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No les quedaba mucho tiempo por delante y eso es algo que Levi sabía desde el momento en que inyectó el brazo de Erwin con el suero titan hacía ya más de 11 años.
La vorágine con la que en aquel entonces entraron en la batalla por recuperar Shiganshina fue lo suficientemente grande como para que cada uno de ellos tuviera que ir a entregar sus corazones en diferentes frentes de esa pelea por derrotar a los titanes, y aún así, al final de todo, lograr encontrarse antes de que Erwin diera su último aliento.
Levi sintió que ese día marcaría el final de la historia de ambos. El final del camino que había decidido recorrer junto a Erwin y por el cual nunca había mostrado arrepentimiento alguno, ya que a su lado sabía que podía ofrecer sus virtudes por un mejor mañana para aquellos que vinieran después.
Ese día Levi tomó una drástica decisión. Lo hizo con la mente fría pero el corazón cálido. Someter al Comandante de la Legión al martirio de volver a ese infierno, seguir luchando aún a costa de su propia sanidad. Aunque no podía evitar pensar, realmente, ¿qué sanidad quedaba en ellos? En dos seres condenados a luchar hasta el final.
La vida era diferente ahora. Pasaban sus días tranquilamente en una pequeña cabaña entre las montañas, a varias horas del camino más cercano a caballo, alejados de todo. Alejados del ruido, de las personas, del mal y de quienes preferirían que hubiesen muerto. Sólo se tenían a ellos dos y lo que con sus manos podían construir. Era todo lo que necesitaban para pasar los últimos años que les quedaban por delante.
- ¿Vamos a quedarnos aquí mucho más tiempo? – susurró Levi mientras Erwin no hacía más que mirar al horizonte.
Habían pasado el día cabalgando tranquilamente, deteniéndose a media tarde para merendar en la zona más alta de las montañas mientras sus caballos descansaban. Desde ese lugar podían ver todo el paisaje a su alrededor. Encajonados por cerros, farellones, macizos, aire muy fresco y brisas que estremecían. La inmensidad del paisaje era sobrecogedora, llena de vegetación, flora silvestre y rocas, que sólo se encontraba interrumpido por la grandeza del lago cristalino que los dejó sin aliento la primera vez que la encontraron, explorando los kilómetros que rodeaban el sitio donde eligieron erguir su hogar. El ambiente era relajado, Levi siempre se sentía tranquilo y relajado junto a Erwin. Ambos sentados, uno al lado del otro dejando que la brisa los acariciara, envolviera y transformara en parte del entorno.
- Cuando muera, ¿podrías traerme aquí? – preguntó Erwin –. Bueno, antes de que muera. Cuando aún pueda caminar porque no hay modo que puedas arrastrar mi cuerpo solo hasta la cima de la montaña – terminó, como si hubiera estado hablando de algo cotidiano, como preguntando si las hortalizas estarían listas para cosechar.
Levi lo miró fijamente, sin entender a qué iba el comentario de Erwin. Él seguía impasible, sin darle importancia a la mirada que lo atravesaba desde un costado.
Desconcertado, los pensamientos de Levi migraron rápidamente a la rabia. ¿Por qué Erwin arruinaba el ambiente tranquilo que habían disfrutado todo el día de esta forma?
- Supongo que sí. Podría traerte aquí y matarte yo mismo – respondió Levi mientras se ponía rápidamente de pie - Es más, aprovechemos el viaje y terminemos con tu vida ahora, ¿es eso acaso lo que quieres? – escupió Levi con rabia marcada en cada palabra.
¿Por qué ese insensible siempre volvía al tema de su muerte? Era una inevitabilidad de la que ambos eran más que conscientes. Fueron soldados, y en el fondo lo seguían siendo hasta el presente. Vivieron con la muerte a diario, perdiendo familia y compañeros. Pero hablar entre ellos de sus propias muertes era algo totalmente diferente y Levi no estaba preparado para seguir el rumbo de la conversación que Erwin había comenzado a hilar.
Levi subió a su caballo rápidamente, sin preocuparse de recoger nada de lo que habían merendado y emprendió camino de regreso, sin esperar por Erwin. ¿Para qué esperarlo si de todos modos ambos tenían el mismo lugar al cual llegar? Necesitaba tener un tiempo a solas con sus pensamientos.
