería! –te tomó de sus cabellos negros y los tiró con desesperación. El joven Jorgenson estaba tomando muy mal el hecho de que su tío hubiera elegido a Astrid en lugar a él para estar a cargo de los demás jinetes. “¿Por qué no él? ¿Qué había hecho mal?” no pudo evitar pensar mientras sentía una leve sacudida en el saco de mimbre que llevaba en su espalda, probablemente uno de los bebes nightmare había despertado –. ¿Y tú? –gruñó de repente volviéndose hacia Honey quien cerraba la marcha y caminaba silenciosamente desde que dejaron la aldea –. ¿Qué tienes? ¿No tienes nada sarcástico que compartir?
Honey levantó la mirada de sus botas lanudas que había estado observando todo el camino, al estar pérdida en sus profundos pensamientos. Cuando alzó sus ojos verdes como esmeraldas hacia Snotlout, algo perturbador se captó en su mirada.
–Algo no está bien –dijo la gemela pecosa con una voz seca y perdida.
–¿A qué te refieres? –le preguntó Astrid deteniendo la marcha.
–Algo malo va a suceder –contestó con misticismo –. Lo presiento.
Los jinetes se quedaron helados y petrificados con sus palabras. Nunca en su vida habían visto aquella reacción por parte de la joven pecosa, pero era algo que definitivamente perturbó su corazón.
–¡Oh por favor! –gritó de nuevo Snotlout tratando de quitarse de encima el temblor que se apoderó de su cuerpo –. El tener que escondernos en esta costa, el proteger a los niños y viejos, el que Astrid este a cargo. ¡Todo es por la misma y ridícula razón! ¡Este maldito lugar más aburrido de toda la isla, nada pasa por aquí! Por eso nos mandaron a este lugar y pusieron a Astrid a cargo –agregó con cizaña –, porque no esperan que veamos combate. O tal vez para que algunos no estorbemos.
–Snotlout, ya es suficiente –lo regañó Astrid.
–No hasta que se den cuenta que nada va a pasar aquí.
Pero al terminar su sentencia, una lluvia de flechas resonó con chiflidos por el cielo nocturno de la costa, en lo que cada una de ellas caía a una peligrosa proximidad de los marchantes en la playa.
–¡Nos atacan! –bramó Mulch alarmando a las familias indefensas que comenzaron a correr en dirección opuesta.
Todo era parte de la emboscada, ya que mientras huían en esa dirección, un grupo de bandidos Outcast salieron de la orilla del bosque con un furioso grito de batalla. Pudieron dar media vuelta antes de los alcanzaran con sus espadas y hachas.
–Me cago en Thor –masculló Snotlout quedando paralizado frente a un gigante soldado Outcast que estaba por rebanarle la testa con su hacha.
–¡Snotlout, abajo! –Astrid alcanzó a tomarlo del cuello de sus ropas y arrastrándolo al suelo con ella antes de que el bandido lo rebanara en dos.
Las tropas enemigas lograron acorralar a las indefensas familias contra el mar, quedaron completamente a su merced hasta que Mulch y Bucket saltaron frente a ellos blandiendo un par de garrotes. A pesar de ser solo dos contra una gran multitud, ambos comenzaron a pelear con gran destreza como todo vikingo Hooligan.
–¡Chicos! ¡Tomen! –los llamó Mulch invitándolos a la batalla al arrojarles un par de espadas, hachas y mazos que le quedaban de reserva –. ¡A la carga! – y sin más, se arrojó al combate.
No tuvieron que desrícelo dos veces a Astrid. La rubia tomó su hacha que cargaba fielmente en su espada y con rugido de batalla corrió contra del primer Outcast en su camino. A pesar de que la chica vikinga medía la mitad de su tamaño y probablemente era tan solo un cuarto de su peso, Astrid podía mantener a raya al bandido que la atacaba con su espada.
Los gemelos compartieron unas cuantas miradas antes de tomar un par de hachas del suelo antes de lanzarse a la batalla. Snotlout tardó un momento al unirse al enfrentamiento, ya que no deseaba dejar su preciada carga desprotegida. Con cuidado se descolgó de los hombros el canasto de mimbre y lo depositó sobre la arena con cuidado, ante imitar a sus compañeros jinetes, gritando a todo pulmón como un loco y con un mazo alzado sobre su cabeza.
Aunque Mulch y Bucket y algunos de los indefensos habitantes de Berk tomaron armas para enfrentar con valor a los bandidos invasores, éstos seguían siendo demasiados solo para ellos; incluso los jinetes de dragones, le quedo claro un pequeño detalle que habían estado pasando de largo.
–Creo que Gobber tiene razón –comentó Ruff a su hermano mientras yacían molidos a golpes en las frías arenas de la playa de Freya.
–Sí, es importante entrenar con las cinco armas –admitió él al contemplar lejos las hachas que fueron fácilmente arrebatadas por los Outcast.
El bandido que derribó a los gemelos alzó su espada sobre su cabeza, listo a soltarla con fuerza sobre las cabezas huecas de los gemelos, que sin duda terminarían partiéndose tal cual frutos secos. Pero antes de que asentara su golpe, Honey apareció delante de él casi de la nada llevando en sus manos unas conchas en sus manos.
–¡Honey! ¡¿Qué…?! –mascullaron los gemelos rubios.
La gemela Haddock se llevo un extremó de las conchas a los labios y en menos de un segundo, sopló con fuerza liberando del otro extremo una nube de polvo rojizo. Ésta cayó directa en los ojos del Outcast, que el pobre inmediatamente soltó su arma para llevarse ambas manos a su cara, mientras gritaba horriblemente de dolor.
–Wow –soltó Tuff levantándose del suelo con dificultad –. Eso. Estuvo. De puta madre.
–Sí, quién diría que tendrías tales brujerías debajo de la manga –dijo la gemela rubia apoyándose en su hermano para ponerse de pie.
–Ruff, no es bruje…. ¡Ahhhhh!!!! –trató de explicar Honey, pero en su descuido un Outcast la tomó de la cintura y fácilmente la levantó del suelo, antes de que alguno de sus amigos pudiera hacer algo para ayudarla.
Los gemelos Thorston gritaron por igual cuando un par de Outcast los levantaron tal cual sacos de papas y se los llevaron sobre sus hombros. Pronto, Snotlout corrió el mismo destino.
Ha como continuó el combate en la costa de Freya, más y más fuerzas enemigas se unieron, sometiendo a las indefensas familias; ni siquiera Mulch, Bucket o Astrid pudieron hacer algo para detenerlos. Los invasores los rodearon y pronto ambos guerreros vikingos fueron desarmados y agregados al grupo de desprotegidos. Al final solo quedo Astrid luchando.
Para su corta estatura a comparación de sus contrincantes, la joven Hofferson había logrado derribar ya a tres de ellos, y uno incluso terminó con una herida bastante fea en una de sus rodillas. Astrid iba a rematar al cuarto Outcast con su hacha, cuando un poderoso brazo la sujetó por detrás del codo y le torció su extremidad en su espalda. Soltando un alarido de dolor, Astrid dejo caer su hacha dejándola indefensa ante su atacante.
–Niña, eso fue bastante impresionante… –dijo una voz rasposa a su oído, azotándole el cuello con su pestilente aliento. Con el corazón en la garganta, Astrid se llevó una de sus manos a la cintura y tomó la daga de obsidiana que le había dado Stoick.
Antes de que lograra clavarla en la carne de su oponente, éste alcanzó a sujetarla de la muñeca, dejándola completamente inmóvil y a su merced. Era un sentimiento completamente desagradable para la joven orgullosa.
En cambio, el Outcast, acercó la muñeca de Astrid a sus ojos y con ella la daga de obsidiana.
–Conozco esta arma –dijo la voz sobre la cabeza de Astrid mientras torcía las manos de la chica de manera dolorosa –. Pertenecía a Grabbit el Grim… Stoick la obtuvo con mí ayuda sin mal no recuerdo –las palabras del Outcast helaron la sangre de Astrid, quien no pudo evitar temblar ante la posibilidad –. Lo que hace interesante es… –el desconocido la volvió de golpe y la chica rubia se encontró cara a cara con el mismo Alvin the Treacherous –. ¿Por qué la llevas tú?
Chapter 54: El conquistador de dragones
Chapter Text
El conquistador de dragones
El cálido ambiente del cesto de mimbre mantenía aletargados a los bebés nightmares que dormían plácidamente dentro de él, ni siquiera las constantes sacudidas lograron despertarlos de su estupor. Fue en eran realidad la inmovilidad del mismo lo que alertó a Pot roast a levantar su pequeña cabecita escamosa sobre la masa de pequeños cuerpos que eran sus hermanos.
El bebe desperezó su cuerpo con un largo bostezo antes de usar sus garras para reptar por el tejido del cesto hasta la tapa. Con un leve empujoncito de sus cabezas logró asomarse al frío exterior; el viento helado hizo que se arrepintiera de su salida inicial pero la duda del paradero del patán humano que atendía todas sus necesidades, cuyo constante movimiento lo había acunado hasta conciliar el sueño, y al parecer estaba desaparecido. A los alrededores del cesto no había ni un alma humana a la vista.
A pesar de ser un bebe y un simple nightmare, Pot roast no le gustó para nada lo que podían ver con sus grandes ojos amarillentos. No se encontraba en el cálido hogar del humano que le pertenecía a su padre, sino en una fría costa donde el viento salado y helado del mar le daba de lleno en sus fosas nasales.
Confundido con lo que se encontró, reptó de nuevo dentro del cesto para despertar a sus hermanos dormilones. Brisket, Ham hock y Sausages despertaron finalmente ante las constantes mordidas sin dientes de su hermano mayor y atendieron a sus leves quejidos.
Poco a pocos y libres de aturdimiento del sueño, los cuatro bebés nightmare salieron de aquel acogedor cesto de mimbre en búsqueda de su padre o en su defecto del apestoso niño humano que debería cuidarlos como se merecían.
~o~
–¡Hiccup! ¡Hiccup!... ¡Espera!
Le costaba mucho trabajo seguirle el paso a su amigo. Realmente Fishlegs comenzó a preocuparse de su condición física cuando se percató que no podía seguir a un chico escuálido con pata de palo.
–Baja la voz Fishlegs –le ordenó el muchacho pecoso casi en susurro si detener su larga carrera por la orilla del bosque. La apresurada marcha le provocaba una increíble irritación en el muñón de la pierna, pero simplemente lo ignoró ante el temor de lo que podía pasar.
Después de que Fishlegs le contó a detalle los terribles planes que tenía Alvin the Treacherous para Berk y sus habitantes no pudo evitar sentir miedo… miedo por su padre, su hermana gemela, Gobber, Astrid y los demás. Ni siquiera el hecho de que él era el objetivo principal del bandido Outcast parecía importarle ante el peligro que corrían sus seres queridos y amigos.
Aunque se encontraba agotado por la marcha infernal en la que sometió a su cuerpo y piernas débiles, continuó sin detenerse ante el miedo que atormentaba su corazón y el escalofrió que recorría su cuerpo; una voz muy dentro de la mente de Hiccup lo cuestionaba por detalles que simplemente no podía pasar por alto: ¿Cómo era que Alvin se había enterado sobre él? ¿Cómo el rumor llegó hasta la isla de los Outcast? Y sí la noticia de un chico que podía dominar a los dragones pudo haberse colado hasta un lugar tan desolado como aquella prisión de agua y roca ¿Qué otros se habían enterado de su condición?
Su segunda preocupación estaba en el dragón de ébano que se encontraba atrapado en la isla de sus pares incapaz de volar sin su ayuda. Tal vez de momento Toothless no corría peligro inminente, pero si las habilidades de Hiccup ya habían llamado la atención de un bandido como Alvin the Trechorous, era muy posible que la existencia de un night fury llamara la curiosidad de otros.
Debía regresar con Toothless tarde o temprano, pero antes primero necesitaba asegurarse que los demás se encontraban bien.
–¿Pero Hiccup… –musitó Fishlegs casi sin aliento – por qué… no mejor… vamos a buscar a tu padre?
Ese era un buen punto. Al igual que los demás, Stoick the Vast se encontraba en la lista de venganza de Alvin y sus Outcast, pero a diferencia de sus amigos, su padre seguía siendo el jefe de Berk, un vikingo hecho y derecho que había enfrentado situaciones peores. Por los dioses, los que realmente estaban en peligro eran los indefensos de la costa, quienes según le había informado Fishlegs, eran el siguiente objetivo del antiguo vikingo Hooligan.
Sin duda, había resultado increíblemente conveniente toda la información que le había proporcionado Alvin a Fishlegs, de seguro creyendo que éste no sobreviviría a la caída desde el acantilado hasta mar. Realmente Odín había procurado por él, al poner a Hiccup en aquel bote en el momento justo, de lo contrario Fishlegs sería un pescado muerto a la deriva.
Pero había otros detalles de los que habló Alvin que Fishlegs no se atrevió ni siquiera a comentar con Hiccup, algo que definitivamente le atormentaba e ignoraba su significado.
–No hay tiempo –finalmente dijo el muchacho pecoso sin detenerse y solo mirando sobre su hombro a su compañero que jadeaba con cada esfuerzo que daban sus pequeñas piernas –. Mi padre debe estar hasta el otro lado del bosque… la costa este se encuentra más cerca…
–¿Y si nos separamos?
Pero un leve descenso en el terreno provocó que Hiccup se deslizara hacía unas grandes rocas, Fishlegs que no podía ver en la oscuridad, se topó de sorpresa con la misma resbaladilla de fango y nieve, y se deslizó sin control aplastando a su amigo contra la maciza roca.
Hiccup aguantó un grito de dolor en lo que todo el oxigeno de sus pulmones se escapaba ante la presión.
–Lo siento –se disculpó el joven regordete.
–No te preocupes, no necesitaba respirar…
–¡Hiccup! –soltó de repente Fishlegs, pero fue enmudecido por la mano de su amigo que le tapó rápidamente los labios.
–Abajo –le ordenó Hiccup en susurró obligando al chico regordete a ponerse en cuclillas. Una vez que le quedo claro que el silencio era fundamental, ambos jóvenes jinetes asomaron sus cabezas sobre el gran pedrusco en el que se ocultaban, para observar del otro lado la costa este de Berk, conocida como la playa de Freya.
Habían llegado tarde, los Outcast ya habían atrapado a los habitantes que se ocultaban en esa playa.
Los terribles bandidos a la orden de Alvin habían rodeado a todas las indefensas familias, a los viejos y los más chicos, y los juntaron en un grupo apretujado y terriblemente vigilado. A pesar de la distancia en que se encontraban, Hiccup y Fishlegs podían denotar el terror en sus rostros. Al frente del pobre grupo de prisioneros se encontraban Mulch y Bucket, quienes habían sido obligados a arrodillarse en la fría arena de la playa, mientras un Outcast los sujetaba respectivamente de sus barbas y la hoja de su cuchilla se encontraba apretada contra sus cuellos. También y en la primera fila de los cautivos estaban atrapados los jinetes de dragones, desarmados y apretujados los unos contra otros e indefensos; claro, con excepción de Astrid quien era detenida por el mismo Alvin.
El traidor la sujetaba hasta casi dislocarle los huesos del hombro con la extraña postura que obligó a tomar al brazo de la chica. La rubia forcejeaba constantemente, pero sus esfuerzos no demostraban ningún cambio en la masiva figura del Outcast.
–Ja ja –rió secamente Alvin contemplando los inútiles intentos de la chica de liberarse de sus garras –. ¿No crees que ya deberías darte por vencida? –dijo burlándose de ella –. Vaya que eres terca. Dime muchacha ¿Cuál es tu nombre?
–¡Solo te entregaré mi nombre cuando patee tu culo fuera de la isla! –soltó Astrid con tal rabia que sus apretados dientes apenas dejaron escapar las palabras.
Alvin rió estrepitosamente con ese comentario. Sus seguidores Outcast imitaron su reacción ya que ninguno de ellos tendría el valor de hablarle así a su líder, o al menos no frente a su cara.
–¡Tiene fuego la mocosa! –continuó Alvin sacudiendo el cuerpo de la chica como si fuera poca cosa –. Muy bien chiquilla, lo admito. Tienes fuego en la sangre, como un buen vikingo; pero ya deberías haberte dado cuenta que estas en grave desventaja aquí. Así que se una linda niña, dime tu nombre y de donde sacaste la daga de obsidiana –le exigió sujetándola de la barbilla y obligándola a mirarlo a los ojos, esos grandes y oscuros que parecían fosas sin fondo.
Con su mano libre, Astrid apartó la enorme el brazo de Alvin de su rostro el suficiente tiempo para apuntar y escupirle en la cara. Ante descabellado acto, un silencio terrible se apoderó de la costa en lo que los espectadores permanecieron estupefactos ante la acción de la chica, incluso Alvin quedo perplejo por unos segundos.
Cuando apenas unas sonrisas de orgullo comenzaban a formarse en los labios de los gemelos Thorston, Mulch y Bucket contenían la respiración y Mildew aseguraba la muerte de la rubia, Alvin abofeteó a Astrid con gran fuerza que la lanzó estrepitosamente contra el suelo. La rubia cayó de bruces en la fría arena, adolorida del brazo por la extraña posición que lo había obligado a tomar su captor y el rostro mojado por la nieve y hielo de la costa.
–¡Pequeña perra estúpida! – la llamó Alvin furioso limpiándose con una mano la saliva de su enmarañada barba, mientras que en la otra empuñaba la daga obsidiana. Si yo fuera tu jefe hace mucho que ya te hubiera mandado azotar por tu insolencia –agregó dando unos pasos hacia Astrid hasta alcanza a poner su enorme bota sobre la espalda de ella.
Desde su escondite, Hiccup presenció con cada detalle y escuchó cada palabra. El chico estuvo a punto de saltar al auxilio de la rubia sin siquiera pensarlo, cuando fue detenido inmediatamente por Fishlegs. Era un suicidio lo que intentaba hacer.
Pero antes de que algunos de los dos amigos libres pudieran hacer algo más, alguien se adelantó en la defensa de Astrid:
–¡Déjala en paz! –retumbó otra voz en la costa que dejo helado el corazón de Hiccup.
De todas las personas que podían ser…
Honey había dado un paso hacia delante con su acostumbrada impertinencia, pero pronto se vio intimidada cuando todas las miradas de los bandidos Outcast se enfocaron solo en ella. La gemela castaña pronto se dio cuenta de su error al presenciar el horror en la cara de sus compañeros jinetes, así como Mulch y Bucket. En su defensa, trató de decir alguna palabra cuando Alvin dejo a Astrid en el suelo para acercarse a ella, pero su voz se había muerto en su garganta.
Ella y su gran bocata.
Honey pudo sentir de repente como unas manos las sujetaron sobre sus codos y la tiraron lentamente hacia atrás en un acto de protección. Antes de soltar un chillido de espanto por el repentino contacto, Honey miró sobre su hombro para ver como Ruff y Tuff la jalaban en su dirección.
–Vaya vaya –dijo Alvin –, Stoick es realmente un pésimo líder. Todos los niños de Berk son unos pendencieros que hacen lo que quieren –explicó Alvin caminando lentamente en dirección a Honey sin apartar la vista de ella, mientras se podían sentir en la arena sus grandes pasos. Su mirada que parecía sedienta, escrudiñaba la delgada figura de Honey en la oscuridad. Hasta en cierto punto, la gemela sintió su alma desnuda ante aquellos ojos intensos e inyectados de odio –. Yo los tendría a raya desde hace mucho tiempo si estuviera a cargo de Berk.
Entre más se acercaba Alvin a Honey, Bucket y Mulch forcejaron para liberarse, pero al igual que Astrid, bajo el agarre de Outcast sus intentos fueron inútiles.
–Pe-pero… no es así –sentenció Honey armándose de valor a pesar de tener al terrible y famoso Alvin the Treacherous casi a un palmo de su rostro. La gemela Haddock podía sentir como las manos de los Thorston apretaron con fuerza sus brazos ante sus palabras, el pésimo olor de Outcast contra su rostro y como su propio cuerpo la traicionaba temblado de las rodillas.
El líder Outcast estaba tan cerca de Honey, que ésta pudo ver cada una de sus manchas y cicatrices en la piel de su cara, y los nudos de su enmarañada barba negra. Como sus ojos oscuros se encontraban levemente inyectados de sangre y su respiración azotaba su rostro. Alvin no solo era un bandido desalmado Outcast o un traidor Hooligan, era un poderoso guerrero vikingo, líder y asesino. Frente a él, la gemela Haddock se veía mucho más pequeña y escullida que nunca; aunque su cuerpo no dejo de temblar, la niña le sostuvo la mirada y no parpadeó, se mantuvo firme como su sangre y condición lo exigía.
Si previo aviso, Alvin levantó su mano y sujetó a Honey de la mandíbula logrando sacarle un chillido de sorpresa; con extraña delicadeza para sus enormes y callosas manos, la apartó de los gemelos Thorston y comenzó alejarla del grupo.
–¿Crees que no sé quién eres? –casi le escupió el Outcast a la cara, mientras la obligaba a caminar de espaldas –. Esa cara, esas pecas y con esos ojos como esmeraldas –continuó arrastrando cada una de sus palabras –. Me recuerdas a tu madre de joven.
Honey no pudo evitar que la sorpresa se reflejara en sus ojos. ¿Acaso… él conoció personalmente a su madre? Pero antes de que pudiera intuir alguna respuesta a su propia pregunta, Alvin la empujó hacia atrás dejando todo el cuidado que había tenido en un principio, para que la gemela pecosa fuera atrapada por Savage. El subordinado la sujetó de los brazos, obligándola a mantenerlos alzados.
Ante el pánico, el cuerpo de Honey se paralizó y nada pudo hacer contra el poderoso agarre de Savage.
–Después me ocupare de la princesita de Stoick –dijo el traidor con depravación en su voz mientras su mirada pasaba de la joven al Outcast que la sujetaba. Éste le correspondió con una sonrisa maliciosa –. Pero primero, hay una rubia que necesita un escarmiento – agregó indicando con su pulgar sobre su hombro el punto exacto donde se encontraba Astrid. Ésta se había puesto de pie, un detalle que no había pasado desapercibido para Alvin.
–¡Miserable canalla! –gritó Bucket indignado luchando contra su opresor, aunque se ganó un buen tirón de su barba –. ¡Enfrentar a niñas! ¡Se un guerrero honorable y pelea con un verdadero vikingo!
El desplante de Hooligan fue pagado con un golpe fuerte y preciso. Los Outcast que sujetaban a Bucket y Mulch, los azotaron contra el suelo de un solo empujón, obligándolos a llenar sus bocas con arena. Los cautivos que presenciaron la escena soltaron un débil quejido en sorpresa y terror.
–El problema es que yo no soy un guerrero honorable –respondió Alvin sin siquiera volverse y enfocando toda su atención en la rubia que quería matarlo solo con la mirada –. Dijiste que me daría tu nombre cuando pateras mi culo – una terrible sonrisa se dibujó en su semblante al percatarse de la furia reflejada en los ojos de Astrid –. Muy bien –dijo e inmediatamente le arrojó la daga de obsidiana que la joven no tuvo el menor problema en atrapar en pleno vuelo –, quiero ver eso.
~o~
Stoick no pudo esperar más. Sus tropas se habían esparcido por todo el bosque de Berk y estaban demorando demasiado en reunirse nuevamente. No soportaba la presión en su pecho y el miedo que se apoderó de su corazón; tomó a los hombres más cercanos a él y ordenó marchar directamente a la costa de Freya.
Por desgracia se encontraba hasta el otro lado de la isla, lo que les tomaría al menos una hora en llegar, además de que era sumamente engañoso y peligroso cruzar los acantilados en la oscuridad de la noche. Muchos intrépidos habían perdido sus vidas entre esas rocas ante la falta de precaución o aquellos inducidos en la alegría del alcohol, pero eso ya no le importaba a Stoick. Alvin estaba por cometer el mayor acto de odio contra su persona… iba detrás de sus hijos.
Ese odio… esa rivalidad… estaba dirigida solamente a él. No tenía porque cazar a sus hijos como si fueran animales. Pero tal como su nombre lo decía, Alvin era un traidor, lo fue con su tribu, con su gente, con sus costumbres, sus dioses y con su mejor amigo. Los actos en el pasado de Alvin habían generado en Stoick el gran deseo de venganza, pero su corazón compasivo que apreciaba a su amigo fue lo que impidió que Stoick fuera bautizado con el nombre del vengativo.
Un líder vikingo no siente… líder vikingo no se arrepiente. Stoick había sentido… Stoick se arrepentía… de no haber matado a Alvin cuando pudo.
El líder vikingo seguía sin comprender como había sido posible… ¿cómo Alvin en primer lugar logró escapar de la isla Outcast? Y ¿Cómo logró enterarse de las habilidades de Hiccup? Pero Stoick no permitiría que tocar ni un pelo de su cabeza; primero muerto.
Le daba cierto alivio saber que su muchacho había abandonado la isla en busca de los dragones. Al menos por un par de horas, Hiccup se encontraba a salvo. Aunque no lo sería por mucho tiempo si éste llegaba a regresar a Berk, con o sin los dragones. Debía detener a Alvin antes de que Hiccup volviera.
Y por otro lado estaba Honey, la que aún se encontraba en la isla y la que había mandado con los demás a la costa de Freya… el lugar preciso donde se dirigía Alvin. Que Thor la protegiera. Habían pasado años desde que su antiguo amigo, y ahora enemigo a muerte, había visto a sus gemelos, en aquella época eran apenas unos críos y Stoick un padre viudo con grandes responsabilidades. No estaba muy seguro si llegaría a reconocerla. Pero ¿Y si lo hacía? ¿Si descubría que era su adorada hija? ¿Si terminaba descargando su odio a él en ella? La sola idea le hacía hervir la sangre.
Stoick pudo sentir como el acido del estomago le quemaba la garganta ante la ira. Tal emoción lo hizo correr con muchas más fuerzas, sin importarle el riesgo de caer en alguna grita oculta en las profundas sombras en la oscuridad.
–¡HOOLIGANS! –bramó Stoick llamando a sus hombres que le seguía de cerca en la marcha –. ¡A LA BATALLA! ¡A LA MUERTE! ¡POR ODÍN!
Sus palabras fueron seguidas por los vítores de sus soldados que apresuraron más su paso y sacudieron las pocas armas que cargaban consigo.
Alvin y los Outcast pagarían caro el haber puesto un pie en su isla.
~o~
Muchas cosas se podían decir de Fishlegs, desde que era asustadizo, algo inepto, hasta mencionar su problema de sobrepeso, pero Hiccup tenía que admitir que su amigo poseía bastante fuerza. No importaba cuanto forcejeó para liberarse del abrazo de osos que le proporcionó el joven rubio, el gemelo Haddock no pudo escapar de sus brazos sin importar cuanto lo intentó.
Resultaba difícil para Hiccup mantenerse ocultó y sin hacer nada detrás de aquellos peñascos mientras sus amigos y familia corría peligro a manos del bandido Outcast, especialmente sabiendo que era a él a quien buscaba Alvin.
–Fishlegs… –musitó Hiccup tratando de escapar por encima de los hombros de su amigo, pero al mismo tiempo teniendo cuidado de no alzar la voz y revela su posición, a pesar de lo irónico que esto resultaba.
Pero Fishlegs no respondió a sus llamados y en cambio lo apretó con fuerza contra su cuerpo, hundiendo su rostro contra el chaleco de piel de osos que cubría la espalda de Hiccup. Su desesperada acción no era ante el temor de su propia seguridad, sino por la de su amigo, aunque Fishlegs era completamente consciente de lo que sucedía tan solo a unos metros más allá de ellos.
Alvin había cumplido su palabra y puso en prueba las habilidades en combate de Astrid; por más de veinte minutos, el Outcast luchó contra la joven aprendiz de doncella de guerra, chocando daga contra daga. Y aunque la chica rubia mostraba sus grandes capacidades, Alvin le dejaba claro con sus burlas que toda aquella pelea era tan solo un juego para él.
–Que paso tus amenazas de hace unos momentos –se burló el Outcast mientras fácilmente bloqueaba la estocada de la chica sin ningún problema. Astrid le gruñó como un animal salvaje usando toda la fuerza de su cuerpo para empujarlo hacia atrás. Él solo inclinó levemente su espada para contrarrestar la arremetida –. ¿No decías que patearías mi culo?
Astrid rugió nuevamente y liberó su daga de obsidiana del contacto contra la hoja de acero de Alvin, para luego girar sobre sí misma e intentar estocarlo por un costado. Los movimientos de la chica fueron muy rápidos, pero predecibles para Alvin, quien sin problemas logró sujetarla de la muñeca antes de que la daga atravesara su carne.
–Vamos, esperaba más de ti… –le susurró Alvin al oído de la joven que respiraba agitada por el esfuerzo – Astrid… Hofferson.
El corazón de la chica dio un vuelco en lo que apartó su cabeza de su atacante, pero como Alvin la sujetaba de la muñeca no pudo ir muy lejos.
–¿Sa-sabes mi nombre? –espetó ella sin comprender las acciones del Outcast.
–Realmente subestiman mis conocimientos sobre ustedes –contestó Alvin con una horrible sonrisa en sus labios –. La mayor parte de mi vida fui un Hooligan, viviendo en esta isla, creciendo con sus padres y luchando a junto con ellos. Han pasado muchos años desde la última vez que los vi (apenas unos críos), pero aún puedo reconocer a cada uno de ustedes –sentenció de ultimo pasando su vista sobre los demás jóvenes jinetes.
–¿Por qué fingiste no saber? –le soltó Astrid refunfuñando lanzando una terrible mirada de odio.
–Uno no muestra todas sus cartas hasta el último momento –dijo Alvin antes de jalarla de nuevo hacia él para apretar la espalda de ella contra su pecho, mientras que con su brazo cubrió sus hombros y cuello. La daga de Alvín terminó a unos centímetros del rostro de Astrid mientras que la de ella colgaba inerte de su mano.
Con aquel movimiento, el líder Outcast se ganó los vítores de sus seguidores y las miradas de repudió de los Hooligans cativos.
–¡Saben quién soy yo! –bramó Alvin dirigiéndose a todos los presentes –. ¡Y yo sé quien son ustedes! ¡Fuimos camaradas, vecinos… hermanos! ¡Hasta que me dieron la espalda!
–¡Tú traicionaste primero a tu gente, Alvin! –le respondió Mulch ganándose otro empujón contra la arena.
–¡Creo que único que puede gritar “traición” aquí, soy yo! –insistió el Outcast sacudiendo levemente a Astrid que insistía en escapar de su terrible agarre –. ¡Se me arrebató lo que se prometió y ahora he venido a cobrar!
Con tal sentencia, Alvin soltó una sonora carcajada que no tardó en ser imitada por sus seguidores.
–¿Qué es lo que quieres, Alvin? –le espetó Astrid con odio luchando con el grueso brazos que rodeaba su cuello.
–He venido buscando a un compatriota Hooligan –respondió éste con picardía –. Uno muy especial. Aquel que he llegado a escuchar hasta esa asquerosa prisión que es la isla Outcast. ¡Habló del conquistador de dragones! ¡Aquel vikingo que puede controlar a esas bestias escamosas!
Con aquella revelación, un frio terrible se apoderó de los prisioneros berkianos, generando diferentes reacciones en ellos: los jinetes no pudieron evitar tragar saliva, Astrid retuvo sus esfuerzos de liberarse de los brazos de Alvin, Honey casi cae de rodillas, inclusive Fishlegs y Hiccup que forcejeaban en su escondite se pararon en secos. Todos sabían a quien se refería Alvin.
–Recuerdo cuando vivía en esta isla –confesó Alvin con calma y casi nostálgico –. Como solían decir que éramos la tribu más fuerte por los terribles peligros que afrontábamos al día a día. Ahora puedo ver que no son más que un montón de patrañas –dijo de último escupiendo en el suelo.
–Ustedes no saben lo que es vivir como un Outcast, no conocen lo que es de verdad pasar hambre, luchar por sobrevivir cada segundo del día; pasar frio todas las noches y mirar sobre tu hombro todo el tiempo. Y eso es solo es el principio. Los dragones azotan sin piedad la isla sin tregua, consumiendo todo en su camino.
–Nuestra isla es un infierno en la tierra. Ustedes piensan que perdonaron nuestras vidas al condenarnos ahí, pero en realidad no han sentenciado a las fauces del Nidhug. Nos condenaron a una muerte horrible y lenta.
Las palabras de Alvin estaban llenas de odio, rencor y veneno. Con cada silaba que salía de su boca, se podría sentir su resentimiento y el verdadero sufrimiento que había pasado, y ante la mirada seca y muerta de sus seguidores, ellos sabían de primera mano de lo que hablaba.
–Pero sí hay algo que debo agradecer a mi hogar Hooligan, es que me enseñaron a perseverar ante las adversidades –confesó Alvin casi con orgullo –, y a utilizar todo recursos a nuestras manos. Con esa idea en mente, quiero utilizar la fuerza más poderosa que tengo a mi alcance –agregó con fervor –. ¡Quiero tener el poder de controlar a los dragones! Hacer mi ejército de ellos y vengarme de todos aquellos que me traicionaron, como los que me dejaron morir en esa roca árida de muerte… nos dejaron morir –aclaró ante una mirada a los semblantes resentido de los demás Outcast.
–Así que ya me cansé de este jueguito de persecución y búsqueda –sentenció de último denotando su falta de paciencia –. ¿Dónde está el conquistador de dragones? ¿Quién es? Y quiero que me lo entreguen.
Tal vez Alvin tenía razón, los Berkianos habían olvidado muchos detalles sobre su traidor Outcast, pero había algo que Alvin estaba pasando por alto sobre los peludos Hooligans y era la razón por la que él terminó en esa isla maldita fuera del archipiélago barbárico en primer lugar. Inclusive, era parte de su nombre. Los habitantes de Berk no eran traidores, mucho menos a su gente. Cualquiera de los presentes, a pesar de su condición de débiles, enfermos, viejos o incluso jóvenes, prefería morir que darle a Alvin lo que pedía. Claro, con excepción de:
–Que curiosa situación –musitó Mildew justamente detrás de los gemelos Thorston –; despídanse de Hiccup ¡Alvin! –pero antes de que los ojos del Outcast se volcaran sobre el anciano pendenciero, Tuff y Ruff le propinaron cada uno un fuerte codazo, directo al plexo solar y la nariz.
El viejo esperpento solo volvió los ojos hacia atrás antes de desplomarse tal cual un saco de papas, aunque los gemelos rubios tuvieron la precaución de evitar que tocara el suelo.
–¡¿Quién habló?! –exigió Alvin unos segundos después.
–Fue este viejo –remarcó Ruff sosteniendo un brazo de Mildew.
–Para han sido muchas emociones para su viejo corazón –explicó Tuff sujetándolo de los hombros.
–¿Mildew? –lo reconocía Alvin –. ¿Ese pedazo de fósil sigue vivo?
–Fósil, que cómico –agregó Tuff con una risita nerviosa. Tanto su hermana con él, soltaron al viejo esperpento que azotó como piedra en el suelo.
–La verdad Alvin, no sé qué decirte –soltó Astrid desde el terrible agarre en el cuello en que aún la mantenía el Outcast –; pero creo que no tenemos idea a que te refieres –mintió la rubia con una sonrisa mordaz.
–Así –Alvin apretó con fuerza el delgado cuerpo de la rubia obligándola a soltar un leve grito de dolor contra su voluntad. Mientras una sonrisa diabólica se dibujaba en sus labios, Alvin apoyó la hoja de su daga en la mejilla de Astrid y lentamente comenzó a cortar su piel.
Solo requirió que la primera gota de sangre se derramara por su mejilla, para que Hiccup tuviera suficiente.
Era una situación curiosa y hasta irónica. Unos meses atrás (casi un año), todos los habitantes de aquella isla abrían jurado desear que llegara la oportunidad de que Hiccup desapareciera de sus vidas. Probablemente en el momento de la verdad no lo hubieran traicionado por muchos motivos, pero aún así exitista el deseo. Pero en ese momento, cada uno de ellos, sin importar su condición o debilidad, estaba dispuesto a ser torturado e inclusive morir por protegerlo.
Fue por ellos y más, que al muchacho no le importó que corriera peligros su vida, en darle a Alvin el arma que él quería, probablemente condenar al archipiélago de nuevo a una guerra con los dragones e inclusive la desesperación con la que Fishlegs lo retenía; Hiccup no pudo más, ni siquiera lo pensó. De alguna manera logró escabullirse de entre el fuerte abrazo de su amigo para brincar las rocas donde en las que habían permanecido ocultas todo ese tiempo.
–¡Soy yo a quien buscas! –anunció el muchacho pecoso revelándose ante los Outcast –. Yo soy el conquistador de dragones.
Chapter 55: Viejos amigos, nuevos enemigos
Chapter Text
Viejos amigos, nuevos enemigos
Hiccup apretó sus manos con fuerza a la proa del barco Outcast mientras su miraba captaba como se alejaban cada vez más de Berk. Aquella isla que había sido su hogar toda su vida y nunca abandonado, era menos apreciable a la distancia en cuanto más se adentraban a mar abierto. En lo que el viento salado del océano le golpeaba el rostro pecoso y sacudía su cabellera castaña, el joven gemelo no dejaba de repasar en su mente una y otra vez el plan que había formado en milésimas de segundos, como su única ancla a la sobrevivencia.
Era algo completamente descabellado y casi imposible de realizar, pero no había pensado en nada mejor con el poco tiempo disponible que tuvo para idear algo. Debía regresar con Toothless de alguna u otra manera, era su única alternativa para poder detener a Alvin, salvar a la aldea y sus amigos… en especial a Honey.
Hiccup no pudo soportar mucho tiempo permanecer oculto detrás de aquella roca y presenciando las canalladas del Outcast; luchó para escapar del agarre de Fishlegs y revelarse ante Alvin como la persona que él buscaba. Fue completamente consiente que estaba cometiendo un acto de suicidio, y como era de imaginarse, Alvin no le creyó de inmediato.
En realidad los terribles bandidos Outcast se rieron a carcajadas de él en su cara… por casi quince minutos… sin interrupción. Que podía esperar, después de todo él era el escuálido e inútil heredero Hooligan, la vergüenza del gran Stoick the Vast… o al menos lo había sido por la mayor parte de su vida.
Aunque tenía todo en su contra, Hiccup jugó con cuidado sus cartas y metió el gusanito de la duda en la mente de Alvin una vez que terminó de reirse.
–¿No me crees? –le había dicho indicando sus alrededores –. ¿Acaso ves algún dragón en esta isla?
Casi pudo escuchar como los engranes en el cerebro de Alvin giraba ante aquella información, mientras la mirada penetrante del bandido lo evaluaba hasta los huesos.
–Llévame a la isla de los dragones y te probaré que lo que digo es cierto.
Le sorprendió a sí mismo lo seguro que se escucharon sus palabras en ese momento, incluso podría haber jurado que cualquier otra persona las pronunció en lugar de él. Al final rindieron frutos y Alvin le creyó sin más miramientos. Aunque fue bastante ingenuo de su parte creer que el bandido experimentado no se arriesgaría tan fácil ante sus demandas.
–Ella nos acompañara –le aseguró al muchacho quien pudo sentir el terror apoderarse de su corazón (aunque trató de no demostrarlo) cuando Alvin tomó a Honey de la muñeca y la sacudió frente a él – y si intentas algo sospechoso… romperé su cuello –sentenció el bandido con la más cínica sonrisa.
Ahora se encontraban los dos gemelos atrapados en un barco llenó de malvados Outcast en rumbo a la isla de los dragones y contando que un plan formado al calor del momento funcionara a la perfección. Fue por ellos que Hiccup tuvo problemas de reflejarle esperanza y seguridad a su hermana gemela a través de su sonrisa cuando ella posó su suave y pequeña mano sobre su hombro pidiendo por su atención. El miedo estaba en su mirada y la consternación reflejada en sus facciones.
–Esta… es la PEOR idea… que has tenido en tu vida –le remarcó ella haciendo énfasis en las palabras adecuadas.
Su hermano trató de nuevo de regalarle una sonrisa cálida pero le resultó difícil. Estaba arriesgando mucho con tal movimiento. Y Alvin se aproximaba a ellos desde la popa del barco.
–Eso está por verse –comentó el muchacho posándose entre Honey y el bandido Outcast.
–Disfrutando del viaje, pequeños vikingos –los saludó Alvin seguido de cerca por algunos de sus seguidores.
–Sip –dijo Hiccup con facilidad y hasta con una descarada sonrisa que dejo inquieta a su hermana detrás de él.
–Eso es maravilloso –soltó Alvin más jovial dando una leve palmada –. Ya estoy ansioso de ver al maestro conquistador de dragones en acción ¿No es así muchacho? –agregó de ultimo volviéndose a sus hombres.
Éstos asintieron con algunas sonrisas fingidas y leves gruñidos.
–Solo… esperemos –puntualizó Alvin bajando su mirada hasta quedar a la altura de la de Hiccup, que para sorpresa de todos los presentes se la mantuvo con calma – que esto no sea… una especie de engaño.
–No tiene porque serlo –respondió el muchacho con una sonrisa y en susurro.
–¡Perfecto! –vociferó el Outcast alzando sus brazos –. Ya pronto se darán cuenta que si siempre siguen las ordenes de Alvin the Treacherous todo… jeje, sale de maravilla –rió secamente denotando sus torcidos dientes.
Ante sus palabras, sus seguidores imitaron su sentido del humor con aquellas depravadas risillas, Honey no pudo evitar apretarse contra la espalda de su hermano, que permaneció estoico ante aquel desplante enemigo.
Algo se había poseído de él cuando dijo:
–Disculpa ¿Quién? –causando un infarto a su hermana y miradas ceñudas por parte de los Outcast.
–Alvin the Treacherous –repitió el líder de los bandidos indicando su pecho –. ¿No pueden decir que no me recuerdan?
–Nop –dijo altivamente Hiccup, mientras detrás de él, Honey cambio su asentimiento inicial con la cabeza a una negación.
–Yo fui un vikingo Hooligan durante mi juventud. Conocía a todos en la isla ¡Fui amigo de su padre! ¡Conocí a su madre!
Hiccup volvió a negar con la cabeza con descaro. Tenía que mantenerlos distraído, para que no se percatara de la trampa que le estaba tendiendo.
–¿Acaso no han escuchado mi nombre? ¿Mis actos? ¡¿Por qué me llaman the Treacherous?!
Hiccup encogió los hombros con un mohín. Alvin perdió la paciencia soltando un leve gruñido; sus manos como garras se abalanzaron contra el gemelo pecoso sujetándolo de su chaleco de piel de oso y jalándolo hacia sí. Hiccup soltó un leve quejido, mientras alcanzó a escuchar detrás de él a Honey chillar su nombre.
–Creo que no querrás saberlo –masculló Alvin cada palabra pegando su rostro contra el de joven Hooligan. La cercanía le permitió a Hiccup oler de primera mano el aliento y el desagradable olor caporal del bandido.
Aguantando las ganas de vomitar, le contestó:
–Obviamente no.
–Eso espero… –aceptó Alvin con una mirada ceñuda – y que esto no sea ningún truco o la vida de tu hermana… – agregó volviendo lo suficiente para poder apreciar como algunos de los bandidos Outcast intentaban pellizcar a Honey principalmente de los brazos o cualquier parte del cuerpo que tuvieran alcance.
La gemela pecosa se abrazó a sí misma tratando de evitar que alguno pusiera sus grasientas manos sobre ella.
–¡Hey! –se quejo Hiccup sintiendo por primera vez furia y miedo al mismo tiempo durante todo ese viaje, en lo que trataba de liberarse de la enorme mano del Outcast que lo mantenía suspendido del suelo un par de centímetros.
–O ella pagara con su vida –sentenció al final Alvin denotando toda la maldad que era posible formar en sus palabras.
-o0o-
Fishlegs aún se encontraba escondido detrás de la enorme roca aunque había pasado bastante tiempo ya desde que Alvin partió de la isla con los gemelos Haddock en su poder. La principal razón se debía a que el despiadado bandido le había ordenado algunos de sus secuaces permanecer en Berk y mantener cautivos a sus habitantes. Que terribles planes tenía planeado para ellos era desconocido para el regordete muchacho.
El joven jinete se asomó una y otra vez sobre la roca como si existiera la posibilidad de que los Outcast desaparecieran por arte de magia en una de esas ocasiones.
Pero no… seguían ahí.
–¡Oh por Thor! –repetía una y otra vez el chico en susurros –. ¡Oh por Thor!
¿Qué planearían hacer los Outcast son sus compatriotas Hooligans? ¿Iban a matarlos? ¿Llevárselos como a Hiccup y Honey? ¿Venderlos como esclavos?
Por desgracia, Fishlegs recordó las horribles historias que contaban los más viejos a los jóvenes impresionables de las penurias y espantos en los que podía caer un vikingo solitario y desprotegido al enfrentase a un bandido en la aguas olvidadas del archipiélago. Despellejamiento por diversión, muerte o mucho, mucho peor.
Pero eso era tan solo el pico del iceberg en la cúspide de preguntas del pobre chico regordete:
¿Que había de los dragones? ¿Qué pasaría con ellos? Alvin había escapado de la isla Outcast e invadido Berk con el solo propósito de encontrar a Hiccup y usarlo para controlar a los dragones, así como su querida Meatloug y sus bebés. ¿Qué planeaba hacer con esas inocentes criaturas? ¡Eran bebés por el amor a Thor! ¡No maquinas asesinas!
Y por último, quedaba el destino de los hermanos Haddock. Los planes de Alvin para Hiccup ya eran claros, pero lo que estaba dispuesto a hacer para conseguirlo era lo de temer. Fishlegs conocía muy bien a su escuálido amigo para saber que no cedería ante tal petición con facilidad. ¿Qué sería capaz de hacer Alvin por conseguir que Hiccup cooperara con sus peticiones? ¿Era por eso se había llevado también a Honey? ¿Conseguiría lo que quería de él…. a través de ella?
Tenía que hacer algo… pero ¿qué?
–Piensa, Fishlegs, piensa –dijo para sí el chico regordete apretando su frente contra la fría roca que detrás se ocultaba –. ¡Ya sé! ¡El jefe Stoick y los guerreros! –soltó con alegría recordando que estos se encontraban combatiendo al otro lado de la isla las fuerzas invasoras de Alvin.
Si podía encontrarlos y guiarlos hasta la playa de Freya ellos podrían salvar a los prisioneros. Pero llegar hasta el extremo opuesto de la isla tomaría mucho tiempo, especial para él, sin mencionar lo que se demoraría en encontrar a los guerreros y traerlos de vuelta a la costa este. En ese lapso de tiempo, fácilmente los seguidores Alvin podían hacer abordar a los prisioneros en unas de sus naves y desaparecer de la faz de la tierra.
¿Pero qué más podía hacer un chico indefenso y solitario como Fishlegs?
Antes de que pudiera averiguarlo, un ruido detrás de él lo alertó.
–¿Eh? ¿Hola? -soltó el muchacho regordete aplastando su espalda contra la roca.
No hubo respuesta.
–¿Hola? –repitió temeroso.
Los arbustos a su alrededor se agitaron descontroladamente.
–¿No eres un Outcast verdad? –dijo casi en llanto.
De la nada saltaron cinco pequeñas figuras ante él, y el pobre de Fishlegs no pudo hacer más que cubrirse los ojos y chillar como una pequeña niñita. Fue un milagro de Odín que no hubiera sido escuchado por los Outcast (quienes pensaron que tal alarido se trató de pobre animal desgraciado cayendo a su propia muerte), ya que sus repentinos visitantes no se trataban más que de:
–Son solo los bebes nightmare de Hookfang –dijo el muchacho más relajado atreviéndose a mirar a los cuatro dragoncillos rojos acurrucados sobre su pecho y pidiéndole comida –. Esperen un momento… ¿Qué hacen ustedes aquí?
Brisket, Ham hock, Sausages y Pot roast chillaron en respuesta.
–Ese Snotlout tramposo –se quejo Fishlegs olvidando momentáneamente la situación en que se encontraba –. Los ha tenido escondidos todo este tiempo, cuando los demás no hemos separado de nuestros dragones. Probablemente sean los últimos en la isla –dijo rascando la barbilla de uno alegrándose de ya no encontrarse tan solitario en aquella situación –. ¡Eso es! Chicos tengo una idea –agregó de último con una sonrisa.
Tal vez podía hacer algo por ayudar a su gente después de todo.
-o0o-
Los Outcast reían entre sí mientras lanzaba algunas que otras miradas asesinas a sus pobres prisioneros; como tortura adicional, murmuraban en voz bastante audible las atrocidades que pensaban hacer con ellos, cuando de repente escucharon un leve quejido en la orilla del bosque y los arbustos sacudirse constantemente.
En un principio lo atribuyeron a su imaginación y al cambio de luz a causa del inminente amanecer, pero el fenómeno se repitió con mayor intensidad para ser ignorado, y el movimiento de los arbustos fue más intenso en los que no dejaron de sisear ante el choque de sus ramas y hojas.
Los bandidos dejaron levente a sus cautivos y poco a poco su atención se enfocó solamente en aquellos arbustos. Algunos incluso caminaron hasta ellos lentamente blandiendo sus espadas en alto, listos para atacar cualquier cosa que se ocultar entre las ramas. En menos de un minuto, todo se encontraban distraídos en aquel punto en el inició del bosque que no se dieron cuenta del enorme y rechoncho chico regordete y rubio que se escabulló a plena vista por la larga costa hasta alcanzar a sus amigos.
–¡Fishlegs! –soltaron los demás jinetes con alegría y con horror en voz alta dándole casi un infarto al pobre muchacho.
–Shhhhh –soltó llevándose un dedo a los labios y lanzándole una mirada a los Outcast distraídos ignorantes de su presencia –. Los desatare –le confirmó sin perder un segundo en usar su corto cuchillo para cortar las ataduras de Astrid.
–No quiero apresurarte nuestro rescatador –le dijo Tuffnut una vez que terminó con las chicas y Snotlout –, pero puedes apresurar ese cuchillo antes de que los estúpidos Outcast se den cuenta…. –por desgracias sus palabras fueron en su tono normal de voz y a pesar de los intentos de sus amigos por callarlo, ya era muy tarde –. Huy, ya te vieron.
Con terror, Fishlegs alzó la vista justo en el momento en que los Outcast olvidaban el arbusto bailarín y los atraparon con cuchillo en mano. En completo pánico, gritó:
–¡Ahora!
Antes de que los Outcast pudieran aproximarse más a ellos, de entre los arbustos saltaron cuatro bolas de fuego incandescentes. Los bebés nightmare no tardaron ni un instante en clavar sus garras y diente en las espaldas de los enemigos de los Hooligans, haciéndolo exclamar en dolor, terror y prendiendo sus ropas en llamas.
–¡Esos son mis bebés! –exclamó Snotlout orgulloso como todo un padre alzando su puño al aire.
Pero el festejo duro poco tiempo antes de que los restantes de los Outcast se abalanzaran contra ellos. Astrid lista para combate como siempre, tomó lo primero que encontró en el suelo en defensa, aunque esto solo se tratara de una rama. Los gemelos y otros tomaron piedras, mientras que Fishlegs (el único con un cuchillo) se ocupaba en cortar las ataduras de Mulch y Bucket.
Sus armas improvisadas no eran nada contras las macizas hachas y mazos de los Outcast que se les abalanzaban encima como bestias en brama, pero por los dioses que eso ya no les importaba más. Si iban a caer, caerían en gloria como todos unos vikingos.
Como si el mismo Forseti atendiera a su llamado por justicia, los bandidos Outcast comenzaron a caer uno a uno como piedras en la fría arena congelada de la costa tan repentinamente, que a los Hooligans nos les quedo más duda que era un acto divino del dios. Pero una vez que enfocaron más la vista y con el aumento de la luz por los primero rayos del sol del amanecer, pudieron percatarse que sus atacantes eran derribados por flechas que se incrustaron profundamente en la carne de sus espaldas.
Un poderosa grito de batalla resonó desde el bosque en lo que los guerreros Hooligan aparecieron como una estampida entre los troncos de los arboles, rugiendo con furia contra sus enemigos. Los Outcast no pudieron atemorizarse ante sus fervor y el fuego que parecía llamear desde los ojos del líder Hooligan; trataron de escapar como los cobardes y traidores que era, pero la mayoría no llegaron muy lejos y sucumbieron ante las pocas armas y furia de los valientes guerreros de Berk. Solo unos pocos fueron perdonados y apresados.
–¡Stoick! –llamó Mulch a su líder que parecía un gigante del Helhiem apunto de devorarse al mismo mundo. Cuando su llameante mirada de ojos de verdes se volvió a su súbdito vikingo, y con tal expresión fue fácilmente entendible porque por reflejo éste agachó la cabeza.
–¡¿Dónde está Honey?! –bramó Stoick sin esperar un segundo más. Gobber pronto apareció a su lado listo para controlar la situación. Los años de experiencias y la gran amistad entre ambos lo habían preparado para toda rabieta y temperamento imprudente de su amigo.
Las palabras de Stoick atemorizaron a sus compatriotas, que dudaron en pronunciar las palabras que todo padre no desea escuchar.
–Alvin se la ha llevado –finalmente confesó Mulch agachando más la cabeza como si él hubiera cometido dicho crimen –. Y eso no es todo Stoick… –agregó sabiendo que se vendría lo peor – también tiene a Hiccup.
Sería difícil de explicar cómo se transfiguraron las expresiones de aquel bravo guerrero vikingo, que fácilmente paso del miedo a la furia en cuestión de segundos. Con un ensordecedor alarido de furia, arrojó su hacha al suelo partiendo perfectamente a la mitad una dura concha marina. El líder dolido y temeroso, trató de controlar su respiración en lo que su mirada de nuevo entristecida se enfocó solamente en el mar delante de él que fue hermosamente bañado por los rayos del sol.
–Hijos…
-o0o-
Era otra mañana aburrida para Toothless en la isla de los dragones. El nightfury se encontraba recostado cerca de la costa tomando un baño de sol matutino para sus brillantes escamas negras. A pesar del delicioso picor sobre su piel, solo había una cosa en la mente del dragón o mejor dicho, solo había alguien. En ningún momento éste había dejado de pensar en su escuálido y pecoso jinete.
La separación con Hiccup había sido brutal para él, ya había pasado bastante tiempo desde que le prometió regresar y comenzaba a temer que no lo volviera a ver o inclusive, que algo malo le hubiera pasado. Lo cual era muy probable, ante la costumbre que tenía su pequeño gemelo pecoso en meterse en problemas.
Su ensañamiento era tal, que Toothless ni siquiera se inmutó ante la presencia de los bebés de su amiga Stormfly que jugaban y revoloteaban a su alrededor.
Todo parecía ser otro día sin variedad hasta que logró captar la vela de un barco en la distancia con a su agudísima visión. La posibilidad de que fuera Hiccup hizo que levantara la cabeza y se enfocara en el horizonte. Definitivamente era vikingo… pero esos navíos no eran de Berk.
Con un rugido dominante alertó a los demás dragones de la costa que rápidamente atendieron a sus llamados y corrieron a ocultarse dentro del bosque aledaño o las cuevas del acantilado. Toothless alzó la mirada buscando apoyó de su hermano dragón solo para descubrir que Furry ya no se encontraba en su acostumbrado punto sobre las rocas.
¿A dónde había ido?
El nightfury avanzó unos pasos hacia atrás, ocultando su largo y esbelto cuerpo en una de las cuevas, utilizando la negrura de sus escamas para desaparecer en las sombras. Con su increíble vista aguileña escudriñó la playa ante cualquier movimiento una vez que el barco invasor tocó la costa.
Toothless había enfrentado a los humanos toda su vida antes de conocer a su pequeño vikingo y todavía recordaba muy bien los cuidados al tener a aquellos bípedos tan cerca de su guardia. Ajustó su garganta, preparando un disparo por si la curiosa silueta que pudo detectar en la costa resultaba ser peligrosa.
Pronto su nariz le advirtió que no lo era alguien de temer, en lugar de ello alcanzó sus fosas nasales la más maravillosa combinación aromas a papel, mar y madera de pino. Era el inconfundible olor de Hiccup.
Sin importarle nada más, Toothless salió de su escondite corriendo directo hacia su humano, sin siquiera percatarse que éste no se encontraba solo y parecía advertir algo a sus acompañante con su característico movimiento de manos.
Toothless no pudo evitar abalanzarse sobre él y derribarlo, su lengua surcó su rostro llenándose del asombroso sabor salado de su sudor.
–Hola amigo –dijo entre risillas bajas –. También me da gusto verte. Pero ahora necesito que me sigas el juego ¿de acuerdo?
Toothless no entendió que quería decir Hiccup y los extraños gritos que le siguieron, pero el nightfury no tuvo problemas en brincar detrás de él emocionado. Poco a poco se fueron acercando a la silla de montar que había dejado Hiccup a su cuidado y el corazón del dragón dio un vuelco de emoción. Antes de que se diera cuenta, ya tenía de nuevo a su jinete sobre él, volando sobre las cabezas de otros vikingos…. ¡Espera! ¿Otros vikingos? Esos no eran los vikingos de Berk. Estos olían más feo y eran mucho más greñudos.
Toothless pudo sentir la tención a través de las palmas de Hiccup sobre su cabeza y se dio cuenta que algo no andaba bien. Sus temores se volvieron realidad cuando presencio como la gemela de su jinete era retenida por varios de esos humanos y la amenazaban con una espada al cuello.
Pagarían caro eso.
Pero antes de que el nightfury pudiera dar su primer disparo, mucho más arriba de las nubes, cayó una masa peluda exactamente sobre los agresores de la gemela sin dañarla en lo más mínimo, aplastándolos de golpe contra las rocas de la playa. Furry se había ocultado en las nubes esperando el momento para actuar, justo como se lo había dicho a Toothless días antes.
Soltando unos disparos helado, Furry congeló a varios vikingos en lo que su jinete trepaba sobre su lomo. Pronto ambos hermanos dragones y los gemelos sobre ellos se encontraban en aire y listos para el combate.
Vaya que Toothless extrañaba eso.
-o0o-
Más que cualquier sentimiento terror, Alvin presenció maravillado como los dragones que montaban los hijos de Stoick aplastaban con su fuerza brutal a sus hombres, incluso varios dragones más emprendieron vuelo desde el acantilado y se unieron a la batalla ante el llamado del gemelo pecoso. Nadders, Nightmares, Zipplebacks, no existía excepción.
El Outcast estaba atónito, incluso una sonrisa casi diabólica de dientes amarillentos y chuecos adornó su rostro. Los rumores eran ciertos, definitivamente ese muchacho era un dragon whisperer, justo como contaban las leyendas.
Haciendo a un lado a todo desdichados que se interponía entre él y su objetivo, Alvin volvió abordar su barco, donde recogió una poderosa ballesta; apuntó su arma al cielo, justo al ala de nightfury. Tendría dos premios muy pronto, el hijo de Stoick y la prole del rayo y la muerte.
La flecha de su arma salió afortunadamente unos segundo tarde, justamente cuando el barco en que estaba parado el Outcast se sacudió con violencia. Tratando de mantener el equilibrio, Alvin alzó la vista para descubrir que el ajetreo se debía a que otro barco había chocado al suyo. Antes de que se diera cuenta, un puño hizo impacto contra mandíbula obligándolo a clavar una rodilla en el suelo de madrera de la cubierta, en lo que una silueta avanzaba desde el nuevo navío hasta él.
–¡Eso es por secuestrar a mis hijos, mandito hijo de puta! –el segundo puñetazo de Stoick fue directo hasta su nariz. Alvin tambaleó un poco, aunque fue un daño mínimo para tremendo impacto que normalmente dejaba inconsciente a un yak en estampida.
El jefe Hooligan fuera de sí, dio un paso hacia atrás para preparar su siguiente golpe, en lo que Alvin se ponía de nuevo de pie y soltaba un desagradable escupitajo con sangre.
–Me lo dejaste muy fácil Stoick –lo provocó el Outcast, consiguiendo un grito de furia de su antiguo amigo. Éste se abalanzó sobre él, justo lo que Alvin esperaba, como su hacha detrás de su espalda.
Stoick esquivó muy apenas la filosa hoja del arma antes que cortara su piel, cuando esta surcó frente a él.
–Debí matarte cuando pude –gruñó el Hooligan sacudiendo su propia arma.
–Tal vez habría sido lo mejor –comentó Alvin con su característica sonrisa maliciosa.
El acero de ambos poderosos guerreros chocó una y otra vez, en un combate sin tregua. Ambos hombre estaban tan enfocados en su enfrentamiento que no se percataron como a su alrededor el resto de la flota de Berk acorralaba a los Outcast en la playa y los jinetes de dragones (reunidos con sus bestias) comenzaron la destructiva tarea de no deja en flote ninguno de los barcos de los bandidos.
Ante un fuerte estallido contra proa del barco en donde se llevaba a cabo tal titánico encuentro, Alvin se distrajo una milésima de segundo, lo suficiente para que Stoick lo acorralara contra la orilla.
–¿Tú últimas palabras? –le preguntó Stoick con odio y rencor teniendo su rostro a unos centímetro de su oponente.
–Sí –respondió el Outcast fascinado con la situación –: Tu hijo será mío.
Stoick volvió a rugir, pero aprovechando su rabieta, Alvin le propinó una patada en el abdomen al Hooligan, alejándolo de él lo suficiente para arrojarse del bote que comenzaba a hundirse, perdiéndose en la aguas y escapando de las vengativas manos del padre.
Stoick soltó un resoplido en frustración al notar la superficie impávida. Alvin había escapado… otra vez.
Esa mañana fue una victoria aplastante para Berk, los guerreros, jinetes y dragones humillaron a los Outcast, cuyo pocos sobreviviente no les quedo más alternativa que huir tierra a dentro de la isla de los dragones.
-o0o-
Para el atardecer de ese día, desde cubierta de los barcos de Berk ya se podía apreciar la delicada silueta de su hogar en la lejanía. Pronto estarían en su hogar… todos… hasta los dragones.
Hiccup se encontraba nuevamente en la orilla del barco presenciando el mar aliviado, solo que en esa ocasión con Toothless se encontraba a su lado lamiéndole los dedos, mientras una gran parvada de dragones volaban junto la larga flota de navíos de Berk. Eran maravillosa noticias, nuevamente los dragones eran recibidos en su aldea y con el status de héroes y protectores. Nunca más los Hooligans volverían a dudar de ellos.
–Lo que hiciste fue muy tonto –Hiccup escuchó detrás de él provocando que su sonrisa de satisfacción desapareciera. Era Honey la que se aproximó a él, en compañía de su Howl.
–Lo dice la persona que defendió del terrible líder Outcast, Alvin the Treacherous, a alguien que ella asegura odiar.
Honey no pudo evitar sonrojarse ante el comentario de su hermano.
–Ah… yo… ¡Cállate!
Hiccup no pudo evitar soltar una risita.
–Ya en serio, Hiccup –lo interrumpió de nuevo su hermana tratando de denotar lo serio de la situación –. Todo eso fue muy arriesgado de tu parte, entregarte de esa manera a Alvin.
–Lo sé, pero al final todo salió bien.
–Pero ¿y si no hubiera sido así?
–Pero no sucedió.
–¿Pero…?
–Pero. No. Fue. Así...
–Pero pudo serlo –tajo una tercera voz uniéndose a la conversación. Hiccup y Honey alzaron sus miradas para toparse con la imponente figura de su padre. Stoick aún continuaba ardido por las acciones de Alvin, que no pudo ocultar su furia en su leguaje corporal, provocando que sus hijos agacharan la cabeza por reflejo.
Fue acto involuntario al que estaban acostumbrado, pero en esa ocasión paso algo diferente. Hiccup levantó la vista a su padre y:
–Estoy consciente de eso –insistió Hiccup con valor, aunque casi en susurro –. Solo sabía que tenía que llegar con Toothless de una manera u otra –soltó con más seguridad elevando su postura ante su padre.
Por unos breves segundos, Stoick presenció la determinación ciega en la mirada de su hijo y no pudo recordar cierta mujer testaruda que solía meterse en tantos problemas como ese muchacho. Al final el líder Hooligan se relajó levemente soltando un largo y sonoro suspiro.
–Solo prométeme –dijo con más clama – que tendrás más cuidado la próxima vez. Alvin es una persona muy, pero muy peligrosa, Hiccup.
–Papá –lo llamó el muchacho mordiéndose el labio mientras se debatía si debía preguntar algo que lo había estado aquejando –. Alvin dijo conocernos de bebés –comentó tentando el terreno –. Sabía que había sido un Hooligan, pero no creía que hubiera estado tan cerca a nosotros.
–Es cierto –agregó Honey –. Incluso mencionó mi parecido con nuestra madre cuando ella era de mi edad.
–Papá… ¿Acaso hay algo que debamos saber sobre el pasado de Alvin? ¿Sobre nuestro pasado…?
–¿O tú pasado?
Stoick entrecerró su mirada contemplando a sus dos pequeños hijos gemelos, dándole vueltas en su cabeza a las preguntas que estaban haciendo. Tenían razón tener curiosidad por su pasado con Alvin, pero éste se había vuelto un hombre tan peligro y la amenaza de él continuaba retumbando en su cabeza. No. Él nunca permitiría que volviera a poner una mano encima a sus hijos.
–Lo único que deben saber es que es alguien que nunca más se acercara a ustedes. Lo juro.
Chapter 56: Barnstardt
Chapter Text
Barnstardt
El alarmante escape de Alvin the Treacherous de la isla de los Outcast causó una gran conmoción en las vidas, no solo en los habitantes de Berk (quienes fueron los más afectados) sino también en los de otras islas del archipiélago barbárico y como en otros lugares donde alcanzó tal noticia. El famoso bandido y traidor que era muy bien conocido por los vikingos y temido ante sus crueles actos, provocaba con su libertad un estado de alerta constante entre las tribus del archipiélago.
Pocos días después del atentado de Alvin de secuestrar a sus hijos, Stoick the Vast recibió una nerviosa carta de su aliado Meathead exigiendo detalles de los ocurrido ante el sorpresivo ataque del traidor. Seguida de cerca de la primera premisa, llegaron más cartas de diferentes líderes vikingos, todos completamente consternados y urgidos de noticias, hasta el punto de exigir una pronta reunión para esclarecer y planear el método más efectivo para deshacerse de la terrible amenaza que era Alvin the Treacherous de una vez por todas.
–Mira nada más –comentó Gobber mirando sobre el hombro de su amigo la carta de Grabbit el Grim –, no tenía idea de que los Grims fueran unos artistas tan… abstractos, es un poco perturbador ese oso enojado que garabateó en la esquina –agregó indica el extremó del papel.
–Se supone que es un guerrero vikingo –le aclaró Stoick fastidiado.
–Arg –se quejo Gobber torciendo su sonrisa –. Aunque en cierta forma me alivia, porque resultaba algo preocupante la forma en que sujeta esa hacha. Hasta por un momento pensé que era una referencia a su…
–¡Gobber!
Las cartas, así como los motivos de las mismas no ayudaban mucho al humor del valeroso líder Hooligan. Alvin había sido muy claro con sus motivos en el intento de invasión a Berk, como su escape de la isla Outcast; todo era con la intención de tomar control de Hiccup y su don, y utilizarlo en su favor en una guerra contra sus enemigos y aquellos que los aprisionaron. Stoick aún no podía comprender como Alvin obtuvo información de las habilidades de Hiccup hasta su olvidada prisión en la isla Outcast; eso hacía inferir al guerrero Hooligan en todas las posibilidades del conocimiento público y de las tribus vecinas sobre las habilidades de su hijo.
Los Meathead eran consientes de los sucesos de la batalla contra la Muerte Roja en la isla de los dragones, pero aún ellos no sabían a detalle hasta donde llegaban las capacidades de Hiccup. Era como si alguien cercano a ellos hubiera infiltrado información personalmente a su enemigo declarado. Y eso preocupaba a Stoick a desmedida.
–Y… –llamó Gobber de nuevo su atención en la soledad del gran salón – ¿Habrá reunión?
Stoick soltó un fuerte suspiro en lo que su espalda se reclinó en el gran trono de madera tallada. Hacía años desde la última vez que todos los líderes de las tribus vikingas se reunían al mismo tiempo y en el mismo lugar. Experiencias y sucesos del pasado le enseñaron que resultaba ser un movimiento sumamente peligroso, incluso más que la amenaza por la cual se reunían en primer lugar. La muerte de algunos líderes en atentados en su contra fue los que los inclinó a simplemente realizar visitas esporádicas a aliados y correo mediante comerciantes y halcones.
Pero… con Alvin…
El poderoso guerrero Hooligan soltó otro suspiro en lo que si vista se enfocó en sus botas peludas. ¿Qué haría en tal ocasión? ¿Qué sería lo mejor para enfrentar esa situación?
–No –respondió finalmente entregándole a su mejor amigo el manojo de papeles –. Al menos no por ahora.
-o0o-
Pasaron meses sin novedades del paradero de Alvin y sus bandidos Outcast, hasta dar la impresión de haber desaparecido de la faz de la tierra. Los temores y miedos se aligeraron un poco del constante estrés que se apoderó de Berk después del atentado en su contra; pero para algunos era una amenaza que nunca pasaba a segundo plano.
El gran jefe vikingo Hooligan era uno de ellos. A pesar de que muchos de sus mejores guerreros bajaron la guardia, Stoick continuaba atento y alerta, como si su acérrimo enemigo pudiera emerger de repente de entre las sombras de la mañana.
Pero no era el único al que afectó en desmedida la intromisión de Outcast en sus vidas; los jóvenes jinetes de dragones sufrieron también del impacto que era Alvin the Trechorous por primera vez en sus cortas existencias:
Astrid, en primer lugar, salió con su ego de guerrera herido. Alvin no solo la había derrotado en combate, sino que literalmente la había arrastrado por el suelo. La chica se obsesionó mucho con aquel hecho que inició un exhaustivo entrenamiento que la preparara para futuras situaciones de vida y muerte. ¿Cómo podría llegar a ser una doncella de guerra, si permitía que la derrotaran tan fácil? ¿Cómo era posible que al final fuera salvada por la intromisión de Honey y Hiccup? ¿Cómo iba a permitir que Hiccup volviera a arriesgar su vida por ella?
La joven Hofferson no era ingrata, estaba agradecida y hasta sorprendida de que Honey la defendiera ante un imponente y traidor bandido Outcast, y que Hiccup hubiera resultado ileso de su precipitado plan. Pero ¿Qué abría pasado si no? La vida de los chicos Haddock corrió grave peligro… por Odín, la vida de Hiccup aún estaba en peligro. Astrid sentía que no podían darse el lujo de siempre ser rescatada por dos chicos que apenas podían levantar una espada; y no lo pensaba en la forma despectiva, Astrid sentía que ella debía proteger de Hiccup, no al revés. ¿O no?
Al menos algo positivo de aquel enfrentamiento, fue que eso llevó ambos jóvenes a estar más cerca. Y cuando me refiero a cerca, es a lo que nivel labios se refiere.
Después de que Hiccup y Honey regresaron sanos y salvos, Astrid no pudo evitar controlarse y arrojarse directo al cuello del chico y plantarle un duro beso en los labios, frente a todo el mundo.
–Miren nada mas –las palabras de Ruffnut paralizaron a Astrid justo al separarse del gemelo pecoso que quedo más tieso que una tabla –. Alguien no pierde el tiempo.
Astrid tuvo que enfrentar varios días consecutivos de las burlas de sus amigos y familiares, como ellos los puñetazos que recibían como respuesta.
En cuanto a los demás jinetes, los gemelos Thorston y Snotlout no captaron en un principió lo que significaba que Alvin the Treacherous continuara libre. En realidad, el patán Jorgenson estaba más preocupado en separarse de sus bebés nightmare que del peligro que corrieron sus primos. Pero al final no le quedo de otra que decirles adiós, ya que todas las crías de Stormfly, Meatloug, Hookfang, Barf y Belch, pronto encontraron compañeros vikingos que estaban dispuestos a cuidar de ellos.
–Snotlout, debes dejarlos ir –insistió Hiccup por enésima vez en lo que su primo continuaba abrazando con fuerza a Pot Roast.
–¡No! ¡Ellos son míos! ¡No me los puedes quitar! –bramó el chico Jorgenson.
–Viejo ¿Acaso estas llorando? –comentó Tuff con picardía.
–¡NO! ¡Es sudor, idiota! –bramó éste en un mar de lagrimas.
Otro punto positivo del la invasión de Alvin, es que finalmente el lugar de los dragones quedaba bien aceptado en Berk de una vez por todas. La gran mayoría de los Hooligans estaban convencidos que si no hubieran alejado a los dragones aquellos días, el ataque Outcast nuca habría tenido tal existo. Y cuando digo la gran mayoría, es porque una sola persona seguía en su contra y aferrado a las viejas costumbre. Quien más podía ser que Mildew.
–¡¿Qué pensarían nuestros ancestros si nos vieran ahora?! –exclamó el viejo en centro de la aldea sin obtener la atención de alguno de sus compatriotas Hooligans –. ¡Deben de estar muriéndose de vergüenza en el Valhala! ¡¿Dragones y vikingos?! ¡¿Juntos?! ¡Qué atrocidad! ¡Arrrggg!!!! ¡¿Quién fue?! –agregó furioso con el puño al aire después de recibir una descarga de plasta de dragón en la cabeza. Un regalo de los gemelos Thorston.
Pero dejando al saco de huesos viejos a un lado, los dragones finalmente eran reconocidos como parte de Berk y sus jinetes los guardianes de la aldea. Era un importante paso, del que todos ellos deberían estar emocionados. La realidad era otra.
–Corazoncito –llamó la señora Ingerman a su hijo completamente preocupada al verlo ignorar sus alimentos en la mesa.
Fishlegs se había encerrado en sí mismo por varios días, extrañando por su comportamiento a sus padres y amigos; mientras que daban vueltas en su cabeza las palabras de Alvin the Treacherous: ¿De qué manera podían ser parecidos él (un joven regordete y tímido vikingo) con el mayor traidor de la historia de Berk? El joven rubio se había refugiado en sus notas y actividades de la academia tratando de distraer su cabeza de tal asunto, hasta que al final y por su cordura, dejo a un lado todos sus temores ante la posibilidad de que todas las palabras del bandido hubieran sido un engaño desde un principio… ¿O no lo eran? Al final la duda no desapareció.
–Mamá –dijo el chico –. ¿Puede preguntarte?
–Claro mi amor ¿acaso algo te esta molestado?
–Es… solo que tengo… curiosidad –balbuceó nervioso jugando con sus dedos –. Mamá ¿Hay… algo diferente en… bueno, mí?
–¿A qué te refieres, corazoncito?
–No lo sé…. A que tal vez… no sea igual que los demás…
Le resultó difícil decir la palabra que deseaba, especialmente con la constante mirada consternada de su progenitora, que se intensificaba más a cada momento.
–Como si fuera como… un marginado…
Fishlegs casi cerró los ojos como si espera recibir un golpe, pero en cambio, ante las expresiones de su madre, parecía que ella lo había recibido. Después de unos incomodas segundos de silencio, Fishlegs comenzó a temer que en realidad hubiera algo que no debía saber.
De repente, su madre se lanzó hacia él desde el otro lado de la mesa y los sujetó tan fuerte de los hombros que provocó que el muchacho soltara un alarido de terror.
–¡Fishlegs! –le dijo ella casi con sus pequeños ojos desorbitados –. ¡No importa lo que escuches! ¡No importa lo que te digan! ¡Tú padre y yo te amamos mucho! –sacudió un par de veces a su hijo hasta que consiguió que éste asintiera con la cabeza.
Las dudas de Fishlegs aumentaron con aquella declaración de su madre, quien después de aquel arrebato requirió recostarse un par de horas y reposar. Pero por otro lado y en una forma casi paradójica había perdido el miedo a las mismas. El amor incondicional de su familia y Meatloug lo ayudarían a enfrentar cualquier oscuro secreto que le estuvieran ocultando.
El apoyo de los seres queridos era necesario para enfrentar cualquier situación difícil. Hiccup y Honey tampoco fueren ausentes de esto. Ante el intento de secuestro de Alvin cualquiera de la aldea, en especial el padre de los gemelos, esperaría que éstos se encontraran atemorizados y preocupados; tanto así, que muchos de ellos hicieron lo posible para hacerlos sentir cómodos y bien protegido. Si tan solo supieran que no era necesario.
Hiccup y Honey no tenían ni la menor preocupación por la acciones de Alvin the Treacherous. Claro que habían pasado grave peligro, y en el caso de Honey una sumamente preocupante, pero la contante presencia de sus dragones a cada uno de sus movimientos les daba una cierta sensación de invulnerabilidad. Además, los gemelos pecosos no perdieron un tiempo a regresar a sus rutinas y actividades, que lo último que pasaba por sus mentes era los peligros que corrieron ante las manos de traidor.
Pero los chicos Haddock no eran ningunos tontos, estaban perfectamente cocientes que no sería la última vez que sabrían del bandido Outcast y probablemente lo enfrentarían nuevamente en el futuro. Así que era mejor preparase para cuando el momento llegara.
Por desgracias, había otras preocupaciones de momento…
–¡Arg! –exclamó Hiccup agotado dejándose caer hacia atrás sobre su cama. Cuando su espalda chocó con la dura superficie de madera, una poderosa punzada de dolor se extendió por todo su cuerpo. Toothless preocupado, soltó un leve gruñido ante su sufrimiento –. Estoy bien, amigo –le aseguró el gemelo pecoso atrapado en la misma posición a causa del cansancio.
–En realidad no suenas como si lo estuvieras –comentó Honey desde su puesto frente al escritorio de madera del rincón, sin si quiera volverse para contemplar el puchero de su gemelo –. Te escuchas como los jabalís que atrapa Furry para el almuerzo.
Al escuchar su nombre, el Woolly Howl asomó su cabeza del montón de pieles de animal que formaban su cama con una mirada adormilada. Al no ver ninguna otra reacción de su jinete, el dragón decidió continuar con su sienta; mientras Toothless a su lado, comenzaba a calentar su roca antes de dormir.
–Bueno, tú también te escucharías así si hubieras pasado toda la tarde tratando de arrancar arboles de la raíz.
Honey no pudo evitar levantar una ceja ante ese comentario. Finalmente la chica soltó la puma de halcón que utilizaba para escribir las runas que practicaba, para volverse y contemplar a su hermano que le dirigía una mirada frustrada desde su cama.
–De los chiquitos –confesó Hiccup ante los ojos inquisidores de su gemela –. Casi como palos de escoba.
–Ah –soltó ella –. ¿Acaso otro de los trucos desesperados de Gobber de volverte campeón del Thawfest?
El gemelo no pudo evitar soltar un suspiro.
El Thawfest. Un antiguo evento vikingo que se remontaba a la antigua época en que los primeros navegantes llegaron a aquel archipiélago barbárico. Era una serie de competencias que se celebraban al honor de dios Thor por brindarles su fuerza e Idun, diosa de la primavera y que traía finalmente el deshielo. Justamente el Thawfest se efectuaba cada tres años justo cuando el último rastro del invierno y nieve desaparecía de la isla, y daba comienzo a los cortos dos meses sol que disfrutaba Berk al año.
Debido a que tal evento festivo era un reflejo de la frescura, primavera y juventud, era importante que los jóvenes de la generación adecuada en edad, participaran en una serie de competencias que ponían a prueba su fuerza, destreza y resistencia. El ganador de ellas sería coronado campeón de Thor, su clan adquiría renombre y se celebraría una gran cena en su honor esa misma noche. Además, había un beneficio extra para triunfador, quien al demostrar ante la tribu que era todo un digno vikingo, se daba por hecho que había cumplido con su rito de madures.
Era por ellos que el Thawfest era un importante evento para los jóvenes vikingos de Berk y sin perder ni un instante, los chicos comenzaron de inmediato con el entrenamiento requerido para sobrevivir esos tres implacables días de sudorosa competencia.
En el caso de Hiccup, de quien no quedaba duda que había pasado su rito de madurez al salvar a los Hooligan de la muerte roja y terminado la guerra con los dragones, aquel festival de fuerza y juventud no resultaba ya tan atrayente. Por desgracias su padre y Gobber no eran del mismo pensar. En realidad del clan Haddock había ostentado la gloria de ser el campeón de Thor por varias generaciones seguidas, siendo el mismo Stoick the Vast el ultimo en conseguirlo. Después de ello el titulo cayó en manos de los Jorgenson y desde entonces lo pavoneaban con descarada prepotencia.
Stoick quería cambia eso ya que Hiccup tenía la edad de competir y así finalmente cerrarle la bocaza a su petulante hermano menor.
El joven gemelo Haddock pudo sentir el gran peso de las expectativas de su padre de nuevo sobre sus hombros; una carga que esperaba ya haber superado hacía mucho tiempo cuando aún peleaban con los dragones. Así que bajo el entrenamiento casi mortal y rompe espíritus de Gobber, Hiccup comenzó a prepararse para tal evento en que competiría con sus compañeros jinetes, su casi novia y su primo.
Honey era la única de aquella generación que quedaba fuera. Como la gemela llevaba a cabo su propio entrenamiento para convertirse vala, no era necesario que se uniera en aquellas competencias para demostrar su valía ante su pueblo. Una vez que se alzara como sacerdotisa habría cumplido ante su gente.
–Auch, auch, aaauuuch –se quejo una y otra vez Hiccup mientras se movía torpemente para retirarse su prótesis.
–¿Es mucho el dolor?
–No tanto como mis chillidos lo hacen parecer –respondió el chico, pero antes que pudiera decir algo más al respecto su hermana se subió a la cama junto a él y comenzó a examinarle el muñón –. ¿Acaso no conoces algo llamado espacio personal? –se quejo Hiccup mientras Honey le elevaba la pierna forzándolo aplastar su espalda contra la cama.
–Esto no se ve muy bien, Hiccup –dijo ella asiendo caso omiso a las quejas de su gemelo. Con la poca delicadeza que acostumbraba, Honey comenzó a flotar el muñón de su hermano con su ungüento especial –. Tu herida está resintiendo la carga excesiva de estos días.
–Ni que lo digas.
–No has pensado… no lo sé ¿no sobreexcederte?
Hiccup soltó un resoplido que hizo que su flequillo se elevara un poco.
¿Cómo no excederse cuando había tantas cosas por hacer? Después del ataque de los Outcast y la reafirmación de la posición de los dragones en la isla, Hiccup aprovechó la oportunidad para poner en acción un plan que había está desarrollando desde que los dragones paseaban libremente por Berk:
Había sido un problema cotidiano con los dragones, actuado como cualquier otro animal volador, que deseaban posarse sobre el techo de alguna choza; lo que siempre terminaba desastrosamente para el hogar de algún vikingo. Entonces el gemelo pecoso aprovechó para presentar un plan que consistía en un sistema de perchas del metal que fácilmente podía sostener el peso de un gronckle o el de un vikingo ebrio, y así evitar que los dragones continuaran posándose en las casa.
Su padre y el consejo aceptaron de inmediato la idea y el chico, con ayudar de Gobber, comenzar la difícil tarea de fabricar estas nuevas perchas que cubrirían toda la aldea. El constante trabajo en la forja resultaba agotador, pero Hiccup no le importaba ante el éxito que podía resultar su idea y que posiblemente, abriría la puerta en el futuro a más proyectos que tenía en mente.
Pero por desgracia, con la cercanía del Thawfest, el trabajo en la forja no fue la única actividad diaria en que se enfocó el muchacho; también Gobber le programó una larga rutina para prepararlo ante las próximas competencias, sin olvidar mencionar el trabajo de la academia y el objetivo propuesto de los jinetes de descubrí su arma idónea.
Astrid, Snotlout y Tuffnut ya habían descubierto la suya (y el caso del gemelo rubio, resultó ser bi-diestro en cuanto al uso de la espada y el mazo). Mientras que Ruffnut no se mostraba muy entusiasmada como los demás ante el proyecto, en cambio prefería ocupar sus manos en aceites de pescado para el cuidado de su uñas y sus dedos para robar los bolcillos. Fishlegs seguía desconectado del todo y Honey (quien no podía ni levantar una espada) veía la actividad inútil en cuanto su persona. Solo quedaba Hiccup:
–¿Aún crees en convertirte en espadachín? –le preguntó por decima vez Honey al ver algunos cortes en los pantalanes que cubrían sus piernas.
–Siento que la espada es lo mío –insistió el chico hasta con hastía –, y sí, lo he pensado. ¿Pero qué otra cosa puedo hacer? No puedo dejar el proyecto de las perchas a la mitad si quiero que le consejo acepte mis demás ideas y Gobber insiste en que practique para el Thawfest. Prácticamente mis manos están atadas –sentenció Hiccup mostrándole las palmas a su hermana.
Honey le lanzó una mirada inquisitiva y torció levemente la boca conteniendo su comentario, y sin más, soltó la pierna de su gemelo haciéndola caer en la cama y provocándole una leve punzada de dolor.
–De acuerdo, es tu pierna –dijo ella marchando hasta la vela que iluminaba la habitación –. Piérdela si quieres –masculló ella antes de apagar la llama de un soplido.
-o0o-
En realidad Honey no deseaba que su hermano terminara de perder lo que le quedaba de pierna; no como los gemelos Thorston que se aseguraban de causar el mayor daño posible a su contraparte y así como se divertían con el sufrimiento del otro. Pero en cierta forma la chica tenía razón, las cosas estaban lejos de mejorar si Hiccup continuaba a ese ritmo.
Poco a pocos los proyectos del joven gemelo Haddock se vieron afectados por la cantidad de trabajo que él mismo se sometía. Terminaba agotado por las largas horas de entrenamiento que planeaba Gobber para él, que incluían levantarse en la madrugada, un desayuno asqueroso de huevos crudos en leche de yak, una caminata a la orilla del bosque (sin ayuda de Toothless), lanzamiento de piedras (la mayoría más pesadas que él) y ser aplastado por algunas de ellas. Todo esto mucho antes que los primeros rayos de sol ocurrieran; después el resto de la mañana se ocupaba en la construcción de las perchas en la forja, seguido de un corto refrigerio de pan y queso, antes de pasar a la academia para la lección del día y terminar con la segunda parte del entrenamiento de Gobber que incluía la practica con las armas.
Toda una rutina infernal, ni siquiera el mismo Loki hubiera ingeniado tremenda tortura.
Y a como se acercaba Thawfest, la tediosa rutina no solo hizo mellas con el mal trecho y poco atlético cuerpo de Hiccup, sino también afectaba a su querido Toothless, quien pasaba más tiempo en tierra y menos en la nubes como a él le gustaba.
Aunque no resultaba el mejor momento para surcar los cielos, ya que con el principio de la temporada de sol, comenzaron a acumularse una cantidad y muy poco habitual de nubes de tormenta sobre Berk. Pronto, las bizarras condiciones del clima se transformaron en una gran tempestad que descargó su poder sobre la aldea vikinga debajo de ella. Pero ninguna gota de lluvia cayó del cielo, en lugar eso, una gran cantidad de rayos resonaron con estruendosos truenos.
–Esto no es normal –comentó Hiccup desde la seguridad de su hogar mientras los rayos azotaban una y otra vez, y con mayor frecuencia sobre la aldea –. Nunca había visto una tormenta como ésta.
–En especial en esta época del año –agregó Honey a su lado, en lo que ambos gemelos y sus dragones, miraban el cielo a través de la puerta abierta de su casa.
–Yo solo una vez –confesó Gobber acercándose a los chicos –. Hace mucho tiempo, y se debía a una sola cosa.
–¿A qué? –soltó Honey escéptica alzando la mirada hacia el velludo vikingo.
–Jurgen Barnstadt –dijo Gobber en el momento en que un rayo alumbro el cielo con un sonoro trueno dándole un aspecto más terrorífico a su comentario –. Vaya, eso fue muy oportuno –puntualizó.
–¿Bar… quien? –preguntó Hiccup.
–Barnstadt –corrigió Stoick uniéndose a la plática desde el interior de su hogar –. Pero fueron puros rumores de viejas chismosas.
–Nunca subestimes los comentarios de la viejas arguendera, Stoick. ¿Esas mujeres tienen los oídos más agudos del mundo?
–No sé si lo han notado –marcó Hiccup carraspeando su voz para llamar la atención de los adultos –, pero hay algunos perdidos por aquí.
Toothless, detrás de su jinete, asintió con la cabeza aunque no tenía ni idea de que hablaban los humanos a su alrededor.
–Barnstadt fue un ladrón que llegó de improvisto a Berk hace varios años, incluso mucho antes que ustedes dos nacieran. Tenía la mala costumbre de poner sus manos en los lugares equivocados, especialmente en los bolcillos de los demás y… ejem… las esposas de otros.
–Ya había robado a la mitad de la aldea cuando se le encontró con la señora Helgen en plenoeeeehhhh… “coff”–continuó Gobber la explicación pero se atragantó ante la expresión de desesperación en el rostro de su amigo que le pedía urgentemente que cerrara la boca.
–¿Pleno qué? –preguntó Honey con inocencia.
–Eh…. En pleno… en pleno… ¡en pleno saqueo! Se había robado muchas cosas de los Helgen.
–Su abuelo que era el jefe en esa época no tuvo piedad de él –se apresuró a agregar Stoick para distraer la conversación –. Ordenó que se atara a Barnstadt a un mástil de un barco y se le lanzara a la mar.
–¿Y lo hicieron?
–Desgraciadamente para Berk, sí –contestó Gobber –. Muchos dicen que los actos de Barnstadt en el pasado habían traído consigo la ira de Thor y finalmente lo alcanzó cuando se encontraba atrapado en el mástil. Un rayó como los de esta tormenta cayó sobre su casco y prendió fuego al bote y también la mayoría de la armada del Berk que se encontraba amarrada en el muelle.
–Fue un día triste en la historia de Berk –soltó Stoick enervado.
–Y para el señor Helgen –completó Gobber –, su honor nunca fue vengado y después de eso nunca pudo volver a dormir en la misma cama en que su esposa….
–¡Gobber! –lo acalló de inmediato Stoick. Y como si su alarido invocara la tormenta sobre sus cabezas, un poderoso rayo descendió del cielo hasta el centro de la aldea. Los habitantes de aquella casa quedaron atónitos mientras que a lo lejos, algunas de las chozas se prendían en llamas.
Cuando finalmente Stoick salió de su estupor llamó a gritos a la guardia de Berk mientras corría a la zona de desastre con Gobber pisándole los talones. Ambos en su prisa, no se percataron de las acciones de los dos gemelos que dejaron detrás. Al igual que su padre, Hiccup y Honey no tardaron más que unos segundos en intercambiar una mirada para lanzarse sobre sus dragones y buscar la ayuda de los demás jinetes.
Mientras en el centro de la aldea, el fuego abrazador se extendió rápido casa por casa, volviendo una tarea mucho más difícil para los rescatistas. Pronto, Berk se llenó de los gritos aterrados de las madre que buscaban a sus hijos entre el caos y los que actuaban desesperadamente por apagar las llamas. Y como una mala jugarreta del destino, justamente la tormenta que desata tal caos, no llevaba consigo ni una gota de lluvia. ¡Freyr! ¿Por qué había desamparado a los vikingos durante el tiempo de necesidad?
Berk ya había sufrido suficiente con los dragones, una terrible helada y los bandidos Outcast. ¿Por qué ahora tenían que acabar en ceniza?
Mientras los pensamientos pesimistas comenzaba a apoderarse de algunos vikingos y las energía de la guardia de Berk se acababa con sus pobres intentos de apagar el fuego con solo cubetas de aguas; la salvación cayó del cielo como el mismo perdón de los dioses… bueno, en realidad fueron los jinetes de dragones que con ayuda de sus bestias, habían trasportado fácilmente agua en barriles, extinguiendo el amenazador fuego.
Los chicos y sus dragones fueron recibidos con bitores de su gente una vez que la última llamarada desapareció y aterrizaron con gracia en el suelo.
–Gracias, gracias –musitaba Snotlout con presunción aceptando los halagos –. Lo sé, lo sé.
Hookfang a su lado solo hizo rodar sus ojos.
–Es una lástima –se quejo Ruff desmontando a Barf –. Esa destrucción estaba de puta madre.
–Sí –confirmó su hermano dolido apartando una lágrima de su mejilla –. Una verdadera obra maestra.
–¡Muy bien hecho, Hiccup! –aclamó Stoick a su muchacho y al resto de los jinetes. Dio tres palmadas en la espalda del chico casi derribando, por suerte Toothless logró atraparlo antes de cayera al suelo.
–Gracias, papá.
–Stoick, el agua extinguió todas llamas –le informó un fiel guerrero a su líder –. Pero las casas quedaron muy dañadas, no podrán ser habitadas hasta que realice las adecuadas reparaciones o podrían colapsar.
Aquellas palabras pesimistas fueron recibidas por murmullos de los Berkianos, pero como buen líder, Stoick actuó de inmediato llamando la atención de su gente a él:
–¡Empezaremos la reconstrucciones de inmediato! ¡Lo que quedaron desamparados tendrán que buscar un lugar para pasar esta noche! ¡El gran salón está abierto a refugiarlos, así como la casa de todo aquel que quiera hospedar a sus compatriotas!
Aunque sus órdenes fueron muy bien recibidas a pesar que la duda aún seguía latente en su gente. Se podía apreciar en sus rostros.
–¿Pero qué haremos si vuelve a suceder?
–Esa no era una tormenta normal.
–Nunca antes había ocurrido algo así.
Pero antes de que Stoick llegara a calmar los bríos, una voz mal intencionada hizo su clásica y pesimista mención:
–Claro que no fue una tormenta normal –poco a poco los habitantes de Berk fueron apartándose de la masa de cuerpos que eran, reunidos y apretujados en el centro de la aldea, para así darle paso al anciano Mildew –, se notaba a leguas que era un castigo divino por nuestros pecados.
Los vikingos murmuraron con mayor intensidad ante tal declaración.
–Oh uh –soltó Hiccup lanzándole una mirada su hermana anticipándose a lo que vendría.
–Es obvio que Thor no está feliz con nosotros y ha decidido castigarnos con esa tormenta.
–¡Espera un momento! –soltó Tuffnut dando un brinco–. ¿Esta destrucción la causó Thor? ¡Qué chingon! ¡Es por eso que es mi dios favorito! ¡Nadie destruye las cosas como Thor!
–¿Y por qué no estaría feliz Thor con nosotros? –le preguntó Stoick tratando de conservar la paciencia con el aciano y el gemelo rubio.
–¿Por qué más puede estar molesto un dios, Stoick? Porque no hemos actuado como es debido ante sus ojos; sus orgullosos guerrero vikingos permiten que los dragones vivan entre su gente…
–Los dragones han probado que…
–¡Pero esa fue solo la primera transgresión! –continuó el aciano mordazmente –. Ya que no ha sido lo único incorrecto en nuestras acciones ¿o me equivoco?
–¡Así es, herejes! –musitó Tuffnut con tono más grave y dramático –. ¡Todos serán castigados por insultar el gran nombre del mismo dios de rayo y destrucción!
–¡Pecadores! –lo apoyó su hermana señalando con un dedo acusador a los demás vikingos –. ¡Pecadores!
Pero antes de que continuara fomentando la histeria, Honey le dio una leve señal silenciosa a Furry para que usara los cuerpos de los gemelos rubios como almohadas y acallara definitivamente sus blasfemias religiosas.
–No están ayudando –masculló la chica mientras leves gemidos de los gemelos rubios salían por debajo del cuerpo peludo de Furry.
–¿A dónde quieres llegar con todo esto, Mildew? –Stoick retomó la conversación sabiendo de antemano las tretas del viejo decrepito.
–El Thawfest –respondió éste con una sonrisa maliciosa de dientes podridos –. Por generaciones ha sido dedicado solamente a nombre de Thor ¿pero qué se ha hecho ahora? Lo realizamos en honor Heimdall.
Ante sus palabras, un silencio casi sepulcral se apoderó de la plaza central de Berk.
Aunque existía un trasfondo en las palabras de Mildew, había algo de verdad en sus acusadoras declaraciones. Por muchas generaciones, tal vez todas aquellas en que los peludos Hooligan vivieron en Berk, había dedicado el Thawfest en honor a la diosa de la primavera y el dios del rayo, pidiendo así por la fuerza de éste y la victoria ante sus pares. Pero con los reciente sucesos que habían cambiado rotundamente la vida en la isla, se había decidido que en aquella ocasión debían celebrar aquel evento de los jóvenes en nombre de Idun y Heimdall, dios de la protección y la luz, y éste así los ayudara en los oscuros tiempos por venir ante el escape y amenaza que era traidor Alvin the Treacherous.
–Maldito saco de huesos –se quejo Gobber escupiendo sus palabras a aquel viejo –. ¿Cómo puedes estar tan seguro de eso?
–Porque no es la primera vez que ha pasado. ¿Acaso debo recordarles a Barnstadt?
–¿Ban… quien? –soltó Snotlout.
–Un pecador –contestó Mildew con dramatismo ganándose la atención de todos los presentes –. La tormenta que nos ha lanzado Thor es igual que la misma que atacó a Barnstadt cuando estaba atrapado en el mástil. Es clara señal de un castigo divino.
–Eso no te toca decidirlo a ti –sentenció Stoick perdiendo la paciencia.
–Soy un anciano, mi voz es sabiduría.
–Pero no eres el sabio de la aldea –lo rechazó Gobber con su mano y garfio sobre su cintura –. Ese puesto solo le corresponde a Gothi.
–Pero en su ausencia, yo soy el más viejo que queda.
¡Huy! Golpe bajo. Efectivamente, la anciana Gothi no se encontraba presente en Berk en aquellos momentos y en realidad estaría ausente por una larga temporada en lo que hacía su acostumbrada peregrinación con las demás viejas de las tribus. Era una antigua costumbre donde compartían conocimientos con sus pares y se quejaban de los más jóvenes, que solo se efectuaba durante la temporada más cálida del año. Por ello no estaría presente para bendecir aquel Thawfest y también fue sencillo cambiar la deidad a la cual se celebraría el festival, así como la razón por la que Honey tenía demasiado trabajo aprendiendo runas.
La anciana le había encargado a la gemela Haddock aprender lo básico de los designios de estos símbolos para antes de que ella regresara a casa, así como practicar una canción de victoria que debería recitar la noche del banquete después de Thawfest en honor del ganador.
Pero regresando a las cuestiones de los viejos, era costumbre que estos fueran los guardianes de las antiguas leyes: el más anciano era el que procuraba por la sabiduría y el segundo por las tradiciones. Cuando el viejo Wrinkly vivía, él era el responsable de la segunda tarea, pero a su partida ésta quedo en manos de Mildew. Y sin Gothi en la isla, su posición era mucho más fuerte como anciano.
–¡Aún así no depende de ti! –insistió Stoick perdiendo la paciencia –, solo alguien con los conocimientos de las runas puede entender el designo de los dioses.
–Y esa solo puede ser una sabia como Gothi… –sentenció Gobber tratando de ayudar – o en su defecto su aprendiz… –y agregó echándolo a perder.
–Oh uh –soltó Honey dándose cuenta lo que eso implicaba. Casi en cámara lenta pudo a preciar como los habitantes de Berk fueron volviendo sus cabezas en su dirección.
–¿Sabes leer las runas? –preguntó el primero rompiendo el silencio del momento.
–¿Conoces los deseos de los dioses? –poco a poco la multitud se fue abalanzado desespera sobre la pobre y pequeña jovencita pecosa.
–¿Sabes lo que depara el futuro?
–¡Hey! ¡Hey! –pidió ella levantando las manos mientras los aldeanos la rodeaban apartándola de su hermano y dragones –. ¡Esperen, aún estoy aprendiendo las runas y a penas estoy empezando a usarlas en la adivinación!
Pero sus palabras en cambio de tranquilizar a los vikingos, estos se emocionaron tratando de captar la atención de Honey. Como ya bien se sabe, los vikingos son terriblemente supersticiosos y la magia genera en ellos tanto miedo, como admiración. Era normal que fácilmente perdieran la cabeza por saber más por el misticismo.
–¡BASTA! –bramó Stoick con un rugido sobreprotector alejando a la muchedumbre de su hija –. Castigo de Thor o no, es suficiente por un día –sentenció fulminando con la mirada a sus súbditos –. Las casas no van a arreglar solas, comenzaremos de inmediato la construcción, luego…. –hizo una leve pausa apretando a Honey a su costado y clavando sus ojos verdes en Mildew – veremos nuestro problema con la divinidad.
Al final, Stoick tenía mucho más poder sobre su gente y poco a poco se fueron marchando a realizar sus obligaciones sin dejar de murmurar entre ellos. Pero el líder vikingo estaba seguro que esa discusión estaba lejos de terminar, en especial mientras escuchaban a Mildew vociferar:
–¡No olviden a Barnstadt!
Chapter 57: La locura de Thor
Chapter Text
La locura de Thor
–Y como si no fuera suficiente presión el constante temor de que pueda estar tramando ahora Mildew, anoche mi padre me remarcó la gran importancia que tiene ganar el Thawfest ante la desconfianza colectiva de fanático religioso que se ha apoderado del pueblo desde la tormenta.
Hiccup soltó su larga cantaleta mientras continuaba martillando arduamente un largo pedazo de metal para darle forma. Junta él, en la forja de Gobber se encontraba Astrid, recargada contra unos barriles escuchando atentamente pero sin mucho entusiasmo, las angustias del gemelo pecoso. Para ella, era más que una tormenta en un tarro de hidromiel, pero siendo vikingos una simple bebida podría traer resultados desastrosos.
–¿Y tú que le respondiste?
–¿Responderle? –soltó el joven sin dar crédito a sus palabras, volvió su cabeza sobre su hombro para lanzarle una mirada angustiada a Astrid –. ¿Qué podía responderle? “Escucha papá no será que exiges un poquito con tus aspiraciones a que resulte victorioso en una competencia estrictamente física, cualidades de la que carezco desde el nacimiento (por cierto, muchas gracias por ello), sin olvidar mencionar que no importa quién gane el Thawfest ya que estoy casi seguro que la mayoría de la aldea encontrara la manera (y posiblemente estúpida) de empeorar la situación. Por que como ya sabes, lo vikingos no tienen muy buenos antecedente manejando el estrés en lo que se refiere a la inminente ira apocalíptica de nuestro dios favorito. Pero… no te preocupes, estoy dispuesto a sacrificarme con gusto por el equipo… una vez mas” –agregó un impresiónate monologó abandonando su trabajo para realizar una serie de pantomimas mientras marchaba a largo de la forja de un lado a otro.
–A mí me parece un argumento razonable –dijo la chica con una leve sonrisa.
–Muy graciosa, Astrid.
–Pero conociéndote –dijo recargando ambos codos sobre la superficie del barril para recargar su barbilla en ambas manos –probablemente te quedaste callado y aceptaste todo el peso del mundo entero en tus hombros de nuevo.
Toothless que dormía hecho un ovillo en una orilla de la forja soltó fuerte un resoplido y alzó la cabeza dándole la razón a la chica rubia.
–El peso del mundo entero suena muy extremo ¿no? –la contradijo Hiccup –. Yo solo diría que del mundo conocido.
–Hiccup –lo llamó ella endureciendo la mirada en manera desaprobatoria.
–Lo sé, los sé –se rindió finalmente él volviendo a su martillo que muy apenas podía levantar con una mano –. Pero puedo asegurarte que con mi nuevo plan todo se resolverá, de eso estoy convencido.
El dragón de ébano volvió a soltar un resoplido en total desacuerdo.
–Yo pienso igual que Toothless –confesó Astrid con tono burlón, aunque realmente en el fondo se encontraba preocupada de la nueva idea loca de Hiccup.
–Wow, su apoyo incondicional me conmueve –declaró el chico con acido sarcasmo –. Por cierto, les pediste a los demás que vinieran antes del medio día ¿verdad?
–Por supuesto –contestó Astrid fingiendo estar ofendida. Se apartó del barril donde había estado recargada toda la mañana y se aproximó al chico pecoso que tenía dificultades para aplastar un cierto pedazo de metal poco cooperativo –. Aunque ya los conoces, no son precisamente el ejemplo modelo de la puntualidad y el orden. Además, no estoy muy segura que Snotlout despierte tan pronto con el fuerte puñetazo que le di –confesó ella con calma mientras examinaba sus rosados nidillos que continuaban algo irritados por el contacto físico con la nariz joven patán.
–¿Se puede saber que hizo ahora para ganarse tremendo castigo?
–No mucho, solo existir.
–Astrid –soltó Hiccup imitando el tonó que ella utilizó primero en él.
–¡Arg! ¡¿Qué querías que hiciera?! Tan pronto llegué a su campo visual, fue suficiente para que intentara desplegar sus encantos como un yak en celo. Aunque confieso que preferiría mil veces al yak.
Hiccup no pudo evitar una carcajada. Eran esos los momentos que más atesoraba y la razón por la que le encantaba estar con Astrid. Tal como cuando eran apenas unos críos. La joven Hofferson siempre encontraba la manera de cambiar su humor.
–¿No te molesta? –preguntó de repente ella sacando al gemelo Haddock de sus pensamientos.
–¿Eh?
–¿Qué Snotlout me coquetee? –dijo ella en tono más bajo y con algo de seriedad –. Ustedes están emparentados y… él sabe… que tú y yo… –por alguna razón la voz de Astrid se fue perdiendo y su rostro tomó un leve color carmín.
–Bueno, yo… –masculló Hiccup imitando el sonrojo en su rostro mientras rascaba nerviosamente su nuca –no sabía… que hubiera un nosotros…
Su tonto comentario lo hizo ganarse un ligero puñetazo de la rubia en el hombro, pero suficiente para dejarle un tremendo moretón que aparecería el día siguiente.
–Solo bromeo… –agregó nervioso evitando a toda costa de la chica rubia a su lado que esperaba con ansias su respuesta –. En realidad, no me afecta... porque sé –se apresuró a completar ante la cara de sorpresa de Astrid –que en realidad no éstas interesada.
Astrid no pudo evitar sonreír ante sus palabras.
–Además, es interesante ver cuánto castigo puede recibir Snotlout antes de que aprenda la lección –dijo Hiccup tratando de aminorar el ambiente –y esto lo digo con solo con fines experimentales. No porque lo disfrute.
–Claro –contestó la rubia con claro escepticismo, pero sin dejar de sonreír.
–Y regresando para el Thawfest ¿Estás lista?
–¿Lista?
Ante las palabras del chico, Astrid le arrebató el martillo de las manos con gran facilidad para luego comenzar a realizar piruetas con éste usando leves movimientos de sus muñecas. Lo lanzó en el aire un par de veces antes de atraparlo sin siquiera mirar y terminando su demostración dando un fuerte golpe al pedazo de metal que Hiccup había estado toda la mañana intentando doblar, emparejándolo por completo.
–¿Eso de deja alguna duda? –coqueteó Astrid levemente y guiñando un ojo, antes de regresarle su martillo al gemelo pecoso.
–Nop –dijo él tajantemente –. No me queda duda con ese descarado desplante de habilidades que dejan en ridículo cualquier intento de probar mi masculinidad.
Astrid soltó tremenda carcajada que enrojeció sus mejillas. El verla tan feliz sacudió por un momento el corazón de Hiccup y por unos breves segundos olvido todos los problemas que cargaba sobre su espalda.
El agradable momento, así como la risa de Astrid, fueron interrumpidas por un potente barullo que se intensificaba a las afueras de la herrería. Al asomarse por una de las ventanas para descubrir la fuente de tal caos, ambos jóvenes vikingos se toparon con la gemela Haddock, marchando furiosa hacia aquella construcción seguida de cerca por una horda de vikingos. Cada uno de ellos no paraba de hablar en lo que preguntaban una y otra vez a la chica, mientras las frases que salían de su boca perdían significado ante la mezcla de palabras de todos los parlantes.
Se notaba con claridad como Honey fingía ignóralos mientras avanzaba con la mirada clavaba al suelo y con los puños apretados. Lo único que impedía que la muchedumbre cayera de lleno sobre la pequeña y delgada jovencita, era porque ésta se encontraba protegida por su fiel Howl. Incluso cuando estaba a un par de metros de entrar en la herrería, Furry se volvió furioso hacia los vikingos y con un potente gruñido los desalentó a continuar con su persecución.
–¿Qué fue todo eso? –fue lo primero que le preguntó su hermano tan pronto ella y Furry entraron por la puerta.
–Histeria colectiva, Hiccup –respondió Honey sacudiendo sus brazos –. Histeria colectiva.
Furry se adentró más en la forja hasta llegar con Toothless. El nightfury alzó la cabeza para saludarlo, pero en cambio el howl ignoró por completó sus movimientos y se dejo caer de lleno sobre el cuerpo de Toothless usándolo como almohada.
–Desde el día de ayer en que Gobber tuvo la fantástica idea de mencionar que estudio las runas –explicó Honey –, todo insisten a que les diga que les depara el futuro o peor aún, quieren saber porque Thor está enfadado con la aldea –refunfuñó la chica castaña dando un leve pisotón –. ¡Como si a mí me importara que carajos pasa en la cabeza de un dios!
–Shush –la cayó de inmediato Hiccup sacudiendo sus manos –. No digas esas cosas; o al menos cuando están otros cerca de ti. Algunos no queremos que nos caiga un rayo en la cabeza.
Honey le sacó la lengua en respuesta.
El antiguo arte de leer las runas era una tradición muy antigua que difería de leer y escribir. Los símbolos que se usaban eran diferente y con otros significados, algunos muy complejos para entenderlos a simple vista. Era una acción que en general usaban los sabios, ancianos y valas para descifrar el futuro, las estaciones de cultivo, las estrategias de guerra, los tratados de paz y por supuesto, los designios de los dioses. Los vikingos que eran muy supersticiosos, acudía cada vez que podían a la lectura de las runas, incluso era tradición para los líderes de las tribus acudir a un lector de estos símbolos para determinar el nombre que debía llevar su heredero.
–Pero no te preocupes, Honey –le aseguró Hiccup a su hermana levantando ante ella el pedazo de metal que había estado trabando toda la mañana –. Con este plan finalmente calmaremos la ira de Thor.
Honey le contestó con una mirada exceptiva.
Justamente aquella mañana, Hiccup y Astrid habían acudido ante el consejo de Berk y el jefe Stoick para plantear la reciente idea del muchacho que consistía en construir la primera y más duradera estatua de Thor… hecha con metal. Los percheros que construyeron para los dragones demostraron ser lo suficientemente resistentes al soportar la tormenta de rayos del día anterior, por lo cual pareció el mejor material para llevarlo a cabo. Aunque para Astrid (quien no era una persona muy devota) la idea de la estatua le parecía algo completamente inútil; pero los miembros del consejo estaban desesperados y temerosos, y Stoick dispuesto a aceptar lo que fuera con tal que calmara los ánimos.
Así que sin más problemas aceptaron el plan del chico Haddock. Ya solo Hiccup necesitaba la ayuda de todos los jinetes y sus dragones para armar la estatua antes de que iniciara el Thawfest (día en que justamente se revelaría). Pero planearlo era mucho más sencillo que llevarlo a cabo.
–¿Se puede saber que les pasa a ustedes, par de tarados? –soltó Astrid altiva tan pronto vio a los dos gemelos Thorston.
Una vez que todos los jinetes con sus dragones se reunieron frente a la herrería los dos hermanos rubios destacaron de los demás ya que vestían un par de largas sotanas negras, cuyas capuchas cubrían sus huecas cabezas.
–¡Silencio!... pecadora –soltó Tuffnut señalando acusatoriamente a Astrid, quien no se intimido en lo más mínimo –. Tus palabras son blasfemia para los seguidores devotos de la religión del verdadero dios.
–¿El verdadero dios? –preguntó Fishlegs.
–¡Dios de la destrucción! ¡Dios del caos! ¡Dios de la genialidad! –vociferó Ruffnut alzando sus brazos al aire.
–¿Y ese sería…? –se animó a preguntar Hiccup.
–Thor nada más y nada menos.
–¡Thor protégenos! ¡Thor sálvanos! ¡Thor aplasta con tu rayo a los pecadores con el más grande espectáculo de llamas y luces!
Un resoplido colectivo de los demás jinetes se apoderó de la escena en lo que los gemelos Thorston hacía su danza al cielo.
–Ahora si se… –soltó frustrada Honey. Para la gemela había sido una pésima mañana con todo mundo invadiendo su espacio personal para preguntarle cuales eran los designios de los dioses; lo que menos necesitaba era un par de idiotas con una nueva secta de un dios único –. Primero: Thor no es el dios de la destrucción, ni del caos o la genialidad; segundo: ¿quien le dio a entender que podían ser sus profetas? La gente ya está suficientemente asustada para que ustedes salgan con tales estupideces.
–Aaaahhh –musitó Tuffnut dando un paso atrás ofendido –. ¡Blasfema! ¡¿Cómo osas de insultar de esa manera la verdadera religión?! ¡Barf, Belch! ¡Quemen a la bruja por impía!
–¡¿Qué?!
Pero antes de que alguien pudiera generar una respuesta, el zippleback dio un par de pasos hacia a Honey creyendo que se trataba de un juego, mientras que una de sus cabezas comenzó a producir chispas. La postura del dragón fue lo suficientemente alarmante para que Furry diera un salto hacia adelante defendiendo con su cuerpo a su delgada jinete. El Howl detuvo los ademanes del zippleback con un estruendoso rugido.
–¡Wow! ¡wow! ¡wow! –Hiccup también avanzó hacia adelante seguido de cerca de su nightfury e interponiéndose entre los dos dragones –. Nadie va a quemar a nadie.
–¿Bruja? ¿Me llamaron bruja? –exclamó Honey a los gemelos sin poder creerlo.
Astrid y Snotlout no pudieron evitar soltar unas leves risitas.
–Hey, Thorstontos –los llamó el chico Jorgenson ignorando completamente el momento tenso y trayendo la atención a su persona –. Y esta religión suya ¿Qué cosa profesa?
–Es sencillo –explicó Tuff tranquilamente como si nada hubiera pasado –. La tormenta de ayer eran clara señal de que Thor está furioso y que esta por lanzar el ragnarok sobre nosotros. Debemos concentrar nuestra adoración a él para salvarnos del fin del mundo.
–¡Pero el ragnarok no es controlado por Thor! –gritó Honey irritada por la inexactitud de los hechos que relataba el gemelos rubio.
–Así que hay rezar solo en el nombre de Thor –la interrumpió Ruff descaradamente sin evitar sonreír –, seguir las palabras de sus dos profetas… –agregado indicándose a ella y a su hermano.
–Y sobre todas la cosas, dedicar solo uno de tus días a alabar al único dios –completó Tuff satisfecho de sí mismo.
–O sea ¿Qué solo debo dedicar un día a la semana a rezar a Thor y tendré un lugar seguro en el Vallhala?
Los gemelos Thorston asintieron al mismo tiempo. Snotlout alzó su puño al cielo satisfecho con la respuesta, mientras que Astrid y Fishlegs negaban levemente con la cabeza y Honey se cubría el rostro con horror.
–De acuerdo… acólitos de Thor –los llamó Hiccup tratando de conservar la calma en aquella locura matutina –. Antes de que continúe reclutando seguidores para su secta, hay una estatua a su dios único que debemos armar y será mejor que trabajemos pronto antes que el fin del mundo caiga sobre nuestras cabezas ¿sí?
Sorprendentemente, los jinetes acataron la orden de Hiccup a la primera y comenzaron a armar la estatua de Thor de metal; pero lo que era más sorprendente aún, que el joven pecoso ingenuamente creyó por unos breves minutos que todo resultaría bien así de fácil. Pronto descubrió el problema de poner a un grupo de jóvenes revoltosos y sus dragones escupe fuegos en tal tarea no era tan buena idea después de todo.
Hiccup tardó casi una hora en convencer a los gemelos rubios que Thor no tenía cuatro brazos. Honey no fue de mucha ayuda en ello, ya que cada vez que trataba de corregir a los Thorston insistían en que su alma sería devorada por gigantes de hielo en el Hel.
–¡No hay gigantes en el Hel! –vociferó Honey prácticamente jalándose el cabello en frustración. Su hermano tuvo que retirarla de la escena antes que sufriera un ataque neurótico.
Tampoco Astrid resultó de gran ayuda, ya que la rubia tenía sus propio problemas lidiando con Snotlout, quien insistía en impresionarla con sus desplantes de fuerzas que solo conseguían arruinar el metal forjado de la estatua. Actos que imitaba Hookfang provocando un daño mayor.
Y por último estaba Fishlegs, quien equivocó dos veces las piernas y los brazos dejando un Thor bastante deforme.
–Cuando las piernas y brazos son tan robustos, es difícil diferenciar –se justificó el joven regordete apenado frente a la anormal figura de metal.
Ya pasaba más de medio día y no había logrado terminar la escultura que estaba planeada en armarse en tan solo quince minutos. Para desgracia de Hiccup, y sus nervios, su padre hizo su aparición en compañía de la mayoría de los vikingos del consejo en su acostumbrada inspección de la aldea.
–No sabía que Thor tenía manos en lugar de pies –señaló Stoick a su hijo una vez que le echó un vistazo a la escultura de metal.
–Lo sé –se quejo Hiccup dejando caer los brazos a sus costados, mientras Fishlegs se sonrojaba de la vergüenza.
Stoick soltó un leve resoplido en lo que sus manos reposaron en sus anchas caderas. Aprovechó un momento en que los vikingos que los acompañabas se dispersaron alrededor de la estatua, para susurrarle a su hijo al oído:
–¿Espero… que tengas todo en control como dijiste?
El tono burlón de su padre le dejo claro a Hiccup que éste lo estaba poniendo a prueba. Generalmente, el muchacho respondería tal comentario con un chascarrillo sarcástico, pero debido a la poca paciencia que le quedaba de una eterna mañana de locura, el humor de su padre le pareció inoportuno.
–¡Todo está en control! –dijo él con firmeza en lo que tomaba de nuevo un martillo y comenzó a dar un par de golpes a la estatua –. ¡Lo tengo muy bien controlado! –sentenció seguro imitando la postura altiva de su padre, pero con su último golpe desequilibro la chueca escultura de metal que comenzó a inclinarse hasta caer de espalda con un fuerte estruendo.
Todas las miradas se enfocaron solo el joven Haddock que continuaba con la misma postura, con la mirada firme y una sonrisa débil. Toothless ocultó la cabeza entre sus patas delanteras en lo que Hiccup continuaba dando la espalda a la estatua derrumbada.
–Eso fue planeado –dijo al final el chico indicando a su padre con el martillo, pero un leve tic en el ojo denotaba lo cerca que estaba por perder la cordura.
–Aja.
–A este ritmo primero terminara el Thawfest antes de que la estúpida estatua esté lista –indicó Snotlout airoso a Astrid al otro lado la plaza central de la aldea–. Que será una lástima que no esté en mi coronación de victoria.
–Ahora eres tú el que perdió la cabeza, Snotlout –le respondió la chica con una fingida carcajada antes de darle la espalda y continuar martillando un pedazo de metal que serviría como el ancho cinturón de Thor.
–Vamos, nena –dijo el joven Jorgenson –. Yo sé que la que pierde la cabeza por mí eres tú –agregó alzando los brazos presuntuosamente. Astrid no tuvo que ingeniárselas para darle una respuesta despectiva, porque casi inmediatamente el padre de Snotlout lo llamó a gritos.
El joven moreno que estaba muy acostumbrando a acatar de inmediato las palabras de su progenitor dio un leve respingo, antes de correr a un lado de Spitelout como un chicuelo temeroso.
–¿Señor?
–Tranquilo muchacho, no pasa nada –dijo Spitelout suavizando su tono de voz, pero a experiencia de su hijo, no era algo de fiar–. Solo quiere saber si estás listo para mañana.
–Claro –respondió Snotlout relajándose antes de volver a adoptar una postura petulante –. Jorgenson somos los campeones del Thawfest.
–Así es, mi muchacho –respondió su padre orgulloso posando su enorme y musculoso brazo en el hombro de su hijo, pero más que un acto de apoyo, era con la intensión de acercarlo a su persona y hablarle al oído lo suficientemente fuerte para que Astrid (a un par de metros de ellos) los pudiera escuchar –. Pero como futuro campeón debes de reconsiderar tus opciones.
–¿Qué quieres decir?
–Bueno, los Jorgenson son campeones natos. Nuestro clan es uno de los más fuertes de Berk y…. bueno, no debemos manchar nuestro gran nombre mezclándonos con otros que no están a nuestro nivel.
Snotlout no pudo evitar alzar una ceja ante el comentario de su padre. Desde que tenía memoria, para el joven moreno su progenitor era un ejemplo de gloria y honor, a pesar de ser un hombre presuntuoso, estricto y orgulloso. Snotlout quería crecer y ser como él, y Spitelout quería lo mismo, así como la gloria de su clan siguiera en lo alto y haciendo competencia con los Haddock. Snotlout no era ajeno a la presión por ello, pero a diferencia Hiccup, él chico Jorgenson cubría más fácilmente las expectativas de un adolecente vikingo. Y su padre quería que continuara así.
–No he podido evitar notar tus avances a Astrid –dijo Spitelout.
–La tengo babeando por mí –respondió el hijo orgulloso y petulante.
–Y no puedo negar que es bastante agraciada y que tienes muy buen gusto. Por desgracia, ella viene de un clan en decadencia…
–¿Eh?
–No quiero decir que Astrid busque aprovecharse del nombre de nuestra familia, pero es fácil ver para quien sería más provechoso.
–Papá –dijo el joven –. ¿Quieres decir que debo alejarme de Astrid?
–No, no, no –corrigió Spitelout con una sonrisa –; pueden seguir siendo amigos… y tal vez no hay nada malo en algo de diversión ¿verdad? –guiñó descaradamente un ojo a su hijo –. Pero debes tener presente que nada serio puede haber con esa chica. Ella no está nuestra altura.
Snotlout se quedo mudo, con la boca entre abierta como un pescado a punto de morir asfixiado. Sus ojos, tan grandes como platos quedaron enfocados en su padre, mientras su mente se quedo en blanco.
–No te preocupes –terminó Spitelout dándole a su hijo unas ultimas palmaditas en su mejilla –. Habrá chicas mejores y más dignas de ti –y sin más, marchó con los demás miembros del consejo que continuaron con su patrulla de la tarde alrededor de la aldea.
El joven Jorgenson se quedo mudo sin saber que pensar o decir, simplemente salió de su trance cuando algo lo golpeó en el hombro al pasar a su lado.
Astrid lo había escuchado todo.
–Hey, Astrid –la llamó Hiccup al verla pasar con la cabeza baja pero con paso decidido en dirección del bosque de Berk seguida de cerca por Stormfly –. ¡¿A dónde vas?! ¡Necesitamos tu ayudad! ¡Astrid! –le gritó una y otra vez mientras ella se alejaba cada vez más fingiendo no escucharlo.
Hiccup habría ido detrás de ella, pero por desgracia el peso de una de las piernas de la estatua caía sobre sus brazos.
Por su parte la muchacha continuó con paso firme, ignorando su alrededor o las lagrimas que se escurrieron por su mejillas. Ella tenía que continuar entrenando…. Había un Thawfest por ganar.
Chapter 58: Saca lo peor de ti
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Saca lo peor de ti
Finalmente el día había llegado… no había vuelta atrás… el Thawfest estaba por iniciar.
Hiccup se encontraba impresionado de que en tan poco tiempo hubieran logrado decorar maravillosamente la academia de dragones con los clásicos y coloridos estandartes tejidos, las banderas que ondeaban con la ligera briza de la mañana y las estacas llameantes, que ocultaba a la perfección las gritas en la roca a causa de los golpes de los gronckles y las quemaduras por nightmares. Su primera vuelta por el lugar lo dejo maravillado del importante evento que estaba por llevarse a cabo en su isla (y su padre había tirado la casa por la ventana) y eso a pesar de no ser la primera vez que presenciaba tal competencia, pero esa sería la primera en que participaría.
Ya desde muy temprano, casi toda la aldea se encontraba presente en la periferia de la arena, buscando los mejores puntos donde se podría contemplar como los jóvenes vikingos realizaban pruebas que solo dementes realizarían.
Mientras, Toothless se sentía un poco inquieto con la gran cantidad de gente apretujada en un solo lugar, además por el ambiente competitivo que exudaba los hooligans ese día en particular. Los gritos no tardaron en llenar el recinto en lo que discutían por futuro ganador. El dragón de ébano se sentía algo aturdido y no despegaba su grande y aplanada nariz de las rodillas de su jinete.
–Tranquilo, amigo –le dijo Hiccup consoladoramente después que el dragón chocó con sus delgadas piernas y casi lo derriba por completo. Acarició afectivamente las escamas negras sobre su cabeza, en lo que susurraba con cariño –. No te preocupes, hoy no te toca realizar ninguna exhibición frente a ningún enardecido vikingo peludo.
El dragón de ébano soltó un leve gruñido suplicante.
Pero como dando veracidad a sus palabras del muchacho, un escándalo llamó atención del jinete y su dragón, haciéndolos levantar la cabeza y captar lo que sucedía a unos cuantos metros de ellos. Al parecer otra multitud de aldeanos habían logrado acorralar de nuevo a Honey contra una de las paredes de la arena.
–Y hablando de enardecidos vikingos –dijo el chico –. ¡Vamos, Toothless! –animó a su dragón a seguirlo a toda la velocidad que le otorgaba su corta pierna y prótesis, en rescate de su hermana gemela.
Cual fue la sorpresa cuando a unos cortos metros pudo descubrir que en realidad Honey no se encontraba asediada, en cambio, reía y platicaba con los vikingos a su alrededor simpáticamente (algo casi bizarro en ella), mientras Furry reposaba su redonda cabeza sobre su patas en calma justo detrás de su jinete.
–¿Qué? ¿eh? ¿Cómo?... ah… –balbuceó Hiccup sin comprender que sucedía una vez que llegó junto a su gemela y los aldeanos se fueron dispersando cada uno más feliz que el anterior –. ¿Se puede saber por qué estas sonriendo? ¿Acaso me perdí de algo? –dijo el chico ante la gran curva en los labios de Honey y su repentino cambio de humor.
–Nada importante –dijo ella sacudiendo en sus manos un saquito de cuero donde se podía escuchar el metal chocando entre sí –, solo que los dioses favorecen a Tuffnut seis a uno sobre Fishlegs y la posibilidad de que Astrid golpee a Snotlout en la primera competencia es del noventa seis por ciento.
–Eh… ¿Qué? –musitó Hiccup sin entender en lo más mínimo el farfulle de su hermana.
Ella soltó un leve resoplido ante contestar:
–Hiccup, después de los sucesos de ayer, pase toda la noche en vela pensando en cómo nuestra cultura sucumbe tan fácil ante la incertidumbre espiritual, lo simple en que la gente cree todo aquello que posee algo de misticismo solo por la promesa de mejorar su existencia, e igualmente la desesperación que sienten por conocer cada pensamiento y deseo oculto que puedan tener los dioses hacia nosotros; y por ello, aceptan sin miramientos la adivinación, la lecturas de runas y cualquier otro método que les dé a conocer cierto aspecto del futuro, aunque eso signifique mi tormento con constantes preguntas como: ¿quién será el ganador del Thawfest? ¿Cual es significado de la vida? ¿Por qué estamos aquí? y bla bla bla. Y mientras yo sufro en el Hel, por el otro lado están los gemelos…
La chica indicó durante su monologo al par de hermanos rubios que se apreciaban a la distancia aún vestidos con sus llamativas sotanas negras, en lo que a sus pies, Cluless Nobrain y Helly Thickerman se inclinaban en exageradas reverencias.
–Ellos no tienen ni la menor idea de lo que están diciendo –señaló Honey con claro fastidio en su voz –, pero todos están dispuestos a creerles de inmediato debido a la voluble que son sus creencias y su necesidad por tener el control de lo desconocido. Tuff y Ruff pueden estar haciendo simple burla de ello sin captar el verdadero contexto de sus actos, aún así obtienen ciertos beneficios sin darse cuenta…
Hiccup no pudo evitar rodar los ojos. Cualquiera que conociera bien a Honey (que en realidad eran pocos) estaba muy consciente de su desprecio por las creencias de su propia cultura, principalmente por el acto de poner la vida de uno en manos de los dioses y por ello perder el control sobre la misma; algo que siempre había molestado a su hermana al ser una mujer en una cultura vikinga, donde su género y posición social le quitaba ciertas libertades. Por lo cual, sabía que nada bueno vendría con aquella declaración:
–Eso me dio una idea.
–¿Idea? ¿De los gemelos? –señaló Hiccup con escepticismo –. Esos son dos conceptos que ni en un millón de año pensé que podrían ir juntos.
–Lo sé, demándame –soltó Honey encogiendo los hombros y retomando su tono jovial –. Pero no podía dejar pasar la oportunidad.
–¿Oportunidad de qué? –a Hiccup no le gustaba para nada el rumbo que estaba tomando la conversación.
–De darle una lección a toda la aldea sobre lo falsas que son sus creencias.
–Oh no…
–Oh sí. Si ellos quieren saber qué es lo presagian las runas sobre lo que sucederá en el Thawfest, les daré la predicción que desean.
Los vikingos eran competidores, les encantaba demostrar quién era mucho más fuerte, rápido y mejor que los demás; pero había algo que les gustaba aún más que competir, y eso era apostar: quien sería el primero en romperse una pierna en la competencias de invierno, cuando la señora Ack dejaría finalmente a su marido, y por supuesto, que joven adolecente era quien se coronaria victorioso del Thawfest. El deseo de ganar podía ser tan fuerte, que era acostumbrado que los vikingos rezaran a sus dioses por cosas tan banales como ganar una apuestas; por lo cual, sería fácil de comprender que cualquiera estaría dispuesto a todo por tener un poco de ventaja… como el que otorgaba la adivinación.
–¡Honey! –la reprimió Hiccup tomándola de los hombros–. No puedes estar mintiéndole a la gente sobre cuáles son los designios de los dioses.
– ¿Por qué no? –soltó ella liberándose de su agarre –. La gente es muy voluble con el respecto a los dioses, que cualquiera puede decir o predicar lo que sea –de nuevo indicó a los gemelos Thorston que realizaba una contorsionarte danza de la victoria, mientras sus seguidores les aplaudían – y lo creerán, ya que necesitan tener un poquito de control en lo impredecibles que son sus vidas. Así que les demostraré de una vez por todas que no hay nada mágico en la adivinación –sentenció con casi malicia sacudiendo su saquito de monedas –, y lo mejor es que puedo sacar provecho de ello.
–¡Honey! –la volvió a regañar su hermano –. ¡Los estas estafando!
–Tú lo llamas estafa, yo lo llamó actividad lucrativa.
–Sabes, podrías decirle a papá lo que estás haciendo –la amenazó Hiccup con fuerza. Siendo sinceros, Hiccup también pensaba que la cantidad de fe que ponían algunos vikingos en los deseos de los dioses sobre sus vidas resultaba ridícula, especialmente con la manera en que Mildew estaba abusando de ello. Incluso, para ser un creyente, el gemelo pecoso era bastante liberal, pero aunque no concordaba con algunas de las prácticas más antiguas y costumbre, al menos las respetaba.
Honey no.
–No dirás nada Hiccup –respondió ella alzando su dedo hasta la nariz de él, como rara vez lo hacía –. Porque sé muy bien quien fue el responsable de perder la piedra mágica de papá y en donde terminó –contraatacó Honey haciendo memoria de cómo Hiccup uso el imán de su padre (un regalo del jefe Basheem) para tratar de alcanza una espada que tiró por accidente en el pozo de la aldea y al final terminó perdiendo la piedra también –. Creo que eso no le hará nada feliz.
Ante la contra-amenaza de su hermana, Hiccup abrió los ojos tal cual platos y sus músculos se congelaban; mientras, ella, recuperó su curvada sonrisa. Sin decir más, Honey se alejó de su hermano sacudiendo su pequeño monedero y en compañía de su dragón, en lo que su gemelo se quedo paralizado con la palabra en la boca.
Una vez que se recuperó de la impresión, el chico se volvió a su amigo dragón de escamas oscuras y le dijo:
–Tú… no escuchaste nada.
Hiccup esperaba que el pequeño altercado (y chantaje) de su hermana fuera lo más perturbador por enfrentar a esa mañana, pero estaba muy equivocado. Después de que perdió la vista de su estafadora gemela, se topó precisamente con toda la comitiva Jorgenson que no perdieron la mínima oportunidad de recordarle al muchacho la racha ganadora que tenía su clan primo. Incluso para su sorpresa y desagrado, descubrió que Snotlout contaba con su animador personal, el pequeño Gustav Larson, que imitaba a la perfección su grito de victoria. Pero eso no fue todo, después tuvo que calmar los bríos de algunos nuevos seguidores de la secta de los Thorston que estaban a punto de llevar un sacrificio humano frente a la nueva estatua de acero del dios Thor, para otorgarles la victoria en la competencia a los predicadores de su nueva religión.
Y cuando pensaba que lo peor ya había pasado, llegó la cereza del pastel.
–Hey Astrid –saludó Hiccup alegremente a la rubia al verla marchar decidida en su dirección. Ver un rostro simpático y sus enérgicos ojos azules le alegraría el día que por sí ya lo tenía terriblemente consternado.
–¡Hazte a un lado Haddock! –vociferó ella sin siquiera dirigirle una mirada. Marchó a un lado de él, hasta casi empujarlo y continuó derecho hasta entrar en la arena.
El joven pecoso la vio marcharse aún con la mano alzada en un saludo que no fue bien recibido.
–No fue mi imaginación ¿verdad, Toothless? –preguntó volviéndose al dragón aún lado de él –. Esa era Astrid Hofferson, no la chica impulsiva e intolerante de hace un año que me odiaba ¿verdad?
Toothless soltó un gruñido y he hizo un ademán con la cabeza similar a como si encogiera los hombros.
–Cuando esto no podía ponerse peor–soltó de ultimó el gemelo antes de adentrarse desanimado a la arena.
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Al menos, como pequeño consuelo para Hiccup, la ceremonia de inició de Thawfest se realizó sin contratiempos o excentricidades. Su padre tuvo la prudencia y compasión de no incluir ninguno de sus chistes (que generalmente lo tenían como protagonista) durante su discurso de inicio. La estatua de Thor de acero fue revelada al resto de la aldea sin que se cayera en pedazos durante el proceso y todos quedaron impresionados con el resultado. Ni siquiera Mildew tenía forma de quejarse.
Así que sin más contratiempos, iniciaron las competencias.
El Thawfest no era muy complicado, se realizaban una serie de competencia a lo largo de dos días. En cada una de la competencia se otorgaban puntos a los primeros tres lugares: tres puntos para el primero, dos para el segundo y uno para el tercero. El ganador resultaba ser el que hubiera alcanzado la mayor cantidad de puntos sobre sus competidores, así de simple.
Pero en las competencias de ese año se realizaría un ligero cambio. Debido a que los participantes eran los primeros y únicos jinetes de dragones, el segundo día de las competencias se llevaría a cabo solo pruebas que incluyeran a los dragones.
Por primera vez Hiccup pensaba que tenía la posibilidad de realizar un buen desempeño en una competencia con la ayuda de Toothless, pero primero debía sobrevivir al primer día del Thawfest.
Y como era de esperarse, Snotlout tomó fácilmente la delantera. El joven Jorgenson tal vez fuera un patán… ¿qué digo? ¡Era un patán! Y un pesado…. para nada brillante… y su olor corporal tampoco resultaba agradable, pero se le debía dar el benéfico de la duda ante lo fácil que dominaba las pruebas. La mayoría de ellas consistía en actos físicos, desde mantener el equilibrio, correr, cargar objetos, lanzarlos y volverlos a cargar, evitar obstáculos, dar golpes, recibirlos, destruir cosas, todas las actividades que requerían esfuerzo físico.
Como era de esperarse, el joven Haddock apestaba en todo ello. No duro ni cinco segundos en el tronco rodante, llegó de ultimo en la carrera de obstáculos, nunca pudo levantar la piedra que era de su mismo tamaño, la hachas que lanzaba nunca alcanzaron la diana y en lucha cuerpo a cuerpo, Ruffnut lo derribó después de cinco minutos (que en realidad, había mejorado su marca personal).
A los demás jinetes las cosa no fueron tan terribles; como ya se mencionó, Snotlout terminó el día uno de la competencia en primer lugar ganando casi todas las pruebas o al menos quedar en los primeros tres lugares; su fuerte fueron la competición aplastar barriles y recibir más golpes en la cabeza. Astrid le seguía de cerca por muy pocos puntos; la rubia había cambiado radicalmente su actitud para la competencia, no había actuado tan salvaje y decidida desde el entrenamiento contra dragones; salió victoriosa en el lanzamiento de hacha y la prueba de equilibrio. Los espectadores se encontraban divididos en quien apoyar si al joven moreno petulante o a la enérgica rubia.
Tuff y Ruff no se quedaron atrás, en un par de ocasiones alcanzaron a entrar en uno de los primeros tres lugares, obteniendo así puntuaciones bastante decentes; pero su principal problema radicaba en el constante saboteo que se infligían el uno al otro. Tuff sobresalió en la carrera de obstáculos en llamas soportando como un campeón las quemaduras de tercer grado y su hermana triunfó sin esfuerzo en la competencia de robo de calzoncillos.
Fishlegs nunca había sido el mejor atleta y hasta en cierta forma competía con Hiccup por el título del peor en el Thawfest. Aunque era un titulo que Hiccup dominaba sin esfuerzo, ya que cuando llegaron a las competencias de glotones, Fishlegs aplastó a todos coronándose en cima por primera y única ocasión a devorar por completo unos cien pasteles de cangrejo.
El cuerno de batalla resonó para el final de las competencia ya entrada la tarde, donde la muchedumbre de espectadores comenzaron a dispersarse en lo que comentaban fascinados el buen desempeño de los muchachos y su predicciones del posible ganador del Thawfest.
Hiccup dejo que la mayoría se marcharan a sus respectivos hogares, dejándolo prácticamente solo en la academia. El chico pecoso dudo en regresar de inmediato a su hogar, donde su padre sin duda tendría algunas palabras dedicada sobre su desempeño de ese día. Por el momento no tenía deseos de inventar escusas y había otros detallas que le preocupaba más que su puntuación.
–¡Astrid! –la llamó a la rubia a todo pulmón antes de que ésta abandonara al igual que toda la academia, caída ya la tarde. Pero la chica no se detuvo y continuó con su camino como si no hubiera escuchado nada.
Durante todas las pruebas del día, Astrid había actuado radicalmente diferente. Sí, ella era una persona dura y apasionada, pero aquel día en particular sus actos estaban carentes de corazón. La rubia había actuado con brutalidad, sin temor de enfrentar a sus compañeros jinetes e incluso a apartarlos de su camino si era necesario. Como era costumbre en cualquier competencia vikinga, aquel nivel de brutalidad no era castiga sino hasta fomentada, pero definitivamente era una actitud inusual en Astrid Hofferson, y Hiccup averiguaría que era lo que le sucedía.
–¡Astrid! – la llamó nuevamente tomándola de hombro para impedir que continuara con su marcha, pero la joven rubia reaccionó de inmediato dando un giro violento y alzando su hacha de manera defensiva.
–¡¿Qué quieres?! –rugió ella amenazadoramente.
–¡Wow! ¡Calma Astrid! –exclamó Hiccup espantado cubriéndose el rostro con ambo brazos, en lo que Toothless detrás de él daba un ligero brinco –. ¡No me mates! ¡Soy Hiccup!
La rubia dio un leve suspiro y para consuelo del joven pecoso, bajo su arma.
–¿Qué quieres, Hiccup? –preguntó ella con más calma.
–No arriesgar mi vida por saludar a alguien, sería algo bueno para variar.
Su comentario se ganó una mirada inquisitiva por parte de Astrid, por lo cual pronto añadió:
–¿Quería saber si te encontrabas bien?
–¿Por qué no debería estarlo?
–Eh… no lo sé –respondió él nervioso el gemelo pecoso rascándose la nuca ante la amenazadora postura de la rubia –, tal vez porque de la noche a la mañana actúas peor que un nightmare con el colmillo adolorido –pero pronto se arrepintió de su propio comentario, cuando la chica frente a él intensificó su mirada en su contra – que no acepta una observación figurativa –agregó rápidamente y en tono bajo.
–Solo quiero dejar una cosa clara Haddock –marcó la chica dando un paso hacia adelante y clavando su dedo índice varias veces contra el pecho de Hiccup. El joven no pudo evitar sentirse en un déjà vu o un mal recuerdo de hacía un año. Intentó retroceder pero su espada chocó contra la cabeza redonda de Toothless impidiéndole escapar –. No importa lo que pase, no importa lo que hagas. No seré derrotada en esta ocasión. ¡Esta competencia la ganare yo y demostrare de una vez por toda mi valía a esta aldea! –dijo casi a gritos inclinado sobre pobre muchacho frente a ella.
–Pero Astrid... tú vales mucho…
El comentario de Hiccup tomó desprevenida a la rubia, cuyas palabras murieron en su garganta y su mano perdió la determinación en su amenaza. Pronto los ojos azules de ella se encontraron con los verde de él…
–Al menos para mí…
Una sola mirada a esos ojos brillantes como esmeraldas fue suficiente para saber que no mentía.
¿Cómo era posible? Astrid no podía comprenderlo. Ella había pasado toda la noche anterior incapaz de conciliar el sueño rumiando constantemente su determinación en salir victoriosa. Astrid era una persona apasionada y sobre todo competitiva, pero nunca se había sentido tan frustrada en demostrar algo desde que escuchó palabras del papá de Snotlout. Sin embargo, Hiccup tenía el poder de desarmarla tan fácil y sin esfuerzo. Frustrada consigo misma, la chica le dio la espalda al joven pecoso para comenzar a soltar algunos puñetazos y patadas al aire, antes de gritar de pura irritación.
Hiccup se intimidó ante aquel desplante de agresividad sin sentido que dejo a Astrid agitada y con la respiración entrecortada. Definidamente, aquella lucha era con algo más que con el simple aire.
–Astrid –la llamó con cuidado –. Puedo entender cuando quieres probar que eres más de lo que la gente piensa de ti, lo sé de primera mano. Pero claramente no es la aprobación de la aldea la que estas buscando, porque esa ya la tienes.
Aquellas palabras llamaron la atención de Astrid. Ella volvió su cabeza sobre su hombro para encontrarse cara a cara con una mirada lastimera por parte de Hiccup. Su rostro se encontraba medio oculto por el atardecer y su cabello resplandecía con toques rojizos por los últimos rayos de sol. Algo dentro de ella se estremeció.
Pero ninguna palabra salió de su boca.
Hiccup finalmente cortó el contacto visual y clavó sus ojos en el suelo mientras comenzó a caminar lentamente lejos de la academia acompañado de cerca de su dragón negro como la noche, que no tenía ni la menor idea de que hablaban los dos humanos junto a él.
–No sé si es suficiente –dijo Hiccup antes de alejarse por completo –, pero a mí no necesitas probarme nada –y sin más se marchó en dirección a su hogar esperando que ese mal día terminara finalmente.
No tenía idea si realmente los dioses tenían algo que ver como juraba Mildew, pero sin duda algo malo estaba ocurriendo en el Thawfest.
Chapter 59: La maldición continúa
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La maldición continúa
–¡Ese mi muchacho! –exclamó Freda Jorgenson abrazando con fuerza a su hijo. Sin duda era todo un orgullo para su familia que después del primer día de competencias del Thawfest, Snotlout terminara a la cabeza ante los demás jinetes.
Su familia no se desmesuró en realizarle una gran celebración ante su victoria momentánea y la que pronosticaban para el día siguiente. La madre del joven moreno había preparado un gran banquete para esa misma noche con todos los platillos favoritos del su hijo consentido.
Pero no era la única satisfecha con el desempeño del muchacho, sus tías gritaban y alababan las victorias de su sobrino con gran faramalla.
–¡Sabía que Snotlout ganaría sin duda! –soltó la tía Gluga alzando su tarro de hidromiel –. ¡Es todo un Jorgenson!
Snotlout golpeó varias veces su bebida contra la mesa en señal aprobatoria, mientras un leve sonrojo se asomaba en sus mejillas por el clamor y la escasa cantidad de alcohol en su cuerpo.
La tía Brenda tomó al muchacho del cogote y comenzó a frotar su cabellera negra con fuerza, en lo que el joven reía como chicuelo. Su madre regresó a la cocina en búsqueda del platillo fuerte de la ocasión, oportunidad que aprovechó su marido para dirigirle unas cuantas palabras a su vástago.
–Y no podía ser mejor representante de nuestro clan –dijo alzando también su tarro –. Solo un día más y el titulo será nuestro. Lo cual es pan de cangrejo comido ¿verdad, hijo?
Spitelout le guiñó un ojo, su muchacho lo imitó.
–Por supuesto –contestó Snotlout con el pecho inflado –. Era obvio que ganaría el Thawfest.
Sus palabras fueren muy bien recibidas por el resto de su numerosa familia con más barullos y gritos.
–Pero todavía no ganas –se escuchó el leve comentario en la dulce voz de la pequeña Adelaida, sentada a la derecha de su hermano. Sus palabras captaron rápidamente la atención de los adultos que posaron sus ojos en su pequeña figura.
–Hermanita, hermanita –dijo Snotlout pasando su grueso brazo sobre los hombros de su hermana para atraerla hacia sí –. Me sorprende que dudes de mí. Pero te perdono, ya que eres joven y tontita.
Unas carcajadas llenaron la mesa de la casa de los Jorgenson ante las palabras del muchacho; en cambio Adelaida, no parecía satisfecha del todo.
–Pero mañana será diferente –comentó acallando las voces de los adultos –. Por primera vez competirán con dragones y tal vez no ganes todas las competencias.
Hay que hacer denotar que la pequeña Adelaida Jorgenson no deseaba ser mala o pesimista con su hermano; en realidad el muchacho tenía razón en llamarla joven e inocente ya que sus palabras estaban ausentes de toda malicia… pero, por desgracias de su hermano mayor, muy llenas de lógica.
De pronto un silencio sepulcral se apoderó de la familia Jorgenson, quienes compartieron entre sí algunas mirada de dudas y preocupación. Snotlout no pudo soportar la presión que infligía aquellos ojos, que incontrolablemente comenzó a reír para amenizar el momento.
–Vaya hermanita que tengo –dijo el joven entre risas forzadas. Con su brazo aún sobre los hombros de su hermana menor, comenzó a sacudirla en juego –. Lo dices como si quisieras que perdiera, pero se te olvida que yo y Hookfang somos un equipo invencible ¿Quién podrá detenernos?
–Hiccup.
Solo se requirieron unos leves segundos para que el resto de la familia estallara en carcajadas sonoras, dejando completamente a un lado el incomodo silencio que se apoderó de la mesa hacia unos segundos.
–¿E-en serio?... jajaja –rió Snotlout –. ¿Qué… jeje qué tiene él…jaja qué no tenga yo?
–Un nightfury.
Como si un frio helado apoderara de la habitación, los Jorgenson se atragantaron con sus propios alientos y la tensión se apoderó de nuevo de la habitación.
–Un nightfury es el mejor dragón por excelencia –dijo Adelaida con gran animosidad –. Está en la cima de la escala por su rapidez y certeza. Además son muy inteligentes; amo a Hookfang, pero es algo tonto.
Recuerden bien lo ya mencionado, Adelaida era bastante joven en aquel tiempo, por lo que sus palabras estaban completamente llenas de inocencia. No le deseaba mal a su hermano y efectivamente amaba al poco brillante nightmare, pero era muy joven y fácilmente impresionable, en especial por un poderoso e imponente dragón como el nightfury.
Snotlout por su parte solo pudo sentir un terror recorrer su cuerpo, no porque dudara de sus capacidades o del dragón que montaba, sino que las palabras de su pequeña hermana eran ciertas. A pesar de las pésimas capacidades físicas de Hiccup, Toothless fácilmente colocaba a su primo pecoso en una gran ventaja, incluso uno con el poder necesario de acabar con una Muerte Roja; un titulo que ya ostentaba su primo, junto con su rito de madurez y el futuro trono de Berk.
Los ojos azules del muchacho se volvieron involuntariamente hacia su padre, quien a la cabeza de la mesa guardaba silencio con su pequeño Terrible terror montado en su hombro. La expresión del hombre era fácil del leer y se mostraba claramente su disgusto con el hijo que apenas unos minutos estuvo felicitando.
–Vaya, Adelaida tiene razón –comentó el vikingo bajando su tarro. Sus hermanas mayores guardaron silencio y se concentraron sus miradas solo en él. En cambio Adelaida se volvió a su pierna de pollo asada con una gran sonrisa infantil en sus labios –. El dragón de Hiccup es claramente superior ¿Qué tienes que decir a eso, hijo?
Las tías pasaron sus ojos de su hermano al sobrino, quien al pobre las palabras murieron en su garganta. Trató de tragar saliva, pero su boca se volvió seca repentinamente y su mente estaba en blanco ante el nerviosismo que generaba la postura de su progenitor.
–¡Aquí está tu postre favorito! –anunció de repente Freda regresando a la habitación con un gran tazón de manzanas cortadas y caramelizadas en miel, y acompañadas de pan endulzado –. ¡Para mi pequeño campeón! – completamente ausente de lo que sucedía a su alrededor, la madre dejo el enorme plato frente a su hijo antes de darle un fuerte abrazo por detrás.
Los brazos de sus madre resultaban consoladores para Snotlout como siempre lo había sido, pero por desgracia, no podía despegar sus ojos de su padre, quien le dirigía una mirada de soslayo bastante amenazante.
–Ganes o pierdas, estoy orgullosa de ti –le susurró su madre de último al oído completamente inaudible para el esposo de ésta.
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La mañana siguiente, Hiccup caminaba casi sonámbulo; su pierna y prótesis se movían autónomamente en lo que Toothless lo guiaba como perro lazarillo por el camino seguro hasta la academia. El segundo día de la competencia estaba por comenzar y gemelo pecoso le hubiera gustado encontrarse en mejores condiciones para ello.
Había pasado la noche dando vueltas a su cama, antes de que pudiera finalmente conciliar el sueño; cinco minutos después ya era hora de levantarse.
La tarde anterior del Thawfest y su conversación con Astrid no solo lo había dejado terriblemente consternado, sino que también su padre agregó más leña al fuego con su preocupación.
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–Solo venía a ver alguna novedad para mañana –había dicho Stoick asomando su peluda cabeza por la entrada a su habitación la noche anterior.
–No mucho desde los últimos cinco minutos que preguntaste –contestó Hiccup con descarado sarcasmo mientras intentaba hacer los últimos ajustes a la aleta protestica de Toothless.
En cambio, el dragón negro dormía plácidamente en su cama de roca.
–Claro… solo quería saber… si había algún plan o algo…
–Plan definitivamente –dijo el chico fingiendo una sonrisa. El único plan que tenía de momento era tener más de cinco minutos de paz sin tener que recordar el Thawfest –. Todo va de acuerdo al plan.
–¡Perfecto! –soltó Stoick airoso sin percatarse del tono engañoso en la voz de su hijo. Dando una leve palmada con sus manos, se retiró completamente sonriente.
Hiccup en cambio sufría de migraña.
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–Ugggrr… –musitó sujetándose la cintura una vez próximo a la academia –. Creo que tengo revuelto el estomago de los nervios –le informó a su dragón que lo consoló con una suave lamida en la palma de su mano –. Y creo que me voy a enfermar –agregó de ultimo captando lo que sucedía a unos cuantos metros delante de él cerca de la entrada de la academia.
Su hermana gemela nuevamente se encontraba rodeada de apostadores ansiosos de escuchar de las acertadas predicciones de las runas para ese día de competición.
–Creo que veo… –balbuceó Honey claramente actuando, mientras se llevaba una mano a su frente donde sujetaba con fuerza una pequeña tablilla de madera tallada – veo…. Un posible ganador… también puedo ver fuego y explosiones… unos calzoncillos rotos. Tres a uno que los gemelos estallaran algo en llamas, Fishlegs quedara enganchado de una estaca y Toothless ganara la primera competencia –soltó de ultimo abandonando el misticismo de sus palabras y movimientos. En cambio extendió las manos esperando las monedas de oro cayeran en ellas.
Los apostadores empedernidos no tardaron ni un segundo en exaltarse y soltar todo lo que llevaban en los bolcillos. Poco a poco, ellos se fueron marchando, regodeándose consigo mismo con la supuesta ventaja que creían tener.
Hiccup suspiro fastidiado mientras contemplaba a su hermana recoger moneda tras moneda y llenar sus bolsillos hasta rebosar. Justamente la tarde anterior, al llegar a su hogar, el joven había tenido otro altercado Honey, algo que resultaba completamente bizarro. Tal vez los hermanos Thorston peleaban las veinticuatro horas, los siete días a la semana, pero tal hecho era un suceso muy raro y poco común entre los hermanos Haddock.
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–Honey. No puedo permitir que sigas con esto –fue lo primero que le dijo cuando la encontró en la habitación que compartían, contando sus mal habidas ganancias –. No importa si me amenazas con decirle a papá que perdí su piedra mágica o que use su hacha de guerra para cortar leña o que pienso que su barba se ve chistosa, lo que estás haciendo está mal y no debe continuar.
Eran muy contadas las ocasiones en que Hiccup llegaba a elevar la voz o intentaba sonar autoritario (lo cual le resultaba casi imposible la mayoría de esas ocasiones), pero nunca solía recurrir a su posición como varón para tratar de suprimir algún pensamiento o acto de su hermana gemela, principalmente ya que odiaba eso casi tanto como ella. Aunque Hiccup toleraba su actitud rebelde y valoraba su pensamiento libre, pero no podía quedarse sin hacer nada cuando era testigo de una injusticia. Sin importar de quien viniera.
Pero su hermana, lejos de verse intimidada o incluso frustrada con sus palabras, simplemente le dirigió a su gemelo una mirada indiferente mientras recargaba sus brazos en el respaldo de su silla.
–Hiccup –dijo después de soltar un largo y perezoso suspiro –. Por favor, ilústrame ¿Qué en mis acciones lo vuelven incorrecto?
–¿Eh? –fue lo primero en soltar el chico pecoso sin esperar aquella respuesta tan pasiva por parte de su gemela –. Bueno, aparte de engañar a la gente para robarles, te aprovechas de sus creencias religiosas –agregó algo temeroso de sus propias palabras. Conocía a Honey como su mano, sabía que intentaba algo con esa pregunta.
–Buen argumento, hermanito –respondió ella poniéndose de pie y haciéndole frente a Hiccup. Por un breve momento le pareció más alta aunque él la rebasaba fácilmente por un par de centímetros –; pero también bastante limitado. Ya que lo que llamas “robo” no tiene fundamentos ante lo que hago en verdad.
–Les dices cualquier cosa como si fueran predicciones del futuro.
–No –tajo Honey alzando su dedo índice frente al rostro de su hermano (una costumbre nueva que estaba adquiriendo) –. Les doy ciertos detalles que son altamente probables. No hay nada que diga que no tenga posibilidades de ocurrir, y al igual que la adivinación, todo es subjetivo. Son probabilidades.
Toothless y Furry que se encontraban a cada lado de su jinete volvía la cabeza en dirección hacia el gemelo que tomaba la palabra, sin tener idea que pasaba entre ellos.
–Bueno, sí –aceptó Hiccup encogiendo los hombros pero sin rendirse en su argumento –. Todo lo que dices son detalles bastante obvios que son muy probables en suceder, pero lo que está mal es que los vendes bajo el estandarte del designio de los dioses. ¡Y eso es abusar de la crecías de otros! –indicó siendo ahora él quien señalaba a su hermana.
Honey no se inmutó en lo más mínimo, en cambio continuó con su mirada hermética y brazos cruzados.
–¿Creencias de otros? –dijo ella –. ¿Y quién puede saber más de creencias aquí, Hiccup? ¿Tú o yo?
–¿Eh?
–Ya que si no lo recuerdas yo he pasado los últimos meses estudiando al detalle los aspectos de nuestras religión, tradiciones y deidades. ¿Así que como puedes atribuir que digo no tiene realmente una relación con lo ya se encuentra establecido en nuestras propias creencias?
¡Ahí sí se lo agarro!
Hiccup trago en secó en lo que su mano caía lentamente a su costado y su mente no formulaba a tiempo un contra argumento para responder.
–Está forjado en las palabras de los mismos dioses que los designios de las runas son sus deseos y palabras. Y solo los lectores de estas quienes pueden entender sus designios ¿Cómo sabes que estoy mintiendo al leerlas?
–¡¿Por qué prácticamente me lo confesaste?! –soltó Hiccup indignado.
–¿Mentiras… o la verdad que quieren escuchar?
–¡Hey! –bramó el muchacho entendiendo a donde se dirigía su hermana con esa conversación –. ¡Espera un momento…!
–El vikingo común solo tiene una leve idea de las mismas creencias que él asegura profesar –sostuvo Honey ignorando por completo las palabras de su gemelo. Su semblante resultaba imperturbable –. Y muchas de ellas solo las toman en cuenta cuando le resultan convenientes o las tergiversa para su propia conveniencia. Solo mira a Mildew.
–Sí, pero…
–Dime, Hiccup ¿Acaso no estás cansado de la presión constante que ejerce papá sobre ti?
–¿Eh? – musitó nuevamente el joven pecoso ante la repentino cambio en la conversación.
–¿No te parece cansado tener que volver a demostrar tu valía a la tribu cuando ya perdido una pierna haciéndolo?
–Claro –Hiccup encogió los hombros –, pero es parte de ser el hijo del jefe.
–No aprovecharías cualquier oportunidad que se encontrara escondida en la letra pequeña para evitar tal presión.
–Ah…
La verdad era que sí. Hiccup no lo podía negar, el ser el hijo del jefe tenía sus ventajas, era la principal razón por la que él y Honey seguían vivos en primer lugar y no flotando a la deriva boca abajo en el mar. Pero eso venía de la mano de aquella constante necesidad de probar a otros ser merecedor de tal privilegios. Incluso su padre, el gran y temido Stoick the Vast, tenía que soportar cada vez que uno de sus subordinados cuestionaba sus decisiones y era su obligación ponerlos en su lugar; su tío Spitelout era el mejor ejemplo, como Snotlout para él.
Y Honey parecía poder leer lo que pasaba en la mente de su hermano solo con mirarlo a los ojos, ya que agregó:
–Si tuvieras la oportunidad ¿No podrías a Snotlout en su lugar? ¿Lo humillarías como él lo ha hecho contigo toda tu vida?
A primera instancia, la boca de Hiccup quiso responder con un fuerte “No”, pero las palabras se detuvieron en su garganta ante un pequeño duendecillo detrás de su oreja que le susurró que “Sí”
–Es exactamente lo mismo –continuó Honey teniendo completamente la atención de su hermano –. Cada quien aprovechara la menor oportunidad para conseguir lo que quiere, doblar las reglas o escuchar solo lo que quiere oír. Eso es lo que le doy a la gente, lo que ellos quieren escuchar… y si los dioses lo dicen: ¡No hay pecado!
