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Nuestra historia comienza en las fronteras del Bosque de Yiling.
La historia entre un joven humano, y un fae.
Wei Ying apenas regresa del pueblo cercano cuando colapsa al suelo, justo en las afueras de las fronteras del bosque, donde hay un impenetrable y espeluznaste muro hecho de espinas que él construyó para mantener a los humanos fuera de los terrenos sagrados. Wei Ying está usando una capa oscura para mantener sus horripilantes cuernos fuera de la vista y también sostiene un poderoso bastón mágico en su mano derecha que rebosa de energía oscura y resentida.
Y a pesar del poder que posee, el bastón no es soporte suficiente para él. Wei Ying termina desplomándose en el suelo mientras grita del dolor por la tortuosa sensación fantasmal que recorre por su espalda. Wei Ying pasa sus dedos por el lugar que más le duele.
Justo en aquel lugar protuberante y sangriento, donde sus alas sagradas habían estado una vez.
Estos episodios de dolor ya no pasan tan a menudo, pero sí lo suficiente como para que Wen Qing le diga que debe mantenerse dentro del Bosque de Yiling donde estará protegido. Sin embargo, para él, siempre hay algo que hacer, como curar a un hada herida o ayudar a otra criatura del bosque. Es por eso que Wei Ying se va del bosque semanalmente, caminando en dos piernas que nunca se han acostumbrado a un cuerpo sin alas.
La visión de Wei Ying se torna borrosa mientras sigue desplomado en el suelo y, por un momento, siente que pierde el conocimiento.
Pero vuelve a sus sentidos cuando escucha el sonido de una cesta de madera cayendo al suelo y la voz dulce y gentil de un niño preguntándole:
—¿Se encuentra bien?
Wei Ying levanta su cabeza con la poca fuerza que le queda, y lo único que ve es oro.
Oro puro.
Por un momento, Wei Ying entra en pánico, su respiración se acelera y su corazón se detiene, pues, en todos los años que lleva de vida, solo ha visto un par de ojos que parecen fundidos en oro, y esos ojos no le han brindado nada a Wei Ying más que terror, dolor, angustia y traición. Él nunca podrá recuperarse de eso, y sus ausentes alas son una clara evidencia de la fe y de la confianza que nunca debió haber dado… entre otras cosas.
Lo primero que hace es despotricar veneno—¡Piérdete! —,esperando que este joven muchacho que ha encontrado esta grotesca, horrible y lisiada criatura se vaya y lo deje en paz.
Tampoco es como si pudiera morir. Para muchos, la inmortalidad es una bendición, pero para Wei Ying, es una maldición. No hay poder más grandioso que el de la inmortalidad, pero para Wei Ying, la inmortalidad significa que tendrá que vivir cientos y cientos y cientos de años sin la posibilidad de volar. Wei Ying no podrá deteriorarse fácilmente, pero sí podrá desvanecerse poco a poco hasta que no quede nada más que un cuerpo vacío que persiste en quedarse en la Tierra.
Sin embargo, este chico no lo deja solo. Este joven, tan fuerte y gentil, abandona cualquier sentido de auto preservación para acercarse a él, levantarlo, y cargarlo en su espalda.
—¿Estás demente? —Wei Ying suelta un gruñido inhumano. Mientras más tenebroso suene, más rápido los humanos se alejan de él—Bájame o te arrepentirás, tonto niño.
El niño humano ni siquiera se inmuta, sino que le habla con firmeza y ternura—No puedo. Estás gravemente herido y estás sangrando.
Oh. Tiene razón. A veces, cuando Wei Ying sufre estos episodios de dolor, sangre sale de donde le arrancaron sus alas, ocasionando que la ropa se le manche. Ha lavado esta ropa tantas veces que ha perdido la cuenta. Wen Qing definitivamente dirá algo al respecto.
Wei Ying tiene la vista borrosa así que no puede ver el rostro del chico. Sin embargo, es un hecho que el chico está hecho de puros músculos si puede cargar a Wei Ying sin ninguna dificultad. En lugar de depender de la bondad de un humano, Wei Ying debería llamar a Wen Qing o a Wen Ning. Es probable que ellos estén ocupados ayudando a las hadas en estos momentos, pero Wei Ying sabe que, si los llama, ellos vendrán al instante.
Pero… el chico se siente tan suave, y cuando Wei Ying coloca su cabeza en su espalda, se da cuenta de lo mucho que había extrañado el tacto humano. Es casi enfermizo lo mucho que Wei Ying anhela una calidez como esta. Es enfermizo lo mucho que Wei Ying anhela bondad sin importar qué tan efímera sea. Simplemente, Wei Ying no puede negar el gran hueco que hay en su corazón, y a medida que se aferra al niño, encuentra consuelo en un aroma que nunca pensó que olería de nuevo.
¿Acaso todos los humanos huelen así, o son solo los que él conoce? ¿Acaso todos tienen ojos dorados como el sol y ofrecen su bondad como si no significara nada para ellos?
—Quién te crees que eres, niño —Wei Ying gruñe, pero esta vez con menos brusquedad—. ¿Un príncipe?
En esta vida, Wei Ying ya ha tenido suficiente con la realeza.
—No —el chico humano insiste—. No, solo soy un campesino.
Un campesino. Wei Ying se calma por esa confirmación.
El chico habla mejor que la mayoría de los campesinos, pues es bien respetuoso y educado. No obstante, está usando la típica ropa de algodón que usan los granjeros.
—Si pudiera enseñarme el camino a su casa —él dice mientras levanta la cesta que había caído antes—. Lo llevaré allá.
Wei Ying se rinde. Él pierde la energía que necesita para ser malicioso, por lo que muy rígidamente, le responde—: Está bien.
Con el más ligero movimiento de su bastón, el intimidante muro de espinas se abre poco a poco. Las ramas se acobardan y se inclinan, como si estuvieran sometiéndose ante el maestro que les dio vida.
El chico humano debe saber quién es Wei Ying a estas alturas.
Y es así cómo nuestra historia comienza. Por primera vez en casi quince años, un humano entra a las sagradas tierras del Bosque de Yiling.
Esta escena despierta el interés de todas las criaturas mágicas del bosque. Las hadas y los pixis observan desde lejos con mucho asombro, mientras que los trols y otras criaturas se asoman detrás de los arbustos, observando con interés a los dos que se dirigen a la pequeña cabaña donde Wei Ying vive.
Wei Ying ondea su mano para que la puerta se abra y así ambos puedan entrar. El humano camina directamente a la cama vacía donde coloca a la lastimada criatura
Wei Ying se acuesta con un suave quejido de dolor.
El chico se pone a trabajar, colocando su cesta en la mesa más cercana antes de sacar las hierbas medicinales que había comprado.
—Quítese la capa —le pide a Wei Ying mientras empieza a buscar vendajes en los estantes de la cabaña—. Si no lo hace, la tela se pegará a sus heridas y será más doloroso.
Wei Ying se aferra a la capa que actualmente está tapando su rostro, sobresaltándose al darse cuenta de que realmente no puede hacerlo—No puedo.
—¿Por qué? —el chico le pregunta—No tengas miedo.
Wei Ying se mofa—Si me la quito, tú serás el que tendrá miedo.
—No lo tendré —le responde el chico—. No me asusto fácilmente, así que no me darás miedo.
—Pues debería darte —Wei Ying dice con tono burlón.
—No me das miedo —el chico le reitera—. Quítese la capa o será peor para usted.
La obstinación del muchacho definitivamente le recuerda a alguien que conocía.
Wei Ying afloja los cordones de la capa. Esta es la primera vez en tanto tiempo que se siente expuesto, así que no mira al niño, pues realmente no lo soportaría. Él sabe que sus cuernos están completamente expuestos mientras que su espalda continúa sangrando.
El chico se acerca a él mientras que Wei Ying mira para otro lado. La visión de Wei Ying ha regresado y aun así no se atreve a mirar el rostro del humano.
—Sé que no eres humano —dice el chico, arrodillándose en el suelo junto a la cama. En sus manos ya tiene preparada la pequeña cubeta de agua y el paño—¿Eres un fae?
—No hagas preguntas estúpidas —Wei Ying le responde con un tono de voz cortante—. Si no tengo alas, ¿cómo podría ser un fae?
El chico vacila, mas le da la razón—Entonces supongo que eres un tipo de criatura mágica con cuernos, y el defensor de este bosque.
—¿Por qué piensas que soy el defensor? —Wei Ying le pregunta. Los humanos siempre han hecho distintas conjeturas sobre Wei Ying, pero esta es la primera vez que un humano supone a la primera que él es el defensor del bosque.
—Porque noté que todas las otras criaturas se inclinaron ante usted —dice—. Sé que eres amado aquí.
—“Amado” —Wei Ying se ríe, levantando su cabeza para finalmente encarar al muchacho. Si el chico ve su rostro, probablemente se asustará y se irá—. Niño, soy capaz de hacer muchas cosas terribles. ¿Cómo es posible que no has escuchado las historias? Deberías marchar…
Wei Ying deja de hablar.
Su corazón se detiene.
Cuando ve el rostro del muchacho, sabe exactamente quién es, pues lo conoció quince años atrás.
¡Ahora todos escuchen esto! El muchacho crecerá, dotado de la gracia y belleza de un príncipe. Pero, al cumplir los dieciocho años antes de que el sol se ponga, conocerá la más horrible traición de la persona que ame, y se sumirá en un sueño de muerte eterna. No habrá poder en la tierra que lo altere.
¡No hay poder en la tierra que lo altere!
—Dijiste que no eras un príncipe —Wei Ying susurra horrorizado mientras retrocede hasta chocar con la cabecera de la cama. Tiene de frente el rostro bellamente esculpido que conoce muy bien.
Este es el muchacho que está moldeado en imagen y semejanza de su padre, y Wei Ying no puede evitar sentir terror. Aún puede sentir el dolor de ese cuchillo apuñalando su espalda, justo donde estaban sus hermosas alas. Wei Ying debió haberlo sabido. Los humanos, los Lan… él nunca será capaz de escaparse de ellos, no en esta vida—Cómo te atreves a mentirme, justo como…
Justo como el hombre que te dio esos ojos, como el hombre que te dio esa piel.
—No soy un príncipe —el chico le reafirma, luciendo genuinamente confundido—. Vivo con mis tres tíos en una cabaña cerca de este bosque.
Wei Ying por poco llora lágrimas de sangre mientras se ríe—Claro, claro que intentarían protegerte, claro que intentarían llevarte lejos de ese lugar.
Por muy desquiciado que se vea Wei Ying en estos momentos, el chico no se inmuta—Estimado defensor del bosque, por favor déjeme limpiar sus heridas. El dolor lo está volviendo delirante.
Wei Ying le da la espalda. No puede soportar ver el rostro del muchacho, pues inevitablemente recuerda las viejas heridas que aún no sanan, y nunca sanarán.
—Tócame si quieres —Wei Ying le dice, se lo dice a la sombra del hombre que permanece cautivo en esos ojos—. No sería la primera vez.
Cuando el chico se sienta a su lado, saca lentamente la capa y las túnicas llenas de sangre. Wei Ying espera que el chico se asquee, pero nunca lo hace; simplemente coge el paño y empieza a limpiar las horribles cicatrices a lo largo de su espalda.
—¿No tienes preguntas? —Wei Ying pregunta, sintiendo su corazón a mil. Realmente no esperaba esto.
—No —el chico responde.
—Pues yo sí tengo una para ti —Wei Ying murmura entre dientes, siseando cada vez que el paño roza partes hinchadas de la espalda—. ¿Cuál es tu nombre?
Finalmente, el chico dice—: Lan Zhan.
“El niño, el heredero, mi único hijo”, aún recuerda las palabras que la reina dijo entre lágrimas muchos años atrás, en aquel palacio donde solo resonaban los llantos de un bebé que nunca conocería el dulce abrazo de una madre. Wei Ying se aseguró de eso.
“Se llamará Lan Zhan. Mi querido A-Zhan”.
—A-Zhan —el fae repite cual eco el nombre del niño que solo ha recibido cosas malas de parte de Wei Ying.
—…Sí —Lan Zhan responde con la gentileza y rectitud de un príncipe. La realeza sí que corre por su sangre—. Sí, puedes llamarme de esa manera si así lo prefieres.
Wei Ying prefiere no volver a verlo—Niño —él respira profundamente antes de hacer la pregunta—, ¿sabes quiénes son tus padres?
Lan Zhan le responde sin titubeos—No. Soy un huérfano criado por mis tres tíos, quienes fueron muy amables en acogerme.
Tal parece que no le han contado nada—Nunca te has preguntado… —Wei Ying continúa— quiénes eran tus padres.
Lan Zhan lo piensa por un momento, y luego responde—Me contaron que mis padres están muertos, y si realmente no lo están y se olvidaron de mí, entonces no necesito el amor de padres que me han abandonado.
La vista de Wei Ying se torna borrosa nuevamente—No necesitas padres como esos, porque hasta tu más grande amor siempre terminará traicionándote.
Lan Zhan lo mira con mucha preocupación. Él limpia lo último que le queda de sangre en la espalda y luego prosigue a buscar los vendajes para cubrir sus heridas—¿Duele?
Wei Ying sabe que se refiere a las heridas, pero eso no es lo que realmente le duele a Wei Ying.
Wei Ying se limpia el sudor de la cara. Demasiado, quiere decir Wei Ying. Me duele tanto que hasta su rostro me atormenta cada día.
Pero, en su lugar, todo lo que sale de su boca es—No.
—Ya veo —Lan Zhan dice mientras termina de vendar a Wei Ying—. Debes saber que tengo un poco de magia.
—¿Q…Qué? —Wei Ying le pregunta, saliéndose de sus tristes pensamientos.
