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Con la felicidad de un día terminado más, Rosho sale de la escuela tomando de la mano al niño que siempre lo espera, es una costumbre adquirida desde hace dos años, cuando el pequeño estaba apenas en primer grado.
Cuando salen en esa forma tan tierna, el pelirrojo que espera afuera se acerca con nerviosismo y los separa.
— Hikaru-chan, te he dicho que no hagas eso. Debes saber que...
— En horario escolar soy profesor Rosho, pero ha terminado hace unas horas. No pasa nada si nuestro trato cambia. -Evita que siga regañando al asustado niño y sonríe, mostrando que de verdad no hay problema.
Doppo suspira y mira a su pequeño hijo. Es su culpa que deba quedarse en las instalaciones hasta horas después de la salida, si él tuviera un mejor trabajo o más cerca de ahí, no tendría que ir en metro a recogerlo o acatar órdenes egoístas de horas extras que acortan su tiempo disponible. Es su culpa que Hikaru tenga más cercanía con Rosho, es su culpa que prefiera volver a toma su mano antes que la suya.
Si no fuera un beta tan débil y lamentable...
Caminan así a casa, mientras el niño cuenta su día entre saltos y exclamaciones de emoción, siempre tomando esa mano cálida y que da seguridad.
— Ah, cuidado. -Mientras sigue pensando en como su día fue tan distinto al de su hijo, Doppo tropieza y está a punto de caer antes de que el profesor, en un rápido movimiento que implicó soltar la pequeña mano que se aferraba a él, lo atrapara en sus brazos.
— Uh... -El corazón de Doppo late como loco. Tiene el instinto de... ¿Acercarse? ¿Quiere acercarse a Rosho?- Lo... Siento...
Cómo si Rosho supiera lo que pensaba, le resta importancia al asunto y se asegura de dejar una caricia por su cadera.
— Mamá, si tomas la mano de papá, no volverás a tropezar.
— ¡Hikaru-chan! Ya te he dicho que-
— ¡Ahhhhh! ¡Hicchan no mentía cuando dijo que Rosho-sensei es su papá! -Un niño se acerca desde la acera opuesta, con la cara llena de sorpresa mientras corre y los señala con el dedo.
— Oh, me disculpo si mi hijo ha sido imprudente. -Una mujer mayor se acerca avergonzada, obligando a si hijo a bajar el brazo con el que señala e indicándole como inclinarse para pedir disculpas.- No es algo que nos involucre a otros, pero los niños son curiosos.
— Esa es su naturaleza. -Rosho sonríe amablemente y aprovecha para tomar la mano de Doppo y de Hikaru.
— Son una familia muy hermosa. Hikaru realmente se parece a usted, profesor.
Las palabras de esa mujer calan en Doppo al punto que ni siquiera percibe cuando se aleja. Claro, el niño tiene el cabello lila igual que él y es lo primero que los demás ven. Es normal que crean que se parece a Rosho... Pero de hecho...
— Doppo-san.
— ¿Eh? Ah... Si-sigamos. Aún queda algo del curry y puré de papas que preparé el fin de semana. Espero que...
— Comeré con ustedes. Hoy no tengo trabajo que terminar, la temporada de evaluaciones quedó atrás por ahora.
El niño es el más feliz, tal vez porque aún no nota que Rosho deja de prestarle atención y ahora solo le importa Doppo. Todo lo que resta para llegar a casa es así, aunque sigue tomando su mano, no le importaría si se soltara. No mientras siga sosteniendo los delgados y frágiles dedos de la persona que ama.
— Te ayudaré a lavar los platos. Debes estar agotado. -Pesadamente, el agotado asalariado está terminando de recoger los restos en la mesa cuando de la habitación infantil sale el profesor.
— Gracias, Tsutsujimori-san...
— Rosho. Solo dime Rosho. ¿No te lo he dicho ya?
— S-Sí...