Honey le dio a Hiccup un momento para responder ante su lógica, pero éste seguía tan mudo que solo pudo negar suavemente con la cabeza:
–Es por eso que no creo en muchas de las creencias de nuestra propia cultura, Hiccup; porque no sabemos cuánto ha sido transformado por el beneficio de otros, pierdes el control de tus propias acciones y excusan todos los actos. Y al final de cuentas que importa, ya que el vikingo común no quiere pensar por sí mismo, seguirá a los demás como oveja al hocico de nightmare, mientras el más listo lo analiza para utilizarlo en su conveniencia sin importar lo que quisieron los dioses en un principio.
Antes de que Hiccup pudiera argumentar algo más, Honey pasó derecho de él en dirección a la puerta seguida de cerca por su Howl.
–Sí es acaso que alguna vez quisieron algo.
–Pero… –soltó débilmente Hiccup –. ¿Qué te difiere a ti de ellos?
Sus suaves palabras, aunque precisas como los disparos de plasma de Toothless, provocaron que Honey detuviera sus pasos junto a la puerta de su habitación. Hiccup se volvió hacia ella para encontrarla con la mirada perdida en sus botas lanudas.
–Honey –Hiccup la llamó casi lastimeramente –. Son nuestros actos los que nos definen y a veces… solo hay que hacer lo correcto… la gente necesita esa guía, religiosa o no.
La chica le lanzó una última mirada que le dejo claro a Hiccup que por su aparte había terminado.
–Mejor busco un lugar más tranquilo para contar mi oro –sentenció dejando a su gemelo y a su nightfury en la soledad de su habitación.
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Hiccup se frotó de nuevo las sienes tratando de amortiguar su malestar, cuando repentinamente sintió un fuerte y sorpresivo puñetazo en su hombro izquierdo que casi lo hace perder el equilibrio y su corazón salirse de su pecho.
–¡Aaauwww! –gimoteó frotándose la extremidad adolorida.
–No exageres –soltó Astrid postrándose ante él estoicamente, con las manos en sus caderas –. No es para tanto.
Detrás de ella, hizo su aparición la nadder Stormfly, quien con un leve gruñido invitó al nightfury del gemelo Haddock a realizar la típica danza de los dragones (Fishlegs la había bautizado “el baile del saludo”) que llevaban a cabo cada vez que se encontraban; ignorando por completo a sus dos jóvenes jinetes.
–No, claro –se quejo Hiccup con leve reproche –. Es una suerte que no necesite este brazo para sobrevivir.
Astrid entrecerró su mirada y torció levemente sus labios ante tales palabras.
–… una mala selección de palabras hacia la persona que me golpeó en primer lugar –declaró el gemelo pecoso algo nervioso ante la firme mirada de la rubia. Para su sorpresa, su chascarrillo sarcástico no lo hizo merecedor de otro puñetazo como lo esperaba; en cambio Astrid, aligeró su expresión e inclusive un leve sonrojo apareció en sus pálidas mejillas.
–Quería disculparme contigo –dijo ella débilmente después de una pausa.
–¿Conmigo?
–Sí y no te aproveches de la situación –se quejo ella aumentando el rubor en su rostro –. Todo el día de ayer me porte como una cretina con todos, en especial contigo. Y no lo merecían –admitió.
–No es gran cosa…
–¡No! ¡Sí lo es! –insistió la rubia –. ¡Actué como toda una maldita…! como alguien que no soy. Deje que la competencia sacara lo peor de mí y eso casi afecta mi relación con la persona… eh, digo… las personas importantes de mi vida.
Hiccup no pudo evitar sonreír ante aquella confesión.
–Gracias, Astrid. Me alegra recuperarte.
–Solo… quiero decir que lo siento –repitió Astrid casi con desesperación. Como toda una vikinga las disculpas no eran su fuerte, pero al menos eran sumamente sinceras –. Anoche pensé en todo lo que... Yo no sabía –tragó saliva nerviosa, hasta que finalmente pudo soltar lo que permanecía atrapado dentro de su pecho –: Tenías razón de todo lo que dijiste.
–Sí es que puedo preguntar… ¿Qué fue lo que paso, Astrid? ¿Qué te hizo actuar de esa manera? Tú no eres así.
Pero antes de que la rubia pudiera dar su respuesta, una multitud de vikingos gritaron algunas porras en nombre del recién llegado. Snotlout Jorgenson hacía su aparición en la arena seguido de cerca de su montrous nightmare y su numerosa familia. El joven patán extendía los brazos en el aire alentados los bitores, mientras al frente de la caravana iba el joven Gustav Larson dando el ritmo, mientras gritaba:
–¡SNOTLOUT! ¡SNOTLOUT! ¡URG, URG, URG!
–La pesadilla Jorgenson fue lo que paso –admitió Astrid a Hiccup sin apartar la mirada de Spitelout, quien levantó a su hijo sobre su hombro y sacudiendo al ritmo de los gritos.
–¿Acaso Snotlout dijo algo que…?
–Snotlout no –tajó Astrid la pregunta del joven Haddock, en lo que dejaba que su mirada hablara por ella.
Spitelout Jorgenson siempre encontraba la manera de cómo causar conmoción, Hiccup lo sabía de primera mano. Solo había que hacer memoria del año anterior y la sugerencia que hizo su tío sobre lo que debía hacerse con los traidores como Hiccup. Era una de la razones por las que terminó detrás de la barras ese día.
–Hay que admitir que sabe hacer su entrada –dijo el gemelo pecoso cambiando levemente el tema, enfocándose solamente en su primo.
Unos segundos después Snotlout cayó del hombro de su padre dando de lleno con la cabeza en el suelo.
–Sí, toda una entrada.
–Y ahora… –comentó Hiccup trayendo de nuevo la atención de la rubia a su persona – ¿qué harás con respecto a la competencia?
–¡La ganare, con un carajo!–bramó Astrid con una sonrisa decidida pero amistosa en sus labios –. Y espero que des lo mejor que tengas, Haddock.
–Y así será –respondió él regresándole el gesto.
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Una vez que todos los jinetes se encontraban reunidos en la arena, Stoick hizo oficial el inicio del segundo día de las competencias con el sonoro cuerno de batalla. Todo Berk se encontraba reunido y expectante por conocer al ganador de Thawfest; incluso Mildew quien se opuso fervientemente a que los dragones compitieran también era espectador, probablemente esperando que alguno de los jóvenes vikingos se rompiera el cuello o algo.
Hiccup, al igual que el día anterior, se puso algo nervioso cuando inició la primera prueba, principalmente al malestar que aquejaba su cuerpo desde temprano. Por suerte para él, el aire fresco de la primavera contra su cara, a los diez metros de altura, sobre el lomo de Toothless hizo que cualquier dolor que lo aquejara, desapareciera.
Antes de que se diera cuenta, el joven Haddock se sentía increíblemente maravilloso, relajado con una seguridad increíble. A como transcurría el día y con ellas las competencia, esa misma confianza fue aumentado, y con buena razón.
La combinación de Hiccup y Toothless les dio la ventaja en las mayorías de las competencias que fácilmente ganaron. Desde la prueba de agilidad y velocidad, hasta la de destreza y confianza. El equipo Haddock dominó el segundo día de Thawfest, dándole un giro por completa a la competencia.
Pero no fue único en destacar, Astrid le seguía de cerca en casi todas las pruebas llevándose siempre el segundo lugar, derrotándolo incluso en la prueba de equilibrio donde la rubia hizo malabares sobre el lomo de Stormfly y quedando empatada con el nightfury en la competencia de puntería.
Fishlegs no se quedaba lejos debido a la gran conexión que había entre él y Meatloug, e incluso superaron a Hiccup y Toothless a la hora de medir fuerzas. Mientras los gemelos Thorston cayeron rotundamente del desempeño levemente aceptable que dieron el día anterior ante la poca coordinación que había entre ellos y las dos cabezas de su zippleback. Incluso en la prueba de contención de un incendio, Barf y Belch terminaron peleando entre sí, empeorando el mismo fuego que debían acabar causando que se propagara sin control por toda la arena. Por suerte, los demás jinetes logaron apagarlo a tiempo, solo que Tuffnut terminó con quemaduras de segundo grado en su trasero.
–¡Ahora tu culo es mejor parecido que tu cara! –se rió su hermana de él mientras era atendido por varias matrona, ya que Stoick de Vast se negó rotundamente a que aquella herida fuera atendida por su hija.
En cambio para Snotlout, las cosas no iban tan bien. En realidad el joven patán que había dominado las pruebas del día anterior, había caído tan estrepitosamente de su pedestal dejado conmocionado a toda la aldea, sin aliento a su familia y con una cara de pocos amigos a su padre.
Poco a poco, a cómo iba fallado, Snotlout fue perdiendo el control de sus propias decisión sucumbiendo al miedo y desesperación; las constante ordenes incoherentes que le daba a Hookfang confundían al dragón y habían sentenciado al equipo Jorgenson a fracasar en muchas de las pruebas, e incluso, alcanzar rara vez el tercer lugar.
Ese cambio tan súbito había generado un revuelo en los espectadores, para quienes el Thawfest había resultado uno de los mejores desde hacía mucho tiempo. E incluso era una sorpresa para ellos (a pesar de conocer de primera mano las capacidades de Toothless) que Hiccup avanzara tanto en la competencia.
En realidad, ni siquiera Hiccup se lo esperaba. Ganar tantas victorias seguidas le trajo recuerdos de la época en que fingía derrotar a los dragones en los entrenamientos, solo que en esa ocasión no existía ningún engaño. Realmente Hiccup y Toothless ganaban por su propios meritos y como el buen equipo de jinete y dragón que eran. Eso… se sentía muy bien.
A diferencia de cuando fingía en el entrenamiento, había cierto éxtasis gratificante que embriagaba a Hiccup y lo inflaba. No existía ningún gusanito de la culpa que susurrara en su oído con acusaciones de ser un farsante o preocupándolo con ser descubierto. Todo era verdadero y sus victorias eran realmente suyas. Era como fuego en su pecho, que lo llenaba de aire caliente. Hiccup estaba extasiado. El éxito se le subió tan rápido a la cabeza como si hubiera bebido un barril completo de hidromiel.
Hiccup pasó rápidamente de saludar a los espectadores después de cada victoria, a incitarlos a gritar su nombre realizando piruetas osadas e innecesarias. Pronto actuó petulante con el resto de sus compañeros jinetes y a hasta llegó a burlarse del fracaso de Snotlout.
Y habría continuado así hasta el resto de la tarde donde se anunciaría al ganador si no fuera que el clima cambio radicalmente. De aquella mañana bastante soleada con la que inició ese día, pronto un fuerte viento se hizo presente y con ellas las nubes de tormenta. Cuando los truenos comenzaron a resonar en lo alto del cielo, Stoick llamó a un cese temporal de la competencia ante la posibilidad de lluvia. Generalmente los vikingos no dejarían algo como un aguacero los detuvieran, pero la extraña tormenta de rayos de hacía unas semanas se encontraban aún muy presente en la memoria de los habitantes de Berk como para ponerlos algo nerviosos.
–¡Es una señal! –provechó la oportunidad Mildew para recordar a todos su propaganda de odio –. ¡Thor no está feliz con el Thawfest! ¡Hemos deshonrando al dios a cambiar las tradiciones, al incluir dragones…! – y seguía, y seguía….
–Tal vez Thor decidió que era mejor detener la competencia porque no le estaba gustando el resultado –soltó Snotlout levemente nervioso y ocultándolo detrás de una sonrisa falsa –. Él debe saber que Hookfang y yo no nos encontrábamos hoy en las mejores condiciones para las pruebas.
–Vaya Snotlout me sorprende –dijo Hiccup con un tono burlón muy raro en él que rápidamente llamó la atención de sus compañeros jinetes –; acabas de admitir por tu cuenta que no estás al nivel de estas pruebas.
–¡¿Qué?! –soltó el moreno volviéndose de golpe a su primo pecoso –. ¡Yo no dije tal cosa!
–No, claro que no –se burló Hiccup de él con una arrogante sonrisa. Toda la imagen resultaba tan bizarra que ni siquiera el mismo Snotlout sabía cómo responder a eso y prefirió no comentar algo más.
El joven moreno se marchó de la arena algo alicaído, alejándose solo con su montrous nightmare.
–Vieron eso –dijo Hiccup casi a sus demás compañeros –. Está más perdido que gronckle en alta mar –se mofó con una risita.
Pero sus risas no fueron seguidas por su compañeros jinetes, quienes lo miraban con una mescla duda y preocupación.
–Quien lo diría, Hiccup –soltó finalmente Astrid llamando la atención de joven engreído –. Justo a penas ayer me dabas una lección de humildad, hoy actúas como todo un pelmazo.
–¿Qué quieres decir con eso?
Pero Hiccup no obtuvo más que miradas desaprobatorias de sus compañeros y sus dragones.
–Ese chiste fue ofensivo para Meatlug –comentó Fishlegs cabizbajo mientras se alejaba en compañía de su dragona.
–¡¿Qué otra señal del fin necesitan?! –soltó Tuffnut dramáticamente alzando una mano al cielo, mientras con la otra se sostenía de su hermana para mantenerse en pie –. ¡Los alfeñiques se vuelven petulantes empedernidos!
–¡Arrepiéntanse! –gritó Ruff guiando a su gemelo a la salida –. ¡El fin esta cerca!
–¿Qué?.. ¿Qué es lo que les pasa? –preguntó Hiccup a Astrid, la ultima que quedaba en la arena con él.
–Nada Hiccup –le respondió ella con voz desdeñosa –. Solo que nadie se esperaba este lado de ti.
–¿Cuál? ¿El ganador? –se indicó a sí mismo ofendido.
–Yo prefería al Hiccup verdadero aunque fuera un perdedor, no a este escandaloso cretino ganador.
Y sin más Astrid camino derecho a la salida dejándolo con la palabra en la boca.
Hiccup no podía comprender que estaba pasando. Casi pocas veces en su vida había tenido la oportunidad de destacar… genuinamente, sin trampas o engaños. En algo que era realmente bueno y no tener que sentir la culpa por ello. Pero nadie parecía entenderlo, todos actuaban como si quisieran que no sobresaliera.
–¡Lo que pasa es que tienen envida! –gritó el muchacho sin obtener respuesta ya que había quedado completamente solo en arena, oscurecida por la grises nubes de lluvia, y solo con la compañía de Toothless –. ¿Verdad? –preguntó a su dragón tratando de hallar una respuesta de apoyo, pero lo único que encontró fue al nightfury rodando los ojos.
Chapter 60: Hijo del rayo y la muerte
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Hijo del rayo y la muerte
¿Cómo podía haber cambiando? ¿Era cierto lo que todos dijeron? Seguía siendo el mismo… ¿verdad?
Hiccup se tomó su tiempo en regresar a su hogar, solo con la compañía de su fiel Toothless. Caminó despacio, a paso lento y casi perezoso, la senda que marcaba la ruta desde la academia hasta la aldea. Pero en realidad, no se daba cuenta de ello. Su mente se encontraba atrapada y pensativa en los hechos de los últimos días, en el Thawfest y las palabras de sus amigos.
Todo se había salido de control.
Las nubes de tormenta tronaron sobre su cabeza en un pronóstico de la posible lluvia torrencial que estaba por desatarse. La mayoría de los vikingos de la isla ya se encontraban resguardados en sus hogares, pero Hiccup por su cuenta, se mantenía ignorante de ello, casi consumido en su propia preocupación y pensamientos.
Mientras, Toothless estaba listo para guarecerlo bajo una sus alas negras como la noche.
–Es lo único que me faltaba –dijo el joven pecoso desanimado volviendo su mirada al cielo. Soltó un largo suspiro en lo que dejo caer sus brazos a sus costados, bastante alicaído.
Su mirada pronto fue captada por el dragón de ébano a su lado, quien le dio algunos lengüetazos amistosos en sus manos con la simple intención de darle ánimos.
–Gracias, Toothless –comentó frotando con suavidad las escamas negras del dragón –. Dime amigo ¿Realmente me he comportado mal?
Y como el leal dragón que era, Toothless sacudió la cabeza en forma afirmativa. Tal vez no era lo que quería como respuesta el gemelo pecoso, pero definitivamente era la verdad lo que necesitaba… una que solo podían dar los verdaderos amigos. Y en el casi un año que llevaban juntos, el nightfury se había convertido rápidamente en esa amistad tan necesitada para él.
–Reptil listo –se burló de él Hiccup apartando sus manos para luego llevárselas a su propia cabella y tirarse del cabello. La saliva del dragón escurrió de sus manos hasta su cabello, que probablemente lo tendría pegajoso hasta su próximo baño –. ¿Qué he hecho? –musitó frustrado de nuevo volviendo sus ojos a la bóveda oscurecida por la gran cantidad de nubes.
Era casi irónico, hacia apenas unas veinticuatro horas había sermoneado a Astrid sobre perder la cabeza y a Honey sobre lo importante de la honestidad y hacer lo correcto; luego como cruel sátira de la vida, o como jovenzuelo estúpido, había faltado a su podría filosofía actuando como un pelmazo.
–¿Cómo paso todo esto? –se quejo cubriéndose con las palmas su rostro y soltando un leve chillido en frustración.
Hiccup nunca deseó mucho en su vida, en realidad quería menos de lo que ya tenía; pero sí había algo que más añoraba, era solo ser útil para los demás, alguien con quien se podía contar. Esa era la principal razón por la que trabajaba tan duro para tratar de hacer un mejor mundo para los vikingos y los dragones, hasta el nivel de obsesionarse y pensar en los dragones casi cada minuto del día. Por ello había construido las perchas de metal en primer lugar, para proteger las casas sin alejar a los pesados reptiles alados de la isla. Pero como la mayoría de los sucesos de su vida, no podía tener ni un pedacito de gloria sin sufrir alguna desgracia.
En realidad, él tenía el derecho de ser el estar enojado con todos sus amigos, familia y compatriotas. Se había esforzado, trabajado arduamente e incluso perdido una pierna por hacer lo correcto y salvar la vida de su gente. En cambio, lo que recibía eran humillaciones de Snotlout, la constante presión de su padre y de la aldea, y hasta la desaprobación de Astrid. ¿No merecía un poco de gloria? ¿No merecía sentirse como un triunfador? ¿No ser él quien se burlara ahora?
No, no lo era.
Así no era él.
Hiccup no enfrentó a la Red Death en primer lugar por gloria u honor, lo hizo porque era lo correcto, para ayudar y salvar a su mejor amigo, como a los demás dragones. La misma razón porque había discutido Honey ante sus estafas y confrontó a Astrid por su cambio de actitud. Era algo de su personalidad, que lo llamaba a casi a gritos a hacer lo correcto.
Sí, él rara vez ganaba en algo a cambio o tenía la oportunidad de alardear. Pero realmente valía la pena de perderse a sí mismo por una victoria ¿o no?
¿Seguía siendo él mismo al actuar como Snotlout? De la misma forma que él odió por tanto tiempo.
Años y años de constante burlas y humillaciones, especialmente por aquel otro lado de su familia que precisamente no era su favorita. ¿Y todo porque? Por tontas rivalidades familiares, de clanes y de posición social. Hiccup era completamente consiente que los Jorgenson deseaban ser el clan a cargo de gobernar Berk y preferían mil veces ver a Snotlout como heredero que al flacucho y escuálido Haddock.
Pero él era el hijo de Stoick the Vast… el hijo de un jefe… cuya gente siempre iba primero que la glorias personales.
¿Acaso hubo avaricia detrás de sus actos altruistas?
–No –se dijo a sí mismo con fuerza. Hiccup apartó sus manos de su rostro con determinación como si enfrentara a la cara su propia debilidad.
¿Qué le importaba el Thawfest? ¿Ser el ganador y victorioso? Nada de eso tenía valor si se perdía a sí mismo, a sus amigos, el respeto de sus compañeros y… a Astrid.
–¿Qué se metió en mí, amigo? –preguntó Hiccup volviéndose al dragón a su lado –. ¿Qué nos ha paso a todos? –se cuestionó de ultimo mirando la aldea vikinga a sus pies.
Toothless soltó un leve quejido en consuelo.
Esos últimos días realmente habían sido todo un revuelo en Berk y tanto como para él. Algo extraño se apropió de los corazones de los corazones de los Hooligans, llenándolos de inseguridades y deseos de aprobación. Actuaron hasta el extremo cayendo en soberbia, avaricia y temor. Generalmente los vikingos se encontraban llenos de defectos, pero esto había sido demasiado: Honey manipulando, Astrid despreciando, las constantes apuestas, la inseguridad de su padre ante su triunfo, la necedad de Snotlout…
¿Qué les estaba pasando?
Entonces en el fondo de su cabeza lo escuchó, como una vocecita necia y molesta como un mosquito, similar al propietario de la misma: Mildew había predicho la tragedia en Berk ante el insultó que había realizado contra Thor y permitir a los dragones participar en la competencia, como no dedicarle el Thawfest.
–Tal vez los dioses si están enojados con nosotros después de todo –soltó el muchacho sin creer que estaba encontrando veracidad en las palabras de Mildew. Tal vez el anciano decrepito no había estado tan equivocado o simplemente era una gran coincidencia.
Pero Hiccup no tuvo que esperar mucho para obtener su respuesta, ya que unos segundos después, un poderoso rayo acompañado de un ensordecedor trueno, iluminó el cielo sobre Berk en lo que desataba su fuerza en las pobres casonas de madera de la aldea. El muchacho casi fue cegado por la luz resplandeciente si no fuera por el ala de fiel dragón. Casi inmediatamente después, potentes gritos anunciaron el caos que había seguido de aquel relámpago destructivo.
–Yo y mi bocota –soltó encogiendo los hombros, antes de salir corriendo en dirección a la aldea, con Toothless pisándole los talones.
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Era nuevamente una pesadilla del Hel. Las llamas se había extendido rápidamente y varios de los hogares vikingos eran consumidos por éstas. El caos velozmente se apoderó de la aldea y el miedo de los corazones habitantes de Berk. Tal vez los vikingos eran fuertes guerreros, valientes en batalla, feroces contra poderosas bestias, pero definitivamente, muy vulnerables a lo místico. Los rayos no tenían más explicación para ellos que ser fruto del odio de su dios favorito, y eso, para una tribu altamente supersticiosa, era muy grave y de temer.
Pronto la guardia de Berk entró en acción llevando una gran cantidad de agua a las casonas cubiertas por el fuego con ayuda de largas hileras humanas, mientras su jefe, Stoick the Vast, ladraba ordenes constantemente en intento de mantener el control. Las llamas pudieron ser contenidas con prontitud, pero otro rayo que cayó del cielo iniciando nuevamente todo el pandemónium.
–¡No dejan de caer los rayos! –vociferó angustiada la señora Larson sujetando a su pequeña Hildegard en brazos –. ¡¿Qué vamos a hacer?! –chilló jalando la capa de oso de su líder, bastante consternada.
–¡El fuego ha empezado de nuevo, Stoick! –gimió Spitelout volviéndose a su hermano –. ¡Consumirá toda la aldea a este paso!
–¡¿Qué es lo que haremos?! –preguntó Gobber lanzando una última cubeta a las llamas.
Stoick volvió sus ojos verdes a cada uno de sus compatriotas que buscaba consuelo y guía, y a pesar del semblante fuerte en algunos de ellos, el pánico podía apreciarse en sus miradas. Pronto el bravo vikingo que había enfrentado grandes batallas y peligrosos enemigos se sentía algo perdido en tal predicamento. Sí, podían seguir combatiendo el fuego con determinación, pero no llegaría muy lejos si los rayos no dejaban de caer.
Tal vez fueran un fuerte y terco pueblo vikingo… pero… ¿Cómo enfrentar la ira de un dios?
Pronto su mirada se volvió hacia los jinetes de dragón quienes hacia lo posible por ayudar. A pesar de las capacidades de sus bestias, éstas tampoco podían continuar eternamente; ni siquiera el Howl de Honey que era el más efectivo en contener las llamas con su aliento helado.
–¡¿Qué vamos a hacer?! –fue una pregunta común que se multiplicó entre los aldeanos de Berk, mientras su líder se debatía como actuar.
–¡Prepararnos para el fin! –vociferó Mildew llamando la atención de las masa; el anciano se encontraba parado sobre su carreta de coles siendo visible para todos los hooligans a su alrededor –. ¡Todo esto es nuestra culpa! ¡Por pecar delante de los ojos de los dioses! ¡Por darle la espalda a Thor!
–¡Arg! ¡Ya cállate, vejestorio molesto! –gruñó Gobber antes de que Stoick pudiera responder. El herrero trató de bajar al viejo de su pedestal con su gancho en lugar de mano, pero éste lo alejó soltándole un bastonazo en la cabeza –. ¡Si serás…! –se quejo Gobber adolorido.
–Llámame como quieras, pero ¿quién tuvo la razón todo este tiempo? –soltó el anciano con una malvada sonrisa de dientes chuecos y podridos –. ¡Yo predije que esto pasaría! ¡Advertí que ocurriría lo peor por traicionar las viejas tradiciones! ¡Thor siempre fue muy misericordioso con nosotros, ahora está molesto y a ha desatado el fin del mundo!
–¡Sí, el fin del mundo! –gritaron a ve Tuffnut y Ruffnut alzando sus brazos sobre sus cabezas –. ¡El fin del mundo!
–El ragnarok a iniciado –sentenció Mildew con tono lúgubre generando pánico entre los habitantes supersticiosos.
El jefe Stoick miró a su gente alrededor suyo, que gritaban y chillaban. Como ya se ha mencionado antes: el vikingo era fuerte y terco, pero miedoso ante sus deidades y lo desconocido; todo jefe vikingo lo tenía muy presente. La ira de los dioses era un problema serio, no algo para bromear o manipular, pero también era algo fuera de su control. Stoick era un experto en batalla, estrategia y negociación, con valor inquebrantable y gran determinación, pero las deidades nunca fueron su fuerte. Para eso estaban los sabios y ancianos para calmar los miedos de la gente.
¡Pero no alentarlos!
–¡Ya es suficiente! –sentenció Stoick plantándose frente al vejestorio alborotador –. ¡No hay ningún ragnarok! –con un dedo acusador señaló al anciano sobre la carreta que ni por un instante se intimidó por su posición.
–Oh ¿En serio? –dijo éste con tono burlón –. ¿Cómo puedes estar tan seguro Stoick? –agregó con una mirada maliciosa que dejaba en claro su intenciones. Mildew sabía perfectamente la forma de aprovecharse de aquella situación, su posición y las limitaciones del jefe en el tema. Como nunca en su vida, Stoick extrañó la presencia de Gothi.
–¡Esto no es el ragnarok! –dijo de repente la inconfundible voz de Honey, uniéndose a la conversación y apoyando a su padre –. ¡No tienes pruebas para decir que este es realmente el fin del mundo! ¡En el ragnarok ocurrirá cuando los dioses peleen entre sí y los gigantes de fuegos sean liberados en este mundo!–informó la chica haciendo memoria de todos sus recientes estudios en la antiguas tradiciones –. Nunca se ha relatado una lluvia de rayos de Thor en respuesta a la unión del vikingo y el dragón.
–¡Pero por supuesto que lo es! –tajo Mildew como niño terco –. ¡Thor está enojado con nosotros por permitir a los dragones vivir en nuestra aldea y se le construyó una estatua mediocre como compensación! ¡Hemos olvidado veneradlo como se debe y ahora será devorado por el Jörmundgander y por ello nos castiga!
Honey, quien había invertido bastantes horas de sueño en aprender las viejas historias y los antiguos relatos, sabía que las palabras de Mildew eran tergiversaciones mal intencionadas.
–¡Estas equivocado! –bramó ella, tratando de elevar su voz entre los rumores y gritos de los vikingos a su alrededor –. ¡Por alguna otra razón están cayendo los rayos, pero no por la ira de Thor!
–¿Qué puedes saber tú? Una simple mocosa que solo sabe leer runas para ganar apuestas. Tus conocimientos son limitados. Yo por otro lado, soy un anciano.
Honey trató de responder a su insulto, pero las palabras murieron en su garganta. No esperaba aquella respuesta por parte de Mildew… en realidad de nadie en particular.
La gemela Haddock era un aprendiz de futura vala, la máxima sacerdotisa del mundo barbárico, eran fuente de inspiración, sabiduría y consejo. Con gran conocimiento en las antiguas leyenda, la lectura de runas y los designios de los dioses. Un puesto de poder en la sociedad vikinga y Honey lo había convertido una burla con las apuestas y las falsas predicciones… y para su desgracia, Mildew se dio cuenta. Ella sola se había puesta la soga al cuello.
La chica pecosa miró con ira al viejo malvado delante de ella, mientras sus ojos verdes comenzaron a llenarse de lágrimas de frustración. Mientras, la voz de su hermano resonó de su memoria recordándole sus propios actos como un despiadado acto karmico.
Stoick posó una de sus manos sobre el hombro de su hija dándole apoyo, y a su vez le lanzó una mirada fulminante al viejo sobre la carreta de coles. Como deseaba cerrar sus manos alrededor de su delgada y flacucha figura, pero por desgracia, su gente se perdía en el pánico en lo que un muro humano comenzó a formarse alrededor de Mildew.
–¡¿Qué podemos hacer?! –le preguntaba con desesperación.
–¡¿Cómo nos salvamos?!
–¡¿Cómo nos perdonara Thor?!
–¡Con un sacrificio! – anciano Mildew dijo con dramatismo. En el momento justo otro rayo cayó sobre Berk aumentando el efecto sobre sus palabras.
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–¡Astrid! ¡Astrid! –llamó Hiccup a la joven rubia distinguiéndola entre la multitud.
–¿Hiccup? –respondió ésta volviéndose a su encuentro.
–A-astrid… –dijo sin aliento el joven gemelo ante la larga carrera que requirió llegar al centro de la aldea –. ¿Qu-é-e… sucede? ¿Están todos… bien?
–Lo estamos, Hiccup –contestó la rubia frotando la espalda del joven ante ella, en lo que él se arqueaba para recuperar la respiración –. Pero no será así por mucho tiempo. La aldea será consumida en la llamas, los rayos no dejan de caer, Mildew actúa completamente demente y la gente está por perder el control –Astrid trató de hablar con la misma seguridad de siempre, aunque una parte dentro de ella se encontraba aterrada. Era ese momento en que necesitaban a Hiccup… al Hiccup desinteresado que se desvivía por su gente y por los dragones –. Hiccup… –murmuró casi suplicante –. ¿Qué vamos a hacer?
El muchacho frente a ella alzó levemente la cabeza, aunque sus manos seguían firmes en sus rodillas. Pronto sus ojos verdes se conectaron con lo azules de ella y supo que tenía que hacer.
–Muy bien –dijo él con mayor seguridad, irguiéndose –. Juntemos a los dragones, vamos a necesitarlos. Toothless y yo…. –empezó a explicar cuando se percato de algo –. ¿Toothless? ¿Toothless? ¡Toothless! –comenzó a llamar una y otra vez a su dragón cuando se percató que éste ya no se encontraba junto a él.
En algún momento en que corría hacía la muchedumbre, se habían separado.
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–¿Sacrificio? –murmuraron los vikingos entre sí mientras se lanzaban miradas llenas de dudas los unos a los otros.
En el archipiélago barbárico no eran muy raro realizar sacrificios, incluso Berk los efectuaba, pero principalmente se hacía con ofrendas. Algunas otras tribus utilizaban sangre de animales y muy pocas con la vida de una víctima o peor aún, un compatriota vikingo. El sacrificio humano se había vuelto poco común y hasta cierto punto algo tabú, pero definitivamente era un método desesperado para controlar la ira de los dioses.
–¡Oh, oh, oh! –gimió Ruffnut alegremente alzando la mano sobre la multitud –. ¡Yo sugiero que sacrifiquemos a Tuffnut! –sentenció con una sonrisa malvada indicado con su pulgar a su gemelo.
–De acuerdo –respondió éste totalmente resignado –, pero espero que sea de una manera chingona.
Acto seguido alzó su brazos hacia sus lados y la multitud a su alrededor, que lo tomó por la cintura sin dudarlo, lo elevó sobre sus cabezas. Pasándolo de mano a mano, los vikingos arrastraban sobre ellos el cuerpo del gemelo rubio completamente indiferente al destino que lo estaban sentenciando. Eso fue hasta el jefe Stoick lo tomó del codo y lo bajo de un solo tirón.
–¡Nadie va a sacrificar a nadie! –sentenció Stoick con fuerza sin soltar el brazo de Tuff.
–¡Arg! ¡Jefe! –se quejó el joven haciendo un berrinche –. ¡Arruina mi gran momento!
–No tientes a tu suerte, muchacho –gruñó Stoick a la cara de Tuff con una mirada amenazante.
–Lo que usted diga, jefe.
–Se que estamos todos asustados –interrumpió la escena Berta the Big Brute llamado la atención hacia ella –, pero ¿No es un poco pronto para comenzar a sacrificar nuestros hijos o vírgenes a los dioses?
La multitud de vikingos a su alrededor, cuyo miedo se podía contemplar fácilmente en sus caras, se volvieron los unos a los otros murmurando sus dudas. Era una decisión difícil, en especial cuando se tenía miedo; pero por desgracia para complicar más aún la situación, otro rayo más cayó desde el cielo tormentoso hasta la percha de metal más cercana, redirigiendo su electricidad a la casa de Ack e iniciando otro incendio.
Los Hooligan miraron horrorizados el acontecimiento, en lo que el temor que se apoderaba sus corazones tomaba más fuerza sobre toda lógica.
–¡Solo un recordatorio! –gritó Ruffnut entre la multitud –. ¡Tuff cubre los todos los requisitos para ser un perfecto sacrificio! –agregó con voz burlona en el peor momento.
–Así es –afirmó el gemelo rubio sentado en el suelo y asintiendo con la cabeza con orgullo –. Espera… ¿Qué? –farfulló de ultimo percatándose en las palabras de su hermana.
–¡Nadie va a sacrificar niños, vírgenes, ni nada! –rugió Stoick insistentemente postrándose firme ante su gente. Gobber rápidamente tomó su posición junto a su mejor amigo, seguido de Bertha, Bucket y Mulch. Entre los cinco formaron una pared humana de gran tamaño y de músculos que mantuvo en pausa las mentes de los habitantes de Berk.
–No hay que sacrificar niños, Stoick –corrigió Mildew arrastrando las palabras como la vil serpiente que era –. No son a ellos a los que quieren los dioses.
Acto seguido, con su feo bastón, el anciano indicó sobre la cabeza de la multitud hacia el otro extremo de la aldea, donde Toothless brincaba de percha en percha en lo que pequeños relámpagos caídos de cielo azotaban el metal unos segundo antes que éste levantara su peso de ellos.
–¡Toothless! –lo llamó a todo pulmón Hiccup corriendo hacía él en compañía de Astrid, pero el dragón de ébano se encontraba tan asustado, que las palabras de su jinete escaparon de su agudos oídos.
Un rayo más poderoso que los anteriores, azotó con mucha más fuerza en el último brinco del nightfury; ante la potente descarga, el cuerpo de Toothless fue eyectado por el cielo en un poderoso y luminoso estruendo. El dragón se elevó varios metros por el aire hasta caer pesadamente sobre una carreta que transportaba paja. La estructura de madera se hizo pedazo ante el imponente impacto y el nightfury quedo inmóvil sobre los fardos quemados.
–¡Toothless! –gritó de nuevo Hiccup corriendo hasta su dragón. Casi desplomándose sobre él, el muchacho puso su manos sobre el cuerpo oscuro de nightfury descubriendo su piel a gran temperatura, pero al menos no parecía herido. Las escamas del dragón de ébano eran los suficientemente resistentes para tolerar la fuerza de un rayo.
–¿Está bien, amigo?
Toothless alzó la cabeza en dirección del muchacho y con leve ronroneo le dejo claro que estaría bien. El joven pecoso no pudo evitar soltar un suspiro de alivio antes de abrazar contra su pecho la enorme cabeza redonda del reptil.
Su consuelo no duro mucho.
–Hiccup… –escuchó la voz de Astrid advirtiéndoles, pero cuando el joven gemelo levantó la cabeza, se topó con una furiosa multitud a su alrededor encabezada principalmente por el terrible anciano decrepito.
–Es a él a quien quiere Thor –sentenció Mildew con malicia –. Al nightfury.
Chapter 61: Lo correcto
Chapter Text
Lo correcto
–¿Qué?
–¿Qué? –repitió Hiccup.
–¿Qué? –gruñó Stoick.
–¿Qué? –musitó Honey.
–¡¿QQQQQUUUUUUUEEEEEE?!!! –dramatizó Tuffnut cayendo de rodillas entre la multitud –. ¿Eh? ¿Fue demasiado? –preguntó una vez que se ganó un par de miradas extrañadas de los aldeanos.
–Mildew ¿de qué estás hablando? –soltó Gobber retomando así la conversación.
–Todo esto es por el nightfury…
–¡Toothless no tiene la culpa de que los rayos caigan del cielo! –se apresuró a defender Hiccup a su fiel amigo, mientras apretaba contra su pecho la redonda cabeza de éste.
–No, no la tiene –aceptó el anciano decrepito –, pero es el causante de la ira de Thor. Solo piénselo, los rayos comenzaron a caer mucho antes de que se iniciara el Thawfest, desde que el muchacho puso las perchas para los dragones. Y apenas hace unos momentos vimos con nuestros ojos como los rayos estaban siguiendo al nightfury mientras brincaba en estos.
Las ridículas acusaciones de Mildew causaron cierto efecto en los Hooligans de Berk, quienes comenzaron a murmurar entre ellos ante lo factible que resultan las palabras de viejo.
–¡No puedes estar hablando en serio! –comentó Astrid cruzando sus brazos sobre su pecho, totalmente incrédula de la intenciones de Mildew. Por desgracia, la mayoría de los aldeanos no pensaban igual que ella y lo murmullos cobraban más fuerzas como la duda en la integridad de Toothless.
–Más que serio, pequeña no creyente –sentenció el viejo pegando su rostro a unos centímetros de distancia del de Astrid; la rubia pudo sentir con desagrado el aliento de anciano y notar cada unas de las extensas arrugas en su cara–. Thor siempre fue benevolente con los Hooligans hasta que lo traicionamos. En lugar de matar dragones, se entrenan como viles perros; antes de dedicar nuestros festivales a él, se los entregamos a otra deidad. Profanamos el orden de nuestras costumbres y la belleza de la aldea por el bien de estas bestias del Hel –Mildew continuó con su pedorreta volviéndose hacia la muchedumbre que lo rodeaba y ganándose así toda su atención –. Thor nos protegía, Thor nos ayudaba, Thor no dio la fuerza para alejar a los Outcast de esta isla… ¡Y!... ¡Que en primer lugar fueron atraídos por el muchacho y sus bestias! –rugió con fuerza casi desgarrando su voz e indicando fervientemente al pobre de Hiccup.
–¡¿Eso no fue culpa de Hiccup?! –se apresuró Stoick a defender a su hijo.
–Esto va más allá que un simple niño, Stoick –señaló Mildew con malacia –. ¡Desde que el nightfury apareció en nuestras vidas, el orden en la aldea ha cambiado! ¡Las tradiciones se han olvidado! ¡Los dioses rechazados! ¡Y la ira de estos cae sobre nuestras cabezas!
–¡¿Qué podemos hacer?! –gritó asustada la señora Ack entre la multitud.
–La vida como la conocemos esta por extinguirse, el fin se encuentra cerca, Thor nos ha abandonado y su ira radica en el nightfury.
Una vez más, el viejo indicó con su exótico bastón al dragón derribado que era protegido por cuerpo de su jinete. Aunque al final, eso no era de mucha ayuda.
–El ragnarok está a la vuelta de la esquina y si queremos evitarlo, debemos darle a Thor lo que él quiere…. Y lo que él quiere es al nightfury.
Los habitantes de Berk consumidos por el miedo y la duda se miraron entre ellos, tratando de encontrar una razón lógica para sucumbir a la histeria y actuar tal como Mildew lo decía. Parte ellos sabían que Hiccup y Toothless habían sido sus salvación incontable ocasiones, pero el repudio a las bestia escamosas que yacía en pasado y la ola de miedo que se había apoderado de sus corazones, los tentaba a linchar a uno de los suyos.
Solo requerían de las palabras mágicas para sucumbir al miedo.
–¿Acaso debo recordarles Barnstardt? –soltó de ultimó el anciano con tono atrayente y tentador. Mildew estaba jugando el todo por el todo.
Pronto y como si una antorcha se encendiera en los cerebros en aquellos Hooligans lo suficientemente grandes para recordar los sucesos que ocurrieron con la llegada de Barnstardt a Berk, los murmullos tomaron fuerzas y las acusaciones de Mildew resultaban más factibles.
–¡Es como Barnstardt otra vez!
–¡El nightfury ha provocado la ira de Thor!
–¡Thor quiere al dragón!
–¡Arrojémoslo al mar como arrojamos a Barnstardt!
El corazón de Hiccup se detuvo de golpe sin poder creer lo que estaba sucedido, y antes de que pudiera hacer algo para evitarlo, la muchedumbre enardecida ya estaba sobre él. Como si fuera un simple muñeco de trapo, los Hooligan tomaron al gemelo pecoso y lo apartaron casi brutalmente de su dragón.
–¡Toothless! –gritó en vano mientras lo alejaban de su fiel amigo. El caos se lleno del centro de la aldea, donde los individuos se perdieron y la masa tomó el poder –. ¡No, no lo hagan! ¡Toothless!
Hiccup pudo escuchar varios gritos más a la lejanía aparte de los bramidos de la multitud y la ordenes de Mildew; pero le resultó casi imposible identificar las palabras o quién era el que lo llamaba a gritos.
Pronto el muchacho fue pasado de brazos a brazos hasta que finalmente fue dejado bruscamente en el suelo, fuera de la masa de cuerpos que aprisionaban a su dragón. Toothless seguía debilitado por el rayo, lo que lo dejaba como presa fácil para los vikingos temerosos y enardecidos.
–¡Hiccup! –pronto sintió unas manos en sus hombros y la suave fragancia a pino le dejo claro que se trataba de Astrid.
Hiccup pronto se vio rodeado por sus amigos, cada uno más consternado por lo que había pasado. Pero nadie se encontraba más perdido, que el mismo gemelo pecoso.
No podía entender que había sucedido, como su propia gente lo había traicionado a él y Toothless, cuando en el pasado habían sacrificado todo por la aldea. Alzando levemente la mirada sobre las rodillas de sus amigos a su alrededor, Hiccup pudo ver la masa de cuerpos alejándose hasta el muelle de Berk llevándose a su fiel dragón con ellos.
¿Qué estaba pasando con la gente de Berk? ¿Qué se había apoderado de ellos para llegar a tal acto despiadado de odio?
Y al igual como la idea llegó a las mentes de los aldeanos, el cerebro del muchacho pecoso también se iluminó. Era miedo, simple miedo. El miedo sacaba lo peor de la gente, el miedo se apoderaba de sus corazones y los orillaba a actos impíos, era el miedo lo que hacían perderse tan fácil. Y no había nada que temieran más los vikingos que a lo desconocido.
Era por ello que buscaban una razón…. ¡la que fuera! Para darle sentido a lo que no entendía.
Los Hooligans no tenían idea porque caían tan devastadoramente los rayos en la aldea y la única razón posible que encontraban era el fin del mundo. Sin poder evitarlo, Hiccup paso su vista de la muchedumbre que se alejaba, al cielo sobre su cabeza y presenció el momento exacto cuando otro rayo cayó en una de las percha de metal, justo como hacía unos momentos atrás cuando los rayos seguían a Toothless…. o como la tormenta anterior… incluso, como azotaron la estatua de metal de Thor…
Metal… metal…. METAL.
Fue cuando tuvo sentido para Hiccup. Los rayos caían justamente en la aldea por las perchas hecha de metal, así como en la estatua de Thor. Era la misma razón por la que seguía a Toothless a donde fuera, porque su aleta prostética también era de metal. Esa era la verdadera razón, no la ira de Thor o el ragnarok, sino el metal… metal que él había distribuido estratégicamente alrededor de aldea en su deseo por ayudar a los dragones…
–Todo esto… –musitó el chico en voz baja, mientras sus amigos a su alrededor debatían que hacer – es mi culpa.
–¿Qué dijiste, Hiccup? –preguntó Honey a su lado.
–¡Todo esto es mi culpa! –gritó con una fuerza casi demencia y se puso de pie de un brinco –. ¡Y tengo que remediarlo! –y ante la mirada estupefacta de su gemela y amigos, salió corriendo en dirección de la forja.
–¿Hiccup? ¡Hiccup! ¡HICCUP!
Sus amigos lo llamaron una y otra vez sin obtener su atención, dejándoles otra alternativa que seguirlo en su carrera.
Los seis jóvenes jinetes y sus dragones fueron detrás de él a toda prisa, hasta que una mano tomó repentinamente a Snotlout de brazo y lo detuvo por completo. El moreno casi en pánico se volvió de golpe para encontrarse de lleno con la cara de pocos amigos de su padre.
–¿A dónde crees que vas? –le espetó éste.
–Yo… iba… –musitó Snotlout sin saber qué responder.
–No, no ibas a ningún lado –dijo Spitelout con una sonrisa algo macabra en sus labios –. Es que no lo vez, no es necesario que ayudes a Hiccup.
–¿A no?
–No –insistió el padre del moreno, alargando más su sonrisa –; ya que con nightfury fuera de la competencia, Hiccup no podrá hacer nada para ganar la prueba final del Thawfest y tu victoria definitiva.
–¿Qué? –soltó Snotlout sin poder creer que decía su padre –. ¿Acaso no crees que pueda ganar por mi cuenta?
–Oh, claro que sí. Solo que no hay nada de malo con tener un poquito de ventaja.
Spitelout le giñó descaradamente a su hijo provocándole escalofrió. Snotlout era muchas cosas: terco, necio, testarudo, algo indiferente, a veces tonto… bueno, la mayoría del tiempo, y narcisista; pero hasta él sabía, que lo que proponía su padre, era sucio… muy sucio.
Y no podía hacer nada al respecto.
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–¡Hiccup! ¡Hiccup! –lo llamó Astrid con desesperación corriendo detrás de él. El resto de sus amigos la seguían de cerca, en lo que vieron al joven pecoso entrar como endemoniado a la herrería de Gobber –. ¡Espera, Hiccup! –le gritó nuevamente una vez que alcanzó la puerta –. ¡¿Se puede saber que carajos en el nombre de Thor estás haciendo?!
–Buscando algo para atraer los rayos –respondió éste mientras ponía patas arriba la forja en su búsqueda.
Los cinco que se apiñaron en la entrada del establecimiento, intercambiaron unas cuantas miradas nerviosas antes de soltar al unisonó:
–¡¿Qué?!
–¿De qué estás hablando? –preguntó Honey dando un paso hacia adelante.
–¿Cómo vas a atraer un rayo? –lo cuestionó Fishlegs nervioso.
–No estoy seguro –contestó Hiccup –, pero al menos lo intentare, antes de que Toothless pague por mis errores –admitió, antes de volverse finalmente a sus amigos. El rostro del muchacho reflejaba la gran consternación que había en su ser, en lo que su manos destacaba una larga alabarda sin filo.
–Oh no –soltó Tuffnut –, ya empezó a parafrasear sin sentido.
–Odio cuando hace eso –compartió su gemela rubia el sentimiento.
–Hiccup, vas a tener que tomarte un momento y explicarnos de las putas madres estás hablando –insistió Astrid perdiendo un poco la paciencia y tomando al joven Haddock por los hombros para forzarlo a mirarla a los ojos. Un instante después, la rubia se arrepintió de su propio acto, cuando su corazón dio un vuelco ante la tristeza reflejada en aquellos ojos como esmeraldas.
Hiccup dio un leve resoplido antes de continuar:
–Es el metal…
–Sí, parafraseando –interrumpió Tuff.
–El metal atrae lo rayos –continuó el gemelo pecoso, después de que Astrid le lanzara una mirada asesina al fastidioso Thorston –. Fue por ello que los rayos siguieron a Toothless por toda la aldea, su cola prostética tiene piezas de metal –explicó Hiccup.
–¿Cómo sabes eso? –se apresuró a preguntarle su hermana.
–Las perchas también son de metal y han estado atrayendo los rayos a la aldea todo esto tiempo. Y yo las puse ahí… la destrucción… los incendios… son culpa mía.
–Hiccup, tú no sabía… –se apresuró Astrid a consolarlo, pero Hiccup puso uno de sus dedos sobre los labios de la rubia que aún continuaba sujetándolo de los hombros, acallando sus palabras de inmediato.
–Lo sé –continuó –. Pero en mi desesperación por cambiar la aldea para mejorar la vida de los dragones olvide que esta isla pertenece a los vikingos. Alteré radicalmente el orden de las cosas.
–No estaras diciendo… –ahora fue Honey quien lo jaló de codo para volver a su hermano en su dirección, ante las posibles palabras que estaba temiendo escuchar.
–Aunque me cuesta admitirlo, Mildew tenía razón.
Ambas chicas apartaron las manos del joven Haddock como si algo contagiaso habitara en su piel; por su lado, los otros tres jinetes suspiraron alarmado, casi cayendo de espaldas.
–Eso da miedo –musitó Ruff con voz áspera, sujetándose el corazón.
Ahora fue Hiccup quien tuvo que tomar aire para calmar sus ideas. Sus propias palabras no estaban saliendo tal cual él esperaba:
–Sí y lo repito: Mildew tenía razón, aunque por los malos motivos. Las cosas pasan por una razón, nada es alzar; como la adivinación de Honey que se basa en hechos probables, o las antiguas costumbres que tanto defiende Mildew.
Les dio un segundo a sus amigos como oportunidad para interrumpirlo, antes de continuar, pero nadie dijo palabra alguna:
–Los actos tiene consecuencias: burlarte de un amigo, obsecionarte con ganar, las apuestas sin control, crear una nueva religion… engañar a la gente –explicó dando de lleno en la sensibilidad de cada uno de los presente, a quienes no les quedo más acto de vergüenza, que bajar la miradas a sus pies –. Y por mí arrogancia arriesgue la vida de todos y ahora la de Toothless corre peligro.
–Puede hacer las cosas a su tiempo –continuó Hiccup ante el silencio de sus amigos –, realizar más pruebas; pero solo me importaba mejorar más la aldea para los drgones que olvide que la gente tambien vive aquí. Mi padre trató de recordarmelo… ¡Mildew lo dijo constantemente!... y yo no escuche.
Fue su turno de su mirada para escapara con vergüenza hacia su botas lanudas. Hiccup, era conciente que no había tiempo que perder, la vida de sus dragón estaba en juego; aún así el gemelo pecoso le dio su tiempo a los demás jinetes de procesar sus palabras y que comprendieran lo profundo de su propio arrepentimiento.
–Entonces… –balbuceó Fishlegs con duda – ¿los dragones no deben estar en la isla?
–No. Pero adaptarnos los unos a los otros debió ser más gradual y con tiempo, para dar la oportunidad de crear nuevas tradiciones y costumbre; no simplemente remplazarlas por completo. Tal vez sean antiguas leyendas o los relatos de los dioses, pero todas tienen una razón, fue por ello que las escribieron en un principió… y merecen respeto…. nuestro respeto. No sé si es realmente una maldición de los dioses o simples consecuencias a nuestros errores, pero al obrar mal, traemos mal, y la gente sin guía sucumbe ante el miedo y la ignorancia.
–Ahora ¿qué haremos? –preguntó la rubia.
–Astrid, necesito tu ayuda y la Stormfly –dijo Hiccup recuperando la determinación en su voz y un poco de orgullo en su postura. La joven doncella de batalla asintió con la cabeza, dedicándole una sutil y casi imperceptible sonrisa –. Debo corregir esto antes que sea muy tarde para Toothless.
Y antes de que los demás pudieran preguntarle en que podía ayudar, Hiccup salió disparado de la herrería aún con alabarda en manos, con Astrid pisándole los talones. A fuera del local esperaban impaciente los dragones de los jinetes, ansiosos por el destino que corría uno de los suyos.
Astrid se adelantó y montó a su nadder de un solo brinco. Pero antes de que pudiera tenderle la mano a Hiccup para que subiera al lomo de la dragona; Honey se interpuso sujetando nuevamente a su hermano del codo.
–Hiccup –dijo –. ¿Qué vas a hacer?
Por breves segundos en que los gemelos se miraron a los ojos, pudo transmitirse el uno al otro las inseguridades de sus corazones, el miedo en sus cuerpos y la pena en sus mentes. Hiccup no necesitaba las palabras salieran de la boca de su gemela para saber que ésta se arrepentía de sus propios actos.
–¿Recuerdas lo que te dije hace unos días? –le preguntó sujetándola de los hombros –. A veces solo hay que hacer lo correcto.
Antes de que su gemela pudiera contestar o replicar a sus palabras, Hiccup tomó la mano de Astrid y montó a Stormfly, segundos antes de que la dragona emprendiera el vuelo con un potente batir de alas.
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Mientras en el muelle de Berk, la multitud atemorizada y guiada por Mildew, arrastraba al pobre del nightfury, maniatado y amordazado peor que cualquier sucio bandido. El miedo había llevado a la gente de Berk a actuar impíamente en contra de uno de los suyos, y Toothless (a pesar de su cerebro de reptil) entendía eso; por lo cual no ofreció resistencia alguna contra la gente que lo traicionaba.
–¡Alto todos! –bramó con fuerza el jefe Stoick plantándolo tal cual su nombre lo dice, en la orilla del muelle, bloqueando así el camino de la muchedumbre al bote más cercano –. No darán un paso más.
–¿Quién va a detenernos, Stoick? –se burló Mildew asomando la cabeza entre la multitud.
Como respuesta a sus amenazas, Gobber, Mulch, Bucket, Bertha, Sven y Lydia se postraron junto a su líder formando una pared humana.
La situación estaba por ponerse muy peligrosa, cuando el inconfundible chillido del nadder llamó todas las miradas al cielo cerrado por las nubes de tormenta. Astrid y Stormfly volaron sobre la multitud hasta un bote flotante en las aguas, donde depositaron a Hiccup en la cima del mástil.
–¡Alto! –exclamó el muchacho –. ¡Toothless no está atrayendo los rayos y la ira de Thor! ¡Es el metal!
–Me lleva Loki… –gruñó frustrado el anciano decrepito golpeando su frente con la palma de su mano – que tontería está diciendo el muchacho ahora. ¡No le hagan caso a Hiccup! –agregó volviéndose a la multitud a su alrededor –. ¡Solo lo dice para salvar al dragón! ¡Recuerden a Barnstardt!
–¡Exacto! –dijo rápidamente el chico antes de que los vikingos alcanzaran a actuar –. ¡Recuerden a Barnstardt! ¡No le cayó el rayo en la cabeza hasta fue atado al mástil de barco! ¡Si realmente Thor lo hubiera estado persiguiendo ¿no lo habría atacado desde hace mucho?! ¡En cambio fue hasta que estuvo expuesto que el rayo cayó en su casco!
Las palabras de Hiccup llamaron la atención de la muchedumbre, que comenzó a cuestionarse entre ellos.
–¡Mentira! –gritó Mildew tratando de retomar el control –. ¡No le hagan caso al pequeño embustero!
–No tiene que hacerme caso, solo ver como pruebo mis palabras.
–A sí… ¿Cómo lo harás?
–¡Con esto! –dijo Hiccup levantando la alabarda sobre su cabeza – ¡Cuando ate esto en el mástil, verán como….!
No fue el movimiento más brillante del muchacho, ya que unos momentos después, otro rayo más cayó del cielo directo al pedazo de metal que sujetaba. En cuestión de segundos todo se volvió oscuro para Hiccup.
-o0o-
Se sentía pesado, como si su fuera una inútil y enorme masa de piedras, y sus parpados como puertas de metal imposibles de abrir. Hiccup había pasado una muy larga siesta sin ningún sueño y finalmente regresaba al mundo de los espabilados. Sus sentidos fueron regresando poco a poco, primero el oído seguido por el olfato y el gusto. Los sonidos le parecían extraños y los captaba como si se encontrara sumergido bajo el agua. Su olfato no dejaba a de percibir el olor a madera quemada y su lengua parecía haber lamido el metal.
Todo aquello le resultaba casi incomprensible para su mente adormilada, que no podía comprender que era exactamente lo que se encontraba a su alrededor o donde estaba él. Ni siquiera podía asimilar su propia existencia. Era como estar sumergido en la nada.
Al menos, hasta que consiguió abrir los ojos.
Lentamente y con gran pesadez, sus parpados lucharon contra el deseo de seguir inconsciente y la luz a su alrededor, comenzó a iluminar sus pupilas.
–Oh vaya –escuchó un voz que le parecía increíblemente familiar, pero no sabía porque –, ya era hora de que despertaras dormilón.
A su visión borrosa le costó un par de segundos acostumbrarse a la cantidad de luz y poder distinguir los manchones indescifrables que lo rodeaban. Entornando la vista se obligó a sí mismo a distinguir la figura junto a él.
–¿Eh? –balbuceó aún adormilado.
–Vaya ¿eso es todo lo que puedes decir? Después de ese horrible susto que nos distes.
–¿Honey?
Finalmente y con mucho esfuerzo, Hiccup consiguió hacer funcionar su cerebro y ojos, distinguiendo así a la persona que yacía guardia junto a él en la cama. Su rostro pecoso, ojos brillante como esmeraldas, su cabello largo y trenzado, y aquella voz sarcástica y acida, no podía ser otra que su hermana gemela.
–¿Qué… qué paso? –el muchacho hizo el intento de levantarse de su lecho, sintiendo un terrible dolor que lo postro de nuevo en la cama. Además, un gran y pesado nightfury saltó sobre él aplastando su cabeza contra su pecho una vez que descubrió que había despertado.
–Ya déjalo, Toothless –se quejo Honey a pesar de la gran sonrisa en sus labios –. No sanara más rápido si te acuestas sobre él.
–¿Toothless? –repitió Hiccup atolondrado tratando de asimilar el nombre con sus recuerdo –. ¡Oh sí, Toothless! ¡Toothless! –continuó emocionado, recordando el momento antes de la total inconsciencia y del terrible riesgo que paso su fiel compañero –. Me da gusto que estés bien, amigo.
El dragón de ébano le dio unas húmedas lengüetadas al rostro de su jinete, haciéndole denotar que se encontraba bien y feliz de verlo.
–Honey… –masculló confundido el muchacho volviéndose hacía su gemela y luego a su alrededor, comprobando así que se encontraba en su hogar – ¿qué fue lo que sucedió? ¿Cómo termine en la cama? ¿Cómo es que Toothless sigue aquí? ¡Arg! –la preguntas del chico fueron cada vez más efusivas, hasta que una punzada de dolor en su brazo derecho acalló sus dudas –. ¿Qué… qué me sucedió en el brazo? –preguntó una vez más mirando las vendas que cubrían toda su extremidad.
–¿Tú brazo? Tienes suerte de no haberlo perdido como tu pierna.
Rápidamente y alarmado, el chico pecoso levantó las pieles que lo cubrían para descubrir que aún conservaba la pierna que le quedaba. Dio un largo suspiro en alivio, pero se reprimió mentalmente por asustarse ante las palabras sarcásticas de su hermana.
–Honey –insistió con más calma –. ¿Qué fue lo que paso?
–De nuevo hiciste algo muy valiente y muy estúpido –respondió ella haciendo énfasis en la palabra “estúpido” –: Probaste que los rayos no estaban siguiendo a Toothless, sino que caían en el metal cuando dejaste que uno te derribara. Cuando estabas en la cima del mástil, un rayo alcanzó la alabarda, éste te dejo inconsciente y caíste en la bahía. Papá se arrojó detrás de ti para sacarte de las aguas; es un milagro que sobrevivieras.
–Eh… –musitó el chico – ¿Cuánto tiempo estuve dormido?
–Una semana.
–¡Una semana!
–Y dos días.
–Y… ¿Cómo lo tomó papá?
–Feliz de que sigas con vida, pero probablemente te castigue por el resto de tu vida.
–Era de imaginarse.
–¿En que estabas pensando, Hiccup? –le preguntó Honey tomando seriedad.
–La verdad, no lo hacía –admitió el gemelo pecoso acariciando suavemente a su dragón y ganándose unos cuantos ronroneos de su parte –. Solo trataba de salvar a Toothless a toda costa.
–Seguir actuando de esa manera podría costarte la vida un día, Hiccup –confesó Honey pesadamente –. Además, tu locura no fue lo que realmente salvo a Toothless –agregó la chica tomando un tono más jovial.
–¿Ah no?
–Con tu resistencia antinatural a los rayos solo probaste que éstos no estaban siguiendo a Toothless, pero no que eran provocados por la ira de Thor hacia los dragones y que el ragnarok estaba empezando, o al menos eso fue lo que Mildew trató de convencer a la aldea. Entonces, ignorando la posibilidad de que casi mueres por ellos otra vez, aún querían desterrar a Toothless al océano.
–¿Qué fue lo que los detuvo?
–Eh… –ahora fue Honey la que farfulló, mientras un leve sonrojo se asomó en su mejillas.
–¿Honey?
–Tenías razón, Hiccup –admitió jugando nerviosamente con su cabello –. Estuvo mal que engañara a la gente y tratar de sacar ganancias de ello. Pero aún, sin darme cuenta, desacredite mi propia credibilidad y el respeto de la aldea por mí. Voy a ser la vala de Berk y actué peor que un comerciante timador.
–Honey –dijo Hiccup estupefacto –. ¿Qué hiciste?
–Lo que debí haber hecho desde un principio, actuar como lo que se supone que soy… o voy a ser. El vinculo entre nuestra gente y los dioses.
La chica evadió levemente el rostro curioso de su hermano, en lo que se puso de pies y comenzó a andar alrededor de la cama donde éste reposaba.
–Lo que dijiste era cierto: la gente sin una guía espiritual puede perder su camino, así como confundir su propia fe o las intenciones de otros. Cuando Mildew volvió a insistir sobre los dragones después de que te trajimos a la casa, tuve que hacerle frente y recitarle a él y a todos los Hooligans, los siete versos de las antiguas runas donde se menciona las reglas de padre Odín para los vikingos. Les recordé a la aldea que Thor no era un dios vengativo y sino nuestro protector desde el principio de los tiempos, también ninguna de las señales del ragnarok se había revelado y que los dragones no tenían nada que ver con la tormenta y los rayos, y que todo se debía al metal así como lo había explicado.
–¿Y te creyeron? –soltó el muchacho con muy poco tacto.
–No del todo, al principio –admitió la chica aproximándose a su gemelo –. Pero termine de convenciéndolos. Me preguntaron tantas cosas y en ocasiones no estaba segura que contestar, pero papá se quedo a mi lado todo el tiempo y les demostré que era digna de confianza ante lo que podían desear los dioses.
El gemelo pecoso miró con sorpresa a su hermana, al darse cuenta de lo que implicaban aquellas palabras. Honey debió demostrar gran compromiso a las antiguas tradiciones y las leyendas de los dioses (aquellas que siempre desprecio) para un terco vikingo Hooligan le creyera. ¡Y lo había conseguido con toda la aldea! Hiccup no pudo evitar admirar a su gemela, quien debió sacrificar su propia forma de pensar por el orden y la paz entre su gente.
–Además –agregó ella interrumpiendo sus pensamientos –, Gobber no tardó mucho en mostrarles esto.
Antes de que Hiccup pudiera preguntar a que se refería, Honey comenzó a retirar la venda de su brazo derecho, dejando completamente expuesta su piel blanquecina pero completamente sonrojada. La manga de las ropas de Hiccup hacía falta y en su codo quedaba un simple chamuscón; pero lo más impresionante era su brazo en sí. A lo largo de su extremidad, su piel había quedado marcada con líneas cicatrizadas que asemejaba a un rayo, extendiéndose de la muñeca hasta su hombro.
–Wow –exclamó Hiccup examinando su piel, mientras Toothless lo olfateaba con atención.
–Sobreviviste a un rayo y obtuviste la marca de Thor –o al menos así lo llamó Honey –. Eso demuestra que Thor no estaba enojado contigo o Toothless, ya que perdonó tu vida y te dejo un recuerdo para toda la vida.
–¿Es en serio?
–La verdad, no lo sé –admitió la chica con una sonrisa tímida –. Podría checarlo con las runas para confirmarlo, pero la aldea y papá no tuvieron más dudas al respecto, y Mildew ya no pudo decir nada en tú contra…
–Espera un momento –la detuvo Hiccup de golpe –. ¿Esto podría significar nada? –dijo incrédulo indicando su brazo ante tal paradoja.
–Tal vez sí, tal vez no –dijo Honey sonrojándose nuevamente –. Nunca se sabrá. La diferencia radica en que hiciste lo correcto para ayudar a otro –paso su mano sobre la cabeza del dragón negro que ronroneó con más fuerza –, y al final de cuentas, eso es lo importante.
–A igual que tú –sonrió a su vez Hiccup satisfecho de cómo resultaron las cosas.
-o0o-
Ante los buenos cuidados de Honey y la compañía de su dragón negro como la noche, Hiccup se recuperó rápidamente de su trauma casi mortal; aunque tal como lo diagnostico su hermana, su brazo quedo marcado de por vida con aquella impresionante cicatriz.
Su padre tenía ciertas emociones encontradas con respecto a la recuperación de su hijo y el trabajo de hija: estaba muy feliz de que Hiccup siguiera con vida, orgulloso de su valor y del compromiso de Honey con su futuro deber; pero por otro lado, pensaba en el más terrible castigo que le quitara tales ideas suicidas a su muchacho y una cuota monetaria que alejara a Honey de toda tentación hacia las apuestas.
Poco a poco, la vida a Berk regresó a la normalidad, o al menos la tranquilidad que había adquirido al principio de la llegada de los dragones. Las tormentas se alejaron de la isla y Gothi regresó de su peregrinación por las tribus del archipiélago barbárico.
La anciana no quedo muy feliz cuando se enteró que la aldea cayera en la histeria del fin del mundo durante su ausencia, pero estaba satisfecha con que su estudiante al final hubiera entendido la importancia de su rol en la sociedad vikinga y le diera la importancia que necesitaba. Aún así, planeó un castigo peor que el de Stoick para quitarle a la gemela pecosa futuras tentaciones.
Otra persona que no tenía a la anciana en buenos planes, fue Mildew; que después de una reunión con el jefe y el resto del consejo de Berk, la anciana aceptó la petición de su colega anciano de que el Thawfest se retomara en honor de Thor solamente. A cambio, el aciano decrepito debía aceptar que la estatua del dios hecha de metal fuera dejada en su campo de coles en la cima de la colina, donde todos días podría venerarla al alba como su devoción lo ameritaba. Mildew no le quedo más alternativa que aceptar, aunque eso significaba que su hogar se convirtiera en blanco de futuros rayos.
Ya hablando de Thawfest, se esperó varios días a que el orden regresara totalmente a Berk para que tan siquiera se considerara continuar con la competencia. Los puntos de las primeras pruebas se perdieron por completo (lo vikingos no eran muy buenos recordando), por lo que se decidió que una carrera de obstáculos que incluyeran características de la mayoría de las competencia, sería la mejor forma de coronar el vencedor.
En un principio, Stoick estuvo algo renuente de que Hiccup y Toothless compitieran una vez más; además, finalmente sentía que su hijo no tenía nada que probar a él, a la aldea o a cualquiera. Pero Hiccup quería hacerlo; así que cuando Honey y Gothi le dieron el visto bueno a sus heridas, se programó la última de las pruebas para un particular domingo soleado.
Eso no le hizo nada de gracia a Spitelout, quien al final de cuentas no pudo hacer más aceptar las condiciones para última carrera, si quería que su hijo compitiera. Así que después de una larga charla motivacional a su muchacho, insistió que la prueba fuera lo más pronto posible:
–Recuerda –le había dicho a Snotlout fuera de la vista de terceros –: los Jorgenson siempre ganan.
Las palabras motivaciones y el tono amenazador lleno de amor de padre, fueron suficiente para poner nervioso a su primogénito.
Cuando finalmente el día de la carrera llegó, todos los jóvenes jinetes se encontraban emocionadnos por competir, más que por la victoria misma (o al menos la mayoría de ellos). En cuanto a Berk, animaba desinteresadamente a todos los chicos por igual. Al fin se había aprendido la lección.
Fue una prueba muy difícil, complicada y larga, que tuvo a su indiscutible vencedor… y para sorpresa de uno, ese fue Snotlout.
Aunque Astrid y él, iban a la cabeza en la categorías físicas de la carrera que incluía equilibrio, velocidad y fuerza, un accidente de los gemelos Thorston dejo rezagada a lo joven rubia quien quedo atrapada en la carambola. Luego, en la segunda parte de la carrera, sobre los lomos de los dragones, Hiccup tenía fácilmente la victoria ganada sobre los demás jinetes ante la velocidad y puntería del nightfury, pero su compasivo corazón lo obligó a rezagarse y dejar que su primo saliera victorioso de la carrera.
Spitelout no podía estar más feliz. Él y su familia hicieron bastante escándalo por lo mismo durante el banquete dedicado a Snotlout aquella misma noche. El Jorgenson no tardó ni un instante en restregárselo a su hermano, pero Stoick, quien no tenía más dudas de las capacidades de su heredero, dejo que su medio hermano disfrutara de la victoria de su clan como le diera la gana.
Como dictaba la tradición, esa noche hubo un gran festín con todos los platillos tradiciones y los panes de cangrejo de los Ingerman. El hidromiel fluyó libremente en los tarros de los vikingos y la música atrapaba los sentidos.
Honey danzó y cantó una canción en nombre de la victoria de Snotlout al principio de la noche, en lo que los habitantes descubrían maravillados la voz que la chica mantuvo mucho tiempo oculta. La gemela nunca había tenido interés en recitar para alguna otra persona o tan siquiera considerar que su voz era buena o no, pero después de los sucesos de los últimos días y su propio compromiso en su futuro deber, le resultó mucho más fácil dejar aún lado su propia apatía y convivir con su gente.
Pertenecemos a la luz, pertenecemos al trueno,
Pertenecemos al sonido de las palabras en las que ambos hemos caído,
Hagamos lo que hagamos o nos preocupemos por algo peor o mejor,
Nos pertenecemos nosotros,
Pertenecemos nosotros,
Pertenecemos juntos.
–Quién diría que podía cantar de esa manera –dijo Gobber a Stoick al oído, mientras que éste, como todo padre orgullo, veía a su hija dar vueltas por el gran salón mientras cantaba –. ¿Dónde habrá aprendido esa canción? –cuestionó el herrero sin conocer la letra de la melodía.
–No tengo idea –contestó Stoick sin darle importancia, pero completamente cautivado.
Gobber se dio cuenta de ellos y no tardó en agregar:
–Se parece mucho ¿verdad?
Solo podía ser a una persona a la que podía referirse.
–Así es.
Mientras que la aldea se sentía cautivada por la voz de la joven Haddock e hipnotizados por sus movimientos. Hiccup disfrutaba como siempre de su soledad en compañía de su fiel dragón. Una vez que su hermana terminó la interpretación de su canción favorita ganándose mucho aplausos, Hiccup sintió un potente puñetazo en el hombro que le impidió celebrar con los demás.
–¿Por qué fue eso? –dijo automáticamente sabiendo de quien se trataba.
–Sé lo que hiciste –lo acusó de la nada Astrid con una gran sonrisa.
El muchacho esquivó su mirada tratando de mostrarse humilde.
–Sí, perdí… como siempre –contestó Hiccup desconsolado.
–No me refiero a eso –dijo ella tomándolo del hombro para forzarlo a levantarla la vista y mirarla a los ojos –. Hiciste lo correcto, Hiccup.
Y antes de que el muchacho pudiera repelar, Astrid le sentó un tremendo beso en los labios, tan potente que le succionó el labio inferior. Hiccup terminó como arcilla maleable en los brazos de la chica, hasta que ésta tuvo suficiente de él.
–Mi chico fue el mejor hombre de todos en el Thawfest –le susurró ella apretando sus labios contra los de él, pero sin llegar a besarlo de nuevo.
Atolondrado por el calor y el dulce aliento de Astrid contra su rostro, el gemelo Haddock no pudo evitar que la rubia se alejara de él lentamente, antes de que pudiera hacer algo para impedirlo.
–Espera –soltó Hiccup alarmado y con los ojos tan grandes como platos cuando finalmente su cerebro recuperó sus funciones –. ¿Eso significa?
Astrid le dirigió una sonrisa picara antes de caminar hacia el centro del gran comedor donde la parejas comenzaban a danzar ante la música que llenaba el recinto. Los movimientos de la rubia eran una invitación a seguirla, o al menos eso pensaba el gemelo pecoso hasta que:
–¿Disfrutando de la fiesta? –dijo una voz detrás Hiccup sacándolo de sus ensoñaciones e impidiéndole ir tras Astrid.
–¡Honey! –bramó el muchacho alarmado volviéndose hacia su hermana completamente sonrojado y llevándose una mano sobre su pecho –. ¿Q-qué… qué haces aquí? ¿Acaso viste…?
–Sí, por desgracia –contestó la chica desapareciendo toda jovialidad de su rostro.
–¿Eh?
–Oh por favor, Hiccup –agregó ella con desagrado –. Cierra la boca, que babeas.
Su gemelo rápidamente se pasó la manga de sus ropas por los labios, aunque las alusiones de Honey eran solo figurativamente. Toothless se rió de él sin pena en aquella noche especial donde finalmente Berk, podía dar un paso hacia adelanto… a lo que era correcto.
Chapter 62: Hermanos de dioses
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Hermanos de dioses
Estrella brillante en el cielo,
Njord domina el océano,
La tierra renace de vida,
Fruto bendito, fruta caída.
~o~
El hombre que pisa la tierra,
Navegante a los mares,
Guerrero campeón de guerra,
Los dioses gobiernan por anales.
~o~
Virtuosa criatura,
Creación divina,
Bestia de fuerte dentadura,
Loki con su mente ladina.
~o~
El dragón es fuerte,
La bestia es poderosa,
Ser de tempestades,
La bendición de Thor es ventajosa.
~o~
El vikingo con su espada,
El dragón con sus garras,
Sus miradas se encuentran,
Sus almas son hermanas.
~o~
Siempre fue designio del rayo,
La unión de poderosos pares,
Antiguos jinetes a caballo,
Reptiles alados poblad los mares.
~o~
Vikingo, vikingo, Thor te ha favorecido,
Dragón, dragón, Odín te ha escuchado,
Contrincantes furiosos y enardecidos,
Su compañía de por vida estaba planeado.
~o~
Hermano mío,
¿Quién llorara por nuestras almas?
Cuando la discordia separe a los amigos,
Y derrames las lágrimas por los que amas.
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Chapter 63: Retos y deberes
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Retos y deberes
Lo últimos días de sol en la casi olvidada isla de Berk eran muy bien aprovechados por sus habitantes vikingos, la mayoría de ellos trabajaban arduamente en algún pendiente o preparativo para la próxima temporada fría que solía azotar sus hogares.
Las últimas cosechas fueron recogidas, las ovejas pastaban con alegría y los Yaks apestaban los terrenos con sus gases naturales. Los niños jugaban en la plaza central, los Ingerman dejaban que olor de sus recientes panes horneados escaparan por las ventanas de su cocina y los dragones tomaban el sol en la colina.
El astro solar sobre sus cabezas brillaba con intensidad gracias a la poca ausencia de las nubes como una bendición de Brono, dios de la luz diurna. Sí, era un día perfecto para volar en lomo de un dragón sobre el pico de Thor y los bosques de Berk; por desgracia para los jóvenes jinetes, ellos no podrían disfrutar de aquel privilegio.
–¡Ya dejen de quejarse sabandijas, que aún les falta mucho por aprender!
Gobber the Belch no tenía piedad sobre sus pobres alumnos y de aquel hermoso día.
Desde que terminó el Thawfest y se coronó a Snotlout Jorgenson como victorioso, el viejo y manco herrero, les dejo claro a sus jóvenes aprendices de guerrero vikingo que estaba profundamente decepcionado por el pésimo y patético desempeño que demostraron en la competencia.
“Un grupo de bufones danzando” fue como los describió.
–No veo porqué debería estar aquí – se quejo Snotlout con su grupo de amigos –; ya he cumplido con mi rito de madurez. Soy todo un guerrero vikingo –alardeó posando dignamente, al menos por unos escasos segundos hasta que Gobber lo derribara con un leve tirón de su mano de garfio.
–“Todo un guerrero vikingo” si como no –se burló el herrero –, y yo soy todo un adonis.
–Vamos Gobber, ten un poco de piedad –comentó Hiccup desde el suelo, donde yacía agotado junto a la mayoría de sus compañeros y su hermana. Al otro extremo de la academia dormían plácidamente los seis dragones, quienes habían perdido interés en las actividades de sus jinetes humanos.
–Los Outcast nunca tendrán piedad –respondió éste –, ni los Uglithugs o Lavaluts. Ya se los he dicho una y otra vez: ¡confían demasiado en la fuerza de sus dragones!
–Bah –se quejo Ruffnut torciendo la boca –, es obvio ¿no? Además, que más se necesita cuando tienes media tonelada de músculos y escama que escupe fuego.
–¿Hablas de tío Blaffnut? –comentó su hermano gemelo completamente perdido de la conversación –. Y no solo es capaz de escupir fuego, cuando come muchos granos también puede lanzarlo por el…
–¡Creo que nos estamos alejando del punto importante aquí! –bramó Astrid interrumpiendo totalmente lo que pudo ser una pizca de información innecesaria y completamente perturbadora.
–Aunque hay que admitir que dijo Ruffnut es cierto –puntualizó Fishlegs –. Lo de los dragones, no lo del tío con problemas de gases –aclaró rápidamente.
–No, Astrid es la que tiene la razón –tajó nuevamente Snotlout lanzándole un besito a su vez a la rubia–. Lo importante aquí, es que mi presencia no es necesaria en más inútiles entrenamientos; cumplí mi rito y acabo de cumplir los dieciséis años. Ya soy todo un adulto.
–Oh por Thor si tú eres un adulto, yo soy un yak lanudo de seis patas…
–Lo único que tienes de adulto es el vello en las axilas….
–Creo que esa es una imagen que nunca me sacaré de la cabeza aunque muera…
–No puedo creer que discutan esto, hay cosas más importantes que hacer…
–Sí, ahora podría estar durmiendo…
–En realidad, yo tengo algo de hambre…
–Chicos, chicos, nos estamos perdiendo de nuevo…
Con cada comentario que soltaba los jóvenes, una sarta de respuestas comenzaron a fluir sin control en respuesta, cada uno quejándose desde su punto de vista porque no debería estar ahí y que Snotlout era un idiota. Gobber frotó su rostro con su única mano antes de perder completamente la paciencia.
–¡SILENCIO! –gruñó el vikingo acallando completamente las voces de los adolescentes y logrando despertar a los dragones de su siesta matutina –. ¡Nadie va holgazanear, nadie va a comer, nadie va a ser un yak de seis patas y por supuesto, nadie le va a ver los vellos de las axilas a Snotlout!
–Muy tarde –se burlo Ruff levantando uno de los brazos del moreno.
–¡Hey! – se quejo éste.
–¡Es por eso! –interrumpió aún con más fuerza Gobber captando la atención de los chicos –. Que practicaremos una vez más el combate mano a mano.
La mayoría de los chicos soltaron un quejido en frustración, excepto Astrid que se puso de pie de un brinco y tronó sus nudillos en anticipación. Todos eran consientes que la rubia era la mejor en el combate mano a mano y ninguno tenían posibilidades contra ella.
–Eh… Gobber –musitó Hiccup levantando la mano – ¿y si practicamos nuevamente nuestras armas ideales?
Ahora le tocó a Hiccup recibir los quejidos de frustración de sus compañeros, incluso de su gemela quien estaba sentada a su lado.
En realidad los chicos habían prosperado muchos con en la revelación de sus armas ideales: ya sabíamos que Astrid descubrió que el hacha era lo suyo, Tuff resultó ambidiestro tanto para el mazo como la espada larga, poco después Snotlout supo que lo suyo el garrote y Ruffnut la lanza. Incluso Fishlegs resultó ser habilidoso con los cuchillos de cortos. Solo Hiccup y Honey continuaban sin descubrir cuál era su arma idónea, el gemelo pecoso insistía que lo suyo era la espada corta (aunque no demostraba ninguna buena habilidad para ello), en cambio Honey fracasaba rotundamente con cada una que intentaba.
En realidad el poco interés de Honey por descubrir su arma ideal tenía algo frustrado a Gobber; Hiccup tal vez era pésimo con la espada, pero al menos lo intentaba. Honey en cambio, parecía haberse rendido mucho antes de sujetar cualquiera de ellas: las masas y garrotes no podía levantarlos, no poseía la gracia para blandir una espada, solía lastimarse a sí misma con las lanzas y cetros, y la potencia de la ballesta la lanzaba hacia atrás. La chica pecosa no tenía ninguna fuerza en sus brazos tan delgados como espigas, que ni siquiera podía tirar de las cuerdas del arco.
Así que volver a retomar los intentos de encontrar su arma idónea con una chica sin el deseo de hacerlo, y su gemelo sobre-esperanzado, era lo último que quería Gobber para aquella larga y agotadora mañana.
–Combate mano a mano será –sentenció finalmente poniendo punto final a la discusión.
Eso fue una lástima para Hiccup por dos simples razones: seguía completamente convencido que la espada era el arma indicada para él y que solo necesitaba más práctica; ante su gran entusiasmo por participar, Gobber lo seleccionó para enfrentar en la primera ronda a Astrid.
–Gobber tal vez deberíamos plantearnos un poco mejor la idea del comba… –pero antes de que Hiccup terminara la frase, ya tenía a Astrid sobre de él.
Para sorpresa de todos, incluso de sí mismo, logró quitársela de encima girando hacía un lado.
Tal vez no era tan malo en un combate mano a…
Pero antes de que pudiera cantar victoria, Astrid se lanzó de nuevo hacía él, derribándolo por completo mientras le efectuaba su mejor llave al cuello.
–Vamos, Hiccup –lo regañó Gobber mientras su rostro se tornaba más morado cada segundo –. Ni siquiera hace el esfuerzo.
El chico alcanzó a soltar un quejido de dolor lastimero en respuesta.
–Bien, es inútil –se quejo Gobber dejando caer sus brazos a sus costados –. Ya tuve suficiente de ustedes por un día –completamente fastidiado, el herrero se marchó a paso deicidio afuera de la arena sin volverse atrás.
Después de unos segundos de asfixia total, Astrid desistió de su intentó de matar a Hiccup y dejo que éste se colapsara sin aliento en el suelo.
–¿Estás bien? –le preguntó ésta.
–Perfecto –masculló el chico sin aliento –; solo dame unos quince minutos para recuperarme –comentó antes de colapsarse de nuevo contra el piso –. Mejor que sea una hora…
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Al final, Hiccup requirió más de dos horas para que el oxigeno regresara por completo a su cerebro. Para cuando recuperó la conciencia, ya era muy tarde para retomar el entrenamiento con los dragones y la mayoría de los jinetes había tomado su propio camino.
–Vaya, a pesar ser tu novia, Astrid no tiene problemas para patearte el trasero –le comentó Honey a su hermano una vez que estuvo en condiciones para marchar a pie de regreso a la aldea. Ambos gemelos caminaban despacio, seguidos de cerca por Toothless y Furry.
–Wow, primero no me patearon el trasero. Solo me deje patear, y segundo, Astrid no es mi novia… al menos no oficialmente.
–Aja –soltó su hermana escéptica.
–En serio –insistió Hiccup muy nervioso con el asunto –, no es como si hubiera planes para el futuro o un compromiso…
–Cabe la posibilidad que papá ya hablara con Bertha sobre planes matrimóniales…
–¡No!... Lo. Digas. Ni en broma.
–¿Y por qué no le preguntas? –le soltó Honey con malicia una vez que vislumbró la enorme e inconfundible figura de su padre, acercarse a ellos por el camino que conducía al muelle de la aldea.
Hiccup no pudo evitar tragar saliva ante la proximidad de su padre y su semblante de seriedad inquebrantable.
Sabía que Honey lo estaba molestando, pero ¿realmente su padre ya estaba enterado de su relación con Astrid? La verdad, se debía ser un ciego para no notarlo o en su caso Snotlout que era ignorante de la gente a su alrededor. Y como buena costumbre vikinga, especialmente en Berk (donde los matrimonios por amor eran lo más normal y común) que tan solo se mostraba interés entre la pareja, era deber de los padres conversar sobre el posible futuro de sus hijos. Y eso aterraba a Hiccup.
–Tú –le dijo indicándolo con su ancho dedo índice una vez que alcanzó a sus dos hijos en el camino. El gemelo pecoso temió lo peor –Y tú –agregó indicando a Honey –. Vengan conmigo.
El gran Stoick the Vast, al igual que todo líder vikingo era corto de palabras, dejaba mejor que sus músculos y sus acciones fueran las que hablaran. En cierta forma, sus gemelos debían estar algo acostumbrados a tal comportamiento de su padre después de doce años de convivencia. Aún así, sintieron algo de ansiedad cuando los guió en completo mutismo hasta el muelle de Berk, donde muchos de los guerreros parecían estar muy ocupados preparados los botes y navíos para un inminente viaje.
Tal vez no era nada que tuviera que ver con su relación con Astrid después de todo.
–Papá ¿paso algo? – se animó a preguntar el muchacho.
–Mulch y Bucket no han regresado de su viaje de pesca –soltó éste con sequedad sin detener su marcha o volverse a mirar a sus hijos. Hiccup y Honey lo entendieron como una mala señal; intercambiaron unas miradas nerviosas tratando de no alejarse mucho de su padre.
–¿Desde la mañana? –preguntó Honey.
–Desde hace dos días.
Sí, no era para nada bueno.
A pesar de que la isla de Berk era un lugar casi olvidado en lo más lejos del archipiélago barbárico, no se podía simplemente desaparecer. Mulch y Bucket era los principales pescadores de la aldea y con ello sus conocimiento en la navegación, como en su oficio, excedía fácilmente a cualquier otro vikingo de la isla. Que llevaran dos días perdidos resultaba sumamente consternarte. Algo más allá del control de ambos navegantes les había impidió regresar a casa.
–Hace unas semanas –continuó Stoick –, Mulch me había informado que habían tenido problemas para encontrar y atrapar los cardúmenes –la marcha del líder vikingo finalmente terminó en el último muelle, donde su navío favorito, Emperor Penguin, era preparado para el inminente viaje –. Me aseguró que algo debía andar mal, y yo solo pensé que exageraba –agregó de último con sincera preocupación en su voz. Los tres marchantes alcanzaron a Gobber al final de muelle, mientras éste subía las últimas amarras a la cubierta.
–No puedes culparte, Stoick –dijo el amigo uniéndose a la conversación que tenía con los dos gemelos.
–¿Sabes donde podrían estar? –preguntó esa vez Hiccup frotando levemente la cabeza de Toothless sobre su hombro. La cálida compañía de su dragón, lo consolaba.
–Según el señor Ack, Bucket llegó a contarle que planeaban navegar hacía el este ese día.
–¿A la isla de los dragones?
–A la puertas del Hel.
De nuevo los gemelos intercambiaron un par de miradas que su padre pudo interpretar. Y al igual que ellos, tanto Toothless y Furry también se miraron, percatándose lo que significaba aquellas palabras. Ahora todos sabían que era un problema de dragones.
Generalmente, un inconveniente como tal sería resultó por los jinetes y la academia, o al menos así deseaba Hiccup que fuera. Por desgracia, los jinetes eran aún inexpertos, los dragones se estaban ganando poco a poco su lugar en la aldea para que enfrentar aquella situación por su cuenta.
Aunque no les gustara, ese escenario tendría que resolverlo su líder a la antigua forma vikinga.
–¿Qué vas hacer ahora, papá? –masculló Honey aunque conocía ya la respuesta.
–Iremos a buscarlos.
–¿Iremos? –preguntó Hiccup –. ¿Todos?
–La gran mayoría –respondió Stoick subiendo a cubierta de su barco, dejando a sus dos hijos, sus dragones y a Gobber en el muelle –. La guardia de Berk, los guerreros, hasta el consejo me acompañaran. Tengo el presentimiento que algo encontraremos en esas aguas.
Definitivamente era una búsqueda de problemas.
Hiccup no pudo evitarse consternarse; deseaba sugerir a su padre en aquella empresa y tal vez así evitar un enfrentamiento innecesario, pero sí Stoick no lo había incluido en aquella lista de pasajeros, era que tenía otro plan para él.
En esos momentos, el chico deseaba haberlo convencido de aceptar tener su propio dragón, así le demostraría a su padre finalmente la maravillosa experiencia que era estar en conexión con uno. Tal vez… de esa manera, se evitaría cualquier otro derramamiento de sangre.
–Si tuvieras tu propio dragón podrías tener en línea cada uno de los habitantes desde el cielo –le había sugerido el muchacho a su progenitor en una tranquila cena en la casona Haddock. Honey había preparado un delicioso caldo de bacalao que terminó derramado sobre la superficie de la mesa cuando Stoick en sorpresa lo escupió por todos lados.
–Hiccup, hay cierta cosas para las que un vikingo a la antigua no está hecho –fue la respuesta definitiva de su padre después de una larga, constante y casi fastidiosa insistencias por parte del muchacho –: la escases hidromel, un mal trabajo de herrería, socializar, y la más importante, montar un dragón. Sin ofender lagartijas –agregó dirigiéndose solo a Toothless y Furry.
Pero el gemelo pecoso estaba lejos de aceptar un no como respuesta, aunque antes tenía que superar la razón y lógica que le aplicaba su hermana:
–¿Recuerdas que pasó la últimas vez que quisiste cambiar el antiguo orden de la noche a la mañana? ¡Todos creían que el ragnarok había iniciando! Así que te sugiero que abandones la idea de conseguirla a papá un dragón, al menos por el momento. Porque no creo que puedas aguantar otro rayo que te salve de ser linchado.
Exagerado, pero cierto.
Así que por el momento, Hiccup se sacó la idea de su padre montando un dragón de la cabeza y dijo:
–¿Por cuánto tiempo?
–El necesario. Unos días… una semana… no estoy seguro.
–Espera un momento –tajo Honey percatándose de lo que implicaba –, si irán casi todos los adultos ¿Quién se quedara a cargo?
–No todos los adultos –dijo su padre con una sonrisita y las manos en la cintura indicando con la cabeza al vikingo herrero junto a sus hijos.
–Gracias, Stoick –soltó Gobber con reproche.
–¿Gobber? ¿A cargo?
–No, Gobber.
–¿Quién? –saltó Hiccup abriendo sus ojos más grandes y redondos que unos escudos. Pero su padre tenía la mirada clavada en su delgado cuerpo –. ¿Yo?
–Así es –la sonrisa de Stoick se hizo aún más grande –. Ya has cumplido tu rito de madures y con ello, tu valía a nuestra gente. Creo que ha llegado el tiempo justo para que empieces a practicar tu liderazgo.
Hiccup no pudo evitar sentir un horrible escalofrió recorrer su espalda y erizar su bellos de la nuca. Y nada tenía que ver la respiración humada de Toothless en su cuello.
–¡Pero yo no puedo estar a cargo de toda la aldea! –gritó.
–De toda la isla para ser precisos –marcó Honey siendo realista, pero ganándose una mirada de reproche de su hermano.
–Y no lo harás solo –soltó Stoick –, para eso tienes una hermana.
–¿Qué yo qué? –masculló Honey dando un respingo.
Ambos gemelos olvidaron rotundamente la búsqueda que tenía por delante su padre y se estremecieron ante tal encomienda. Mientras, Stoick y Gobber parecían divertirse de los lindo con la caras de espanto adoptaron los hermanos.
–Esto también será una prueba para ti –continuó el jefe –. Ya lo he discutido con Gothi y le parece muy buena idea que vaya enrolándote en la labores de consejería.
–Papá… Honey y yo… solo tenemos doce…
–Ya lo he discutido con el consejo y todos lo han aprobado…
El terror se apodero de ellos.
–Pero ¿Cómo vamos a hacernos cargo de todo Berk?
–Eso tendrán que averiguarlo por su cuenta.
Gobber se reían detrás de su única mano.
–¿Y si pasa algo?
–Para eso se quedara Gobber…
–¡Gracias por arrojarme la bola, Stoick!
–Y Gothi… y también Mildew.
–¿Por qué no mejor nos arrojas al mar? –se quejo finalmente Honey perdiendo la paciencia y dejando caer los brazos a sus costados.
Stoick le dirigió a sus hijos una última mirada que combinaba su espereza, resolución y su posición de líder. Antes que cualquiera de los presentes pudiera decir o quejarse más de la idea, el Emperor Penguin comenzó a separarse del muelle en que los navegantes soltaron las amarras.
Pronto y poco a pocos, los demás barcos incluidos en la expedición y búsqueda, imitaron al navío insignia adentrándose a la mar, mientras los seres queridos despedían a los tripulante y guerreros sacudiendo sus brazos. Una clásica y tradicional despedida vikinga.
–¡Ya es muy tarde para eso! – les gritó por ultimo Stoick desde la popa de su barco mientras cada vez se alejaba más del muelle de su hogar –. ¡Además no se preocupen, estarán a cargo de puros jóvenes como ustedes! ¡¿Qué tan difícil puede ser?!
Stoick se despidió alzando su puño en el aire, a lo que Gobber respondió imitándolo, a diferencia de los gemelos, que solo se quedaron petrificados juntos a él.
Sí… que tan difícil podía ser…
Chapter 64: Happy Birthday… to me
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Happy Birthday… to me
Definitivamente, era más difícil de lo que se podían imaginar.
Tan solo había pasado un día desde la partida del grupo de búsqueda encabezado por el jefe Stoick the Vast y la mayoría de los adultos, y ya la aldea parecía una zona de guerra. Ni siquiera cuando fue invadida por los Outcast alcanzó ese nivel de caos.
Por todas los caminos de Berk los jóvenes vikingos brincaban y jugaban causando destrozos. Los animales de granja corrían libres entre las casa, mientras lo dragones intentaban comerse algunos de ellos. Las cosechas había dejado de ser recolectados y las provisiones para la temporada de invierno se encontraban esparcida por todos lados.
Mildew como el cascarrabias de costumbre, marchaba por la aldea quejándose de todo, la única diferencia que radicaba en esa ocasión, es que sus quejas finalmente estaban bien fundamentadas. Los chicos gritaban, los dragones comían todo, los animales ensuciaban y el caos reinaba en Berk.
Esos eran las primeras horas del gobierno de Hiccup Haddock III.
El anciano de Mildew no solo era el único en desacuerdo con aquel desorden, Gothi prácticamente se había refugiado en su casa olvidada en la alta colina y evitaba toda visita. Algunos adultos rezagados o que quedaron atrás, no eran de gran ayuda con la situación, ya que los que se quedaron en la aldea eran aquellos con el poco temperamento para lidiar con los problemas, pero igualmente se quejaban absolutamente todo. Muchos de ellos (incluido Mildew) ya tenían una lista larga y llena de decepciones que mostrarle a Stoick sobre el desempeño de su hijo.
Pero no todos eran tan crudos en sus opiniones, incluso existían aquellos que disfrutaban del nuevo orden. Ruffnut Thorston por ejemplo, no encontraba nada más maravilloso que caminar por la aldea una mañana mientras el pandemónium reinaba a su alrededor.
La joven gemela rubia tenía fuerte razones para estar feliz. Finalmente había llegado el día en que cumpliría quince años. Y toda aquella locura que gobernaba en la aldea era como música para sus oídos.
–No les parece una mañana mágica –comentó dirigiéndose a su zippleback que la seguía de cerca –. ¿Barf? ¿Belch?
Como un acto irónico, tomó una florecilla que crecía entre unas rocas, en lo que una oveja prendida en llamas pasaba corriendo dejando una estela de humo detrás de sí.
–El dulce olor –agregó después de pasar la flor por su nariz – a piel quemada, mi favorito.
Ambas cabezas del dragón intercambiaron una mirada antes de encender en conjunto una llamarada que prendió en fuego la carreta de coles de Mildew.
–¡Mis coles! –gritó el anciano a lo lejos, mientras Ruffnut continuaba su marcha en compañía de su reptil volador.
Sus pasos por fin la llevaron hasta su casa, donde abrió la puerta de una certera patada.
–¡Mamá! ¡Ya regresé! –se anunció a todo pulmón aunque sin recibir respuesta.
El hogar de los Thorston podría ser confundido con una zona de desastre al igual que las calles fuera de ella, pero no había que engañarse, ya que ese era el aspecto que tenía la vivienda la mayor parte del tiempo.
–¡Mamá! –volvió a gritando Ruff sumergiéndose en las sombras de su desaliñado hogar –. ¡Mamá! ¿Mamá? –el camino de la joven la llevó hasta uno de los sillones de paja apiñados dentro de la casa, donde la señora Thorston dormitaba profundamente.
La alta y delgada mujer, se encontraba extendida a lo largo del mueble como si su cuerpo fuera simple gelatina, su rostro estaba cubierto por un vestido viejo que parecía haber estado remendando antes de caer dormida, y los pies del sillón, una gran cantidad de botellas la rodeaban. Ella y su amado esposo, habían tenido una divertida despedida con alcohol la noche anterior.
–Mamá –dijo Ruff sacudiendo levemente el hombro de su progenitora –. ¿Ya vas a despertar? ¿Quiero saber que vas a preparar para mí cumpleaños? ¿Mamá? –pero no importaba los intentos de la rubia de levantarla, solo uno que otro ronquido escapaba de los labios de su madre.
La chica rubia, torció levemente la boca antes de acercarse más a su madre y levantar el vestido que yacía sobre su cara, para luego gritarle a todo pulmón:
–¡MAMÁAAAAA!
…Sin obtener resultados.
–Olvídalo –dijo de repente la voz de su hermano gemelo de algún punto desconocido de la habitación. Tuffnut emergió de entre la gran cantidad de artículos apiñados en una esquina, con una chuleta pegada a una mejilla y nos calzoncillos sobre la cabeza –. Ya intenté despertarla con una pierna de pollo rostizado y no funcionó.
–Tarado, a mamá no le gusta el pollo.
–No dije que se la ofrecí a comer –se burló éste usando dicho pedazo de comida como un mazo.
–Genial, ahora ¿quién nos preparará la comida de cumpleaños? –se quejo Ruff dejando caer los brazos a sus costados.
–¡Uy! ¡Ya sé! –respondió Tuff alzando una mano –. Podemos pedirle un pastel a los Ingermans.
–Eso es una buena idea –comentó su hermana – si no fuera porque los Ingermans también se marcharon en la búsqueda.
–Diantres –musitó el gemelo rubio saliendo finalmente desde la masa de objetos donde había estado durmiendo. Al moverse, estos cayeron estrepitosamente por el suelo: tarros, comida, pedazos de madera tallada; aún así, nada perturbó el sueño de la señora Thorston –. Yo quería pan de cangrejo.
–¿Pan de cangrejo? ¿Acaso te has vuelto loco? ¿Quién come pan de cangrejo en su cumpleaños?
–Nosotros –tajo él sonriente sujetando a su hermana gemela del codo y arrastrándola fuera de la casa en búsqueda del pan de cangrejo. Aunque generalmente, Ruff secundaba todas las idea locas de su hermano, aquella no la emocionaba mucho.
Ella no quería pan de cangrejo para su cumpleaños. Ella quería pastel de manzana.
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Niños jugando con armas peligrosas y afiladas, animales corriendo por todos lados, destrucción masiva, pequeños incendios, holgazanería, dragones comiéndoselo todo, eso y mucho más, era tan solo lo básico para describir en lo que se había convertido Berk. Quedando solo los niños a cargo. La indiferencia, así como consecuencias de sus actos, quedaba en segundo plano para la mayoría. Pero no para todos.
Astrid y Fishlegs contemplaban aquella destrucción en compañía de sus dragones en la seguridad de los pocos techos que aún no ardían en llamas.
–Hay más caos y destrucción que en aquella vez cuando Tuff y Ruff fueron condenados al cadalso –comentó Fishlegs mordiéndose los nudillos, mientras su querida Meatlog miraba con atención unas ovejas que corrían despavoridas.
–Aún sigo sin comprender como lograron hacer todo eso con los pies –recordó Astrid mientras trataba de mantener la calma, pero su semblante serio y brazos cruzados sobre su pecho no engañaban a nadie. Entonces, ante la duda de que las cosas fueran a mejorar, unas cuentas ovejas corrieron bajo sus pies chillando ante las flamas que prendían su lana –. Es mejor que hable con Hiccup –dijo tomando con fuerza la montura de su dragona, antes de emprender el vuelo –, vamos nena.
Sobre el lomo de Stomrfly, la joven rubia surcó los cielos de la isla de Berk sin conseguir vislumbrar al joven gemelo Haddock o su dragón negro como la noche. En cambio pudo ver como Gustav Larson realizaba una carrera de yaks con otros chicos, como Snotlout y Hookfang devoraban toda la comida que se encontraban en su camino, y a Gobber tarareando una canción marinera mientras su caña de pescas permanecía inmóvil en su mano falsa. Pero no había rastro de Hiccup.
–¿Dónde estará? –musitó ella para sí, antes de usar sus tobillos para indicarle a su nadder en descender frente a la herrería del viejo herrero manco. Sí Hiccup estaba fuera de su vista, era muy probable que estuviera trabajando en la forja.
–Hicc… –intentó llamarlo una vez que alcanzó la entrada de aquel edificio, pero sus palabras fueron cortadas por un fuerte alarido y queja.
–¡…no es más que un montón de plasta de yak! –bramó la inconfundible voz de Mildew.
Astrid se adentró más en la herrería para encontrar justamente a la delgaducha persona que estaba buscando en el fondo ésta. Hiccup se encontraba sentado frente a su mesa de trabajo, al parecer ocupado en algún nuevo proyecto que incluía barras de metal y cuerdas; a sus pies Toothless descansaba como un fiel perro guardián, ya que sus ojos se encontraban abiertos y alerta ante la presencia del viejo cascarrabias a tan solo un metro del él.
Y al fondo de la habitación, sentada sobre un par de barriles estaba Honey leyendo un largo pergamino que caía hasta suelo y giraba alrededor de Furry, quien dormía plácidamente con su panza blanquecina hacia arriba.
–Wow Mildew, por favor –soltó Hiccup en respuesta a las palabras del viejo –. No ves que tengo comida a un lado –indicó un pedazo de pan y queso que yacía a un extremo de la mesa junto a todos los pequeños cachivaches esparcidos en esta.
–En lugar de estar comiendo y jugando con tus tontos juguetes deberías estar viendo cómo solucionar la situación de la aldea –se quejo de nuevo Mildew bajando su rostro hasta la altura del chico junto a él –. ¿Acaso Stoick no te dejo como líder?
–Sí.
–¡¿Y no deberías estar actuando como tal?!
–Sí, ya lo intente y no funcionó –dijo Hiccup con un resoplido –. Creo que lo mejor por ahora es que cada quien se preocupe en lo básico para sobrevivir en lo que el grupo de búsqueda regresa a casa.
Astrid podría haber imaginado que graciosa pudo haber sido la reacción del anciano latoso ante aquellas palabras, si éstas no resultaran alarmantes también para ella. En cuanto a Mildew, le tomó un par de segundos procesar la blasfemia que había escuchado.
–¡¿Qué?! –explotó sacudiendo sus brazos sobre su cabeza –. ¡¿Qué clase de respuesta es esa?!
–La misma que acabo de darte –soltó Hiccup con gran indiferencia.
–¡Arg! –gruñó el viejo como una bestia herida, antes de dirigirse a la chica pecosa al fondo –. ¡¿No vas a decirle algo a tu hermano?!
–Sí, Hiccup –respondió ésta apartando el pergamino de sus ojos por un momento –. Mildew es viejo, tal vez requiera que le repitas las cosas lentamente para que te entienda.
–¡Mocosos impertinentes! –el anciano vikingo estalló en furia pataleando la tierra en el suelo. Toothless levantó su cabeza ante la posible amenaza –. ¡Pero cuando vuelva su padre me va oír!
–Calma Mildew, no es para tanto –dijo Hiccup con calma levantando las palmas de sus manos levemente –; y con tus fuertes gritos es probable que ya te haya escuchado.
El pobre anciano dio un par de alaridos más en desesperación, antes de darse media vuelta y dirigirse a la salida de la herrería más enardecido que un nightmare con hambre.
Mildew pasó casi como un rayo junto a Astrid ignorando su presencia por completo. Si ella no se hubiera apartado a tiempo, posiblemente la habría derribado.
–Malditos niños… –lo escuchó murmurar antes de que llegara a la salida – nunca me había insultado de tal manera…
Wow. Astrid nunca lo había visto tan furioso, ni siquiera cuando los gemelos Thorston tomaran varios vestidos de una de sus difuntas esposas para construir maniquís de ellas con un par de coles y fingir que sus fantasmas habían regresado del más allá para atormentarlo.
–Hey –saludó la rubia aproximándose a los gemelos Haddock.
–Hola, Astrid –Hiccup le sonrió nervioso, intentando levantarse de su asiento. Varios artículos sobre la mesa cayeron ante sus movimientos –. ¿Qué te trae a la humilde forja de Gobber?
–A no mucho –respondió ella –, solo un poco de caos, destrucción y muerte que parece estar azotando las calles de Berk.
–Lo usual, como veo.
–Hiccup no es gracioso –se quejo Astrid posando sus manos en su cintura tratando de mostrase juiciosa ante el asunto –. ¿Acaso no piensa hacer algo al respecto?
–¿Y por qué yo tengo que resolverlo todo? –se quejo el gemelo pecoso dejándose caer de nuevo en su asiento.
–A no lo sé, tal vez porque tu padre te dejo a cargo.
–Te agarró en curva –soltó Honey desde el fondo de la herrería sin apartar su mirada de su lectura.
–Muchas gracias por denotarlo –contestó su gemelo con sarcasmo.
–Es tu responsabilidad como jefe suplente –señaló la rubia apoyando sus manos en la mesa en que Hiccup había estado trabajando –ver que Berk salga a flote en lo que regresa el jefe Stoick.
–Astrid ya lo intente y ya viste como resultó –le recodó Hiccup casi lastimeramente. Y si resultaba ser un recuerdo doloroso, ya que en sus primeras horas de jefe suplente Hiccup había sufrido del peor caso de motín por los demás chicos de la aldea. Muchos de ellos fingieron ser sordos a sus órdenes y palabras, mientras otros simplemente aplicaron la resistencia no violenta y cayeron a dormir en el fardo de heno más cercano –. Nadie quiere escucharme, no importa lo que haga o diga, para los más jóvenes no soy una figura de autoridad…
–Tal vez una figurita… –comentó Honey.
–Para los mayores, no soy un verdadero adulto…
–Con rito de madurez y todo… –remarcó Honey.
–Y Gobber prefirió sentarse en la soledad del muelle a pescar que ayudar…
–¿Por qué será? –señaló Honey.
–Hiccup nadie dijo que ser un líder tenía que ser fácil –interrumpió Astrid posando una de sus manos en el hombro del chico pecoso. Hiccup levantó la cabeza lentamente para toparse de lleno con los ojos azules brillantes de la rubia –, creí que siendo la cabeza de los jinetes ya lo habías comprendido.
–No es lo mismo, Astrid –insistió él encogiendo los hombros –. Ésta es toda la isla, no solo seis adolecentes sobre sus dragones. Además en eso me puede ayudar Toothless… estoy solo.
–¡Hey! –chilló Honey –. ¿Acaso estoy pintada?
–Tienes razón, no es lo mismo –dijo Astrid con la voz más grave que los gemelos Haddock la habían escuchado hablar en su vida –. Pero eso no implica que debas dejar tu responsabilidad.
Por un instante, Hiccup la miró con una expresión indescifrable, pero era obvio para la rubia que el cerebro del gemelo pecoso estaba procesando sus palabras a mil por hora buscando algo entre líneas.
–¿De dónde viene ese sermón?
–No es un sermón, solo es la verdad y tal vez es hora que la afrontes –sentenció Astrid más como una orden que sugerencia –. Además, Honey tiene razón, no estás solo en esto –y con una postura casi marcial, Astrid se dio media vuelta y se marchó de la herrería con el orgullo que una doncella guerrera infundaba –. Ahora, iré a entrenar un poco –y antes de que pudieran decir algo para detenerla, cruzó el umbral de la puerta para saltar al lomo de su dragona y emprender el vuelo.
–Wow –soltó Hiccup –. ¿Qué speed stinger le habrá picado?
–No lo sé, pero lo que dijo es cierto –comentó Honey sorprendiendo a su hermano y así misma de haber pronunciado esas palabras –. Detesto que se esfuerce por caerme bien.
La gemela castaña bajo del barril donde había estado sentada todo la mañana y se aproximó a su hermano, que le dirigía una mirada aprensiva.
–Nunca creí que diría lo que voy a decir –dijo ésta una vez que llegó a su lado y junto a su mesa de trabajo –, pero tengo que decírtelo: Astrid tiene razón.
Los ojos de ambos hermanos se cruzaron por unos breves segundos antes de que Hiccup, bajara sumisamente su mirada y suspirara:
–Lo sé, pero…
–Sabes –lo cortó Honey de sopetón volviendo la atención al proyecto sobre la mesa –, llevas toda la mañana ocultándote y trabajando en esa cosa. Al menos me podrías decir que es.
–¡Ah! –brincó Hiccup en su asiento antes de rascarse la nuca –. Es que después de la última practica con el arco…
–¿Cuando le distes con una flecha al trasero de Gobber?
–Sí, no me lo recuerdes.
–Hey –se quejo Honey cruzando sus brazos sobre su pecho –, yo fui la que estuvo con Gothi mientras se la sacaba. Estaré traumatizada de por vida.
–En fin, estuve pensando que era hora de admitir que mi problema con las armas radica principalmente a que no tengo fuerza en los brazos –dijo el gemelo pecoso, pero casi inmediatamente amenazó a su gemela con un dedo acusador –: No te atrevas a hacer un comentario al respecto.
La chica pecosa solo realizó un leve puchero tratando de parecer inocente, mientras Toothless a sus pies soltaba una leve carcajada dragonil.
–Así que… –musitó el muchacho tratando de ignorar los gruñidos de su dragón – diseñé un nuevo arco que por medio de polea tensará las cuerdas y ejercerá la fuerza necesaria para disparar la flecha sin que yo tenga que esforzarme.
–Eso suena bastante genial –soltó Honey animada –, pero tampoco creo que sea la mejor opción para mejorar en tus capacidades físicas.
–Para ello pensé en un modulador en las poleas –indicó Hiccup levantando su extraña invención: poseía la estructura conocida de un arco, pero en lugar de estar formado de una sola pieza, estaba construida con dos largas ramas como las palas, unidad en el centro por una empañadura de hueso. En el extremo de cada pala había una combinación de poleas que tensaban la cuerda que cruzaba todo el arco –, así que puedo ir modificándolo gradualmente e ir entrenando mis brazos –continuó el chico su explicación señalando las partes de su invención.
–Ya me cautivaste, me encantaría verlo en acción.
–Solo tienes que seguirme –dijo Hiccup antes de ponerse de pie y encaminarse hasta la puerta de la herrería.
A pesar del humor letárgico de ambas lagartijas gigantes, Toothless y Furry se levantaron de sus respectivos puntos de descanso y siguieron a sus jinetes con la intención de no perderlos ni por un segundo de vista.
–¿Acaso ya lo terminaste? –preguntó Honey detrás de su hermano, mientras éste la guiaba hasta un pequeño claro detrás de la forja de Gobber.
–Eso creo, solo necesito hacer un par de pruebas –confesó mientras se colocaba en posición. Del otro lado del terreno se encontraba un blanco improvisado con varios fardos de paja marcados con pinturas de colores.
Aunque fuera solo una prueba, Hiccup quería que su primer intento de su nuevo invento resultara mucho mejor que los anteriores, como la navaja de bolsillo o la podadora de pasto impulsado con terrible terror o lo que él llamaba “retrete”. Así que haciendo faramalla o alarde de su nueva creación, el muchacho sobre-exageró sus movimientos y posturas cuando solo tenía que apuntar.
–Muy bien, intento numero uno…
–¡Espera! –bramó Honey de repente deteniendo a su hermano y casi haciendo soltar su nuevo arco. Acto seguido, corrió a cubrirse detrás de ambos dragones que se mantuvieron desde un principio a una distancia segura. – Ahora sí –dio pulgar arriba.
–Tú confianza en mis habilidades me conmueve –soltó Hiccup antes de continuar –. Intento número uno, en tres… dos… uno…
Recordando a la perfección las lecciones de Gobber sobre cómo usar el arco, Hiccup lo levantó frente a él, extendió su brazo, enfocó su mirada en el blanco en la distancia y tiró de las cuerdas con facilidad ante el apoyo de las poleas. Seguro de su posición, soltó la cuerda dejando así escapar la delgada flecha de sus dedos que cruzó el aire en la distancia entre él y el blanco.
Pero hubo algo que no calculó el muchacho, y eso fue la fuerza de rebote que las cuerdas ejercerían al golpear su brazo extendido. Pronto gritos y alaridos llenaron el pequeño claro:
–¡Hijo de troll! ¡Me lleva Loki! ¡Plasta de yak!
Mientras el chico pecoso brincaba de un lado al otro sujetando su brazo contra su pecho por el dolor, Honey examinó con detenimiento el blanco, descubriendo así que en su primer intentó, Hiccup había logrado dar en el círculo central con estupenda puntería.
–Bueno, al menos le diste al blanco –comentó sin hacer gran alusión al resultado.
–Técnicamente… –chistó Hiccup sobándose el antebrazo – funcionó como lo tenía pensado, solo que no había calculado la fuerza de rebote.
Y a pesar del éxito de su primera prueba, Hiccup se mordió la lengua para soportar las últimas punzadas de dolor y levantar su nuevo arco para realizar unos cuantos ajustes a las poleas.
–Sí, todo es un simple problema de ensayo y error –dijo Honey caminado tranquilamente alrededor de su hermano gemelo –. Ya que no todo puede salir bien a la primera y es probable que nadie confié en que tengas éxito. Incluso, tus probabilidades de fracaso son muy altas….
Hiccup se detuvo para alzar su mirada hacia su hermana ante su curiosa selección de palabras.
–Porque siento que ya no hablamos del arco.
–Tal vez sí… tal vez no –dijo ésta –. ¿Ya lo ajustaste?
–Sí, pero no estoy seguro de querer volver a intentarlo.
–Bien –y antes de Hiccup pudiera hacer algo para detenerla, Honey tomó el arco de sus manos, se volvió hacia el blanco y en cuestión de segundos lazó una flecha justos como siempre se los había indicado Gobber, solo que en esa ocasión, la flecha disparada se clavó limpiamente en el blanco. Para la sorpresa de Hiccup, pero no para Honey, el arreglo en las poleas había evitado el rebote de las mismas y la chica pecosa salió intacta del lanzamiento –, como dijo Astrid: tú no estás solo en esto –agregó entregándole el arco de nuevo a su hermano, en lo que le sonreía con picardía.
Ella, se dio media vuelta y se encaminó hasta Furry, hablando con la curiosa profundidad que en muchas ocasiones erizaba los bellos de la nuca a su hermano:
–Tal vez solo necesitas que alguien crea en ti. Avísanos cuando estés listo. Vamos, Furry.
Y sin más, se marchó del claro dando leves brinquitos con cada paso, en lo que su dragón peludo la seguía de cerca.
Hiccup la miró marcharse en silencio, mientras su nueva invención yacía en sus manos, intacta. No necesitaba ser un genio para entender las palabras entre líneas que le había otorgado su gemela, pero tal vez era algo que ya sabía desde un principio y trató de negarse a sí mismo.
Sin duda eso era lo que buscaba su padre al asignar a Honey como su concejera, a sabiendas de la influencia que la chica tendría sobre él. Tal vez su padre sabía más sobre él, que lo que él mismo se imaginaba.
Pero también había cosas que nadie podía imaginarse. Ya que cuando Hiccup examinó el blanco, pudo descubrir que la flecha que disparó Honey no solo había dado en el centro, sino que había partido la suya a la mitad.
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Muy lejos de ahí, pero muy cerca de las puertas del Hel, el gran Stoick de Vast se encontraba en la popa de su navío favorito, vislumbrando nuevamente la capa densa de neblina que lo separaba a él de la impía tierra de los dragones. Esas aguas y tierras tan temida por ellos hacia tiempo atrás. Pero no ya no más, no desde que sus hijos le habían enseñado de lo que eran capaces aquellas bestias escamosas.
En cierta forma y por primera vez en su vida como líder… como vikingo… sintió una leve punzado en su pecho ante la culpa por lo que estaba por hacer. Sí, los dragonas no eran más sus enemigos, pero seguían siendo animales que no podían sobre-pasar el valor de una vida humana… en especial uno de su gente.
Sin más que lamentar, Stoick dio la orden muda para que sus barcos se adentraran en aquella misteriosa neblina.
Que Hiccup y Honey lo perdonaran.
Chapter 65: No precisamente brillante
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No precisamente brillante
Le resultó sumamente claro para Hiccup la lección que quiso enseñarle su hermana con aquel ejemplo del arco; bueno, se tenía que ser muy obtuso de vista para no haber captado el mensaje tan directo; aunque también debía tomar en cuenta que para la mayoría de los vikingos hubiera resultado bastante difícil descifrar el mensaje. Así que, superando su rechazo inicial, el joven gemelo pecoso sintió que tenía que ponerse los pantalones peludos de piel de yak y establecer el orden perdido en la aldea. Pero, para su desgracia, no podía hacerlo él solo.
En un nuevo intento, convocó a sus jinetes de dragones en la academia, con la leve esperanza que su segundo tentativa de mandato no fuera tan desastroso como el primero, y quien sabe, tal vez la fortuna finalmente le favorecía.
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Pero antes de cantar victoria, hay que recordar que Hiccup nunca había sido afortunado en toda su corta existencia.
Aunque en aquella arena circular se encontraron alrededor de su líder, cada uno de los jóvenes jinetes acompañados de sus leales dragones, la mayoría de ellos se apreciaban atentos por escuchar la palaras de su bajito muchacho, con excepción de un par en particular que tenía otras cosas en la cabeza.
–Es bueno que todos nos encontremos reunidos… –comenzó el chico el discurso que había planificado en su cabeza en su camino hacia la arena, cuando fue interrumpido de golpe por Tuffnut.
–Así es nuestro buen amigo Hiccup, ya que tenemos asuntos muy importantes que atender.
–Muchas gracias por marcarlo Tuff –dijo Hiccup sin darle importancia a la interrupción –. Efectivamente tenemos que organizarnos para tener todo en orden…
–Claro, una fiesta no se puede dar sola –interrumpió esa vez Ruffnut con una gran sonrisa.
–Sí así es, una fies-qué ¿qué?
–Mi fiesta de cumpleaños… –declaró Tuff airoso con las manos en su cintura, pero se apresuró a agregar ante la mirada furibunda de su hermana –: bueno, nuestra fiesta de cumpleaños. Pero especialmente mía.
–No, esperen –negó el gemelo pecoso sacudiendo su manos, en lo que su dragón negro como la noche soltó un leve gruñido en aprobación –. Creo que estamos perdiendo el rumbo.
–Hiccup tiene razón, hay cosas más importantes… –Honey dio un paso hacia adelante, pero…
–¡Como los regalos!
–Bien dicho, querida hermana –puntualizó Tuff –. Los regalos son el alma de la fiesta, es por eso que hemos preparado una lista de posibles obsequios chingones para la ocasión… –continuó el gemelo rubio sacando de los bolsillos de su pantalones de cuero, una larga lista, cuyo extremó cayó de sus manos y recorrió todo el suelo en camino hasta la reja en la entrada de la arena.
Los dragones siguieron con la mirada aquel pergamino, en lo que el joven Thorston continuaba hablando.
–Tuff… –trató de llamarlo Honey sin mucho éxito.
–… van desde comida deliciosa, especial y rara…
–Como manzanas de la isla Meathead… –enumeró Ruff.
–Armas nuevas y lustrosas… –dijo Tuff.
–Y no olvides filosas…
–Tuff, Ruff… –Hiccup trató de lanzarles una mirada amenazante sin éxito.
–Y sin tienen dudas, toda aquello que pueda encenderse en llamas es una buena opción.
–¡Idiotas descerebrados! –rugió Astrid perdiendo la paciencia.
–¡Cerebros! – aceptó Ruff alegre –. Eso también es una buena opción.
–No, par de tarados –los insultó de nuevo la rubia –. Estamos aquí para ver el problema del estado de la isla, no para planear su estúpida fiesta de cumpleaños.
Por unos breves segundos, ambos gemelos Thorston parecieron sorprendidos con tal sentencia, pero cuando sus mentes obtusas captaron el mensaje y trataron de objetar, fueron interrumpidos esa vez por un no tan paciente Hiccup.
–Gracias, Astrid –dijo –. Y tienes razón. Sé que están emocionados por su cumpleaños en unos días, pero no podemos realizar una fiesta si no podemos controlar primero el caos que se apoderado de la aldea.
–¿”Podemos”? Sabelotodo –finalmente Snotlout se unió a la conversación –. Porque si recuerdo bien, eras tú el que estaba a cargo.
Hookfang soltó un leve resoplido apoyando la opinión de su jinete, dejando escapar un poco de humo de su hocico.
Toothless gruñó ante la intimidación.
–Y-y no estoy diciendo que no lo esté… –tartamudeó Hiccup.
–Y hasta el momento has hecho un estupendo trabajo… –se burló Snotlout con una sonrisa picara y con su brazos cruzados sobre su pecho.
–No estoy diciendo que…
–¿Que tu autoridad no fue aplastada tan desastrosamente?… espera, así fue.
El joven moreno soltó una larga carcajada que se ganó algunas miradas poco impresionadas de sus colegas jinetes, como de sus dragones.
–¿Terminaste? –le preguntó Hiccup frustrado. Eso no estaba resultado como se lo había imaginado una hora antes.
–Oh sí.
–Creo que lo mejor es separar el trabajo para cubrir más terreno –opinó Honey tratando nuevamente en dirigir la conversación a su rumbo original.
–¿Eh? No lo sé, Hiccup –señaló Fishlegs nervioso participando por primera vez en la conversación –. Tal vez suene que me pongo a favor de Snotlout, pero debes admitir que tiene un buen punto. ¿Cómo vamos hacer que los demás chicos nos hagan caso? Ya te ignoraron una vez.
–Bueno punto Fishlegs –dijo el gemelo pecoso –, para eso tenemos dragones…
–¡Oh sí! –bramó Tuffnut emocionado –. ¡Vamos a ordenarles que se postren ante nuestros pies o sino serán comida de zippleback!
Ante las palabras de uno de sus jinetes, Barf y Belch liberaron una bola de humo verde que prendieron en llamas sobre sus cabezas.
–Así podemos exigirles regalos de cumpleaños chingones–continuó Ruff.
–Y una fiesta que lance todo por la ventana.
–También podemos arrojar a Snotlout por la ventana.
–¡Hey! –se quejo el moreno.
–Eso me parece buena idea –se burló Astrid.
–¡Con la fuerza de nuestros dragones podré dirigir la aldea con puño de fuego! –sentenció Tuffnut con dramatismo alzando su manos al cielo y soltando una dramática carcajada.
–Querrás decir de “podremos” –lo corrigió de nuevo su gemela.
–Jitomate. Tomate. Son lo mismo.
–¿Qué es un tomate? –preguntó ella.
–Nadie se va a convertir en un tirano y dominar la aldea con la ayuda de los dragones –gruñó Honey acompañada de un rugido de su howl.
–Pero…
–¡No! –marcó Hiccup quien finalmente había perdido la paciencia –. Solo nos apoyaremos en ellos para iniciar los trabajos y poner en orden la aldea: Astrid, tú te encargaras de juntar los rebaños, Fishlegs llevaras las cuentas del inventario, Snotlout, tú recogerás la cosecha y por favor evita quemarla.
–No prometo nada –dijo el moreno en lo que su dragón rojo prendía su piel en llamas.
–Yo y Honey trataremos en atraer la atención de las otras generaciones para que nos ayuden y…
Pero de nuevo, Tuff brincó hacia adelante exclamando:
–Nosotros planearemos una fiesta a lo grande, con música, un chingo de comida, fuego ¡mucho fuego!…
–¡Oh, oh! ¡Y un baile! –dijo Ruff dando unos saltitos como una chiquilla emocionada.
–Pffrr. ¿Quién quiere un baile? Eso es de niñas.
–¡Nada de fiestas! –tajo Hiccup con fuerza poniendo punto final a las interrupción. Toothless apoyó a su jinete soltando un pequeño disparo de plasma al suelo–. Ustedes dos se encargarán de guiar a los dragones salvajes de nuevo al bosque.
–Pero…
–¡Nada de pero! ¡Moviendo esos pies o no habrá ningún cumpleaños! –gritó el muchacho flacucho sorprendiendo a cada uno de sus amigos, hasta su hermana. Todos lo miraron casi asustados antes de montar sus dragones en silencio y salir volando para realizar sus respectivas tareas.
–Vaya un poco de poder y se vuelve un tirano –se quejo Tuff ya sobre la cabeza de su dragón –. Ya nadie puede tener la fiesta de cumpleaños de sus sueños.
–Sí, así es –comentó su gemela desanimada en la cabeza contigua, pensando en sus propio sueños.
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Los navíos de Berk se habían adentrado en las profundidades de la neblina del Helhiem, perdiéndose entre las mareas y las columnas rocosas que se atravesaban en su camino. Aquellos vikingos debían navegar con cuidado y bastante lentitud o todos terminarían como fríos cadáveres congelados en las aguas y lejos de los banquetes de victoria en el Valhala.
En la proa de su barco favorito, el Emperdor Penguino, el líder vikingo de Berk, Stoik the Vast escuchen su nombre y tiemblen, se mantenía hermético y dominado por un silencio sepulcral que ponía los vellos de la nuca (los largos y rizados) de punta.
La búsqueda por sus compatriotas Hooligan se había complicado más de lo esperado y la incertidumbre comenzaba a formarse en los corazones del grupo de rescate.
–Hey, Stoick –la voz de Spitelout rompió el silencio y los pensamientos de gran guerrero vikingo. Pero su medio hermano no contestó más que con un gruñido ante la interrupción, mientras aún apoyaba su pierna en la orilla del la proa y su mano en su grueso cinturón.
–¿Qué tanto piensas? –le preguntó el otro con duda en su voz, que hizo parecer su cuestionamiento algo tonto.
–¿Qué quieres, Spitelout?
El líder del clan Jorgenson soltó un largo suspiro en lo que encogió los hombros. La resignación estaba clara en el tono de voz en las siguientes palabras que pronunciaron sus labios:
–Ya llevamos más de un día perdidos en la neblina –se quejo –, no estamos seguros que podamos encontrar el barco de Mulch y Bucket ante ésta mala vista.
–¿No querrás decir: encontrarlos a ellos? –soltó Stoick con amargura, sin siquiera volverse. No necesitaba las quejas y necesidades de Spitelout en ese momento.
–Eso fue lo que dije.
La tención se aumentó entre ambos tanto que se podía cortar con un cuchillo, y los demás tripulantes del navío cerca de los vikingos se apartaron cautelosamente. Solo hubo una que hizo lo contrario:
–¡¿Qué pasa, jefe?! –bramó con gran alegría Bertha the Big Brute interrumpiendo el incomodo y tenso momento, lanzando sus grandes y musculosos brazos sobre los hombros del Jorgenson –. ¿Por qué la cara peluda? ¿Entienden?
Una gran carcajada salió de sus labios, en lo que sacudía a Spitelout por el torso. Éste, claramente inconforme, tuvo que empujarla a un lado para librarse de su agarre, mientras algunos vikingos reían de la ridícula broma:
–¡La cara peluda…!
Pero el escaso momento de alegría terminó, cuando el jefe vikingo finalmente se dirigió a sus compatriotas con una mirada de pocos amigos.
–Vamos esto no puede ser tan malo –insistió Bertha aún con su sonrisa jovial, mientras los demás navegantes se alejaban discretamente de la escena –. ¿Dónde está su espíritu de aventura? ¿Dónde está el valor Haddock? ¿O la necedad Jorgenson? –se burló la mujer pecando de coquetería –. ¿O… acaso estarás asustado?
–¡¿Qué?! ¡Yo nunca! –soltó ofendido Spitelout cayendo totalmente en las insinuaciones de la Hofferson –. ¡¿De dónde sacas esa pendejes Bertha?!
Por su parte Stoick solo cruzó sus brazos sobre su pecho, como si fuera un simple espectador ajeno al problema. Bertha se traía algo entre manos, la conocía muy bien para darse cuenta.
–Jo, jo jo –se burló la ancha mujer –. ¿Acaso herí tus sentimientos?
–¿Sentimientos? Eso es para mujeres –respondió el Jorgenson –. ¿Y no deberías estar en tu casa atendiendo a tu marido? Ah, espera –dijo con increíble maldad y resentimiento –. No tienes.
–¡Spitelout! –lo llamó su hermano casi inmediatamente, dando un paso amenazador hacia adelante.
Hablar de esa manera de la pareja pérdida de uno era una grave ofensa. Stoick lo sabía bien.
–No, Stoick –se adelantó Bertha con increíble calma –. Déjalo que se suelte, es claro que el hecho que su familia nunca tomará posesión del trono de Berk lo afecta.
–¡Bertha! –¿qué había hecho Stoick esa mañana para enfrentar tales necedades?
Pero como salvación, su navegante se acercó al grupo de vikingo:
–¡Stoick! Necesitas ver esto –lo llamó pidiendo su completa atención.
–En un momento –dijo sin siquiera separar su ojos de los otros dos vikingos frente a él –. Ustedes dos –los amenazó con su grueso dedo índice –. Cuando regrese, espero que “todo esto” termine.
Y ante su mirada fulminante, sus subordinados asintieron y respondieron al unisonó:
–Sí, jefe.
Con un último vistazo en advertencia, Stoick pasó entre ambos vikingos, esperando que no terminaran matándose el uno al otro durante su ausencia.
–¿A ti que carajos te pasa? –les espetó Spitelout a Bertha tan pronto quedaron solos.
–Me emociona el prospecto de una batalla –respondió ella como si no fuera gran cosas sus propio actos –, y eso me pone ansiosa.
–Tú planeas algo…
–Astrid me contó de cómo te refieres a ella frente a tu hijo –lo cortó la Hofferson de golpe yendo por completo al grano. Su semblante burlesco por fin desapareció del rostro de la mujer robusta y rubia, y su mirada fulminó la de Spitelout.
–Ohhh… –soltó éste, antes de dirigirle una mirada maliciosa –. ¿Te duele que no sea una prospecto de esposa digan?
Era bien sabido por largas generaciones de habitantes de Berk, incluso desde mucho antes que los Hooligans se mudaran a la isla, que los Jorgenson y Hofferson nunca se toleraban… en lo más mínimo. Así que encontrar algo para molestar al otro siempre era una prioridad... que decir, un deber por cumplir.
–Ja ¿Para tu hijo? –se plantó Bertha ante él con determinación y colocando su anchas manos en su gruesa cintura –. No. Además, hay peces más gordos en el mar.
–¡¿Qué carajos quieres decir con eso?! –entrecerró la mirada Spitelout sin comprender.
Clásico, Jorgenson. Mucho musculo, poco cerebro.
Una sonrisa casi maliciosa se dibujaron en los labios de la mujer, antes de darse vuelta y sentenciar con sus palabras una realidad que el Jorgenson no se había planteado:
–Que mi clan puede estar más cercano al trono de Berk que el tuyo –dijo ella marchándose –. Y no vuelvas a referirte a mi hija de esa manera.
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Hiccup podría asegurar que los planes de retomar el control de Berk resultaron mucho mejor de lo que se lo imaginó en un principio.
Honey consiguió con mucho éxito que Henrrieta Helgen y Helly Thickarm la apoyaran con limpieza de los caminos de Berk una vez que les prometió leerles las runas e informarles sobre sus futuros amorosos. Astrid consiguió el mismo éxito con Dogbreath Dubrian, Lars Thorton y Gullibird Stevenson a la hora de reunir los animales sueltos por la aldea, pero sus métodos eran un poco ortodoxos desde el punto de vista de Hiccup, pero para un vikingo a amenazar a alguien con un hacha al cuello siempre fue una solución a muchos problemas.
Snotlout y Hookfang cumplieron con su encomienda de recoger las cosechas y almacenarlas sin quemar absolutamente nada, hasta el punto de que el mismo joven Jorgenson no podía creer que lo había logrado. Lo más difícil de su tarea fue conseguir que tanto Gustav Larson, como su pequeña hermana Adelaide Jorgenson, lo apoyaran con la tarea en lugar de solo intentar montar a Hookfang.
Pero lo más difícil de conseguir fue que los gemelos Thorston se decidieran en ponerse a trabajar, ya que cada vez que Hiccup quitaba la vista de ellos, los encontraba holgazaneando, haciendo trampa o intentando destruir algo. Así que después de frustrar el cuarto intento de hacer a un gronckle y nadder lucharan a muerte con tal de ganar una apuesta, Hiccup prefirió supervisar presencialmente la labor de los gemelos rubios de regresar a los dragones salvajes al bosque. La velocidad de Toothless resultó sumamente útil en la tarea, ya que Barf y Belch se notaban desconcentrados ante la poca capacidad de sus jinetes de ponerse de acuerdo.
Cuando finalmente terminó con guiar al último nightmare de nuevo al boscaje, comprobar que las cosechas siguieran intactas, las calles limpias, las coles de Mildew de nuevo en su destartalada carreta y los animales en sus establos, el joven Haddock fue en búsqueda de Fishlegs.
El chico rechoncho y rubio había estado toda la tarde revisando los inventarios de Berk, asegurándose que la destrucción que había reinado en la isla hacía unas horas atrás no hubiera tenido consecuencias atroces en las reservas para el invierno.
Cuando Hiccup localizó a Fishlegs, encontró a éste sobrevolando en el lomo de Meatloug las granjas de Yaks de los Dubrains, mientras contaba a los animales que pastaban en los terrenos. Siendo la ultima propiedad que inventariar, el cansancio finalmente había mermado la fuerzas de chico Ingerman, que fácilmente perdió el equilibrio y cayó de su silla a uno de los arboles que rodeaban la granja.
Pero antes que el gemelo pecoso pudiera hacer algo para ayudarlo, presenció cómo el mismo Fishlegs salía de aquella situación con un complejo sistema de señas que le indicaron a Meatloug que hacer en su rescate.
–¡Fishlegs! –lo llamó Hiccup una vez que los dragones de ambos se encontraban en suelo firme –. ¡Eso que hiciste fue asombroso! –su repentina exclamación logró que el joven rubio soltara un leve grito en sorpresa –. ¿Qué era?
–Ah… Hola, Hiccup –dijo Fishlegs tratando de recobrar el aliento –. Es solo un sistema señas que le he enseñado a Meatloug… bueno, ya sabes, para darle instrucciones sin palabras.
–¡Eso es increíble! –insistió el gemelo emocionado.
–No es gran cosa –dijo el rubio con un leve sonrojo.
–Podría enseñarme como lo haces…
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Había sido una larga mañana y las corrientes marinas alejaban cada vez más el sebo de su caña de pescar. Gobber the Belch, yacía casi durmiendo sentado en un viejo banquillo junto al muelle de Berk, mientras las aves marinas cantaban a su alrededor. No tenía prisa, ni deseo de enfrentar el caos que reinaba en la aldea detrás de él.
Sabía muy bien porque Stoick lo había dejado atrás y que era lo que esperaba de él, pero desde su punto de vista, los chicos aprenderían mejor de sus errores si metían la pata a lo grande. Años constantes de ser la mano derecha del jefe de Berk le había otorgado cierta sabiduría y conocimientos de cómo liderar con vikingos testarudos; fácilmente podía haber dado media vuelta y puesto en su lugar a unos cuantos niños chiflados que insistían en vivir en la destrucción.
Pero ¿Dónde quedaba la diversión en eso? Al final de cuentas, ¿Por qué tenía que hacer el trabajo sucio?
Había llegado el momento de que Hiccup aprendiera los pros y los contras de ser un líder, y no había mejor método que estar en terribles aprietos. Esa era la forma vikinga de aprender.
Por lo que Gobber continuó en su puesto junto al muelle con la vista hacía el sol del horizonte y durante todo el tiempo en que esperó que algún un pececillo incauto mordiera su anzuelo, nada había interrumpido su solitario momento de tranquilidad.
Absolutamente nada… nada de nada… tanto que comenzaba a resultar sospechoso.
El viejo herrero aguzó su oído tratando de captar algún ruido en la lejanía; nada de gritos, destrucción, ni caos.
–Eso no puede estar bien –dijo para sí, poniéndose al fin de pie y consiguiendo que algunos huesos de su cadera tronaran ante el movimiento.
Estaba a punto de comenzar la larga marcha para subir hasta la aldea, cuando algo nuevo capto su atención. Gobber pudo distinguir una leve silueta a la distancia contra el sol. Para un vikingo experimentado como él, eso solo podía significar que un barco navegaba hacia la isla.
–Es muy pronto para que regresen –exclamó el herrero.
Enfocó su visión tratando de distinguir el navío y encontrar alguna similitud o reconocimientos en su forma o los colores de su bandera. Contrario a sus deseos, pronto pudo distinguir el sello característico que ondeaba en la vela mayor y que le confirmó su terrible primera impresión.
El barco se aproximaba a la isla no era de la armada de Berk… pertenecía a otra tribu vikinga del archipiélago…
Y por las sombras que comenzaron a distinguirse a su alrededor, no era el único.
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El enseñarle a un dragón a como recibir órdenes mudas no resultó ser tan difícil como era de imaginarse, y así fue como lo descubrió Hiccup; en realidad, Fishlegs había diseñado un simple sistema de recompensa ante actos positivos para que el dragón que se entrenaba en cuestión obedeciera la orden sin problemas. Los premios consistían de una combinación de una bola de pan rellena de arenque apestoso y un poco de yerba para dragón.
Con aquella técnica y tal suculento premio, en una tarde, los jóvenes jinetes consiguieron grandes resultados de sus compañeros reptiles. Astrid logró que Stormfly lanzara sus púas con una sola indicación de sus brazos y con una puntería excepcional. Hookfang aprendió a encenderse en llamas con un tronido de dedos de Snotlout, aunque también lo realizaba cuando el chico se encontraba sobre su lomo, así que no se podía estar seguro que el entrenamiento había sido exitoso. Honey eligió una curioso selección de ordenes básicas para Furry las cuales se le enseñaría comúnmente a un sabueso, pero ella aseguraba encontrarle alguna utilidad en el futuro; el dragón aprendió a sentarse, echarse y dar la pata como si fuera un can. Ya por último, Toothless fue el más rápido en captar las ordenes de todos, rápidamente pudo lanzar plasma con una indicación de Hiccup, gruñir en amenaza y hasta sonreír (la favorita de su jinete).
Tal éxito con los dragones después de recuperar la aldea del pandemonio en el que estaba sumergida, provocó un tono de jovialidad en los jóvenes vikingos, quienes finalmente podían convivir a gusto en su academia.
Pero la felicidad no duro mucho, cuando Barf y Belch colisionaron con los demás dragones al tropezar con su propia cola.
–¡Tuff! –lo llamó Honey una vez que Furry la hizo a un lado protegiéndola de la masa de escamas que era el dragón que cayó al suelo –. En el nombre de Thor ¿qué estás haciendo?
–Entrenando a mi dragón ¡bah! –objetó el chico rubio dejando caer sus brazos a sus costados.
–No imbécil –interrumpió Astrid aún con su hacha en mano –. ¿Qué es lo que tratas de hacer con Barf y Belch?
La rubia indicó al pobre dragón cuyo cuello largo y cola se enredaron entre sí y le impedían levantarse. Los otros dragones lo rodearon rápidamente ante sus quejidos de auxilio.
–No es obvio, le enseñó unos cuantos pasos de baile–comentó el chico airoso con su manos en la cintura.
–¿Para qué?
–¡Para la fiesta!
–¿Cuál fiesta?
–Nuestra fiesta de cumpleaños –explicó Tuff volviéndose hacia su hermana gemela en busca de apoyo –. Y es a nosotros a quienes llaman lentos –pero Ruff no compartió mucho su opinión, en cambio continuó sentada sobre un barril, con su barbilla apoyada en sus manos.
–¡No va haber fiesta de cumpleaños, tarados! –rugió Snotlout perdiendo la paciencia y dando un paso hacia adelante.
Su acto era una señal en desafío, a lo que Tuff se mantuvo firme y con el pecho inflado. Ante la señales de alarma, Hiccup saltó entre sus dos amigos y puso distancia entre ambos, o al menos lo que consiguió con el largo de sus brazos.
–No es eso lo que Snotlout quiso decir –dijo el gemelo pecoso nervios, antes de volverse hacia su primo con mirada amenazante –: ¿verdad? –Snotlout solo dio un resoplido y se apartó, lo que Hiccup aprovechó para agregar –. Claro que tendrán una fiesta de cumpleaños, solo que tal vez no será como ustedes esperan.
–¡Un momento, cántamela más despacio! –soltó Tuff dando un respingo –. ¿Tratas de decir que…?
–¡Que no habrá destrucción, muerte y caos! –les informó Astrid –. No pueden destruir la aldea después que realizamos mucho esfuerzo en ponerla en orden.
–Y sobre todas las cosas –comentó Fishlegs –, no puedes obligar a tu dragón a bailar.
–¡Pero si él el que quiere disfrutar de un buen danzón…!
–¡No! –gritaron todos los jinetes al unisonó, a lo que el gemelo rubio reaccionó conteniendo el aire indignado.
– Esto… es… ¡imperdonable! –dijo casi sin aliento –. ¡Una traición! ¡Como osan impíos negarnos nuestros momentos gratos de diversión! –blasfemó señalando a cada uno de sus amigos con un dedo acusador –. ¡¿Y tú no dirás nada?! –agregó de nuevo buscando el apoyo de su gemela.
Ruffnut quien continuó indiferente y hasta casi molesta con la situación, no se había movido de su posición; pero ante la insistencia de su hermano, dejo el barril donde había estado sentada y caminó hasta él con una cara de pocos amigos, mucho peor que la que generalmente lucía su rostro.
–¿Para qué? –dijo ella con voz rasposa –. No tiene sentido hablar cuando alguien tiene sus piches cochinos oídos llenos de cerilla para escuchar.
–¿Acaso no saque todo con tu cepillo en la mañana? –respondió su Tuff sin comprender la indirecta y rápidamente uso su dedo meñique para tratar de sacar todo el contenido de su canal auditivo. Sus esfuerzo dieron resultado, cuando una masa amorfa y amarillenta salió pegada en su uña.
El gemelo rubio paso a revisarla con su olfato, pero en un momento de descuido, Meatloug aprovechó para comerla de un solo lengüetazo.
Todos los jinetes exclamaron en asco. Aunque Ruff no tenía problema con los olores pestilentes, la cosa viscosas y las asquerosidades que producía el cuerpo de su hermano, no pudo evitar hacer una mueca ante tal acto, y perdiendo la compostura se volvió hacia su dragón de dos cabezas, que había logrado desenredar sus miembros.
–¿Quieres ver como yo entreno a un dragón? –dijo ella –. ¡Belch golpea a Tuffnut!
Y sin dudarlo un instante, la cabeza del zippleback, aporreó con fuerza al gemelo rubio lanzándolo contra unos barriles llenos de agua del otro extremo de la academia. Aunque los gemelos Thorston tenían la reputación de llevar consigo el caos y la destrucción, resultaron sumamente inesperados los repentinos actos de agresión entre ellos.
–¿A sí? –soltó Tuff aún con su trasero atrapado en uno de los barriles –. ¡Barf, comete a Ruffnut!
Imitando la voluntad de su otra cabeza, el zippleback tomó de una sola mordida la mitad del cuerpo de la gemela rubia y la sacudió de un lado al otro ante la mirada incrédula de los demás chicos.
–¡Wow, wow! –exclamó Hiccup tratando finalmente de interceder –. ¡Chicos, esperen!
Peros su palabras acabaron en oídos sordos, en lo que Ruff (ya libre de la fauces de su dragón y cubierta de baba) enfrentó a su hermano, chocando su cabeza contra él.
–¡Tuff! ¡Ruff!
Ambas cabezas del zippleback imitaron a sus jinetes y se golpearon la una a la otra, alarmando así a todos en la academia, incluso a los demás dragones.
–¡No puedo seguir con esto! –finalmente gritó Ruff apartándose de golpe de la presión que ejercía contra su hermano, haciéndolo así caer al suelo –. Me voy de aquí y me llevó a mi dragón conmigo –sentenció marchando marcialmente hasta Belch y tomándolo de los cuernos en un intento de arrastrarlo detrás de ella.
–¡Espera un momento ladina traidora peluda de trasero gordo! ¡Ese es mi dragón también!
Tuff, pronto la imitó tomando la otra cabeza del zippleback y arrastrarla en su dirección. El pobre dragón solo pudo soltar un quejido en confusión al ser imposible lo que le pedían sus jinetes.
–¡Chicos! –intervinó de nuevo Hiccup, pero esa vez acompañado de un rugido de Toothless para llamar la atención –. ¡Barf y Belch es un solo dragón!
El ver que sus esfuerzos eran fútiles, ambos gemelos soltaron a la pobre bestia, quien se sacudió como un sabueso mojado.
–Carajo, no puedo enfrentar esa lógica –aceptó Tuff dándose por vencido –. Hay que compartir.
–¿Compartir? ¡Compartir! –estalló Ruffnut gritando como desquiciada al rostro de su gemelo –. ¡¿Tú que sabes de compartir, Tuff?! –le enterró su dedo índice profundo contra su pecho. El pobre gemelo rubio, se inclinó hacia atrás asustado ante la furia de su gemela –. ¡O tal vez porque es lo único que chingados hemos hecho toda nuestra puta vida!
Todos sabían que Ruff podía ser ruda y furibunda, pero la impresión de su ira contenida fue tal, que el resto de los jinetes se quedaron paralizados por el horror; incluso Snotlout abrazó a Hookfang ante el miedo. Los demás dragones se ocultaron detrás de sus jinetes por protección, exceptuando Barf y Belch que huyeron despavoridos por la entrada de la academia. Nunca la habían visto y escuchado tan enojada.
A Tuffnut le costó un par de segundos de superar la impresión, antes de darse cuenta que su hermana, así como su terrible y penetrante mirada de sus ojos azules, se había alejado de su rostro, y se dirigía igualmente a la salida de la arena. Sus amigos casi brincaron a los lados para dejarle el camino libre.
–¡¿A-a dónde crees que vas, tarada?! –farfulló Tuff.
–¡POR EL MALDITO DRAGÓN QUE DEBO COMPARTIR CONTIGO! –gritó furiosa antes de desaparecer a la distancia. Su gemelo pronto la siguió sin importarle en lo más mínimo las miradas de sus compañeros o sus dragones.
Ante su salida, la academia quedo atrapada en el más incomodo silencio hasta que finalmente Hiccup decidió romperlo:
–De acuerdo… eso fue desconcertante.
–¿Vamos a dejar que se vayan así de enojados? –preguntó Fishlegs algo preocupado.
–No podemos abandonarlos… –dijo Honey.
–¿O si podemos? –comentó Snotlout intercediendo.
–No, no podemos –marcó Hiccup ganándose una mala cara de su primero y algunas resignadas de su amigos –. Vamos a separarnos, Honey y Fishlegs sigan a Ruff, Astrid y Snotlout a Tuff, yo trataré de encontrar a Bar…. –en lo que el gemelo pecoso repartió ordenes, comenzó a correr en dirección de la entrada de la academia, sin percatarse que había una gran masa voluminosa que se interponía en su camino.
Hiccup prácticamente rebotó al contacto con el obstáculo, lo cual lo lanzó casi un metro hacia atrás y directo al suelo.
–¿Gobber? –preguntó una vez que alzó la mirada y se percató, de que o quien había chocado.
–Espero que la prisa sea precisamente por los problemas que llegan a la costa –respondió el herrero llevándose su mano y la falsa a la cintura, en lo que Astrid y Honey ayudaban a Hiccup ponerse de pie.
–¿Problemas? ¿Cuáles problemas?
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–¡Una armada Berserker! –exclamó Hiccup alarmado viendo a través de su aparató de visión. Desde la colina del acantilado norte de la aldea, fácilmente se podían ver más de quince poderosos navíos Berserker apunto de arribar en el muelle de Berk; naves cuyas largas velas con el Skrill de escudo las volvían mucho más amenazante –. ¿Pero que hacen aquí? ¿Acaso papá los llamó antes de irse?
La gran mayoría de las tribus vikingas del archipiélago barbárico se mantenían en paz entre ellas, con excepción de los LavaLots y los Hysterics. Pero aún así, eso no significaba que disfrutaran de una amistad las unas con las otras; generalmente los integrantes de diferentes tribus solían tratarse violentamente entre ellos, por lo cual, las reuniones debían ser debidamente preparadas, programadas y casi siempre evitadas. Los peludos Hooligan podían soportar más fácilmente a los Meatheads debido a la cercanía de ambas islas, y a ello su hospitalidad, pero eso no se multiplicaba a las demás tribus.
–Lo dudo –respondió Gobber quitándole al pobre chico su inventó del rostro y comenzando el camino de descenso hasta el muelle –, Stoick me hubiera mencionado algo al respecto. Lo más probable es que vengan por su visita regular por el tratado.
–¿Tratado? ¿Cuál tratado? –preguntó el chico siguiéndolo de cerca.
– Antes de que nacieras, tu padre finalmente firmó un tratado de paz con Oswald the Agradable para traer armonía al entre las dos tribus, poco después de la gran batalla de la costa de Thor. Y una de la clausulas del tratado consiste en la visita regular en lapsos de tres a dos años para fortalecer la alianza.
Hiccup no pudo evitarse estremecerse ante la mención de esas visitas. Sí, recordaba la famosa batalla de la costa de Thor de las antiguas historias; fue cuando una horda de furiosos y locos Berserkers atacó Berk por sorpresa. Los Hooligans salieron victoriosos a pesar de los escases de armas de la época, por lo cual se defendieron con los puños; muchos invasores terminaron con más que un ojo morado.
Pero ante su juventud, ignoraba que las visitas del líder Berserker estaba relacionada con un tratado de paz. De decir verdad, Hiccup estaba mucho más preocupado de salvar su pellejo del demente y casi sicópata que era el hijo del tal Oswald. Dagur era mucho mayor que él por varios años, pero eso nunca fue un impedimento para que lo usara de saco de golpeo y lo dejara con terribles traumas sicológicos de por vida.
–En otras palabras para asegurarse que no los apuñalemos por la espalda –dijo el chico retomando la conversación.
–Exactamente –confirmó Gobber justo cuando llegaron al final del muelle y desembarcaba la fragata principal de la armada Berserker –. Algo que sin duda llegaran a pensar, si se enteran que hicimos las paces con los dragones.
–¿Crees que saben sobre Toothless y los demás jinetes? –dijo el chico nervioso, pensando en el dragón de ébano que mandó en busca del Ruffnut junto con Honey.
–No debería sorprenderte si lo fuera, hasta Alvin se enteró de tu enfrentamiento casi fatal con la muerte roja.
El corazón de Hiccup se detuvo. ¿No podía ser posible?
–E-entonces… lo mejor sería alejar a los dragones de la isla… para evitar que los vieran los Berserkers o tal vez rechazarlos ante la ausencia de mi padre…
–Calma –le murmuró Gobber posando su mano falsa sobre el hombro del chico –. Causaremos más que sospechas si no los recibimos. Será mejor primero ver cuáles son sus cartas y luego hacemos nuestra jugada.
Y justamente cuando terminaba sus palabras, un pesado tablón descendió de la cubierta del navío, conectándolo así con el muelle de Berk. Lo primero que bajó por aquel pedazo de madera, fue un vikingo grande, grueso y armando de pies a cabeza de una armadura con púas y armas filosas. El Berserker resopló con desagrado como si el olor de la isla de Berk le disgustara, para luego abrir su boca y pronuncia con una fuerte, y casi irónica, chillante voz:
–Abran paso para el mayor líder vikingo, escuchar su nombre y huyan cobardes, el guerrero más sanguinario y fiero en la batalla, el único y temible…
–¿Oswald the agreeable? –dudó Gobber.
–Dagur el Deranged.
Con esas palabras, un joven y fornido vikingo hizo su aparición frente a los dos Hooligans, y casi inmediatamente, una sonrisa demencial se dibujó en su boca.
–Me lleva la… –alcanzó a soltar Hiccup.
Chapter 66: Actos de traición
Chapter Text
Actos de traición
El suave silbido que traían consigo los barcos vikingos al surcar las aguas peligrosas del Hel era el único sonido que podía escucharse a varias leguas en la terrible neblina anterior a la isla de los dragones. Los navegantes vikingos, experimentados guerreros y navegantes, permanecían callados, silenciosos para no delatar su posición ante cualquier amenaza.
¿Amenaza? ¿Cuál amenaza? ¿Algún dragón?
Eso era el dilema.
Se suponía que Berk y su peludos Hooligan ya no luchaban a muerte contra los dragones, la paz se había alcanzado entre ambos, a costa de la pierna del hijo del líder de la tribu. Pero la desaparición de sus dos compatriotas tenía señas de ser un acto perpetrado por aquellas bestias escamosas. Ellos lo sabías bien, había tenido trescientos años en guerra como experiencia para identificar la huella característica de un dragón.
Pero tal acto de traición no evitaba que se sintiera la culpa en aquellos fieros guerreros. El gran Stoick de Vast, líder de la tribu, fiero guerrero, no podía quitarse de la cabeza la mirada decepcionada de su hijo ante la noticia de lo que tenía que llevar a cabo.
Sí, la guerra con los dragones había terminado en Berk. Sí, ahora vivía pacíficamente con ellos a un nivel de cooperación mutua. Sí, muchos de ellos formaban parte de sus familias como mascotas o compañeros. Y sí, a dos de ellos, Stoick le debía la vida de sus hijos respectivamente.
Eso no evitaba que sus planes se sintieran como alguna canallada.
¡No!
Stoick se esforzaba inútilmente en no llegar a esa conclusión. Meneaba una y otra vez la cabeza como si pudiera sacudirse la idea de la misma.
Mulch y Bucket estaban perdidos. Su gente… sus compatriotas, podía estar en peligro. Y los vikingos estaban primero, no los dragones. Un jefe debía proteger a su gente.
Como un mantra para mantenerse puro, el líder Hooligan repetía una y otra vez aquellas palabras tratando de apartar la cara de decepción de sus hijos, así como los grandes ojos verdes del nightfury.
Nunca llegó a estar seguro si realmente sus esfuerzos habrían funcionado, porque antes de lo que se imaginaba tuvo que enfrentar la terrible realidad.
–Stoick –lo llamó su navegante –. Se observa una nave encallada al frente.
El jefe vikingo trató de conservar su temple firme y su mirada tal cual nombre poseía, mientras que en su cuello, el vello de su nuca se estremecía como en cualquier inminente batalla que estaba por llevarse a cabo.
–Y no se ve nada bien –terminó de sentenciar su subordinado dándole la razón a sus suposiciones.
Los navíos vikingos se detuvieron a la suficiente distancia para poder abordar el bote pesquero encallado, si correr su misma suerte. Tan pronto Stoick puso en pie en aquel navío abandonado no le quedo ninguna duda que nada tenía que ver un error de navegación para que haya sufrido aquel destino.
Un tercero tenía que estar detrás de la desaparición de Bucket y Mulch.
–Jefe –lo alertó Lydia afianzando su hacha –. Algo se aproxima –dijo al sentir una leve sacudida en el bote donde se encontraban de pie. Al igual que ella, los demás guerrero Hooligan alzaron sus armas ante el próximo enemigo.
Stoick soltó un leve suspiro en resignación cuando una sacudida más fuerte hizo tambalear el bote y soltar un gemido a todos los vikingos sobre él. Firme y resignado, el jefe vikingo levantó la vista en momento en que su contrincante y perpetrador de aquella tragedia se revelaba ante ellos.
Con un rugido ensordecedor un dragón azul como el mar, salió de las aguas oscuras del Hel y clavó sus penetrantes ojos amarillos en el robusto y pelirrojo Hooligan.
En lo que la bestia batía sus poderosas alas, Stoick tomó su hacha desde su espalda y la hizo girar en su palma en preámbulo de la feroz batalla que estaba por tener con ese Thunderdrum.
–Que Hiccup y Honey me perdonen –suspiró antes de soltar su característico grito de batalla e incitar a la bestia a su encuentro.
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–¡Barf! ¡Belch! –lo llamados inconfundibles de la gemela Thorston resonaron por los caminos casi desiertos de la aldea de Berk –. ¡Salgan de una vez! ¡No estoy enojada con ustedes! ¡Es con otro imbécil! –agregó de ultimo indicando a su hermano gemelo que le seguía de cerca.
–¿Te refieres a mí? –dijo él, ignorante –. ¿O a quién? No es a mí ¿verdad?
Ruffnut solo le dirigió una mirada asesina sobre su hombro sin entregarle respuesta alguna. Retomó su búsqueda y sus gritos roncos volvieron a retumbar en la aldea, cada vez más cansados que el anterior.
–¡Barf! ¡Belch! ¡IMBÉCILES! ¡MUESTREN SU GRANDE TRASERO GORDO Y ESCAMOSO! –gritó ya desesperada y con la garganta irritada.
Pero aún así sus llamados continuaron sin ser atendidos por su zippleback compartido. Ruff se sintió derrota y más importante, desolada. Se volvió de golpe a su hermano que continuaba detrás de ella, encontrándolo completamente ausente en su propio mundo de felicidad mientras hurgaba profundamente en su nariz.
–¡Esto es tú culpa! –le escupió y señalándolo con un dedo acusador.
Tuffnut retiró de su dedo de la nariz para volverse en diferentes direcciones, en busca de un tercero merecedor del odio de su gemela.
–¿Quién? ¿Yo? –preguntó con tono bobo señalándose a sí mismo, con el dedo en cuestión que uso para escavar en su fosa nasal.
–Tú –rugió Ruff en tono bajo alargando la ultima letra. Con una mirada penetrante y casi asesina, redujo la distancia entre ella y su hermano –. Todo esto es tú culpa.
–¿Mía?
–Sí. Si no fuera por ti y tu estúpida insistencia en tener el puto control de todo no lo habrías arruinado y ahuyentado al baboso de nuestro dragón hasta quien sabe dónde.
–Espera ¿Lo estás diciendo por nuestra fiesta de cumpleaños?
