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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 3 of Fictober/Softober 2021
Stats:
Published:
2021-10-14
Words:
1,761
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
14
Bookmarks:
1
Hits:
130

Siempre a tu lado

Summary:

Hajime Iwaizumi, guardia del reino de Seijoh, tenía en sus manos una misión importante. El único obstáculo, el príncipe del reino, Tooru Oikawa... ¿o quizá no?

Notes:

¡Otra vez aquí! Este es el tercer shot del fictober correspondiente con el día 14: Reino / Kingdom y espero que os guste tanto como a mí hacerlo.

Este, en especial, se lo dedico a María porque son sus niños y creo que le va a hacer ilusión. Te quiero mucho.

¡Espero que disfrutéis!

Work Text:

— ¿Tienes que irte? — Hajime sintió como unos brazos se enrollaban en su cintura desnuda y lo apretaban casi sin fuerza. Su mano se movió por inercia y acarició cada uno de los recovecos de las manos del contrario. — Quédate cinco minutos más, Hajime…

— Tendría que estar en mi puesto hace un rato, alteza — el chico detrás de él bufó al escucharlo llamarlo de aquella forma tan respetuosa.

— No me decías alteza mientras gemía entre tus piern… — Hajime se giró para mirar los ojos marrones de Tooru quien le dedicó una sonrisa que pretendía ser inocente. — Quiero decir, por favor… quédate.

Hajime no podía resistirse a aquella voz. Tampoco a la forma en la que los ojos marrones lo buscaban intentando leer todo lo que recorría su mente. A decir verdad, tampoco era capaz de resistirse a la manera en la que las manos de Tooru lo tocaban con delicadeza y mimo, pero con un punto sensual y atrevido que le traía de cabeza. Finalmente, suspiró y se dejó arrastrar de nuevo hasta el colchón.

Tooru disfrutó de su victoria recreándose en los labios de Hajime. Le encantaba el sabor que tenían, le recordaba a la menta que añadía a sus bebidas para que tuvieran un punto fresco. Tooru sonrió al pensar en eso. Hajime Iwaizumi, su guardia de confianza, era el frescor que la vida de Tooru pedía a gritos.

— Debería marcharme, Tooru. El baile es en apenas unas horas y aún tienes que arreglarte.

Tooru no quería hablar del baile. Más bien no quería que él precisamente hablase de ese tema. Quería esconderse entre las sábanas con su amado para el resto de la eternidad, ¿era acaso mucho pedir? Apretó sus sienes con los dedos. Sí, sí que lo era.

A Hajime también le provocaba náuseas pensar en lo que venía después de que abandonase la cama del príncipe. Fue en ese momento en el que se permitió el lujo de mirarlo con atención y le pareció descubrir cosas que nunca había visto hasta entonces. Admiró sus pecas, aquellas que llenaban todas sus mejillas y Hajime se descubrió haciendo dibujos con ellas en su mente. De ahí pasó a sus ojos, eran del marrón más bonito que había visto nunca. Era el marrón de aquellos árboles que protegían el reino en el bosque más cercano y en el que tantos momentos habían pasado escondiéndose del resto. El marrón del chocolate que tanto les gustaba disfrutar a ambos en los labios del otro. Sus ojos se dirigieron así hasta la boca del chico, esa que tantas veces había besado, la que tantos besos furtivos le había robado en mitad de una guardia o a plena luz del día procurando que nadie en palacio los viese.

Hajime cerró los ojos un instante.

Estaba completamente enamorado del príncipe que se acomodaba contra su pecho.

E iba a tener que traicionarlo.

 

Hajime miró su reflejo durante un instante. Llevaba el uniforme de gala del reino. Los detalles azul cielo que se sucedían por su traje resaltaban con fuerza sobre el color azabache que primaba en toda la vestimenta. Colocó de forma adecuada la espada que se ceñía en su cintura y asintió para sí mismo. Se disponía a salir de la habitación cuando un par de golpes en la puerta lo alertaron. Su mano, como un acto reflejo, se aferró al puño de su arma.

Miró fijamente como Ushijima aparecía detrás del marco de la puerta. No se dedicaron ni una palabra. Sabían qué hacer de sobra como para no tener que mencionarlo en ningún momento. Hajime sacudió una última vez sus mangas y avanzó saliendo de la habitación.

El salón principal estaba lleno hasta los bordes. Los nobles, duques y duquesas y todo aristócrata que se preciara estaban reunido aquella noche en el salón del castillo del Seijoh. La música resonaba por todo el lugar y las conversaciones entre la gente llenaba el ambiente. Hajime se preguntó por qué demonios habían escogido esa noche para llevar a cabo su plan. Tantos ojos en el lugar iban a acabar por descubrirlos de alguna manera.

Ushijima le golpeó la espalda con cuidado, queriendo tranquilizarlo, pero ese gesto no fue suficiente. Aún le sudaban un poco las manos pensando en lo que se avecinaba. No podía creerse donde se encontraba. No podía creerse que estuviese a punto de traicionar a su reino. Al hombre que lo había acogido bajo su brazo cuando se quedó huérfano… La sonrisa de Tooru apareció en su rostro. Mierda, no podía pensar en él en un momento como ese. No iba a poder mirarlo a los ojos nunca más después de asesinar a su padre.

Hajime sintió un pinchazo en el estómago y, aunque no había comido nada más que las galletas de mantequilla que Tooru le había ofrecido en la cama como desayuno, las ganas de vomitar le invadieron. Necesitaba aire fresco, pero antes siquiera de que pudiese dar un paso atrás, sus ojos se centraron en la figura del príncipe sentado en su trono.