Después de todo lo vivido, Levi había aprendido a dar espacio a sus emociones y a poder sentirlas, no reprimirlas. De hecho fue Erwin quien le enseñó eso, quien le dejó ser él mismo cuando se encontraban sólo los dos, quien lo sostuvo y dio soporte cuando lo necesitó, quien lo dejó sentir. Ahora era el mismo hombre el que hacía que se llenara de rabia al pensar en que, a pesar de que vivían una vida tranquila juntos, luego de tantos años uno junto al otro, lo único que nublaba los pensamientos de Erwin era la muerte que le soplaba en la nuca.
¿Qué hacer cuando sabes que la persona de quien estás enamorado, a quien le entregaste tu corazón, tiene los días contados? Si fuera cualquier otra persona, Levi no le daría mayor importancia. Fallecer es parte de vivir, un ciclo inevitable y que él vivió muy cercanamente a lo largo de sus años sobre la tierra. Con esa experiencia no podía permitirse no sentir, no doler, no gritar, no creer que era injusto.
Juntos tomaron la decisión de construir una cabaña lejos de todo, para que los años de vida que quedaban en Erwin los pudieran pasar tranquilos en mutua compañía. Y su vida era así, serena. Tenían una rutina. Levi limpiaba, ya que le gustaba y disfrutaba de tener todo impecable. Cuidaba a los animales que vivían en su pequeña granja, se preocupaba de que nunca faltara nada en casa. Erwin al volver a tener ambas manos gracias al suero titan se dio la oportunidad de aprender nuevas habilidades y descubrió que hornear pasteles y dulces con las frutas que cosechaban era un excelente pasatiempo. Preparaba mermeladas y encurtidos para el invierno, incluso escribía su propio recetario, lleno de ideas y formas de cocinar alimentos. Con la práctica mejoró el sabor de sus preparaciones y Levi era quien más disfrutaba al probar sus creaciones.
La cotidianeidad y la tranquilidad de su hogar solo afianzó el amor que en el fulgor de la batalla había comenzado como una manera de sobrellevar el dolor, la pérdida y soledad, transformándolos en compañeros de vida que, sin necesitar expresarlo en palabras, habían hecho el compromiso de acompañar y amarse mutuamente hasta el final de sus vidas. Sin embargo el inmenso amor y adoración que Levi sentía por Erwin a veces dolía, porque vivir y querer es felicidad y dolor; pero en estos momentos la penuria cubría y nublaba sus pensamientos.
Tan sumido en sus pensamientos estaba que condujo el caballo a cualquier lugar menos a casa. Se encontró con un riachuelo donde dejó descansar a su montura para que tomara agua y repusiera energías. Él mismo también necesitaba descansar sus emociones, descansar del torbellino de pensamientos que surcaban su mente y no lo dejaba ver con claridad. Se recostó sobre el pasto al costado del riachuelo, posó sus brazos atrás de su cabeza y dedicó horas a mirar el cielo, a dejarse encantar por la hermosura de las estrellas que poco a poco comenzaban a brillar sobre su cabeza. Nunca pensó que iba a tener la libertad que ver el real cielo nocturno, de vivir el atardecer y disfrutar del sol tibio en otoño, de conocer lo que es sentir calidez y esperanza dentro de sí mismo. Todo eso lo logró gracias a que Erwin vio en él algo más que solo ser una herramienta. Erwin siempre vio mucho más.
Tomó un gran respiro con el aire fresco de la noche y juntó fuerzas para corregir el camino hasta su hogar. Ya se encontraba mejor, más tranquilo. fin de cuentas, sabía que pronto llegaría el momento donde le daría un último beso a Erwin, el momento donde finalmente lo dejaría descansar. Era inevitable.
Entrada la noche, abrió la puerta principal de la cabaña. Estaba muy cálido. Erwin había llegado, por supuesto, antes que él, encendido la chimenea y puesto a cocinar la cena. El aroma de madera mezclado con carne y miel era algo que solo llenaba su corazón de buenas sensaciones, pero que, con los pensamientos de esa tarde aún frescos, también sentía que poco a poco abría heridas pequeñas en él, porque sabía que era Erwin quien lograba que el techo bajo el cual se encontraban lo hiciera considerarlo su hogar.
- Levi, me alegra mucho ver que llegaste – sonrió Erwin, dando la vuelta para mirar al recién llegado -. Comencé la cena un poco más tarde. ¿Me ayudarías preparando la mesa?
¿Cómo era posible que este maldito bastardo fuera más brillante que el sol, aún bajo todas las circunstancias? A veces Levi se preguntaba cuánto le costaría pagar en su próxima vida el tener a alguien tan maravilloso como Erwin a su lado.