—Siempre sé cuando me están mintiendo —Lan Zhan dice mientras se levanta de la cama.
Wei Ying se ríe, realmente se ríe. Oh, ¿el muchachito sabe amenazar ahora? —¿Crees que me conoces más de lo que yo me conozco?
—Simplemente conozco una mentira cuando la oigo —Lan Zhan dice mientras camina hacia la mesa. De su cesta, saca hogazas de pan fresco, lonchas de carne y fruta—. Solo puedo ofrecerte un poco de esto ya que mis tíos estarán esperando el resto, pero come esto hoy mientras descansas.
—Puedo cazar por mi cuenta —Wei Ying se mofa—. No soy tan débil e indefenso como ustedes los humanos.
—Estoy seguro de eso —Lan Zhan responde.
Wei Ying sabe que Lan Zhan solamente le está siguiendo el juego.
—El sol se pondrá muy rápido y las criaturas de la noche muy pronto aparecerán —Wei Ying dice, apuntando la puerta—. Las hadas te llevarán a las fronteras del bosque.
Lan Zhan lo mira mientras agarra la cesta, viéndose un poco renuente a irse—¿Tienes personas que cuiden de ti?
—No es de tu incumbencia —Wei Ying dice.
Lan Zhan, este guapísimo jovencito, se ve fuera de lugar en esta pequeña cabaña. Pero también luce como si quisiera hacer cualquier cosa solo para que Wei Ying permita que se quede un poco más.
Mientras Wei Ying ondea su mano y la puerta de la cabaña se abre, le dice al joven sus palabras de despedida.
—Lan Zhan, existe un mal en este mundo. Coge tu cesta y vete. Nunca regreses a Yiling.
El chico coloca su mano en la manilla de la puerta. Su otra mano sostiene la cesta.
El joven príncipe mira a Wei Ying por última vez y le dice—He escuchado varias historias de una espantosa criatura del bosque que tiene cuernos.
Wei Ying aguanta su respiración—¿Y?
Los labios de Lan Zhan se curvan ligeramente hacia arriba—No entiendo por qué la gente te describe como algo “espantoso”.
Y con esas palabras, Lan Zhan se va antes de que Wei Ying pueda hablar.
Infantil, Wei Ying piensa con frustración aun cuando su corazón late con fuerza.
Cuando Wei Ying coge la cubeta de agua que está junto a la cama y ve el reflejo de sus cuernos, siente que hasta brillanen el reflejo del agua.
Y de alguna manera, su espalda ya no siente dolor.
Wen Qing y Wen Ning, esos cuervos escurridizos, estuvieron todo el tiempo en el alféizar de la ventana, viéndolo todo.
—Quién lo diría —Wen Qing es la primera en molestar, cambiándose en su forma humana para preparar la cena—. Es el primer humano que pisa estas tierras en quince años. Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, no lo hubiera creído. ¡Dejaste entrar a un humano, y a un Lan sobre todo!
—Él jamás regresará —Wei Ying dice—. Por mucho que piense que es un simple campesino, él ya sabe lo que la gente dice del Bosque de Yiling. Este sitio es muy peligroso para personas como él.
—Y la realidad es que solo somos criaturas mágicas indefensas que han sido antagonizadas en esas leyendas y mitos —Wen Qing suspira mientras agarra la carne—. ¡Oh! Qué generoso de su parte. Apenas podemos conseguir carne como esta porque la gente de la ciudad no quiere negociar con nosotros.
—S-Si Wei Ying dice que no debería regresar, entonces no debería regresar —Wen Ning le responde en voz baja mientras saca la cubeta de agua y el paño de la cama de Wei Ying—. S-Sabes muy bien lo que nos hicieron los Lan. Lo que le hicieron a él.
—Lo sé, A-Ning —Wen Qing le sonríe tristemente—. Es agradable tener nueva compañía por aquí, eso es todo.
—Él no debería regresar —Wei Ying dice mientras acaricia el vendaje que el niño le puso tan inmaculadamente—. Es por su propio bien.
—¿Y qué harás si regresa? —Wen Qing pregunta, haciendo ruido con las ollas de la cocina.
Wei Ying mira más allá de la ventana y observa al joven príncipe retirándose del bosque—Si regresa lo asustaré con las espinas y los monstruos de este bosque, como hago con cada humano que intenta entrar.
Y Wei Ying no cumple su palabra.
Está ayudando a los trols a reparar un puente cuando ve al niño merodeando nuevamente por los límites del bosque. Lan Zhan trata de mirar más allá del muro de espinas y empieza a empujar y a jalar las ramas con la esperanza de que se abran para él, justo como sucedió la noche anterior. En su mano carga una cesta que rebosa de comida y medicina.
Wei Ying suspira al ver eso. Prosigue a darle la espalda, sabiendo que el niño eventualmente se rendirá y se irá a su casa cuando se percate de que nadie le está haciendo caso.
Sin embargo, al instante escucha un leve siseo, y Wei Ying inmediatamente se apresura a saber qué pasó. El niño se desesperó tanto por entrar al bosque que terminó pinchándose el dedo con una espina mientras trataba de meterse entre ellas.
Este niño definitivamente lo va a matar.
Con el ondeo de su mano, el muro de espinas se abre.
Y Lan Zhan se queda observándolo todo con deleite.
—Eres tú —dice cuando ve a Wei Ying acercándose a él—. Sabía que vendrías por mí.
—Esas espinas son letales para los humanos —Wei Ying lo mira con molestia. Luego levanta su bastón, y con la ayuda de un poco de magia, extrae el veneno de la mano de Lan Zhan (que ya estaba tornándose púrpura). El veneno extraído se eleva por los aires y se desvanece como si de polvo se tratara—. Hubieras muerto en minutos.
—Tú no lo permitirías —Lan Zhan dice con optimismo.
—No me conoces —Wei Ying refuta.
—Tengo mi magia —Lan Zhan le responde. Lo que no dice es: Y sé cuando me estás mintiendo, otra vez.
Wei Ying se da la vuelta, negándose rotundamente a seguir discutiendo con un simple niño—¿Por qué volviste?
Wei Ying regresa al bosque con su bastón en mano y Lan Zhan lo sigue. El muro de espinas poco a poco se cierra cuando ambos están dentro del Bosque de Yiling. Ya que el niño está parado justo a su lado, Wei Ying se percata de que Lan Zhan es más bajito que él, pero no por mucho. A estas alturas, el niño terminará siendo más alto que él a medida que crezca.
Y una vez más, las criaturas mágicas del bosque los miran de reojo, incapaces de creer lo que ven.
—Visité otra vez el mercado —Lan Zhan dice, tratando de disimular los saltitos que da a medida que camina. Ciertamente, el hecho de que Wei Ying lo dejó entrar al bosque fue lo mejor de su día—. Ayer no estuve tan preparado, pero espero que hoy puedas comer mejor.
—No creerás que necesito que un muchachito campesino como tú me cuide, ¿o sí? —Wei Ying se mofa.
—No lo necesitas —Lan Zhan dice—. Pero me gustaría hacerlo.
Wei Ying cruza sus brazos—¿No tienes mejores cosas que hacer, como volver a tu casa con tus tres tíos?
—Ellos estarán bien sin mí —Lan Zhan le dice—. Siempre se pasan peleando por algo. Hoy, están peleando por el abanico perdido de mi tío HuaiSang.
—El tío HuaiSang —Wei Ying repite. Él ciertamente no se ha olvidado del hada azul que solía vivir en el Bosque de Yiling. Wei Ying debió haberse imaginado que fue ahí donde se escapó el hada. Después de todo, Nie HuaiSang nunca ha estado de acuerdo con la magia oscura de Wei Ying. Por mucho que HuaiSang intentó disuadirlo de que dejara de usar ese tipo de magia, al final se rindió y se fue a cuidar al bebé que Wei Ying había hechizado con tanta malicia—¿Él es uno de tus tres tíos?
—Sí, y el tío MingJue y el Tío GuangYao también —Lan Zhan dice.
Pues claro, por supuesto.
Wei Ying deja de caminar de repente para mirar al muchacho—No deberías contarme estas cosas simplemente porque te lo estoy preguntando.
—¿Por qué no?
—Porque apenas me conoces —Wei Ying frunce el ceño. Desde el principio, este muchacho no ha sido nada cauteloso con él, y ahora Wei Ying se preocupa por él de la misma manera que una madre se preocuparía por su hijo—. Y yo apenas te conozco.
¿Cómo el niño logró vivir tantos años si les responde a los extraños todo lo que le preguntan?
—Me temo que estás equivocado —Lan Zhan dice cuando llegan a la llanura que queda justo al lado de la cabaña de Wei Ying—. No divulgo ese tipo de detalles de mi vida a cada persona que conozco.
El fae agarra su bastón con más fuerza. Wei Ying no puede mirarlo a la cara, pues, si lo hace, el niño se dará cuenta de que está completamente ruborizado.
A pesar de tener una edad tan prematura, el muchacho sí que tiene labia.
—Ya veo. Pero, aun así, ¿me lo dices a mí?
—Querías una respuesta.
—¿Y así como así me la das?
—¿Y por qué no?
Y una vez más, Wei Ying termina ruborizado de la cabeza a los pies.
—No estás entendiendo —Wei Ying dice mientras llegan a su cabaña—. Tal vez, comprender cosas es algo que a un joven campesino como tú se le hace difícil.
—Estimado protector —Lan Zhan empieza a hablar. Sus ojos son tan encantadores y firmes como los de un príncipe. Son unos ojos que reflejan mucha determinación, y Wei Ying teme que esos ojos eventualmente tengan el poder de derretir la gelidez en su corazón—. Le aseguro que tengo muchas cualidades buenas y que puedo cumplir cada una de sus expectativas.
Wei Ying abre la puerta con el ondeo de su mano y entra apresuradamente antes de que el niño siga diciendo más tonterías. ¿Acaso todos los niños humanos son así de seguros como este, o son solo los que tienen ojos dorados?
No puedo caer por este mismo truco dos veces, Wei Ying piensa.
—Deja la comida sobre la mesa —le dice mientras se lava la cara con el agua de la cubeta—. Wen Qing estará muy feliz al ver eso.
Lan Zhan se pone rígido—¿Wen Qing? —pregunta—¿Vives con una mujer?
Al instante, el cuervo que los estaba observando desde la ventana, se transforma en humano.
—Es un gusto conocerlo, prín- campesino —Wen Qing corrige antes de cometer la estupidez—. Soy más cuervo que mujer.
—¿Por qué le estás dando explicaciones? —Wei Ying pregunta mientras trata de sacarla de la cabaña—Estaba arreglando un puente para los trols cuando llegó. ¿Podrías ir allá para verificar cómo están en caso de que necesiten algo más?
Wen Qing apenas puede esconder su sonrisa—Disfrutamos la carne que trajiste anoche —le susurra a Lan Zhan, quien asiente con la cabeza—. Apenas podemos comer eso, así que si deseas seguir trayéndonos carne… te lo agradeceríamos. Además, ¿verdad que nuestro pobre Wei Ying está muy flaco y frágil? Estoy segura de que puedes dejar algo de carne para nosotros.
—Definitivamente está muy flaco —Lan Zhan concuerda mientras frunce el ceño. La delgadez de Wei Ying fue una de las primeras cosas que notó cuando se conocieron.
—Wen Qing, vete —Wei Ying dice.
—Tanta cosa diciendo que lo espantarías con espinas y monstruos, y mira —Wen Qing lo molesta.
—¿Quieres carne o seguirás molestando? —Wei Ying la amenaza.
—Les traeré más —Lan Zhan les promete—. Les traeré todos los días, siempre y cuando el muro de espinas esté abierto para mí.
—El muro de espinas se abre solo cuando yo lo diga —Wei Ying murmura, sabiendo que está en una batalla perdida.
—Jovencito, siempre y cuando vengas a visitarnos, te recibiremos con brazos abiertos —Wen Qing se ríe.
Ella sabe que a Wei Ying se le está colmando la paciencia, así que antes de que Wei Ying la transforme en cuervo a la fuerza, ella salta y sale de la cabaña como cuervo, volando en dirección de los trols.
—Es bueno que tengas compañía —Lan Zhan le dice—. Me preocupa que, con tus heridas…
—¿Haya estado solo? —Wei Ying termina la oración por él mientras peina su largo cabello negro con sus dedos—No. Para bien o para mal, Wen Qing y Wen Ning nunca me dejan solo.
—¿Wen Ning?
—El hermano de ella —Wei Ying dice mientras Lan Zhan saca lo que hay de su cesta—. Ellos solían ser cuervos inseparables, y lo siguen siendo, pero hace quince años les di vida humana para que se conviertan en mis ojos, pero también en mis alas.
—Ah —Lan Zhan dice, amortiguando la sonrisa de su rostro—. Ya veo.
Sin embargo, Wei Ying se percata de que el niño está sonriendo. Ese niñato se equivoca si cree que puede esconder algo de él—¿Por qué tan presuntuoso?
—Me dijiste que no debería divulgar cosas a los extraños tan fácilmente—Lan Zhan le dice—. Mas sin embargo, pareces dispuesto a decirme tus cosas.
Wei Ying se da la vuelta rápidamente—Sé lo que estoy haciendo.
—Estoy seguro de eso —Lan Zhan le dice.
¿Cuánta labia tiene este niño?
—No deberías actuar tan arrogante a tu edad —Wei Ying lo reprende porque es lo único que puede hacer—. Si decido decirte estas cosas, es porque confío en ti.
—Y estoy agradecido por eso —Lan Zhan le dice.
Y ahí está de nuevo: el brillo en sus ojos, un brillo que Wei Ying reconoce, y que odia.
Wei Ying nunca ha estado tan anonadado en su vida. ¿Cómo Nie HuaiSang, Nie MingJue y Jin GuangYao han estado criando a este niño? —Tus tíos sí que montaron un numerito contigo.