–Fiesta de cumpleaños, día de campo, paseo en la playa, primer día de entrenamiento –enumeró Ruffnut furibunda mientras su ojos llameaban con intensidad –, bromas, travesuras, robos, actos de destrucción masiva, cada uno de ellos siempre tienen que ser arruinados por ti.
–¿Arruinados? –soltó Tuff con sorpresa –. ¿O mejorados? –agregó con un tono más jacoso.
–Todo siempre va justo a el plan, pero luego tienes que arruínalo todo con una de tus estúpidas ideas, dejándonos a ambos en ridículo. Pero sabes que es lo peor de todo ¿eh? ¡Qué todo mundo piensa que lo hacemos juntos!
Ante aquella declaración el gemelo rubio asintió con la cabeza de manera afirmativa, pero su hermana que había alcanzado a pararse a un palmo de de su rostro, le negó tal hecho con un movimiento lento y amenazador de su cabeza.
–Los gemelos Thorston quemaron la choza de Gobber –dijo ella –, los gemelos rubios arruinaron la cosecha de Mildew, los niños Thorston pusieron estiércol en la botas del jefe, Tuffnut y Ruffnut lograron perder a su dragón. ¡Siempre Tuff y Ruff, siempre los dos!
–¡Exacto! –exclamó el gemelo rubio sin comprender que veía mal su hermana en aquella ecuación –. Siempre ha sido así.
–¡Exacto! ¡Siempre ha sido así! –rugió Ruff repitiendo la misma palabras pero con la gran furia contenida en su ser –. ¡Siempre chingados puta madre juntos tú y yo! ¡Siempre Tuff y Ruff! ¡Nunca solo Tuff! Y por supuesto, nunca solo Ruff.
Tuffnut se quedo mudo y el espanto se encontraba grabado en su rostro, en lo que su cerebro trataba de procesar aquella nueva información sin mucho éxito. Pero Ruffnut, aún no había terminado:
–Solo soy un número más en esta maldita ecuación. Una persona incompleta que no puede ser tomada en cuenta por sí sola y como si siempre requiriera su puta segunda mitad. ¡Pues no soy una pinche mitad! ¡Estoy completa! Pero nadie puede verlo porque siempre estás ahí, el otro como yo, el otro con lo que comparto todo: cuarto, armas, cumpleaños, dragón… ¡hasta nuestra ropa es la misma!
–Espera –soltó de repente Tuffnut mirando su atuendo debajo de su chaleco de piel de yak –. Yo pensé que esto era una túnica.
–¡Es un vestido, estúpido! –le gritó su hermana –. ¡Y hasta eso compartimos! –furiosa y sin querer verle más la cara a su hermano, la rubia dio media vuelta y comenzó a marchar alejándose de él en un paso casi marcial.
–¡Hey! ¡¿A dónde vas?! –la llamó Tuff aún sin comprender que estaba pasando.
–¡A donde sea lejos de ti! –le respondió entre gritos, mientras cada vez más se apartaba –. ¡A tratar de disfrutar la pinche soledad, imaginando que tú no estuvieras aquí! ¡Como esos maravillosos momentos antes de que nacieras! ¡Los mejores malditos quince minutos de mi vida! –pero sus últimas palabras casi fueron inaudibles por la distancia que tomó.
Tuffnut miró confundido el punto por donde se había alejado su gemela, completamente perdido del contexto de su berrinche. ¿Cumpleaños? ¿Cosecha Mildew? ¿Botas con estiércol de dragón? Era casi como un rompecabezas para su sencilla mente.
–¡Pues vete! ¡Para lo que me importa! –respondió ya muy tarde, ya que sus palabras nunca alcanzaron los oídos de su hermana.
Aún si comprender que había pasado y dominado por la desesperación, Tuffnut tomó el primer palo de madera que topó a su alcance y comenzó a destruir lo que encontrara en su camino: barriles, pajas de heno, canastas. Todo sufrió ante su ira y confusión.
Al final, agotado, se sintió más perdido como nunca había estado en su vida.
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Cerca de la aldea de Berk había un pequeño estanque de agua cristalina que se extendía por la orilla del bosque. La superficie de agua se encontraba pacifica e inmutable, casi como un espejo que reflejaba las ramas de los arboles que se ampliaban a unos metros sobre él.
Aquel lugar era el hogar de pequeños pececillos de agua dulce, posibles víctimas para los jóvenes vikingos que se ocultaban detrás de los arbustos frondosos a los alrededores del estanque.
–¿Para qué escondernos aquí? –preguntó el pequeño y casi infantil Hiccup Haddock sujetando en sus manitas una mini lanza que aparentaba ser más una simple rama de nogal.
–Es el elemento de la sorpresa, hermano –le susurró casi en una amenaza la versión pre-adolecente de Dagur al sujetarlo por los hombros y haciendo sentir más incomodo al pequeño niño.
–Pero son peces. En un estanque. No pueden vernos.
–¡Exacto! –marcó el berserker perdiendo un poco la paciencia y mal entendiendo las palabras de Hiccup –. ¡Por eso se llama elemento sorpresa!
–Eso no es… –trató de explicarse inútilmente el gemelo pecoso pero sus palabras terminaron en oídos sordos. Antes de que terminara la oración, Dagur se levantó de su escondite sujetando su lanza sobre su cabeza y soltando un ridículo y casi perturbador grito de batalla.
El joven berserker a continuación saltó de entre los arbustos y corrió en dirección al tranquilo estanque. Algunos cuervos y otros pajaritos que descansaban en las ramas de la cercanía, huyeron despavoridos ante los extraños alaridos.
Pronto estos fueron seguidos por el chapoteo en lo que Dagur se adentró en las aguas cristalinas. Continuando con su extraña rabieta, comenzó a empalar aquel estanque con su lanza en lo que una risa demencia escapaba de sus labios.
Hiccup requirió de todo su valor para animarse a salir de escondite y acercarse a la orilla de estanque, y así enfrentar al desquiciado berserker que había detenido su asalto y rugía como bestia herida al descubrir que sus ataques resultaron infructíferos.
–Definitivamente no podían vernos –se animó a mascullar Hiccup –, pero debieron escuchar todo eso.
–¡NO. ME DIGAS. COMO. CAZAR! –gruñó Dagur casi como un animal rabioso y rechinando sus dientes. Sus ojos verdes destellaron la locura con la que en el futuro sería bautizado “The Deraged”, haciendo que el pobre gemelo Haddock temblara de temor.
La mirada del berserker pasaron pronto del niño pecoso al agua a su alrededor y su activa mente pronto comenzó a darle las posibilidades de porque su estrategia falló.
–Lo peces debieron esconderse… –dijo levemente Hiccup, dándole una idea final.
–¡Eso es! ¡Deben estar escondidos! –una gran sonrisa se dibujó en su rostro en lo que dio media vuelta y caminó hasta la orilla.
El pobre de Hiccup se dio cuenta muy tarde de las intenciones del joven vikingo, hasta que finalmente se encontró empapado de agua y cubierto hasta el pecho. Y cuando apenas comenzaba a sacudirse el agua de su cabello, una mano grande y ancha lo sujetó de la nuca y lo sumergió de llenó en el estanque.
–¡Es tu turno, hermano! –decía Dagur mientras lo subía y bajaba en las aguas –. ¡Usa tus pequeñas manos de niña para buscarlos en su escondite! ¡Busca! ¡Busca!
Pero no importaba de cuanto insistiera Dagur, Hiccup estaba más ocupado intentando respirar los escasos momentos en que su cabeza subía a la superficie antes de ser sumergido de nuevo.
–¡Vamos, hermano! ¡Busca, Hiccup!
–¡Hiccup!
–Hiccup
–Hiccup… Hiccup
–Hiccup –de repente la voz de Gobber sobrepaso a la de sus recuerdos haciéndolo reaccionar, pronto encontró al herrero frente a él, tronando los dedos de su única mano frente a su nariz –. Reacciona, Hiccup.
–Wow, Gobber –respondió el muchacho tomando la muñeca de su mentor, mientras que con su otra mano sobó sus sienes.
–Caramba, muchacho. Por un momento te perdiste ¿Qué fue lo que te paso?
–Creo que un mal recuerdo –dijo Hiccup sacudiendo la cabeza –. Uno reprimido.
–Bueno, pronto tendrás más que reprimir –le aseguró Gobber apartándose de su rango de visión y dejando al descubierto al mismo berserker de su recuerdos, cara a cara.
–¡Dagur! –soltó el chico conteniendo su miedo –. Es bueno verte de nuevo. Recuerdas aquella vez cuando casi me ahogas ¿verdad?
Pronto el chico se regañó mentalmente a sí mismo cuando el berserker respondió a su pregunta con su característica y casi demencial risa.
Algo que no parecía cambiar con los años, a diferencia de su aspecto general; Dagur había crecido varios centímetros hacia arriba como para los lados. Hiccup maldijo más su suerte al darse cuenta que la vida premia con más músculos a los patanes y desequilibrados.
–Lo buenos recuerdos –dijo Dagur apartando una lagrima de felicidad que escapó de sus parpados –. Y como veo no has cambiado nada, sigues siendo el mismo renacuajo como te recuerdo –agregó soltando otra carcajadas y dándole a Hiccup un par de palmadas en la espalda que lo lanzaron directo al suelo del muelle.
–Y tú también –masculló el gemelo sin aliento –… eres tal cual recuerdo.
Dagur rió una vez más, sujetando al pobre chico Haddock de los hombros y zangoloteándolo casi como una muñeca.
–¿No es esto bello? Hermanos de nuevo reunidos –dijo apretándolo contra su cuerpo –, recordando los buenos momentos.
Hiccup solo alcanzó a soltar una sonrisa forzada en respuesta, pero para su suerte, Gobber interrumpió el cálido y embarazoso momento:
–No quiero arruinar tantos recuerdos, pero se podría saber qué vikingos barbudos es lo que haces tú aquí.
El recién llegado torció una mueca en lo que sus facciones cambiaron radicalmente ante aquel llamado; se volvió hacia el viejo herrero en lo que Hiccup se deslizaba de su abrazo para caer de nuevo en el frio suelo de madera del muelle.
–¿Quién eres tú? –espetó el berserker casi clavando su dedo índice en el pecho del viejo vikingo –. ¿Por qué me hablas con tal falta respeto? ¿Por qué estoy hablando contigo? ¿Dónde está el Stoick?
–Jefe ¿Quiere que lo arrojemos al mar? –interrumpió uno de los subordinados de Dagur llevando una de sus manos a la espada que colgaba en su cinto. La pregunta sonó con tal naturalidad, que hacía estremecer.
Pero Gobber estaba lejos de dejarse intimidar por un mozalbete como el chico berserker, a lo que reaccionó hinchando su cuadrado pecho.
–¡No! No, no, no –interrumpió rápidamente Hiccup alzando sus manos e interponiéndose entre su mentor y el recién llegado –, no, nadie va arrojar alguien al mar.
–¿Jefe? –preguntó Gobber sin dejar de completar al joven delante de él como una cucaracha.
En cambio, Dagur volvió a sonreír pero esa vez con banalidad, en lo que hinchaba su pecho tanto como el herrero.
–Están viendo al todo poderoso líder de la tribu Berserker.
–¡¿Qué?! –soltaron a la vez Hiccup y Gobber.
–¿Qué paso con Oswald? –alcanzó a articular el herrero.
–Mi padre desgraciadamente ha sobrepasado sus años de gloria y sed de sangre, y ha dejado el camino libre para un nuevo reinado. Yo por suerte aún tengo mucha sed.
–Qué hermoso –señaló Hiccup con sarcasmo, algo que no captó el berserker para su suerte.
–Dagur, aún no nos has dicho que haces aquí –insistió Gobber.
–¡No me cuestiones! –gritó Dagur repentinamente, antes de calmarse a sí mismo y agregar–: Según mis consejeros ha llegado momento de reafirmar el viejo tratado de paz entre nuestras tribus, o al menos eso dijeron antes de que los lanzara por la borda, y me pareció una excelente razón para demostrar a nuestro viejos amigos Hooligan, el nuevo líder berserker y nuestra poderosa armada – y con aquel monologo terminó una larga carcajada perturbando a los presentes –. Y ahora –dijo calmándose –. ¿Dónde está Stoick?
–Mi… padre… –tartamudeó Hiccup nervioso –él está… está….
–Él no se encuentra por el momento –se apresuró a responder Gobber –, pero nosotros estamos más felices que recibir a nuestros buenos camaradas los berserkers en nuestra isla. Con todo gusto haremos los preparativos para afirmar el nuevo tratado de paz. Pero primero hay que realizar el tradicional recorrido por la aldea…
–¡Aburrido! –soltó Dagur, pero antes de que objetara más, uno de su subordinados se acercó lo suficiente para hablarle en voz baja –. ¡No me susurres en el oído! Odio que hagan eso. Está bien, haremos el viejo recorrido, por el bien de la paz y blah blah blah… –accedió con claro desagrado.
–Por aquí –indicó el herrero haciéndose a un lado para darle paso al recién llegado, junto a sus principales delegados.
Una vez que Dagur comenzó el largo camino del muelle a la aladea, Hiccup tomó la mano falsa de Gobber y le susurró desesperado:
–Gobber ¿se podría saber qué carajos haces?
–Creo que deberías aprovechar esta oportunidad para ocultar ciertos amigos con escamas que no sería bueno que fueran vistos por nuestras visitas sedientas de sangre –le respondió éste a su pregunta.
–Ohhhh…
–Oh sí.
Y antes de que los visitantes berserkers se dieran cuenta de ausencia, Hiccup practicó una graciosa y silenciosa huida.
Tenía que advertir a los demás jinetes y pronto.
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La carrera de Hiccup lo llevó por las largas callejuelas de la aldea, que curiosamente se encontraban demasiado tranquilas y deshabitadas, tanto por los chicos como por los dragones. Normalmente, sería una situación para dar gracias, pero el joven vikingo que estaba acostumbrado a la constante tragedia y la completa falta de suerte, solo podía intuirlo como un mal presagio.
Como la paz antes de la tormenta… una tempestad de problemas.
El chico continuó su camino y pronto descubrió que ni siquiera sus compañeros jinetes estaban a la vista. La desesperación comenzó a apoderarse de él mientras se daba cuenta de cómo perdía el tiempo valioso que Gobber le había conseguido en lo que distraía a los Berserkers.
Hiccup no quería ni imaginarse que haría Dagur y toda su armada de salvajes berserkers si se enteraban sobre los dragones de Berk. Ya en el pasado, las intenciones de Alvin les demostraron el punto de vista que podrían tener algunos vikingos sobre la alianza sobre los humanos y los dragones, en especial los más tradicionalistas y de mente cerrada (y vaya que los berserkers sí tenían una mente cerrada). No quería pensar como Dagur podría reaccionar si descubría la verdad sobre los dragones.
El joven pecoso tenía horribles recuerdo de cada una y escasas visitas del berserker y su gente en Berk, y cada uno de ellos era una cicatriz en su sique ante lo perturbado que podía resultar Dagur.
–Esto no es bueno –decía el chico con el aliento entrecortado en lo que continuaba con su carrera –. Para nada bueno –examinó uno y otro camino sin resultados o sin señales de alguno de los otros jinetes –. Nunca es nada bueno la visita de un demencial líder vikingo con una armada lista para chingaaa-AAstrid –añadió al casi chocar de lleno con la rubia.
Ésta había salido a la vuelta de una casa y al igual que Hiccup, corría desconcertada por lo desierta que se encontraba la aldea.
–¡Hiccup! –le dijo ella sin darse tiempo de recobrar el aliento –. Tenemos problemas.
–Ooooh sí –respondió él –. Claro que tenemos graves problemas.
–Perdimos el rastro de los gemelos tarados y no podemos encontrarlos por ningún lado. Honey y Fishlegs están intentando de localizar a Tuffnut, mientras el imbécil de Snotlout me dejo sola a la mitad de la búsqueda de Ruffnut, y nadie sabe nada de Barf y Belch.
–No Astrid –enfatizó Hiccup tomando a la rubia por los hombros y clavando sus ojos verdes en lo azules de ellas –, tenemos problemas más serios que esos.
El muchacho apretó los hombros de Astrid sus manos con fuerza, que ella tuvo que sacudírselo de inmediato.
–Hiccup ¿Qué sucede? –confesó –. Me estas asustando. No te había visto tan alterado desde la vez que tu padre trató de llevarte a cazar al bosque para que pudieran hablar de padre a hijo.
–Astrid hay cosas aún peores que incomodidad entre un progenitor y su progenie –señaló el muchacho mientras un escalofrió recorrió su cuerpo –. Los berserker están aquí.
–¿Los berserkers?
–Sí, berserkers y toda su armada de barcos –dijo el chico sacudiendo sus brazos como desesperado sobre su cabeza –. Y peor aún, Oswald se ha retirado y el demente su hijo a tomado el liderazgo de la tribu.
–¿Dagur? ¿Y qué es lo que quiere en Berk?
–Vinieron a firmar un tratado de paz; aunque por la cara que puso Dagur parece que preferiría quemarlo junto con toda la isla.
–Hiccup ¿Qué vamos a hacer? –mirándolo casi tan desesperada como él a ella.
Había grandes razones para hacerlo. Si Dagur descubría a los dragones y le parecían una amenaza (lo cual era más que seguro) aplastaría la isla con ayuda de armada en menos que un Hysteric se bebía una cava completa de hidromiel.
–Asegúrate que todos los dragones se encentren seguros en el bosque –le ordenó Hiccup –, mientras pienso que hacer con nuestra linda visita.
–¿Y qué hay de Barf y Belch?
–Necesitamos a los gemelos –dijo el gemelo –. Por desgracia ellos son los únicos tan despistados para encontrar al despistado de su dragón, y hay que hacerlo antes de que el loco de Da-aaaahhh ¡Dagur! –soltó rápidamente fingiendo gran felicidad al verlo aparecer detrás de Astrid junto con Gobber y el resto de los delegados berserkers. Había llegado casi de la nada al dar vuelta por el almacén de grano junto al centro de la aldea –. ¡Qué bueno verte de nuevo! ¿Qué tal va el tour?
–Parece que solo damos círculos–confesó Dagur una vez que alcanzaron a Hiccup y Astrid al otro lado del camino–. Tengo la extraña sensación que están tratando de esconderme algo.
–¿Esconderte algo? –soltó Hiccup completamente nervioso, y no importaba cuanto intentara ocultarlo, su lenguaje corporal lo delataba –. ¿Nosotros? ¡Qué gracioso Dagur! Siempre me ha gustado tu sentido de humor ¿Qué podríamos esconderte?
Dagur se acercó tanto al gemelo castaño, que su rostros quedaron casi a un palmo del otro. Nervioso por la sorpresiva invasión de su espacio personal, Hiccup no pudo evitar temblar ante aquella mirada penetrante.
–Hermano, por un momento podría jurar que dejaste de respirar.
–¿Yo? ¿Eh? ¿Por qué…?
–¿Acaso estas sudando?
–¡Hiccup! ¡Hiccup! –escuchar que lo llamaban a la lejanía fue casi un respiro de salvación para el muchacho. Dagur, como toda la comitiva que lo acompañaba, se volvieron para toparse con la recién llegada–. ¡Hay serios problemas! –dijo Honey alcanzando a su hermano y sin percatarse en los demás presentes –. Tuffnut se ha encerrado en su casa, Ruff no está por ningún lado y Fishlegs aún no encontrado el rastro del drag…
–¡Aaaaa-azadón! –interrumpió Hiccup inmediatamente tapando con una de sus manos la boca de Honey –. ¡Sí, azadón! No podemos cultivar la tierra sin uno –dijo, en lo que a su lado, Astrid y Gobber asentían nerviosos aceptando sus palabras.
–Hiccup ¿Qué caraj..? –intentó de decir la gemela pecosa apartando la mano de su hermano de sus labios.
Pero antes de que terminara su palabra anti-sonante, Dagur dio un paso hacia delante atrayendo la atención de la recién llegada a su persona.
–¿Honey? –dijo.
–Honey ¿recuerda a Dagur? – se apresuró a preguntarle Hiccup indicando al adolecente berserker.
La chica lo miró suspicazmente, en lo que susurró casi inaudiblemente a su hermano gemelo:
–¿El hijo loco del líder berserker?
–El nuevo líder loco de la tribu berserker –le respondió Hiccup con el mismo método – y que tiene toda su armada rodeando Berk.
–¡Dagur! ¡Es un gusto verte de nuevo!
Pero a pesar de la mejor y más falsa sonrisa de la chica, Dagur le dirigió una mirada entrecerrada y con recelo, en lo que la examinaba de cabeza a pies.
–Te ves… diferente.
–Eh… no me siento diferente.
–Mmm… pareces… una niña.
–Tal vez porque es una niña, pend… –comentó Gobber exasperado, pero cayó rápidamente al recibir un codazo en un costado por parte de Astrid.
–Debe ser cosa de hermanos gemelos –soltó Dagur encogiendo los hombros y relajando su perfil –, cuando era pequeños no podía diferencia a uno del otro. Aunque viéndolo ahora, Hiccup, tú también pareces una niña.
Algunos de los seguidores del berserker soltaron una risita y Gobber trató de contener la suya sin mucha suerte.
–Fantástico –aceptó el chico con desanimo.
–¿Podemos seguir con el tour? –preguntó el herrero tratando de terminar con aquella visita lo más pronto posible.
–¿Cuál tour? –pero por desgracia preguntó Honey.
–El rutinario tour por la isla antes de firmar el nuevo tratado de paz –trató de explicar Gobber lo más corto posible –. El que por cierto ¿Hiccup ya está todo listo para la firma de documentos?
El chico casi hipo al escuchar su nombre (la ironía). Aunque le fascinaría pasar toda una tarde junto a una de las razones porque las que tendría pesadillas en la noche, encontrar a Barf y Belch era un prioridad y con ello también a los gemelos Thorston.
–En realidad aún hay algunos asuntos que debo resolver… –comentó rascándose la nuca nervioso –como mi padre no está… alguien debe hacerse responsable ¿sabes? Pero, Honey podría hacerse cargo del tratado–agregó empujando a su hermana de los hombros y acercándola más a Dagur.
–¿Qué yo qué?
–Claro– continuó ignorando la cara de espanto de su gemela –, además eso te ayudara a afinar tus habilidades diplomáticas con todo eso de ser el vínculo de las tradiciones y la gente, y blah blah blah –le dio un empujón más y ésta terminó chocando levemente contra el joven líder berserker.
–Hiccup… –alcanzó a soltar ella, lanzándole una mirada asesina a su hermano, antes de que Dagur posara su grande y muscular brazo sobre los flacuchos hombros de ella.
–Muy bien Honey –dijo Dagur alegremente sacudiéndola un poco –, continuemos con el tour, pero ahora quiero ver donde guardan las verdaderas armas afiladas, no esos estúpidos y aburridos almacenes de alimentos.
Honey intentó en vano de escapar del agarre del berserker, pero éste fácilmente la arrastró consigo en lo que continuaba con su recorrido. La chica alcanzó lánzale una última mirada llena de odio a su hermano gemelo, antes de deslizar despacio su dedo índice a lo largo de su cuello para indicarle sus futuras intenciones.
Hiccup y Astrid los vieron alejarse en silencio por un momento, antes de que la chica rubia terminara la leve calma diciendo:
–¿Y ahora qué?
–Hablemos con Tuff antes de que Dagur descubra lo que estamos ocultando o que Honey me mate, lo que pase primero.
Chapter 67: Sangre
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Sangre
Hiccup y Astrid no podían creer que estaban a punto de realizar lo impensable, algo que ni los más valientes de la aldea se atrevían; pero medidas desesperadas se requerían en momentos desesperados. Así que después de dar un largo suspiro, ambos jóvenes vikingos se adentraron en los misterios que era la choza de la familia Thorston.
A primera vista el lugar parecía desierto. De cabo a rabo, el hogar de los gemelos rubios se encontraba en caos. Miles de objetos se encontraban en el suelo, apilados en pequeños montones amorfos por los diferentes artefactos. La luz era escasa y apenas se colaba por pequeñas rendijas entre los tablones de madera.
El lugar apestaba a humedad, hidromiel y carne asada de yak.
–Ehm… ¿Tuff? –llamó Hiccup al gemelo mientras caminaba con cuidado tratando de no tropezar con nada en lo que se adentraba en la casa.
–¿Tuffnut? –repitió a su vez Astrid pegando su espalda contra la del joven pecoso.
–Tuff ¿estás aquí?
–¡Hey, idiota! –gritó la rubia perdiendo la paciencia. El chico a su lado no pudo evitar dar un brinco ante la sorpresiva y sin advertencia acción de la joven. Pero no llegó a reclamarle, ya que su corazón dio otro salto mortal dentro de su pecho cuando desde el techo la casa, un cuerpo cayó estrepitosamente quedando colgado de unas sogas a unos centímetros del suelo frente ambos visitantes.
–Hiccup, Astrid… –dijo Tuffnut revelándose ante sus amigos jinetes – ¿no conocen el concepto de dejar dormir a los muertos? –agregó indicando sobre su hombro el cuerpo inerte de su madre sobre la mesa de la cocina en lo que se liberaba de las sogas que lo suspendían.
–¡¿Muerto?! –exclamaron Hiccup y Astrid alarmados al mismo tiempo.
–O ebrio, lo que sea –aclaró Tuff encogiendo los hombros desinteresado.
–Tuffnut… –balbuceó Hiccup sujetando con una de sus manos su pecho en lo que se calmaba su acelerado corazón –. Tuff ¿Estás bien?
–Hiccup, mi buen amigo –alegó el rubio desasiéndose de las sogas que lo colgaban del techo –. ¿Define “estar bien”?
–Es el estado físico, emocional o situacional donde… –respondió el gemelo pecoso automáticamente, pero fue callado en el acto por un zape que le propinó Astrid en la nuca, haciendo soltar un débil –: ¡auch!
–No se refiere literalmente.
Con un movimiento del hombro, la rubia le indicó a Hiccup al gemelo Thorston que portaba un semblante de indiferencia, algo sumamente extraño en él. Era normal verlo alegre, con un sonrisa altanera o picara e incluso con la vista perdida ante algún concepto desconocido para su simple mente; pero aquel sentimiento que reflejaba su mirada resultaba sumamente desconcertante, más que las ideas locas que llegaba a tener junto a su gemela rubia.
–¿Tuff?
–Hiccup, Astrid ¿ven esta linda espada? –respondió éste con una mirada perdida y un tono de voz bastante desanimado, mientras blandía de un lado a otro el arma que acababa de recoger del piso.
–¿La oxidada y sin brillo? –dijo Astrid.
–Un regalo de tío abuelo Locknut para nuestro decimo cumpleaños –agregó antes de arrojarla sobre su hombro sin interés sobre otra pila de cosas –. Esta es la ballesta favorita de la tía Ulga –dijo recogiéndola también del suelo –, nos la regalo después de que la llenamos de grasa de yak durante el sepelio de su cuarto marido. Y esto, la piedra mascota que nos dieron para snoggletug hace dos años, curiosamente en las mismas fechas en que mis padres nos dijeron que un terrible terror robó lo que quedaba de oro para regalos, pero no la nueva barrica de hidromiel que misteriosamente encontraron en el bosque.
–Tuff ¿A dónde quiere llegar con todo esto? –le preguntó Hiccup confundido.
–Nuestra manta favorita, nuestro tazón favorito, nuestro yak disecado… –continuó indicando cada artículo esparcido por la casona – nuestro, nuestro, nuestro, todo es mío y de Ruffnut ¡Pero nada solo mío! Y al parecer, nada “no es mío”
–Pero Tuff, son gemelos –mencionó Hiccup con una sonrisa tímida –. Es normal que lo hermanos compartan cosas.
–Una cosa es compartir y otra es tener algo que pueda llamar realmente mío. No lo había pensado de esa manera antes, hasta que Ruff dejo en claro que no quiere tener el mismo cumpleaños que yo.
El gemelo rubio soltó un largo y lastimero suspiro que provocó desasosiego en sus dos amigos.
–¡Eso es también completamente normal! –soltó Hiccup.
–Sí Tuff, no puedes estar de acuerdo con alguien en todo –dijo Astrid tratando de levantarle el ánimo.
–Incluso tu gemela –agregó el joven pecoso sabiéndolo de primera mano –. Honey y yo no lo hacemos generalmente frente a otros, pero también discutimos bastante.
–Pero esto no es tan sencillo como discutir. Si así lo fuera, golpearía la cara de Ruff con un mazo hasta que se callara y todo acabaría. Pero no. Esto es sobre mi “individismo”.
–No será “individualismo” –lo corrigió Astrid.
–Salud.
–Tuff, se que estas teniendo un grave problema de existencialismo en este momento –comentó Hiccup tratando de conservar la calma –, pero tenemos problemas más serios que eso. Barf y Belch está fuera de control y necesitamos tu ayuda y la de Ruff para encontrarlos antes…
–¡Ese es el problema, mi flacucho amigo! –soltó el rubio acallando al pecoso con un indicación de su dedo índice –. No es solo el hecho de que no tenemos nada que sea único de cada uno, sino que también piensan de nosotros como una sola persona. No Tuff o solo Ruff, sino Tuffnut y Ruffnut.
–Tuffnut ya estas divagando –masculló Astrid perdiendo la paciencia –. No es que no pensemos en ustedes como diferentes individuos, sino porque al ser gemelos es más… sencillo pensar en ambos que en uno solo.
–¿En serio? –dijo Tuff haciéndole frente –. Dime si piensas exactamente de esa manera con Hiccup y Honey.
–¿Eh?
–¡Exactamente, señorita!
–Muy bien, muy bien –rápidamente Hiccup los separó antes de que algo irremediable pasara, y más ante la mirada asesina que comenzaba a reflejarse en el semblante de la joven doncella guerrera –, ya entendimos que estas insatisfecho, pero debemos…
–Es más que insatisfecho, Hiccup. Es descubrir que toda tu existencia, el mundo completo… no ¡el universo! siempre me ha considerado la mitad de un ser.
–¿No crees que estas exagerando? Yo también tengo una hermana gemela y no me siento como un individuo incompleto.
–Es porque tú y Honey nunca han sido verdaderos gemelos.
–¡¿Disculpa?!
Fue entonces turno de Astrid separarlos a sus amigos antes de que pasara algo desagradable:
–Tuff, no sé qué piensas que significa ser gemelos, pero nacer al mismo tiempo creo que cumple con el requisito principal para serlo.
–¿En serio? –soltó Tuff escéptico –. Pues Hiccup y Honey no comparten el mismo cumpleaños, ni siquiera nacieron el mismo día ¿Qué dices a eso señorita sabelotodo? –agregó con altanería mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho –. Sí, que puedes saber tú, ni siquiera hermanos tienes.
Ante su comentario Astrid tronó sus nudillos en amenaza:
–Creo que ya te estás pasando de la raya…
–No, Hiccup. La estoy remarcando en la arena. Me estoy dando cuenta que toda mi vida he sido un numero más en una ecuación que facilita la vida de todos, dejando a un lado mi verdadero ser. No es tan sencillo olvidarlo o dejarlo pasar, y aunque crees comprenderme, yo lo veo imposible. Tú y Honey serán gemelos del mismo vientre, pero son tan individuales como cualquier hermano, independientes en sus futuros e ideales, cada uno marcando su propio destino ¡Incluso cada uno tiene su propio dragón! Yo no tengo esos privilegios y por ello, no tiene sentido continuar con esto, así que les pido que me dejen solo con mi insignificante existencia y pueda morir en paz en el olvido.
Luego de su largo pasional monologo, Tuff se apartó dramática una lágrima de entre los parpados y les dio la espalda a sus amigos; quienes en cuestión de segundos pasaron de la irritación a la confusión total.
–Pero ¿Tuff?
–¡Dije: déjenme! –bramó con más fuerza antes de lanzarse entre las montañas de objetos que recubrían el suelo de su hogar, sollozando como niño pequeño.
Sumamente confundidos y sin saber que más hacer, Astrid y Hiccup abandonaron rápido aquella casona caminado sobre sus propios pasos y sin dar la espalda.
–Wow, no puedo creer que pudiera pronunciar eso –comentó Hiccup aturdido una vez que se encontraban una vez fuera de aquel lugar.
–Yo estaría más sorprendida si realmente supiera el significado de lo que acaba de decir –dijo la otra escéptica.
Pero la mirada que le dirigió Hiccup fue reflejo de algo más profundo que simple confusión. Tal vez Tuff estaba dramatizando demasiado el problema, pero había dicho suficiente para dejar al gemelo pecoso con el bichito de la duda.
–¿Y si lo que dijo tiene razón?
–Oh por Thor, Hiccup –soltó Astrid tomándolo del brazo –. No permitas que esa farfullada se te meta a la cabeza.
–Pero, que tal sí mi padre nos hubiera tratado a mí y a Honey igual todo este tiempo ¿podría sentirme igual que Tuff….?
–¡No! ¡No! ¡No! –bramó tajantemente la rubia tomando a Hiccup de los hombros y haciéndolo marchar en busca de sus amigos –. No voy a permitir que caigas en ese pozo sin fondo que son los Thorston. ¡Ahora muévete! Tal vez tengamos más suerte con Ruff!
–Astrid…
–Me lo agradecerás después.
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Y realmente Hiccup debía concentrarse en resolver el problema con dos cabezas, ya que Honey tenía el tiempo contado; y no precisamente porque su vida peligraba, sino porque su paciencia se agotaba y las probabilidades de que cierto berserker terminara con un chichón en la cabeza eran muy altas. Incluso si eso significaba una guerra entre ambas tribus.
Una guerra con los berserkers no era nada nuevo para los peludos hooligans. Hacía años, mucho antes de que Hiccup y Honey nacieran, la rivalidad entre ambas tribus era una realidad, incluso la más grande batalla se llevó a cabo en la playa de Thor; había sido momento crucial en la relación de los padres de los gemelos Haddock.
Pero las cosas habían cambiando y al igual que el nombre de Oswald, la paz se había mantenido entre los berserkers y los hooligans. Al menos hasta que Dagur tomó el liderazgo de su tribu.
Y vaya que resultaba una persona difícil de complacer… de entretener… o simplemente soportarlo era una proeza sobrehumana. Y Honey, quien no estaba dotada con el don de la paciencia, le estaba resultado una tarea titánica.
El tour por la aldea había sido con la intenciones de entretener al visitante y su comitiva, así como ganar más tiempo para Hiccup y Astrid, pero por desgracia había resultado en una arma de dos filos con las constantes quejas de Dagur sobre lo aburrido que resultaba ver los plantíos, lo poco sanguinarias que eran sus armas, lo escaso de su inventarios en las armerías y las debilidades estructurales de la aldea.
Habrían resultado puntos interesantes para tomar en cuenta, si no hubieran sido tratados con el fastidioso y presuntuoso tono del líder berserker, quien actuaba mas como un mozalbete chiflado, que un verdadero líder vikingo (desde el punto de vista de Gobber).
–No entiendo porque se le llama tratado de paz –se quejo Dagur por decima vez ya una vez que se encontraban en el gran salón después del recorrido –. La paz es aburrida –continuó haciendo un puchero en lo que Gobber extendía el tratado frente a él sobre la mesa –. Podría ser algo más entretenido como un tratado de muerte, de sangre, de guerra…
–Esos solo se aplican cuando realmente hay una guerra… –comentó Honey con desdén y cansancio, alcanzando un tintero y pluma al alcance de Dagur – o cuando eres un completo psicótico –murmuró en voz baja para sí, al sentarse a un lado a él.
–¿Dijiste algo murmurando? –gruñó el berserker levantándose inmediatamente de su asiento. Ante su postura, sus guardia y comitiva, se levantó de sus puestos por igual, llevando sus manos hacia las empañaduras de sus armas –. ¡Odio que murmuren!
Gobber a un lado de ambos jóvenes, levantó las manos (la real y falsa) en señal de calma y paciencia:
– ¡Mira Dagur! –comentó después indicándole el pergamino viejo frente a él –. ¡Aquí está el tratado! ¡Ahora firma! –dijo casi con un silbido, como si llamara la atención de un perro.
De mala gana, Dagur tomó el papel para comenzar a leerlo con detenimiento. En lo que sus ojos verdes claros y saltones bajaban de una línea a la otra, su seño se volvió más fruncido, como si estuviera presente de algún terrible hedor.
–¿Qué quiere decir con un “total cese de hostilidades”? –soltó agitando el pedazo de papel y volviéndose hacia Honey.
–Que ambas tribus comprometen a no tener alguna pelea “en armas” entre sus individuos, sea tanto en combate, mar o por perdida de un partido de su equipo favorito de bashiball.
–¡Aburrido! –bufó dejándose caer en su asiento –. Somos vikingos, los vikingos no evitamos las hostilidades, las fomentamos. Cuando alguien nos fastidia mucho lo golpeamos en la cabeza hasta que deja de hablar. ¡Para que portar armas si no tenemos la libertad de córtale a alguien el cuello! –sentenció dándole un puñetazo a la mesa.
–Dagur, no se trata sobre… –intentó explicarle Gobber, pero antes de que llegara a la sexta palabra de su oración, el joven berserker volvió alzarse en rabia y bramando contra su rostro, con todas sus fuerzas:
–¡No me interrumpan! ¡Odio cuando lo hacen!
–¡Dagur! –lo llamó la joven pecosa desde su asiento, tanto de ser asertiva pero aguantándose la tentación de arrojarle un cáliz de acero a la cara –. El tratado no implica que no puedas degollar a alguien con tu hacha –indicó ella –, simplemente no puedes hacerlo a alguien de Berk. Puedes ir a cortar cabezas en otro lado. Hay demasiado archipiélago para que lo hagas.
–¿Acaso me estás diciendo que hacer? –dijo el joven volviéndose hacia la chica castaña –. Nadie puede decirme que o no puedo hacer. Soy el líder de la gran tribu berserker.
–¡Si lo eres, compórtate como el jefe de tu tribu! –rugió esa vez Honey saltando de su asiento y haciéndole frente al líder de la tribu rival, que fácilmente le rebasaba por una cabeza y media. Aún así, le sostuvo la mirada en lo que Dagur parecía soltar humo de sus fosas nasales.
No estaba acostumbrado a ser cuestionado. Y su gente lo sabía. Los miembros de su comitiva pasaban con interés sus miradas de uno a la otra, completamente enfocados en el dialogo entre ambos.
Temiendo que la situación podría salirse de control, Gobber trató una vez más de tomar las riendas, pero de nuevo fue callado por Dagur:
–Tu padre Oswald firmó muchas veces este tratado….
–Mi padre era un tonto que no sabía que le convenía a su propia gente. Manteniéndose pacifico, firmando tratados de… paz. Somos bersekers, brutales guerreros a lo que no se les puede decir que hacer ¿No puedes degollar a alguien de esa isla? ¿No pueden navegar sin permiso por aguas de otra tribu? –dijo amanerando su forma de hablar –: ¿Dagur no afiles tu hacha en el cuero del gato? ¿No pongas tus botas en la mesa? ¿Dagur no puedes declararles la guerra a tus aliados? ¿Dagur baja esa espada inmediatamente? Bleh, bleh, bleh.
Pero antes de que el líder berserker continuara con su perorata y fuera apoyada por sus seguidores, Honey finalmente perdió la paciencia. La chica dio una fuerte palmada a la mesa hasta lastimar sus manos, para luego tomar a Dagur por el cuello de sus ropas y obligarlo a bajar su rostro hasta el nivel de ella.
–¡FIRMA EL MALDITO TRATADO! –gritó ella fuera de sí con un mirada llameante, y las mejillas sonrojadas ante la completa furia que se apoderó de su ser.
Nadie, ni siquiera Dagur o la misma chica, se esperó tal reacción de su parte. Tanto así, que su arrebato fue seguido por un tenso y pesado silencio. Al percatarse que todas las miradas de la habitación estaban sobre ella, la gemela pecosa soltó de inmediato al berserker en lo que sus mejillas se tornaban tan coloradas como tomates.
–Lamento que sucediera eso –admitió tomando su larga trenza entre sus manos y evitando hacer contacto visual con cualquiera en aquella habitación.
–Wow, Honey –dijo Dagur –. No sabía que tenías ese fuego dentro de ti.
–¿Eh?
–Está bien firmare el tratado –aceptó Dagur repentinamente cambiando totalmente su actitud por una más jovial y complaciente –. Y solo porque lo pediste amablemente –agregó tomando la pluma en sus manos y frotándola contra la nariz de la chica, en lo que le reglaba una coqueta sonrisa –. Ahora, donde está la sangre de dragón.
–¿Sangre de dragón? –soltó Honey.
–¿Sangre de dragón? –repitió Gobber.
–¿Sangre de dragón? –mascullaron los demás berserkers en la habitación.
–¡Sí, sangre de dragón! –gritó una vez más Dagur perdiendo la compostura –. ¡¿Acaso están sordos?! Para firmar mi primer tratado… de paz… –hizo una mueca de asco ante la última palabra – necesito algo épico y glorioso como sangre de dragón.
Honey y Gobber intercambiaron una mirada nerviosa.
–Je, je… Dagur –dijo la gemela de pelo castaño frotando sus manos – cuanto lamente informarte, pero no hay dragones por el momento en Berk.
Pero como un cruel chiste del destino o una mala broma por parte de los dioses, Barf y Berch hicieron su gloriosa parición en el gran salón con un gran estruendo y provocando una llamarada de humo verde y fuego. Todos los vikingos presente en el gran salón miraron a la bestia que había entrado estrepitosamente por las dos grandes puertas de roble, sin poder creer que se encontrara realmente ahí.
–Hijo de…. –logró musitar Honey al salir de su estupor y antes de ser interrumpida por la más demencial y casi monstruosa carcajada que cubrió el vacío y eco del gran salón.
Dagur se sentía como un niño en mañana de snuggletog.
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Stoick estaba furioso… colérico.
Su sangre vikinga rugía furiosa dentro de su ser y aclamaba una satisfacción.
Años de entrenamiento y matanza de dragones afloraron en cada uno de sus poros, como si despidiera un aroma corporal a guerra, y su mirada que llameaba con furia se conectó con las pupilas verticales de Thunderdrum.
En su mente y su sed de sangre, aquella bestia de escamas azul había sido el causante de todo. Aquel que le había costado la vida a Mulch y a Bucket, y había provocado toda aquella cacería.
El fiero guerrero vikingo en él y el líder vengativo, llamó a su gente a las armas y atacar al dragón con un desgarrador grito. Aquella batalla feroz resultó como un viejo recuerdo para los hooligans, de aquellas épocas donde las bestias escamosas eran sus más acérrimos enemigos. Resultaba sorprendente lo fácil que la peor faceta de aquellos vikingos renacía con facilidad, a pesar que ya poseía amados dragones descansado como sabuesos obedientes en las pieles que decoraban los suelos de sus chozas.
Pero su ira vikinga no fue satisfecha. El dragón, como un cobarde de las tribus del norte, hizo más escándalo que lo ofreció de batalla. Conocidos por sus potentes voces, el thunderdrum destruyó parte de su barco y dejo algunos navegantes sordos, antes de macar la retirada debajo de la aguas.
Aquel dragón de la clase tidal era reconocido por ser un animal al asecho, pero terco en la batalla. Su tamaño lo denotaba como un macho maduro y de buena salud, un excelente trofeo para la gloria de un vikingo; aún así, la bestia escurridiza se alejo de los navíos hooligans sin razón aparente.
–¡Maldita bestia cobarde! –rugió Stoick enervado en la cima de la proa de su barco –. ¡Regresa y pelea horrible criatura del Hel!
Y como un insulto más a su honra y orgullo, el dragón no dio señales de otórgale tal satisfacción.
–¡Stoick, parece que se dirige a la costa de la isla de los dragones! –le informó Spitelout.
Con rugido que emergió de su garganta como animal herido, el jefe vikingo se apartó de la proa y tomó timón de su fiel navío. Aquellas naves que podían continuar la marcha, siguieron a su líder hasta las costas de la isla de sus antiguos enemigos.
Fue casi como un déjà vu, cuando Stoick puso de nuevo pie en las blanquecinas arenas de la playa de la isla de los dragones, y como si conocieran la traición a la tregua que se proponían los vikingos, ninguno de los habitantes del islote se mostró ante los recién llegados.
Solo una leves marcas en el suelo denotaban un antiguo y recurrente camino de una bestia cuadrúpeda y pesada, que se había desplazado un sin número de veces en aquella arenilla.
–Son huellas de thunderdrum –le informó la guerrera Lydia ante la mirada intensa de su líder.
Stoick no necesitaba más. Casi bufando humo, el gran vikingo siguió la senda marcada en la arena, en lo que su poderosa hacha giraba ansiosa en su mano.
En lo que cada paso lo aceraba más a su destino, el líder hooligan casi podía saborear el fervor de la batalla como si hubiera sido ayer. Y como si tuviera un leve sentimiento de nostalgia, su mente divagó fácilmente en sus recuerdos aún bastante vivos de la época en la que mataba dragones con gran placer.
Podía escuchar con claridad las instrucciones de su maestro espadachín sobre los puntos débil de thunderdrum:
–Primo ataca las alas… espera a que descubra el vientre…
Y casi inmediatamente, pudo sentir con claridad la adrenalina cuando su espada encontró por primera vez aquel punto débil y cumplió su cometido con tal facilidad; casi como mantequilla cortada por un cuchillo caliente.
Stoick continuó su marcha, en lo que la senda en la arena finalmente lo condujo a una cueva contra las rocas de un acantilado, cerca de la orillas de un bosquecillo. Leves gruñidos provenientes de aquel escondrijo, le delató que su objetivo estaba adentro.
Siguió adelante en lo que su cabeza escuchaba la voz su tío:
–Buen trabajo, Stoick. Tu padre habría estado muy orgulloso.
Casi podía oler la sangre que en aquella ocasión cubría sus ropas, arma y manos; y se mezclaba casi perfectamente con el mar, la arena y la inconfundible peste del dragón.
–Con ello has logrado tu rito de madures –recordó aquellas palabras en lo que sus manos se recargaban en la entrada de aquella caverna –. Es una gloria para tu familia, tu clan y futuros hijos.
¿Hijos?... ah ¡hijos!...él tenía hijos. Aquella concentración que lo había dominado como autómata, casi lo había hecho olvidar que tenía hijos.
Pero desde dentro de la cueva, unos ojos amarillentos lo alejaron de aquella verdad que casi había olvidado.
–Stoick –lo llamó débilmente alguno de sus files seguidores hooligans, pero no podía asegurar quién. En su hermetismo, no había identificado aquella voz.
Pronto, desde las sombras de aquella caverna, comenzó a emerger una cabeza seguida de un ancho y robusto cuerpo. El dragón se revelaba ante él con un lastimero rugido.
–Ellos no son lo que pensábamos –escuchó en la lejanía de sus recuerdos la voz inconfundible de Hiccup –. No tenemos porque matarlos…
Stoick luchó ante tal idea sacudiendo físicamente su cabeza. No era momento de pensar en ello. Hiccup podía estar equivocado… lo había estado muchas veces… al igual que él.
–Stoick…
–Ellos no son nuestros enemigos…
–Toothless me salvó…
–No lo habríamos logrado sin los dragones.
El jefe vikingo levantó sobre su cabeza su hacha, en lo que luchaba contra la opresión que crecía en su pecho y la lógica que mantenía firme su cabeza.
–¡Stoick!
Pero su mente se dividía en una gran dualidad, en lo que debía y lo que quería hacer. Su confusión era tal que Stoick ni siquiera se percató que el Thunderdrum que estaba por partirle la cabeza no era azul como el que los atacó, sino de un rosa pálido.
–¡STOICK!
Cuando su arma estaba por partir la cabeza del dragón, dos pares de manos lo tomaron por ambos lado, deteniendo su fatídico intentó de acabar con la vida del reptil.
Furioso y reaccionando inmediatamente ante aquella acción, el jefe vikingo arremetió contra sus atacantes, soltando un golpe a su alrededor que nunca alcanzó a tocar a su objetivo. Casi soltando espuma por la boca, Stoick se volvió para toparse nada más con Bucket y Mulch.
Ambos vikingos se encontraban sanos y salvos, y habían sido los responsables de evitar que matara al thunderdrum.
Agitado y temblando por la adrenalina, Stoick entró por unos leves segundos en estado de shock, en lo que su mente trataba de unir los puntos de lo que sucedía a su alrededor. Pronto sus ojos verdes pasaron de sus colegas desaparecido, al resto de su guerreros que le devolvía miradas afligidas, para luego volverse sobre sí mismo y toparse con aquel thunderdrum (uno ajeno al ataque) herido, asustado y solo, que se ocultaba en aquella cueva y que casi él asesina despiadadamente.
Los ojos de pánico de la bestia ante él, le recordaron la mirada de miedo y decepción que una vez su hijo le había dirigido cuando lo renegó de nombre.
Y sitió como su alma caía sus pies y su corazón se desgarraba.
–Por Thor… –musitó mientras caía de rodillas – que era lo que iba hacer….
Chapter 68: Mentes brillantes
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Mentes brillantes
Era una regla implícita, pero nunca discutida, que todo vikingo era de pocas palabras; porque no tuviera mucho que decir, fuera un antisocial o no era precisamente una de las mentes brillantes del mundo. Aún así, resultaba bastante sorprendente el mutismo que se apoderó del gran jefe vikingo Stoick the Vast y sus guerreros hooligans mientras escucharon con atención toda la increíble historia de Mulch y Bucket.
Ambos vikingos relataron como su búsqueda de arenques lo llevó hasta las corrientes tibias marinas que conducen a la isla de los dragones. Con la experiencia de décadas surcando aquellas aguas, Mulch y Bucket habrían logrado fácilmente evitar aquella marea y ser arrastrados sin piedad a la terrible neblina del las puertas del Hel.
O al menos eso ellos creían…
Algo que desconocían, es que había quedado atrapada la aleta del su bote a un extraño objeto, que los jaló justamente a aquel destino que habían estado evitando.
Aunque la tribu de Berk había terminado las hostilidades contra los dragones, el acercamiento a aquella isla aún resultaba peligroso, especialmente cuando los vikingos se encontraban solos. Sin olvidar de los peñascos que se ocultaban entre la neblina y fácilmente podía destrozar su pequeño bote de pesca.
En aquel predicamento, llegaron a pensar que un dragón de la clase tidal los había arrastrado hasta su territorio, pero una vez que quedaron varados y perdidos entre la neblina durante unas cuantas horas, en las que absolutamente nada acudió a su perdición, descartaron aquella sospecha.
Improvisando con algunos amarres, parte del mástil, la pata de palo de Mulch y la mano de garfio de Bucket, lograron alcanzar aquella misteriosa entidad que los mantenía encallados, que resultó una especie de red de pesca sumamente resistente y tan grande, como larga, que parecía extenderse por leguas.
Mulch y Bucket intentaron cortarla, pero resultaron fallidos ante el resistente material con el que estaba hecha. Nunca había visto nada parecido, con excepción…
–La soga de muertos –interrumpió Stoick el relato temiendo lo peor.
Aquella resistente y flexible soga se realizaba con una curiosa y única enredadera, que de conocimiento popular, crecía en un solo lugar del todo el archipiélago barbárico: la isla Outcast.
–Pero no fue lo único que encontramos, Stoick –se apresuró a explicar Mulch en lo que su mano acariciaba con delicadeza la frente del thunderdrum rosa, y ésta ronroneaba con gusto.
Tratando de liberar su navío, ambos vikingos probaron de tirar de la soga de muertos con todas sus fuerzas, pero no consiguieron moverse ni un centímetro. Pero en su intentó, expusieron a la superficie varios metros de aquella trampa mortal que no solo alejaba a los cardúmenes de Berk, sino que también había sorprendido a una victima mucho más grande.
–La pobrecilla no podía ni moverse –explicó Bucket enterneciendo su voz y obteniendo un gemido de la thunderdrum.
En otra época, Mulch y Bucket habrían abandonado a la pobre bestia a su suerte, pero ante la aceptación que trajo Hiccup a los suyos, se animaron a hacer lo posible por liberarla.
Aunque ignoraban que no era el único thunderdrum en los alrededores.
El macho azul había estado cuidado a su amiga atrapada todo ese tiempo o intentado rescatarla sin éxito, pero cuando los dos vikingos la alzaron sobre la superficie del agua, la bestia escamosa temía las peores intenciones.
–Antes habríamos entrado en combate sin dudarlo –explicó Mulch –y probablemente muerto en la batalla.
–Pero luego recordamos todo lo que nos ha enseñado Hiccup sobre los dragones –agregó Bucket.
–¡Ja! ¡Vaya nuestra sorpresa cuando funcionó! ¡No lo podíamos creer!
Efectivamente, al mantener la calma y al mostrar al thunderdrum que no eran una amenaza. Ambos vikingos lograron ganar tiempo y liberar al más joven, ganándose así un aliado en el macho azul.
–Y hemos estado atrapados aquí desde entonces.
–Pero no nos quejamos –continuó Bucket sonriendo debajo de su gran bigote rubio –, él nos ayuda trayendo comida, mientras nosotros cuidamos de su amiga.
Ambos vikingos continuaron mimando a la dragona rosa, ignorantes que su líder sintió recibir una bofetada en su rostro barbudo. Hacía unas horas antes, estaba listo para traicionar a sus hijos, olvidar lo aprendido y a los dragones que salvaron sus vidas, acabando así despiadadamente con la nueva paz, y por venganza, acabar con uno de los suyos; cuando en realidad todo ese tiempo aquella bestia había salvado y cuidado de Muclh y Bucket; todo gracias a las enseñanzas de Hccup.
Se sentía como la mayor basura del mundo.
–¿Y dónde está ahora? –preguntó Stoick finalmente con tono mordaz.
Stoick como todo líder vikingo… o como vikingo en general, no le gustaba estar equivocado. Estaba ansioso de enmendar su error.
–¿Eh? –soltó Mulch distraído.
–¿Dónde está el dragón?
–Es extraño, ahora que lo mencionas ya debió haber….
Pero antes de que Mulch terminara la oración, el inconfundible rugido de thunderdrum resonó en toda la playa poniendo en alerta a los guerreros Hooligans. En cambio la dragona rosa, tembló de patas a cabeza, antes de correr despavorida por la arena en dirección contraria a la cueva donde se ocultaba.
–¿A dónde va? –soltó Spitelout viéndola alejarse.
Sin más que fruncir su ceño como respuesta, Stoick trotó detrás del thunderdrum seguido de cerca por sus fieles guerreros, hasta llegar al otro lado de la costa donde se podía apreciar con claridad las aguas azules del océano lejos de las cortinas de neblina del Hell.
Unos barcos inconfundibles se encontraban surcando las aguas, en lo que unas redes entre ellos contenían al macho azul que luchaba desesperado por liberarse.
Stoick gruñó para sí.
–¡Outcast! –bramó Bertha a su lado.
–¿Qué hacemos jefe? –preguntó Lydia empuñando su hacha.
–Salvar a uno de los nuestros.
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Astrid cumplió su palabra y evitó como toda una campeona, que Hiccup volviera a concentrarse en los graves problemas que tenían sobre sus hombros, y dejara atrás las locuras de Tuffnut Thorston. Pero aunque fue una victoria definitiva para ella, aún quedaba el zippleback en la habitación, o en ese caso, desaparecido por la aldea.
Pronto ambos chicos se reunieron nuevamente con sus compañeros jinetes, Fishlegs y Snotlout, en el centro de la aldea. Mientras el joven regordete trataba de recobrar el aliento después de su larga carrera, el chico brabucón se mantenía desinteresado de la discusión comiendo con tranquilidad una manzana robada.
Hiccup casi se acababa la uñas con los dientes, impaciente ante los resultados de la búsqueda de Ruffnut, mientras Astrid se frustraba con la pérdida de tiempo. Cuando finalmente, Fishlegs pudo dar un largo resoplido y llenar nuevamente con aire sus pulmones, decepcionó a sus dos amigos diciendo:
–Me gustaría decirles que sí –respondió –, pero ni siquiera pudimos encontrarla.
–Oh no –exclamó Hiccup preocupado sacudiéndose el cabello con una mano –. Esto es malo, muy malo.
–Vamos, Hiccup –lo dijo Astrid tomándolo afectivamente del brazo –. Sé que se nos ocurrirá algo, solo hay que… pensar.
El chico pecoso levantó su mirada para encontrarse con los intensos ojos azules de la rubia. En lo pocos segundos que sintió perderse en aquellos estanques de aguamarina, pudo percatarse claramente de las palabras que había tratado de recordarle su hermana al principio del día y antes de toda esa locura.
–Sí… sí… sí –tartamudeó el chico tratando de recobrar la compostura –, tienes razón Astrid. Debe de haber una forma de solucionar todo esto sin que Dagur se dé cuenta.
–¿Pero cómo? –instó Fishlegs odiándose a sí mismo por ser la voz pesimista –. No es como si pudiéramos disfrazarnos, fingir que somos otra tribu y tratar de convencerlo que se equivocó de isla.
–¿O qué tal si podemos? – se burló Astrid con tono más jovial –. Dagur no es precisamente la mente más brillante del archipiélago –dijo antes de señalar al moreno que comía tranquilamente su manzana –. Incluso funcionaria con Snotlout.
–¡Hey! –soltó éste.
–Tal vez no tengamos que llegar a algo tan descabellado –dijo Hiccup ignorando la risitas de sus amigos –, solo necesitamos un buen plan. Aún tenemos tiempo para pensar en algo; la esperanza es lo último que muere.
–¡Hiccup! – los gritos de Honey pudieron escucharse a lo lejos, en lo que se acercaba a toda prisa al resto de los jinetes –. ¡Tenemos graves problemas!
–Y… murió.
Y efectivamente, ya que detrás de ella la seguían de cerca la comitiva berserker armada hasta los dientes, encabezada por el mismo Dagur.
–¿Honey?
–Tenemos graves problemas –dijo la pobre casi sin aliento, una vez que alcanzó a sus amigos.Pero antes de que lograra advertirles o tan solo soltar alguna palabra, el grueso brazo del líder berserker se posó sobre los hombros de la chica casi haciéndola caer.
–¡Hiccup! –lo saludó éste jovialmente. Su sonrisa era más perturbadora que la mirada furibunda que solía lucir –. Tú y tus amigos están a tiempo para ser parte de la cacería.
–¿Cacería? –balbuceó Hiccup –¿Que-é? ¿Qué? ¿Qué cacería?
Dagur soltó una fuerte carcajada que paralizó a los jinetes y Gobber, quien rápidamente se unió al grupo.
–La de un dragón –contestó, al terminar con sus risotadas.
Los ojos de los cuatro jinetes se abrieron más grandes que tapas de barriles con hidromiel. Temiendo lo peor (preocupado cada uno por su propio dragón) volvieron la vista a la gemela pecosa atrapada bajo los bíceps del líder berserker.
–Barf y Be… digo, un zippleback entró en el gran comedor durante la firma del tratado de paz y luego huyó –dijo ella, dejando claro para ellos de quien se trataba.
El horror en sus rostros debía ser bastante evidente, ya que pronto Dagur agregó:
–Pero no te preocupes, pequeño Hiccup y sus amigos –soltó a la Haddock para atrapar al otro entre sus brazos –. Después de ver lo deplorable que es su armería y en lo que el resto de mis hombres rastrean al objetivo, he llamado a uno de mis esclavos para traer parte de mi colección personal armamento, como una señal de compromiso entre ambas tribus.
Con un movimiento de su brazo y sin soltar al pobre chico escuálido de su abrazo, indicó para los presentes una de las entradas de la aldea de Berk, precisamente la que conducía a los muelles. Pronto fue evidente para todos, un extraño tintinar de metal, así como los temblores bajos sus botas lanudas.
–Ohhh… creo que ahí viene –dijo Dagur jovial.
Y no estaba equivocado.
Justo al terminar sus palabras, una extraña masa comenzó a observarse por el camino en lo que subía la alarga escalinata que conducía de los muelles al centro de la aldea. Poco a poco comenzó a revelarse el gran montículo de armas que parecía sacudirse ante el paso de aquel que las cargaba. Ante el misterio, los jinetes se estremecieron, Gobber dio un brinquito y Snotlout se ocultó detrás de Fishlegs, quien se ocultó detrás de Astrid.
Con unos últimos pasos, la gran masa de armas llegó hasta la cima del camino, dejando a la vista a la menuda figura cubierta en pieles de osos polar que las había cargado sobre su espalda todo el camino.
–Roar –soltó como un último gemido antes desplomarse en el suelo ante el peso.
–¡¿Eggingard?! – bramaron los gemelos Haddock.
–¡¿Quién?! –preguntaron los demás jinetes.
–¡Inepto! –rugió Dagur como un animal–. ¡No las dejes caer! –furioso corrió hasta la pobre y pequeña esclava para revisar minuciosamente las armas en el suelo –. ¿Están bien mis preciosas? –dijo abrazando con cariño el gran montículo de metal.
En lo que Dagur besaba su armamento, los gemelos castaños corrieron por igual y socorrieron a la pobre esclava de las tierras del norte, levantándola de todos aquellos mazos y hachas.
–¡Hiccup! ¡Honey! –dijo ésta feliz una vez libre y lanzándose al cuello de los Haddock.
–¿Se conocen? –preguntó Dagur ante el acto, pero sus palabras fueron ignoradas.
–Egginagard ¿Qué haces aquí? –Honey la examinó de arriaba a bajo en busca de alguna herida o golpe. Era costumbre que los amos vikingos maltrataran a sus esclavos, más aquellos que eran de las tribus nómadas del norte, y por supuesto aún más si el dueño era un berserker.
Pero antes de que Honey terminara de examinar a su amiga, Dagur se interpuso entre ambas, sujetando a cada una del antebrazo.
–Honey, Honey –masculló en un pésimo intento de parecer cortes –. Sé que en Berk no acostumbran la esclavitud (lo que es una tontería), pero es da mala educación hablar con el esclavo de otro vikingo.
–No es un “él” –le respondió Honey endureciendo su mira –, es “ella”.
–¿Eres una ella? –dudó Dagur volviéndose hacia Eggingarde, quien solo se encogió de los hombros.
Perdiendo completamente el interés, Dagur soltó a ambas chicas para volver de nuevo a sus armas, tomar un par de dagas filosas y bramar a cielo:
–¡A llegado la hora de conseguir esa sangre para firmar mi primer tratado! ¡Tomen un arma y traten de seguirme en la gran gloria! beserker ¡La cacería a empezado!
Ante sus palabras, los guerreros berserkers de sus comitivas alzaron el puño al cielo en lo que acompañaron a la risa maniaca de su líder con gritos de batalla. Uno a uno, fueron tomando una de las armas del montículo y corrieron detrás de Dagur en dirección del bosque la isla de Berk.
Si que tenían graves problemas.
Chapter 69: El nuevo jinete
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El nuevo jinete
–¡Eggingard! –le gritó Honey, abatiendo a la pequeña nómada del norte ante su fulminante mirada –. ¡¿Qué carajos estás haciendo aquí?! ¡¿Y por qué rayos eres esclava de Dagur?!
La pobre niña en la piel de oso polar se encogió sobre sí misma, mientras sus grandes ojos negros se llenaban de lágrimas.
–¿Roar? –rugió lastimeramente, mientras protegía su rostros con sus pequeños puños.
Ante aquel semblante de sumisión y miedo, la gemela Haddock dio un leve respingo y un brinquito hacia atrás sin saber como lo había provocado y mucho menos como repararlo. Eso, hasta que su hermano intercedió en la situación, posando una de sus manos en el hombro de Eggingard y expresándole la calma que parecía necesitar.
–Eggingard ¿Qué fue lo que paso? –dijo éste–. La última vez que te vimos, estabas en un bote en camino a las tierras de norte.
–A-a-así era –contestó ella moqueando de la nariz –. Hasta… hasta que me alcanzó la tormenta.
–¿Tormenta? –soltó Honey ya un poco más relajada.
–Sí. El mar rugía con grandes olas y mi pequeño barco se mecía de un lado al otro. Y de repente ¡Crush! hizo la madera. Lo siguiente que supe, es que estaba en el agua helada. Mi piel de oso me protegió del frio, pero… ¡Roar! El mar seguía y seguía sacudiéndose. Luego, todo se puso oscuro.
En lo que relataba su increíble historia, la pequeña Eggingard imitaba los movimientos del mar con sus brazos y dramatizaba cada una de sus palabras.
–Cuando abrí los ojos, ya no estaba en el agua –continuó –, sino sobre la madera de un barco, rodeada de muchos y feos vikingos. Los berserkers me sacaron del agua pensando que era un cachorro de oso polar. Eso me dijeron, pero cuando se percataron de mi marca de esclavo –dijo indicando la gran quemadura en su frente –, me hicieron tallar todo el piso de la cubierta inferior. Y desde entonces, trabajo en el barco de líder berserker; es la primera vez que estoy sobre tierra en meses –terminó mucho más animada dando unos brinquitos y llenándose de tierra las botas lanudas.
–Cuanto lo lamento –se apresuró a disculparse Hiccup –. No era nuestra intención que casi te ahogaras o que te atrapara Dagur.
–Esperábamos… –balbuceó Honey tristemente frotando su brazo con nerviosismo –que finalmente fueras libre.
–¡Y lo fui! –dijo Eggingard con una gran sonrisa –. Solo que por poco tiempo.
–Hiccup ¿Qué vamos a hacer? –Honey se volvió inmediatamente hacía su hermano con la desesperación reflejada en su mirada –. No podemos dejar que Eggingard siga siendo esclava de Dagur.
–¡Esperen un momento! –interrumpió de repente Astrid, dando unos pasos hacia adelante y atrayendo todas las miradas a su persona –. No tengo ni una maldita idea de quién eres tú –agregó con poca paciencia indicando a Eggingard – o como carajo ustedes la conocen –señaló luego a los gemelos Haddock –, pero no tenemos el tiempo para estar rescatando esclavos. Por si no lo recuerdan tenemos un zippleback suelto… ¡Además de un ejercito berseker y el maniático de su líder cazándolo!
–¡Pero tampoco podemos dejar que Eggingard regrese con esos mismos dementes de los que hablas! –bramó Honey con la misma frialdad y haciendo frente a Astrid.
–Roar –gruñó levemente la de las tribus del norte.
–Tengo estar con Astrid en esto –comentó por un lado Fishlegs alzando con timidez su mano –. Berk y nuestros dragones corren peligro.
–Lo sabemos, Fishlegs –aceptó Hiccup alzando la voz–. Pero debe de haber una forma en que podamos salvar a todos sin que Dagur se dé cuenta.
–Bah –bufó Gobber quien se había mantenido como un espectador durante toda la discusión –. Para eso necesitarías más manos de las que ya tienes –parafraseó –; eso incluye garfios.
–Lo que necesitamos es a los gemelos –insistió el gemelo Haddock.
–Claro, sí es que pudiéramos encontrar a Ruffnut –sentenció Astrid con escepticismo cruzando sus brazos sobre su pecho.
–Probablemente se encuentre en las cavernas junta a la costa –pronunció de repente Snoutlout provocando un silencio sepulcral entre sus amigos.
Los demás jinetes, Eggingard y Gobber se volvieron lentamente en dirección del joven patán que tranquilamente hurtaba y comía manzanas de la careta donde había estado tranquilamente recargado durante toda la discusión.
–¿Qué-e… qué dijiste? –masculló Astrid con dificultad.
–Son una red de túneles que se extienden por debajo de la aldea –comentó Snotlout sin la menor emoción –. Se encuentran accesibles con la marea baja. Los tontonuffs juegan ahí desde niños.
Sin darse cuenta de la crucial información que había estado guardando para sí, el joven moreno continuó comiendo con calma, ignorante de cómo la impotencia y rabia comenzaba a apoderarse de sus compañeros jinetes y los otros presentes. Se encontraba tan ausentes en sus pensamientos (si es que existía algo por el estilo dentro de esa cabeza dura), que ni siquiera se percató de cómo Astrid alzó lentamente su mano para tomar el hacha que colgaba de su espalda.
–No –la detuvo Hiccup sin siquiera apartar la mirada de su primo Snotlout –. Primero veamos la veracidad de sus palabras. Después lo matas –luego agregó.
-ooOO000Oooo-
El inconfundible sonido del choque del metal, retumbaba como alarma a la cercanía de la isla de los dragones, advirtiéndole a aquellas bestias escamosas mantenerse alejadas del combate.
Efectivamente, era una fiera batalla entre los peludos hooligans de la isla Berk contra los traidores de isla Outcast. El gran guerrero vikingo y líder hooligan, Stoick the Vast, había guiado a sus tropas de nuevos a sus barcos para interceptar aquellos navíos que intentaban escabullirse con nada menos que un Thunderdrum.
El elemento sorpresa estuvo de su lado, los Outcast no esperaban en los más mínimo ser atacados por los lanudos vikingos de Berk.
–¡¿Qué es lo que hacen aquí, Savage?! –rigió Stoick mientras chocaba con fiereza la hoja de su hacha contra la espada del segundo al mando. Aquel que dedicaba a hacer el trabajo sucio de su líder, Alvin the Treacherous.
–Pescando dragones ¿Qué crees tú, Stocik? – soltó el sucio bandido indicando con la cabeza el Thunderdrum que había logrado liberarse de las redes de soga del muerto, gracias al repentino ataque Hooligan.
El macho azul volaba algo desorientado y aunque sus rugidos eran estridentes, la mayoría se desviaban de su objetivo ante su vuelo errático.
Los Thunderdrums eran criaturas muy sensibles. Debido a que los sentidos de la vista y el oído no eran precisamente buenos en estos dragones, un sistema especial de sonar en sus narices y la sensibilidad de la piel de la misma, ayudaba muchos a éstas criaturas a orientarse espacialmente. Por desgracia, el tiempo que estuvo atrapado en las redes, llegó a lastimar un poco la parte más sensible de la nariz del macho azul, dificultándole el volar correctamente o ubicarse en sus alrededores, provocando que sus gritos salieran en todas direcciones.
–¡¿Redes más largas que el Jörmundgander para atrapar a un solo dragón?! –gruñó Stoick esquivando con facilidad un par de flechas que sobrevolaron su cabeza, girando sobre sí mismo para darle un puñetazo a otro bandido que intentó colarse en su combate, para terminar delante de Savage en el momento justo para chocar de nuevo sus aceros –. No te burles de mí. ¡Esas redes son para evitar que los peces se acerquen a Berk!
Savage levantó su espada sobre su cabeza y soltó dos estocadas más. Stoick fácilmente esquivó una, mientras que la segunda la detuvo con su propia hacha, dándole suficiente espacio y tiempo para lazar un certero puñetazo y así, tirarle un par de dientes a la por sí chimuela mandíbula del Outcast.
–¡Stoick! –el nombrado no tuvo tiempo para contemplar su victoria en el combate mano a mano, ya pronto la voz de Mulch lo sacó de sus pensamientos y lo hizo volver la mirada.
Pronto sus ojos verdes pudieron apreciar el combate a su alrededor, en el que sus fieles guerreros vikingos aprovechaban al máximo su superioridad numérica para abatir a sus contrincantes. Aún así, no era aquello lo que le indicó Mulch con su gritó, sino al gran macho azul que era atacado ferozmente por las flechas de un tercer navío Outcast que se unía a la trifulca.
La mayoría de las fechas eran rechazadas por la dura piel escamosa del dragón, pero el constante ataque no le ayudaba a la pobre bestia ya por sí desorientada, cuyos gritos retumbaban en todas direcciones poniendo en riesgos a los mismos guerreros Hooligans que intentaba rescatarlo.
Entonces Stoick hizo algo que en su pasado habría considerado bastante estúpido pero muy valiente… pero principalmente estúpido.
Olvidando al adolorido Savage en la cubierta del barco, corrió a lo largo del navío enemigo en dirección de Thunderdrum. La bestia fuera de control giraba en todas direcciones en lo que su salas sacudían el agua a su alrededor, en una peligrosa espiral. Aún así, el líder de Berk continuó su carrera hasta arrojarse de la orilla del barco a las frías aguas del mar.
Por lo que serían unos breves segundos en la que los compatriotas de Berk y bandidos de Outcast que lograron captar la enigmática y suicida maniobra del fiero guerrero vikingo, dieron casi por seguro su muerte en las aguas o a manos de dragón. Oh vaya que fue sorpresa cuando Stoick emergió poco después, altivo y majestuoso, posado tranquilamente de pie sobre el lomo del macho azul.
El gran peso sobre su cabeza había le había dado la suficiente estabilidad al Thunderdrum para recuperar la coordinación de su vuelo, a pesar de que sistema de localización se encontraba comprometido ante el maltrato.
Fue una visión sorprendente tanto para los guerreros de Berk como para sus enemigos. Ningún vikingo, guerrero o incluso asesino de dragones, se había visto tan imponente como el mismo Stoick the Vast de pie sobre aquel dragón en vida. Y precisamente uno, que era conocido por causar pesadillas a los más grandes marineros.
Les costó unos segundos a los Outcast salir de aquel estupor y retomar su ataque contra el dragón.
Tal vez un par de flechas volverían a sacar de quicio al dragón y arrojar al vikingo pelirrojo altanero de su lomo al mar y a una muerte segura.
Error garrafal era subestimar al gran Stoick, quien con un par de movimientos de su hacha detuvo cada una de las flechas dirigidas al Thunderdrum. Un acto que no pasó desapercibido por la bestia.
Por unos breves segundos la mirada de ambos machos alfas se conectaron y en sus mentes se formuló una sola idea, como si sus pensamientos se conectaran y se volvieran uno solo. No eran dragón y vikingo, montura o jinetes… sino… amigos.
Y el siguiente pensamiento en la cabeza de Stoick fue igualmente canalizado al dragón a través de su mirada y la energía que exudaba su cuerpo, y pronto arremetió contra el barco Outcast recién llegado con un poderoso rugido. Ante la guía del vikingo sobre su lomo, el macho azul se volvió certero en sus ataques, mientras los de sus enemigos eran repelidos fácilmente por el humano en su espalda.
En cuestión de minutos y con el poder combinado de ambos guerreros, los bandidos Outcast fueron superados, dos de sus barcos tomados, y Savage, con los pocos de su hombre que habían evitado ser arrojados al mar, huyeron como perros cobardes con la cola entre las patas.
Mientras se alejaban con sus patéticas vidas, temblaban en su interior ante la imponente imagen de Thunderdrum azul y del líder vikingo de pie sobre su lomo.
Una penosa y humillante derrota para Alvin.
En cuanto Stoick, nunca se había sentido tan victorioso como en aquel momento, casi como en la cima del mundo. Mientras los gritos de victoria de sus hombres retumbaban detrás de él, el líder vikingo conectó de nuevo sus ojos con los del dragón bajo sus pies y una vez más sintió como sus pensamientos se leyeran mediante sus miradas.
Una sensación de calidez albergó como nunca el pecho de Stoick y se preguntó a sí mismo si ese era el sentimiento que sus hijos querían desesperadamente demostrarle, lo que significaba ser un jinete de dragón… tener un compañero incondicional.
Le gustaba… le gustaba mucho.
Chapter 70: En las buenas y en las malas
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En las buenas y en las malas
El imponente brillo de sol recibió a los fuertes y fieros guerreros hooligans una vez que sus navíos abandonaron la prisión que era la neblina de las puertas del Hel. Como si respiraran aires de libertad, dieron una gran bocanada, mientras sus fosas nasales se llenaban del inconfundible olor salado del mar.
Victoriosos e imponentes, los guerreros se sentían en las nubes, mientras sus barcos se deslizaban con gracias por las aguas de regreso a su hogar. Algunos de ellos bromeaban, otros cantaban y otros simplemente disfrutaban del momento.
Inesperadamente su búsqueda había tenido un radical giro de trescientos sesenta grados, pasaron de sentirse perdidos y ansiosos en la oscuridad y misterio de la neblina, a convertirse en verdaderos héroes. Encontraron y rescataron a sus camaradas perdidos, descubrieron y destruyeron los malvados planes de sus rivales outcast, e incluso había logrado capturar algunos de ellos durante una épica y aplastante batalla.
Pero tal vez lo que denotaban o sobresalía de aquella lista de victorias, era la nueva amistad entre los hooligans y los thunderdrums, especialmente entre el macho azul y el gran líder Stoick the Vast.
Y efectivamente, mientras los imponentes barcos vikingos surcaban las aguas, a sus alrededores volaba con gran gracia y majestuosidad el gran macho azul llevando sobre su lomo al líder de Berk.
En el poco tiempo que llevaban juntos, rápidamente se habían adaptado el uno al otro, como si ambos estuvieran destinados a encontrarse. Stoick podría no llamarlo de esa manera, pero definitivamente creía en esa conexión; aunque se la atribuía al parecido entre ambos: dos grandes machos, poderosos y protectores.
Pero la sensación… no tenía descripción para él. Stoick podía recordar con claridad cada una de sus batallas, la primera vez que venció a un uglitug o cuando blandió una espada por primera vez… el volar sobre el dragón azul era una mezcla de todas aquellas experiencia; entre gloría y armonía, paz y algarabía… y tal vez un poco de soberbia.
Mientras el macho azul se deslizaba con delicadeza sobre la superficial del agua, apenas rompiendo su superficie en lo que poco a poco se sumergía, Stoick se sintió como el mismo dueño del mar, o en el mismo dios Njord. Su pensamiento se podía considerar profano, el sentir aquello que un solo deidad disfruta.
Aún así no lo rechazaba y hasta se volvió adicto a ella sin remordimiento alguno. Entre aquella euforia y hedonismo, existía una gran calma y altruismo. El gran líder vikingo solo podía pensar en cómo esa nueva unión ayudaría a su gente y lograr que todos llegaran a probar de ése agradable sentimiento que otorgaba un dragón.
Y antes que se diera cuenta, comenzaba a hablar y pensar como sus hijos… en especial en cierto muchacho pecoso que había insistido vehementemente que experimentara tal placer.
Que ciego había sido por negarse tal ambrosia.
Debía pedirle disculpa a Hiccup.
–Espera a que conozcas a mis niños –dijo Stoick dirigiéndose al macho azul bajo sus pies, mientras la brisa salada sacudía su barba y cabellera rojiza – y a sus dragones. En especial a cierta lagartija negra que siempre se sube al tec…
Pero Stoick para en seco sus palabra cuando sus ojos pudieron vislumbrar la tierra materna que reinaba. Tener a Berk tan cerca hubiera sido una bendición de los dioses a la vista; por desgracia, esa alegría quedo opacada por un gran número de barcos atracados en el muelle. Sus ondulantes velas dejaban en claro a quién pertenecía tal armada.
–Oh no… –musitó Stoick.
–Rayos –masculló Bertha the Big Brute desde la goleta principal.
–Por los calzoncillos de Thor –maldijo a su vez Spitelout Jorgenson, cubriéndose rápidamente la boca al blasfemar el nombre de un dios.
-ooOO000OOoo-
La isla de Berk a pesar de ser un pequeño islote en medio de la nada, ésta contaba con ciertas peculiaridades. Poseía grandes acantilados y altos picos. Igualmente, había una gran cadena de túneles subterráneos que se extendía y entrecruzaba a lo largo de la isla, justo debajo de los pies de sus peludos habitantes.
La mayor parte de los vikingos de la isla conocía la entrada a éstos túneles, pero muy pocos se animaban adentrarse a ellos, debido a la profunda oscuridad que reinaba dentro de ellos y a que se volvía inhabitables y peligrosos cuando la marea se encontraba alta.
Justamente un lugar como ese, con el potencial de ser terriblemente mortal, tenía que ser el lugar de juegos y escondite favorito de los gemelos Thorston.
–¿Qué clase de idiota le gustaría éste lugar? –se quejo Snotlout mientras le echaba una ojeada a su alrededor. El largo túnel en que se encontraba estaba sumergido en tinieblas, y apestaba a agua de mar y algas. La humedad era intensa, lo que volvía un acto milagroso que las antorchas que llevaban consigo se mantuvieran aún encendidas. Y el eco era omnipresente que podría confundir a un incauto –. No hay nada – gimoteó nuevamente el muchacho –. ¿Ya nos podemos largar?
–A penas llevamos cinco minutos desde que entramos –le respondió Astrid frustrada mirándolo de soslayo.
–Cinco minutos, cinco horas ¿qué importa? –soltó el joven moreno claramente nervioso –. Se nota que Ruffnut no está aquí, así que vamos….
–¿Qué pasa Snotlout? –soltó de nuevo la rabia pero con tono más jovial –. ¿Acaso tienes miedo?
–Ja ¿yo? –rió el Jorgenson como atolondrado –. No sé de donde… yo nunca… ¡Ya cállate Astrid! –bramó aunque la chica no había dicho nada más.
Pero no fue necesario. La pequeña Eggingard que acompañaba al grupo, se distrajo por un momento para seguir con la mirada a un pequeño cangrejo que reptaba por unas paredes, y sin darse cuenta, acercó de más su antorcha a una de las inmensas telarañas que colgaban de la pared. El calor hizo que ésta se desprendiera y callera justamente sobre la cabeza de Snotlout.
El pobre chico moreno, soltó un chillido de horror como una niñita pequeña asustada, mientras corría de un lado al otro, suplicando que le quitaran la telaraña de la cabeza.
Cuando todos se cansaron de reírse de él, Fishlegs finalmente se apiado de su pobre alma y le retiró la telaraña deshabitada del casco, mientras Snotlout se contorsionaba en piso en posición fetal suplicando por su madre.
–Vaya Snotlout –comentó Honey una vez que su primo se digno a salvar la poca dignidad que le quedaba y se levantó del piso húmedo de la caverna –. No sabíamos que les tenías miedo a las arañas.
– ¡¿Qué?! ¡No! –bramó éste cruzándose de brazos –. ¡Yo no les temo a esos animales! No importa si son peludos, con horripilante ocho patas que mueven todas juntas y sus millares de ojos que te miran como si te fueran a succionar el alma. ¡No! ¡No les tengo miedo!
–Sip, solo un estúpido le tendría miedo a un animal tan genial como una araña o al menos que fuera Snotlout…
La voz se escuchó de la nada, intensificada mil veces por el eco de la caverna hasta volverla casi espectral. Los jinetes se volvieron hacia sus alrededores con sus antorchas sobre sus cabezas en busca de la fuente; pero ante el terror que profesaba o la mención de su nombre, Snotlout comenzó a sacudir su antorcha de un lado al otro sin darse cuenta acercándola demasiado al brazo de Hiccup.
Una vez que la flama alcanzó chamuscarle la piel de su mano, el chico soltó un fuerte alarido en lo que su propia antorcha caía al suelo, rodando varios metros por el suelo, hasta llegar a los pies de Ruffnut Thurston quien yacía sentada tranquilamente contra la pared de roca.
La rubia solo se cubrió los ojos ante la imponente luz, en lo que amigos gritaban estridentemente por diferentes razones.
–¡Ruff! – la llamó Fishlegs, en lo que Honey se aproximaba a su hermano para examinar su herida y Astrid le propinaba un zape en la nuca a Snotlout.
–Hey –saludó ella con desgana.
–Ruff… arg… hasta que finalmente te encontramos –musitó Hiccup sujetando su mano herida.
–No te muevas, Hiccup –le ordenó su hermana en lo que rápidamente le untaba un ungüento que llevaba en su morral, y se apresuraba a vendar su mano.
–No era necesario tanta urgencia –soltó la chica rubia sin emoción desde su puesto contra la pared de roca y entre las sombras –. No pienso ir a ningún lado, me quedaré aquí mientras mi cuerpo se descompone y es devorado por los gusanos –dijo ella dejándose deslizar por la pared hasta quedar recostada como muñeca de trapo en suelo frio de piedra de la cueva.
–¿No… no para eso es necesario estar muerto primero? –comentó Fishlegs desconcertado con la curiosa expresión.
Ruff estuvo a punto de repelar tal afirmación, pero sus palabras murieron en sus labios cuando otra voz resonó en el eco del túnel:
–Sí, que tarada. Cualquiera sabría ese detalle…
La voz resultaba muy conocida para asustarse ante ella o ignórala. Pronto el grupo de jinetes y la pobre niña esclava, giraron en la curva contigua de la caverna para descubrir que Tuffnut Thorston también en aquel oscuro lugar.
–¡¿Qué estás haciendo tú aquí?! –lo cuestionó Astrid.
–Después de que tú y Hiccup se marcharon de mi casa requería de un lugar pacifico para pensar… o morir… o simplemente mi madre me corrió por pintarle el pelo mientras dormía, lo que realmente haya sucedido. Ya no importa.
Los chiscos soltaron un gemido general en desesperación, pero ninguno llegó a descargar su frustración sobre el gemelo Thorston, ya que su propia hermana se abalanzó primero sobre él:
–¡Hey! ¿Qué haces aquí? ¡Búscate tu propio sitio miserable maldito embustero ladrón!
–¡No soy nada de eso! –brincó Tuff al ponerse de pie y hacerle frente a su hermana –. ¡Tal vez me sienta miserable…! Y sea un ladrón… y ya no recuerdo que fue lo otro que me llamaste… ¡Pero definitivamente no soy maldito!
–¡Viniste a robarme mi escondite también, como robaste todo en mi vida!
–Chicos, por favor…
–¡¿Robar?! Mira quien lo dice… ¿acaso tu atuendo lo bordaste tu sola?
–¡Hey! Lo tomé prestado del tendedero de la señora Ingerman, pensaba devolverlo.
–¡¿Es de mi mamá?! –gimió Fishlegs.
–Tuff, Ruff creo que ya ha sido suficiente –intentó mediar Hiccup sin mucho resultado.
–¡Eres una mentirosa, falsa, con trasero gordo!
–¡Y tú un farsante, engreído, arruinador de cumpleaños!
–¡Por favor, basta!
–¡Tonta aletargada!
–¡Engendro imbécil!
–¡Plasta de vaca!
–¡Vegetariano!
–Ahhhh…. –exclamó Tuffnut horrorizado –. ¡Retira lo dicho!
–¡NUNCA!
Y antes de que alguien pudiera hacer algo para evitarlo, ambos Thorston soltaron un rugido de batalla para luego lazarse el uno contra el otro. Chocaron sus cuerpos como dos masas inertes, mientras sus brazos se sacudían de un lado al otro tratando de golpear a su gemelo.
Aunque el resto de sus amigos conocían muy bien los arranques de ambos gemelos, así como muchas de sus peripecias, nunca en sus cortas vida, habían presenciado un pleito tan enardecido entre ambos, que les tomó completamente por sorpresa cuando comenzaron a revolcarse por el suelo como cerdos en porqueriza.
Pero tan pronto reaccionaron los demás jinetes, intentaron lo posible por separarlos, mientras la pequeña de Eggingard mirada lo que sucedía a su alrededor bastante entretenida.
–¡Tuff! ¡Ruff! ¡Ya basta! –gritó Hiccup interponiéndose entre ambos, en lo que Fishlegs y Snotlout sujetaban los brazos de Tuffnut y, Honey y Astrid los de Ruffnut. Ambos gemelos rubios continuaron lanzándose patadas a larga distancia –. ¡Ésta pelea ya llegó bastante lejos y no van a lograr nada con ella!
–Solo acércala unos cuanto centímetros, Hiccup –comentó Tuff dando unos puntapiés al suelo –. Veras hasta dónde puedo llegar.
–¡Ya es suficiente! –gritó Astrid mientras aplicaba una diestra llave de candado a cuello a la otra rubia –. ¡Su pelea es estúpida y completamente innecesaria!
–¡Tú que puedes saber al respecto! –escupió Ruff ofendida mientras trataba de liberarse del brazo de Astrid en el cogote y los de Honey alrededor de su cintura –. ¡No puedes opinar ya que ni hermanos tienes!
Y ante esas palabras, un curioso silencio se apoderó de la cueva como preámbulo a un terrible suceso. Fácilmente se pudo apreciar como algo cambio en los ojos azulados de Astrid, antes de que soltara el cuello de la otra rubia, provocando que tanto Ruff y Honey cayeran al suelo.
–Saben que –musitó la joven doncella guerrera con voz trémula y profunda –, ya estoy hasta la chingada de la cantaleta “Tú no sabes, porque no tienes hermanos”. Y asi es, no tengo hermanos –continuó plantándose firmemente frente a sus compañeros jinetes quienes guardaban silencio ante el frio semblante de Astrid, intensificado por la luz escasa de las antorchas –. Y nunca sabré lo que es, ya que perdí a mi padre mucho antes que él y mi madre pudieran darme hermanos.
A pesar de lo doloroso que sonaban sus palabras, la joven Hofferson se mantuvo firme y sin miedo, como si estuviera a punto de enfrentar a su más fiero enemigo.
–Yo nunca tendré con quien pelearme por cosas ridículas, con quien compartir mi cuarto o mis cosas, alguien con quien contarle mi día. Estoy agradecida por aún tener a mi madre conmigo, o la figura paterna que tuve en mi tío Finn y que mi primo Ansred fuera lo más cercano a un hermano de sangre que pudiera tener; aún así, nunca sabré lo que es realmente tener un hermano, hermana o gemelo para el caso. ¡Así que tendrás que disculparme por no entender por lo que estas pasando! ¡A pesar de lo mucho que lo desee!
Y con tal sentencia, la rubia se volvió dándole la espalda a sus amigos, ocultando su rostro en la sombras de las cuevas. Los demás jinetes compartieron algunas que otra mirada inquietante, siendo Hiccup el único que se aproximó a Astrid para posar su mano en el hombro de ésta en un apoyo silencioso.
Ella le correspondió a tal afecto, tocando suavemente sus dedos. Pero no mostró de nuevo su rostro.
–Wow –soltó Tuff después de unos largos y silenciosos segundos que siguieron aquella sincera declaración –, no me lo imaginaba…
–¡Claro que no imaginas nada! –bramó para sorpresa de todos Snotlout logrando la atención de sus compañeros y leve brinquito por parte de Fishlegs–. ¡¿Qué podrías imaginar en esa cabeza hueca de tontonuff tuya?! –continuó clavando su dedo índice en el pecho de Tuff y forzándolo a caminar hacia atrás –. Por culpa de ustedes nos la pasamos todo el día buscando inútilmente, ya que los malditos niños emberrinchados se arruinaron mutuamente su próximo cumpleaños.
Poco a poco, lo pasos de Tuff lo llevaron hasta su hermana, quien también recibió la perorata del joven patán en el rostro.
–¡Wua, wua wua! –imitó el llanto de un niño –. ¡Mi cumpleaños será un asco porque mi hermana me lo arruinó! ¡Qué pinche tontería es esa! ¿Saben cuantas veces Adelaine ha arruinado algo importante para mí? –soltó enumerando con sus dedos –. Más de lo que se contar. Si no se comió mi rol dulce o dibujó mariposas en mis pergaminos o trató de montar Hookfang o me acusó con nuestra madre. ¡Los hermanos siempre hacen eso! ¡Para eso existen, para hacer tu vida miserable!
Snotlout soltó un largo respiro, y antes de que alguien pudiera corregirlo sobre su monologo, éste continuó:
–Pero es mi maldita hermanita. Si algo le pasara nunca me lo podría perdonar y creo… que no podría vivir sin ella.
Los gemelos rubios intercambiaron una que otra mirada en asombro.
–Yo… yo no dije que quería a Tuff muerto –exclamó de repente Ruff como si la sola oración le provocara miedo –. Golpeado tal vez...
–Sí. No es como quisiera que desaparecieras –dijo su hermano sin siquiera pensarlo –. ¿Con quién robaría los panes horneados de los Ingermans? ¿Quién mas apoyaría pintar de rosa a Toothless? ¿Quién se burlaría de mis malos chistes?
–Nadie se ríe de tus chistes, de lo que se ríen es de ti –dijo su hermana –. Pero sé a lo que te refieres. Siempre te aseguras a que alcance algo de pan a la hora de la cena, me ayudas a brincar la cerca cuando nos persigue el jefe Stoick para darnos una tunda y a pesar de que te burlar de mis defectos, nunca les has dicho a nadie aquello que me hacen sentir mal.
–Eso, es lo que los hermano hacen – los interrumpió Honey sacudiéndose sus ropas –. Sí, los hermanos a veces pueden ser un dolor de cabeza, causarte más problemas que los que te imaginas, tener ideas locas que solo causan destrucción y el enfado de tu grande y sobreprotector padre, además de ser pequeño, latosos y que nunca se callan…
–¡Y lo que Honey quiere decir…! –la interrumpió abruptamente Hiccup –. Es que sin importar los defectos o los problemas, los hermanos son únicos y siempre estará ahí para ti –explicó el muchacho compartiendo una dulce mirada con su gemela antes de darle un suave apretón de manos.
–La verdad yo siempre he sentido algo de envía en ustedes –confesó de la nada Fishlegs inspirado por el emotivo momento entre sus amigos –. Como Astrid, mis padres nunca me han podido dar un hermanito o hermanita –continuó indicando a la rubia quien se mostraba más tranquila y hasta sonriente en su rincón apartado del grupo –; y el verlo siempre juntos trabajando, en equipo, me ha hecho preguntarme que maravilloso se debe sentir compartir algo tan único.
–Marica –soltó Snotlout disfrazado en un estornudo.
Pero compartiendo el sentir de la mayoría de sus amigos, la rubia Hofferson se acercó al chico regordete para darle un consolador apretón en el hombro, y un codazo en el vientre a Snotlout.
–Tuff, Ruff –los llamó Hiccup atrayendo su atención –. Creo que tienen el derecho a estar molestos, y en parte todos tenemos la culpa por tratarlos como un solo paquete. Solo como Tuff-Ruff y no Ruffnut y Tuffnut. Son dos personas diferentes y a pasar que son hermanos y se necesitan, también requieren de su propio tiempo, de su propio espacio y sus propias cosas. Tengan por seguro que nosotros no olvidaremos eso, mientras usted dos no olviden que son un equipo.
Y con esas últimas palabras. Ambos hermanos rubios se volvieron el uno al otro, conectando sus ojos azules. Luego de unos pocos segundos de confusión, simplemente se observaron en lo que sus pupilas reflejaban los sentimientos que generalmente negaban, y recuerdos de sus corazones; aquellos memorables y tal vez algo desastrosos momentos que habían disfrutado y logrados juntos como hermanos. Hiccup tenía razón, eran Tuffnut y Ruffnut, pero no debían olvidar que eran también los gemelos Thorston.
Así, con una leve sonrisa, ambos hermanos se lanzaron en llanto a los brazos del otro y se perdonaron las ofensas que antes se dirigieron.
–Perdona por llamarte vegetariano.
–Perdóname por llamarte falsa de trasero gordo… aunque realmente si has engordado un poco…
Después del abrazo, darse un par de puñetazos en los hombros y terminar con un cabezazo casco con casto, los gemelos Thorston hicieron finalmente las paces, para la alegría de sus amigos.
–¡Qué lindo! –soltó de la nada Eggingard provocando un respingo en los presentes –. Saben, yo tengo quince hermanos esperándome en mi casa en las tierras del norte.
Todos miraron en mutismo a la pequeña niña en piel de oso.
–¿Por qué era tanta la urgencia con la que nos buscaban? –preguntó Ruff quitando la imagen de la familia de la chica esclava de la mente de todos los presentes.
–Es porque Dagur es ahora el líder berseker y quiere firmar el nuevo tratado de paz con la sangre de su dragón –respondió Snotlout tan tranquilamente que provocó escalofríos en los gemelos Thorston.
Chapter 71: La miel y el mazo
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La miel y el mazo
Gobber podía ser muchas cosas. Era un gran y legendario guerrero vikingo ya retirado, un habilidoso y talentoso herrero, un peculiar pero diestro tutor y por supuesto, un fiel y buen amigo. Pero había algo que definitivamente Gobber no era, y eso era ser la niñera de un bobalicón, demente, pretencioso y con terribles gustos destructivos.
El herrero había hecho lo posible para cumplir la orden de Hiccup y hacer lo que estuviera en su poder para distraer a Dagur en su maniática cacería detrás del zippleback de los gemelos Thorston, pero incluso para él era un tarea casi titánica, en especial cuando se habla de la cabeza dura de piedra de Dagur the Derange.
Gobber intentó cuanta idea desesperada que pasó por su cabeza. Probó disuadir al muchacho sin ningún éxito, distraerlo con peligros inexistentes en el bosque o inclusive tentarlo con algún objetivo más interesante por cazar. Pero nada distrajo a Dagur de su objetivo; incluso con cada intento del herrero, el líder berserker perdía los estribos, si eso a caso era posible.
Entonces el hooligan tuvo que cambiar drásticamente la estrategia. Trató de engañar la caravana de cacería berserker a un camino sin salida en el bosque, pero el rastreador de Dagur tenía un buen olfato e instinto para ser engañado tan fácilmente. Gobber no vio otra alternativa que deshacerse de éste forzándolo a oler su bota sudada, y aunque causó el vomito incontrolable del rastreador y otro cinco rudos guerreros, Dagur no perdió el rastro de la pisadas del dragón en la suave arena.
Desesperado, Gobber probó su último recurso:
–Sabes Dagur –comentó el herrero pegando su hombro al ya por sí irritado líder berserker –, has crecido mucho desde la última vez que visitaste Berk. Ya debes de ser todo un hombre –lentamente cruzó su dedo índice por la áspera armadura de Dagur –. Pero tal vez existan cosas “secretas” de un guerrero que te falten por conocer –agregó casi en susurro mientras le guiñaba coquetamente un ojo.
Dagur no disimuló en lo mínimo su desagrado ante el comentario de Gobber, y por suerte para éste último, el berserker estaba lo suficientemente choqueado para responderle o golpearlo; así que simplemente, lo arrojó con violencia al suelo antes de continuar con su cacería del dragón en la dirección correcta.
–¡Por la barba peluda de Odín! –escupió Gobber escandalizado golpeando con su puño y mano falsa el suelo–. Será mejor que advierta a Hiccup –dijo para sí antes de ponerse de pie y correr a la aldea lo más rápido que su pata de palo le permitió.
Solo esperaba que el chico pecoso hubiera tenido más suerte que él y conseguido el apoyo de los Thorston para controlar al zippleback.
Algo que no llegaría a descubrir, ya que tan pronto cruzó la orilla de la aldea cerca de la costa reconoció en la bahía las naves de sus compatriotas, ancladas junto a la armada berserker.
–¡Hijo de changewing! –blasfemó el herrero casi tirándose los escasos mechones rubios que le quedaban en la cabeza. Se preguntó mentalmente, cuánto tiempo tendría para advertirle a Hiccup de la llegada de su padre.
–¡Gobber! –escuchó el inconfundible bramido de su amigo y líder a sus espaldas, provocándoles un leve respingo. Definitivamente no tenía más tiempo –. ¡¿Qué significa esto?! –preguntó indicándole la armada visitante en el muelle.
–¡Stoick! –dijo el viejo guerrero alegremente extendiendo sus brazos –. ¡Ya han regresado! ¡Y como veo, han podido encontrar a Mulch y Bucket! –agregó rápidamente cuando se percato de la presencia de los dos vikingos perdidos, así como el resto de los guerreros hooligans detrás de su líder mientras subían el camino principal del puerto a la aldea –. ¡Sabía que lo lograrías, ya que eres un excelente jefe! ¿Y sabes qué más? Te ves más delgado.
–Gobber –le regañó Stoick con las manos en su cintura y una mirada penetrante –, sabes muy bien que la miel y el mazo nunca te ha resultado. Eres pésimo mintiendo. Ahora puedes terminar tu charada y decirme: ¡¿Por qué que hay una armada berserker en mi costa?! ¡¿Y donde están mis hijos?!
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–¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! ¡¿Por qué?! ¡Nooooo!!! –bramó Tuffnut sujetando su cabeza –. ¡No pueden hacerlo eso a nuestro dragón! ¡Son tan solo un pobre e inocente dragón de media tonelada! ¡Ellos no le han hecho daño a nadie! ¡Nunca hubo testigos! ¡Ellos merecen el mundo! ¡No ser cazados como animales, maldita sea!!! –cayó al sueño de rodilla y comenzó a golpear el frio suelo de roca del túnel con su puño –. ¡Maldigo a los dioses por tal castigo! ¡Noooo! ¡Castíguenme a mí en su lugar! ¡Yo soy el pecador! ¡Yo lo soy!!! ¡¿Qué haremos sin ellos?! ¡Tendremos que… caminar! ¡No! ¡Yo no puedo caminar! ¡No tengo piernas, no tengo piernas!!!! –gritó de ultimo completamente exasperado indicando sus extremidades.
Pero antes de que pudiera continuar con su descabellado monologo, su hermana gemela lo tomó del cuello de su túnica y lo levantó a su altura para propinarle una sonora cachetada con el dorso de su mano.
–¡Reacciona, hombre! –rugió ella sacudiéndolo un poco –. ¡Puedes quedarte aquí lamentándote como una niñita o puedes hacer algo para salvar a nuestro dragón! Además… –agregó soltando su fuerte agarre, para solo posar sus manos en los hombros de su hermano – yo estoy contigo.
Ambos gemelos rubios compartieron una sonrisa antes de darse la mano y chochar mutuamente sus cascos.
–Ahora ¿Qué? –la chica volviéndose hacia el resto de sus amigos que continuaban semi-ocultos entre las sombras de aquel túnel.
–Tenemos que evitar que Dagur mate a Barf y Belch –sentenció Hiccup con firmeza.
–Bahhh, eso lo obvio –soltó Snotluot rodando los ojos, lo que pronto fue reprimido por un puñetazo de Astrid a su hombro–. ¡Auch!
–No separaremos –continuó Hiccup ignorando la interrupción –. Honey. Tú, Fishlegs y Snotlout vayan en busca de nuestros dragones –ordenó dirigiéndose exclusivamente a su hermana –. Los necesitaremos como refuerzo…. y lleva a Eggingard contigo –agregó al ver a la chica de las tribus del norte jugando con su antorcha.
Sin hacerse esperar, Honey y Fishlegs acataron la orden de su líder de inmediato. Tomaron ambos a Snotlout de los codos y lo arrastraron fuera del túnel en busca de sus dragones, seguidos muy de cerca por la pequeña en piel de osos polar.
El resto de los jinetes que quedaron en aquel frio y húmedo túnel, los contemplaron marcharse en silenció. Pero una duda seguía sin ser contestada.
–Pero ¿Cómo detendremos a Dagur? –preguntó en esa ocasión Astrid, obteniendo finalmente respuesta de parte de Hiccup.
–De cualquier forma posible –dijo éste –. Aunque eso signifique revelar nuestros dragones ante él.
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Estaban decididos y dispuestos, pero aún así no era una medida sencilla que tomar. Sí, los vikingos de Berk habían logrado la paz con los dragones e incluso los habían integrado a su vida diaria; pero no era un sentimiento compartido por el resto de las tribus del archipiélago barbárico. Solo con recordar que la fuerza en la unión entre vikingos y dragones tentaba a Alvin en invadirlos, o en el caso de Dagur que deseaba probar su valía matando a uno.
Eso generaba una gran duda: ¿Cómo reaccionaría los demás vikingos al nuevo estilo de vida en Berk? La probabilidad que la respuesta resultara desastrosa, era lo que inclinaba a jefe Stoick a ocultar los dragones ante otros.
Y Hiccup, en su primer mandato como líder suplente de Berk, estaba por correr ese riesgo. Las implicaciones podían ser monstruosas.
–¡No quiero sonar aguafiestas…! –soltó Tuffnut mientras él, su hermana gemela, Astrid y Hiccup corrían por la aldea en dirección al bosque.
–¡Tú siempre eres el que las arruina! –comentó Ruffnut sin si quiera detenerse.
–¡Buen punto! –aceptó su hermano indicándola con su dedo índice –. ¡¿Pero qué vamos a hacer ahora?! –de nuevo preguntó.
–¡Primero hay que localizar a Dagur! –contentó Hiccup haciendo lo posible de mantener la marcha a pesar de su pierna falsa –. ¡Esperemos que aún no haya localizado a Barf y Belch! ¡Una vez en el bosque, Astrid tendrás que seguir su pista! ¡Ella es la mejor rastreadora de todos! –agregó dirigiéndose específicamente a la rubia a su lado.
–¡Enterado! –aceptó ésta con una gran sonrisa.
–¡Solo roguemos a los dioses que otra cosa no salga mal! –dijo el muchacho pecoso cuando habían pasado la choza de los Stvensons y ya podían distinguir la línea divisoria de arboles frente a ellos.
–¡HICCUP!
El rugido que retumbo por toda la aldea alcanzó fácilmente a los muchachos que la había cruzado a toda velocidad. Como si el llamado fuera dirigido a cada uno de ellos, los cuatro chicos clavaron sus talones en la tierra y frenaron en seco justo antes de llegar los primeros arboles del bosque.
Pero solo el gemelo Haddock fue el único en llevarse las manos al corazón.
–Hiccup ¿Estás bien? –le preguntó Astrid preocupada por su pálido semblante.
–Creo que acabo de sufrir un pequeño infarto…
–¡Hiccup! –los cuatro se volvieron para toparse nada menos con la gran masa de músculos y bellos faciales que era su líder Stoick the Vast, acompañado de cerca por Gobber, Mulch y Bucket.
–¡Papá! ¡Ya volvieron! –sonrió Hiccup extendiendo su brazos hacia su progenitor –. ¡Y encontraron a Bucket y Mulch! ¡Sabría que lo conseguirían, ya que eres el mejor líder que puede tener ésta isla! ¡Y mira! ¡También parece que bajaste de peso! –continuó con su alago ignorando completamente las señales que Gobber trataba de advertirle desde atrás de Stoick.
–Bueno, ya me diste la miel –admitió el gran jefe vikingo con un suspiro y posando su gruesas manos en su cintura –. Ahora dame el mazo, Hiccup.
–Papá… yo… –ante la penetrante mirada de su padre, el pobre chico pecoso tartamudeo. Todos somos consientes de los problemas de confianza que enfrentaban padre e hijo desde el principio de ésta historia, y por ello y más, no resultaba fácil para Hiccup admitir que podría haber decepcionado de nuevo a su padre a pesar que la mayoría de sus problemas en que estaba envuelto, no eran su culpa.
Aún así, Hiccup se armó de valor y comenzó a recitar sin tomar ningún respiro entre sus palabras, todo lo que había sucedido en la ausencia de su padre: los problemas con los chicos, la falta de cooperación de los gemelos, la llegada berseker, la cacería de Barf y Belch. Una vez que había empezado, resultó mucho más fácil para el chico abrirse.
Y solo los dioses sabrían si él podría con las consecuencias que vendrían después de sus palabras.
–… y eso es todo lo que ha pasado en tu ausencia.
Por uno breves segundos en los que a Hiccup y al resto de los presente, parecieron eternos; Stoick solo permaneció callado, inmutable con sus ojos verdes clavados en la delgada figura de su hijo. Todos contuvieron el aliento hasta que finalmente dijo con calma y una sonrisa:
–De acuerdo.
–¿De acuerdo? –repitieron todos sin poder creerlo.
–Dime, ahora –Stoick se inclinó hasta que su rostro quedó a la altura del de su hijo – ¿Cómo piensas resolverlo?
–¿Eh?... no esperaba esa clase de pregunta…
–Ya debes de tener un plan. Tú estabas a cargo durante mi ausencia después de todo.
El gemelo Haddock podía asegurar que había algo extraño en la mirada de su padre, completamente a la desesperación, frustración y/o miedo, que había sido testigo en el pasado. Era casi como si lo estuviera retando… o cuestionándolo…
–Ehhh…. Bien, lo admito –dijo el chico levantando las manos en sumisión –. No tengo plan, pero eso no significa que no haré nada para impedir que Dagur lastime a un dragón. Y estoy dispuesto a enfrentar lo que venga, incluso si eso significa una guerra con los berserkers –por último se volvió a sus amigos que se encontraban parados junto a él en ese momento –. Además… sé que no estoy solo.
Una gran sonrisa se dibujó en los labios de su padre con esa respuesta.
–Lección numero uno de un líder: debes admitir que no puedes con toda la carga tú solo –dijo éste al enderezarse –. Su gente es primero para un líder, pero su líder es primero para su gente.
La mirada de admiración y aprobación que Stoick le dirigió a su hijo, hizo que el corazón de éste diera un vuelco en su pecho. Eso lo hacía sentirse más fuerte e invencible.
Ya que tenía su apoyo.
Pero tan bello momento se arruinó cuando un clamor a sus espadas, que hizo que todos los presentes se volvieron en dirección del bosque, y así presenciaron con horror al joven líder berserker postrado en lo alto del pobre cuerpo de Barf y Belch, que era arrastrado por los seguidores del muchacho dentro de una red fortificada.
Los gemelos Thorston se llevaron sus manos a sus bocas para contener un grito de terror ante los lastimeros chillidos de su pobre zippleback.
Estaban por correr en su socorro, cuando Stoick avanzó hacía los recién llegados, regio como lucía ante las amenazas.
–Papá –lo llamó Hiccup en vano.
–¡Dagur! –dijo Stoick en cambio dirigiendo al joven berseker.
–El viejo Stoick the Vast –rió éste desde la cima de sus trofeo –. Llegas a tiempo para la firma del tratado de paz que estoy por escribir… en sangre de dragón –indicó con su espalda, antes de redirigir su punta al cuerpo atrapado del reptil bajo sus pies.
Todos contuvieron el aliento,
–¿Tú papá no va dejar que mate a nuestro dragón? –preguntó Tuff aterrado sujetando a Hiccup de un brazo –. ¿Verdad?
–Confíen en él.
–Espera un momento, Dagur –bramó Stoick. –. No puedes matar a ese dragón.
–¡¿Qué?! –gruñó el muchacho berserker frunciendo el ceño –. ¡¿Cómo te atreves a detenerme?!
–Estas en Berk. Y como el gobernante de ésta isla, debo exigir mi parte de botín. Ambos mataremos el dragón, juntos.
Chapter 72: Como líder vikingo
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Como líder vikingo
Stoick the Vast era muchas cosas: un gran líder vikingo, un poderoso guerrero, un sobreprotector padre y un leal amigo. Era eso y muchas cosas más, pero nunca era un malagradecido.
Con esas características, era seguro que Stoick no iba a permitir que una masa de músculos sin paciencia y autocontrol como Dagur matara al pobre zippleback de los gemelos Thorston por placer. En realidad, sus intenciones detrás del reto que lanzó al joven líder berserker, radicaban principalmente en otorgarles a sus hijos el tiempo necesario de planear una tergiversada idea para salvar la vida del dragón y evitar cualquier posible conflicto con su tribu hermana.
Pero al igual que Hiccup que estuvo dispuesto a sacrificar todo por proteger a Barf y Belch, Stoick igualmente estuvo listo al mismo compromiso en el bien del dragón. Se lo debía, como al Thunderdrum azul que se ocultaba en la costa de Berk.
–Dagur ¿Qué paso con tu padre? –preguntó Stoick al mozalbete berserker mientras los guerreros arrastraban al pobre zippleback a la academia de dragones –. ¿Por qué decidió retirase?
Era una pregunta bastante coherente de formular debido a las circunstancias. Un líder de una tribu vikinga normalmente no se retiraba o jubilaba de su posición hasta su muerte o incapacidad física o de edad. Los jefes de tribus representaban técnicamente la realeza vikinga, cada uno desencinte directo o indirecto del último rey del wilderwest; no era simplemente un puesto que se descartaba o se postulaba para obtener. Era algo que se heredaba en sangre o unión matrimonial; por lo cual no era lógico un retiro temprano y prematuro de Oswald, quien según el conocimiento de Stoick, aún tenía unos cuantos años más de vida útil antes de finalmente arrojar la toalla. Era dudoso que hubiera entregado la batuta a su hijo tan jovenzuelo y con mucho aún que aprender.
A pesar de sus propias dudas, Stoick tenía otra principal razón para preguntarlo. Necesitaba más tiempo.
–Mi padre a pesar de la pureza de nuestro linaje berserker –contestó Dagur con orgullo –, fue superado por su propia falta de energía.
–¿Y dónde está ahora?
–Retirado –contestó Dagur sacudiendo su mano sin interés – o tirado en una zanja, que me importa a mí. Su sed de sangre se esfumó tan rápidamente que resultó casi desagradable de presenciar –continuó con una sonrisa maliciosamente sospechosa–: Alguien tenía que hacer algo. Sabes cómo es eso ¿verdad? –dijo altaneramente –. Quedarte sin las energías para ser un verdadero líder.
Stoick contuvo el aliento y le dirigió una mirada de soslayo.
–Maldito mocoso –pensó –. Yo no dudo de la energía de la juventud, Dagur –comentó Stoick en voz alta sin dejarse intimidar –, pero juzgo su nivel de experiencia.
Dagur reaccionó como si hubiera recibido un bofetón directo. El joven berserker se volvió hacía el líder de Berk de golpe, ignorando completamente que su gente continuó adelante arrastrando al pobre zippleback.
–¡¿Acaso me llamaste “ingenuo”?! –bramó Dagur cara a cara con Stoick, mientras ojos parecían listos para saltar de sus orbitas.
–Dagur yo nunca te llamaría ingenuo –corrigió Stoick con una leve sonrisa y sin inmutarse ante el arranque del joven –. Solo que un roble más crecido, es más difícil de talar que uno brotando.
Stoick disfrutó por unos segundos la mirada perdida del nuevo líder de Berserker, mientras trataba de descifrar su mensaje entre líneas. Aunque fue mayor su sorpresa, cuando Dagur le regresó la sonrisa con una mucho más perturbadora.
–Es curioso que hables de retoños, cuando eres el viejo que puso a un niño a cargo de su isla en su ausencia.
¡Huy! ¡Golpe bajo!
Stoick solo pudo maldecir mentalmente de como odiaba a ese muchacho mientras se adentraban en la academia.
–¡Pero no estamos aquí para criticar las decisiones del otro ¿no?! –soltó Dagur extendiendo sus brazos en lo que los guerreros forzaban a Barf y Belch tomar posición –. Eso es para después de firmar el tratado –agregó el berserker antes de soltar una de sus maniáticas carcajadas.
Ante las miradas y bitores de los guerreros berserkers, Dagur tomó su hacha favorita y blandió sobre su cabeza.
–¡Ahora firmaremos ese tratado de paz… con sangre de dragón! –gritó a todo pulmón ganándose más exclamaciones y alabanzas de su gente.
–Stoick ¿vas a permitirlo? –le susurró Gobber sobre su hombro, en lo que el joven líder se encaminaba completamente decidido a cometer su atrocidad contra el pobre dragón de dos cabezas.
¿Permitirlo? ¿Cómo no permitirlo? El evitar que Dagur matara al zippleback no solo revelaría la naturaleza de la relación entre los vikingos y los dragones en Berk, sino dejaría el trato entre ambas tribus en una situación difícil. Los berserkers eran conocidos por ser los más tercos, los más necios, los más intolerantes y los más agresivos de todos los vikingos que habitaban el archipiélago barbárico; que descubrieran que Berk hizo las paces con los dragones, no solo sería una ofensa para ellos, sino un insulto al haberles mentido en la cara con tal descaro.
Stoick conocía muy bien a los berserker, contra ellos había luchado en la batalla de la playa de Thor, hasta que finalmente Oswald entró en razón y cambio de ser “The Antagonist” a “The Agreeable”.
Pero Oswald no lideraba a los berserkers más; ahora era el turno de Dagur, un joven bastante perturbado desde el punto de vista del líder de Berk, quien había sido testigo de primera mano de sus arranques de ira desde muy temprana edad.
No resultaba sabio poner a prueba la paciencia de Dagur. Era como un montón de leña seca en un verano caluros; quedaba a decisión de Stoick si acercaba la antorcha o no.
Como todo vikingo, Stoick era terco, testarudo y chapado a las viejas costumbres, pero igualmente aceptaba sus errores por mucho golpearan su ego; así como se equivocó aquella vez en que bebió ese último tarro de hidromiel aquel viernes de Freya hacía veinte años, darle su amistad a quien no la merecía, su primera impresión sobre la incapacidad de Hiccup, en que sus hijos había traicionado a su pueblo o que los dragones eran sus enemigos. Errores que no deseaba volver a cometer.
Los dragones de sus hijos y de los demás jinetes, como ese zippleback, había salvado la isla de Berk en incontable ocasiones, y al verlo ahí atrapado bajo la red y en las manos de los guerreros bersekrser, su mirada triste y asustada asemejaba a la del thunderdrum rosa cuando Stoick estuvo por matarla.
¡Oh no…! Stoick había aprendido de su error, y lo había aprendido bien.
Así que mando al diablo el tratado, los berserkers y a Dagur. Y aunque significara una guerra, tomó su espada que aún colgaba de su cintura y marchó hasta el joven berserker quien se relamía con malicia ante su próxima felonía. Aprovechando lo distraído que se encontraba Dagur, alzó su arma sobre su cabeza listo para apartar al mocoso del dragón.
–¡NOS ATACAN LOS DRAGONES!!!
El poderoso grito desesperado resonó en la academia, paralizando por algunos segundos a los guerreros berserkers, Dagur, Stoick y Gobber. Ante su estupefacción, ambos líderes vikingos quedaron con su armas en aire en lo que varios dragones comenzaron a adentrarse en la arena a través de los barrotes y los espacios entre la roca.
Un Nightmare reptó por la reja que caía del techo, un gronckle entró por la puerta principal de manera estrepitosa y un nadder llegó volando con majestuosidad.
Por acto reflejo Stoick tomó posición defensiva, pero cuando un woolie howl se unió a las bestias fue cuando el líder vikingo reaccionó y bajo la guardia. Los dragones que acababan de arribar a la academia, eran aquellos que les pertenecían a los de jóvenes jinetes.
Pero Dagur no sabía eso…
–¡ATAQUEN! –ordenó el berserker lanzando a sus guerreros contra las bestias recién llegadas.
Por un instante el corazón de Stoick, y el de Gobber quien estaba a su lado, se detuvieron dentro de sus pechos. ¿Acaso no se suponía que era eso lo que deseaban evitar?
Pronto se tragaron sus propias palabras o pensamientos, cuando pudieron presenciar de primera mano que los dragones no estaban luchando en serio. Hookfang arrojaba su fuego por encima de la cabezas de los guerreros, Meatloug escupía charcos de lava a su alrededor para mantener alejados a sus agresores. Stormfly lanzaba a diestra y siniestra sus púas afilada con tal precisión que clavaba las botas de sus enemigos en el suelo o sus ropas contras las paredes. Y Furry rodaba de un lado a otro como un barril pesado de hidromiel, derribando cuanto berserker desafortunado se topaba en su camino.
–¡Arggg! –bramó Dagur lanzándose contra Hookfang –. ¡Ven bestia del Hellhiem! ¡Haré un bonito tapete con tu piel!
Pero antes del berserker alcanzara al nightmare, Snotlout apareció prácticamente de la nada y tacleó a Dagur en otra dirección.
–¡Los berserker son nuestros invitados, estúpida bestia! –bufó el chico Jorgenson apuntando al dragón con la punta de su espada en una exagerada posición heroica –. ¡Acabare contigo! –gritó arrojando tanto su arma como escudo al suelo –. ¡Con mis propias manos! ¡Aaaaaargggg! –y con un potente alarido se lanzó al cuello del dragón donde comenzó un forcejeo con el pesado animal.
Antes de que Dagur pudiera comprender que acababa de suceder o tan siquiera ponerse de pie, los demás jinetes y chicos de la aldea entraron a la academia blandiendo sus armas y gritando como enajenados. Pero la función estaba lejos de terminar ahí, más dragones se unieron a los primeros en llegar y pronto los guerreros Hooligans hicieron su aparición con gritos de batalla.
Ante la mirada estupefacta de Stoick, éste casi pudo asegurar que nuevamente la guerra con los dragones había regresado a Berk; claro, si realmente estuvieran combatiendo a muerte. Fácilmente se podían distinguir los movimientos exagerados, los golpes fingidos y los gritos actuados de los participantes.
Aunque para una mente más sencilla, la imagen de un grunckle abrazando a vikingos hasta la asfixia, un nightmare mordisqueado el brazo de Snoutlaot, el zippleback ya libre escupiendo humo como loco, un howl sentándose sobre su víctima hasta ahogarla, valientes guerreros hooligan cayendo ante los ataques de los dragones y un pequeña niña con piel de oso siendo devorada en vida por un nadder resultaba bastante convincente.
Y faltaba la cereza del pastel…
–¡Nightfury!!! –gritaron en el momento que Toothless hizo su impactante aparición en la arena.
–Un nightfury –soltó Dagur sorprendido al poniéndose de pie, pero en cuestión de segundos fue nuevamente derribado por Hiccup, quien lo golpeó de improvisto con su escudo.
–Aléjate de mi amigo Dagur, horrible bestia –sentenció el joven pecoso con tono dramático mientras realizaba su mejor intento de una posee de batalla.
Toothless se puso en posición, listo para el ataque.
–Corre, Dagur –exclamó Hiccup propinándole otro golpe al berserker en un intento de alejarlo –. Yo te salvaré del dragón.
Y con un grito de batalla, el muchacho castaño desenvainó su espada y arremetió contra el nightfury. Debido a su lesión en la mano derecha, Hiccup blandió el arma con la izquierda e increíblemente descubrió lo fácil que le resultaba los movimientos: punta y estocada, el pingüino desprevenido, el azote del halcón, la cola de ballena…
Aunque sus movimientos eran mucho más fluidos y certeros, aún así seguían siendo falsos. Toothless contrarrestaba cada uno con sus garras en lo que Hiccup esquivaba sus mordidas y brincaba los azotes de su cola. Pero el dragón de ébano puso punto final al encuentro cuando saltó sobre el muchacho, atrapándolo contra el suelo de piedra de la academia.
–¡Huye… Dagur! –le gritó Hiccup mientras intentaba evitar ser devorado –. ¡Salva tu vida… por el bien de nuestras tribus!!!
Aunque el líder berserker no era para nada un cobarde; en realidad era un poderoso y fuerte luchador cuyo valor rayaba en la estupidez, Dagur aún así se sentía algo perdido con lo que sucedía a su alrededor. En cada momento aparecían más y más dragones, y aunque todos los habitantes de Berk parecían luchar contra ellos, la mayoría visiblemente se encontraban superados en número y fuerza. El joven jefe podía ver como caían abatidos bajo el ataque de los dragones la mayoría de los guerreros hooligans; pero pronto podrían ser los suyos.
Finalmente, Stormfly la que pusiera el último clavo al ataúd, cuando se posó frente a Dagur para vomitar a sus pies a la pobre niña esclava cubierta de baba. Eggingard levantó débilmente su mano en busca de ayuda en lo que rugía débilmente.
Dagur tuvo suficiente.
–¡RETIRADA! –ordenó a su gente antes de salir disparado en dirección de la entrada de la academia. Fue seguido de cerca de sus guerreros bersekers.
–¡Espera… no has firmado el tratado! –gritó Gobber corriendo detrás de él.
Ya cuando el último berseker se perdió de vista, tanto los hooligans como los dragones, dejaron de luchar para unirse en una gran carcajada grupal.
–Por las babas de Odín –exclamó Stoick acercándose a Hiccup y Toothless –. ¿Qué fue todo eso?
–Ordenes con señas –comentó Honey uniéndose a su padre y hermano. Con unos movimientos de sus dedos hizo una pequeña demostración con Furry, quien se sentó cual perro y ofreció su pata como saludo.
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Pasaron varios días antes de que los vikingos de Berk pudieran recobrar la compostura después de lo sucedido en la academia sin ahogarse de la risa por ridículo que hicieron pasar a su tribu hermana. Y aunque era una anécdota muy divertida de relatar, recordar y atesorar, todos juraron llevarse el secreto detrás de tal vergüenza a la tumba.
No deseaban que los berserkers y/o Dagur descubrieran que fueron engañados de una manera tan cruel, y justamente después que habían alcanzado a firmar su nuevo tratado de paz. Gobber había conseguido lo inimaginable, al hacer que Dagur firmara el tratado antes de que subiera a su fragata de regreso a casa.
–¿Esto no es sangre de dragón? ¿Verdad? –le preguntó Stoick al ver unas manchitas rojizas en el papel.
–No, es de Dagur –contestó Gobber con una picara sonrisa –. Se golpeó la nariz a tropezarse en el muelle.
Después de ello, todo regresó a la normalidad, o al menos a la nueva normalidad que habían adoptado. Hasta los gemelos Thorston pudieron tener la fiesta de cumpleaños que tanto querían, claro que con las ocurrencias con la que soñaban cada uno. Todos disfrutaron la rara combinación de pastel de cangrejo con tarta de canela, la danza improvisada con lanzamiento de hachas y los fuegos nocturnos lejos de las chozas habitadas, como Stoick exigió.
Todos disfrutaron del festejo, incluso la pobre niña esclava de las tierras del norte. Eggingard les confesó que nunca había estado en una fiesta de cumpleaños antes; había pasado la mayor parte de su vida como prisionera de alguna tribu vikinga, como disfrutar alguna celebración. Para asegurarse que no volviera a pasar o que se perdiera en el mar y cayera en las manos de algún otro barco, Stoick le pidió al mercader Johan que la llevara hasta su hogar en su próximo viaje a las tierras heladas del norte. Lo cual el navegante aceptó de inmediato ante el incentivo en oro que recibió a cambio.
Y así, una vez más se despidieron de la extraña niña que vestía piel de oso y esperaba que finalmente lograra mantener su libertad.
Eso no se podía decir tambien de los outcast que habían capturado los hooligan durante el rescate de Mulch y Bucket. Stoick se vio en el dilema de determinar el destino de ambos hombres; al ser bandidos outcast no podían ser perdonados por sus delitos, pero en Berk no existía leyes para la esclavitud o la ejecución. Generalmente el destierro el mayor castigo en la isla, pero como los vándalos ya eran unos marginados, su liberación solo provocaría que regresaran a órdenes de Alvin una vez más. Hasta que decidiera que hacer con ellos, el líder de Berk los mantendría encerrado en las mazmorras.
Pero había otros a los que Stoick también deseaba arrojar a las mazmorras y no podía hacerlo. Uno de ellos era su medio hermano Spitelout, quien lo había estado hostigando desde su regreso con la misma y molesta duda:
–Stoick, por favor no es para que te enojes. Es tan solo una simple pregunta. Es algo de interés común de verdad. Tengo derecho a sentir curiosidad al respecto.
–¿Qué si Bertha y yo tengamos algún acuerdo de matrimonio entre Hiccup y Astrid no creo que sea de tu incumbencia, Spitelout? –soltó Stoick por enésima vez mientras se frotaba las sienes.
El jefe de Berk sabía muy bien de donde venía toda esa inquietud. Era muy consciente del deseo de su hermano de heredar o traspasar el trono de los hooligans a su hijo; las líneas sucesorias de sangre ponían a Snoutlout justo detrás de Hiccup, ya que Honey no podía heredar hasta que contrajera matrimonio. Pero aquellos clanes que unieran en compromiso matrimoni alos gemelos de Stoick, sus familias se les abrían la puerta a la línea sucesoria del trono, desplazando a los Jorgeson unos peldaños más abajo.
Y todo mundo sabía que los Jorgensons y los Hofferson no se toleraban.
Así que a pesar de la vehemencia de Spitelout, Stoick guardó silencio y no le confirmó el buen acuerdo que había llegado concordar con Bertha en el caso de que sus hijos contrajeran matrimonio.
Y en cuanto al otro que resultaba ser su mayor dolor en el trasero, no era otro más que el viejo Mildew. El anciano decrepito realizó toda una campaña desprestigio en contra de Hiccup desde el momento que Stoick puso de nuevo un pie en la isla:
–Tu muchacho no fue más que un incompetente cretino, Stoick. Hubieras escuchado como me habló, Stoick. Tus hijos no saben lo que es respetar a los mayores, Stoick. La aldea era un completo caos y todo era por su pésimo liderazgo Stoick. ¡Alguien puso estiércol de dragón en mis coles, Stoick! ¡¿Qué vas a hacer al respecto, Stoick?!
Arrojar al viejo esqueleto decrepito al mar era lo que quería hacer Stoick, pero tuvo que contenerse y negarse a darle el gusto al anciano.
–Esto no se que quedará así, Stoick. Escucha mis palabras… ¿Stoick?... ¡Stoick!
El líder de Berk tenía cosas más importantes que enfocar su tiempo que en fiestas salvajes, viejos amargados y hermanos celosos. Tenía un nuevo amigo a cual deseaba mostrarle la isla.
Justo en uno de los más hermosos atardeceres en Berk, Stoick decidió darse un momento para sí y contemplar el horizonte en uno de sus puntos favoritos de toda la aldea. El pico del acantilado del este era justamente el punto de le había pedido años atrás a su amada Valka su mano en matrimonio, nunca se imaginó que compartiría su lugar especial precisamente con un dragón.
–Vaya, realmente ustedes si han congeniado –dijo una voz detrás del enorme vikingo y el thunderdrum azul. Al volverse se encontró con sus hijos gemelos seguidos de cerca de sus inseparables dragones –. Vaya papá, creí que tener tu propio dragón no era algo para ti –se burló Hiccup recordando las exactas palabras de su padre.
–Ja ja, muy gracioso muchacho –comentó rotando su mano por la larga nariz del macho azul –. Pero sí, nos entendimos de inmediatos. Somos muy parecidos él y yo, ambos somos protectores y lideres.
–Y ya decidiste como llamarlo –le preguntó Honey, mientras Furry se escurría bajo su brazo pidiendo una caricia.
–Thornado –contestó Stoick con tono dramático alzando el puño –. Es un nombre justo y fuerte como él.
–Bueno, es mejor que Cottomouth –rió Hiccup junto con Toothless al recordar el tierno nombre que obtuvo la hembra rosa por parte de Mulch y Bucket.
–Y lo dices tú… Toothless –se burló Honey acompañada de Furry, ganándose una mirada de soslayo del muchacho y de nightfury.
Stoick también rió por lo bajo.
–Quien lo diría –murmuró el jefe vikingo más para el dragón que para sus hijos –, primero terminamos la guerra entre nosotros y ahora me hice amigo de uno de ellos.
–Papá…
El jefe levantó la mirada de Thornado para encontrarse con las miradas brillantes y expectantes de sus hijos y dragones.
–Y ustedes dos, no crean que no me di cuenta de donde escondieron las pacas quemadas, o que lo gemelos Thorston están detrás del ataque contra las coles de Mildew. Pero fuera de eso… creo que hicieron un buen trabajo.
–Gracias, papá –soltó Hiccup algo cohibido.
–Pero puede mejorar… ahora, si me disculpan…–y con una carcajada altanera, Stoick montó sobre Thornado y sujetando con firmeza las riendas que se sujetaban de la nariz del dragón, emprendió el vuelo hacia el cielo abovedado sobre Berk, dejando a sus hijos con el leve sentimiento de insatisfacción, pero de orgullo que como padre responsable debía fomentar.
–No sé si sentirme ofendida o feliz por ese hombre –soltó Honey mientras contemplaban a su padre surcar el cielo sobre sus cabezas.
–Entiendo el sentimiento –aseguró Hiccup con acidez.
Por unos cortos minutos permanecieron ambos hermanos en la misma posición, junto a sus dragones, dejando que el viento salado de la tarde golpear a sus rostros.
–Por cierto –interrumpió la chica pecosa el momento –, quien diría que tenías la razón sobre que la espada era tu arma idónea –dijo indicando el pequeño cuchillo que colgaba del lado derecho de la cintura de su hermano.
Hiccup tomó la espada corta con su mano izquierda y comenzó a blandirla justo con la misma destreza con lo que lo hizo en la academia.
–Quien diría que era solo cuestión de usar la mano correcta –comentó el muchacho maravillado ante el concepto de ser zurdo –. Y no era el único que tenía razón –agregó rápidamente atrayendo la mirada de su hermana a su persona.
–¿Eh?
–No te equivocaste sobre lo de no estar solo, no habríamos logrado salir de ésta si no hubiera permitido que los demás me ayudaran o que me dieran apoyo. Pude darme cuenta de ello debido a ti, gracias.
–Para eso son los gemelos –dijo Honey con una sonrisa recordando las palabras de los gemelos Thorston.
–Y por eso… –indicó Hiccup sacando de la montura de Toothless su última invención, el arco con poleas ajustables. Y ante la mirada incrédula de Honey, se lo entregó –. Como yo usaba la mano incorrecta, tú solo necesitas ganar fuerza –agregó ante la duda reflejada en el rostro de su hermana –; las poleas te permitirán entrenar tus brazos hasta que no lo necesites más. Como vez no fue el único en encontrar su arma idónea –sentenció con un leve giñó.
Honey apretó en arco contra su pecho en lo que un leve lágrima recorrió su mejilla.
-ooOO000OOoo-
Mientras el crepúsculo se apoderaba de la isla de Berk, una figura encorvada y llena de furia se adentraba en una vieja y destartalada choza en la cima de la colina justo a un lado de los campos de coles.
Mildew maldecía por lo bajo toda su frustración, en lo que prendía una antorcha para iluminar su solitario hogar.
–Me ignoran ¿eh? –murmuró mas para él que para la oveja negra que era su única compañía –. Se atreven a no tomarme en serio. Esos mocosos impertinentes y sus malditos dragones.
El anciano buscó entre su pertenecías hasta alcanzar vieja cortina mohosa y raída en una de la esquinas de su mugroso hogar. De un solo tirón descubrió una antigua y oxidada jaula donde permanecía cautivo un gigantesco, viejo y horripilante cuervo negro como la noche misma.
El ave cautiva no mostró señales de vida ni cuando el viejo acercó su antorcha a su jaula, pero sus ojos llameantes de odio denotaban todo la furia que le tenía a su captor. Solo el cordel alrededor de su pico, era lo único que impedía un ataque directo al aciano.
–¿Sigues vivo? –preguntó Mildew y el cuervo ladeó su cabeza denotando entendimiento ante la pregunta –. Eso es bueno –dijo con una risita antes de alcance papel y tinta.
Con pésimos garabatos, trazó un mensaje en el papel. O más bien… una sentencia.
Y ante la estupefacción de cualquiera que lo viera, Mildew sacó al cuervo de su jaula, en lo que éste se mantuvo en perturbadora calma mientras le ataban la nota a una de sus patas.
–¿Podrás volar de nuevo con tu dueño? –soltó Mildew antes de desatarle el pico al ave.
El cuervo soltó un horrible de graznido que retumbo por la colina, antes de emprender el vuelo, sacudiendo sus tenebrosas plumas negras por el rostro del viejo amargado. Mildew perdió su casco en el acto, que cayó sobre la cabeza de Fungus justo detrás de él.
–Hace más escándalo que mis ex-esposas –masculló el viejo con humor negro mientras el ave escapaba por la única ventana en la casa –, pero esperemos que sea más útil que lo que me fueron ellas. Stoick y sus hijos aprenderán la lección por no tomarme en serio.
Chapter 73: Llora por mí
Chapter Text
Llora por mí
Ningún suspiro en el viento,
Frio que hela el cuerpo,
Cae un atardecer sangriento,
Las lágrimas cubren el suelo.
~o~
Padre afligido,
Vástago victorioso,
Rey orgulloso,
Hermano rencoroso.
~o~
Como ríos de risos dorados,
Teñidos de rojo carmín,
Las esperanzas y sus sueños robados,
Por los labios sucios del parlanchín.
~o~
Padre furioso,
Hijo traicionado,
Hermano ponzoñoso,
Compañero desconsolado.
~o~
Rechazado por su rareza,
Odiado por tu perfección,
Admirado por su destreza,
Amado por tu corazón.
~o~
Padre afligido,
Vástago muerto,
Reinado perdido,
Por engaños se disoluto su puesto.
~o~
Por Thor, Odín y Freya,
El perdón no ha sido otorgado,
Un teatro se ha vuelta la faena,
El pobre joven despedazado.
~o~
Hermano furioso,
Hermano desconsolado,
Hermano, por favor perdona
Cada uno de sus pecados.
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Chapter 74: Cría cuervos (Pt.1)
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Cría cuervos…
Después de la firma del tratado con la tribu berserker, los escasos pero importantes meses de calor llegaron a la isla de Berk, y con ellos algunos cambios significativos.
Stoick se estaba acostumbrado presenciar lo tan rápido que se adaptaban los habitantes de su isla a la presencia de los dragones. Efectivamente, casi habían pasado dos años desde que terminó la guerra entre ambos bandos, pero para lo testarudo que podía ser la sangre vikinga, el perdón y la aceptación sucedió bastante rápido.
Con el paso de los días, más dragones se adaptaban a vivir bajo la reglas de la aldea hooligan, incluso las bestias que continuaban salvajes, resultaban menos hostiles con los humanos en los límites del bosque e incluso algunos eran bastante cooperativos, a pesar de sus instintos. Pronto, los dragones se habían convertido en un elemento cotidiano de la vida vikinga en Berk.
Cottomouth se había acoplado con facilidad a la vida pesquera de Bucket y Mulch, en especial con los constantes mimos y dulces que recibía; en varias ocasiones Hiccup tenía que intervenir y recordarles a los vikingos que la thunderdrum rosa era un dragón y no su hija adoptiva.
Pero todos se encontraban satisfechos con lo efectivos que resultaban los alaridos de Cottomouth para llevar los cardúmenes de peces hasta las redes. Con el paso del tiempo, Mulch y Bucket atrapaban más y más peces que tenían que regresar algunos al mar para que su barco no cediera ante el peso. Más navíos se unieron a la labores de pesca cuando la Scauldron bebe que Hiccup había rescatado y convirtió las aguas que rodeaban Berk en su hogar, comenzó a apoyar con las labores de pesca.
Nunca nadie pensó que un dragón que continuara salvaje aceptara con tal facilidad ayudar a los humanos, pero Misery (nombre que se otorgó a la Scauldron) era uno de eso muchos casos especiales. Claro, excepto con Mildew, a quien había llenado su trasero con su poderoso veneno de una sola mordida; en cambio a Honey le permitía ordeñarla sin ningún problema. El veneno de Scauldron resultó tener grandes propiedades curativas en dragones.
En el caso de los Stevenson, Merci, una montrous nightmare de un hermoso rojo carmín, tenía una habilidad única para incinerar maleza que estropeaba los cultivos sin causar ningún daño a las espigas de trigo. Los Ingerman habían descubierto que los gargajos de lava incandescente de Meatloug generaban un calor más continuó y con mayor duración para su horno de piedra que los leños. Fishlegs incluso comenzó a tener problemas con el acaparamiento de sus padres hacia su dragona.
Y hablando de leños, Astrid descubrió una manera bastante efectiva para guiar parvadas de timberjack a los antiguos robles del bosque con la ayuda su fiel Stormfly, y así cortar una gran cantidad de leños de un solo tajo y sin arruinar los arboles en crecimiento. Su método se volvió tan efectivo, que el negocio familia se levantó de las cenizas y pronto los Hoffersons podían ver la salida de un pozo fondo en que se habían mantenido por años.
También la guardia de Berk descubrió los beneficios de la presencia de los dragones en la isla. Ante cualquier amenaza, estos se lanzaban sin necesidad de advertencia al combate junto a sus compatriotas vikingos. Incluso Spitelout descubrió diferentes llamados en los terrible terrors que resaltaban óptimas alarmas ante diferentes siniestros.
Entre más convivían con los dragones, nuevos atributos e utilidades para la vida diaria vikinga salía a relucir. Incluso Stoick tuvo una larga conversación con el consejo de Berk para que aceptaran el entregarles el viejo manual de dragones a los chicos de la academia, y así pudieran continuar con la recapitulación de información sobre sus nuevos compañeros. Aún los libros estaban prohibidos en la isla ante las viejas leyes vikingas, pero el manual de dragones era la única excepción a la regla, por lo que fue fácil convencer al consejo que aceptara que los jinetes continuaran con la prolongación del libro.
Stoick no podía estar más orgulloso de sus hijos, Hiccup y Honey habían crecido tan rapido y adquirido renombre entre sus pares, que finalmente el líder vikingo podía respirar con calma ante un prospero futuro para sus vástagos, su gente y su isla.
Su deseo de premiarles sus avances y existo fue tal, que buscó diferentes formas para hacerles notar su orgullo de padre. Y justamente, como un regalo de los dioses a sus deseos, Johan le había enviado una premisa informándoles que había logrado encontrar lo que estaba buscando.
Pero Odín actuaba de maneras misteriosas, fue por ello que cuando se enteraron de la desaparición del barco del mercader deambulante cerca de la isla de los histéricos, Stoick tenía que hacer algo para conseguir el regalo perfecto para sus hijos.
–Papá ¿Qué es lo que te traería Johan que era tan importante? –preguntó Hiccup a su padre después de largas e infructíferas horas de vuelo sobre sus respectivos dragones.
–Es un viejo tesoro perdido –contestó el hombre de barba roja sin apartar sus ojos de las solitarias aguas en señal del marino perdido.
–¿Qué clase de tesoro? –cuestionó Honey agotada por la búsqueda.
Stoick no contestó su pregunta de inmediato, en lugar de ello con una leve señal a Thornado, para que cambiara de dirección a un solitario acantilado de roca en medio del mar, donde los tres dragones podían recobrar el aliento.
Con el atardecer de aquel segundo día de búsqueda desapareciendo en el horizonte, Stoick se volvió hacia las miradas incrédulas y expectantes de sus hijos, para solo musitar casi con dolor en su voz:
–Era de su madre.
-ooOO000OOoo-
Stoick les debía una buena explicación a sus hijos.
Pero antes de que pudiera dárselas, tanto Hiccup, Honey y los demás jinetes partieron en búsqueda de Johan la mañana siguiente. El padre de los gemelos Haddocks deseaba seguirlos, pero no sabía donde comenzar a buscar; además Thornado no era el tipo de dragón para rastrearlos y nadie más podía hacerlo. A pesar del acercamiento de los dragones a los hooligans, el montarlos todavía era una cualidad que los chicos de la academia solo dominaban.
Y aunque la frustración e impotencia lo carcomía, Stoick tuvo que admitir que los chicos realmente merecían ser llamados jinetes de dragones, ya que sus conocimientos sobre ellos eran de verdad avanzados. Pudo confirmarlo al ponerse el sol del tercer día desde su partida, sus hijos, amigos y dragones regresaron no solo con Johan, sino también con el tesoro perdido.
Pero el mayor tesoro para Stoick era tener a sus hijos de regreso.
–Quien diría que de verdad aprenden sobre dragones en la academia y no solo se dedican a jugar como nosotros lo imaginábamos –soltó Gobber con una sonrisa jovial a lado de su buen amigo y sin despegar los ojos de los dragones que surcaban el cielo.
Los chicos relataron la increíble historia de cómo encontraron la peligroso y elusiva isla de Breakneck Bog. Una isla maldita cerca del territorio de los Histéricos.
Se decía que el aquella isla con la peculiar forma de una mano era en realidad los restos de un gigante que cayó al océano por la ira de Odín. Su cuerpo se descompuso en las aguas, pero su mano se mantuvo fuera de ella convirtiéndose en la isla maldita. Según la leyenda, Breakneck Bog tenía una maldición donde cosas extrañas sucedías y los navíos se perdían sin dejar rastro. Incluso la isla en sí era difícil de encontrar y nunca se había logrado cartografiar correctamente.
Había quienes creían incluso que su cercanía a la isla de la tribu de los histéricos era lo que había vuelto locos a sus habitantes.
Pero según Hiccup y sus amigos, el misterio de la isla se debía a la presencia de unos pequeños dragones llamados Smothering Smokebreath. De la clase misterio, estos pequeños dragones elusivos evitaban ser vistos por depredadores liberando una densa capa de humo de sus hocicos. Al no contar con la habilidad de producir fuego, sus principales defensas era ocultarse o construir sus nidos con el material más fuerte que pudieran conseguir.
–¡Como el metal! –soltó Fishlegs fascinado con el descubrimiento –. Es por eso que desaparecían los navíos, tomaban las piezas de remaches y las armas. Nadie podía ver que sucedía por la niebla y todos pensaban que se estaban volviendo locos.
–El monstro en la neblina era una teoría más interesante –agregó Tuffnut desanimado con la poca atractiva realidad.
El tesoro perdido consistía principalmente en un cofre de un extraño y resistente metal, al cual habían agregado el escudo de Berk a la fuerza sobre la cubierta con un material menos resistente y que se había oxidado con el paso del tiempo. Fue esa mezcla de metales lo que atrajo la atención de los pequeños dragones y generaron la difícil misión de recuperarlo.
Pero no fue lo único difícil referente a ese tesoro.
–¿Cómo se abre? –preguntó Hiccup una vez que había regresado a su hogar junto a su padre y hermana. Sobre la mesa donde tomaban el desayuno, el cofre misterioso permanecía inalterable a pesar de los intentos del joven pecoso por abrirlo.
–Tal vez tenga un interruptor secreto por algún lado –comentó a su vez Honey, tendiéndole su tarro de leche de yak a su hermano, para luego levantar el pequeño cofrecillo. Le dio varia vueltas en lo que examinó cada centímetro de éste, sin ningún resultado –. Curioso –soltó ella en voz baja regresando la caja de metal a la mesa.
–¿Qué? –le preguntó su hermano.
–No…nada importante… –musitó la chica pecosa, tratando de no darle importancia a la intensa visión de la boca de un volcán que tenía al sostener aquel cofre en sus manos.
Hiccup reconoció a la perfección aquella mirada que había adoptado el rostro de su gemela, pero antes pudiera insistirle sobre su comentario, el padre de ambos se interpuso entre los dos para tomar el cofre por igual.
–No es para tanto –dijo el gran líder vikingo –. Solamente requiera algo de fuerza –agregó antes de intentar forzar la tapa sin ningún resultado. Stoick no se dio por vencido, continuó su transgresión aplicando fuerza con cada minuto que pasaba, pero con el mismo resultado.
Después de casi quince minutos de forcejeos, el gran hombre barbado dejo de golpe el cofre de nuevo en la mesa de madera, completamente frustrado.
–Acaso… –masculló mientras jadeaba del esfuerzo ejercido – es una venganza por mis actos.
Apoyando todo su peso en sus manos sobre la mesa, Stoick suspiro vencido, sin percatarse de inmediato que sus hijos fueron testigo de su resignación. Cuando enfrentó sus miradas llenas de duda, sabía que había llegado el momento de dar explicaciones.
–Papá ¿Qué quieres decir? –le preguntó Honey.
–No les he dicho todo sobre éste cofre –explicó Stoick vencido, soltando otro suspiro –. Si pertenecía a su madre, pero el contenido era un regalo de ella para ustedes.
–¿Para nosotros?
–Así es –continuó el jefe vikingo –. Ustedes eran muy pequeños, y les estaban saliendo los primeros dientes, por lo cual no habían dormido toda la noche –en lo que continuaba su explicación, Stoick demostraba con su tono de voz la desesperación e impotencia que sintió en aquella época de padre soltero –. Yo estaba solo y me dolía mucho la cabeza y Hiccup no dejabas de arrojar las cosas de tu hermana…
–Él siempre está arrojando mis cosas –interrumpió Honey con desdén. Inmediatamente le dio un manotazo al brazo de su hermano, haciendo que soltara el tarro en sus manos. Los tres dragones en la casa rápidamente corrieron al lamer la leche derramada en el piso.
–… ustedes no dejaban de pelear por ello –siguió Stoick como si nunca hubiera habido una interrupción –. Así que metí la fuente del problema en el cofre, lo cerré y lo arroje al mar.
–Como si simbólicamente arrojaras todos tus problemas –comentó Hiccup secamente sujetándose la barbilla con sus dedos.
–Hiccup –el jefe vikingo alzo la voz –. ¿Qué te he dicho?
–Que no haga sicoanálisis de tus acciones –respondió el chico.
–Eso no explica porque usaste el cofre de mamá –soltó Honey retomando la conversación.
Stoick entornó su mirada en lo que se enfocaba en el pequeño y menudo cuerpo de su hija. El líder vikingo esperaba no tener que entregar más razones, pero habría pecado de inocente si no fuera consiente de la capacidad de Honey de saber las cosas de antemano.
–Sí, el cofre era de su madre –confirmó –. Fue un regalo de su primer pretendiente.
–¡¿QUÉ?! –soltaron los gemelos al unísono causando un ligero brinco en los tres dragones que lamían el suelo.
–¡¿Mamá tuvo otro pretendiente?! –dijo Hiccup sorprendido.
–¡Oh ¿Quién era?! –preguntó Honey con una gran sonrisa y un brillo en sus ojos.
–Eso no es importante –contestó Stoick evadiendo la mirada –. El punto es, que no se encuentra completo. Ella me dijo que le faltaba la llave.
–¿Cuál llave?
–La que él le iba a dar como regalo de compromiso.
–¡¿QUÉ?! ¡¿MAMÁ ESTUVO COMPROMETIDA CON OTRO HOMBRE?!
–¡Ese no es el punto! Él le entregó el cofre abierto y le pidió que no lo cerrara hasta que trajera la llave, entonces así ella podría guardar su corazón ahí y más cursilerías como esas...
–¡Que romántico! –exclamó Honey con voz melosa.
Stoick la fulminó con la mirada.
–¿Qué paso con él? –preguntó el muchacho como sería lo más lógico.
–Nadie lo sabe –respondió Stoick con hermetismo –. Nunca regreso de su último viaje. Todos intuyeron que murió, hubo rumores de algún romance prohibido con alguna princesa, pero nada se verificó. El detalle es que rompió el corazón de su madre.
Había algo en la voz del gran guerrero vikingo que dejo inquietos a ambos muchachos.
–Pero no importaba cuantas veces se lo pedí, su madre nunca quiso tirar esas cosa. Así que vi la oportunidad de deshacerme de todo de una buena vez, y la aproveche.
–Derribaste dos terrors de un tiro ¿Verdad? –se burló Hiccup con una sonrisita.
–No me juzgues, muchacho –lo amenazó Stoick con su redondo dedo índice –. Es solo… –agregó unos segundo después aligerando su semblante – dejar todo ese rencor atrás. Como ya hemos abandonado viejas reciñas del pasado… –explicó frotando suavemente las escamas azules de la nariz de Thornado.
¿Era mucho pedir? Stoick lo había visto a diario en los últimos meses y lo había comprobado de primera mano. El vikingo era terco y podía llevar rencores por mucho tiempo, pero había descubierto que el perdón hacía maravillas.
El thunderdrum respondió al tacto con un ronroneo gutural. Pronto, Toothless y Furry buscaron el mismo afecto de sus jinetes.
–Gracias, papá –dijo Honey con dulzura mientras sacudía las escamas largas del cuello de su dragón –. Por contarnos eso.
–Yo solo quería darles… quería demostrarle… lo orgulloso que me siento.
–Y lo entendemos –terminó Hiccup, soltando a su nightfury para abrazar a su padre lo más fuerte que sus brazos le permitía. Honey lo secundo a los pocos segundos. Pero cuando los dragones quisieron unirse, los seis cayeron al piso en carcajadas.
Los gemelos apreciaron el regalo de su padre a pesar de no poderlo reclamar, pero lo que pronto descubrirían, era que ese cofre tenía más secreto que los que había dentro de éste o los que su padre ocultaba.
Chapter 75: Cría Cuervos (Pt. 2)
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Cría Cuervos... Pt. 2
La mejor semana en el calendario vikingo estaba por llegar. Era el evento más esperado que el viernes de Freya o el jueves de Thor, y solo quedaba un lugar detrás del snoggletog. Esa era la semana de Bork.
Todo vikingo del archipiélago barbárico y en especial, habitante de la isla de Berk, conocía y esperaba con ansiosas tal fecha que solía celebrarse con fiesta, música, festines y mucha, mucha diversión.
Y se debía a solo un hombre: Bork the Bold.
Un peludo hooligan de nacimiento, adoptado por cada tribu ante sus contribuciones al mundo antiguo vikingo. Bork había sido conocido en su juventud como “El muy muy muy desafortunado” Bork, ya que el pobre mozalbete tenía la peculiaridad de sufrir una serie de hechos desafortunados que le seguían a donde fuese o lo que intentara hacer.
En su largo archivo curricular, Bork intentó una gran variedad de profesiones: pescador, granjero, cuidador de yak, cocinero, panadero, lava pisos, marinero, guerrero, artista independiente y por supuesto, mata dragones.
Pero como su apodo lo indicaba, Bork siempre tuvo dificultades para triunfar en cualquiera de aquellos ámbitos. El denominador en común en todos sus fracasos, siempre fue la presencia de los dragones.
Bork parecía ser un imán para ellos y con su presencia, la tragedia no estaba lejos. Hundían sus barcos, se comían su comida, atacaban sus ovejas, quemaban sus cosechas y arruinaban sus pinturas. El pobre vikingo sufrió tal asedió gran parte de su vida. Incluso lo obligaron a emprender un largo viaje de madurez para encontrarle sentido a su existencia.
Fue una sorpresa para los antiguos habitantes de Berk, cuando Bork regresó de sus viajes con millar de historia de contar y con un registro amplio y detallado sobre los dragones. El libro de los dragones había nacido.
Hay que recordar que en aquella antigüedad, el leer o escribir libros estaba prohibido, lo que volvía bastante contradictorio la existencia de los archivos Bork. Pero los vikingos eran conocidos por hacer cosas bastante ilógicas, así como por su terquedad y tendencias violentas; los logros y conocimientos Bork se habían extendido por todo el archipiélago barbárico, que incluso el último rey de Wilderwest no podía negar la utilidad de su creación. Por lo cual, el libro de dragones se convirtió en el único libro permitido en el reino vikingo para poder leer.
Gracias a la gran cantidad de información adquirida por Bork en sus viajes, permitió a los hooligans, así como cada vikingo del archipiélago, entender a su principal enemigo y volver a su favor la balanza por la sobrevivencia.
Mientras, Bork adquirió el título de “the Bold” y se decidió celebrar en su honor un día al año, y con el paso del tiempo, las celebraciones se convirtieron en una semana de felicidad y alegría. Ya que ese tesoro que les había entregado ese vikingo con tal conocimiento, era la libertad ante su enemigo de poder disfrutar sus vidas.
Varias generaciones después, y en especial en la isla Berk, la guerra con los dragones había terminado. No había sentido de continuar con la tradición que había generado Bork con su conocimiento. Bueno… eso no lo habría pensado cualquier otra tribu, pero no los peludos hooligans. Aunque la guerra con los dragonees había terminado, Bork era recordado y admirado, y sus conocimientos ahora eran utilizados con finalidad de entrenar a los dragones.
Así que había muchos motivos en Berk seguir celebrando a su antiguo héroe, pero con un nuevo sentido y significado. Y claro, con nuevos amigos… los dragones.
La semana de Bork había sido cambiada radicalmente. Claro, aún era una fiesta para comer, beber y divertirse; pero en lugar de realizar torneos que simbolizaban la cacería y matanza de los dragones, ejecutarían eventos y atracciones con los mismos. Y tal labor había caído en manos de los jinetes de la academia de dragones.
–… si realmente queremos tener una parvada de terrible terror volando al inicio del evento, necesitamos descubrir cuál es el líder –explicó Fishlegs repasando cuidadosamente las páginas del libro de los dragones –. Al enseñarle la ruta que debe tomar, los demás seguirán sus movimientos.
Desde hacia tiempo, el jefe Stoick como los miembros del consejo, habían accedido entregarles a los chicos de la academia el cuidado de la copia de Berk del libro de los dragones de Bork. La primera y original que había existido.
Y los jóvenes jinetes accedieron que fuera precisamente Fishlegs, el más dedicado a asegurar y complementar sus páginas con los descubrimientos que hicieran a lo largo de sus entrenamientos. Aunque Snotlout aseguraba que su votación unánime había sido por su caligrafía de niña.
–Chicos, esto es interesante –agregó el joven regordete acercando una vela al libro. La oscuridad del gran comedor no le otorgaba la suficiente luz para leer –. Sabían que la mayoría de los dragones buscan una pareja nueva durante cada época de apareamiento. Muy pocas eligen la misma cada año y son muy contadas aquellas que se aparean con una sola pareja toda la vida.
–Que interesante… –soltó Ruffnut con claro sarcasmo y fastidio, dando un manotazo en el aire que casi golpea la vela en la mesa. Fishlegs oportunamente la retiró y dejandola fuera de su alcance.
–La única razón por la que a Fishface le parece interesante–comentó Snotlout con malicia – es porque es la única forma en que sabrá de apareamiento en su vida –terminó soltando una sonora carcajada.
Esta habría sido acompañada por la de los gemelos, sino fuera a que Astrid rápidamente le propinó un codazo en el estomago que lo dejo a Snotlout sin aliento.
–Gracias –dijo Hiccup –. Fishlegs, continúa.
–Según Bork los dragones no son capaces de un enamoramiento similar al de seres humanos –comentó el chico rubio releyendo las líneas en el papel viejo –, y la principal razón para buscar a sus pares es con la intensión de reproducirse. Aún así, pudo comprobar que muchos dragones generan al parecer amistad muy intensa con otros dragones de diferente especie, incluso con otros animales.
–Bueno, eso explicaría algunas cosas.
Ante las palabras de Hiccup, cada uno de los jinetes en la mesa se volvió a los seis dragones que permanecían dormidos, agrupados los unos con los otros.
Ese era un conocimiento que había descubierto los chicos de primera mano en el último snoggletogg, época predilecta para el apareamiento de los dragones. Fuera de ello, rara vez veía a sus dragones convivir con los de su misma especie, en cambio parecían tener preferencias entre ellos seis. Como Toothless y Stormfly, que disfrutaban tanto la compañía uno del otro, así como sus jinetes.
–Así es –dijo Astrid compartiendo una sonrisa y mirada despistada con Hiccup por encima de la mesa.
–Detén tu gronckle en estampida –interrumpió el momento Tuffnut soltando una palmada en la mesa –. ¿Qué quieres decir con eso?
–¿Qué parte no entendiste, Tuffnut? –preguntó Fishlegs.
–La parte en que: ¡¿por qué Loki estamos hablando de esto?!
–Tuffnut no entiende –se burló Ruff sacudiendo la cabeza.
–Sí, Tuffnut no entiende –la acompañó su hermano cruzando sus brazos sobre su pecho.
–Este será el primer año que la academia será responsable de la atracciones durante la semana de Bork –explicó Honey con toda la paciencia posible.
–Ahora que los dragones forman parte importante de nuestras vidas, es lógico que formen parte de la celebración –agregó Hiccup.
–Una que anteriormente fomentaba su muerte –comentó la gemela pecosa, pero anteponiéndose al pensamiento de los gemelos, rápidamente agregó –: Pero ya no.
–Por lo que es muy importante que todo salga bien –dijo Hiccup sacando un largo pergamino con todas las actividades para la semana de Bork –. Veamos de nuevo de que serán responsables cada uno…
–Meatloug y yo nos encargaremos que los gronckles de las islas mantengan encendidas las fogatas con su lava para las noches de canto.
La noche de canto siempre se celebraba la segunda noche del festival, donde a la luz de las estrellas y la luna, los hooligans cantaba heroicas entonaciones e historia en honor de Mani, dios de la Luna. Varios habitantes se habían postulado para participar, incluso Honey cerraría el evento.
