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Afuera

Summary:

Después de algún tiempo teniendo a Doppo en casa, a petición de Jakurai, Ramuda se ha tomado muy en serio la labor de cuidarlo.

Notes:

Ahhhhhh... Esto nace de varias fuentes, claramente, está muy influenciado por el encierro que acabamos de vivir. Muchas notas reportan el aumento en ansiedad y depresión, lo cual tiene sentido, incluso yo, a veces me encuentro pensando positivamente sobre volver a la rutina, sólo para notar que -de cualquier forma- hay cosas irrecuperables de aquel marzo 2020.

Si creen que requieren ayuda y sienten que esta situación afectó sus vidas, no duden en buscarla; afortunadamente, se está visibilizando y normalizando el requerir terapia.

Y, como siempre, esto no busca romantizar la manipulación u obsesión.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La habitación decorada con colores chirriantes, seguro no son los que el doctor Jakurai recomendaría ni algo que él hubiera elegido en el pasado; pero no es como que tenga derecho a quejarse. Es un molesto invitado en ese apartamento, no sólo está invadiendo la casa de alguien menor y más exitoso, también se interpone en su trabajo pues ese sitio funge como estudio para el joven diseñador que le da posada y lo cuida. 

La cabeza de Doppo duele, los estragos de horas extras cada día de la última semana comienzan a manifestarse. Aún así, se siente mejor que otros días, ya que están retomándose labores normales, luego de un confinamiento por cierta nueva enfermedad, decide que podría al fin salir de nuevo al mundo exterior, presentarse en la oficina y recordar que aún es parte de la nómina. Le aterra quedar fuera de la empresa y ser un desempleado más.

Ramuda mira todo, con expresión de angustia, aunque sin dejar de juguetear con una paleta dentro de su boca, su lengua se mueve alrededor del rosado caramelo y la desliza por sus labios; cuando se harta, muerde la pequeña esfera y tira los sobrantes. 

— Doppooooo... ¡¿Cómo te sientes hoy~?!

— N-No tan mal... Voy a tomar un baño y... 

— Escuché que ayer hubo un asalto cerca de la estación del metro. -Casualmente, Ramuda suelta eso, como si estuviera hablando de la próxima colección que lanzará, tanto así que hace ademanes con ambos brazos, tan expresivo como de costumbre.- Y la pobre víctima murió. 

— ¿Eh? -El pelirrojo, camino al baño, se detiene en seco. Aterrado. Un frío recorre sus hombros y asienta en su estómago.

— ¿Qué quieres desayunar? ¡Puedes contar con Ramuchin para prepararte lo que sea...! Uh... Ya que tu cocinero favorito está indispuesto por no saber cruzar la calle... 

Aunque debería estar muerto.

— Hifumi... -El dolor de cabeza regresa, como una tempestad que tira su cuerpo contra una de las paredes, el recuerdo del tonto accidente que le incapacitó y envió al hospital le sigue pareciendo irreal.- N-No puedo creerlo... Él es tan precavido... ¿Sabes si...?

— Doppo está a mi cuidado. -Interrumpiéndole y poco cuidadosamente, el más joven se lanza contra el aún asalariado, le rodea la cintura y coloca su cabeza contra el pecho que se eleva irregularmente, su respiración alterada por ese corto intercambio de frases.- Y no quiero que le pase nada. 

No quiero que salgas de aquí. 

En ese abrazo, el pelirrojo encuentra seguridad. Tonto, ¿verdad? Le da igual, aprecia cualquier consuelo desde que su vida dio un giro y quedó privado de la poca interacción que tenía, así como de sus pocos contactos... Porque, además, varios ya no están en ese mundo. 

Quiero tenerte siempre así.

— ¿Q-Qué opinas si... Sigo trabajando desde casa...? 

— Uhhh~ -El aludido finge meditar la respuesta, se separa ligeramente, sin liberar el cuerpo de Kannonzaka y lleva su mirada hasta el rostro ajeno. Es poesía dulce que le llena y aturde, ese ceño fruncido y los ojos vidriosos, la mandíbula tensa y un rubor ligero... Uno que desearía acompañar de lágrimas y jadeos desenfrenados, sobre su cuerpo.- No está mal~ Nada mal~ ¡Voy a mandar traer tus plantas y conseguirte más! Podría recrear tu habitación aquí, tenemos suficiente espacio jeje~

Doppo asiente, aliviado de que Ramuda no lo vea como un parásito. El viejo amigo de Jakurai-sensei no tuvo problema en aceptarle, cuando debió salir huyendo de Shinjuku porque fue el lugar más afectado y todos debieron abandonarlo, el chico es tan bueno... Quisiera pagarle de alguna forma tanta hospitalidad, pero no tiene nada para ofrecerle, no hay nada que pueda necesitar de él. Si tan solo tuviera manera de retornarle todo...

— Amemura-san... 