—Es posible —Lan Zhan le dice—, pero te aseguro, mi estimado protector, que no seré un niño para siempre.
—¿Por qué me dices eso? —Wei Ying se mofa mientras se sienta en la esquina de la cama—Por ahora eres un niño, y no deberías estar cuestionando a mayores como yo.
—Sí, por ahora —Lan Zhan concuerda a regañadientes. Wei Ying cree haber visto un puchero en su rostro, pero tal vez se lo imaginó. Ciertamente, un estimado príncipe de sangre azul no hace pucheros, ¿o sí?
Eventualmente Lan Zhan pregunta—¿Te hago algo de comer?
Después de eso, Lan Zhan va todos los días al Bosque de Yiling.
El muro de espinas lo reconoce, así que se abre cada vez que él llega. Lan Zhan siempre procura llegar justo antes del almuerzo con una cesta llena de comida para alimentar a Wei Ying, a los cuervos y a las otras criaturas del bosque. Todos los días, cuando es hora de comer lo que Lan Zhan trae, Wen Ning y Wen Qing siempre se paran en el alféizar de la ventana en su forma de cuervos mientras que Wei Ying y Lan Zhan se sientan junto a la pequeña mesa de la cocina. Al parecer, los tres tíos del niño siempre delegan las tareas domésticas a Lan Zhan, quien las hace sin quejarse (y menos ahora sabiendo que con eso puede impresionar a Wei Ying).
Wei Ying es el que habla más cuando está comiendo, y eso es de esperarse, pues él siempre ha sido un parlanchín, siempre ha amado vociferar todo lo que se le viene a la cabeza. Por otro lado, Lan Zhan es el que habla menos, pues él prefiere escuchar a los demás mientras come, pero si tiene que responder algo, lo hace con mucho ingenio. Wen Qing y Wen Ning no están todo el tiempo con ellos porque usualmente están ocupados asegurándose de que el bosque siempre esté a salvo de los humanos.
Y Wei Ying…. bueno, a Wei Ying le agrada la compañía. Le gusta tener al niño a su lado, le gusta saber que Lan Zhan lo visitará todos los días a la misma hora y le gusta que Lan Zhan siempre traiga regalos y comida que Wei Ying personalmente no puede pagar. A Wei Ying le gusta la rutina y la sensación de domesticidad.
Él sabe lo que está tramando el niño. Wei Ying sabe que las túnicas ya no le quedan tan sueltas como antes por toda la comida que consume todos los días. Él sabe que, mientras su estómago se llene y sus mejillas se vean más rosadas y saludables, no puede quejarse con Lan Zhan por esto ni por nada más, pues, si Wei Ying hubiera seguido como antes, el pasar del tiempo lo terminaría consumiendo.
Sus episodios de dolor apenas ocurren y su espalda ya no sangra.
Lan Zhan visita a las criaturas del bosque en las tardes, y todos quedan encantados con él. Cuando Wei Ying necesita ayuda para reparar puentes viejos, Lan Zhan sube, se remanga y empieza a ayudar. Cuando Wei Ying necesita que alguien busque a las hadas y las lleve a un sitio seguro, Lan Zhan está ahí para ayudar. Cuando Wei Ying necesita medicina que solo está disponible en un mercado que no hace negocios con las criaturas como él, Lan Zhan siempre está ahí para ayudar.
A pesar de que Lan Zhan se parece mucho a su padre, y a pesar de que el agujero en su corazón duele cada vez más, Wei Ying reconoce que no puede echarle la culpa a un niño que nunca ha conocido el amor paternal y que nunca fue responsable de los eventos del pasado. A pesar de que esos ojos dorados a veces lo toman por sorpresa y le hacen recordar cosas dolorosas que realmente desea olvidar, Wei Ying eventualmente deja de sobresaltarse cuando Lan Zhan lo mira y lo saluda con afecto, ajeno de las maldades que habitan en este mundo.
Tú no eres tu padre, Wei Ying piensa mientras Lan Zhan cambia los vendajes por tercera vez esa semana. Y no todos los humanos son como tu padre, así que no podría odiar a un niño que ni siquiera conoce la malicia. No podría odiar a un niño con un alma tan pura e inocente, quien siempre le ve el lado bueno a todo el mundo.
Lan Zhan lo cura en más de un sentido.
Hace mucho que Wei Ying no se junta con los humanos, pero por este muchacho, hace una excepción.
Y miren qué cosa, qué irónico giro del destino, que ese mismo muchacho cuya compañía acepta, es el que maldijo.
—Existe un mal en este mundo del cual debes protegerte —Wei Ying dice con vergüenza mientras se recuesta en la cama, con un corazón que ya no está tan oscuro ante la constante presencia de Lan Zhan—. Ese mal está lleno de odio y de venganza.
Lan Zhan se levanta para buscar un libro de la enorme estantería de Wei Ying con la intención de leerlo en la tarde. Ni siquiera se inmuta tras escuchar esas palabras—Supongo.
—¿Lo supones? —Wei Ying se mofa, sabiendo muy bien que el niño es más terco que una mula— Toma en serio mis palabras, niño.
Tras escuchas eso, Lan Zhan hace una mueca—Voy a cumplir dieciséis.
—Sigues siendo un niño —Wei Ying le dice alegremente.
—El más grave mal que existe en este mundo es que solo me veas como un niño y nada más —Lan Zhan dice mientras lo mira con seriedad, ocasionando que el fae comience a reírse.
Wei Ying tiene una risa hermosa y melódica. No puede evitar sentirse cálido ante las palabras tan graciosas de Lan Zhan. Ese muchacho, cuando se lo propone, puede ser un gran comediante—. Eres tan divertido, Lan Zhan.
—Hm —Por mucho que disfrute escuchar la melodiosa risa del fae, Lan Zhan no sabe cómo reaccionar.
—Eres un niño —Wei Ying lo molesta nuevamente porque realmente le gusta ver el rostro enfadado de Lan Zhan. A sus quince años, su rechoncha y suave piel de bebé sigue estando visible en su rostro—. Eventualmente dejarás de serlo, y crecerás tan bien como un príncipe.
Lan Zhan se ve más molesto de lo usual—No soy un príncipe.
—Lo sé, mi adorable campesino —Wei Ying lo tranquiliza. A estas alturas, la expresión de Lan Zhan se ve sombría.
—Quizás sería más fácil si fuera un príncipe —Lan Zhan dice mientras vuelve a guardar el libro en la estantería, pues ya se le quitaron las ganas de leer—. Tal parece que mi estimado protector favorece a la realeza, y si es así, no puedo hacer mucho como campesino…
—¡Já! —Wei Ying se mofa, tratando de amortiguar la ira que siente en lo más profundo de su ser—¿Príncipes? ¿Reyes? La realeza me importa un bledo. ¿No has escuchado lo que dicen de nuestro queridísimo rey? Siempre está recluido y encerrado. Nadie ha visto su rostro en quince años. Y los ciudadanos, ¿realmente lo ven como su rey? ¿lo respetan?
Wei Ying es muy grosero con el rey, pero a Lan Zhan le alegra escuchar eso.
Por lo tanto, Lan Zhan prosigue a preguntar suavemente—¿Está bien si… no soy de la realeza?
Wei Ying lo mira, preguntándose por qué Lan Zhan está tan insistente en eso. Oh, si tan solo supiera…
—Desearía que te quedaras así —le dice a Lan Zhan, pues esa es la verdad. Wei Ying sabe que, sea cual sea el acuerdo que el palacio tiene con esas tres hadas ahora, eventualmente se llevarán a Lan Zhan cuando este cumpla dieciocho y finalmente se libere de la maldición. Wei Ying siempre ha sabido que un día de estos el muchacho dejará de visitarlo—. Desearía que siempre siguieras siendo mi adorable campesino, Lan Zhan.
Lan Zhan lo mira esperanzado—Si estás bien con eso, entonces…
Wei Ying niega con la cabeza lentamente mientras sonríe—Seas un príncipe o no, existe un mal en este mundo del cual debes protegerte.
Lan Zhan simplemente le responde—Tú me protegerás.
—¿Cómo estás tan seguro de eso?
—Tengo mi magia —Lan Zhan dice con la misma firmeza y convicción de siempre—. Sé que morirías tratando de protegerme.
Wei Ying se da la vuelta, haciendo lo posible para que su rostro no refleje lo devastado que realmente se siente.
No soportaría decírselo a Lan Zhan.
En el Bosque de Yiling, los pocos niños que hay son trols. Sin embargo, en las ocasiones donde hay que trabajar para proteger, preservar y mantener el orden en el bosque, son muy escazas las niñeras que pueden hacerse cargo de los niños.
Y es por eso que, naturalmente, el trabajo de “niñera” recae en Lan Zhan.
A-Yuan es el chiquitín que Lan Zhan debe cuidar. El niño, quien tiene las mejillas más regordetas que Lan Zhan ha visto, es un trol que no debe tener más de los cinco años. A-Yuan disfruta la compañía del humano, por lo que usualmente jala sus túnicas para llamar su atención y así rogarle que lo mime y lo cargue en sus brazos. El pequeño suele llamarlo “Hermano Rico”, pues, a pesar de que Lan Zhan es un simple campesino, siempre lleva cositas interesantes que nunca ha visto. Ocasionalmente, Lan Zhan le trae juguetes que provienen de aquellos misteriosos mercados que los trols mayores siempre mencionan pero que el niño nunca ha visto personalmente.
A-Yuan siempre se pasa con Lan Zhan, y Lan Zhan nunca deja a Wei Ying. Por lo tanto, mientras Wei Ying repara una casita del árbol para las pixies, Lan Zhan se encuentra debajo del árbol mientras carga a A-Yuan, quien se chupa sus deditos felizmente.
—A-Yuan —Wei Ying, quien está sentado en la parte de arriba del árbol, empieza a molestarlo—, ¿no te ves perfecto con Hermano Rico? ¿no te gustaría que él se quede aquí para siempre?
Al escuchar esas palabras, hay una inmensurable felicidad en el rostro de Lan Zhan, pero Wei Ying no lo puede ver desde arriba. Se aferra más a A-Yuan y prosigue a mecer al niño con entusiasmo y en acorde con los acelerados latidos de su corazón.
—¡Hermano Rico debería quedarse con nosotros para siempre! —dice el pequeño A-Yuan—¡Hermano Rico es el mejor! ¡El bosque está mucho mejor con Hermano Rico en nuestro lado!
Lan Zhan esconde su sonrisa en la cabeza del pequeño trol—A-Yuan.
—Lan Zhan, definitivamente capturaste el corazón de A-Yuan y ahora por eso apenas piensa en mí —Wei Ying lamenta muy dramáticamente—. A-Yuan, estás devastándome.
A-Yuan saca su pulgar de la boca—¿Qué es “devastandama”?
Lan Zhan acaricia la cabecita del trol—Significa que lastimaste sus sentimientos.
—¡Oh! —A-Yuan exclama con entusiasmo—¡Pues seguiré haciéndolo!
—¡A-Yuan! —Wei Ying exclama, fingiendo que está “devastado”.
Lan Zhan trata de amortiguar otra sonrisa. Mira a Wei Ying y le dice—: Eres muy bueno con los niños.
—Oh, Lan Zhan —Wei Ying se ríe, sintiendo su corazón ligero ante la compañía de un niño tan bueno como A-Yuan—. No soy tan bueno como tú. Solo tienes quince y ya estás poniendo a un montón de padres en vergüenza. Los niños son muy adorables, ¿no lo crees? Puede que, eventualmente, tú tambien quieras tener uno.
—Ah… —Lan Zhan mira sus pies, luciendo inusualmente tímido —Por supuesto, ni siquiera había pensado en eso…
Wei Ying está tan distraído reparando el techo de la casita de las pixies que no se percata del verdadero significado de las palabras del humano.
—¿Supongo que ya has pensado en tener hijos? —Lan Zhan le pregunta con melancolía.
—Mn —Wei Ying dice.
Efectivamente, Wei Ying sí pensó en tener hijos, pero eso fue en aquel entonces, cuando estaba feliz con el hombre que amaba y pensaba que lo tenía todo. Sin embargo, como Wei Ying es el único fae que existe en este bosque, no sabe si realmente tiene la capacidad de engendrar un hijo (sea en su interior o en alguien más).
Pero eso ya es cosa del pasado. Wei Ying ha dejado de desear eso desde entonces.
—Solía pensarlo —Wei Ying dice—. Pero eso fue hace mucho tiempo.
—Oh —Lan Zhan dice, tratando de ocultar su decepción—. Qué mal.
—Nah, eso siempre ha estado fuera de alcance para mí —Wei Ying dice—. Como dice Wen Qing, ni siquiera puedo cuidar de mí mismo, menos sería capaz de cuidar a un niño. Sería terrible.
—Oh —Lan Zhan dice otra vez, pero esta vez, se escucha más animado—. Pero yo… yo puedo cuidar de ti.
Si la respiración de Lan Zhan es un poco más apresurada y su voz se escucha más urgente, Wei Ying no se percata de eso.
—Ciertamente cuidas de mí, mi querido A-Zhan —Wei Ying lo molesta mientras termina de reparar la casa de las pixies—. ¿Podrías hacerle un simple favor a este anciano?
Lan Zhan levanta su mirada ansiosamente—Lo que sea.
—Atrápame —Wei Ying dice con ojos traviesos mientras se levanta del árbol.
Lan Zhan baja a A-Yuan antes de extender sus brazos.
—Estoy listo —Lan Zhan dice.
La risa de Wei Ying se escucha por todo el bosque. Él piensa, si él me atrapa, entonces yo… y luego se lanza del árbol.