–Con la habilidad de Stormfly de guiar a otros dragones, tengo preparada una manada de nadders listos para volar en formación para el evento principal.
La semana de Bork siempre solía iniciar con un espectáculo de capacidad. Generalmente, los miembros de la guardia de Berk representaban una batalla, demostrando sus habilidades con diferentes armas. En esa ocasión, el encuentro sería precedido por el despliegue de los dragones sobre la arena en representación de las antiguas batallas entre los hooligans y aquellas bestias. Terminaría con Hiccup y Toohtless dramatizando su amistad.
–Perfecto Astrid y Fishlegs –dijo el chico palomeando ambos eventos –. ¿Snotlout?
–¡Aros de fuego! –gritó el Jorgenson plantándose sobre la mesa. Los dragones durmientes, levantaron levemente las cabezas ante la conmoción –. Hookfang y su servidor tendremos la más importante función de la semana, justo después del aburrido e idiota discurso de los miembros del consejo. Todos quedaran sorprendidos con lo que tenemos preparado con la ayuda Pot roast y Ham.
El dragón rojo a su espalda, soltó un leve rugido en apoyo.
El discurso de los miembros del consejo generalmente ocurría en el antepenúltimo día de la semana, donde se agradecía a los diferentes clanes por otro año fructífero para Berk. Además, presentaban oficialmente a todos los recién nacidos en dicho tiempo. Era por ellos que Snotlout había decidido incluir a los, ya no tan bebes nightmares, que igualmente habían nacido el mismo año.
–Y estamos ansiosos de verlo –admitió Hiccup –. Tuff y Ruff ¿Qué hay de ustedes?
–Nos mantendremos lejos de problemas –soltó Ruff con antipatía.
–Y no causaremos ninguna destrucción –agregó Tuff cabizbajo.
Sus compañeros jinetes aceptaron sus palabras con un leve asentimiento.
–No me gusta para nada eso –le susurró la gemela rubia a su hermano.
–Sí, al Tuffnut tampoco le gusta –contestó éste.
–Pues el Tuffnut debe obedecer –gruñó Astrid al alcanzar oír sus quejas –. Es importante que la semana de Bork resulte sin problemas. Así que nada de estupideces, par de zoquetes.
–A sí ¿Y qué harán Hiccup y Honey?
–Hiccup y Toothless se harán cargo de la seguridad –explicó Honey –, mientras que yo y Furry del cumplimiento del planograma.
–O sea, que tendrán el trabajo fácil –masculló Tuff cruzando los brazos sobre su pecho.
–¡Hey, no es justo! –se quejo Ruff golpeando con su palma la mesa, aceptando por ciertas las palabras de su gemelo.
–Solo porque sus dragones sean únicos no significa que nosotros tengamos que hacer todo el trabajo –dijo su hermano rubio.
–¿U-ustedes… hacer todo el trabajo? –tartamudeó Hiccup sin poder creer lo que acababa de escuchar –. ¡¿Acaso no escucharon ni una palabra de lo que acabamos de hablar?!
–El Tuffnut no oye, el Tuffnut no sabe.
–El Tuffnut resultará con una buena patada en el culo –rugió Astrid preparando sus puños.
–Mantener a raya a los dragones es un trabajo sumamente importante –explicó rápidamente Fishlegs ante la estupefacción de Hiccup ante el “brillante” alegato de los Thorston –, Toothless es el dragón más capacitado para detectar cualquier problema.
–Y organizar los eventos. Es. Mucha. Responsabilidad –puntualizó Honey tratando de mantener la calma, aunque su mirada dijera lo contrario. Tuffnut y Ruffnut se alejaron levemente de ella, arrastrando sus traseros por la banca donde estaban sentados.
–Además, Toothless y Furry no tienen la culpa de ser los únicos de su respectiva especie en Berk… –continuó Fishlegs pero fue interrumpido con Snotlout:
–“Cuff” Conveniente “cuff”
–¡Bueno, creo que ya es suficiente por hoy! –bramó de repente Hiccup poniéndose de pie y acallando a los demás jinetes – . Mañana podemos continuar temprano –dijo de ultimo, con bastante pesar en su voz, antes de alejarse de la mesa.
Ante su arrebato, Astrid intentó seguirle, pero con una indicación de su mano, el chico le expresó que deseaba estar solo. Al final abandonó el gran comedor solo con la compañía leal de su night fury, dejando a su gemela y amigos algo desconcertados.
– Wow –soltó Snotlout –. ¿Qué es lo que le pasa al gran “conquistador de dragones”?
A sus palabras, Astrid le lanzó una mirada asesina. Pero al final la que compartió sus pensamientos fue Honey:
–Todo esto de trabajar con más dragones molesta un poco a Hiccup –su mirada expresaba lo acongojada que estaba ante el repentino mal humor de su gemelo en los últimos días –. Le preocupa que tal vez Toothless se sienta solo.
–A mí me parece que eso no le importa a Toothless –dijo Astrid recordando como el dragón de ébano estuvo jugando alegremente toda la mañana en compañía de su nadder.
–Además tiene a Furry –puntualizó el joven moreno indicando con su pulgar al howl que dormía panza arriba como si nada lo perturbara –, y tampoco a él no le molesta.
–Pero para Hiccup parece que no es suficiente –insistió Honey.
–Los woolly howls serán primos de los night fury –explicó Fishlegs –, pero aún así son muy diferentes. Además Furry ya se encuentra en la tercera etapa de su vida donde suelen volverse dragones solitarios que rara vez buscan a sus pares –continuó –. Hay mucho que sabemos aún de los night furys.
Los seis chicos que aún permanecían en la mesa, intercambiaron algunas miradas en preocupación antes de volverlas a las dos grandes puertas de robe por donde había salido su líder.
-ooOO000OOoo-
Hiccup fue directo a la forja de Gobber. Tenía días trabajando el viejo cofre de su madre, pero el extraño artilugio no cedía. El muchacho y su maestro herrero habían examinado con cuidado la caja y llegaron a la conclusión que el metal desconocido con el que estaba hecho, era sumamente resistente y ligero; uno que ni el fuego de nightmare, la púa de un nadder o el disparo de Toothless podían atravesar.
Así que Hiccup continuó donde Honey y Gobber se habían dado por vencido en descubrir el contenido del cofre perdido de Valka. Aunque el gemelo pecoso ya no sentía la misma curiosidad que un principio por el curioso y único objeto, sino porque era un método idóneo para sacarse de la cabeza la preocupación que lo había estado acongojado desde el inicio de la planeación de la semana de Bork.
El muchacho podía estar muy agradecido con su padre y el resto de los miembros del consejo por encargarle tal tarea a la academia, era un gran honor y demostraba como la mentalidad de su gente había evolucionado (excepto en el caso del viejo Mildew, quien insistía que Bork se estaba revolcando en su tumba).
Pero con el paso de los días fue descubriendo y enfrentado una realidad que siempre estuvo presente y nunca le prestó mucha atención. Toothless era el único night fury en Berk.
Era un hecho que los night fury eran difíciles de ver y antes de Toothless, casi nadie en el archipiélago sabía cómo eran físicamente. Aún así, el muchacho esperaba que en sus viajes a la isla de los dragones y otros rincones solitarios en mar, ya hubieran encontrado más miembros de la especie del dragón de ébano.
Hiccup estaba preocupado por su buen amigo. Él era el único de su especie en Berk, mientras todos los dragones tenían sus propias familias. Honey ya le había cuestionado sus puntos cuando le planteó sus dudas, pero el muchacho no podía evitar ponerse en el lugar de su mejor amigo, cuando él mismo y en el pasado, se había sentido solo por mucho tiempo.
Así que, a pesar que la semana de Bork era una festividad de fiesta y alegría, para Hiccup solo había traído desasosiego.
Algo que su no había pasado desapercibido a los ojos de su padre.
Stoick había visto el constante esfuerzo del muchacho de mantenerse ocupado, que le había generado dudas y preocupación paternal. El fuerte líder de Berk se preguntó muchas veces que tal vez había hecho mal en encargar tanto trabajo como era la semana de Bork a sus hijos, y eso estaba afectado a Hiccup, pero eso cambio cuando lo descubrió esa noche en particular, al muchacho trabajando a deshoras en el olvidado cofre de su difunta esposa.
El gran Stoick the Vast era un poderoso jefe vikingo, valiente y aguerrido, además de un excelente bailarín; pero sin duda no era una de las mentes más intuitivas del mundo antiguo. Desde su perspectiva, su hijo estaba deprimido por la decepción ante el regalo que intentó otorgarles.
Atribuyendo que todo era su culpa, comenzó a maquinar una forma de compensar su error. Y definitivamente tenía una brillante idea, una que venía con un retrato.
Chapter 76: Cría Cuervos (Pt.3)
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Cría Cuervos... Pt.3
–…después de la victoria sobre Roma de Bjorn Ragnarsson, era evidente que el imperio de las tierras natales se habían extendido hasta el punto donde no era posible sostener más a la población creciente. El rey vikingo Ragnar Lodbrok no tuvo otra opción que mandar viajeros a diferentes lares en busca de nuevas tierras para colonizar….
–Prufffff….
–… algunos de miembros de la misma familia real formaban parte de éstos grupos y justamente fue Brugg the Wild, quien marcaría el rumbo a lo que ahora conocemos como archipiélago barbárico…
–Prufffffff…
–… pero también sería…
–Prufffffffffffffff…..
–… el primer rey del Wilder West….
–Prufffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff……
–¡Tuffnut! –gritó Honey a todo pulmón dando una fuerte palmada contra la mesa de madera delante de ella. Un salón de clases improvisado en la academia de dragones era el escenario de aquella pantomima fracasada de educación que intentaba la joven llevar a cabo.
Ambos gemelos Thorston se encontraba a contra cara de la chica pecosa en sus respectivos pupitres alterados de barriles por asiento y escudos por mesas.
Ante el alarido de Honey, Furry que dormía plácidamente a sus pies se levantó de golpe con un gruñido, a lo que una parvada de cuervos posados en las rejas de la academia graznó en respuesta, y Barf y Belch, escondidos detrás de los gemelos, agacharan la cabeza con leve temor.
–Pruffff pruffff pruffff… –continuó el chico rubio mientras rayaba símbolos sin sentido en su pergamino.
–¿Por qué rayos estás haciendo…? ¿Por qué rayos está haciendo eso? –cuestionó la joven castaña mirando al gemelo sin poder entender lo que pasaba, para luego volverse inmediatamente a la hermana de éste buscando una respuesta coherente.
Ruffnut solo encogió los hombros en rspuesta.
–El Tuffnut… se encuentra aburrido –respondió el Thorston dejando caer sus brazos a los costados y su cabeza hacia atrás. Algo que su dragón imitó de inmediato.
–¿El Tuffnut? –soltó Honey sin dar crédito a sus oídos. Tratando de mantener la compostura, cubrió su rosto son sus manos en lo que apoyaba su peso en sus codos sobre la superficie de la mesa –. No quiero ni preguntar por qué carajos sigues refiriéndote a ti mismo en tercera persona.
–No sé quién es esa tercera persona pero “el Tuffnut” es… de puta madre.
De no ser por el increíble ambiente tenso a su alrededor, la expresión de estupefacción en el rostro de Honey hubiera resultado sumamente cómica.
–Por unos breves segundos considere seriamente el homicidio –dijo ella sin dirigirse a nadie en particular.
Furry junto a la chica, y aún taciturno, soltó un gruñido en aprobación.
–El Tuff ya está muerto de aburrimiento con esos… –insistió el gemelo – datos aburridos…
–Sí –lo apoyó su gemela golpeando también su mesa improvisada con el puño –. ¿Por qué debemos aprender historia?
–Es un castigo –explicó Honey con una sonrisa cínica –. Al parecer el querer hacer un discurso injurioso a Odín para la tercera noche del festival Borg no es la devoción adecuada que debe demostrar una vala según Gothi. Por eso debo sufrir.
–¡Al coño con eso! – masculló el gemelo rubio alzando sus brazos sobre su cabeza –. ¿Por qué el Tuff tiene que sufrir contigo!
–¡Yeah! –soltó Ruff.
Barf y Belch chasquearon sus mandíbulas.
–Su calvario se debe principalmente a que estuvieron atormentando a los prisioneros outcasts mientras se encontraban en el potro –les informó Honey sobándose las sienes con sus dedos índices.
–Dah –bufó Ruff –. El potro es para eso. Para hacerlos pasar un mal rato y se arrepientan de su maldad.
–¡Los torturaron día y noche que suplicaron morir!
–Tomate, jitomate –dijo el hermano de la rubia cruzando sus brazos sobre su pecho –. El Tuff no ve diferencia.
Honey se dejo caer sobre la mesa de madera desparramando sus pergaminos de historia por todos lados. Furry trató de consolarla con leves gruñidos, pero la chica ya estaba lejos de la salvación. La pobre gemela pecosa estaba cerca de perder la cordura ante los gemelos idiotas, los dragones indiferentes y los latosos cuervos sobre su cabeza que nunca se callaron.
La chica maldijo un millar de veces su suerte y por primera vez hubiera deseado haber intercambiado lugar con su hermano y estar en otra parte en ese momento. Aunque eso significara posar para una tonta pintura.
-ooOO000OOoo-
En la soledad del gran salón se encontraba Hiccup parado y casi inerte, con la mirada perdida en una curiosa estructura frente a él. Toothless a su lado, posaba sus enormes ojos verdes en su jinete sin poder comprender que era lo tan interesante para mantener al muchacho como una estatua por varios minutos seguidos.
Después de lo que pareció una eternidad en soledad y silencio, las puertas del gran comedor se abrieron. El dragón de ébano se alegró de descubrir que era justamente Astrid quien se aproximaba a ellos. En cambio, Hiccup permaneció con la mirada perdida como si no hubiera habido interrupción alguna.
–Hola, Hiccup –dijo la chica parándose junto a él. Al no tener una respuesta inmediata, la rubia se inclinó hacia el muchacho para dejarle un sube beso en la mejilla.
Finalmente reaccionando, Hiccup soltó un débil:
–Ah, hola Astrid –mientras se llevaba la mano a la mejilla. Y como si no hubiera nada más que hablar, el chico retomó su deber de contemplar aquella tela y lo que se encontraba debajo de ella.
Toothless resopló en fastidio.
–No quiero parecer pedante –insistió Astrid percatándose de la situación, pero aligerándola con un leve sarcasmo –. ¿Pero qué hay de interesante en un pedazo de tela?
–Oh, ah, no es eso –balbuceó el muchacho –. Es… –soltó un respiro– es tan solo el nuevo retrato mío y de mi padre para el gran salón –explicó indicando la estructura que había estado contemplando hacía minutos antes.
Una vieja y arraigada tradición de Berk, era conservar una sección del gran salón para colgar diferentes artículos de orgullo para la tribu. Entre ellos había armas con una impresionante historia, tesoros recolectados de increíbles viajes, un premió arrebatado de un feroz enemigo, etc. Pero una sección de la pared en particular estaba destinada para colgar una colección de retratos pintados en escudos de madera, de los diferentes y numerosos líderes de Berk.
Estos se extendían desde los primeros hooligans en poner el pie en la isla, hasta el mismo Stoick the Vast y su difunto padre. Aunque aquel retrato no representaba un hecho verídico, ya que el abuelo de Hiccup había muerto mucho antes de Stoick alcanza la edad para posar en aquella pintura. Había sido un diestro dibujante el que había juntado a padre e hijo cuando la muerte los había separado.
Pero regresando a la tradición, era un momento importante para un heredero, ya que era el reconocimiento de su padre ante su tribu y la historia de la misma, que era un legítimo prospecto de líder vikingo con toda la aceptación que conllevaba.
–Esa es una buena noticia –comentó Astrid posando su mano en el hombro del muchacho –. No te ves muy emocionado por ello –agregó al contemplar el semblante de éste.
–No me mal interpretes, Astrid. Estoy feliz, hace mucho que estaba esperando el día, pero la verdad fue…
–Increíble, una experiencia inolvidable…
–Inesperado –admitió Hiccup encogiendo los hombros.
–Hiccup, la verdad no entiendo…
–Es muy importante que se inmortalice mi imagen con mi padre para la posteridad –explicó el muchacho señalando de nuevo el cuadro debajo del pedazo de tela –, eso demuestra mi lugar como el hijo de mi padre. Pero… mi papá no dejo de hacer tanto alboroto del mismo. Como si hubiera un segundo significado.
Y aunque ignoraba la razón, el gemelo pecoso estaba en lo cierto. Había razones por las que Stoick había recurrido al cuadro de padre hijo en ese justo momento. Desde que el cofre de Valka había egresado desde las profundidades del mar, Njord había torturado a Stoick por sus intentos de ocultar la evidencia. O al menos así lo veía reflejado en el rostro de tristeza y reflexión de su muchacho.
Completamente lejano de la verdad.
Por ello, aunado a Gobber y las habilidades misteriosas y artísticas de Bucket, confabularon para hacer algo que levantara el ánimo del muchacho. Y eso era el retrato de padre e hijo.
–Hiccup –Astrid soltó un suspiro –. Creo que estas sobrevaluando la situación. Tal vez tu padre solo está haciendo algo que siempre había querido que los hicieran juntos.
–Es probable que tengas razón –musitó el muchacho por primera vez desde su llegada enfocándose en algo más que la estructura delante de él, como la sonrisa y ojos azules de Astrid –. Debo de estar sobre analizándolo como lo he estado haciendo con todo últimamente: Toothless, los dragones, el cofre de mamá… –comenzó a enumerar en lo que frotó sus manos contra su rostro.
–¿Yo? –lo interrumpió Astrid con una picara sonrisa, aunque de verdad quería escuchar la respuesta.
–Los dragones no son lo único que pienso, Astrid –confesó el muchacho devolviéndole la sonrisa con un leve sonrojo. Ella no podía estar más feliz.
–Y ¿qué tal se ve? –preguntó ella con un sutil coqueteo, señalando la pintura.
–No lo sé. Mi padre decidió esperar al inicio del festival de Borg para presentarlo a la aldea.
–Eso quiere decir… ¿nadie la ha visto?
–Bucket lo pintó… –comenzó a explicar Hiccup, pero Astrid fue directo hasta la pintura y tomó el paño de tela que la cubría –. Wow… wow, Astrid ¿Qué estás haciendo? –dijo el chico levantando sus manos en un intento vago de detenerla.
–Solo voy a echarle un vistazo.
–Creo que esa no es la intención de esperar hasta… –las palabras del gemelo pecoso murieron en sus labios en lo que la rubia apartó el pedazo de tela de un solo tirón revelando la pintura debajo de ella.
Ante la mirada estupefacta de los tres presentes en el gran comedor, Toothless soltó un gruñido en cuestionamiento…
–Wow –dijo Astrid en ofuscación.
–Oh no –masculló Hiccup en decepción.
Chapter 77: Cría Cuervos (Pt.4)
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Cría Cuervos... Pt.4
–¡Y ahora! –gritó Snotlout al cielo –. ¡Como gran final! ¡El gran Snotlout y sus nigthmares realizaran los peligrosos y mortales aros de fuego de la muerte! ¡Snotlout Snotlout hoi hoi hoi! –terminó su alarido con fuertes bitores imitando una muchedumbre.
Pero en realidad el joven Jorgenson se encontraba solo en aquel rincón casi olvidado de la isla de Berk, en compañía de sus nightmares Hookfang, Ham y Pot Roast. Estaban a unos días de iniciar la semana de festejos a la celebración de Borg, y Snotlout estaba decidido en dar la mejor presentación en el festival, justo en su antepenúltimo día.
Para ello, llevaba días practicando junto a sus dragones el difícil y arriesgado acto que planeaba realizar.
–¿Listo Hookfang? –le preguntó al dragón rojo bajo de él, pero sin esperar respuesta, clavó sus talones en los costados del cuello de aquella bestia escamosa, incitándolo a lanzarse en picada. Pero sí no hubiera actuado tan desesperadamente, Snotlout se habría dado cuenta que los dragones que estaban esperando al fondo de su recorrido estaban lejos de estar listos.
Hookfang lo sabía y había tratado de advertirle a su jinete con un leve gemido, pero los talones de éste en su cuello lo apresuraron a realizar su descenso. Pero, ya que importaba, al final de cuentas sus escamas eran resistentes al fuego.
Con fuerte batir de sus poderosas alas, el nightmare rojo aceró su caída. El desplome en picada se volvió tan intenso, que el joven sobre su cuerpo tuvo que sujetarse con todas sus fuerzas para evitar salir volando en alguna otra dirección.
En segundos, la distancia que había alcanzado elevándose casi hasta el punto más alto del pico del rayo en la cima de Berk, se redujo increíblemente y en poco tiempo, acortando las posibilidades de detener aquel intento.
¿Y cuál podría ser la razón?
–¡Pot Roast!... ¡Ham! –intentó gritar el joven moreno, siendo enmudecido por el fuerte viento contra su cara –. ¡Aro de fuego! ¡Aro de fuego!
En cambio, los dos jóvenes nightmare que esperaban pacientemente cerca del un pequeño acantilado junto a la costa, se encontraban absortos y distraídos con pequeñas mariposas y pajarillos que volaban cerca de sus cabezas.
–¡POT ROAST! –los gritos de Snotlout fueron aún más desesperados –. ¡HAM! ¡ARO DE FUEGO!
Los escasos metros entre él y su objetivo reducían terriblemente rápido, y no había señales de que los jóvenes nightmares fueran a darse cuenta de lo que tenían que hacer. Y el punto de no retorno había sido rebasado hacía muchos varios metros atrás.
Los ojos del chico Jorgenson lagrimeaban por el viento y su garganta estaba seca de tanto gritar, hasta se había tragado un par de insectos. Snotlout podía asegurar que su sufrimiento no sería en vano.
Pero a pocos metros de llegar a su destino, Hookfang soltó un estridente alarido que advirtió a sus jóvenes aprendices de su cercanía. Tan pronto se percataron de la proximidad del dragón mayor, Pot Roast y Ham tomaron sus posiciones y escupieron sus características llamaradas de fuego, que encendieron varios tejidos extendidos en descenso por el acantilado.
Las llamaradas de fuego en conjunto de ambos dragones formaron un círculo casi perfecto, que consumió la tela formando peculiares aros de fuego por leves segundos. Justo a tiempo para que Hookfang los atravesara a toda velocidad antes de que se desvanecieran.
Fueron siete en total, lo que representaban los siete días del festival. Justamente el penúltimo, el nightmare mayor extendió sus poderosas alas toda su envergadura para reducir sus velocidad, cruzar el ultimo aro de fuego y aterrizar con gracias sin estrellarse en la arena de la playa.
Snotlout gritó como demente todo el recorrido.
Pero al final resultó ser un acto fríamente calculado… o mejor dicho: un golpe de suerte. Hookfang aterrizó perfectamente en el punto exacto donde debía, solamente levantando un poco de arena sobre sus garras.
–¿Lo logramos? –soltó Snotlout descubriendo sus ojos al percatarse que todo había acabado –. ¡Lo logramos! –dijo casi en llanto alzando sus brazos triunfantes en el aire.
Y no podía estar más orgulloso de sí mismo. El éxito de su acto de aros de fuego era sumamente importante para él y su familia. Precisamente la selección de aquel acto peligroso era solo con la intensión de superar a sus compañeros jinetes en sus respectivas presentaciones durante el festival.
Snotlout tenía fuerte razones para ello. Con la aceptación creciente de Hiccup y su nueva reputación ante su dominio de dragones, la imagen de joven perdedor que había sufrido gran parte de sus vidas estaba quedando en el olvido y con ello, la superioridad de Snotlout. Ya no quedaba duda que Hiccup sería el heredero al trono de Berk, lo que debajo al clan Jorgenson lejos de tal titulo.
Eso precisamente no tenía muy contento al padre del chico moreno; Spitelout había ambicionado desde muy joven obtener tal titulo para su familia. Los Jorgenson y Haddock estaban emparentados por matrimonio de lado materno, eso no les permitía heredar por sangre el rango, pero sí por destitución o ausentismo.
Al ser Hiccup un heredero digno ante los ojos de Stoick y su aldea, las posibilidades de que Snotlout obtuviera el trono eran casi nulas.
No era precisamente algo que ambicionaba el joven moreno en lo personal, sino más bien su padre quien había vivido una constante rivalidad con su medio hermano; pero la gloria era algo que siempre buscaba un Jorgenson y Snotlout no era ajeno a ello.
Así que para impresionar a su padre, a la aldea y sus compañeros, Snotlout estaba decidido a triunfar y ser el más popular en el festival y festejo a Borg. En especial superar a Hiccup. Un deseo que fue intensificado cuando él gemelo pecoso comenzó su relación/no relación con Astrid.
Todos los jinetes estaban confundidos con la nueva forma de interactuar de ambos, ya que actuaban justo como cualquier joven pareja de enamorados inexpertos, pero cuando se les cuestionaba al respecto negaban estar en cualquier tipo de relación romántica.
Los gemelos Thorston se burlaban por ello. Y Snotlout se burlaría por igual, si no fuera que el también quería a Astrid (aunque su padre se lo había prohibido) y Hiccup se le había adelantado.
Por ello, le era tan importante tener éxito en la semana de Borg y con Thor como su testigo, iba a lograrlo. Pero primero, debía apagar el fuego sus pantalones… literalmente.
Un alarido escapó entre los gritos de victoria de Snotlout cuando se percato que su trasero estaba en llamas. El único defecto de su último intento de los aros de fuego. Saltó del lomo de Hookfang y corrió directo al mar para hundir sus posaderas en las frías aguas.
–¡Vamos, ríete! –le vociferó a Hookfang, que se carcajeaba en la forma que los dragones lo hacían, ante sus desgracia. Y sin entender su indirecta, Pot Roast y Ham imitaron al nightmare mayor.
–Malditas lagartijas –maldijo el joven moreno poniéndose de pie –. Se creen muchos gigantescas bolas de…. –su palabras murieron en sus labios cuando se percató de algo a lo lejos en aquella playa.
Olvidando los aros de fuego y la risa de sus dragones, Snotlout corrió por la arena mojada hasta alcanzar lo que parecía ser un bote pequeño de madera, maltrecho y encallado en la costa.
–¿De dónde salió esto? –murmuró para sí en lo examinó la maltratada nave. Pero pronto sus ojos se toparon con un delgado cuerpo semi-hundido en la arena al otro lado del navío olvidado.
Sin perder tiempo, el joven Jorgenson levantó al posible moribundo volviendo boca a arriba. Vaya su sorpresa cuando se encontró con las hermosas facciones de una chica, de piel tan pálida como la leche de yak, pero el cabello tan negro como las plumas de cuervo.
–Wow –soltó inconscientemente perdido en lo dulces y pálidos labios de aquella hermosa chica.
Definitivamente Njord y Freya había escuchado sus plegarias.
Chapter 78: Cria cuervos (Pt.5)
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Parte 5
–No lo puedo creer –dijo Hiccup por decima durante su recorrido a la academia de dragones –. Pero no lo puedo creer.
–Hiccup – se quejo Astrid rodando su ojos –, has repetido lo mismo desde que salimos del gran comedor.
–Sí, sí, Astrid. Lo sé, pero… –aceptó el muchacho sacudiendo sus manos delante de sí, sin detener su marcha – es que no lo puedo creer. Cuando finalmente pensaba que habíamos pasado todo esto… que ya no necesitaba probar nada…
–Y no lo tienes que hacer –insistió la rubia posando su mano en el hombro del chico –. Ese retrato no significa algo.
–Oh no, no, no. Lo significa todo –masculló el gemelo pecoso adelantándose un poco en su marcha –. Es clara prueba que mi padre aún se siente avergonzado de mí. Que no se siente orgulloso.
–Claro que se siente orgulloso de ti –le aseguró Astrid, apresurando sus pasos –. Solo que está más orgulloso de la pintura –bromeó tratando de cortar la tensión, pero lo único que obtuvo fue una mirada desdeñosa de su compañero –. De acuerdo, lo siento. Pero por Thor, Hiccup, no crees que estas exagerando. Esa pintura fue hecha por Bucket. ¡Bucket! No podemos estar ni siquiera seguros de que sucede debajo de esa cubeta.
–Tal vez tengas razón en eso último –aceptó el muchacho aligerando sus facciones –, pero aún así mi padre vio la pintura y dio su aprobación –Hiccup sujetó su cabeza y tiró de su cabellera castaña antes de agregar –: No lo puedo creer, cuando la revelen en la semana de Bork todos se van a reír por ese retrato.
–Hiccup, claro que no –negó Astrid –. Nadie se reirá de la pintura, se reirán de ti por no parecerte –volvió a intentar aligerar el momento posando su brazo a lo largo de los hombros del muchacho, pero obtuvo el mismo resultado que la primera vez – . Carajo, veo que tu sentido de humor no está presente el día de hoy.
–¿Tú crees?–dijo Hiccup apartando de sí el brazo de la rubia de sí, como si no mereciera su efecto –. Perdóname Astrid, pero he tenido muy malos días últimamente, con el cofre de mi madre que no sede, lo solitario que está Toothless y ahora esto.
Con esas últimas palabras, Astrid detuvo sus pasos. Hiccup continuó un par más, perdido en su propia autocompasión. Pero cuando finalmente se dio cuenta que la chica rubia no lo acompañaba más en el puente que conectaba la academia con la aldea, se volvió para encontrarla en el otro extremo, firme y con una mirada que llameaba en contraste a su iris azulado.
El muchacho agachó su cabeza, temeroso.
–¡Ya basta con la plasta de yak! –soltó Astrid elevando su voz, haciéndola resonar ante el eco del acantilado –. Entiendo que esto es difícil para ti, pero estás haciendo una tormenta en un tarro de hidromiel –dijo caminando directo hacía Hiccup hasta quedar justo cara a cara. Por breves segundos, el gemelo no pudo sostenerle la mirada, pero ella no le permitió que se perdiera en sus botas, tomándolo por su barbilla, levantó su rostro hasta que pudiera captar de nuevo su mirada–. Además –agregó con más compasión en su voz –, yo veo a Toothless bastante bien –nuevamente, Astrid tomó a Hiccup del hombro y lo volvió hacía los dragones detrás de ellos que habían estado siguiéndoles durante todo el recorrido. Y dicho y hecho, el nightfury se apreciaba ausente de cualquier dolor o pena, en cambio, jugueteaba brincando alrededor de Stormfly como un cachorro.
El joven castaño no pudo evitar sonreír ante la sola visión de su dragón jugueteando. Tal vez Astrid tenía razón sobre Toothlees y estaba haciendo una tormenta en un tarro de hidriomiel con respecto a él. Pero las cosas eran mucho más complejas que simplemente un dragón solitario y un cofre que no abría.
– Y en cuanto al retrato –continuó la chica –. ¿Por qué no hablas con tu padre al respecto?
–Bella y fuerte Astrid… –le dijo Hiccup a la rubia con una sonrisa triste tomando la mano de ésta entre las suyas – porque eso no se hace –respondió antes de retomar su camino a la academia.
–¡¿Qué clase de porquería de respuesta es esa?! –se quejo ella yendo inmediatamente detrás de él.
–Tal vez tu clan familiar hace las cosas diferente, pero los hombres Haddock no hablamos directamente de nuestros problemas entre nosotros. Casi siempre evitamos todo contacto visual y respondemos a las preguntas con gruñidos incomprensibles.
–¡Que… idiotez! –espetó la chica entre frustración y regodeo una vez que alcanzaron las puertas de la academia –. Y entonces dime: ¿Cómo hacen los hombres Haddock para resolver sus diferencias? –soltó ella posando sus manos en su cintura.
–Para eso existen las mujeres Haddock –comentó el chico pecoso antes de adentrarse en la antigua arena de entrenamiento.
–Recordare eso.
–¿Eh? ¿Dijiste algo?
–Nada –apresuró a decir Astrid en voz normal–. Así que, el gran conquistador de dragones, defensor de Berk, asesino de la muerte roja, recorrerá a su hermana gemela para que le diga a su padre que no le gustó la pintura ¿verdad?
–Exacto –aceptó Hiccup indicando con su dedo índice.
–Cuando creía no poder sentirme más orgullosa de ti…
Pero las palabras sarcástica de Astrid murieron rápidamente entre más se acercaron al centro de la academia. En un principio y con su discusión, ambos jóvenes no se habían percatado las condiciones en que se encontraba la arena, pero cuando lo hicieron, se encontraron con gran parte del área central congelada; diferentes artículos: barriles, escudos y pergaminos estaban regados por el suelo, y justo en el medio, había dos esculturas de hielo.
Furry, Barf y Belch estaba a su lado, lamiendo las largas figuras congeladas.
–Wow –fue lo único que dijeron al acercarse más.
Pero su sorpresa lo fue aún más, una vez que pudieron ver con calmas ambas esculturas de hielo. No eran figuras en sí, eran los gemelos Thorston, tan tiesos como pedazos de hielo y petrificados en aquella posición. Ninguno de los dos emitían sonido alguno, solo sus inquietos ojos eran lo único que delataba que continuaba con vida.
–Pero… ¿qué carajos sucedió con ellos? –preguntó Astrid, mientras Stormfly y Toothless se acercaban también para lamer a las paletas congelas Thorston.
–Lo siento, Hiccup –dijo de repente la indiscutible voz de Honey, haciendo su aparición por una orilla de la academia –. No se callaban –explicó tomando asiento en uno de los barriles esparcidos por el suelo –. Eran ellos o yo.
Al aparecer, las clases de historia de la chica Haddock no habían resultado tan bien. En realidad, en una completa pérdida de control, ordenó a su dragón usar sus disparos helados para dejar a los gemelos rubios más tiesos que las esposas muertas de Mildew.
–Honey… –estuvo a punto de regañarla su hermano ante sus actos, pero al verla reducida y frotando sus sienes constantemente, terminó diciendo –: ¿estás bien? Porque no lo pareces.
–Tengo una terrible jaqueca como si me hubieran golpeado con un mazo –respondió ella –. Además no he podido dormir bien los últimos días por las pesadillas… ¡y eso malditos cuervos no se callan! –y efectivamente, las aves de negro ébano, graznaban sin piedad justo sobre su cabeza en la reja de la academia.
Ante sus palabras, Toothless y Furry se lanzaron contra las aves, reptando por los barrotes de acero. Los pájaros huyeron de inmediato, pero ambos dragones quedaron colgados boca arriba.
– Gracias, chicos –les agradeció la chica pecosa.
–¿Pesadillas? –repitió Hiccup –. ¿Es por eso que das tantas vueltas en las noches? ¿Hay algo que pueda hacer o quiere hablar de ello?
–Ahora no es el momento –dijo su gemela volviéndose a Astrid, quien continuaba en el centro de la arena, ayudando a descongelar a los Thorston con el calor que emanaba del hocico de su nadder. Hiccup entendió y no insistió más por el momento –. Además ¿qué haces tú aquí? Pensé que estarías con papá posando para tu retrato.
–Sobre eso… –Hiccup rodó los ojos, apartándolos de su hermana.
–Oh por Odín –masculló ella entendiendo –. ¿Qué hizo para arruinarlo?
–Alteró la pintura para que hubiera en ella una versión realmente masculina de Hiccup –explicó Astrid a la distancia. Ya había conseguido descongelar la mitad de los Thorstons, pero estos seguían con los pies unidos al suelo –. Y él está preocupado de la impresión que su padre tiene de él y que todos se rían de la pintura al verla.
–Espera, ¿Stoick preparó una pintura con un falso Hiccup musculoso? –soltó Tuffnut rechinado sus dietes y no parando de estirar sus entumecidos brazos –. Oh por Loki, el Tuff tiene que ver esa pintura para reírse en la cara del Hiccup –dijo con una sonrisa de oreja a oreja, recibiendo la aprobación de su gemela rubia.
–¡Ahora lo ven! –bramó Hiccup frustrado. A su alarido, Toothless se soltó de los barrotes del techo y cayó a su lado para consolarlo con un buen lengüetazo.
–Y déjame adivinar –dijo Honey –. ¿Quieres que hable con papá al respecto?
–Por favor y gracias.
–Clásicos hombres Haddock –masculló la chica sacudiendo la cabeza –. No pueden resolver sus problemas entre ellos, solo se dedican a gruñirse los unos a los otros si hacer contacto visual.
Pero aquella conversación no llegó a pasar a más, ya que justamente en ese momento, Fishlesg y Meatloug hicieron su entrada en la academia, volando a toda velocidad. La dragona perdió control de sus alas y terminó chocando contra un par de cajas y barriles al fondo de la academia.
–¡Chicos! ¡Chicos! –bramó el joven rubio regordete, levantándose lo más rápido que pudo del suelo, para correr hacia sus amigos –. ¡Tiene que venir de inmediato a la choza de Gothi! Snotlout descubrió algo. O mejor dicho: a alguien.
Chapter 79: Cria cuervos (Pt.6)
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Parte 6
La choza de los curanderos era una construcción relativamente nueva en la aldea de Berk. Por muchas generaciones, Gothi atendió a sus compatriotas hooligans en su propio hogar, en la cima de una empinada colina casi inaccesible a pie. Pero con el paso de los años, resultaba cada vez más difícil subiera a los enfermos por las escarpadas rocas, y la anciana era muy testaruda para querer bajar. Así que con la nueva instrucción de Honey como vala y curandera de la tribu, su padre mandó construir un lugar más adecuado para atender los enfermos.
Prácticamente era como una casa de un solo piso, pero mucho más larga y llena de camas. Honey se había asegurado de agregar al lugar varias cortinas de pieles para la privacidad del paciente y un almacén trasero para guardar todos sus ingrediente, así como un pequeño jardín para cultivar algunos; mientras que Gothi había sugirió erigir una escultura de la diosa Eir (madre de la sanación) en el centro de la construcción, aún a pesar de la quejas de la chica pecosa.
Fue justo ahí, en una de las camas donde el maltrecho cuerpo de la joven encontrada yacía inconsciente esperando por ser revivido por lo ungüentos y sales de las curanderas.
Todos los jinetes de dragones y Toothless (el más curioso de todos) se encontraban alrededor de la joven de cabellera negra como el plumaje de un cuervo, y piel pálida como la nieve.
–Aún a pesar de los golpes y raspones –comentó Fishlegs examinado con atención las facciones de la chica –, es linda –agregó sin evitar sonrojarse.
Efectivamente, el rostro de la chica era delicado y hermoso, sus largas pestañas y sonrosada mejillas le daban un toque encantador a pesar de que gran parte de su rostro estaba cubierto por heridas.
–No tan rápido, Fishface –soltó Snotlout inmediatamente empujándolo a un lado –. Yo la encontré, ella es mía.
–Snotlout es una persona –se quejó Astrid empujándolo por igual –. No puedes poseer a una persona.
–Bueno, Astrid –comentó Hiccup desde el otro lado de la cama de la chica inconsciente –. Técnicamente el noventa por ciento del archipiélago difiere de ese pensamiento –le recordó con sutiliza, pero aún así se ganó un seño fruncido por parte de la rubia.
Era un hecho muy conocido por la mayoría de las tribus, donde resultaba normal la esclavitud; en Berk nadie era esclavo de nadie. Y era algo tan natural para los hooligans, que era fácil olvidar que era un pensamiento impopular.
–¿Dónde creen que venga? –preguntó Ruffnut levantando levemente las pieles que cubrían las piernas de la joven para ver debajo de ellas. Rápidamente, Hiccup puso su manos sobre la de ella para regresar las cubiertas a su lugar mientras a le negaba con la cabeza a la gemela Thorston.
–El Tuffnut piensa que pudo habrá salido del mar como Njord –opinó Tuff de la nada bastante pensativo.
Todos le dirigieron una mirada incrédula al gemelo rubio, pero al igual fueron incapaces de responder a su comentario ante su estupefacción por del mismo; al final fue una voz se detrás del Tuffnut la que rompió el silencio:
–Njord no salió de mar –dijo –. Es el dios del mar –los jinetes dieron un respingo antes de volverse a la dirección donde Honey había aparecido prácticamente de la nada. Tuffnut, quien había escuchado la vos justo detrás de él, dio un salto en lo que sujetaba su pecho en terror –. Pero creo que al menos pusiste atención en algo de las clases.
–¡No salgas de la nada! –se quejo Ruffnut exaltada –. ¡Asustas!
En cambio, la joven pecosa ignoró el comentario, rodeó la cama y a Toothless (el único que no fue afectado con su repentina llegada), para dejar un cuenco y varios vendajes en la mesita junto a la cama.
–Sí, al Tuff no le gusta –dijo el gemelo rubio refunfuñando como niño chiquito –. El Hiccup debe hacer que se detenga –agregó volviéndose al joven pecoso.
–Al Hiccup tampoco le gusta cuando lo hace –fue lo único que dijo éste con una gran sonrisa.
–Pues ya es tiempo que el Hiccup se acostumbre –fue la respuesta antipática de su hermana que recibió.
Ignorando la mayoría de las miradas de los presentes en la habitación, así como el aliento de dragón de Toothless detrás de su nuca, Honey empapó un pequeño trozo de tela en el contenido verdoso del cuenco, antes de comenzar a limpiar las heridas del rostro de la joven desconocida.
–¿Qué es eso? –preguntó Snotlout tapándose exageradamente la nariz ante la pestilencia del liquido verdoso del cuenco.
–Raíces de tubérculos con leche de yak –dijo Honey sin apartar sus ojos de su trabajo. Pero su semblante ceñudo indicaba que algo andaba mal con la chica de cabellera oscura.
–Esa cara no indica nada bueno –intuyó Ruffnut lanzando su comentario al aire.
–El Tuff piensa que su hermana greñuda tiene razón. Además, Honey se ve más acabada con esas ojeras.
–¿Pasa algo con ella? –interrumpió Hiccup rápidamente, previendo la posibilidad de que su hermana terminara asesinando al Tuff ante su mirada de pocos amigos.
–Sus heridas son demasiado extrañas.
–¿A qué te refieres? –preguntó Astrid a su vez.
–Miren estas marcas –comentó Honey indicando una particularmente grande en la mejilla izquierda de la desconocida. Todos los jinetes se inclinaron sobre la cama, apretujándose entre sí; incluso Toothless quería ser partícipe del momento –.Tienen similitud a las quemaduras, pero no son por fuego.
–Además parece tener la misma dirección de origen –señaló Fishlegs con uno de sus regordetes dedos.
Y para ser más oportuno el momento, la joven inconsciente… no lo fue más. Abriendo sus ojos lentamente, lo primero que se enfocó la mirada de la chica fueron los siete rostros apretujados de los jinetes sobre ella con peculiares y no agraciadas expresiones, y así, como el de un dragón escamoso y negro como la noche.
–¡Un… un dragón! –bramó la joven en pánico soltando patadas en todas direcciones. Una de ellas le dio de lleno a Tuffnut, derribándolo por completo. Las pieles de la cama salieron volando, cayendo sobre la cabeza de Fishlegs; así como también el cuenco de Honey que aterrizó en la cabeza de Snotlout –. ¡Es un dragón!
Toothless aterrado por el inesperado arrebato, se puso en posición de ataque y cargó un disparo de plasma. Hiccup y Astrid lo detuvieron a tiempo cerrando su hocico, obligándolo a tragarlo de lleno. Por suerte el night fury era uno de los pocos dragones capaces de resistir en sus entrañas el propio calor de su fuego, aún así eso no evitó que una leve estela de humo saliera de la fosas nasales de Toothless.
–Bueno, sí lo es –dijo Hiccup tratando de calmar la situación, con una sonrisa nerviosa y sin soltar la cabeza de su amigo dragón –. Pero no te preocupes, es inofensivo cuando no lo asustan sin previo aviso.
Toothless sacudió la cabeza liberándose de las manos que lo sujetaban y se apartó de la cama, arrepentido de su propia curiosidad.
En cambio, la pobre chica desconocida, permaneció prácticamente aplastada contra la cabecera de la cama, como sí de esa manera pudiera estar segura del dragón. Sus estilizados ojos verdes brillantes como las escamas de una serpiente, se humedecieron por sus controlables ganas de llorar.
–¿Dónde estoy? –preguntó tímidamente buscando con la mirada una respuesta entre los chicos a su alrededor.
–Estás en la isla de Berk –se apresuró a contestar Fishlegs con calma al quitarse las pieles de encima –. Te encontraron en una de las playas, inconsciente.
–¡Yo, yo te encontré! –se adelantó el joven Jorgenson –. Hola, soy Snotlout, tu salvador –agregó con un giño coqueto. Inmediatamente, Astrid le propinó un zape en la nuca, que provocó que Snotlout perdiera el equilibrio ante el brebaje derramado a su alrededor y cayera al suelo sin ninguna gracia.
–Mi nombre es Heather.
–Heather ¿Puedes decirnos que fue lo que te sucedió? –preguntó Hiccup tratando de tranquilizarla, la pobre temblaba más que un Uglitug en la tundra congelada –. ¿Qué destruyó tu bote? ¿Cómo terminaste inconsciente?
–Yo… yo no lo recuerdo.
–Es mejor que no te esfuerces por el momento –comentó Honey tratando de examinar nuevamente a Heather, pero la pobre reaccionó al contacto con un brinco –, tal vez recibiste un fuerte golpe en la cabeza y necesitas descanso.
–Entiendo, pero… –respondió ésta viéndose intimidada por los jóvenes a su alrededor. Frotó sus sienes en un intento infructífera de recordar – no puedo evitar tener la sensación de que olvido algo importante.
La chica cerró sus ojos con fuerza, en lo que captó la mirada expectante de los jóvenes jinetes; todos terminaron dando un brincó cuando Heather vociferó unos segundos después a todo pulmón:
–¡MIS PADRES!
Chapter 80: Cria cuervos (Pt.7)
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Parte 7
La noche había caído en Berk. Los habitantes de la isla regresaron a sus respectivos hogares y sus botas hediondas que se encontraban junto a las puertas de las chozas, eran comprobante de lo mismo. El gran salón se había quedado desierto después de último platón de sopa devorado; ya nadie podía percatarse del viejo guerrero vikingo con pata de palo que había rezagado su regreso a la forja.
Cubierto por las sombras de la noche y la poca iluminación otorgado por la antorchas, Gobber the Belch aprovechó tal soledad para llevar a cabo un pequeño trabajo de espionaje. No le importaba que la idea fuera que el retrato de Hiccup se revelase hasta la semana de Bork, él tenía que verlo primero. Porque a pesar de su actitud ruda y gruñona, el herrero quería mucho a Hiccup y su hermana gemela, prácticamente era un segundo padre para ellos desde la ausencia de Valka, y por ende se preocupaba por el muchacho.
También porque era un viejo chismoso.
Así que aprovechando la soledad del gran salón, decidió echarle un pequeño vistazo a la pintura. ¿Quién podría salir lastimado por ello después de todo?
–¡GOBBER! –la inconfundible voz de su líder Stoick the Vast rugió detrás de él.
El viejo guerrero dio un leve brinco en lo que pudo librar su gancho de la tela que cubría el retrato.
–¡Stoick! –dijo llevando su única mano a su pecho –. ¡Por las barbas de Odín! ¡Ten cuidado con lo que haces, casi me matas del susto! Ya no somos tan jóvenes como antes ¿sabes?
A pesar de su perorata, su buen amigo continuó su marcha por todo el gran salón hasta quedar frente al pobre herrero que intentaba recuperar el aliento. Con las manos sobre su cinturón, le lanzó una mirada inquisitiva.
–Gobber ¿Qué estás haciendo? –le preguntó con calma.
–Nada, yo solo aquí pensando en los dilemas de la vida y las extrañas decisiones de los dioses.
Stoick no le creyó nada ante la forma en que desviaba la mirada y sacudía su gancho en el aire. Conocía muy bien a su viejo amigo como para ser engañado por él.
–Aja.
–Arg, no me vengas con eso Stoick –se quejo Gobber –. Tengo derecho a necesitar un momento a solas ¿sabes? Después de todo soy el invitado de honor de la semana de Bork.
Efectivamente, Gobber era el último descendiente vivo del famoso conocedor de dragones, Bork the Bold. Muchos de sus familiares sucumbieron ante una epidemia hacía veinte años, dejando al viejo herrero como único heredero de Bork. Y desde su juventud, Gobber había sido muy directo en que no continuaría con la línea familiar.
Ese era el fin de un legado.
–No tengo tiempo para tus charadas –soltó Stoick sin darle mucha importancias a las palabras de su amigo –. Tenemos una situación entre manos.
–¿Una situación? ¿Qué clase de situación?
–La niña que encontraron en playa ha despertado –explicó –. Al parecer es una pacifista.
–¡Que me parta el rayo de Thor! ¡¿Qué hace alguien de Quiet life tan lejos de su territorio?!
Quiet life era en realidad la isla más cercana a las tierras natales del todo el archipiélago. Era un masa de tierra tan pequeña que se perdía de vista entre la aguas de los Berserkers y las playas de los Uglitugs. Y curiosamente, en contraste al tipo de vecinos que poseían, los pacifistas que vivían en ella eran extremadamente… pacifistas. Rara vez participabas en las batallas o tenían enfrentamientos con otras tribus y preferían… dialogar. Por muchos siglos, se le consideró su isla como tierra de traidores, a donde había huido los primero navegantes que desertaban a los combates como cobardes. Con el paso del tiempo, las historias de tal lugar se volvieron leyenda, y cada otra tribu del archipiélago había decidido que era mejor no relacionarse con tales “anormales”.
–Según lo que contó a Hiccup –comenzó a explicar Stoick –, ella y su familia estaba navegando cuando fueron atacados por piratas.
–¡Piratas!
–Al parecer los asediaron hasta nuestras aguas, donde secuestraron a los padres de la niña y hundieron su bote.
–Sí realmente fueron piratas, tiene suerte de estar viva. Pero…
–Es probable que sus padres ya no lo estén…
Un silencio cargado de impotencia de apoderó de ambos hombres. Los piratas no eran raros en los mares vikingos, generalmente era ladrones y esclavistas en busca de nuevas tierras para hacer sus negocios. A pesar de que los vikingos del archipiélago apreciaban el comercio marítimo, como el de mercader Johan, lo piratas eran tan traicioneros que eran capaces de hasta vender a su propia madre por una pieza de oro.
Los vikingos los detestaban por su falta de honor y sus ataques traicioneros a pequeñas embarcaciones, como le había sucedido a la joven de cabellera negra.
–Pobre niña –murmuró Gobber lastimeramente –. ¿Pero… piratas? –pero aun así lo dudaba. Berk estaba muy cerca a la isla de los dragones, y por mucho tiempo, la presencia de tal isla era al mismo tiempo una maldición y protección contra intrusos. Muchos evitaban esas aguas ante la mayor concentración de dragones.
–Ya he ordenado a Lydia que preparen los barcos –explicó Stoick –. Quiero que tú te encargues de llamar a los guerreros. Vamos a lazar una flotilla para ver si podemos encontrar esa escoria marina si es que aún sigue en nuestras aguas.
–¡A la orden jefe! –respondió el herrero antes de marcharse en dirección de las grandes puertas de roble del gran salón tan rápido como su pata de palo se lo permitía.
–¡Gobber! –lo detuvo en seco Stoick con una potente voz –. ¿Acaso viste la pintura?
Por un momento el viejo guerrero casi cantaba victoria.
–Eh… –balbuceó volviéndose lentamente hacía su amigo y líder, encogiendo involuntariamente los hombros.
Stoick seguí plantado junto a la pintura con un semblante duro y su clásica mirada penetrante como sus manos en la cintura, dejaban en claro que no iba permitir escapar el tema fácilmente, o al menos eso pareció en un principio:
–¿No te parece grandiosa? –agregó repentinamente cambiando completamente su actitud y sonriendo como un mozalbete.
–¡Ah sí! ¡Grandiosa! – respondió el otro con descaro–. ¿Qué dice Hiccup al respecto?
–Él no ha dicho nada porque se supone que no debe verla hasta el día de exhibición. Pero conociéndolo es capaz de que ya le echó un vistazo.
–¿Y aún así no ha dicho nada? –soltó Gobber sin dar crédito a los que escuchaba –. ¿Oh Valhala? Espero que esto no te explote en la cara, amigo –murmuró de ultimo dirigiéndose de nuevo hacía a la puerta.
–¿Dijiste algo?
–¡Que ya voy por los guerreros!
-ooOO000OOoo-
La nueva choza de los curanderos se encontraba en increíble paz durante esa noche; curiosamente, eran extraños esos días sin ningún incidente. Casi siempre había un problema con la caída de mazo sobre un pie, o confundir la cabeza de alguien con un barril; era como si todos los hooligans se habían vuelto cautelosos ante la cercanía de la semana de Bork. Todos deseaban conservar todos sus miembros para tal evento.
Lo cual dejaba a Heather, la chica naufraga de cabellera negra como único paciente a cuidado en la choza.
Después de recordar el impío destino que probablemente sufrieron sus padres, la chica había caído en un ataque de histeria lo cual requirió que Honey la sedara con los fuertes vapores de las hierbas de Freya, un viejo remedio de Gothi para relajar y obtener el sueño.
Algo que sería estupendo para la joven Haddock que le hacían falta algunas horas de descanso.
Eso… si realmente ella quisiera dormir.
Aquella noche, Honey era la única despierta en aquella choza y probamente, en toda la aldea, ya con los guerreros en altamar. Permanecería de vigilar toda la noche en cuidado de la pobre Heather, como ante la posibilidad de heridos que podría haber por un enfrentamiento con piratas.
Normalmente, la joven pecosa no tendría problemas con otra noche de desvelos, sus guardias en la choza y la gran cantidad de estudios encargados por su vieja instructora, la mantenía comúnmente despierta varias noches a la semana. Pero esa era la primera vez desde el inicio de su entrenamiento para vala, que pasaba todos los días de una sola semana despierta de manera continua.
Sin olvidar el cansancio de sus deberes, los preparativos del festival, su jaqueca y lo difícil de educar a los gemelos Thorston. Honey estaba al límite. Y aunque su cuerpo le ordenaba a gritos dormir, la chica pecosa se resistía.
En la soledad de su estancia, en la parte trasera de la choza, la chica trataba inultamente de mantenerse despierta repasando de nuevo las runas. Por desgracia para ella era una tarea inútil, el sueño la obligaba a recargar su frente en la superficie de su mesa de trabajo y cerrar los ojos.
–Solo… cinco minutos –dijo para sí misma completamente agotada.
Estaba por sucumbir en el mundo de los sueños, cuando un graznido la despertó de inmediato.
Completamente alarmada, Honey se volvió hacia la ventana superior del cuarto para encontrar a dos grandes y gordos cuervos en el umbral de la misma, mirándola atentamente con sus punzantes ojos negros. Casi abismales en las profundas sombras.
Esas aves le recordaron a Honey la razón especial por la cual no deseaba dormir.
Las últimas noches, la chica había tenido un terrorífico y enigmático sueño. Generalmente sus visiones eran bastante claras y proféticas como para mantenerla en duda, y muy pocas veces resultaban abstractas o irreverentes. En esa ocasión… ni ella misma sabía que significaba sus sueños.
Siempre fue mismo, los habitantes de Berk, los jinetes, su padre e incluso los dragones caminaban como sonámbulo hasta la orilla del acantilado a un extremo de la isla, y se arrojaban sin dudarlo al mar, mientras una parvada de cuervos granabas sobre sus cabezas y los guiaba cual ganado al matadero.
Honey intentaba detenerlos, pero sus pies estaban inmovilizados por miles de serpientes de un verde brillante, que lentamente reptaban para subir por su cuerpo. Cuando pedía ayuda, encontraba a su hermano atrapado en la misma situación y mordido por una ellas.
Al final, Honey siempre despertaba de golpe y sudando, cuando una de las serpientes se enroscaba contra su cuerpo y la apretaba con fuerza. Lo más sorprendente, era que la piel del reptil le quemaba la piel, cual el fuego lo haría.
Ante la incertidumbre de su pesadilla y los involucrados en ella, la gemela se había negado en revelarle a su hermano el contexto de su sueño (al menos hasta que supiera que significara), aunque él era completamente consciente de que su gemela sufría de tales pesadillas al despertarlo por igual todas las noches por sus gritos y la extraa conexión ente ambos.
–¡Estúpidos cuervos! –maldijo la chica arrojando un nabo contra las aves de la ventana. Ante su cansancio, erro garrafalmente.
Las aves tan negras como la noche continuaron graznando, como si se burlaran de ella.
Chapter 81: Cria cuervos (Pt.8)
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Parte 8
A pesar de haber recorrido las aguas que rodeaban la isla de Berk, de los Meathead y la isla de los dragones, los guerreros de vikingos hooligans regresaron a sus hogares a la salida del sol del día siguiente sin haber encontrado ningún rastro de los supuestos piratas trasgresores.
Aún así, el gran jefe Stoick the Vast no se dio por vencido, la preocupación por su gente y su tierra lo llevó a pasar todo un día más en vuelo sobre Thornado en búsqueda de los agresores de la pobre familia de pacifistas. Pero al igual que sus guerreros, regresó a Berk con las manos vacías.
Si alguna vez hubo piratas surcando aquellas recónditas aguas del archipiélago vikingo, ya no lo hacían más.
Lo cual dejo en manos del jefe la más difícil de las tareas: explicarle a la pobre de Heather el destino incierto que habían sufrido sus padres. Era parte de ser un líder dar las malas noticias, Stoick lo había hecho muchas veces antes cuando aún la guerra contra los dragones seguía activa; se podría decirse que tenía experiencia y el tacto para hacerlo. Pero definitivamente nunca lograría ser insensible ante el sufrimiento de otro ser humano al perder a un ser querido, ya que había experimentado el sentimiento en el pasado en carne propia.
–Oh… –musitó la pobre chica de cabellera negra, algo adormilada y aún tendida en la cama de la choza de los curanderos –. Tal vez es mejor así… –dijo de ultimo antes de quedarse dormida una vez más.
Su reacción preocupó a varios aldeanos, a pesar del esclarecimiento de Honey sobre el efecto secundario de las hierbas de Freya. El aturdimiento, la desorientación y la somnolencia eran comunes al tomar tal remedio para el descanso, algo que necesario con urgencia para Heather ante su reciente infortunio. Aún así, los vikingos eran seres supersticiosos y bastantes intolerantes, en especial con lo que les resultaba diferente o desconocido, un ejemplo claro era como habían tratado a los gemelos Haddock durante años.
–De acuerdo, perdió a sus padres –rumoreaba uno de los vikingos de la aldea a los oídos chismosos de sus vecinos –. Todos hemos perdido a un ser querido.
–Sí, pero ella es un pacifista –objetaba una mujer –. La pobre no conoce de eso.
–¿Pero que sí queda chiflada? –preguntaban otros –. Por Thor ¿Qué se haría con ella?
–Qué regrese a su isla –sentenció uno.
–Escuche que el jefe Stoick mandará una carta en la próxima visita del mercader Johan a Quiet Place con la esperanza de encontrar algún familiar que la recoja.
–¿Y si no tiene a nadie? ¿Se quedará aquí?
–¡Nos libre Freya!
–¡Es un mal augurio! – mascullaba Mildew a la mitad de la aldea posado sobre su carreta de repollos –. ¡Nos traerá una maldición de Loki! ¡La desgracia! ¡Arrojémosla de nuevo al mar!
Por suerte para Heather, el jefe Stoick no permitió que la locura escalara más de las demenciales declaraciones de Mildew, que para ese momento, ya todos en la aldea habían aprendido a ignorarlas. Y también, el que la joven morena permaneciera la mayor tiempo descansando, la mantuvo a salvo e ignorante de los rumores a su alrededor por un tiempo.
Pero una vez que ésta ya pudo sostenerse de pies, no fue el punto final de los rumores. La chica de cabellera negra continuó siendo la comidilla de los chismes a sus espaldas, ya que nadie se atrevía decirlo en su cara ante la constante presencia de los jinetes de dragones a su lado.
Al contar con una edad parecida a los chicos de la generación de Hiccup, resultó fácil para Heather acoplarse más a ellos; claro, una vez que perdió el miedo a los dragones. Al parecer, los rumores sobre los entrenadores de dragones en Berk aún no llegaban a lugares tan lejanos del archipiélago como Quiet Place, lo que resultó un alivio para Hiccup y el padre de éste.
Pero la presencia de la pacifista entre los jinetes no estuvo lejos de dar problemas. En un principio, todos los jóvenes y sus dragones la aceptaron sin miramientos casi como si fuera uno de ellos, pero con el paso de los días, el comportamiento de la chica comenzó a resultar sospechoso para una persona en particular.
–Algo no me agrada de ella –admitió Astrid cruzando sus brazos sobre su pecho, mientras contemplaba a Heather reír en compañía de los chicos y sus dragones en el centro de la academia.
Y decir simplemente “no me agrada” era quedarse corto con el sentimiento que en realidad Astrid percibía de Heather. Lo joven doncella guerrera en entrenamiento podía jurar que cada vez que la chica de cabellera negra como la noche abría la boca para decir algo, Astrid sentía más repulsión hacía ella. No tenía razón, ni sentido, era simplemente un hecho, y por ello la rubia estaba convencida de que no podía confiar en ella.
–A mí también –sentenció Ruffnut a su lado, adoptando la misma posición que Astrid –. Mira como babean por ella es… es… asqueroso –soltó haciendo una morisqueta.
Ese era otro punto (no el principal, lo podía jurar Astrid) que molestaba de la recién llegada. Desde su recuperación del ataque pirata, Heather era un imán para los hombres… literalmente. Los chicos prácticamente se peleaban por estar cerca de ella, hablarle o tener su atención, y la morena parecía disfrutarlo a sus anchas.
Pronto su interés se volvió hacía los dragones, de los cuales los chicos no tardaron en explicarle cada mínimo detalle. Sabía que Snotlout le había mostrado su truco de aros de fuego con Hookfang; Tuffnut la llevó a quemar los silos de Stevensons con ayuda de Barf y Belch; y Fishlegs le había enseñado diferente clases de dragones en compañía de Meatloug. Pero la cereza del pastel, fue que Hiccup la llevara a dar un paseo sobre el lomo de Toothless cuando le había prometido a Astrid en primer lugar, una carrera de dragones.
Y los actos de adoración del club de fans de Heather no terminaban ahí, Lars Thorston la había invitado a cenar con su familia sin mucho resultado; Gustav Larson y Cluless Dubrain adoraban la tierra lodosa que pisaban sus botas y reían como tontos cada vez que ella les sonreía.
Fue el colmo, que con el paso de los días, la mayoría de los hooligans que habían llegado a rumorear en contra de Heather, habían cambiado de opinión y no hablaban más que maravillas de la chica recién llegada de la cual a principio de la semana injuriaban como esbirro del Helhiem.
–Me enferma –admitió Ruff acertando en el sentimiento de la joven Hofferson.
–¿Por qué no vas y se los dices? –dijo la voz adormilada de Honey detrás de las otras dos chicas. La pecosa Haddock se encontraba recostada sobre el suelo de la arena, con su cabeza recargada en la barriga blanquecina de Furry, que descansaba plácidamente a diferencia de su jinete con terrible problemas para dormir.
La falta de sueño había hecho estragos en Honey. La niña se encontraba más delgada de lo normal, su pelo había perdido su brillo, había unas líneas negras bajo sus ojos y casi nunca podía abrir sus parpados.
–¡Pues creo que lo haré! –aceptó Ruffnut como un reto.
–¡Ruff! ¡Espera! –la llamó Astrid sin resultado, ya que la otra rubia marchó con los hombros en alto y los puños cerrados en dirección de la morena y el resto de los jinetes.
Debido a la distancia, Astrid no pudo saber las exactas palabras que uso Ruffnut, pero ante su lenguaje corporal podía jurar que era algo como “te odio” “ojala te mueras” “y come tierra”. Sorprendentemente, unos segundos después y con unas misteriosas palabras por parte de Heather, la gemela Thorston era una masa de felicidad risueña sonrojada.
–Fantástico, la perdimos –dijo Astrid molesta con el resultado –. Gracias, Honey.
A lo cual, la gemela Haddock respondió levantando su dedo pulgar en el aire.
–¡Muy bien chicos! –llamó Hiccup a todos los jinetes y sus dragones dando leves palmadas al libro de dragones que llevaba en sus manos–. ¡Todos, atención! –pero como nadie parecía escucharlo, Toothlees tuvo que lanzar un disparo al aire para hacerlos callar de inmediato –. Gracias, amigo. Muy bien, estamos a solo dos días de que de inicio la semana de Borg y toda la aldea espera con ansias que tenemos planeado para las celebraciones. Y en el caso de Mildew, como lo vamos a echar a perder. ¡Así que hay que demostrarle que está equivocado! –dijo con ánimo, pero ante la cara inerte de sus amigos, agregó –: o al menos intentarlo.
–Estoy muy emocionada por ver que pueden hacer con sus dragones –comentó Heather siendo la única entusiasmada del grupo –. No había visto una festividad como el suyo… en realidad, nunca había estado en un festival antes.
–No te preocupes Heather –dijo Snotlout a su lado con gran coquetería –, te aseguro que Hookfang y yo no vamos a decepcionarte. Cuando terminemos, quedaras tan satisfecha que rogaras por más–sentenció con un leve gruñido.
La joven de cabellera negra solo sonrió nerviosa en respuesta.
–Gracias, Snotlout –agregó Hiccup –. Eso se escuchó… increíblemente sucio.
–¡¿Qué?!
–Solo espera a ver los acto de fuegos dragoniles del Tuffnut –interrumpió de repente el gemelo rubio empujando a un lado al ancho Jorgeson de la chica nueva –. Las chispas de Barf y Belch lo hacen de puta madre –agregó tomando a la pobre Heather de los hombros.
–“Nuestros” fuegos dragoniles, idiota –le aclaró Ruffnut cruzando sus brazos sobre su pecho.
–Chicos ¿qué les dijes de su idea de los fuegos dragoniles? –trató de calmarlos Hiccup, pero claramente la frustración comenzaba a apoderarse de él.
–Oh oh, Hiccup –saltó Fishlegs dando un paso a delante –. La noche de poesía está casi lista. He preparado varios versos y tenemos muchos voluntarios en la aldea dispuestos a participar. ¿Te gustaría ser parte de la lectura, Heather? –le preguntó a la morena con un leve sonrojo en su regordetas mejillas.
Ella le respondió con una sonrisa.
–“Marica” –soltó Snotlout en un mal intento de hacerlo pasar por estornudo. Los gemelos se rieron sin ninguna discreción.
–¡Snotlout! –lo reprendió Hiccup, antes de volverse a Heather –: En realidad nos encantaría que participaras.
–¿Aunque yo no tenga un dragón?
–No es necesario un dragón para ser parte de la diversión –señaló Fishlegs con entusiasmo.
–Además, siempre puedes volar conmigo y Hookfang.
–Para que volar detrás de un sudoroso y apestoso saco de Snotlout, cuando puedes volar en tu propia cabeza de Zippleback con el Tuffnut.
–¡Hey, yo voy en esa cabeza!
–Chicos, muchas gracias por aceptarme –soltó Heather ante tanta devoción –. Realmente su apoyo ha sido de gran ayuda en estos momentos difíciles para mí. Y estoy muy alagada de que quieran que sea parte de su grupo.
–Espera… –intentó interrumpir Astrid por primera vez en la conversación, pero fue ignorada.
–Claro, Heather –dijo Hiccup posando su mano en el hombro de la chica morena–. Sí deseas quedarte en Berk, eres bienvenida.
–Un momento… –se acercó Astrid.
–Gracias chicos –respondió la morena –. Pero necesitare donde quedarme…
–¡Puedes quedarse con nosotros! –rápidamente Ruff ofreció su hogar.
–¿En tu casa mal oliente? ¡Ja! –se burló Snotlout –. Mejor quédate conmigo en la mansión Jorgenson –agregó con tono grave.
–¿Mansión? –se carcajeó Tuff secundado por Barf y Belch.
–En tu casa hay muchas personas para que invites a alguien más, Snotlout –señaló Hiccup.
–¡Se puede quedar con nosotros! –sugirió Honey a lo lejos aún recostada contra el vientre de Furry.
–¡Que buena idea!
–¡¿Qué?! –soltó Astrid.
–¿Preferirías que se quedara contigo, Astrid? –preguntó Fishlegs intuyendo erróneamente la reacción de la rubia.
–¡No!
–Está decidido, te quedaras con nosotros –aceptó Hiccup con una gran sonrisa.
–Fantástico –Heather dio un brinco de alegría animada ante la situación.
–¡Me lleva Loki! –maldijo Astrid sin recato.
–Oh oh oh –saltó de nuevo Fishlegs muy animado –. ¿Podemos conseguirle a Heather su propio dragón? Así será definitivamente una de nosotros –propuso con la rápida aceptación del resto de los jinetes a su idea. Claro, con la excepción de la rubia, quien se quedo con la boca abierta.
–Creo que es muy pronto para ello –explicó la misma Heather dándole a Astrid un leve respiro y un falso sentimiento de tranquilidad –. Pero me gustaría aprender primero a como entrenar uno.
–Bueno, yo podría enseñarte… –insinuó Hiccup dándole una leve palmada al libro de dragones en sus manos. Pero antes de que pudiera terminar la promesa que estaba por hacer, Astrid tuvo suficiente. Tomó uno de los delgados brazos del muchacho y comenzó a arrastrarlo en dirección contraria al grupo, mientras el pobre gemelo pecoso se quejaba del fuerte apretón.
–Tú… yo…tenemos que hablar –masculló la rubia apretando los dientes, mientras marchaba en dirección de la entrada de la academia ante la mirada estupefacta de sus amigos.
-ooOO000OOoo-
Astrid arrastró al pobre gemelo Haddock hasta la entrada de la academia, lo más lejos posible de los oídos de sus compañeros jinetes, y por supuesto, Heather. Hiccup pronto se encontró con la espalda contra la pared exterior de la estructura y la rubia frente a él con ambas manos a lado de su cabeza, arrebatándole cualquier ruta de escape.
Para el chico pecoso no quedaba dudas que algo serio molestaba a Astrid, ante su mirada penetrante y la clásica mueca en su boca que hacía cada vez que estaba furiosa. El chico solo esperaba que esa frustración no fuera dirigida a su persona.
–¿Q-qué… qué pasa, Astrid? –masculló el muchacho algo intimidado.
–Eso es justo lo que yo estaba preguntándome –respondió la rubia aplastando con la mirada al joven delate de ella.
–¿Qué quieres decir?
–¿Crees que sea buena idea que le enseñemos a ella todos nuestros secretos?
–¿Te refieres a Heather?
–¡Claro que me refiero a Heather! –gritó Astrid a todo pulmón siendo audible para todo el que estuviera a su alrededor, así como aquellos dentro de la academia. Ante sus gritos, Toothless y Stormfly corrieron a la entrada para asegurarse que sus jinetes estuvieran perfecto estado.
–Estoy bien, amigo –le aseguró Hiccup a su dragón una vez que este coló su cabeza entre su jinete y la rubia, separándolos por sí acaso –. Astrid, no entiendo que es lo que te preocupa tanto.
–¡Es… ella! –puntualizó ésta en respuesta demostrando su frustración con ademanes de los brazos –. No sé porque, no entiendo porque, pero por una razón no confió en sus palabras.
–¿Cuáles?
–¡Todas! Llegó a nuestra isla de milagro con una historia con demasiado huecos que no se pudo demostrar.
–Que los guerreros no hayan encontrado a los piratas, no quiere decir que no es cierto lo que dijo.
–… no actúa como normalmente lo haría alguien que perdió a sus padres… –continuó la chica como si no hubiera habido interrupción.
–Astrid, tú y yo hemos perdido a seres queridos –indicó el chico con calma –. Y los dos tenemos formas muy diferentes de demostrar nuestro dolor. Heather no puede ser muy diferente a eso.
–…y ahora todo este repentino interés de cómo entrenemos a nuestros dragones…
–¿Y por qué no? Ellos son maravilloso –dijo el Hiccup frotando con dulzura la cabeza de Toothless.
–Simplemente no creo que debamos revelarle a una desconocida todos nuestros secretos.
–Y comprendo tu preocupación –aceptó el muchacho con una simpática sonrisa –. Pero Heather no nos ha dado razón para desconfiar. Se merece la oportunidad –agregó tranquilamente bajando la guardia.
Grave error, ya que Astrid respondió a su comentario con un rígido similar al de un animal herido. Hiccup nuevamente se vio atrapado contra la pared exterior de la academia, con los libros de los dragones apretado contra su pecho y cubriéndose con la cabeza de su night fury, casi aterrado por la furia de la rubia que por alguna razón aún deseaba que fuera su novia oficial.
–¡Maldita sea! –maldijo Astrid pateando el suelo y lanzando puñetazo al aire ante la mirada estupefacta de los dragones –. ¡Me cago en los dioses! ¡Con un demonio, Hiccup Haddock III! –Con cada grito y golpe la furia en la rubia fue disminuyendo, hasta que quedo completamente agotada frente al joven pecoso y temeroso atrapado contra la pared –. ¿Por qué siempre tienes que ver lo mejor de la gente? –le preguntó ya sin energía pero al mismo tiempo, frustrada como conmovida.
Hiccup solo encogió los hombros.
–Está bien –aceptó la rubia después de un largo suspiro –. Le daré una oportunidad a Heather… por ti.
–Gracias, Astrid….
–Pero a la primera que haga… –advirtió la joven doncella guerrera pasando uno de sus dedos por su cuello.
–No podía esperar menos, Astrid Hofferson –dijo Hiccup dulcemente aproximándose a ella para darle un suave beso en la mejilla para sellar las paces entre ambos. Pero éste no llegó ante un gruñido de Toothless. Y como una flecha, paso entre ambos jóvenes para dar la vuelta en uno de los extremos de la academia. Al perderse de vista, lo único que alcanzaron a escuchar fue su rugido característico.
–¡Toothless! ¡¿Qué pasa muchacho?! –Hiucup y Astrid corrieron detrás de él, seguidos de cerca de Stormfly.
Pero lo que se toparon del otro lado de la academia, fue al dragón de ébano aprisionado a un fisgón contra la tierra humada del suelo que intentaba escapar sin resultado de las garras del night fury.
– ¿Mildew? –dijo Hiccup reconociendo al anciano decrepito.
–¿Qué haces aquí? –le riñó Astrid sospechando algo sucio.
Chapter 82: Cria cuervos (Pt.9)
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Parte 9
Nótt había hecho presencia sobre la isla de Berk, trayendo consigo la noche y el sueño a sus habitantes. La tranquilidad reinaba en la aldea con tal intensidad, que se podía escuchar con claridad las suaves olas chocando contra la costa, los dóciles ronquidos de los dragones que dormitaban sobre el techo de las casas y los pasitos de los roedores que mordisqueaban las botas dejadas a la intemperie a orear.
Esa misma calma se encontraba en los corazones de los habitantes de la isla ante la perspectiva de la semana de Bork. Ya solo dos días se interponían a lo que era visto como los días más felices del año vikingo. Así que la penumbra no era obstáculos para los peludos Hooligans a sus sueños, en realidad, alentaban sus ilusiones y fantasías.
Pero la oscuridad de las sombras de la noche era tan profunda que nadie se hubiera percatado del pequeño bote que amarró en la costa opuesta del muelle, oculto por la espesura del bosque. E igualmente, resultó imperceptible para los pocos miembros de la guardia de Berk que permanecían vigilantes en sus puestos, como una menuda figura se escurría por los apretados callejones entre las casa, en su silencioso recorrido hasta la misma costa.
Y luego por la orilla del bosque, solo las pequeñas ramas que sucumbían ante sus pasos eran los únicos delatores de aquel individuo misterioso. Por suerte para él, ya se encontraba lo suficientemente lejos para que sus pasos fueran realmente escuchados. Pasaban ya de la media noche cuando finalmente alcanzó su objetivo, aquel forastero navío y sus pendencieros tripulantes.
–¡Carajo! ¡Ya era hora que aparecieras! –le recriminó Savage al recién llegado con claro reproche.
Saltando las últimas rocas que lo separaban del navío, el misterioso sujeto que se escabulló entre las sombras, se reveló ante los bandidos bajo la luz de la luna menguante y su reflejo en el mar. No era otra que la jovencita naufraga de cabellera oscura como el plumaje de un cuervo.
–Maldición –maldijo ésta entre susurro preocupada, mirando constantemente sobre su hombro –. ¿Quieres bajar la voz, Savage? Todo Berk va a escucharte.
–¿A sí? –se burló éste con las manos en su cinturón –. ¡Hay Outcasts en la isla! –gritó a todo pulmón ante las carcajadas de su compañeros marinos –. ¡Nos invaden los más fuertes y guapos Outcast del mundo! ¡Stoick the Vast tiene cara calamar aplastado y huele a plasta de yak! –y guardó silencio, esperando por alguna respuesta ante su blasfemias. Nadie acudió, nadie escuchó –. Ves niña, aquí nadie podrá oír –sentenció con una cínica sonrisa.
En el pasado los outcast habían logrado invadir la isla de Berk con éxito en varias ocasiones ante la terquedad y soberbia de los mismos habitantes de la isla, así que los bandidos ya sabían de antemano los puntos más débiles de aquella roca. Mientras no se acercaran a la aldea, permanecerían ocultos.
Aún así Heather dudo, miró por los alrededores nerviosa, esperando que algún guerrero Hooligan apareciera entre la maleza y los arboles. Pero no fue así, no importaba que el corazón de la joven estuviera por saltar de su pecho.
–De acuerdo –aceptó ella a regañadientes –. Me imagino que Alvin quiere mi informe de la situación. Ya estoy cerca de conseguirlo, pero necesito más tiempo –explicó tratando de mantener la calma –. Logré entrar a la casa del jefe, solo es cuestión de…
–Nah ah ah –la interrumpió Savage de golpe, negando con su dedo índice. Sus compinches en el bote se rieron a costa de la pobre chica –. ¿Crees que estoy aquí para escuchar tus palabras, lengua de serpiente? –le escupió despectivamente.
–Pero…
–No se puede confiar nada de lo que salga de tu linda boquita y lengua viperina –el outacast se plantó frente a la chica, intimidándola con su altura y anchura. Heather, quien le llegaba al ombligo, trató de mostrarse firme, pero el temblor en sus manos no le ayudaba –. No me interesa saber cómo va la misión y a Alvin tampoco, solo que obtengas el premio mayor.
–¿Entonces qué haces aquí? –le escupió despectivamente ella por igual, clavando sus intensos ojos verdes en el bandido.
Savage, sonrió satisfecho.
–Para entregarte la segunda parte del plan.
Le tendió a la morena un arrugado y feo pergamino, definitivamente escrito por Alvin ante su pésima caligrafía. Aún así, resaltaba legible para la chica, quien lo leyó de arriba abajo dos veces sin poder creer el mensaje en el papel.
–¿Qué es esto? –se quejo frustrada una vez que terminó, indicándole a Savage susodicho pergamino.
–Las nuevas órdenes de Alvin y si quieres obtener tu parte del trato, será mejor que cierres la bocaza y hagas lo que se te ordena. ¿No querrás decepcionar a mami y papi?
Los ojos de Heather llamearon en furia.
–¿Y como se supone que voy a hacer esto en un día? Necesito… –intentó quejarse, pero nuevamente fue interrumpida.
–No sé, no me importa –dijo el bandido burlón, ganándose otra carcajada de su compañeros. Con calma, Savage comenzó a caminar alrededor de Heather, en lo que ella trataba de mantenerse inmutable –. Pero estoy seguro que alguien con tus dones será capaz de lograrlo – agregó pasando suavemente uno de sus mugrientos dedos por la cabellera en la nuca de la chica.
Un escalofrió recorrió la espalda de Heather en respuesta.
–¿Y de verdad “eso” está, donde dice que estará? –preguntó –. ¿Cómo es posible?
–Alguien ya se ocupado de ponerlo ahí –respondió el otro –. ¿Qué pensabas, niña? ¿Qué Alvin había apostado todas sus monedas a una sola mano? –tomó el mentón de Heather obligándola a verlo directo a los ojos, y las defensas de éstas se desmoronaron cuando Savage la sintió temblar sobre su palma –. Tenemos a uno de los nuestros dentro de la aldea desde hace tiempo preparando los últimos detalles. Así que ponte atenta, niña, porque te estamos vigilando.
Finalmente, el outcast la soltó dirigiéndole una morisqueta de dientes chuecos y amarillos. Sin decirle más por el momento, el bandido se encaminó de nuevo a su pequeño bote, que pronto sus compañeros comenzaron a alejar de la costa, antes de que la chica pudiera decir algo para deteneros.
–¡Ah por cierto! –le gritó Savage de ultimo a lo lejos –. ¡Te aconsejo que busques una forma de escapar de la isla por tu cuenta, porque nadie vendrá por ti!
Una sonora carcajada resonó en la oscura noche, en lo que el pequeño barco desapareció en la aguas, dejando a la pobre de Heather sola en la costa.
–Hijo de puta –maldijo la joven morena furiosa destrozando el pergamino en sus manos.
Chapter 83: Cria cuervos (Pt.10)
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Parte 10
El gran salón de la isla de Berk era no solo un comedor comunitario para la aldea, sino también el centro de las principales festividades donde se llevaban a cabo las reuniones del consejo y servía en casos de emergencia como albergue y fortaleza contra peligros externos.
Era una tradición vikinga contar con uno en cada aldea. Era una forma sencilla para convivencia pacífica, los festejos y la relación entre los diferentes clanes. Los salones vikingos eran un icono y elemento fundamental de su civilización.
Pero en Berk, la mayoría de las mañanas, el gran salón no era tan diferente a cualquier comedor en alguna casa. Solo que en él se preparaba un festín desde las cocinas internas, para que cualquier habitante de la aldea pudiera servirse por simplemente desear comer algo diferente, alejarse de una esposa regañona o ser un haragán para no preparar sus propios alimentos.
Esa mañana no había sido muy diferente a otras, a pesar de la proximidad del mayor festival del año. Hiccup y Astrid habían decidido compartir sus desayunos juntos en aquel característico salón de la aldea Hooligan.
–No lo entiendo, Astrid –se quejó Hiccup, mientras la señora Stevens (a la cual le había tocado preparar la sopa ese día) le servía un cacharon humeante de potaje en su plato –. Esta no es la primera vez que lo hace –se hizo a un lado permitiendo a la rubia acercarse al gran caldero –. ¿Por qué tiene que la necesidad de espiarnos? ¿Qué consigue con ello?
–No lo sé, Hiccup –dijo ésta caminando directo a la mesa de panes y viandas –. Pero no se puede confiar nada viniendo de Mildew.
El incidente de la tarde del día anterior no había sido un acontecimiento aislado. El viejo Mildew ya en varias ocasiones había intentado colarse a las juntas de la academia, interferir en su planeamiento del festival, así como la vez que lo encontraron husmeando en la herrería de Gobber.
Cualquiera diría que buscaba arruinar sus planes para el festival a Bork, pero con aquel anciano decrepito, solo se podía esperar lo peor.
–Lo tengo presente –contestó a su vez el gemelo pecoso, tomando una hogaza delegada de pan y un par de cubiertos –. Solo espero, que no sea otro incidente como el de las flores oleander azules –agregó recordando desagradablemente la terrible plaga que casi acabo con la vida de sus dragones.
–Y yo esperaba que con una mordida venenosa de Misery, el viejo esperpento hubiera aprendido la lección por cabrón y entrometido –señaló Astrid marchando a la mesa más próxima –. Y hablando de entrometidos… –completó al percatarse quien se encontraba con el resto de los jinetes en la mesa que disponían comer.
Sobre la gruesa y tosca madera, se encontraba recargada Heather con una enternecedora (pero falsa a los ojos de Astrid) sonrisa, en lo que Snotlout y Tuffnut intentaba hacerla reír.
Fishlegs, frente a ella, trataba de agregarse a la conversación, mientras Ruffnut miraba con resignación su plato con sopa. Y en el extremo de la mesa se hallaba Honey, recostada sobre la superficie completamente ausente de lo que sucedía a su alrededor.
Ninguno de los dragones de los jinetes se encontraba con ellos del momento. Todos, incluido Toothless, habían sido reunidos en los comederos para un largo festín de arenques recién capturados. Necesitaba una panza llena para el duro trabajo que se les venía encima.
–Astrid, por favor –le pidió Hiccup con paciencia, aunque comenzaba a resultarle cansado la actitud de la rubia –. Creí que había quedado todo claro sobre Heather ayer.
–Y dijiste que si hacía algo que no fuera de fiar creerías en mis palabras –objetó ella –. Pues adivina, encontré a la señorita “ténganme compasión” husmeando temprano al amanecer en el establo de Stormfly.
–¿Qué? ¿Le hizo algo a Stormfly?
–Eh… ese no es el punto –balbuceó Astrid –. Lo que es preocupante es el que este husmeando por mi casa en la madrugada y molestando a mi dragona.
–Pero aún no me dices que hacía…
–Es que eso no es lo importante…
–Astrid –Hiccup le lanzó una mirada en insistencia.
–¡De acuerdo! ¡Le daba de comer pollo a Stormfly!
–¿Pollo? –se exaltó Hiccup –. ¿Acaso el pollo le cae mal a Stormfly?
–¿Qué? ¡No! –dijo Astrid rápidamente –. En realidad le ayuda mucho a su peso –pero pronto se dio cuenta de su error al revelar su secreto, cuando Hiccup le señaló acusatoriamente:
–¡Con que esa es tu técnica secreta para mejorar su velocidad!
–Hiccup te estás desviando del punto –insistió Astrid tratando de no mirarlo a los ojos –. Heather alimentaba a mi dragón sin mi permiso.
–Tal vez simplemente practicaba como ganarse su confianza –sugirió el chico con calma –. Heather podría interesarle tener su propio nadder.
–¡Maldición! –se quejo la rubia casi lanzando su plato al suelo, ganándose las miradas de otros aldeanos en las mesas contiguas–. ¡Y de nuevo desestimas mis sospechas!
–Astrid te dije que te apoyaría –sentenció Hiccup con insistencia –, pero solo en caso de que Heather haga algo realmente malo, y darle de comer Stormfly su alimento preferido, no lo es. Ahora, por un minuto puedes dejar tus sospechas y tener un desayuno con los demás en calma –dijo de último, casi suplicante –. ¿Por mí?
Hiccup le lanzó una mirada lastimera con sus grandes ojos verdes (algo que aprendió de Toothless), que la joven doncella guerrera no pudo enfrentar.
–De acuerdo –aceptó de mala gana –. Pero no prometo nada. Los gemelos y Snotlout también están en la misma mesa.
–Puedo vivir con ello.
Finalmente de acuerdo, terminaron el corto recorrido hasta la mesa donde comían sus amigos.
–Hola chicos –saludó Hiccup tomando asiento.
–Hola Astrid –saludó Heather con una sonrisa.
–Hola Heather –respondió de mala gana la rubia sentándose junto al gemelo pecoso.
La tensión en la mesa era fácilmente perceptible, que se podía hasta cortar con un cuchillo de mantequilla. Por lo que Hiccup se apresuró a decir:
–Esta será nuestra última oportunidad de aclarar cualquier duda. ¿Están todos listos para mañana?
–¡Ah con un carajo! –gruñó Snotlout golpeando con su puño la mesa, haciendo que los platos dieran un leve brinco –. ¡Por última vez, sí! Fastidias más que mi madre cuando quiere que me lave las orejas.
–Sí –secundó el gemelo rubio –, el Tuffnut ya está cansado de escuchar lo mismo.
–Y hablando de escuchar lo mismo… –señaló Astrid –. ¿Cuándo vas a dejar de hablar de ti en tercera persona?
–El Tuffnut no tiene idea de quién es esa tercera persona de la que hablan.
Rápidamente, unas miradas inquisitivas por parte de los presentes dominaron la mesa, hasta que al final todos los ojos terminaron en la otra gemela rubia.
–No me miren a mí –respondió ésta –. Es un milagro de los dioses que él tan siquiera pueda hablar.
Ante tanto barullo y varios golpes de martillo que provenían del otro extremo del salón donde Gobber intentaba reacomodar unos escudos de madera pintados, Honey, quien parecía haber estado dormida todo el tiempo, soltó unos leves gemidos de vida, en lo que débilmente se sacudía sin levantar la cabeza de entres sus brazos.
–¿Honey? –la llamó Hiccup cautelosamente al percatarse de su incomodidad.
Pero lo único que obtuvo en respuesta fueron más gemidos.
–¡Honey! –la llamaron todos a la vez haciéndola levantarse de golpe.
–¡Estaba así cuando llegue! –exclamó ella completamente desorientada, en lo que un hilito de baba escurría de su mejilla.
–Honey ¿Estás bien? –le preguntó inmediatamente su hermano, al presenciar su aspecto tan deplorable. Hasta pequeñas ramitas de plantas estaban atoradas en su cabellera mal trenzada.
–Sí, te ves terrible –agregó Astrid antes de que la gemela pecosa tan siquiera pudiera articular alguna respuesta, pero cuando lo hizo, dijo:
–Y tú te vez gorda con esa falda –pero se apresuró a añadir frotándose su ojos irritados –: Perdón, no he dormido bien y la falta de sueño no me ayuda a formar insultos inteligentes.
–Ah… –musitó Astrid con fastidio – te perdono.
–Fishlegs –pero la suave voz de Heather distrajo la atención de la castaña famélica de sueño a su persona–. ¿Qué es lo que hace Gobber? –indicó al viejo guerrero en la esquina del gran salón en su ardua tarea.
–Oh, esta reacomodando los retratos de los antiguos jefes y líderes de los hooligan –explicó el joven regordete con orgullo –. Es una tradición de la semana de Bork recordar nuestros orígenes y todos los héroes que nacieron en Berk–le dirigió una sonrisa a la morena, que ni lenta y ni perezosa, devolvió.
–Sí, muy bonito, Fishface –interrumpió Snotlout colándose entre ambos jóvenes –. ¿Pero sabes que es más interesante? –dijo dirigiendo solo a Heather –. Que te platique de mi maravilloso nacimiento.
–Wow, wow –soltó Tuff sacudiendo sus brazos –. ¡El Tuffnut no quiere saber eso, Snotface Snotlout!
–¿Por qué? ¿Qué dije?
–¿Podemos acércanos a verlos? –soltó rápidamente Heather en clara intensión de huida. Y sin esperar respuesta de Fishlegs, se levantó de su asiento y se encaminó directo a donde estaba Gobber.
El chico regordete la siguió de cerca, junto con Snotluot, Tuffnut y Ruffnut, quien ésta última no tenía idea de lo que estaban hablando. Ya de último, Hiccup los siguió alarmado, cuando se percató que su retrato (aún cubierto con el lienzo blanco) estaba muy cerca de donde iban sus amigos, dejando a Honey y Astrid, solas en la mesa.
–¿Ahora por qué tanto interés en el arte? –comentó la rubia con despecho sin dirigirse a nadie en particular.
–No puedes con esos celos ¿verdad, Astrid? –soltó a su Honey secamente, justo cuando la doncella guerrera se llevaba una cucharada de sopa a la boca. Como resultado, el potaje terminó desparramado sobre la mesa de madera ante el chorro que salió de la boca y la nariz de Astrid.
–¿No s-sé… de qué estás hablando? –tartamudeó ésta tratándose de limpiar inútilmente su rostro y ropas. Pero el daño ya estaba hecho, ya era la atención principal del resto de los comensales del gran comedor.
–Mira Astrid, no tengo energía para dar rodeos o tan siquiera molestarte –admitió Honey con mirada perdida e inmutable –; por eso iré directo al punto. Quiero que Hiccup sea feliz. Y si esa felicidad está contigo, no me opondré sin importar lo mucho que me desagrades…
–Oh… gracias, supongo…
–No he terminado. Pero igualmente, si él ya no siente lo mismo, sea por decisión propia o desilusión de tu parte o porqué alguien nuevo entró a su corazón… tú vas a dejarlo ir.
Chapter 84: Llora por mí
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Llora por mí
Ningún suspiro en el viento,
Frio que hela el cuerpo,
Cae un atardecer sangriento,
Las lágrimas cubren el suelo.
~o~
Padre afligido,
Vástago victorioso,
Rey orgulloso,
Hermano rencoroso.
~o~
Como ríos de risos dorados,
Teñidos de rojo carmín,
Las esperanzas y sus sueños robados,
Por los labios sucios del parlanchín.
~o~
Padre furioso,
Hijo traicionado,
Hermano ponzoñoso,
Compañero desconsolado.
~o~
Rechazado por su rareza,
Odiado por tu perfección,
Admirado por su destreza,
Amado por tu corazón.
~o~
Padre afligido,
Vástago muerto,
Reinado perdido,
Por engaños se disoluto su puesto.
~o~
Por Thor, Odín y Freya,
El perdón no ha sido otorgado,
Un teatro se ha vuelta la faena,
El pobre joven despedazado.
~o~
Hermano furioso,
Hermano desconsolado,
Hermano, por favor perdona
Cada uno de sus pecados.
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Chapter 85: Cría cuervos (Pt 11)
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Cría cuervos… (Parte 11)
–Éste es Lars “Bubblebelly” Ragnarsson y su hijo Svend IV –explicó con gran elocuencia Fishlegs a Heather señalando uno de los escudos pintados con la cara de dos vikingos greñudos que posaba en la pared junto a los demás antiguos líderes de Berk–. Eran conocidos por ser unos lobos de mar, aventureros y…
–Y unos completos ebrios –interrumpió Snotlout a sus espaldas, acompañado de los dos gemelos Thorston. A ninguno de ellos le gustaba como el regordete Ingerman acaparaba la atención de su nueva amiga –. Al menos eso decía mi abuela.
Fishlegs frunció el seño, pero se contuvo dar una respuesta antes de continuar.
–Estos de aquí son Brugg “The Wild” y su quinto y único hijo varón, Knut “One eye” –indicó el chico recobrando su sonrisa ante la mirada expectante de la morena –. Son los antepasados más antiguos que tenemos conocimiento de las tierras natales. En realidad fueron ellos dispuestos por el mismo rey Ragnar a buscar nuevos territorios. Knut descubrió por sí mismo la isla que se convertiría en el hogar de los Lava Luts.
–¿Por qué le decían “One eye”? –preguntó Heather mientras sus ojos crecían como platos ante la explicación de Fishlegs. Los otros tres jinetes detrás de ellos gruñeron en sincronía en fastidio.
Sí hubieran querido oír una clase de historia, hubieran preferido escucharla de Honey. En su estado actual, probablemente ella se hubiera quedado dormida a la mitad de la explicación liberándolos de la tortura. Pero en cambio Fishlegs estaba más fresco que una lechuga y disfrutaba mucho el interés de Heather por lo que tuviera que decir. Eso lo hacía sentirse importante.
Por desgracia, cuando estaba por responder, alguien más interrumpió su gran momento:
–Por Odín –soltó Gobber de repente–, hay muchas versiones –explicó mientras martillaba gruesos clavos en la pared de roca del gran comedor para los cuadros que le faltaban colocar –: una dice que perdió un ojo durante una batalla contra un nigthmare, otra que fue contra un romano, la más popular dice que se quedo dormido junto a un cuchillo para filetear pescados. Pasa más seguido de lo que se imaginan –agregó indicando con su garfio a sus espaldas al viejo Stevenson que lucía un parche negro sobre su ojos derecho –. La verdad tal vez nunca lo sabremos.
–¿Quiénes son esos Gobber? –le preguntó Heather entusiasmada indicando el nuevo escudo que acababa de colocar en la pared.
–¡Oh oh oh! ¡Ellos son lo Hamish! –rápidamente se adelantó a contestar Fishlegs al reconocer a los vikingos rubios pintados en la madera; eso resultó fácil ante el buen estado del escudo a pesar de los años guardado (alguien lo limpió anteriormente, o al menos eso pensó Gobber) –. Según el árbol genealógico del archipiélago, son descendientes directos del mismo rey del Wilderwest.
–¡Bah, eso es plasta de yak! – Gobber escupiendo al suelo con hastío y casi lanzando el escudo de los Hamish consigo–. Yo siempre tuve mis dudas sobre eso. Todo mundo sabe que el rey del Wilderwest solo tuvo dos hijos –gruñó el herrero contando con sus dedos regordetes – y sus descendencias se pueden rastrear hasta cada uno de los líderes de las tribus en el archipiélago. Dímelo sabelotodo –se volvió solo a Fishlegs posando con sus brazo en su cintura –. ¿Dónde quedan lo Hamish ahí?
Cualquiera se intimidaría con las postura dominante del antiguo guerrero, incluso Heather dio paso hacia atrás. Pero a Fighlegs cuando algo le apasionaba o Meatloug estaba en problemas, podía resultar ser una masa de grasa muy valiente.
–Hay muchas referencias sobre los Hamish para no creer que fueron reales –respondió el chico rubio haciendo frente a Gobber –, especialmente Hamish II (hijo). Sus aventuras y hazañas se volvieron leyendas –sentenció de ultimo clavando su mirada en la pizpireta del herrero.
Pero la penetrante lucha de miradas fue interrumpida por un comentario, no precisamente brillante:
–¿Y sí era tan maravilloso porque se murió? –soltó Snotlout tratando de acaparar la atención de la morena que seguía prendida de Fishlegs.
Lo único que consiguió el joven Jorgenson fue una mirada incrédula por cada uno de los presentes.
–Wow Fishlegs –dijo Heather regresando a la conversación como si nunca hubiera habido una interrupción –. ¿Cómo es que sabes tanto?
Ante el brillo en los hermosísimos ojos verdes de la joven, el pobre chico regordete no pudo evitar ponerse más rojo que un tomate.
–Siempre me he sentido intrigado con las historias del pasado –confesó éste pateando discretamente el suelo, huyendo de la mirada de Heather con timidez – y Honey me ha ayudado a conseguir varios de los pergaminos sagrados de Gothi que no cualquiera puede leer.
–¡Neeeeeerd! –soltaron a la vez los gemelos Thorston desde el fondo.
–Pues yo sigo pensando que son patrañas –insistió Gobber como si hablara solo consigo mismo, tratando de mantener derecho el escudo de los Hamish en la pared –, como lo del tesoro perdido. Lo buscamos por meses y ni siquiera estuvimos cerca de encontrarlo. Muchos otros vikingos lo intentaron antes y lo único que consiguieron fue perder algunos miembros o la razón.
–¡¿Tesoro?! –los gemelos Thorston y Snotlout dieron una un leve brinco con aquel comentario y su atención fue captada como terrible terrors frente a una barrica de pescados –. ¡¿Qué tesoro?!
–Según las leyendas –respondió Fishlegs –, se dice que Hamish II obtuvo el tesoro del mismo Grimbeard The Ghastly y en lugar de gastarlo, decidió ocultarlo como una especie de prueba o broma. Al parecer, a él le gustaba mucho los acertijos y jugar con la gente.
–¿Qué? – gruñó Ruff –. ¡¿Estaba loco?!
–Sí, el Tufnutt quiere saber qué clase idiota se desase de un tesoro solo para burlarse de otros –agregó su hermano.
–¡Pavadas! –espetó el herrero –. Por eso estoy seguro que es una completa mentira. Niña –se dirigió a Heather para entregarle momentáneamente el retrato de los Hamish que pareció negarse a mantenerse derecho –, sostén esto mientras hago lugar para el nuevo retrato.
Pero el interés de la joven pacifista ya no se encontraba más en los Hamish o sus tesoros perdidos, en cambio su interés se enfocó en un escudo en particular, cubierto con un lienzo al fondo de la pared.
–¿Qué retrato es ese Gobber?
–Es el retrato de Stoick e Hicc... –pero el viejo herrero no terminó la oración ante una mancha delgada, borrosa y castaña que apareció prácticamente de la nada, impidiendo que la pregunta de la joven morena fuera respondida.
–¡Que dices Gobber!–soltó Hiccup causando un leve sobresalto con su repentina aparición y su forma rápida como desesperada de hablar –. ¡Nadie importante! Entonces no vale la pena verlo –aseguró de ultimo extendiendo sus brazos de espagueti como si pudiera cubrir el escudo de la vista de los demás.
–Oh jo jo jo –se rió Snotlout comprendiendo lo que estaba sucediendo con el delgado muchacho –. Debe de ser horroroso para que tengas pánico de que lo vemos.
–¿Pánico? ¿Cuál pánico? ¿No se a que te refieres?
Pero las palabras nerviosas de su líder resultaron una confirmación para los demás jinetes. Sin perder oportunidad, tanto el joven Jorgenson como Tuff y Ruff trataron de arrebatarle el lienzo que cubría el retrato, en lo que inútilmente Hiccup se interpuso. Al final tuvo que ser Gobber el que entrara al rescate, he hiciera a los otros tres chicos retroceder.
Ninguno puso atención a sus pasos durante el pequeño forcejeo, ya que chocaron a ciegas con Heather; la pobre perdió el equilibrio, así como el escudo de los Hamish de las manos. Un fuerte “pom” retumbó en el gran salón provocando un silencio avasallador como un terrible presagio del posible destino de aquel retrato.
–¡Oh no! ¡Los Hamish! –exclamó Fishlegs horrorizado corriendo hasta el escudo.
–Lo siento mucho, Fishlegs –se disculpó Heather arrodillándose a su lado.
–Descuida no es tu culpa –le aseguró el chico regordete inspeccionando cada extremo el escudo –. ¡Es de ellos! –exclamó de ultimo fulminando con la mirada a Snotlout y los Thorston.
El moreno fingió ignorancia en lo que Tuffnut le soltó una sonrisita nerviosa y Ruff trató de escabullirse de la escena del crimen.
–El retrato parece estar bien –dijo la joven morena tomando también el escudo y examinándolo de con cuidado –. ¿Pero… qué será esto? –comentó de ultimo al encontrar una leve ranura entre la madera y la base de metal que lo mantenía unido.
Con mucho cuidado, Heather introdujo uno de sus dedos en aquel estrecho espacio, forzando a un pedazo de papel extremadamente doblado a salir de ahí. Una vez en sus manos, la chica desdobló con cuidado y a la vista de todos los jinetes presentes, un largo pergamino amarillento con el aspecto de desmoronarse en cualquier momento.
–Parece…–murmuró ella contemplando las líneas de tinta negra trazada en el papel – el mapa de un tesoro.
Ante sus palabras, los demás chicos se amontonaron sobre los hombros de Heather para comprobarlo con sus propios ojos. Pero repentinamente, el pedazo fue arrebatado de la chica morena perdiendo pequeñas partes del mismo de las orillas.
–Dejen ver eso, energúmenos –se quejo Gobber forzando su mirada para contemplar lo escrito en antiguas runas de aquel pergamino –. Vaya, vaya –dijo con una sonrisa melancólica –. Creí que estaba perdido. ¿Ha estado aquí todo el tiempo? –continuó rotando el papel en todas direcciones como si pudiera ver algo más en éste –. Esto me trae recuerdos.
–¿Es realmente un mapa? –preguntó Hiccup tratando de ver sobre antebrazo de su mentor. Efectivamente tenía la pinta de serlo. Se mostraba la isla de Berk trazada con bastante exactitud, así con varias marcas y una larga lista de instrucciones en un costado.
–No cualquier mapa –confesó el herrero jovialmente –. Es el mapa de Hamish II, o al menos eso pensamos Stoick, eh… y yo. Esperábamos cumplir nuestro rito de madurez encontrando el tesoro, por lo que lo seguimos como imbéciles por semanas sin obtener nada. Terminamos arriesgando nuestras vidas en una tormenta de nieve, de caer en un acantilado y ahogarnos en el mar. Fuimos afortunados con salir vivos de ahí y con nuestra amistad intacta. Es curioso, estaba seguro que lo destruimos esa porquería en el camino de regreso. ¿Cómo habrá llegad ahí?
–¿Podemos conservarlo? –soltó Ruff con rapidez.
–No veo por qué no –aceptó el herrero lanzando el pedazo de papel sobre su hombro como si no tuviera ni un valor, cayendo con suavidad en las manos regordetas de Fishlegs –. Ese pedazo mierda es más falso que los bellos en las axilas del abuelo Thorston.
–¡Hey! –gruñó Tuff.
–Sí, lo dije –el antiguo guerrero les lanzó una última mirada sobre su hombro –. Díganle que no engaña a nadie – y sin más se alejo en búsqueda de más clavos para los escudos que faltaban.
–¿Puede ser de verdad el mapa del tesoro perdido de Grimbeard? –soltó Fishlegs completamente anonadado con el papel en sus manos.
–Venga con papá –exclamó Snotlout arrancándoselo de los dedos y haciendo perder más puntas al papel.
–¡Snotlout!
Su movimiento sucio fue pronto imitado por Tuff y luego por su hermana, Fishlegs tuvo que empujarla para arrebatárselo con sumo cuidado y no destruirlo. Pero de nuevo el joven Jorgenson intentó tomar posesión del mapa, en lo que el chico rubio lo mantenía sobre su cabeza.
–¿Ahora porque esos idiotas están peleando? –espetó Astrid a Hiccup al unirse al grupo en compañía de Honey, en lo que Snoutlout se colgaba del brazo de Fishlegs, Ruff se había trepado a sus hombros y Tuff intentaba inútilmente de derribarlo.
Solo Hiccup y Heather permanecía indiferentes al pandemónium, contemplando el caos uno al lado del otro; por lo cual Astrid no perdió el tiempo para colocarse entre ambos.
–Creemos que es el mapa de un tesoro –dijo Ruff mientras ejecutaba un candado al cuello de Fishlegs.
–Además de peligroso de a madres –agregó Tuff tratando inútilmente de levantar a regordete rubio.
–Uno que ni Gobber y el jefe Stoick lograron encontrar –gruñó Snotlout antes de caer al suelo vencido.
Un tesoro que Stoick no había logrado conseguir.
Esas palabras retumbaron en la cabeza de Hiccup como tambores en un baile en el gran comedor. Efectivamente, su padre, el gran Stoick “The Vast”, líder de los peludos Hooligans, jefe de Berk, escuchen su nombre y tiemblen… no había podido resolver el mapa de Hamish II y conseguir el tesoro perdido de Grimbeard “The Gastly”.
–Aunque podría ser falso… –murmuró el joven Ingerman casi sin aliento.
–Déjenme adivinar, idiotas –soltó Astrid con sus manos en la cintura –. ¿Quieren seguir mapa a un tesoro perdido potencialmente peligroso y que podría no ser real?.... Esa es la idea más…
–…brillante que es escuchado –completó Hiccup para la sorpresa de todos.
–¿Qué? –exclamó Astrid.
–¿Qué? –dijeron los jinetes que luchaban.
–¿Eh? –musitó Honey completamente somnolienta.
El gemelo castaño caminó hasta Fishlegs y tomó el mapa de sus manos sin ningún problema, mientras los otros cuatro permanecían petrificados en la misma posición ante la estupefacción.
–Hiccup… –bramó Astrid aún en shock – ¿qué carajos estás diciendo?
–Esta es la perfecta oportunidad para probarle a mi padre que no requiero cubrir los estándares vikingos –dijo el gemelo pecoso enrollando el pergaminos en su manos. Su mirada decidida y su postura firme denotaba que iba enserio –. Si encuentro el tesoro que el mismo Stoick “the Vast” no pudo encontrar, no volverá a dudar de mí. Nunca.
La rubia entendía a la perfección de donde venía todo eso. Sabía lo que pasaba en la mente de Hiccup, así como en su corazón, y no solo porque lo había estado rumiando desde que vieron su retrato en aquel escudo. Pero aunque comprendía la postura del gemelo, no compartía su mismo entusiasmo.
–Hiccup, no tienes que probar nada –insistió Astrid soltando un suspiro en frustración –. Lograste la paz con los dragones, domaste un nightfury, ya has cubierto tu rito de madurez…
–Al parecer eso no ha sido suficiente para su padre sigua dudando de él –interrumpió Heather sutilmente.
–¡Tú no opines! –rugió Astrid con fuerza dirigiéndose solo a ella. La chica morena dio un paso hacia atrás espantada, un sentimiento que fue compartido por los demás jinetes ante el arrebato de la rubia. Pero ésta, al captar su acción, recuperó la calma para solo agregar –: Hiccup ¿realmente lo estas considerando?
–Sería un idiota sino lo hiciera –opinó Snotlout ganándose también una mirada furiosa de Astrid.
–¿Debo recordarles que mañana inicia la semana de Bork? ¿Creen que es el momento indicado para buscar un tesoro?
–Astrid tiene razón –comentó Ruff con bastante compresión –. Si mañana van a empezar las festividades ¡Debemos comenzar de inmediato, cabrones! –agregó de ultimo con gran alegría alentando a los demás jinetes a unirse.
Al final solo Astrid y Honey quedaron fuera del ánimo del grupo, una por lógica y la otra por falta de energía.
–Honey, di algo –le suplicó Astrid tratando de encontrar algo de apoyo, curiosamente de la misma persona que la había amenazada con alejarse de su hermano si las cosas no salían bien entre ellos.
Pero Honey era lista, centrada y la menos emocional del grupo, generalmente era la que ponía un alto a las locuras, hasta las malas ideas de su hermano gemelo. Así que su respuesta fue esperada con un profundo silencio por parte de todos los jinetes y Heather.
–Sí todos piensan que es falso –dijo finalmente la gemela castaña con voz adormilada y con la mirada perdida –, no veo porque debemos preocuparnos.
–¡¿Qué?!
Y antes de que Astrid pudiera pedir una segunda opinión, los demás chicos corrieron a abrazar a Honey como si aprobación fuera todo lo que necesitaban para efectuar una travesía innecesaria y potencialmente peligrosa. Y aún atrapada en el fuerte apretón, Honey le dirigió una sonrisa ladina a la rubia.
–Astrid, vamos –la llamó Hiccup claramente alegre una vez que terminó el abrazo de grupo –. Hemos estados bajo mucho estés estos días, tal vez esta es la mejor oportunidad de distraernos antes de comenzar el festival. Podemos seguirlo hasta donde lleguemos el día de hoy y después del festival continuamos.
La rubia pasó su mirada por cada uno de sus amigos y Heather; el entusiasmo y brillo en sus miradas era algo que no deseaba arruinar a pesar de todas las probabilidades de fracaso. En especial el entusiasmo de Hiccup, quien desde hacía días no sonreía con tanta naturalidad después del fiasco del retrato, el estrés del festival y su preocupación por la soledad de Toothless.
–De acuerdo, los acompañare –aceptó a regañadientes–, además no puedo dejarte sola con ellos –agregó indicando a los gemelos Thorston y Snotlout, aunque también se refería a la morena –. Pero voy quejarme durante todo el camino.
–Gracias, Astrid.
Chapter 86: Cria Cruevos (Pt12)
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Parte 12
Desde muy temprano esa misma mañana, Gobber había está realizando la difícil, inútil y casi imposible tarea de enderezar unos clavos de hierro. Le faltaban unos cuantos para terminar de colocar los retratos de los antepasados de Berk en el gran salón, pero la dura pared de roca no le ayudaba mucho en la tarea.
Muchos de los gruesos clavos terminaron torcidos de las puntas e imposibles de reutilizar, a menos que los arreglara. Por desgracia, para llevar a cabo tal trabajo necesitaba (aparte de su enorme mazo al cual le gustaba llamar Dan) las pinzas especiales para sujetarlos en su lugar, justamente las mismas que Hiccup había pedido prestadas y no había devuelto hasta ese momento.
Así que cada vez que intentaba corregir un punta con un fuerte martillazo de Dan, el clavo salía volando en dirección contraria destruyendo parte de su herrería, o agrediendo a cualquier incauto que cometiera el error de pasar por la puerta.
–¡Gobber! –lo llamó el gran jefe vikingo de Berk a todo pulmón al mismo tiempo que el mazo chocaba de nuevo contra hierro. Por suerte para Stoick, sus reflejos de guerrero le permitieron hacerse a un lado a tiempo mientras el pedazo de metal surcó la herrería, la puerta de entrada y gran parte del centro de la aldea.
–¡Mis repollos! –escucharon los chillidos de Mildew confirmando el destino final del clavo.
–Buenas días a ti también Stoick –lo saludó Gobber con un cínica sonrisa como si nada hubiera pasado –. ¿Cómo me encuentro? ¡Maravillosamente! –agregó arrojando su mazo Dan a un lado para remplazarlo por su confiable garfio –. Trabajando como un yak en un campo más seco que mi barbilla en temporada de incendios.
–En el nombre de Thor ¿Qué rayos estás diciendo?
–Solo aligerando un poco el ambiente –bromeó el herrero guiñando un ojo.
–Gobber, deja de decir tonterías –soltó Stoick perdiendo la paciencia –. ¿Has visto a Hiccup? Tiene toda la mañana, desaparecido. No se encuentra por ningún lado, ni él, ni Honey o alguno de los jinetes.
–Tal vez necesitaban un momento para respirar –comentó Gobber con un suspiro antes de desplomar su enorme trasero sobre una barrica. La madera chirrió ante su peso –. Después de todo ha sido mucho trabajo con la semana de Bork, planearlo por su cuenta, la presión sobre sus hombros y llenar las enormes expectativas de su padre…
–Bien... –masculló el jefe vikingo suspicazmente – ¿por qué siento que estás hablando entre líneas?
–¿Te doy esa impresión? Es curioso, yo pensaba que esa era tu área de especialidad.
–Gobber te juro que por el amor a Freya, que si sigues hablando estupideces voy a terminar golpeándote en la testa con un martillo.
–Perdóname Stoick –aceptó el herrero palmeando su barriga y rascando su nuca –, pero el día de ayer Honey estuvo aquí toda la tarde con esa aura de muerto viviente que carga últimamente, y creo que me contagió como plaga su ácido sarcasmo con sus constates preocupaciones por su hermano.
–¿Preocupaciones por Hiccup? –Stoick prácticamente saltó en su puesto al escuchar eso –. ¿Cuáles preocupaciones? ¿Qué pasa con él?
–Nada importante, solo dijo algo sobre el muchacho enfrentado la presión de tener que sacar adelante los festivales de la semana, la ansiedad por la soledad de su dragón y llenar unos botas muy grandes cuando se supone que ya no es necesario…
Stoick no pudo evitar fruncir el ceño.
–Gobber… –dijo en advertencia final.
–Antes que nada debo aclarar que son las palabras de tu escuálida hija, no mías –cedió el herrero ante la mirada penetrante y casi asesina de su buen amigo –. Ella dijo y cito: Creí que papá había entendido que Hiccup ya no tenía que probarle nada a él o a la aldea.
–¡¿Qué?! –bramó el guerrero.
–Te recuerdo que son sus palabras, nos las mía –dijo Gobber levantando la manos en sumisión –. No mates al mensajero.
–¿Por qué dijo eso? Yo no estoy exigiéndole nada a Hiccup de lo que puede lograr –masculló el jefe marchando de un lado al otro por la gran herrería de su amigo –. Si la semana de Bork era mucho para él y sus amigos, podían pedir ayuda; se lo deje muy claro. Es solo una práctica de liderazgo, no una prueba.
–Creo que ese no es el problema, Stoick.
–¡Entonces dime de una vez maldita sea, cuál es!
–¡Es la pintura, Stoick!
Por un breve segundo, el tiempo pareció haberse detenido en la forja de Gobber; abriendo la posibilidad finalmente, de que la mente de líder de Berk había entendido la envergadura del problema que tenía entre manos. Pero por desgracia, seguía siendo un guerrero vikingo chapado a la antigua:
–¿Eh? ¿Qué tiene de malo el retrato? –dijo después de la corta pausa –. Es un buen retrato.
Gobber quería golpearlo en la cabeza.
–¡Claro, de ti! –exclamó frustrado –. Hasta te hace ver unos cuantos kilos menos, pero a Hiccup… creo que fue él quien los consiguió… –su despectivo comentario quedo a la mitad, ante el golpe que recibió de su amigo sorpresivamente y directo al mentón –. ¡Auch! ¡Hijo de Loki!
–Te lo advertí.
–¡No es Hiccup! –gruñó Gobber perdiendo la paciencia –. ¡El chico en esa pintura no es Hiccup!
Sus palabras parecía que al fin habían logrado alcanzar alguna neurona en la cabeza dura del jefe, ante la mirada estupefacta que se marcó en su seño.
–Parece –agregó el herrero lentamente como si le hubiera explicado a un niño pequeño –, que el muchacho siente que nunca vas a sentirte completamente orgulloso de lo que “es” él realmente.
Y Gobber le regresó el puñetazo a Stoick, metafóricamente.
Poco a poco las cosas comenzaban a tener sentido en la mente del gran jefe de Berk, el extraño comportamiento del chico ante el retrato, sus obsesión con que el festival resultara perfecto, las raras miradas que le dirigía Honey y por supuesto, la desaparición de todos los jinetes esa misma mañana.
Su hijo sentía que debía probar nuevamente su valía ante su padre, porque con la imagen de ese retrato, le había dado a entender que se avergonzaba una vez más de él.
Había metido la pata, y en grande.
–Esa nunca fue mi intención –masculló Stoick negando inconscientemente con la cabeza –. Estoy orgulloso de Hiccup. Claro no es perfecto y nunca será la imagen ideal del vikingo pero… –sus justificaciones quedaron obsoletas en aire ante la mirada dura que le dirigió su buen amigo. Stoick soltó un largo suspiro en lo que parecía encogerse de vergüenza–: Lo hice de nuevo ¿verdad?
–Stoick…
–Pero es mi hijo –soltó apretando su puño contra su pecho –. Es mi domador de dragones. Yo solo…. Yo solo quería que todos pudieran verlo cual tal yo lo veo.
La historia vikinga estaba escrita en sangre, hierro y mar. Los más fuertes prosperaban y eran recordados para la eternidad. En el razonamiento de Stoick, la imagen escuálida de Hiccup provocaría dudas sobre sus hazañas en el futuro, y nadie creería que fue el vikingo valeroso, decidido y cabeza dura que era. La imagen de retrato, era tan solo una interpretación del la valía de su hijo.
–Probablemente ese es el problema –agregó Gobber apiadándose un poco de su amigo y líder –. No dejas que lo recuerden, tal cual es. Si sigues con esto –explicó mientras apoyaba su única mano en el hombro de Stoick –, no serás diferente algún desgraciado que borró la identidad de alguien solo para ocultad la verdad.
–Gobber… –dijo él sorprendido – eso fue profundo…
–¡Lo sé, maldición! –bufó éste sacudiendo su brazos –. ¡Tu hija me ha poseído!
Stoick no pudo evitar reír un poco.
–Necesito hablar con él –dijo a continuación, decidido en disculparse –. Debo de…
–¿Pedir perdón otra vez?
–Pero primero debo de encontrarlo –Stoick recuperó su altivez y le lanzó una mirada de pocos amigos a Gobber en advertencia.
–Debe de andar volando por ahí con Toothless –contestó el herrero despreocupado –. Perdiendo el tiempo o haciendo cualquier tontería de su edad. Como cambian las cosas ¿no? –comentó casi nostálgico –, en nuestra juventud solíamos salir a buscar peleas o matar dragones, no huir de nuestros sentimientos.
–Gobber, nosotros de jóvenes ni sentimientos teníamos –se burló Stoick con sus manos en la cintura.
–Sí, era una época hermosa –comentó perdiendo su mirada en el vacío techo de su herrería –. Eso me recuerda… ¿no has olvidado el mapa del tesoro perdido de Hamish II?
–Como olvidarlo. Por ese maldito pedazo de papel estuvimos perdidos dando círculos en la tundra del pico de Thor por días. Esa fue la aventura más terrible de mi vida, junto con la búsqueda del corazón de rubí de los Lava Louts.
–¿Pues adivina qué? ¡Lo encontré de nuevo! Justamente en el viejo retrato de los Hamish.
–Es curioso –dijo Stoick pensativo –. No recuerdo que lo dejáramos ahí en primer lugar.
–Yo tampoco; ni siquiera recuerdo que hicimos con él al final –coincidió Gobber perdiéndose también en sus recuerdos.
-ooOO000OOoo-
Stoick soltó un desgarrador rugido.
Sus gritos resonaron con fuerza a lo largo de la solitaria playa. Casi como un animal enardecido, tomó una roca de suelo y la arrojó con fuerza hacia el mar. Y después otra… y otra, hasta quedar sin fuerzas. En el último lanzamiento con su brazo, perdió el equilibrio calló de rodilla sobre la rasposa arena que se incrustaba entre las pieles de su ropaje y sus botas lanudas.
Su frente estaba empapada de sudor a pesar de la fresca brisa matinal, sus músculos temblaban por el esfuerzo y el cansancio, y respiración entrecortada le impedía hiperventilarse.
Todo el esfuerzo había sido en vano. La casi imposible búsqueda había resultado en nada, en lo que él y sus amigos se perdieron por días en la congelada tundra del más alto pico de Berk, con el frío calándole hasta los huesos y con terror a flor de piel. En la terrible ventisca casi habían caído por un barranco, y los rugidos en el viento les recordaban las viejas leyendas del fantasma que rondaba en aquella escarpada subida.
Para el cuarto día no pudieron más. Abandonaron tal cual cobardes la aventura de encontrar el tesoro perdido de Grimbeard the Ghasty.
Todo había sido culpa del ladino Hamish II que había ocultado el tesoro en un mapa casi indescifrable y en acertijos sin sentido, o al menos para ellos. Lo que pudo haber sido la prueba definitiva para cumplir su rito de madures e impresionar más de una persona, todo se había ido al Hel.
Refugiados y derrotados en esa playa, se ocultaron de la aldea avergonzados ante su rotundo y decisivo fracaso.
Gobber soltó un suspiro a unos cuantos metros de su gran amigo, en lo que frotaba con insistencia sus pies adormilados. La duras caminatas, la empinada escalada, los peligros del bosque y las dolorosa caídas, le había causado más que callos en regordetes pies.
De reojo miraba la frustración de su joven amigo cobrar sus facturas. Sabía que debía acercarse a él y decir algo. Pero la discusión y los insultos estaban aún frescos en su memoria como para apiadarse por él.
Una tercera figura que había permanecido de pie y en silencio durante todo ese tiempo, fue directo al joven heredero del trono de Berk, y con una calma bastante rara en su personalidad, sujetó al Stoick del brazo y lo puso de nuevo en pie.
–Lamento que no lo lográramos, amigo –dijo Alvin posando su mano en el ancho hombro del joven pelirrojo.
Stoick no pudo sostener la mirada y clavó sus ojos en la arena bajo sus botas, mientras la frustración lo incitaba a continuar apretando los puños y la mandíbula.
–Se que creías que ésta era la oportunidad de impresionar al viejo Wrinkly y a su hija…
–¡Ya!... ya no hables – lo cortó el joven vikingo apartando a Alvin de un solo movimiento de su brazo. Era muy pronto para él.
Por unos segundos en que los tres jóvenes intercambiaron miraras de soslayos, el silencio de la mañana se apodero de nuevo de aquella playa, aplastando con su armonía sus ya agotados espíritus.
–Y… ¿Qué deseas hacer con esto? –finalmente preguntó Alvin rompiendo tan frágil equilibrio, mostrando a su amigo el mapa endemoniando que casi los había llevado a su muerte.
–Quémalo… rómpelo… haz lo que quieras con él –sentenció Stoick sin siquiera dignarse a mirar al pedazo de papel, antes de dar media vuelta y retomar el vergonzoso camino de la derrota de regreso a la aldea.
Chapter 87: Cria Cuervos (Pt13)
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Parte 13
Así que, a pesar de encontrarse a unas horas de iniciar la semana más larga y divertida del calendario vikingo, la celebración a Bork, y ser ellos los principales organizadores de los eventos de tal festividad, los jinetes de Berk se lanzaron a la búsqueda del tesoro perdido de Grimbeard The Ghastly gracias al mapa de Hamish II, en una última locura antes de enfrentar las responsabilidades que habían sido encomendadas a ellos, principalmente al joven heredero al trono de Berk.
La idea principal de Hiccup era liberar un poco de tensión en su grupo de amigos con tal búsqueda (aunque a la mayoría de ellos les importaba más el tesoro), pero las cosas resultaron mucho más complicadas de lo que se imaginaba.
Resultó que Hamish II era bastante brillante para ser un vikingo y hooligan a la vez. El mapa no solo indicaba los puntos donde tenían que llegar, sino también incluía versos con pistas de lo que tenían que hacer en cada locación para así localizar una parte de la llave del tesoro. Con ello, Hiccup entendió el obstáculo que resultaba ser el mapa para algunas mentes obtusas con sus revueltos acertijos, pero con la ayuda de Astrid, Heather y Fishlegs no resultaba tan difícil la tarea (los gemelos Thorston y Snotlout quedaban fuera de la ecuación y Honey continuaba más dormida que despierta para ser de ayuda).
El mapa primero los llevó hasta la playa del lado este de Berk, donde una pieza de lo que era la llave del tesoro se encontraba oculta en una de la esculturas en la costa. El conseguirla resultaba algo engañoso ante los fuertes vientos; solo Meatlog fue lo suficientemente estable en vuelo, pesada y lenta, para acercarse a la escultura con Hiccup colgando de una soga; algo sugerido por Heather debido su poco peso. Con tal estrategia obtuvieron la primera pieza, aunque por un instante, Hiccup casi cae al mar por la fuerte brisa marina.
A continuación, las pistas los guiaron hasta el pico de Thor en lo más alto de Berk. Con la guía de Furry en su antiguo hogar, fue fácil encontrar la cueva que indicaba el mapa, donde se encontraba atrapada la segunda parte de la llave en una gran pared de hielo; la cual requirió un poco de fuego por parte de Hookfang para ser derretido. El problema fue que en un intento de impresionar a Heather, Snotlout ordenó a su dragón fundir una columna de hielo que provocó la inestabilidad del tempano y un alud que destruyó por completo la cueva. Por suerte los dragones salvaron a sus jinetes a tiempo.
Ya por último, los acertijos los llevaron hasta otra cueva en la base de la colina más grande de la isla. Un lugar rara vez era visitado por aldeanos de Berk.
Fishlegs comenzó a sospechar que la elección de los escondites de las llave fueran todos en la misma isla, probablemente se debía a que Hamish II lo hizo antes de que la Berk fuera poblado, porque de otra manera lo hubiera llamado la atención de alguien con su curiosas excursiones a terrenos peligrosos.
–¿Pero no se supone que su padre, Hamish I fue de los primeros lideres de Berk? –preguntó Astrid encontrando un error en su teoría.
Aunque era algo para cuestionarse, tenían cosas más sería que preocuparse que las acciones de Hamish II; ya que pronto se enfrentaron con el gran reto de escapar de una cueva cuando ésta se derrumbó sobre sus cabezas sorpresivamente.
–De acuerdo, chicos –dijo Hiccup con calma tratando de aminorar el miedo en sus compañeros jinetes y de los dragones –. Sé que esto no pinta de maravilla, pero intentemos mantener la calma.
–Claro que mantendremos la calma –soltó Snotlout con los ojos desorbitados –. ¡Cuando terminemos muertos debajo de toneladas de roca!
Su gritos maniáticos alteraron los ya por sí estresados dragones ante la limitación de espacio en el oscuro túnel. Toothless soltó un rugido particular con gárgaras desde su garganta que tuvo un efecto consolador en los demás reptiles lanzallamas.
En cuanto el histórico Jorgenson, Astrid le propinó un certero coscorrón que detuvo sus chillidos de inmediato, en lo que le ordenaba:
–Cierra el pico, Snotlout.
–Insisto, debemos mantener la calma –agregó Hiccup alzando sus brazos tratando de llamar la atención de sus compañeros ante la poca luz de sus antorchas –. Seguiremos adelante con las indicaciones del mapa, posiblemente encontremos una salida. Pero ante todo debemos mantenernos juntos, alertas y nadie se separe de sus dragones. ¿Entendido?
Casi como pequeños infantes temerosos de lo oculto en las sombras, los demás jinetes asintieron débilmente sus cabezas.
Sin más que decir u objetar, los jinetes comenzaron a marchar entre las sombras del gran túnel de roca, solo protegidos de la penumbra por sus improvisadas antorchas y las bocas llameantes de sus dragones.
–Hiccup ¿estás seguro de esto? –le preguntando Astrid alcanzándolo al chico que iba a la cabeza de la marcha.
–¿Qué que encontraremos una salida o que estoy pidiendo demasiado al decirle a Snotlout, Fishlegs, Tuff y Ruff que mantengan la calma? –respondió el chico no escuchándose tan seguro como le hubiera gustado.
–Aparte. Más bien ¿Sobre si debemos continuar buscando el tesoro?
–¿Qué otra opción queda? –dijo Hiccup encogiendo los hombros.
–Podemos simplemente buscar una salida –sugirió la rubia siendo ella la que se escuchó nerviosa.
–¿Por dónde? ¿Por cuál dirección? –comentó el gemelo pecoso –. Astrid recuerdo que no estabas de acuerdo con ésta búsqueda del tesoro desde un principio, pero a estas alturas ¿Qué otra alternativa nos queda?
–Creo que tienes razón –aceptó Astrid bajando la mirada –, pero al menos haz el favor de no apartarte de mi lado.
–¿Eh? –masculló el muchacho casi atragantándose con su propia saliva. Era precisamente el último lugar y el peor momento para lo que le pareció que proponía Astrid.
–¡No me refiero a eso! –gruñó ésta sonrojada leyendo la interpretación de Hiccup en su rostro –. Sino a que no confió para nada a la señorita desamparada –dijo de último bajando la voz para no ser escuchados por los demás chicos y dragones que les seguían de cerca en su marcha.
La misma cantaleta otra vez.
Sí, Astrid no estaba de acuerdo con la búsqueda del tesoro desde un principio y sí, también todos sabían que no se llevaba bien con Heather; pero desde que habían empezado a seguir el mapa, la rubia se había asegurado de que cada instante recordaran el riesgo que corrían al continuar, y soltaba comentarios desdeñosos hacía la morena. Siendo sinceros, esa actitud ya tenía harto a Hiccup.
– Por favor, Astrid –se quejo el muchacho rodando los ojos –. Otra vez no.
–¿Acaso no te distes cuenta? ¡Ella podría estar detrás de todo!
–¿De un alud, del viento o de un derrumbe?
–¡No! Pero definitivamente ella está haciendo algo para arriesgar nuestras vidas… tú vida principalmente.
La mirada penetrante de Astrid denotó lo comprometida que estaba con sus palabras, pero el chico pecoso simplemente estaba muy estresado para interesarle.
–Por el amor de… Astrid –Hiccup frotó sus manos por su rostro tratando de mantener la calma –, Heather no está intentando matarme. Esos fueron simples accidentes que nadie tiene la responsabilidad.
–Sí, pero los aprovecha para….
–¡De acuerdo, lo entiendo! –gritó el gemelo exasperado parando en seco su marcha y trayendo la atención del resto del grupo –. ¡No te agrada Heather! Pero lo que estás haciendo no está bien, Astrid.
–¡¿Qué?! – vociferó éstas alzando la voz –. ¿A qué carajos te refieres?
–Acusarla sin pruebas.
Astrid bufó indignada ante la necedad de Hiccup. ¿Cómo no lo podía ver? ¿Cómo podía ser tan ciego? ¿Qué había hecho Heather para hechizar a todos?
–Te he dado miles de pruebas para no confiar en ella, Hiccup –escupió la rubia despectivamente y con mucha pasión –, pero todos parecen estar tan embelesados por su presencia, que no lo están viendo claramente. Ni siquiera tú –dijo ella de último casi clavando su dedo índice en el pecho del joven.
Su discusión se volvió tan acalorada, que ambos jóvenes no se percataron que eran observados por el resto de sus compañeros y por supuesto, la tercera en discordia. Snotlout sonreía satisfecho, Fishlegs horrorizado, los Thorston maravillados y decepcionados por no llevar bocadillos consigo para disfrutar la función, y hasta Honey perdió el sueño por un instante.
La discusión acalorada continuó por varios minutos más, mientras las voces de ambos jóvenes subían en fuerza e intensidad. El dragón de ébano se percató algo a sus alrededores que intentó advertirle a su humano, pero sus quejidos fueron ignorados por la declaración knockout de éste:
–¿Sabes que los estoy viendo en estos momentos, Astrid?... Que estás celosa.
–¡¿Qué?! –bramó la rubia terriblemente sonrojada e indignada –. ¡Yo no estoy celosa! ¡Y menos de ella! –tajó de golpe indicando a la morena que no sabía ni donde esconder la cabeza en ese momento –. ¡Solo estoy tratando de que todos vean lo sospechosa que Heather es, pero claramente nadie quiere escucharme!
–Tienes razón –sentenció Hiccup de ultimo tajantemente –. Ya estoy cansado de escucharte –y sin más, ante la mirada estupefacta de Astrid y sus amigos, levantó en alto su antorcha y siguió su camino dentro de las sombras de la olvidada gruta.
–¿Hiccup? –lo llamó Astrid inútilmente mientras el otro se alejaba –. ¡Hiccup! –insistió corriendo detrás de él.
Estaba decidida a no dejar que nada los separara.
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En contra de las intenciones de Astrid y sus deseos, la cueva resultó ser mucho más inestable de lo que se imaginaron en un principio. Un sorpresivo derrumbe obligó a los jinetes y a sus dragones a desplegarse en todas direcciones con tal de evitar ser aplastados por las toneladas de rocas que caían sobre sus cabezas.
Hiccup estuvo a punto de terminar en el Valhala con sus antepasados, sino fuera porque Heather logró empujarlo a un lado en el instante exacto para evitar que un pedrusco le rompiera el cráneo, para luego ambos fueran protegidos por el robusto cuerpo de Toothless.
Una vez que la última piedra suelta cayó, ambos chicos como el dragón de ébano, se levantaron del suelo para sacudirse el polvo de encima y descubrir una gigantesca pared de escombros y roca que bloqueaban un extremo del pasadizo dejando a los tres separados de los demás jinetes.
–¡Honey! ¡Astrid! ¡Chicos! –en un intentó en vano, Hiccup trató de apartar manualmente cada una de las piedras, y aunque contaba con la ayuda de Heather y Toothless, sus intentos terminaron fútiles.
Estaban solos.
–¿Crees que los demás se encuentren bien? –preguntó la chica de cabellera negra como plumaje de cuervo al ver que no existía forma de pasar el muro de roca.
Era un terrible pensamiento, pero también una posibilidad… una que el gemelo pecoso no deseaba considerar tan rápidamente.
–Eso espero –respondió tratando de sonar seguro –. Lo mejor es seguir adelante y buscar una salida –Hiccup agregó levantando en alto la antorcha en sus manos y guiando el camino para los tres a lo largo del túnel (aunque Toothless podría ver en la oscuridad por su cuenta) –, es seguro ellos harán lo mismo.
La conmoción por el derrumbe los dejo en completo mutismo los primeros metros de su caminata en la oscuridad de la cueva. Sus pasos retumbaban, en lo que leves tintineos en la lejanía incitaban a la imaginación.
–Lo lamento mucho, Hiccup –dijo Heather rompiendo sorpresivamente el silencio entre ambos.
–El derrumbe no fue tu culpa, Heather –respondió el chico pecoso con una suave sonrisa mientras continuaba la marcha–. En realidad, debería agradecerte por empujarme a un lado.
–No hay de qué –aceptó ella a pesar de ser consciente de la ironía en sus palabras –. Pero no me refería a eso.
–Ah ¿no?
–Me he dado cuenta que he causado problemas entre tú y Astrid. No quisiera ser una piedra en la bota de su relación.
–¿Eh? ¿Relación? –Hiccup prácticamente se atraganto con su propia saliva y casi se tropieza ante el sorpresivo comentario –. Astrid y yo no tenemos una relación… bueno sí, aunque ninguno lo llama así, pero me gustaría, aunque prácticamente no es de la manera convencional… –detuvo su balbuceo al percatar la mirada perdida de Heather y la incrédula de su dragón – lo que quiero decir, es que muy complejo y nada oficial. Aún.
–¿Ella te gusta? –arremetió la morena como otro puñetazo directo al hígado de Hiccup. Éste casi se tropieza nuevamente con una roca, en lo que sus mejillas se tornaban de un rojo carmín completamente perceptible por la luz de la antorcha –. Se nota que tú a ella. Y creo que es por eso que no me quiere cerca.
Aunque había una connotación posesiva en la acción y un hecho discriminatorio denunciado por la morena, Hiccup no pudo evitar que su corazón se apretujara dentro de su pecho ante el hecho de que rubia lo celara.
–Astrid es una persona de acción más que de palabras –le explicó él recobrándose de la sorpresa, pero siéndole imposible no sonreír al solo pensar en la doncella guerrera–. Y bueno, ella tiende a ser… ser algo…
–¿Sobre-protectora?
–Puedes decirlo así. A lo que quiero llegar, Heather, es que tú no estás siendo la piedra en la bota; simplemente Astrid y yo estamos teniendo un desacuerdo que por desgracias terminaste en medio. Ya verás que cuando salgamos de ésta cueva, hablaré con ella y todo regresara a la normalidad. A la normalidad que estamos acostumbrados.
–Gracias, Hiccup.
El momento fue interrumpido por un gruñido del nightfury, el cual no estaba molesto por la falta de atención en su ser, sino porque se vislumbraba algo más adelante en el pasadizo.
–Mira –dijo el gemelo pecoso indicando el fondo del túnel con la antorcha –. ¿Qué será eso?
Con cuidado, los tres se acercaron cautelosos ante la extraña formación que sobresalía del piso de la cuerva. En lo que parecía ser una cámara subterránea sin salida, había un estrechó túnel que descendía desde el suelo por varios metros hasta perderse en la oscuridad. La orilla estaba delimitada por una acumulación de piedras y rocas, como si pozo hubiera sido hecho desde abajo hacia arriba.
¿Qué cosa lo había hecho? Daba miedo de solo pensarlo.
–Se siente un corriente de aire viniendo desde el fondo – explicó Heather al colocar sus manos sobre el gran agujero –. Tal vez sea una forma para salir de aquí.
Era muy posible, pero también podrían ser una trampa sin salida. En especial para los dos chicos sin capacidades físicas para escalar.
–¿Podemos bajar sobre Toothless? –preguntó la morena indicando al dragón negro como la noche. Éste brinco alegre hasta subir a la orilla del pozo emocionado por ser útil.
–Sí, pero podría ser muy arriesgado –comentó Hiccup preocupado por el bienestar de su dragón. Pero Toothless le gruñó de tal manera que capto su atención –. ¿Qué dices amigos? ¿Crees que puedas revisar la gruta por tu cuenta? –le preguntó el muchacho a nightfury que no tardó ni un segundo para reptar gracias a sus poderosas garras, por la pared de roca del tune vertical.
Hiccup trató de alumbrarle el camino desde la cima con su antorcha, pero el túnel era tan profundo, que pronto las escamas negras relucientes del dragón se volvieron imperceptibles.
El muchacho estaba tan enfocado en la dirección que había descendido su dragón, que no se percató que detrás de él, Heather enfrentaba un dilema.
Desde esa posición, resultaba sumamente sencillo a Heather empujar al joven pecoso a una muerte segura y hacerlo pasar por accidente. Algo que había intentado constantemente durante toda la búsqueda del tesoro, tal como se lo había ordenado Alvin.
Pero nada había resultado como el plan y cuando finalmente podía haberse evitado el trabajo sucio con ayuda del derrumbe, ni siquiera ella estaba segura porque había salvado la vida del gemelo Haddock al último momento, en lugar de asegurarse de su perdición.
Y ahora estaban ahí, él dándole la espalda con la mitad del cuerpo inclinado en un gigantesco agujero en la piedra que cuya profundidad podría significar la muerte ante una caída inesperada, y ella, con la duda existencial y los brazos extendidos lista para cometer tal fatídico crimen.
Pero antes de que realmente se atreviera en convertirse en asesina, Heather dio un brincó hacia atrás cuando la cabeza sonriente y desdentada de Toothless emergió sorpresivamente por el agujero.
–¡Perfecto, Toothless! ¡Encontraste el camino! –gritó aliviado el chico, sin perder un momento para montar a su dragón – ¡Vamos Heather! –a continuación le tendió la mano a la chica con negras intenciones como su negra cabellera.
Ésta montó detrás del Hiccup, confundida ante sus propias acciones, antes de descender a lo desconocido.
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Habían pasado un par de años desde el fatídico intento de Stoick y sus amigos de encontrar el tesoro perdido de Grimbeard The Ghastly oculto por Hamish II y muchas cosas habían cambiado desde entonces. Gobber había ido a visitar algunos parientes lejanos junto con sus padres a la aldea de Chilblain en las tierras helada del norte y desde entonces no había regresado. En cartas enviadas con halcones le había asegurado a su buena amigo que su decisión de permanecer lejos de Berk no tenía nada relacionado con su pelea en el pico de Thor.
Aún así, un leve sentimiento de desasosiego acompañaba al joven vikingo ya maduro, al recordar el terrible intercambio de palabras ante los resultados fatídicos de aquella excursión. Stoick solo podía esperar con ansias el regreso de su buen amigo.
Sobre la otra amistad de joven vikingo, Alvin había caído más en las malas lenguas de los habitantes de la isla. Su presencia entre los hooligans nunca fue totalmente aceptada ante su peculiar origen y su conducta anarquista, pero a como maduraba el joven vikingo, pronto quedo claro para muchos en Berk que Alvin era una bomba de tiempo a punto de estallar. Brenda “Big arms”, la madre de Stoick, ya le había advertido más de una vez a su muchacho de lo perjudicial que podría ser para él su amistad con Alvin. Pero la juventud y la personalidad atrayente del joven rechazado resultaba demasiado para Stoick, como ignorar.
Y en cuanto al futuro líder de Berk, éste podía ver cada vez más cerca la inminente toma de poder y responsabilidad de la aldea hooligan. Él había cumplido exitosamente su rito de madurez a pesar del fracaso en la búsqueda del tesoro perdido; y su tío le confirmó que estaba más que listo para el intercambio de cargos (uno que nunca había deseado) aunque el vikingo mayor aún tenía muchos años de vida por delante.
Pero para Stoick existía en esa época algo más atractivo que la amistad y más cautivante que el trono Berk. Era el amor.
–¿De nuevo aquí, patético enamorado? – se burló de él una voz a su espalda sacando de sus dulces fantasías.
–¡Vete al hel, Alvin! –le gruñó en broma a su amigo en lo que le arrojaba una piedra del suelo. Éstas eran escasas en el granero de los Stevenson, un escondite que Stoick solo recurría para sus momentos a solas… y ¿meditar?
–¿Cuánto más vas a ocultarte aquí como perdedor entre las sucias ovejas de los Stevensons, en lugar de salir y reclamar lo que te pertenece?
–Ella no me pertenece, Alvin –contestó el recio vikingo perdiendo su jovial sonrisa por una más melancólica –. Es Humongously Hotshot quien la tiene –se quejo soltando despectivamente el nombre de su rival de amores.
–¿Qué tiene él que no tengas tú?
–El titulo “The Hero”
–Sí, pero él nunca será líder de una aldea.
–Eso no parece interesarle a ella.
–¡Va! ¡Plasta de yak! –maldijo Alvin desplomándose junto a su amigo en un motón de heno –. ¿Qué saben las mujeres de elegir hombres? No es a ella a la que tienes que impresionar, sino al viejo Wrinkly. Ese saco de huesos casaría a su hija con el mejor partido sin importar lo que a ella no le parezca interesante. Además, ni que ella fuera el mejor partido de la isla.
–¡Pero yo no quiero eso! –bramó Stoick realmente molestándose con el comentario de su amigo –. Yo quiero que Valka este conmigo porque ella quiera hacerlo, no porque su padre la fuerce.
–Pues por ahí escuche –murmuró Alvin ladinamente como una serpiente – que al viejo no le gusta para nada “el héroe” ese. Vamos, Stoick –su amigo le soltó un puñetazo en el hombro para animarlo –, haz lo que te digo. Habla con el viejo Wrinkly, dile a tu tío y padrastro que intercedan.
–No –soltó Stocik secamente pero firme. Su mirada determinaba terminó por desechar el tono burlón de su amigo –. Yo deseo ganarme el corazón de Valka y que ella me ame por quien soy.
–Por Thor, que cursi te escuchas –se quejo Alvin recostándose cómodamente en el heno.
–¿Y tú vas a saber del amor?
–Es un sentimiento sobrevalorado.
–¿Qué hay de las mujeres?
–No necesito saber de amor para saber de mujeres –Alvin le lanzó una sonrisa pecaminosa a Stoick que provocó que ambos estallaran en carcajadas.
Eran esos lo que muchos no comprendían de Alvin, pero Stoick disfrutaba: la sutileza de hacerlo reírse de los establecido, de su propia moralidad y viejos valores. Le mostraba lo atractivo de la inmoralidad; un pequeño bocado, que nunca llegaría a probar por su cuenta.
–¿De verdad es importante para ti? –le soltó Alvin sacándolo de sus pensamientos.
Stoick asintió con la cabeza.
–Maldita sea –maldijo el joven vikingo antes de ponerse y sacudirse el heno de sus ropas –. Vamos, levántate. Que tenemos un viaje al cual colarnos.
–¿De qué estás hablando?
–¿Qué es lo sabes de la piedra corazón de rubí? –explicó éste entornando la mirada que solo podía significar una cosa –. ¿Eh, Stoick?
–Stoick
–Stoick
–¡Hey, Stoick! –los gritos de Gobber lo sacaron de golpe de la profundidad de sus recuerdos.
–¡¿Qué pasa?! –bramó éste volviéndose hacía el viejo herrero.
–¿Qué te pasa a ti, por Odín? –insistió Gobber inquieto. No él era el único, Thornado frotaba su nariz contra la pantorrilla del líder vikingo desde hacía cinco minutos para llamar su atención –. Te quedaste perdido mirando el atardecer por un buen rato. ¿Qué rayos estabas pensando?
–Más bien, recordando –dijo casi sonámbulo volviendo a perder la mirada en la puesta de sol en horizonte.
Era curioso como ciertas cosas regresan en la memoria. Aunque su amada Valka siempre estaba presente en los recuerdo del líder vikingo Berk, hacía mucho tiempo que no recordaba su rivalidad con Hotshot, a pesar de que su antiguo cofre se encontraba en la sala de su casa en esos momentos.
Pero justamente esas remembranza comenzaron a regresar a él justo cuando Gobber le mencionó el mapa del tesoro perdido de Hamish II.
–Bueno, los chicos no pueden estar muy lejos –comentó Gobber sacándolo de nuevo de sus ensoñaciones. Acto seguido se arrojó un terrón de tierra a la boca que masticó suculentamente –. Solo nos llevan media hora de ventaja.
–No tengo idea de cómo puedes saber eso masticando tierra.
–Es que sabe la mitad de fuerte que una hora.
Stoick tuvo que contenerse las ganas de soltarle a su amigo un buen puñetazo en la testa. Lo necesitaba consiente para encontrar a Hiccup, Honey y los demás jinetes. Cuál fue su horror cuando precisamente Gobber le relató cómo dejo el peligroso mapa de tesoro de Hamish II en las manos de sus hijos, y prácticamente incitándolos a la aventura. ¿Acaso no era encargado de su entrenamiento? ¿No sabía lo idiotas que puedían ser? ¡Hiccup había decidido esconder un night fury en el bosque, por el amor a Freya!
–El mapa es falso, Stoick –fue la defensa del herrero ante su error.
Pero que el mapa fuera falso no los había impedido a él, Gobber y otro más, casi perder sus vidas en la búsqueda del tesoro.
Cual mayor fue su sorpresa cuando descubrieron que Hiccup y los demás, habían avanzado en una tarde, mucho más que lo que ellos lograron en varias semanas. Era consciente de que Hiccup y Honey eran brillantes, y su éxito con el mapa lo demostraba, pero aún así era muy riesgoso que continuara con la búsqueda. Podía estarlo llevándolos a una trampa.
–Tienen dragones, por el martillo de Thor –se quejo Gobber –. ¿Qué es lo peor que puede pasar?
Y como un desafió a sus propias palabras un temblor sacudió la base de la colina donde ambos vikingos y el Thunderdrum buscaban a los jinetes.
Lo peor que un padre se podía imaginar, es lo que podía pasar.
Chapter 88: Cría cuervos (Pt.14)
Chapter Text
Cría cuervos… (Pt. 14)
Las rodillas le temblaron en lo que continuó forzándolas a seguir corriendo, ambos efectos del terror que azotaba en su corazón ante la simple idea que asechaba en su mente.
El jefe vikingo olvidó por completo que contaba con la compañía de un dragón que pudo fácilmente haberle ayudado a reducir la distancia a hacía su objetivo con un par de batir de alas, pero Thornado estaba al fondo en la lista de preocupaciones en ese momento. Tampoco Gobber, a quien se le dificultaba seguir la marcha con su incomoda pata de palo.
Pero debía de llegar… Stoick tenía que ver con sus propios ojos que los que sentía en su corazón y temía en pensamientos, no estaba sucediendo.
Aquel estruendo casi como un rugido proveniente de la montaña, fue como una llamada… una advertencia del bienestar de sus hijos. Y los ecos no terminaban ahí, continuaron como suaves barullos a la distancia que pronto se volvieron gritos y algarabías con la cercanía.
Una colina más… un sendero más… un arbusto más…
–¡Rápido! ¡Tenemos que sacarlos! –los gritos desesperados e inconfundibles de Astrid Hofferson fueron los primeros en darle un retorcida a sus entrañas. En cosa de segundos, una voz dentro de la cabeza de Stoick intentó asegurarle “que todo estaba bien, no era tan grave como parecía”.
Entonces fue cuando lo vio, un enorme alud de piedra, arena y roca, había bajado de la montaña y generado en el valle una pequeña colina de escombros. Los jinetes de dragones estaban ahí acompañados de sus bestias, cubiertos de tierra y polvo, dejándolos irreconocibles solo por la diferencia de estatura y complexión.
Eran tan solo cinco de ellos.
–¡Vamos! ¡Caven! ¡Podrían ahogarse! –los chillidos irritados de Astrid retumbaron en el valle, en lo que cavaba frenéticamente con sus manos en compañía de los dragones.
El aliento de Stoick murió por unos segundos, su corazón se detuvo y sus oídos se volvieron sordos. Con desesperación, los ojos verdes del jefe vikingo buscaron la fuente de su preocupación entre el bullicio y caos sin mucho éxito.
–¡¿Qué… qué ha pasado aquí?! –finalmente logró pronunciar las palabras advirtiendo de su presencia a los jóvenes jinetes.
Los cinco jóvenes y sus cinco dragones se volvieron hacía el jefe recién llegado con una expresión de terror que podría sencillamente perseguirlo en sus pesadillas por la eternidad. Fue todo lo que necesitó para convérsese de la verdad, de sucumbir a sus peores temores.
Sus hijos no estaban entre ellos… sus hijos habían quedado enterrados bajo roca y tierra.
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Hiccup despertó con un terrible dolor de cabeza y cada uno de sus huesos chillando de dolor, algo entendible después de una caída de varios metros de altura contra una superficie de roca maciza.
Débilmente, intentó levantarse pero todo le daba vueltas. Probablemente en algún momento durante la caída se golpeó en la cabeza, a pesar del esfuerzo de Toothless de protegerlo de todo daño.
Hizo un esfuerzo para enfocar la vista contemplar así a su dragón de ébano recostado y durmiente a su lado, tal vez cansado por el esfuerzo o de esperarlo a que regresara al mundo de los consientes en aquella cámara de roca en la que habían terminado.
¿Como sucedió esto precisamente? Sé que han de estarse preguntado; ya que efectivamente si recordamos la última vez que supimos de éste joven, escualido y problemático vikingo, estaba por abandonar un apretujada gruta en compañía de Heather y su dragón, y así llegaron a un pozo (que parecía sin fondo) que los condujo hasta una cámara profunda en la caverna que asemejaba a una cúpula abovedada, sin duda en la base de la colina.
Resultó que los demás jinetes que habían sido separados durante el derrumbe de la caverna, terminaron igualmente en aquella misma cúpula, dejando en claro que era la parte principal de las grutas que cruzaban el centro de la montaña de roca y piedra. El lugar idóneo para ocultar un tesoro, pues efectivamente así lo había hecho Hamish II; ahí se encontraba la última prueba que les había deparado a los aventureros (o idiotas) que se atrevieran a resolver sus acertijos.
Y justamente, Hamish II había preparado un reto más y uno sumamente peligroso: en el centro de la caverna abovedada habían un gran nido de Fireworms, pequeños y diminutos dragones de la clase stoker, parecidos a lagartijas, que no escupían fuego pero su piel podía calentarse a una temperatura que asemeja a la del sol (claro, en estándares paganos vikingos era un tipo de calor solo comparable al del astro solar). Su presencia en un espacio tan encerrado provocaba que el ambiente fuera pesado y sofocado.
En los extremos del nido había cuatro pilares, cada uno tenía sobre sí una pieza faltante de la llave que llevaban todo el día buscando. La última prueba consistía en elegir la pieza correcta dependiendo del material que estaba hecho y según indicaba el acertijo del mapa. Si se equivocaban algo terrible sucedería.
–El hierro es lo más fuerte –dijo Fishlegs indicando una de las opciones.
–Pero el hierro no es puro –indicó Astrid resolviendo al acertijo –, es el oro.
Y efectivamente estaba en razón la rubia, ya que cuando Hiccup tomó la pieza de metal dura y dorada ninguna tragedia trajo consigo tal acto. Un largo suspiro de alivio fue exhalado por cada una de los presentes.
–Bien, eso fue… dramático –admitió Hiccup juntando la tres piezas que habían recolectado.
–¿Ahora qué? –masculló Snotlout alzando la voz. Y como si recibiera una respuesta a su pregunta, todo el techo de la caverna se sacudió violentamente anunciando otro derrumbe.
–¡Bien hecho, idiota! –le regañó Astrid furiosa y soltándole un zape en la nuca.
–¡Ni siquiera grite tan fuerte! –se quejo éste.
Pero sus palabras fueron ignoradas ya que todos se encontraban enfrascados en imperiosa prioridad de no ser aplastados por cualquiera de las rocas que estaba por caer del techo sobre sus cabezas. Aunque como una broma trágica, el primer peñasco en precipitarse, cayó directamente sobre uno de pilares a los extremos del nido, activando así la trampa bajo sus pies.
Si la primera sacudida había sido de temer, la que siguió a continuación fue terrorífica. Poco a poco, las rocas comenzaron a caer en picada, dejando visible el cielo del exterior a la caverna. Los pequeños dragones ardientes aprovecharon la oportunidad para escapar por las aberturas entre los peñascos, evitando que los jinetes los usaran primero.
–¡Hay que escapar! –gritó Heather desesperada cubriéndose la cabeza.
–¡No jodas! –maldijo Ruffnut tomando a su hermano para usarlo de escudo humano.
–¡El Tuffnut es muy joven para morir!
–¡Nadie va a morir! ¡Solo debemos….!
Las palabras de Hiccup murieron en sus labios cuando el piso bajo sus pies colapsó dejándolo a la merced del vacío. Astrid reaccionó rápidamente y alcanzó a tomar la mano del chico antes de que cayera del todo; pronto, Honey apareció a su lado para ayudarle.
Pero la suerte no estaba de nuevo de su lado, ya que otro peñasco cayó precipitándose directamente hacía la rubia. Heather reaccionó de inmediato y la empujó a un lado alejándola del peligro, por desgracia en el movimiento y la caída estrepitosa de la roca, hizo que tanto la morena como los gemelos pecosos, cayeran por la gran abertura del suelo.
Antes de que la caverna terminara de derrumbarse, Toothless y Furry se lanzaron en picada al abismo detrás de sus jinetes, mientras el resto tuvo que huir a regañadientes por las aberturas del techo.
De esto, Hiccup no tenía conocimiento, ya que lo último que recordaba era caer en una negrura abismal, casi como una pesadilla o como el terrible recuerdo de cuando derrotó a la Red Death.
–Mi cabeza – se quejo el muchacho en la quietud de la caverna, mientras una y otra vez se sobaba las sienes. Tragándose las nauseas, Hiccup logró ponerse de pie poco después, para luego acercarse a su fiel dragón y así tratar de despertarlo –. Vamos amigo ¿Estás bien? –le dijo sacudiendo su ala negra –. Despierta –con una sacudida más enérgica, los ojos de night fury se abrieron de par en par revelando su iris verdoso brillante –. Eso es gran lagartija –dijo el chico con más calma al verlo levantarse y sacudir su cuerpo como si fuera un cachorro remojado.
Ya con su buen amigo de pie, el joven pecoso se aproximó a su hermana quien gemía levemente entre sueños. Fue una pena que tuviera que despertarla, después de tanto tiempo que había intentado ésta conseguir dormir.
–Honey… –la llamó al sacudir su hombro –. Honey, despierta.
–¿Qué pasó? –fue lo primero que logró articular ésta mientras se levantaba, igual o más desorientada de lo que estuvo su gemelo.
–Nada importante –le contestó éste con sarcasmo–, solo la montaña se desplomó sobre nuestras cabezas y luego caímos por un agujero.
Su comentario nunca obtuvo una respuesta, ya que la tercera persona en aquella caverna comenzó también a dar señales de vida.
–Arg… –se quejó Heather logrando ponerse de cuclillas.
–Heather ¿Te encuentras bien? –le preguntó Hiccup en lo que ayudaba a su hermana a levantarse del piso, por suerte Furry ya se encontraba de pie listó para dar un apoyo extra a su jinete.
–Eso creo –musitó la joven de cabellera negra con la voz rasposa –. ¿Dónde estamos?
–Lo más probable es que en las profundidades de la caverna –intuyó Honey examinando sus alrededores.
El pequeño espacio donde habían despertado, les dejo claro la suerte que corrieron durante su caída, ya que sus alrededores estaban cubiertos de roca y escombros, dejando la pequeña cueva muy reducida.
–¿Creen que los demás se encuentren bien? –volvió a preguntar la morena sacudiéndose la tierra de su falda.
–Eso espero –admitió Hiccup sin atreverse a pensar lo peor que pudo haberles pasado a sus amigos de no haber logrado escapar a tiempo.
–Sea como estén –dijo Honey –, debemos encontrar una salida. ¿Qué sucede muchacho? –agregó dirigiéndose solo a su howl que rebuscaba algo imperceptible para ellos entre las grandes rocas.
Furry andaba por un lado a otro, olfateando con su gran morro probablemente un aroma familiar.
–Creo que detectado algo –aseguró Hiccup animado ante el comportamiento y lenguaje corporal del dragón –, tal vez el aroma del exterior – y su interpretación resultó correcta cuando el dragón peludo movió una roca bastante pesada a un lado de entre de los escombros, dejando suficiente espacio para pasar su cuerpo –. ¿Lo seguimos?
Respondiendo a sus palabras, Toothless fue el siguiente en adentrarse por la grieta. Una vez que su cola desapareció de otro lado, su rugido característico dejó claro a los vikingos que era seguro cruzar.