Ambos ojos, verde y marrón, se encontraron por un instante. Hajime no podía apartar su vista del príncipe, como si un imán le obligase a mantener la mirada centrada en él. El blanco de su traje resaltaba aún más con su piel algo bronceada y los detalles azules se sucedían por toda su pechera como si fuesen chispas celestes que han sido salpicadas en la ropa por algún tipo de hechizo. Hajime podía jurar que si la magia existía realmente ese traje había sido confeccionado con la mejor de ella. El mismísimo Tooru Oikawa debía de haber sido creado bajo el mejor de los hechizos del mejor mago del universo. Al menos, así era para Hajime.

Estaba perdido en sus pensamientos quizá algo aturdido ante la visión del pecho semidescubierto del príncipe cuando Tooru se levantó de su asiento y se movió entre la gente y, antes de poder siquiera reaccionar, el príncipe ya se encontraba frente a él.

— ¿Me concedería este baile, guardia? — Hajime tuvo que toser para no ahogarse con su propia saliva ante la osada mirada que le dedicó Tooru. — No deberías rechazar al príncipe, piensa eso antes de dar tu respuesta.

Esa altanería tan propia de Tooru le arrancó un suave sonrojo en sus mejillas y una pequeña sonrisa en las comisuras de sus labios. Tooru también sonrió.

— Será un placer, alteza.

La mano de Tooru agarró la de Iwaizumi encajando a la perfección, como si estuviesen creadas la una para la otra. El pulgar de Hajime acariciaba el dorso de la de Tooru buscando relajar sus nervios. Tooru le sonrió una vez más antes de colocarse ante él. Ambos se miraron unos instantes. Tooru llevó la mano de Hajime hasta su cintura y colocó la suya en el hombro del guardia. A Oikawa no se le pasó por alto el ver cómo la nuez de Hajime se movía en el momento en el que tragaba saliva.

La música, que se había detenido todo ese tiempo, comenzó a sonar de nuevo, alegre, armoniosa. Hajime se movía con Tooru con cuidado, con la mirada centrada en los pies de ambos. Tooru rio en voz baja, en una risa que se quedó en la intimidad que compartían en aquel momento.

— Mírame a los ojos, Hajime — era una demanda, pero el tono de voz de Tooru fue suave y delicado, acariciando cada parte de Hajime que, con urgencia, clavó sus ojos en los del príncipe. — Hazlo como cuando estamos en el bosque.

— Allí no tengo miles de ojos mirándome.

— Pues imagina que aquí tampoco están — Tooru se acercó lo suficiente al oído de Hajime, fue un susurro, un suave murmullo que mandó una descarga eléctrica por todo su cuerpo.

Tooru comenzó a moverse con gracia y Hajime le seguía los pasos con calma. Y todo alrededor del chico de cabellos castaño comenzó a desvanecerse a ojos del guardia. Era como si la música los envolviese y con cada paso que daban a su ritmo se alejaban cada vez más del mundo. Hajime habría deseado que eso fuese real mientras Tooru giraba agarrado de su mano y volvía a juntarse con su cuerpo. El guardia lo apretó contra su pecho y Tooru escuchó el acelerado latido que compartía con él.

Quería besarlo. Quería besarlo allí mismo, sin importar quien los viese o los juzgase. Quería estar con él. Tooru sintió el toque suave de Hajime en sus mejillas y lo vio sonreír con sinceridad solo para él.

Hajime escuchó como la música descendía su ritmo, anunciando un final que estaba cerca. Sus ojos buscaron los de Ushijima y el resto de sus compañeros en esa misión. Todos parecían decirle lo mismo: “No olvides por qué estás aquí.” No pensaba hacerlo, pero al mirar los ojos castaños de Tooru su mente se nublaba.

— Espero que sepa disculparme, alteza — Tooru asintió aun sin entender bien a qué se refería, pero sintió el frío golpear su cuerpo cuando los brazos de Hajime dejaron de rodearlo y se alejó de él.

Tooru miró entonces a su alrededor; toda la guardia se había acercado demasiado, su mirada se fijó en el trono de su padre que bebía otra copa más de vino. Iwaizumi ya había desaparecido entre la gente y, cuando quiso reaccionar, un sonoro chillido retumbó en la sala.

Uno de los duques amigo del rey cayó al suelo con el traje ensangrentado, detrás de él un miembro de la guardia blandía su espada. Tooru se movió buscando por todos lados aquellos ojos verdes. Un grito a pocos metros y otro aristócrata golpeó el suelo ya sin aliento. Su paso se aceleró y por fin lo vio. Luchaba como podía con dos guardias que no se habían unido a la rebelión y que le impedían el paso hacia el rey. Tooru se movió con agilidad hasta colocarse junto a Iwaizumi.

— ¡¡Alteza!! — Los guardias del reino gritaron, chocando las espadas con rabia contra la de Iwaizumi. El chico solo sintió sus nervios alterarse cuando sintió a Tooru a su lado. — Aléjese, podría salir herido.

Tooru miró a Hajime un instante. Sabía que él no le haría daño. Sabía por qué había empezado aquella trifulca contra el rey. El príncipe sonrió, con ese toque orgulloso que tanto le gustaba a Hajime que sintió que todo su pecho se inflaba al verlo. Tooru elevó su pierna solo para sacar un puñal de su bota y empuñarlo contra los guardias. Sus ojos chocaron entonces con los de Hajime.

— Siempre voy a estar a tu lado, Hajime.

— No te querría en otro sitio, Tooru.

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