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something bad

Summary:

Ephraim está enfermo y Lyon lo cuida una tarde.

Flufftober 2021
Lista de EsDeFanfics

Notes:

Otro de Fire Emblem, yei!
Aunque creo que este será el último fic para el flufftober de mi parte.
Si alguien estaba siguiendo lo que escribía, perdón. Quizás el próximo año lo logre hacer completa la lista.

Espero lo disfruten.

Prompt 7: Sick partner

Work Text:

Ephraim se había enfermado. Algo bastante inusual, a decir verdad. Cayó en cama con una fiebre de 38,7 °C y no había ido a la escuela por dos días, dejando a Lyon muy preocupado.

Lyon es una persona bastante tranquila, el blanco perfecto para algunos chicos con malas intenciones, ni siquiera el que supieran que su padre poseía un puesto importante en el mundo de la política les importó, sabían que Lyon no diría nada. Entonces fue cuando Ephraim aparecía para ayudarlo.

Ephraim y Eirika son mellizos que llegaron de otra ciudad debido al trabajo de su padre, el cual era amigo del padre de Lyon y en una cena se conocieron. Desde entonces los tres se han juntando en la escuela y milagrosamente a Lyon dejaron de molestarlo.

No es que Lyon se preocupe por sí mismo ante la ausencia de Ephraim, pero siendo que siempre lo veía tan fuerte e inquebrantable no podía llegar a imaginarlo tan débil y vulnerable. Además, extrañaba su presencia, sus días habían mejorado desde que él y su hermana llegaron a su vida. Se sentía solitario sin ninguno de los dos aquí.

La tarde del tercer día en que Ephraim faltó, Lyon decidió ir a verlo.

Tocó el timbre de la enorme casa algo nervioso, jugaba con sus manos intranquilo hasta que una señora de mediana edad llegó a recibirlo. Lo guio por el interior de la casa adornada con cuadros y flores hasta llegar frente a la puerta de una habitación.

—Señorito Ephraim, el señorito Lyon ha venido a visitarlo—anunció luego de tocar tres veces.

Lyon había venido pocas veces a la casa de los mellizos, pero no recordaba la comodidad en la que vivían. Se sintió algo fuera de lugar por unos momentos. Aunque él también es rico, no le gustaba que su padre pusiera tantos lujos en su hogar.

—Adelante—se escuchó del otro lado una voz rasposa seguido de una tos.

La mucama lo dejó pasar y este apresuró el paso hasta estar en medio de la habitación. Era grande, bastante grande, pero teniendo en cuenta que los mellizos compartían habitación era comprensible el tamaño. Se acercó a la cama del chico con cautela, la cual era la que estaba más cerca de la ventana.

Había escuchado una vez como pelearon por una semana por eso.

—Hola, Lyon—saludó Ephraim incorporándose de la cama. —Por favor dime que no traes tareas.

—Para tu desgracia, dejaron mucha—rio el chico de cabello morado viendo la cara de Ephraim arrugarse en lamento. —Tranquilo, te ayudaré a resolverla.

El chico enfermo sonrió animado. —Por eso eres el mejor, pero quiero resolverlo solo esta vez.

—¿Seguro? La tarea es de inecuaciones.

—Tranquilo, sé que puedo hacerlo—dijo con una expresión que no convenció mucho a Lyon—, y la verdad es que siento que he abusado mucho de tu confianza.

—Para nada.

Ephraim lo miró fijamente inclinando un poco su cabeza, Lyon sintió como la mirada del contrario se clavaba en él como si fuese un pequeño conejo siendo acechado por algo desconocido mientras sacaba sus apuntes de la mochila. Finalmente, Lyon lo miró de vuelta a los ojos encontrándose con una sonrisa de parte del enfermo.

—¿Qué sucede? —preguntó curioso.

—Nada—Ephraim sonrió aún más.

Lyon bufó divertido dejándole un cuaderno sobre él. —Entonces, empecemos.

Pasaron por lo menos dos horas hasta que Ephraim cayó rendido, mucho más de lo que pensaba Lyon, pero al menos era un avance. Como al chico enfermo se le había subido levemente la fiebre Lyon le recomendó descansar, al principio Ephraim no quería hacerlo alegando que un ejercicio no lo derrotaría, pero terminó cayendo sobre la almohada al sentir su cabeza pesada.

Dijo que solo dormiría un par de minutos, pero terminó siendo una hora. La fiebre aun no le bajaba por lo que Lyon había ido a buscar al baño una pequeña fuente de agua fría y un paño que humedeció para luego dejarlo sobre la frente del chico. Lyon continuó estudiando mientras era vigía del sueño de Ephraim.