— Doppo... -Sin más, el pocos años menor se acerca y sopla en su cuello, la parte más sensible de su cuerpo, tal vez como una especie de broma cruel sobre la marca que nunca podrá tener. Es ahí donde comienzan los besos que preceden caricias tímidas en su pecho, esa piel fría se calienta y la suavidad al tacto se acompaña de un calor agradable que baja y sube para apoderarse de su cuerpo y conciencia.
— Espera... Ro... Ahhh... Aquí no... -Aunque dice eso, ya comienza a desabrochar el cinturón y acariciar más abajo.
Los platos y vasos esperarán al día siguiente.
Sin intercambiar más palabras se arrastran mutuamente hacia la habitación de invitados que se convirtió en la de Doppo hace un tiempo. Se desnudan mutuamente con prisa y anhelo, un tanto conflictuados por las circunstancias detrás de su unión. Pero pensar demasiado sería problemáticamente doloroso, así que se dejan llevar, especialmente Doppo que identifica ese calor apasionado como el celo de un alfa y sabe lo incómodo de contenerse, se entrega a ese instante de lujuria, arañando la espalda no tan fornida pero visiblemente más fuerte que la suya, aceptando los besos que consumen sus dudas y deseando ser cubierto por otro cuerpo, como si eso pudiera cubrir las cicatrices.
Gime y jadea, disfrutando escuchar las dulces palabras en su oído, disfrutando la humedad que lo inunda y sacia.
— Sensei... Sensei...
Rosho abre los ojos de golpe al escuchar ese susurro acompañado de una lágrima. Los sueños son incontrolables y es obvio que aún perseguirá a Doppo en ese mundo inalcanzable, al menos agradece que pueda refrenarse durante sus noches de amor.
Claro, aunque "sensei" aplique para él también, no esta vez. El sensei al que Doppo llama en sueños es a Jakurai.
Jinguji Jakurai.
El una vez esposo de Doppo y padre del niño a unos metros.
Pensar demasiado es problemáticamente doloroso.
Cuando ambos se conocieron Doppo aún estaba casado.
Fue enviado como maestro temporal a una escuela primaria, en la primera junta de padres un malentendido llevó a un intento de agresión contra el pobre pelirrojo que se encogió mientras un alfa intentaba golpearlo, Rosho se sorprendió de su propia velocidad de reacción para rescatarlo. Por primera vez en mucho tiempo sintió que podía proteger a alguien. Alguien más tímido e inseguro. Alguien a quien al fin él, un alfa con carencias, podría cuidar.
Era una lástima que estuviera casado ya. Incluso si era con alguien que estaba lejos de casa constantemente, seguía siendo un compromiso de amor sincero y honesto. Incluso si ese afamado doctor prefería congresos y procurar a otros antes que a su familia. Incluso si no merecía a un beta tan lindo y dulce como Kannonzaka... Y era tan injusto que no podía permitirlo.
Un día se le ocurrió que, si Doppo fuera soltero o al menos divorciado, se casaría con el y Hikaru pasaría por su hijo, el cabello ayudaba y cualquiera pensaría que los ojos azules eran herencia de su madre. Si tan solo Jinguji Jakurai desapareciera...
Su deseo se cumplió cuando decidió cobrar el favor que le debía un misterioso hombre de quién estuvo a punto de ser víctima de estafa. Aunque quedó en deuda otra vez, vio felizmente como ese matrimonio se rompía y Doppo era abandonado con su hijo. Sin hogar ni familia que lo ayudara, se vio forzado a aceptar vivir en su casa. Una vez teniéndolo ahí secó esas lágrimas, atendió las heridas y pronto se incorporó a sus vidas como si desde el comienzo hubieran sido una familia modelo.
El mundo de betas, alfas y omegas es tramposo, juega con las personas y dicta sus destinos desde el nacimiento. Así, únicamente un alfa dominante como Jinguji Jakurai podría embarazar a un beta, por ende no alberga esperanza de tener un hijo propio, pero no importa.
Hikaru es suficiente.
— El es tuyo y lo acepto como mío mientras tu seas para mí.
Si Doppo escuchara eso...
Como está acostumbrado, limpia el rastro de esa única lágrima y lo abraza para dormir.