Aquella abertura dio con un pasadizo entre las rocas que por milagro de los dioses había logrado permanecer intacto a pesar de los derrumbes. Los dragones marcharon por este largo corredor de roca delante de los tres jóvenes, probablemente percibiendo el sutil aroma del exterior.
La caminata se alargó al menos por otros quince minutos, lo que llevó a Hiccup preguntarse qué horas del día podrían ser. No tenía idea de cuánto tiempo se estuvieron inconscientes, así que eran altas las posibilidades que la mayor parte del día había pasado e incluso, la noche. Solo esperaba que su padre no fuera a enfurecerse demasiado por abandonar (sin intención) la inauguración del festival de Bork.
Aquel pensamiento de culpa le resultaba como una punzada en su pierna incompleta, que pronto se percató que en realidad se debía algo que llevaba en su bolsillo de su piel de oso y constantemente chocaba con su muslo al caminar.
–¿Qué es eso? –le preguntó Honey al verlo extraer de su bolsillo unos pedazos de metal.
–Son las piezas de la llave –respondió Hiccup mostrando a ambas chicas aquellos artefactos que había obtenido a lo largo del día. Una vez que estaban juntas parecía que encajaban unas con las otras –. Creo que si las giras de esta manera y pones la última así… listó, forman una sola.
Las tres piezas unidas hicieron un leve click cuando fueron colocadas correctamente, formando un pequeño círculo de filigrana, mucho más pequeño que un plato. Lo curioso era que en el centro, el metal concordaba de tal manera que formaba una figura muy conocida para ellos.
–Parece el símbolo de los esclavos –indicó Honey haciendo una pausa en la marcha hacia la salida. Y estaba en correcto; la imagen en el centro de la llave era indiscutible la “S” de dragón que solía marcar los cuerpos de esclavos. Una que recordaban claramente de la frente de Eginggarde.
Solo con un péquela diferencia. Un segundo símbolo se distinguía sobre la cabeza del dragón, algo parecido a una corona.
–Curioso –señaló Heather uniéndose a los gemelos –. ¿Qué tiene que ver eso con el tesoro de Grimbeard The Ghastly?
–El último rey del Wildest West fue quien promovió la esclavitud en archipiélago –le informó la chica castaña.
–Mira, se abrió algo en el centro –indicó la morena señalando una pequeña abertura que se había abierto al momento que había sido armada la llave justo en el centro y en la parte posterior.
–Un compartimiento secreto, porque no me sorprende –dijo Hiccup irónicamente. Introduciendo su largo y delgado dedo, sacó de la rendija un diminuto pedazo de papel que no tardó en leer en voz alta –: Tú que has descifrado mis rimas y sin ninguna desidia; con una llave ha sido premiado y la verdad se te ha otorgado; el tesoro es éste archipiélago salvaje, cada rincón hasta sus márgenes. Bajo el escudo, todo en uno.
Toothless y Furry, quienes había estado atentos a las acciones de los humanos cuando estos dejaron de seguirlos, se volvieron sobre sus espaldas y comenzaron gruñir a algo, tal vez invisible, que comenzaban a percibir desde el otro extremo del pasadizo.
Pero sus advertencias pasaron desapercibidas por los jóvenes.
–¿Qué quiere decir eso? –inquirió Heather sin comprender el poema.
– No lo sé –admitió el gemelo pecoso confundido –. Esta rima es diferente a las del resto del mapa, no hay indicaciones, es como si toda la búsqueda fuera solo por la llave… la llave de la verdad. ¿Pero la verdad de qué?
–“El tesoro es el archipiélago” “Bajo el escudo, todo en uno” –sugirió Honey –. ¿Es una metáfora de que debemos permanecer unidos? ¿Qué el archipiélago es un solo pueblo y ese es el tesoro y la verdad?
–Pues eso sería un tesoro muy aburrido –dijo una cuarta y sucia voz que resonó en aquella caverna dejado claro a los chicos que no estaban solos.
Chapter 89: Cría cuervos (Pt.15)
Chapter Text
Cría cuervos… (Parte 15)
Rápidamente los jinetes y sus dragones se volvieron para enfrentar al dueño de aquella voz, pero mucho antes de que pudieran identificar su rostro en la oscuridad de la caverna, un par de bolas y cadenas fueron lanzadas diestramente amordazando a Toothless y Furry.
–¡Toothless! –gritó el gemelo pecoso corriendo a socorrer a su amigo, quien intentaba retirarse las cadenas de su hocico. Ninguno de los dos logró su objetivo, ya que un grupo de greñudos vikingos se abalanzaran contra todos ellos.
–¡Hiccup! –lo llamó Honey antes de que un par de brazos las sujetaran desde atrás y la alzaran del suelo.
A pesar el creciente pandemónium en el espacio reducido de la caverna, fue claro para los jóvenes vikingos que sus atacantes eran bandidos outcast ante su terrible aspecto y olor corporal.
Superadolos en números, los atacantes lograron someter a ambos dragones que rugían y gemían sin parar, así como capturar a los hermanos Haddock sin mucho esfuerzo. Solo una del grupo continuaba libre.
–¡Heather! ¡Rápido! –le dijo Hiccup desesperado –. ¡Huye!
Por un pocos segundos, en que el terror se reflejaba en los ojos verdes de la morena, la chica permaneció inmóvil, como una liebre perdida sin saber qué hacer. Y cuando finalmente se decidió en dar un paso, una fuerte y callosa mano la sujetó del antebrazo.
–No tan rápido, niña –se burló Savage con una gran sonrisa de dientes amarillentos –. ¿A dónde crees que vas?
–¡Suéltame! –se quejo ésta forcejeando.
–De acuerdo –respondió el outcast soltándola inmediatamente. La joven morena cayó al suelo de bruces, ganándose unas carcajadas del resto del grupo de bandidos –. Adelante, huye –continuó Savage con su humillación –. Pide ayuda.
Heather le lanzó una mirada odio debido a la impotencia. Ante la mirada de ojos inyectados en sangre de los maleantes y de sus amigos cautivos, la chica se levantó de un solo brinco, quedando de frente a Savage. No huyó, no escapó, no se defendió.
–¡Heather! –esa vez fue Honey quien la llamó sin resultados.
La morena continuó de pie, con su mirada asesina dirigida al outcast.
¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué no huía? ¿Por qué no pedía ayuda?
–Que chiste tiene ¿verdad? –dijo el bandido cruzándose de brazos deleitado con la ira que reflejaba el rostro de Heather –. Cuando en realidad no corres ningún peligro.
¿Qué? ¿Qué había dicho Savage?
–¿Heather? –soltaron ambos gemelos ante el semblante firme de la morena, pero como si sus voces causaran una restauración en su cerebro, ella se volvió hacia uno y luego a la otra con una mirada de lástima que provocó que los hermanos contuvieran el aliento.
–Lo siento mucho, Hiccup –dijo Heather lastimeramente –. Honey.
Un terrible silencio se apoderó de la caverna ante sus palabras.
–¿Qué? – mustió Hiccup sin poder comprender que sucedía –. ¿Qué significa eso?
En cambio su hermana logró unir las piezas a pesar de lo cansado de su cuerpo y mente, dándose cuenta de la cruda realidad. Los recuerdos de sus terribles pesadillas volvieron confundiéndose con la realidad y pronto dejo de ver a la joven morena desamparada que había llegado a la isla y en su lugar quedaba un cuervo graznando constantemente mientras caían al abismo.
–Nos ha traicionado –masculló ésta sin fuerza, siendo sus palabras un balde de agua fría para su hermano. Ambos gemelos quedaron pasmados, perdidos ante la fatídica verdad. En cambio los outcast comenzaron soltar leves risas roncas que fueron cobrando fuerza con cada segundo.
–No, no, no –dijo Savage entre risas sacudiendo sus manos –. Están muy equivocados. Porque para traicionar a alguien en primer lugar debiste estar de su lado –acto seguido pasó su brazo sobre los hombros de la chica de cabellos negros y la obligó a volverse para contemplar la decepción en las miradas de sus supuestos amigos –. Nuestra querida Heather ha trabajado para nosotros todo este tiempo.
Las risas de los bandidos se intensificaron de tal manera ante el eco de la cueva, que pronto apagaron los gruñidos de los dragones que intentaba librarse de sus ataduras. Mientras, la mente de Hiccup trataba de encontrar coherencia a todo lo que estaba sucediendo, pero no era simplemente posible… Heather la tranquila… la dulce… la pobre chica desamparada…
–No puede… –balbuceó Hiccup con incredulidad – yo no… –entonces la verdad lo golpeó en la cara como una bofetada y las palabras de Astrid resonaron con más fuerza en su cabeza: “no deberíamos confiar en ella” –. ¡¿Por qué?! –rugió con un grito desesperado.
–¡Lo siento tanto, yo no quería que las cosa terminaran así! –Heather farfulló casi sin sentido en los que negaba con su cabeza agitando su cabellera en todas direcciones –. ¡Solo debía conseguir información! ¡Pero Alvin quería el libro y yo…!
–No pierdas tanta saliva, niña –Savage la estrechó contra su cuerpo haciéndola callar de inmediato –. Ni siquiera tu lengua viperina cambiará nada de los que has hecho. Eres una traidora… eres un outcast como todos nosotros.
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En contra de su propia voluntad, Stoick estaba de nuevo en su hogar una vez cayó el anochecer. Requirió de de Gobber, Spitelout y la mayor parte de la guardia de Berk arrastrarlo de regreso hasta la aldea.
Con la ayuda de la mayoría de los peludos Hooligans, habían conseguido escavar la caverna donde los hijos del jefe habían sido sepultados; tanto para su horror como alivio, ni ellos, ni sus dragones se encontraban bajo aquella tumba de roca y grava.
–Ellos cayeron en las profundidades –había explicado Astrid consternada, en cierta forma culpándose por no haber logrado salvarlos.
Era muy grande la posibilidad y con la gracia Odín, que los chicos perdidos y sus dragones, hubieran terminado en la antigua red de grutas que se extendía por debajo de la superficie de la aldea. Una serie de cavernas de grades dimensiones que asemejaba un laberinto y se rumoreaba que habían sido hogar de whispering death durante el tiempo que la isla estuvo deshabitada; en el pasado habían sido de utilidad como refugio ante invasiones y para perder a perseguidores.
Con el tiempo, las cavernas habían sido olvidadas a como la gente que conocía sus caminos morían, al final terminaron como lugares prohibidos por seguridad de cualquier lo suficientemente loco para adentrarse a ellas.
Lo cual no dejaba más opción de adentrarse a estas cavernas desde los cayos cerca de la costa, así como el gran agujero en la tierra que habían hecho en la base de la montaña. Pero una vez que la noche fue extendida por Borghild sobre sus cabezas, la tarea resultaba ser por sí más peligrosa.
–Deben de estar bien, Stoick –le aseguró Gobber tratando de calmarlo –. Tienen a sus dragones con ellos, ya verás que mañana los encontraremos. Ten fe que Freya los protegerá.
Pero eso no era lo que quería el gran líder vikingo, él quería tener a sus hijos consigo YA; a salvo, en su hogar y bajo su mirada protectora. Por ello una vez alcanzada la madrugada le resultaba imposible poder dormir. En realidad, lo que había trancurrido de la noche lo había pasado en junto al fogón de la sala de su hogar, contemplando las llamas casi hipnóticas en silencio, mientras que en sus manos el cofre de Valka giraba en todas direcciones.
Resulta curioso como los recuerdos llegan a uno en la soledad de la noche, bajo el silencio de la penumbra y las sobras avasalladoras. Ya no pensaba solo en sus hijos perdidos, sino también es su difunta esposa. ¿Qué pensaría ella de sus errores? ¿Estaría enfadada con él? ¿Lo culparía como él mismo se culpaba?
Al final de cuentas, él era el que llevó a sus hijos a la búsqueda de ese tesoro, quien puso la duda en la mente de Hiccup, era él a quien le importaba más la impresión de los demás. Y ¿Podríamos recriminárselo? Era un líder vikingo, con muchas personas a su cargo, estaba acostumbrado a pensar de antemano lo problemas, necesidades y pensamientos de su gente antes que de sí mismo. Eso en cierta forma había empeorado su ceguera a lo obvio.
Le había ocurrido muchas veces en el pasado, incluso antes de ser padre de familia y líder vikingo; la mayor victima de ese defecto había sido hasta entonces Humongously Hotshot “el héroe”.
Stoick lo había odiado con toda su alma durante su juventud, era su rival por el amor de Valka, aunque tanto él como ella lo ignoraban. Su deseo por vencerlo se volvió tan desesperado que permitió a Alvin convencerlo de ofrecerse como voluntarios de la búsqueda del corazón de rubí que se encontraba perdido en la isla de los Lava Louts, una tribu vikinga con la reputación de sacrificar a sus visitantes en honor de Hel. Hasta se rumoreaba que eran caníbales.
Los amigos lo habían hecho con la sola intención de adelantarse Humongously y obtener el corazón de rubí, el cual era el regalo de compromiso que había elegido el viejo Wrinkly para entregar la mano de su hija.
Para su sorpresa, en el viaje descubrió que el terrible hombre que había decidido engañar, traicionar y odiar con todo su ser, era una buena persona. Humongously lo trató con respeto durante toda la semana que navegaron hasta la isla de los Lava Louts, hacía lo posible de volverse su amigo a pesar de los desplantes de Stoick. Le enseñó mucho sobre la navegación, la lucha con espada y de los misterios que había descubierto en sus viajes por el archipiélago.
Humongously Hotshot había sido un heroico viajero y valiente vikingo, un joven maestro de la espada, el combate, la navegación, cartografía y un poeta empedernido. Y pudo haber sido mucho más…. pudo haber sido su maestro, su amigo. Pero por culpa de Stoick eso no sucedió.
Cegado por los celos y los susurros de Alvin en su oído, ese fue el último viaje de “el héroe”, así como su insistencia de la imagen impecable del hijo modelo vikingo, podría haber ocasionado la muerte a sus hijos.
Valka nunca lo hubiera perdonado si hubiera sido consciente de sus crímenes.
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Haciendo honor a su nombre, Savage no tuvo piedad de los gemelos Haddock ante su sufrimiento y la vergüenza de Heather. El outcast les describió con gran detalle los terribles planes de Alvin, de cómo la niña morena debía infiltrarse en su isla, hacerse amiga de ellos, descubrir sus secretos de cómo entrenar dragones y robar el libro de dragones. Pero la tortura no terminó, ya que reveló los cambios en los planes y cómo Hethaer debía guiarlos al mapa de Hamish II escondido previamente en el escudo del mismo y convencerlos en emprender la búsqueda lo antes posible.
Savage y sus hombres los habían estado siguiendo durante toda la búsqueda esperando el momento indicado de hacer su jugada, cuya oportunidad llegó cuando entraron a la caverna, donde los derrumbes los atraparon y separaron de sus amigos. Derrumbes que ellos mismos provocaron con ese solo propósito. Pero la cereza del pastel fue la orden que tenía Heather de llevar a Hiccup a su propia ruina… de cualquier forma posible.
–Heather… –soltó Hiccup lastimeramente ante la decepción –. ¿Cómo pudiste?
–No sean tan malos con ellas –dijo Savage irónicamente. El outcast se lo estaba pasando bonito con toda la situación –. Después de todo no pudo hacerlo, pero bueno, no es como si Alvin hubiera esperado que ella lograra matarte.
–¿Qué? –finalmente Heather alzó la mirada antes de empujar a Savage lo más lejos posible.
–Alvin solo quería llevaras al hijo de Stoick hasta nuestra trampa –explicó de nuevo el bandido con una sonrisa ladina –; nunca fue parte del plan matarlo. Y sabíamos que no podrías hacerlo, no eres tan fuerte para acabar con la vida –sus palabras helaron a los jóvenes cautivos por la facilidad que se burlaba de acabar con la vida de alguien.
–¡Entonces, me obligaron a efectuar un crimen que sabían que no podría hacer y que no querían en realidad! –gritó la chica con rabia –. ¡¿Por qué?!
–Por diversión.
Los outcast se rieron de lo lindo ante su sufrimiento.
–¡¿Y que si lo hubiera conseguido?!
Se rieron de nuevo, pero con más fuerza.
–Para eso el libro –explicó Savage altivamente –. Además, habrías probado ser mucho más útil al hacerlo –tomó a la chica morena de sus mejillas y la sacudió un poco –. De todas formas, Alvin ganaba.
–¿Ustedes nunca pensaban dejarme ir? –masculló ella a pesar del agarre.
–Finalmente piensas, pequeña estúpida. Todo esto ha sido una prueba de la utilidad de tu maravilloso don y a pesar de todo, has pasado con creces.
–¿Don? –preguntó Honey rápidamente recordando que ellos también se encontraba ahí–. ¿De qué están hablando?
–¿Acaso no se los dijo? –soltó el outcast a Heather para aproximarse a la gemela pecosa que era retenida fácilmente por uno de sus hombres –. Pensaban que eran ustedes los únicos especiales en este mundo, si serán idiotas. Nuestra querida Heather aquí, posé uno de los enigmáticos dones entregado por los dioses, aunque algunos también lo llaman una blasfemia – de nuevo tomó a la morena para tomarla del brazo y sacudirla ante los Haddock, exhibiéndola como una especie de fenómeno –. El don de Loki o también conocido como la lengua de serpiente. Le da la habilidad a su poseedor de que todas las mentiras que salgan de su boca sean creídas sin duda alguna. Una muy útil habilidad, pero maldición para otros; es por eso que en muchas islas del archipiélago condenan tal habilidad con córtale la lengua al poseedor. Por suerte Alvin la descubrió antes que algo malo le pasara a nuestra querida Heather –sentenció de ultimo frotando la cabellera de la chica como si de un cachorro se tratase. Ella intentó alejar la asquerosa mano del outcast sin éxito.
–Fue así como lo lograste… –dijo Honey cambiando radicalmente su semblante, la duda, el miedo y la traición ya no se reflejaba en su rostro, en cambio había rencor–, por eso creímos en ti tan fácilmente.
–Yo… –Heather estaba en las lagrimas – lo siento.
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Savage y sus hombres llevaron a sus prisioneros por un largo pasadizo a través de la caverna que desembocaba en una gruta en los cayos de Berk, donde un bote ligero los esperaba. Bajo la oscuridad de la noche serían casi invisibles para los habitantes de la isla desde el otro lado de la misma.
Era una estrategia muy astuta, pero eran ventajas geográficas que solo un hooligan podía conocer. Sin duda Alvin había aprovechado estupendamente sus conocimientos del lugar donde creció, pero eso no explicaba como Savage conocía a la perfección las cavernas que recorrían bajo la tierra; nadie vivo sabía a detalle el laberinto que era la gruta, ni siquiera los gemelos Thorston (los únicos lo suficientemente tontos para intentarlo) se habían adentrado tanto.
–¿Cómo es que sabían que existía esta caverna? –le preguntó Hiccup al outcast en lo que se acercaban al bote. Tenía que ganar tiempo, tenía que mantenerlos distraídos. Si dejaban pasar la noche, tal vez podían ser descubiertos…
–Tuvimos ayuda –respondió éste señalando a un grupo de bandidos esperando junto al sencillo navío. Entre ellos, el rostro de Mildew destacó de inmediato ante la enferma sonrisa en su rostro.
La pésima noche que habían tenido en cuanto a sorpresas, y era obvio que estaba lejos de terminar.
–Ya era hora que aparecieras, Savage –se quejo el viejo cascarrabias una vez que los bandidos y los prisioneros alcanzaron el navío –. En unas horas será el amanecer y si quieres largarte de Berk sin ser descubierto por la tonta guardia, tiene que ser ahora –le recordó arruinando la última esperanza que le quedaba a los prisioneros.
–¡Mildew! –espetó Hiccup indignado –. ¿Tú estás también en todo esto?
– No se hagan los sorprendidos –respondió éste ganándose la mirada de odio de ambos hermanos y un gruñido por parte de sus dragones–, haría lo que fuera para alejar esos malditos dragones de mi isla –dijo dándole un puntapié al cuerpo a maniatado de Toothless. Hiccup trató de detenerlo pero su captor no le permitió dar ni un paso, Mildew aprovechó la oportunidad para burlase en su cara–: Sin conquistador de dragones que los entrene, se acabará el problema.
Ahora todo tenía sentido, el porqué el viejo cascarrabias insistía en espiar su entrenamientos, como los outcast tenían conocimiento de las grutas bajo la isla (Mildew era lo suficientemente viejo para conocer la extensión del laberinto) y como había llegado en primer lugar el mapa de Hamish II al escudo del gran salón. Había sido el anciano todo ese tiempo, confabulando con Alvin con tal de deshacerse de los dragones de Berk. ¿Quién sabe en qué otras cosas le había ayudado?
–Pobres, niños –rió de nuevo Savage dando órdenes mudas a sus hombres con las manos, quienes de inmediato comenzaron a subir a Toothless y Furry al navío –. Deben de ser el peor día de sus putas vidas, no solo ser capturados ustedes y sus dragones, sino que también ser engañados como estúpidos por quien creían su amiga y traicionados por uno de los suyos. Sentiría lastima si no fuera malditamente divertido –soltó una sonora carcajada antes de darles un empujón a sus espaldas obligándolos a moverse –. ¡Atenlos en la cabina, malditos inútiles –gritó dirigiéndose a sus hombres –, que partimos de inmediato!
–¡Espera! –Hiccup intentó resistirse de ser arrastrado dentro del bote y le suplicó a Savage –: ¡Es a mí al que quiere Alvin, deja a Honey irse!
–¡Hiccup! –chilló su hermana en lo un outcast la llevaba hasta la proba del navío tirando de la soga que ataba sus muñecas.
–Dos Haddocks son mejor que uno ¿no? –fue la última burla que le dirigió Savage antes de que ambos hermanos y sus dragones desaparecieran de la cubierta del barco a sus oscuras entrañas –. No tan rápido, saco de huesos –agregó casi de inmediato volviéndose hacía el anciano Mildew que comenzaba a alejarse de los outcast tranquilamente con su oveja Fungus bajo el brazo.
–Cumplí mi parte de mi trato con Alvin –respondió de mala gana sin siquiera detenerse o volverse –, ya no tengo que hacer más negocios contigo.
Pero solo alcanzó a dar tres pasos más cuando fue retenido de los brazos por dos de los bandidos. Un tercero le arrebató con sus garras a su preciada oveja.
–¡Fungus!
–Claro que no tienes negocios conmigo, vejete –dijo Savage secamente –. No quiero tener nada que ver con un maldito asco como tú, pero Alvin quiere verte… personalmente.
La ladina mirada del anciano despareció de inmediato ante lo que podía significar eso. Trató de luchar sin resultados mientras era arrastrado dentro del bote, al final solo sus gritos y chillidos fue lo último que se escuchó de él en esa cueva.
Pero Savage estaba lejos de terminar, aún le quedaba un pendiente por resolver.
–Na ha ¿A dónde crees que vas? –detuvo a Heather posándose frente a ella, antes de terminara de subir la rampa que conducía a la cubierta del navío.
–A que Alvin cumpla su parte de trato –se quejo ésta frustrada. Había pasado un infierno, y si había condenado su alma, al menos iba a recolectar su premio –. Cumplí con sus ordenes, el prometió que…
–No has terminado el trabajo, niña.
–¿Qué?
–El libro… Alvin quiere el libro –y de un solo empujón, el outcast arrojó a Heather del bote dejándola en suelo de la caverna. En cuestión de segundos, sus hombres extendieron las velas y alejaron con los remos el barco de orilla –. Y espero que lo consigas lo más pronto posible o si no, decepcionaras mucho a mamá y papá –dijo de último mientras se alejaba en dirección del mar.
Heather vio horrorizada como el barco desaparecía en la oscuridad de la noche.
Chapter 90: Cría cuervos (Pt.16)
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Cría cuervos… (Parte 16)
Stoick no fue el único que tomó mal el receso precautorio en la búsqueda de los desaparecidos en la caverna, Astrid prácticamente trepaba por las paredes ante la desesperación y ansiedad de no hacer nada al respecto. La joven aprendiz de doncella guerrera estaba curtida para enfrentar directo los problemas, mirar al peligro a la cara y saltar con valor a lo desconocido. El pedirle paciencia y esperar no formaba parte de sus virtudes.
Peor aún, cuando la culpa la carcomía por dentro.
Técnicamente, Astrid no tenía ni la más mínima culpa del sucedido, pero momentos antes de la tragedia se había prometido a sí misma que no permitiría que nada le pasara a Hiccup y justamente así sucedió.
–¿Debe de haber algo más que podamos hacer? –le insistió por decima vez a su madre mientras ella intentaba mantenerla en su habitación.
–No por la noche –le dijo la mujer robusta tratando de mantener la calma aunque su rostro reflejaba consternación por lo sucedido. Aldeas tan pequeñas como Berk permitía que todos sus habitantes se conocieran, se cuidaran entre ellos y generaran sentimientos por sus vecinos. En los últimos dos años, su afecto por los niños Haddock había aumentado y más ante la probable unión de sus familias. Aunque trataba de mantenerse impasible, a Bertha igualmente le dolía –. No podemos darnos el lujo de perder más de los nuestros… no puedo perderte a ti también –agregó de ultimo con voz entrecortada acariciando con ternura las redondas mejillas de su hija.
Aunque Astrid tenía mucho que más objetar, se contuvo por darle gusto a su madre. Pero cuando su casa quedo en profundo silencio a como avanzó la noche, no pudo eludir más lo inevitable. No iba quedarse así sin hacer nada. Así que aprovechando la oscuridad de la noche, se escabulló de la cama y escapó de su hogar por la ventana. Después de asegurarse que su dragona continuaba dormida en su corral contiguo a la casa, se echó a correr por la aldea en dirección de la casa de Fishlegs.
Tal vez si todos los jinetes trabajan juntos, podrían adelantar la búsqueda antes que saliera el sol. Hiccup y Honey estarían en casa para el desayuno.
Fue cuando la vio.
Una fugaz silueta que al igual de ella huía de la luz de las antorchas y corría de sombra a sombra como criatura de la noche. Al principio le pareció un juego sucio de su mente, pero su constante aparición durante su recorrido, le indicó a Astrid que se trataba de algo más. O alguien más.
Cautivada como un gato ante el moviendo de una polilla, la joven guerra siguió la sombra con sigilo por casi todos los caminos y callejones de la aldea que no se encontraban fácilmente a la vista de un transeúnte, hasta que finalmente la sombra alcanzó su objetivo. La casa de los Haddock en la base de la colina.
Astrid pudo ver a escondida desde una barrica cercana, como la delgada silueta trepó sobre el potrero de Thornado, para luego colarse por la ventana de la habitación de los gemelos Haddock.
–¿Qué carajos? –musitó la chica inquieta con lo que acababa de descubrir.
¿Quién era esa misteriosa silueta y qué hacía en la habitación de Hiccup?
Fuera lo que fuese, Astrid lo iba a descubrir. Así que en cuestión de segundos, la destreza y agilidad de joven rubia le permitió trepar la pared de la casa del jefe de la aldea en segundos y desde la ventana, vislumbrar que ocurría en el interior de la misma.
Cuál fue su sorpresa descubrir nada menos a Heather sentada en el piso de la habitación entre las camas gemelas de los hermanos Haddock, con el libro de los dragones abierto sobre su regazo. La chica morena estaba tan entretenida en su lectura para percatarse que era observada.
Miles de pensamientos se amontonaron en la mente de Astrid en lo que trataba de entender que significaba todo eso: ¿Cómo era posible? ¿Cómo había escapado de la cueva? Y si fuera así ¿Dónde estaba Hiccup y Honey?
La poco probable idea de que Heather de alguna manera lograra escapar de la caverna y regresado para buscar algo de ayuda se formó en la cabeza de la joven en la ventana, pero rápidamente fue desmontada ante los actos de secretismo de la morena y su búsqueda directa del libro de los dragones.
–“…los nadder son leales y muy confiables una vez que sobrepasas el miedo a sus púas” –se podía escuchar la lectura de Heather en susurros –. “Cuando la confianza se ha formado, defenderá con todas sus fuerzas…”
–“A SU JINETE” –marcó Astrid las últimas palabras de párrafo con un tono tájate, entrando de un saltó en la habitación. El retumbar de sus pasos no fueron nada discreto, revelando la presencia de personas en el segundo piso, al único habitante actual de la casa: el jefe Stoick the Vast.
La revelación de la rubia tuvo un efecto inmediato en Heather quien de un brinco se puso a la defensiva en lo que marchaba de espaldas hacia la pared, con el libro de los dragones apretado contra su pecho. El pánico en su mirada dejaba evidente que no esperaba ser descubierta; fue cuando Astrid los supo: Heather le había hecho algo a sus amigos.
–¡Astrid! –masculló la morena en pánico, mientras sus ojos verdes buscaban a sus alrededores una ruta de escape –. ¡Astrid, que bueno que te encuentro! Hiccup y Honey siguen atrapados en la cueva, una roca le impide salir –agregó rápidamente aprovechando la consternación de su rostro para mostrarse convincente –. Debemos hacer algo para ayudarlos –trató de tomar el antebrazo de la rubia, quien la apartó de inmediato de un manotazo.
A pesar de sus lastimeras palabras y su acto dramático, Astrid podía ver más claro que el día que la joven delante de ella estaba mintiendo. Siempre le había tenido dudas ante sobre Heather, pero ahora le resultaba tan evidente como el cielo era azul y el pasto verde.
–¿Dónde están Hiccup y Honey? –dijo la rubia marchando firme hacia la morena.
–Ya te dije… –intentó insistir la otra dando pasos temerosas hacia atrás.
–Mientes. ¿Dónde están Hiccup y Honey?
–¡Eso es lo que trato de decirte! ¡Ellos siguen…!
De un solo empujón Astrid acorraló a Heather contra la pared justo al lado del escritorio.
–¡¿Dónde están Hiccup y Honey?!
Por unos breves segundos la mirada de ambas chicas chocaron, en lo que el inconfundible sonido de pasos revelaban que el jefe Stoick se encontraba subiendo por las escaleras. Entonces, como un resplandor que se revela en un parpadeo, el semblante de Heather cambio radicalmente, su miedo desapareció y una sonrisa ladina se formó en sus labios en lo que dijo:
–Nunca pude engañarte ¿verdad?
Los pasos en la escalera retumbaron por última vez en lo que el jefe Stoick alcanzó el segundo piso y con una antorcha en las manos, alumbró la oscura habitación que antes había estado solo iluminada por la luz de la luna que se colaba por la ventana.
–¡¿Quién está ahí? –dijo éste con su imponente voz.
Astrid se volvió por unos segundos para informarle que estaba sucediendo, cuando sorpresivamente recibió un macizo y directo golpe en lado de la cabeza que la hizo tambalear y caer al suelo. Escuchó la voz del jefe gritar su nombre, algunos barullos y pasos retumbando sobre la madera, mientras su cabeza daba vueltas y sus ojos veían estrellas.
Lo siguiente que supo fue que el jefe Stoick la sujetó por los hombros para ayudarle a ponerse de pie.
–¡Astrid! ¡Astrid! ¡¿Estás bien?!
–¿Qué… qué paso? –masculló ella tambaleándose. Finalmente logró enfocar su vista para toparse con los angustiados ojos verdes del jefe, su grande y redonda nariz, y sus cobrizas trenzas de vello facial a unos centímetros de su rostro.
Pero no necesitaba realmente una respuesta a esa pregunta. En su leve momento de distracción, Heather había aprovechado para golpearla con un remplazo de prótesis de la pierna de Hiccup que se encontraba a su alcance en el escritorio. Y por la sola presencia de ella y Stoick en la habitación, dejaba claro que la morena había logrado escapar con el libro de los dragones.
Astrid estaba furiosa. Tanto como para olvidar su herida y el mareo, para salir corriendo de la casa de los Haddock aunque fuera tambaleándose. Estaba segura que habría terminado matando a Heather si la hubiera alcanzado en ese justo momento; por desgracia de la joven doncella guerrera, alcanzó a vislumbrar como la morena huía volando de la aldea montando nada menos que en su Stormfly.
–¡Maldita ladrona, hija de su reputa madre!
Sus gritos alertaron a los hooligans en cuyas casa comenzaron a encenderse leves antorchas anunciando la interrupción del sueño de sus habitantes.
No permitiría que esa mentirosa desgraciada se le escape, aunque muriera en el intento.
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–¿Heather, Astrid? –le peguntó por decima vez Fishlegs sin poder creer lo que estaba diciendo –. ¿Heather?
Por suerte para la rubia, los demás jinetes tampoco habían logrado consolar el sueño después de lo sucedido en la caverna, por lo que requirieron un par de minutos para avisparse y lanzarse a la persecución con sus dragones, aunque las palabras de Astrid les parecieran completamente descabelladas.
–¡¿Esto te parece falso?! –gruñó indicándole el moretón que comenzaba a formarse en su mejilla, aunque desde la distancia entre Hookfang y Meatlug era casi imposible verlo, aún pesar de que comenzaba a salir el sol en el horizonte.
Para Astrid no era precisamente su lugar favorito montar detrás de Snotlout, pero debido a que solo contaban con solo tres dragones y el nightmare era el más rápido que quedaba, no tenía otra opción. El tener un solo dragón comenzaba a ser improductivo.
–Pero… ¿Heather? –insistió Snotlout agachando la cabeza y esperando el golpe.
Astrid solo gruñó más. No era el momento para eso, tenían que alcanzar a la morena si importar a donde se dirigiese; pero comenzaba a preocuparse que tal vez ella les había sacado demasiado ventaja.
–Stormfly es muy rápida –aceptó Fishlegs –, pero lo es cuando tú la montas –señaló ganándose unos puntos de simpatía por parte de la rubia.
–Pero el Tuff piensa que Heather es más ligera que Astrid –comentó el gemelo rubio –. Astrid tiene más músculos.
–Y cuerpo de niño –se rió Ruffnut ganándose un par de carcajadas de su hermano.
Astrid juró que una vez que salieran de esa crisis, patearía el trasero de Tuffnut, Ruffnut y Snoutlout tan fuerte que sus antepasados que celebraban en el Valhala sentirían el golpe.
–No te preocupes, Astrid –dijo Snoutlout con tono coqueto –. Me gusta más tu cuerpo musculoso.
El joven Jorgenson habría terminado llorando del fuerte puñetazo que iba sentarle Astrid en la testa, pero ésta se detuvo al vislumbrar en el horizonte a nada menos que su nadder y la intrusa en su lomo. Pero no era lo único perceptible en la distancia ante la salida del sol, una pequeña barcaza navegaba rápidamente ante su ligero peso. La cresta pintada en su vela dejaba claro que eran outcasts.
Lo cual explicaría igualmente la dirección en que se dirigía tanto el bote, como la dragona.
–¡Chicos! –gritó aterrorizado Fishlegs –. Vamos directo a la isla de los outcasts.
Todo comenzó a tener sentido en la cabecita rubia de Astrid. Los outcasts estaban detrás de todo. Tenía que ser.
–¡Snoutlout! ¡¿Crees que podrías elevarnos sobre Stormfly?!
–¿Qué si puedo? –chistó el chico moreno altaneramente antes de indicar a su du dragón lo que quería la joven rubia.
Con un par de fuertes aleteos, Hookfang alcanzó la posicionarse sobre Stormfly sin problemas, y antes de que cualquiera de los jinetes pudiera preguntar que planeaba Astrid, la chica se lanzó desde el lomo del nightmare directamente hasta el de su dragona.
Algo logró alertar a Heather de la presencia de los demás dragones, pero no le dio suficiente tiempo para evitar a la chica que le cayó encima. Rápidamente, Astrid aprovechó su confusión para hacerle un candado al cuello, del cual la morena se defendió mordiéndole el antebrazo.
–¡Vamos Astrid! ¡El Tuff quiera que la patees en lo huevos!
El escándalo que ocurría sobre sus cabezas igualmente alertó a los ocupantes de la barcaza, que no tardaron ni un momento en disparar flechas contra todos, mientras cada instante que pasaba, se acercaban más a la isla maldita de los bandidos.
Finalmente las flechas lograron a asustar lo suficiente a Stormfly, quien se sacudió de encima a ambas chicas. Astrid que conocía a su dragona de arriba abajo, estaba esperando ese momento. Justo antes de salir proyectada sobre la cabeza de la dragona, alcanzó a sujetarse de una de sus púas y ágilmente volverse posicionarse sobre su lomo.
En cambio Heather y el libro de los dragones, cayeron en picado hacia el mar.
Snotlout y Fishlegs se lanzaron por igual para atraparlos, teniendo éxito con la chica y no el libro, el cual como una cruel broma de los dioses cayó en la cubierta del navío outcast.
Teniendo de nuevo el control de su dragona, Astrid la guió directo a recuperar el libro de las garras de los bandidos, por desgracia la persecución los había llevado muy cerca de la isla, lo suficiente para quedar a distancia de sus catapultas. Pronto bolas de fuego y flechas volaban en su dirección.
Aunque Meatloug pudo devorar varios de los proyectiles en llamas, estos eran demasiado para continuar la persecución. Sin más alternativa, Astrid llamó a los jinetes en retirada, marchándose con el único botín que habían obtenido del asedio, Heather.
La chica esperaba lograr sacarle la verdad del paradero de sus amigos, aunque ignoraba que en aquel bote que acaba de perder, era justamente donde se encontraban cautivos.
Chapter 91: Cría cuervos (Pt. 17)
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Cría cuervos (Pt. 17)
Una vez que la barcaza atracó en la isla outcast, inmediatamente Hiccup, Honey y Mildew fueron arrastrados fuera de ella a maniatados, separándolos de Toothlees y Furry. El misterio de lo que sucedería con sus dragones, quedo como una preocupación extra en las mentes de los chicos, conjunto a la de su propia seguridad.
Savage condujo a los prisioneros por las grutas y largos corredores de piedra que conformaban la isla. En realidad, esta estaba lejos de ser lo que se imaginaban, ya que al parecer la superficie era muy peligrosa y desolada, que los prisioneros tuvieron que adaptarse a vivir en cuevas y cavernas debajo de la superficie.
Solo aquellos que habían puesto un pie en ella sabrían que esas grutas eran sumamente antiguas, la mitad de ellas resultaban ser naturales, mientras el resto había sido productos de trabajo forzado y tallado lento de la roca por generaciones de prisioneros. Pero como la idea de la isla era que sus habitantes no fueran capaces de salir, dejaba claro el desconocimiento de la terrible vida que se llevaba a cabo en esta.
Al final de cuentas lo que ocurría en la isla no era del interés de nadie. Era un lugar prohibido que fue designado para convertirse en prisión de los criminales y traidores debido a sus pésimas condiciones y recursos naturales. Mucho antes de que fuera bautizada como el hogar de los outcast, el lugar ya tenía la fama de ser un inhóspito, maldito y desagradable lugar que se debía evitar a toda costa.
Ahora los hijos de Stoick se encontraban atrapados en ella, siendo prisioneros del traidor más grande del archipiélago barbárico.
Sus captores los condujeron por corredores y corredores sumidos en la penumbra a pesar que el sol había salido en el exterior, mostrando a los gemelos las terribles condiciones en que vivía muchos de los prisioneros y algunos pobres dragones que habían sido atrapados por ellos. Era una imagen increíblemente triste y deprimente.
Finalmente llegaron a su destino, una enorme sala circular que parecía encontrarse más cerca de la superficie ya que contaba con un par de ventanas. En una de ellas, un cuervo gigantesco y negro como la noche graznaba ocasionalmente, mientras la escasa luz se colaba por el agujero tallado en la roca. Aun así las sombras reinaban en la habitación solo siendo amortiguadas por una fogata contigua a una enorme y toscamente mesa tallada de madera oscura.
Recargado en sobre la ella y dando la espalda a la entrada principal de la habitación, se encontraba la enorme masa de músculos, sudor y vello facial que era Alvin the Treacherous. La presencia de los recién llegados no requirió ser anunciada, ya que el bandido y los secuaces que lo acompañaban se volvieron pronto hacía ellos como sí ansiosamente los estuvieran esperando.
–Bienvenidos sean –los saludó Alvin extendiendo los brazos como si los recién llegados fueran familiares lejanos –, a mi humilde morada. Savage, no seas grosero y ofréceles bocadillos a nuestros invitados.
Una macabra carcajada se apoderó de cada uno de los outcast en la habitación, en lo que Savage aprovechaba para obligar a Hiccup, Honey y Mildew a arrodillarse frente a su líder.
–Alvin –lo llamó Hiccup desafiante –. ¿Dónde están nuestros dragones?
El greñudo outcast no respondió de inmediato, en cambio apoyó su mano en la mesa, en lo que negaba con su dedo índice y su cabeza.
–Error, Hiccup –dijo con voz burlona –. Son mis dragones ahora.
Otra carcajada retumbó en la oscura habitación en lo que el cuervo en la ventana graznó con fuerza.
–Sí, sí, ya tienes lo que querías –gruñó Mildew interrumpiendo la diversión de los bandidos–. Cumplí con mi parte de trato. No tengo por qué estar aquí, maldita seas –trató de levantarse, pero fue detenido por un puntapié de Savage directo a las rodillas, obligándolo a permanecer en suelo.
Alvin contempló todo con una fría mirada que resultaba más filosa que a hoja de una espada. El outcast se alejó de la mesa para quedar justamente delante del desagradable anciano.
–Mildew, siempre será un maldito infeliz ¿verdad? –le dijo.
–Mira tú reflejo, Alvin.
–Ah, yo sé bien quién soy –Alvin apoyó una rodilla en el suelo frente al anciano para quedar a su altura visual –. Tú eres aún el que te sigues viendo como un miembro de la tribu, cuando no eres diferente a mí. Eres un traidor como nosotros –agregó indicando a los demás outcast en la habitación.
Por un momento los ojos del viejo cascarrabias demostraron aflicción, para luego volverse a los gemelos Haddock que lo contemplaban con más desprecio y terminar en el cuervo mirada muerta que parecía traspasar su alma. Por un breve segundo su arrugado rostro dejo en claro que entendía las implicaciones de lo que había hecho, antes de recuperar nuevamente su actitud testaruda y bramar:
–Me trajiste para hablar conmigo, ya lo hiciste, ahora me iré de aquí.
–No tan rápido, saco de huesos –Alvin detuvo sus nuevos intentos de levantarse posando su pesada mano en el hombro del anciano –. Es que no lo sabes, al ser un traidor con nosotros tu lugar es aquí… con nosotros –una terrible sonrisa de dientes manchados se dibujó en su rostro capaz de perturbar hasta un muerto.
–¡Ese no fue parte del plan! –chilló Mildew con miedo.
–Soy un traidor después de todo –confesó Alvin poniéndose de pie –, acaso no lo acabas de señalar. Busquen para el viejo la mejor celda de la casa –ordenó el bandido a sus hombres –. Después decidiré que hacer con el viejo saco de huesos.
–¡No! ¡No puedes hacerme esto! –gritó el anciano con mayor fuerza en lo que era tomado por las axilas y arrastrado fuera de la habitación por los secuaces de Alvin –. ¡Teníamos un trato! ¡Maldito engendro que trajo el mar! ¡Después de todo lo que hice por ti! ¡Todos los años que vi por ti! –sus alaridos continuaron, poco a poco perdían fuerza en lo que lo alejaban de la habitación.
Al final en la morada solo quedaron Alvin, Savage y dos bandidos más aparte de los gemelos Haddock. Aún sus posibilidades de escape eran muy bajas.
–No vas a salirte con la tuya, Alvin –dijo Hiccup con valor y obstinación.
Alvin no se impresionó.
–¿Y… me podrías decir qué es con lo que planeo salirme con la mía?
Bueno, esa no era la respuesta que esperaba Hiccup, que por desgracia esfumó la determinación que pudo mantener la mayor parte de su tiempo que llevaba cautivo.
–Sin duda algo malo –intervino Honey tratando de cubrir la falta de su hermano, aunque ya fuera tarde.
–¿Algo malo? –repitió Alvin antes de estallar nuevamente carcajadas, algo que sus hombres no fallaron en imitar y hacer sentí a los pobres chicos prisioneros, justamente lo que eran, unos niños.
–Eso ni siquiera describe lo que planeo hacer –explicó el bandido entre risas –. Pero tal vez para sus mentes infantiles es suficiente saber que es algo “malo”.
Realmente Alvin sabía cómo hacerlos sentir mal, fue un esfuerzo descomunal para los gemelos Haddock no encogerse del miedo que era capaz de generar ese hombre. El líder de los outcast se tomó su tiempo para reírse a sus anchas hasta que repentinamente soltó un puñetazo en la mesa que hizo brincar todo en ella, así como los dos jóvenes vikingos arrodillados en el suelo.
–¡Planeo muerte, destrucción… venganza! –soltó con un alarido –. Venganza sobre todo lo que odio: las tribus vikingas y los Hooligans. Y sobre todo, deseo ver la desesperación en el rostro del gran Stoick the Vast antes que clave mi espada en su corazón. Quiero acabar con todos y cada uno de los responsables de que mi vida se volviera un infierno.
–El único responsable de ello eres tú –Honey no supo de dónde sacó el valor para contradecir al bandido ante tal arranque –. Mi padre nos contó como lo traicionaste primero… y a todo Berk.
–¿Acaso tu padre te contó también los sórdidos detalles que llevaron a eso? –dijo Alvin claramente fascinado con el desafío de la niña –. ¿Todo lo demás a parte del conflicto con el nigthmare? ¡¿De cómo él es también un traidor como yo?!
Era un conocimiento común para Hooligans que Alvin fue uno de los suyos, pero sus acciones fueron lo que llevaron a Stoick a sentenciarlo a la isla outcast hacía años atrás. No al revés.
–¡Nuestro padre no es un traidor! –explotó inmediatamente Hiccup poniéndose de pies, para ser empujado al suelo de nuevo por Savage.
–¡Tú padre mató a un hombre por una mujer! –dijo el bandido y el efecto fue inmediato. Los hijos de Stoick quedaron pasmados ante las palabras de Alvin, quien en cambio parecía extasiado con la reacción que obtuvo.
–No saben ni una puta pizca de mi pasado o el de su padre –gruñó nuevamente –. Saben que también fui un Hooligan, pero ¿saben que no por nacimiento? –agregó con una fría y amenazante mirada que les advertía a no interrumpirlo –. Al igual que muchos niños débiles y enfermos me lanzaron al maldito mar poco después de nacer como si fuera basura; pero según las leyendas, si Njord me perdonaba la vida en las terribles aguas se me darían otra oportunidad y su fuerza. Menudas estupideces… aunque, esa parte de la leyenda resultó ser cierta –dijo apretando su puño airosamente –, pero hay verdad que los imbéciles que lanzan a sus hijos al mar con la esperanza de que los dioses los perdonen no saben.
El bandido soltó un largo resoplido como si intentara calmarse antes de continuar.
–No importa si tienes el perdón de un dios, cuando todo mundo te ve como una escoria. Aún si te rescatan de mar, siempre serás un extraño para la tribu, una mala semilla. Y vaya que sí fui una mala semilla, tal vez por ello mi madre se libró de mí en primer lugar.
–Aunque los habitantes de Berk salvaron mi vida –continuó –, me relegaron a una existencia de marginado en su propia isla. Señalándome como una basura o un ser indecible y maldito. Un estorbo más.
Hiccup tuvo un terrible escalofrió. No era que simpatizara con la terrible historia de Alvin o que la justificara, pero el gemelo pecoso comenzó a ver similitudes entre la historia de outcast con su propia experiencia personal. Los Hooligans eran su gente, Berk su hogar, pero no importaba si lo había superado, nunca olvidaría como lo trataron por años como un paria por tan solo ser diferente. Y Honey no pensaba muy diferente, solo que ella nunca le dio valor a la aprobación de la aldea.
–Eso te curte y te hace más fuerte –dijo Alvin continuando su monologo –, no es vida lo admito, pero maldita sea te muestra la verdad de nuestra existencia.
–¿Y cuál sería esa? –le preguntó Hiccup casi intrigado.
Su hermana le lanzó una mirada de soslayo. Sería muy ingenuo de ellos si creyeran cada una de las palabras de Alvin por compasión.
–Que todos estamos solos realmente –respondió el bandido ganándose la aprobación de sus hombres y un graznido de su cuervo. Claramente, Alvin ya los había adoctrinado con sus creencias –. La familia, la tribu, la compañía de las personas está sobre-valorada y te darán la espalda en la oportunidad más conveniente. Pero eso lo aprendí con el tiempo mientras trataba como estúpido el ser aceptado, ganarme la aprobación de la aldea como idiota pendejo que se arrastra por un poco de afecto. Nunca lo recibí jodidamente de nadie, ni siquiera de esa bolsa de huesos de Mildew, quien fue el que me sacó del mar en primer lugar.
Hiccup y Honey intercambiaron miradas. Eso explicaba muchas cosas; obviamente cualquiera habría terminado como traidor después de haber tenido que ser cuidado por una sabandija como Mildew.
–El único apoyo que tenía en esa maldita isla fue de su padre –admitió el bandido calmando su tono nuevamente –. Él fue mi único amigo… o eso creía. Hasta que me dio la espalda, pero debí habérmelo imaginarlo después de lo que hizo Hotshot.
–¿Quién es Hotshot? –preguntó Honey.
– Humongously Hotshot “el Heroe”. Un viajero y aventurero vikingo que solía realizar hazañas por todo el archipiélago. El pobre bastardo se volvió la leyenda del momento y todos estaban como estúpidos queriendo saber de él, excepto su padre. Resulta que su madre se enamoró de Hotshot cuando visitó por primera vez Berk y como Stoick todavía no se declaraba, Valka era libre como paloma en primavera para revolotear como sosa alrededor de Hotshot.
Alvin y sus hombres rieron de bajo ladinamente, ocasionándole repulsión a ambos gemelos Haddock. Pero permanecieron callados.
–Su padre como imbécil enamorado vivía desconsolado porque la mujer de sus sueños no le hacía caso –continuó el hombre con su explicación de alevosía y ventaja. Se recargo contra la orilla de la gran mesa de madera para sí contemplar la reacción de sus cautivos con fascinación. Disfrutaba ver su desconcierto en la mirada de Hiccup y Honey –. Era un estúpido empedernido que quería que ella quedara prendidamente enamorada de él, como él lo estaba de ella. Cuando en realidad ella se buscaba a otro.
Las carcajadas de los bandidos aumentaron en fuerza. El cuervo de Alvin voló desde el marco de la ventana hasta el hombro de su amo, graznando al mismo ritmo que las risas.
–Pero Hotshot se le adelantaría. Tenía planeada una nueva aventura para conseguir el corazón de rubí para así entregárselo a Valka en su compromiso oficial. El corazón de rubí era uno de los tesoros más preciados de los Lava Louts desde la época del antiguo rey, lo ocultaban celosamente en uno de sus templos cerca de la boca del volcán en su isla. Stoick y yo nos unimos como tripulación de Hotshot con la sola intención de engañarlo y arrebatarle la gema antes y así él se ganará el corazón de Valka.
Eso… no podía ser cierto. Trató Hiccup de mantenerse fuerte y firme ante las mentiras de Alvin, pero comenzaba a dudar que realmente fueran ciertas. Su padre les había explicado días atrás que su madre tuvo otro pretendiente antes que él ¿Acaso se refería a Hotshot? ¿Qué había pasado con él? ¿Por qué al final su madre había elegido a su padre?
–Pero todo se fue al carajo cuando Stoick hizo que los guerreros Lava Louts descubrieran a Hotshot. Tuvimos que salir de ahí huyendo para conservar nuestras vidas. Nunca volvió a saber de Hotshot –dijo Alvin de último con un terrible significado.
No podía ser la verdad. Insistía mentalmente Honey en un intento de no ser engañada por la treta de Alvin. Su padre no era perfecto; era terco, necio y obstinado, pero huir corriendo iba en contra de todo su ser. El outcast mentía, no había otra opción.
–Sí quieres hacernos creer que nuestro padre entregó a un hombre por una gema, eres muy ingenuo– gruñó Honey frustrada, ganándose las burlas de los hombres de Alvin.
En cambio, el bandido permaneció en calma. Se levantó de su puesto junto a la mesa y ando hasta el otro lado de la habitación. El cuervo en su hombro se balanceó de un lado a otro con cada paso, hasta que alcanzó su objetivo. De una repisa raquítica tomó un pequeño cofre de madera y dándole la espalda a los gemelos, sacó su contenido.
–¿A sí? –dijo antes de volverse y revelarle una gigantesca piedra preciosa del color rojo fuego, que resplandecía ante la luz de las llamas de la fogata. Tenía forma de corazón y pendía de una dorada cadena.
Los Haddock quedaron hipnotizados con la gema en lo que Alvin sacudía frente a sus como si fuera prueba suficiente de sus palabras.
–Logramos nuestro objetivo, pero tan pronto Stoick comenzó a culparme de lo sucedido, le oculté la piedra y le hice creer que todo había sido en vano. Al final ni siquiera la necesito, ya que se consiguió a Valka después de todo con Hotshot muerto ¿no?
–N-no tenemos que creer en alguien que admite abiertamente ser un ladrón –soltó Honey saliendo del trance–, un mentiroso y traidor.
–He ahí la diferencia –respondió Alvin arrodillándose frente a Honey y colocando la cadena de corazón de rubí alrededor de su cuello –. No tengo que ocultar las cosas que he hecho, a diferencia de tu padre –jaló de la cadena obligando a la gemela pecosa a mirarlo directo a la cara ya que la chica fácilmente perdía la mirada en el cuervo en el hombro de Alvin como si este también le estuviera halando –. Después de eso, abandone la isla. Decidí buscar mi propio hogar, tal vez incluso mi lugar de origen o mi madre, pero lo único que encontré en este archipiélago de Hel fue más falsedad, engaños, mentiras y traiciones. A nosotros lo outcast nos llaman así porque nos ven como los rufianes, cuando las tribus no son muy diferentes –remarcó soltando la cadena y dejando a la chica respirar.
–Después de unos años me cansé de navegar sin rumbo y regresé a Berk –continuó poniéndose de pie –, para ese entonces Stoick ya era líder vikingo y ustedes estaban en camino. Esperaba que mi viejo amigo hubiera cambiado con el tiempo y me recibiera con los brazos abiertos, y así lo fue un principio, pero pronto me di cuenta que la isla no era diferente a como la recordaba, tampoco Stoick.
–Me volví miembro de la guarda y en el primer ataque de los dragones en que defendí la isla, Stoick y yo diferimos en como derrotar a nigthmare, su padre hambriento de gloria no deseaba que nadie más le ganara la admiración de su gente, por lo que me acusó de la muerte de un miembro de la tribu que murió durante ese ataque. El día síguete fui desterrado a esta isla.
–Este lugar no es muy diferente a lo que viví en el archipiélago –masculló Alvin con desprecio –. Sabía cómo sobrevivir en precarias situaciones, así con el tiempo tomé el poder de estas desgraciadas sabandijas –indicó a sus hombres – y hasta en cierta forma mejoré sus vidas, aquellas que los miembros del archipiélago desecharon prácticamente a morir en esta isla –bramó con fuerza y orgullo espantando al cuervo en su hombro que salió volando de inmediato por la ventana.
–¡Son asesinos, mentirosos y traidores! –gritó Honey harta de la palabrería de Alvin –. Ni que la isla Outcast fuera un paraíso.
Pero en lugar de molestarse (el objetivo que buscaba la chica) el bandido le regresó otra terrible sonrisa que desfiguró horriblemente su rostro ante la escaza luz mortecina de la fogata.
–En realidad, me dio todo lo que necesitaba –dijo éste sin inmutarse –. Material si sabes buscarlo, tropas sedientas por venganza como yo y muchos dragones –acto seguido, posó su mano grande y callosa sobre el hombro de Hiccup –. Es ahí donde entras tú conquistador de dragones.
Hiccup le devolvió una mirada incrédula recordando la última vez que Alvin lo había llamado así.
–Mildew me estuvo informando de tus hazañas, tus dragones y pronto me dejo en claro que el escullido hijo de Stoick eran un dragon whisperer.
–¿Un qué? –soltó Hiccup al no esperarse aquellas palabras.
–Un dragon whisperer ¿Acaso no lo sabías? –el bandido se burló de nuevo –. ¿Pensabas que era un chico normal que simplemente le agradabas a los dragones? –agregó con un tono que casi hace a Hiccup sentirse mal de sí mismo. Pero sabía que ese era el propósito Alvin, lo había sido durante toda esa conversación –. No. Es un don, un don muy antiguo de los dioses que te permite domar y comprender a los dragones.
El outcast se arrodilló frente al gemelo pecoso como lo había hecho antes para Honey y Mildew.
– Hay muchos dones que se olvidaron con el tiempo, otro se prohibió y se obligaron a olvidar. La existencia de los dragon whisperers eran penado con la muerte durante el reinado del último rey del archipiélago, ya que lo consideraban un don maldito, porque los que lo poseían podían controlar a cualquier dragón.
El corazón de Hiccup se aceleró contra su voluntad, pero aquella descripción era imposible de ignorar. El chico podía recordar cómo era capaz de entender que era lo que deseaban los dragones con simples movimientos, comprender sus sentimientos y conectarse con ellos.
–¿Cómo sabes eso? –dijo Hiccup finalmente cautivado por la curiosidad y las palabras de Alvin.
– Hay muchos secretos del reino antiguo que fueron ocultos después de la muerte de Grimbeard The Ghastly, pero que siguen existiendo en tierras abandonadas después de la caída del imperio. Durante mis viajes llegué a extremos muy lejanos del archipiélago, hasta las regiones congeladas del ártico, las tierras de los esclavistas del viejo continente y las aguas pérdidas del este y donde aún los cazadores de dragones buscan las más raras especies de dragones.
Se solía decir que los gemelos eran bendiciones de los dioses y que estos siempre trían consigo algún don especial. Hiccup lo había olvidado ante sus años de rechazo, pero finalmente todo comenzaba a tener sentido. Poseía un don otorgado por los dioses, ya no era mito o sospecha, era una realidad.
Era un dragon whisperer.
Al menos podía estar seguro que Alvin no mentía en ello, ya que agregó:
–Pude ver de primera mano las ventajas del poder de controlar a un dragón contra su voluntad. Por lo cual resultaría muy útil tener a un dragón whisperer en mi isla para controlar fácilmente a todos los peligrosos dragones que hay en ella.
–Ese es tu plan –dijo el gemelo pecoso comprendiendo ahora todo –. Quieres que te ayuda a hacer un ejército de dragones para que puedas vengarte de todos los que te dieron la espalda ¿verdad? –gruñó el chico con rencor a pesar del impacto del descubrimiento –. Pero se olvidas algo, Alvin. No tengo porque ayudarte.
El bandido se rió en lo que se puso de nuevo de pie. Sus terribles carcajadas dejaban en claro que esa amenaza no le sorprendía en lo más mínimo.
–Sí logré que Heather usara su don para mí.
–¿Qué le hiciste a Heather?
–Me enteré por mis fuentes que existía una niña en Quiet place con la habilidad de la lengua de serpiente, y sabía que podía sacarle mucho provecho a esa clase de servicios –se burló en lo que sus hombres lo imitaron –. Por experiencia sé que es muy fácil hacer cooperar a alguien cuando descubres su debilidad –y con una simple orden con su mano, los secuaces de Alvin actuaron de inmediato y sin cuestionar.
Hiccup y Honey fueron tomados al igual que Mildew de las axilas, levantados fácilmente del suelo y obligados a flexionarse sobre la mesa. Sus torsos y rostros quedaron aplastados contra la superficie de madera, mientras sus piernas colgaban de la orilla.
–¿Qué dices muchacho? –dijo Alvin casi jovialmente contemplando la posición forzada en la que había sometido a sus prisioneros –. ¿Dispuesto a cooperar?
Hiccup gruñó en respuesta, incapaz de articular una palabra ante la presión que ejercía la rodilla del bandido en su espalda que lo mantenía en esa posición. Otro hacía lo mismo con Honey, mientras que Savage había desaparecido de su rango de visión, pero el sonido de sus pasos y acciones dejaban denotar su presencia en la habitación.
–Hiccup – lo llamó Alvin con firmeza bajando su rostro a su nivel –, harás lo que yo te pida o tu hermana pagara por tu rechazo.
Acto seguido, el rufián que detenía Honey sin mucho esfuerzo, tomó su daga y con agiles movimientos comenzó a trozar la ropa de la chica, su abrigo de piel de oso y su túnica, hasta dejar la espalda de la chica descubierta.
–¡Esta bien! ¡Acepto! ¡Acepto! –gritó Hiccup de inmediato al escuchar los gemidos de horror de su gemela. El banido se detuvo de inmediato, pero no guardó de nuevo su arma.
–Me alegro que llegáramos rápidamente a un acuerdo –soltó Alvin satisfecho en lo que se enderezaba. Savage apareció de nuevo en el rango visual de los gemelos para entregarle a Alvin un atizador de metal –. Pero como por desgracia ya me has engañado una vez…
El bandido que había cortado las ropas de Honey, pasó su daga al que retenía a Hiccup llevando a cabo el mismo procedimiento en él. Fue cuando los gemelos entendieron que estaba por suceder.
Antes de que si quiera pudiera preparase mentalmente para lo que estaba por pasar, Hiccup sintió un terrible dolor en su espalda, justo en la altura de los omoplatos y el centro de la misma. Sintió un terrible dolor que solo se asemejaba al momento en que tuvo que perder su pierna, pero en esta ocasión se encontraba lo suficientemente consiente para que sus fosas nasales reconocieran el perturbador olor de su piel chamuscada.
Grito de dolor.
Cuando Alvin terminó de dibujar en su espalda con el metal incandescente, repitió la acción de Honey. Sus alaridos taladraron los tímpanos de Hiccup como si el dolor se repitiera de nuevo en él.
–La marca de los esclavos –explicó Alvin cuando terminó su macabra obra de arte en las espaldas de los gemelos –. Con ella han dejado de ser vikingos… personas… no tendrán un lugar más en el archipiélago que en esta isla –disfrutando sus acciones, agregó –: Ahora ustedes me pertenecen.
Chapter 92: Y te sacaran los ojos (Pt. 1)
Chapter Text
…y te sacaran los ojos (Pt. 1)
El gran salón se encontraba sumergido en gran oscuridad a pesar del sol de medio día que se encontraba sobre la cima de la colina. Solo unas cuantas antorchas en la pared proporcionaban la suficiente luz para hacer visible los ceñudos rostros de los hooligans que llevaban a cabo el crudo interrogatorio.
–Tienes que hablar–le dijo con firme voz y suplicante Gobber the Belch apoyándose en los portabrazos de la gruesa silla de madera, en lo que se inclinaba hacia el rostro alicaído de Heather –. Esa es tu mejor opción, niña.
La joven morena había mantenido el rostro bajo durante todo ese tiempo, ni siquiera se dignó a dirigir la vista al jefe Stoick cuando fue maniatada a la firme silla de madera. La vergüenza no se lo permitía, como el dolor y la frustración lo confundían a él.
Pero no así al resto de los miembros del consejo de Berk que participaban del aquel intenso interrogatorio:
–Stoick estamos perdiendo el tiempo pidiéndoselo de buena manera –objetó Spitelout sacando lo peor de sí –. Yo sugiero que usemos el cadalso.
–Pongamos sus pies sobre carbón ardiendo –sugirió Lars Thickarm.
–Arrojémosle agua fría –dijo Frigg Helgen.
–Traigamos a los dragones y que ellos se hagan cargo –comentó el señor Stevenson.
–Oh oh oh –saltó en su lugar Tuffnut tratando de llamar la atención de los adultos en la habitación –. ¿Y si la amarran al mástil de un barco y luego lo hunden en el mar?
Los jinetes de dragones y Gothi eran los únicos que no formaban parte del consejo que se les había permitido permanecer durante el interrogatorio, ya que después de conocer la traición de la joven morena, todos en el pueblo estaban dichosos de lincharla. Además, los jinetes había sido los últimos en estar con los gemelos Haddock y aquellos que atraparon a la traidora de Heather, se habían ganado ese derecho.
Aun así, se suponía que su participación sería una silenciosa.
–¡Eso la mataría! –objetó Snoutlout propinándole un coscorrón a al gemelo Thorston –. ¿Cómo hablaría entonces?
–Ahhhh, quieren que hable –dijo Ruff despistada, entendiendo por primera vez lo que ocurría ahí.
–El Tuff no sabía eso –se quejó su hermano.
–El Tuff es un imbécil –lo calló de inmediato Astrid manteniendo su porte firme y sus brazos cruzados sobre su pecho.
Los gemelos rubios y el chico Jorgenson le lanzaron a la chica una mirada hosca en lo que continuaron discutiendo entre ellos en susurros y empujones. Solo Fishlegs conservaba la seriedad de la situación, aunque no compartía la opinión de la mayoría de los presentes.
–No lo sé, Astrid –le dijo a la rubia mientras frotaba sus nudillos nerviosos –. Sé que queremos saber qué pasó con Hiccup y Honey… pero… –su lastimera mirada estaba completamente enfocada en Heather, como su corazón y empatía en su humanidad.
Pero no terminó sus palabras, por la dualidad de la situación y por la intervención del líder de la aldea:
–Ya has oído a las palabras del concejo –dijo Stoick interrumpiendo las diferentes torturas que planeaban su gente –. Yo soy el único que evita que cumplan sus amenazas en tu contra y créeme cuando te digo que me resulta muy difícil hacerlo cuando son mis hijos los desaparecidos. Así que, de todos en esta habitación, soy tu mejor opción. ¿Entiendes lo que te digo?
Heather asintió lentamente con la cabeza aún sin alzar la mirada. Stoick caminó hasta ella, la tomó de la barbilla y la forzó a mirarlo al rostro. Los enormes ojos verdes brillantes de la chica se encontraban humedecidos por las lágrimas.
–¿Dónde están Hiccup y Honey? –le preguntó Stoick.
–No lo sé –respondió ella lentamente.
El jefe de Berk la soltó dejando escapar un resoplido resignado en lo que el señor Dubrian se abalanzó listo para agolparla, en lo que rugía:
–¡Pequeña insolente!
Aunque el grande y osco vikingo fue interceptado por Gobber y Bucket, alcanzó en darle un buen bofetón a Heather que dejo llorando con mayor intensidad. Un caos se apoderó del gran comedor en lo que los miembros del consejo se gruñían los unos a los otros. Los jinetes los imitaban casi paródicamente y Stoick se debatía entre su debilidad de padre, su empatía como ser humano, su ira y frustración. No era nada sencillo para el gran líder vikingo, quien quería sobre todas las cosas recuperar a sus hijos, pero hacerlo por de mala manera en una niña que tenía la misma edad que sus gemelos no lo hacía sentirse un buen hombre.
Solo cuatro personas se mantenían alejadas de tal conmoción: Fishlegs cuyo buen corazón se vía superado con la situación, Gothi que meditaba con cuidado, Heather que lloraba lastimeramente en susurros y Astrid que con pragmatismo se aproximó a su líder.
–Jefe Stoick, no vale la pena que siga intentándolo –dijo ésta con una gran seriedad que tajaba –. Además, sus acciones ya nos lo han dicho todo –agregó –. Sí intentaba huir con el libro de los dragones a la isla outcast, es casi seguro que Hiccup y Honey deben de estar allá.
Stoick le devolvió la mirada penetrante en lo que el pandemónium continuaba a sus espaldas.
–Él ya lo ha secuestrado en el pasado ¿no? –comentó la rubia con fuerza y determinación que dejaba fuera de duda a quien se refería.
Astrid tenía la razón, tanto que cuando se unían las piezas, todas concordaban. Efectivamente la joven morena trabajaba para Alvin, a él le entregó el libro y probablemente también sus hijos.
Aun así, Stoick se cuestionó las acciones de Alvin y como el odio que había crecido entre ambos había alcanzado a sus hijos. Al final de cuentas, él se veía como un participante de aquella tragedia.
Finalmente, los miembros del consejo se calmaron y acompañaron a su líder en lo que este formulaba su decisión.
–Solo danos la orden e iremos a destruir esa isla –sentenció Spitelout –. No dejaremos nada de pie.
Algunos miembros del consejo aprobaron la idea, asintiendo con la cabeza.
–¡No! –interrumpió Heather con un desgarrador grito –. ¡No pueden hacer eso!
–¿Vas a hablar ahora traidora? –se burló Frigg Helgen de ella.
–Ellos… –musitó la chica con desesperación casi atragantándose – están ahí.
Spitelout soltó un resoplido que fue imitado por algunos otros miembros del consejo, pero al final fue Mulch quien se aproximó a la chica con piedad y le preguntó con calma:
–¿Quiénes, Heather?
–Mis padres.
Todos en el gran salón quedaron en silencio y se enfocaron en la pobre chica morena que se encontraba hecha un mar de lágrimas.
–Estábamos pescando un poco lejos de las costas de QuietPlace cuando los outcast nos atacaron por sorpresa –explicó –. Me buscaban a mí. Alvin tiene cautivos a mis padres y me dijo que los mataría si no usaba mi don a su favor. ¡Yo no quería, es la verdad! ¡Lo siento mucho! –sentenció de ultimo llorando desconsoladamente.
Sus palabras y lágrimas causaron el efecto deseado, todos los adultos y los jinetes se cuestionaron sobre lo que estaban haciendo o punto de hacer, excepto una persona. Astrid no estaba para nada convencida en sus palabras, ya que Hather los había engañado descaradamente antes ¿Cómo podían estar seguros de que sus palabras eran ciertas ahora?
Estaba por señalarlo cuando Gothi se le adelantó. La anciana comenzó a sacudir su báculo de un lado a otro como cada vez que quería decir algo importante. Había captado algo en el monologo de Hetaher que al parecer todos lo demás ignoraron.
–¿Don? –preguntó Gobber haciendo de traductor –. ¿Qué don?
La morena la miró intimidada en lo que se mordía los labios, debatiendo si continuar habando o no.
–La… lengua de Loki –dijo al final.
El silencio se apoderó de nuevo en la sala. La mayoría de los miembros del consejo de Berk se miraron entre ellos desconcertados, sin estar muy seguros a que se refería la chica.
–No sé qué es eso –comentó Ruffnut cortando el mutismo –, pero suena de a madres.
–Al Tuff le gusta las cosas cuando se combinan con Loki.
Pero en cambio, Gothi siguió con sus señas, advirtiendo con gran velocidad que muy apenas Gobber alcanzaba a entender la mayoría de lo que quería expresar.
–¿Qué dice? –preguntó Stoick –. Va muy rápido.
Una vez que la anciana terminó su explicación, el herrero soltó un resoplido antes de volverse hacia los demás en la habitación con la preocupación reflejada en su osco rostro.
–Dice… que la lengua de Loki es un don maldito –explicó pausadamente –. Aquellos con esta habilidad son capaces de mentir tan diestramente y ser creídos con facilidad hasta por el más escéptico.
El ambiente en el gran comedor se volvió tan tenso que se podía cortar con una daga.
–Espera ¿Eso quiere decir que, si Heather le dice al Tuff que sus pies apestan a pescado, el Tuff le creería?
–Idiota, tus pies ya apestan a pescado.
–El Tuff no te lo cree a menos que lo diga Heather.
–Estábamos en lo cierto desde el principio –gimió alarmada Frigg ignorando las tonterías de los gemelos Thorston–. No debimos dejarla quedarse.
–Está maldita – dijo el señor Dubrain.
–Hay que arrojarla al mar de inmediato.
–Que Odín nos proteja.
Heather vio con horror como los vikingos confabulaban en su contra con tal rapidez. El jefe Stoick parecía superado por los temores supersticiosos de su gente y los jinetes perdiendo la compasión por ella.
–¡¿Esperen ¿qué hay de mis padres?! –soltó desesperada –. ¡¿Qué pasara con ellos?!
–Por lo que sabemos, Heather –le dijo Astrid fríamente –, pueden ser también una de tus mentiras.
Ahora todo tenía sentido para Astrid. Era por eso que podía engañar a cualquiera tan fácilmente, como Hiccup desestimaba sus dudas con tan solo una palabra de Heather y como la aldea la había aceptado con tal facilidad a pesar de su aprensión original hacía ella. Era una mentirosa y estafadora que trabajaba para Alvin the Trecherous, ni más ni menos.
–¿Qué hacemos con ella, Stoick? –le preguntó Gobber a su buen amigo.
El gran líder de Berk parecía mucho más firme de lo que había permanecido la mayor parte del interrogatorio y su mirada a la pobre chica morena había cambiado drásticamente.
–Me preocupan más mis hijos en este momento –admitió a secas –. La encerraremos en la prisión, Mulch y Bucket serán sus carceleros. Amordácenla para evitar ser engañados por sus mentiras. Y serás mejor que no te quites la mordaza o aceptaré las sugerencias de mi concejo –dijo de ultimo señalando a la chica con un dedo amenazador.
Heather no pudo más y estalló en un llanto que fue ignorado.
–¿Y qué hay de los outcast? –preguntó Spitelout a su hermano.
–Aunque no me cabe dudas quien es el responsable –admitió el líder de Berk –, no sabemos dónde realmente tienen Alvin a mis hijos. Y aunque estuviéramos seguros de ello, no tenemos las fuerzas suficientes para invadir la isla outcast.
–Podríamos pedir ayuda a los Meatheads.
–O enviar una pequeña avanzada.
–Jefe –interrumpió Astrid –. Creo que yo tengo una idea.
Chapter 93: Y te sacaran los ojos (Pt. 2)
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…y te sacaran los ojos (Pt. 2)
Hiccup pudo verse a sí mismo desde la distancia, como algún tipo de espectro incorpóreo que flotaba varios metros en el aire; mientras bajo de él, su yo de carne y hueso, corría torpemente a causa de su pata de palo. Era una persecución inútil a lo largo de los muelles de Berk, donde los barcos de la armada Hooligan comenzaba alejarse en el horizonte. El chico podía escuchar sus propios gritos histéricos resonar en un desesperado eco.
Llamaba a su querido dragón de ébano.
Pero este no respondió a su llamado, ni siquiera estaba a la vista. Era una víctima de las tradiciones de su gente y de la ira de su padre.
¿Pero… eso no podía ser posible? Stoick había hecho las paces con los dragones, estaba en deuda con Toothless por salvarle la vida a Hiccup.
Tal cual las alas de una mariposa que se extienden al salir de un capullo, las velas de los barcos transformaron en un parpadeo, sus crestas bordadas en sus tejidos cambiaron a la inconfundible marca de los Outcast.
El chico de carne y hueso continuó corriendo hasta que tropezó estrepitosamente contra la fría madera del muelle. Su versión espectadora sintió el golpe contra su pecho con un puñetazo directo al plexo solar que lo despertó de golpe.
Desorientado, Hiccup se alzó del estéril y duro suelo de roca donde había caído dormido, en lo que su cabeza se volvió en todas direcciones buscando los barcos que había visto en su sueño. En cambio, lo único que encontró a su lado fue la menuda figura de su hermana dándole la espada. Honey parecía perdida, mirando el vacio mientras apretaba sus rodillas contra su pecho; leves estremecimientos de su cuerpo denotaban que había estado llorando y su larga trenza colgaba de su hombro hacia su pecho.
La chica no llevaba puesto las pieles de oso que denotaban el clan familiar al que pertenecían, y su túnica continuaba rasgada dejando a la vista la piel pecosa y pálida de su espalda. Entre sus omoplatos destacó de un brillante color carmesí de piel chamuscada, el inconfundible símbolo en forma de “s” casi como serpiente, propia de los esclavos.
Eso lo hizo recordar todo, donde estaban, porque y que les había hecho Alvin. El gemelo pecoso inconscientemente llevó su mano a su espalda en un intento de tocar la misma marca que habían grabado en él en contra de su voluntad.
–¿Honey? –la llamó Hiccup débilmente.
Los temblores del cuerpo de su gemela se detuvieron, pero abstuvo de volverse hacia su hermano.
–¿Descansaste? –le preguntó está en respuesta después de uno segundos de tenso silencio.
–Algo –respondió él acomodándose para quedar sentado en el frio suelo de piedra–. ¿Cuánto tiempo dormí?
–No lo sé –dijo ella casi en susurros –. El tiempo es difícil de medir aquí.
Y era cierto, la apretada celda donde los había mandado encerrar Alvin era de roca tallada, fría, sólida y de un deprimente gris. No había ventanas y una oxidada, pero maciza reja de hierro, los mantenía atrapados dentro.
La única luz existente era de las antorchas en los túneles de rocas que salían de entre las celdas, dejando en misterio la hora en el exterior de aquella prisión. La peste de la humedad y cuerpos humanos malolientes, daban el último toque deprimente de su precaria situación.
–Pueden haber pasado unos días… –comentó Hiccup sin llegar a terminar.
–O solo un par de horas –sentenció Honey con tono sumamente depresivo.
Eso preocupó aún más a su hermano.
–¿Lograste descansar algo?
Honey negó lentamente con la cabeza.
–Ni siquiera lo intente –dijo.
–Entiendo –agregó Hiccup tarando de amenizar la conversación –. Yo tuve un terrible sueño…
Pero antes de que terminara la oración fue interrumpido tajantemente de nuevo por su hermana:
–Estoy segura de que no soñaría nada, aunque lo intentara…. Ya es muy tarde.
–¿A qué te refieres? –le preguntó él preocupado, ya que hasta ese momento la joven pecosa no se había vuelto ni una vez para mirarlo a la cara. Pero cuando finalmente lo hizo, a Hiccup se le rompió el corazón contemplarla con los ojos rojos, sus pestañas empapadas y con unas pesadas lágrimas recorriendo sus mejillas.
No lo pensó ni un segundo, él se arrastró hasta su hermana para estrujarla contra su delgado cuerpo en un fraternal abrazo. Honey, estalló en llanto al instante, aferrándose con fuerza de la túnica de su hermano como si vida dependiera de ello.
Lloró… lloró desconsoladamente.
–Me lo advirtieron… –trató ella de explicar mientras apretaba su rostro contra el pecho de su hermano –yo no quise verlo…
–¿De qué hablas?
Fue cuando Honey se le contó todo. De los últimos y raros sueños con cuervos que la habían estado atormentando; que después de la tragedia, podía entender que eran señales de que algo terrible que iba pasar, advertencias que no quiso ver. En su lugar hizo todo posible para no volver a soñar. Sí no hubiera sido cobarde, tal vez pudo haber prevenido los engaños de Heather y de la trampa de Alvin.
Estaba convencida de que todo había sido su culpa.
–No lo es… –sentenció Hiccup con calma en lo que apartaba los cabellos de la frente de Honey.
–¿C-cómo no podría serlo? –dijo ella entre llantos –. Debí…
–¿Sufrir como un mártir?
Hiccup nunca podría olvidar las pesadillas que su hermana había tenido toda su vida. Como hacerlo, cuando eran horribles imágenes que la levantaban aterrada a la mitad de la noche, sucesos que la hacían temer por su vida y la de otros. Honey tuvo que presenciar de antemano el deslave de una colina que causó a muerte de seis leñadores que trabajaban en el bosque, la tormenta que perdió el navío de Tuffnut padre por tres días, el incendio de la cosecha de los Stevenson hacia siete años y la pérdida de la pierna de Gobber.
Sin olvidar el enfrentamiento de Hiccup contra la Muerte Roja y el extraño desconocido que aparecía constantemente en su sueño asfixiándola hasta casi desfallecer. Eran terribles visiones que solo el gemelo se podía imaginar y eso era suficiente para comprender el terrible terror que su hermana tenía experimentar constantemente.
Nunca le recriminaría ser egoísta una sola vez y tratar de ignorar esas espantosas visiones.
–Honey, tú no tiene la culpa por querer evitar el dolor –le explicó Hiccup apartándola levemente de sí para conectar sus miradas –. Una leve pesadilla sobre Toothless me tiene temblando, no tengo idea como puedes manejar lo que ves –le aseguró con firmeza, pero al mismo tiempo con compasión –. Tienes derecho a desear al menos una vez, tener paz.
Honey le lanzó por unos segundos una mirada incrédula, antes de volver a estallar en llantos.
Ella lloró contra el pecho de su hermano por lo que parecieron horas, hasta que finalmente se quedó sin más lagrimas que derramar.
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Pasó un tiempo antes de que los gemelos vieran algo de vida desde su celda. Con la dificultad de determinar el tiempo no se enteraron exactamente cuánto había pasado hasta que aparecieron dos outcast en la prisión arrastrando al viejo Mildew. El pestilente anciano gritaba y pataleaba incoherencias como un niño haciendo una rabieta, pero era fácilmente llevado por los bandidos, cada uno del doble de su tamaño.
–¡Maldito seas Alvin! ¡Maldita sea el día en que te saque del mar! ¡Teníamos un trato!
Con toda la delicadeza que unos malhechores podían tener, arrojaron a viejo vikingo a la celda frente a la Hiccup y Honey con fastidio, antes de cerrarle la rechinante reja de un solo golpe en la cara.
–¡Cállate viejo saco de huesos! – vociferó uno de los outcast antes de dar media vuelta junto con su compañero para salir de ahí sin mirar atrás.
–¡Hey! –los llamó Hiccup poniéndose rápidamente de pie y tratando de llamar su atención –. ¡¿Dónde están nuestros dragones?! ¡¿Qué hicieron con ellos?!
Uno de los bandidos atendió el llamado del muchacho dándole con su mazo a la reja para callarlo; por suerte el gemelo alcanzó a retirar las manos antes que fueran aplastados sus dedos contra el metal. Ambos bandidos salieron de la prisión riendo a carcajadas, dejando en su lugar a los lastimeros sollozos de Mildew.
Los gemelos Haddock intentaron ignorarlo en un principio, pero la situación, el estrés y el despreció hacía el viejo los hizo perder rápido la paciencia.
–¿Ahora lloras, Mildew? –se quejó Honey casi escupiendo veneno en su voz.
–Ese maldito de Alvin me traicionó… –respondió el anciano alterado, como si hubiera esperado con ansias que le preguntaran que sucedía con él – después… después de todo lo que hice por él. Lo cuidé cuando nadie más en la aldea lo quería, evité que muriera en el mar y… y es así como le paga el muy malagradecido –se aferró de la reja de su prisión y les dirigió a los gemelos la mirada más desquiciada que había hecho en su vida–. ¡Se llevaron a mi fungus! –gimió desesperado con su rostro empapado en lágrimas –. No sé qué van a hacer con él.
Pero el viejo buscaba compasión en el lugar equivocado.
–Fuiste traicionado, encerrado y te arrebataron a un ser querido… –le dijo Hiccup tan fríamente que parecía una persona completamente diferente.
–Bueno, ahora sabes cómo se siente –agregó Honey con desprecio antes de que los dos le dieran descaradamente la espalda.
Mildew, lloró aún más.
Chapter 94: Y te sacaran los ojos (Pt. 3)
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… y te sacarán los ojos (Pt. 3)
Las mañanas eran frías en la isla de los outcast sin importar la época del año. Una densa neblina solía cubrirlo todo, dejando poca visibilidad ante cualquier amenaza, fuera un ataque sorpresa o una llamarada ardiente proveniente de un dragón.
En su arena de entrenamiento, los bandidos seguidores de Alvin intentaban inútilmente dominar a un montruos nightmare de color carmesí intenso. Pero lo único que habían conseguido de la pobre bestia furibunda y encadenada, eran extensas quemaduras en su piel.
Alvin presenció con frialdad las maniobras casi ridículas de sus hombres para escapar de fuego incandescente del dragón, en lo que su mente divagaba en lejanos recuerdos de su tiempo Berk.
Más específico, su regreso a la isla después de años de navegar por el archipiélago.
Recordaba bien las ansias que tenía por regresar al único lugar que había considerado su hogar hasta ese momento, sin olvidar de encontrarse de nuevo con su viejo amigo y recibir su apoyo, a pesar del desprecio que le dirigían los habitantes de la isla.
Su viaje por el archipiélago en busca de sus orígenes no había resultado como él esperaba, en cambio hizo más de un enemigo en el recorrido. Ver una cara amigable había sido su gran ilusión por esos largos meses que navegó de regreso por alta mar.
Y aunque en un principio, su buen amigo lo recibió con los brazos abiertos, el resto de los hooligans no habían cambiado su opinión sobre él. Pero pronto descubrió que Stoick también había cambiado. El puesto de jefe y padre le había afectado y a pesar de la aceptación que demostró hacia Alvin, era claro que había cierto desconcierto detrás de su sonrisa.
Finalmente tuvo su comprobación cuando los barcos pesqueros hooligans fueron atacados por piratas. La armada de Berk fue detrás de ellos hasta las puertas del Hel, cerca de la isla de los dragones. Los viejos amigos habían estado discutiendo de sus estrategias durante todo el viaje: Alvin en su prepotencia estaba acostumbrado a actuar solo y no obedecer órdenes, y Stoick como líder, a no ser desobedecido.
Un terrible desacuerdo entre los amigos de cómo enfrentar a nightamare que emboscó a la armada, cobró la vida de un buen guerrero vikingo. Los demás hooligans querían la cabeza de Alvin, pero las leyes de Berk estaban en contra de las ejecuciones, por lo que a Stoick no le quedaría otra opción que desterrar a su buen amigo de la isla. Pero el drama no terminó ahí, pronto las fechorías cometidas por Alvin en sus viajes lo alcanzaron en Berk, provocando que lo condenaran a una vida de encierro en la prisión para los delincuentes y traidores del archipiélago.
Alvin juró escapar y hacer pagar a todos los que lo había dejado en la isla de los outcast, especialmente a su viejo y buen amigo Stoick.
–Alvin – lo llamó Savage a sus espaldas. Al obtener repuesta de su parte en un principio, lo volvió a llamar con más fuerza –: ¡Alvin!
–No vengas a joder con tus lamentaciones pusilánimes –le respondió el bandido con indiferencia sin siquiera volverse.
–Yo… no… ¡Alvin!
Fastidiado, el outcast se volvió imponiéndose con su postura y penetrante mirada sobre su insistente subordinado. Savage tragó saliva.
–¿Qué? –soltó Alvin.
–¡Esto es inútil! ¡No podemos domar al dragón! –confesó Savage en una mezcla de desesperación y miedo a su líder.
–Acaso no han seguido las instrucciones del libro ¿eh? –dijo Alvin con desdeña mostrando el susodicho manual en sus manos –. ¿Qué digo? –se apresuró a agregar recordando –: Ustedes idiotas no saben leer.
Savage resopló sonoramente.
–El libro es inútil –insistió éste –. Solo da información, no instrucciones de cómo hacerlo.
–¡¿Qué esperaban?! ¡¿Una receta para hacer pan?! –gruñó Alvin arrojándole el libro de los dragones al pecho –. ¡Para eso tenemos al muchacho!
–E-el… hijo de Stoick no quiere cooperar –masculló Savage en lo que recuperaba el aire por el golpe –. Solo pregunta por su maldito dragón una y otra vez. ¿Por qué no nos permites darle una paliza Alvin? –sugirió con malicia –. Así seguro que obedece.
Pero en lugar de conseguir la aprobación de su líder, éste endureció el semblante y su mirada se intensificó.
–Eso funciona con imbéciles como ustedes –dijo –. Cuando tus instintos son tan básicos como los de un animal sin pensamiento hace que tu principal preocupación sea el dolor físico. No, eso no fusionaría con el muchacho.
Con una calma que perturbaba, Alvin dio la espalda a sus hombres que seguía luchando con el nightmare en la arena y gemían de dolor ante sus quemaduras. El líder de los outcast se adentró a su sala de mando seguido de cerca por Savage.
–Le hemos arrebatado mucho, no tiene más que perder –explicó el Alvin en lo que tomaba un tarro con aguardiente de la mesa –. No. Lo que haremos es dejarlo en paz unos días, que convierta la celda en su nueva normalidad –agregó con malicia maquiavélica –. Y para cuando le ordené de nuevo que entrene a los dragones, si se niega tomaremos algo que le pertenezca. Estoy seguro, que hará lo que deseo si le quitó de su lado a su querida hermana gemela –sentenció de ultimo con una terrible carcajada.
Savage lo imitó dejando el manual de los dragones en la mesa.
–¡Alvin! –su momento de malvada diversión fue interrumpida por la llegada repentina de otro bandido a la habitación.
–¡¿Qué quieres, maldita sea?! –gruñó con fastidio su líder, arrojándole su tarro al recién llegado, quien a apenas logró esquivar.
–¡Yo…! –musitó sorprendido –. ¡Un barco se acerca por el horizonte!
Alvin soltó un gruñido gutural desde del interior de su pecho en respuesta. ¿Stoick ya se había dado cuenta de sus acciones? ¿Sabía que él tenía a sus hijos? ¿Cuál sería la jugada de su viejo amigo?
Sin comentarles más a sus hombres, Alvin salió emocionado de la habitación en dirección del mirador de la isla, donde la altitud permitía tener visión periférica de las aguas contiguas a su isla. Esperaba con ansias ver una armada de barcos ondeando la cresta de Berk, pero al llegar al mirador se pudo dar cuenta, que era tan solo un solitario y raquítico bote el que se acercaba a su territorio.
–Es solo un navío –le dijo su vigía entregándole un viejo catalejo a su líder.
–Eso lo puedo ver, imbécil –respondió con desdén colocando el largo aparato para ver sobre su ojo sano –. ¿Es el mercader Johan?
–No. Es tan solo un pequeño bote… de un solo tripulante…
El vigía tenía razón. Era un botecillo para una persona y sus provisiones. La vela blanca denotaba que no pertenecía a alguna tribu y la cabellera negra de su navegante le dejaba claro al viejo bandido de quien se trataba justamente.
–¿Lo hundimos, jefe? –preguntó Savage, listo para ordenar a las catapultas abrir fuego.
–No –respondió Alvin bajando el catalejo –. Esto se pone interesante –dijo de último más para sí.
Los tres bandidos contemplaron como el pequeño navío continuó su recorrido directo a la isla, justamente al muelle escondido dentro de una caverna donde generalmente los outcast ocultaban sus barcos de cualquier vista. Alvin y sus hombres marcharon hasta ese muelle para recibir a su repentino visitante.
–Vaya, niña –la saludó Alvin con una sonrisa mezquina a la chica morena que bajo del barco y procedía amararlo al muelle –. Estás llena de sorpresas. ¿Cómo lograste escapar? –le preguntó con curiosidad –. ¿Eh? Heather.
La recién llegada se alzó con altivez frente a los bandidos una vez que terminó con su tarea.
–Tengo más trucos de los que imaginas, Alvin –dijo Astrid haciendo lo posible de imitar el tono de voz de la pequeña traidora que suplantaba.
Chapter 95: Y te sacaran los ojos (pt. 4)
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…y te sacaran los ojos (parte 4)
Era una hermosa mañana en altamar. El sol se encontraba en lo alto y la marea se mantenía tranquila en lo que un ligero barco perteneciente a la familia de Heather navegaba con calma por las aguas próximas a la isla berserker.
La joven morena descansaba en sus ensoñaciones, mientras contemplaba el vasto mar desde la proa del barco. La ligera briza marina golpeaba su rostro dejándole el delicioso aroma y sabor salado en su nariz y lengua.
Por ello, a la chica le encantaba navegar.
–Heather –la llamó su madre sacándola de su estupor –, si puedes dejar soñar por un instante ¿le ayudarías a tu pobre madre con las amarras? –dijo la mujer con una gran sonrisa de oreja a oreja.
–Solo si lo pide “por favor” –bromeó ella casi dando brinquitos hasta su madre.
–Pequeña bribona.
Tanto madre como hija tomaron las amarras y jalaron de ellas con fuerza hasta conseguir que la vela tomara la posición adecuada para capturar más de la briza marina.
–¿Quién lo diría? –dijo la mujer mayor satisfecha, acomodando detrás de la oreja de su hija un mechón de cabello negro –. A este ritmo serás toda una navegante. Una autentica hija de Njord –agregó con orgullo haciendo referencia al dios del mar.
Era una expresión que solían decir mucho los padres de Heather para referirse a la chica; ella nunca entendió el transfundo de ello, pero siempre se lo atribuyó a su constante gusto por el mar.
–Pero aún así no me dejan tomar el timón –respondió la chica lanzándole una mirada acusatoria a su padre, quien guiaba como siempre el navío por las tranquilas aguas.
–Lo siento, cielo –objetó su padre –. Pero me gustar estar vivo.
–Muy gracioso, papá.
Quedando claro que aún no llegaba el día en que su padre le otorgaría el placer de tomar el timón del barco, la chica morena retomó su puesto en la proa vigilando el horizonte, pero rápidamente se percató de algo en la distancia.
–Oh, miren –le dijo a sus padres señalando –. Es un barco.
–Es una fragata grande –comentó su madre secundándola –, tal vez navío berserker.
Heather tomó el catalejo para asegurarse de ello. Aunque Quiet Place estaba en paz con los berserkers era mejor evitar cualquier encuentro con ellos. Pero aquel barco en la distancia no pertenecía a los alocados vikingos de la isla vecina.
–Esa no parece ser la cresta berserker… –dijo la chica al no ver el representativo skrill en la vela del barco.
La cresta indicaba que se trataba de otro tipo de problema…
–Y vienen en nuestra dirección –Heather aún alcanzó a escuchar en sus recuerdos la voz de su padre, pero pronto fue superada por un escándalo en el exterior de su celda.
–Otra vez, Bucket –se quejo el vikingo que vigilaba la pequeña prisión hooligan –. Es una prisionera, no una mascota para que alimentes.
La chica había perdido la noción del tiempo dentro de la reducida celda donde la habían aprisionado. Los hooligan rara vez solían usar su calabozo y generalmente era ocupados por sus propios miembros después de una riña o si se encontraban alcoholizados o era algún miembro de la familia Thorston, por lo cual no se mantenían en óptimas condiciones y pero eran lo bastante limpias para resultar cómodas. Con un tazón de leche de yak tibio, fácilmente se podía confundir con alguna posada.
Pero la chica nunca podría haber encontrado tal comodidad, su cabeza constantemente divagaba y su corazón sufría por la misma razón: sus padres. Ambos aún se encontraban cautivos por Alvin en su isla y ante su fracaso, era muy probable que el bandido cumpliera con su amenaza.
Heather se culpaba por todo: por el peligro que corrían sus padres, por sus acciones contra los hooligans, por la traición a Hiccup y sus amigos, por tener el don de Loki que solo le había traído penurias.
Tenía que hacer algo… tenía que remediarlo… tenía que salvar a sus padres. Cueste lo que cueste.
–Es el refrigerio de la mitad de la mañana –escuchó a continuación decir al despistado y bonachón Bucket –. Todos disfrutamos de pan de cangrejo como refrigerio de la mañana.
–No es un lujo para los traidores –comentó el otro con desgana –. Maldita sea, Bucket no pongas esa cara –se quejo de inmediato, antes de maldecir –: Me lleva Loki. ¡Pero ni se te ocurra hablar con ella! No te vaya a engañar con su lengua de serpiente.
Esa era la oportunidad que necesitaba Heather, la necesaria para poder escapar. Por suerte para ella, los hooligans no fueron los suficientemente cautos o eran muy confiados, que cometieron el error de encerrarla sin atarle las manos. Lo que le permitió a Heather escalar por la reja de su celda con rapidez hasta los tablones superiores sueltos del techo; donde pudo colgarse y esconderse casi como un simio en la esquina superior.
La chica solo necesitaba que sus carceleros no demoraran mucho, ya que no sabía cuánto podía aguantar en aquella posición.
En cuestión de segundos Bucket llegó frente a su celda buscándola con la mirada.
–Ehhh… –musitó éste confundido al no encontrarla – aquí no hay nadie.
–¿Cómo que no hay nadie? –bramó el guardia de las celdas adentrándose en la prisión. Al igual que Bucket buscó a la prisionera con la mirada a través de los barrotes. Sorprendidos de no encontrarla, ambos vikingos abrieron la reja y se adentraron en ella –. ¿Cómo rayos…?
Aprovechando esa oportunidad, Heather se lanzó por la puerta abierta y cerrándola rápidamente una vez del otro lado. Tuvo mucha suerte que el guardia dejara las llaves en la cerradura.
–Lo siento mucho –dijo ella girando la llave en el cerrojo, antes de arrojarlas al otro lado de la cárcel –. Pero no puedo quedarme. Gracias por la comida, Bucket –agregó de último antes de salir corriendo de ahí.
Si tenía un poco más de suerte podría salvar a sus padres antes de que fuera muy tarde.
–¡Regresa aquí pequeña embustera! –le gritó el guardia atrapado al otro lado de reja.
–¿Pan de cangrejo? –le ofreció con calma Bucket a éste sin más remedio.
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Los jinetes de dragón restantes se habían reunido en la soledad del centro de la aldea. Todos los guerreros y aquellos que estaban dispuestos a luchar, se habían marchado en los barcos de la armada en dirección de la isla outcast. Nuevamente, la isla había quedado a cargo de los más jóvenes, pero con la gran diferencia que no estaba Hiccup para dirigirlos y su ausencia resultaba muy tangible.
–¿Cuánto tiempo habrá que esperar? –comentó Ruffnut por quinta vez mientras sacudía su rodilla en frustración.
–No lo sabemos –contestó Fishlegs en lo que se comía las uñas –. El jefe Stock no dijo mucho al respecto.
Snotlout soltó un resoplido y pateó un par de rocas en el suelo.
El infortunio se había apoderado de los jinetes de dragón y la ausencia de su líder lo volvía aún más difícil. No solo se encontraban preocupados por la seguridad de Hiccup y Honey, sino de lo mal que podría terminar el plan de Astrid y la batalla de la que tal vez no lograrían regresar sus padres y familiares. Pero lo peor de todo, le habían ordenado permanecer en tierra, sin poder hacer nada al respecto.
Su pesar era tan fuerte, que sus dragones que esperaban junto con ellos demostraban las mismas manías ante la ansiedad. Hookfang expulsaba humo por sus fosas nasales, Meatloug comía sin parar los guijarros en el suelo y Barf y Belch se mordían el uno al otro.
–Espero que no tarden mucho en destruir a los outcast –soltó Ruff tratando más de conversarse a sí misma que a los demás.
–Si el Tuffnut estuviera ahí, ya estarían de regreso –dijo su hermano con seguridad–. Por lo que el Tuffnut no estaría allí en primer lugar, pero entonces no estarían de regreso y el Tuff tendría que nuevo… –masculló confundiéndose con sus charadas.
–¡Ya quieren callarse! –gritó Snotlout provocando un leve espasmo en sus amigos y dragones. El joven moreno se ganó la mirada incrédula de todos a su alrededor, lo que hizo que ocultara pronto su rostro por vergüenza.
–Parece que alguien está más nervioso de lo dice –murmuró Tuff.
–No estoy nervioso… –objetó Snotlout señalando con un dedo acusador al gemelo rubio –solo… solo frustrado por perdernos una gran batalla –agregó de ultimó cruzando decididamente sus brazos sobre su pecho.
Pero no importaba a quien deseaba engañar, su preocupación se notaba, así como en el resto de los jinetes.
–¿Creen que Astrid engañe a los outcast? –dijo la gemela rubia.
–Eso espero, Ruff –respondió Fishlegs.
–Pues no estaríamos preguntándonos eso si no hubieran permitido ir con la armada–agregó Snotlout con el ceño fruncido.
–El jefe fue muy firme con…
–¡Al carajo con Stoick!
Efectivamente, el jefe Stoick les había prohibido a los jóvenes jinetes acompañarlos a la batalla, desde su punto de vista ya había perdido a sus hijos y arriesgaba a la hija de otro; no pondrían en riesgo a más chicos, en especial si Alvin estaba involucrado en el asunto.
–No es esa… –dijo repentinamente Ruff señalando el cielo –. ¿Stormfly?
Y la chicha no estaba equivocada. Cuando el resto de los jinetes volvieron sus miradas hacía el punto señalado, efectivamente vieron a la dragona azul surcando el cielo en dirección de altamar.
Los demás dragones la llamaron con sonidos guturales desde sus gargantas, pero está continuó alejándose.
–¿Acaso ha escapado? –preguntó Fishlegs confundido con tal comportamiento –. O ¿Va a buscar a Astrid?
–Yo creo que Astrid vino por ella –comentó Tuff para sorpresa de sus amigos.
–¿Qué?
–Es que iba montada sobre su lomo –explicó –. Astrid… disfrazada de Heather.
Los demás jinetes lo miraron estupefactos.
–¿Cómo carajos sabes eso? –preguntó Snotlout.
–El Tuff tiene buena vista a distancia–continuó el gemelo rubio encogiendo los hombros –. El Tuff vio a Heather montada en el lomo de Stormfly, pero como Heather está encerrada, esa debe ser Astrid disforzada de Heather.
Los demás chicos se miraron entre ellos quedándoles claro que acababa de suceder. Sin decir palabra alguna, Fishlegs, Snotlout y Ruff, saltaron sobre sus dragones de inmediatos listos para seguir a Stormfly.
–Esperen… –exclamó Tuff teniendo una idea –. ¿Y si en realidad no era Astrid disforzada de Heather, sino Heather que ha logrado escapar?
–Ven acá genio –fue lo único que respondió su hermana gemela en lo que Barf tomaba a Tuff de la túnica para acomodarlo sobre de su cuello.
Los tres dragones emprendieron el vuelo en dirección de la isla de los outcasts.
Chapter 96: Y te sacaran los ojos (pt. 5)
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…y te sacaran los ojos (parte 5)
Más de una veintena de enormes barcos fortificados que formaban la armada de Berk, siendo el Emperor Penguin la nave insignia del jefe Stoick the Vast la que dirigía a todas a su desino. La isla de los outcast.
Era una misión de conquista y rescate que probablemente costaría la vida de muchos buenos guerreros vikingos y ansiaban que también demasiados bandidos outcast; todo con tal de salvar a los hijos gemelos del jefe de la isla. Era un sacrificio muy grande, pero uno al que Stoick estaba dispuesto a llevar a cabo.
El jefe vikingo había tomadas muchas malas decisiones en su vida, más en su juventud, pero ante tales circunstancias estaba dispuesto a llevar a cabo otra más. Y tal vez fueron precisamente esas malas decisiones las que lo llevaron hasta ese punto en primer lugar.
Si no hubiera pedido la alteración de la pintura, Hiccup posiblemente no habría tenido de nuevo la necesidad de probar su valía y así no haber quedado a la merced de sus enemigos. Todo mundo era consciente que Alvin buscaba secuestrar al muchacho para forzarlo a entrenar un ejército dragones para él desde su primer ataque contra la isla. Aun así, Stoick le quitó los ojos de encima a su muchacho y lo hizo dudar de sí.
Erró terriblemente, al igual como la ocasión en que perdió la oportunidad de cumplir con las viejas tradiciones y ejecutado a Alvin de una vez por todas, librando al archipiélago de sus intenciones y a sus hijos de la perdición; pero fue un débil ante sus recuerdos de la vieja amistad que solían tener, que ni siquiera pudo ser superada por el hecho de que el bandido al desobedeciera sus órdenes y causara la muerte de un guerrero.
Stoick debió a ver previsto eso de su parte, ya que las insinuaciones de Alvin en el pasado ya lo habían llevado a una aventura que provocó la muerte de un aventurero. El jefe vikingo cargaría el resto de su vida la muerte de Humongous el héroe en su conciencia.
Pero Stoick estaba decidido a que no permitiría que esa tragedia volvería a pasar y por ninguna razón dejaría que sus hijos fueran víctimas de Alvin, aunque eso significar tomar la difícil decisión de sacrificar su armada y guerreros en un enfrentamiento casi desesperado contra los outcast en su propia isla.
Era por ello que no aceptó la sugerencia de sus hombres de pedir ayuda a otra tribu, ni siquiera a sus hermanos Meathead. Era un asunto Hooligan, y entre los hooligans lo resolvería.
Pero, aunque el interés principal del gran jefe era recuperar a sus hijos, sus actos también ayudaban al resto del archipiélago. Mientras Alvin tuviera a Hiccup bajo su poder, el riesgo que formara un ejército de dragones era una amenaza inminente. Todo ello era suficiente razón para sacrificar su vida y la de su gente.
Eso, al menos que el plan de Astrid no funcionara.
Mandar a una joven doncella guerrera contra Alvin y sus bandidos era la peor idea que había tenido, pero era la única alternativa para no recurrir a una peor. Al menos, la posibilidad de córtale la cabeza a Alvin era algo que podía animar a Stoick al final de esa terrible decisión.
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–¡Hey! –llamó un bandido outcast a su compañero guardia, asomando su cabeza fuera de la celda –. ¡Tenemos un problema!
–¿Ahora qué? –refunfuñó él otro adentrándose en la gran caverna que sería de prisión para sus dragones cautivos.
De otro lado de las fuertes rejas de hierro para contener a las grandes lagartijas escupe-fuego, estaba nada menos que el night fury de Hiccup amordazado y atado de patas hasta la cabeza. Los arneses en su pecho lo mantenían colgado del techo mediante cadenas gruesas en el centro de la celda. A su lado, Furry se encontraba aprisionado en las mismas condiciones.
–¿Cuál es el maldito problema? –se quejó de nuevo el guardia de la puerta.
–Mira –dijo el otro en lo extendió una varilla con un cuenco de madera en su extremo lleno de agua. La aproximó al hocico del night fury sin obtener respuesta de su parte.
El dragón de ébano permanecía inerte, con una frecuencia respiratoria tan baja que daba la impresión de encontrarse muerto o cerca de estarlo.
Toothless sufría.
La separación de su jinete había hecho estragos en él. Los night fury eran animales sumamente leales y pero temerarios, al ver sido vencido y separado de Hiccup no solo había lesionado su orgullo de dragón, sino que había sido un golpe duro a su corazón.
Después de meses de arduo entrenamiento y convivencia con sus dragones, los jinetes de Berk había descubierto que se generaba una increíble conexión entre los dragones y la persona con la compartían el vuelo, algo que sucedía también con sus pares por igual. Era un instinto sociable que tenían naturalmente todos los dragones y fortalecía la conexión entre ambas partes.
Por ello era peor para Toothless haber fallado en proteger a su jinete y que fuera arrebatado de su lado.
–No toma agua, ni siquiera come desde que lo trajeron –informó el outcast a su compañero.
–¿Y qué? Si muere ¿en qué nos afecta?
–¿Crees que a Alvin le haga gracia perder al único night fury que hay? ¿Quieres decírselo tú?
El otro bandido gruñó, dejando a un lado su lanza.
–No puedo creer que sea niñera de un dragón.
–Cállate de una vez, imbécil. ¿Qué hacemos?
Ambos bandidos contemplaron al dragón de ébano que continuaba inmóvil, con sus ojos cerrados e indiferente a lo que sucedía a su alrededor. En cambio, Furry a su lado, tenía sus ojos purpuras fijos en él, casi temiendo lo mismo que sus carceleros.
–Ya sé –dijo el guardia de la puerta –. Quítale el bozal, tal vez no come o bebe porque no puede con este.
–No sé si sea una buena idea –masculló el otro con una mirada inquieta.
–Tienes una mejor, estúpido ¿eh?
Y habían acertado muy bien ambos bandidos al como referirse el uno al otro, ya que en el instante que le quitaron el bozal que mantenía las mandíbulas de Toothless juntas, el dragón abrió rápidamente los ojos y comenzar a lanzar sus disparos de plasma a diestra y siniestra. Perfectamente dirigidos a sus carceleros y a la palanca que controlaba las cadenas que lo hacían colgar del techo.
El astuto dragón cayó al suelo, donde le resultó mucho más fácil luchar contra los amares que lo aprisionaban y liberarse de los mismos. Las últimas sogas las despedazó con sus poderosos dientes y las cadenas con más disparos de plasmas.
En cuestión de segundos, Toothless estaba libre.
Furry gruñó suplicante recordándole que también se encontraba en el mismo predicamento. El night fury repitió el proceso con su hermano dragón dejando al howl igual de libre de sus ataduras que él.
Sí, Toothless estaba destrozado por fallarle a Hiccup, pero a diferencia de los humanos que solían cargar sus dolencias más del tiempo necesario, lo dragones vivía más el momento, y el night fury estaba decidido a superar su pesar y enmendar su error.
Toothless soltó un rugido y gruñido indicándole a Furry su plan. Sin perder el tiempo, el howl puso su nariz a trabajar y comenzó a rastrear a sus jinetes fuera de su celda, donde ya solo yacía inconscientes los dos bandidos outcast en el suelo.
Utilizando el superior olfato de Furry, ambos dragones se guiaron a través de los túneles de roca que conformaban la isla de los desterrados, y agudo oído de Toothless para evitar a cualquier otro humano que se toparan en el camino. Aun así, llegaron a encontrarse con un par de guardias que no fueron reto para sus fuerzas y velocidad, y astutamente, Furry ocultaba los cuerpos colgándolos en estalactitas de hielo.
Tenían poco tiempo, antes que descubrieran su desaparición y que todos los bandidos de la isla comenzaran a cazarlos. Debían encontrar lo más pronto posible a sus amados jinetes.
Al doblar en el último corredor, finalmente Furry logró campar el aroma de sus humanos. Ambos dragones no pudieron contener la emoción y corrieron hasta la jaula donde la esencia de éstos era mucho más fuerte.
Pero para su sorpresa, la encontraron vacía.
Ambos dragones gimieron en desesperación en lo que trataban de encontrar otro rastro para dar con ellos. Al parecer Hiccup y Honey habían logrado salir de su prisión y recorrían la isla por su cuenta
Chapter 97: Y te sacaran los ojos (pt. 6)
Chapter Text
…y te sacaran los ojos (pt. 6)
–¡Guardia! ¡Guardia! ¡GUARDIIIIAAAA!!!!
Lo alaridos de Mildew retumbaban con intensidad por los largos pasadizos que conformaban las entrañas de la isla de los outcast. Las frías paredes de piedra, perfectas para el eco intensificaron los llamados insistentes del viejo gruñón. No importaba cuanto sus carceleros intentaron ignorarlo, el cascarrabias no dejaba de bramar como una bestia herida.
Al final, uno de los guardias, probablemente el que tenía menos paciencia, regresó ante la celda del viejo, golpeando los barrotes de hierro con su mazo ante sus deseos de romperle la cabeza al anciano latoso.
–¡¿Qué carajos es lo que quieres, pedazo de vejestorio?! –gruñó el bandido furibundo.
–¡Cállate imbécil! –le respondió Mildew sin dejarse intimidar, pero alejándose por precaución de la reja de su celda –. ¡¿Dónde está Alvin?! ¡¿Quiero hablar con Alvin?!
El guardia volvió a golpea la reja, obteniendo un leve chirrido por parte del anciano pendenciero.
–¡Ve a cerrar la boca, mal nacido! –le escupió el outcast completamente fuera de sí – ¡Alvin no tiene interés para una porquería como tú! Ahora ¡No vuelvas abrir esa bocaza de mierda o te la cerraré a golpes!
Y sin más, el bandido giró sus talones para regresar por donde llegó, pasando justamente frente a la celda de dos jóvenes gemelos vikingos.
–¿Qué carajo está viendo? –le refunfuñó a Hiccup sin detener su marcha y propinándole un golpe con su mazo a la reja, obligando también al muchacho a retroceder.
Hiccup no respondió a su pregunta, solo observó en silencio como su carcelero se marchó dejando la prisión sola con sus cautivos.
El muchacho pasó su mirada por los gruesos barrotes de hierro que lo aprisionaban; si estos habían aguantado el golpe de mazo, la fuerza bruta quedaba fuera como opción de escape; aunque no necesitaba precisamente una demostración para saberlo, sus brazos como ramitas delgadas ni en sueños hubieran podido levantar aquel mazo que llevaba consigo el bandido outcast.
–Todo esto es tu culpa –le escupió Mildew con rencor sacando al gemelo pecoso de sus pensamientos, y antes de que Hiccup pudiera responderle con su característico sarcasmo, el anciano se volvió hacia la esquina de celda a llorar como bebé.
El muchacho soltó un resoplido. Necesitaban salir de ahí de inmediato, ya que los planes de Alvin resultaban menos amenazantes que estar encarcelados con el viejo traicionero de la celda contigua.
Inspirado con el terrible semblante de pasar el resto de su vida encerrado en una catacumba con Mildew (bueno, en realidad sería el resto de la vida del anciano, pero igualmente era demasiado tiempo), Hiccup continuó con su búsqueda de un método de escape. Si no podría destruir por la fuerza la reja de su celda, tendría que superarla de alguna manera.
Por suerte, el muchacho era bueno buscando opciones alternas que requerían más del intelecto que la fuerza bruta y no le tomó mucho tiempo descubrir la solución. Las rejas eran de hierro forjado pesado y fuerte, que estaba unido en todas sus partes gracias a su propio peso, con excepción de las bisagras, las cuales estaban sujetas por un simple pasador de metal grueso y sin seguro. Solo requería de una palanca que le permitiera sacar el pasador y las bisagras se desarmarían, dejando la reja desconectada de la pared de roca.
–Perfecto, ahora solo necesitó de una palanca que no tengo –comentó desanimado el muchacho para sí.
Hiccup comenzó a examinar exhaustivamente su celda en búsqueda de cualquier objeto que pudiera servir para retirar el pasador. Por desgracia la madera vieja no servía, lo platos para los alimentos eran muy débiles y lo único que le quedaba era la llave del tesoro de Hamish II en el bolsillo de su túnica, que de ninguna manera podría moldearse a sus necesidades.
Necesitaba ayuda.
–Honey, creo que tengo un plan para escapar –le susurró a su hermana, en lo que continuaba su búsqueda –. Pero requiero de una palanca. ¿Tienes alguna idea de que podría servir, Honey?… ¿Honey?
Su hermana gemela se encontraba sentada en el centro de la su fría celda, encorvada, abrazando sus rodillas y dirigiendo su espalda a su hermano. Ella lo había escuchado, pero ante el peso de todo que había sucedido finalmente cayó sobre ella.
–Oh Honey… –la llamó Hiccup conmoviéndose del corazón. Le dolía ver a su hermana, la persona más independiente y perseverante que había conocido, destrozada de esa manera.
Pero ¿Podía culparla? Todas las desgracias que habían caído sobre ellos eran demasiado incluso para él mismo; los habían capturado, amenazada, torturado y marcado, les arrebataron a sus dragones y su futuro, y la posibilidad de que les quitaran la única persona que tenían en esos momentos, era inminente.
Incluso, Hiccup encontraba difícil obtener las fuerzas para no rendirse. Lo único que lo mantenía firme era esa terquedad Haddock que había mantenido en vida a sus antepasados durante las adversidades y el frío semblante del destino que podían correr Honey, Toothless y el resto de sus seres queridos sin se dejaba derrotar. Con la marca de los esclavos en su espalda, su vida como vikingo había terminado, pero su vida en sí, la de su hermana y dragones, aún tenía algo de valor y podía salvarse.
El muchacho se arrodilló junto a ella y la abrazó por la espalda, teniendo cuidado de no lastimarle la misma. La marca era resiente, inclusive aún le dolía a él. Frotó los brazos de ella para darle un poco de calor, en lo que ésta controlaba sus temblores ante la falta de lágrimas. Ya las había agotado.
–Estás agotada –le dijo Hiccup cariñosamente – y destrozada. Pero es eso lo que precisamente espera, Alvin. Quiere quebrarnos… que no luchemos… tenernos…
– ¿Rendidos? –completó ella lastimeramente –. Lo sé, pero…
–Es difícil, entiendo –agregó el gemelo pecoso –. Pero no nos preocupemos por eso ahora, ya lo lidiaremos con ello cuando salgamos de aquí.
A pesar de su dolor y flaqueza, Honey asintió lentamente.
–Entonces ¿Me ayudaras a escapar?
–Solo… dame un momento… –suplicó ella asintiendo de nuevo con la cabeza.
Hiccup entendió. Él también deseaba prolongar ese leve momento de calma y afecto entre ambos que los consolaba, y en el caso de Honey, recobrar el valor y la fuerza para intentarlo una vez más.
–¿Qué es lo que debemos hacer? –dijo ésta levantando finalmente la cabeza, dejando a la vista sus ojos y nariz rojizos.
–Hay que buscar algo que no sirva de palanca.
Honey asintió por última vez.
Su hermano la ayudó en ponerse de pie. Ella sacudió sus ropas con calma, limpió su nariz con la manga de su vestido y alzó nuevamente la cabeza como si su momento de debilidad nunca hubiera sucedido.
Ambos hermanos comenzaron a examinar la habitación de cabo a rabo. Cada pieza de madera abandonada, guijarro y artilugio acumulado en cualquier rincón. Probaron con cuanto objeto tuvieran en las manos sin éxito; no les quedaban muchas opciones, a parte de la ropa que vestían y la llave del tesoro de Hamish II.
–¿Qué tanto hacen, mocosos? –les preguntó Mildew al verlos rodar por su celda de un lado al otro. Pero los gemelos lo ignoraron descaradamente, fastidiando al anciano aún más–. ¡Quieren dejar de hacer ruido! –les riñó ante la frustración –. Sus pasos son molestos.
–¿Pasos? ¡Eso es! –exclamó Honey teniendo una idea –. Hiccup, tu pie.
–Sí, lo sé. Solo tengo uno.
–No, el que perdiste, tonto.
Hiccup gachó para contemplar su pata de palo y recordar que efectivamente no era de madera. Era de metal forjado, duro y resistente, con forma de cuña al estilo de palanca.
–¡Eso es! –dijo el joven retirándose su pie prostético –. ¡Funcionara perfecto! ¡Gracias, Mildew! –agregó acompañado de una risita de Honey.
El aciano bufó confundido.
Hiccup no tardó tiempo en usar su pie para retirar los pasadores de cada bisagra, que para su suerte, se encontraban recientemente engrasadas lo que facilitó el trabajo. En menos de un parpadeo, la reja que contenía a los jóvenes vikingos estaba desconectada de la pared, solo detenida en su lugar por simple equilibrio. Un leve empujón y caería de inmediato.
–Perfecto –dijo Honey –, y ¿ahora qué?
Hiccup le dirigió una sonrisa casi maquiavélica. Era el momento para la segunda parte de su plan.
–¡Guardia! ¡Guardia! –comenzó a gritar el muchacho imitando los alaridos de Mildew. Su hermana y el anciano de la celda de enfrente se taparon los oídos ante el escándalo.
No requirió muchos gritos por parte de Hiccup para que el mismo guardia outcast furibundo entrara de nuevo a la prisión, pero más furioso que la vez anterior.
–¡El que vuelva a llamarme una vez más, voy a romperle el cráneo con mi mazo! –bramó el bandido plantándose frente a los prisioneros.
–Entendemos perfectamente que está pasando un día muy malo –comentó Hiccup fingiendo una exagerada amabilidad–. En especial después de soportar a ese saco de huesos que esta por allá, pero ocurre que tenemos un pequeño problema.
–¿Un problema?
El muchacho le hizo señas a su carcelero para que se aproximara a su reja. Honey entendió inmediatamente las intenciones de su hermano y comenzó a imitarlo.
–¿Cuál es el maldito problema? –preguntó el outcast cara a cara con los hermanos.
–Nosotros no lo tenemos ningún problema –dijo Honey con una leve sonrisa.
–La que lo tiene es la reja –sentenció Hiccup antes de que él y su hermana empujara la piza maciza de metal en contra de bandido outcast.
En un principio su acción parecía una pantomima o ademan, pero poco a poco, a como la reja comenzaba a balancearse en una dirección, su caída se volvió inminente.
–¿Eh? –gimió el guardia al percatarse de lo que sucedía. Sus lentas reaccione dieron la impresión que los gemelos Haddock lo había logrado, pero en el último instante el carcelero alcanzó a dar un brinco hacia atrás y evadir la reja que se precipito sonoramente contra el suelo de piedra de la mazmorra.
–Oh uh –soltó Hiccup ante su fracaso.
Aunque antes de que lograra pensar un plan alterno o medida de escape o un suplica convincente, e incluso, que el guardia se abalanzara en contra de ellos, Mildew usó su duro casco de metal para noquear al outcast que cayó al suelo como si fuera un saco de papas.
Hiccup y Honey se quedaron helados sin saber cómo reaccionar ante la intervención repentina pero necesaria del viejo cascarrabias.
–¿Qué están viendo ustedes? –gruñó Mildew fastidiado –. ¿Se van a quedar parados ahí o me van a sacar de una vez?
–¿Sacarte de ahí? –dijo Honey sin poder creer lo que estaba escuchando –. ¿Ahora quieres que te dejemos salir? ¡¿Después de cómo nos traicionaste?! ¡¿Nos vendiste?! Piensas que somos tan estúpidos como para…
Pero antes de que Honey terminara sus reclamos contra el anciano, su hermano gemelo esculcó los bolcillos de su carcelero, encontró el juego de llaves de la prisión con el cual abrió sin problemas la celda de Mildew.
–¿Hiccup? –masculló su hermana gemela sin poder creer lo que había hecho.
–Sé muy bien que son lo suficientemente altruistas como para dejarme ahí encerrado –pero se adelantó a contestar Mildew muy complacido consigo mismo –. Bueno, al menos uno de ustedes –le lanzó una mirada fulminante al gemelo, que dejo muy en claro que no debía esperar ningún agradecimiento de su parte.
En cambio, Honey casi fulmina a su hermano solo con la mirada. Hiccup solo se encogió de los hombros y antes de que justificara sus acciones, su gemela agregó:
–¡No! ¡No digas nada! Por todos los dioses, Hiccup.
–Tomen las antorchas –les ordenó Mildew ignorando el momento entre ambo hermanos –, la vamos a necesitar.
Fue un tiro de suerte que el ruido de la reja caída y el guardia noqueado no alterara a los demás carceleros, probablemente atribuyeron el escándalo como resultado de las mismas acciones de su compañero contra los prisioneros escandalosos.
Entre los tres, Hiccup, Honey y Mildew, lograron arrastran al outcast inconsciente dentro de la celda del anciano y amordazarlo por si acaso. Ya solo les quedaba el dilema de por dónde podían escapar, desgraciadamente la entrada principal de la prisión no era una opción, y Hiccup y su hermana, aún tenía la urgencia de encontrar a sus dragones antes que nada.
Los escapistas encontraron unos corredores cerrados por unas puertas viejas y destartaladas al final de la mazmorra; por suerte el juego de llaves que robaron de su carcelero tenía una maestra que les permitió escurrirse a los pasadizos secretos de la isla de los outcast.
Anteriormente se había mencionado que en las entrañas de la isla de los bandidos se habían labrado una serie de ductos en la roca que serpenteaba a estilo de un laberinto, justamente en esos mismo, lo gemelos Haddock y Mildew, habían terminado perdido en búsqueda de una salida.
Debido a la oscuridad (con excepción de las antorchas) y lo cerrado de los corredores de piedra, resultaba fácil desorientarse no solo en la dirección, sino en el tiempo que llevaban ahí. Al desconocer el tiempo que llevaban en los pasadizos, se preguntaron si ya habían descubierto su huida o no, si tenían aún la ventaja o sus captores les pisaban los talones. Lo peor de todo fueron los extraños sonidos en la lejanía y el eco casi fantasmagórico que les ponía los nervios de punta.
Y para el colmo, en una bifurcación en el camino, Hiccup y Honey fueron abandonados por Mildew, quien tomó en silencio su propia dirección dejando a los jóvenes gemelos a su suerte. Pero a ellos eso no les molestó en lo más mínimo.
Solo y perdidos los hermanos Haddock pronto terminaron en una caverna grande y circular completamente sumergida en las sombras y sin ninguna salida aparente.
–¿Ahora qué? –soltó Honey angustiada, alumbrando con su antorcha las paredes de la caverna –. ¿Regresamos por dónde venimos?
–No lo sé –respondió Hiccup completamente confundido en el centro de la oscuridad.
–Eso nos pasa por confiar un poco a Mildew –se quejo la gemela pecosa intentando de encontrar de nuevo la salida –. Te dije que algún día tu buen corazón nos iba a meter en problemas.
–Bueno, si nos atrapan probablemente Alvin es probable que me lo saque del pecho –dijo Hiccup en broma tratando de conservar la calma. No necesitaba eso ahora… no de nuevo. Perdido, en la oscuridad. Tenía que encontrar a su dragón, escapar de ahí y salvar a su hermana –. Debe de haber una salida, no sabemos que han hecho con Toothless y Furry.
–¿Qué es esto? –comentó de repente Honey sacando a su hermano de sus pensamientos y preocupación.
Hiccup volvió su antorcha en dirección de su gemela para encontrarla examinando con detenimiento una de las paredes de roca de la caverna. Cuando el muchacho se aproximó pudo contemplar bajo la luz de su antorcha que había una marca tallada en la piedra que le pareció sumamente familiar.
Era el mismo símbolo de la “S” como una serpiente, pero con la protuberancia en la cabeza que asemejaba una corona, que estaba forjada en la llave del tesoro de Hamish II.
Hiccup de inmediato sacó la llave de su bolsillo y contempló la exactitud de las mismas, en lo que Honey le señalaba una cuenca en la pared debajo de la marca, de la misma forma y tamaño de la llave que su hermano llevaba en manos.
La pared era en realidad una puerta.
Chapter 98: Y te sacaran los ojos (Pt. 7)
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…y te sacaran los ojos (Pt. 7)
–¿Hiccup? –lo llamó su hermana en lo que él contemplaba aquella curiosa marca en la pared. Esa misma que se asemejaba a un dragón en forma de “S” y que se solía grabar en la piel de los esclavos.
¿Qué significaba eso? ¿Por qué esa marca estaba ahí? ¿Qué tenía que ver con el tesoro perdido de Grimbeard the Gastly y la llave de Hamish II?
El gemelo pecoso se acercó a la pared y suavemente tocó con las puntas de sus dedos el relieve bajo la marca cincelada en la pared. Aquella cuenca en la roca tenía las mismas dimensiones y tamaño a la llave que llevaba guardada en su bolsillo.
–No tiene sentido… –murmuró el muchacho tratando de comprender –. ¿Cómo es posible? ¿Por qué aquí?
–Yo tampoco lo entiendo –le dijo Honey acercando la luz de su antorcha a la pared, creando nuevas siluetas de sombras que daban la fantasmagórica impresión de que la marca se movía por su cuenta –. Pero no cabe duda que es el mismo símbolo de la llave. Es… como si fuera un escudo de armas.
–¿Escudo de armas…? –repitió Hiccup en lo que algo volvía su memoria –. Escudo… ¡Escudo! –finalmente exclamó al recordarlo una frase en particular.
El muchacho inmediatamente sacó de su bolsillo la llave de metal formada de diferentes piezas, y extrajo del interior de su pequeño compartimento secreto, el último poema de Hamish II.
–“…bajo el escudo, todo en uno…” –leyó el chico pecoso con energía –. “Bajo al escudo” Eso es a lo que se refería –le explicó a su hermana airoso con su descubrimiento –. Esto no es una felicitación… ¡Es otra pista!
–Entonces… ¿El mapa original de Hamish era solo para la llave? –preguntó Honey intuyendo a que se refería su gemelo.
–Así es –dijo éste entusiasmado –. Pero igualmente te indicaba donde se encontraba el verdadero tesoro de Grimbeard The Ghastly. “Todo en uno” hablaba de la llave y no de las tribus del archipiélago; todas las pizas juntas van “bajo el escudo”. El símbolo de los esclavos es en realidad un escudo. Grimbeard fue el último rey del Wilderwest...
–El mismo que instituyó la esclavitud en el archipiélago –completó la gemela pecosa compartiendo su exaltación –. Esa marca es su escudo y con un leve cambio se convierte en la marca de los esclavos –dijo la chica cubriendo con un dedo la pequeña corona sobre la cabeza del dragón de la marca en la pared –. Los esclavos son de su propiedad.
–“… cada rincón, hasta sus márgenes…” –continuó leyendo Hiccup –. En cualquier mapa del archipiélago, la isla que siempre se ve en una orilla es la isla Outcast.
–“Hasta sus márgenes” –repitió Honey –. Márgenes… marginados… ¡Los outcasts!
–Todo este tiempo… –dijo el muchacho alzando la llave – ha estado aquí… oculta de todos.
Hiccup colocó con cuidado la llave en la ranura en la pared que encajó a la perfección. Un leve chasquido de metal se escuchó con claridad, dando a entender a los chicos que se había activado algún dispositivo antiguo oculto en la roca. Ambos gemelos unieron fuerzas para hacer girar la llave en la pared, e inmediatamente comenzó a crujir como si fuera una a despedazarse.
Pero nada cayó sobre sus cabezas, en cambio la pared de roca comenzó a moverse misteriosamente hacia un lado, como si esta fuera también esférica y simplemente rodara al compás de la llave. Los hermanos Haddock se apartaron para contemplar sorprendidos donde antes hubo un muro de roca, había quedado un corredor oculto y cubierto por telarañas y sombras.
Los gemelos intercambiaron una sola mirada antes de armarse de valor y adentrarse en la oscuridad.
Con sus antorchas en altos, Hiccup y Honey recorrieron cuidadosamente y de paso a paso el solitario corredor, donde su andar retumbaba por el eco y la soledad. Las telarañas que colgaban de las paredes quedaban chamuscadas al contacto del fuego de las antorchas, dejando el camino libre para los hermanos.
No les tomó mucho llegar al final del corredor y adentrarse a otra cámara redonda de roca muy similar a la anterior, claro que había una gran diferencia entre ambas. La cámara principal estaba repleta de cofres y arcas llenas de oro, joyas y brillantes, que rebozaban de estos y cubrían el piso por completo. Cada rincón de la habitación había cajas y cajas rellenas de tesoros, armas, ídolos, ropaje, pieles de animales y dragones.
Lo habían encontrado, el tesoro perdido de Grimbeard The Ghastly que había sido oculto por Hamish II.
–Hiccup… –musitó Honey con un chillido en lo que sujetaba con fuerza el brazo de su hermano.
–Lo sé… –murmuró éste sin poder apartar la vista del tesoro.
–Este es….
–Aja…
Los hermanos dejaron sus antorchas en un par de pedestales, dándoles la libertad de explorar la magnificencia del tesoro. Describir las riquezas a su alrededor como oro y joyas era demasiado simples, ya que había intricados diseños de orfebrería, todas las gemas preciosas existente y de todos los colores posibles, montaña de ropas finas con bordados de hilo de oro. Estandartes delicados y banderas de piel de algunos dragones que no conocían.
Había papiros y pergaminos por montones que describían largas líneas familiares vikingas, títulos de propiedades selladas con marcas de la realeza, y pinturas tras pinturas de rostros barbudos y ceñudos.
–No lo puedo creer –dijo Hiccup levantando con ambas manos un puñado de monedas gruesas y pesadas de oro puro –. Todo este tiempo… escondido bajo las narices de Alvin.
–Es casi irónico ¿no? –se burló Honey examinando con cuidado un ídolo tallado a Thor de plata maciza.
Efectivamente, era casi cómico que tan increíble fortuna yaciera justo bajo los pies de los más terribles bandidos, traidores y ladrones del archipiélago barbárico. Uno que sin ninguna duda debía seguir ignorando de su existencia.
Si Alvin descubría aquel tesoro que fácilmente superaba a las arcas de cualquier tribu vikinga, podría financiarse la más sanguinaria y poderosa armada posible. Berk y el resto del archipiélago estarían en grave peligro.
–Hiccup –los terribles pensamientos del chico se dispersaron momentáneamente ante los llamados de su hermana –, mira esto.
–¿Qué es? –respondió éste levemente perdido. Se aproximó a Honey que examinaba varios largos pergaminos que yacía cubiertos de polvo en una larga mesa rectangular.
–Parece… –dijo ésta, mostrándoselo a su hermano – que es un título de propiedad por varias islas del archipiélago. “Por orden del mismo rey del Wilderwest – comenzó a leer en lo que seguía las líneas con sus dedos –, las islas del extremo oeste del archipiélago se han otorgado a HHII”.
–¿Ha Hamish II? ¿Esas son sus siglas?
–No estoy segura –admitió Honey –. Las islas que redacta este documento como propiedad de HHII son ahora isla de los dragones, la isla de los outcast, la isla de los Meatheads y…
–Berk –completó Hiccup distinguiendo las series de formas rocosas en el mapa adjunto al documento –. Aunque eso explicaría las dudas de Fishlegs de porque Hamish uso a Berk para ocultar la llave, y también porque eligió la isla de los outcast para el tesoro.
–Sí, pero tampoco tiene sentido –soltó Honey con firmeza dejando caer el pergamino sobre el resto en la mesa –. ¿Por qué entregarle a Hamish II parte del archipiélago? ¿Y antes que su padre?
–Según la historia de Berk, ellos fueron de los primeros vikingos en ser líderes de la isla.
–Tal vez me voy a escuchar como Gobber –dijo la chica con vehemencia – pero la verdad, todos los datos históricos sobre los Hamish son bastantes confusos. Ya que nunca estipula exactamente en qué época fueron líderes de Berk. Sí, todas las leyendas hablan sobre los actos heroicos y aventuras de Hamish II están muy bien registradas, pero nada deja claro en qué época vivió.
Hiccup se sintió confundido.
–Bueno, sí este pergamino está en lo cierto, Honey –sentenció el gemelo pecoso –, Hammish II vivió al mismo tiempo que Grimbeard The Ghastly.
–Y eso tampoco tiene sentido –agregó Honey –. Ya que todos los lideres vikingos del archipiélago están emparentados con Grimbeard. Nosotros somos descendientes directos de su hijo menor.
–¿Cómo sería posible que el rey le daría a Hamish II la isla de Berk cuando nuestro árbol genealógico indica que fue heredada por los descendientes de su hijo “Chucklehead”?
–Exacto.
–¿Qué más dice el papel de propiedad? –preguntó el muchacho tomando un extremo del pergamino.
–Veamos… –dijo su hermana gemela, tomando el otro extremo – “por la siguiente se declara… esto es definitivo en el momento que…” ¡Mira esto! –exclamó animada antes de comenzar a leer –: “En el caso de muerte, los territorios en cuestión serán repartidos por los descendientes de HHII o en el caso de no tener hijos varones, pasarán a la propiedad de sus hermanos vivos o los descendientes de estos.”
–¿Qué? ¡Hamish II no tuvo hermanos!
–O HHII no se refiere a Hamish II.
-ooOO000OOoo-
Los gemelos Haddock olvidaron por un instante que seguían siendo prisioneros de Alvin y en su isla, que tarde o temprano sus captores se darían cuenta de su escape y comenzarían su búsqueda. Incluso, que el tesoro que había encontrado por casualidad, nunca debía ser descubierto por sus enemigos, pero no tenían manera de llevárselo consigo, pero lo único que ocupó la mente de ambos hermanos fue los nuevos descubrimientos que hicieron en los largos pliegos de papel, que revelaban cambios drásticos de la historia que conocían.
–Encontré algo –soltó Hiccup airoso, levantando un pergamino con un decorado intricado y varios sellos de cera –. “Por decreto del rey Grimbeard The Ghastly–leyó en voz alta –se hace efectivo desde el momento mismo que este documento sea firmado y sellado, hasta para la posteridad; que HHII será olvidado, tachado, rengado y ocultó de la historia vikinga del archipiélago ante sus actos de traición en contra del reinado del Wilderwest y de su padre el rey.”
Ambos gemelos intercambiaron miradas estupefactas.
–Algo es definitivo –comentó Honey señalando el fondo del pergamino –, esa marca es sin duda el escudo de Grimbeard The Ghastly –efectivamente, la misma marca de dragón como “S” y una corona sobre su cabeza, se encontraba gravada en tinta en el extremo inferior del papel.
–HHII es hijo de Grimbeard –dijo Hiccup por inercia –. Un hijo perdido y olvidado en la historia por traidor.
–Hiccup… creo HHII si es Hamish II.
–Pero tú dijiste…
–Si todas las historias sobre Hamish II son ciertas, él era un gran héroe, aventurero, espadachín y brillante vikingo. Es imposible ocultar una persona así de la historia, es mucha más fácil…
–Cambiarle el nombre y que se vuelva una leyenda. Una que no saben exactamente cuándo vivió o de donde viene.
–Es por eso que la llave fue oculta en Berk y el tesoro en esta isla, y porque el escudo de Gimbeard está por todas partes –explicó la chica pecosa –. Es la marca real y HHII es el tercer hijo del rey tenía que el derecho a usarla hasta que su padre lo borró de la historia convirtiéndolo en Hamish II.
–¿Qué traición habrá cometido para ser renegado por su padre? –se preguntó Hiccup.
–Ser un “hiccup” no lo creo –comentó Honey en broma –. Tal vez fue el tesoro… se lo robó a su padre.
–Es posible –dijo Hiccup mirando la fortuna a su alrededor –. Ahora debemos salir de aquí y asegurarnos que Alvin nunca encuentre este tesoro.
–Y ¿cómo vamos a hacer eso?
Resultó que la forma idónea de ocultar el tesoro, era por el mismo método en que fue escondido en un principio. La llave no solo servía para abrir la caverna por el exterior, sino también cerrarla desde su interior.
Pero eso dejaba solo un pequeño problema: ¿Cómo saldrían de ahí? Por simple deducción de las mentes brillantes de los gemelos Haddock, si la intención siempre fue cerrar la caverna desde adentro, debía existir una puerta trasera.
–¿No te parece que hay una corriente de aire? –preguntó Honey en lo que sentía una escurridiza briza sacudir su cabellera.
Hiccup pudo comprobar a que se refería su hermana al notar como el fuego de las antorchas se sacudían levemente por la misma corriente de aire. Los hermanos caminaron por los alrededores del tesoro con los brazos extendidos tratando de descubrir de donde provenía la briza y también así su posible punto de escape.
Ambos terminaron en el mismo rincón al fondo de la caverna, donde había la mayor aglomeración de pinturas agrupadas unas sobre las otras.
–Ayúdame con esto –pidió Hiccup a su hermana en lo que comenzaron retirar de uno en uno los cuadros hasta exponer la pared posterior de roca de la cueva, y con ello, una pequeña abertura por donde una persona delgada podía escabullirse sin problemas –. Es así como lo hicieron, cerraron la caverna por dentro y luego escaparon por aquí…
Hiccup y Honey se pusieron de cuclillas en lo que intentaron atravesar el pequeño agujero en la pared. Cuál fue su sorpresa al descubrir que del otro lado no había más que un peligroso y enorme acantilado sobre el mar picado.
–Directo a su muerte –completó Honey contemplando junto con su hermano como su plan de escape se arruinaba.
–Por Thor –maldijo Hiccup golpeando con su puño el frio piso de roca –, si Toothles y Furry estuvieran aquí, podríamos salir sin problemas. Estas corrientes de aire son estupendas para iniciar el vuelo.
El gemelo pecoso estaba completamente en lo cierto, la fuerte briza marina golpeó de lleno sus caras y agitó sus cabelleras castañas. Era curioso el sentimiento de libertad y frustración que le generó encontrar tal vista liberadora pero imposible de alcanzar. En cierta forma, las palabras de Gobber sobre como dependían de sus dragones nunca le había pesado tanto.
Hiccup y Honey se arrastraron de nuevo por la abertura hacia la caverna. Ambos se perdieron un momento en un silencio pesado ante la impotencia de su situación.
–Hiccup… –musitó de repente Honey, acabando con la terrible calma.
–¿Qué? –dijo su hermano levantando la vista hacia ella.
–HHII…
–¿Qué?
–HHII –repitió la chica alzando su dedo para indicar algo detrás de su hermano.
Hiccup inmediatamente se dio la vuelta para toparse justamente con una pintura que había hecho a un lado y no se había percatado en ella. Era un enorme tablón de madera de fresno pintado con sumo detenimiento y perfección. La pintura era de un hombre joven sumamente apuesto, esbelto, de cabellera dorada y larga, y con una gran ladina sonrisa en su rostro. Fuera de su gran atractivo y seguridad que expresaba su mirada, no había nada relevante para los gemelos sobre aquel desconocido, hasta que enfocaban su vista en el extremo inferior de la pintura, donde las siglas “HHII” se encontraban grabadas en dorado.
El hombre de la pintura era HHII, el hijo traidor de Grimbeard The Ghastly, el que fue borrado de la historia y suplantaron con Hamish II.
–Tal vez si lo desheredó por ser un “hiccup” –comentó Honey refiriéndose a la constitución delgada del joven.
Chapter 99: Y te sacaran los ojos (Pt. 8)
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…y te sacaran los ojos (Pt. 8)
Astrid esperaba que el mayor reto al entrar encubierta a la isla outcast era convencer a Alvin y el resto de los bandidos que ella era Heather, pero pronto descubrió que lo realmente difícil sería conseguir la oportunidad de buscar a Hiccup y Honey donde sea que los tuvieran cautivos. Al parecer Heather no era una persona de confianza que se dejara deambular por su cuenta en la isla, sin olvidar el hecho de que ella lograra escapar después de ser descubierta por los Hooligans resultaba ser tan sorprendente.
–Debes de tener más trucos bajo la manga, niña – comentó Alvin con claro escepticismo en su voz, mientras que él, Savage y varios de sus hombres más greñudos e intimidantes la escoltaron hasta la sala principal de la isla –, librarte después de que te capturaron de esa manera.
–¿Acaso dudaba de mí? –se burló Astrid con altanería llevándose una mano a la cintura una vez entraron a la habitación.
–No estaba dispuesto a apostar a tu favor–le aseguró el bandido entregándole a la joven un tarro lleno de hidromiel de entre los que había servidos en la mesa central del cuarto.
–Que falta de fe –se quejo la joven tomando la bebida, pero sin la intención de no darle sorbo alguno –. Bueno, al menos yo cumplí con mi parte…
–Ya sé, ya sé... –dijo Alvin llevándose su propio tarro a los labios. Bebió a borbotones manchando su enmarañada y sucia barba –. Ahora esperas que yo cumpla con mi palabra ¿verdad? ¿Qué clase de bandido crees que estás tratando?
Savage y el resto de los outcast en la sala soltaron unas carcajadas roncas ante la burla.
–No me importa, Alvin –sentenció Astrid golpeado la mesa con su tarro, esparciendo su contenido sobre la superficie de madera. Un grande y gordo cuervo posado en la única ventana de la sala, graznó en desaprobación –. Yo cumplí, tienes el libro y a los gemelos Haddock.
–Pero aún no tengo mi ejército de dragones.
–Ese no es mi problema.
–Claro que sí –la contradijo Alvin en lo que lanzaba unos restos de comida sobre su hombro al ave que estaba en la ventana, pero sin apartar la mirada de la joven delante de él –. Ya que técnicamente mi venganza sobre Berk y el resto del archipiélago recaía en tu éxito. Así que mi querida niña, no estoy listo de terminar nuestros negocios juntos hasta que obtenga lo que deseo.
Astrid lo fulminó con la mirada, a lo que el bandido respondió con una sonrisa cínica. Podía escuchar como el resto de los bandidos mascullaban burlas en son a su persona. La joven disfrazada se frustró al ver que su plan estaba resultado muy difícil en llevar a cabo. Había subestimado su suerte y/o a Alvin, pero tenía que actuar rápido, debía ganarse su confianza antes de que perdiera su oportunidad.
Sin más alternativa, Astrid extendió la mano en dirección del jefe de los bandidos.
–¿Qué? ¿Quieres una limosna? –se burló Alvin obteniendo unas carcajadas por parte de sus seguidores.
–No –tajo ella con determinación –. Dame el libro de los dragones.
–¿Por qué debería hacer eso?
–Porque te mostrare como se usa para entrenar a los dragones.
-ooOO000OOoo-
La chica esperaba que con una simple demostración fuera suficiente para aclarar las dudas de Alvin, pero nuevamente subestimó la pericia del bandido, que nada lento ni perezoso la encerró en una arena de batalla con un dragón salvaje como requisito para entregarle la guía de los dragones. Astrid cruzó los dedos pidiendo que la bestia que le tocara domar frente a los outcast fuera un deadly naddder, que para su mala suerte resultó ser un joven nightmare anaranjado, pero de buen tamaño.
–Fantástico –dijo Astrid para sí al ver la bestia escamosa prender en llamas su cuerpo ante lo alaridos y burlas de los outcast que contemplaban el encuentro de otro lado de la reja. Rápidamente, Astrid ojeó el libro en búsqueda de los consejos para lidiar con los nightmares, encontrándose solo con terribles garabatos –. Estúpido Snotlout y su pésima caligrafía –maldijo entre dientes.
–¡Sí vas hacer algo muchacha, más te vale hacerlo pronto, antes que te conviertas en plasta de nightmare! –se burló Savage ganándose un par de carcajadas de sus colegas bandidos.
Por unos breves segundos, aquella situación le recordó a Astrid la época en que entrenaban en la arena de Berk para matar dragones, a como los gritos y burlas de los espectadores aumentaba. Curiosamente, en ambas situaciones su vida estaba en riesgo y las esperanzas de su gente puestas en ella.
–Maldita seas –gruñó la chica perdiendo la paciencia y lanzándose decidida contra el dragón.
Al parecer su acción desesperada tomó desprevenido al joven nightmare que demoró un instante en responder a su arrebato con alguna mordida, lo que le dio la oportunidad justa a la chica disfrazada de evitar los dientes del dragón, tomarlo de los cuernos (la única parte de su cuerpo que no estaba en llamas) y torcer su cuello justo como había visto a Snotlout hacer un millón de veces con Hookfang.
Con un estrepitoso quejido de los músculos y huesos del cuello, el nightmare se desplomó en el suelo en una bola de humo ante la repentina extinción de sus llamaradas. Para sorpresa de todos los presentes que enmudecieron de inmediato, el dragón comenzó a producir un sonido gutural similar al ronroneo de un gato.
–Ja, no fue tan difícil –soltó Astrid satisfecha contemplando a la gran masa de músculos y escamas relajadas en que se había convertido el fiero dragón.
Los outcast fuera de la reja quedaron sorprendidos, algunos mudos y otros murmurando incapaces de creer lo que acaba de suceder. Savage que había estado disfrutando burlándose a expensa de la joven, se volvió en dirección de Alvin buscando alguna explicación a lo que había sucedido.
–Traigan a los prisioneros de las celdas aisladas –ordenó Alvin con voz seca y sin apartar la vista de la chica dentro de la arena.
Savage dudo por un instante antes de salir corriendo a acatar la orden de su líder.
–Impresionante, Heather –la felicitó Alvin con unos aplausos –. Parece que el tiempo que estuviste con los jinetes no lo desperdiciaste después de todo.
–No has dejado de subestimarme, Alvin –respondió la chica en lo que el bandido se aproximaba a ella –. Creí que ya lo habías aprendido.
–Soy un viejo y terco vikingo, eso es difícil para mí.
–Déjame enseñarte –dijo Astrid con una sonrisa traicionera y con una leve palmada en la frente del nigthmare a sus pies, el dragón adormilado despertó, alzando su masiva cabeza y cargando a la joven disfrazada sobre su cuello –. ¡Ahora, una llamarada! –le ordenó ella a lo que la bestia acató de inmediato soltando una viscosa bocanada de fuego en contra de los outcasts.
–¡Hija de…!
Los bandidos no perdieron un instante para lanzarse en todas direcciones en busca de cobertura. Solo Alvin continuaba impasible como si nada estuviera sucediendo a su alrededor.
–¡No tan rápido, niña! –se burló el líder de los outcast con una mano en la cintura y con la otra haciendo señas a unos de sus hombres –. ¡No querrás quemar a tus padres!
Con tales palabras, Savage salió de entre las entrañas de la isla, empujando con la punta de su espada, a dos adultos, un hombre y una mujer, maniatados y amordazados.
–¿Qué? –masculló Astrid para sí misma sin poder creerlo –. ¿Heather no mentía?
–¡Así que baja del maldito dragón ahora mismo o si no cumpliré con mi palabra y degollare ahora a tus padres!
Los cautivos comenzaron a sacudirse y gemir como exhortación a la joven que pensaban que era su hija, una advertencia muda tal vez para que se salvara a sí misma y los abandonara, un último sacrificio de amor por parte de ellos.
Sí desde el principio, Astrid se había sentido atrapada en una encrucijada, en ese momento fue peor que nunca. Por un lado, estaba las vidas de Hiccup y Honey, la suya propia, y por el otro lado la de dos inocentes, lo padres de Heather. Cualquiera fuera la decisión que tomara, estaba condenando a alguien.
Habías sido ingenua, la chica estaba segura de ello. Su plan ahora simplemente parecía un plan infantil e ilusorio ante la cruda realidad que manipulada por Alvin.
Aun así, Astrid tuvo el tiempo para compadecerse (aunque fuera solo por un segundo) de la pobre de Heather. Si ella hubiera estado en la misma situación y fuera sus padres los cautivos, probablemente hubiera considerado actuar tal cual como lo había hecho la morena.
Derrotada por el momento y superada por las circunstancias, la joven disfrazada calmó al dragón bajo de ella, que inmediatamente dejo de lanzar llamaradas a diestra y siniestra.
–Eso es –comentó Alvin satisfecho –. Ahora dame el libro y todos tranquilos.
–No lo creo –dijo Astrid abrazando la guía de los dragones contra su pecho –, no confió en ti.
–Creo que ahí estamos iguales, ya que yo tampoco confió en ti, niña –admitió el bandido dando un paso hacia adelante –. Porque tú no eres quien dices ser. Eh… Astrid Hofferson.
Astrid apretó los dientes, en los que los padres de Heather contemplaban incrédulos a la chica y Savage fruncía la seño totalmente perdida.
Nunca tuvo oportunidad de engañar a Alvin… ni la más mínima.
–No me iré de aquí sin Hiccup y Honey –gruñó Astrid haciendo lo posible de ganar más tiempo.
–Y tú estás loca si te dejaré marcharte con ellos y el libro.
–Entonces quemaré tu isla desde la raíz –agregó la chica frotando la nariz del nightmare que exhaló una bola de humo.
–Yo estos dispuesto a sacrificarlo todo, muchacha. ¿Qué tal tú?
Alvin alzó su mano derecha dando otra señal, a la que sus hombres obedecieron levantando sus arcos y flechas en dirección del dragón anaranjado y la chica sobre él. Savage por su parte llevó la hoja de su espada al cuello del padre de Heather, en lo que una sonrisa malvada se dibujaba en sus secos labios.
–Creo que estamos en lo que llaman una encrucijada ¿o no? –se burló Alvin claramente disfrutando el momento.
Astrid volvió a rechinar los dientes.
–¿Crees que no lo haré? –le aseguró al bandido comenzando a desesperarse.
–Eres una Hofferson, lo suficientemente terca y estúpida para hacerlo –la señaló Alvin con una gran sonrisa de dientes chuecos –. Pero tal vez podamos llegar a un acuerdo – agregó –. Un combate, tú y yo… el que dejamos pendiente en Berk.
–¿Por qué querías eso?
Era una buena pregunta. Alvin tenía la ventaja y el control de la situación.
–Llámame un nostálgico chapado a la antigua que no puede vivir sin terminar un antiguo combate.
–¿Sí yo gano dejaras ir a todos?
–Sí, pero si pierdes tú te le unirás a ellos en sus celdas sin oponer resistencia.
Era una trampa, Astrid estaba segura de ello. Pero ¿qué opciones le quedaban? Tenía que ganar más tiempo aún y encontrar una manera de enviarle una señal a la armada de Berk que se encontraba en el mar, listo para atacar.
–¿Por qué debería confiar que cumplirás con tu palabra? –le preguntó la chica a pesar de ya conocer la respuesta.
–Si yo fuera tú no lo haría, pero no tienes más opción ¿o sí?
Astrid volvió rechinar sus dientes aún con más fuerzas. Alvin estaba a la delantera en todo… ella estaba perdida y definitivamente loca por lo que estaba por hacer.
Sin más opciones la chica bajo del cuello del dragón y dejo a sus garras el libro sobre los dragones.
–No tengo un arma –objetó Astrid dando un paso en dirección de Alvin.
El líder de los outcast parecía muy satisfecho consigo mismo, y con un solo movimiento de su cabeza, le ordenó a uno de su hombre que lanzara un hacha en dirección de la chica. La filosa y pesada arma quedó incrustada en el suelo de roca a los pies de ella.
Astrid la tomó, extrañando al tacto la suya propia.
–Yo solo usare esto –dijo Alvin desempuñado de su grueso cinturón una reluciente daga de obsidiana –. ¿La recuerdas? ¿Verdad? –le preguntó a la chica luciéndola a contraluz –. Creo que es parte de nuestra historia ¿no lo crees?
–Cállate y pelea vieja –soltó Astrid poniéndose en posición.
El bandido soltó una última carcajada antes de preparase para el combate.
Chapter 100: Y te sacaran los ojos (Pt. 9)
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…y te sacaran los ojos (Pt. 9)
La brisa marina elevó fácilmente por el cielo azul a Stormfly y a la joven llevaba sobre su lomo. El mar debajo de ellas se encontraba picado, como un terrible presagió de una futura tormenta; pero no había mayor tempestad como la que azotaba dentro del corazón de Heather.
La joven chica sufría por la culpa, el miedo y la duda del éxito de sus propias acciones, pero aun así trataba de mantenerse en calma, no sucumbir al llanto, ya que no le serviría de nada desmoronarse si era su objetivo recatar a sus padres de las garras de Alvin. Ya después de ello se preocuparía de la condenación de su traicionera alma.
–Ya casi llegamos –se repetía una y otra vez para armarse de valor en lo que la isla de los bandidos era más fácil de contemplar en el horizonte –. Lo haces bien, nena –agregó dándole una palmada a Stormfly en el cuello –, pero hay que tener cuidado de que no nos vean.
Entrar por sorpresa al reino de los bandidos rechazados no sería sencillo, pero era la mejor opción que tenía Heather. Al menos todo iba acorde al plan hasta el momento. O al menos así lo pensó la chica.
De repente, un rugido sobrepasó al estruendo del mar agitado y atronador. Algún llamado de una bestia que suplicaba por ayuda a alguno de sus pares, incluso… a una dragona azul que sobrevolaba cerca de la isla.
–¡Wow! –exclamó Heather en lo que Stormfly viró de improvisto –. ¡¿Qué pasa?! ¡Tranquila! ¡Tranquila, Stormfly! –la llamó en un intento de calmarla, pero la dragona revoloteó sus alas con intensidad.
Apenas la joven comenzaba a lamentarse mentalmente el no haber aprendido más sobre los deadly nadders, cuando repentinamente y sin aviso, la dragona se lanzó en picada hacia uno de los acantilados de la isla outcast.
–¡DETENTE! ¡NOS VAMOS A ESTRELLAR! – gritó la chica morena sujetándose con fuerza a la silla de montar –. ¡AAAHHHHHH!
Esa dragona la iba a matar, de eso estaba segura. Eso si no caía en el frio mar. De cualquier forma, estaba perdida.
Pero un instante antes de colisionar contra la maciza pared de roca del acantilado, Stormfly extendió rápidamente sus alas, causando una reducción intensa de velocidad que casi hacen a Heather caer de la silla. La dragona extendió hacia adelante sus larga garras posteriores y aterrizó fuertemente contra las rocas de la escarpa, provocando otra terrible sacudida a su tripulante.
Había sido una suerte que hasta ese momento que Heather hubiera conseguido mantenerse sobre el lomo de la dragona, pero eso no iba a durar por mucho. Casi inmediatamente después del (para nada) suave aterrizaje, Stormfly sacudió su cuerpo haciendo que la chica sobre su lomo fuera arrojada sobre su cabeza y lanzada contra las rocas del acantilado, justamente como lo había hecho cuando Astrid la detuvo en su primer escape. Por desgracia, la morena no era tan diestra como la rubia para evitar ser arrojada hacia adelante.
Todo fue tan rápido y repentino que Heather solo alcanzó a gritar antes de que su espalda chocara contra una superficie dura de piedra al aterrizar sobre ella. El impacto fue tal que le costó uno segundos percatarse que se había adentrado en una gruta en la roca que daba a una caverna contigua.
La chica corrió con la suerte de no golpearse la cabeza, por lo que pronto pudo recobrarse del fuerte impacto, pero al enfocar su vista se topó justamente con dos personas que no creía volver a ver.
–¡¿Hiccup?! ¡¿Honey?! –llamó a los gemelos Haddock que la contemplaban recostada en la dura superficie de roca de la caverna en la que yacía –. ¡¿Están aquí?!
Sí, estaban ahí. De alguna forma había escapado de sus captores y ocultarse en aquella caverna. Sus expresiones denotaban claramente que el gusto de rencontrarse no era mutuo. Aun así, Hiccup le extendió la mano a Heather para ayudarla a ponerse de pie.
–Muchas gracias, yo… –comenzó a decir ella una vez de nuevo en sus dos pies, pero inmediatamente fue empujada por Honey con todas sus fuerzas, haciendo caer de nuevo al suelo.
La alegría ingenua e inicial que tuvo al ver a los dos gemelos, se extinguió rápidamente.
–Hiccup, Honey –dijo Heather alzando sus manos defensivamente – sé que deben estar enojados conmigo, pero yo…
–¿Enojados? –masculló Honey mientras la fulminaba con la mirada –. ¡Enojados sería quedarnos cortos, Heather!
La morena inconscientemente se arrastró un poco hacia atrás, alejándose de ellos.
–¿Cómo pudiste traicionarnos? –le preguntó Hiccup con una mirada más decepcionada que la furiosa que tenía su hermana –. Confiábamos en ti.
–¡Lo siento mucho! –chilló la morena en lo que sus ojos comenzaban a humedecerse –. ¡Yo no quería! ¡Yo no soy así! ¡Pero Alvin me obligó!
Heather se levantó por su cuenta para enfrentar a los hermanos, que le resultaron mucho más intimidantes de lo que los recordaba. Se sentía tan amenazada que ni siquiera tuvo oportunidad de preguntarse a sí misma como habían logrado escapar.
–Aún si fuera cierto, tenías opción de negarte –le contradijo Honey dando un paso adelante.
–¡No podía! ¡Alvin tiene a mis padres!
–¿Alvin tiene a tus padres? –preguntó Hiccup avanzando por igual –. ¿No que estaban muertos? Porque, justamente no recuerdo haber visto algún otro prisionero en las celdas donde nos encerraron.
–Lo siento, mentí –Heather dio más pasos hacia atrás –. Yo necesitaba…
–No fue lo único que mentiste –la acusó la gemela pecosa dándole un empujón dejando a Heather contra la abertura en la roca por la que había entrado –. Por lo que nos explicó Savage, el mentir se te da muy bien con tu lengua de serpiente.
–Hiccup, Honey, les juro que no estoy mintiendo ahora –imploró la chica acorralada, pero la respuesta a sus suplicas fue un gruñido por parte de la Stormfly del otro lado de la entrada a la caverna, que la obligó a dar un respingo. Estaba atrapada, acorralada sin salida –. ¡Estoy aquí para salvar a mis padres! –soltó lastimeramente al recuperarse.
Pero sus palabras no parecían impresionar a los hermanos Haddock, que parecían juzgarla en silencio y tramar terribles castigos en su mente. O al menos así sentía la pobre de Heather ante su propio sentimiento de culpa.