(Lan Zhan, su dulce niño, atrapa a Wei Ying con la fuerza de un hombre que puede hacer derretir a cualquier doncella, y Wei Ying tiene que recuperar el aliento cuando levanta su cabeza y ve el rostro que una vez conoció).
En la mañana de su decimosexto cumpleaños, sus tíos le hacen un horrible pastel de tres pisos y de distintos colores. Lan Zhan les agradece a sus tíos por el pastel y recorta una gran porción para llevárselo al Bosque de Yiling. Cuando sus tíos empiezan a discutir sobre el regalo perdido y las decoraciones horribles, Lan Zhan se escabulle de su casa.
Cuando Lan Zhan llega al bosque, les da a las criaturas mágicas porciones pequeñas del pastel mientras se dirige a la cabaña de Wei Ying. Las criaturas mágicas aceptan el pastel con felicidad, pero hay varias que cuando se lo comen terminan escupiéndolo por lo dulce que es. Lan Zhan sabe que es culpa de su tío GuangYao, quien siempre se exagera con el azúcar.
Cuando se acerca a la puerta de la cabaña de Wei Ying, esta se abre al instante para dejarlo entrar. Tanto Wei Ying, como Wen Qing, Wen Ning y los trols gritan con felicidad—: ¡Sorpresa!
Las pixies vuelan a su alrededor antes de colocar una hermosa corona de flores en su cabeza y una linda estola hecha de algas marinas y lirios acuáticos sobre sus hombros.
Sobre la mesa hay un hermoso pastel esperándolo. Ese pastel, a diferencia del de sus tíos, sí se ve comestible y bien hecho.
—Wen Ning lo hizo —Wei Ying le dice—. ¡Yo me encargué de probar como cincuenta muestras del pastel!
—Hasta yo, que soy un cuervo, no pude digerir tanto dulce—Wen Qing dice, poniendo sus ojos en blanco—. Que no haya muerto de intoxicación es nuestro regalo de cumpleaños.
—W-Wei Ying fue de gran ayuda —Wen Ning murmura—. E-espero que puedas disfrutar el pastel…
—Wen Ning es un buen cocinero, y tú, Wen Qing, fuiste de poca ayuda —Wei Ying reprende—. Ahora bien, Lan Zhan, ¡pide un deseo y sopla las velas!
Lan Zhan se acerca al pastel mientras hace todo lo posible para contener sus lágrimas. Aprieta sus manos con fuerza cuando mira sus alrededores, y antes de pedir su deseo, mira profundamente a Wei Ying.
Cuando sopla las velas, siente que alguien jala sus túnicas.
—¡Hermano Rico, Hermano Rico! —A-Yuan grita con emoción. Su abuela, quien está junto al niño, tiene que pedirle a A-Yuan que baje un poco la voz—¡Dime qué deseo pediste!
—¡A-Yuan, Lan Zhan no puede decirnos! —Wei Ying le recuerda—Si lo hace, entonces su deseo nunca se hará realidad.
—Mn —Lan Zhan concuerda. Se queda mirando a Wei Ying mientras dice—: Y deseo que se haga realidad.
Más que nada en este mundo.
—Así es, así que ya dejen de acosar al pobre —Wei Ying les dice a los trols antes de caminar hacia la cama para sacar el regalo que puso debajo de ella.
Lan Zhan por poco se tropieza al ver el regalo, pues no había esperado recibir uno—¿Hay un…regalo?
—Pues claro que hay uno —Wei Ying se burla de él, como si no pudiera creer que Lan Zhan haya pensado lo contrario—¡Lo escogí con mucho cuidado!
Lan Zhan recibe el regalo sintiéndose ansioso. Sin molestarse en ocultar su emoción y entusiasmo, saca la envoltura rápidamente. Con sus dedos temblorosos, acaricia la portada del libro, que es lo primero que ve tan pronto saca el regalo de su envoltura.
El título del libro es: Un cortejo apropiado y rituales de apareamiento: Para los novatos.
Wen Qing ni siquiera puede ocultar su disgusto. Al notar que Lan Zhan no ha dicho nada, dice—: Te lo dije, te dije que iba a odiarlo. No puedo creer que hiciste que Wen Ning se disfrazara para que fuera al mercado en tu lugar y comprara esta porque–
—No, ¿cómo podría odiarlo? ¡El regalo va en acorde con su edad! —Wei Ying exclama. Y en acorde con su maldición, es lo que no dice—Si Lan Zhan encuentra a su amor verdadero, primero necesita saber cómo cortejar a la persona apropiadamente.
—Ah, A-Zhan…si ese regalo es…demasiado para ti —Wen Ning hace una mueca, sintiéndose incapaz de aguantar el incómodo silencio—, ¿tal vez pueda ofrecerte algo de pastel…?
Sin embargo, justo en ese momento, Lan Zhan levanta su cabeza y los mira mientras se aferra al libro. Lan Zhan tiene la sonrisa más grande que se ha visto en su rostro, y todos se impactan al verlo de esa manera.
—Esto es —Lan Zhan empieza a decir, sintiéndose feliz por el regalo—. Esto es perfecto.
—Oh —Wei Ying parpadea, pues realmente no esperaba que Lan Zhan reaccionara de esa manera. Claro, tenía esperanzas de que a Lan Zhan le gustara el regalo, pero… —¿En serio te gusta?
—Sí —Lan Zhan le responde con una expresión radiante—. Sí, muchas gracias. Esto es exactamente lo que necesitaba.
—Ah —la sonrisa de Wei Ying se tensa un poco—. ¡Lo sabía! Un jovencito de tu edad… me imagino que ya encontraste a la persona que te gusta, ¿verdad?
—Lan Zhan, no te sientas obligado a contestar las preguntas sin sentido de Wei Ying —Wen Qing dice con un suspiro.
—No deseo responder esa pregunta —Lan Zhan murmura mientras mira para otro lado.
Si sus orejas se ruborizan un poco, nadie se lo echa en cara.
—Pues bien —Wei Ying junta sus dos manos antes de exclamar—: Wen Ning, ¡sirvamos el pastel!
El libro termina trayéndole un montón de problemas a Wei Ying a pesar de que, al principio, le hizo el regalo con buena intención. El muchacho se interesó tanto en el proceso del cortejo que le ha hecho un sinnúmero de preguntas a Wei Ying que lo han dejado perplejo.
Preguntas como…
—Leí que la primera vez es sagrado —Lan Zhan le dice un día mientras camina por la cocina de la cabaña sosteniendo el libro. Mientras tanto, Wei Ying está por la ventana, limpiando con un paño las áreas de la cabaña que son imperceptibles—. ¿Ya has tenido tu primera vez?
Wei Ying por poco se cae de la ventana—¡¿A-ah?!
¡¿Qué tipo de ideas ese libro le está metiendo en la cabeza?!
—No sé qué edad tienes, pero sé que eres más sabio que yo por muchos años. Seguramente ya habrás tenido tu… primera vez —Lan Zhan dice con tristeza. Luego, susurra para sí con un poquito de amargura—: Si tan solo hubiera nacido una década antes…
Wei Ying vuelve a estabilizarse y trata de calmar su frenético corazón—¿Primera vez? ¡Jajajajaja…! ¡Por supuesto que tuve mi primera vez!
Lan Zhan debe estar preguntándole sobre su primer beso.
Wei Ying deja de sonreír mientras sostiene el paño con fuerza. La grieta en su corazón que finalmente se estaba cerrando, se abre un poco al recordar su primer beso.
Su único beso.
Su primer beso ocurrió en el atardecer de su decimoctavo cumpleaños, justo en las fronteras del Bosque de Yiling donde colinda el mundo de los humanos y de las hadas. Wei Ying era inocente y joven, pues creía en el bien de todo el mundo. En aquel entonces, sus alas seguían en su espalda, revoloteando al son de los latidos de su corazón mientras se entregaba completamente al hombre que una vez amó con locura. Su piel se estremecía ante las caricias del hombre, ante esas manos que lo tocaban con amor y afecto. Él se deleitaba cada vez que el aliento del hombre rozaba su piel y le causaba cosquilleos.
Un día, los humanos y las criaturas mágicas coexistirán bajo mi reinado, era lo que ese hombre le había prometido a Wei Ying, y con este beso de amor verdadero, haré la promesa.
Wei Ying siente un dolor que se extiende a su espalda.
Luego escucha el sonido de un cristal rompiéndose, y Wei Ying regresa a sus cinco sentidos—¿Lan Zhan? ¿Estás bien?
El dolor en su espalda desparece tan pronto ve a Lan Zhan.
Lan Zhan levanta su mano sangrienta y cortada por los fragmentos del vidrio—Yo… reemplazaré ese vaso.
—Ay, Lan Zhan —Wei Ying niega con la cabeza con una sonrisa—. Te estás poniendo demasiado fuerte para tu propio bien.
Se acerca al muchacho y coge el rollo de vendas de su estante—Ven acá y siéntate conmigo para tratarte la herida.
Lan Zhan titubea por varios segundos, pero le hace caso. Se sienta en una de las sillas de la cocina y extiende su brazo sobre la mesa.
—Puede que Wen Qing haya tenido razón—Wei Ying dice mientras moja la mano de Lan Zhan con agua—. Puede que lo del libro haya sido una mala idea. Sigues siendo demasiado joven después de todo. ¿Tal vez debí habértelo dado a los diecisiete? —Sí, un año de anticipación para que te dé tiempo de buscar a tu amor verdadero.
—Entiendo lo que es el amor —Lan Zhan dice con seriedad mientras permite que Wei Ying seque su mano con un paño. Wei Ying aún no lo mira a los ojos—. Lo entiendo más de lo que crees. Puede que solo sea un niño, pero-
—Pero no serás un niño para siempre —Wei Ying termina la oración por él, sabiendo lo mucho que el joven detesta que lo vean como un niño—. Lo sé, Lan Zhan. Perdón por molestarte tanto. Crecerás, te convertirás en un gran hombre y abandonarás a este viejo para siempre. Solo siento envidia, ¿está bien? ¡Estoy envidioso por la juventud que tienes!
Lan Zhan jadea y Wei Ying se queda mirándolo con confusión al ver el rostro frustrado de Lan Zhan—¿Por qué piensas que eventualmente te abandonaré?
Wei Ying se tensa justo cuando está cogiendo las hierbas medicinales de la cesta que hay sobre el estante—Lan Zhan…
Pues claro que me dejarás. Los de tu clase siempre lo hacen.
—Todos seguiremos nuestros propios caminos en algún momento dado —Wei Ying dice mientras coge todas las hierbas medicinales que necesita—. Un día regresarás al lugar donde perteneces, y yo… y yo tendré que quedarme aquí, donde las criaturas mágicas me necesitan.
Lan Zhan no parece entender lo que Wei Ying quiere decir, y dice—: Cuando cumpla la mayoría de edad, dejaré a mis tíos y me quedaré aquí contigo.
Wei Ying deja caer las hierbas medicinales—Lan Zhan, eso no- —no puede ser posible.
Pero Wei Ying no se atreve a decir esas palabras, pues, si lo hace, hasta él mismo estaría rompiendo su propio corazón.
Él no quiere negarle eso al muchacho. No quiere negárselo, por mucho que esas palabras sean similares a la promesa que le hicieron muchos años atrás.
Y esa promesa terminó en una traición.
No obstante, el silencio de Wei Ying hiere a Lan Zhan. Es evidente por la tristeza que se refleja en esos ojos dorados.
—Si no quieres eso —Lan Zhan se escucha triste, pues nunca se le ocurrió la posibilidad de que Wei Ying eventualmente dejaría de invitarlo al bosque—, tienes que decírmelo ahora para bajar mis expectativas.
El corazón de Wei Ying duele—No es que no te quiera aquí conmigo —pero la maldición que se ata a tu destino se asegurará de que termines en la oscuridad eterna sin importar lo que pase. Wei Ying ya no tiene control sobre su destino.
No habrá poder en la tierra que lo altere. ¡No hay poder en la tierra que lo altere!
No debí lanzarle esa maldición, Wei Ying piensa mientras trata de no llorar frente al muchacho. No debí lanzarle la maldición a un inocente que ahora tiene que hacerse responsable de los pecados de su padre. La venganza y el odio me cegó tanto que, ahora, debo pagar las consecuencias. Eventualmente, esa maldición te alejará de mí y sé que nunca me perdonarás. Tendré que aceptar eso.
—Estimado protector, eres muy amable —el brillo de los ojos de Lan Zhan se apaga ante la inexistente respuesta de Wei Ying—. Eres demasiado amable para rechazar mi propuesta egoísta en mi cara.
—Lan Zhan —Wei Ying dice con urgencia—. Sabes que eso no es verdad. Yiling siempre te recibirá.
Lan Zhan no se atreve a tener más esperanzas—En ese caso —él dice ansiosamente—, en mi decimoctavo cumpleaños, le diré a mis tíos que quiero vivir contigo y que quiero quedarme a tu lado para siempre.
Wei Ying contiene sus lágrimas y se obliga a sonreír. El muchacho no cambiará de opinión, pero si Lan Zhan tiene que dormir para siempre, al menos debe ser bajo el techo de aquellos que lo aman.
—Si es así, está decidido.
El niño se queda mirándolo por un momento, luciendo feliz por el hecho de que Wei Ying haya aceptado, de que lo haya aceptado a él—Está decidido.
—Está decidido —Wei Ying se ríe para no llorar—. Romperás todos mis vasos y yo seguiré regalándote cosas absurdas, pero creo que seremos un buen dúo. También creo que seremos felices aquí. Claro, eso es si te gustaría vivir aquí para siempre.
—Siempre y cuando sea contigo —Lan Zhan le sonríe antes de tomar la mano de Wei Ying.