- Me refrescaré y lo hago – respondió Levi, caminando el pasillo hasta el dormitorio que ambos compartían, antes de cambiar camino al baño con una toalla limpia en las manos –. Huele a que preparas mi favorito – dijo desde lejos y cerró la puerta del baño tras de sí luego de escuchar la risa quedada de Erwin.
Estaban sentados en la pequeña mesa de servicio en la cocina, uno frente a otro. Carne con miel, papas con hierbas y algunos vegetales eran la cena, todo cosechado por ellos mismos, todo preparado por el rubio para ambos.
- Lee – dijo Erwin tomando la mano izquierda de Levi – Necesito decirte algo – susurró con voz cálida mientras daba pequeñas caricias con el pulgar el dorso de la mano de Levi. Por un largo tiempo solo se escuchaban las manecillas del reloj dar vueltas antes de que Levi se decidiera a responder.
- Espero que no tenga algo que ver con la estupidez de dejar tu cuerpo en el lago – respondió Levi mientras estrujaba el entrecejo .
- Lamento decepcionarte una vez más – dijo Erwin con voz ligera, mientras seguía acariciando la mano de Levi.
- Sabes no hay ninguna oportunidad en donde me hayas decepcionado – respondió Levi mirando fijamente a Erwin con el entrecejo fruncido –. Aún así no quiero escucharte. No si me vas a hablar sobre tu muerte, no puedo con eso. No ahora – respondió, quitando su mano y cortando el contacto físico entre ambos.
- Es importante, por favor, escúchame – dijo conciliador Erwin mientras veía como su pareja tomaba rumbo al dormitorio dejando la cena a medio comer.
Pasaron los minutos y Erwin se quedó sentado a la mesa con lo que quedaba de cena enfriándose frente a él. Mirando a su pasado, Erwin contaba con la experiencia suficiente para lograr poner todas las cartas a su favor. Manipular para conseguir lo necesario para la Legión era algo que hizo durante muchos años. Utilizó a Levi cuando lo conoció, fue la única vez que lo hizo y nunca más lo volvería a manipular, menos en esos momentos, cuando podía desenvolverse como su verdadero ser. Esperó un tiempo prudente para acercarse a su dormitorio. Necesitaban conversar.
Levi estaba sentado en los pies de la cama, esperando a Erwin.
- Habla.
- Gracias, Levi – comenzó Erwin mientras tomaba posición junto a él. Ambos quedaron mirando a la ventana, sentados uno al lado del otro –. Siempre hemos sido sinceros el uno con el otro. Siempre has creído en mí y en mis decisiones. Siempre he confiado en ti y con el tiempo nuestra relación ha ido creciendo hasta convertirse en lo que tenemos hoy –. Erwin tomó firmemente la mano de Levi y entrelazó sus dedos – Te amo –. Una ligera risa salió desde lo más profundo de su pecho.
- Sabes que también lo hago – respondió Levi –. No entiendo a dónde vas con esto. Me estoy comenzando a molestar con tanto rodeo.
- Estoy cansado Lee, estoy muy cansado.
- Es porque ya estás viejo Erwin, es simplemente eso – dijo Levi, intentando evitar lo más posible hablar sobre la realidad. Al escuchar esas palabras su corazón se estrujó. No pudo evitar posar su cabeza en el hombro de Erwin. Siempre le pareció reconfortante y algo en él sabía que iba a necesitar ese apoyo.
- Sabes a lo que me refiero- comentó suavemente Erwin –. Al ponerme el suero me diste vida pero también una fecha de caducidad a ella – susurró girando su cabeza ligeramente para besar los cabellos negros de su pareja -. Me queda poco tiempo, Levi. Menos de lo que creíamos.
Los oídos de Levi comenzaron a zumbar, se sentía entrando en un túnel negro del cual no podía escapar.
Iba a quedar solo en el rincón de la habitación mientras un cuerpo se descomponía en la cama.
No podría pasar por eso nuevamente
Corrían los minutos y ninguno de ellos se movía. Seguían sentados uno al lado del otro con las manos entrelazadas y el pelinegro posando su cabeza en Erwin. No había luna esa noche.
Levi sentía que la ola del tiempo los ahogaba como una gran masa de desesperación, cubriéndolos por completo. Su respiración se volvía cada vez más rápida, sentía el corazón en la garganta. ¿Cómo él se sentía tan intranquilo y dolorido mientras que Erwin seguía tan pacífico e imperturbable?