–¿Cómo pudiste llegar aquí con Stormfly? –le preguntó sorpresivamente Hiccup, tomándola por sorpresa –. ¿Acaso Astrid te dejo montarla?
Por instinto, Heather pensó en una mentira. Pero cuando sus labios se separaron para hablar, ninguna palabra surgió de su boca. Aunque a final de cuantas no hubiera importado mucho que pudo haber dicho, ya que rápidamente Hiccup, agregó:
–Lo dudo –dijo con una frialdad muy poco común en él –. Y eso lo sé porque Astrid te detesta. Ella me estuvo advirtiendo constantemente que había algo mal contigo, pero yo no le hice caso. Yo quería darte el beneficio de la duda.
–Hiccup, yo… lo siento… –suplicó Heather cerca del llanto.
La chica morena extendió la mano en señal de perdón.
–¡No! –soltó Hiccup alejándola –. Nos engañaste y traicionaste, a quienes te dimos una mano y te abrimos nuestro hogar; nos engatusaste con tus palabras… me hiciste pelear con una persona que amo. Y luego nos entregaste a nuestro mayor enemigo para que hiciera lo que quisiera con nosotros. “Lo siento” no es suficiente, Heather.
–Yo…
Las lágrimas comenzaron a caer sin control por las mejillas de la joven. Heather en todo momento se sintió terrible con sus acciones, pero enfrentar las consecuencias de sus actos, era mucho peor de lo que se imaginaba. En cierta forma se había mentido a si misma de que hacía lo necesario para salvar a sus padres, pero en cambio los había decepcionado… y así misma.
–Y si de verdad tenías problemas, pudiste decirnos y nosotros te hubiéramos ayudado –Hiccup soltó la última puñalada con gran tristeza desatando el llanto en Heather.
La joven traidora no pudo más y cayó de rodillas.
–De verdad… –dijo entre lágrimas – lo siento tanto.
Los gemelos Haddock intercambiaron miradas, pero Heather estaba cegada por sus lágrimas como para percatarse con que sentimiento lo habían hecho.
–Ya fue suficiente por el momento –comentó Honey con un tono diferente en su voz –. Podrás seguir pidiendo disculpas después que salgamos de aquí.
Hiccup tomó a Heather del antebrazo y la ayudó en ponerse de pie, a pesar de los temblores que se apoderaron del cuerpo de la joven. Honey en cambio, pasó de largo a ambos en lo que se dirigió directo hacia Stormfly. La dragona azul que continuaba aferrada con sus garras en el acantilado, y bajó obedientemente la cabeza para dejarla montar sobre su lomo. La facilidad con la que lo hizo, dejo claro a Heather que había algo entre los jinetes y dragones que no había comprendido aún.
Qué ingenua había sido al pensar que con solo leer un par de líneas en un libro podría saber cómo realmente manejar a un dragón.
–¿Qué esperas? ¿Una invitación? –le soltó la gemela pecosa retomando su tono acido en su voz –. Tú vendrás con nosotros hasta que logremos rescatar a nuestros dragones.
Heather vio sobre su hombro a Hiccup cerrando su camino. Sin más opciones, la chica morena le devolvió una mira insegura a la deadly nadder.
–No sé… si ella aún me quiere encima.
–Si hubieras hecho el entrenamiento sabrías que los nadders son muy leales –le comentó Hiccup detrás de ella recordándole justamente las palabras de Astrid–, si ella te trajo hasta aquí es porque Astrid también está cerca ¿verdad?
–¿Cómo lo sabes? –Heather se volvió sorprendida hacia él.
–Los nadder son rastreadores… –en cambio fue Honey quien respondió – y como Hiccup ya lo dijo, leales… a diferencia de ti.
Definitivamente había subestimado a los dragones y sus jinetes. Su compresión de los unos a los otros era mucho más complicada de simplemente amo y sirviente. Heather creyó que había logrado controlar a Stormfly para hacer lo que quería, pero en realidad la dragona estuvo buscando a su jinete todo el tiempo.
Y ahora estaba segura que el llamado de ayuda que había escuchado, no había provenido de otro dragón.
–¿Dónde está Astrid? –le preguntó de repente Hiccup sacándola de sus pensamientos.
–En alguna parte de la isla… –respondió Heather – vino a buscarlos, haciéndose pasar por mí.
–Necesitará nuestra ayuda.
–Ahora sube –le ordenó Honey.
A pesar de sus dudas, Heather logró montar sobre Stormfly con facilidad justo delante de Honey, pero estaba segura que se debía a la presencia de los otros dos jinetes. Por último, Hiccup montó delante de ellas después de guardarse un par de artículos de la caverna en los bolsillos de su piel de oso.
Ya con los tres jóvenes sobre su espalda, la dragona volvió a emprender vuelo en búsqueda de su jinete.
Chapter 101: Y te sacaran los ojos (Pt. 10)
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…y te sacaran los ojos (parte 10)
A pesar de las órdenes directas del jefe Stoick de que permanecieran dentro del territorio de Berk, los jinetes de dragones restantes no les quedo otra alternativa que desobedecer y seguir a Heather cuando descubrieron que esta escapó con Stormfly en dirección de la isla outcast.
Para evitar ser descubiertos por Heather, la armada de Berk en las aguas cerca de la isla y por los bandidos en ella, lo jinetes conservaron su distancia y volaron lo más alto posible. Por desgracia, esa medida hizo que perdieran de vista a la joven fugitiva y terminaran en un extremo despoblado de la isla outcast sin saber a dónde dirigirse.
Aunque había cumplido su objetivo principal de no ser vistos por los enemigos, no tenían ni idea de donde estaba Heather o el asentamiento de los bandidos. Tuvieron que caminar con sigilo tanto ellos como sus dragones, listos para cualquier ataque sorpresa que pudieran toparse en su búsqueda de cualquier indicio de la joven fugitiva, los outcast o sus amigos capturados.
Recordando las enseñanzas de Gobber, marcharon en fila, uno detrás del otro con armas en manos, atentos y vigilantes por cualquier señal de peligro o presencia del enemigo. Eso les funcionó al principio, hasta que los gemelos Thorston se distrajeron y terminaron asustando sin intención (algo inesperado) al pobre de Snotlout Jorgenson cuando tropezaron contra él.
El muchacho de cabellera morena que por sí ya se encontraba nervioso, terminó completamente espantado ante el repentino choque contra su espalda. Sus gritos de pánico similares a los de una niñita se escucharon por varios metros a la redonda.
–¡¿Qué carajos están haciendo par de idiotas?! –lo riñó el joven una vez que se dio cuenta de lo que había sucedido.
–¡¿Qué?! –soltó Ruffnut sin darle mucha importancia al precario accidente.
–El Tuffnut no sabe de qué estás hablando –respondió su hermano negando con la cabeza y cruzando sus brazos sobre su pecho.
Fishlegs interrumpió el intercambio con un chitón.
–Guarden silencio –les ordenó casi en susurro –, pueden descubrirnos.
–Que lo hagan –dijo Tuff totalmente calmado –. El Tuffnut está listo para patear traseros outcasts –blandió su espada de un lado al otro tratando de lucir sus habilidades; lo dragones en cambio, dieron un paso atrás quedando fuera del camino del joven ambidiestro.
–¡El único trasero que será pateado aquí será el del Tuffnut si nos descubren! –lo gruñó Snotlout mascando las palabras y poniéndose rojo del coraje.
–¿Qué pasa “Snotface” Snotlout? –se burló Ruff –. ¿Acaso tienes miedo?
–¡¿Qué?! ¡No!.... ¡Tu madre!
–¿Eso fue un insulto?
Pero las palabras quedaron entrecortadas cuando los jinetes fueron de nuevo callados más efusivamente por Fishlegs.
Tenían que tener cuidado, ya que no solo debían encontrar a Heather antes de que informara a Alvin de que Astrid se había hecho pasar por ella, sino que también su presencia podría advertir de la presencia de la armada de Berk en la cercanía. Así en lugar de recatar a los gemelos Haddock, sin duda terminarían uniéndoseles en las celdas de la isla.
Por desgracia, los alaridos de terror de Snotlout parecían haber llamado la atención de alguien en los alrededores, porque pronto guardaron silencio escucharon unos murmullos acercarse, los dragones comenzaron a inquietarse y gruñir ante los movimientos cada vez más efusivos de unos arbustos cerca de ellos.
–Creo que hay algo detrás de ese arbusto –susurró nervioso Fishlegs blandiendo temblorosamente su daga.
El resto de los jinetes, por igual, alzaron sus armas listas para pelear con cualquier bandido outcast que los hubiera descubierto.
–¿Será un bandido? –preguntó Snotlout tratando de ocultar el nerviosismo en su voz, en lo que levantaba su mazo sobre su cabeza listo para atacar. Y antes que pudieran que obtuviera su respuesta, un cuerpo fue lanzado hacia ellos desde el arbusto que increíblemente evitó ser aplastado por el mazo del chico Jorgenson al caérsele del susto.
Nadie se espero que se tratara del saco viejo de huesos que conocían por Mildew.
–¡Aaaarggggg! –gruñó el anciano mientras se retorcía en el piso.
–¿Mildew? –soltaron todos los jinetes al unísono. Pero los arbustos continuaron agitándose hasta la aparición de un night fury y un woolly howl–. ¿Toothless? ¿Furry?
Ambos dragones ignoraron momentáneamente a los jinetes y sus monturas, en los que continuaban goleando levemente con sus garras al anciano derribado.
–¡Me están matando! –lloraba este desesperado y retorciendo en el suelo –. ¡Me están matando! ¡Quítenme estás bestias!
Mildew intentó incorporarse y salir corriendo, pero fue detenido por un cabezazo de Hookfang, dejando al anciano en el suelo y de nuevo a la merced de los dos dragones recién llegados. La tortura de viejo finalmente terminó cuando los jinetes intercedieron y lo ayudaron a ponerse de pie.
–¿Qué haces aquí, saco de hueso? –le preguntó Snotlout despectivamente.
–¡Yo podría decirles lo mismo de ti, pelmazo! –le respondió con furia el viejo mientras que Toothless y Furry caminaban alrededor de él y evitar que así escapara.
Sus narices habían seguido el rastro de sus amados jinetes hasta el anciano y no estaban dispuestos de perderlo de vista hasta que supieran donde estaban gemelos Haddock.
–Nosotros queremos ayudar a salvar a Hiccup y Honey –confesó Fishlegs –. ¿Cómo fue que tú llegaste aquí? –le preguntó a Mildew.
–Eh… –balbuceó el anciano – navegando y me perdí –mintió este descaradamente.
Toothless y Furry no estaban para sus tonterías, inmediatamente gruñeron y mostraron sus colmillos al viejo cascarrabias. Inclusive, el howl escupió una bola de nieve a pies del anciano en amenaza.
–¡Esta bien! –soltó Mildew espantado –. ¡Diré la verdad!
El viejo no se contuvo en nada y escupió todo sin vergüenza, especialmente al tener dos feroces dragones sobre de sí con miradas amenazantes. Sin ningún recato, habló sobre su traición, como trabajó mano a mano con Alvin para deshacerse de una vez por todas de los hermanos Haddock, como él mismo fue traicionado por igual por el bandido y habían logrado escapar todos juntos pero se separaron en los túneles de la isla.
Cuando terminó, no solo los dragones de los jinetes faltantes, sino también el resto del equipo y sus dragones, lo fulminaron con las miradas incapaces de creer todo lo que habían escuchado.
–¿Qué? –gruñó Mildew despectivamente ante la reacción de los jóvenes vikingos, como si no hubiera nada malo en su comportamiento.
–Tú… –comenzó a decir Snotlout cuando fue interrumpido por el viejo cascarrabias.
–Van a amenazarme o vamos a salir de esta maldita roca –dijo este refunfuñando comenzando a alejarse del grupo de jinetes.
–¡No sin Hiccup y Honey! –insistió Fishlegs en lo que los dragones le bloquearon el camino al viejo.
–No son mi problema –musitó el anciano tratando de escabullirse, pero inmediatamente fue detenido por Toothless y Furry –. ¡Está bien!... maldición –aceptó al final de mala gana.
A regañadientes, Mildew aceptó ser guía a los jinetes y sus dragones de regreso por el camino por el que había tomado durante su escape. En más de una vez el anciano intentó hacerse el despistado o perdido para eludir la responsabilidad de regresar por los hermanos gemelos que había usado y abandonado a su suerte, pero los dragones de estos no se lo permitieron ni una sola vez con sus constantes gruñidos y muestra de sus colmillos.
Después de varios minutos de caminar casi sin rumbo por las zonas desérticas de la isla, finalmente Mildew reconoció la área rocosa que ocultaba a la perfección una leve fisura en la piedra estéril por donde había escurrido su cuerpo esquelético a la libertad.
–No voy a regresar ahí –aseguró el anciano en lo que los jóvenes jinetes examinaban la pequeña abertura –, esos corredores son un laberinto.
Pero los chicos no pusieron atención a sus quejas, estaban más preocupados por cómo podían seguir adelante.
–Si Furry y Toothless logran detectar su aroma tal vez podamos seguir un rastro –comentó Fishlegs.
–Pero debe de haber cientos de outcast ahí dentro –se quejo Snotlout.
–Además… –comentó Ruffnut en lo que intentaba forzar a Meatlug a pasar por la pequeña fisura – solo sacos de huesos andantes como Mildew caben por ahí.
De improvisto, un estruendo y gritos llamaron la atención del grupo de jinetes quienes desviaron sus miradas sobre el muro de roca donde estaba la angosta abertura.
–Por Loki –se quejo una vez Mildew –. ¿Ahora qué?
–¿Qué es ese ruido? –preguntó Ruff sin dirigirse a nadie en particular.
–El Tuffnut no sabe –soltó su hermano –. El Tuffnut averigua – y sin más comenzó a escalar la resbaladiza roca con una gran sonrisa, por surte Barf y Belch ayudaron a empujar su trasero a la cima. Pronto los demás jinetes los imitaron, siendo ayudados al escalar por igual por sus dragones, encontrándose con uno de los puntos más altos de la isla, justamente un mirador sobre la arena de combate de los outcast.
El viejo Mildew aprovechó la oportunidad para escapar, al ser olvidado por completo por Toohtless, ya que justamente ocultos en la cima del mirador, los jinetes y sus dragones pudieron distinguir a una joven morena a punto de iniciar un combate nada menos que con Alvin the Treacherous.
–¿Es esa Astrid?
Chapter 102: Y te sacaran los ojos (Pt. 11)
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…y te sacaran los ojos (parte 11)
La tarde había caído sobre la arena de entrenamiento de los bandidos outcast, cubriendo la piedra de un triste gris con tono rojizos y sombras. Una luz casi perfecta para completar la batalla entre el líder de los bandidos, Alvin the Treacherous, y la joven doncella guerra de Berk, Astrid. Los espectadores y secuaces del outcast rodeaban la arena en lo que vitoreaban burlas y palabras altisonantes a la chica rubia.
Astrid no se dejó amedrentar.
Rotó un par de veces el hacha en sus manos, deseando que fuera la suya en lo que trataba planificar una estrategia de combate contra el bandido. Alvin era vikingo de gran tamaño y fuerza, además de ser muy diestro en el combate. La joven rubia tenía muy presente su último enfrentamiento contra él, pero tampoco debía de olvidar que outcast era precisamente un embustero. Haría trampa para ganar.
Astrid debía ser astuta, ágil y estar enfocada si deseaba superar a Alvin en su propio juego, ya que derrotarlo sería casi imposible.
Pero de algo estaba segura, daría un gran espectáculo que mantendría la atención de todos los bandidos en ella, que ni siquiera el vigía se percataría de la armada de Berk acercarse por las aguas. Astrid solo necesitaba algo de tiempo y un plan para pedir ayuda.
Una sonrisa maliciosa se dibujó en los labios de Alvin invitando a Astrid a dar el primer golpe. Y así fue. La rubia se lanzó directamente contra el bandido con fuerza haciendo predecibles cada uno de sus movimientos.
–¿Qué? ¿Eso es todo? –se burló Alvin al bloquear cada uno de los ataques de la chica con gran facilidad.
Pero esa había sido su intención desde el principio.
–Menos charla… –dijo ella liberando su hacha y girando para dar un repentino ataque por la derecha –. ¡Y más pelea!
Con agilidad, Astrid lanzó dos golpes a cada costado de Alvin, que este muy apenas logró bloquear a tiempo. Y antes de que pudiera responder un tercero, la chica aprovechó un movimiento en falso del bandido, para acertarle una buena patada en la rodilla que lo hizo tambalear un poco. Ante su tamaño y peso, las piernas resultaban ser el punto más débil de vikingo.
–Has mejorado desde nuestro último encuentro, niña –la alabó Alvin recobrando la compostura. El resto de los bandidos que observaban el espectáculo, abuchearon a la joven rubia en venganza.
–No sabía que podías hacer cumplidos –fue el turno de Astrid de sonreír maliciosamente, en lo que caminaba alrededor del bandido como si de una presa se tratase.
–Solo cuando le veo una ventaja –volvió a sonreír Alvin como si guardara algún secreto malicioso –. Será bueno tenerte bajo control como tus amigos y Heather.
–¡Ni en tus sueños! –bramó Astrid antes de arrojarle su hacha al bandido, la cual Alvin rechazó con un movimiento de su propia arma. El hacha rebotó en dirección de la rubia que la atrapó con destreza para lanzar otro golpe.
Con sus movimientos rápidos, la doncella guerrera arrojó el filo de su arma contra el bandido una y otra vez, pero por igual, Alvin logró bloquear cada uno de ellos. Así fue hasta que Astrid dio un movimiento en falso que su contrincante aprovechó para sujetarla de la trenza de su cabellera y arrojarla contra el suelo. Solo los reflejos rápidos de la chica fueron los únicos que la salvaron de terminar bajo la bota de Alvin.
Los bandidos gritaban con más intensidad emocionados con el combate, la mayoría ellos burlándose de la joven rubia y el resto animando a su líder. Solo los padres de Heather eran los únicos apoyándola con gritos que eran opacados por la multitud.
–¡Lucha! ¡Pelea! ¡Resístete! –gruñía Alvin en brama mientras contra-atacaba cada uno de los movimientos de Astrid –. ¡Me encanta ver como mi oponente pierde la esperanza poco a poco!
–¿E-estás… tan seguro… de ti mismo? –se le dificultó a la chica hablar mientras esquivaba o bloqueaba los atraques de su oponente –. ¿Crees que podrás derrotarme? –le preguntó una vez que alcanzó dar un brinco hacia atrás y obtener un poco de espacio.
–Puedo decir lo mismo de ti –se burló Alvin pavoneándose ante ella.
Astrid trató de aprovechar el despliegue de Alvin y golpearlo en la parte detrás de la pierna, pero este esperaba tal movimiento y la esquivó con gran facilidad.
–Te venceré –le aseguró la chica guerrera dando unos pasos de nuevo hacia atrás –. Salvaré a Hiccup y Honey… ¡y usaré ese dragón para quemar toda tu isla! –gruñó con fuerza señalando al nightmare detrás de ella que contemplaba la batalla igual de entretenido que el resto de los espectadores.
–Ese si es una amenaza –respondió Alvin muy contento –. Me encanta –fue el turno de él para atacar. Con un poderoso arremate arrastró los pies de Astrid unos metros detrás de ella, en lo que la chica ponía todo su empeño de contener su ataque –. Dime, niña –Astrid pudo sentir el aliento apestoso de Alvin contra su nariz cuando quedaron cara a cara al chocar sus hachas –. ¿Cómo piensas lograrlo desde la prisión que compartirás con tus amigos?
El bandido le demostró a Astrid su verdadera fuerza dándole un tremendo empujón que la hizo deslizarse varios metros por el suelo de piedra de la arena. Esta rápidamente se reincorporó justo a tiempo para defenderse de los golpes que le lanzó Alvin.
–El único que usará un dragón para hacer arder la tierra… ¡seré yo! –vociferaba él entre carajadas –. Cuando Hiccup me entrene mi nuevo ejército de dragones…
–¡Esta demente si crees que Hiccup aceptará…! –intentó decir Astrid hasta que fue alcanzada por Alvin, quien bloqueó su hacha de un solo movimiento y logró dejarla desprotegida para sujetarla del cuello.
–Tendrá que hacerlo si no quiere que algo horrible le pase a su hermanita o… a su noviecita –dijo el bandido disfrutando del momento –. Je je je. ¿Creías que no me había enterado? –agregó en lo que suavemente comenzó apretar con sus rechonchos dedos el cuello de la chica –. Hay mucho que sé de ustedes, de Berk, más de lo que se imaginan.
A pesar de comenzar ver estrellas y se le cortaba la respiración, la rubia logró pensar por un instante en que las palabras de Alvin hacían referencia a un espía, alguien más aparte de Heather, que constantemente le entregaba información al bandido. Era un pensamiento terrible de contemplar mientras se perdía el conocimiento; saber que entre tus seres queridos y amigos hay un traidor listo para traicionarlos a todos.
Astrid debía luchar… tenía que hacerlo… había demasiadas cosas en juego.
Con todas sus fuerzas, la chica levantó su hacha hacia la mano de Alvin logrando que este la retirara antes de que la hoja cortar su piel. Los espectadores gimieron decepcionados.
La joven doncella guerrera intentó de nuevo hacer espacio entre ella y su contrincante, en lo que ella se llevaba su mano a su garganta magullada y trataba de recuperar la respiración.
–¿Dónde quedo tu seguridad? ¿Tu altanería? ¿No que ibas a detenerme y salvar a tus amigos? –se burló de nuevo Alvin de ella, obteniendo carcajadas por parte de sus seguidores.
–Maldito hijo de…
–Na-ah –negó el bandido con el dedo –. Cuidado con esa lengüita, que los padres de Heather estar escuchando. ¿O acaso es la forma en que te enseñó a hablar tu padre? Espera, tú no lo tienes.
Astrid gruñó… como un animal furioso.
–Mucho mejor –dijo el bandido satisfecho con su reacción.
Copiando su movimiento, Alvin arrojó su hacha contra Astrid, quien logró bloquearla y lanzarla lejos, dejándola a la merced de los puños de Alvin. El bandido le propinó uno directo a su pómulo derecho que casi la derriba.
–Tu padre y tu tío eran fuertes guerreros, que por desgracia nunca llegué a cruzar armas –decía el bandido en lo que soltaba uno y otro golpe, que Astrid trataba cubrirse con su hacha o sus brazos –. Creo que tendré que confórmame contigo, la última Hofferson que sabe blandir un hacha.
–¡Cállate! –rugió ella lanzándole un sorpresivo golpe con su hacha que alcanzó a rasgarle parte de un brazo y peto de su armadura de piel de dragón.
¡¿Cómo se atrevía?! ¡¿Como si quiera podía mencionar a su padre y tío con su sucia lengua?!
Alvin fue el que dio un paso hacia atrás en esa ocasión, pero fue con la intención de contemplarla. La chica respiraba agitadamente, apenas podía mantenerse de pie por el cansancio y su nariz sangraba por los golpes. Él en cambio, estaba cubierto por ligeros cortes, que, si hubieran sido unos milímetros más profundos en su piel, se hubiera desangrado por las heridas.
–Aunque ahora que lo pienso, es mejor así –admitió Alvin satisfecho –. Prefiero que mi oponente sea alguien realmente bueno, no un par de perdedores que se dejaron matar.
Astrid echó más humos de su nariz que un nightmare al escuchar ese insultó a su familia.
–¡Aaaaarrrrggg!!!! –rugió cargando con lo último que le quedaba de energía contra Alvin.
Sus armas chocaron una… dos… tres veces más hasta que finalmente Alvin desarmó a Astrid y la derribó de un solo empujón con el hombro. La chica rubia cayó exhausta en el suelo duro de piedra con la respiración entre cortada y cuerpo molido.
–Esto fue divertido, lo admito –dijo bandido arronjando ambas armas a sus lados –. Pero ha llegado momento de que conozcas tu lugar.
El líder de los outcast dio unos pasos hacia adelante con intención de apresar a la chica, cuando uno de sus subordinados se aproximó a la reja de la arena corriendo y casi sin aliento.
–¡Alvin! ¡Alvin! –lo llamó una y otra vez.
Savage que retenía a los padres de Heather junto a la puerta de la arena, lo detuvo de un solo empujón.
–¡¿Qué?! –gritó Alvin frustrado desde el interior de la arena –. ¡Arruinas mi victoria!
–Los… los prisioneros… escaparon.
–¡¿Qué?!
Las palabras del bandido sacaron del estupor de la batalla al resto de los outcast. En lo que muchos se preguntaron ¿Cómo era posible? Otros sospecharon rápidamente que la chica había sido una distracción. Pero el vigía, que finalmente se dignó a mirar sobre hombro, se dio cuenta de la cercanía de los navíos provenientes de Berk cercas de las costas de la isla.
–Espera… –musitó tomando su catalejo –. ¿Qué es…?... ¡Una armada! ¡Barcos a la vista! –llamó en alarma a todos los bandidos presentes en la arena.
Al escuchar el llamado de sus hombres, Alvin pronto ató los cabos sueltos. Debió haber sospechado más de la joven rubia que había llegado supuestamente sola y disfrazada a salvar a sus amigos.
–¡Tú! –gruñó furioso tomando el hacha del suelo en lo que caminaba en dirección de la joven derribada en el suelo –. ¡Fuiste una distracción!
El bandido levantó su hacha sobre su cabeza en furia, pero antes de que si tan siquiera lograra bajarla, fue despedazada por una bola de plasma. Alvin no llegó a gritar ante el dolor de las quemaduras y astillas de sus manos, cuando el nightfury negro como la noche saltó frente a él, siendo un escudo protector para Astrid.
–¡Dragones! –gritaron outcasts una y otra vez, en lo que más bestias escamosas y sus jinetes se unían al dragón de ébano a la batalla.
Chapter 103: Y te sacaran los ojos (pt. 12)
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…y te sacaran los ojos (parte 12)
Toothless no perdió ni un instante en bloquearle al outcast su ruta de escape. Mostrando sus dientes y fulminándolo con su mirada, el dragón de ébano tomó posición de ataque listo para acabar con el vikingo de gran tamaño. Estaba furioso, le habían arrebatado a su jinete, y lo amordazaron y encerrado; el dragón quería venganza.
–Oh vaya… –musitó Alvin moviéndose con cuidado en lo que el night fury le gruñía con intensidad – ya me esperaba que nos enfrentaríamos tarde o temprano, lagartija.
Una sonrisa ladina de dientes chuecos, provocó que Toothless lanzar su ataque. De un solo brinco, cubrió la distancia entre él y el bandido, intentado capturarlo con sus filosas garras. Alvin logró rodar por el suelo para evitarlo, pero tan pronto quiso levantase, fue derribado por la larga cola del dragón.
Toothless inmediatamente volvió a saltar sobre él, logrando capturarlo contra el piso posando sus enormes patas contra su pecho, casi asfixiándolo con su peso. Alvin luchó en su contra consiguiendo que el dragón retrocediera un poco, pero cuando este le lanzó una mordida, el bandido tuvo que sacrificar su antebrazo para no perder la cabeza. La gruesa muñequera de cuero y hierro fue lo único que evitó que Toothless le arrancara el brazo.
El forcejeo entra ambos continuó mientras la batalla entre los jinetes de dragones y los outcast se llevaba a cabo a su alrededor. Los dos fieros contrincantes, solo podían escuchar los gritos, los golpes, el temblar del suelo y ver de reojo las siluetas de las personas a su alrededor, ya que su ambos estaban más enfocados en su mortal duelo.
Alvin logró alcanzar un trozo de madera perteneciente a un escudo con el cual golpeó con todas sus fuerzas la mandíbula de Toothless, consiguiendo el tiempo suficiente para escapar de debajo del dragón. El bandido logró hacerse de un hacha en lo que el night fury sacudía su cabeza.
–Esto no ha terminado, desgraciado –lo llamó Alvin ansioso de pelear con tan magnífica bestia.
El líder outcast comenzaba a lamentarse mentalmente el tener que matar a tan poderoso y único animal que podía haber usado en su beneficio, cuando sintió y escuchó algo moverse a sus espaldas en lo que Toohtless lo enfrentaba de directamente.
Furry había se había unido a su hermano dragón, también deseoso de actuar.
–Hijos de puta –masculló Alvin con una pequeña sonrisa irónica en sus labios. Acto seguido, alzó su hacha sobre su cabeza y se lanzó en contra de Toothless con un grito de batalla.
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La entrada valerosa de los jinetes no resultó tan agraciada como esperaban, en especial cuando se lanzaron desde la cima de los muros laterales de la arena de combate de los outcast y ninguno logró caer de pie. Por suerte el elemento sorpresa estaba de su lado, ya que tuvieron suficiente tiempo para poder levantarse y fingir que nada había pasado antes de que los bandidos pudieran reaccionar y comenzar el combate.
Los dragones y sus jinetes se separaron durante la batalla, dejándoles a los chicos la oportunidad de demostrar las habilidades en el combate que Gobber le había estado enseñando. Al principio, al combatir uno que otro marginado rufián no tuvieron gran problema; Snotlout aprovechaba su baja estatura y su pesado mazo para aplastar los pies de sus oponentes, Tuffnut confundía a los suyos con raros movimientos que realizaba con sus dos espadas, Ruffnut golpeaba con su larga lanza a más de dos bandidos, pero en general lo hacía accidentalmente y Fishlegs era ayudado por su gran barriga que hacía revotar los golpes de los bandidos de nuevo a ellos. Por desgracia, a como el número de outcast aumentaba en el enfrentamiento, los jóvenes jinetes se dieron cuenta que tal vez requerían más entrenamiento en combate como el viejo herrero les había insistido tanto.
Y cuando pensaban que las cosas no podían complicarse más, la armada de Berk comenzó su ataque con las catapultas completamente ignorantes de la presencia de los jinetes en la isla. Los pedruscos golpearon la estructura que mantenía el área de combate generando derrumbes y una caída de escombros sobre los bandidos, los chicos y sus dragones.
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A Astrid le dolía todo el cuerpo en lo que intentó arrastrarse por el suelo de la arena, pero su dolor pasaba a segundo plano, ya que tenía que hacer el esfuerzo de poner al resguardo antes de que las paredes del cráter de la zona de combate se colapsaran sobre ella.
Las patadas que recibió la chica contra sus costillas le dificultaban el respirar y el dolor en sus articulaciones le dificultaba el moverse por el suelo. Pero la joven rubia era justamente como debía ser un vikingo, terca y perseverante. Continuó adelante a pesar de los escombros que caían sobre ella, cubriéndose la cabeza en cada momento.
Fue hasta ella que vio al joven nightmare cautivo que tuvo que domar por orden de Alvin. La pobre bestia estaba aterrada con el caos a su alrededor, apretándose en un ovillo cubriendo su cuerpo con sus alas, en lo que su mirada dejaba en claro el pánico que sentía. Al ver aquel pobre dragón atemorizado, algo en Astrid le dio la fuerza para levantarse del suelo a pesar de todo y acercarse a él.
–Tranquilo. Tranquilo –lo llamó suavemente, pero ante el ruido de la batalla y el ataque de la armada, sus palabras fueron enmudecidas–. ¡Hey! –le gritó ella con fuerza finalmente captando su atención –. ¡Tranquilo! ¡Voy a sacarte de aquí! ¡Pero necesito de tu ayuda!
Un brillo en los ojos del nightmare le dejo claro a la rubia que el dragón había entendido sus intenciones. La chica tomó inmediatamente la gruesa cadena que apresaba el cuello del dragón y con un esfuerzo descomunal ante sus heridas, la extendió por el suelo.
–Ahora… ¡Fuego! –le ordenó la rubia al nightmare, pero este solo la miró confundido. Astrid repitió gritando –: ¡FUEGO!
Casi asustado por el mandato, el dragón expulsó una bocanada de su fuego incandescente derritiendo el hierro de la cadena dejándolo libre.
–Vamos, no debes quedarte aquí –dijo a chica en lo que motivaba al dragón a moverse, pero de nuevo sus palabras quedaron enmudecidas por la caída del techo de la arena ante un disparo directo de las catapultas en los barcos de la armada de Berk, dejando un boquete estupendo para salir volando de ahí –. ¡Ahora! ¡Vuela! – le ordenó de nuevo Astrid dándole una fuerte palmada que motivó al dragón a extender sus alas y salir por la abertura.
Astrid lo contempló mientras se alejaba volando, casi ignorando el caos a su alrededor.
Al menos uno ya era libre.
Pero no podía quedarse quieta por mucho tiempo, tenía que reunirse con sus compañeros y recatar a Hiccup y Honey. Tomó del nicho del nightmare el manual de los dragones, la daga de obsidiana del suelo y fue en busca de los demás jinetes.
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Para un perro sediento por la victoria como Alvin, una batalla contra dos dragones poderosos y raros entre el caos que se llevaba a cabo en el cráter de su isla, era casi un sueño. Pero al ser un bandido oportunista y tramposo, la fantasía ideal hubiera incluido algunas trampas que le dieran la ventaja en la pelea.
Aunque era diestro, habilidoso y muy fuerte, el bandido outcast no era estúpido para no percatarse que se encontraba en desventaja y que los dos dragones estaban lo bastante furiosos como para arriesgar su propia seguridad con tal de despedazarlo.
Alvin necesitaba un cambio en su suerte, fue cuando un dragón azul descendió en la arena, provocando el cambio que no era precisamente el que esperaba.
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La batalla se había salido de control, los bandidos outcast superaron a los jinetes diez a uno, el ataque aéreo de Berk había destruido por completo la zona de combate y los dragones terminaron inmovilizados por los derrumbes de roca por proyectiles aéreos.
–¡Oh no, oh no! –musitaba una y otra vez Fishlegs atemorizado, en lo que empujada lejos de sí algún bandido que cargaba en su contra –. ¡Son demasiados!
Meatlug, quien le cubría la espalda a su jinete con disparos de bolas de fuego, comenzaba a quedarse sin municiones. Y no era la única, todos los dragones de Berk se estaban quedando sin sus llamaradas al proteger constantemente a sus humanos de los escombros que caían sobre ellos.
–¡Menos quejas y más golpes, Fishface! –le gritó Snotlout en lo que sacudía su martillo para golpear a su oponente, pero el mango de su arma se escapó de sus dedos y el mazo salió volando en dirección de otro bandido que arrinconaba a Tuffnut, golpeándolo en la cabeza.
–¡El Tuffnut te lo agradece! –le dijo éste con una gran sonrisa.
–¡El Tuffnut debería regresarme el favor! –gruñó el moreno desarmado, en lo que retrocedía ante el avance de su oponente. Pero, aunque Tuffnut hubiera querido ayudarlo, otro bandido llegó a remplazar a su colega, desarmando al rubio con un movimiento de su hacha.
Estaban en problemas… serios problemas.
Benditas son valkirias que los bendijeron con buena fortuna en esa batalla, ya que en el momento que más lo necesitaban, Stomfly hizo su aparición en la arena de combate y con sus púas alejó a los bandidos y detuvo varias rocas que estaban por caer sobre los jinetes, sus dragones y los padres de Heather.
Con la increíble agilidad y destreza en el aire con la que Astrid había entrenado a la nadder, esta voló con gracia escapando de los disparos de las catapultas y los escombros, hasta aterrizar con gracia delante de los jinetes de Berk.
–¡¿Hiccup?! –gritaron ellos sorprendidos al ver a los gemelos pecosos que se suponían que iban a rescatar, sentados sobre el lomo de Stormfly –. ¡¿Honey?!.... ¿Heather? –agregaron de ultimo a la morena bajar también de la nadder.
–¡¿Heather?! –gritaron los padres de la chica antes de cualquier otra interacción entre los jinetes.
–¡Mamá! ¡Papá! –exclamó ella efusivamente en lo que corrió a abrazarlos.
–¡¿Mamá?¡¡¿Papá?! –soltaron lo jinetes sorprendidos, sin poder creer que las palabras de la morena sobre sus padres secuestrados fueran ciertas.
–¿Qué? ¿Cómo? ¿Eh? –balbuceó Snotlout sin poder entender lo que sucedía a su alrededor.
–A mí también me da gusto verte, Snotlout –le dijo Hiccup con una sonrisa al bajar de un brinco del lomo de la nadder.
–¿Qué hacen libres? –les preguntó primo aun totalmente incrédulo –. ¿Con Stomfly? ¿Y con ella? –dijo de ultimo señalando a Heather.
–¡Sí! Se supone que nosotros íbamos a recatarlos –se quejó Ruffnut posando su manos en su cintura.
–¡Ahora regresen ahí y esperen a que el Tuffnut los recate! –musitó el gemelo de la rubia molesto señalando la guarida de los bandidos.
Pero antes de que pudieran responder las órdenes del joven Thorston, los outcast aprovecharon la calma y distracción de los jinetes para lanzarse contra ellos. Stormfly dio un giro sobre sí misma, golpeando con su poderosa cola a los atacantes y lanzando púas en todas direcciones.
–¡Menos saludos y más acción! –gritó Honey aún sobre el lomo de la dragona, en lo que el resto del grupo se agachaba para evitar las púas de la nadder.
Hiccup asintió.
Inmediatamente, buscó con sus miradas los alrededores en busca de una joven doncella guerrera, pero sus ojos captaron primero fue a un gran bulto de escamas negras como la noche.
–¡TOOTHLESS! –el joven pecoso no pudo evitar gritar a todo pulmón.
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Aquel grito resultó como una descarga eléctrica que dejo en blanco el cerebro del nightfury. Toda agresividad desapareció de su rostro en lo que levantó su cabeza en búsqueda del origen de aquel grito. Sus grandes ojos verdes se iluminaron cuando estos se enfocaron en el pequeño y escuálido chico del otro lado de la arena de combate.
Era su jinete… era su amigo… era Hiccup.
Una sonrisa desatentada comenzó en formarse en el hocico de Toothless cuando recibió un golpe directo contra su cabeza. La emoción de encontrar a su humano le había hecho olvidar que se encontraba en una batalla a muerte con el vikingo que los había secuestrado. El impacto de un puñetazo contra su cráneo lo hizo tambalear y quedar a la merced de Alvin, quien levantó su hacha para asestar un golpe mortal.
Lo habría conseguido sino fuera que también luchaba contra Furry. El howl no dejo que el golpe llegara contra Toothless al congelar el brazo de Alvin con su aliento helado. La extremidad congelada arrastró consigo al bandido al suelo dejándolo temporalmente fuera de combate. Furry corrió hasta su hermano dragón, dándole en empujón para alejarlo del vikingo y guiándolo hacia el añorado rencuentro con sus humanos.
Alvin soltó un gruñido de frustración en lo que los vio a los dos dragones alejarse y reunirse con los gemelos pecosos que se suponían ser sus prisioneros. La furia y frustración creció dentro del pecho de Alvin como una llamarada; gritó iracundo en lo que golpeó su brazo congelado contra el suelo macizo de roca, rompiendo el hielo en miles de pedazos, liberando así su extremidad.
La victoria había escapado de nuevo de las manos de Alvin al contemplar el feliz recuentro de sus prisioneros, la destrucción de su isla y caos que se apoderó de sus hombres; al menos así lo creyó hasta que miró sobre su hombro a una joven rubia que intentaba escabullirse cojeando con el manual de los dragones. Alvin no iba a permitir que no sucediera eso.
Chapter 104: Y te sacaran los ojos (Pt.13)
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…y te sacaran los ojos (Pt.13)
–¡Toothless! –gritó Hiccup sin control lanzándose al encuentro de su dragón negro como el ébano –. ¿Dónde estabas, amigo? Me tenías tan preocupado –musitó él mientras frotaba enérgicamente la cabeza y barbilla del night fury. Toothless reaccionó al afecto, ronroneando como un gato contento.
Furry, igualmente se lanzó contra su pequeña jinete, derribándola en el suelo y llenándola de saliva el rostro con fuertes lengüetazos. El demás jinete, Heather y su familia no pudieron evitar sonreír ante el afectuoso encuentro, casi olvidando que se encontraban en medio de la arena de combate outcast. Era una suerte que la armada de Berk hubiera cesado su ataque, dándoles el tiempo para su reencuentro.
–Este rescate resultó ser mucho más fácil de lo que me imaginaba –comentó Ruffnut contemplando el feliz momento entre los gemelos Haddock y sus dragones.
–Sí, el Tuff pensó que no lo lograríamos –contestó su hermano cruzando sus brazos sobre su pecho –. Nunca… jamás… hasta creí tendríamos que abandonar a Fishlegs para lograr escapar con vida.
–¡¿Qué?! –soltó el chico regordete al escuchar los planes del gemelo Thorston.
–¡¿Acaso importa?! –se quejó Snotlout dejando caer sus brazos a sus costados –. ¡¿Podemos largarnos de una vez?!
–Esperen –dijo Hiccup escudriñado con su mirada a todos sus amigos y la familia de Heather –. ¿Dónde está Astrid?
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El ataque de la armada de Berk provocó serios daños en la arena de combate, gran parte de la reja que cerraba el techo quedo casi destrozada y los derrumbes de rocas aislaron varias partes del terreno. Astrid pronto descubrió que estaba separada de sus compañeros por un muro de escombros y hierro.
–Debe de haber una salida.
Entre pequeñas aberturas en la piedra pudo distinguir a todos sus amigos y sus dragones, sanos y a salvo, pero ignorantes de su paradero. Hiccup estaba ahí, a salvo, junto a su dragón; un gran alivio creció dentro el pecho de Astrid al verlo libre, feliz y sonriente que su situación pasó a segundo plano al menos por un instante. Tenía que encontrar como reunirse con ellos. Pero la rubia no era una chica que esperaba desconsoladamente a que la salvaran; rápidamente encontró un trozo de hierro lo bastante fuerte y grande que le serviría como palanca para retirar los escombros que la separaban de sus amigos y su libertad.
Pero antes que lograra incrustar su nueva palanca en la piedra, un hacha pesada y filosa se incrustó con destreza entre las rocas frente a la chica. Astrid rápidamente se volvió para descubrir que tenía una peligrosa compañía.
–¿A dónde crees que vas, niña? –le dijo Alvin tomando una espada suelo. El bandido jadeaba y sus ojos desorbitados denotaban su furia –. Tú y yo aún tenemos asuntos pendientes.
Astrid estaba en problemas.
Sin perder un segundo, Alvin se lanzó contra la rubia, quien alcanzó a esquivarlo muy apenas. Astrid no estaba en condiciones de luchar, por lo que no quedo otra opción que huir en dirección contraria a sus amigos.
–¡Regresa aquí, maldita sea! –escuchó la voz de Alvin detrás de ella, ordenándole a todo pulmón –: ¡Y devuélveme ese condenado libro!
Claro, no iba a hacerle caso. Astrid apretó el libro más contra su pecho y guardó la daga de obsidiana en su cinturón. Si volver a ver al bandido que corría detrás de ella, la rubia siguió derecho hasta los potreros de los dragones cautivos, descubriendo un ligero boquete hecho por el ataque de la armada por donde podía escapar al exterior de la arena.
La chica lanzó el libro del otro lado y pasó sus brazos por el reducido agujero, por desgracia, sus caderas la dejaron atrapada con la mitad de su cuerpo de un lado y del otro. Astrid pujo y tiró, pero se había atascado.
Entonces sintió que alguien la sujetó de la bota, jalándola de nuevo dentro de la arena.
–No hay a donde huir, niña –dijo la voz inconfundible de Alvin –. Es mejor que me entregues de una vez ese libro.
–¡Nunca! – tajó Astrid liberado su pie, pero perdiendo su bota en manos del bandido –. ¡Primero muerta! –sentenció antes de propínale una patada a Alvin en el mentón que le dio el impulso necesario para pasar del otro lado del boquete.
Una vez libre, la rubia no perdió ni un instante de ponerse de pie, recoger el libro y correr lo más rápidamente que pudo.
–No te preocupes –no escuchó decir a Alvin amenazar –, eso se puede solucionar.
Impulsado por la ira, el líder de los outcast prácticamente despedazo la pared de roca con sus propios puños, abriendo más el boquete para permitirle pasar del otro lado.
Astrid corrió lo más rápido que le permitían sus heridas y la única bota que traía puesta, pero los escarpados terrenos de la orilla de la isla outcast no se lo dejaban para nada fácil. Su carrera llego al final, cuando el camino terminó en un alto acantilado que daba directo al mar.
–¡No tienes a donde ir, Astrid! –se anunció Alvin bloqueando el camino de regreso –.
No había escapatoria.
–¡Da un paso más o saltare! –amenazó la chica apretando el manual de los dragones contra su pecho –. O… lo arrojare –agregó cambiando de opinión y dejando el libro colgando sobre el vasto océano.
–No lo harías.
–Nosotros escribimos este libro, podemos hacerlo de nuevo.
Alvin soltó una carcajada en lo que daba un par de pasos hacia adelante.
–Eres una condenada y lista chica, Astrid –dijo este señalándola con la filosa espada que llevaba en sus manos.
–Las adulaciones no te servirán, Alvin –respondió ella sin dejarse intimidar.
–Pero tal vez sí un trueque.
–Ya no tienes nada que yo desee.
–Ahí te equivocas, niña –objetó el líder outcast –. Ya que no sería un maldito bandido si no tuviera una carta bajo la manga. Sí me entregas el libro, te diré la verdad de cómo murió tu padre.
Astrid sintió las palabras del bandido como una bofetada.
–¡Yo sé cómo murió mi padre! – insistió la rubia, aunque era una mentira. Nadie sabía cómo había muerto Arvid Hofferson. El vikingo había salido a viaje a alta mar un día hacía años, debía encontrarse con el mercader Johan cerca de la isla de los Berserker, pero nunca llegó. Después de unas semanas sin saber noticia, el peor temor se volvió realidad. Su cuerpo sin vida llegó a las costas de la isla Meathead sin explicación, sin señales de su bote y con una puñalada en la espalda.
–Pero no sabes quién fue el responsable –continuó Alvin con una burlona sonrisa –. Así es, yo sé su nombre y también donde encontrarlo –agregó ante la mirada estupefacta de la chica –. Entonces, me das el libro y yo te diré como encontrar al hombre que mató a tu padre.
El corazón de Astrid se detuvo.
Chapter 105: Y te sacarán los ojos (Pt.14)
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Y te sacarán los ojos (Pt.14)
Con un fuerte batir de sus alas, Toothless emprendió el vuelo pasando rápidamente el muro divisorio de la arena de combate outcast, llevando seguro en su espalda a su joven y pecoso jinete. No era intensión de Hiccup abandonar la isla de los bandidos todavía, pero aun así ordenó a su hermana y resto de los jinetes guiar a un lugar seguro a Heather y sus padres, mientras él y su dragón de ébano arreglaban asuntos pendientes con Alvin.
Con su vista aguileña, el nigth fury pronto distinguió a lo lejos la inconfundible cabellera rubia de Astird cerca del acantilado, y como lo sospecharon, el líder outcast estaba con ella.
–¡Alvin! –lo llamó el chico a todo pulmón.
Pero su grito resultó contraproducente, ya que distrajo a Astrid el tiempo suficiente para que Alvin la sujetara contra su voluntad. La rubia intentó quitárselo de encima con ayuda de la daga de obsidiana, pero se encontraba tan débil a causa del duelo contra él, que el bandido fácilmente pudo sujetarla de la mano y usar la misma daga en contra suya.
Al aterrizar, Hiccup y Toothless, se encontraron una precaria situación. Alvin estaba usando a Astrid como escudo humano, mientras el acantilado protegía las espaldas.
–¡Muy tarde, Hiccup! –sentenció el bandido sin dejarse intimidar por los colmillos y gruñidos del dragón negro como la noche –. ¡Tengo a la chica y el libro! –rió Alvin con malicia sacudiendo un poco a la rubia atrapada en sus gruesos brazos –. ¡Poseo la mano ganadora!
Toothless rugió amenazadoramente en respuesta.
–No tan rápido, lagartija –agregó el outcast apretando más la mano de Astrid que empuñaba la daga y presionándola contra su cuello. La rubia soltó un débil y contenido gemido de dolor en lo que un leve hilito de sangre corrió por su blanca piel.
Ella no le daría a Alvin la satisfacción de oírla quejarse.
Hiccup posó su mano en la frente de su dragón conteniendo su arrebato.
–Alvin, no tienes salida –le aseguró el chico desmontando a su night fury y alzando sus manos en son paz. Aun así, Toothless siguió preparado para atacar si fuera necesario –. Deja a Astrid ir –agregó Hiccup dando un paso hacia adelante –. El libro no me importa.
–¡Hiccup, no! –objetó la rubia a pesar de su situación.
–Cómo si fuera posible que me dejes conservar el libro si dejo marchar a tu novia –soltó el bandido con una sonrisita ladina y peligrosa –. ¿Por qué debería creerte?
–Porque no soy como tú –respondió el muchacho manteniéndose firme –, yo sí cumplo con mi palabra.
–¡Hiccup, no puedes dejar… ahhh! –bramó Astrid, pero fue interrumpida por un fuerte apretón por parte de Alvin.
–Tal vez… después de todo, si podemos llegar a un acuerdo –aceptó este rápidamente sin perder su malvaba sonrisa.
Era una trampa, Astrid podía apostar a su dragona en ello. Alvin tenía otro traicionero truco bajo la manga, y cuando ella vio como Hiccup se acercaba indefensamente, la rubia sabía que no permitiría que eso pasara. Había pasado por mucho para rescatarlo, para echarlo a perder por su propia culpa.
–Pero… –masculló ella con dificultad ante la presión contra su cuello –. ¡Yo no lo acepto! –bramó con fuerza antes de lograr liberar su otra mano y arrojar hacia el vacio del acantilado el manual de los dragones.
Alvin inmediatamente soltó a la chica para volverse y tratar de alcanzar el libro, pero este logró escabullirse de sus gruesos y grasientos dedos por unos cuantos milímetros. Ante la mirada estupefacta del bandido y de Hiccup, el manual de dragones se dirigió en picada hasta el océano.
–¡Maldita perra! –gruñó el outcast soltado una palmada al aire que golpeó de lleno a la rubia en el rostro, haciéndola perder el equilibro y caer por el acantilado al igual que el libro.
–¡Astrid! –chilló Hiccup en lo que veía lentamente como la chica se desplomaba al vacio.
Toothless reaccionó de inmediato y se lanzó por su jinete para ir en rescate de la rubia. Pero cuando Hiccup y el night fury llegaron a la orilla del acantilado, se detuvieron en seco ante una gran masa rojiza que se elevó sobre ellos.
Era joven nightmare macho que había liberado Astrid y regresó para rescatarla de una muerte segura. Hiccup no pudo evitar reír de felicidad.
Astrid estaba a salvo.
Un gruñido por parte de Toothless lo volvió a la realidad al joven pecoso, dándole a notar que Alvin había aprovechado la oportunidad para escapar sigilosamente. Hiccup se volvió en todas direcciones tratando de localizar al bandido sin éxito. Sin ninguna otra razón que lo detuviera más en aquella isla, Hiccup y su dragón emprendieron el vuelo.
Iban de regreso a casa.
-ooOO000OOoo-
Los días siguientes al regreso de los hermanos Haddock fueron bastante ajetreados para los hooligans de Berk, a pesar de que la semana de Bork se decidió aplazar a causa de los recientes sucesos.
Fue un gran alivio que la armada de Berk y los jinetes hubieran regresado sin bajas después de una misión de rescate tan arriesgada. Además, desaparición de Mildew dejo de ser un motivo de preocupación cuando se enteraron por los jinetes de la traición del anciano en el complot de Alvin; sin duda el viejo no se atrevería a volver por temor a una represalia. Realmente, los dioses los habían favorecido en la batalla y en deshacerse del viejo saco de huesos, por lo que Gothi anunció que era necesario realizar el sacrificio de una oveja y llevar varios días de ayuno en agradecimiento.
En cambio, Stoick estuvo furioso con los jinetes al descubrir que desobedecieron sus órdenes y pudieron resultar heridos en el ataque de la armada en contra de la isla outcast. Pero al mismo tiempo estaba sumamente agradecido de cómo resultaron al final las cosas; había recuperado a sus hijos, no había perdido a ningún guerrero y Alvin había quedado en ridículo. Aun así, Stoick no se confiaba. Sabía de primera mano que Alvin no dejaría que las cosas se quedaran así.
–Después del daño que causamos –comentó Gobber tratando de calmarlo –, es muy probable que tenga otras preocupaciones de momento que buscar venganza.
Por si acaso, el gran líder vikingo preparó a la armada de Berk e instauró estrictos turnos de vigilancia ante el riesgo de una represalia de parte de los outcast.
Ya solo quedaba un detalle por resolver y eso era la joven morena con legua de serpiente y sus progenitores. Después que se conoció todos los detalles de la historia de la joven y la tragedia de sus padres, se reconsideró la sentencia antes dictaminada en su contra. Pero a pesar de ello, seguía habiendo recelos por parte de los hooligans a ella por sus acciones y su despreciado don; los jinetes de dragones inclusive se tomaban sus precauciones con Heather, Hiccup mantenía su distancia y Honey actuaba como si ella no existiera. Curiosamente, solo Astrid (la persona que más la rechazó desde el principio) era la única que deseaba hacer las paces con la chica.
Al final, el jefe Stoick les entregó un pequeño pero rápido bote a Heather y su familia para regresar a Quiet Place. En cuanto a la morena, se le nombró persona no grata a petición del consejo y se le prohibió pisar de nuevo la isla de Berk. Para ella no fue ningún problema, tenía a sus padres de regreso y estaba por volver a su casa.
–Esto es lo último –señaló Gobber dejando car dentro de la pequeña barcaza un saco lleno de provisiones.
–Se lo agradecemos mucho –dijo la madre de Heather, mientras su esposo comenzaba a extender las velas del navío –. ¡Heather! ¡Ya nos vamos!
–¡Un momento! –gritó la chica más adentro de la costa, donde esperaba su partida en compañía de la mayoría de los jinetes de Berk –. Sé que lo he dicho mucho en los últimos días, pero de verdad siento todos los problemas que causé.
Snotlout y Ruffnut la miraron nerviosos sin saber cómo responder. Fishlegs frotó sus nudillos nerviosos sin dar una respuesta verbal, pero sonriendo tímidamente. Hiccup solo asintió con la cabeza, y Honey ni siquiera estaba ahí. La morena no podía quejarse, después de sus actos y el descubrimiento de sus dones, era comprensible esa actitud reservada hacía ella. Hasta en cierta forma, ya estaba acostumbrada.
–Espera –soltó Tuffnut –. ¿Cómo el Tuffnut puede estar seguro que estás diciendo la verdad?
–Tuffnut, no estoy mintiendo en este momento.
–Así… y ¿cómo el Tuffnut puede estar seguro que no estás mintiendo sobre estar mintiendo?
–¡Por el amor de Thor! –se quejó Astrid uniendose al grupo –. ¡Que no está mintiendo! ¡Y quieres dejar de una vez hablar de ti como “el Tuffnut”!
–Dice esos porque el “El Tuffnut” es genial.
–¡No, no lo es! –gritaron todos los jinetes al unísono.
–Dicen solo eso porque realmente es genial.
–Espera, Astrid –dijo la morena posando su mano en el hombro de la rubia antes de que soltara un puñetazo al gemelo Thorston –. Creo que “el Tuffnut” es un nombre no muy genial y no deberías seguir usándolo.
–¡Aja! –bramó el gemelo rubio airoso –. ¡Ahora sé que estás mintiendo! Dices que no es genial porque si dijeras que es genial, sabría qué piensas que no es genial, y como “El Tuffnut” no es nombre genial, dejaré de usarlo.
–Benditos sean los dioses –alabó Fishlegs satisfecho.
–Eso fue estupendo –soltó Ruff soltándole un puñetazo amistoso a Heather en el hombro.
–Tal vez su don no sea tan malo después de todo –comentó Snotlout con una mirada coqueta antes de regresar a la aldea con el resto de los jinetes, dejando a Astrid y Hiccup solos con Heather.
–Hiccup, creo que no existe forma en este mundo en que pueda pedirte perdón por todo lo que te cause a ti y a Honey –insistió la morena realmente compungida –. Solo espero que, con el tiempo, puedan encontrar una forma de no odiarme.
–No te odio Heather –explicó el gemelo pecoso con calma –. Alvin te utilizó como lo hace con todo el mundo. Eso no escusa tus acciones, pero no te hace la única culpable.
–Espero que algún día puedas perdonarme.
–Yo también.
–Y Astrid… yo… –se volvió hacía la joven guerrera, pero esta la detuvo alzando la mano.
–No necesitas disculparte más conmigo –dijo ella con calma –, sé que realmente lo sientes y que estabas desesperada. No voy a negar que no me agradabas al principio, y que pueda seguir un poco enojada contigo por traicionarnos. Pero entiendo lo que es querer hacer algo por un padre desaparecido. Además, sino hubieras robado a Stormfly, Hiccup y Honey no hubieran podido escapar. Solo creo que me gustaría conocer a la verdadera Heather detrás de las mentiras y engaños.
–A mí también me encantaría.
La morena se volvió por una vez hacia sus padres que estaban por zarpar.
–Te escribiré cuando pueda.
–Y yo contestare si tengo tiempo.
Ambas chicas rieron de manera similar. Tal vez no eran tan diferentes después de todo.
Sin decir más, Heather dio media vuelta y corrió para subir al bote con sus padres. Hiccup y Astrid la despidieron sacudiendo sus manos, en lo que la pequeña barcaza se alejaba en el horizonte.
–Porque siento que había una especie de lenguaje secreto entre ustedes dos –soltó Hiccup sonriéndole a Astrid.
–¿Qué pasa Haddock? ¿Estás celoso?
–¿Yo?... Cómo no.
Ambos jóvenes rieron juntos, en lo que se tomaron de los manos para comenzaron el camino de regreso a la aldea.
–¿Cómo está, Honey? –preguntó Astrid.
–Recuperándose.
–Debe de estar muy enojada con Heather para no dirigirle la palabra –soltó la rubia casi risueña –. Creo que casi siento celos de que odie a alguien más que a mí.
–Honey no te odia, Astrid. Tampoco a Heather, es solo que… está molesta con lo que sucedió.
–Ser traicionados es grave y el peligro que corrían a manos de Alvin era mucho, pero al final todo salió bien. A menos…
–¿A menos?
–¿Qué sucediera algo más que aún no me cuentas?
Hiccup miró a Astrid directo a sus hermosos ojos azules, en lo que la marca que había quedado gravaba en la piel de su espalda le dolía por el simple roce con sus ropas.
–No –respondió el chico –, nada más sucedió.
Chapter 106: Y te sacarán los ojos (Pt. 15)
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...y te sacarán los ojos (Pt. 15)
Bajo el gran acantilado de la isla outcast, varios botes navegaban lentamente de un lado al otro, en lo que sus tripulantes lanzaban redes con la esperanza de encontrar su objeto perdido en las aguas. Alvin quería recuperar ese manual de dragones y estaba dispuesto a tener a sus hombres buscándolo día y noche para obtenerlo.
Nadie se atrevería a objetar sus órdenes, ya que desde el escape de los gemelos Haddock, el líder de los bandidos se encontraba de pésimo humor y daba mucho más miedo de lo normal. Así que, bajo la mirada aguileña de Alvin desde la cima de aquel acantilado, continuaron los bandidos con la tediosa labor de encontrar el susodicho libro.
Mientras, su líder guardaba un silencio sepulcral que generalmente indicaba la perdición de sus enemigos. Un nuevo y despiadado plan comenzaba a formarse en la mente del bandido, listo para ser ejecutado en el momento más oportuno.
–¡Alvin! –lo llamó Savage de repente a sus espaldas, sacándolo de sus pensamientos –. Mira lo que encontré –agregó lanzando a sus pies al enclenque cuerpo del anciano Mildew.
–¡Sucia sabandija! ¡Maldito hijo de perra! –vociferó el viejo completamente fuera de sí en lo que se retorcía en el suelo, pero pronto sus palabras quedaron mudas en su garganta, cuando se vio cara a cara con la gigante masa de músculos y vello facial que era líder de los bandidos –. ¡Alvin! Veo que las cosas no resultaron tal cual tú planeabas –dijo descaradamente al ponerse de pie y sacudirse la tierra de sus ropas –. Bueno, ahora somos dos… ¡Después de que me traicionaras!
Pero el bandido no contentó a sus palabras. Le dirigió una mirada dura y punzante en lo que acercó lentamente a él.
–Alvin yo no tengo la culpa que los niños de Stoick escaparan –soltó Mildew dando un par de pasos ciegos hacia atrás –. No sabía que vendrían los demás jinetes o que atacaría la armada de Berk.
Pronto, la espalda del anciano chocó contra el pecho de Savage, y haciendo honor a su nombre, este empujó salvajemente a Mildew hacia adelante, cayendo en las manos de Alvin.
–No puedes creer que sea mi culpa ¿verdad? –chilló el viejo con un puchero lastimero.
–Mildew… viejo saco de huesos –masculló Alvin alzando al anciano del cuello de sus ropas –. ¿Qué voy hacer contigo?
–E-esto pued-de cambiar a nuestro favor –balbuceó Mildew aterrado con una tímida sonrisa –. Regresaré a Berk y prepararemos una nueva trampa contra Hiccup y sus dragones.
–Dudo que estén dispuestos a perdonar tu traición y darte la bienvenida.
–Te juro quedo puedo ser útil…
–¿Perdonarías mi traición? –lo cuestionó Alvin casi escupiendo cada palabra contra el rostro del viejo.
–Claro, eres como un hijo para mí – respondió Mildew temblando ante la mirada asesina de Alvin. Con sus viejos y con sus huesudos dedos, acarició la enmarañada barba del bandido como lo haría un padre amoroso.
En cambio, el líder de los bandidos dejo salir una leve carcajada, soltando un poco su fiero agarre sobre el anciano.
–Viejo embustero y traidor –dijo Alvin entre risas dándola unas palmadas amistosas a las mejillas de Mildew –, me enseñaste bien.
Sus risas pronto fueron imitadas por Savage y rápidamente seguidas por las del anciano. El nerviosismo de Mildew desapareció en lo que los tres malvados hombres se rieron a sus anchas ante sus villanías.
De repente y sin previo aviso, Alvin rápidamente tomó de nuevo a Mildew por el cuello de sus ropas y lo arrojó con si fuera una muñeca de trapo por la orilla del acantilado. El aciano soltó un largo y rudimentario gemido en lo que su cuerpo cayó desde las alturas a su muerte segura.
–Sigan buscando el libro –gruñó Alvin volviéndose a Savage con fiereza como si nada hubiera sucedido –, no me importa si les lleva días. ¡Encuentren ese libro! –sentenció su orden antes de regresar al interior de la isla, en lo que su cuervo negro como la noche, volaba de regreso a su hombro.
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Cuando Hiccup regresó a su hogar ya la noche había caído sobre el Berk y solo las antorchas llameantes era lo único que permitía ver a través de las oscuras sombras. Su casa no fue muy diferente del exterior, solitaria y en silencio, con excepción del crispar de las flamas en la hoguera.
Acompañado de su fiel dragón de ébano que no se despegaba de sus talones, el joven exploró su hogar en búsqueda de algún otro miembro de su familia sin mucho éxito, al menos en la planta baja. Pero al subir las escaleras al segundo piso se encontró con su gemela en la soledad de la habitación; sentada en el borde de su cama, contemplando atentamente algo en sus manos, en lo Furry frotaba su nariz en contra sus botas en un intento de llamar su atención.
Honey se encontraba tan absorta en sus pensamientos que no se percató en la llegada de su hermano y dragón este, hasta que rompió el silencio de la habitación al preguntarle a ella:
–Honey. ¿Cómo te sientes?
La gemela pecosa dio un leve respingo de sorpresa, pero rápidamente se repuso para responder de manera apatica:
–Podría hacerte la misma pregunta.
Hiccup la contempló con recelo. Realmente estaba preocupado por ella; le estaba costado mucho más que a él reponerse de la horrible tortura que sufrieron a manos de Alvin. Se sentó junto a ella en la cama, en lo que Toothless se recostó a un lado Furry y frente a ambos hermanos.
–¿El corazón de rubí? –preguntó el muchacho al descubrir que sostenía su hermana en sus manos –. Me sorprende que Alvin olvidara que lo dejo en tu cuello.
–Él estaba convencido que no escaparíamos –sentenció Honey con sequedad.
–Esperaba que la marca de los esclavos nos quebrara por completo –completó Hiccup compartiendo un poco la apatía de su gemela.
–Y en cierta forma lo logro –dijo de ultimo la chica antes de ponerse de pie y marchar hasta el otro lado de la habitación.
–Hey, saldremos de esto adelante –le aseguró Hiccup yendo detrás de ella –. Siempre hemos superado las adversidades… juntos –agregó posando su mano en el hombro de ella.
Honey le correspondió con una débil sonrisa que no le convenció mucho a Hiccup, pero el muchacho no llegó a complementar sus palabras, ya que su hermana había tomado un objeto en particular del escritorio del rincón.
–¿El cofre de mamá?
–Sí. Quiero comprobar algo.
Ante la mirada curiosa de Hiccup y los dos dragones, Honey colocó el corazón de rubí en la ranura de aquel cofre, quedando a la perfección. Un leve click se hizo audible en lo que la cerradura finalmente cedió.
–Hotshot regaló este cofre a mamá como regalo de compromiso y el recuperar el corazón de rubí sería la prueba para el viejo Wrinky que era digno de su amor –explicó Honey con un semblante muy serio –. Estaban hechos para estar juntos.
–¿Hablas solo de la gema y el cofre? –le preguntó su hermano casi adivinando lo que ocurría en su cabeza.
Honey se mordió el labio claramente carcomido por la duda.
–Sé que no debemos fiarnos de las palabras de Alvin… pero… –no alcanzó a terminar ella cuando unos pasos retumbaron en la escalera, anunciando la llegada del padre de ambos.
Stoick hizo presencia en la habitación de los gemelos con una vela en las manos, lo que permitió que fuera visible su gran sonrisa. Desde el regreso de sus hijos, el gran líder vikingo no podía contener su felicidad.
Pero la felicidad se intensificó más en su rostro, cuando se percató del cofre abierto en manos de Honey.
–¿Encontraron la manera de abrirlo? ¡Eso es estupendo! –dijo él aproximándose a sus hijos. Tomó la pequeña caja de madera de las manos de su hija y abrió la tapa de par en par. Su mirada se enterneció de una manera increíble ante la sorpresa de sus hijos, que comenzaban a ser carcomidos por la duda de que se encontraba dentro de aquel cofre.
Finalmente, Stoick sacó del interior de la caja un simple, viejo y roído dragón de peluche. Ambos gemelos lo contemplaron con curiosidad sin entender al principio su importancia de aquel objeto, hasta que finalmente algo llegó a la mente de Hiccup.
–Recuerdo eso –comentó el muchacho tomando la pequeña figura que asemejaba un dragón de las manos de su padre.
Stoick soltó una nostálgica carcajada, en lo que su muchacho examinaba con cuidado el juguete.
–Sí, era tuyo –dijo el vikingo –. Tu madre lo hizo para ti, pero te aterraba verlo. Yo lo guardé en el cofre para que no lo vieras más.
–Quien diría que un tiempo tuve pánico a los dragones –señaló Hiccup completamente cautivado por la esponjosa figura. Pronto, tanto Toothless como Furry, mostraron curiosidad por aquel juguete.
Stoick en cambio, volvió a meter la mano en cofre para sacar una hermosa peineta hecha con una concha marina. No perdió un instante en depositarla en las manos Honey.
–Esa peineta también la hizo tu madre –confesó el vikingo –. Tenía pensado dártelo cuando crecieras.
Honey examinó con cuidado la hermosa peineta, decorada y pintada a mano, en lo que su corazón comenzaba ser abrumado por fuertes sentimientos.
–¿Ella se imaginaba toda una vida los cuatro juntos? –preguntó ella tan de repente a su padre, que confundió por un momento a Stoick.
Pero la sorpresa pasó rápido del gran líder, cuyo semblante se aligeró en lo que decía:
–Los llamaba los días dorados cada vez que pensaba como serían las cosas en el futuro. Cuando crecieran, se cazarán y llenaran la casa de nietos.
Los hermanos no pudieron evitar reír ante el comentario.
–Ella quería que envejeciéramos juntos, en lo que los veíamos hacer su propia vida. Siempre idealizó un maravilloso futuro para nosotros. Sé que hemos tenidos problemas y no muchas veces no he manejado bien las situaciones; pero me encantaría que ella pudiera verlos ahora, estaría muy orgullosa de nuestra familia como yo lo estoy.
Honey no pudo aguantar más las lágrimas que comenzaron a escurrir por su rostro, en lo que se lanzó a los brazos de su padre. Después de las malvadas palabras de Alvin, la gemela pecosa no pudo evitar sentir desosiego sobre el origen de su familia. La idea que su madre amara otro hombre y que su padre fuera un tramposo y traidor, la había consternado.
Pero era claro que, aunque Hotshot había sido alguien importante en el pasado de su madre, ella solo anhelaba su futuro con el hombre que se enamoró, casó y tuvo hijos. Era una pena por lo que había sufrido el aventurero, pero sí él no hubiera fracasado, sus vidas serían muy diferentes.
Aún había cosas que su padre tenía que aclarar sobre el pasado, pero al menos podía estar segura, que no todo había sido tal cual se lo había planteado Alvin.
–¿Te encuentras bien? –le preguntó Stoick a su hija mientras correspondía su abrazo.
–Sí –dijo ella apretándolo con más fuerza –. Te amo papá.
Stoick hizo una señal a Hiccup para que también se acercara y los tres terminaran un fuerte y afectivo abrazo.
–Los amo tanto. Sé que han sido días muy duros para todos, pero estaremos bien –les aseguró Stoick a sus hijos frotando sus espaldas –. Alvin no puede hacernos más daño.
Ambos gemelos no pudieron evitar sentir una punzada de dolor que los obligó separarse de su padre. Ante la mirada curiosa de Stoick, ambos gemelos acordaron sin necesidad de palabras que había algo importante que debían compartir.
–Sobre eso papá –dijo Hiccup –. Hay algo que debemos decirte.
Chapter 107: Corona para los reyes
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Corona para los reyes
Los gobernantes sentados en sus tronos,
Ausentes del mundo y sus trastornos,
De largas dinastías sanguíneas cambiantes,
Los combates por el poder son constantes.
~o~
La corona, tierra y reino,
En sucias manos cayeron.
Al final, un elegido se levantó,
Y la paz momentánea llegó.
~o~
Vidas mortales pasajeras,
En manos de los dioses como simples ilusiones,
Viajes por mar y tierra,
Se perdieron todas sus intenciones.
~o~
El segundo monarca había nacido,
Familia de codiciosos y traidores.
Thor no quedo complacido,
Campeón negado por generaciones.
~o~
Olvidado de los cuentos y canciones,
El joven gallardo y con ambiciones.
El padre ha quedado condenado,
Y su reinado enterrado.
~o~
El destino de los dragones está sellado,
Un rey más decidirá el continuo,
Acciones que no ha deseado,
El regreso a su reino salino
Página 12
Chapter 108: Letras peligrosas Pt.1
Summary:
Cómo entrenar a tu dragón (How To Train Your Dragon) está basada en la serie de libros de mismo nombre de la autora británica Cressida Cowell, y realizada por Dreamworks Animation.
No poseo ningún derecho sobre los personajes y detalles originales de HTTYD.
El propósito de este FanFiction es el de entretener, con eso ya dicho, por favor no me demanden.
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Letras peligrosas Pt.1
Las festividades de la semana de Bork finalmente terminaron en la isla de Berk, pero incluso varios los días después de susodicha fecha y aún se sentía el eco en algunos de los habitantes las terribles consecuencias del secuestro efectuado por Alvin the Trechearos.
Quienes la pasaban más difícil eran los gemelos Haddock y por ende, también el resto de los jinetes dragones. Hiccup y Honey sintieron que era prioritario compartir en la menor brevedad posible la verdad de lo que había marcado Alvin en sus pieles, pero después de experimentar las acciones de su padre ante ello, comenzaron a preguntarse si había sido una buena idea desde un principio.
Stoick, contrario a lo que hubieran hecho muchos, no les había dado la espalda a sus hijos al saber que llevaban sobre ellos la marca de los esclavos; todo lo contrario, se había vuelto mucho más sobreprotector y vigílate de su seguridad. Técnicamente, le había prohibido abandonar Berk bajo cualquier circunstancia.
–Aquí se encuentran seguros –les había insistido a sus hijos con vehemencia al oír sus protestas –. Aunque no hay esclavos en Berk, eso no significa que sea así en el resto del archipiélago.
Hiccup y Honey eran muy consientes de ellos, lo había experimentado de primera mano al conocer a la pequeña chica de las tribus del norte, Eggingard. La marca de los esclavos los condenaba a ser prisioneros de quien les pusiera las manos encima, perderían su posición, su nombre y todo respeto. Inclusive en Berk, donde seguían siendo libres a pesar de todo, la marca les negaba su derecho por nacimiento; algo que Stoick no estaba dispuesto a que nadie se enterara, ni siquiera su ambicioso medio hermano y su familia.
El gran líder de Berk estaba decidido a hacer todo para asegurar el bienestar, futuro y legado de sus hijos, incluso si eso significaba cortarle las alas a estos. Y si Hiccup no podía emprender el vuelo, ninguno de los jinetes y sus dragones, lo harían por igual.
–¡¿No puede estar hablando en serio?! –exclamó Snotlout indignado cuando el jefe Stoick cerró frente a ellos la academia de dragones después de semanas de completa desobediencia por parte de los jinetes.
–¡No es junto! –gruñó Ruffnut.
–¡No podrán acallar nuestras voces de libertad! –dramatizó Tuffnut levantando su puño al cielo en rebeldía.
Por desgracia, los jinetes habían perdido todos sus votos de confianza con el jefe Stoick al desobedecer casi rutinariamente sus ordenes y escapar durante la noche hacer ser rondines en las islas vecinas, dar vuelos matutinos a sus dragones, incluso habían hecho un viaje largo y secreto en búsqueda de una reina Fireworm (dragones con la mayor temperatura corporal posible) cuando Hookfang enfermó terriblemente.
Hiccup no veía de la misma manera el peligro como su padre. Para él, la compañía de Toothless y los dragones eran suficientes para asegurar su bienestar. Además tenía grandes preocupaciones en manos, ya que al perder el manual de los dragones, todos sus registros de entrenamiento se habían perdido con este.
–Habría que empezar de nuevo con otro manual –comentó Hiccup a sus compañeros no muy satisfecho con la idea.
–¿Conseguir un libro? –soltó Snotlout escéptico –. ¿De dónde? Están prohibidos.
–La única fuente que existe es la biblioteca de la isla Meathead –explicó Honey algo desanimada.
–¿Pero no se supone que es una prisión de libros? –dijo Ruff de inmediato sin pensar en sus palabras.
–“Biblioteca” –la corrigió Astrid –. No, prisión.
–En realidad, Ruff no está muy equivocada –agregó Honey –. Cuando todos los libros fueron vetados del archipiélago, se almacenaron en la biblioteca para que nunca fueran leídos de nuevo.
–Y según dicen –comentó Fishlegs casi en susurro –que el viejo bibliotecario es un antiguo guerrero, necio y muy terco a la antigua que vive como un loco ermitaño dentro de la biblioteca.
–Está decidido –dijo Tuff totalmente animado y dando un brinco –. ¡Hay que liberar esos pobres libros!
–¿Cómo? –objetó Hiccup –. Mi padre no nos permitirá abandonar la isla, mucho menos ir a la isla Meathead.
–Solo queda una opción –indicó Honey sin estar muy convencida de ello.
Por la vieja y lenta vía política.
A regañadientes y sin más alternativa, Hiccup y Honey tuvieron que recurrir a su padre para que les ayudara a conseguir un nuevo manual. Aunque Stoick tenía sus dudas al respecto, el que sus hijos finalmente entendieran razones y acudieran a él para resolver un problema en lugar de escaparse a hurtadillas, fue suficiente para que para no negarse a su petición.
Pero como lo sospechaba Honey, conseguir un nuevo manual de dragones por la vía política sería un proceso sumamente lento. Stoick tuvo que solicitar primero permiso a su homónimo Meathead para que el convenciera al viejo y terco bibliotecario de entregar un libro, lo cual requeriría de mucho convicción, y probablemente, uno que otro puñetazo.
Al final no les quedaba de otra que esperar un halcón con la respuesta.
Los días pasaron convirtiéndose en semana. Los pocos días de verano pasaron y comenzó la temporada húmeda y fría previa al invierno. La carta de respuesta del manual continuó sin llegar, provocando cierto estrés y desesperación en el gemelo pecoso, aunado a la estricta vigilancia de su padre, el chico comenzaba a volverse loco.
–¿Y si solo vamos a la isla Meathead a averiguar cómo va la liberación del libro? –preguntó el chico insistentemente a su padre por decima vez una lluviosa noche en particular.
–Hiccup ya te dicho que no vas a ir volando a la isla Meathead –sentenció Stoick tajantemente en lo que lanzaba pedazos de carne al caldero, intentado preparar su famoso estofado de oveja.
Honey en cambio permanecía algo absorta de la conversación, cortando el resto de los ingredientes en la mesa y aprovechando para lanzar unos cuantos trozos bajo esta, a los tres dragones de la casa.
–No tenemos que ir volando –soltó el chico desesperado, imitando las olas con sus manos –. Podemos ir en bote.
Toothless, rápidamente levantó la cabeza y dio un resoplido, ofendido de no ser tomado en cuenta. Al final la prohibición de dejar la isla, le afectaba por igual que a su jinete.
–Lo siento, amigo –se disculpó el muchacho encogiendo los hombros.
–Dragones o no. ¡No van a ir a la isla Meathead! –gruñó Stoick tajantemente poniendo punto final a la discusión.
–¡Pero papá…!
–¡No, Hiccup! –bramó Stoick perdiendo la paciencia y dejando caer al suelo un gran cucharon. El gran líder vikingo trató de contener la respiración para tranquilizarse, en lo que talló frenéticamente sus parpados con sus dedos –. No deseo discutir esto una vez más –agregó casi en susurro.
Honey y lo dragones contemplaron el intercambio atentamente y en silencio, expectantes por lo siguiente a decir de los dos hombres de la familia:
–Papá… entiendo que puedas volver a dudar en mí… –comenzó el muchacho, pero rápidamente fue detenido por su padre. Stoick se arrodilló ante él y posó sus gigantescas manos en los hombros de su muchacho.
–No –le aseguró él negando con la cabeza –. Nunca volveré a dudar de ti, he aprendido mi lección. Pero no evita que no confíe en el resto del mundo. Tienen la marca de los esclavos, Hiccup; y si alguien lo descubre…
Las palabras del hombre murieron en su garganta, imposible de imaginar las terribles consecuencias si sus hijos eran descubiertos. Pero antes de que Hiccup pudiera repelar a su padre, la puerta principal de la casa de los Haddock se abrió estrepitosamente.
Haciendo una entrada dramática, Gobber entró en aquel hogar sacudiendo en su única mano, una arrugada y empapada hoja de papel.
–¡Stoick! –dijo con desesperación –. Hay que ir a la isla Meathead.
Chapter 109: Letras peligrosas Pt. 2
Chapter Text
Letras peligrosas Pt. 2
La urgencia con la que Gobber había hecho mención de la respuesta de Morgadon, líder de los Meathead, había alarmado al resto de los miembros del consejo de Berk, Gothi y a los jóvenes jinetes de dragón, por lo que a pesar de las deshoras en que se encontraban, todos corrieron al gran comedor a informarse del contenido de tan importante misiva.
Pero en cambio, lo que todos se encontraron, fue al viejo guerrero vikingo en la soledad del salón, sentado tranquilamente en una rinconada mesa, tomando sus alimentos sin premura.
–Ejem… –carraspeó su garganta Mulch tratando de captar la atención de Gobber, quien continuó tranquilamente ingiriendo sus alimentos, como si el grupo de espectadores que rodeaban su mesa no estuviera ahí.
–¿Gobber? –lo llamó entonces Stoick al no ver respuesta de sus parte.
–¿Qué? –contestó éste sin inmutarse.
–¡Gobber! –le gritaron todo al mismo en lo que sus voces se intensificaron ante el eco del gran salón.
–¡Está bien! ¡Está bien! –aceptó el herrero a regañadientes dejando a un lado su pierna asada de cordero.
En lo que Gobber extendía el pergamino perteneciente a la carta de Morgadon, Snotlout no perdió la oportunidad para discretamente intentar robar la pieza de cordero que yacía en el plato del herrero, pero fue detenido en seco por un zape en la nuca por parte del jefe Stoick.
–Su gran potencia Morgadon –comenzó a leer Gobber imitando terriblemente el tono formal del escribano Meathead –, escuchen sus palabras y tiemblen, ha decidido hacer notar… bla bla bla… le parece que la petición…. guara guara guara… –a sus palabras las acompañó de una pantomima realizada con su única mano – ha causado molestias a su potencia… aquí y allá…
–¡Gobber! –explotó finalmente el Stoick perdiendo la paciencia –. ¿Quieres ir de una vez al grano?
El herrero soltó un resoplido en frustración, antes de explicar:
–Según la carta del escribano de Morgadon, éste visitó al viejo bibliotecario para solicitarle otra copia del manual de dragones para Berk. Al parecer, el anciano se ha vuelto más demente ante su aislamiento en la biblioteca, que terminó dándole unos cuantos cocorrones a Morgandon por molestarlo.
–Espera ¿no van a darnos el libro? –Hiccup prácticamente brincó sobre el banquillo de la mesa ante aquella explicación.
–Al parecer Morgadon trató de convencer al viejo contándole lo más relevante que ha sucedido en archipiélago en los últimos años, especialmente en Berk.
Un shock masivo se apoderó de los presentes en el gran comedor. Muchos de los cambios ocurridos en Berk habían abandonado la seguridad de su pequeña isla y había caído en las bocas de los chismosos navegantes de los mares helados del norte, pero aun así, su academia de dragones se mantenía en secreto para la mayoría del archipiélago. Los Meathead eran conscientes de la paz entre los hooligans y los dragones, pero cuanto sabían al respecto era un temor constante.
La mayoría de los jinetes tragaron saliva ante la revelación, mientras los miembros del concejo intercambiaron miradas nerviosas.
–¡¿Le ha contado de los dragones?! –le preguntó Honey a Gobber lo que todos en el salón temían. La posibilidad del conocimiento sobre el entrenamiento de los dragones podría ser considera una amenaza por cualquier tribu vikinga, y ocasionar una guerra con los habitantes de Berk.
–No lo específica –dijo éste –. Pero si le contó como derrotaste a la gran Red Death –explicó dirigiéndose a Hiccup – y que Honey está siendo entrenada por Gothi para ser una vala. Eso llamó mucho su atención.
–¿Qué es lo que quiere? –agregó Stocik.
–El viejo no soltará el libro, sino antes reunirse con Gothi y conocer a su joven aprendiz.
–¿Quién yo? –soltó la joven pecosa completamente desconcertada en lo que todas la miradas del salón se enfocaban en su pequeño cuerpo y en la muda anciana a su lado.
–Entonces, deberan ir a la isla Meathead… –comentó Helgen Frigg señalando lo obvio.
–¡Absolutamente, no! –rugió Stoick tajantemente.
–Pero papá… el manual… –trató de hablar Hiccup, pero fue interrumpido por su padre.
–Yo iré a la isla Meathead y se lo pediré en persona.
–No creo que funciones así, Stoick –comentó el señor Stevenson ante el nerviosismo reflejado en los demás presentes en el salón.
–En realidad, Morgadon también te solicita para agradecerte los chichones que tiene por tu culpa –aclaró Gobber –. Pero el viejo bibliotecario solo quiere ver a Gothi y Honey.
El gran líder vikingo estaba de nuevo por objetar, cuando la pequeña anciana lo detuvo dándole un leve golpe en su hombro con su bastón. Ante las curiosas miradas de todos, Gothi comenzó a realizar sus pantomimas dando su opinión en el asunto.
–Gothi no tiene objeción –señaló Honey traduciendo las señas de su maestra.
–Yo sí –insistió Stoick.
La necesidad en la negativa del padre no resultaba nueva para los miembros del consejo y aunque normalmente no se interponían por lo que sucedía en la casa Haddock, Gobber no pudo evitar interceder.
–Mira Stoick –dijo el herrero con calma –, a la mayoría de nosotros no nos importa que nos den un nuevo manual…
–A nosotros sí –objetó Tuffnut interrumpiendo el dialogo de los adulto. Rápidamente fue acallado por sus compañeros con una lluvia de palmadas.
–Pero no vemos nada peligroso en la petición del viejo –continuó Gobber como si no hubiera sido interrumpido.
–Suena bastante razonable –comentó Spitelout desinteresadamente.
–¡Es peligroso!
–Stoick, entiendo que después de la última de Alvin sigas nervioso –le dijo Helgen posando su mano en el hombro de él –, pero los Meathead son nuestros aliados. Además… míralos… –agregó indicando a los jinetes, especialmente los gemelos Haddock.
Ambos hermanos hicieron su mejor interpretación lastimera para convencer a su padre.
Aun así, Stocik seguía convencido que era muy peligroso. Pero también, su ciega negativa podría generar dudas en el resto de la aldea. Al final y a regañadientes, aceptó:
–¡De acuerdo! Pero como lo he dicho, yo también iré en persona. Y parte de la armada; será mejor Lydia y su equipo.
–Será un viaje divertido… –comentó el viejo herrero realizando una graciosa huida.
–Tú también vendrás Gobber –pero lo detuvo en seco el jefe, sujetándolo por el cuello de su chaleco.
–¡Eso es perfecto! –soltó Hiccup animado dando brincos, al igual que el resto de sus compañeros jinetes –. Podemos partir mañana temprano si preparamos a los dragones de inmediato.
–No, Hiccup. Nada de dragones.
–¿Tendremos que ir la isla Meathead en bote? –se quejo Snotlout –. ¡Qué bazofia!
–No. Ustedes no irán.
–Pero dijiste que… –musitó el muchacho.
–El viejo solo ha solicitado a Honey y Gothy. Y solo Honey y Gothi irán. Y punto.
Ignorando por completo la mirada de cachorro de su hijo y la expresión de estupefacción del resto de los jinetes, Stoick pasó de largo, directo a la entrada principal del salón, seguido de cerca del resto del miembro de consejo de Berk.
–Spitelout ve preparando los barcos – lo escucharon decir los muchachos antes que desapareciera a través de las grande puertas de robe –. Partiremos mañana a primera hora.
Los jóvenes jinetes permanecieron en silencio, completamente sorprendidos por lo que acababa de suceder.
–Que mierda –soltó Ruffnut repentinamente, provocando un fuerte eco en todo el salón.
Chapter 110: Letras peligrosas Pt. 3
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Letras peligrosas Pt. 3
A pesar de las objeciones de los jinetes de dragón y las preocupaciones paternales de jefe Stoick, a la mañana siguientes el barco insignia de la armada “El pingüino peregrino” zarpó de la costa de Berk en dirección a la isla Meathead. Al final, como había anunciado, Stoick solo llevó consigo a los miembros de la guardia del escuadrón de Lydia, a Gobber, Gothi y Honey.
El resto protegería la isla en su ausencia, y los pobres jinetes, seguían castigados en tierra.
Después de un largo tiempo sin tener permitido abandonar la isla, para joven chica pecosa resultó algo diferente y agradable sentir el golpe del aire salado directo del mar en su rostro. Era un cambio que tal vez requería después del pésimo humor que reinaba en su hogar, isla, academia y en su propia cabeza, ante la tortura que sufrió semanas atrás a manos de Alvin The Trecherous.
El tranquilo viaje en barco hubiera resultado una medicina perfecta para ella, sino hubiera sido que su padre tenía sus propias preocupaciones en mente.
–Una vez que lleguemos a la isla, no te despegues de mi lado –le ordenó tajantemente él mientras sacudía su dedo índice con vehemencia.
–Entendido –respondió la chica casi como autómata.
–O de Gobber.
–Aja.
–O de Gothi.
–De acuerdo.
–Y no hables con ningún desconocido… –agregó Stoick nervioso ante la pasividad de su hija– mejor, no hables con nadie.
–Me parece bien.
La completa sumisión de Honey ante las órdenes de su padre resultó una completa sorpresa para los demás tripulantes del navío. Todo conocía muy bien el famoso temperamento intolerante de la chica y especialmente como se relacionaba con su progenitor. Tal comportamiento obediente resultaba tan bizarro y discordante con ella, por lo que los demás vikingos en el barco que escucharon la conversación, no pidieron evitar lanzarles a padre e hija miradas inquietadas.
–No lo sé Stoick –comentó Gobber rascándose la nuca –. ¿Por qué no le prohíbes también que no abandone el barco?
–Podría ser una buena idea –contestó el vikingo meditándolo.
–Y que no respire también.
–Ya estas siendo ridículo, Gobber.
–¿Tú crees? –preguntó el herrero ante la ironía.
Gothi, por su cuenta, interrumpió el intercambio entre ambos amigos con varias de sus señas mudas.
–¿Qué es lo que está diciendo? –preguntó Stoick.
–Que estás loco –respondió Gobber.
Sin dudarlo, Stoick le soltó un manotazo al herrero en la nuca.
–¡Hey! Sí quiso decir eso.
Gothi concordó asintiendo con la cabeza.
–Ah… bueno. No iba a golpearla a ella.
A pesar de la agresión física, la anciana continuó con su charada con más señas.
–En realidad Gothi quiere recordarles a los dos que el motivo de viaje es reunirnos con el viejo bibliotecario –agregó Honey traduciendo las señas de la mujer –. Las prohibiciones que estás imponiendo no serán de mucha ayuda para llevarlo a cabo.
–Tiene razón, Stoick –afirmó Gobber –. Al final de cuentas el saco de huesos testarudo es un anciano, tiene autoridad.
El gran líder vikingo no pudo evitar fruncir el seño ante aquella realidad, pero sin importar cuánto le desagradaba la idea, tenían razón. Estaban a los deseos del viejo bibliotecario.
–¿Qué clase de persona es el viejo encargado de la biblioteca? –preguntó Honey ante la reacción de los adultos –. ¿Es tan pesado para que todos actúen tan frustrados de lidiar con él?
La joven pecosa fácilmente pudo darse cuenta de las implicaciones de su pregunta, cuando los tres vikingos frente a ella intercambiaron unas cuantas miradas nerviosas.
La gran biblioteca de la isla Meathead no había sido fundada para simplemente guardar libros, eran técnicamente su prisión. Una prisión del conocimiento y los secretos que el último rey del Wilderwest no deseaba compartir. Las razones se habían perdido en el tiempo, pero todas las publicaciones del archipiélago habían terminado vetadas dentro de aquel rustico edificio.
Durante generaciones, se había designado viejos y respetados vikingos para cubrir la función de mantener la arcaica tradición de censurar la verdad y el pensamiento, generalmente miembros de la misma tribu de la isla, pero voluntarios de otras eran aceptados y entrenados por su predecesor.
Se decía que el trabajo en la biblioteca era tan pesado, que volvía a todos los bibliotecarios locos de remate. Lo que ocurría dentro de esas paredes, era un total misterio para todos los demás.
–Pronto lo descubrirás –fue lo único que Honey pudo obtener de respuesta a su pregunta.
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Solo fueron necesarias un par de horas para que el “Pingüino peregrino” arribara sin problemas en las costas de la isla Meathead. La isla hermana de Berk era mucho más grande en hectáreas, pero no contaba con los bellos acantilados, grandes picos y cavernas que su pequeña contraparte. A simple vista se podían visualizar cada una de las construcciones que conformaba la aldea y al fondo, destacar la gigantesca torreta de ladrillo y barro que era la biblioteca prohibida.
Habían arribado en buen momento, ya que era justo la hora de la comida y el aroma de los alimentos preparados invadía las callejuelas de la gran aldea, hasta los recónditos rincones del muelle. El estomago de Gobber rugió hambriento, pero al igual que el resto de los tripulantes del barco, deberían esperar las lentas y aburridas presentaciones que iban a la mano de la política vikinga.
–Su gran excelencia Morgadon, líder de los Meathead, señor de los siete mares, terror de los impíos, opulencia de rostro velludo… –saludó con una reverencia el esclavo del líder Meathead.
–¿Cómo que se ha agregado algunos títulos desde la última vez que lo vimos? –susurró Gobber a Stoick mientras Pumpkin seguía y seguía con su presentación.
–… y bailarín excepcional, les da su más cordiales saludos a su isla.
Pumpkin, a diferencia de la mayoría de los vikingos, era lo que se conocía como “hiccup”, delgaducho y escuálido. Pero como el gemelo pecoso que llevaba tal nombre, era más ágil de pensamiento. Pumpkin se había ganado su lugar a pesar de ser esclavo, ante los ojos de Morgadon debido a su labia, poder leer y escribir, y adular a su jefe con gran destreza.
Pero a pesar de ello, no dejaba ser un esclavo.
Stocik no pudo evitar sentir cierto desasosiego al contemplar al delgaducho esclavo ser relegado por su amo sin ninguna cortesía, al aparecerse junto con su hijo en el muelle. Le trajo a su mente una terrible visión del futuro para su hijo Hiccup si se llegaba a descubrir la marca en su espalda.
–Maldita sea, ya era horas que llegaras, Stoick –gruñó el líder vikingo. Y antes de que pudiera compartirse cualquier saludo, Morgadon le soltó un certero y poderoso puñetazo en mentón a Stoick que lo obligó a dar un paso hacia atrás.
Nadie se sorprendió en lo más mínimo ante el arrebato, era completamente normal aquel recibimiento entre los vikingos mientras el rango fuera respetado.
–Eso es por hacerme ir a ver a ese maldito y desquiciado saco de huesos –continuó Morgadon sujetando a Stoick de sus rojas barbas.
Chapter 111: Letras peligrosas Pt.4
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Letras peligrosas Pt.4
–Muy bien muchachos –dijo Hiccup ante sus compañeros –, vamos a aprovechar para recuperar el tiempo perdido y practicar un poco con nuestros dragones.
Pero desgraciadamente, la única respuesta que obtuvo fue un gemido de frustración por parte los demás chicos. Ante la ausencia del jefe Stoick, los jóvenes jinetes aprovecharon para abrir de nuevo su academia de dragones, aunque fuera solo por unos días, ya que entre la larga lista de prohibiciones, el entrenar en la academia podría representar mucha tentación para chicos castigados en tierra.
–¿Qué pasa con ese ánimo? –dijo Hiccup posando sus manos en su cintura –. ¿No estaban ansiosos por trabajar con sus dragones?
De nuevo, los demás jinetes gruñeron desde sus puestos en el frío suelo de la arena.
–¿O tal vez todos sufrimos de un caso grave apatía generalizada? –se quejo el gemelo pecoso sarcásticamente.
A pesar del claro desdén en su rostro, Snotlout levantó la mano.
–Muchas gracias Snotlout por participar. ¿Cuál es tu pregunta?
–Sí, como sea –musitó el moreno con descarada frustración –. ¿Por qué carajos no estamos en el cielo en estos momentos volando con nuestros malditos dragones?
–¡Sí! –soltó Ruff, para luego ser imitada por su hermano.
–¡Yeah!
–Debo recordarles que mi padre, el líder de la tribu, ya saben quién –dijo Hiccup mientras indicaba con sus manos las gigantescas dimensiones físicas de su progenitor –. El gigante vikingo amargado que trata de controlar cada momento de mi vida, nos ordenó no volar con nuestros dragones.
–Pero él no está en este momento en la isla… –comentó Snotlout con tono ladino.
–Y es por eso que aprovecharemos su ausencia para recordar nuestros conocimientos en dragones, ya que de momento no contamos con el manual.
–¡Espera un momento! –bramó Tuffnut poniéndose de pie de un brinco –. ¡¿Vamos a revelarnos contra el jefe, ESTUDIANDO?!
–Técnicamente es lo que está diciendo –aclaró Astrid.
–¡Que bodrio! –rugió Ruff con molestia.
–¡¿Cuándo nos volvimos tan peleles?! –se quejo Snotlout.
–¡Oh no! –soltó Tuffnut dejándose caer dramáticamente –. ¡Mi espíritu destructivo y rebelde está muriendo! –masculló mientras apretaba su puño contra su pecho y actuaba su propia muerte.
–¡Felicidades, Hiccup! –lo maldijo la gemela rubia con el cuerpo laxo de su hermano en sus brazos –. ¡Arruinaste las ansias de destrucción de Tuffnut!
–Por favor no sean tan melodramáticos – respondió Hiccup a sus quejas –. Solo debemos tener más paciencia y esperar un poco… hasta que mi padre se vuelva senil y se olvide de sus propias reglas. Ay a quien quiero engañar –soltó de repente el joven perdiendo la seriedad de su voz y casi cayendo de rodillas –. Nunca nos va permitir volar de nuevo.
Hiccup cubrió su rostro en lo que intentaba contener el llanto. Los dragones que habían presenciado todo el intercambio entre sus jinetes, comenzaron a gemir como si lloraran también melancólicamente.
–Muy bien, ya basta –intervino Astrid poniéndose de pie –. Sé que estamos pasando momentos difíciles, pero debemos perseverar –agregó mientras se sacudía la tierra de su falda.
–¡¿Cómo?! –alzó de repente la cabeza Tuffnut, dando señales de vida –. ¡Nuestras últimas esperanzas se han perdido! –dijo antes de volverse a desplomar en los brazos de su hermana.
–¿Podrías dejar de actuar como un imbécil? –le preguntó la joven rubia guerrera.
– Es que le salé natural –se burló Ruff.
–Debe de haber una forma de convencer a jefe Stoick de que puede confiar en nosotros –comentó Fishlegs por primera vez interviniendo en la conversación.
–Exacto, Fishlegs –concordó la Astrid –. Debemos demostrarle que podemos ser autosuficientes, con y sin nuestros dragones. Así ya no temerá que seamos atacados por Alvin y sus bandidos.
–No me gusta cómo suena eso –masculló Snotlout en voz baja.
–¿Qué idea tienes en mente, Astrid? –le preguntó Hiccup con curiosidad.
–Por favor, que no sea… –temió el moreno.
–Debemos entrenar cuerpo a cuerpo –respondió la chica con espíritu.
Todos los jinetes, incluso Hiccup, gimieron desaprobatoriamente ante la sugerencia de la rubia.
Astrid no solo era una perfeccionista compulsiva, ella tomaba muy en serio el concepto de la defensa personal. Tal vez sus compañeros apreciaban su obsesión con volverse fuerte algo excesiva, pero el tiempo y las pelean que habían enfrentado, le había enseñado a Astrid que nunca se era lo suficientemente fuerte.
Ya eran dos las veces que Alvin la había derrotado y no estaba dispuesta a que ocurriera una tercera, en especial si la vida de Hiccup volvía a estar en peligro o la distraía con una sucia mentira. O al menos eso esperaba que fuera las palabras de Alvin sobre su padre.
–La solución de Astrid para todo –se quejo el joven moreno expresando la opinión general del grupo –. Golpearnos hasta la inconsciencia.
–El viejo método vikingo –puntualizó Ruffnut alzando su puño con orgullo.
–Creo que mi espíritu de destrucción se sentiría mejor si golpeo a Snotlout en la cara –señaló Tuff levantando su mano por igual.
–Nadie va a golpear otro en la cara –señaló Astrid, pero pronto agregó –: Al menos que sea absolutamente necesario.
Snotlout objetó al comentario, mientras los gemelos rubios se rieron a anchas. Pronto los jinetes se enfrascaron en una intensa discusión, olvidando por completo la presencia de sus dragones. La mayoría de las bestias escupe fuego se mantuvieron tranquilos, pero atentos a sus humanos, con excepción de uno.
Toothless no le puso atención a los gritos de los jinetes, en cambio estaba más enfocado en su hermano adoptivo dragón. Furry permaneció todo el tiempo alejado del grupo, dándoles la espalda a demás, mientras su completa atención estaba enfocada en la reja de la academia que permanecía cerrada.
Preocupado por él, Toothless se aproximó a su jinete y con un suave toque de su nariz en los dedos del éste, captó su atención.
–¿Qué pasa muchacho? –dijo Hiccup al percatarse de las acciones de sus dragón. El night fury sacudió su cabeza en un intento de señalar la entrada de la academia.
El joven pecoso, como el resto de los jinetes, dejaron su discusión para volverse y apreciar al solitario howl junto a la entrada.
–¿Qué le pasa ese peludo? –peguntó Tuff finalmente poniéndose de pie.
–Está así desde que Honey se marchó a la isla meathead –explicó Fishlegs.
Era completamente normal que los jinetes y sus dragones no pasaran todo el tiempo juntos, algunos estaban más acostumbrados a tener su propio tiempo que los otros, pero después de lo sucedido en la isla outcast, Furry había desarrollado la necesidad de no alejarse de su pequeña humana.
Les resultó muy difícil impedir que el dragón siguiera a los barcos cuando marcharon a la isla meathead.
Era como si temiera que algo terrible le volviera a suceder ante una separación.
–No debes preocuparte –le dijo Hiccup al dragón al acercarse para acariciarle suavemente sus largas escamas –. Honey está bien, mi padre se encuentra con ella.
–Tal vez deberíamos hacer algo para relajarlo –comentó Fishlegs –. Como un baño de tierra… oh, oh, podemos cantarle una canción. Eso siempre calma a Meatloug –comentó frotando la nariz de su dragona.
–O más bien se desmaya ante tus terribles gemidos –se burló Snotlout sin conseguir apoyo de sus compañeros.
–Y ¿cuál es tu sugerencia Snotluot? –señaló el joven regordete mirándolo de soslayo.
–Y yo que voy a saber –dijo el otro encogiendo los hombros.
–Tal vez le hace falta volar como a todos nosotros –señaló Astrid.
–No digan más –dijo el gemelo rubio antes de marchar a la puerta hasta la academia. Y antes de que alguien pudiera hacer algo para detenerlo, tiró de la palanca que habría la reja principal de la entrada de la academia.
Tan pronto no hubo más obstáculos entre él y el cielo, Furry extendió las alas y salió disparado fuera de la academia en búsqueda de su jinete.
–¡Tuffnut, no! –lo llamaron inútilmente sus compañeros, pero ya era muy tarde.
–¡Tuffnut, idiota! –bramó Astrid soltándole un puñetazo en el hombro –. ¡¿Qué has hecho?!
–¿Yo? Fue mi espíritu destructivo –se defendió inútilmente el otro, mientras los demás jinetes cubrían sus rostros con las palmas de sus manos.
–Hiccup ¿ahora qué hacemos? –le preguntó Fishlegs al joven pecoso, mientras el howl se alejaba volando por el firmamento.
Chapter 112: Letras peligrosas Pt.5
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Letras peligrosas Pt.5
–Nunca te había visto tan remilgoso, Stoick –masculló Morgadon antes de llevarse su tarro lleno de hidromiel a los labios –. Pareces una vieja histérica en día de lavado –agregó riéndose a sus anchas.
Pero su comentario no le resultó realmente gracioso al otro líder vikingo. El gran Stoick “The Vast”, escuchen su nombre y tiemble, gruñó en respuesta ante las palabras de su homónimo.
En su frustración, Stoick no se percató que el trozo de tempano congelado que tenía pegado a su mejilla hinchada, comenzaba deslizarse a su mentón
–No-oh –soltó Gobber notando el descuido del jefe vikingo y reubicando el pedazo de hielo en el punto del rostro de su amigo donde la inflamación era más visible –. Debe de permanecer sobre la mejilla o terminaras más cachetón de lo que estas.
Stoick le gruñó por igual a su viejo amigo, pero pronto un resoplido de resignación escapó de entre sus labios.
Después de conflictivo encuentro entre ambos lidere vikingos, Morgadon había conseguido separar a padre e hija, enviando a una en dirección de la biblioteca junto con su esclavo, y al padre al gran salón a beber por la viejas amistades y rivalidades.
–Pues te lo tienes bien merecido, maldito terco –espetó el meathead desde su trono. Su hijo, Thuggury, le sirvió a su padre a rebosar más hidromiel en su tarro –. ¿Se puede saber, por qué carajos insistía tanto con el condenado libro? ¡Sabes lo difícil que es manejar a es viejo cascarrabias! Si crees que el golpe que te di fue doloroso. ¡Mira lo que me hizo a mí! –agregó furioso Morgadon, apartando su duro casco para revelar un terrible y llamativo chichón a la mitad de su cabeza.
El joven heredero al trono meathead, se rió de la desgracia de su padre por lo bajo, ocultando su sonrisa detrás de la jarra de hidromiel. Gobber, al contrario, no fue tan discreto con su exagerada carcajada.
Pero Stoick no pensaba en el dolor de Morgadon, ni siquiera en el suyo propio. Sus hijos eran lo más presentes en sus pensamientos. Hiccup había sido la razón principal para haber insistido en recuperar el libro, ya que después de las cosas terribles que había padecido en manos de Alvin, lo mínimo que podía hacer para darle felicidad a su hijo sin arriesgar su seguridad, era conseguir el condenado libro.
Era una lástima que en sus inténtenos de hacer algo por Hiccup, sitiera que estaba arriesgando la seguridad de Honey. ¿O tal vez todo era paranoia suya?
–¿Acaso tiene que ver con los rumores? –soltó de repente Morgadon sacándolo de sus pensamientos.
–¿Qué rumores? –preguntó Gobber adelantándose.
–Los que dicen las demás tribus… de lo que ocurre en Berk.
Stoick finalmente levantó la mirada en dirección de Morgadon:
–¿Qué es lo que exactamente dicen? –dijo.
–Que los dragones vuelan sobre la isla sin causar caos –explicó el meathead –. Y que los dioses les han favorecido de alguna manera. Por Odín, Stoick –agregó con verdadera preocupación en su voz –. ¿Qué es lo que está pasando?
El líder hooligan solo pudo devolverle la mirada, pero no una respuesta. ¿Qué podía decir? ¿Qué agregar a lo que ya era sospechoso y obvio? ¿Cómo no empeorar la situación de Hiccup? ¿O la seguridad de su pueblo?
–Es por tu muchacho, ¿verdad? Dime la verdad, viejo amigo. ¿El niño ha sido bendecido… o está maldito?
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–¿Por qué la biblioteca tiene que estar tan lejos de la aldea? –se quejo Honey mientras marcaba el largo camino hasta la costa oeste de la isla meathead, acompañada solamente por Gothi y el esclavo de Morgadon, Pumpkin.
–Según las viejas historias, cuando el último rey de Wilderwest mandó construirla –dijo este dirigiendo al pequeño grupo –, era su intención alejar a la gente de la tentación de buscar lo escrito en sus libros. Aunque ahora la mayoría piensa que es para mantener alejados a los viejos bibliotecarios.
Aunque el comentario sonó a un simple chiste, Gothi asintió la cabeza tan enérgicamente que le dio mucha veracidad a esas palabras.
–Como lo dices, suena como si fueran una legión de ellos –comentó Honey tratando de amenizar la caminata. Al final de cuentas era la primera vez en días que estaba lejos de la vista de su padre; eso le dio un cierto sentido de libertad que creyó haber perdido.
Y al final de cuentas, era una excelente mañana sin lluvia para hacer una caminata por las extensas planicies de la isla meathead.
–En realidad solo llegan a haber dos habitantes de la biblioteca –explicó Pumpkin con entusiasmo –, un maestro bibliotecario y su futuro remplazo.
–¿Cómo se elige a un prospecto de bibliotecario?
–Los más sabios lo designan gracias a las runas, aunque el temperamento huraño de algún niño suele hacerlo tentador para elegirlo como aprendiz. Pero también se cree, que los misterios que ocurren en la biblioteca, es lo que vuelve loco a sus cuidadores.
–Al parecer hay demasiadas leyendas sobre ese lugar –dijo la chica con suspicacia.
Pero antes de que Pumpkin pudiera responder a su comentario, Gothi, quien había estado muy atenta a la conversación, comenzó a realizar su acto de señales con su manos y baston, para expresar su parece.
–¿Qué… qué fue eso? –preguntó desconcertado el esclavo sin saber cómo reaccionar ante los gestos de la anciana.
–Dijo: “lo desconocido causa fascinación o miedo” –tradujo Honey –. “Es natural que las historias raras se originen de lagares así”.
–Eso es muy cierto.
La larga caminata se prolongó unos cuantos minutos más, lo cual le dejo muy claro a Honey que se encontraba fuera de forma. El tanto viajar cómodamente sobre el lomo de Furry, la había malcriado de la peor manera. Pero no tendría que soportar mucho más, la biblioteca había pasado a ser una escultura gigantesca en la distancia, a una construcción cada vez más cercana.
–Tengo que admitir, Pumpkin, que me has sorprendido –soltó la joven gemela pecosa, retomando la conversación –. Para ser… o más bien, no ser un vikingo, te encuentras muy bien informado sobre las historia de la isla.
El joven esclavo se volvió a ella con una gran sonrisa, que provocó que la chica se sintiera analizada.
–Sé que quisiste decir en primer lugar… que soy un esclavo –dijo Pumpkin con gran calma –. No te preocupes –se apresuró a agregar ante la mirada culposa de la chica –. Soy muy consciente de mi situación. De alguna manera debo encontrar como sacarle provecho.
–¡Oh! ¿Cómo?
–Bueno, yo ya sabía leer y escribir desde mi tierra natal, pero tuve que aprender su idioma para poder adaptarme. Y debido a que el bibliotecario aún no tiene aprendiz, eso me ha permitido acercarme y aprender de él. A pesar de su actitud huraña del viejo, me gusta pasar el tiempo ahí.
–¿Él es tan terrible como dicen? –preguntó Honey. Cada vez la imagen mental del anciano que al parecer todos gustaban detestar o criticar, era más clara en su mente. Técnicamente una versión meathead del desaparecido Mildew.
–Creo que la forma correcta de describirlo es peculiar –fue la única respuesta que entregó el joven esclavo –. Pero una vida de secretismo en un lugar aislado suele provocar eso ¿no?
Pumpkin le dirigió a Honey una cálida sonrisa que no puedo evitarla llenarla de desasosiego, ante la visible y llamativa marca en forma de “S” que relucía en contraste en el cuello del joven. No pudo evitar pensar en ella misma y a su hermano en su precaria situación, y como la vida de ambos pendía de un secreto que solo ellos y su más terrible enemigo, conocían.
–Sin duda. Pumpkin, ¿Puedo preguntar… como es ser un esclavo? –dijo ella finalmente cobrando el valor de preguntar.
–¿Acaso nunca había conocido a uno?
–En realidad sí –dijo la chica pecosa pensando en cierta niña que vestía una piel de oso polar –. Pero nunca hablamos mucho de su vida como esclava, siempre era de su vida antes de que la marcaran.
Pumpukin le lanzó a Honey una mirada enigmática y evaluativa, que por un segundo, se arrepintió de haber preguntado en primer lugar.
–Había escuchado que en Berk no tenían esclavos, pero no estaba seguro. Tu pregunta lo confirma –dijo este con seriedad, pero con una sonrisa cordial en sus labios –. No voy a negar que la vida de esclavo es difícil y pesada…
Gothi de nuevo interrumpió, llevando a cabo un complejo baila con sus largas y huesuda manos, y sacudiendo su cetro de un lado para otro.
–Ahora ¿qué dijo?
–“Qué toda la vida en el archipiélago es pesada” –tradujo Honey dándole credibilidad a las palabras mudas de la mujer mayor.
–Eso es cierto –aceptó Pumpkin asintiendo con la cabeza –. Antes me quejaba de mi vida en las tierras altas, pero definitivamente ustedes si la tienen muy difícil. Aun así, ser un esclavo no ha sido un calvario como debe de ser para otros que pertenecen a las demás islas. Sí, los meathead me hacen trabajar todo el día, pero todos aquí trabajan la misma cantidad de tiempo si quieren sobrevivir. Fuera de eso, mientras no me queje, contradiga a Morgadon o estorbe, mi vida es bastante buena. Tres comidas al día, un techo para estar seco y una cama para dormir. Sé que muchos no tienen ni eso.
¿Pero que había de su libertad? ¿Era tan fácil olvidarla por un plato de comida y una cama caliente? Honey no pudo evitar pensar en todo el control de su vida que perdería si la marca de su espalda era descubierta. Pero al mismo tiempo, se percató que aquello que estaba temiendo ya era un hecho ante las prohibiciones de su padre y entrenamiento como vala. Hacía mucho, había perdido el control de su vida.
La tormenta que ocurría en su mente, fue visible en el rostro de la gemela pecosa, ya que pronto el joven esclavo agregó:
–No te engañes, el hecho de ser un esclavo no desaparece solo por buenos tratos, es algo que se queda contigo para siempre como la marca. Creo que por ello me gusta biblioteca, me da una sensación de libertad y pertenencia, ya que eso libros son como yo, prisionero de las viejas costumbres y leyes arcaicas de rey muerto hace mucho.
Era cierto. Tal vez…. Nadie era tan libre como se imaginaba.
–Ya hemos llegado –dijo Pumpkin terminando la conversación.
Chapter 113: Letras peligrosas Pt. 6
Chapter Text
Letras peligrosas Pt. 6
Resultó sorprendente que un joven tan delgado como Pumpkin pudiera abrir por su cuenta la gran y gruesa puerta de madera que servía de entrada a la biblioteca. Tal vez se debió a que era la única persona en toda la isla que solía salir y entrar de aquel gigantesco edificio.
La gran biblioteca que resguardaba de mundo todos los libros escrito por los vikingos del archipiélago barbárico, asemejaba mucho a una torre de piedra talla y de barro. Pero en su interior, un laberinto de estantes y repisas llenaban cada uno de los pisos, que solo eran accesibles por viejas y dañadas escaleras de caracol.
El lugar no solo estaba lleno a rebosar de libros, sino también de pergaminos, todos tipos de papeles, pieles pintadas, lienzos y cualquier otro material que se hubiera usado para escribir o dibujar en este. Viejas artesanías cubiertas de polvo también decoraban el lugar, como las antorchas re-chamuscadas que alumbraban la biblioteca.
Había tantas cosas y todas desordenadas, que le resultó difícil al grupo de tres recién llegados sortear todos los obstáculos. Por suerte, Pumpkin tenía la suficiente experiencia del lugar, como para poder esquivar con agilidad los estantes y adentrarse en la habitación.
Todo el lugar apestaba a humedad, a tinta, moho y papel viejo. Y el leve silbido del viento que se colaba por las ranuras de las ventanas y entre las rocas más antiguas, daba un aspecto tétrico y abandonado al lugar.
–¡Grouncher! ¡Grouncher! –llamó Pumpikin a todo pulmón, llenando la antesala de la biblioteca de sus alaridos intensificados por el eco –. ¡Hey, viejo gruñón! ¡¿Dónde está?!
Pero no obtuvo respuesta, el lugar parecía solo ser el hogar de los libros y las antigüedades.
–Debe de encontrase en la partes internas de la biblioteca, por eso no nos escucha –dedujo el esclavo rascándose la nuca, mientras la joven aprendiz y su anciana maestra se adentraban más entre los corredores de estanterías –. Siempre hace eso. Se pierde por los corredores y no sabe como regresar –agregó el joven tomando varios de los libros que se encontraban regados por el suelo, para luego acomodarlos en respectivo lugar –, termina comiendo sabandijas para sobrevivir hasta que lo encuentro. Y muchas veces él solo…
Pumpkin tomó una manta vieja y raída que parecía estar cubriendo una silla, pero cuando la apartó de un solo tirón, reveló debajo de ella al anciano desaparecido en una peculiar posición de cuclillas.
–¡Aaaaaahhhh! –Honey no pudo evitar gritar ante la repentina revelación del viejo. Pumpkin dio un respingo ante la respuesta de la joven, y Gothi hubiera exclamado por igual si fuera capaz de hacerlo.
–… aparece de la nada –completó su oración el joven esclavo, como si ese comportamiento extravagante fuera de lo más normal –. ¿Qué es lo que pasa con usted, viejo cascarrabias?
–¿Yo? ¡¿Yo?! –soltó el viejo poniéndose de pie. Grouncher era bastante alto y peludo, pero igualmente delgado, daba el aspecto de ser una rama vieja y nudosa ante la gran cantidad de arrugas de su rostro. Era pálido como la nieve ante la falta de sol, su nariz era gorda como una manzana y, sus ojos sumidos y negros como si el hombre hubiera vendido su alma hacía mucho tiempo –. ¡Yo no fui el que trajo a intrusos a la biblioteca! –exclamó furioso escupiendo saliva en todas direcciones.
Honey no pudo evitar recordar al desaparecido y anciano Mildew. Aunque el viejo bibliotecario parecía una versión más antigua y demacrada que el desgraciado hooligan.
–¡Nadie debe de entrar a la biblioteca sin autorización! –continuó el viejo vociferando a todo pulmón –. ¡Por ordenes del gran rey de Wilderwest! ¡Todo que desacate esa orden deber morir! ¡Muerte a los traidores! ¡Muerte a los intrusos!
–Viejo estúpido, no somos intrusos. Tú las hiciste llamar –le soltó el esclavo con vigor para sorpresa de las dos hooligans. Sin duda la familiaridad que debía tener Pumpkin con el bibliotecario le permitía hablarse de tal manera a pesar de su bajo rango de esclavo.
–Y ya no existe un rey del Wilderwest –señaló Honey. Pero tan pronto los muertos y pequeños ojos del anciano se fijaron en ella, se arrepintió de haberlo hecho.
–¿Cuál es tu nombre pequeña y escuálida niña? –dijo el bibliotecario doblándose sobre sí mismo para ver a la gemela pecosa a la cara. Por un momento, Honey pensó que viejo se partiría en dos –. ¿De dónde vienes, monserga?
–Soy Honey Haddock de Berk, viejo y maloliente anciano.
Grouncher se alzó de nuevo como si fuera un resorte, claramente disgustado por la respuesta de la chica. Pero antes de que pudiera regresarle el insulto, sus ojos se enfocaron en la anciana junto a la joven pecosa.
–Ah, hasta que veo un rostro conocido –soltó él –. La sabia Gothi –mascó el nombre como si hubiera perdido vario dientes el proceso –. Mujer ¿Cuándo te volviste tan vieja?
Gothi rápidamente sacudió su bastón en lo que realizaba varias señas con sus manos.
–¿Qué dijo? –preguntó Pumpkin a Honey.
–“Mira quien lo dice, saco de hueso” –respondió ella
Para sorpresa de la gemela pecosa y el esclavo pelirrojo, Gouncher soltó una sonora carcajada que resaltó más perturbadora, que divertida.
–Y entonces –soltó él al terminar su risotada, mientras se apartó una lagrima del ojo (probablemente la ultima que soltaba en décadas –, esta niña es tu nueva aprendiz –dijo dirigiéndose solo a Gothi como si los dos jóvenes no estuvieran ahí –. Y tratará de lograr lo que ni tú conseguiste –agregó con una sonrisa maliciosa de dientes chuecos –. Los dioses les encantan las bromas crueles.
–Confunde a todos los dioses con Loki –dijo Honey rápidamente defendiendo a su tutora.
–Que muchachita tan malcriada – comentó en lo que la sonrisa del bibliotecario se torció horriblemente en su rostro demacrado –. Crees conocer de nuestras creencias para hablar tan segura de ellas. Bien, Honey Haddock de Berk, es momento que me demuestres que realmente eres material digo para ser una vala.
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A uno cuantos kilómetros de la gran y misteriosa biblioteca meathead, un grupo de dragones volaban en formación sobre el vasto océano. Las cinco bestias escupe fuego se dirigieron con rapidez en dirección a su destino, hasta que algunos de ellos rompieron la formación para hacer alguna pirueta o voltereta.
–Vamos, chicos –soltó Hiccup frustrado por decima vez cuando los gemelos Thorston hicieron que su zipperback provocara una explosión de gas sin motivo –. Debemos darnos prisa y alcanzar a Furry antes que llegue con Honey.
–¡Hey! – musitó Snotlout con hastía –. ¿Quién te hizo líder de la expedición? –pero al recibir las miradas punzantes de sus compañeros agregó –: Yo solo preguntaba.
–Esperen un momento –interrumpió repentinamente Tuffnut percatándose por primera vez de la situación –. ¿Estamos persiguiendo a Furry?
–Yo pensé volábamos para desobedecer las reglas de jefe Stoick –comentó a su vez su hermana.
–Mi espíritu aventurero se siente engañado –agregó Tuff decepcionado.
–Esto no es un vuelo de placer –interrumpió Hiccup tratando de retomar el control –. Y si estamos desobedeciendo las reglas de mi padre es para evitar más problemas con los meatheads si Furry se aparece de repente en su isla. Nada de este viaje es por simple diversión. ¿Entendido? ¿Diles, Astrid?
Pero al volverse a la chica sobre el nadder, la encontró haciendo piruetas sobre el lomo de su dragona alegremente, completamente ausente de la conversación.
–¿Qué? –dijo la rubia una vez de nuevo en la seguridad de su silla de montar.
–No tienen remedio –masculló el chico antes de darle un giro al pedal de la aleta de su dragón de ébano. Toothless extendió sus alas y se alejo de los demás dragones quedando al final de la formación –. Sé que todos estaban ansiosos por volar, pero podían disimularlo un poco –comentó Hiccup frustrado dirigiéndose solo a su dragón.
El nightfury le respondió con un gruñido y ronroneo.
–Creo que tienes razón Toothless –aceptó el chico dando un leve suspiro. Le echó un vistazo a sus compañeros jinetes que volaban delante de él, antes de animar a su dragón –: Una voltereta nos haría daño.
Toothless no demoró ni un instante en hacer un giro de barril de trescientos sesenta grados a toda velocidad.
–Ja ja ja –rio el muchacho pecoso una vez que retomaron el rumbo –. Ya extrañábamos esto.
Chapter 114: Letras peligrosas Pt. 7
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Letras peligrosas Pte. 7
Volando por encima de las nubes, el vientre blanquecino del woolly howl lo volvía imperceptible a simple vista de cualquier ser humano. Gracias a ello, Furry no tuvo problemas para acercarse a la gigantesca biblioteca de la isla meathead, que fácilmente sobresalía del horizonte marítimo.
Con ayuda de su poderoso olfato, el dragón había seguido el rastro de su pequeña jinete hasta ese destino, y en su empeño de no volver a perderla de vista, la bestia de largas escamas estaba dispuesto en adentrarse en aquella estructura de construcción humana en contra de todos sus instintos.
Por suerte para Furry, la biblioteca era demasiado grande y cuidada solo por un amargado viejo, que rutinariamente dejaba abierta y olvidada alguna ventana de la biblioteca, por la que el dragón pudo adentrarse sin problemas en aquel edificio.
Pronto, estaría de nuevo junto a su amada jinete.
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–¡Rápido! ¡¿Alguien tiene señales de Furry?!
La voz de Hiccup se perdió fácilmente entre los silbidos de las fechas que eran disparadas contra ellos. Los jinetes de dragones se habían acercado, descuidadamente, demasiado al territorio meathead, que pronto fueron descubiertos por varios navíos de avanzada de la armada de los mismos.
Los vikingos en aquellos barcos no dudaron ni un instante en atacar a cinco dragones que sobrevolaban sospechosamente sobre sus aguas, ya que ante la distancia entre ellos y las bestias aladas, la presencia de los jinetes sobre los lomos de los dragones era imperceptibles e inimaginable.
El gemelo pecoso, rápidamente ordenó a sus compañeros en elevarse más allá de las nubes, quedando así fuera la vista y del alcance de los meatheads y sus flechas. Por suerte, los sentidos intensificados de sus dragones eran suficientes para guiarse a través de las densas nubes sin problemas.
–¿Creen que se habrán dado cuenta que éramos nosotros? –preguntó Fishlegs una vez que el grupo estuvo fuera de peligro.
– Con algo de suerte, es posible que no –comentó Hiccup retomando el camino hacia la isla vecina.
–¿Cuándo tenemos suerte? –soltó Astrid uniéndose a la conversación.
–Es un buen punto –respondió el joven pecoso con pesimismo, pero antes de que pudiera agregar más a la decepción, su dragón sacudió su cabeza para llamar su atención –. ¿Qué ocurre, muchacho?
Toothless gruñó en lo que continuó sacudiendo su cuello y cabeza, señalando en una dirección en particular.
Mientras continuaron su vuelo en la misma dirección, poco a poco, el espesor de las nubes fue disminuyendo, y con ello las formaciones rocosas y el mar bajo el ala de sus dragones se volvieron cada vez más visibles. Rápidamente, el grupo logró distinguir una estructura en la distancia, una larga y gruesa torre de roca que se perfilaba en la distancia.
–Creo que es la biblioteca –comentó Hiccup airoso.
Y no estaba equivocado. La gran edificación sobresalía con facilidad en la isla sin montaña y con simples moradas que formaban la aldea.
Los jinetes planearon con destreza y rapidez desde la cima de las nubes protectoras, hasta el muro de piedra exterior de la biblioteca. Por suerte para ellos, aquella porción de la isla meathead no era de gran importancia para habitantes, por lo cual no era celosamente vigilada. Como si pensaran que solo un loco tendría interés de entrar a la fuerza a una aburrida biblioteca.
Aún así, resultó sorprendente para ellos que Furry tuviera la agilidad, destreza y habilidad por su cuenta para llegar solo hasta el gigantesco edificio sin ser detectado.
–Vaya, realmente estamos fuera de forma –comentó Tuffnut una vez que los dragones de los jinetes incrustaron sus gruesas garras en la pared de roca del edificio, para así mantenerse fuera de la vista de la armada –, ya que un solitario dragón nos superaró en llegar a la biblioteca sin ser visto.
–No ayudas, Tuff –musitó Astrid fastidiada.
–Parece que estamos fuera de peligro –comentó a su vez Hiccup usando su catalejo casero para inspeccionar los alrededores –. Es posible que Furry lograra entrar por aquí –agregó al percatarse de una solitaria ventana en la pared que permanecía abierta.
–Ese dragón no solo es más listo que ustedes dos –masculló Snotlut ante la ironía señalando a los gemelos rubios –, sino también suertudo.
Realmente resultaba increíble que de aquella fortaleza de piedra, esa prisión para libros, que fuera no solo no fuera vigilada, sino también descuidada dejando una entrada a ella abierta. Era como si algún responsable de la misma estuviera demasiado senil para darse cuenta de su descuido.
–No podemos quedarnos aquí –soltó Fishlegs preocupado mirando sobre su hombro.
–Y no lo haremos –le aseguró Hiccup antes de levantarse sobre la silla de montar de Toothless y lanzarse temerariamente hacia la ventana. El joven pecoso entró fácilmente por ella, casi dando una elegante maroma en el aire, lástima que su aterrizaje no fue igualmente calculado.
Hiccup soltó un gruñido de dolor al golpearse en la cabeza con una estantería y derribar varios de los objetos esparcidos en la habitación. Antes de que sus compañeros pudieran preguntar que le había sucedido, se asomó de nuevo por la ventana con una sonrisa picarona.
–No todos lo dragones podrán entrar por la ventana –dijo –. Es mejor que se oculten en lo que buscamos a Furry.
Sin rechistar a la orden, los jinetes se adentraron por igual por la angosta ventana abierta. Fishlegs requirió un empujón de Meatlug para poder ingresar por completo. Una vez en el suelo firme de piedra de la biblioteca, los chicos dieron varias señales mudas a sus dragones con las manos, dando así las indicaciones para ocultarse.
Solo Toothless fue el único lo suficientemente angosto para seguir a los chicos dentro del edificio.
–Wow… –soltaron los jinetes asombrados ante las dimensiones y la cantidad de cosas que había dentro de la biblioteca.
–Este lugar es gigantesco –señaló Astrid.
–Impresionante –indicó Fishlegs examinando los libros de las estanterías.
–Y lleno de basura –se quejo Snotlout pateando un par de cachivaches olvidados en el suelo.
–¿Cómo encontraremos a Furry en este lugar? –preguntó la joven rubia.
–¡Tengo una idea! –dijo a su vez Ruff triunfante antes de comenzar a gritar a todo pulmón –: ¡Furry! ¡Furry!
En cuestión de segundos, todos los jinetes y hasta Toothless se lanzaron sobre la gemela rubia para taparle la boca.
–¡¿Estas estúpida o qué?! –le gruñó Astrid frustrada.
–Es obvio que sí – contestó Tuff con una gran sonrisa
–¡Sí! –lo aceptó Ruff con alegría, hasta que se percató de lo dicho –. ¡Hey!
–Es suficiente – ordenó Hiccup sacudiendo sus ropas –. Encontraremos a Furry como lo hemos hecho hasta ahora –agregó pasando su mano sobre la cabeza de su dragón de ébano –. Listo, muchacho.
Toothless soltó un gruñido aprobatorio antes de comenzar a olfatear el suelo en búsqueda de un rastro. Pero antes de lo que se esperaban, su búsqueda fue interrumpida por un poderoso, estridente y terrible aullido que retumbo por toda la biblioteca.
–¡¿Que fue eso?!
Chapter 115: Letras peligrosas Pt.8
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Letras peligrosas Pt.8
–¡Aaaaarrrggg! –un horripilante y desgarrador gemido se extendió por la silenciosa biblioteca ante de potente eco que la reinaba–. ¡Noooooo!!!!!
El grito de ultratumba helaba la sangre y provocaba los terribles pensamientos de aquellos que lograban escucharla. ¿Era un ente? ¿Un demonio? ¿O un alma penitente? La imaginación era capaz de volar ante el desasosiego y la incertidumbre, especialmente en las personas supersticiosas como los vikingos. Pero muchas veces, la realidad era mucho menos impactante que la fantasía.
–¡Aaaaaahhh! –los gemidos continuaron estrepitosamente, hasta que fueron acalladas por las quejas de Pumpkin.
–¡Quieres dejar de chillar viejo loco! –bramó el joven esclavo tapando sus oídos con ambas manos.
–¡Calla insolente! –rugió a su vez el viejo bibliotecario señalándolo con su huesudo dedo acusador –. ¡Te partiré la boca a palos! ¡¿Acaso no te das cuenta de tan terrible suceso?!
–Lo único que veo es que es pésimo perdedor –dijo Honey cruzándose de brazos sin inmutarse ante comportamiento infantil del anciano.
–¡Tú! –gritó el anciano volviéndose a la chica pecosa. Sus ojos desorbitados y sus fosas nasales extendidas, empeoraban su aspecto desquiciado –. ¡Engendro de Hel! ¡Vástago de Loki! ¡Has sido enviada aquí para hacerme caer en la locura!
–Por decima vez: tú la hiciste llamar –insistió Pumpkin perdiendo la calma –. Tú insististe en probar sus conocimientos. ¡Tú hiciste el cuestionario! ¡Ella respondió todas tus preguntas!
–¡Aaaaahhhhh! –chilló de nuevo el bibliotecario como un animal herido.
Honey, Gothi y Pumpkin se taparon los oídos inmediatamente.
Efectivamente, Grouncher había llevado a cabo un extenso cuestionario de la mitología vikingo a la gemela Haddock, el cual incluyo detalles pocos comunes de las deidades nórdicas: desde su comida favorita, como su verso más odiado; la cual no fue ningún problema para chica, responder correctamente en contra de los maliciosos deseos del anciano. No importaba que tan rebuscada fuera la pregunta o divergente el cuestionamiento, Honey había superado fácilmente los años de conocimiento del viejo bibliotecario.
Y eso no le gustó a él.
Su orgullo de anciano conocedor había sido herido, sus malas intenciones superadas y mentalidad retrograda apaleada. Honey se había convertido pronto para el viejo, en la encarnación de sus peores pesadillas.
–¿Puedo tener mi libro ahora? –preguntó la joven pecosa deseosa de dejar ese lugar y al anciano molesto.
Grouncher calló sus alaridos inmediatamente y se volvió hacía la joven estupefacto.
–¿Libro? ¿Cuál libro? –soltó el viejo en un principio, pero luego su mirada se oscureció en lo que una sonrisa malvada se dibujó en sus labios –. ¡Aja! ¡Has revelado tus sucias intenciones, Honey Haddock! Tu engañosa actitud no me distraerá más. ¡Has venido aquí a robar los libros! –bramó de ultimo señalándola con su huesudo dedo, como lo hizo en un principio con Pumpkin.
Pero pronto lo apartó cuando su mano fue golpeada con fuerza por el báculo de Gothi. La vieja retomó su pantomima con un duro semblante.
–¡No, tonto saco de huesos! –tradujo Honey tratando de imitar la furiosa actitud de su mentora. Lo que no fue difícil ante su propia frustración hacia el viejo bibliotecario.
–¿No recuerda que el jefe Morgadon vino hace unos días a informarle la petición de Berk? –le preguntó el esclavo pelirrojo tratando de conservar la paciencia.
–Por supuesto que no –objetó Grouncher como un niño mimando –. ¿Por qué debería recordarlo?
–¡Porque esa es la razón por la que hizo llamar a Honey y a la vieja Gothi hasta aquí!
–Eso no tiene importancia. Soy un anciano, se debe aceptar mis exigencias como ley.
–Y esa es la razón por la que nadie lo tolera –se quejo el joven esclavo alzando sus brazos al aire.
–¡Vete a callar maldito esclavo! –dijo el viejo –. Mala hora cuando se prohibieron los castigos físicos. Como añoró las viejas costumbre.
–Y yo a veces me pregunto porque lo toleró.
Los gritos de Pumpkin y los berrinches del bibliotecario continuaron aumentando las blasfemias y la fuerza de sus voces. Se enfoscaron totalmente en tal contienda que ignoraron completamente cualquier cosa que pasó a su alrededor.
–Si tanto nuestra presencia le irrita –le soltó Pumpkin casi fuera de sí –, entregue a Honey el nuevo manual de dragones para Berk –agregó señalando donde solía estar parada la gemela pecosa – y saldremos aquí mucho antes que termine de caérsele el cabello.
–¿Y porque así de simple debería dejar ir uno peligroso libro como ese? Especialmente en las manos de una chiquilla desgraciada como… –pero el bibliotecario se detuvo en seco al percatarse que la única persona testigo de su pelea con el esclavo, era la anciana Gothi – ¡¿Dónde está?! ¡¿A dónde ha ido?! –preguntó histérico volviéndose en todas direcciones, mirando sobre los anaqueles y debajo de los lienzos que cubrían las artesanías, sin obtener rastro de la joven pecosa –. ¡Aaaaaargggg!
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En otra parte de la enorme biblioteca, los jinetes de dragones y Toothless trataban de retomar la búsqueda por Furry, pero los horribles gritos misteriosos que retumbaban dentro del edificio no les permitía tan fácilmente concentrarse en su tarea.
–Puedo oírlos de nuevo –soltó Fishlegs asustado abrazándose a sí mismo, ante la ausencia de su dragona para consolarlo –. Tal vez… tal vez… es un fantasma.
–O tal vez eres un maldito cobarde –se burló Snotlout más por los nervios que por molestar al joven Ingerman.
–¡Huuuuuu! –gimió Ruff levantando sus brazos sobre la cabeza de Fishlegs y agitándolos como fideos cocido –. El fantasma de viene por ti, Fishlegs.
–A los fantasmas les gustan los gorditos –agregó el hermano de ésta, desde un costado del joven regordete, mientras le pellizcaba su abdomen abultado.
–Hay mayor masa para hacer temblar –se burló la gemela rubia, imitando los llamados de un espectro desconsolado.
–¡Ya basta, por favor! –chilló el pobre Fishlegs corriendo a resguardarse detrás de Astrid.
–Sí, ya basta –marcó la rubia con firmeza sin inmutarse en más mínimo por lo gritos fantasmagóricos de la biblioteca –. Eso gemidos pueden ser lo quesea, hasta el viento. No. Hay. Fantasma. ¿Verdad Hiccup? –sentenció volviéndose hacia el gemelo Haddock en busca de apoyo.
Pero en cambio, Hiccup y Toothless estaban muy distraídos examinando con detenimiento las páginas de un libro ilustrado, no precisamente muy apropiado para la edad del joven vikingo.
–¿Eh?... –masculló él desconcentrado al escuchar su nombre – sí. Podría hasta ser Furry –agregó rápidamente lanzando el libro sobre su hombro, en lo que intentaba disimular sus sonrojadas mejillas. Toothless en cambio, vio el movimiento del chico como un juego y atrapó el libro antes que cayera al suelo –. Recuerden solían confundirlo con el fantasma del pico de Berk.
–Pues si no hay fantasma, eso decepcionaría mucho a mi espíritu destructivo –argumentó Tuffnut algo preocupado –. Esperen un momento… –agregó de repente –. ¿Un espíritu y un fantasma… son primos?
Lo demás jinetes guardaron silencio ante la pregunta estúpida del joven gemelo rubio, incluso su hermana le dirigió una mirada de hastía y frustración.
–Puedes meterte tu espíritu destructivo por el… –soltó Astrid comenzando a molestarse.
–¡Basta! –pero la rubia fue interrumpida por el grito de Hiccup –. Se supone que estamos de incognito en busca de Furry. Sus constante quejan no ayuda a mantenernos en secreto –los regañó el chico pecoso lazándoles una mirada apremiante. Pero en cambio lo jinetes se mantuvieron inmutables en los que su líder retomaba su marcha por la biblioteca –. Ahora si pueden guardar silencio en lo que Toothless detecta el rastro y por sobre todas las cosas, no se….
Pero al doblar la ultima esquina en una estantería, Hiccup y su dragón de ébano se percataron al volverse, que los otros cinco jinetes habían desaparecido sin dejar rastro.
–…separen –fue lo único que alcanzó a decir el gemelo Haddock perdiéndose en la soledad del corredor.
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Pero los jinetes de dragones no fueron los únicos escapistas en aquella isla, el jefe Stoick tuvo que hacerse de mejores trucos para poder escabullirse del gran salón de los Meatheads y de la presencia de su líder Morgadon. Lo cual era muy sorprendente, ante su increíble masa muscular y gran cantidad de vello facial; por suerte, su homónimo estaba más concentrado en beberse una barrica de hidromiel el solo, que estar al pendiente de la presencia de otros en la habitación..
Una vez libre por las callejuelas de la aldea, el jefe de Berk marchó a paso decidido en una sola dirección. Gobber, a regañadientes, corría detrás de él lo más rápido que su pata de palo se lo permitía.
–¡Stoick! ¡Stoick! –lo llamaba constantemente el herrero –. ¿Estás seguro de lo que estás haciendo?
–He tomado una decisión –le respondió el otro –. Voy a entrar en esa biblioteca.
Chapter 116: Letras peligrosas Pt. 9
Chapter Text
Letras peligrosas Pt. 9
–¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué? ¿Eh…? ¿Cómo pudieron perderse tan rápido? –exclamó Hiccup confundido volviéndose en todas direcciones, pero a su alrededor solo había corredores vacios y estanterías llenas de solitarios y polvosos libros.
El gemelo pecoso volvió su vista a su compañero dragón, quien yacía plácidamente en el suelo mascando algo misterioso en sus mandíbulas desdentadas. Como si la bestia de ébano entendiera que los cuestionamientos de su jinete eran dirigidos a él, simplemente se encogió de sus hombros en respuesta y continuó con lo suyo.
–Eso es de gran ayuda, lagartija sobre-desarrollada –se quejo el muchacho con las manos en la cintura –. Esto no es bueno, deberíamos estar juntos –se pasó su una mano por su revoltosa cabellera castaña, mientras su mente comenzaba a divagar en posibles escenario problemáticos a su reciente situación–. Ahora no solo debemos encontrar a Furry, sino también a los demás.
Esa vez, su querido dragón ni siquiera se inmutó a su cuestionamiento. Continuó tranquilamente masticando el extraño objeto que había capturado en sus garras.
–Puedo confiar que Astrid manejara la situación como se debe –comentó Hiccup para sí en lo que caminaba en círculos por el pasillo – y que Fishleg será cauto, pero si son descubierto él cantara más de Spitelout a la hora del baño.
Se sacudió con horror ante la visión imaginaria de sus propias palabras.
–De seguro Snotlout hará algo estúpido y será descubierto de inmediato –continuó el muchacho preocupándose cada vez más –. Eso nos causaría serios problemas, sin mencionar que no deben verte a ti y Furry –agregó volviendo se a Toohtless –. Y los gemelos…
De inmediato el chico se en seco, reaccionando ante una terrible realidad que acababa de percatarse.
–Los gemelos –repitió un poco más alarmado –. ¡Por las barbas peludas de Thor, los gemelos están sueltos! –siguió casi tirándose del cabello en completo pánico –. Esto no es bueno, esto no es bueno. ¡La biblioteca podría estallar en llamas en cualquier momento! ¡Vamos a morir todos!
Hiccup recorrió en pánico de un lado a otro el pasillo, mientras realizaba el esfuerzo descomunal de no hiperventilarse. Era lo peor que podía sucederle en una misión urgente que requería máxima discreción: los gemelos Thorton estaban sueltos, solo y sin supervisión. ¿Cómo más podrían empeorar las cosas?
Su mira se volvió una vez más a su dragón ante sus chasquidos húmedos a las mordidas juguetonas que efectuaba al extraño objeto en su hocico.
–¿Qué tienes ahí? –le preguntó Hiccup inclinándose sobre él –. ¿Es… un libro?
El dragón soltó un leve gruñido y alejo su grande y aplastada cabeza del alcance de su jinete.
–Toothless los libros no son comida… espera ¿es el libro sucio? –continuó percatándose el muchacho que la bestia de ébano, efectivamente tenía entre sus mandíbulas el libro que había estado “inspeccionado” hacía uno minutos antes –. Toothless dame ese libro.
Pero dragón tenía otro plan. Antes de que su jinete lograra quitarle el libro de su hocico, este emprendió una juguetona huida hacia el corredor contiguo.
–¡Toothless regresa aquí de inmediato! –lo regañó Hiccup corriendo detrás de él.
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Honey era completamente consiente que haber abandonado a Gothi y a los demás de aquella manera había sido acto infantil e insultante, pero no le importaba. Más insultante había sido el viejo bibliotecario con su forma de dirigirse a ella desde el principio. Claro, se entendía que era un anciano, chapado a la antigua y probablemente maniático al estar tanto tiempo lejos de todo contacto humano. Pero aún así, la joven pensaba que no había hecho absolutamente nada para ganarse su respeto.
–Mmmm… mmmm… pertenecemos al rayo –tarareaba la chica pecosa en lo que paseaba lentamente por los solitarios corredores, tocando con la punta de los dedos los lomos de los libros guardado en las estanterías –mmm… al sonido de las palabras…
Entre más se adentraba la joven en la biblioteca, los pasillos se volvían más apretados, atiborrados con libros, cachivaches y otros objetos. Viejas pinturas se amontonaban entre sí en las orillas de los corredores y jarrones de barro estaban apilados unos sobre los otros hasta casi alcanzar el techo.
Había tantos libros y pergaminos, que atolondraban la vista, las palabras se volvían ilegibles y los contornos desaparecían. La biblioteca se convertía poco a poco en una bestia sin forma, cuyos tentáculos como de pulpo comenzaba a extenderse a alrededor de Honey.
El aire a su alrededor se volvió más viciado, apestando a polvo, humedad, tinta y papel. Sus pasos provocaban un terrible eco, provocando una espantosa sensación de ahogo. Pero Honey estaba ausente de todas aquellas sensaciones, perdida en sus pensamientos.
–Mmm…no hay vuelta atrás –continuó tarareando casi mecánicamente mientras su mente divagaba en sus recuerdo. Recuerdos que deseaba aplastar.
Aunque no le gustaba admitirlo, Alvin le había causado más daño que la marca que le dejo grabada en su espalda. Honey se sentía perdida, entre sus instintos básicos, su antipática personalidad, su orgullo herido y su completo desasosiego.
La gemela pecosa sestaba insegura de su propio futuro. Ni siquiera cuando ella y su hermano eran rechazados se había sentido así. Alvin no solo los había torturado, sino también le había quitado su porvenir; todo lo que tenía, lo que había conseguido y podrían conseguir, podía perderse en un instante.
Su padre les había asegurado que si nadie sabía de la existencia de la marca, todo podría seguir como siempre. Pero Honey no lo sentía así. La amenaza e incertidumbre que cargaba en su espalda nunca desaparecería y lo peor de todo, es que tenía que aprender a vivir con ello.
–Pertenecemos…. Pertenecemos juntos –continuó tarareando perdiéndose por completo en una sección particular de libros con un hermoso grabado pateado, tanto que no se percató de la persona que la acechaba.
Fue hasta que la mano como garra huesuda se cernió sobre su muñeca y la obligó a volverse, cuando se vio descubierta por el viejo bibliotecario. El anciano estaba furioso, su mirada llameaba y Honey podía estar casi segura de haber visto salir humo de sus fosas nasales cuando resopló con fuerza.
Estaba en problemas.
–¿Dónde aprendiste esa canción?–fue lo único que preguntó el viejo a la gemela pecosa, desconcertándola por completo.
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En otra parte de la enorme y olvidada biblioteca, Astrid y Fishlegs deambulaban perdidos, una explorando con la vista cada corredor y el otro mirando temerosamente sobre su hombro.
–Y otro largo y aburrido pasillo lleno de libros viejos –se quejo la rubia sin detener su marcha –. ¿Cómo demonios pudimos perdernos?
–Tienes que admitir Astrid, este lugar casi parece un laberinto –comentó el joven regordete volviéndose en todas direcciones.
–Laberinto o no, debemos encontrar a Hiccup y a los otros.
De nuevo y sin previo aviso, otro extraño gemido se escuchó recorrer las profundidades de la biblioteca. Fishlegs no pudo evitar dar un respingo, antes de chillar:
–O tal vez… podemos quedarnos aquí y… ocultarnos.
– ¿Qué sucede? –le preguntó Astrid con una mano en la cintura, en lo que contemplaba a su compañero jinete gimotear constantemente.
–Nada, nada…. –dijo este –. ¡Es que esos horripilantes ruidos asemejan a un monstruo!
Astrid solo levantó una ceja ante su comentario.
–¿Vuelas sobre un dragón y te asusta la posibilidad de un monstruo? –dijo ella con incredulidad.
–Meatlug es una nube dulce llena de amor –puntualizó Fishlegs con firmeza a pesar de estar temblando –, eso… –agregó justo en el momento que otro gemido se volvió perceptible para sus oídos – puede ser lo que sea.
Las extrañas vocalizaciones continuaron sin dar pista de su origen o de que las producía. Fishlegs cada vez más temeroso, buscó de un lado a otro un escondrijo para salvarse de su monstruo imaginario, por desgracia su regordete y enorme cuerpo no cabía en ningún lugar.
Más que nunca deseó que su dragona estuviera consigo.
–¿No tienes miedo, Astrid? – le preguntó a la rubia al verla inmutable.
–¿Yo? ¿Después de lo que hemos pasado? –dijo ella con altanería cruzando sus brazos sobre su pecho –. ¿Después de enfrentarme dos veces a Alvin? ¿A qué le podría tener miedo?
–Tienes razón –aceptó Fishlegs –. Alvin the Treacherous es muy aterrador. Recuerdo bien el día en que me encontró en el acantilado, casi me orino a mí mismo –admitió el chico con vergüenza.
–Aja.
–Aunque… también me dijo algo muy raro.
–¿Raro? ¿Cómo qué?
–No sé. Es solo… me dejo pensando días…
Astrid le lanzó una mirada reflexiva, lo que puso más nervioso a Fishlegs de responder.
–Él hizo…. Él hizo el comentario que los dos éramos muy parecidos –dijo este frotando sus nudillo y desviando la vista de la chica –. Aunque no tengo idea que se refería.
¿Qué querría decir con eso? Conociendo a Alvin y sus villanías, podría ser todo o incluso nada. Normalmente las palabras de un enemigo eran fáciles de olvidar y dejar pasar. Pero con el outcast era diferente. Él sabía muy bien como meterse en la cabeza de uno y presionar los puntos indicados.
–¿Astrid? –la llamó Fishlegs sacándola de sus pensamientos.
–No puedes confiar en Alvin y sus palabras –respondió ella posando su mano en el hombro del joven regordete a su lado –. Es un traidor, embaucador y malvado. Pudo haberte dicho eso solo para confundiere.
–¿Acaso a ti también…?
Astrid no pudo evitar fruncir el seño recordando las palabras venenosas de los labios de Alvin, en aquel día en la isla outcast.
–Es solo… –comentó la joven titubeando – dijo algo… Él mencionó a mi padre y como despareció.
Chapter 117: Letras peligrosas Pt. 10
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Letras peligrosas Pt. 10
El gran líder vikingo Stoick “The vast, escuchen su nombre y tiemblen”, justo como su alias y reputación lo precedían, no era una persona que se asustara o diera vuelta atrás en una decisión ya tomada, aun así, tuvo sus reservas para decidirse en entrar sin permiso en la gigantesca biblioteca Meathead.
Las leyendas y mitos señalaban aquel lugar como prohibido y peligroso. O tal vez simplemente eran las viejas leyes que rechazaban lo contenido entre aquellas paredes. Fuera lo que fuese, algo le impidió al reacio vikingo entrar inmediatamente a aquel edificio.
–Sabes que la puerta está ahí, Stoick –musitó Gobber con picardía al ver que su amigo permanecía de pie, inmutable, contemplando la estructura delante de él.
–Lo sé, Gobber –respondió tajantemente el vikingo.
–Solo tienes que empujarla un poco.
–¡Yo sé usar una maldita puerta, por el amor a Freya!
–A mí parece lo contrario –se burló el herrero disfrutando del momento.
Stoick rechistó los dientes ante ese comentario, pero sin pronunciar palabra alguna, caminó decidido y entró en la biblioteca sin mirar atrás. Gobber lo siguió de cercas, con una sonrisa irónica de dientes chuecos.
Las enormes dimensiones y extraño arreglo de la biblioteca pudieron cohibir levemente al principio a ambos viejos guerreros, pero pronto superaron la incomodidad en lo que sus ojos se acostumbraron a la escasa luz y sus narices al fuerte aroma a humedad.
–¿Dónde estarán? –preguntó Stoick perdiendo la mirada en la gran cantidad de objetos a su alrededor.
–Debieron haber pasado a otra parte de la biblioteca –comentó Gobber encogiendo los hombros.
Ambos vikingos caminaron con calma hasta una sección principal de la biblioteca donde diferentes pasillos de estanterías se conectaban justo en un recibidor abierto de forma circular. Stoick miró por uno y otro de los interminables corredores, hasta que finalmente uno fue lo suficiente convincente para alentarlo a continuar.
–Por aquí –dijo señalando el camino.
Pero justo cuando ambos guerreros se perdían en la inmensidad de los pasillos, detrás de ellos saliendo de otro corredor en particular, los gemelos Thorston y Snotlout que terminaron en el mismo recibidor central.
–Solo ustedes par de idiotas, podrían perderse tan rápido en una biblioteca –masculló Snotlout sacudiendo sus brazos sobre su cabeza.
–¿Eh? ¿No estás perdido tú también con nosotros Snotlout? –preguntó Ruffnut posando sus manos en su cintura.
–¡Cállate!
–Hey chicos, miren esto –los llamó Tuffnut levantando de entres los cachivaches esparcidos por los pasillos, una extraña antorcha cubierta por una farola ornamental. Dentro de ella un líquido aceitoso se sacudía de un lado al otro y la cabeza del dragón que decoraba la tapa se movía por igual.
–Eso es un pedazo de basura –comento el joven Jorgenson aún irritado, continuando su camino –. ¿Para qué sirve esa porquería?
Los gemelos rubios solo encogieron los hombros en lo que seguían de cerca. Tuffnut llevó consigo la curiosa farola, en lo que descubría que la cabeza del dragón producía chispas al moverse.
El grupo de chicos desapareció entre más se adentraban en el corredor, hasta finalmente sus voces dejaron de escucharse, siendo imperceptibles para Toothless.
El dragón de ébano llegó brincando de alegría al mismo recibidor desolado entre los pasillos. En su hocico todavía relucía el libro sucio que Hiccup había tratado de arrebatarle, mordisqueado sin piedad por sus encías chimuelas. Sin detener su marcha, el dragón continuó su camino, adentrándose en otro corredor y perderse de vista nuevamente.
Justo con la punta de la cola de Toothless quedo fuera de vista, Pumpkin y la vieja Gothi salieron de pasillo opuesto, completamente desorientados, mientras que con sus miradas buscaban a sus alrededores.
–¿A dónde se habrá ido ese viejo cascarrabias? –farfullaba el joven esclavo, dirigiendo el camino. Tenían rato que ambos buscaban sin resultado al viejo bibliotecario y a Honey.
Gothi le dio al chico un par de golpecitos en su espalda para llamar su atención. Cuando la vista de este se enfocó en la anciana a su lado, ésta comenzó una serie de pantomimas en un intento que compartir algo importante.
El joven pelirrojo la miró atónito, en lo que esperaba que terminara de sacudir su bastón.
–¿Eh? –balbuceó Pumpkin incrédulo –. No entiendo lo que quiere decir.
En frustración, la anciana le soltó un fuerte y certero golpe al muchacho en la cabeza antes de señalar con firmeza otro corredor.
–¿Ah? Lo que quiere es que la siga –dijo, a lo que Gothi asintió fervientemente con la cabeza.
Ambos continuaron hacia adelante, sin darse cuenta que detrás de ellos Furry salió de otro de los pasillos olfateando efusivamente el piso y entrando a un corredor diferente; todo sin levantar su nariz del suelo.
Tan pronto como apareció, igualmente desapareció, justo cuando el gemelo pecoso salía corriendo del corredor contiguo por el que se había ido Furry. El muchacho miró en todas direcciones alarmado buscando a su dragón. Sin ninguna pista de a dónde dirigirse, Hiccup corrió al corredor opuesto tan rápido como su pierna falsa se lo permitió.
Pocos segundos después Stoick salió del pasillo contiguo farfullando y marchando con fuerza.
–¡Gobber! ¿A dónde rayos fuiste?
A su espalda, el viejo herrero hizo su aparición, completamente distraído con un libro en su mano y garfio. Ambos vikingos giraron en direcciones opuestas casi chocando espalda con espalda, sin mirar sobre su hombro en lo que cada uno tomaba una dirección opuesta sin percatarse de la presencia del otro.
Justo cuando Stoick y Gobber desaparecieron en su respectivo corredor, Snotlout salió corriendo del pasillo central, gritando como histérico en los que su casco ardía en llamas. En su carrera dejo una estela de humo detrás de sí, en lo que se adentraba en otro pasillo.
–¿Qué clase de alaridos son esos? –gimió tímidamente Fishlegs en lo que él y Astrid llegaban por igual al solitario recibidor central –. Son peores que los primeros que escuchamos.
Al joven regordete le temblaron las rodillas, en lo que intentaba seguir a la rubia con pequeños pasos tímidos.
–¡Vamos Fishlegs! –bramó la chica con frustración, tomando a su compañero jinete del brazo y forzarlos a avanzar. Pero antes de que pudieran perderse en otro pasillo, se toparon cara a cara con los gemelos Thorston que salían de su respectivo corredor –. ¡Tuff! ¡Ruff! ¿A dónde fueron?
–Y ¿Dónde está Snotlout? –preguntó Fishlegs a su vez.
Ambos gemelos soltaron unas risitas como cómplices.
–Probablemente buscando como refrescarse –comentó Ruff antes de soltar una carcajada junto con su hermano, dejando perplejos a los otros jinetes.
Astrid, perdiendo la paciencia, soltó un resoplido antes de tomar a ambos gemelos por la orejas.
–Muévanse –les ordenó ella arrastrándolos consigo a otro pasillo, y siendo seguidos de cerca por Fishlegs, quedando pronto fuera de la vista de cualquiera.
De nuevo, Stoick y Gobber llegaron al recibidor, quedando finalmente cara a cara.
–¡Gobber! ¿A dónde carajos estabas?
–¿Yo, Stoick? ¡Fuiste tú el que desapareció! Un momento estabas a mi lado y al siguiente no.
En lo que ambos hombres discutían, Hiccup llegó por igual al centro de la sala desde un corredor lejano. Tan pronto vio a ambos vikingos, se paró en seco y con horror, regresó sobre sus pasos silenciosamente, sin ser detectado por su padre y tutor.
–¡¿A dónde pude haber ido?!
–¡No lo sé! Este maldito lugar parece un laberinto.
Stoick gruñó entre dientes antes de continuar con su marcha y adentrarse en otro pasillo siendo seguido por un Gobber que no dejaba de refunfuñar.
Uso segundos después, de dos pasillos opuestos, Toothless y Furry llegaron a la misma intersección corriendo a toda velocidad. Ambos dragones frenaron repentinamente, deteniendo su inminente colisión. Ante la sorpresa, el dragón de ébano soltó el libro que llevaba en su hocico, salió volando y fue atrapado por Furry justo a tiempo.
Felices de reencontrarse, ambos dragones brincaron y jugaron alrededor de uno al otro, hasta finalmente adentrarse en otro pasillo y para perderse de vista; ya que si hubieran permanecido unos segundos más, habrían sido descubiertos por los jinetes que pasaron corriendo detrás de Snotlout, quien continuaba en llamas y gritando como desquiciado.
Contrario al pasillo por el que entraron, Pumpkin y Gothi volvieron a adentrarse al recibidor olfateando el aire como sabuesos.
–Curioso –dijo el joven esclavo sin detenerse –. Huele a cerdo asado.
Y sin más continuaron su caminata entrando en otro corredor.
Ya por tercera, y última vez, Snotlout salió corriendo de uno de los pasillos aún con llamaradas en su casco. El joven moreno, que debería estar acostumbrado a las quemaduras de tercer grado, cayó rendido al suelo y resignado a su suerte. La cual llegó en forma de dos dragones, que dejaron caer un libro babeado sobre la cabeza de Snotlout, acabando finalmente las llamas.
El jinete levantó perezosamente el rostro empapado solo para encontrarse con las lenguas ásperas de ambos dragones.
–¡Toothless! ¡Furry! –escalmo Fishlegs cuando él y el resto de los jinetes encontraron junto con Snotlout –. ¡Finalmente los encontramos!
–¿Estaban perdidos? –preguntó Ruff confundida.
–¡Chicos! –los llamó Hiccup saliendo de otro pasillo, justo detrás de ellos –. Los estuve buscando por todos lados.
–¿Estábamos perdidos? –preguntó Tuff volviéndose a su hermana.
–Y encontraron a Furry –comentó el joven pecoso abalanzándose a ambos dragones y abrazándolos del cuello –. Eso es excelente, ahora podemos salir de aquí de inmediato.
–¿Cuál es la prisa? –soltó Snotlout con calma desde suelo –. Por si no lo ves, no estoy en las. Pinches. Mejores. Condiciones –agregó subiendo el tono de voz con cada una de sus palabras.
–No lo entiendes –objetó Hiccup en lo que sus amigos ayudaban a moreno en ponerse de pie –. Tenemos que salir lo más pronto posible. Mi padre…
–Te digo que escucho ruidos viniendo de este lado –las voces de ambos vikingos se volvieron cada vez más perceptibles. Se acercaban demasiado rápido a donde estaban los jinetes de dragones –. A veces pienso, que aparte de tuerto, manco, te estás volviendo sordo, Gobber.