—Perderás todas tus “primeras veces”, Lan Zhan —Wei Ying lo molesta—. ¿Qué pasó con el cortejo y los rituales de apareamiento? No sabes lo mucho que me esforcé para conseguir este libro para ti.
Lan Zhan niega con la cabeza—Tengo todas mis “primeras veces” justo aquí.
—¿Así que no buscarás a una hermosa doncella? —Wei Ying se ríe antes de empezar a vendar su mano.
Lan Zhan nunca deja de mirar el hermoso y risueño rostro de Wei Ying mientras dice—: No.
En el decimoséptimo cumpleaños de Lan Zhan, a tan solo un año de que la maldición se active, Wei Ying intenta lo imposible. Lan Zhan termina dormido en su cama cuando la fiesta de cumpleaños que le hicieron termina. Antes de llegar al bosque, Lan Zhan se sentía cansado porque estuvo despierto toda la noche limpiando el desastre que sus tres tíos dejaron en la cocina (explotaron un pastel mientras lo preparaban), así que Wei Ying le dijo que él se encargaría de limpiar mientras Lan Zhan debería descansar.
Una hora después, cuando Wei Ying se asegura de que Lan Zhan no se despertará por ningún ruido, se para junto a la cama con un propósito en mente y extiende sus dos brazos.
—Yo revoco —Wei Ying susurra. Su rostro refleja toda la tristeza del mundo mientras admira el rostro durmiente del muchacho—Yo revoco el hechizo.
De sus dedos sale la energía resentida en forma de un humo verde que termina envolviendo el cuerpo de Lan Zhan
El niño se ve tan pequeño de esa manera, por lo que Wei Ying no puede evitar recordar cómo Lan Zhan se veía cuando era un bebé.
—Yo revoco —Wei Ying alza su tono de voz, como si quisiera que sus plegarias llegaran a los mismísimos cielos—, ¡yo revoco el hechizo!
Wei Ying envía energía resentida como si fuera un maniático desesperado, pero por muy ilimitado que sea el poder de Wei Ying, hay un muro impenetrable entre él y Lan Zhan. Es un muro que impide que el amor de Wei Ying alcance a Lan Zhan.
Estoy hecho de magia, yo produzco magia. Nadie es más poderoso que yo, Wei Ying piensa con desesperación, pero ¿mi propia magia se pone en mi contra? ¿alguien me creería si dijera eso?
—Por favor, te lo ruego —Wei Ying grita con delirio y locura. El humo verde se extiende por toda la habitación, y es tanta que podría explotar la cabaña—. Convoco a todas las fuerzas de la naturaleza y les pido que, por favor, rompan esta maldición. No puedo permitir que esto le pase a él. Yo soy el conjurador, yo fui el que lo hizo con mi propia sangre, y por eso, ¡revoco este hechizo!
Usa todas sus fuerzas, pero por mucho que lo intente, su magia no puede luchar contra ese muro entre él y el joven príncipe.
No habrá poder en la tierra que lo altere, su propia voz resuena por las paredes de la cabaña oscura, ¡No hay poder en la tierra que lo altere!
Wei Ying retrocede y termina colapsando al suelo, sollozando débilmente mientras se resigna al mortificante destino que le impuso a Lan Zhan cuando este tan solo era un bebé en cuna.
Wei Ying recuerda aquel día. Recuerda entrar en los grandes pasillos del palacio mientras sostenía su bastón mágico. Recuerda que, cegado por el odio y la rabia y la angustia, maldijo a la única cosa que quedaba de aquel hombre que lo traicionó.
—Este niño conocerá la más horrible traición de la persona que ame, justo como me pasó a mí —Wei Ying había gritado de angustia. En aquel entonces seguía cojeando ante la falta de alas en su espalda sangrienta. Su espalda se veía tan espantosa que las personas en el palacio se cubrían los ojos para no verla—¡Y se sumirá en un sueño de muerte eterna!
—No sabía que ibas a ser tú —Wei Ying solloza mientras se arrodilla frente a la cama, sufriendo por un niño que muy pronto lo dejará y se irá antes de que Wei Ying llegue a amarlo—. No sabía que serías tan dulce y gentil. No sabía que, aunque tuvieras sus ojos, tu corazón estaría hecho de oro puro. No lo sabía, Lan Zhan, y por eso lo siento. Lo siento tanto. Desearía retractar todo. Estaba tan cegado por el odio y la venganza, y ahora te llevarás lo poco que queda de mi corazón. Ahora te perderé también.
Una mano agarra con gentileza la muñeca del fae.
—Te perdono —Lan Zhan susurra mientras lo mira con ternura y gentileza. Wei Ying lo mira con los ojos ensanchados—. Sabía que fuiste tú, y aun así te perdono.
El corazón de Wei Ying se detiene por un momento. La magia oscura que rodea el cuerpo de Lan Zhan se desvanece.
—Tú ya… —la voz de Wei Ying se quiebra y sus rodillas se debilitan— ¿tú ya lo sabías?
—No sabía que era un príncipe —Lan Zhan le dice—, pero sí sabía que me criaron en el bosque por un motivo. El mes pasado encontré cartas que el Tío MingJue olvidó guardar debajo de su cama. Esas cartas eran del palacio real, preguntando por el niño que enviaron lejos. Cuando le pregunté al Tío HuaiSang, me lo dijo todo.
Wei Ying pregunta entre jadeos—¿Así que sabes que tienes una maldición?
Lan Zhan asiente con la cabeza—Sí.
—Y sabes… —Wei Ying no puede soportar verlo a los ojos—¿sabes quién te lanzó la maldición?
—El fae oscuro de Yiling, el protector de este bosque —Lan Zhan dice con gentileza. La ternura en su rostro nunca desaparece—. Tú quisiste vengarte de mi padre, y por eso cargo sus pecados.
Wei Ying rompe en llanto—Lo siento. Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento.
—Me tiene sin cuidado —Lan Zhan susurra mientras sostiene su muñeca—. Ya te lo dije una vez. Ellos no son padres para mí.
—Ellos trataron de protegerte —Wei Ying jadea entre sollozos—, pero no puedo decir lo mismo de mí.
—Pero, aun así, el que está aquí eres tú, no ellos—Lan Zhan dice, extendiendo su mano para tocar el rostro de Wei Ying—. Eres tú el que está tratando de revocar el hechizo.
—Existe un mal en este mundo, y ese “mal” soy yo —Wei Ying murmura—. No puedo protegerte de ese mal, no puedo protegerte de mí.
—Si solo tengo dieciocho años de vida —Lan Zhan dice mientras seca las lágrimas de Wei Ying—, entonces mi único arrepentimiento es no poder tener más años contigo.
—A-Zhan —Wei Ying solloza—. A-Zhan, no deberías quedarte más aquí. No podría soportarlo. No podría soportar esta vergüenza.
—Pues la soportaré junto a ti —Lan Zhan dice con convicción, como si no deseara nada más que eso.
Wei Ying se ríe entre lágrimas—Realmente eres un príncipe, ¿lo sabías?
—Tu hechizo no fue mortal —Lan Zhan dice con una pequeña sonrisa. Luego, prosigue a decir lo que ha estado repitiendo cada noche antes de dormir—“El príncipe solo podrá despertarse de su mortal sueño con un beso de amor verdadero”, eso fue lo que dijiste.
Wei Ying recuerda eso. La reina, Jiang YanLi, se había arrodillado ante él, suplicándole de tal manera que hasta el mismo Wei Ying logró compadecerse de la mujer que le había robado todo.
—Está bien —Wei Ying había dicho en aquel entonces—. Para demostrar que no guardo ningún rencor, este será mi último regalo: el príncipe sí despertará de su mortal sueño, pero ¡solo con un beso de amor verdadero!
Y entonces, con el ondeo de su gran capa oscura, desaparece del palacio, dejando los residuos del verdoso humo oscuro.
—Tú no sabes por qué te hechicé de esa manera, Lan Zhan —Wei Ying dice mientras niega con la cabeza—. Eso no- no puede ser posible. El beso de amor verdadero no existe.
Lan Zhan lo mira con todo el amor del mundo y le dice todo lo contrario:
—Tengo fe.
A veces, la espalda de Wei Ying sigue doliéndole, y por eso Lan Zhan tiene que aplicarles ungüento y hierbas medicinales a sus cicatrices para menguar el dolor.
—Todos los faes tienen alas —Lan Zhan dice mientras aplica la medicina—. ¿Qué pasó con las tuyas?
El corazón de Wei Ying siempre duele cuando habla o piensa sobre eso. Esas alas suyas habían sido tan vitales y esenciales para él. Eran parte de su cuerpo, y aun así se las arrancaron descuidadamente, como si fueran insignificantes.
—Mis alas eran grandes y fuertes, pero me las quitaron.
Lan Zhan acaricia una de las grandes cicatrices mientras frunce el ceño—Fueron muy bruscos.
—Eso no importó, pues usaron una droga para que me durmiera y no sintiera nada —Wei Ying dice.
Lan Zhan apenas puede contener su ira—Merecen la muerte entonces.
Wei Ying se ríe—Creo que, si fueras un fae, serías mucho peor que yo. ¿No que eres un príncipe? ¿no deberías abogar por el amor y la paz?
Lan Zhan lo mira seriamente—Si tú estás en paz, entonces yo también lo estaré.
Los ojos de Wei Ying se nublan un poco—Eso trato.
—Pues yo también —Lan Zhan dice.
Cuando unta el ungüento en la piel de Wei Ying, coloca su largo cabello en un lado de su cuello. Lan Zhan tienes muchas ganas de peinar su cabello.
Al final, no puede resistirse y dice—Déjame peinar tu cabello.
—Está bien —Wei Ying siempre lo consciente.
Lan Zhan jala un poco su cabello antes de empezar a trenzarlo. El hermoso sol del atardecer tranquiliza a Wei Ying. Ambos están sentados en la cama junto a la ventana, y desde aquí Wei Ying puede escuchar a Wen Ning jugando con el pequeño A-Yuan, y a Wen Qing guiando a los niños a lo largo del puente. Puede escuchar las risas de las criaturas mágicas, viviendo juntas en harmonía con un montón de comida para pasar el rato.
—Tu primera vez —Lan Zhan pregunta de la nada, ocasionando que Wei Ying se despierte de su trance—, ¿cómo fue?
—Ah —Wei Ying dice. ¿Cómo es posible que eso siga en la mente de Lan Zhan? Es más que evidente que el muchacho no ha dejado de pensar en su amor verdadero. Aunque Wei Ying odia hablar del pasado, decide complacer al niño. Tal vez, si le habla sobre eso, Lan Zhan se anime a buscar a su propio amor verdadero para que pueda cambiar su fatídico futuro.
—En ese entonces, era todo lo que quería.
Lan Zhan deja de trenzar su cabello por un momento—Ya veo —dice algo tenso—. Esa persona es muy afortunada.
—De todos modos, creo que esa persona se arrepintió de hacerlo —Wei Ying murmura mientras estira sus brazos—. El beso fue suave y él había sido muy gentil conmigo. En aquel entonces era un muchacho enamorado de dieciocho años, y aunque el beso fue solo de piquito, fue todo lo que quería.
Lan Zhan suelta el cabello de la nada, ocasionando que la trenza se deshaga—Oh…Oh. Hablabas de un beso.
Wei Ying parpadea—¿No estábamos hablando de eso?
—…Sí, claro —Lan Zhan dice, completamente agradecido de que está sentado detrás de Wei Ying, pues de esa manera no podrá ver el rubor en sus orejas—. Definitivamente estaba preguntándote sobre tu primer beso.
—Sí, esa fue mi primera vez —Wei Ying frunce el ceño, preguntándose qué otra cosa habrá querido decir Lan Zhan—. Mi única “primera vez”.
—Ah —Lan Zhan dice con una sonrisa tan grande que, si Wei Ying la ve, pensará que luce demente—, tu única primera vez.
—Mn, no deberías preocuparte mucho por eso —Wei Ying le dice—. Cuando conozcas a tu amor verdadero, estoy seguro de que tendrás tu momento romántico.
—Eso espero —Lan Zhan murmura mientras vuelve a trenzar su cabello—. Tal vez…cuando tenga dieciocho.
Wei Ying se ríe—Si vas a vivir aquí cuando tengas dieciocho, ¿cómo encontrarás a tu amor verdadero, tontito?
Lan Zhan niega con la cabeza—Lo encontraré.
—Tú- ¿qué?
—No te preocupes por mí —Lan Zhan dice con toda la confianza de un hombre grande y maduro—Te aseguro que lo encontraré.
Wei Ying se ríe—Lan Zhan, a veces pienso que estás creciendo demasiado rápido para tu propio bien.
—Que así sea —Lan Zhan se apresura a decir—, porque ya no puedo soportar que me veas como un niño para siempre.
A veces, Wei Ying se rinde en darle sentido a las palabras de Lan Zhan.
Un día antes del decimoctavo cumpleaños de Lan Zhan, Wei Ying se despierta con el corazón pesado. Se sienta en su cama y entrecierra sus ojos por los fuertes rayos de sol que se filtran por la ventana, pues son demasiado resplandecientes para Wei Ying. Todo se siente justo como él.
Wei Ying se frota los ojos y se levanta para lavarse. Son las nueve de la mañana y Wei Ying siente que el muro de espinas que él ha creado con su propia sangre se abre para darle la bienvenida a alguien que ya es parte de Yiling.
Lan Zhan está aquí.
Wei Ying se apresura a ponerse sus túnicas y a recoger su cabello frente a su espejo. En su pelo aún quedan las ramitas y las flores que los trols jóvenes colocaron en su cabello mientras dormía.
Wei Ying escucha con claridad cada paso que Lan Zhan toma de camino a la cabaña. Por lo tanto, antes de que Lan Zhan toque la puerta, Wei Ying la abre con el ondeo de su mano.