Lo conocía muy bien, lo había visto muchísimas veces desplegando su labia para conseguir todo lo que necesitaba para la Legión; pero ahora no era ese Erwin quien se expresaba. Ahora quien estaba a su lado era el niño inocente de ojos brillantes que se permitió conocer poco a poco.
- Er..Erwin – intentó vocalizar Levi con la voz quebrada -E..r.. win - Aún con la cabeza acomodada en el hombro de Erwin.
La realidad cayó con todo su peso sobre Levi. Sentía la garganta seca, dolida, como si estuviera llena de vidrio, rompiéndolo desde dentro. Estar tocando a Erwin, aunque fuera de lado, quemaba. Lo hacía todo ser real y una ilusión a la vez. Necesitaba que más de él estuviera en contacto con Erwin, necesitaba palparlo, sentirlo real. Movió lentamente sus piernas y cuerpo para poder acomodarse a horcajadas sobre Erwin. Se abrazaron largamente, Levi con sus brazos firmes tras la cabeza de su amado y su cabeza encajando en el hombro de él, tomando una extensa inspiración para llenar sus pulmones con toda la esencia característica de Erwin.
Ambos se sentían uno solo en ese momento. Un complemento perfecto que poco a poco se quebraba, se separaba, sin ellos poder hacer nada. ¿Habría sido más fácil si ninguno hubiera sobrevivido a la batalla en Shiganshina? No. De haber sido así, no habría conocido la vida cotidiana junto a Erwin, no le habría visto sonreír despreocupadamente, no podría haberlo apreciado mientras leía acostado en el pasto a la vez que el viento revolvía su cabello, antes siempre pulcramente peinado. No podría haber conocido al Erwin relajado y dulce que se preocupaba tanto de que Levi siempre estuviera a gusto, no habría podido conocer lo que era tener una vida junto al hombre que amaba.
Juntos, abrazándose en todo lo que se les permitía, Levi finalmente logró manifestar sus emociones, a pesar del dolor que tan solo intentar hacerlo le provocaba.
- Cuando… cuando sientas que ya no podrás volver a despertar - expresó Levi, sintiendo un nudo en la garganta apretándose más con cada palabra que iba pronunciando -. Cuando el sueño sea tan grande como si el universo estuviera viniéndose sobre ti, cuéntame. Dime, mantenme al tanto, déjame acompañarte hasta el final.
Con esto Levi ya no tenía más que decir y Erwin no necesitaba escuchar nada más. El solo hecho de que Levi hubiera expresado su deseo de acompañarlo hasta el final era suficiente. Quería estar para siempre junto al amor de su vida.
Levi no solía llorar pero cuando tomó ambos lados del rostro de Erwin entre sus manos, pudo sentir las lágrimas de él y también se permitió llorar las propias, lentas, dolidas, con gusto a despedida. Acarició con suavidad sus pómulos, besando desde su sien lentamente, bajando con pequeños roces de sus labios en el rostro de Erwin hasta llegar a su boca, donde dejó mimos sutiles que de a poco se fueron intensificando, haciendo que cada uno de ellos se sintiera aún más conectado con el otro, más cerca, más especiales, únicos.
En ese momento Levi solo se dejó llevar, envolviéndose en los besos agridulces que compartían, las caricias, el roce de sus cuerpos y de sus corazones. Se sentía tan intenso como la primera vez. Seguramente porque ambos sabían que esa sería la última noche que compartirían juntos.
Acostados uno frente al otro de costado, mirándose, los pensamientos de Levi corrían en todas direcciones llegando a ninguna parte. Quería estar presente en cuerpo y mente, en los últimos momentos compartidos, pero le era difícil.
- Levi – dijo Erwin mientras acariciaba su cadera y besaba su hombro –. Lo que sea que estés pensando, déjalo. Estamos juntos ahora y sin importar que suceda mañana, siempre estaré junto a ti. Porque sé que conmigo no muere el espíritu ni el amor que nos tenemos.
- Maldito, siempre sabes que decir – respondió Levi con dulzura mientras atrapaba a Erwin entre sus brazos y enredaba las piernas con él, besando su cuello y dejándose derretir por el calor generado en sus caricias.
Siempre tuvieron el tiempo contado, Levi sólo había comprado un poco más al poner el suero titan en Erwin. No se arrepentía porque a pesar del dolor de la pérdida, pudieron vivir la vida que muchas veces conversaron. Una que no creyeron merecer ni ser capaces de conocer.