A veces oía al chico murmurar cosas dormido, en otras ocasiones este movía la cabeza algo aquejado y una vez se sacó el paño húmedo mientras dormía tirándolo lejos. Lyon suspiró ante el trabajo que le tocó, algunas veces venían las mucamas a ver cómo estaba Ephraim, pero como notaban que estaba siendo cuidado correctamente se iban y volvían a cada tanto. De Eirika no sabía nada, por lo que deducía que estaba en el jardín o con su amiga Tanna.

Cuando el atardecer se estaba haciendo presente tenía la intención de despertar a Ephraim al ver que su fiebre había bajado, pero al verlo dormir tan tranquilamente no se atrevió a perturbar su sueño. En cambio, se dio un minuto para observarlo. Era guapo, eso no lo negaba nadie, sus facciones eran duras como las de un guerrero, aunque su piel era tersa y suave. Sus ojos parecían dos gemas incrustadas y su cabello parecía hecho de espinas, pero era tan gentil al tacto que como si fuera algodón.

No le gustaba admitirlo, de hecho, le costó un poco reconocerlo, pero a Lyon le gustaba Ephraim.

Se sentía un poco tonto gustando de uno de los pocos amigos que tenía, pero era un sentimiento que no podía sacarse del pecho. Cada vez que lo veía y la sensación afloraba se decía que, así como estaban las cosas estaba bien, pedir más sería ser demasiado codicioso.

Pero eso no quería decir que podía tomar algo de él, aunque sea un poco, aunque sea un solo segundo.

Con cautela y dulzura acarició la mejilla del chico peinando algunos mechones que cayeron sobre su rostro, quería acercar más su cara para poder apreciarlo más, pero temía que alguien entrara de improviso. No quería hacer algo más, solo mirarlo. Solo quería tomar un poco para así contener lo que sentía por él.

Al final se alejó algo molesto consigo mismo.

Suspiró frustrado para luego sacudir suavemente el hombro del chico. —Ephraim, despierta.

El enfermo murmuró algo inentendible a lo que Lyon rodó los ojos sacudiendo más fuerte su hombro. Ante el zarandeo Ephraim despertó abriendo los ojos perezosamente desviándolos directamente a Lyon.

—Buenos días.

—Buenas tardes, mejor dicho—corrigió el muchacho suspirando nuevamente—, dormiste casi toda la tarde.

—Vaya—exhaló sintiendo algo en su frente, al tocarlo sacó el paño húmedo mirándolo algo enternecido—, ¿tú me cuidaste?

Lyon desvió la mirada hacia sus cuadernos tratando de no hace contacto visual. —Un poco.

Ephraim sonrió. —Gracias.

Lyon se ruborizó levemente y esperaba que el chico no lo notara. Finalmente guardó todas sus cosas preparándose para volver a su casa.

—Bueno, ya me voy—anunció colocando su mochila al hombro alejándose un poco en dirección a la puerta. —Recuerda tomar tus medicinas.

Ephraim resopló. —Sí, sí, sí, siempre me lo dicen—se cruzó de brazos como un niño pequeño haciendo que Lyon soltara una pequeña carcajada. —Por cierto, no te conté.

—¿Qué cosa? —preguntó curioso aun sonriendo.

—Hice algo malo.

Lyon enarcó una ceja ante la confesión. —¿Qué hiciste?

Ephraim miró hacia la puerta asegurándose que no viniera nadie, luego le hizo un gesto con los dedos al chico para que se acercara. Este caminó con cautela de vuelta al lado de la cama de Ephraim, este le pedía que se acercara más y más por lo que creyó que se lo diría al oído, pero no esperaba en absoluto lo que pasó.

Ephraim lo tomó del mentón acercando sus labios a los suyos.

No reaccionó, de hecho, no sabía cómo reaccionar, solo se quedó ahí paralizado mientras duraba el contacto de labios que tímidamente podría llamarse beso. Al separarse Ephraim le sonrió y Lyon aún seguía sorprendido.

—Te pegué el resfriado.

—¿Ah?

—Lo malo que hice—dijo con una gran sonrisa—, te pegué el resfriado.

Lyon se ruborizó salvajemente reaccionando al instante, retrocedió torpemente mientras decía adiós o algo así. Chocó con la puerta aun sintiéndose abrumado, con su corazón latiendo a mil y lo que lo hizo peor fue que lo último que vio al cerrar la puerta fue a Ephraim despidiéndolo con la mano junto a una gran sonrisa y una mirada más que significativa.

—Nos vemos en la escuela, Lyon.

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