Wei Ying camina hacia la puerta para saludarlo a pesar de que aún le quedan flores en el cabello.
—Traje desayuno —es lo primero que Lan Zhan le dice con una cesta en mano—. ¿Comiste?
Lan Zhan lo mira directamente a los ojos. Ya casi tiene dieciocho y ha crecido abismalmente en estos últimos años. Lan Zhan es ahora un poco más alto que Wei Ying y sus hombros son más anchos. Él continuará creciendo, y será más fuerte y alto con el pasar de los años.
—Ya casi eres un hombre grande y fuerte—Wei Ying dice antes de extender su mano para desordenar el cabello de Lan Zhan—. Ya no eres un bebé.
Los ojos de Lan Zhan se ensanchan de la sorpresa. Desviando la mirada, dice—: Te dije que no sería un niño para siempre.
—Sí, mi pequeño A-Zhan —Wei Ying empieza a molestarlo, extendiendo su dedo para tocar la punta de su nariz perfilada—. En efecto, eres un galante príncipe.
Galante. Lan Zhan hace lo posible para que Wei Ying no vea el rubor en sus orejas, así que mira hacia abajo— Tal vez uno podría decir que soy…—lo que dice a continuación es con una pizca de vergüenza—apuesto.
Wei Ying finge estar escandalizado—Jovencito, ¿ahora quieres escuchar cumplidos? Se supone que los príncipes no sean ni vanidosos ni engreídos.
La expresión de Lan Zhan decae al notar que Wei Ying no mordió el anzuelo—C-claro, por supuesto. Yo… yo solo quería escuchar…
—Eres mi adorable y guapo muchachito —Wei Ying dice mientras se ríe y deja entrar al joven. Lan Zhan trata de no verse tan malhumorado al entrar. Wei Ying cierra la puerta de inmediato, como si tuviera miedo de que Wen Ning y Wen Qing los estuviera espiando (conociéndolos bien, seguramente ya lo están haciendo, o lo harán)—Hoy llegaste temprano. ¿No deberías prepararte para el gran día?
—Pronto voy a morir —Lan Zhan le dice, sintiéndose deprimido porque sigue malhumorado por lo que acaba de pasar. Coloca la cesta de comida en la mesa y dice—¿De qué vale prepararme?
Wei Ying se tensa por un momento hasta que nota que los labios de Lan Zhan se curvan un poco hacia arriba. El mocoso lo está molestando, Wei Ying se percata.
—Te has puesto muy cruel, A-Zhan —Wei Ying se queja—. Esto es obra de tus tres tíos. ¡Definitivamente no es obra mía!
Lan Zhan solo contesta con un “mn” antes de sacar el pan y los pedazos de carne que había comprado para el desayuno.
—Hoy en la tarde les hablaré a mis tíos sobre mi decisión de mudarme aquí —le informa—. Por eso hoy no podré quedarme aquí por mucho tiempo. Pronto regresaré a la cabaña de mis tíos y empacaré mis cosas.
Wei Ying muerde su labio inferior. Está seguro de que las tres hadas no estarán de acuerdo—Lan Zhan, aún hay tiempo para que reconsideres tu decisión.
—He querido esto desde hace años —Lan Zhan le responde con decisión y convicción—. Me quedaré contigo y cuidaré de ti y de todas las criaturas mágicas. También tendremos nuestra propia casa. No he querido nada más que eso.
Wei Ying siente una presión en su pecho—Niño tonto.
—“Casi un hombre”, fue lo que dijiste —Lan Zhan le corrige—. Pero a partir de mañana, seré un hombre completo.
Wei Ying sonríe y decide seguirle el juego—En efecto, sir Lan Zhan.
Lan Zhan casi parte la mesa de la cocina en dos solo con su propia fuerza—¿Ah…?
—¡Lan Zhan, solo tengo una mesa! —Wei Ying grita mientras abraza la mesa de madera—Me tendrás que construir una mesa si me rompes esta.
—Lo…lo siento —Lan Zhan dice, alejándose de la mesa. Su rostro está completamente ruborizado—No era… no era mi intención.
—Necesitas controlar más tu fuerza —Wei Ying dice—. No puedes andar por ahí rompiendo cosas solo porque ya estás crecidito, ¿entendido?
—Sí —Lan Zhan dice—. Sí, entiendo eso.
—Muy bien —Wei Ying suspira—. ¿Dijiste que tenías que llegar rápido a tu casa para recoger tus cosas?
—Sí —Lan Zhan dice, mirando aún para otro lado con un rubor en sus mejillas—. Imagino que mis tíos se quejarán, pero eso no me detendrá de hacer lo que quiero.
Wei Ying le sonríe con ironía—¿El palacio no exigirá tu regreso?
Lan Zhan se encoge de hombros—Probablemente, pero renunciaré a mi derecho al trono de todos modos. No tengo intención de regresar a un lugar que nunca consideré hogar.
Qué príncipe más sincero. Si Wei WuXian no tuviera el corazón endurecido, probablemente estaría a punto de llorar.
(Su corazón no están tan endurecido como él piensa. De hecho, su corazón está completamente conmovido).
—Pues… si es así—Wei Ying dice cuando Lan Zhan se dirige a la puerta para irse—, te veo mañana.
—Te veo mañana… —Lan Zhan dice parado en la puerta. Luego, Lan Zhan reúne todo el coraje y, por primera vez desde que se conocieron, lo llama por su nombre—Wei Ying.
Y como siempre hace, se va antes de que Wei Ying pueda decir algo.
Mientras ve la espalda de Lan Zhan que poco a poco se aleja de él, Wei Ying se queda boquiabierto por el atrevimientodel joven.
No puede esperar a que llegue mañana.
Pero tal parece que el destino tiene otros planes.
—…Estoy buscando el camino al palacio —Wei Ying escucha la gentil voz de una jovencita—. ¿De casualidad sabes el camino? Si es así, ¿podrías decirme cómo llegar?
Wei Ying está sentado en una de las sillas junto a la mesa mientras se come uno de los panes recién horneados que Lan Zhan trajo, y es entonces que escucha la voz.
La joven y Lan Zhan deben estar muy cerca del muro de espinas, y como él hizo ese muro con su propia magia y sangre, Wei Ying puede escucharlos sin ningún problema.
—Por supuesto —La voz de Lan Zhan es suave y respetuosa, como se supone que debe ser—. Es por ese camino.
—Oh, qué bien. He estado todo el día cabalgando —la joven responde, sonando exhausta por el viaje. Su yegua parece bastante inquieta porque se puede escuchar cómo patea el suelo con sus pesuñas—. ¿Necesitas un aventón? Si también vas por ese camino, puedo llevarte si quieres.
Lan Zhan vacila antes de decir—No, gracias. Puedo caminar.
—¿Seguro? Te aseguro que no muerdo —la joven lo molesta mientras le da palmaditas a su yegua—. No te preocupes. No tengo malas intenciones ni nada, simplemente me invitaron a la gran celebración del cumpleaños del príncipe que se llevará a cabo mañana en el palacio. ¡Dicen por ahí que están buscando a su amor verdadero!
—Ya veo —Lan Zhan responde sin entusiasmo—. Si te invitaron, ¿eres una princesa?
—Sí —la joven se presenta—. Mi nombre es Luo QingYang, pero puedes llamarme MianMian.
Una princesa.
Wei Ying deja caer el pan que con tanta felicidad estaba comiendo unos segundos atrás y empieza a tensarse.
El tiempo es muy conveniente. Todo es demasiado coincidencia.
Esto debe ser el destino. Ella debe ser la destinada de Lan Zhan, su amor verdadero.
—¿Cómo te llamas? —ella pregunta.
—Lan Zhan —él responde, y Wei Ying trata de amortiguar la bilis amarga que siente de la nada.
Te he dicho que no confíes en los extraños tan fácilmente, Lan Zhan.
Pero, tal vez… como ella es su destinada, no hay problema, ¿verdad? Es posible que Lan Zhan esté al tanto del rol tan importante que ella tendrá en su vida y por eso le dijo su nombre.
—Lan Zhan, es un gusto conocerte —MianMian dice, inclinándose hacia él—. ¿Te vas a montar conmigo o qué?
Lan Zhan parece pensarlo un poco—Ya pronto será mediodía.
—Así es, ¡y el tiempo no espera a nadie! —MianMian le dice—Vamos, móntate. ¿O no me digas que nunca has montado en caballo antes? ¿Tienes miedo o qué? ¡No dejes que una princesa te gane, vamos!
Y así como así, Lan Zhan se monta con ella.
Mientras la yegua galopa lejos del Bosque de Yiling, la visión de Wei Ying se torna completamente borrosa.
—Huh —él dice, sin entender por qué siente una inmensurable decepción en su interior.
Al instante, Wen Qing y Wen Ning llegan volando a la cabaña
—¡No creerás lo que acabamos de ver en las afueras de Yiling! ¡La conoció! —Wen Qing grazna—Conoció a su amor verdadero.
Wei Ying se queda observando el pan sobre la mesa con desinterés, habiendo perdido todo su apetito—Eso parece.
—Puede que no regrese con nosotros—Wen Qing le dice—, pero al menos estará a salvo ahora. ¡Ella podrá romper el hechizo!
—Sí, por supuesto —Wei Ying dice, completamente tenso—. Es lo que siempre he querido.
—¿R-Realmente crees que no volverá a Yiling por n-nosotros? —Wen Ning pregunta con tristeza.
—Será mejor si no —Wen Qing le dice a Wen Ning, tocándolo suavemente con sus alas—. El niño necesita vivir.
—¿Era bonita? —Wei Ying pregunta de repente, muy aturdido en su silla.
—¿Qué? —Wen Qing parpadea.
—E-Ella era hermosa —Wen Ning le responde.
Wei Ying sonríe débilmente—Qué bueno —él dice—. Siempre he pensado que Lan Zhan se merece una niña bonita.
—Una hermosa princesa para un apuesto príncipe —Wen Qing dice—. Ella es la elegida, de eso estoy segura.
Wei Ying mira por la ventana, preguntándose porqué sigue escogiendo creer en las promesas hechas por los volubles y tontos humanos.
Tal parece que nunca aprenderá.
En mi decimoctavo cumpleaños, le diré a mis tíos que quiero vivir contigo y que quiero quedarme a tu lado para siempre. También tendremos nuestra propia casa. No he querido nada más que eso.
Por lo tanto, resulta ser una sorpresa para todos cuando Lan Zhan llega en la mañana de su cumpleaños al muro de espinas, con dos cestas llenas de cosas, listo para cumplir su promesa y empezar cosas nuevas con Wei Ying a su lado.
Pero esta vez, el muro de espinas no se abre. Wei Ying ha ordenado el cierre de estas.
Lan Zhan jala las espinas, pero ninguna le permite el paso. Aun así, ninguna de las espinas puede soportar hacerle daño, ninguna puede por el inmenso cariño que le han cogido al joven.
—Díganme por qué no se abren para mí —Lan Zhan les pregunta a las espinas con temor en sus ojos—. ¿Le pasó algo a Wei Ying?
Wei Ying está escondido en las sombras, sintiéndose incapaz de salir de la oscuridad donde está inmerso. No obstante, al escuchar a Lan Zhan llamarlo por su nombre con tanta ternura, justo como lo hacía el hombre que una vez amó, siente una inmensa rabia en su interior.
—No te permito que me llames así —Wei Ying dice con rabia mientras se acerca al príncipe—¡¿Quién te crees que eres?! ¡¿Toda la realeza es acaso tan desagradable y presuntuosa o solo son los Lan?!
Las espinas se retuercen un poco, pero siguen evitando que Lan Zhan entre al Bosque de Yiling.
Los cuernos de Wei Ying parecen haber crecido el doble y con el bastón mágico en su mano se ve más ominoso. Cuando Lan Zhan lo mira, siente miedo al darse cuenta de que está siendo desterrado.
Está siendo desterrado por la persona que más ama.
—No quieres dejarme entrar —Lan Zhan dice con horror—. Dime qué he hecho mal, y nunca lo volveré a hacer. Por favor, haré lo que sea siempre y cuando me dejes entrar.
—Lan Zhan, hay un palacio esperándote —Wei Ying le dice con rabia—. Tienes que ir al baile.
—¿Por qué crees que quiero eso? —Lan Zhan refuta con pánico en sus ojos, y de la nada logra entender todo—Tú… definitivamente nos viste, la viste a ella. Viste a la princesa con quien hablaba.
—Escuché que ella era hermosa.
Lan Zhan está temblando mientras habla, completamente determinado en demostrarle lo contrario—No tengo ojos para ella, ni nunca los tendré.
—Y tal vez eso deba cambiar —Wei Ying refuta con ira—. ¿En qué estábamos pensando? ¿Por qué pensábamos que era una buena idea que vinieras aquí a quedarte a vivir conmigo? Eso no romperá el hechizo. En lugar de obsesionarte con tus delirios infantiles de vivir en una casita del bosque, deberías reunirte con tu princesa en el baile.
—¡Pero yo nunca he querido ser un príncipe! —Lan Zhan grita con rabia y con temor. Él no puede ser desterrado por lo único que ama. Él no puede ser desterrado por lo único que ama—Lo único que he querido es estar contigo. Cómo puede ser posible que después de tanto tiempo no te has dado cuenta–
—¿Dado cuenta de qué? —Wei Ying dice con rabia.
— –¡de que estoy enamorado de ti! —Lan Zhan termina de decir.
Todo su corazón está al descubierto solo para que él lo vea.
El rostro de Wei Ying palidece—Estás mintiendo —Tiene que estar mintiendo.
—No —Lan Zhan dice de nuevo y con terquedad—. No, no estoy mintiendo. Te he estado amando por todos estos años.