–Yo también te quiero, Stoick.
–Mi padre está aquí –dijo el gemelo pecoso, sentenciando su peor temor.
Chapter 118: Letras peligrosas Pt.11
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Letras peligrosas Pt.11
–¡¿Dónde aprendiste esas canción?!
Honey nunca se imaginó que un semblante tan decrepito, desagradable y repulsivo como el rostro del viejo bibliotecario, pudiera contraerse y convertirse de tal manera en un peor horror para la vista. Sus sumidos y venosos ojos rojos, la piel arrugada contorsionada, las fosas nasales expandidas y una mueca furiosa en sus labios.
El anciano tomó a la pequeña y escuálida chica con sus manos como garras nudosas y la sacudió constantemente, mientras continuaba con su repentino cuestionamiento. A pesar del espanto y desagrado que le provocaba el viejo, la joven pecosa fingió ignorancia y musitó:
–¿Canción? ¿Qué canción?
–¡No trates de negarlo! –insistió el viejo sacudiéndola de los hombro un par de veces más –. ¡Te escuché cantar “Donde pertenecemos”!
–¡Nunca he escuchado una canción con ese nombre! –dijo Honey forcejeando. Había algo de verdad en sus palabras, ella siempre había ignorado como se llamaba esa canción.
–¡Por supuesto que no! –bramó el bibliotecario escupiendo saliva con cada apalabra llena de ira –. Nadie la escuchado en años. ¡Es una canción prohibida!
Honey detuvo de inmediato sus intentos de librarse de la garras del anciano y lo miró a los ojos confundida:
–¿Prohibida? ¿Por quién? ¿Por qué?
Una sonrisa malvada se formó en los delgados y secos labios del bibliotecario en lo que parecía disfrutar el desconcierto reflejado en el semblante de la joven gemela pecosa.
–Grimbeard “The Gasthly” el último rey del Wildewest –respondió el anciano con una profunda pronunciación de cada palabra y una terrible sonrisa de dientes chuecos y amarillos –. No se puede cantar, oír o conocerla. Quedo enterrada por años en las páginas de un libro… un libro que estaba reguardado en esta biblioteca… ¡Y que fue robado! –agregó él torciendo la boca con furia y desprecio.
–¡Yo no robe nada! –se apuró a responder el Honey, ganándose una carcajada por parte de Grouncher.
–¡Por supuesto que no, estúpida! –dijo este con desprecio –. ¡Yo sé que no fuiste! Eso pasó hace mucho tiempo.
El viejo soltó finalmente a la gemela Haddock para empezar a deambular a los alrededores del pasillo, sacudiendo sus manos y doblando sus rodillas mientras gemía como animal. Honey no sabía si el anciano se había vuelto loco o solo tenía ganas de ir al baño.
–La única forma que pudieras conocer esa canción es que la hubieras leído del libro robado… –finalmente soltó Grouncher volviéndose contra la joven y señalándola con su huesudo dedo acusador – o escuchado de los labios del ladrón.
Esas palabras hicieron estallar una estela de luz dentro de la mente de la chica, un momento tenía frente a sus ojos al bibliotecario cascarrabias musitando pestes y en el siguiente estaba viendo a un hombre mayor, sentado en un banquillo frente a una fogata hogareña meciendo un bulto en sus brazos. Honey lo reconoció de inmediato e igualmente dedujo la identidad del bebé en la seguridad de sus brazos; pero lo que más captaba su atención era las palabras que escapaban de los labios del hombre en susurros a la criatura en su regazo.
Era la canción que no recodaba donde había aprendido y mucho menos escuchado.
–¿Abuelo… Wrinkly? –masculló la chica sin percatarse que sus palabras habían salido de su boca.
–¿Qué dijiste? –dijo Grouncher el bibliotecario, devolviéndola a la realidad.
Honey se tapó la boca con ambas manos, aunque ya era muy tarde.
–¿Dijiste Wrinkly? –repitió el viejo a pesar de que chica negaba con la cabeza –. ¡Lo escuche bien, fue lo que dijiste! –una terrible sonrisa se dibujó en su rostro en lo que en sus pequeños y muertos ojos, un leve resplandor se volvió perceptible –. ¡Sabía que había sido ese desgraciado hijo del hel! –bramó levantando sus puños al cielo, para luego acuñarlos como una súplica a los dioses –. Todos estos años sospechando y finalmente puedo comprobar mi teoría.
–¿De qué está hablando? –le preguntó Honey.
El bibliotecario se volvió a la chica tan rápidamente, que a ella le pareció que al viejo se le caería cabeza.
–Wrinkly “El timador”, Wrinkly “El mentiroso”, Wrinkly “El ladrón” –masculló Grouncher con desprecio dando un paso con cada nombre.
–¡Hey! ¡Está hablando de me abuelo! –bramó la gemela firmemente.
–Eso explica porque estás aquí por tu cuenta tomando lo que no te pertenece.
–Yo solo veía…
–Eres mentirosa como él –dijo el viejo tomando a Honey del antebrazo y comenzando de nuevo a sacudirla –. Hace muchos años, cuando él era solo un chicuelo, tu querido abuelo llegó a la isla Meathead con su grupo de amigos pendencieros, con la intención de divertirse, beber y conocer mujeres. Después de ahogar sus patéticas existencia en cavas de hidromiel, lo muchachos estúpidos comenzaron a realizar apuestas ridículas.
Honey luchó con fuerza de liberarse de las garras huesudas de su opresor, pero éste cada vez se vía fuera de control. Sus desbordantes y descontroladas emociones provocaban más imágenes en la cabeza de la gemela Haddock de las que podía asimilar.
–Salta de techo de una choza, arrójate al mar congelado, corta la uñas a un deadly nadder, dile a la esposa del jefe que está gorda –explicó Groucher trayendo consigo las visiones a la mente de Honey de esos momentos –. Entre las tonterías que apostaron, estaba entrar a esta biblioteca y robar un libro.
–Los atrapé –continuó el viejo – justo después de pasar esa puerta, y los saque a patadas de aquí. Note la mirada de tu abuelo y sabía que no sería la última que se volvería un problema. Al día siguiente, ya por la tarde, descubrí que varios volúmenes de libros peligrosos y prohibidos habían desaparecido, y entre ellos estaba el manual del trovador empedernido, desterrado del conocimiento después de que su autor intentó seducir con sus canciones a la prometida del rey.
La chica dejo de luchar en lo que el pasado del bibliotecario pasaba ante sus ojos, pero al mismo tiempo, su mente se mantenía incrédula ante sus visiones… aunque estás nunca se había equivocado.
–Esa canción se encontraba escrita en ese libro –explicó el viejo amargado –, al igual que otras melodías prohibidas. Estaba convencido que había sido Wrinkly de Berk, pero nunca tuve pruebas para comprobarlo, hasta que tú –le sonrió con sus dientes chuecos y manchados – finalmente he descubierto la verdad.
–¿Qué eres un viejo rencoroso y amargado? –le escupió Honey con rencor y despecho. Forcejeó una vez más finalmente quitándose de encima las nudosas manos del bibliotecario, en lo que le lanzó su mirada más furibunda que no había hecho en mucho tiempo.
–¡Tu abuelo fue un sucio ladrón!
–¡No hables mal de mi abuelo, saco de huesos embustero y antipático!
–¡No te atrevas a hablarme de esa manera, pequeña estúpida!
–¡Lo haré como lo desee, anciano imbécil!
Ambos se lanzaron miradas asesinas, sus ojo llameaban con furia y sus dientes rechinaban como si estuvieran listos para lanzarse el uno contra la otra. Pero antes de que eso sucediera, una tercera voz se escuchó en el corredor:
–¿Qué está sucediendo aquí? –eran Pumking y Gothi quienes finalmente los habían encontrado –. ¿No puede evitar atormentar a los demás?
–¡Silencio! ¡Asqueroso e insignificante esclavo! –escupió Grouncher descargando todo su odio contra el joven pelirrojo –. Debería ordenarle a Mogadon que te apalearan hasta que dejes de ser tan osado. Tú tienes la culpa que está… mocosa arpía esté arruinando la penumbras desgraciada de este maldito lugar.
–¡Si será estúpido, viejo anciano y senil! –le contestó el esclavo sin dejarse intimidar. Años de lidiar con el bibliotecario lo habían hecho inmune a sus insultos –. ¡Usted pidió que ellas vinieran en primer lugar!
–¡Yo nunca quería una escoria como está en mi hogar…!
En lo que ambos hombre se gritaban el uno al otro a todo pulmón, Honey no pudo evitar escapar a sus pensamientos y preguntarse realmente si su amado abuelo, realmente había sido un vulgar ladrón. Durante años, durante el rechazo de la aldea, el amor incondicional de su abuelo había sido un apoyo incondicional para los gemelos Haddock, y con su muerte la soledad se había vuelto más difícil de tolerar.
El viejo Wrinkly no había sido perfecto, y como todo buen vikingo, había hecho alguna estupidez durante su juventud. Pero llamarlo un sin simple ladrón era un insultó al afecto y recuerdos que Honey tenía de él.
Pero por otro lado, estaba el baúl lleno de libros que había escondido su abuelo debajo de su casa.
La chica no sabía que pensar al respecto y en su frustración, solo pudo hacer lo que su mente racional de adolecente le pareció correcto. Le dio una patada en la pantorrilla al viejo bibliotecario.
–¡AAARRRRGG! –gritó éste en dolor –. ¡Aleja este monstruo de mí!
Chapter 119: Letras peligrosas Pt.12
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Letras peligrosas Pt.12
Los jinetes de dragones corrieron por varios corredores sin poner gran atención de adonde se dirigían, por lo que muy pronto perdieron su rumbo y terminaron en un pasillo bastante apartado en el que no habían estado antes; uno atiborrado de libros, papiros y otros cachivaches.
Los seis chicos se recargaron contra los estantes en lo que intentaban recobrar el aliento.
–¡Hiccup Haddock! –bramó Astrid recuperándose primero antes que nadie –. ¡¿Donde rayos estabas?! –agregó tomando al joven por sorpresa.
–¿Yo? –soltó el muchacho confuso dando un respingo.
–¡Deh!... ¿Acaso hay otro Haddock por aquí cerca? –gruñó Ruffnut en burla.
–Técnicamente, sí –respondió Fishlegs.
–¿Por qué me reclaman a mí? –soltó Hiccup ignorando los últimos comentarios –. ¡Ustedes fueron los que me dejaron solo!
–Ya esta balbuceando cosa sin sentido –lo desestimó Tuffnut desinteresadamente.
–¡¿Qué?! –saltó Hiccup indignado –. Nos infiltramos en secreto en la gran biblioteca Meathead. Nadie debe saber que estamos aquí, mucho menos que tenemos dragones. ¡Mi padre está en este edificio, por lo que tenemos que actuar con mucho cuidado! ¡Y de repente… todos me dejaron solo! –refunfuñó el chico mientras sacudía sus brazos en todas direcciones –. ¡¿Y yo fui el que desapareció?!
Los demás jinetes contemplaron por un momento a su líder en silencio, hasta que finalmente Tuff agregó en un susurro a su hermana:
–Marca demasiado lo obvio.
–¡Está bien…! –rugió Hiccup furioso, pero pronto trató de recuperarse mientras pasaba sus manos por su corta cabellera – está bien –repitió –. No hay porque discutir, estamos de nuevo juntos y encontramos a Furry –agregó indicando al dragón a su lado.
Tanto, Furry y Toothless estaban recostados entre las montañas de libros de aquel pasillo, en lo que ambos intentaban quitarle al otro un libro babeado y mordisqueado del hocico.
–¡Bien! –espetó Snotlout repentinamente quitándose su casco cubierto de una cantidad excesiva de baba de dragón –. ¿Eso quiere decir que ya podemos largarnos de aquí? –agregó exasperado, sacudiendo su cabeza de un lado a otro (como lo haría un perro) cubriendo su alrededor de baba.
–Me alegraría que lo hiciéramos –admitió Fishlegs frotando sus nudillos –. Ya que esos alaridos fantasmales me ponen los vellos de la nuca de punta.
–Fishlegs… – lo llamó Tuff antes de levantar sus brazos sobre su cabeza y comenzar a aullar – huuuuuuuuhhh…
Su hermana no tardó ni un instante en imitarlo. El pobre chico regordete, aunque estaba nervioso, miró de soslayo a sus amigos en su intento pésimo de asustarlo. Tuff y Ruff no fueron consientes de ello por lo que continuaron con su deplorable acto, que hubiera seguido indefinidamente, sino fuera porque Astrid tiro de sus orejas.
–Ya basta – dijo ella con una mirada asesina, por lo que recibió solo pucheros por parte de los gemelos Thorston.
El comportamiento bizarramente inmaduro de los chicos, fue distracción suficiente para que el woolie howl intentara escapar despistadamente de la vista de ellos.
–Hey, hey… –soltó Hiccup parándose frente al dragón para detener su avance –. ¡Furry, espera! –insistió el chico tomándolo de la cabeza cuanto la bestia trató de rodearlo –. Tenemos que irnos de aquí.
–Creo que quiere ir por Honey –comentó Fishlegs intuitivamente.
–Furry te prometo que Honey está bien –le dijo el joven pecoso con calma tratando de retenerlo –, papá… el hombre grande gruñón que vive con nosotros, está aquí con ella. Pero nosotros tenemos que irnos ya.
–Razonando con un dragón –espetó Snotlout cruzando los brazos –. Que pérdida de tiempo… ¡Auch! –chilló de dolor cuando Toothless respondió a sus palabras dándoles un coletazo en la cabeza, que pronto fue acompañado por un puñetazo en la nuca por parte de Astrid –. ¡¿Por qué fue eso?!
–Porque te lo merecías.
–Chicos –los llamó Hiccup forcejeando con Furry, pero resultaba inútil cuando enfrentaba sus escasos 40 kilos contra los 300 del dragón –. No están ayudando.
Ya con el apoyo del resto de los jinetes, Hiccup y los demás, lograr detener a Furry de sus intentos de retomar el recuentro con su jinete, y en compañía de Toothless, finalmente lo que retomaron su propia búsqueda por la salida más próxima.
Ninguno podía negar que había sido divertido y novedoso salir del territorio de Berk a una nueva y simple aventura, especialmente con el castigo en tierra que le había impuesto Stoick, pero ya era momento de regresar, y su suerte, podía acabárseles mucho más pronto de lo que se imaginaban.
Si más que discutir, los jinetes guiaron al dragón peludo por el largo corredor lleno de libros, deseosos de salir a espacios más abiertos. Cada uno de los chicos se encontraba muy enfocado en su tarea, o sus profundos pensamientos (si es que eran capaces de tenerlos), cuando algo captó por la vista de Hiccup.
–Esperen… –insistió este, separándose del grupo – esperen.
–¿Ahora quiere esperar? –vociferó Snotlout frustrado en lo que su primo pecoso corría hacia uno de los anaqueles a su alrededor.
–Sí –soltó Rufff –, porque no te decides, Hiccup.
–Eso no es para nada genial, como yo –masculló Tuff fracasando en sus intentos de ser imponente.
Pero todas sus palabras solo entraron por un oído de Hiccup para salir por el otro. Habían perdido por completo al chico cuando sus ojos verdes como esmeraldas quedaron atrapados por un libro en uno de los anaqueles cercanos. El joven pecoso tuvo que ponerse de puntillas para alcanzarlo y una vez en sus manos pudo confirmar que no estaba equivocado con las iniciales del lomo que había visto.
En la portada clara del libro se leía en letras oscura:
Guía del héroe para dragones peligros
Por
Hiccup Haddock II
–¿Qué eso? –le preguntó Astrid mirando sobre el hombro de joven pecoso.
–Un libro –respondió el muchacho.
–Sigue marcando lo obvio –gruñó Ruff en voz baja para su hermano.
–¿Hiccup… Haddock II? –continuó la doncella guerrera leyendo la portada del libro.
–¿Quién? –musitó Fishlegs.
–¿Hay más de un Hiccup? –preguntó Tuff.
–Es mi pesadilla hecha realidad –se quejo Snotlout.
De nuevo s quejas terminaron en oídos sordos. Hiccup se perdió en sus pensamientos mientras sus dedos acariciaban con delicadeza el grueso libro de portada de cuero.
Hacía unas semanas había descubierto la existencia de Hiccup Haddock II; al parecer el hijo perdido o desterrado del último rey Wilderwest. El mismo que había escondido el tesoro de Grimbeard “The Gastly” en la isla outcast, que había sido hecho pasar por un Hamish para ocultar su verdadera identidad y al parecer era también autor de ese libro en las manos de Hiccup.
¿Por qué su nombre había sido olvidado con el tiempo? No lo sabía, pero un misterio que había cautivado al joven pecoso, y más al descubrir la vieja pintura de Hiccup II que revelaba efectivamente, que él había sido también un hiccup.
El muchacho abrió el libro ansioso de encontrar tal vez una clave más en los secretos que rodeaban a Hiccup II, pero solo encontró hojas chamuscadas, enmohecida y arrugadas por el tiempo.
–Está arruinado –musitó el Hiccup para sí decepcionado.
–Hiccup –lo llamó Astrid colocando suavemente su mano en el hombro de él –, tal vez tiene ese libro algo de importancia para ti –le dijo ella con calma y con dulzura –. Pero tenías razón hace un momento. Debemos marcharnos –añadió con firmeza casi apuñadando al muchacho con su mirada.
–Sí, Astrid –dijo éste monótonamente. Cerró de golpe el libro y agregó –: Debemos irnos.
Chapter 120: Letras peligrosas Pt.13
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Letras peligrosas Pt.13
En el oscuro y húmedo sótano del hogar de la familia Haddock, Honey había esquivado los postes de cimientos y vigas que sostenían su casa, para alcanzar un viejo cofre de madera que yacía olvidado en la esquina de aquel lugar. En este, la joven pecosa buscó la respuestas a las dudas que permanecían en su mente desde su regresó de la isla Meathead.
Su viaje a la biblioteca de aquella isla había resultado ser de lo más improductivo posible. Aunque después de todo, habían logrado su objetivo y adquirido una nueva copia del manual de dragones. Pero la experiencia de haber conocido al viejo y peludo bibliotecario guardián de los libros, dejo mucho que desear en aquella experiencia.
El anciano cascarrabias no solo se había desquiciado por el comportamiento de Honey; cuando descubrió que el padre de esta y Gobber habían entado a la biblioteca sin permiso, fue cuando realmente perdió la cabeza. Ni siquiera Pumpkin pudo calmar sus rabietas infantiles y ridículas.
–¡Largo! ¡Fuera! ¡Fuera todos, en el nombre de Odín! –vociferó el viejo furioso pataleando contra el piso y con sus ojos casi saltando de sus orbitas.
Al final, Stoick aceptó a regañadientes que había obrado mal en ir a la biblioteca sin permiso, en especial cuando era claro que Honey no corría el menor peligro. Pero no aceptó marcharse hasta que el viejo bibliotecario le entregara a su hija el libro que había ido a buscar.
–¡Ten de una vez odiosa criatura! ¡Y líbrame de molesta presencia! –gruñó el anciano prácticamente lanzándoles el manual de dragones a Honey.
Sí el desagradable anciano hubiera terminado su discurso de antipatía con aquellas palabras, tal vez no habría sido tan molesto para la chica, por desgracia el viejo continuó escupiendo su veneno y le aseguró a Honey que nunca se convertiría en una verdadera vala, y ningún anciano del archipiélago apoyaría su posición.
Para cualquier joven con esperanzas y sueños, aquellas palabras pronunciadas con tanto odio, habrían causado un caos en las seguridades de tal persona. Pero la gemela pecosa era diferente; ella había crecido siendo rechazada por su pueblo como para que esas palabras le afectaran.
Aun así, durante el viaje de regreso a Berk, Stoick y Gobber actuaron como un par de atolondrados al mal entender su seriedad como decepción. Ambos viejos vikingos usaron los viejos discursos motivadores y algunas palabras de aliento desconcertantes en un intento infructuoso de levantar su ánimo.
Pero Honey no necesitaba que levantaran su ánimo… ella requería respuestas.
Poco a poco, la joven pecosa fue sacando los viejos tesoros de su abuelo de aquel cofre, entre ellos los libros prohibidos que ella y Hiccup solían leer a escondidas.
En lo que releía las portadas en búsqueda de uno en particular, no podía evitar escuchar la voz de aquel viejo cascarrabias retumbar en el fondo de su mente, recordándoles sus sucias acusaciones sobre el viejo Wrinkly.
Vaya que ese viejo bibliotecario era una maravilla, incluso hacía que Honey extrañara al desgraciado de Mildew.
Ya al final del cofre, la chica pudo encontrar lo que temían, un viejo libro que nunca le había prestado atención por el titulo poco interesante que poseía:
El común y corriente manual de trovador empedernido.
Con el libro de pastas viejas y despintadas en sus manos, Honey no pudo evitar sentir como se le retorcía el estomago. Groucher tenía razón, su abuelo había robado ese libro…
Negándose a aceptarlo tan fácilmente, la chica ojeó el libro con la esperanza que la canción que se mantenía gravada en lo más profundo de su memoria no estuviera ahí, y que la presencia de ese libro en la colección de su abuelo era una simple casualidad.
Por desgracia estaba nuevamente equivocada, porque justo a la mitad del libro, como si fuera un irónico cliché, estaba la letra de la canción “Donde pertenecemos”. La última pisca de rebeldía abandonó el pequeño cuerpo de Honey; no había duda, su abuelo había robado esos libros de la biblioteca Meathead.
Debió sospecharlo ante la etiqueta en la contraportada, que remarcaba al libro en palabras textuales como “Propiedad de la biblioteca Meathead”
–Me cago en Thor –masculló con frustración la chica.
Honey se sintió desairada, sin poder creer que un maldito desalmado como el viejo bibliotecario peludo tuviera razón. Casi podía oír su risa ronca retumbar en su oído, así como por días había escuchado la de Alvin después de su secuestro. Había sido días intolerables donde la mente de la chica había sido su peor enemiga al traer esos recuerdos a su mente una y otra vez.
–No –soltó ella tajantemente. Estaba harta de sucumbir ante las palabras e insultos de otros. Sí, tal vez si estaban a basadas en acusaciones ciertas, como los actos de su padre en la isla de los Hysterics y su abuelo en la biblioteca. Pero tanto Alvin como Groucher habían aprovechado de esas dos situaciones para hacerla sufrir.
Sí, su padre había obrado mal con Hotshot pero estaba arrepentido de sus actos, y de el viejo Wrinkly, nunca sabría realmente porque robó los libros, si fue por diversión o porque simplemente quería tenerlos. Por años ella y Hiccup había leído esos libros prohibidos en secreto, como tal vez su abuelo lo hizo por igual. En su posición, Honey estaba segura que hubiera hecho lo mismo, especialmente ahora que conocía al antipático bibliotecario.
Y sobre su negativa de que la chica se convirtiera en vala, la tenía sin cuidado. El viejo no era todo el archipiélago; además Gothi no lo había conseguido en su tiempo y era una de las ancianas más respetadas del Wilderwest. Honey no le temía al fracaso.
Así que, al Hel con Groucher y Alvin, y sus palabras llenas de odio. Ella no permitiría nunca más que dos sujetos que volvieron sus vidas en un inferno, conviertan la suya en una igual. Había ocurrido en el pasado con el desprecio de su gente y sobrevivió a ello.
La joven le dio un último vistazo a las páginas desplegadas frente a ella y se percató de un pequeño pie de página que acompañaba a la letra de la canción: “referencia a los doce poemas de Thor”
Honey no estaba segura, pero sentía que no era la primera vez que escuchaba tales poemas.
Ya sin más interés en los motivos del pasado, la chica apretó el libro contra su pecho, guardó el resto en el cofre y se dispuso a salir del sótano en búsqueda de su hermano gemelo.
-ooOO000OOoo-
Justamente, el gemelo pecoso se encontraba en la seguridad de su habitación apreciando el nuevo tesoro en sus manos. El libro escrito por Hiccup Haddock II, tal vez arruinado por el paso del tiempo, pero definitivamente una pista más sobre la identidad de aquel individuo con el que compartía nombre.
En cierta forma, Hiccup se sentía conectado con aquel vikingo del pasado y al descubrir más cosas sobre él, lo hacían sentir que aprendía más sobre sí mismo.
–¿Qué haces? –la voz repentina de su hermana lo sacó de sus pensamientos de golpe. El chico soltó un alarido que alertó ambos dragones que descansaban plácidamente en el suelo de la habitación.
–Honey… –dijo él, una vez que recuperó el aliento después de gritar a todo pulmón –. ¿Cuántas veces te he dicho que no aparezcas de la nada? –agregó llevando su mano sobre su pecho, donde su corazón latía a mil por minuto.
–¿Qué pasa? –en cambio respondió su hermana con una sonrisa picara en su labios, que ella no había lucido desde hacía mucho tiempo –. ¿Acaso me ocultas algo?
Hiccup tragó saliva. En realidad había mucho que relatarle a Honey, desde la huida de su dragón y su recaptura, el viaje a la isla Meathead, su entrada en la biblioteca y la locura que experimentó en aquellos pasillos; incluso el libro que llevaba en sus brazos y que comenzaba a llamar la atención de Honey.
–¿No…? –musitó él nervioso sin saber realmente porque mentía. Honey no era de quien ocultarse, ella entendería lo que hizo y siempre había contado con su apoyo.
–Aja –soltó la otra sin creerle –. Entonces ¿Qué es lo que tienes ahí? ¿Qué ocultas? –dijo tratando de arrebatarle el libro en sus manos.
Hiccup podía preguntarle lo mismo, ya que ella por igual cargaba un libro en brazos. Pero nunca llegó a hacerlo, ya que su hermana lo atacó picoteando su abdomen con sus dedos. Uno de sus puntos débiles.
–Espera… no, Honey… ¡Esta bien! –chilló el chico pecoso como siempre –. Te diré que sucedió, pero de esto no se puede enterar papá ¿de acuerdo? –y al obtener respuesta afirmativa de su hermana explicó –: Mientras estaban en la biblioteca, nosotros…
–¡Hiccup!
La voz de su padre retumbó en la choza de madera que era su fiel hogar, haciendo justamente honor a al apodo del líder vikingo.
–Mi corazón no puede con tanto –comentó el chico apretando sus manos de nuevo contra su pecho.
El libro que llevaba en su manos cayó de bruces al suelo, y antes de que la peluda cabeza del padre de ambos se asomara por las escalera, Honey pateó el libro debajo de la cama sin dudarlo, mientras ellas escondía el suyo detrás de su espalda.
–Están juntos, qué bien –comentó Stoick feliz en lo que ambos chicos intentaban parecer inocentes –. Honey ¿Ya les has dado las buenas noticias?
–No he tenido tiempo de relatarle la tortura que fue ir a la biblioteca y que probablemente me provoque pesadillas durante días…
–Dije las buenas noticias, Honey.
Y antes de que la muchacha o padre agregaran algo más, Stoick reveló frente al gemelo pecoso el nuevo manual de dragones.
Hiccup no pudo evitar que una sonrisa se formara en sus labios en lo que se volvió de nuevo a su progenitor, mientras sus ojos brillaban como esmeraldas. Su padre le devolvió la sonrisa, dándolo ánimos para preguntar:
–¿Podremos de nuevo volar con nuestros dragones? –dijo esperanzado.
Toothless y Furry alzaron sus cabezas con curiosidad al oír esas palabras.
–No –contestó Stoick cortando de tajo toda esperanza –. Pero conseguimos el manual que necesitabas. ¿No es lo que querías?
Había muchas cosas que Hiccup quería, y definitivamente el manual de dragones estaba en su lista. Pero, que su padre superara su paranoia, formaba parte de los primeros lugares.
–Oh. Gracias, papá –dijo el muchacho tratando de conservar su sonrisa –. Sabía que podía contar contigo.
–Ejem –Honey aclaró su garganta.
–Gracias ambos –agregó Hiccup –. Tener este libro es un consuelo ante nuestra desgraciada situación de desplazamiento –concluyó con sarcasmo.
–¡Qué bueno que te haga feliz! –aceptó Stoick airoso sin percatarse del sub-tono del comentario. Su vista pronto brincó de sus hijos a los dragones de estos, percatándose de algo en particular –. ¿Qué es lo que tiene Toothles en su hocico?
Ambos hermanos se volvieron hacia el dragón de ébano justo a tiempo para verlo escupir un libro que había estado mordisqueando por horas. Hiccup lo contempló con horror mientras su mente divagaba en segundo en terribles escenarios de cómo su padre ataría cabos y descubriría su transgresión.
¿Qué terribles castigos les esperaban? Nunca volverían a volar libremente.
Honey tal vez no entendía aún la magnitud de la situación, pero conocía muy bien a su hermano para comprender que su expresión implicaba problemas.
–¡No, papá! –vociferó el gemelo en un intento de evitar que su padre olvidara el libro en el suelo –. Eso no es nada. Es solo algo que encontró por ahí…
El muchacho fracaso rotundamente. Stoick tomó aquel libro cubierto de babas en sus manos y ante la mira estupefacta de sus hijos comenzó a hojearlo. Su rostro cambio rotundamente en segundos, pero no justamente una que Hiccup se esperaba.
–¿Hiccup? –dijo el hombre claramente consternado blandiendo el libro sucio que Toothless había traído de la biblioteca– . Creo que tú y yo debemos charlar… a solas. De hombre de hombre.
El muchacho tardó unos segundos en procesar aquellas palabras, pero tan pronto se dio cuenta a lo que su padre se refería, hubiera preferido que su este descubriera su secreto.
Nunca en su vida, su rostro había sonrojado tan intensamente.
Chapter 121: Entre la espada y la pared
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Entre la espada y la pared
Dulces sueños de tierras fértiles,
Deseos vacíos de corazones inertes.
El porvenir del mañana se vuelve inalcanzable,
La naturaleza de hombre no es confiable.
~o~
Amplios cielos de azul cristalino,
Por el gran océano por el que fluye el destino.
Bestias aladas surcan el horizonte,
Tierras conquistadas sin quien los confronte.
~o~
Vikingo y dragón se encuentran en el campo de batalla,
Llenando de sangre la arena y la playa.
Guerrero el acero es tu fuerte,
Bestia, con tu fuego traes muerte.
~o~
Los dioses lloran en su palacio,
Mientras los banquetes transcurren despacio.
Ojos llorosos se vuelven hacia Thor,
La paz le exigen con clamor.
~o~
Gran dios guerrero busca la solución,
Triste perdida que traerá su conclusión.
El hombre y el dragón eran los preferidos,
Pero en el Hel terminaran los desagradecidos.
~o~
Por alguno se tenía que elegir,
Uno condenado y al otro a bendecir.
Lagrimas por una nueva perdida,
Una terrible muerte gélida.
~o~
Sueños de añoranza y deseos dulces,
Cielos estrellados y sus luces.
Una última esperanza había en manos,
Los enemigos se rencuentran como hermanos.
~o~
Piedad de un dos da la oportunidad,
Para salvar al mundo es la única posibilidad.
Palabras de amante y fuego de enemigo,
Solo así el dragón y el hombre serían amigos.
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Chapter 122: El gélido calvario de una doncella irascible Pt.1
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt.1
Muchos y diferentes clanes habían habitado en Berk desde la colonización de la isla. Algunos llegaron con el tiempo, otros solo estuvieron temporalmente, pero muy pocos clanes habían estado desde el principio. Uno de ellos era el clan Hofferson.
Leñadores por generaciones, el clan Hofferson siempre se aseguró de dotar a Berk con la mayor cantidad de leña que les permitiera sobrevivir los gélidos meses del invierno en archipiélago barbárico. Después de todo, blandir un hacha siempre les resultó natural.
Y con el pasar de los años, fueron los únicos en quienes recaía tan importante tarea. Con el tiempo, los clanes crecieron, nuevos llegaron y pronto, otros se interesaron en el fructífero negocio de la leña ante los frondosos bosques de Berk. Aun así, por generaciones, los Hofferson fueron la cabeza del gremio de leñadores de la isla y por mucho tiempo, conservaron tal puesto en el consejo de Berk.
Así fue hasta que puesto llegó a manos de Arvid “Heart’s Dardevil” Hofferson, el segundo de cinco hermanos.
Normalmente en la jerarquía vikinga, el honor de ser la cabeza de la familia recaía en el primogénito varón; pero Finn “Fearless” Hofferson a pesar de ser un guerrero valiente e intrépido, no tenía el intelecto para manejar el negocio familiar, probablemente por haberse caído de cabeza tantas veces de niño, lo que también explicaba su bajo sentido de autopreservación. Pero con gusto y voluntariamente, cedió tal privilegio a su hermano Arvid.
Y gracias a las bendiciones de los dioses piadosos, Arvid a pesar de su corazón aventurero, era un líder innato, astuto y determinado. Bajo su guía la familia Hofferson prosperó ante las dificultades y la creciente competencia por la madera del bosque de Berk.
E igualmente, la familia Hofferson creció cuando Finn y Arvid contrajeron matrimonió. El mayor de los Hofferson quedo prendidamente enamorado de una doncella bastante atrevida de la tribu Basheen Oik, de nombre Brie, que gustaba de bailar y cantar. Por su parte Arvid, no tuvo que ir muy lejos de su hogar para encontrar el amor con su vecina Bertha del Clan Dubrain.
Bertha y él se conocían desde críos, y ella siempre fue la mejor amiga de las hermanas de Arvid. No había mejor elección para crecer el clan Hofferson. Era tradición vikinga que las mujeres no solo adoptaran el nombre de la familia de su esposo, sino también su clan. A pesar de una vergonzosa propuesta que no resultó como se esperaba, por designios benditos de los dioses y el corazón piadoso de Bertha, fue suficiente para cautivarla y así Arvid la convirtió en su mujer.
Con el paso de los años, pronto la casa Hofferson se llenaron de pasitos con la llegada del primogénito y heredero de Finn, Ansred, que un día adquiriría el puesto a la cabeza del clan. Normalmente, el hijo del líder del clan tendría tal honor, pero como Arvid y Bertha tuvieron una niña, y eso le daba ventaja por tradición a Ansred de un futuro privilegiado.
A pesar de las condolencias de algunos bocas flojas en la tribu, Arvid nunca sintió más que amor su pequeña hija, aquella con la que los dioses lo bendijeron y decidió llamar Astrid como su difunta madre.
Pero la convivencia entre padre e hija fue corta, hermosa, pero terriblemente corta.
Una hermosa mañana de primavera, en que curiosamente el mar permanecía mucho más tranquilo de lo normal, Arvid Hofferson se lanzó al gran océano azul en un rutinario viaje para comercializar una tala de leña. Todo transcurrió con normalidad, la familia lo despidió pensando que tan solo no se verían por unos días y que pronto estarían de nuevo juntos. Pero los dioses que los bendijeron por tanto tiempo, finalmente les dieron la espalda.
Era conocimiento común que los dioses gustaban de ser impredecible y caprichosos, y sus actos contra los Hofferson parecía una broma de mal gusto de Loki, pero definitivamente nunca esperaron que esa mañana sería la última en que verían a Arvid “Heart’s Dardevil” Hofferson.
Los primeros días no hubo sospechas, pero cuando estos se convirtieron en semana, fue cuando la preocupación se apoderó del corazón de Bertha, Orna y Plegma. Cuando el tiempo transcurrido se convirtió en meses, suplicaron a Stoick “The Vast” lanzar una expedición de búsqueda. Toda la armada de Berk respondió a la petición… pero no encontraron ni rastro.
Miles de teorías corrieron por las bocas de los habitantes de las islas, desde un ataque pirata, hasta que fue devorado por un dragón. Al final solo se sospechó que a Arvid se lo tragó el mar por designios de Njord.
Pero las pérdidas son rutinarias en el mundo vikingo, y ser fuertes ante las adversidades era un estilo de vida. Así que una vez que los rituales funerales terminaron y el tiempo para lamentarse se acabó, el clan Hofferson continuó con su vida al día a día, a pesar de la ausencia de uno de ellos.
Astrid era muy pequeña entonces para saber y comprender lo que sucedía a su alrededor, incluso, para sentir el vacío de la perdida. Pero con los años, ella comprendería que ese fue el momento decisivo en que su munod se fue en picada.
Ante la desaparición de Arvid, Finn tomó las riendas del clan. Sus hermanas estuvieron de acuerdo ya que Fenrir era muy joven para tanta responsabilidad. Por desgracia, pronto la razón por la que se le rechazó Arvid, en un principio, tal responsabilidad se vio justificada con sus malas decisiones que llevaron al negocio familiar a tener contrariedades.
Gracias a generaciones de éxito y prosperidad, las dificultades que provocaba Finn no resultaban tan graves. Después de todo, la perdida de Arvid los había unido más como familia y lograban salir adelante juntos. Por ello, Finn se convirtió en un segundo padre para Astrid, alguien que la educó, cuidó y amó como lo hubiera hecho su progenitor, tanto así que la pequeña rubia veía a Ansred más como su hermano que un primo.
Salieron adelante a pesar de las adversidades, pero al parecer Loki no estuvo satisfecho con su primera travesura, por lo que mandó otra desgracia a la familia.
Vivir en Berk era todo un reto. Era una alejada isla de las tierras natales, sufría de pesados inviernos y era asediada constantemente por los dragones. Pero tras vivir durante generaciones en aquellas gélidas y traicioneras tierras, los peludos hooligans se habían adaptado a esa forma de vida riesgosa.
La isla de Berk eran un territorio de sorpresa y peligros, y una de ella que cubría ambas características era el terrible Flightmare. Un dragón monstruoso que su sola visión provocaba terror en los corazones de los más valientes, por ello, nunca nadie lo había visto directamente y había sobrevivido para describir su verdadero aspecto. Lo único se sabía de esa bestia, que era un dragón de gran tamaño, frío como el hilo y pálido como la luna, y que solo regresaba a la isla cada cuatro años con la aparición de las luces de Auvandil’s.
Astrid tenía solo siete años cuando comprendió el verdadero peligro que implicaba la llegada de las luces de Auvandil’s de la peor manera posible.
Aquel terrible año, su amado tío Finn “Fearless” Hofferson, el hombre que la cuidó y amó como su difunto padre hubiera hecho, decidió en enfrentar al terrible Flightmare solo. Un acto valiente, pero muy estúpido, ya que en el momento en que Finn vio directo a los ojos de la bestia, el gran valor por el que era reconocido desapareció por completo y se volvió un bocadillo tembloroso para el terrorífico dragón.
Y así, Finn “Fearless” Hofferson desapareció de la faz de la tierra y su nombre quedaría por lo suelos siendo siempre recordado con el “Temeroso” Hofferson.
La muerte de Finn significó un terrible golpe para su familia, no solo había perdido de nuevo un integrante, sino a otro líder y a un padre, sino también su nombre había quedado enlodado, su reputación manchada y futuro era incierto.
Ya que Fenrir siempre fue muy dócil de temperamento para tomar las riendas del clan, por lo que las mujeres de la familia no vieron otra opción que trabajar juntas y sacar adelante el clan, algo poco común, pero no imposible.
Tal vez las mujeres de las tierras natales se había ganado un lugar por igual en la sociedad vikinga, pero en Berk que se encontraba bastante aislado del resto del mundo vikingo, y con viejos cánones del ultimo rey que vivió en el archipiélago barbárico, el acto de las mujeres Hofferson no fue muy bien visto principalmente por las calumnias que arrastro consigo la muerte de Finn.
Incluso, trajo terribles consecuencias. Su clan comenzó sufrir rechazos, su negocio familiar recayó y con el tiempo perdieron la silla a la cabeza del consejo. La familia de Astrid se hundió en la desgracia y ella ya tenía la suficiente edad para comprender que sucedía a su alrededor.
A como crecía y veía su mundo a su alrededor sufrir y colapsar, la joven rubia pronto entendió los sucesos que llevaron a su desgracia. Su tía Orna mencionaba mucho a los dioses, pero a los ojos de Astrid solo había un culpable: los dragones.
Era muy probable que la ausencia de su padre en su vida a tan corta edad se debía a los dragones que atacaban la isla y sus alrededores, así les había sucedido a otros tantos en Berk. Pero el principal causante de todo su sufrimiento era sin duda el Flightmare. Astrid aprendió a odiar a esa bestia y se volvió su principal objetivo en convertirse en toda una doncella escudera, acabar con ese dragón y todos aquellos que asediaban su hogar.
Por ello entrenó arduamente y con tenacidad para volverse la mejor. Su madre, tías y Ansred la apoyaron en su decisión, aunque se guardaba para sí misma las fuertes razones de sus acciones. Pasaron los años y ella se sentía cada vez más cerca de lograr su objetivo a pesar de los altibajos; Ansred se había embarcado a la aventura como mucho lo hacían al cumplir la edad, su madre y tías se enfocaron más en sacar a la familia adelante el día al día, que levantar su nombre enlodado, y el tío Fenrir… siguió siendo el mismo.
Sin duda eran curiosos los designios de los dioses, porque de nuevo le jugaron un giro inesperado a la joven rubia, porque cuando ella estaba decidida a acabar con todos los dragones que se interpusieran en su camino, vengar a su padre y matar a la bestia que humillo a su tío, resultó que los dragones no eran los terribles monstruos que crían.
Gracias Hiccup, Astrid no solo entendió la verdad detrás de aquellas bestias, de lo incomprendidas y maravillosas que podían ser, y en contra de cualquier predicción, ella misma terminó entregando su corazón y amistad a una de ellos.
Stormfly se volvió en su amiga, compañera y aliada de la cruda vida del archipiélago, pero sobre todas las cosas le enseñó que no todos los dragones eran como se los imaginaba. Pero… en su mente… algunos… o tal vez, unos pocos… no eran como los demás dragones.
Así fue como Astrid encontró una dualidad en su corazón: ella amaba mucho a su dragón, casi como odiaba al dragón que arruinó a su familia.
Chapter 123: El gélido calvario de una doncella irascible Pt.2
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt.2
Las semanas pasaron rápido por Berk, como el hidromiel en la garganta de un Berserker borracho. Los días se tonaron más fríos de lo habitual, las noches largas y el astro celeste rara vez daba la cara. Pero el poblado en lo más alejado del archipiélago barbárico no solo había cambiado en temporal, sino también en sus habitantes y actividades diarias.
Con la llegada de los días fríos implicó el arribo de viajeros de las tierras heladas del norte en busca de comerciar ante la inminente congelación del mar. El muelle de Berk pronto se llenó de navíos nuevos aparte del recurrente mercader Johan, exhibiendo e invitando a todos los habitantes de la isla a revisar sus mercancías.
Los visitantes eran raros en Berk, pero rostros nuevos, historias sorprendentes y extraños artilugios siempre eran bienvenidos ante la curiosidad innata de los hooligans. Solo que, por recientes razones, a los visitantes no se les permitía deambular por el poblado, principalmente ante la presencia de los dragones, que ya eran habitantes rutinarios de la isla. Aunque por igual, el jefe Stoick “the Vast” había prohibido a los dragones cerca del muelle o vuelos sobre este.
Los rumores sobre los dragones Berk cada vez cobraban más fuerza y el gran líder vikingo temía que esto atrajera atención indeseable. Pensando principalmente en sus hijos y los demás jinetes de dragones; los atentados de Alvin contra los gemelos Haddock todavía seguían frescos en la mente del jefe.
Pero no era solo él que tenía muy presente las acciones del bandido outcast.
–¿No crees que ya les has sacado suficiente filo a tu hacha, Astrid? –le preguntó Fishlegs a la joven rubia ausente en sus pensamientos. Astrid se encontraba sentada en uno de los pesados barriles llenos de agua de la herrería de Gobber, mientras pasaba continuamente una piedra de afilar por la hoja de su hacha.
La chica tenía ya más de una hora acompañando en silencio al joven rubio en su nueva labor en la herrería. Hacia apenas unos pocos días que, por casualidad, Fishlegs había descubierto el hierro de gronckle, producido en los estómagos de estos dragones al alimentarlos con una combinación específicas de rocas.
El metal era la mitad de pesado que hierro común y tres veces más resistente. Tal descubrimiento pronto generó interés en Gobber y en Hiccup, que iniciaron una producción en masa del metal, así como armas y artilugios a base de ello. Pronto atrajo la atención de los habitantes de la aldea y de los comerciantes visitantes que estaban dispuestos a todo con tal hacerse de la receta secreta.
Para eso Fishlegs y Meatloug realizaba jornadas secretas en la herrería fuera de la vista de la mayoría de los habitantes de la isla, para evitar así problemas con los clientes. Aquel día en particular, resultaba ser otro día en la forja para obtener la mayor cantidad posible del metal.
Regresando a la escudera rubia, Astrid soltó un respiro de resignación al percatarse de su comportamiento.
–Tal vez estas en lo correcto –dijo ésta dejando a un lado su hacha con su nueva y filosa hoja de hierro de gronckle. Pero eso no evitó que soltara un gruñido de frustración.
–¿Aún te molesta? –le preguntó Fishlegs desde el otro lado de la forja, mientras lanzaba la combinación correcta de rocas al hocico de Meatloug.
–¿Es obvio?
Fishlegs asintió con la cabeza.
–Es que… –comenzó a la chica con un gruñido de frustración – no me gusta sentirme tan impotente.
–Astrid… ¿Qué podrías hacer? –le dijo el joven regordete con compasión dirigiendo toda su atención a ella –. Tu padre… él…
–¡Lo sé! –bramó la rubia con fuerza en lo que soltaba una patada a una caja, desparramando su contenido por el suelo –. Se que fue hace mucho tiempo –continuó ella casi jalándose su cabellera trenzada –. Pero no puedo evitar sentir…
Gruñó de nuevo, antes de un resoplido en resignación. Acto seguido, Astrid se volvió para recoger el desorden que dejo por el suelo de la herrería.
–Lo que te dijo Alvin realmente te afectó.
–¿Y a ti no?
Era una sucia cualidad que el bandido ourcast sabía utilizar mejor que nadie. Con solo una corta frase había dejado un terrible peso sobre los hombros de la rubia. La misteriosa muerte de su padre había sido un factor decisivo durante su niñes, pero con sus palabras, Alvin le había creado en la joven la posibilidad de descubrir que le había sucedido a su progenitor y tal vez, saber el quien era el responsable.
Pero Astrid era solo la última víctima de las venenosas palabras de Alvin, en esa larga lista de víctimas, Fishlegs formaba también parte de ella. En un corto encuentro, el bandido se había asegurado en dejarle la semilla de la duda en la mente de joven Ingerman.
–No lo voy a negar –confesó Fishlegs lastimeramente en lo que comenzó a ayudar a Astrid a recoger los pequeños cachivaches regados por el suelo –. También he pensado mucho en ello últimamente.
¿Qué quería decir con que ellos eran similares? ¿A qué se refería? Era las preguntas contantes que rondaban su mente.
–Por ello –continuó Fishlegs frotando con afecto la cabeza de su dragona – trato de distraerme con lo que sea con tal de no pensar ello – Meatloug correspondió su cariño con una lengüeteada a sus manos de dedos regordetes –. Gracias, hermosa –le dijo a ella con cariño.
–Ese maldito desgraciado, decir eso… –masculló Astrid – sabía cómo exactamente… no dejo de preguntarme…
–¿Qué sí solo dijo por molestarte? ¿Qué todo fue mentira y solo su malicia del momento? –comentó el joven regordete –. No lo sé, Astrid. Me gustaría asegurarte que así lo fue.
No era mucho, pero si era lo que necesitaba oír.
El apoyo que le había mostrado Fishlegs en las últimas semanas habían sido cruciales para Astrid. Compartían una experiencia dolorosa que ayudaba sobrellevar hablando entre ellos desde que lo descubrieron en la biblioteca Meathead. Casi todos sus amigos no podían entender por lo que pasaban, u otros, no estaban dando la confianza para hacerlo.
–Era el momento justo para jugar sucio en tu contra –continuó con calma Fishlegs tomando asiento en uno de los grandes barriles amontonado en la herrería –. Pero… lo que me dijo a mí. No había necesidad de que me dijera eso… –frotó sus brazos, nervioso –. Es perverso y malicioso –al ver la inseguridad en su jinete, Meatloug apoyó su grande y verrugosa cabeza contra las rodillas del él –. No te preocupes, nena, Alvin no está aquí para hacernos daño.
Astrid le lanzó una mirada consternada a su amigo en lo que volvió a tomar asiento en su puesto. Escuchar las emociones de Fishlegs era reconfortante para ella, quien se había acostumbrado a no mostrarlas, por miedo a ser vista como débil. En cierta forma, parte de su estrés escapaba con las palabras de joven rubio, como sí ella misma las pronunciara.
–Al menos tú tienes más seguridad a lo que refería Alvin –siguió Fishlegs –, al decir que sabe cómo murió tu padre. En cambio, yo no tengo idea de que quiso decir con que éramos similares.
–No lo sé, Fishlegs –comentó la rubia –. Pero definitivamente Alvin sabe secretos… secretos que no todos en Berk están tan abiertos en compartir.
Una mirada nerviosa se apoderó de los ojos de Fishlegs.
–¿Te refieres a Hiccup?
El gemelo pecoso era un tema recurrente entre ambos, casi como lo era Alvin. Desde el regreso de la biblioteca… o incluso, desde mucho antes, cuando él y su hermana fueron rescatados de las manos del bandido, Hiccup actuaba hermético en ciertos temas; además de su obsesión con el libro que cargaba consigo desde su visita furtiva a la isla Meathead.
Cada vez que Astrid o Fishlegs sacaban a relucir el tema de Alvin o su secuestro o incluso el libro que lo obsesionaba, éste cambiaba el tema. Las respectivas relaciones que ambos habían forjado con él parecían llegado a un camino sin salida, de la que Hiccup por alguna repentina razón, no deseaba abrirles la puerta.
Y ambos eran conscientes que Honey no sería mucho ayuda tampoco en el tema.
Al igual que Alvin, los gemelos ocultaban secretos.
–Algo esta ocultado –insistió Astrid entre susurros –. Estoy segura de eso. Por un tiempo no parecía tan obvio, pero desde que su padre nos retiró el veto de vuelo, Hiccup ha estado actuando raro y algo tiene que ver con ese libro que encontró.
–El otro día se distrajo y pude ojearlo un poco –dijo Fishleg cubriendo parte de sus labios –. Las páginas están arruinadas, ignoro que encuentre tan interesante en él.
–Sí tan solo me hablara como antes... pero se ha vuelto algo… cerrado. Y no soy tonta para intentar preguntarle a Honey de nuevo.
–Podrías… pedirle que te diga que sucede.
–Ja. ¿A Hiccup Haddock? –masculló ella con una risa falsa y descarada –. ¿Al mayor misterio del mundo conocido? Dudo que sea posible.
–Podría pedírselo como regalo de cumpleaños.
Astrid gruñó y pataleo en su puesto.
–Ni me lo recuerdes.
–¿No eres algo joven para odiar tu cumpleaños Astrid? –ambos jóvenes alzaron la cabeza ante la voz de Gobber mientras entraba en la herrería. Trataron de mostrarse serenos, en lugar de conspiradores contra el protegido del herrero, sin tener mucho éxito.
Gobber alzó una ceja ante las expresiones nerviosas de los chicos, pero en lugar de comentar al respecto, comentó:
–Recuerdo como mi tía Helga comenzó a odiar su edad. Cuando cumplió veintinueve comenzó a contar al revés, hasta que tuvo cero años, y luego, literalmente dejo de existir. No supimos como lo logró o si se solo se mudó. Es una historia curiosa.
–No hay mucho porque celebrar en este momento, Gobber –soltó Astrid ignorando el comentario del herrero.
–Astrid eres muy chica para ser tan pesimista – musitó el herrero en lo que reacomodaba los objetos de su forja –. Sé que la cantidad de viajeros en Berk se ha vuelto un poco molesto y que la posibilidad de que el invierno infernal se prolongue empeorando la congelación del mar otra vez, sino que también permita la pronta aparición de las luces Auvandil, y con ello el regreso de Flightmare –pero tan pronto se dio cuenta de sus palabras, el herrero agregó –: Pero hay que ver lo positivo… eh, tu hacha… tu hacha se ve muy filosa –dijo con una sonrisa nerviosa.
Pero ya era muy tarde. El rostro de Astrid había cambiado por completo ante la mención del Flightmare. Sus ojos resplandecieron en lo que tomó de nuevo su hacha.
–Y lo está –afirmó lazándola sin aviso y clavándola con destreza en una roca maciza –. Tal vez mi cumpleaños no sea tan malo después de todo.
Chapter 124: El gélido calvario de una doncella irascible Pt 3
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt 3
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A pesar que las mañanas frías se habían vuelto habituales en Berk desde la última helada congelante, Hiccup no podía evitar tintinar los dientes incontrolablemente mientras marchaba por la aldea. Su fiel dragón negro no se encontraba a la vista por ningún lado, una precaución a tomar ante la presencia de tantos viajeros.
Todos los inviernos en el archipiélago barbárico eran terribles, pero aquel año fue realmente difícil. No solo se había adelantado por semanas, sino que también había congelado el mar en una dura capa de hielo que se podía caminar fácilmente sobre ella.
Los vendedores navegantes de las tierras del norte solían migrar al sur en búsqueda de aguas más fáciles de surcar, generalmente amarrando en los puertos de Chilbain; pero ante el fuerte inverno habían viajado más al sur hasta alcanzar la solitaria isla de Berk, donde habían quedado atrapados por el hielo.
Sin más a donde ir, estos mercantes hacían el esfuerzo desmesurado de vender la mayor cantidad de sus mercancías a los hooligans, a pesar del veto que el jefe Stoick había impuesto sobre ellos. Ningún vendedor tenía permitido dejar el muelle y deambular libremente por el pueblo, ante el riesgo de que descubrieran la interacción entre los hooligans y los dragones.
Aun así, había algún que otro ladino que encontraba la manera de desobedecer y encontrar su camino hasta el centro del pueblo.
–¡Vengan a comprar con el buen Arngrin! –llamaba a todos gritos un vikingo robusto, de cabellos y barbas doradas, mientras sacudía al viento sus largos trozos de pieles lanudas –. ¡Al mejor precio que podrían encontrar! ¡Vengan! ¡Ve-ewaaaaaa! –bramó de ultimo antes de salir corriendo con su mercancía ante la llegada de Lydia y otros miembros de la guardia, que comenzaron a perseguirlo de regreso al muelle.
Hiccup solo presenció el suceso resignado, mientras frotaba con insistencia sus brazos en un esfuerzo casi inútil de obtener algo de calor.
En cierta forma lamentaba la situación en que se encontraban los mercantes, incluido Johan; pero tampoco la helada había sido fácil para Berk, a pesar de que, en cierta, estaban acostumbrados a recibir el mayor castigo posible sobre su pequeña isla ante la frustración de los dioses.
Cuando el mar se congeló por primera vez hacía unas pocas semanas atrás, se creó un peligroso camino por que cualquier transeúnte podía tener fácil acceso a la isla. Incluso, dragones que les era imposible volar.
Aunque sonara imposible de imaginar. Existían bestias como tales incapaces de volar; ese era el caso de los speed stingers, pequeños dragones bípedos que podían alcanzar grandes velocidades en compensación a su falta de alas. Su gran velocidad les daba una venta para aproximarse demasiado a sus oponentes para sí utilizar su aguijón venoso en ellos. Estas bestias de la clase sharp poseían un veneno único que paralizaba por horas a sus víctimas.
Los habitantes de Berk tuvieron que experimentar de primera mano los efectos de tal veneno, ante su repentina llegada a la isla. Por suerte los jinetes lograron alejarlos y eliminar las rutas congeladas que les permitieran regresar.
El arribo de los speed stingers solo dejó en claro para Hiccup que los jinetes de dragones requerían reforzar su entrenamiento para así, asegurar el bienestar de vikingos y dragones por igual. Y la determinación de Hiccup finalmente rindieron frutos cuando lograron ayudar a Hookfang a recuperar sus llamas con el auxilio de una enorme fireworm queen, y rescatar un scauldron atrapado en tierra que Ruffnut decidió bautizar Scauldy.
A como el número de dragones aumentaba en la isla de Berk, y aquellos al cuidado de los jinetes, Hiccup estaba comprometido más que nunca en sacar la academia de dragones en adelante, con visitantes inesperados o no. Por suerte, el veto que su padre había impuesto en los jinetes y sus monturas expiró tan pronto comprobaron que eran completamente autosuficiente para defenderse en equipo ante un nuevo ataque de Alvin “The treacherous”.
Stoick era muy consciente de los peligros que corrían sus hijos, especialmente cuando se hablaba de su malicioso rival, pero finalmente se dio cuenta que cortarles las alas a los jóvenes vikingos, no solo figurativamente, le hacía más daño que bien.
Fue así, como los estudios sobre los dragones se volvió la prioridad número uno para Hiccup, a pesar de sus otras responsabilidades como hijo del jefe, sus tareas en la forja y su compromiso con Fishlegs de investigar más hierro de grounkle, y mucho más. Pero dragones no era lo único que ocupaba la mente de Hiccup.
También estaba el misterioso libro que había traído consigo de la biblioteca meathead y la incógnita de quien había sido Hiccup II. Su interés en el joven no solo radicaba en poseer el mismo nombre, sino también en las pocas pistas que lo rodean.
Hiccup II sin ninguna duda tuvo por igual interés en los dragones, y claramente, también desobedecer las reglas; ya que había sido desterrado de todo conocimiento por el último rey de Wilderwest. Algo muy terrible había hecho sin duda para haber sido rechazado por su padre tan drásticamente. Hiccup podía imaginarse algunas situaciones ante su propia historia personal, pero no estaba seguro que preferir a los dragones sobre su gente era una posibilidad igualitaria para el misterioso joven.
El nombre y el gusto por los dragones no parecía ser lo único similar entre los Hiccup, sino también que, si el retrato encontrado en la isla outcast era verdadero, Hiccup II fue un renacuajo flacucho como Hiccup III. Era bien sabido que los lideres vikingos del archipiélago estaban emparentados de una manera u otra a Grimbeard “The ghastly”, explicando las similitudes entre ambos chicos. Aunque claramente Hiccup II fue mucho más agraciado de lo que Hiccup III podía imaginarse a sí mismo.
Pero entre más cosas deducía de su antepasado, más preguntas se formulaban en la mente del joven pecoso.
–Lo que no entiendo… –se quejó Hiccup una tarde en particular. Frotando sus sienes mientras caminaba detrás de su hermana por toda la choza de los curanderos.
–Posiblemente muchas cosas – soltó ella en broma en lo que acomodaba tranquilamente algunos artilugios en las estanterías junto a la pared.
–No – dijo su hermano tajantemente –. Sobre Hiccup II –agregó –. Si realmente estamos emparentados y fue por ello que me nombraron Hiccup III ¿No se supone que eso significaría que más sabían de su existencia? ¿Qué realmente no fue del todo borrado y suplantado por Hamish? ¿Acaso las ancianas saben algo?
Hiccup no pudo evitar jalar su cabello en lo que arrojaba el libro de Hicccup II sobre el catre más cercano. Toothless y Furry solo presenciaron silenciosamente su arrebato con gran interés. En cambio, su hermana, le lanzó una mirada complaciente y empática.
–Te diré un secreto sobre ese grupo de vieja brujas –comentó Honey limpiando sus manos en el mandil que colgaba de su cintura –. No saben absolutamente nada, de nada. Ni siquiera leer correctamente las runas.
El joven pecoso la miró extrañado, mientras claramente su mente iba a velocidad del vuelo de nightfury intentando comprender las implicaciones de las palabras de su hermana. Entonces… ¿Cómo es que terminó con el nombre de Hiccup?
–No puede ser una simple coincidencia ¿o no? –dijo él finalmente al aclarar sus ideas.
–La mayoría de la gente no lo sabe, Hiccup –continuó Honye con calma –. Las ancianas se aprovechan de que casi nadie puede leer correctamente las runas para hacer lo que quieran y no ser descubiertas– explicó con descaro, ante de cambiar su semblante y agregar con seriedad –: Aunque… tal vez nosotros fuimos la excepción.
–¿Eh? ¿Por qué?
–Gothi estuvo en la lectura de las runas en nuestra designación de nombre –confesó la chica rascando discretamente su nariz – y ella si sabe leerlas. Aunque las viejas ancianas hubieran querido hacerse de las suyas, no hubieran podido con Gothi entre ellas.
Era una vieja costumbres acudir a los miembros más ancianos de la tribu o de otra, para buscar consejo en los designios de los dioses en el nombre de un recién nacido. La tradición incluía la lectura de las runas y justo como lo explicó Honey, las personas capaces de hacerlo eran limitadas. Lo cual dejaba a Hiccup con un dilema: su nombre tenía un significado ancestral o era un simple chiste viviente.
–Todos estos años he creído que me llamaron “hiccup” por ser un “hiccup”. Pero tal vez es mucho más complicado por eso.
–Sin duda te llamaron Hiccup por ser un “hiccup” –le indicó su hermana en una mezcla de broma y sinceridad –. El detalle es que Hiccup II también lo fue, y que tú eres el III.
El joven pecoso ya no estaba seguro que pensar al respecto.
–Sé porque le das tantas vueltas –interrumpió Honey sus pensamientos con un tuno mucho más comprensivo dejaba en claro que casi podía leer su mente –. Pero deberías dar gracias, al menos tu nombre no es un remedio para curar el hipo –dijo con una cálida sonrisa.
Ambos hermanos compartieron una carcajada de cómplices, que por unos segundos le ayudó a olvidar cualquier problema que cargaban consigo.
–Yo pienso que eras mucho más que un medio para arreglar mis desastres –dijo él ya con calma, devolviéndole el gesto.
–Que lindo –dijo la chica –. Ahora basta de eso. Creo que hay algo más importante que deberías estarte preguntando.
–¿Qué?
–¿Quién fue Hiccup I?
Era una pregunta que ni él mismo se había atrevido a cuestionarse, pero subconscientemente sabía que tarde temprano debería enfrentar. Tal vez… en él radicaría el motivo de porque el nombre de…
–¡Hiccup!
El muchacho detuvo sus pasos de inmediato al escuchar el llamado. Alzo la mirada sobre aldea a su alrededor en lo que dejaba sus pensamientos y dudas a un lado.
Para su sorpresa se encontró con Snotlout corriendo hasta él desde el otro lado del camino.
–¡Hiccup!... Tenemos un problema.
Chapter 125: El gélido calvario de una doncella irascible Pt 4
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt 4
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Hiccup Haddcok III había pasado por muchas cosas para sus cortos catorce años de edad; había enfrentado feroces bestias, peligrosos vikingos y poderosos enemigos, y con ello madurado hasta convertirse en astuto y valiente líder de la primera generación de jinetes de dragones de Berk. Pero nada de ello servía o lo había preparado para enfrentar la más estresante situación de su vida.
–¿Y el problema es…? –musitó el joven pecoso algo resignado, mientras cubría su mirada con su palma en un intento fútil de mantener la calma.
A su alrededor, se encontraba su robusto y refunfuñón primo Snotlout Jorgerson lanzando humo de sus orejas como lo haría un monstrous nigthmare de sus fosas nasales. Del otro extremo estaban los problemáticos y ruidosos gemelos Thorston disfrutando de las contracciones faciales que obtenían del chico moreno en un extraño y malicioso placer.
–¡¿Qué no lo ves?! –gritó Snotlout alzando sus brazos sobre su cabeza, mientras sus gritos retumbaron por toda la academia de dragones –. Y se supone que tú eres el listo del grupo.
–Snotlout…
–¡No, yo! ¡Tú!
–¡SNOTLOUT! –le gritó Hiccup perdiendo la paciencia. Resultaba un espectáculo único de ver, ya que los mismos dragones que descansaban juntos en un extremo de la arena, tomando los escasos rayos de sol en la época invernal, alzaron la vista con curiosidad.
Debido a la presencia de los mercaderes extranjeros del norte, había resultado una decisión unánime que sería mejor que los dragones de Berk permanecieran seguros resguardados dentro de la academia, lejos de la vista de los curiosos.
Solo los dragones semisalvajes que había sido recientemente adoptados por los jinetes continuaban en el exterior, pero ubicados a salvo, al otro lado de la isla.
–No puedes forzar a los gemelos que te acepten en su bunker –insistió Hiccup modulando su tono de voz.
–¡Pero es el fin del mundo!
–¡NO. ES. EL FIN DEL MUNDO!
–Solo del mundo conocido –interrumpió Tuffnut la batalla de gritos con una traviesa sonrisa.
–No estás ayudando, Tuff – soltó Hiccup rechinando los dientes.
–¿Quién dijo que queríamos ayudar? –soltó la hermana del rubio entre risitas.
Hiccup solo pudo fruncir el seño sabiendo de antemano que cualquier comentario suyo, terminaría en oídos sordos.
–Las luces Auvandil son más intensas cada noche –continuó Snotlout como si no hubiera sido interrumpido nunca –, eso quiere decir que flightmare está cada vez cerca. Debemos refugiarnos antes que nos devore más rápido que a Finn Hofferson.
–Eso no fue gracioso –lo regañó el gemelo pecoso –. Y más te vale no decir eso frente a Astrid si no quieres que te rompa de nuevo la nariz.
–Y el brazo… –agregó Ruff.
–Y el trasero… –dijo Tuff.
– Por favor –desaprobó el joven Jorgenson –. Solo digo la verdad.
– Y yo te doy una advertencia –insistió Hiccup.
–¡He estado haciendo lo mismo, maldita sea! ¡Por Thor! ¡El mundo va a terminar!
El mundo no iba a terminar. Era una realización aislada que circulaba entre rumores de los habitantes de Berk. Era un hecho del riesgo que implicaba el regreso de fligthmare, pero estaba lejos de ser la destrucción de Berk o el fin del mundo.
Incluso Honey había tenido que desmentir los rumores indicando que no había señales de peligro en las runas. Si realmente las había leído o no, era solo sospecha de Hiccup.
Pero eso no evitaba que los gemelos Thorston usarlo de excusa para realizar una fiesta del fin del mundo en un bunker preparados por ellos en la academia de dragones. Y no invitar a Snotlout a ella.
–El fightmare nunca ha sido una señal del ragnarok –tajo Hiccup alzando de nuevo la voz –, solo pasa por Berk una vez cada cierto tiempo.
–Y solo mata de miedo a todos a su paso –agregó la rubia con malicia.
–Ruff.
–Fin del mundo o no –dijo Tuff muy satisfecho consigo mismo –. Nosotros estamos preparados para la llegada del fightmare ¡con comida, música y mucho hidromiel! –agregó fervientemente en lo que arrastraba consigo una barrica de hidromiel a su susodicho bunker, y era seguido de cerca por Snotlout con sus consistentes quejas.
–¡Que no hay fin del mundo! –gritó de ultimo Hiccup completamente frustrado, pero sus gritos solo fueron atendidos por los dragones, que rápidamente lo ignoraron para regresar a su siesta de medio día.
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Había pasado la mayor parte del día cuando finalmente Astrid dejo la herrería y fue en busca de sus amigos y dragones, pero no podía evitar que las palabras pronunciadas por Fishlegs o Gobber rondaran por su cabeza.
Aunque le doliera admitirlo, era muy grande la posibilidad de que Fishlegs tuviera razón y que estuviera cayendo en el juego de Alvin al estar realmente considerando sus palabras. Pero ¿Cómo no hacerlo? Su padre había desaparecido por meses hasta que finalmente supieron de su fallecimiento? ¿Cómo ignorar la posibilidad de descubrir la verdad, cuando había sido un misterio que había consumido su vida… su familia… su futuro?
O tal vez sí lo estaba sobre analizando, y tenía que finalmente dejar a su padre ir y vivir su vida…
–Hey… ¿señorita?...
Era algo sencillo de decir que hacer.
– ¡Señorita! –una voz sacó a Astrid de sus profundo pensamientos. La rubia se volvió a sus lados para encontrarse a un hombre de grande tamaño, rubio, oculto como criminal detrás de una barrica que apena podía cubrir su cuerpo.
–¡¿A quién llamas señorita?! –le espetó la chica con frustración llevando sus manos a su cintura. Aquel desconocido no le parecía familiar, sin ninguna duda debía ser uno de los mercaderes del norte que tenía prohibido deambular por la aldea.
–Discúlpame… –dijo rápidamente el hombre alarmado ante como Astrid elevaba la voz y llamaba la atención de los demás hooligans – no sabía que estaba ante una verdadera escudera vikinga –agregó tan descaradamente el alago que no pasó desapercibido por la joven rubia.
–¿Qué quiere? –dijo ésta con desdén.
–Soy tan solo un comerciante con la necesidad de que compren sus productos –dijo el desconocido con una sonrisa burlona –. Mira nada más estás pieles que tengo conmigo –continuó mostrando su mercancía, esponjosas pieles de animales en diferentes colores –. ¿No le interesa comprar una?
De mala gana, Astrid tomó una de las piles que le ofrecía el desconocido, una larga, esponjosa y suave al tacto, que le había pertenecido probablemente un oso. Era buena mercancía, pero aún así la chica desconfiaba.
–¿Qué realmente quiere?
La sonrisa del comerciante se volvió rápidamente maliciosa.
–Se escuchan rumores… –comentó él en susurró.
–¿Rumores?
–Sobre esta isla… –continuó el hombre murmurando mientras se aproximaba lentamente a Astrid – que aquí en Berk… hay jinetes que cabalgan dragones… –con esas últimas palabras alcanzó a la chica, sujetándola del brazo sorpresivamente.
La rubia reaccionó de inmediato, su entrenamiento de escudera la había preparado para ello. Tomó la muñeca del hombre y de una sola retorcida lo obligó a liberar su brazo; acto seguido, giró el brazo del desconocido obligándolo a plantar su rodilla en el suelo, en lo que soltaba un gemido de dolor.
–¡¿Quién eres?! ¡¿Qué quieres?! –le bramó Astrid furiosa.
Pero antes de que el sujeto respondiera a sus preguntas, se escuchó:
–¡Hey! ¡Tú!
Tanto Astrid como lo desconocido se volvieron hacia aquel llamado y se encontraron con la Lydia y varios miembros de la guardia de Berk. Ante su llegada, el mercader se liberó de un tirón del agarre de Astrid y comenzó una rápida huida, seguido de cerca por la guardia.
Su carrera fue tan sorpresiva, que dejo detrás de sí la piel de oso en manos de Astrid.
–Ese tipejo – lo maldijo Lydia deteniendo junto a la rubia –. Ya es la sexta vez que lo sacamos de la aldea y siempre regresa. ¿Qué te dijo? –le preguntó a la chica mientras de secaba el sudor de su frente.
–Nada bueno –fue lo único que respondió la chica –. Algo se trae entre manos –agregó en lo contemplaba la dirección en la que huyó el desconocido.
–Por cierto, Astrid –la llamó Lydia cambiando de tema –, hace poco llegó otro bote con comerciantes del norte y viajeros.
–¿Y eso que tiene que ver conmigo? –dijo ella de mala gana, pero pronto se dio cuenta que la escudera no era merecedora de su irritación por lo que pronto cambio su semblante.
–Entre ellos creo que hay alguien que tu guastara conocer –explicó Lydia ignorando el arrebato de la joven.
–Lo dudo, todos los viajeros son un problema.
–Ni siquiera uno que trae noticias de tu primo.
Chapter 126: El gélido calvario de una doncella irascible Pt 5
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt 5
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Por suerte, la distancia entre el centro de la aldea y el gran salón era no era tan largo como para sembrar ansias terribles en Astrid.¿Alguien que conocía a Ansred? Podría se cualquier persona ¿Qué tendría que decir sobre él? ¿Estaba bien o mal? ¿En problemas o mandaba saludos? ¿Traía consigo buenas o malas noticas? Las opciones eran infinitas, pero el tiempo era escaso como para pensar en cada una de ellas.
–¿El gran salón? –preguntó Astrid tratando de distraer su mente en otros hechos –. ¿No se supone que los visitantes deben permanecer en muelle?
–Así es –le contestó Lydia mientras lidereaba la marcha por la escarpada escalinata a su destino –. Pero con el flightmare cada vez más cerca, se les ha permitido algunos refugiarse en el gran salón, especialmente aquellos cuyos barcos no están reforzados para sobrevivir el ataque de un dragón –continuó la guerrera con calma –. Lo permitió el jefe con la condición de no dejar el gran salón por ninguna razón hasta que el peligro haya pasado.
–¿Ninguna? –soltó la rubia.
–Ninguna –señaló Lydia tajantemente –. Ni siquiera por a la fiesta de los Thorston.
Astrid no pudo evitar alzar la vista y comprobar por sí misma que en la cima de la escalinata y entrada al salón, varios de los guerreros de la guardia permanecían vigilantes junto a las dos grandes puertas de roble.
–Y esta persona… –continuó la chica una vez que subió los últimos escalones para alcanzar a Lydia –. ¿Es uno de los comerciantes?
–No –dijo ella con una sonrisa y negando con la cabeza –, pero sí vino en uno de los barcos.
–Por Odín –mustió la chica rubia frustrada cruzando sus brazos sobre su pecho –, no puedes decirme de quien se trata.
Lydia sonrió de oreja a oreja antes de abrir la puerta del gran salón para la joven escudera.
–Es mejor que la conozcas en persona –respondió ella –. No te arrepentirás.
Astrid tenía sus dudas.
Aun así, la chica entró en el salón. Sus ojos se tardaron a que se acostumbrarán a la luz, pero cuando lo hicieron, no se topó con nada sorprendente o fuera de lo ordinario en tal lugar. Efectivamente, estaba llenó de gente, principalmente visitantes y viajeros que habían buscado refugio en las gruesas paredes de roca del salón; así como algunos hooligans cuyos temores por el flightmare los llevaron también a buscar protección.
No era hora de algún festín, pero la gente celebraba con báricas de hidromiel y grandes tazones. Clásico comportamiento vikingo, aprovechar cualquier oportunidad para beber hasta la inconciencia. Se celebra una boda, hay que beber; un funeral, hay que beber; es el fin de mundo, mayor razón para beber.
El alcohol en la sangre siempre había sido una estupenda forma de enfrentar las situaciones difíciles. No era sorpresa para Astrid encontrarse a las personas bebiendo y riendo como si la muerte no estuviera del otro lado de la puerta.
Pronto la vista de Astrid captó al fondo un grupo de hooligans riendo a carcajadas ante algún interlocutor que estaba aún fuera de su mirada.
–¡Barbara! –bramó de repente Lydia a un lado de Astrid, provocándole un leve respingo que pronto disimuló.
Ante su llamado, el grupo de vikingos comenzó a dispersarse dejando a la vista una joven mujer. A la que Lydia había llamado Barbara resultó ser una chica alta, de hombros anchos para la batalla, cintura femenina y cadera anchas para tener hijos. Su cabellera era negra como el plumaje de un cuervo, pero brillante como la noche. Estaba trenzado en un intricado patrón, dándole un aspecto único y practicidad. Sus ropas concordaban con el de una escudera, pero su piel rosada por el sol indicaba que había estado mucho tiempo en alta mar.
De su hombro izquierdo sobresalía una el mango de una espada y una daga relucía peligrosamente en su cintura, listas para cualquier aventura. Pero lo más curioso que llevaba consigo, era un gato tan negro como el cabello de la mujer, quien se perdía fácilmente en sus rizos al permanecer posado en su hombro como si fuera un ave de rapiña.
La mujer se alzó toda su altura que no sobresalía de los hombres a sus alrededores, pero su postura y leguaje corporal denotaba su posición y valía.
Se veía genial.
Lydia tuvo que darle a Astrid un empujoncito para acercarla, ante el embelesamiento que la aturdió por unos segundos.
–Es ella a quien queríamos que conocieras –dijo Lydia posando su puño en el hombro de Astrid.
–¡Hey! –los saludos la viajera con un voz firme y potente.
–Hey, yo soy…
–No necesitas decirme tu nombre –la detuvo Barbara alzando su mano –, que tu descripción es perfecta. Eres Astrid Hofferson.
–¿Quién te ha habado de mí?
–Tu maldito primo Ansred –lo dijo Barbara con una sonrisa cómplice que dejo claro que su insulto era más un cumplido.
–Entonces no ha dicho nada bueno –comentó la chica animada por la actitud jovial de Barbara.
Sus palabras fueron bien recibidas por ella y los vikingos a su alrededor. Todos rieron juntos haciendo sentir inmediatamente a Astrid como alguien parte del grupo de adultos… de los guerreros.
–Date algo de mérito, quieres –comentó la viajera descansando su mano en su cintura –. Ansred tiene un repertorio de buenas historias, muchas de ti.
–Como todo buen vikingo –soltó uno de los hombres a su alrededor, levantando su tarro en brindis. Todos aceptaron alzando sus copas por igual.
–Ah… –musitó Astrid –. ¿Cómo cuáles?
Barbara le sonrió con complicidad. Definitivamente Lydia tuvo razón.
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Arngrim Dammen, había logrado escabullirse de la guardia de Berk dándoles la falsa impresión de haber vuelto al puerto con los demás comerciantes. Pero astutamente había conseguido llegar al lado oeste del pueblo sin ser visto.
Con una sonrisa maliciosa en sus labios, continuó su camino ocultándose en los callejones olvidados entre las casas, examinado sus alrededores en busca de una prueba sobre los curiosos rumore que había escuchado sobre Berk.
Su recorrido lo condujo a puente que conectaba la parte principal de la isla con la zona trasera del pueblo fuera de la vista de los visitantes, así como las cavernas y acantilados de Berk.
Arngrim era un comerciante muy especial y único, que solía buscar los tesoros, artículos y… las más únicas posesiones que pudiera vender a los mejores precios… precios a su conveniencia. Siempre estaba en búsqueda de nuevos tesoros de los que pudiera sacar el mayor veneficio. Y por lo que había escuchado de Berk, era el lugar justo para ello.
Cuando finalmente logro distinguir una construcción a la distancia, su corazón dio un vuelco dentro de su pecho y su sonrisa se alargó. Con sigilo, pero rapidez, alcanzó su objetivo para descubrir que era una enorme y redonda arena de combate.
Se aplastó contra la pared de piedra tratando de encontrar una entrada, pero solo escuchó los murmullos de las voces al otro lado.
Los muros altos y enrejados lo desanimaron un poco, pero él era un hombre habilidoso, por lo que pronto encontró una escalinata de madera que conducía a las gradas en la circunferencia de la arena. Subió por ellas sintiéndose como un niño en la mañana de snoggletog.
Y no pudo creer lo que vieron sus ojos una vez que alcanzó la orilla.
–Es el verdadero tesoro –musitó para sí en lo que una risita escapó de sus labios.
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Las horas pasaron más rápido que un nightfury surcando el cielo a máxima velocidad; la compañía de Barbara resultó increíble para Astrid justo como se lo había asegurado Lydia. La vikinga nómada había estado en muchas islas y visitado tribus por todo el archipiélago barbárico. Había luchado contra berserkers, bebido con uisithug, navegado con grims, alcanzado las tierras natales continentales y las costas ámbar, y su viaje la había llevado hasta el norte a las más islas remotas, convirtiéndose en su nuevo objetivo la chilblain y las tierras heladas del norte.
Barbara estaba llena de historias asombrosas que relatar, desde meterse en problemas con unos malhumorados morderus, pelear mano a mano contra piratas y engañar uno que otro bashem en alguna apuesta de taberna. Ante los ojos de Astrid, la joven viajera era asombrosa, valiente y aguerrida… alguien quien siempre se imaginó ser.
Pero a diferencia de ella, Astrid cargaba un peso muy grande sobre sus hombros que era la ruina de su familia. La precaria situación en que su encontraba su clan no le dejaba muchas opciones para aventurarse, a diferencia de su primo Ansred que tuvo mayor libertad de buscar la gloria en alta mar.
Y hablando de su descarriado primo, Barbara efectivamente tenía varias historias sobre él también:
–… y cuando volteó al otro lado, tratando de fingir indiferencia –dijo Barbara con una gran sonrisa y las mejillas sonrosadas por todo hidromiel que había bebido –, ahí estaba Ansred bebiéndose hasta el fondo la barrica favorita del líder histeric. Por los dioses, pude sentir como mi corazón se detuvo…
Soltó una carcajada mientras golpeaba con su puño la superficie de la mesa; el sacudir de la superficie levantó a Fearless, el gato tuerto de Barbara, de su profundo sueño. El animal le dirigió una mirada de pocos amigos con su único ojo amarillo a su dueña, antes de regresar a dormir.
–¿Y el líder histeric? –preguntó Astrid fascinada, compartiendo la alegría del momento.
–Rojo como nightmare y parecía que uno de sus ojos se iba salir de sus orbitas– soltó la joven morena haciendo morisquetas con su rostro –. Y Ansred seguía bebiendo como si no hubiera mañana.
–¿Qué sucedido después?
–¿Qué más? Lo sujeté del gaznate y salimos corriendo ahí como si no hubiera un mañana.
Ambas mujeres rieron sin parar. Sus risas retumbaron en el gran salón a pesar de que el resto de los refugiados había tomado una actitud más calmada y amena.
–Ese sin duda es Ansred –dijo Astrid apartándose una lagrima de felicidad de las pestañas.
Le resultó curiosa, hacía buen tiempo que Astrid no recordaba a su primo como era debido, dioses, incluso con el recuerdo constante de la muerte del padre de éste a garras de flightmare, no habían logrado traer consigo ni una vez a su mente el rostro de Ansred.
Era curioso, de pequeños pasaban todo el tiempo juntos. Ante la muerte de su padre, ambos se volvieron más cercanos aún, como verdaderos hermanos. Pero al morir su tío Finn, eso llevó a Ansred de emprender su viaje de madures tan pronto pudo y lanzarse al mar a la aventura, dejándola atrás y a su familia llena de desgracia.
En cierta forma, la rubia le guardaba cierta envidia y algo de reproche.
–¿Por qué no vino contigo? – le preguntó Astrid a Barbara al encontrar finalmente el momento para hacerlo. Era una duda existencial que la carcomía por dentro. ¿Acaso Ansred estaba avergonzado de ellos para regresar?
–Nos separamos ya hace semanas antes de que tomara el barco a chilblain –explicó Barbara dándole otro trago a su tarro –, el parece preferir alejarse del norte, pero yo no quería perderme para nada de ver el mar tan congelado que puedes caminar sobre él.
La mujer tomó otro trago mucho más largo ante el silencio de Astrid.
–Lástima que no pudimos llegar –agregó la viajera –. Se dice que sus carreras de trineos son demenciales.
–Me habría encantado verlo de nuevo –dijo la rubia sin poder evitar el tono desanimado en su voz –. Me refiero a Ansred –aclaró –. Nos hace tanta falta… me hace tanta falta.
Barbara le lanzó una mirada inquisitiva sobre su tarro, antes de agregar:
–Y estoy segura que él se siente igual, por como habla de importante que es dejar una huella para él, una marca de los Hofferson en el archipiélago, alzar su nombre. Es de lo que siempre habla.
Astrid se sorprendió mucho ante las palabras de Barbara, como una predicción de lo que ocurría en su cabeza. Sin duda Ansred le tenía mucha confianza para haberle comentado de su situación familiar; confirmado así más las sospechas que tuvo Astrid desde el principio de la conversación sobre la viajera y su primo. Sin duda, Barbara y Ansred eran o habían sido más que amigos.
–Los hombres suelen ser así –continuó la viajera –: necios en buscar con desesperación su marca de madures.
–Todos podemos tener nuestros motivos para querer obtenerla –espetó Astrid con altanería. Para ella, no era algo exclusivo de hombres.
–Pero una guerrera astuta sabe que esta llega sola por su cuenta –comentó Barbara de nuevo sorprendiendo a la joven escudera.
–¿Así fue para ti?
–Claro que sí –respondió ésta con una sonrisa –. Solo requerí salir a la aventura y ésta me indicó mi camino –agregó indicado la lejanía –. A veces cuando estas muy aferrado a tratar de obtener algo con tanta desesperación no te das cuenta, que la respuesta ha estado justo delante de ti todo el tiempo.
–Lo haces que suene tan sencillo.
–Por qué lo es. Astrid, no necesitas devanarte los sesos pensando en cómo solucionar todos los problemas de tu familiar; debes continuar adelante con la cabeza en alto, disfrutando de la vida y sola, la oportunidad que tanto has anhelado aparecerá delante de ti.
Astrid la miró con sorpresa, sintiéndose como si su alma quedara desnuda ante los ojos de Barbara. Pero la mujer morena no era una especie de adivina que hubiera tenido una visión de su futuro o leído las runas como Honey. La mujer hablaba por la experiencia... una similar a la de sufría Astrid.
–Un día simplemente llegara el momento que has anhelado y todo ajustara delante de ti –continuó Barbara con calma –. Cuando ese momento suceda, te darás cuenta que no es tan especial, por que sin duda ya habrás pasado por cosas maravillosas y más sorprendentes en el camino.
La rubia estaba sin palabras, sus ojos azules temblaron con la posibilidad de llenarse de lágrimas.
–Se lo que sucedió con el padre de Ansred y el tuyo –dijo Barbara –. Y lo lamento mucho, pero tu familia saldrá adelante ya que la oportunidad te llegue por sí sola –y con esas últimas palabras, Barbara se levantó de su asiento y le dio una palmadita en el hombro antes de marcharse con su gato negro en brazos, sin saber lo revuelto que había dejado la mente de la chica.
Barbara le aconsejaba paciencia… paciencia de esperar ese momento en que pudiera actuar. Pero Astrid ya había tenido paciencia toda su vida y nada de lo que había logrado hasta ese momento le había parecido suficiente.
Era la mejor guerrera de su generación y una de las mejores jinetes de dragones, se enfrentó a Alvin dos veces y vivió para contarlo. Que más se necesitaba para que reconocieran al clan Hofferson con la grandeza que merece.
Tal vez sí, Barbara tuviera razón y necesitaba esperar hasta llegar al final de ese camino para ver hacia atrás y sentir todos sus logros, pero ese momento parecía tan distante para ella que se sentía asfixiada por la forma en que vivía su familia, de cómo era la burla de otros.
No ayudó mucho en que ese momento, que, en la mesa continua, comenzaran a relatar en son de burla la desgracia de Finn "fearless" Hofferson.
Chapter 127: El gélido calvario de una doncella irascible Pt 6
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt 6
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–Déjenme entrar –gruñó Snotlout.
–No –repitieron al unísono los gemelos Thorston en lo que negaron con sus cabezas efusivamente.
–Déjenme entrar –insistió Snotlout rechinando los dientes.
–No –insistieron los Thorston con una sonrisita en sus labios.
–¡Déjenme entrar! –gritó Snotlout.
–Noooooo.
–¡DÉ. JEN. MEN. ENTRAR!
–Eh…Sí –soltó Ruffnut.
–¿En serio?
–No –respondió Tuffnut.
–¡DÉJENME ENTRAR! –bramó Snotlout completamente histérico.
–Tuff, Ruff, por favor –les suplicó Hiiccup interponiéndose entre su primo y los gemelos rubios –. Paren de torturarlo –agregó dirigiéndose a sus amigos y luego volviéndose al moreno agregó –: Y Snotlout, no puedes obligarlos…
–Con golpes tal vez si pueda –comentó éste tronando sus nudillos.
–¡Snotlout! –gritó a su vez Hiccup perdiendo completamente la paciencia.
Aquella ridícula discusión se había prologando demasiado para su salud mental. Estaba claro para Hiccup que la única razón por la que los gemelos Thorston insistían en dejar fuera a Snotlout era para sacarlo de quicio como con cualquiera de sus bromas pesadas, pero su primo era tan tonto y temperamental como para darse cuenta.
Por suerte, Hiccup no tuvo que pasar aquel sufrimiento el solo por mucho tiempo, ya que pronto Fishlegs y Honey se unieron al grupo de jinetes en la academia, seguidos de cerca por Meatloug, quien no perdió un instante en correr a la bola de cuerpos escamosos en la que se habían convertido los dragones en un intento de guardar algo de calor en aquella fría tarde.
–¿Qué está pasando aquí? –preguntó pronto Honey al contemplar la conmoción.
–¿Snotlout se ve más desquiciado de lo normal? –preguntó Fishlegs con legitima seriedad, pero pronto recibió un sopetón en la nuca por parte Jorgenson.
–Los gemelos tienen una fiesta a la que Snotlout no se encuentra invitado –explicó Hiccup tratando de mantener la calma.
–No es cualquier fiesta, nuestro buen Hiccup –explicó Tuffnut emocionado –. Es el mayor evento del siglo antes de que acabe el mundo –sacudió sus brazos acompañando sus palabras en son de imitar una explosión masiva.
–¡No se va acabar el mundo! –bramó Hiccup de nuevo irritado.
–¿Una fiesta? –dijo Fishlegs ignorando el comentario de su amigo –. ¿Y por qué no lo invitaron?
–Solo las personas más geniales pueden pasar –explicó Ruffnut con malicia en su voz.
–Yo soy alguien genial –aseguró Snotlout con vehemencia.
–Todos los presentes piensan lo contrario –soltó Honey ácidamente.
–Concordamos –apoyaron los Thorston.
–¡Me tienen hasta la…! –explotó finalmente Snotlout lanzando puñetazos al aire a diestra y siniestra –. ¡Me importa un bledo quien va a ir a su fiesta o no! –tiró de sus cabellos hasta arrancarse mechones –. ¡De toda manera debe de ser un asco!
El joven moreno continuó con su berrinche digno de un niño berserker de cinco años, pataleando por el suelo, gimiendo como animal y tirando o destruyendo todo a su paso. Nadie intervino o interpuso en su camino, solo contemplaron anonadados el comportamiento ridículo de su colega jinete.
Hasta los dragones que habían estado descansando apaciblemente del otro lado de la academia, levantaron sus cabezas para contemplar el escandalo que realizaba el joven Jorgenson.
El comportamiento humano era a veces un misterio para ellos.
Finalmente, a como sus energías se agotaron, Snotlout dejo su rabieta y calló de rodillas agotado y respirando agitadamente.
Contra toda lógica de supervivencia, Fishlegs tuvo el valor o la estupidez suficiente, para acercarse al moreno abatido y plantar su mano sobre su hombro.
–No te sientas mal Snotlout –le dijo con simpatía –, yo también no fui invitado.
Antes de que cualquiera de los presentes de se lo advirtiera, Snotlout soltó un codazo hacía atrás, dejando sin aire al pobre chico regordete.
–Es que eres un perdedor –les respondió éste casi escupiéndole en el rostro.
–Snotlout basta –le ordenó Hiccup endureciendo su tono lo más posible –. Yo tampoco fui invitado.
–Mantengo lo dicho –insistió Snotlout sin impresionarse.
–Yo sí estoy invitada –terció Honey con calma atrayendo todas las miradas a ella.
–¡¿Qué?!
Pero sin decir más, Honey siguió a los gemelos Thorston que abrieron la puerta para ella de la jaula que servía de salón de fiesta. Por breves segundos que estuvo abierta, la música y los gritos de diversión retumbaron por toda la academia.
Los tres chicos que quedaron afuera permanecieron atónitos por unos segundos, hasta que finalmente la puerta cerró de nuevo, dejándolos desconectados de la diversión.
–¡¿Qué bodrio?! –soltó Snotlout a todo pulmón antes de abalanzarse contra la puerta y golpearla frenéticamente con los puños.
Hiccup y Fishlegs contemplaron como el joven moreno machacaba sus puños contra la puerta de acero, sin poder creer lo que acababa de suceder. Y permanecieron atónitos, hasta que una voz detrás de ellos se pronunció:
–¿Qué mierda hicieron ahora lo gemelos para enloquecer a Snotlout?
Ambos chicos se volvieron para toparse nada menos que con Astrid. La chica llevaba en su semblante una mirada de indiferencia ante el sufrimiento de Snotlout y sobre su hombro un saco lleno de artilugios que la obligaban a arquear un poco la espalda.
–Al parecer la mejor fiesta del fin del mundo, a la que no estamos invitados –comentó Fishlegs claramente ignorando la carga que llevaba la chica sobre su espalda.
–Escuché de ella –dijo ella soltando su morral. Un fuerte “clank” se escuchó cuando esta tocó el suelo –, creo que hasta Gustav está invitado.
A pesar de no haber alzado mucho su voz, las palabras de la joven rubia alcanzaron al chico Jorgenson que maldijo de nuevo entre gritos.
–Astrid –finalmente la curiosidad obligó a Hiccup a preguntar –: ¿Qué llevas ahí?
–Trampas… que más.
Y sin dar mayor explicación, Astrid se volvió sobre sí misma y marchó directo hasta el grupo de dragones al final de la academia. Al verla acercarse, Stormfly se desperezó rápido para saludar a su jinete efusivamente.
Pero la rubia tenia otras intenciones, evitó las caricias de su dragona y se enfocó principalmente en la silla de montura en su espalda.
–Astrid ¿Qué haces? –insistió Hiccup incrédulo –. Recuerda que no podemos salir a explorar mientras estén lo mercantes en Berk.
–Así es, es por eso que no voy de exploración.
–¡Oh! Menos mal.
–Voy a ir a cazar el flightmare.
–¡¿Qué?! –soltaron al mismo tiempo Hiccup y Fishlegs. Pero a pesar de su abrupta reacción, la rubia continuó con su labor como si fuera rutinario.
–Astrid creo que te escuche mal –soltó Hiccup entre risitas y algo nervioso –, pero me pareció que dijiste que irías a matar al fligtmare.
–Técnicamente dijo que le daría caza –pero fue Fishlegs quien respondió –, pero creo que eso implica…
–Eso se entiende, Fishlegs –dijo el gemelo pecoso.
–Escucharon bien –sentenció Astrid postrándose ante los dos chicos con su filosa hacha en sus manos –. Voy a encontrar, perseguir y acabar con ese flightmare.
La postura, la decisión en su rostro y su voz lo hacía definitivo. Las palabras dejaron impactados no solo a Hiccup y Fishlegs, sino a todos los dragones en la arena. ¿Qué significaba esto? ¿Por qué Astrid quería matar un dragón? ¿No se suponía que ya habían superado esa etapa en sus vidas?
La consternación fue tal, que Stormfly sacudió su cabeza efusivamente en desconcierto. Todo lo que Astrid pasó en alto, en su mente solo figuraba una cosa: venganza.
–¡Astrid! ¿Qué-e? ¿Eh? –balbuceó Hiccup sin poder creer lo que escuchaba –. ¿De que estas hablando? ¿Cómo que vas a cazar a un dragón?
–Nosotros ya no hacemos eso –lo apoyó Fishlegs.
–Sin mencionar que estamos hablando el flightmare –agregó el gemelo pecoso.
–¿Qué quieres decir con es? –le preguntó Astrid con reproche.
En los últimos días, Astrid había sentido un paso atrás en su relación con Hiccup, así había sido desde que volvieron de la isla de los Outcast. Pero justamente era ese momento en que ella requería más de su apoyo, no que la juzgara como todos los demás lo habían hecho los ultimo días, recordándole la tragedia que arruinó a su familia.
Pero antes de que Hiccup contestara, Snotlout se unió al grupo para soltar:
–Que ese dragón y tiene en su lista el nombre Hofferson.
En cuestión de segundos, el joven Jorgenson cayó al suelo inconsciente al recibir un culetazo del hacha en el rostro por parte de Astrid.
–Astrid – llamó de nuevo Hiccup –, nunca creí que estaría a favor de lo que diga Snotlout, pero tiene razón –pero tan ponto dijo eso, levantó las manos en manera defensiva –. Pero antes de que golpees escúchame. Ese dragón es peligroso, inclusive... mató a tu tío.
Eso era en sí la cuestión, ese dragón había matado a su tío, el segundo padre en su vida ante la desaparición del verdadero. Y con ello su familia, clan y nombre cayó al lodo. Todo mundo lo recuerda solamente por la manera en que murió y ella estaba cansada de cargar ese lastre.
Pero también entendía de donde venían las palabras de Hiccup, solo con ver sus enormes ojos verdes preocupados lo comprendía. Los días en que las muertes de dragones por hooligans habían terminado hacia ya tiempo atrás.
Pero antes de que le contestara a Hiccup, Snotlout se levantó del suelo para agregar:
–Así es, los Hofferson son pacotillas frente al flightmare.
El hacha de Astrid salió volando en cuestión de segundos y noqueó a joven moreno con su duro mango de madera.
Astrid lo había decidido.
Había llegado el momento de ganarse su nombre como le había dicho Barbara, y lo haría con sangre de Fligthmare.
–Es precisamente por lo que lo hago –dijo ella –. Ese maldito dragón no solos acabó con la vida de tío, mi segundo padre, también arrastró a mi familia a la humillación. Es el momento de emparejar el marcador.
Su tono de voz llenó de rencor provocó que Stormfly soltar aun gemido lastimero. Pero todos sintieron por igual aquel dolor.
Finalmente, Hiccup le contestó:
–Astrid, no eres la única que ha perdido a un familiar en manos de un dragón…
La rubia lo sintió como un golpe bajo. Sabía a lo perfección a lo que se refería, pero no era la misma situación.
–Pero con ello tu nombre no quedo por los suelos –respondió ella.
–No, eso lo hizo –dijo Hiccup con sequedad –. Lo hizo que fuera un hiccup.
¿Por qué tenía que hacerle eso a ella? ¿Por qué no simplemente la apoyaba? ¿Por qué trataba de salvarla de algo que deseaba hacer con ahincó?
–Tengo que hacer esto Hiccup…
–Y qué piensas hacer, acorralarlo con Stormfly y terminar muertas antes de que arrojen la primera púa.
¿Por qué tenía que decir la verdad?
–Hiccup tiene razón –comentó entonces Fishlegs interrumpiendo el dialogo en un intento fútil de ayudar –, el elemento sorpresa sería fundamental.
–Fishlegs –lo llamó Hiccup en advertencia.
–Se requeriría de un dragón con habilidades de ocultamiento para esta tarea –continuó el chico regordete.
–¡Fishlegs! –gritó Hiccup pero ya era tarde, Astrid se volvió hacia Hiccup con una sonrisa maliciosa.
–Es por eso que Hiccup y Toothless tienen que acompañarme –dijo la chica posando sus manos en su cintura.
Fishlegs solo pudo soltar una risita nerviosa, en lo que Hiccup lo fulminaba con la mirada.
Chapter 128: El gélido calvario de una doncella irascible Pt 7
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt 7
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La noche pronto cayó sobre la arena de entrenamiento de la academia de dragones. La mayoría de las bestias escupe fuego estaban listas para regresar a sus poteros después de tomar un último bocadillo antes de dormir.
Debido a que Hiccup y Astrid habían marchado para encontrar al flightmare y el resto de los jinetes estaban ocupados con la fiesta Thorston del fin del mundo, quedo a responsabilidad de Fishlegs atender a los dragones.
Era mucho trabajo para él solo, pero no tenía el valor para pedirle algo de ayuda a Snotlout, quien tenía sus propias complicaciones para entrar a la fiesta. Los gemelos rubios le habían mandado a obtener una insólita cantidad de objetos variados y sin sentido, que lo tuvieron corriendo de un lado a otro toda la tarde y noche.
Fishlegs contempló en silencio como Snotlout corría de nuevo a las puertas de la academia en lo que maldecía su suerte de tener que obtener un gallo que cantara a la luna. Sin interponerse en su camino o decir algo, el regordete rubio lo vio marcharse en lo que llevaba una cubeta de pollos crudos a la deadly nadder azul de Astrid.
Pero la dragona no se percató en su presencia o del alimento que le ofrecía, su vista estaba clavada en el cielo nocturno sobre sus cabezas.
–Oh Stormfly –le dijo dulcemente Fishlegs al comprender que le sucedía –. No estes triste. No es como si Astrid prefiriera a otro dragón sobre ti –frotó suavemente sus largas patas animándola a tomar un pollo.
Sin mucho entusiasmo la dragona aceptó el alimento.
–Bueno, sí se fue en Toothless… –agregó Fishlegs torpemente –. Y está obsesionada últimamente con el Flightmare. Pero eso no significa que ya no te quiere –trató de arreglar su comentario –. Ella solo está buscando la manera de… matar uno de los tuyos.
Meatlug que estaba detrás de él, soltó un resoplido desaprobatorio al percatarse de las palabras de su jinete.
–De acuerdo, nada de eso suena bien –continuó él rascándose la nuca –. ¿Tal vez Hiccup tiene razón y habló demasiado? ¿Qué dices nena? –agrego volviéndose hacia su gronckle.
La dragona resopló de nuevo en forma afirmativa.
–Gracias, nena –dijo Fishlegs derrotado –. Siempre puedo contar contigo.
Otro gemido por parte de Stormfly distrajo a Fishlegs.
–No te preocupes Stormfly –dijo él dejándole al alcance la cubeta con pollo –, estoy seguro que Astrid entrará en razón y regresará antes de lo que te imaginas. Come, eso me ayuda con la tristeza.
Stormfly no rezongó más y comenzó a comer con más solvencia, algo que animó al joven regordete a continuar con sus deberes de preparar los potreros.
–Solo que ella está pasando por muchas cosas últimamente... –agregó algo distraído dando la espalda a la dragona, en lo que barría la paja en el suelo – creo que todos en realidad.
Lo decía pensado en cierto gemelo pecoso, que últimamente se había aislado un poco del grupo de jinetes. Tal vez, lo que todo necesitaban era algo de espacio.
–Solo necesita darse cuenta que la venganza no es lo que realmente necesita para encontrar las respuestas –continuó el joven rubio extendiendo la mano para que Meatlug le alcanzara una pala –Wow eso sonó muy profundo, Meatlug –soltó con una sonrisita.
Fishlegs comenzó a tantear sus bolsillos sin éxito.
–Por los truenos de Thor, porque no se tiene un cuaderno cuando se necesita –agregó él frustrado –. Tengo una idea –soltó de repente volviéndose hacia donde había dejado a la dragona azul –, con un poco de tinta, una púa de nader podría servir de lápiz…
Pero ésta ya no se encontraba ahí. Solo, había quedado su cubeta sin alimento abandonada.
–¿Stormfly? ¿Stormfly? –la buscó Fishlegs con la mirada, pero no había rastro de ella. Se volvió hacía Meatlug –. ¿A dónde ha ido?
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Cada fibra de su cuerpo gritaba en desesperación, pero era incapaz de moverse el más mínimo centímetro. Astrid gritaba por sus adentros en lo que su cuerpo continuaba inmóvil, pero sus ojos podían contemplar sus alrededores con terrorífica claridad. Estaba a la merced del flightmare.
¿Cómo había terminado en ese predicamento? Justamente ella y Hiccup habían dado con el dragón en cuestión, y aunque era plan del muchacho solo vigilarlo, la joven escudera tenía otros planes. Así que, en la primera oportunidad, desmontó al nightfury y enfrentó heroicamente cara a cara al dragón que había matado a su tío.
Un acto muy valiente, pero estúpido. Algo que justamente había prometido a Hiccup no hacer apenas unos segundos antes.
Talvez se lo merecía… o se lo había buscado. Pero definitivamente no se lo esperaba. En los escasos segundos de parálisis que se sintieron eternos para Astrid, no pudo evitar pensar en su tío ¿Él había experimentado lo mismos? ¿Ese terror en la incapacidad de movimiento? ¿Es acaso… por eso no pudo defenderse?
Pero esas preguntas quedaron monetariamente solo en su cabeza, ya que pronto la voz de Hiccup llamó su atención. Un destello de luz en su periferia, y un disparo de plasma, alejo al flightmare de ella.
–¡Astrid! ¡Astrid! –la llamó Hiccup una y otra vez. Pudo sentir sus manos posándose en sus hombros y arrastrándola consigo –. ¡Vámonos de aquí! ¡No hay nada que ver!
Las piernas de la chica se tambalearon débilmente, pero poco a poco la rubia logró seguir el ritmo de gemelo pecoso. Todos los sonidos le parecían provenir de la profundidad de una cueva y su vista se volvió borrosa, para cuando pudo captar de nuevo un poco mejor sus alrededores, la chica rubia descubrió que había sido puesta en resguardo detrás de unas rocas en la orilla del bosque.
–Estamos a salvo –masculló Hiccup agotado a su lado. Toothless se encontraba de otro, protegiéndola de todo peligro –. ¡Por lo calzoncillos de Thor! ¡¿Qué rayos estabas pensando?! –le espetó el gemelo pecoso fuera de sí al sentirse fuera de peligro.
–Hi-hiccup –logró balbucear ella, al recuperar un poco el control de sus labios y brazos.
–¡¿Lanzarte de esa manera contra el flightmare?! –continuó el gemelo sacudiendo los brazos –. ¡Pudo haberte matado!
–Hiccup…
–Y justamente hiciste lo que prometiste no hacer.
–Hiccup.
–¡¿Qué?!
–Cierra… la boca, por… el amor a Freya –masculló Astrid con furia logrando mantenerse de pie por sus propios medios.
La rubia tuvo que darse la vuelta para no contemplar la mezcla de decepción y enojo que reflejo el rostro de Hiccup. Lo que siguió unos segundos de incomodo silencio entre ambos, lo cual era algo tan anormal entre ellos, incluso se sintieron como dos extraños detrás de aquella roca.
Hiccup no dijo nada en un principio, pero Astrid podía sentir como su mirada estaba clavada en ella, mientras hacía lo posible de mover su cuerpo paralizado.
–Por Odín, Astrid… –espetó el chico – estás congelada –agregó con sorpresa –. Debe de ser la característica del disparo del Flightmare.
–No me digas, genio.
–¿Entiendes esto, Astrid? –dijo él –. ¡Esto quiere decir que tu tío no quedo paralizado del miedo! ¡Sino por el aliento congelador de flightmare!
–Había… llegado a la misma… conclusión por mi cuenta.
–Pero eso significa que hemos estado equivocados todo este tiempo –a pesar de todo, Hiccup se expresó alegre y esperanzado –, ya no hay razón para que quieras matar al dragón.
–Aún voy hacerlo Hiccup –contestó Astrid volviéndose para mirarlo sobre su hombro.
Sus palabras tuvieron el efecto inmediato. El semblante del muchacho cambió totalmente en lo que su dragón soltó un resoplido desaprobatorio.
–¿Qué? ¿Eh? ¿Porqué? Astrid no entiendo –masculló él casi tartamudeando.
Pero la respuesta no llegó de inmediato. El rugido del flightmare los distrajo de su discusión.
Los tres escondidos detrás de la roca pudieron contemplar como el dragón brillante se alimentaba cómodamente de las algas brillantes del rio que comunicaba al mar.
–Esas algas luminosas… parece alimentarse de ellas –dijo Hiccup recibiendo la confirmación en un gruñido de Toothless –. Ahora todo queda claro; es su alimento. Por ello viene a Berk con las luces nocturnas, lo hace siguiendo las algas –agregó animado volviéndose hacia la chica –. Es esto a lo que me refiero Astrid. El flightmare no es diferente a los otros dragones, solo no comprendíamos porque lo hacía.
–Eso no cambia nada Hiccup –soltó ella en gruñido frustrado.
–¿Por qué? –preguntó el gemelo indignado –. ¿Por qué aún quiere eliminar al flightmare? ¿Por venganza?
–Justicia.
–¿Justicia? ¿De qué es culpable el flightmare? ¿De seguir la ruta migratoria de su alimento?
–¡Por culpa de ese dragón se arruinó mi familia! –bramó la rubia señalando a la bestia del otro lado de la roca. Fue una suerte que la bestia no la hubiera escuchado.
La chica clavó su mirada en los ojos verdes de Hiccup que le respondía con una firmeza y tristeza que la desesperaban. ¿Por qué luchaba contra ella en esto? ¿Por qué no simplemente la apoyaba?
Toothless soltó un gruñido en preocupación. Nunca lo había visto discutir de esa manera.
–Astrid, el dragón no es culpable de lo que le pasó a tu familia –respondió finalmente Hiccup con una firmeza que desarmó a la rubia –. Incluso que matara a tu tío.
–¿Qué?
–Él solo se defendió como sabe hacerlo.
–¿Cómo puedes decir tan fácilmente…? –soltó Astrid indignada.
–Porque ya lo vivimos –la interrumpió el pecoso plantándose frente a ella –. Los dragones nos lastimaron y nosotros a ellos. Pero cambiamos eso y me sorprende que actúes como si no hubiera pasado. Porque si bien recuerdo, tú estabas ahí preguntándome porque no maté un dragón en primer lugar.
–Esto es diferente…
–¿Por qué?
–¡Por qué soy yo! –bramó Astrid casi desgarrándose la garganta –¡Mi familia! ¡Mi vida!
Las lagrimas se acumularon en sus ojos, pero la rubia se negó a dejarlas salir. Quería mantenerse fuerte, pero le resultaba difícil con Hiccup delante de ella con una expresión melancólica en su rostro.
–No has pasado nada que no comprenda Astrid –le respondió él con calma –. También perdí a mi madre como tu perdiste a tu padre y a tu tío. Perdí mi nombre ante mi tribu y tuve que recuperarlo con mi propio esfuerzo. ¿Cómo no puedes verlo, cuando yo sí lo hago?
–¿Cómo lo podrías ver… si ya nunca estas? –espetó ella con indiferencia.
–¿De qué hablas?
–Qué desde hace meses te has ido alejado de mí.
–No es cierto.
–Sí, todo ha cambiado desde lo que pasó en la isla outcast.
Hiccup no contestó de inmediato, pero su rostro siempre fue muy expresivo por lo que no pudo ocultarle a la chica lo que pasaba en su mente. Un libro escrito por otro vikingo, con el que compartía nombre, apareció en sus recuerdos y la marca negra grabada en su espalda; algo de lo que no había hablado con nadie, con excepción de su hermana.
–Astrid te conté que sucedió ahí –mintió Hiccup descaradamente –. Estar cerca de Alvin te cambia.
–Ahora tú eres el que olvida que yo también estuve cerca de él –le espetó la rubio señalándose a sí misma –. ¿Tal vez también cambie?
El dragón de ébano volvía su cabeza de un lado a otro a como los dos humanos hablaban, pero sus gemidos de preocupación eran ignorados maratónicamente por ambos.
–De acuerdo Astrid, no quería decirlo, pero tal vez necesitas escucharlo –soltó Hiccup finalmente endureciendo su voz –. El flightmare mató a tú tío, pero obviamente lo hizo en defensa propia y nada de eso tuvo que ver con el fracaso de tu familia.
–¿Qué?
–Tú tío era pésimo líder de su clan –continuó el gemelo –, era por eso que tu padre, quien era su hermano menor, dirigiera originalmente a los Hofferson. Mucho antes de que tío muriera, ya tu familia estaba en picada por su mala organización.
–¿Cómo te atreves…?
–Lo digo porque todos lo saben, pero nadie lo dice.
–¿Las burlas es no decir nada? –masculló la rubia furiosa. Hiccup temió que en cualquier momento le lanzara un puñetazo.
–Las burlas vienen de idiotas como Snotlout que necesita sentirse validado humillando a alguien en una precaria situación –respondió él –. Sus palabras no deberían importante tanto.
–No son solo sus palabras, todos hablan de mi familia en desgracia.
–Por que tu familia está en desgracia. Perdió a dos lideres en poco tiempo, fuerte y valientes guerreros dejando el trabajo de levantar a la familia a las mujeres.
–¿Estás diciendo…?
–No es que no sean capaces, pero tu madre y tías nunca tuvieron que prepararse para tal escenario, por lo que tienen una difícil labor en una situación que ya había sido complicada por la inexperiencia de tú tío. Así que en lugar de estar preguntándote que piensan los demás de ti, deberías estar pensando cómo ayudar a tu familia.
–Lo hago haciéndome de un renombre al matar al flightmare.
–Un nombre no va a levantar a tu familia; su aserradero seguirá descenso y los problemas continuaran. Solo será una renombrada en desgracia.
Astrid estaba colorada de rabia, sus brazos y piernas no solo le temblaban por los efectos de la parálisis, sino también por la furia que sentía en ese momento. Solo un sentimiento puro dentro ella, era lo único que le impedía soltarle un golpe contra el chico que tenía por delante.
Hiccup no fue ignorante de ello, pronto y por la reacción de la chica, se percató que había ido muy lejos con sus palabras.
–Astrid… yo… –balbuceó él alzando las manos – yo no quería…
Pero antes de que cualquiera cosa sucediera entre ello, fuera entendimiento o violencia, una cuarta persona se unió al grupo de sorpresa.
–¡Hiccup! –los llamó Fishlegs acercándose volando sobre el lomo de Meathlog – ¡Astrid! Qué bueno que los encuentro… algo paso…
Pero tan pronto aterrizó, el rostro del joven rubio se distorsionó en horror, en lo que sus ojos enfocaban algo sobre las cabezas de los presentes. Astrid, Hiccup y Toothless se volvieron para contemplar al dragón luminoso alzado sobre la roca de su escondite.
Al parecer su discusión llamó su atención después de todo.
–¡El flightmare!
Chapter 129: El gélido calvario de una doncella irascible Pt 8
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 9
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Los Flightmare eran criaturas verdaderamente viciosas y tenaces; decididas una vez que se enfocaban en un solo objetivo. Era una característica necesaria para poder seguir la migración de su alimento por tan largas distancias, y la razón principal por la que el dragón ignoró por completo a Meatloug y Fishlegs, una vez que cargó contra de Toothless, Hiccup y Astrid.
El flightmare resultó ser lo bastante rápido para seguirle en vuelo al nightfury sin dificultad y con su cuerpo resplandeciente, pudo segarlos en cualquier intento de ataque. Al final solo pudieron huir él sin mucho éxito, así fuera en el bosque, las nubes de tormenta o las montañas callosas.
Solamente consiguieron eludirlo, ocultándose en una cueva en la base de uno de los riscos del pico de Thor. El dragón luminoso pasó volando a lo lejos buscándolos desesperadamente, solo su intenso brillo revelaba su exacta ubicación; permitiéndole a Fishlegs reunirse con ellos.
–¡Esta furioso! –soltó Hiccup una vez que no había más peligro inmediato.
–Tenemos que alejarlo de Berk –dijo Astrid tajantemente –, de una vez por todas.
El tono de Astrid seguía siendo muy fatalista, pero por desgracias, ella estaba completamente en la razón. La migración del flightmare con las luces nocturnas habían sido siempre peligrosas para Berk, ya que lo más importante para el dragón era su fuente de alimento y estaba dispuesto a defenderlo con fiereza.
Lo mejor para todos sería era alejar la fuente de alimento y con ello al dragón.
–Tengo una idea.
Hay que tener en cuenta, que los flightmare obtenían su luminosidad gracias a las algas de las que se alimentaban, lo que les daba no solo un aspecto fantasmagórico, sino también un brillo capaz de segar. Curiosamente, su propia visión no estaba preparada para recibir un resplandor similar al suyo.
Por lo que el plan de Hiccup consistió en usar la fuerza del dragón en su contra. Con un poco de consumo de las mismas algas por parte Toothless y Meatloug, para que obtuvieron la misma habilidad para brillar. Fue sencillo para Hiccup y Astrid distraer al dragón mientras Fishlegs desviaba el camino de las alagas con ayuda de las bolas de fuego de Meatloug.
En cuestión de minutos, el chico regordete y su dragona debían crear un camino para la corriente de las algas, que luego podrían ser fácilmente bloqueado y así alejar para siempre esa fuente de alimento de Berk. Por suerte para él, Hiccup y Toothless formaron un excelente equipo para mantener distraído al dragón en lo que realizaba tal tarea; además de que los flightmare, a pesar de contar con su disparo de congelación y su brillo enceguecedor, no contaba con más defensas y no eran tan resistente a un enfrentamiento largo.
Cuando Fishlegs terminó su labor y estaba listo por cerrar el camino de la corriente para siempre, el flightmare finalmente cayó ante el cansancio y los ataques de Toothless.
–¡Lo hemos logrado! –gritó Hiccup victorioso sin darse cuenta que la chica que montaba junto a él, descendió de un brinco del dragón.
La rubia alcanzó en un par de zancadas a la bestia caída y no dudo en alzar su hacha sobre su cabeza.
–¡Astrid, no! –gritó Hiccup acompañado por un gemido de desesperación de Toothless.
A pesar de que escuchaba con claridad los gritos del joven pecoso, Astrid sentían como si estos vinieran de una gran lejanía y cada vez más despacio. Su respiración se agitó y su visión periférica quedo nublada. Lo único que la chica que podía distinguir con claridad era el dragón frente a ella, caído y derrotado, cuya luz apenas era perceptible y leves gruñidos escapaban de sus poderosas mandíbulas.
Allí yacía la terrible bestia que había arruinado su vida, su clan y arrebatada vida a su tío.
….
¿Pero porqué no podía bajar su hacha?
El cuerpo de Astrid quedo paralizado como si hubiera recibido de nuevo el disparo del dragón; pero lo que realmente la retenía eran sus pensamientos que atormentaban su mente. Las frases que iban acompañadas de una voz demasiado familiar para ella.
Podía escucharlos tan claro como cuando fueron pronunciados por primera vez:
“De acuerdo Astrid, no quería decirlo, pero tal vez necesitas escucharlo. El flightmare mató a tu tío, pero obviamente lo hizo en defensa propia y nada de eso tuvo que ver con el fracaso de tu familia.”
Las palabras de Hiccup retumbaron con fuerza en su mente, como si pudiera escuchar salir las palabras de sus labios en ese momento, en lugar de los gritos desesperados de que se detuviera.
“Tú tío era pésimo líder de su clan. Era por eso que tu padre, quien era su hermano menor, dirigiera originalmente a los Hofferson. Mucho antes de que tu tío muriera, ya tu familia estaba en picada por su mala organización.”
El recordar esa palabra le revolvieron las entrañas a la chica como un remolino en el mar, pero al mismo tiempo una semilla de la duda había quedado en su mente, que tomaba fuerza y crecía a como revivía las palabras de Hiccup.
Por muchos años Astrid se había convencido a sí misma que justo después de la muerte de su tío, la vida familiar y de clan se había ido hacía abajo…. Pero no era así… no lo recordaba así.
Más bien, que, desde hacía mucho antes, ya había conflictos, disputas, problemas con los aserraderos, y su madre y tías discutían todo el tiempo sobre las decisiones de su tío Finn. Pero al final él era el líder de clan y sus decisiones eran la ley.
Los problemas realmente iniciaron con la muerte de su padre Arvid.
“Perdió a dos lideres en poco tiempo, fuerte y valientes guerreros dejando el trabajo de levantar a la familia a las mujeres.”
“No es que no sean capaces, pero tu madre y tías nunca tuvieron que prepararse para tal escenario, por lo que tienen una difícil labor en una situación que ya había sido complicada por la inexperiencia de tú tío”
Y era cierto también. Después de la muerte de su padre, los hermanos Hofferson decidieron que fuera Arvid el líder del clan, sobre Finn quien era el mayor. En cambio, Orna y Plegma se dedicaron a trabajar en aserradero y entrenarse como escudera, así como la madre de Astrid, Bertha. Fenrir se enfocó en construir barcos y Finn en navegarlos.
Todos contaban con que Arvid los cuidaría y guiaría siempre por el camino correcto.
Y no fue así.
Su clan cayó en una humillante desgracia, pero ellos siguieron adelante… como familia, como miembros activos de la tribu. Las tías de Astrid por mucho tiempo formaron parte de la guardia de Berk hasta que se retiraron, pero seguían siendo consideradas miembros de la misma. La lista de espera por un barco de su tío Fenrir era larga, por lo lento que tardaba terminar uno, pero todos esperaban pacientemente. Y Finn… siempre tendía un lugar especial en su corazón.
“Las burlas vienen de idiotas como Snotlout que necesita sentirse validado humillando a alguien en una precaria situación. Sus palabras no deberían importante tanto.”
Snoutlout era un cretino, y su padre también. Pero no eran los únicos que se burlaban de su condición. Estaba el señor Ragnar… quien fue abandonado por su mujer. Lars Thorston… quien reprobó el entrenamiento contra dragones tres veces. Y el grupo de “La cabra blanca” (bar local) quienes ahogan sus penas con hidromiel.
Sí, todos eran idiotas.
“No has pasado nada que no comprenda Astrid. También perdí a mi madre como tu perdiste a tu padre y a tu tío. Perdí mi nombre ante mi tribu y tuve que recuperarlo con mi propio esfuerzo. ¿Cómo no puedes verlo, cuando yo sí lo hago?”
Aquellas palabras le dolieron la primera vez, pero la segunda, eran como puñetazos directos al rostro. Pronto las lagrimas comenzaron a caer por las mejillas de la rubia.
Una vez más, tenía razón. Había perdido mucho con el tiempo: a su padre, a su tío, a su primo que se marchó, a la gloria de su clan. Pero no era la única, ni la ultima que había sufrido esas pérdidas. Había sido muy ciego de su parte no haberse percatado eso antes, y enfocar todo su odio a un solo ser.
Lo único que era culpable el fligthmare era de haber asesinado a mi tío –pensó ella aceptando la realidad. Todas sus desgracias fueron una cadena de actos que desgraciadamente se conjugaron para hacer su vida difícil.
No… una decidida. Esas perdidas la formaron y la volvieron lo que era. Una joven escudera, una jinete de dragón.
Pensó entonces en Stomfly, su amada dragona, que había sido capturada y torturada en la arena para el entrenamiento de nuevos asesinos, y aun así los perdonó, convirtiéndose en su mejor amiga.
“Los dragones nos lastimaron y nosotros a ellos. Pero cambiamos eso y me sorprende que actúes como si no hubiera pasado. Porque si bien recuerdo, tú estabas ahí preguntándome porque no maté un dragón en primer lugar”
La vista de la chica se nubló por las lágrimas en lo que se enfocó en el dragón bajo sus pies, cuyos ojos estaban abiertos y fijos en ella.
–Por qué cuando lo vi a los ojos, me vi a mí mismo –repitió Astrid recodando claramente esas palabras, así como Hiccup lo pronunció en aquel acantilado.
Creyó haber entendido su significado en aquel momento, en como Hiccup había visto el dolor y la debilidad de otro, en sí mismo. Pero ahí, Astrid finalmente pudo entender lo que realmente significaba. Lo que era tener a alguien derrotado, que solo quería seguir con su vida y las circunstancia los había llevaba a encontrarse y enfrentase.
El dolor tenía que acabar en un momento.
Astrid finalmente bajo su hacha y el fligthmare no desaprovechó ni un segundo para salir disparado a los cielos. Fue una señal para Fishlegs para terminar de bloquear el flujo de las algas y dirigirlas de nuevo al mar.
Como animal despavorido, el flightmare siguió el rastro luminoso alejándose finalmente de Berk.
Hiccup y Toothless lo contemplaron alejarse, antes de volverse en dirección de la rubia que continuaba en el mismo lugar, sumergida en las sombras de la noche.
–¿Astrid? –la llamó Hiccup al aterrizar junto a ella –. ¿Estas bien?
La rubia frotó su rostro con su brazo en lo que musitó:
–No. Pero lo estaré.
El muchacho sonrió de satisfacción, pero prefirió darle su espacio. Había sido algo muy duro para Astrid.
–No puedo creer que lo lográramos –comentó a su vez Fishlegs uniéndose al grupo –. Es probable que nunca volvamos a ver al fligtmare por aquí.
–No hubiéramos podido hacerlo sin tu ayuda y de Meatloug –dijo el gemelo pecoso, para darme más tiempo a Astrid para componerse.
–Es una suerte que… –comenzó a decir el joven regordete seguro de sí mismo, cuando su semblante de repente cambio y su rostro se llenó de pánico –. ¡Hiccup! ¡Astrid! ¡Ahora lo recuerdo! ¡Por qué vine aquí en primer lugar!
–¿Qué pasa, Fishlegs?
–Astrid –dijo el muchacho rubio trayendo la atención de la chica, quien no pudo evitar volverse a pesar de sus ojos llorosos –. Stormfly desapareció.
Chapter 130: El gélido calvario de una doncella irascible Pt 9
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 9
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Sus apresurados pasos resonaban por el suelo congelado de la desierta aldea vikinga; pero no importaban cuan rápido corrían o por donde se escabullían, ni un alma los vislumbraban en aquellas calles solitarias sumergidas en la noche helada.
Finalmente, los pasos de Hiccup, Astrid, Fishlegs, así como los de sus dragones, los llevaron a recontratarse de nuevo en el centro de la aldea, completamente solos y sin nadie a quien recurrir.
–¿Dónde rayos se encuentran todos? –vociferó Astrid frustrada lanzando un puño al aire.
Su pregunta no obtuvo respuesta de Fishlegs, quien solo se encogió de hombros; Hiccup en cambio, meditó su respuesta con una postura más solemne.
–No estoy seguro –comentó el gemelo pecoso, rascando su barbilla –, pero queda una posibilidad.
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Los gritos de celebración hacían retumbar las duras paredes de la antigua arena de la academia de dragones, y la tamborilera continua dejaba en claro donde se llevaba a cabo la verdadera diversión.
Hiccup y compañía se aproximaron a las grandes puertas de acero que antes contenían a los dragones en un triste cautiverio, para vislumbrar en las sombras de la noche un cuerpo que yacía junto a éstas, casi inmóvil y gimiendo débilmente:
–Por favor…. Déjenme entrar… –murmuraba débilmente el cuerpo inerte en el suelo.
Al parecer, solo una persona de toda la aldea había quedado fuera de la mejor fiesta del mundo conocido.
–¿Snotlout? –lo llamaron los demás jinetes al aproximarse a él.
–¡Hiccup! –soltó éste levantándose de un brinco y limpiándose el polvo de sus pantalones. Pronto, también se talló con los antebrazos el rostro, para retirarse las lágrimas de las mejillas –. ¡Lo sabía! ¡Sabía que no podía ser el único sin entrar en la maldita fiesta!
–Bueno – dijo Astrid antes de tronar sus nudillos –, eso está a punto de cambiar.
Ante la mirada sorprendida de sus compañeros jinetes y los dragones, la rubia marchó hasta las gigantescas puertas de acero, dándole una fuerte patada en el engrane que controlaba su cierra, abriéndolas así, de par en par.
Hiccup y Fishlegs quedaron atónitos ante tal demostración de fuerza bruta; Toothless brincó de un lado a otro junto a Meatloug fascinados con lo que acababa de suceder. Snotlout en cambio, no perdió el tiempo y se introdujo en la celda rápidamente con la sola intención de unirse lo más pronto posible a la fiesta antes de que alguien lo detuviera.
–¡Astrid! –pronto escucharon el grito ronco característico de Ruffnut. La gemela apareció ante ellos, vistiendo sobre sus hombros una gruesa piel de ciervo –. ¡¿Qué mierda?!
Su hermano, la siguió de cerca, ataviado de igual manera.
–¡Una mierda espectacular! –dijo éste con una señal de victoria –. Puedes quedarte en la fiesta. Todos pueden… excepto tú Snotlout –agregó indicando al joven Jorgenson que intentaba llenar su boca con todos los bocadillos disponibles en una mesa de la esquina.
–Oh no–dijo él lanzándose sobre la superficie de madera, extendiendo sus brazos de un lado al otro –. No me sacan de aquí ahora.
–¡¿Quieren callarse por un momento?! –bramó Astrid perdiendo la paciencia –. No estamos aquí por su estúpida fiesta.
Y vaya la fiesta que era. La que alguna fue la prisión del monstrous nightmare del joven Jorgenson, había sido radicalmente decorada con tonos de pintura primordial en todas sus paredes, dándole el aspecto de ser una sangrienta batalla, iluminada solo por las antorchas incrustadas en la roca. Varias mesas estaban esparcidas en los rincones de la jaula, donde múltiples bocadillos, probablemente robados del gran comedor, están expuesto a los invitados. Y en fondo, un grupo de vikingos barbudos tocaban diferentes instrumentos, desde bukkehorn, lur y angeleik, animando a los invitados a bailar como si no hubiera un mañana.
La celda estaba a rebosar de personas y el hidromiel es esparcía de tarro en tarro, y el ambiente está plagado de risas y diversión tanto por vikingos, como por dragones. Era la fiesta más increíble que habían visto en sus vidas.
Era por ello, que, ante las palabras despectivas e Astrid, los gemelos Thorston se sintieron terriblemente ofendidos. Estaban por responderle sus crudas palabras cuando fueron interrumpidos por otros tres invitados a la fiesta.
–¡Hiccup! –musitó Honey al aproximarse a los jóvenes jinetes en compañía de su padre y el viejo herrero –. ¿Dónde estaban? ¿Y qué es lo que sucede? –pero pronto agregó con solo echarles una mirada a los recién llegados.
–Stormfly ha desaparecido –explicó el gemelo pecoso sin dar muchos detalles.
–¿Qué? ¿Cómo? –preguntó Gobber.
–Tal vez se fue a volar por ahí –Stoick comentó tratando de suavizar la situación.
–No lo creemos –agregó Fishlegs –, ya la hemos buscado por toda la isla y no rastro de ella.
–Stormfly no desaparecería sin alguna razón –soltó Astrid tajantemente, insinuando no implícitamente la gran migración de los dragones durante la época de empollación. Por lo que para todos los presentes se volvió claro que eran lo que sospechan Hiccup y compañía le había sucedido a la dragona desaparecida.
–¿Qué es lo piensan? –masculló Gobber sacudiendo su tarro sujeto a su muñón de un lado a otro–. ¿Qué alguien se la llevó? ¿Pero quién?
–Nadie de Berk haría eso –sentención Stoick cruzando los brazos sobre su pecho con orgullo.
–No sé ¿Tal vez alguno de los mercantes? –contestó Hiccup solo intuyendo la probabilidad más simple.
–¿Cuál de todos? –contentó Honey encogiendo los hombros, pero dejando en claro la difícil situación que planteaba aquella idea.
–Había un hombre sospechoso que anduvo merodeando por la aldea toda la mañana –agregó de repente Lydia, quien había estado escuchando la conversación de los recién llegados con el resto de los miembros de la guardia de Berk –. Se escabulló varias veces a pesar de que lo sacábamos de la aldea.
–Sí, era un tipo del norte que vendía pieles –agregó Spitelout con una sonrisa burlona.
–Lo recuerdo –dijo el herrero rascándose con énfasis su callosa barbilla –. No me agrado para nada.
–¿Hizo algo sospechoso, Gobber?
–Claro, intentó venderme una piel que me cubriera por completo –contestó él indicando su abultada masa corporal.
A pesar de que el comentario de Gobber provocó las burlas de varios presentes, sus palabras trajeron recuerdos a la rubia que había pasado casi por alto. Recuerdos de un comerciante insistente que curiosamente le había realizado preguntas inesperadas.
–Ahora recuerdo –dijo ella atrayendo la atención de todos a su persona –, ese hombre me preguntó por los dragones. Pudo ser él… pudo llevarse a Stormfly –agregó con fuerza con emoción y preocupación.
–Pero si así fue –preguntó Fishlegs teniendo toda la razón –. ¿Cómo logró capturar a una nadder adulta? –su cuestionamiento fue acompañado de miradas dudosas y mutismo por los presentes.
Eso, hasta que Snotlout abrió la bocaza:
–Por favor, no es tan difícil, especialmente cuando uno sabe cuánto le gusta el pollo a Stormfly.
Todas las miradas cayeron en el joven Jorgenson, quien estaba más ocupado llenándose su boca y bolcillos de bocadillos como para presar atención en los ojos puestos en él, o en su dragón que le robaba con cuidado y destreza, lo recién adquirido.
–Y… –soltó Astrid lanzándole una mirada de pocos amigos –. ¿Cómo podría haber averiguado eso?
–Eh… ¡No me miren así! –bramó el moreno con prepotencia y nerviosismo –. ¡No es como si hubiera intercambiado información con él por unas pieles para lograr entrar en la fiesta!
–Y son estupendas –contentaron los gemelos Thorston mostrando ante todas las pieles sobre sus hombros.
Hiccup, Honey y Stoick cubrieron sus rostros con las palamas de sus manos, en lo que Astrid se mostraba lista para asesinar a alguien.
–¡Snotlout! –bramó ésta lanzándose contra él.
El moreno alcanzó a escapa de las manos de la rubia por unos segundos y huyó de ella, corriendo alrededor de la mesa de bocadillos, ante la mirada impávida de los presentes.
–Lydia –la llamó Hiccup sobre el escándalo que llevaban a cabo los otros dos jinetes –. ¿Qué pasó con eso hombre? ¿Lo sacaron de la isla?
–Lo lamentamos, Hiccup –dijo la mujer rascándose la nuca con vergüenza –. Pero las pieles que nos dio era muy suabes y cómodas, así que dejamos de seguirlo –explicó indicando justamente la prenda sobre sus hombros al igual que el resto de los miembros de la guardia de Berk.
Cada detalle más que aprendía el joven pecoso de ese hombre, más se convencía que algo tuvo que ver en la desaparición de Stormfly.
–Hiccup –dijo Honey a su hermano tomándola de los hombros –. Si ese hombre tiene a Stormfly, puede haberla llevado a los confines del mundo.
Eso era muy cierto, no sabían nada de ese comerciante, de donde venía, o cual era su objetivo, lo que hacía la recuperación de Stormfly una tarea más titánica. Y lo peor de todo, era que la deadly nadder era el dragón rastreador del equipo, el encontrarla por su cuenta sería casi imposible.
–Tal vez fue a las tierras norte donde el pertenece –comentó de repente una voz ajena al grupo parando en seco los pensamientos de Hiccup, el intento de Astrid de asesinar a Snotlout y los regaños de Stoick a la guardia. Todos se volvieron a la fuente de aquella voz, topándose con la aventurera Barbara, la barbarían, con su gato guerrero sobre el hombro –. Ambos compartimos fragata cuando arribamos a Berk –agregó –, mencionó ser de las tierras del norte, un lugar llamado la bahía de Baldur.
Chapter 131: El gélido calvario de una doncella irascible Pt 10
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 10
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El mar se encontraba picado y el viento enérgico, lo que lo volvía peligroso para navegar con los constates casquetes de hielo que aparecían de la nada, pero la armada de Berk continuó su recorrido hacia el norte del archipiélago barbárico.
El pingüino peregrino, el barco más grande e insignia de la armada, navegaba seguro, pero lentamente por las aguas peligrosas, no completamente del gusto para algunos de sus tripulantes.
Astris Hofferson se encontraba en la proa del barco contemplando el horizonte en completo silencio y soledad, mientras el resto de la cubierta se encontraba llena de vida por los vikingos tirando de las sogas, las velas o pedaleando los remos. Sus blanquecinos nudillos ante el agarre firme que tenía contra la baranda de madera, denotaban la frustración por la que estaba pasando.
–¿Astrid? –la llamó Hiccup antes de acercarse ella con cuidado en compañía de Toothless. Después de lo sucedido con el flightmare, el joven pecoso no había tenido oportunidad de hablar de nuevo con la rubia y no estaba completamente seguro de estar listo para hacerlo, pero Astrid había pasado varias horas en proa en silenciosa soledad, expuesta a la fría intemperie.
Pero la chica guardó silencio, ignorando por completo al gemelo pecoso, quien compartió una mirada nerviosa con su dragón.
–¿Te encuentras bien? –insistió él sin poder evitar verla temblar un poco ante el gelido clima a su alrededor. La chica estaba reacia de usar una de las pieles abrigadoras que había dejado Arngrim, el secuestrador de Stormfly, a diferente a todos los demás en el barco.
–¿Te encontrarías bien si te hubieran robado a Toothless? –comentó ella secamente sin siquiera volverse a verlo.
–Ese un buen punto – comentó el muchacho algo nervioso rascándose la nuca.
–Entonces si ya sabes la respuesta ¿por qué lo preguntas?
Hiccup se mordió el labio para contenerse de responder de inmediato. Estaba claro que Astrid se encontraba de mal humor y bastante agresiva, y podía intuir que no estaba muy feliz con él en ese momento. Pero, dentro de él, no se sentía listo para dejarlo pasar.
–Sabes que la recuperaremos ¿verdad? –dijo finalmente él, esperando lograr alguna respuesta de su parte.
–Sé que encontraremos al maldito que la robó y que lo partiré en pedazos con mi hacha –respondió ella levantado su arma afilada y clavándola con facilidad en la baranda de la proa.
Hiccup y Toothless tragaron saliva nerviosos ante su desplante, solo Blazebite (nightmare de Astrid que rescató en la isla outcast) quien descansaba junto a ella, pareció inmutable a las acciones de la rubia.
–Ese es el espíritu –dijo finalmente Hiccup con una risita nerviosa –. Aunque algo asesino para mi gusto.
–Pero ¿sabes que es lo peor de todo?
–¿Qué?
–Mientras ese miserable pedazo de trol ponía sus manos sobre mi dragona –comentó la rubia finalmente volviéndose hacia el chico y su dragón, mostrando una mirada profunda y melancólica en sus ojos –, lo único que cabía en mi cabeza era matar a otro dragón, que olvide completamente a la que quiero.
Blazebite respondió a su comentario alzando su cabeza y frotándola contra las rodillas de la chica. Ante la ausencia de Stomfly, Astrid necesitaba una otro dragón para montar como jinete y Blazebite, que había quedado a cuidado de su tío Fenrir desde que lo rescató, era el perfecto sustituto temporal.
–También te quiero a ti –agregó Astrid frotando la nariz del dragón y obteniendo un leve gruñido de su parte.
–Astrid no deberías ser tan dura contigo misma –le comentó Hiccup tratando de consolarla.
–No, tú ya lo fuiste por mí –aseguró ella lanzándole una mirada llameante.
El gemelo pecoso no pudo evitar ponerse nervioso, Toothless hasta ocultó detrás de él.
–La verdad… –dijo el chico casi atragantándose con sus palabras – creo que debería disculparme por todo lo que te dije…
–No –tajo la rubia, deteniendo completamente –. Estabas totalmente en lo correcto. El robo de Stormfly lo prueba. Yo estaba mal y tú en lo correcto.
Y a pesar de ese comentario, Hiccup no se sentía muy seguro con ello.
–Pero justamente ahora eres mi persona menos favorita.
El gemelo se atragantó con su propia saliva en lo que trató de pensar cómo responder aquello sin mucho éxito. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo consolar a una persona, que no estaba lista para verlo? ¿Realmente había arruinado las cosas entre él y Astrid?
Astrid se alejó finalmente de la proa, acompañada de su segundo dragón y una vez que quedo lado a lado con Hiccup, le murmuró casi maliciosamente:
–Incluso menos que Snotlout.
Y sin dejar oportunidad para hablarlo o discutirlo, Astrid se marchó, dejando al gemelo pecoso solo con su dragón de ébano. Pasó por un lado de Honey y Furry con tanta indiferencia, que provocó que la pecosa se volviera para contemplarla macharse.
–¿Eso se sintió tan mal como lo escuche? –le preguntó a su hermano, señalado a la rubia con su pulgar.
–Como un golpe bajo –respondió Hiccup casi abatido y muy preocupado.
–Tienes que platicarme que sucedió entre ustedes.
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El viaje continuó por unas horas más, en las que las aguas azotaron con fuerza el Pingüino peregrino, en lo que los casquetes de hielo aumentaban de numero en la superficie helada del mar. El viaje se estaba volviendo cada vez más peligroso; alguien más sensato no vería productivo correr tales riesgos solo por una dragona, pero aquí estamos hablando de vikingos hooligans, los más tercos y no los más brillantes.
–Estamos acercándonos a las aguas del norte –comentó Lydia mientras tiraba de una soga conectada a la vela más grande del navío, ante las condiciones del mar y aire helado que las sacudía sin piedad.
–¿Espera un momento? –soltó Tuffnut –. ¿Vamos al norte? Pensé que ya vivíamos en el norte.
–Vamos más al norte – dijo Fishlegs tratando de explicar lo que sucedía.
–¡Ja ja ja! ¿Qué tonterías dices, Fishlegs! – se burló el gemelo rubio, siendo secundado por su hermana.
–No podemos ir más al norte, tonto –comentó ésta –, porque nos caeríamos por la orilla del mundo, da ah.
Pero antes de que Fishlegs pudiera responder aquel comentario burlón, el vigía soltó un llamado a todo pulmón:
–¡Hay algo frente a nosotros!
–¡¿El fin del mundo?! –soltó Ruff emocionada corriendo a la proa.
Los demás tripulantes, los jinetes y sus dragones se acercaron para apreciar de cerca lo que anunciaba el vigía, pero la pesada neblina y nieve volvía casi imposible distinguir alguna estructura o construcción humana.
Hasta que casi choca contra ella.
Por suerte para los tripulantes de la nave insignia de la flota de Berk, el jefe Stoick iba al timón y sus años de experiencia en alta mar le permitieron reaccionar a tiempo y lograr virar su grande y pesado barco, antes de que fuera muy tarde.
Pronto, los jinetes de dragones, sus bestias escamosas y resto de la guardia de Berk, se encontraron con una inmensa pared de hilo, de la cual sobresalían inmensos y amenazadores picos helados.
–¡¿Qué es eso?! –gritó Snotlout dando un brinco hacía atrás.
El silencio se apoderó del barco en lo que se volvía evidente que la gigantesca masa de hielo les impediría seguir adelante.
–Sea lo que sea no podemos continuar –sentenció finalmente Stock al detener por completo su barco.
Pronto la duda se reflejó en los rostros de los tripulantes en lo que diferentes ideas comenzaban a formase en sus cabezas, desde escalar el hielo, hasta dar media vuelta y regresar a casa.
–¡Oh por favor! –bramó Snolout expresando sus pensamientos, antes de que cualquiera, incluido Hiccup, compartiera algún plan –. Debo recordarles que tenemos lagartijas gigantes que pueden volar sobre esas cosas –agregó señalando a Hookfang, quien estaba distraído con algunos copos de nieve.
–Nada de vuelos –tajó Stoick inmediatamente –. No sabemos qué hay del otro lado y no los arriesgaré a ir solos.
–jefe –dijo Astrid avanzando con seguridad –, del otro lado de ese muro de hielo está la bahía de Baldur y ahí está Stormfly –agregó indicando con su brazo el gran muro en cuestión –. Tenemos que ir allá a rescatarla.
La mirada penetrante y desesperada de Astrid dejaba en claro su sentir, pero las emociones, no era precisamente lo que le preocupaba al jefe de Berk.
–Podríamos escalar el muro, Stoick –sugirió Gobber a su vez posando su mano en su hombro.
–Sí, pero estamos hablando del mismo hombre que logró capturar un nader y sacarlo de Berks sin que fuera descubierto –sentenció Stoick duramente como un ultimátum –. Del otro lado de ese muro esta su territorio, no sabemos que tendrá preparado para sus enemigos, vikingos o dragones. No vamos a arriesgarnos así… no arriesgare a nadie así, sin saber que hay del otro lado.
Hiccup podría idear un par de estrategias alternas para acelerar la situación, pero ante el tono tan tajante de su padre, era definitivo que él no aceptaría ninguna otra opción.
–Rodearemos, aunque eso signifique que tardemos más.
–La última aldea vikinga antes de llegar a la bahía es Chilblain –comentó Barbara en lo que acariciaba el pelaje de su gato guerrero que descansaba sobre su hombro –. Podríamos llegar ahí y averiguar más de la situación del mar de esta zona, o incluso, conseguir ayuda.
Tanto los jinetes como el resto de los vikingos intercambiaron miradas de desconcierto, sin saber que bien podrían ser recibidos en Chilblain si un previo aviso. Aquella isla vikinga era el principal consumidor de la madera de Berk y por ello, un socio económico.
Aun así, Gobber soltó un gemido en frustración, que pasó desapercibido para algunos, pero no para su buen amigo.
–Chilblain será –aceptó al final Stoick, posando su mano en el hombro de Gobber antes de retomar el timón del barco.
–¿Qué sucede Gobber? –le preguntó finalmente Hiccup a su mentor, una vez que barco recorrían de nuevo las aguas heladas. El herrero se encontraba muy sería de lo habitual.
–Solo que… tengo mi historia en Chilblain.
Chapter 132: El gélido calvario de una doncella irascible Pt 11
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 11
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Chilblain era una de las islas del archipiélago vikingo que se encontraba más al norte que ninguna otra, siendo la frontera con las tierras congeladas y salvajes del norte. Sus habitantes eran pocos, por lo cual no formaban una verdadera tribu vikinga como el resto de los poblados en el archipiélago, pero su ubicación tan aislada los protegía de invasiones, y sus duras condiciones los volvían dependientes a obtener sus recursos con otras tribus, volviéndoles en excelentes consumidores.
Esas difíciles condiciones de vida dejaban en claro que los habitantes de Chilblain eran los vikingos más resistentes de todo el Wilder West. Aquellos que deseaban prepararse en tales nefastas condiciones o aprender sus conocimientos de sobrevivencia, llegaban a visitar en algún momento aquella isla olvidada en el norte.
Ese había sido el caso de la familia de Gobber durante su juventud. Su padre había decidido en preparar a su muchacho para los retos del mundo barbárico con un viaje en familia a diferentes islas del archipiélago, especialmente después de una escabullida que había tenido el joven vikingo con sus amigos a la isla de los Lavaluts.
Y Chilblain había sido sin duda, parte del recorrido planeado por el padre de Gobber en su intento de mostrarle a su hijo las técnicas de sobrevivencia vikinga. El ahora herrero manco, recordaba la larga temporada que habían pasado en aquellas tierras frías y la terrible situación de la que había tenido que huir.
Después de tantos años, Gobber no esperaba volver poner su pie en aquel territorio helado y enfrentar la dura decisión que había dejado atrás.
–Stoick –llamó a su buen amigo una vez que el gran navío insignia de la armada de Berk estaba cerca de atracar en la costa de aquella isla de su pasado –. Necesito pedirte un favor.
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–¿Qué?
–Ya me escuchaste, Hiccup.
Una vez que el Pingüino peregrino había alcanzado las costas de la isla de Chilblain, Stoick enfrentó a su tripulación con una dura petición: todos debía permanecer en el barco, mientras él y Gobber solicitaban la ayuda de su colega líder Hagan “The Frostbeard”.
Los miembros de la guardia de Berk rápidamente protestaron ante el riesgo innecesario que podía correr su líder ante aquella decisión, pero eran los jóvenes jinetes de dragones lo que más rezongaron.
–jefe, con todo respeto –dijo Astrid controlando su voz –, pero ¿cómo carajos vamos a salvar a Stormfly si permanecemos en el barco?
Sus palabras fueron apoyadas por los murmullos de sus compañeros jinetes y leves rugidos de las bestias escamosas aladas.
–Aún estamos lejos de las tierras del norte –explicó Stoick calma entendiendo la reacción de su gente –. Debemos pasar aguas congeladas antes de si quieras acercarnos. Y Chilblain se encuentra entre nosotros y el norte.
–¿Pero...? –rápidamente saltó Hiccup a protestar, pero fue detenido en seco por la mano de su padre.
–Necesitamos su guía y su permiso por sus aguas si queremos seguir adelante –insistió Stoick con firmeza callando así toda protesta –. Y dudo que Hagan nos acepte tan fácilmente si llegamos montados en dragones.
Todas las miradas giraron a las bestias escupe fuego, que trataron de mostrarse dóciles ante una posible acusación.
–Eso… tal vez es un buen punto –soltó Hiccup dándole la razón, ganándose una mirada de pocos amigos por parte de Astrid.
–Gobber y yo iremos a hablar con su líder –explicó el jefe ajustando su grueso cinturón y la piel de oso que colgaba de sus hombros –. Y lo haremos solos –agregó de ultimo lanzándole una mirada a su propio dragón.
Thornado entendió la orden de inmediato, lanzándose por la proa y sumergiendo en las congeladas aguas del norte.
Sin más que agregar, Stoick le dio una palmada en el hombro a su buen amigo y comenzaron el lento descenso por la plancha.
–¡Jefe! –lo llamó Lydia en un fútil intento de hacerlo recapacitar.
–¡Papá! –insistió por igual Honey, dejando en claro la preocupación reflejarse en su rostro. Rompiendo levemente la dura coraza del líder vikingo –. ¿Y no es más riesgoso que vayan solos?
–Probablemente –respondió él con una mirada compasiva –. Pero nos da mayores posibilidades de convérselos.
–O morir en el intento –comentó secamente Tuffnut, ganándose un rotundo codazo en las costillas.
–Estaremos bien –insistió Stoick dando un último vistazo a la cubierta de su navío, y a su familia, amigos y gente que lo esperaban en ella –. No bajen del barco, oculten a los dragones de la cubierta y mantengan las velas izadas. Por si acaso.
Y sin más, tanto el jefe vikingo como su buen amigo y herrero, bajaron del barco posando sus botas lanudas en la húmeda y fría arena de la costa de Chilblain.
–Gracias, amigo –le dijo Gobber en voz baja, en lo que ambos tomaron el camino directo entre la nieve al pequeño poblado que se observaba a escasa distancia.
–Agradéceme de verdad cuando salgamos vivos de ésta.
Su proximidad a la aldea no pasó desapercibida. Pronto comenzaron a escuchar el bullicio y escándalo que venía consigo después de un cuerno de alarma. Alarma que sin duda habían hecho sonar desde que las velas de su barco se contemplaron a la distancia.
A pesar de ello, Stoick y Gobber continuaron su marcha por la profunda nieve que invadía los leves surcos en la tierra que marcaban el camino. Con cada paso que daban, sus manos aferraban con más fuerzas sus armas que colgaban en sus cinturas.
–¡Alto ahí! –una voz les ordenó una vez que estaban a escasa distancia de la primera construcción de la aldea. En cuestión de segundos fueron rodeados por barbudos y ceñudos vikingos que le impidieron el paso hacia el resto de la aldea.
–¡Soy Stoick, “The Vast” de Berk! ¡Me encuentro aquí para hablar con su líder! –dijo con calma Stoick levantando una mano en señal de paz –. De jefe a jefe.
–¿Es así? –dijo una voz ronca sobre el resonar del fuerte viento helado –. Dime, Stoick “The Vast”
Entre los guerreros vikingos sobresalió una figura vikinga, más grande y más robusta de todas, con una pesada melena y barba anaranjada que cubría un rostro curtido por lo años duros de Chilblain.
–Hagan “Frostbeard” –lo saludó Stoick.
–¿Qué te trae a mi congelada isla? –agregó Hagan indicando a Gobber con su espada – Y… ¿Con este traidor?
–Es un gusto verte de nuevo Hagan –lo saludó éste con calma.
–No estamos aquí para recordar desentendidos del pasado… –dijo Stoick.
–Tal vez mi memoria está muy fresca en esos recuerdos para abandonarlos.
El ambiente ya por sí tenso, empeoró con aquellas palabras secas y llenas de rencor del líder de la isla.
–Necesitamos un pase seguro a las tierras del norte… –trató de seguir Stoick.
–Y yo también quiero un paso directo a su garganta –pero fue interrumpido por Hagan.
Los guerreros de Chilblain se agitaron en emoción ante las palabras de su líder.
–Directo como siempre, Hagan –comentó Gobber sin dejarse intimidar.
–Gobber, no es el momento –le susurró su amigo aún lado de él.
–¡No! –bramó Hagan dando un paso hacia adelante y siendo imitado por sus hombres –. Es el momento perfecto para finalmente quedar a mano.
–Tel vez tienes razón –respondió Gobber aceptando su suerte, en lo blandía su mazo en lugar de garfio. Stoick por igual desenvainó su afilada hacha listo para pelear.
Las cosas no resultaron justo como las esperaba.
Pero en lo que fieros guerreros vikingos se miraban los unos a otro como lobos hambrientos sobre un pedazo de carroña, listos para lanzarse a una batalla sin sentido cargada con testosterona, una tercera voz retumbo en los alrededores:
–¡Alto!
Todos se volvieron a la fuente de la voz, parando en seco sus acciones, solo para encontrarse a una mujer alta, de espalda ancha y cabellera naranja trenzada ondear al viento.
–¡Smolder!
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Smolder, la única hija de Hagan “The Frostbeard” llegó a justo a tiempo para calmar los ánimos de los guerreros y su padre siempre hambriento por batalla. Una hermosa mujer, pero al igual que todos en Chilblain, curtida en una guerrera y sobreviviente por la dura vida de las tierras heladas, pero más inteligente y cauta para elegir sus batallas que la mayoría.
Como pelear con su antiguo prometido y su mejor amigo.
Sabiendo que era ella la única debilidad de su padre, logró convencerlo de permitirle hablar en privando con el herrero de Berk, quien no le quedo de otra que aceptar regañadientes.
–Gracias por recibirnos, Smolder – le dijo Gobber una vez que la puerta de la casa elegida para su conversación privada se cerró detrás de ellos.
–No agradezcas tan pronto –le respondió ella con una engañosa sonrisa –. Porque aún puedo cumplir con los deseos que mi padre tiene hacía ti – agregó a su amenaza pasando su dedo por su cuello, pero una risita la delató por completo.
–Oh ¿A quién quieres engañar? –comentó Gobber sin inmutarse en lo más mínimo –. Tú nunca fuiste así –aseguró mientras tomaba con calma asiento a la mesa de madera de roble en el centro de la habitación.
Smolder lo miró con incredulidad por uno breves segundo, antes de soltar una sonora carcajada en lo que tomaba por igual asiento a la mesa.
–Eso es lo que más odie de todo –confesó ella con calma recargando su barbilla sobre la palma de su mano –. Que en realidad me has conocido mejor que nadie.
La relación entre Gobber “The Belch” y Smolder de Chilblian había sido corta, arreglada y una gran farsa. Desde que sus padres lo planearon, ambos sabían que un matrimonio para ambos sería su ruina, pero eran jóvenes y las costumbres de aquella isla dictaban muy distante de lo que se acostumbraba en Berk. Además, los padres de Gobber confundieron su amistad con Smolder como interés romántico, después que su hijo recuperara su animo con la compañía de la vikinga.
Gobber en ese tiempo estaba pasando por un bache en su amistad con su mejor amigo de toda la vida, y la soledad del viaje que planearon sus padres no le había ayudado como esperaban. Smolder, con su actitud tranquila y jovial, había resultado como una ventisca fresca a las intervenciones de sus padres, a la soledad de su vida y la culpa de su conciencia.
Y Smolder, como una verdadera hija de Freya, fue la persona que justamente necesitaba en esos momentos. Aparte de su buen amigo Stoick, había sido Smolder la única persona con la que él se había abierto en muchos aspectos de su vida.
Le había dolido terriblemente abandonarla como lo hizo.
–Me imagino que esta es la parte que me disculpó – dijo Gobber con una mirada lastimosa.
–Podrías intentarlo.
–Smolder –comenzó él casi tragando saliva. Habían pasado tantos años y había imaginado en múltiples escenarios ese momento, pero una vez que había llegado, le fue difícil a las palabras salir de su boca –, sé que todos esperaban algo diferente de mí y te fallé terriblemente al no advertirte antes que sucediera. Pero debes saber que nunca quise hacerte daño, y creo que el irme como lo hice, fue la mejor forma de evitarte mucho sufrimiento.
La vikinga del otro lado de la mesa lo escuchó con calma, aunque su rostro se mostró imperturbable, sin agresión o alivio reflejado en él. Se tomó su tiempo antes de responder a la disculpa de Gobber, que éste no pudo evitar comenzar retorcerse en su asiento.
–No –dijo finalmente ella con calma –. Lo intentaste, pero no funcionó –agregó provocando un brinco de sorpresa en hooligan –. Eso debe ser porque te perdoné hace mucho tiempo.
–¿Eh?
–No te lo voy a negar Gobber que estuve herida por mucho tiempo –respondió Smolder –, y no por lo que pensaron todos. Yo también te conocía bien, y sabía perfectamente porque huiste del compromiso y lo entendía. Pero me lastimó que te fueras como lo hiciste; era tu amiga y mínimo necesitaba una advertencia.
–Y aún eres mi amiga –le aseguró Gobber tomando su mano.
–¿Lo soy? No hubo ni una palabra en años.
–Nunca dejaste de serlo. Pero no sabía si seguía siendo tu amigo.
–Bueno, debo reconocer –admitió ella –, que después que destruí varias cosas con mi mazo, fue cuando volví a pensar en ti como un amigo.
Ambos rieron juntos como en los viejos tiempos.
Chapter 133: El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 12
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 12
En Pingüino Peregrino, los jinetes de dragones y los miembros de la armada de Berk esperaban pacientemente el regreso de su líder y del herrero que habían descendido a la isla de Chilblain, pero a como los minutos transcurrían sin noticias, era normal que la ansiedad y los nervios se apoderaban de ellos llevándolos a imaginarse los peores escenarios.
¿Qué tal si Stoick y Gobber corrían peligro? ¿Si habían sido atacados? ¿Hechos prisioneros? ¿Cómo saber si necesitaban ayuda o no?
La duda crecía en ellos… o al menos en la mayoría. Ya que un par de jinetes y sus dragones no pasaban por la misma incertidumbre.
Unas carcajadas roncas fue lo primero que llamó la atención de los presentes en el barco, pero pronto su atención fue captada por la visión de los gemelos Thorston y de Snotlout. Tuff y Ruff motivaban a su dragón a regurgitar una flema mocosa que luego el monstrous nightmare del joven Jofferson prendía en llamas con un ligero soplido. Después, los tres apagaban rápido el fuego aplastándolo con los pies en lo que sus risas tontas se apoderaban de la cubierta.
–Déjame ver si entiendo –dijo Barbara “the Barbarian” mientras reposaba contra la proa del barco y contemplaba atónita el comportamiento de los gemelos y de Snotlout –, los habitantes de Berk han logrado entrenar a los más fieros dragones que azotan despiadadamente el archipiélago ¿Y se la pasan jugando con ellos a hacer mocos explosivos?
–Bueno, también ayudamos a otros dragones que están en problemas –comentó Hiccup a su lado tratando de mostrar una mejor cara de la situación.
–Pero principalmente son los mocos explosivos –pero Honey agregó descaradamente a un lado de su hermano, impidiendo las intenciones de este.
Hiccup intentó rápidamente contrarrestar la situación, antes de que pudiera agregar otra palabra, Barf generó una masa mucosa de gran tamaño que a los Thorston divirtió arrojar en otra dirección fuera de su alcance.
–Creo que mejor… –comentó Hiccup nervioso al ver como unas mamparras comenzaban a prenderse en llamas – necesito detener eso antes… –y sin más fue en su dirección, acompañado de cerca por Toothless –. ¡Chicos!
Barbara y Honey presenciaron como Hiccup regañaban a los gemelos y a Snotlout, en lo que Toothless apagaba el fuego pisoteándolo. Parecía que todo estaba en control, hasta que Hiccup se distrajo por un segundo, tiempo suficiente para que Barf aprovechara para soltar otro moco sobre la cabeza Snotlout.
Hookfang pareció listo para prenderlo en llamas.
–Va a necesitar mi ayuda –dijo Honey una vez que empezaron los gritos. Sin más corrió hasta aquel extremo del barco sin la compañía de Furry, quien continuaba con su siesta diurna a pesar de los alaridos de dolor.