— Ra-Mu-Da. ¡Soy Ramuda! Ajaja... ¡Ah! ¿Sabes qué otra escuché, eh, eh? Dicen que los trenes han sufrido accidentes últimamente, es altamente probable morir en un traslado de Shibuya a Shinjuku... O salir herido durante el trayecto... 

— No... No puede ser... -Sí que cambia el mundo, los trenes de Japón solían ser tan seguros que causaban admiración mundial, ahora todo es tan caótico que se ha vuelto mortal un simple viaje. Y él siente un temor profundo, el temor a la mortalidad, incluso si más de una vez pensó en desaparecer, la idea asusta. Asusta mucho.- Ya no quiero ir a Shinjuku... 

— ¡Necesito un asistente~! ¡Puedes trabajar para mi! 

Puedes ser mío.

— Pe-Pero... Voy a pensarlo. -Tras soltar un suspiro, concluye que no puede precipitarse. No tiene la más mínima idea de moda, podría arruinar el pulcro trabajo de quien le ha dado posada tan abnegadamente.- No creo que sea tan malo... 

— La enfermedad no fue erradicada, eso se murmura.- Encogiéndose de hombros, se separa y saca otro caramelo de su bolsa y lo desenvuelve juguetonamente.- Dicen que la gente que regresó a las ciudades más afectadas son como conejillos de indias para saber si quedaron estragos o no~ -El pavor invade al casi treintañero, eso significa...- Además, necesitaban con urgencia insumos médicos, era vital poner a trabajar las empresas, aún poniendo en peligro su vida. ¡No quiero que Doppo sea un sacrificioooo! 

¡NO QUIERO QUE TE ALEJES DE MI!

Sus piernas ceden justo cuando el menor retomaba su unión, cae a suelo con Amemura contra su cuerpo. La estruendosa risa que resuena está fuera de lugar, luego de decir esas cosas espeluznantes, es toda una sorpresa que pueda reír y mantener el ánimo. El mundo se ha vuelto peligroso, más que nunca; es como un campo minado donde cada paso puede ser en falso y acabarlo todo. Como un Apocalipsis... Como una infamia horrible... 

— Ya que las piernas de Doppo-san están débiles, debería ayudarle a tomar un baño. -Sin pedir permiso, comienza a desabotonar la pijama y casi pierde la concentración al sentir esa suave piel contra las yemas de sus dedos. Lleva tanto tiempo deseando acariciarlo.- Una vez, Dice y Gentaro se quedaron a dormir, pero ambos resbalaron cuando fue su turno de usar el baño, ¿leíste esa nota del hombre de vida solitaria que murió en la ducha al golpearse tras una caída? 

— N-No... 

— Por eso, si yo te ayudo, todo saldrá bien~ -Da una lamida a su dulce y luego lo lleva a los labios ajenos por breves segundos. Un adorable beso indirecto. 

Es vergonzoso, pero no tiene opción. Toma nota mental de que también es arriesgado bañarse. Pero no si es con Ramuda, Ramuda lo protege, a saber cómo alguien tan pequeño puede hacer tanto, pero tiene pruebas más que suficientes para asegurarlo y confiar en ello. Se deja desnudar el torso y no protesta cuando el curioso joven desliza sus manos por su pecho y vientre. 

— Doppo. -Ramuda se quita la chaqueta y abre su propia camisa, el lacito rojo del cuello hace cosquillas al mayor, cuando vuelve a abrazarle.- Dicen que hacer esto es bueno para el sistema inmune... 

— Cre-Creo que ya lo había escuchado... -Es muy cálido. Se siente bien, tanto que el de Shinjuku es golpeado por la culpa. El mundo afuera es un caos y él está ahí, disfrutando de tener esa clase de contacto. Demasiado agradable y demasiado íntimo.

Pero aún no es suficiente. 

Cada movimiento está bien sustentado; el pelirrosa ha sido precavido de no apresurarse, de ir quitando los obstáculos con calma e ir llenando de terror los pensamientos de Doppo. 

Día con día. Inventando los más inverosímiles accidentes. 

Despedazando su valor. Derribando toda confianza.

Limitando su actuar.

No puede dejar que pise su ciudad y mire el nuevo brillo que la embarga, esas luces de neón enfermizas cegaran al hombre que ama y lo apartaran de su lado. 

Eso no pasará. 

Hará que Doppo odie y desprecie el mundo fuera de esas cuatro paredes; tan asustado que no pensará ni en asomar la cabeza por la ventana; tan ansioso que se apoyará en él y sólo en él, la única persona con la que podrá hablar, su luz radiante que oscurece todo a su alrededor. 

Y cuando se sienta en deuda, le hará ver que no es agradecimiento, sino amor.

Y se amarán. 

Besos, caricias e incondicionalidad. 

Sin necesidad de cerrojos o cadenas, Doppo estará atado y cautivo por decisión. 

Atado a su amor. 

Notes:

Bueno, el resultado me gusta.

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