—No, estás mintiendo. Eres joven y delirante, y no sabes lo que dices —Wei Ying dice—. Y yo no voy a permitir que mi corazón vuelva a romperse en pedazos por otro Lan. Eres–
Y de la nada Wei Ying siente miedo, pues todo esto, todo lo que está pasando, es muy parecido a lo que pasó ese día, cuando Wei Ying cumplió dieciocho y recibió su beso de amor verdadero.
Todo es justo como aquel día. Ellos están en las afueras del bosque, con el resplandeciente sol del amanecer observándolos, como si estuviera burlándose del destino de ambos.
—Eres igual que tu padre —Wei Ying le da a Lan Zhan una nueva pieza de información que lo deja paralizado por la conmoción—. Eres igual que él. Tienes sus ojos y su rostro, y ahora tienes su corazón. Me romperás una segunda vez, pero esta vez ya no tengo más amor que dar. Nunca más volveré a aceptar a otro Lan en mi vida, así que lárgate y nunca regreses.
—¿Fue él? —Lan Zhan pregunta mientras su cuerpo tiembla de la ira y del temor—¿Fue él la persona que te dio tu beso de amor verdadero?
—Eso no fue lo único que me quitó —Wei Ying dice con ira—. Me puso a dormir y luego cortó mis alas. ¿No querías saber la razón por la que no tengo alas pese a ser un fae? Ahora lo sabes.
Lan Zhan se escucha irritado mientras dice—Pues él merece morir.
—Olvídalo —Wei Ying le dice—. Y olvídame.
—Wei Ying–
—¡No te atrevas a llamarme así de nuevo! —Wei Ying ordena, elevando su bastón al aire y enviando su magia oscura por todos los límites de Yiling—No quiero que vuelvas a pisar un pie en este lugar. Mientras esté con vida, el Bosque de Yiling se mantendrá cerrado para los humanos para siempre. Cometí el error al dejarte entrar. Nunca debí hacerlo, pero los errores pueden enmendarse, y las promesas… las promesas pueden romperse.
Lan Zhan se queda mirándolo. Su corazón está completamente roto—¿Al menos sientes una pizca de amor por mí? —él pregunta con un tono de voz tan, tan pequeño.
Wei Ying exhala—No.
Sin embargo, por alguna razón, su respuesta es suficiente para que Lan Zhan se indigne nuevamente.
Lan Zhan lo mira—Has olvidado algo —Lan Zhan dice entre dientes, con un fuego en su interior que no mengua—. Siempre noto cuando me estás mintiendo.
Al decir esto, el muro de espinas se multiplica, tornándose más grande y alto que nunca. La altura del muro es tan grande que ni hasta el más alto de los gigantes podrá alcanzarlo. Es un muro que puede alcanzar las nubes, y se ve tan ominoso que cualquier valiente soldado puede sentirse intimidado.
Pero Lan Zhan no se inmuta al ver eso.
Solo tira las dos cestas que sostiene y montándose en uno de los caballos más cercanos, exclama:
—¡Al palacio! —Lan Zhan grita, tirando de las riendas del caballo—¡Al palacio, donde mi padre está!
Wei Ying no escucha eso.
Wei Ying está parado detrás de ese espeluznante muro de espinas, y cuando sabe que Lan Zhan ya no está ahí para escucharlo, se permite llorar.
—Sólo mantente a salvo y lejos de mí —él murmura, colocando una mano sobre su corazón marchito—. Y olvídame.
Él espera no volver a ver a Lan Zhan. Lo único que desea con todo su corazón es que Lan Zhan pueda mantenerse a salvo.
Sin embargo, justo antes de que el sol se ponga en el decimoctavo cumpleaños de Lan Zhan, mientras Wei Ying mira el lago junto a su cabaña con aturdimiento, siente el dolor más horrible en su pecho, y es ahí cuando sabe lo que acaba de pasar.
Lan Zhan ha conocido la más horrible traición de la persona que ama. La espantosa maldición, finalmente, ha sido activada.
Y ahora, su hermoso niño se ha quedado dormido.
Para siempre.
Wei Ying se tira al suelo y suelta un grito tan desgarrador que todo Yiling lo escucha.
¿Yo siempre iba a ser la pieza final? Wei Ying piensa con ojos llenos de lágrimas. ¿Soy la más horrible traición que él conoce?
Lan Zhan siempre estuvo condenado desde el principio, desde el momento en que conoció a Wei Ying.
—Busquen a la muchacha —Wei Ying le instruye a su confiable par de cuervos cuando finalmente puede encontrar su voz, tan vacía y ronca. Sintiendo el dolor más fuerte en su corazón, dice—: Búsquenla para poder llevarla conmigo.
Logran encontrar muy fácilmente a MianMian en el centro de la ciudad, quien está utilizando su mejor vestido para la noche en el palacio. Con el ondeo de su mano, Wei Ying la pone a dormir y la coloca en su yegua.
Y luego, se dirige al palacio, donde Lan Zhan debe estar durmiendo.
Es fácil infiltrarse al palacio. Ya que el amado príncipe del reino finalmente ha sucumbido a su maldición, todo el palacio está en pánico, pues no saben qué hacer con el gran baile que han organizado para un príncipe que nunca se va a recuperar.
Wei Ying lleva a la joven a la habitación donde está recostado el cuerpo durmiente de Lan Zhan y luego coloca a MianMian al suelo para que esta se despierte. Al despertarse, MianMian se ve un poco aturdida, pues no sabe cómo llegó aquí, pero cuando Wei Ying abre la puerta desde lejos con su magia y MianMian logra ver el rostro durmiente de Lan Zhan, ella parece entender su propósito.
Wei Ying espera a que MianMian entre a la habitación para luego irse, sabiendo muy bien que no merece ver el rostro de Lan Zhan cuando se despierte. Él no merece ver a Lan Zhan otra vez.
Wei Ying está esperando en una de las escaleras espirales del palacio, permitiendo que Wen Qing y Wen Ning vigilen a MianMian para que se aseguren de que nadie la moleste mientras cumple su propósito.
Se supone que nuestra historia termine aquí, con el desenlace del beso de amor verdadero.
Pero esta historia no es como cualquier otra, pues nada es como parece ser.
Un secreto de dieciocho años espera a Wei Ying en una puerta cerrada y aislada que está justo en la cima de esas escaleras.
Cuando levanta su cabeza, observa aquella puerta cerrada y empieza a subir las escaleras espirales, dejando chispas de magia en cada escalón que pisa. Es como si la puerta cerrada lo estuviera llamando e invitando.
Cuando finalmente se para frente a la puerta, ni siquiera se molesta en tocar. Con el movimiento de su dedo, Wei Ying abre la puerta poco a poco.
La puerta finalmente se abre y entonces entra a la habitación. Por alguna razón que no puede explicar, su corazón empieza a latir con fuerza.
La habitación está completamente oscura, así que Wei Ying tiene que levantar su bastón para que su luz verde alumbre el lugar.
Un hombre está sentado de espaldas frente a él.
—¿Eres tú, Wei Ying?
Al instante, Wei Ying deja caer su bastón al suelo, apagando así la luz.
Esto no– Esto no puede ser–
El corazón de Wei Ying quiere salirse de su pecho al preguntar—¿HanGuang-Jun?
Wei Ying se siente inquieto mientras camina hacia él, y cuando finalmente lo tiene de frente, se sorprende al ver el rostro pálido del hombre que ha envejecido demasiado para ser normal. Está tan delgado que sus huesos se notan. Su largo y oscuro cabello está desaliñado, enmarcando así su espantosa apariencia, pero, pese a eso, Wei Ying aún puede verlo, puede ver la belleza del príncipe que una vez fue.
Este hombre frente a él no es el hombre que recuerda.
Este rey… este rey se ve demasiado deteriorado y mayor para su verdadera edad.
—HanGuang-Jun —Wei Ying le dice. La suavidad en su voz es innegable a pesar de todo el daño que este hombre le hizo— ¿Es así como has estado viviendo los últimos dieciocho años de tu vida?
El hombre aún puede reunir la fuerza suficiente para sonreír débilmente. Hay lágrimas brotando de sus ojos por finalmente ver a su amado de nuevo—¿Ya no me llamarás por mi nombre, Wei Ying?
Wei Ying duda, pero termina complaciéndolo—Lan WangJi.
—Wei Ying —Lan WangJi dice. Trata de levantarse de la silla, pero parece que siente tanto dolor en una de las costillas que termina cayendo nuevamente—Sabía que volverías por mí.
De tal padre, tal hijo. Parece que la sobre confianza y la osadía corre por las venas de los Lan.
Wei Ying gira su cabeza y dice—: La maldición ha surtido efecto, así que he venido.
—Lo sé —Lan WangJi dice con una pequeña sonrisa. Al parecer, la edad lo ha ablandado—Lo sentí.
—Debería matarte ahora mismo —Wei Ying dice, elevando su bastón mágico. Sus palabras son rencorosas, pero su tono de voz carece de veneno—Debería acabarte después de todo lo que me hiciste sufrir.
Una vez más, los labios de Lan WangJi se curvan ligeramente hacia arriba—Deberías.
—Y así lo haré —Wei Ying dice con arrogancia—. Por tu culpa, tu inocente hijo tuvo que pagar por tus pecados.
—Pero antes de que lo hagas, Wei Ying —La sonrisa de Lan WangJi se desvanece de su rostro cuando dice lo siguiente—: Quiero que devuelvas mi corazón.
La mano de Wei Ying sosteniendo el bastón tiembla—¿Qué?
—Mi corazón —Lan WangJi murmura, asintiendo débilmente hacia la mesa en frente de ellos.
Hay una campana de cristal sobre la mesa junto a la ventana. Dentro de ella, yace un corazón latiente, flotando por magia oscura.
Los ojos de Wei Ying se dilatan de la sorpresa. Vuelve a mirar a Lan WangJi, y en un instante, logra entender todo.
—Ellos te hicieron esto —Wei Ying dice horrorizado—. ¿Sacaron tu corazón?
No, no, no. Esto no puede ser.
Si esta es la verdad, entonces todo lo que sucedió hace dieciocho años…
—No puedo cogerlo —Lan WangJi susurra con ojos lleno de súplica—. Mi corazón está sellado con magia oscura. Y tú… tú eres el único a quien he amado. Solo el amor verdadero podrá romper ese hechizo.
—Lan WangJi —Wei Ying dice con voz tensa.
Acto seguido, levanta la campana de cristal con el ondeo de su dedo, sintiéndose lleno de ira por todo lo que le han hecho a Lan WangJi. La campana se rompe en pedazos, y el corazón liberado vuela hacia Wei Ying, quien lo agarra y lo arropa con el calor de sus manos.
El corazón está algo débil, mas sigue latiendo y pulsando, volviendo a la vida ante el toque de Wei Ying. Bum, Bum, Bum.
Solo reacciona a su toque.
—Viniste a buscarme el día de mi decimoctavo cumpleaños, me besaste, y me pusiste a dormir —Wei Ying recuerda dolorosamente—. El que arrancó mis alas, ¿fuiste tú?
—Fueron mis manos —Lan WangJi dice débilmente—, pero no fui yo.
—El que besó mis labios y me dio el regalo del beso de amor verdadero —Wei Ying pregunta con lágrimas por sus mejillas—. ¿Fuiste tú?
—Te he amado desde que éramos niños —Lan WangJi murmura. Sus ojos dorados destellan más que nunca—Cuando te besé, fue lo que siempre deseé.
—Así que te controlaron con tu corazón —Wei Ying solloza mientras sacude su cabeza—. ¿Te obligaron a arrancar mis alas para que no volviera a salir de Yiling?
—Mi familia quería tu cabeza —Lan WangJi dice sin aliento—, pero yo hice un trato con ellos para que no lo hicieran.
—Lan WangJi —Wei Ying aprieta un poco el corazón que está agarrando. El corazón está demasiado frío, pero sigue persistiendo luego de tantos años, negándose a desistir hasta lograr ver a la persona que tanto ha amado por última vez—Lan WangJi, debiste decírmelo. Yo te hubiera protegido.
—Hubieras muerto intentándolo —Lan WangJi susurra—. Te conozco, y sé que hubieras muerto intentado protegerme.
Wei Ying llora sin hacer ruido y luego le devuelve el corazón a su dueño. En ese instante, Wei Ying logra ver los recuerdes de Lan WangJi, uno por uno.
Ellos se conocieron en el bosque. Lan WangJi era un niño curioso y era más inteligente que cualquier otro príncipe jamás visto, mientras que Wei Ying era un pequeño fae de corazón puro que tenía las alas más grandes y brillantes jamás vistas. Ellos crecieron juntos y jugaban juntos. El príncipe siempre aprovechaba cada momento para escabullirse del palacio y así jugar y explorar el Bosque de Yiling con Wei Ying. Lan WangJi siempre le sonreía, y cada sonrisa era más brillante que el sol.
Lan WangJi había robado cada pedacito del corazón de Wei Ying.
Un día, los humanos y las criaturas mágicas coexistirán bajo mi reinado. Tú reinarás a mi lado, y así gobernaremos estas tierras juntos. Eres mi único y dulce Wei Ying. Mi único y hermoso fae.
Sin embargo, los Lan siempre han sido personas rencorosas. Ellos nunca perdonaron a las criaturas mágicas por haber matado a uno de los suyos. Siempre miraban el bosque con odio, recelo y desprecio, así que, cuando uno de los generales de alto rango capturó y asesinó brutalmente a uno de los trols inocentes, Wei Ying se aseguró de vengarse. Cogió una rama venenosa del suelo y perforó los pulmones del general con ella.
Luego de eso, Wei Ying creó su muro de espinas.
—WangJi, cuando cumplas dieciocho y asciendas al trono, le declararemos la guerra a Yiling —su hermano le había dicho—. El primero que debe morir es ese fae. Él es el gran protector del bosque y el más poderoso de todos. Si lo matas, ganaremos la guerra.