Astrid remplazó el lugar de los gemelos Haddock apoyándose junto a Barbara, quien ella y su gato, contemplaban atónitos lo que sucedía ante ellos.
–Vaya –soltó Barbara –. Que bien se lo tenía escondido este secreto Anserd, ese maldito hijo de Loki, nunca dijo nada.
–Es porque no lo sabe –explicó Astrid con calma, provocando una expresión de incredulidad en el rostro de la guerrera –. Ansred tiene mucho tiempo que no vuelve a la isla y la creación de la academia no tiene mucho tiempo, solo un par de años. Gracias a Hiccup.
Ambas jóvenes se volvieron hacia el gemelo pecoso que trataba de mantener el hocico de Barf cerrado y que no escupiera más mocos. Honey trataba de apagar las llamas en el chaleco de Snotlout, mientras los gemelos Thorston se destornillaban de risa.
–Él nos demostró a nosotros… a todos en realidad, que no era necesario pelear con los dragones –explicó Astrid a Barbara –. Que ellos no eran muy diferentes a nosotros y por igual, buscaban vivir, comer, crecer en este mundo cruel que está listo para masticar a los débiles.
–No lo había pensado de esa manera –contestó la guerrera.
–Nadie lo había hecho –agregó la joven rubia –. Nuestras tradiciones no son principalmente empáticas con los que no son como nosotros. Tal vez por ello es tan difícil que las tribus congenien o que traten bien a un par de chicos huesos de pescado. Era mucho esperar que intentáramos ponernos en el lugar de animales que por mucho tiempo nos parecieron bestias asesinas sin cerebro.
–Definitivamente te doy la razón en eso –aceptó la otra con una sonrisa cómplice en lo que rascaba el mentón de su gato guerrero –. En mis viajes por el archipiélago no me he topado con la gente más receptiva –aclaró –. Todos está encerrados en su pequeño mundo. Con excepción de Berk… a pesar de sus restricciones de recorrer su isla –comentó ella de ultimo –, pero eso se entiende.
–No podemos permitir que el resto del archipiélago se enteré todavía de nuestra coexistencia con los dragones –le explicó con Astrid tomándola de su musculoso brazo en un pedido desesperado –. Todas las armadas y hasta los muertos en Valhala rodearían nuestra isla al instante al considerarnos una amenaza.
–No se preocupen, su secreto está seguro conmigo –le aseguró Barbara dándole unas palmaditas en su mano.
–Gracias. Probablemente puedas pensar que estamos corriendo mucho riesgo por los dragones, pero créeme, ellos lo valen completamente. Son seres tan inteligentes, empáticos y leales. Hay mucho en ellos que te hacen sentir completo, y cuando miras a sus ojos te das cuenta…
Astrid se detuvo en seco mientras su mirada se perdía en un punto inespecífico, en lo que su mente podía solo estar presente una dragona azul.
–Que te ves a ti mismo –agregó ella sin pensar en sus palabras, que brotaron de su garganta casi involuntariamente.
Pero tan pronto Astrid se percató de lo que había dicho, su rostro se volvió al gemelo pecoso que regañaba inútilmente a Tuff y Ruff. Un sonrojo se apoderó de las mejillas de la rubia, en lo que rápido intentó ocultar su rostro en vergüenza.
No se había percatado, pero Hiccup había dejado una marca permanente en ella. Y posiblemente le sería imposible borrarla por el resto de su vida.
–Wow, por Odín –dijo Barbara ignorando por completo la reacción de Astrid –. Eso suena maravilloso. Me hace envidar el tener mi propio dragón –agregó provocando que el gato negro en su hombro refunfuñara en molestia –. No te enojes sucia bestia, tú sabes que te quiero –agregó dándole una leve caricia al gato en compensación.
Astrid no pudo evitar ver la comparación en la reacción del animal, a como su fiel dragona respondía a su afecto.
–Creo que ya no podría vivir sin Stormfly –admitió la rubia –, ella está todas las mañanas conmigo lista para empezar el día, a su lado me siento invencible y en las noches, su presencia me da seguridad. Es por eso que deseo recuperarla a pesar de todo.
–Y todo eso gracias a Hiccup –soltó Barbara con una sonrisa pícara en lo que continuaba rascando la barbilla de su gato –. Suena como si él hubiera abierto las puertas a un mundo maravilloso que nunca nadie antes había descubierto.
–Sí… –aceptó Astrid volviéndose una vez más en dirección de joven pecoso – le debemos todo a Hiccup.
Los pensamientos de Astrid divagaron en sus recuerdos mientras contemplaba a Hiccup llevaba a cabo su pantomima de brazos en su intento de reprimir a Snotlout y a los gemelos Thorston, enfocándose principalmente en aquellos momentos en los que Hiccup les mostró los secretos para acercarse y conectar con sus dragones. Una demostración que cambió por completo sus vidas.
La joven rubia ya no podía verse sin su fiel dragona a su lado, y no era algo que la volvía débil, sino algo que la fortalecía. Y todo se lo debía a Hiccup.
Pasara lo que pasara entre ellos, Astrid siempre estaría en deuda con él por enseñarle algo increíble y que se estaba perdiendo por completo.
–¡Miren a esos tarados! –los gritos de Snotlout sacó de sus pensamientos a la joven rubia y llamó la atención del resto de la tripulación, en lo que joven Jorgenson indicaba en dirección de la costa helada y nevada de Chilblain.
En un principio, atribuyeron los gritos al regreso del jefe de Berk y el herrero, pero pronto se percataron que estaban enfocados en realidad en un grupo de jóvenes que jugaban en la nieve.
Unos chicos de similar edad a la de los jinetes se deslizaban del montículo más alto de nueve sobre una especie de tablones de madera.
–¿Qué son esas basuras sobre las que están parados? –masculló Ruffnut en burla.
–Porquería –soltó su hermano, para luego agregar con una mordaz sonrisa –. Vamos a robárselas.
Ambos hermanos estaban listos para lanzarse por la popa, cuando Hiccup se plantó frente a ellos y los detuvo de inmediato.
–¡Hey! ¡Hey! –ordenó con una mirada tajante –. Nadie va a roba a nadie.
–Santurrón –masculló Snotlout.
–Aguafiestas –agregó Tuff.
–¿Qué es lo que están haciendo esos chicos? –preguntó Honey, retomando el interés en los jóvenes en la playa.
Era algo curioso. A veces los jinetes de dragones olvidaban, que aún eran chicos y que por su edad solo deberían preocuparse por divertirse.
–Si bien recuerdo, es snowmageddon –explicó Barbara acercándose a los jinetes en compañía de Astrid –, un juego que inventaron los chicos de aquí.
–Patéticos –se burló Ruff –. ¿Cómo se juega?
–Los chicos deben hacer sus trineos de troncos de madera cortados en tiras largas –explicó la barbaría – y apiladas unas contra las otras, hasta crear una tabla similar a una mesa, pero más delgada y resistente al peso. Suben al montículo de nieve más alto que pueden y se deslizan hasta llegar al fondo.
–Similar cuando deslizamos colina abajo con los dragones –soltó Hiccup recordando el juego que solía compartir con Astrid en las faldas del pico Thor allá en Berk. Su mirada buscó inconscientemente a la joven rubia con la que había compartido grandes momentos en esa montaña.
Pero Astrid no pudo sostenerle la mira, fuera por duda o resentimiento. No estaba segura.
–Así suena tan mediocre –se quejó el joven Jorgenson –, quien quiere jugar ese juego tan ridículo.
–Snotlout ¿estás babeando? –le preguntó Fishlegs casualmente.
–¡¿Qué?! ¡No! –bramó él de inmediato limpiándose el resto de moco explosivo, pero pronto se ganó las burlas de sus amigos y de los demás tripulantes, tanto que casi nadie se percató en la mirada que se había apoderado del rostro de Hiccup.
–Esperen un momento –musito él.
–Esa mirada significa algo… –dijo su hermana siendo la única en poder leerlo a la perfección.
–¡Tengo una idea! –soltó el joven pecoso tan repentinamente que hizo brinca a Toothless del susto.
–Definitivamente –asintió Honey.
Chapter 134: El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 13
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 13
El viento helado resoplaba con un chiflido y helaba la piel de sus mejillas mientras los trineos se deslizaban a toda velocidad por el hielo congelado del mar del norte, en lo que eran tirados con fuerza por las alas de los dragones de los jinetes.
Los chicos guiaban el camino volando bajo para evitar los fuerte vientos de la tormenta invernal, en lo que los tablones, algunos miembros de la armada de Berk, Gobber, Barbara y Smolder se sujetaban con fuerza para no salir disparados ante la gran velocidad.
–¡El viento está cobrando más fuerza! –bramó Gobber mientras sujetaba a su amiga del brazo para que no saliera volando.
–¡Es el ojo de la tormenta! –gritó Stoick con fuerza desde el lomo de Thornado.
–¡Debemos resistir! –apenas se alcanzaron a escuchar las palabras de Hiccup ante el estruendo del viento. El chico pecoso y su night fury iban a la cabeza del grupo, guiando con su radar la dirección ante la poderosa y oscura tormenta.
–¡Tal vez no perdimos! –chilló Fishlegs, el único jinete que no montaba a su dragón y por igual eran jalados en los trineos.
–¡Lo juro por Freya, vamos en la dirección correcta! –contestó Smolder, aunque nadie podía estar seguro de cómo estaba convencida de ello –. ¡No falta mucho!
–¡Voto arrojarla al mar si equivoca! –gritó Ruff.
–¡Apoyo la moción! –aceptó su hermano.
–¡Nadie va arrojar a nadie! –los contradijo Astrid levantando su puño.
–¡Chicos, sigan adelante! ¡Casi llegamos!
–¡Si morimos congelados será tu culpa, Hiccup! –le gritó Snotlout.
–¡Si morimos congelados te doy permiso de arrojarme al mar, Snotlout! –aceptó el muchacho con ironía.
–¡Apoyo esa moción! –agregó Honey mientras se apretaba contra la espalda peluda de su dragón.
Horas antes de que corrieran el riesgo de morir congelados en las aguas heladas del norte, varios sucesos se conjuntaron para que llegaran al punto de descargar su frustración en el joven pecoso si las cosas no resultaban como imaginaban. Todo inició con el regreso de Stoick y Gobber al Pingüino Peregrino acompañados de una antigua amiga del herrero, Smolder.
Al parecer, el resto de los habitantes de Chilblain decidieron no matar al líder vikingo y herrero después de todo; pero nadie, con excepción de Smolder, se ofreció a guiarlos a las tierras de norte donde solían ir los comerciantes, con quienes los habitantes de la isla solían intercambiar vienes por madera.
Claro, el padre de la vikinga no estaba muy feliz con que su hija se marchara con Gobber, pero la mujer conocía bien a su padre y pudo convencerlo con amenazarlo de no volver a prepararle estofado de pescado si no la dejaba acompañarlos.
Cuando finalmente los tres vikingos regresaron al navío se toparon con la nueva idea de Hiccup.
Como resultaba imposible que pasaran por el mar congelado a bordo del barco, sin importar lo grande y poderoso que este fuera, podían recorrer la distancia en trineos tirados por los dragones mucho más rápido que sí lo hicieran a pie o en barco.
–Espera cerebrito –soltó Snotlout al escuchar el plan de Hiccup –. ¿No sería más fácil si llegamos volando sobre los dragones en primer lugar?
Como le recordó Stoick, Spitelout y la mayoría de los miembros de la guardia a Snotlout, no podían correr el riesgo de ser detectados si llegaban volando desde las alturas, en especial a desconocer con lo que se estaban enfrentado. Además, Hiccup le explicó, que la mejor forma de llevar a la mayoría de la guardia de Berk sería con ayuda de los trineos, ya que los dragones tendrían que dar varias vueltas para poder llevar a todos sobre sus hombros sí hicieran el trayecto solo volando.
Los trineos era la mejor opción para recorrer el mar congelado de forma discreta dejando a pocos miembros atrás.
Ya con la boca de Snotlout cerrada como la boca cocida de Loki, pusieron en marcha su plan. Smolger les ayudó a recolectar los materiales necesarios para construir los trineos. Los miembros de la guardia los armaron fácilmente siguiendo el diseño con el que jugaban los niños de Chilblain.
Cuando ya todos estaban listos para partir, unos pocos tripulantes se quedaron en el Pingüino Peregrino, en lo que los demás se distribuyeron sobre los trineos para ser tirados por los dragones más fuertes, que soportaran la ventisca que comenzaba a arreciar.
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–Me lleva Loki –soltó Gobber sacudiéndose sus ropas una vez en tierra firme pero completamente nevada.
–Sí, yo quería que arrojáramos a Hiccup al mar –agregó Tuffnut desilusionado confundiendo el motivo del comentario.
–¿En dónde nos encontramos? –preguntó el joven pecoso contemplando los alrededores. Era una costa nevada donde las suaves olas arrojaban el hielo del mar sobre la arena, causando un constante y armonioso tintineo.
–Estoy segura que estás son las tierras del norte –aseguró Smolder –. Pero en qué parte de ellas estamos exactamente, lo ignoro.
–¡¿Qué?! –explotó Snotlout –. ¡Se supone que te trajimos porque sabías donde debíamos ir mujer!
–¡Snotlout! –lo calló Astrid propinándole un zape en la nuca.
–Las tierras heladas del norte son un territorio inhóspito y difícil de guiarse debido a que todo se ve igual –explicó Smolder al grupo de vikingos hooligans, sus dragones y amigos.
–Y definitivamente este no es el campamento que estamos buscando –puntualizó Honey señalando unas escazas y raquíticas chozas que estaban a pocos metros de la costa. Un poblado pesquero de novadas sin lugar a dudas.
Los pobres lugareños ataviados solo con algunas pieles de animales, se ocultaron dentro de sus hogares o detrás de cualquier cosa que los pudiera cubrir de los recién llegados y sus bestias escupe fuego.
Tuffnut y Ruffnut aprovecharon las reacciones de los locales para asustarlos agitando sus armas sobre sus cabezas en lo que gruñían como animales. La reacción fue instantánea y los pobres aldeanos chillaron en lo que corrían a ocultarse despavoridos.
–¡Tuffnut, Ruffnut! –los llamó el jefe Stoick firmemente –. ¡Dejen de asustarlos!
–¿Por qué deberíamos parar? –se quejó el gemelo rubio.
–Mejor deberías decirles que no se asusten tan fácil –contentó su hermana antes de hacer unas muecas y terminar de espantar a los locales.
–Dudo que obtengamos información de ellos en ese estado –comentó Fishlegs.
–No veo porque no –comentó Stoick con seguridad con sus manos en su rechoncha cintura –, no estamos aquí para lastimarlos.
–Un grupo de vikingos armados hasta los dientes, acompañados por dragones –comentó sarcásticamente Hiccup ganándose una risita por parte de Barbara “The barbarian” y algunos miembros de la guardia de Berk –. Claro, nos vemos como un grupo muy amigable.
–¡Por Odín! ¡Hay que intentarlo, maldita sea! – dijo decidida Astrid dando unos pasos hacia adelante. No sabía que destino le esperaba a su dragona con el ladrón de Arngrim, por lo que no estaba dispuesta a esperar más tiempo. Asustados o no, lo aldeanos le darían una respuesta –. Hola… –pero su saludo fue recibido con más pánico y miedo.
–O tal vez no –soltó Snotlout con una risita burlona.
La rubia intentó acercarse nuevamente unas cuantas personas más, obteniendo el mismo resultado. Desesperada se volvió hacia el gemelo pecoso:
–Hiccup estamos perdiendo el tiempo.
El chico miro el poblado ya casi desolado frente a él, luego a sus compañeros vikingos y dragones, y por ultimo la tormenta invernar que acababan de pasar. Las cosas no pintaban para bien si no averiguaban a donde estaba el poblado al que huyó Arngrim. Pero tampoco tenían muchas opciones por delante y ya era muy tarde para regresar.
Hiccup necesitaba otro plan.
–¿Hiccup? –como un llamado de los dioses, escuchó su nombre. Buscando con la mirada pronto se encontró con una cabecita dentro de la piel de oso blanco que lo observaba desde detrás de un bote en reparación.
–¿Eggingard?
–¡Hiccup! –dijo la niña esclava alzándose por completo de su escondite –. ¡Honey!
Ambos gemelos pecosos se sobresaltaron ante la sorpre, pero pronto salieron corriendo al encuentro de la pequeña niña quien se tropezó en la nieve en lo que corrió en su encuentro. Todo ante la mirada incrédula de los demás vikingos.
–Eggingard ¿qué haces aquí? –le preguntó Honey mientras la abrazaba.
–Esta es la aldea donde nací, es mi hogar –dijo la niña señalando la raquítica aldea.
–Es muy… acogedor –comentó Hiccup tratando de mantener su sonrisa.
–¿Qué están haciendo tan lejos de Berk, rawr?
–Un ladrón se robó uno de nuestros ladrones –le explicó Honey señalando a Astrid con su pulgar – y al parecer él la trajo a un campamento aquí en las tierras del norte.
–Hemos pasado muchas dificultades… –dijo Hiccup
–Y rencontrado con muchos rostros del pasado… –agregó su hermana.
–… para finalmente llegar aquí.
–Aunque no estamos seguros donde queda ese campamento.
Eggingard le echó una mirada con sus ojos desorbitados a sus amigos y luego a la muchedumbre de vikingos que los acompañaba. Después de un momento de silencio para meditar, dijo entre gruñidos:
–Solo hay un lugar que tiene esa descripción: el campamento de los cazadores, rawr.
–¿Qué? ¿Cazadores? –mascullaron los hermanos.
– Cazadores de dragones –dijo la niña –. Su campamento está a unos cuantos kilómetros en aquella dirección –agregó indicando con su mano enguantada en la piel de oso –. Es ahí donde venden y compran dragones.
Chapter 135: El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 14
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 14
Las tierras del norte eran llamadas “las congeladas” por una importante razón, y era la increíble capa de hielo y nieve que cubría por kilómetros toda la superficie. No se podía apreciar ningún árbol o surco a sus alrededores, solo tundra congelada hasta donde llegaba la vista.
Una fuerte ventisca helada que calaba hasta los huesos, cruzaba el campo congelado, y golpeaba con fuerza ante la falta de cualquier estructura que obstruyera su intensidad. La blancura de la nieve era tal, que la poca luz solar que atravesaba las nubes de tormenta, se reflejaba y lastimabas sus ojos. Para poder seguir a Eggingard por la larga planicie nevada, debieron colocarse unas gafas especiales como las que Hiccup usaba para protegerse al trabajar en la forja o un sombreado sobre sus parpados con hollín.
A pesar de ser vikingos curtidos en el salvaje archipiélago barbárico, estar cubiertos con gruesas pieles de animales que adquirieron del ladrón Angrim y estar acostumbrados a las constantes heladas en su territorio, la marcha por la planicie congelada fue difícil y pesada. Inclusive los dragones, con sus cuerpos calientes apenas resentían tales inclemencias de clima.
Solo la pequeña niña en la piel de osos que dirigía al grupo parecía inmune a las durezas del tiempo.
–Falta subir esa pendiente –explicó Eggingard con un grito para que voz pudiera escucharse a pesar del fuerte viento –. De ahí podremos ver el campamente, argg.
Con un último gruñido de animal, la niña continuó la marcha como si fuera un paseo en el campo. Los vikingos que la seguían intercambiaron algunas miradas nerviosas, pero al final siguieron adelante.
Solo una persona contemplaba la situación con gran asombro y estupefacción, y esa era Astrid, cuyo razonamiento la sacudían y alejaban cada vez más del grupo, pronto quedo al final de la caravana. Desde su posición podía ver a cada uno de los marchantes con claridad, los siete dragones caminados junto a los vikingos, el jefe de su tribu, su amigo y principal consejero, la antigua amiga de este, los jóvenes jinetes de dragones, diez miembros de la guardia de Berk, incluido el padre de Snotlout, Barbara “La barbarian” la mejor amiga de su primo y la pequeña niña esclava amistad de Hiccup y Honey.
Una multitud de amigos, conocidos y nuevas amistades que habían enfrentado el mar de norte, los casquetes congelados, una tribu poco amigable y una terrible ventisca en un terreno helado y todo para ayudarla a recuperar a su dragona.
Porque efectivamente, todos los que estaban ahí para ayudarla. Incluso los que no la conocían bien, quienes decían despreciarla, o los que lo hacía por un favor a otro amigo. Era más que un sentimiento de camaradería o lealtad. Era afecto.
Eran una familia, una tribu, todos pertenecían a todos y Astrid siendo uno de ellos tenía su apoyo incondicional, incluso en la más desesperadas travesías.
Era irónico, ya que Astrid apenas unos días se había sentido alejada de todo tipo de soporte y valoración, que debía luchar con uñas y dientes su lugar y respeto en la tribu. Pero en aquella meseta helada pudo darse cuenta que siempre la tuvo, siempre fue parte de algo y era importante para otros.
Podía haber burlas y competencia entre ellos, pero su tribu, sus amigos, sus seres queridos estarían siempre para ella y no necesitaba mucho para ganarse esa condición, porque ya la tenía.
Que ciega y necia había sido. Astrid no pudo evitar sentirse como la mayor tonta de mundo. Detuvo sus pasos en lo que su cuerpo se entumió y no por el frío de la ventisca, sino por la realidad que la golpeaba y la dejaba tambaleante.
No se percató cuanto tiempo estuvo inmóvil hasta que escuchó su nombre como susurro en el viento.
– Astrid.
Era Hiccup, quien había regresado sus pasos hasta ella, en lo que el resto de la caravana esperaba casi en la cima de la colina, preguntándose porque se había detenido.
–¿Estas bien?
Las palabras se atragantaron en la garganta de Astrid siendo imposibles de salir. La chica pudo abrir levemente los labios, pero ni un suspiro salieron de ellos, estaba más que muda… estaba paralizada.
Sus ojos azules estaban enforcados en los verdes delante de ella que mostraban su preocupación. ¿Pero cómo podría responderle? Astrid se sentía como su propia villana, la que se contó a su mente que era una víctima del desprecio de otros, que estaba sola en el mundo, y debía mover montañas para ser respetada. En cambio, estaba ahí, rodeada por amigos y compañeros dispuestos hacer lo imposible por ella y Stormfly.
Y todo gracias a Hiccup.
Su amigo, compañero, su amor adolescente. El chico que la conquistó de mil maneras inimaginables, que daba todo para apoyarla y aquel que ella había maldecido por tratar de hacerla ver la realidad.
Que ciega había sido… que ingrata… realmente no merecía a Hiccup.
Pero el chico no tradujo su silencio en la tormenta que ocurría dentro de su cabeza, en cambio le regaló una sencilla sonrisa que era capaz de derretir témpanos de hielo; la tomó de la mano, le lanzó una piel lanuda de oso sobre los hombros y la llevó de regresó al grupo sin esperar una respuesta.
Como siempre, dispuesto para ella.
Astrid no se merecía Hiccup… no merecía nada de eso.
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Eggingard les indicó a los vikingos que debían arrastrarse sobre sus vientres el ultimo trecho de la colina hasta alcanzar el punto más alto. En silencio, los hooligans y sus dragones imitaron a la joven de piel de oso, que prácticamente desaparecía en su entorno con aquel abrigo blanco.
Tan pronto alcanzaron el punto más alto de la colina, los hooligans se percataron la razón por la que la niña había insistido en que se arrastraran por la nieve helado con sus barrigas. Unos metros abajo, en las faldas de la colina había un largo campamento, donde las tiendas de campaña ofrecían la única protección de los elementos. Había puestos improvisados de vendedores ofreciendo sus productos y una redonda arena un poco más pequeña que la Berk, que era la única construcción solida de todo el lugar.
Habría sido un campamento ordinario, sino fuera que había jaulas de acero de todos tamaños llenando cada rincón, y en ellas podías apreciarse a su pobre victimas atrapadas: dragones. Pequeños terrors de colores apretados por montones en jaulas raquíticas, nightmares con las alas amarradas sobre sus espaldas, gronckles con bozales de acero que les impedía abrir sus hocicos. Cada una de la bestia se veía más miserable que la anterior, mientras que los bandidos los intercambiaban entre ellos, sus pieles y huevos. Era casi probable que la carne que cortaba un carnicero perteneciera a una de esas pobres bestias.
Los dragones junto a los vikingos soltaron leves gemidos de horror, y uno que otro intentó levantar su cabeza, para luego ser detenidos por sus jinetes. Por suerte, el bullicio del campamento cubrió a la perfección cualquier sonido que ocurría sobre la colina.
–Tranquilo chico – susurró Hiccup a su dragón de ébano en lo que frotaba su nariz para tranquilizar sus leves gruñidos.
–Es horrible –soltó a su lado Fishlegs horrorizado.
–Es peor de lo que me imaginaba –dijo a su vez Honey.
–Sí, ese tipo está preparando un asado con fuego alto –comentó Tuffnut indignado elevando la voz –, solo va a conseguir quemar la carne.
–Es un monstruo –acompañó su hermana, pero pronto ambos fueron silenciados por su dragón cuando los presionó contra la nieve con sus cabezas.
–Chicos, calmémonos por un momento –dijo Hiccup percatándose del riesgo de ser descubiertos si continuaban elevando la voz –. Sé que todo esto es terrible, pero debemos ser objetivos.
–Hiccup tiene razón – agregó Stoick volviéndose a los miembros de la guardia –. No hay que olvidar porque vinimos, uno de ellos creyó que podía entrar a nuestra isla a robarnos e irse tranquilamente con uno de los nuestros.
–Hay que descubrir a cuantos nos enfrentamos –agregó Gobber a su lado mascullando sus palabras.
–Sus debilidades… –continuó Smolder entornando la mirada.
–El punto exacto para atacar –dijo Barbara en lo que acariciaba la cabeza de su gato.
–¿Dónde está Stormfly? –soltó de repente Astrid alzando la cabeza –. No la veo por ningún lado.
Pero antes de que alguien pudiera calmarla o hacerla bajar la cabeza, un bramido captó la atención de los hooligans ocultos en la colina. Era una voz que todos reconocieron de inmediato.
En el centro de la arena, donde muchos de los cazadores se habían reunido, había un podio improvisado con piezas de navíos olvidados, donde rápidamente distinguieron al ladrón Arngrim en el centro del mismo:
–Sean todos bienvenidos a otra gran subasta en el “Doomed ice sickle”. Pronto empezaremos con las demostraciones de mercancía que han traído consigo los cazadores de dragones más forajidos del archipiélago barbárico y de tierras más lejanas.
Sus palabras fueron recibidas con gruñidos poco amistosos del resto de los forajidos.
–Pero recuerden –agregó el bandido –, no toda la riqueza viene en bienes materiales. Y antes de que piensen en degollarme, en esta ocasión traigo varios secretos que valen cada palabra oro.
Chapter 136: El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 15
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 15
–¡Tres monedas de oro! ¡Pata de Yak asada por tres monedas de oro! –gritaba el vendedor a todo pulmón tratando de atraer clientes sin muchos resultados, debido a que la mayoría de los bandidos estaban ocupados intentado entrar a la amontonada arena de dragones –. ¡Vengan por su pata de yak!
El robusto carnicero continuó llamando por unos minutos más hasta que finalmente se percató que sus carnes estaban desapareciendo de su mesa. Y al ver curiosamente sobre esta, se encontró con el par de gemelos Thorston devorando sin ninguna gracia toda su comida.
–oh uh –soltó Tuffnut con la boca llena.
–¡Malditas sabandijas! –bramó el carnicero –. ¡Ladrones miserables!
–Todos aquí son bandidos –comentó Ruffnut antes de ponerse de pie de un brinco.
–Sí, no sé porque le sorprende que le roben –acompañó su hermano ante de que los gemelos salieran corriendo hacía los fríos corredores del campamento, con el carnicero corriendo detrás de ellos, alzando su cuchillo sangriento sobre su cabeza.
–¡Vengan acá ladronzuelos miserables! – los llamaba una y otra vez el carnicero corriendo detrás de ellos, pero su voluminosa barriga lo dejaba rezagado –. ¡Haré un fantástico estofado con ustedes!
–¡Pues tendrá que sacarlo todo del trasero de Ruffnut! –le respondió Tuff, pero antes de que fuera alcanzado por el cuchillo del carnicero, su hermana le dio un puñetazo directo a la nariz que lo derribó por completo.
Tuff cayó al suelo de espaldas, y la nieve aplastada por los constantes pasos de cazadores que habían quedado tan dura como piedra, hizo que resonara con fuerza la cabeza dura del gemelo cuando chocó contra esta. Tuff que estaba acostumbrado a los fuertes golpes en la cabeza, solo se desorientó un poco en lo que las luces de norte bailaban frente a sus ojos.
–Alguien apuntó la matrícula de ese gronckle que me atropelló –balbuceó este perdido.
Pero antes de que pudiera ponerse de pie, la visión del carnicero se cernió sobre él. Una sonrisa malvada se dibujó en los labios del hombre.
–Me atrapado –sentenció el gemelo dramáticamente –, ahora puede comerme. Pero me vengaré cuando mi carne correosa les haga daño a sus intestinos.
La venganza correosa de Tuffnut nunca se llegó a cumplir, ya que antes de que el carnicero pusiera sus manos sobre él, el hombre fue noqueado por completo ante un fuerte golpe de un mazo en su cabeza.
–Quieres levántate, holgazán –le dijo Gobber a Tuff en lo que él y su amiga Smolder aparecieron en la periferia de su vista.
–Hoy no serás alimento de alguien –comentó la vikinga de Chilblain, en lo que arrojaba al carnicero a una montaña de cuerpos inconscientes que tenían en el callejón contiguo.
–Es una lástima –se quejo su hermana con una risita ronca antes de ofrecerle una mano a su hermano.
–Quieren dejar sus tonterías –dijo Gobber ajustando su mazo en lugar de mano –. Aún tenemos muchos cazadores y bandidos que noquear.
Sus palabras fueron recibidas por risitas roncas y maliciosas de parte de los gemelos. No se podía decir sí eso era una buena o mala señal.
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Sobre la colina nevada que erguía sobre el campamento de cazadores, parte del grupo de los vikingos de Berk se habían quedado atrás para vigilar y esperar la señal para acudir con los refuerzos. Siendo estos principalmente los dragones.
–Esto es tan patético –se quejo Snotlout con la barriga fría contra la nieve del suelo –. ¡Debería estar ahí abajo! –masculló tercamente en lo que todos, incluidos los dragones, solo rodaron sus ojos en frustración –. Yo estaría haciendo mejor trabajo que esos gemelos idiotas.
–Snotlout, piénsalo por un instante –le dijo Honey a su lado, cubierta de la helada por el ala escamosa de Furry –. Si alguien hubieran pensado que hubrías hecho mejor trabajo que los gemelos, te habrían elegido en primer lugar para que los acompañaras –explicó mordazmente –. En cambios te dejaron aquí… conmigo –agregó con gran desdén en su voz.
Snotlout por un minuto meditó las palabras de la joven, hasta que finalmente soltó vociferando:
– ¡Que mierda…!
Pero sus palabras fueron enmudecidas rápidamente por la joven pecosa al taparle la boca.
–Sí, una mierda –repitió la gemela pecosa apartando asqueada la mano de la boca de su primo cubierta de baba.
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Hiccup, Astrid, Eggingard, Blaizebite y Toothless se encontraban en la entrada posterior de la arena de aquel campamento. Era principalmente un largo corredor formado por varias jaulas con dragones atrapados. Un par de guardias vigilaban la entrada principal, pero estos pronto se marcharon en lo que un grupo de bandidos se alejaron del lugar empujando una jaula bastante pequeña para el whispering death que yacía adentro.
–Es nuestra oportunidad –musitó Hiccup, indicándoles a las chicas y a los dragones a correr en dirección de las jaulas antes de que fueran vistos.
Por suerte, la mayoría de los bandidos se encontraban dentro de la arena escuchando las palabras Arngrim para percatarse del nightfury, el monstrous nightmare y los tres chicos colándose por la parte de atrás. Ya una vez entre las jaulas, se percataron de que la situación era mucho más terrible de las que se imaginaron.
En cada una de las jaulas, sin importar su tamaño había un dragón cautivo, y la mayoría, apenas podía moverse dentro de su prisión. Casi todos estaban amordazados y algunos hasta atados de las garras.
–¿Cuántos dragones han capturado estos cazadores? –masculló Astrid examinando una jaula repleta de pequeños terrible terrors.
–Demasiados, arwww –contestó Eggiganrd en voz baja –. Todos los años se reúnen los peores días de tormenta para intercambiarlos por oro o más dragones.
–Eso es terrible –dijo Hiccup frotando la cabeza de su dragón de ébano en un ademan consolatorio ante la crueldad que presenciaban –. Pero si lo piensan, nosotros no éramos muy diferentes, cuantas generaciones murieron en una guerra que era innecesaria –continuó en lo que examinaba un candado roído que mantenía la jaula cerrada.
Ante sus palabras, una melancolía mayor se apodero de sus compañeros, pero en la rubia fue un golpe directo a los deseos de venganza que la consumieron. Pero al contemplar a su alrededor, y vio cada pobre bestia enjaulada, un pobre animal que no había sido amado como su Stormfly, se sintió como la peor en el mundo. Como había dicho Hiccup: no muy diferente a los cazadores.
Esos dragones eran incomprendidos con un futuro incierto. Y en cierta forma, ella se había sentido por igual cuando pensaba que se encontraba sola contra el mundo. Pero en cambio, había cruzado las aguas de norte para recuperar a su dragona en compañía de amigos. Y en cierta forma, Astrid también había sido encontrada en ese viaje por un ser querido.
Hiccup le había dado la esperanza, raciocinio y sentido en momentos donde no lo había, y seguramente él podía hacer lo mismo por esos dragones en ese campamento… y como lo había hecho para Astrid en muchas ocasiones.
–Se debe hacer algo… –soltó Astrid en voz alta, a lo que Eggingard sacudió sus brazos delante de ella para hacerla bajar de voz.
–Lo haremos –dijo el gemelo pecoso –, pero primero hay que encontrar a Stormfly…
–No solo hablo de ella –comentó la rubia volviéndose en dirección del chico –. Me refiero a nosotros.
–¿Qué?
Hiccup clavó sus ojos tan verdes como un profundo bosque en ella, y la rubia casi se pierde en su inmensidad. Tragó saliva antes balbucear:
–Hiccup… lo que trató de decir…
La chica dio un paso adelante aproximándose al joven pecoso, pero en cambio Hiccup la miraba como un borrego asustado.
–Astrid no creo que sea el mejor lugar y momento para esto –respondió él alzando sus manos.
–Pero no puedo dejarlo pasar –insistió ella dando otro paso seguro y determinado –, ni por un momento más…
Quedaron un palmo sus rostros. De un lado Astrid tratando de encontrar el valor para admitir que se había equivocado, pedir perder y agradecer la compañía y afecto del muchacho, y como deseaba que no la dejara sola nunca más; pero por el otro, Hiccup, confundido con el reciente comportamiento de la rubia, esperaba lo peor con sus siguientes palabras.
–¿Acaso ustedes son novios? –soltó de repente Eggigand sacando a ambos jóvenes del trance que estaba.
–¿Qué? –musitaron ambos en lo que se volvieron a la chica con piel de oso y la mirada expectante de sus dos dragones.
–Sí –respondió rápidamente Hiccup.
–No –dijo Astrid a su vez.
–¿No? –soltó inmediatamente Hiccup.
–¿Sí? –masculló Astrid.
–Arww… –gruño Eggingard. Y su leve rugido fue imitado por otro dragón, uno que rápidamente reconocieron.
–¡Stormfly! –bramó Astrid finalmente reconociendo a su dragona atrapada en una jaula al fondo.
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Stoick le echó un ultimo vistazo al bandido que yacía inconsciente en el suelo en lo que se acomoda varias piezas de sus ropas sobre la suyas, especialmente aquellas decoradas con huesos de dragones.
–No estoy muy seguro de esto –escuchó detrás él musitar la voz quejumbrosa de Fishlegs. Al volverse se encontró al joven regordete vistiendo casi ridículamente varias partes de las ropas de otro bandido que incluso le quedaban grande a pesar de su regordete cuerpo.
Barbara, a un lado de él, tambaleaba en lo que trataba de contenerse la risa. Por suerte para ella, sus ropas de viaje y su gato de guerra, le daban la suficiente cubierta para mezclarse entre los cazadores.
–Silencio –sentenció el líder vikingo antes de marchar directo a la muchedumbre que intentaba adentrarse a la arena amurallada con nieve – y comienza a caminar.
Marcharon entre los cazadores tratando de mezclarse sin muchas dificultades, nadie realmente ponía atención a sus alrededores, estaban más interesados en acercarse lo suficiente a Arngrim y escuchar lo que tenía que decir.
Pronto se encontraron empujándose los unos a los otros al adentrándose por igual a la arena. Stoick, Barbara y Fishlegs lograron alcanzar un lugar cerca de una baranda hecha con un tronco viejo, donde podían ver y oír con claridad de Arngrim apresar de la multitud a su alrededor; apretados contra un desconocido de brazos bronceados y una capucha sobre la cabeza.
El desconocido llevaba un dije colgado al cuello que le pareció sumamente similar a Stocik.
–Jefe Stocik… –lo llamó Fishlegs en su susurro distrayéndolo, y señalando una dirección opuesta a la entrada la arena – mire por allá.
Por una gigantesca compuerta enrejada hecha de hierros oxidados, se encontraban un par de bandidos intercambiando sacos obviamente repletos de monedas de oro, por cajones de madera con un misterioso contenido. Pero lo que realmente señalaba Fishlegs, era a una persona en particular.
–Savage –masculló Stoick casi con bilis –. ¿Qué estará haciendo aquí?
La presencia de uno de los seguidores de Alvin the Treacherous era una mala señal, pero por desgracia no estaban en una posición que pudieran hacer mucho al respecto. Lo único era esperar a la señal y con suerte, ponerle las manos encima una vez que caos se desatara.
–Huevo de dragón – bramó Arngrim señalando un nido con huevos a su lado, atrayendo de nuevo la atención de los presentes a su persona. Segundos suficientes para que Stoick perdiera de vista a Savage –. No solo son deliciosos en estofado y con un tarro de hidromiel, también es una gran herramienta para controlar dragones. Por generaciones hemos estado cazando dragones, proliferando con sus pieles, alimentándonos con su carne y enriqueciéndonos con sus restos. Pero hay una técnica que pude revolucionar el comercio de dragones y superé los riesgos de la caza.
Las burlas entre los bandidos y cazadores aumentaron entre ante esas palabras. La terquedad vikinga a mantener las viejas costumbres, ante todo.
–Entiendo que para los tercos cabezas dura y necios a los antiguos métodos, no les interese un cambio –respondió Arngrim a los barullos casi riendo de los mismos. Comenzó a marchar de un lado a otro y alrededor de una jaula que se encontraba cubierta con una piel raída –, especialmente de la gloria que traer capturar un dragón; pero ofrezco un método que permitiría tener una mayor cantidad de dragones sin perder tantos recursos y brazos en el camino.
Finalmente, con sus palabras obtuvo toda la atención que buscaba y el silencio de los que dudaban.
–Cría a los dragones. Como simple ganado.
De nuevo los murmullos se multiplicaron entre la multitud, pero no había más burlas entre ellos. Incluso, había más de amenaza y molestia. Solo el hombre a lado de Stoick parecía interesado en las palabras del bandido.
–Antes de que intenten despedazarme, dejen proponer mi propuesta –agregó rápidamente Arngrim con una sonrisa burlona –. ¿Cuál es la razón por la que nunca hemos podido criar dragones? Por qué no animales dóciles, excepto… en un momento crítico de su vida –continuó alzando un huevo del nido –. Hace un tiempo pude encontrar un punto de anidación de los dragones y descubrí su comportamiento único con sus huevos.
Acto seguido, el bandido tomó la piel raída sobre la jaula revelando un whispering death furioso, pero incapaz de disparar alguna bola de fuego debido a la mordaza que mantenía sus feroces fauces cerradas. Arngrim acercó y alejó el huevo del dragón de la jaula constantemente ante la mirada atónita de los espectadores. Cada vez que el huevo era acercado a la reja, el dragón prestaba atención a las acciones del bandido y se mantenía quieto. En cambio, cuando lo aleja, se agitaba y comenzaba a azotarse contra la reja.
–Los Huevos fuerzan a los dragones a obedecer ante el riesgo que algo les suceda –explicó Arngrim – y una vez que nacen, las cría harán cualquier cosa por estar su madre y la seguirán a cualquier lugar por ella. Con ese conocimiento se puede domar hasta la fiera más salvaje.
Para la paz de la pobre madre Whispering death, finalmente el bandido devolvió el huevo al nido.
–Y tengo varias madres y nodrizas disponibles para empezar su propia manada, y solo para aquellos dispuestos a invertir –aseguró Arngrim entre carcajadas en lo que la multitud que se comenzaba a vociferar precios e intercambios –. Y hay una piel de oso polar de regalo con su compra.
–Que horrible – no pudo evitar musitar Fishlegs.
Pero en cambio Stoick, estaba más interesado en el hombre desconocido que había estado parada a su lado todo el tiempo, y había desaparecido, repentinamente.
–Ahora, la segunda oferta del día –soltó Arngrim bruscamente a pesar de los gritos de la muchedumbre –. La ubicación de una isla donde se entre….
Pero antes de que pudiera terminar la oración, un rugido estremecedor acalló la arena y a todos los presentes. Lo siguiente que supieron era que las paredes de la arena congelada comenzaron a derrumbarse.
Chapter 137: El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 16
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 16
–¡¿Qué está sucediendo ahí?! –bramó Arngrim en dirección de las puertas de entrada a la arena, que conectaban justamente con el área donde resguardaban a los dragones enjaulados. Pero como una respuesta a sus alaridos, las puertas comenzaron a sacudirse, como si una fuerza descomunal las golpeara con intensidad desde el otro lado, hasta que finalmente cedieron.
Una estampida de dragones se adentró a la arena, rugiendo y gruñendo a todo bandido en su camino.
–¡Esto no era parte del plan! –soltó Fishlegs nervioso –. ¿O si era parte del plan? –preguntó volviéndose a su líder.
Stoick le lanzó una mirada rápida al chico y otra a Barbara. No todo podía salir como se esperaba. Sin más, soltó un alarido de batalla y lanzó contra Arngrim en el centro de la arena. Barbara rápidamente lo imitó y le propino una patada en la entrepierna al primer hombre en su camino. Fishlegs tembló un poco antes de armase de valor y unirse con un chillido, más que un grito de batalla.
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Sobre la colina cubierta de nieve, Honey y Snotlout vieron y escucharon claridad el momento justo en que se desató el caos en la arena bajo sus pies.
–¡Wow! –soltó Snotlout –. ¡Por las barbas de Odín! –para luego volverse hacia Honey y preguntarle –: ¿Es esa la señal?
–Definitivamente esa es una señal de algo –contentó la gemela pecosa poniéndose de pie. Con sus movimientos los dragones extendieron las alas listas para volar.
Honey y Snotlout montaron rápidamente sobre sus respectivos dragones antes de que todos se lanzaran por el cielo. En cambio, los miembros de la armada de Berk que permanecieron ocultos en la colina, soltaron su respectivo grito de batalla, en lo que descendieron a pie por la nieve congelada al campamento de los bandidos.
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El caos se había apoderado del campamento, en lo que algunas explosiones se escuchaban a los alrededores, posiblemente ocasionadas por los dragones que había logrado liberar y otras por los demás jinetes de dragones, también cabía la posibilidad de que los gemelos Thorton estuvieran involucrados. El caos y la destrucción eran acompañados el inconfundible sonido del acero golpeando entre sí y los gritos de batalla.
Los Hooligans habían iniciado su ataque.
–Sus amigos tomaron por sorpresa a los bandidos –confirmó Eggingard mientras vigilaba los alrededores, oculta detrás de una jaula desocupada –. Muchos están corriendo, argg.
Había gran verdad en sus palabras. A pesar de que los invasores vikingos eran superados en número por los bandidos, estos contaban con el apoyo aéreo de los dragones y el elemento sorpresa había suficiente para disuadir a los locales de huir.
Hiccup no pudo evitar sonreír al escuchar eso.
–Al menos algo sale bien para variar –comentó indicando a su dragón el grueso candado que mantenía cerrada una jaula –. Toothless está es la última.
A su orden, el dragón de ébano soltó un poderoso disparo con gran precisión que volvió añicos el candado. Permitiendo al timberjack atrapado en ella extender sus alas.
–¡Vamos! ¡Se libre! –motivó el gemelo pecoso al dragón en lo que había la puerta de la reja de par en par –. ¡Huye!
El dragón de largo cuello dio unas olfateadas al aire de la libertad, antes de salir de su prisión con un par de fuertes aleteos. Hiccup y Toothless lograron apartarse antes de que fueran alcanzados por la envergadura de alas del dragón.
Un sentimiento de seguridad y alegría se apoderó del muchacho, en lo que contempló al dragón alejarse volando del caos en el campamento. Ya solo quedaba uno pendiente.
Hiccup se volvió hacía Astrid.
En la jaula de fondo, la rubia se encontraba dentro de esta, que había sido la prisión de su dragona. Stormfly respondía a los afectos de la rubia con suaves gorgojeos, mientras Spitfire examinaba con su nariz algo en el suelo de la jaula.
–No estoy enojada contigo, chica –le murmuraba Astrid a su dragona en lo que frotaba con cariño su nariz –. Aunque debemos solucionar tu lealtad con el pollo.
Hiccup no deseaba interrumpir aquel momento especial entre la dragona y su jinete, pero el tiempo se les terminaba y no podía quedarse mucho tiempo ahí.
–Astrid ha llegado momento –la llamó Hiccup apresurándola.
–Lo sé, pero Hiccup…. –dijo la rubia mientras negaba con la cabeza – no podemos dejar estos huevos aquí. No sabemos qué planes tiene estos bandidos para ellos –agregó indicando una camada de paja, donde huevos de diferentes formas y colores se encontraban esparcidos por el suelo de la jaula. Aquellos que Spitefire había estado olfateando.
–Tienes razón –aceptó Hiccup alzando sus manos pidiendo paciencia –. Pero hay que apresurarnos antes de que…
–¡¿Quién está ahí? –el gritó de un bandido alertó a los chicos.
Eggingard quien debió estar vigilando, se adentró entre las jaulas corriendo en lo que chillaba como un animal:
–¡Waaaaaarrrr!
Dos grandes, robustos y malolientes bandidos se adentraron entre las jaulas detrás de ella.
–¡Vuelve aquí…! Tú… –bramaron antes pararse en seco al toparse con los dragones de los jinetes.
–Esto complica las cosas –musitó Hiccup dejando caer sus lados a los costados –. ¡Toothless, ataque de plasma! –ordenó señalando a los recién llegados.
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Stoick sacudió su gran hacha como distracción contra su contrincante, ya que su verdadero ataque fue un puñetazo directo a la nariz que derribó al bandido que enfrentaba. El vikingo se volvió sobre sí mismo para contemplar la batalla a su alrededor en aquella arena. Bárbara le aplicaba un candado al cuello a otro bandido con gran eficiencia, mientras su gato le arañaba el rostro.
Al menos la joven parecía no tener ninguna dificultad de controlar a sus contrincantes, a diferencia de Fishlegs, quien sacudía a ciega su pequeña daga mientras gritaba como demente. La única razón por la que no era atacado por los bandidos que lo acorralaron, se debía a que su comportamiento resultaba gracioso para ellos.
Stoick no pudo evitar soltar un gemido de decepción antes de encaminarse a apoyarlo, pero su marcha fue interrumpida por un hacha que pasó volando y se clavó a centímetros de sus pies.
–Debí imaginarme que tratarían de seguirme –gruñó Arngrim en lo que desenvainaba una espada –. Pero no creí que nadie fuera tan estúpido de venir hasta el fin del mundo, a un campamento lleno de cazadores de dragones. Pero es obvio que los hooligans no son para nada brillantes.
–Voy a demostrarte para que somos realmente brillantes los hooligans –soltó Stoick justo antes de lanzarle un puñetazo que tomó a Arngrim por sorpresas y lo hizo caer sobre su trasero.
El bandido era muy bueno con su labia, pero definitivo no con los golpes, ya que le costó trabajo levantarse después de primer puñetazo. Stoick pensó que así era mucho mejor, pronto terminaría con ese patético ladrón y podría salvar a Fishlegs en un par de minutos.
Pero de nuevo los rugidos se apoderaron de la arena, aunque en esa ocasión no les pertenecía a los dragones liberados, en cambio a los dragones de los jinetes de Berk que había llegado justo a tiempo.
Volando sobre sus cabezas, Furry, Barf y Belch, Meatlug, Thornado y Hoogfang, soltaron sus respectivos disparos destrozando algunos puntos clave de la arena, varios de los soportes cayeron antes fuego y las pocas gradas explotaron en pedazos generando un boquete donde el resto de los Hooligans pudieron entrar en la batalla.
Gobber y su grupo tenía limitadas los corredores de escape, y muchos de los que intentaba huir terminaban tumbados en la nieve por un fuerte golpe o eran cabalgado por alguno de los Thorston en sus hombros.
Para terminar, de lo que quedaba de las puertas de aquella arena, salieron volando dos bandidos que habían sido alcanzado sin duda un disparo de plasma. Pronto Hiccup y su dragón de ébano se unieron a la batalla.
–Vaya –soló Stoick satisfecho con el pandemónium a su alrededor y contemplaba como Meatlug aterrizaba sobre los bandidos que amenazaban a su jinete –. Parece que ahora tienes mi completa atención –dijo a Arngrim a sus pies, en lo que tronaba sus nudillos.
El bandido solo pudo arrastrarse un poco por el suelo antes de que recibiera la furia de los puños del líder de Berk.
Chapter 138: El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 17
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El gélido calvario de una doncella irascible Pt. 17
Una vez que el caos de la batalla terminó, Hiccup alzó la mirada en dirección del campamento semi desolado y algo destruido por la huida de los cazadores y bandidos. Los guerreros de la guardia Berk daban sus últimos rondines entre las chozas en busca de algún rezagado, mientras el resto arrastraba a los capturados al centro de la arena en una pila de cuerpos golpeados, amoreteados y maniatados.
Mientras, los jinetes de Berk se esparcían en los alrededores en compañía de sus dragones, en lo que intentaban recuperar algo de calor del que emanaba desde el interior de las bestias. Ya, por último, la familia y miembros de la tribu de nómadas del norte, comenzaron a examinar las edificaciones y pertenecías que los cazadores habían dejado atrás.
–Eggingard –Hiccup llamó a la joven de piel de oso polar, quien devoraba desesperadamente las sobras de un potaje en un caldero olvidado en una fogata. Sus mejillas normalmente pálidas, se sonrojaron ante lo hinchadas que estaban por toda la sopa que contenía su boca.
La chica tomó el resto del potaje de un solo trago, antes de volver en dirección del gemelo pecoso con una gran sonrisa.
–Mira Hiccup –dijo ella orgullosa señalado una chaza de maderos chuecos siendo examinada por su madre –. Esa será mi nueva casa, arggg.
–Estupendo –musitó el chico rascándose la nuca, compartió una mirada culposa con su dragón de ébano antes de agregar –: Pero… ¿será seguro que se muden al campamento? ¡No regresaran los cazadores?
Eggingard abrió la boca para responder, pero las palabras nunca salieron garganta ya que sus ideas no pudieron reproducirse como tales. Pero pronto una tercera voz salió al rescate de la joven de piel de oso.
–Yo lo dudo, Hiccup –respondió detrás de él su hermana gemela, quien rápidamente se unió al grupo en compañía de su dragón peludo –. Este campamento era un lugar secreto ¿no? Con nuestra llegada los hemos asustado, y lo más probable es que ahora busquen un nuevo lugar para instalar su campamento secreto –dijo haciendo burla de los planes misteriosos de los cazadores.
El chico pecoso contempló por unos segundos en silencio el semblante de su hermana, meditando el origen de las palabras: fuera por la lógica o por un instinto profundo e incomprensible que le aseguraba tal hecho. No podía estar seguro.
Cualquiera que fuese la razón, los nómadas de norte habían tomado ya una decisión, y cada una de las familias elegía su nuevo hogar.
–Esperemos que no estes equivocada –finalmente él soltó compartiendo una mirada con su hermana –. Por el bien de Eggingard y su familia.
–Argg.
Honey le sonrió a su hermano de tal manera que le confirmó el origen de tal seguridad. A veces esa capacidad le resultaba más consternarte que reconfortadora. Sin decir una palabra más, Hiccup dejo a ambas amigas en lo que platicaban entusiasmadas sobre el nuevo y solido techo que tendría Eggingard sobre su cabeza, y se encaminó en compañía de su dragón de regreso al centro de la arena.
En lo que sus pasos lo acercaban más a su destino, el gemelo no pudo evitar contemplar de nuevo la entrada a la zona trasera de jaulas donde lo dragones había estado cautivos, y pensar en lo que estuvo por suceder en el interior.
O al menos lo que pensó que sucedería.
¿Y habría sido tan terribles que sucediera de verdad? ¿Qué Astrid le dijera que lo pesaba decirle? ¿Si era justamente lo que se imaginó? ¿Qué con su amistad era suficientes para ambos? No podía negarlo, habían tenido momentos difíciles últimamente y era probable que Astrid se hubiera cansado de él hasta ese punto.
Pero para llegar a retroceder todo lo que habían avanzado en su relación…. ¿O… realmente tenían una relación? Nunca fueron muy claros con los términos.
Además, era normal que las parejas tuvieran sus discusiones, y no era la primera vez que chocaba en un tema con Astrid, pero Hiccup no podía sentir que esto había sido diferente. Como si Astrid se hubiera fastidiado de él, de su insistencia y compañía.
Como si la arrastrara a sus métodos y no le permitiera auto descubrirse. Por eso tenía la impresión que lo primero que saldría de su boca de la chica sería un rechazo.
O simplemente lo estaba sobre analizando.
Por suerte para Hiccup sus pensamientos pararon una vez que alcanzó a su padre. Tendría más tiempo para pensar en ello de camino de regreso a Berk.
–Estos son todos lo que pudimos capturar –le aseguró Lydia a Stoick arrojando sobre el montón de bandido, a un pobre hombre a maniatado sobre su hombro.
–La mayoría escapó –agregó Barbara, en lo que frotaba el pelaje negro de su gato guerrero.
–Eso no importa, tenemos por el que vinimos –soltó Spitelout indicando con la cabeza a Arngrim. El bandido había quedado irreconocible después de la paliza que le propinó el líder de Berk. Tenía los dos ojos morados, el labio partido, un pómulo machacado, el cabello y barba enmarañados, y la nariz sangrante.
Pero a pesar de su pésimo aspecto ante el castigo que recibió, aún tenía fuerzas para gritar:
–¡Vamos adelante, condénenme! Como si le tuviera miedo a su prisión.
Los hooligans compartieron algunas miradas antes sus palabras.
–En realidad la prisión de Berk no es para encerrar por mucho tiempo a los culpables –comentó Stoick con sequedad.
Arngrim lo miró confundido.
–Es más como un lugar de transición –explicó Hiccup ante la incertidumbre en rostro del bandido –. En lo que se decide el verdadero castigo, y la mayoría son degradantes, como el cadalso.
–Lo hemos experimentado –comentó Ruffnut –, no es divertido.
–… o ser apaleado con fruta podrida –agregó su hermano y acto seguido le arrojó un repollo podrido a Arngrim al rostro.
–¡Basta! –gruñó el bandido –. Eso no será suficiente para detenerme, imbéciles. Sé sus secretos y será fácil cambiarlo por mi libertad.
Los hooligans volvieron a compartir una mirada silenciosa.
–El maldito tiene razón – dijo Snotlout adelantándose al pensamiento de la mayoría.
–Podemos desterrarlo –sugirió Fishlegs.
–¿A dónde? ¿Con los outcast? –afirmó Gobber –. Él los conoce y hace tratos con ellos.
–Podría sugerir algo –comentó Smolder atrayendo todas las miradas a ella.
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Arngrim levantó su hacha con fuerza contra el tronco del árbol, un fuerte golpe se escuchó al unísono con otros una vez que la hoja de metal chocó en la madera. Una y otra vez.
Después de quito golpe consecutivo, el ladró bajo su hacha sobre la nieve y dio un largo suspiro de agotamiento.
–¡Hey! –lo llamó Smolder –. Nunca terminaras si continúas tomando descansos.
Arngrim soltó un gruñido y agregó:
–Pensaba que los hooligans no tomaban esclavos– dijo indicando los grilletes en sus tobillos, era visible en su pantorrilla descubierta la marca quemada en forma de “S” que indicaba su nueva condición –. Y al menos podrías darme una piel más gruesa, está más helado que maldito Hel.
–Disculpa princesa, debimos imaginarnos que mucho trabajo era demasiado para tus manos delicadas de ladrón –comentó Gobber haciendo compañía Smolder en la vigilia de los trabajos forzados de los nuevos esclavos de Chilblain – y sobre el frío –agregó –, debiste pensar eso antes de regalar tus pieles con cada comprador.
–Además, esto no Berk, idiota –le aclaró Smolder con una sonrisa orgullosa.
Soltando un último gruñido, Arngrim continuó con el resto de esclavos sus trabajos forzados cortando madera.
–¿Crees que podrán tenerlos controlados? –le preguntó el herrero a Smolder en voz baja.
–¿Qué dices? Por Thor que sí –río la mujer –. Acaso crees que somos unos debiluchos, pensé que ya nos conocías bien, Gobber.
–Tengo motivos para preocuparme – dijo Gobber –, él sabe cosas importantes sobre Berk.
–Y también yo – se burló Smolder cruzando sus brazos sobre su enorme pecho –, y ni siquiera he estado ahí. No te preocupes, su secreto está seguro –le aseguró tomando más seriedad en el tema –. Pero debes de tener cuenta que más personas se han enterado de su secreto, tarde temprano no podrán ocultarlo más. Hasta ese momento…
–Te lo agradezco... por todo.
–Es bueno dejar a un lado la dura y áspera naturaleza vikinga, aunque sea por momento –dijo la mujer extendiendo su mano al herrero –, y limar viejas reciñas con algo de perdón, y algo de manos extras para trabajar completamente gratis.
–Puedes llamarlo así –aceptó Gobber tomando su brazo.
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La tormenta invernal ya había amainado, el mar seguía en gran parte congelado, pero las aguas de regreso a Berk se contemplaban libres para navegar. El viaje de retorno del Pingüino peregrino estaba por zarpar, pero no solo Arngrim y el resto de los bandidos capturados serían los únicos en quedarse en Chilblain.
–¿Estás segura que no deseas volver con nosotros? –le preguntó Astrid a Barbara en lo que ambas cruzaban las frías playas de Chllblain.
–Mi visita a Berk era solo temporal, los mares y peligros son mi hogar –aseguró la joven mujer orgullosa, postrando sus manos en sus anchas caderas –. No sería una aventurera si me quedara en una sola isla.
–¿Fue por eso que nos acompañaste en primer lugar?
–En parte –admitió Barbara rascando la barbilla de su gato sobre su hombro –. Pero en mucho tuvo que ver tu primo… y otro poco por ti.
–¿Yo? –soltó Astrid dando un respingo.
–Sí, me recuerdas un poco cuando era más chica –continuó la joven de cabellera negra –, sería una estupenda aventurera. Sabes incluso si lo quieres, podríamos…
–¿Me invitas a que te acompañe?
–Solo si lo deseas.
Astrid contempló a la mujer delante de ella y por primera vez se percató, que Barbara era precisamente el tipo de guerrera por mucho tiempo quiso ser, una aventurera lista para el combate y sin restricciones. Luego ocurrió la tragedia y lo único que podía pensar era ayudar a su familia a levantarse de la vergüenza. Pero ahora, se daba cuenta que no estaba segura de lo que deseaba en verdad, de cual sería el verdadero camino para cubrir su crecimiento y madurez.
Había tantas cosas que quería probar a sí misma como a otros, pero aún no estaba segura de cual era el camino correcto.
–Hace unos días si me lo hubieras preguntado, probablemente te habría respondido que sí –dijo ella –. Tenía gran deseo de probarme a mí misma, pero ahora… –su mirada se enfocó en el navío pronto a zarpar y al grupo de vikingos y dragones en este –, me doy cuenta, que no es necesario.
–¿Y dejar a tu chico domador de dragones? –le preguntó sorpresivamente Barbara dándole un leve empujón con el hombro.
–Entrenador de dragones –la corrigió ella con una leve sonrisa y sonrojo en sus mejillas.
–Tal vez en eso diferimos, yo no tuve problemas con dejar a Ansred atrás.
–Podrías tener la razón –aseguró la rubia –. Aun así, gracias por todo Barbara, yo y Stormfly siempre estaremos agradecidas.
–Si un día me enseñas en como volar en mi propio dragón, podremos decir que estamos a manos.
Astrid volvió a mirar al Pingüino peregrino y fácilmente distinguió a sus dragones esperando por ella sobre la proa del barco.
–Creo que podemos solucionar eso.
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Les tomó varías horas al Pingüino Peregrino regresar a las aguas frías de Berk, pero después de haber recuperado lo que había ido a buscar, no había tanta prisa por regresar. Fue hasta el día siguiente, los hooligans pusieron sus pies sobre el muelle de su isla.
Stoick ordenó un gran banquete por su regreso, el cual fue aplaudido por el resto de los habitantes. Debido al alejamiento de la tormenta invernal, mucho de los comerciantes habían dejado Berk, solo algunos de los visitantes de confianza como el mercader Johan permanecieron para el gran festín.
En la cena se relataron los desafíos y aventuras del viaje, así como la victoria y el castigo del bandido de Arngrim, los lazos que sanaron con Chilblain y los nuevos amigos leales que ayudaron en el camino. El mercader Johan estuvo muy interesado a escuchar más sobre los cazadores de dragones, que, según él, solo había escuchado en rumores.
Al día siguiente los jinetes retomaron su rutina diaria como si nunca hubieran salido a altamar. Así era la vida vikinga, una aventura tras otra. Hiccup había recolectado varios objetos de los cazadores para traer de regreso a Berk a examinar, y una vez que pudo retomar su trabajo en la forja, no perdió ni un momento para descubrí los secretos de los cazadores.
No solo Johan había generado un interés en ellos.
–Esto es increíble, Hiccup –le dijo el joven regordete después de examinar con detenimiento la puerta de una de las jaulas de los cazadores.
–Lo has repetido como cinco veces, Fishlegs –comentó Hiccup con calma en lo que retiraba varios de los pernos de metal.
–Lo siento, no puedo evitarlo cuando estoy emocionado –continuó Fishlegs Frontado sus manos sobre el metal lustroso –. Pero después de lo que hemos descubierto no puedo evitar notar lo mucho que deben saber los cazadores de los dragones. Todas sus jaulas, son hechos con hierro de gronckle, lo que las vuelve indestructible y para los dragones…
–Incapaces de escapar –completó Hiccup para nada seguro que fuera un hecho para estar emocionado –. Pero eso genera otra pregunta.
Fishlegs se apartó finalmente de la puerta de la jaula y se volvió en su compañero, finalmente la sonrisa desapareció de su rostro y compartió una mirada consternada con Hiccup.
–¿Desde hace cuánto tiempo los cazadores sabían hierro de gronckle? –dedujo Fishlegs la que sería la terrible realidad –. ¿Y qué más sabrán que nosotros aún no?
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Los últimos meses habían sido una ruleta de emociones para el joven gemelo vikingo, no solo había descubierto misterios familiares, una traición en la realeza del pasado, había sido marcado en la espalda y descubierto la existencia de un antepasado muy similar a él. Y a todo eso, se sumaba la banda de bandidos que se dedicaban a comerciar con dragones en las zonas más alejadas del archipiélago.
Pero los cazadores de dragones no era el único problema reciente que tenía que enfrentar Hiccup en un futuro inmediato, el otro gran dilema era hablar finalmente con Astrid.
Ambos jóvenes se habían evitado mutuamente desde su regreso como si tuvieran la plaga, pero la verdad radicaba en una charla pendiente que ambos no deseaban continuar. Hiccup hizo lo posible para perder la mayor cantidad de tiempo en la forja, y Astrid por igual permaneciendo en la arena. Al pasar el tercer día desde su regreso, Hiccup se dio cuenta que no podía evitar más lo inevitable.
–Hola, Hiccup –lo saludó secamente Astrid cuando el gemelo finalmente tuvo el valor de entrar en la academia de dragones. En una de las jaulas que antes se usaban para contener a las bestias escupe fuego, Astrid había preparado un nido seguro para Stormfly y todos los huevos sin eclosionar que habían traído consigo del campamento bandido.
Toda la experiencia había despertado el instinto maternal de su dragona.
–Astrid –le devolvió el saludo el chico –. Veo que Stormfly se está cómoda de regreso en casa.
La dragona se encontraba hecha un enorme ovillo sobre un montón de ramas y paja que formaban un nido caliente.
–Todos estamos felices de su regreso –explicó la rubia indicando como sus monstruos nightmare saludaba alegremente a Toothless.
–Fue lindo lo que hiciste por Barbabra –agregó el gemelo pecoso buscando cualquier tema para continuar la conversación –, llevarla sobre Spitefire hasta el siguiente puerto.
–Ella quería volar sobre un dragón –dijo Astrid con una risita, en lo que acariciaba con calma las púas azuladas de su dragona –. Yo solo cumplí su deseo en agradecimiento. Sin la ayuda de todos no habría recuperado a Stormfly y no habríamos detenido a Arngrim de liberar nuestros secretos.
–Tú y Stormfly son parte de nosotros y entre todos no apoyamos.
–A pesar de todo –musitó Astrid en voz baja casi evitando la mirada de Hiccup.
No podían evitarlo más, el gemelo tragó saliva y comenzó lo inevitable:
–Astrid, sobre lo que ibas a decir en el campamento…
–No me hagas caso –lo interrumpió ella rápidamente con una risita nerviosa –, no era importante. Bueno, el disculparme contigo de verdad si era lo importante, pero lo demás…
–Bueno, es que me pareció que querías terminar…
–¿Terminar? Yo no… porque debería…
–Es que yo también pensé… que nosotros no hemos…
–Si quisiéramos terminar… deberíamos tener una relación primero…
Ambos pararon en seco sus balbuceos nerviosos y después de mantener toda la conversación eludiendo la vista del otro, finalmente ambos jóvenes se vieron a los ojos. En sus miradas se podía reflejar todo: miedo, culpa, vergüenza y tristeza.
¿De verdad estaba sucediendo?
Esos días en altamar habían confundido a Hiccup, pero el tiempo de regreso le permitió recapacitar y tener una mejor perspectiva de la situación. Tal vez… había siendo algo egoísta con Astrid, exigiendo de ella una versión idealizada de sí mismo, cuando él, ni siquiera podía decirle con confianza de la “S” en su espalda.
Astrid necesitaba espacio… necesitaba crecer a su propio ritmo…
–Astrid…
–Sí, Hiccup.
–Después de todo lo que sucedió –continuó él sin saber a dónde iban sus palabras –, no pude evitar darme cuenta que tal vez… estamos apresurando las cosas…
–Oh… –masculló la otra.
–Creo que aún tenemos mucho que descubrir de nosotros, de lo que queremos y…. –continuó el muchacho sin saber que era lo que salía de su boca – además, los dragones…
–Tienes razón –lo cortó de inmediato Astrid tajantemente, pero pronto sonrió –. Tenemos una academia que sacar adelantes, y aún hay rito de madures que debo descubrir… yo sola.
–Lo sé… es por eso…
–Bueno, pues… creo que estamos de acuerdo.
–Definitivamente.
–Es bueno saberlo. Entonces… ¿Seguimos… amigos?
–Somos amigos, Hiccup.
Quedaron en silenció de nuevo y fue el momento más incomodo que habían pasado ambos en su vida.
–Bien –soltó el gemelo completamente nervioso dando unos pasos en reversa hacía la puerta –, creo que es mejor que los deje por ahora.
–Te veo luego –masculló Astrid casi atragantándose con sus palabras –. Y Hiccup… de nuevo gracias.
Hiccup dio unos últimos pasos y salió de la celda sin mirar atrás. Astrid espero unos cuantos minutos para asegurarse que estaba realmente sola y comenzar a llorar.
Chapter 139: Tres historias con un desquiciado Pt.1
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Tres historias con un desquiciado Pt.1
–… el temor de la madre era tal que, Frigg hizo que todos seres del mundo juraran no matar a Baldur. Absolutamente, a todos con excepción del muérdago que era muy joven para hacerlo. Tal error no era algo que Loki fuera a dejar pasar…
–¡Loki! –gritaron ambos gemelos emocionados al oír el nombre de su dios favorito.
Honey les lanzó una mirada fulminante sobre sus apuntes, y aunque logró el silenciar de los gemelos Thorston, no pudo quitarles la sonrisa burlona de la cara.
–Retomando –dijo la gemela pecosa pasando el pergamino –: la paz no es algo que Loki acepte tan fácilmente, así que planificó la manera de desobedecer las órdenes, pero sin que nadie se enterara que él era el responsable.
–Oh Loki –soltó Tuffnut con ensoñación –, eres un maravilloso ejemplo de vida.
–¿Estás llorando? –le preguntó su hermana, a lo que Tuff se apresuró a limpiarse las mejillas.
–Por supuesto que no –respondió este a pesar de que se le quebraba la voz de la emoción.
Honey rodó los ojos en frustración, conteniendo cualquier comentario sobre las reacciones exageradas de los gemelos. Ya estaba acostumbrada; lidiar constantemente con los gemelos en sus castigos había servido de entrenamiento extensivo a ser indiferente a sus locuras.
–Como iba diciendo –continuó ella –; para poder superar las defensas de Baldur y escapar de la culpa, Loki ideó utilizar a Höðr el dios ciego, engañándolo para lanzar una flecha cubierta del muérdago contra el dios durante una prueba de la invulnerabilidad que le había conseguido Frigg, causándole así la muerte al instante. Él estaría lejos cuando eso ocurriera.
Ambos gemelos Thorston se miraron el uno a la otra, mientras una sonrisa malévola se dibujó en los labios de ambos.
–¡No! –soltó Honey de golpe mientras daba una palmada a su atril. La sacudida hizo que varios pergaminos y libros cayeron al suelo a sus lados –. ¡Basta! Los conozco bien para saber que hay algo detrás de esas sonrisas. No están aquí para aprender sobre los dioses e imitar su comportamiento –la pequeña pecosa se apoyó sobre la superficie de madera para lanzarle la mirada más amenazadora que sus ojos verdes podrían efectuar –. No pasarán el examen si no ponen atención, y si ustedes no pasan…
Honey realizó una señal amenazante con el dedo, que provocó que ambos Thorston inclinaran sus espaldas hacia atrás en sus pupitres improvisados con barriles y escudos viejos.
–Tiene la misma mirada que el jefe Stoick –masculló Ruff a su hermano.
–Hasta con la vena palpitante en la frente –completó Tuff sin guardar el tono de su voz y siendo perfectamente audible para su joven maestra.
La chica entrecerró la mirada, pero no continuó con su amenaza. Tomó varios de sus pergaminos dispersos, dispuesta a continuar su relato, pero se detuvo en seco al presenciar al resto de grupo de jinetes y sus dragones entrar a la academia.
–¿Qué sucede? –les preguntó ella cuando se acercaron a su pequeña clase.
–Bueno… –dijo su hermano nervioso rascándose la nuca. De inmediato, Honey sabía que Hiccup traía noticias que la molestarían.
Pero antes de que terminara de balbucear, el joven pecoso fue interrumpido por Snotlout:
–Solo que Astrid tiene en mente otra tortura de entrenamiento planeada para nosotros –bramó el joven moreno con un puchero –. Y Hiccup como el simplón que es…
–¡Hey! –se quejó este de inmediato, pero fue ignorado descaradamente.
–…la apoya para someternos a sus ideas locas.
Rápidamente, la vista de Honey pasó a la joven rubia que permanecía altaneramente junto a su hermano, en lo que los gemelos Thorston soltaban un gemido de frustración. Hiccup respondió a la mirada de su hermana, encogiendo levemente los hombros, luciendo una sonrisa patética en su boca.
Toothless lo imitó en juego sonriendo por igual.
Después del regreso de los jóvenes jinetes y la armada del Berk en sus aventuras en las tierras del norte contra los bandidos y cazadores de dragones, Astrid no solo había descubierto mucho sobre sí misma y su relación con la aldea y aquellos que la valoran, pero también la hizo ver la importancia de estar preparados en caso de separarse de su dragón.
Claro, eran jinetes de dragones, estaba implícito que necesitaban de las bestias escamosas para formar equipo y enfrentar todos los desafíos, pero también eso los dejaba vulnerables en el caso de separarse. Astrid era fuerte en combate mano a mano, pero más de una ocasión había sido superada por Alvin, por lo que finalmente las palabras insistentes de Gobber resonaron en su cabeza dura.
Necesitaban entrenar para estar listos ante cualquier problema.
Así que Astrid comenzó su nueva obsesión en crear rutinas de entrenamiento que prepararían a sus compañeros a enfrentar los retos del combate cuerpo a cuerpo, especialmente si su oponente resultaba ser un bandido marginado o un dragón salvaje.
Así terminó creando la carrera de un pie (ideal para Hiccup), las navajas voladoras, pelotas en llamas, la lluvia de púas venenosas y el carrusel. Cada idea más descabellada que la anterior, especialmente el carrusel; la mayoría de los jinetes tenían pesadillas por ese entrenamiento.
Los entrenamientos de Astrid rápidamente comenzaron a molestar a sus compañeros jinetes, no solo por lo agotadores y altamente peligrosos que eran, sino también afectaban las rutinas diarias de cada uno. En el caso de Honey, sus sesiones de estudios religiosos.
–Hiccup –dijo la joven pecosa con voz profunda en lo que le dirigía su mirada asesina heredada de su padre en dirección de su hermano gemelo –. Podemos hablar un momento.
El muchacho en cuestión se volvió en una y otra dirección, solo para encontrarse abandonado por sus compañeros jinetes y dragones ante la mirada peligrosa de su hermana. Sin poder objetar o huir de su destino, Hiccup solo pudo asentir levemente con la cabeza antes de acompañar a su hermana a un rincón retirado de la arena, incluso sin la compañía de sus dragones.
–Honey estoy seguro de que vas a decirme– le dijo rápidamente Hiccup una vez que estaban lo suficientemente apartados del grupo para ser escuchados –. También estoy enterado en el desagrado que tienen los chicos en contra del entrenamiento… ¡Pero Astrid tiene la razón! Debemos estar preparados para todo. ¡Incluso Gobber lo comentó en varias ocasiones!
A pesar de sus palabras, el rostro de la chica se mantuvo firme en una expresión intolerante, con las cejas bajas y una mirada penetrante. La clásica expresión que tenía cuando no estaba dispuesta a aceptar mierda de nadie y que los dioses se apiadasen de la pobre alma que intentara hacerla cambiar de parecer.
En ese caso, Hiccup.
–Apoyo completamente sus ideas –continuó el joven tratando de mostrarse más decisivo, alzando la voz –. No tengo ningún interés oculto o remordimiento que me traicione el sano juicio que me impida ver las locuras por las que somos sometidos… ¡Por lo que debes ahorrarte las palabras y no juzgarme, Honey! ¡No hay motivo oculto! ¡No lo hay!
Pero la chica continuaba firme, con los brazos cruzados sobre su pecho. Fue cuando Hiccup se puso verdaderamente nervioso.
–¡Vamos, Honey. ¡Dime algo! ¡Grita! ¡Cuestiona! –soltó él desesperado –. ¡Señala mis malas decisiones y errores como líder! Porque si no lo recuerdas, soy el líder del equipo –continuó tratando de abogar por su condición –, el maestro de dragones, un dragón whisperer…
Pero no había cambio.
–Por favor, Honey –suplicó Hiccup –. Di algo.
–Mierda de yak –dijo la joven casi rechinando los dientes con sus palabras.
–Honey…
–¡No! –explotó ella finalmente –. Esa. ¿La vez? Flotando alrededor de ti. Es la culpa, Hiccup. –agregó bailando los dedos sobre la cabeza de su hermano –. Es la culpa la que habla por tu boca y te obliga a hacer estupideces.
–Te juró, que no… –comenzó el gemelo pecoso alzando las manos en defensa, pero fue acallado por el dedo amenazador de su hermana.
–No jures nada, Hiccup. Que Thor terminara lanzándote otro rayo.
–Tú no crees en Thor.
–Estaría dispuesta en creer toda esa palabrería con tal que te quitara de la cabeza el ser tan estúpido –bramó ella propinándole a su hermano un zape en la frente que lo hizo retroceder –. ¿Cómo piensas ser un buen jefe un día si dejas que tus emociones dominen tu juicio?
–Eso es injusto –contestó Hiccup con un puchero.
– El que nos esforcemos en nuestros entrenamientos nada tiene que ver que pienses que Astrid tiene buenas ideas –tajó Honey sin piedad.
– El entrenar para estar preparados ante cualquier situación es primordial.
–No lo niego –aceptó la muchacha –. Pero la insistencia de Astrid en el tema es enfermiza. Además, tenemos más dragones, no veo la emergencia de prepararnos para un escenario en que no estén disponibles.
Las palabras de Honey fueron gancho directo al hígado de su gemelo. Y tenía razón.
El tiempo y las hazañas de los jinetes había abierto puertas para que más miembros de la tribu se animaran a tener dragones, y la ausencia de residentes como Mildew ayudaban aún más. Aparte de los dragones que ya ayudaban en la pesca, la tala de árboles y otras actividades esenciales de la isla, la idea de tener a un dragón como un compañero se volvía cada vez más popular.
Sin olvidar mencionar que varios de los mismos jinetes ya contaban con más de un dragón. Snotlout tenía a toda la descendencia de Hookfang a su disposición. Astrid tenía Spitefire. Ruffnut y Tuffnut volvieron a encontrarse con dragones de su pasado que decidieron quedarse con ellos a pesar de seguir viviendo en libertad; Scoldy en el caso la gemela rubia, y Torch en el caso de su hermano. Solo Hiccup, Honey y Fishlegs continuaban con teniendo un solo dragón. Debido a eso, las impresiones de Astrid de estar en riesgo inminente ante la ausencia de un dragón, no era tan temible.
–Y tú aceptas cada una de sus ideas –continuó la gemela pecosa –, cada más loca que la anterior, debo señalar, porque te sientes culpable por haber terminado con ella.
Hiccup suspiró indignado.
–¡No es cierto! –tajó él plantándose firme.
–¡Claro que sí! Tienes tanta culpa que eres incapaz de decirle que no. Sí, te sientes tan responsable. ¿Por qué rompiste con ella en primer lugar?
–¡No lo sé! –bramó Hiccup finalmente perdiendo la compostura –. Te juro que ya no estoy seguro por qué lo hice.
–¿Y por qué nosotros debemos pagar por tus errores?
Hiccup desvió la mirada la mirada, en lo que frotó sus brazos con nerviosismo. Honey tenía toda la razón, pero eso no lo hacía sencillo de enfrentarlo.
Ante el cambio en el semblante de su hermano, la chica finalmente suavizó sus facciones y agregó con más calma:
–Los entrenamientos son importantes, el estar preparados para todos también lo es. Pero no es lo único que importa. Hiccup en unos días será mi evaluación en impartición de los antiguos pergaminos, es uno de los requisitos primordiales para mi formación como vala. Y mi esfuerzo será evaluado por el desempeño de los Thorston, por el amor a Freya.
–Sí, entiendo –dijo su hermano, aún cabizbajo.
–Esto es importante para mí –continuó ella buscando la mirada esquiva de Hiccup –. Necesito aprobar esta evaluación, y para eso requiero toda la concentración que sea posible generar los diminutos cerebros de Tuff y Ruff. Así que, por unos días, deja a un lado los entrenamientos. Ya que pase mi evaluación, podremos hacer cualquier locura que tenga Astrid en la cabeza.
–Sí, tienes razón –aceptó de nuevo el muchacho, asintiendo la cabeza.
–Gracias –dijo Honey ya más tranquila –. Pero en serio, Hiccup. Debes tener un poco de más medula en esos huesos.
–Es… complicado.
–Lo haz hecho complicado –lo corrigió su hermana –. Ahora, da media vuelta y ve a decirle a la despachada lo que verdaderamente piensas. Por qué si no superas este rompimiento con Astrid, ella va a estarte empujándote a cada locura como un pusilánime llorón.
Chapter 140: Tres historias con un desquiciado Pt.2
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Tres historias con un desquiciado Pt.2
—Maldito, pusilánime, llorón —soltó Honey con amargura en lo que se agarraba con fuerzas de la silla de montar sobre Furry.
En la oscuridad de la noche, los jinetes planearon sigilosamente en dirección de la isla de los dragones. Era la más reciente y demencial idea de Astrid para trabajar en sus conocimientos en entrenamiento, y por ende, la mayoría de los jóvenes estaban furiosos, pero con Hiccup.
—Ya estamos cerca —dijo el gemelo pecoso alzando la voz por encima del viento —. Esto será rápido, les aseguro que estaremos de vuelta antes de amanecer.
—Mandilón —mascullaron los gemelos Thorston entre falsos tosidos —. Mandilón.
Hiccup solo pudo torcer una mueca en sus labios, pero no se atrevió a hacer un comentario al respecto. Además, muy dentro de sí, sabía que merecía los deseos asesinos que estaban proliferando en la mente de sus compañeros jinetes.
Él lo intentó… de verdad lo intentó. Después de su conversación con Honey, fue directo con Astrid, dispuesto a renegociar con firmeza un cese a los entrenamientos extremos de la chica. Pero Astrid, no le dio ni tiempo para completar una frase, en lo que enumero un sinfín de ideas que tenía listas para llevar a cabo. La rubia se expresó animada y con alevosía. Hiccup no la había visto tan entusiasmada desde que regresaron de las tierras heladas de norte, por lo cual, le fue imposible decirle “no” a sus ideas.
Pero no pasó por el mismo sentimiento, cuando tuvo que explicárselo a su hermana al día siguiente:
—Astrid tiene razón —había dicho Hiccup con nerviosismo —, no es bueno que posterguemos los entrenamientos. Pero no debes preocuparte por los próximos exámenes de los gemelos, ya que llegamos a un a solución —trató de mostrarse entusiasmado —: Entrenaremos en la noche. Así tendrán todo el día para estudiar, y todos contentos, ¿eh?
Honey no estuvo nada contenta con su decisión. Hiccup hizo el recordatorio mental de no dormir por las siguientes semanas, porque seguramente una mañana terminaría despertando calvo.
Así que, a pesar de las amenazas y los resoplidos de furia incontrolable, continuaron con el plan de Astrid de entrenar en la isla de los dragones.
—¡Ya veo la playa! —vociferó Astrid, animando a Stormfly a volar más rápido.
Hiccup descendió detrás de ellas, mientras los demás jinetes solo intercambiaron algunas miradas frustradas, ante de seguir de cerca a los otros dos chicos.
La costa este de la isla se encontraba desierta, a pesar de ser el extremo más cercano al reducido bosque que crecía en eela. Uno a uno, los dragones descendieron derrapando levemente en la suave y humedecida arena. Los días más fríos del invierno ya habían pasado, por lo que el viento salado que los golpeaba el resto desde el mar, era fresco, pero tolerable.
Tan pronto Stormfly tocó tierra, Astrid saltó de su silla muy animada, corrió por un extremo de la costa donde se contemplaban el nacimiento de los árboles, hasta las formas rocosas del otro extremo.
— Esto será perfecto —soltó la chica para sí, en lo que el resto de los jinetes descendían, uno a uno, de sus monturas.
—Muy bien, chicos, ya nos encontramos aquí —dijo Hiccup pidiendo con sus manos a sus compañeros acercarse en grupo. Pero solo consiguió leves gruñidos y varios de pies arrastrándose en la arena.
—¿Podríamos no estar aquí? —masculló Snotlout cruzando sus brazos sobre su pecho.
Hiccup estaba por contestar con algún comentario optimista, pero Astrid se interpuso dejando caer un grupo de antorchas frente al grupo.
—¿Están listos para comenzar? —dijo la chica rubia con una gran sonrisa, pero sus compañeros continuaron ceñudos, hasta se pudo escuchar el leve silbido de desenvaine de una daga —. Oh vamos, será estupendo. Ya lo verán —pero su comentario fue más recibido con el sonido del choque de metal.
—Astrid me explicó su idea —continuó Hiccup tratando de no mostrarse intimidado ante las miradas asesinas sobre su pequeño cuerpecito —. Vamos a recorrer la isla de dragones tratando de alcanzar el punto más lejano al oeste antes de regresar. En el camino, tendremos que utilizar nuestros conocimientos en dragones para llegar… enteros, hasta el final del recorrido.
—Eso no suena tan difícil —soltó Fishlegs encogiendo los hombros.
—Es porque el reto será hacerlo sin nuestros dragones —explicó Astrid.
Ante sus palabras, las bestias escupe fuegos, dieron un leve respingo e intercambiaron entre ello algunas miradas dudosas.
—Solo podremos llevar una de estas antorchas —continuó Astrid indicando aquellas que depositó en la arena —, y un arma por si acaso.
—¡Wow! ¡Espera un momento cerebrito! —exclamó Tuff sacudiendo sus brazos —. ¿Quieren que recorramos la isla sin dragones, con armas y antorchas?
—Técnicamente —afirmó Astrid.
—¡Carajo que sí! —bramó el gemelo alzando los brazos triunfantes.
—Pero cada uno irá solo por su cuenta…
—¡Mierda! —agregó el rubio bajando los brazos.
—Astrid, tengo una duda —la interrumpió Snotlout cortésmente, antes de soltar gritando —: ¡¿Acaso te has vuelto demente?!
—Snotlout tiene razón —se unió Honey —. ¿Qué piensan lograr soltando a siete adolescentes solo a un bosque plagado de dragones?
—Corrección — respondió Astrid sonriente —. Solo seis se adentrarán en el bosque. Uno tendrá que quedarse aquí en la playa vigilando a los dragones. No queremos que ellos hagan trampa.
—Oh ¿puedo ser yo? —se apresuró a preguntar Fishlegs alzando la mano.
—No —tajó la rubia airosa—. Será mejor que se quede atrás aquel que no necesite tanto este entrenamiento, pero no se me hace justo que los haga hacer el entreaniemto, sin que yo participe.
—Qué considerada de tu parte —masculló Honey con descarado sarcasmo.
Toothless aprovechó para darle un pequeño empujón a su jinete con la nariz.
—No, muchacho —le dijo Hiccup rápidamente, entendiendo sus manierismos —. Yo tampoco puedo quedarme.
El dragón de ébano respondió dando un fuerte resoplido, antes de que tomara con sus dientes retráctiles la manga del gemelo pecoso.
—Esa es la precisa razón por la que alguien deben permanecer aquí en la costa cuidando a los dragones —explicó Astrid —, es su naturaleza protegernos. Pero nunca lograremos ser independientes ante cualquier peligro si ellos continúan salvándonos. Tuff —de último llamó al gemelo rubio —. Se cumplió tu deseo, no tendrás que ir solo al bosque.
—¡Carajo que sí! —bramó el chico alzando de nuevos los brazos.
—Es porque te quedarás a cuidar a los dragones —le explicó su hermana, frustrada y celosa.
—¡Doble carajo que sí! —soltó Tuff efectivamente.
Los dragones no se demostraron con la selección de su niñera, incluso Barf y Belch resoplaron con decepción.
—¡Hey! ¡Basta con esa actitud! —se apresuró Tuff en reprimir a los dragones tomando una actitud dominante y mandona. Su imitación de Astrid para ser sinceros —. No quiero ver esas caras en mi grupo. Además, esta será una excelente oportunidad para contar mis historias de terror —agregó frotándose las manos maliciosamente.
—Los demás, tomen una antorcha —explicó Astrid —, enciéndala y prepárese para comenzar. Tenemos que terminar el recorrido antes del amanecer, si queremos regresar antes que nuestros padres noten nuestra ausencia.
—Fantástico —musitó Honey con un gruñido en lo que imitaba a sus compañeros al tomar su próxima fuente de luz —. No solo experimentar la terrible traición familiar —dijo fulminando a su hermano con la mirada —. Si no también la furia de mi padre. Que, por cierto, si él pregunta, voy a cantar como gorrión que es tu culpa, Hiccup.
Hiccup soltó una risita nerviosa.
Chapter 141: Tres historias con un desquiciado Pt.3
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Tres historias con un desquiciado Pt.3
Astrid se encontraba exaltada mientras caminaba por la oscuridad del escaso bosque de la isla de los dragones. Tal sentimiento iba impregnado con una sensación de seguridad y petulancia. Ni siquiera se sorprendió al encontrarse con dos deadly nader en su camino.
—¡Un brinco hacia atrás! —recitó la joven para sí, en lo que efectuaba cada movimiento para esquivar las púas lanzadas por los nadder —. ¡Otro a la derecha! ¡Y un golpe directo a la nariz! —dijo de último estirando una rama elásticade de un árbol para soltarle de golpe contra la nariz de uno de los nadder.
La bestia sacudió la cabeza resoplando un par de estornudos. Su pareja gruñó amenazadoramente, pero ambos animales huyeron dentro de la espesura del bosque.
—Pan de calabaza comido —dijo Astrid con gran satisfacción en lo que contemplaba a ambos dragones alejarse.
Su éxito elevó su nivel de seguridad y altanería.
Pero muy, muy dentro de ella había una pequeña pisca diminuta de culpa, la cual ella ignoraba descaradamente. Astrid había estado en duelo por días después de su rompimiento con Hiccup, pero al mismo tiempo, fingió estar de acuerdo con la decisión, a pesar de lo mucho que la lastimaba.
En su estado de duelo secreto, la joven pasó por diferentes etapas; la tristeza fue la primera parte. Por un par de días tuvo que eludir a su madre, ocultándose en el establo de Stormfly para que no la descubrieran llorando. El cuidar de los huevos rescatados, había sido una excelente escusa.
Después le siguió la culpa, que desde el punto de vista de Astrid fue peor que la tristeza. Pasó varias noches despierta, dando vueltas en la calma, repasando cada una de sus acciones, sus palabras y todo lo que conllevó ha alejar a Hiccup de ella. La rubia se maldijo, así misma y a su orgullo, sintiéndose la peor escoria humana.
Finalmente, le llegó la aceptación, y con ello, Astrid salió de sus escondites y se enfrentó al mundo. Los gemelos se burlaron de ella por su patetico estado, pero se encontraba tan aplastada por sus pensamientos para que sus palabras la dañaran. Fue cuando se sintió realmente sola. Nunca se había percatado, pero Hiccup había sido su principal confidente; los demás chicos eran sus amigos, pero en ninguna tenía absoluta confianza como con el gemelo pecoso.
La soledad la tumbó en la cama un par de días más.
Ya no pudo ocultarlo más, su madre y tía se percataron de inmediato de sus problemas de ánimo y pusieron manos en el asunto. Fue tarea para sororidad femenina el sacarla adelante; le costó un poco a la joven sincerarse y confesar a su madre que ella e Hiccup decidieron solo ser amigos. Aunque la decepción estaba presente en sus miradas, las mujeres se esforzaron en no demostrarlo con sus acciones y palabras.
En cambio, Hiccup pasó a ser arrastrado por el suelo más que un gronkle en un chiquero. Probablemente, el gemelo pecoso terminó con las orejas tan coloradas después de toda la labia en su contra.
Astrid sabía muy bien que Hiccup no merecía tanto desprecio por parte de su familia y de ella misma. Era consciente de que su separación había sido más su culpa, pero los días pesimistas y tristes fueron cosa del pasado en lo que descargaba su frustración y malas vibras sobre el joven de cabellera castaña.
Un par de días después, Astrid estaba como nueva, para enfrentar el mundo con una mejora en su humor. La próxima vez que la insultaron, el puñetazo que soltó a la nariz de Snotlout fue muy satisfactorio.
Estuvo lista para enfrentar a Hiccup cara a cara.
No supo si generó rencor o fueron las palabras de aliento de su madre y tías, las que la motivaron a ser un poco aprovechada de la clara culpa que demostró Hiccup en su primer encuentro. No recordaba bien como salió el tema del entrenamiento, pero la completa aceptación de Hiccup a sus ideas la motivo a sugerir que cada cosa más descabellada se le ocurriera.
Resultó ser como una droga o vicio, pero comprometer a Hiccup en situaciones incómodas, le generó tal satisfacción, que le impidieron detenerse.
Cuando se enteró de la inconformidad de Honey sobre los entrenamientos, no dudó ni un instante en probar hasta dónde llegaba la culpa del gemelo pecoso. Estaba mal, era malicioso, malintencionado y ella era consciente de ello, pero no le importaba. Lo único que quería era hacer sentir a Hiccup tan miserable, como se sintió ella.
—Voy a ganar este entrenamiento —soltó airosa en lo que continuó ella adentrándose más en el bosque, en lo que la antorcha en su mano era lo único que alumbraba su camino.
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—¡Estúpido pedazo de…! —gruñó entre dientes Honey mientras andaba por la espesura del bosque, pateando todo en su camino —. ¡Maldito imbe…!
Las injurias de la pecosa estaban bien fundamentadas. Su hermano la había traicionado, y de nuevo, Astrid era la razón de ello.
Desde que los dragones entraron en su vida, Honey había hecho un esfuerzo de tolerar a la rubia, y cuando su hermano comenzó ese estúpido cortejo inmaduro de ser o no ser novios, decidió mantener la boca callada y tratar de ser feliz por su hermano.
El rompimiento siempre fue una posibilidad. Hasta en cierto punto, ella se había preparado mentalmente para los llantos y los largos días de depresión, aunque siempre se imaginó que sería Hiccup en lugar de Astrid; pero lo que nunca se esperó, fue que un rompimiento entre ellos terminara afectandola en sus objetivos.
Honey nunca quisó convertirse en vala, en realidad había pocas cosas que realmente quería; pero con el tiempo, había aprendido a encontrar el gusto de ser un elemento necesario de su tribu, que su conocimiento fuera solicitado y que sus palabras valoradas. Pronto descubrió la satisfacción de lograr las pruebas en las que era sometida y, por primera vez en su vida, se imaginó a sí misma, como alguien respetable en su tribu.
Así que, cuando finalmente estaba aceptando su destino, Astrid, con la estúpida y codependiente asistencia de su hermano, se estaba interponiendo en su camino.
Como vala no solo era necesario que tuviera los conocimientos necesarios para cumplir las tradiciones y leer los designios de los dioses, sino también el enseñarlos a otros era un punto importante. Las lecciones de los gemelos Thorston eran primordiales para su éxito. Si el par de rubios cabeza huecas podrían aprender algo más que la palabra “Loki”, Honey demostraría sin lugar a duda que es una excelente educadora de las antiguas leyendas.
—¡No voy a permitir que lo echen a perder! —bramó la chica dando un pisotón en el suelo —. Voy por Ruff y Tuff —dijo, dando media vuelta y regresando sobre sus pasos.
Si Astrid no tuvo problema en interponerse en su clase, Honey no debería tener la menor preocupación de incumplir en el entrenamiento de la otra.
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Hiccup arrojó otra roca entre los arbustos, distrayendo a otro grupo de terrible terrors, quienes pensaban que era una pequeña presa huyendo de ellos. Hasta el momento, el gemelo pecoso se había encontrado con dos gronckles, un nadder y tres pequeñas manadas de terrors, y ninguno le había ocasionado problemas en su camino por la isla de los dragones.
—A este paso, llegaré primero —dijo para sí el gemelo pecoso, tratando de distraerse de lo que realmente le preocupaba en su mente.
Esperaba terminar pronto, regresar y comprobar que sus compañeros jinetes pudieran lograr llegar a la meta antes del amanecer, y regresar a Berk antes de que su padre descubriera de su ausencia.
La amenaza de Honey lo preocupaba en desmedida. Generalmente, las palabras de amenaza de su hermana solían desaparecer con sus cambios de humor, pero en esa ocasión, Honey estaba realmente molesta con él y no dudaba en lo más mínimo que ella, aprovecharía la primera oportunidad para hacerlo sufrir.
Y la verdad, era que se lo merecía.
Fue un cobarde con todo el asunto de su rompimiento con Astrid; él había sido el de la idea después de todo, pero aun así no podía dejar sentir culpa. Y hasta cierto punto, se arrepentía de hacerlo, pero ya no había vuelta atrás.
¿O sí?
Eso nunca sería posible si su amistad con Astrid evolucionaba con resentimiento. Debía probar que, a pesar de todo, él seguía siendo un buen amigo y que a ella le importaba. Su idea original había sido sencilla: actuar como si nunca hubieran intentado algo en primer lugar. No funcionó, principalmente a porque Astrid tuvo un serio periodo de evitar los rayos solares.
Por ello, unos días después, cuando finalmente salió de su guarida, Hiccup olvidó por completo que la rubia era la persona más ruda que conocía y optó por ser una actitud consoladora y paternalista. En un principio creyó que había funcionado cuando ella se mostró agradecida con su rotundo apoyo al diseñar algunas sesiones para la academia de dragones.
Pronto descubrió su error cuando las peticiones de Astrid comenzaron a volverse más exigentes e Hiccup se encontró atrapado en una trampa causada por sus propias decisiones. Ya no podía negarse y no le quedaba la menor duda de que Astrid lo sabía.
De ahí las cosas fueron de peor en peor, poniendo en medio a más personas, entre ello a los demás jinetes y Honey. Hiccup se sentía terrible por lo que le había hecho a su hermana y estaba seguro que lo pagaría terriblemente, tarde o temprano.
Completamente en panico y sabiendo que no podía recurrir a Honey, ya que su hermana había generado la necesidad repentina de matarlo, no le quedo otra opción que pedir concejo a sus figuras paternas.
Stoick solo se frotó sus sienes en frustración una vez que el chico le compartió su problema, mientras Gobber se retorcía de la risa en su asiento. Al final, la pena y vergüenza de confesarse ante su padre no sirvió de nada, ya que su sugerencia solo fue:
—Madura, muchacho.
—¡¿En el nombre de Thor quería decir con eso?! —bramó el muchacho sin percatarse de que estaba discutiendo con sus recuerdos. Su voz retumbó en los alrededores del bosque desierto, con excepción de un pequeño terror que le lanzó una mirada desaprobadora.
—Lo único que me faltaba —mustió Hiccup para sí —, que un dragón sienta lástima de mí.
Bufando un poco más, el gemelo continuó por su camino, esperando pronto llegar sin problemas al otro lado del bosque antes del amanecer y regresar, o antes de que Honey lo matara, o Astrid tuviera otra idea, o lo que sucediera primero.
Sus pasos lo llevaron a una senda entre los arbustos, probablemente una ruta natural de los dragones para atravesar el bosque con rapidez. Sin dudarlo un segundo, siguió el camino hasta que le pareció distinguir la luz de una antorcha que brillaba entre los troncos de los árboles.
—Espero que no sea Astrid la que se me ha adelantado —dijo él en voz baja, intentando distinguir lo que había entre los arbustos.
Pero sorpresivamente, algo lo sujetó de su chaleco de oso y lo jaló con fuerza, arrojandolo al otro lado de los arbustos. Hiccup golpeó con fuerza contra el suelo, retumbando su cabeza al contacto del duro suelo.
Por unos breves segundos, la visión de Hiccup estuvo desenfocada en lo que sus oídos retumbaban con un silbido. Solo pudo sentir un aroma pestilente sobre él, en lo que una sombra obscurecía su visión.
—Que no sea un nigthmare...
—¿Nigthmare? ¡¿Dónde?! ¡Tener su cráneo sería estupendo para mi colección! —dijo con fervor voz que rápidamente causó un terrible escalofrío por toda la espina de Hiccup.
El gemelo pecoso hizo un esfuerzo para enfocar su vista y con horror descubrió que era una persona la fuente de aquel hedor: un joven vikingo que, al parecer, había pasado bastantes días sin tomar un baño.
—¡Hermano! —bramó Dagur con su rostro a un palmo del suyo, y con cada una de sus palabras trajo la peste de su aliento a su nariz —. Llegaste a tiempo para la caceria.
Chapter 142: Tres historias con un desquiciado Pt.4
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Tres historias con un desquiciado Pt.4
—Tú puedes Fishlegs —se repetía una y otra vez el joven regordete en lo que avanzaba con cuidado entre las sombras del bosque oscuro —. No es difícil.
Una leve mentira para convencerse a sí mismo. La verdad, era que aquel entrenamiento resultaba un reto para él, quien estaba acostumbrado al apoyo o compañía de los demás jinetes para enfrentar cualquier reto. Y vaya que los entrenamientos de Astrid resultaban un completo reto para Fishlegs. Las viejas cicatrices en su cuerpo daban fe a ello.
De repente, algo, posiblemente una alimaña, agitó unos arbustos cerca del chico rubio, provocando que este soltara un chillido agudo de sorpresa.
—No es nada, no es nada —continuó él tratando de calmar su respiración, en lo que llevaba sus manos a su pecho—. No es nada de qué temer, no es un dragón.
Dando pequeños pasos como si fuera un anciano y sacudiendo su antorcha ante el temblor en sus manos, Fislegs siguió adelante, mordiéndose los labios entre palabras, casi sacándose sangre.
—Y aun si fuera un dragón, no debo temer —se dijo a sí mismo —. He memorizado por completo el libro de dragones. Sé todo sobre cómo entrenar a una bestia salvaje.
Con cada una de sus palabras, la seguridad iba creciendo en su pecho y su andar cobró fuerza.
—Sí, no a nadie que sepa más de dragones en Berk que yo... bueno, tal vez Hiccup. ¡Pero definitivamente soy el segundo! ¡Así es! ¡No tengo que temer! ¡Soy un jinete de dragón! Poseo los conocimientos para enfrentar lo que pueda aparecerse en mi camino.
Elevando su voz y postrándose con determinación, Fishlegs se llevó las manos a la cintura, en lo que su pecho se inflaba hacia adelante y le otorgaba un aire de valentía y seguridad.
—Soy Fishlegs, un jinete de dragón —dijo —. Y puedo enfrentarme a lo que arroje este bosque. Has oído la isla de los dragones ¡Dame tu mejor golpe!
Y como si la espesura de los árboles entendiera su llamado, los arbustos a su alrededor comenzaron a sacudirse. En segundos, el pecho inflado de Fishlegs recobró su tamaño normal y su espalda se encorbó ante el peso de sus inseguridades. Solo requirió un quejido desconocido en la distancia, para que el joven regordete se arrojara temeroso al suelo lloriqueando, ocultando la cabeza entre los arbustos.
Eso no hablaba muy bien de el segundo mejor entrenador de dragónes en Berk.
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Snotlout soltó una carcajada en lo que volvió a acertar con gran puntería contra otro pequeño terror desprevenido, usando guijarros que encontraba en el camino. Ya era el tercero seguido.
—Bestias tontas —musitó para sí con una sonrisa maliciosa continuando su camino.
Había tenido suerte, no se había encontrado con ningún dragón de buen tamaño que significara un verdadero peligro. En cambio, él había resultado ser la amenaza en el bosque para las pequeñas criaturas rastreras.
No se trataba de que no estuviera capacitado, Snotlout solía tener buenos resultados en los entrenamientos descabellados de Astrid, en especial aquellos que incluían esfuerzos físicos. Pero mostrar sus conocimientos era otra cosa.
—Ahí está otro —dijo para sí, tomando un buen puñado de rocas del suelo. Eligió la ideal en tamaño y forma, antes de apuntar y lanzarla contra otro desprevenido terrible terror.
Pero en esa ocasión falló por completo. El pequeño dragón aterrado se apresuró a huir ante la agresión, soltando chirridos de miedo, corriendo despavorido hasta perderse por unos arbustos.
—No tan rápido —soltó el mozalbete apresurando el paso para alcanzar al pequeño dragón e intentar de nuevo su travesura.
Cuando finalmente le dio alcance al pequeño dragón, se lo encontró pésimamente escondido en un raquítico arbusto que no podía ocultarlo por completo, dejando la parte más voluminosa de su cuerpo expuesta, sus cuartos traseros.
Una sonrisa más diabólica se dibujó en los labios de Snotlout en lo que avanzó lentamente, paso a paso, intentando de no ser detectado. Cuando, finalmente alcanzó el escondite del dragón, le propinó un fuerte pellizco en su gruesa piel escaamosa.
Una risa traviesa alcanzó escapar de sus labios, pero rápidamente Snotlout acalló su voz, cuando en lugar de escuchar un gruñido por parte del dragón, un grito agudo lo remplazó, en lo que una masa voluminosa se alzó de entre los arbustos.
Una masa de grasa, de pelos dorados y pieles de animales, no son las suficientemente gruesas para cubrir su redondo trasero del brutal pellizco de Snotlout. El alarido chillón de Fishlegs asustó de golpe al joven Jorgenson, que se alzó de inmediato, quedando cara a cara con el rostro rosado y espantado de Fishlegs. Unos cuantos centímetros separados el uno del otro, mirándose a los ojos con sorpresa, mientras un tremendo carmín se tiñó en sus mejillas.
Era una posición que podía dar una mala impresión.
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Ruffnut avanzó con cuidado entre los árboles, alerta ante cualquier ruido, blandiendo su lanza en una mano y la antorcha en la otra.
—Si es un nigthmare... tengo que mantenerme en su punto ciego —murmuró ella nerviosa, pero pronto corrigió —. No, no, no, es el nadder... o el grunckle. ¡Arg! ¡No lo recuerdo! ¿A cuál se le pegaba en la nariz?
La rubia se detuvo en seco y se jaló los cabellos en desesperación. Estar sola en aquel bosque era un pesimo momento para darse cuenta que nunca fue una buena estudiante.
—¡¿Por qué rayos no recuerdo?! —se maldijo a ella misma —. No debí haberle hecho caso a Tuff y abrir ese baúl con la cabeza. Tantos golpes hicieron que se me escaparan las ideas —Ruff respiró profundo para calmarse, antes de agregar —. Debo enfocarme solo en salir del bosque, luego golpearé a Tuff en la entrepierna.
La gemela rubia se dio ánimos dando un leve brinquito y con la idea en la mente de su hermano encorvado de dolor.
—Puedo seguir adelante, nada va a asustarme...
Pero ante sus palabras, un grito ensordecedor retumbó por el bosque, provocando que los pelos de la nuca de la chica se erizaran. Sin pensarlo, o por el miedo, o por las contusiones en el cerebro, Ruff salió corriendo en la dirección contraria de donde había llegado.
En su carrera despavorida, se topó con un nigthmare que la obligó correr en otra dirección, un grounckle que la desvió al escupirle una bola de fuego, Snotlout y Fishlegs que parecían a punto de besarse la asustaron hacía otro lado y siguió adelante hasta que tropezó con un tronco en el suelo, que la hizo caer en el suelo y golpearse el rostro contra la dura tierra.
—Esto es tu culpa, Tuffnut —masculló ella con la cara estampada contra la tierra.
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—¡Es hora de la cena! —bramó Tuffnut a todo pulmón, siendo aumentado por el eco de la cueva. Un lugar perfecto para esperar con los dragones en los que los demás jinetes realizaban la prueba.
El gemelo Thorton había preparado una fogata, donde los dragones se acurrucaron a su alrededor, a pesar de no requerir necesariamente del calor del fuego.
—Espero que disfruten las carpas azules —continuó Tuff mienta sacaba del cesto de mimbre en sus brazos, un pescado que lanzaba y era cachado con perfección por cada uno de los dragones —, son algo viscosas para mi gusto, pero excelente para poner en la ropa limpia de Ruff —agregó riendo de bajo, lanzando el pescado más grande a Barf y Belch.
Las dos cabezas lo atraparon al mismo tiempo y comenzaron a pelear entre ellas por el trozo más grande.
—Coman, coman —agregó Tuff satisfecho—, porque van a necesitar sus estómagos llenos para pasar una excelente noche. Tengo tantas ideas y algunas historias de terror.
Los dragones intercambiaron miradas entre sí, pero la mayoría permaneció en su lugar, solo Toothless se levantó con la intención de salir de la cueva. Rápidamente, Tuff lo detuvo parándose frente a él.
—No vas a ninguna parte, señorito —lo regañó el gemelo rubio cruzando sus brazos sobre su pecho —. Sé que quieres encontrarte con tu otra parte, pero para eso tendrás que esperar a que sea de mañana.
Toothless soltó un resoplido resignado ante de dar media vuelta. Con su cola casi golpea de lleno a Tuff en el rostro, pero este logró esquivarlo por muy poco.
—Entiendo el sentimiento —dijo este acomodando su casco —, yo me siento igual cuando mis padres quieren que me quede quieto en un lugar. O sea... estar en un solo punto, sin moverte. ¿A quién se le ocurre?
Los dragones no miraron sin inmutarse, solo Meatlug eructó una bola de fuego.
—Muy bien, tal vez no están listos para un cuento de miedo —dijo el gemelo —, así que ¿con qué podemos empezar? ¡Ah! ¡Ya sé! Les contaré la historia de cómo Loky y Thor cuando enfrentaron las pruebas de un malvado brujo.
Tuff rápidamente buscó un tronco grueso para usar de asiento y se plantó frente a los dragones, sacudiendo sus brazos frente a la fogata.
—Ugar... Uger... urgar... El nombre no es lo importante —continuó —. El malvado brujo... y gigante, sí, porque era gigante. Tenía malvados planes, como aplastar poblados y burlarse de los peinados de la gente, y decide poner unas pruebas a Thor y a Loky.
El gemelo rubio se comprometió a contar el relato, tal vez algo alejado de la leyenda real, pero lo suficiente para mantener entretenidos a la mayoría de los dragones. Con excepción de uno, Toothless aprovechó una leve distracción de Tuff para poder escabullirse por las sombras de la noche.
—A Thor le pidió que se bebiera toda el agua de su tina de baño, y como terminaba más asquerosa que la ducha de Snoutlout cuando se lava los pies, Thor no pudo acabarla porque... qué asco. A Loky le retó a comer en un bufet contra otro gigante más rechoncho que Fishlegs; Loky era un dios voraz como genial, pero la comida estaba tan mala como la de Astrid que el gigante Fishlegs lo venció...
La vista del gemelo pasó de las flamas de la fogata a los dragones a su alrededor y rápidamente se percató de un problema.
—Esperen un momento. Uno, dos, tres, eh... algo..., luego cinco. Esperen dónde está la furia en la noche.
Tuffnut volvió su mirada en todos lados de la cueva, incluso lo buscó debajo de una piedra, sin rastro del dragón de ébano.
—El muy ladino escapó, y ni siquiera dejó que terminara mi historia —masculló el gemelo molesto zapateando el suelo —. Vamos todos que tendremos que encontrarlo —agregó dándole una seña a los dragones para seguirlo; levantó una antorcha sobre su cabeza antes de salir de la cueva —, antes de que se dieran cuenta de que lo perdí en primer lugar.
Chapter 143: Tres historias con un desquiciado Pt.5
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Tres historias con un desquiciado Pt.5
Pequeñas chispas saltaban de la fogata, en lo que los pedazos de madera mal trozada alimentaban las flamas. Hiccup trató de perderse en sus movimientos chispeantes, pero resultaba imposible con el otro refugiado de la noche, al otro lado de la luz de la fogata.
Dagur, el maniático berserker, se encontraba sentado en una piedra, tallando un pedazo de madera para darle la forma más puntiaguda posible. Se encontraba más desaliñado de lo normal, su rostro cubierto de tierra y sudor. Su armadura se apreciaba arruinada en algunas partes y en otras quemadas, sin duda había tenido más de una batalla recientemente, y al estar en la isla de los dragones, era casi seguro que había sido con uno de estos.
Su mirada estaba perdida en lo que hacían sus manos, pero en sus labios tenía una sonrisa que denotaba sus dientes que le daba un semblante bastante perturbador.
—Eh... —soltó Hiccup nervioso, retorciéndose en el tronco de madera donde se encontraba sentado —. Bueno, esto es algo incómodo.
—La piedra es más dura —contestó Dagur secamente, sin apartar la mirada de su trabajo.
—¿Qué?
—¡La piedra es más dura para sentarse que el tronco! —bramó el berserker repentinamente fuera de control, señalando la piedra donde estaba sentado —. ¡No me hagas repetirlo! ¡Odio repetirme a mí mismo!
Con su arrebato, Dagur tomó una pose amenazadora, mostrando sus brazos marcados y respirando agitadamente como un animal peligroso.
—Dagur... —dijo Hiccup, completamente horrorizado por el comportamiento del otro joven —. ¿Estás bien?
Los ojos de Dagur brillaron con intensidad ante la luz de la fogata, en lo que estos se enfocaron en el escuálido cuerpo del gemelo pecoso delante de él. Fuera porque se percató de su reacción en Hiccup o simplemente volvió en sí, cambió su postura a una más relajada y sonrió casi con malicia.
—¿Por qué no lo estaría? —respondió este poniéndose de pie —. Es de noche, estoy preparado para cazar una bestia feroz con mis propias manos —inhaló con tal fuerza que sus fosas nasales se crecieron el doble de su tamaño —. ¡No podría estar mejor! ¡Es la mejor manera de estar vivo! —soltó con vehemencia, acompañada con una demencial carcajada que retumbó por en el oscuro campamento.
Acto seguido y ante la mirada estupefacta de Hiccup, el joven heredero berserker comenzó a brincar de un lado a otro, como los pantalones hubieran sido prendidos en llamas.
Hiccup solo pudo contemplar el comportamiento del berserker con horror, preguntándose internamente si debería encontrar el momento oportuno para escapar de ahí. Fue cuando notó varios cuencos y un bolso de viaje justo a un lado de él, sin duda pertenencias de Dagur; nada fuera de lo ordinario si piensas explorar fuera de la aldea: comida en conservas, pan duro, pieles de animales para protegerse del frío de la noche, y una dotación monstruosa de hongos alucinógenos.
Eso explicaba mucho.
—De acuerdo —musitó Hiccup fingiendo no haber descubierto el botín secreto de Dagur —. Me alegra mucho... que te sientas así —agregó con un leve ademán de sus manos, acto seguido se puso de pie —. Y como creo que no me necesitas, yo simplemente...
—¿No pensabas marcharte? —masculló Dagur como animal rabioso, deteniendo por completo su baile de la victoria.
—¿Quién yo? —se apresuró a corregir Hiccup —. Por supuesto que no —dijo con una sonrisa nerviosa —. Definitivamente no.
—Ya me lo esperaba —agregó Dagur marchando hasta el joven Haddock y poniendo su pesado brazo sobre sus hombros —. Eres como yo, Hiccup.
—Créeme, Dagur, nadie es como tú.
—Pero tú lo eres —insistió el berserker dando un puñetazo juguetón que casi derriba al joven escuálido —. Eres un guerrero valiente y sanguinario. Lo descubrí ese día cuando me salvaste de ese nightfury. ¿Qué, por cierto? ¿Qué pasó con él?
—Eh... huyó.
—Lástima. Pero eso no importa, ya que tú y yo, Hiccup, somos iguales... somos hermanos.
Dagur tomó a Hiccup por los hombros y clavó sus brillantes y demenciales ojos de pupilas dilatadas, en los verdes de Hiccup, y este, podía sentir como si el berserker pudiera ver hasta el interior de su alma.
—Eso se escuchó más aterrador de lo que me hubiera imaginado —soltó el gemelo pecoso.
—¡Y eso lo hace fantástico! —dijo Dagur de nuevo airoso. Dejó al joven vikingo para volverse hacia su dotación nociva de armas y comenzar a afilar cada una de ellas.
Hiccup contempló por unos segundos más su comportamiento maniático. Mientras su cuerpo, cerebro y entrañas le pedían a gritos que escapara tan rápido como pudiera, pero algo dentro de él, tal vez su estúpido corazón, mostraba interés, incluso hasta preocupación, ante el comportamiento de Dagur. E Hiccup siendo... Hiccup, no podía simplemente huir.
—Dagur... ¿Qué es lo que haces en la isla de los dragones? —le preguntó —. Aparte de cazar bestias con tus propias manos.
Dagur se volvió de inmediato en su dirección, las llamas de la fogata iluminaron sus demenciales ojos y las sombras de la noche marcaron su tosco rostro.
Eso sí daba miedo.
—Lo sé —se apresuró agregar el muchacho pecoso, comprendiendo rapidamente la reacción del otro —, no te gusta repetirte a ti mismo. Entonces, ¿Estás aquí para cazar dragones?
—Más que cazarlos, hermano —respondió él —. A comprenderlos. Después de nuestro enfrentamiento con esa manada de bestias en Berk, me di cuenta de que había mucho que descubrir de los dragones...
—Eso es...
—Si es que quiero matar a todos ellos.
—... Sanguinario.
—¡No! ¡Es estupendo! —bramó Dagur cambiando radicalmente sus emociones de irritación a felicidad en segundos —. Es por eso que vine a la isla, a conocer los secretos de cada uno de los dragones. Descubrí que los nadders tienen estas púas que son buenas para quitar la carne atorada de los dientes —agregó utilizando una de las mismas entre en las encías.
—Eso sería bueno... si no fuera por el veneno —señaló Hiccup.
—Y los nightmares escupen esta gelatina en llamas, qué fría se adhiere que a todo... —Dagur le mostró un cuenco, de donde una masa gelatinosa se escurrió hasta sus manos y entre sus dedos como mocos.
—Pero sigue siendo increíblemente flamable.
—Los timberjack hacen estos ruidos con la garganta después de que les arrancas las alas —dijo de último, partiendo en pedazos una rama de madera en una demostración visual de sus palabras.
—Eso es perturbador.
—¡Y fantástico!
Hiccup forzó una sonrisa en un intento de imitar las reacciones de Dagur, pero en su locura, el berserker no tenía igual.
—Tengo la misión de conocer cada uno de los secretos y llegar a cazar a otro nightfury, como tú lo hiciste.
—Pero yo no lo maté...
—¡No me contradigas!
Hiccup levantó sus manos en defensa, tratando inútilmente de calmar al joven sobreestimado.
—Lo que quería decir es que no lo eliminé —dijo —, él escapó de mis manos.
—No es un problema —respondió el otro posando su grande y callosa mano en el hombro de Hiccup —. Ahora lo entiendo.
—Yo no.
—Es por eso que estás aquí, hermano —respondió Dagur —. Para acabar, a esa bestia que se escapó. ¡Es nuestro destino! ¡Realmente pensamos igual! —agregó con gran felicidad.
—Yo lo dudo —dijo Hiccup negando con la cabeza.
—Será estupendo, ahora tú y yo, hermano —el berserker lo apretó contra el costado de su cuerpo, en lo que señaló el horizonte con su afilada hacha —. Podemos cazar a ese nightfury juntos.
—Vaya... qué excelente idea —masculló Hiccup sarcásticamente, sin poder evitar pensar en su dragón de ébano que se encontraba en algún lado de auqella isla —, no veo ningún problema con ese plan.
—¡Estupendo! Pero un momento —soltó de repente Dagur provocando que Hiccup sintiera el verdadero terror—. ¿Has venido tú solo a la isla?
—¿Qué? Claro que vine solo, no sería un valiente guerrero si viniera acompañado, ¿verdad? —mintió él descaradamente.
Chapter 144: Tres historias con un desquiciado Pt.6
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Tres historias con un desquiciado Pt.6
La luna estaba en lo más alto del cielo nocturno, cuando Hiccup encontraba de nuevo recorriendo la espesura del bosque de la isla de los dragones. Pero en lugar de un viaje en solitario y reflexivo sobre su espina de pescado ante la conducta indiscriminada de Astrid, en esa ocasión se encontraba atrapado con la constante y demencial presencia de Dagur “The Derenged”.
—¿Qué se supone que estamos buscando? —soltó el gemelo pecoso al notar que pesaban por la misma arboleda por tercera vez.
—¡Arg! —rugió en respuesta Dagur pataleando en el suelo —. ¡No me gusta repetirme a mí mismo! ¡¿Acaso no lo dije?! —se volvió con su mirada demente en dirección de Hiccup —. ¡Ahora me estoy repitiendo, repitiendo!
—Dagur, simplemente comenzaste a caminar por el bosque sin decirme nada —dijo el joven castaño con paciencia.
—Es un bosque en la isla de dragones y ambos vinimos a cazar dragones, dah —soltó el joven berseker —. ¡ES OBVIO QUE ENTRE AL BOSQUE A MATAR A UN DRAGÓN!
—¿No es tan obvio siendo de noche? —masculló Hiccup alzando sus palmas en son de paz.
—¿No cazas de noche?
—¡No! —respondió Hiccup, pero ante la mirada escrutiñadora de Dagur agregó —: Eh... yo prefiero el día cuando puedo ver el miedo en sus ojos antes de... matarlos...
Por unos segundos, Hiccup temió que Dagur viera entre sus mentiras, pero el joven berserker finalmente agregó con una sutil sonrisa:
—Respeto eso.
Sin más explicaciones, continuó su camino como si nada hubiera sucedido. Solo guiándose con la tenue luz que proporcionaba la luz de la luna sobre sus cabezas.
—Y dime, Dagur —se animó a preguntar Hiccup —. ¿Y por qué viniste solo a la isla?
—¿Qué diversión habría de cazar un dragón si tuviera ayuda? O ¿Acaso piensas que necesito ayuda?
—No —se apresuró a responder el gemelo pecoso —. Ni siquiera me pasó por la mente que así fuera.
—Y qué hay de ti, Hiccup. ¿Y por qué tú viniste solo a la isla?
—Eh... es que nada es más entretenido como un viaje inseguro de cacería, completamente solo y aislado...
—¿Y por qué no trajiste a Honey contigo? —preguntó de repente Dagur desconcentrando al joven castaño de sus mentiras.
Pero antes de que pudiera ingeniársela para responder, de entre los árboles detrás de Dagur hizo su aparición su hermana. En cuestión de segundos, Honey reconoció con horror al berserker, apagó su antorcha en silencio absoluto y comenzó a retirarse en reversa de puntillas. Como si ella nunca hubiera estado ahí en primer lugar.
—Mujeres —fue lo primero que salió de la boca de Hiccup —. ¿Qué saben ellas de la caza? Es mejor que esperen en hogar para cocinar la presa.
De entre las duras cortezas de los árboles de donde había regresado a ocultarse Honey, esta solo reveló de nuevo su brazo, para hacerle una señal bastante ofensiva a su hermano con un dedo en particular, antes de desaparecer otra vez.
—Tal vez sea lo mejor, está es una aventura de hombres —aceptó Dagur sin miramiento, aun sin percatarse en lo más mínimo que acaba de suceder detrás de él —. ¡Continuemos, hermano! —de nuevo sonrisa demencial se dibujó en su rostro en lo que tomó a Hiccup de los hombros —. ¡Que nuestra presa nos espera!
Y sin más, Dagur comenzó a aullar como un lobo a la luna e incitado a Hiccup a imitarlo.
—Auuuuu.... auuu... Salvame, Odín —dijo el muchacho entre los aullidos.
Al menos su dragón estaba seguro fuera del bosque.
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—¡Hey Toothless! —gritaba Tuffunt, en lo que marchaba por el bosque sin rumbo—. ¡Ven aquí nightfury, nightfury, nightfury! —pero sus llamados parecían caer en oídos sordos, ya que no había respuesta —. ¡SAL DE DONDE QUIERA QUE ESTÉS!
Pero solo obtuvo silencio y leve silbido de la brisa nocturna que se colaba entre los árboles.
—Lamento que hayan visto eso —dijo el gemelo Thorton apretando su nariz, en lo que volvía hacia el resto de los dragones que seguían sus pasos —, pero a veces uno pierde las casillas.
Los dragones solo le devolvieron miradas confusas.
—¿Cómo pudo hacernos eso? —soltó Tuff indignado —. Sabías que no podía confiar en él, es tan... tan... nightfury. Ellos solos...
El rubio apretó los labios, como si quisiera guardarse, algo que le hacía daño.
—No son como ustedes, chicos —agregó él finalmente, volviéndose a los demás dragones, que lo miraban extrañados —. Todos ustedes son maravillosos —extendió sus brazos como si quisiera cubrir a los cinco dragones con ellos; pero Barf y Belch se interpusieron primero, dándole unos leves empujones —. ¡Están bien! Ustedes son los mejores de todos —aceptó rascándole el cuello a su dragón de dos cabezas —. Pero cada uno tiene su encanto.
Insistiendo, se volvió en dirección de cada bestia, diciendo con fervor:
—Stormfly puede hacer eso con su cola y púas, es muy impresionante. Y Hookfang está cubierto de esta mucosa inflamable que lo hace prenderse en llamas completamente, sería increíble si un humano pudiera hacer eso. Furry tú... duermes mucho. Y Meatlug... vaya chica, tú enfrentas los difíciles desafíos de un cuerpo limitado físicamente, pero con un corazón amable y lleno de amor para dar a otros, mientras sufre el dolor de abandono de tu jinete desconsiderado. Chica, tú eres una heroína.
Casi llorando, le dio unas palmadas en la cabeza de la dragona, quien se emocionó agitando la cola.
—Todos son geniales y no podría hacer esto sin ustedes —agregó Tuff con lágrimas, en lo que intentaba de nuevo un abrazo grupal —. ¿Qué ha sido? —pero se detuvo en seco, al escuchar murmullos de entre los árboles a su alrededor —. ¿Será Toothless? Tal vez no. Podría ser un pájaro, o un terrible terror, o un terrible terror comiendo un pájaro —a pesar del nerviosismo de su voz, hinchó su pecho y agregó —: Muy bien, chicos, permanezcamos juntos, así podremos enfrentar lo que...
Pero al volverse en busca del apoyo de los dragones, cada uno de ellos había desaparecido por completo, dejando al gemelo rubio completamente solo.
Sorprendido, Tuff estuvo a punto de maldecir, cuando un largo y terrorífico aullido se escuchó en la lejanía.
—¡Me lleva Loki! ¡Un lobo! —bramó este asustado, saliendo corriendo en dirección contraria al alarido —. ¡Fenrir viene a comerme!
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En otra parte del bosque, Snotlout y Fishlegs no se atrevían a mirarse a los ojos desde hacía casi una hora, a pesar de encontrarse parados uno frente al otro. Ruffnut, quien permanecía con ellos, no podía evitar volver la mirada entre los dos jovenes, en lo que en su pequeñita y traviesa cabeza se preguntaba qué estaba pasando entre los jinetes de dragón.
—Y... ¿Qué fue lo que sucedió? —les preguntó ella finalmente, cansada de esperar.
—¡No sucedió nada! —bramó Snotlout, escupiendo sus palabras.
—No sé de qué estás hablando —masculló Fishlegs a su vez.
Y ambos retomaron la tarea de no volverse al otro, como si su vida dependiera de ello.
—Están actuando raro —insistió la rubia —. Como Tuff, cuando hace algo malo y quiere culparme de ello.
Pero ambos jóvenes continuaban manteniéndose firmes en su vergüenza.
—¿Qué hicieron?
—Nada. Nada.
—No tengo idea de qué dices.
En la maquiavélica cabecita de la rubia, miles de posibilidades comenzaron a formar, y ninguna de ellas le convencía más que la anterior.
—Es sospechoso —dijo ella —. ¿Qué hicieron? ¿No es como si se hubieran besado? —agregó en broma.
—¡Cierra tu sucia boca! —exclamó Snotlout.
—¡¿De dónde sacas eso?! —chilló Fishlegs.
Pero era demasiado tarde, la gemela rubia soltó una sonora carcajada en lo que los dos jóvenes se abalanzaron en su contra en un intento de callarla. Solo consiguiendo que ella riera con más fuerza aún.
Finalmente, el escándalo fue demasiado, que espantaron a un grupo de terribles terrors que se ocultaban en la cercanía en un arbustos. La presencia de los dragones no cambió la actitud de los jóvenes, quienes seguían en su lucha de gritos, entre las carcajadas de la gemela Thorston.
Justo de donde huyeron los pequeños dragones, una figura alta salió a la vista de los jinetes y, finalmente, obligándolos a dejar sus alaridos atrás.
—¡Por Thor! —maldijo Astrid sacudiendo su antorcha indignada —. Ya casi tenía esos terrors. Llevaba media hora asechándolos y sus gritos los asustaron —continuó la rubia hasta que se percató en el extraño comportamiento de sus compañeros jinetes —. ¿A ustedes qué les pasa?
—Creo que se besaron —fue lo único que contestó Ruffnut, pero fue suficiente para que la competencia de gritos iniciara de nuevo entre los dos jóvenes, que solo provocaron que la gemela Thorston riera con más fuerza.
—¡Ya cállense todos! —gritó Astrid, cansada del escándalo y sin entender ni una sola palabra que decían —. Si continúan gritando así, atraerán a los dragones más grandes.
Y como si sus palabras fueran predicciones, de nuevo los arbustos se sacudieron ante la presencia de un ser misterioso que se aproximaba a ellos.
—Oh, no, ahí vienen —masculló temeroso Fishlegs.
Snotlout y Fishlegs abrazaron con fuerza a Ruffnut, en lo que Astrid dejaba su antorcha para levantar su hacha lista para el ataque. Pero antes de que pudiera lanzar su arma o que Snotlout chillara como una niñita, hizo su aparición nada menos que Tuffnut, completamente agitado, desorientado y cubierto con ramas y hojas.
Al encontrarse con sus compañeros jinetes, el rubio soltó grito de sorpresa.
—Oh, vaya, solo... —agregó inmediatamente él, sujetándole el pecho con una mano —. Son ustedes. No un gigantesco lobo come humanos... o un terror con un pájaro... al parecer ambos son terribles.
—¡Tuff! ¿Que rayos estás haciendo aquí?
—No se supone que vigilarias a nuestros dragones —le preguntó Astrid frunciendo el ceño.
—Sí, pero hubo un amotinamiento —respondió este con dramatismo —. Al parecer no puedes confiar en los dragones negros, un día son tus mejores amigos y al siguiente están robando tu billetera...
—¿De qué demonios estás hablando? —masculló Snotlout.
—¿Y dónde están nuestros dragones? —soltó su hermana —. ¿No los perdiste en el bosque?
—¿Nuestros dragones están en el bosque? —dijo de repente una sexta voz detrás de los jinetes, provocando que estos dieran un leve respingo. Pero al volverse, solo se encontraron con Honey.
—Al parecer, Tufftonto los perdió —respondió el joven Jorgenson fastidiado.
—¡Hey! En mi defensa, no los perdí... —se defendió el gemelo rubio —, ellos huyeron por su cuenta.
—Eso es malo —comentó la gemela pecosa.
—Los encontraremos —le aseguró Astrid tratando de no darle importancia.
—No, no lo entienden —agregó Honey con frustración —. Dagur está aquí en la isla, cazando dragones.
Chapter 145: Tres historias con un desquiciado Pt.7
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Tres historias con un desquiciado Pt.7
—¡Barf! ¡Belch! ¡Salgan de donde quiera que estén! —gritó Tuffnut a las profundidades del bosque sin mucha respuesta.
Honey y ambos gemelos rubios recorrieron las espesuras del bosque de la isla de los dragones en búsqueda de sus dragones perdidos, esperando encontrarlos antes que el maniático de Dagur. Hasta el momento, solo Stormfly se había aparecido en su camino. El grupo se había dividido en un intento de no llamar la atención, algo que los hermanos Thorston nunca entendieron y continuaron gritando a todo pulmón. Pero Honey estaba muy cansada para hacerlos callar.
—¡Zopencos salgan! —gritó por igual la hermana hermana del rubio —. Lamentamos dejarlos con el idiota Tuff.
—¡Hey! —soltó Tuff indignado —. Para tu información, antes de que desaparecieran, teníamos una maravillosa velado con aperitivos y juegos recreativos.
—Conociéndote —objetó su hermana en broma —, probablemente los torturaste con una de tus ridículos historias.
—No era ridícula —dijo Tuff lanzando una manotada a su hermana, que ella esquivó rápidamente—, además fue lo que aprendí en las clases de Honey.
—Eso los debió matar de aburrimiento —respondió ella entre risas.
—¿Saben? —musitó Honey, quien iba delante del grupo junto con Stormfly —. Esta conversación no ayuda.
—¿Sabes que más no ayuda? —soltó Ruff burlonamente —. Que el baboso de Tuff perdiera a nuestros dragones.
—¡Ya tuve suficiente!
Y sin más, Tuff se arrojó contra su hermana y comenzó a luchar contra ella, en lo que se revolcaban en el suelo y se mordian los brazos. Honey contempló el espectáculo sin sorprenderse, en lo que la dragona azul soltaba leves gruñidos y mordiscos en frustración. Su escándalo pronto captó la atención de otros en el bosque; por suerte para ellos no se trataba de ningún desquiciado berserker; sino de una rubia de escasa paciencia y mucho temperamento.
—Dobles tontos —los llamó Astrid, en lo que ambos gemelos rubios continuaban peleando en el suelo —. ¿Eran a estos los que buscaban? —agregó, indicando al dragón que la acompañaba.
Barf y Belch corrieron al instante de ver a sus jinetes, al igual que Stormfly que fue bien recibida por la suya.
—Los sentimos tanto... —musitó Ruff mientras abrazaba casi en llanto la cabeza de su dragón —. Nunca los volveré a dejar solos con Tuff...
—¡Ya les dije que lo siento! —bramó el otro rubio en un mar de lágrima, mientas apretaba su rostro contra uno de los cuellos del dragón verde.
—No lo suficiente —dijo Ruff sin dejarlo pasar.
Honey solo se cubrió el rostro con ambas manos para soportar el cansancio y frustración que la estaba consumiendo por dentro. Solo deseaba terminar de encontrar a los dragones, salvar el trasero escuálido de su hermano y regresar a casa lo antes posible.
Pero Astrid dijo:
—Si hubieran seguido mi entrenamiento, los hubieran encontrado ustedes por su cuenta.
Honey se volvió en dirección de Astrid con la mirada de pocos amigos que podía haber atemorizado hasta un flightmare.
—Vaya, Astrid —dijo ella —, tal vez si no fuera por tu entrenamiento, no habríamos estado en primer lugar en esta isla en medio de la noche, buscando nuestros dragones antes de Dagur los encuentre.
Los gemelos acallaron sus llantos de inmediato y se volvieron en dirección de la chica pecosa. Hasta los dragones captaron el ambiente tenso y dieron un rápido paso hacia atrás.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Astrid incrédula.
—Para ser alguien tan lista, eso fue muy tonto de su parte —masculló Ruff a su hermano.
—Hasta yo capté la indirecta —le respondió él con una risita.
Ambos callaron de inmediato ante una mirada de soslayo por parte de la joven escudera rubia.
—Honey, ¿tienes un problema con mis entrenamientos? —le soltó esta a la gemela pecosa.
—¡Todos tenemos problemas con tus entrenamientos, Astrid! —bramó ella indignada.
—Hiccup es el líder de la academia y él está de acuerdo contigo.
—Hiccup está de acuerdo contigo por lástima —soltó Honey de sopetón sacudiendo sus brazos en el aire como lo haría su hermano —. Se siente tan mal por haberte herido, que trata de compensarte cumpliendo cada uno de tus caprichos. Y tú, como una aprovechada resentida que eres, abusas de su debilidad. Los problemas que tengas con mi hermano son entre ustedes, pero era una pésima amiga arrastrando a todos en tus deseos de venganza.
Un silencio sepulcral se apoderó del bosque, hasta que las bestias ocultas entre los arbustos guardaron silencio ante tal declaración. Los gemelos Thorston se abrazaron en un acto inconsciente de autopreservación, en lo que contemplaban incrédulos a ambas chicas. Stormfly, Barf y Belch retrocedieron asustados y solo Astrid se quedó pared en su lugar con los ojos abiertos tan grandes como platos.
—Yo... no deseo vengarme de Hiccup —mascó la rubia sus palabras, algo desconcentrada para contestar.
—¿Entonces qué estás haciendo?
Las acusaciones de Honey fueron directas puñaladas sin piedad. ¿Vengarse de Hiccup? Bueno... sí quería desquiciarte un poco, pero vengarse... era una gran acusación.
Astrid quería a Hiccup, y probablemente aún más que un amigo. Lo valoraba y admiraba, por lo que era una grave acusación de que ella intensionalmente quería ponerlo en problemas. Aunque... estaba totalmente consciente de que causaría tensiones entre él y su hermana si afectaba los planes de Honey con sus entrenamientos. Hiccup se lo había dicho de primera mano, y a ella no le importó.
¿Realmente deseaba hacerle daño a Hiccup?
—Si estás enojada aún con él, dicelo —continuó Honey, suavizando un poco su tono y escuchando más cansada que molesta —. Todos tenemos nuestros propios problemas, pero no castigamos a los demás por cualquier incapacidad que tengamos de manejar la situación maduramente, por el amor a Odín.
—¡Eso mismo! —soltó Tuffnut apoyando las palabras de la castaña.
Astrid quedó muda. ¿Todos veían eso? ¿Todos pensaban que se vengaba de Hiccup? Cuando habló con su madre y tías de su rompimiento con Hiccup, todas se divirtieron a expensas del joven y recibir una compensación por cómo hirió sus sentimientos le había parecido bien.
Pero ahora que podía entender cómo su pequeña jugarreta se veía a ojos de más, a Astrid comenzaba a pesarle la posibilidad de que Hiccup lo percibiera igual o peor.
—No pensé... —soltó la rubia desconcentrada —que los estaba molestando tanto. Solo... todo el mundo me dijo que me sentiría mejor el poner a Hiccup en apuros.
—¿Te sientes mejor? —le preguntó Honey.
—Por un momento —admitió Astrid —. ¡Me cago en los dioses! ¡Lo hice de nuevo! —estalló finalmente, dándose cuenta de sus acciones, tomó su cabeza con ambas manos y soltó un grito desesperado —. Hiccup terminó conmigo en primer lugar por obsesión con la venganza, y que terminó haciendo de nuevo.
—¿Actuar con una perra vengativa? —comentó Ruff.
—Sí —aceptó ella lanzándole una mirada asesina a la gemela, pero aceptando sus errores —. De verdad, lo siento. No quería involucrarlo tanto en nuestros problemas y me porté muy mal con ustedes sin darme cuenta.
—Astrid —dijo Tuff con seriedad —, creo que habló aquí por todos cuando digo: disculpa aceptada —agregó con una mano en el pecho, pero ante la mirada de las otras dos jóvenes, dijo —: ¿Qué?
—¿Podemos regresar a Berk ya? —preguntó su hermana, ya fastidiada, igual que Honey.
—Busquemos Snotlout y Fishlegs primero —señaló Astrid —. Tal vez necesiten ayuda para encontrar a sus dragones.
—Probablemente estén muy ocupados... —se burló la gemela rubia con una sonrisa pícara— juntos.
—Además, falta encontrar a Toothless y Furry —agregó de nuevo la joven escudera —. Y rescatar a Hiccup.
—Primero —señaló Honey con despreocupación y acto seguido soltó un fuerte silbido que resonó por todo el bosque.
Un par de segundos después, un rugido surgió desde las nubes en respuesta a la acción de la joven, y pronto, desde las altas nubes, Furry descendió en picada y aterrizó con gracia frente a su jinete al extender sus peludas alas al último instante, provocando una ventisca que sacudió todo a su alrededor.
Honey saludó a su dragón con una suave caricia ante la mirada atónita de los demás jinetes.
—Tus entrenamientos si tuvieron algo de utilidad —respondió ella ante la mirada atónita de Astrid.
—Busquemos a los demás —aceptó la rubia con una leve sonrisa, antes de montar a su dragones y emprender el vuelo.
-ooOO000OOoo-
En otra parte del bosque, dos jóvenes herederos vikingos marchaban entre las sombras de los árboles en una búsqueda importante.
—Dagur —lo llamó Hiccup al ver que el beserker se rascaba la nuca desorientado, probablemente estaba saliendo de los efectos de los hongos felices —. ¿Cuál es tu verdadero objetivo? Quiero decir —corrigió rápidamente ante la mirada amenazante del otro joven —. ¿Qué dragón deseas cazar? Porque debes tener alguno en mente.
—Efectivamente, hermano —respondió este cambiando su semblante a una peligrosa sonrisa —. Desde aquel asedio en Berk, no he dejado de pensar en los dragones que nos atacaron. Y durante mi estancia en esta isla me he asegurado de eliminar a cada uno de ellos: nadder, monstruos nightmare, gronckle, zippleback. Todos han caído bajo el filo de mi hacha, excepto uno.
—¿No querrás decir...?
—Así es, Hiccup —respondió Dagur levantando su hacha, que resplandeció con la luz de la luna —. El dragón que escapó tanto de ti y de mí. Y ahora, hermano, vamos a cazarlo juntos —atrajo a Hiccup de nuevo a sí mismo, para abrazarlo por los hombros —. Pronto, mataremos a un nightfury.
—Fantástico —soltó Hiccup mascullando sus palabras, pero ante el escepticismo en el rostro de Dagur a su reacción, repitió con más entusiasmo—: ¡Fantástico, así es! Pero ¡cómo estás tan seguro de que se encuentra aquí? Pudo a haber volado muy... muy lejos, en otra isla.
—No, estoy seguro de que debe de estar aquí —dijo el otro —. Casi puedo olerlo —agregó expandiendo sus fosas nasales e inhalando aire con fuerza. Dagur hasta se arrojó al suelo y comenzó a olfatear el suelo como un sabueso.
—Dagur, aunque realmente haya un nightfury en la isla, lo cual dudo —señaló Hiccup preocupado más por el bienestar de su propio dragón, sentimiento fácil confundido por Dagur—. ¿Cómo lo derrotaremos? La vez pasada se escapó de nosotros, dos grandes guerreros vikingos. Tal vez deberíamos irnos y conseguir refuerzos.
—Hiccup, Hiccup —rio el berserker negando con la cabeza, dando un paso en dirección del gemelo pecoso —. Ya me he adelantado en eso.
Dagur levantó su antorcha sobre su cabeza y comenzó a sacudirle con precisos movimientos. Al principio no pasó nada, pero luego entre los árboles comenzaron a captarse otras luces, muchas en realidad, que copiaban los movimientos del joven vikingo. Es cuando Hiccup se percató que la negrura que podía ver entre los árboles no se debía a las sombras de estos, sino a lo oscuro del océano que estaba a corta distancia. Había caminado hasta la orilla del bosque y acercado a la costa.
Todas las luces que respondían a la distancia provenían de miles de barcos anclados a una distancia corta de la isla de los dragones.
—No fui muy sincero contigo, hermano —explicó Dagur —. No vine completamente solo a la isla. Toda la armada berserker espera mi señal para atacar. Si ese nightfury logra superarnos, lo que dudo, sufrirá la ira berserker.
Hiccup se quedó sin palabras por completo, la situación era mucho más grave de lo que pensaba. No debía simplemente despistar a Dagur, tenía que evitar a toda una armada berserker lista para cazar dragones a la primera señal.
—Dagur ¿cómo lograste convencer a tu padre para esto? —le preguntó finalmente Hiccup sin poderlo creer.
—Fácil, no lo hice.
—¿Qué?
—Mi padre, era débil —masculló Dagur volviéndose en dirección de Hiccup con una mirada furiosa pero una sonrisa sádica—. Se quejaba constantemente de mis deseos de sangre, pero solo dejaba ver su verdadera debilidad. No era un digno líder de los berseker, por eso tomé su lugar.
—¿Eso quiere decir?
—Sí, hermano. Eliminé a mi padre y pronto, juntos eliminaremos a un nightfury. Y luego... tal vez... eliminemos a tu padre también.
Hiccup contempló horrorizado la locura reflejada en los ojos de Dagur, en lo que este trataba de ser amable desde su punto de vista. Colocó su pesada mano, en el hombro del muchacho castaño, e Hiccup sentir la frialdad que esta despedía.
Dagur era peligroso definitivamente, solo Hiccup esperaba que nunca se acercaran a la playa donde esperaban sus dragones, almenos en lo que ideaba una estrategia para alejarse de él.
Entonces, desde la profundidad de la noche, se escuchó un potente rugido, proveniente sin duda de un dragón. Para Hiccup resultó tan familiar que se le heló la sangre por una diferente razón.
—¡El nightfury! —exclamó Dagur extasiado y comenzó a correr en dirección de donde parecía provenir el rugido.
Hiccup corrió detrás de él.
—Que no sea Toothless. Que no sea Toothless. Que no sea Toothless. Que no sea Toothless.
Chapter 146: Tres historias con un desquiciado Pt.8
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Tres historias con un desquiciado Pt.8
Dagur salió disparado en búsqueda de su presa, con su hacha alzada sobre su cabeza, en lo que corría entre los árboles del bosque. Su antorcha había quedado olvidada varios metros atrás, porque lo que su carrera estaba sumida en las sombras de las noches. No tenía idea de dónde iba.
—¡Dagur! —lo llamó Hiccup corriendo detrás de él a menor velocidad, contenido por el peso de su escudo en su espalda y su antorcha en sus manos —. ¡Dagur! — lo llamó una y otra vez temiendo lo peor.
Toothless apareciendo en su camino.
Dagur se adelantó a gran medida, que el gemelo pecoso creyó perderlo por completo, hasta que escuchó su grito retumbar en el bosque.
Hiccup aceleró el paso, para solo detenerse cuando el suelo a sus pies terminó de repente ante un gran acantilado al mar. El chico alcanzó a frenar a tiempo, casi perdiendo el equilibrio en la orilla rocosa. Dagur por su cuenta, sin poder ver a dónde corría, el suelo terminó de repente, haciéndolo caer y solo evitó llegar al mar, atorando su hacha entre las rocas.
—Dagur —lo llamó Hiccup contemplándole pender de la orilla —. ¿Estás bien?
—¡No! — bramó este furioso —. ¡Levántame de inmediato!
Hiccup dejó sus pertenecías a un lado y se agachó a sujetar al joven mayor de la mano, pero este rechazaba su toque.
—¡Dagur! ¡¿Cómo voy a ayudarte si no me das la mano?! —le gritó el gemelo pecoso, frustrado.
—¡Dar la mano es de débiles! —gruñó el berserker neciamente —. ¡Solo levántame!
—¡¿Y cómo voy a hacer eso sin tocarme la mano?!
—¡Sujétame y jálame hacia arriba!
—¡¿Con estos brazos?! ¡Dagur hay un grave problema con tu plan!
—¡No voy a tomar tu mano!
—¡Entonces caerás y morirás! —dijo Hiccup, y sin intención, el hacha se soltó levemente de la roca, amenazando al joven líder terminar en una caída libre.
El prospecto de la muerte cambió la opinión de Dagur, quien inmediatamente sujetó la mano que le tenía Hiccup. Eso hubiera finalmente resultado todos los problemas, si no fuera que, el gemelo pecoso no tenía la fuerza para alzar al pesado berserker.
—¡¿Qué esperas?! —bramó este cada vez más desquiciado —. ¡Súbeme!
—¡Eso trato! —rugió Hiccup con desesperación, quedándose sin aliento en sus inútiles intentos de salvar al otro joven, pero era demasiado para él.
—¡Te está sudando la mano! —gruñó Dagur casi chillando —. ¡¿Por qué te suda la mano?!
—¡Cállate!
El esfuerzo era demasiado para él, y encuentra de sus intenciones, su cuerpo lo traicionaba. Su mano sudaba por esfuerzo, provocando leves deslices de la mano de Dagur; su hombro tronaba ante la amenaza de escapar de su lugar ante el peso. Si no tenía una idea pronto, el joven líder terminaría varios metros abajo, muerto en las olas del mar, y probablemente, lo llevaría consigo.
Entonces los sintió. Empezó con un leve tirón y luego una opresión en el abdomen. Alguien lo sujetó desde atrás por su cinturón y comenzó a alejarlo de la orilla. Poco a poco, ambos jóvenes fueron subiendo hasta que ambos quedaron a salvo en la cima del acantilado.
Dagur se desplomó boca arriba, exhausto, mientras Hiccup quedó sentado en pasto, sufriendo terribles calambres en su brazo. Miró sobre su hombro para toparse con la inconfundible figura oscura del cuerpo de su dragón. Con leves empujones de su hocico, demostró su afecto y la felicidad de encontrar a su jinete.
—Gracias, Toothless —dijo el gemelo suavemente, casi por reflejo, pero pronto recordó la situación en que se encontraba y un grito escapó de sus labios —. ¡Toothless!
Su alarido alertó de inmediato a Dagur, que no tardó ni un segundo en ponerse de pie y enfrentar la amenaza. Su rostro pasó de inmediato de la sorpresa, a una terrorífica alegría, hasta una mirada asesina.
—¡El nightfury! —bramó el berserker casi desgarrándose la garganta. Su grito fue tan sorpresivo y bestial, que la primera reacción de Toothless fue dar un respingo y salir corriendo de ahí —. ¡Vuelve aquí, bestia, ha llegado tu momento de morir! —continuó Dagur corriendo como demente detrás de él, alzando sobre su cabeza la antorcha que Hiccup había dejado en el suelo.
—¡No, Dagur! —dijo a su vez Hiccup. A pesar del dolor y el cansancio, se puso de pie, tomó su escudo y corrió detrás tanto de su dragón como Dagur.
Siguió la débil luz de la antorcha, apenas perceptible entre las profundas sombras de la noche, pero los gritos demenciales del berserker le indicaban que iba por buen camino. Su carrera finalmente los llevó a otro extremo del acantilado, donde Dagur logró acorralar a Toothless. Normalmente, eso no sería un problema para un dragón que podía extender sus alas y marcharse, pero Toothless no podía alejarse volando si su jinete.
El dragón de ébano, se volvió sobre sí, para desplegar sus dientes y amenazar con un rugido al berseker que insistía en perseguirlo.
—Gruñe, bestia, si lo deseas —masculló Dagur con gran emoción —. He estado esperando este momento hace tiempo y pienso disfrutarlo.
Toothless rigió con más fuerza alzando sus alas amenazadoramente.
—Perfecto, eso quiero —dijo Dagur en voz baja, dando pasos lentos, hacia adelante —. Quiero una batalla, una gloriosa y sangrienta. Con tu sangre principalmente, ya que voy a despellejarte para tomar tu piel y hacerme una capa con ella —agregó él, comenzado a divagar —. Aunque también unas botas con tus garras serían estupendas, deben ser impermeables al agua. ¿Acaso son impermeables al agua?
El dragón le advirtió al vikingo no acercarse más disparando un pulso de plasma a sus pies, pero solo provocó excitación en el joven demente.
—¡Ja, ja, ja, ja! —rio Dagur —. Deseas matarme tanto como yo deseo hacerlo contigo. Ese es el espíritu. Descuida —agregó blandiendo la antorcha en sus manos como si fuera una arma —, prometo que seré más salvaje que tú, pero eso hará que tu muerte sea aún más dolorosa —dijo de último, tendiendo la antorcha un par de veces en la palma de su mano olvidando por completo que no lo era su hacha,.
Al final, las brasas de la madera le quemaron la mano a Dagur, quien soltó un alarido de dolor y terminó arrojando la antorcha por el acantilado al mar.
—¡¿Quién demonios tomó mi hacha?! —bramó con fuerza dando un puntapié —. No importa, te mataré, dragón, con mis dientes —aseguró con una demencial sonrisa.
—¡Dagur! —lo llamó Hiccup cuando finalmente los alcanzó.
—¡Excelente, hermano! —dijo el otro mirándolo sobre su hombro —. Ahora entrégame tu arma para acabar con el dragón —pero terminó volviéndose de golpe al percatarse de que Hiccup solo llevaba su escudo con él —. ¡Eso no me sirve de nada! ¡¿Quién trae un estúpido escudo a una cacería?!
A pesar de la crítica situación, Hiccup no pudo evitar sentirse ofendido por el comentario.
—No importa —señaló Dagur volviéndose de nuevo Toothless —. Acabaré con el nightfury con mis propias manos.
—Dagur —lo llamó de nuevo Hiccup con firmeza —. No puedo dejar que hagas eso —agregó, activando una pequeña palanca en su escudo, convirtiéndolo de inmediato en una ballesta.
—No te preocupes, hermano —dijo el berserker ignorando al gemelo pecoso —. Prometo dejarte algo cuando termine con el dragón, pero no puedo prometer que sea mucho.
—No, hermano. Soy yo el que te prometo que no harás nada.
—¿Qué?
Pero antes de que Dagur lograra darse la vuelta para enfrentar al gemelo pecoso, del escudo ballesta, salieron proyectados un par de bolas de acero unidas por una cuerda, que al contacto con el torso del joven líder beserker, se ataron a su alrededor inmovilizando sus brazos.
—¡¿De rayos es esto?! —refugió Dagur clavando su mirada desquiciada en Hiccup —. Traición. ¡Traición!
—Nunca hubo traición, Dagur —explicó el gemelo pecoso —; cuando nunca estuve de tu lado. Toothless —llamó al dragón que de inmediato saltó con gran gracia sobre la cabeza del berserker y se reunió junto a su jinete.
—Traidor.
—Necesitas entender...
—¡Traidor!
—Dagur...
—¡TRAIDOR!
Acto seguido, el beserker enfurecido se lanzó al suelo en directo a la antorcha. Con sus brazos a maniatados, tuvo que rodar en la tierra para lograr sujetar la rama de madera, y una vez en su poder, la colocó contra su pecho para quemar la soga que lo detenía.
En un par de segundos, la soga cedió finalmente y Dagur soltó un alarido de victoria, que casi inmediatamente se convirtió en un dolor, ante el fuego que se esparcía por sus ropas.
—¡Dagur! —lo llamó Hiccup tratando de acercarse para ayudarlo, cuando un sonido a la distancia lo detuvo. Volvió su mirada a las aguas al fondo del acantilado, donde la armada berserker todavía hacía guardia.
Ante la oscuridad de la noche, un millar de motas de brillos se extendió rápidamente de los navíos en dirección a la cima del acantilado. En los movimientos erráticos de Dagur por acabar el fuego en sus ropas, la tripulación de los barcos se había entendido como una orden de ataque y había disparado una ráfaga de flechas en llamas contra ellos.
—¡Toothless! —soltó Hiccup como acto reflejo. El dragón de ébano, de inmediato, salió en su protección, envolviendolo con su cuerpo.
Hiccup pudo ver entre las escamas de Toothless a Dagur festejar que había logrado apagar el fuego al retirarse la armadura en llamas, pero pronto quedó desprotegido ante las flechas que comenzaron a caer sobre él. El joven berserker dio varios brincos tratando de esquivarlas, pero algunas le rozaron sus brazos musculosos o piernas; al final, una se clavó por completo en su bota que le provocó que perdiera el equilibrio y cayera de espaldas por el acantilado.
—¡Dagur! —ignorando el peligro y la completa locura que era el rescate, Hiccup montó a Toothless y se lanzaron detrás del hombre caído.
Con el poder de las alas del nightfury y su cuerpo estilizado, en cuestión de segundo, el jinete y dragón alcanzaron al joven berserker antes de que tocara el agua. Algunas flechas rezagadas cayeron sobre ellos, ninguna alcanzó a Hiccup, pero un par quedaron clavadas en el lomo y cola de Toothless.
Volaron directo hasta la costa, en lo que los gritos ensordecedores de Dagur podían escucharse por toda la escapada de piedra. Cuando finalmente llegaron a la playa, Toothless dejó caer a Dagur en la arena sin el menor cuidado posible. El joven líder dio de cara en la arena, terminado tragando un par de terrones completos.
Toothless aterrizó con gracia a un par de metros del berserker; Hiccup desmontó de inmediato y se aproximó con cautela a Dagur. Su dragón le lanzó un gruñido de advertencia, el cual Dagur duplicó manteniendo a Hiccup a raya.
—¿Desde cuándo? —misto el berserker aún con pecho sobre la arena.
—¿Qué?
—¡¿Desde cuándo me has tratado como un imbécil?! —bramó Dagur con fuerza, poniéndose de rodillas.
Desde siempre, fue el primer impulso de Hiccup por decir, pero se contuvo para solo responder:
—No quería, quería que supieras... en realidad, que nadie se enterara...
—¿Qué un nightfury obedece tus órdenes? ¿Es una arma para usar contra otros? ¿Contra mí? ¿Cuántos dragones tienes a tu servicio? ¿Son los suficientes para destruir a tus enemigos? ¿Para destruirme?
—¡No! —cortó Hiccup —. Ellos no son armas, son nuestros amigos —Toothless atendió a sus palabras acercándose para dejarse ser acariciando de la cabeza por su jinete ante la mirada estupefacta de Dagur.
—¿Me crees estúpido?
Hiccup se contuvo de nuevo.
—No es lo que te imaginas, no planeo hacer nada con nuestros dragones...
—¿Cuántos más tienes? —le preguntó Dagur poniéndose de pie —. ¡¿Cuántos?! —gritó ante la falta de la respuesta inmediata de Hiccup. El berserker dio un paso adelante, pero se detuvo en seco cuando unas púas de nader se clavaron en la arena a unos centímetros de sus pies.
Los demás jinetes de Berk hicieron su aparición desde el cielo nocturno, rodeando protectoramente a su líder y dragón.
Dagur los contempló con detenimientos antes de soltar una sonora carcajada.
—Bien hecho, Hiccup, tienes la ventaja por del momento —se burló el joven líder—. Puedes atacar por sorpresa a mi armada, destruirla con tus dragones y luego tomar mi isla. Esa ha sido tu intención todo este tiempo ¿Verdad? ¿O destruime? ¿Desaparecer a la competencia? Sí, ¿Por qué no acabas conmigo de una vez? —dijo extendiendo los brazos, cerró los ojos y esperando el disparo final que acabará su vida.
Pero no llegó... nunca lo hizo. Dagur abrió los ojos de nuevo para descubrir que todos los jinetes y sus dragones habían emprendido de nuevo el vuelo y aleteaban a para alejarse de aquellas costas... para alejarse de él.
—¡Esa es la diferencia entre tú y yo, Hiccup! —gritó Dagur a todo pulmón, a la negrura de la noche —. ¡Sabía que no harías! ¡Eres debil y yo no! ¡Yo le habría dado el golpe final a mi enemigo! ¡¿Entiendes?! ¡Eso es lo que somos ahora! ¡Antes hermanos y ahora enemigos con el deber de destruirnos el uno al otro! ¡Pero escucha bien, Hiccup! ¡Acabaré contigo! ¡Los haré, porque a diferencia tuya, no tengo miedo de dar el golpe final! ¡Acabaré contigo, tu isla y tus dragones! ¡¿Me escuchaste Hiccup?!
De repente y de imprevisto, un silbido cortó la oscuridad de la noche. Dagur sin entender de qué se trataba, permaneció inmóvil esperando, hasta que finalmente, otras bolas de acero con una soga se aproximaron de improvisto contra él, atándolo de las piernas y haciéndolo perder el equilibrio. El joven cayó de nuevo en la arena, tragando un puñado más.
—Necesito conseguirme un escudo como ese —dijo de ultimo berserker al no poder ponerse de nuevo en pie.

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