—Pero no debería haber motivo para una guerra —Lan WangJi había protestado—. Ellos nunca lastimarían a alguien sin que fueran provocados primero. Wei Yin–
—Ni siquiera intentes humanizar a esa criatura oscura con un nombre —su hermano le había advertido.
—Pero si él es Wei Ying —Lan WangJi susurra—. Cuando sea rey, las dos tierras se unificarán. Él reinará junto a mí.
Su familia ni siquiera quería escuchar una sola palabra de él. Cuando llegó el día de su decimoctavo cumpleaños, los Lan arrancaron su corazón con la ayuda de un chamán oscuro para asegurarse de que esa unificación nunca ocurriese. Con el corazón del príncipe bajo sus manos, las acciones de Lan WangJi eran controladas por los malvados Lan.
Cuando Lan WangJi regresa al palacio ese día, sosteniendo las alas que había arrancado tan despiadadamente de su amado, lo encierran en la torre más alta del palacio.
Y luego, le arrancan una costilla a Lan WangJi, incapacitándolo para siempre.
La familia Lan anuncia el matrimonio entre Lan WangJi y una estimada princesa del reino vecino, Jiang YanLi, quien ni siquiera vio el rostro del hombre que sería su futuro esposo. Dentro de un mes, hacen el bautizo de su hijo, quien nació, creció y salió de la misma carne de Lan WangJi.
(Eventualmente, Jiang YanLi perecería tan pronto la familia Lan ya no le tuviera más uso).
Con el corazón de Lan WangJi en su cuerpo una vez más, el hombre finalmente está completo.
Pero… lamentablemente, su alma y su cuerpo resistieron demasiado, así que cuando Lan WangJi finalmente tiene el aire para respirar, respirar y respirar después de tanto tiempo, el hombre empieza a desvanecerse frente a los ojos de Wei Ying.
—No —Wei Ying empieza a entrar en pánico por el miedo que siente, y se aferra al cuerpo que poco a poco se desvanece en cenizas. Bajo la pálida luz de la luna, los ojos de Wei Ying se llenan de lágrimas, de su boca salen llantos y de su pecho un abrumante dolor—No, no, no, no, no. Lan WangJi, no me hagas esto. No puedes dejarme de nuevo. No puedes dejarme cuando acabo de encontrarte. Por favor, por favor, te lo ruego. No me vuelvas a dejar solo.
Lan WangJi levanta su esquelética mano y sonríe mientras acaricia la mejilla húmeda de Wei Ying.
—Pero Wei Ying… siempre he estado a tu lado.
Con su otra mano, agarra la de Wei Ying para guiarla justo donde debería estar su costilla, y cuando Wei Ying acaricia esa parte y siente un vacío en esa área, Wei Ying sabe de inmediato dónde ha ido esa costilla. Él lo sabe.
—Siempre me has amado —Wei Ying susurra con incredulidad, observando el par de ojos dorados que nunca lo han dejado, y nunca lo dejarán.
Lan WangJi cierra sus ojos una última vez y le sonríe en agradecimiento—Siempre te he amado, y lo seguiré haciendo.
Siempre había sido él.
Cuando todo lo que queda de él se convierte en cenizas, Wei Ying se queda observando la silla vacía y siente un indescriptible dolor en su espalda.
Pero ese dolor es por una razón.
Pues tras la muerte de Lan WangJi, el gran armario de la habitación se abre, revelando dos grandes y oscuras alas que llevaban años atrapadas.
Las alas vuelan hacia su dueño y finalmente se adhieren a su espalda.
Y cuando Wei Ying finalmente puede desplegar sus alas por primera vez en tanto tiempo, es como si nunca se hubieran ido. Sus alas son tan grandes que se arrastran detrás de él mientras camina. Wei Ying respira profundo y siente que ha renacido.
—Las guardaste en lo que yo llegaba —Wei Ying dice en voz alta, hablándole al alma de Lan WangJi que aún persiste en la habitación en forma de motas doradas que flotan en el aire—. Gracias.
Y ahora, Wei Ying tiene un príncipe que besar y despertar.
Wei Ying camina a la habitación donde Lan Zhan está recostado y observa a las tres hadas apiñadas en el alféizar de la ventana. Los tres tíos quedan boquiabiertos del asombro cuando lo ven a él y a sus alas.
—¡Vete! —los tres le gritan—¡Él no es tuyo!
—MianMian no funcionó, ¿verdad? —Wei Ying pregunta, poniendo sus ojos en blanco. La princesa no está en ningún sitio, significando que fue echada por las hadas tras quedar decepcionadas.
Wen Qing y Wen Ning hacen graznidos para espantar a las tres hadas.
Wei Ying se para junto a la cama y ve a su dulce niño arropado con las sábanas, atrapado en un sueño sin amor del cual ahora será despertado.
—Debí haberte creído —Wei Ying murmura suavemente mientras se sienta sobre las sábanas y acuna con dulzura el rostro de Lan Zhan—. Debí haberlo sabido y no debí echarte. Sabías exactamente lo que decías y nunca fuiste un niño. Te perdono por tu pasado y espero que también puedas perdonarme. Tú siempre has sido el dueño de mi corazón, y yo siempre seré el dueño del tuyo.
Wei Ying se inclina y besa los labios de Lan Zhan suavemente.
Y así, la magia más pura emerge y se extiende a lo largo de estas tierras.
En efecto, el amor verdadero es la magia más poderosa de todas.
La ruptura del hechizo ocasiona que Wei Ying sienta chispas por sus venas. Esa ruptura significó casi dos décadas de amor perdido. Finalmente siente que las cadenas que envuelven su corazón se rompen.
Finalmente siente que esta maldición, que nunca tuvo la intención de lanzar, ha llegado a su fin.
El príncipe vuelve a la vida, abriendo sus ojos una vez más
Las tres hadas hacen un alboroto, incapaces de creer la vista que tienen de frente.
—No puede ser —Nie HuaiSang dice mientras batea sus alitas azules.
—Oh, es amor verdadero —Jin GuangYao dice, limpiando las lágrimas verdes de sus ojos.
—Y es hermoso —Nie MingJue expresa, sollozando con fuerza mientras se sopla los moquitos rosas de su nariz con un pañuelo.
Nie HuaiSang lo golpea con toda la fuerza de sus alas—¡Llora más suave, Da-ge! ¡Arruinas el momento!
Lan Zhan posa sus ojos en Wei Ying, y basado en la suave sonrisa en su rostro, Wei Ying sabe que él sabe.
—Wei Ying —Lan Zhan exhala mientras acuna con sus manos el lloroso y hermoso rostro de Wei Ying—. No importa qué forma tome, siempre te encontraré.
—Lan Zhan —Wei Ying llora mientras inhala aquel olor tan familiar del sándalo. ¿Cómo puede ser posible que nunca se dio cuenta? Él nunca ha dejado a Wei Ying. Nunca—Lo siento. Te amo. Siempre te he amado. Te amo tanto que apenas puedo soportarlo.
—Entonces lo soportaremos juntos —Lan Zhan le dice con el mismo fervor y la misma seriedad de siempre—. Soportaré todo por ti.
Y luego, besa nuevamente a Wei Ying ya que perdieron muchos años sin poder besarse—Cuando salgamos por esa puerta, serás mío otra vez, como debiste haberlo sido hace dieciocho años.
—Ellos vendrán por nosotros —Wei Ying susurra contra sus labios antes de reírse con tristeza—. Tu hermano, tu tío, tu familia tratará de separarnos.
—Que lo intenten —Lan Zhan dice con toda la fuerza y convicción de un hombre que ha estado esperando por mucho tiempo—. Si he vuelto a ti una vez más, volveré por ti todas las veces y todas las vidas que sean necesarias
Wei Ying no tiene duda alguna de que Lan Zhan lo haría.
Efectivamente, los malvados Lan vienen por ellos tan pronto Wei Ying y Lan Zhan salen de la habitación. La familia Lan está lista para ponerle fin al fae oscuro que ha mancillado su reinado.
—Hermano, no hagas esto —Lan Zhan le suplica una última vez, haciéndolo más por la seguridad de su hermano que por la seguridad de ellos mismos—. Si te rindes ahora, no se derramará sangre.
—Debí haberlo matado con mis propias manos hace dieciocho años —Lan Huan dice mientras eleva su espada hacia ellos.
No obstante, ellos nunca podrían ganarle a alguien tan poderoso como Wei Ying, quien es la criatura más poderosa de estas tierras. Es así que, con el elegante ondeo de su mano, Wei Ying transforma a sus compañeros en bestias: a Wen Qing la convierte en una grande y larga serpiente, a Wen Ning en un letal lobo, y a Lan Zhan, su más grandioso amor, en un poderoso dragón.
Lan Zhan lanza el fuego hacia ellos.
Esto no tan solo representa la venganza por lo que le hicieron a Wei Ying, sino también por todo lo que ellos le hicieron pasar a Lan Zhan: perdió dieciocho años de su vida encerrado en una torre y lo único que lo mantenía con vida era los recuerdos del hermoso fae que tanto amaba.
Los Lan son derrotados y los pasillos terminan llenos de sangre. La sangre de ellos.
Y desde entonces, por el bien de esta nación, los malvados Lan nunca regresan.
Como verás, la historia no es como te la han contado.
Ya que esta historia termina en las fronteras del Bosque de Yiling, justo donde había comenzado.
Justo en las fronteras del Bosque de Yiling, donde colinda el mundo de los humanos y de las hadas, hay una gran boda, una gran celebración que conmemora el amor entre un fae y un príncipe humano.
Lan Zhan viste las túnicas reales doradas y porta una corona digna de un rey. Todo es cariñosamente preparado por sus tres tíos.
(Nie MingJue intentó coser las túnicas, pero sus manos eran demasiado grandes para meter el hilo por la aguja. Nie HuaiSang intentó escoger las flores para el ramillete de su muñeca, pero siempre terminaba pinchándose con las espinas. Y Jin GuangYao trató de fundir el oro que sería lanzado en la corona, pero en su lugar terminó haciendo una coronita que iba más en acorde con su talla que con la del príncipe.
Al final, los tres terminaron recurriendo a sus varitas mágicas y todo fue perfecto).
Wei Ying viste un largo y ondeado vestido hecho de pura seda dorada, creado por sus pixies y trols. En el cabello le hacen una larga trenza con flores y en el tope de su cabeza colocan una corona de flores digna para el único protector del bosque. Con el pétalo mojado de una rosa, pintan de carmesí sus mejillas y sus labios. Con respecto a sus zapatos, lo dejan descalzo, pues Yiling es su hogar, y estas son sus tierras.
Toda la nación está invitada a la boda del siglo. Wei Ying baja su muro de espinas y quita el veneno de ellas para que tanto humanos como criaturas del bosque puedan asistir. Este muro de espinas termina convirtiéndose en un hermoso camino de flores, en un hermoso pasillo nupcial donde Wei Ying va a caminar.
Donde A-Yuan camina primero.
El pequeño A-Yuan usa un hermoso traje y una pequeña corona de flores. El niño camina felizmente, sosteniendo una cesta llena de flores que esparce por todos lados. Todos los invitados se ríen por lo tierno que es. Al final, A-Yuan corre con entusiasmo hacia el final del pasillo, donde Lan Zhan lo está esperando.
—¡Hermano Rico! —A-Yuan grita con alegría—¡Ahora sí que te quedarás con nosotros para siempre!
Lan Zhan acaricia el cabello del trol, el cual usualmente está desordenado y lleno de fango o insectos por lo mucho que A-Yuan juega, pero ahora está muy limpio y peinado para la ocasión gracias a su abuelita—Nunca te iba a dejar, A-Yuan. Ni a ti ni a Wei Ying.
Y cuando Lan Zhan levanta su cabeza, sonríe suavemente al observar al hermoso fae que está parado en el otro extremo del pasillo.
Wei Ying se ríe suavemente y sostiene un hermoso ramo de flores mientras camina por el pasillo.
Después de dieciocho años esperando, finalmente tienen su momento.
Lan Zhan espera que nadie note las lágrimas que actualmente corren por sus mejillas, pero cuando de la nada ve cómo una cantidad abismal de polvo de hada rosa termina cayendo en el vestido de Wei Ying, Lan Zhan sabe que, una vez más, sus tíos se han robado el espectáculo.
—¡Oye! ¡¿Por qué lo hiciste rosa?! —Nie HuaiSang grita desde lejos—¡Que sea azul!
Y así, el polvo de hada azul cae en el vestido de Wei Ying, convirtiéndolo azul.
—Rosa —Nie MingJue insiste mientras ondea su varita.
—¡Azul!
—Rosa.
La batalla de colores no termina hasta que Wen Qing se para detrás de ellos, los observa con irritación, y se los mete en el pico para callarlos.
La boda continúa.
Cuando Wei Ying finalmente llega a Lan Zhan y son declarados gobernantes de estas tierras, las poderosas alas oscuras de Wei Ying revolotean al son de los latidos de su corazón mientras se entrega ante el hombre que siempre ha amado y apreciado. Los dos se aferran al otro y se besan con dulzura.
El sol detrás de ellos ya no se burla de ambos, sino que le sonríe a la pareja.
—De ahora en adelante, los humanos y las criaturas mágicas coexistirán bajo nuestro reinado —Lan Zhan le promete a Wei Ying—. Y con este beso de amor verdadero, inmortalizaré esta promesa.
Nuestra historia, pese a ser muy diferente, termina como cualquier otra, pues esta no es la historia de cómo un hada malvada maldice a un príncipe humano. Esta es la historia del amor perseverante que siente un joven príncipe por un fae.
Y así, vivieron felices para siempre.
(Ahora, lo único que falta es un pequeñín).
FIN.
